Shashamane, un trozo de paraíso para la Diaspora

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He compartido escenario con muchos artistas jamaicanos que llevan dreadlocks (rastas) y cantan canciones sobre la repatriación. Cuando les preguntaba si habían estado en Shashamane, todos me decían que no” nos dice Renato Tomei, más conocido como Ras Tewelde, mientras saboreamos un desayuno Ital -comida vital, como dicen los rastafaris-.

Este joven italiano, cantante de reggae y doctorado en lingüística, lleva una década yendo y viniendo de Etiopía, donde forma parte de una comunidad de un centenar de rastafaris repatriados en la ciudad de Shashamane (de unos 100.000 habitantes), una fértil porción de tierra a unos 1700 metros de altura al lado del centro termal de Wondo Genet, al sur del país. El Jamaican Safar (o barrio jamaicano en Amharic), uno de los barrios de Shasha -como se la llama cariñosamente-, fue una concesión que el emperador Haile Selasie I regaló en 1948 a toda la diáspora africana que quisiera volver a África, en agradecimiento al apoyo recibido por la lucha contra las tropas italianas (1935-41).

 

Desde entonces la nueva Israel o Monte Sión -según la interpretación que los rastafaris hacen de la Biblia-, se ha convertido en un lugar de asentamiento y peregrinación para centenares de afrodescendientes y/o rastas de todas partes del mundo, que ven en él un trozo de paraíso. En Shasha, uno se puede encontrar con franceses, italianos, trinitenses, estadounidenses u holandeses. Poco importa tu color de piel o si luces o no dreadlocks. Pero el amplio componente jamaicano que representan los pioneros del movimiento -tal y como se refieren a ellos los propios rastas- tiñe de Patois jamaiquino todo sonido que emana de iglesias y casas. Y por supuesto, el ritmo que reina es el del reggae.

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Imagen de los pioneros o primeros repatriados a Shashemene, 1973.1974.

Por eso, cuando Tewelde se planteó empezar el proyecto Youths of Shasha, no le fue difícil cautivar a artistas como Bob Andy, Earl “Chinna” Smith, Tony Rebel, Kiddus I, Sizzla Kalonji o Capleton, que se sumaron rápidamente a la iniciativa. Así que en un periplo geográfico entre Jamaica y Etiopía, Tewelde cedió el micrófono al talento local de Shashamane con la colaboración de artistas consolidados al otro lado del Atlántico. “Una cosa llevó a la otra y de lo que podía haber sido una simple grabación acabamos haciendo un disco grabado entre dos continentes“, observa el rasta italiano.

Un día un chico me enseñó una canción que había grabado con un móvil. Me sorprendió la calidad con la que podía sonar su voz con tan poco equipamiento. Entonces me di cuenta que hacía falta montar un estudio de grabación para que los jóvenes de Shasha pudiesen realizar su propia música. Y así empezó todo“, cuenta el líder del proyecto, quien confiesa que nunca hubiera imaginado que podían llegar a hacer hasta un documental.

Youths of Shasha, que se proyectó en 2013 en diferentes festivales internacionales como el African Diaspora International Film Festival de Nueva York, sigue hoy luchando para poder construir el siguiente eslabón del proyecto: el estudio de grabación y la escuela de música. De momento, las clases de música han empezado gracias a voluntarios como el californiano Eddie Jackson, bajista, entre otros, del madrileño Morodo. “Los pioneros fueron los encargados de asegurar estas tierras, ahora nos toca a la siguiente generación construirla“, afirma Eddie, cuyo sueño es contribuir al crecimiento tanto del proyecto de Youths of Shasha como de la pequeña Jamaican Safar.

La tierra prometida de los rastafaris, aunque vetada a Bob Marley: 

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En 1978 Bob Marley también tuvo la oportunidad de visitar Shashamane. “El gobierno de Mengistu no le permitió estar más de una semana aquí“, explica Sister Eveon Leach, esposa del ya desaparecido Donald “Flippins” Leach, autor de la canción “Zimbabwe” y uno de los pioneros más importantes para los rastas de Shashamane.

La estancia de Bob en este “pedazo de paraíso” no había sido recogida hasta día de hoy. “¿Cuantos cientos de documentales hay sobre Bob? Hasta ahora, ninguno sobre su paso por Shasha“, se queja Tewelde. Pero el periodista italiano Giorgio Battaglia, con la ayuda de Ras Tawelde, ha sido el encargado de dirigir el documental ‘Rastaman Land: Bob Marley in Ethiopia’, sobre la visita del icono entre la comunidad rastafari del país africano. Con imágenes inéditas y entrevistas a los pioneros – primeros repatriados de Shasha-, el trabajo reconstruye una visita que pudo representar mucho en la vida de la estrella. “Si Bob no hubiera muerto, hoy seguramente viviría aquí“, confiesa orgullosa Eveon o Mama Leach, como la llaman todos, mientras nos muestra una de las fotografías de su familia junto a Bob Marley.

La controversia del reggae y los hándicaps de la tierra prometida: 

La vida en Shashamane no gira en torno al reggae. Alex, repatriado francés que regenta junto a su familia el acogedor Zion Train Lodge, es más bien reacio a este estilo: “El reggae es parte de la cultura de Babilonia y solo el Nyahbinghi es música”, expresa contundente. Cuando este entrañable rasta habla de Babilonia se refiere a cualquier forma de vida relacionada con la modernidad. Al capitalismo y al comunismo; oponentes por antonomasia a la vida espiritual que promueven los rastafaris. “Etiopía es el único territorio que puede vanagloriarse de no haber sido conquistado. Es un símbolo de la liberación“, dice orgulloso.

Aunque muchos son los obstáculos a los que se debe enfrentar esta pequeña comunidad de repatriados en tierra etíope. Y no solo se trata de los estereotipos negativos que deben combatir los rastas. Las 500 hectáreas iniciales cedidas por Haile Selassie fueron confiscadas y nacionalizadas cuando el gobierno marxista de Mengistu Haile Mariam derrocó al emperador en 1974. Y a pesar de que muchos decidieron volver a Jamaica o Estados Unidos, otros repatriados han permanecido en terreno. Sin ser reconocidos como etíopes (o Habesha), conviven con el resto de etíopes en un perenne estatus de extranjero con pasaporte jamaicano, aún y habiendo nacido en Etiopía, y hablar y escribir perfectamente el Amharic, lengua nacional.

Las dificultades a las que se enfrentan actualmente estos nuevos etíopes, o Jamharics, están siendo captadas por otro foco cinematográfico en el que está trabajando la periodista de Aljazeera Nadine Drummond, británica descendiente de jamaicanos. ‘Jamharics: The Children of Zion‘ es otro ejemplo de respeto hacia la primera generación de repatriados de Shashamane, pero también de compromiso con las nuevas generaciones. La intención de la directora es dedicar las ganancias de este documental a mejorar, entre otros, los proyectos de salud de la comunidad.

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Mama Baby y Ras Moya, expatriados en Shashamane.

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Gemma Solés i Coll
Licenciada en Filosofía (UB), posgraduada en Sociedades Africanas y Desarrollo (UPF) y Master euroafricano en Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Le interesan la música, el activismo cultural, las ciudades africanas y el turismo sostenible. Coordina la sección de Música y Artes Escénicas y presenta y dirige el magacín radiofónico Wiriko en M21. Contacto: [email protected]
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