Pasaporte español, raíces africanas: Silvia Albert Sopale

Me llamo  Silvia, Silvia Albert Sopale, la Negra para mis amigxs, Chivita para mi mamá, aunque ella en verdad quería ponerme Wineyla, pero en el 76, en España, no podían ponerse esos nombres, así que tuvo que ponerme uno como Dios manda. Mi nombre africano es Ifeyinka, me lo puso mi tía abuela y quiere decir todo amor, y yo, me puse Adelaida para las noches de fiesta. ¿Y de niña? ¿Cómo me llamaban de niña?  Este es uno de los textos de la obra No es país para negras, de la que soy co-autora y que estaré representando durante el mes de Julio en Madrid en la sala Off de la Latina… Pero de esto hablará más tarde.

Silvia Albert Sopale. Foto de Thaïs Batlle.

Nací en San Sebastián en 1976, soy hija de una ecuatoguineana Bubi y de un Nigeriano Igbo. Mis padres se conocieron en Guinea, donde fue a parar mi padre tras perder a los suyos a muy temprana edad. Él se hizo a sí mismo, se crió en las calles, vendió chatarra, estudió, superó la pobreza, jugó al futbol en el  atlético de Malabo, Juventud Biafra y la Selección Nacional de Guinea Ecuatorial y conoció a mi madre. Una de las hijas de Sisi Yoko, criadas por Atoloni, bien formadas, educadas, bellas…

A la izquierda, de brazos cruzados, el padre de Silvia.

Todas esas historias para la mayoría de los lectores y lectoras, sonarán a nombres lejanos, pero para todas aquellas personas que vivieron en Guinea en los años 60 y para su descendencia forman parte de nuestra historia.

Historias que sueño con recuperar y compartir en los teatros de España, del mundo. Historias que unen a España con Guinea para siempre. Que se deben recordar, que deberían ser estudiadas en las escuelas, contadas en cuentos, en películas. Historias que ayudarían a que este fuese un país más amable.

Mis padres llegaron en el 74 en busca de una vida mejor, como habían hecho antes que ellos otros compañeros, vinieron como insiste mi madre desde “una provincia” de España y no una colonia. Con derecho de pertenencia llegaron a Mallorca y de allí a San Sebastián, en donde mi madre estudió auxiliar de enfermería y mi padre comenzó con la fotografía y a trabajar en bares. Muchas fueron las penurias que pasaron, mucho el trabajo que realizaron, muchísimas las situaciones racistas que sufrieron y con todo eso formaron una familia, tuvieron cuatro hijos. Yo ocupo el tercer lugar.

Y con todo eso pasaron por Almansa y llegaron a Alicante en los años 80, donde echaron raíces.  Mi madre siguió estudiando y acabó sacándose el título de enfermera, cargo que ocupa ahora en el Hospital Universitario. Mi padre montó un Bar, “El Kuka’s”,  uno de los establecimientos que forman parte de la historia de la ciudad. Se hacían hamburguesas, se servían copas y se escuchaban músicas africanas. El que comenzó siendo un pequeño negocio, acabó convirtiéndose en un negocio multimillonario, del que vivieron muchas familias durante casi treinta años.

 

No fue para contar historias por lo que comencé a estudiar teatro, eso vino después, con el tiempo, con la conciencia. Comencé porque me encantaba jugar, vivir otras vidas, ser quien no era, ser quien no era capaz de ser. Vivir todo aquello que estaba tan lejos de mi.

Me matriculé en la Escuela Superior de Arte dramático de Murcia. Como la mayoría de estudiantes, tenía que escoger carrera pasada la selectividad (prueba que por suerte no hice) ¿Cómo puedes escoger una carrera sino tienes ni idea de quién eres, ni de lo que te gusta? Cada una escoge la carrera por diferentes motivos: por puntuación, por exigencia/petición /influencia familiar, por los amigos y amigas… Mi motivo fue salir de casa, tenía que huir. Escogí una  escuela que estaba cerquita, pero no en mi misma ciudad. No en la ciudad en la había pasado los últimos 18 años. Una ciudad en la que no podía ser yo, en la que era siempre la hija de… la hermana de… la sobrina de… Una ciudad que no me ofrecía mucho a nivel cultural, en la que mi alma se dormía. Una ciudad en la que viví abusos, agresiones, racismo. Una ciudad contra la que me revelé, bueno, en verdad le declaré la guerra al mundo y a sus ocupantes a los 15 años y no firmaría la paz definitiva hasta los 30. Algún día contaré esa historia.

Fui de las pocas de mi grupo de amigos y amigas que terminó los estudios de Arte dramático, eso sí, sin tener ni idea del tipo de teatro que quería hacer, pero sabiendo todo lo que no me interesaba. Y eso que en la escuela hice todo tipo de papeles, cosa que no se repetirá en 20 años, ya que la gran mayoría de las veces que me buscan es para hacer de prostituta, inmigrante, delincuente, mujer de la limpieza. En España, a pesar de haber profesionales racializados en todos los sectores, no se ve reflejado en los medios. Es indignante cuando mandas el material para un casting en el que dice: SE BUSCA ACTRIZ MORENA y te responden que no han pedido actrices de raza.

Ser una rebelde te pone en otro lugar frente a la vida. Creía que todas las personas estaban contra mí, no pensaba bajar la cabeza ante nadie, primero pisar a dejarme pisar. Perdí muchísimas batallas, luchaba en una guerra de guerrillas. Esta fue una de las expresiones que utilizó Enrique Villatoro, mi terapeuta, durante más de 3 años, refiriéndose a mi caso. A los 30, ya viviendo en Barcelona, comencé a hacer terapia Gestalt con él. Recuerdo las primeras sesiones, me miró y me dijo: “No es nada fácil tú historia Silvia, pero te puedo ayudar si  te comprometes conmigo”. Rompí a llorar. A partir de ese momento estuvo de mi parte, hiciera lo que hiciera. Trabajamos y recuperé el amor por el teatro, por la vida, firmé la paz con el mundo, encontré el amor de pareja, trabajé de regidora en el Teatre Lliure y me quedé embarazada. Y el mundo se giró de nuevo.

Ifeyinka…como me puso mi tía abuela.

Comencé a cuestionar mi negritud. Me había criado entre personas negras. En el cole tenía 2 hermanas mayores que abrieron camino, que sufrieron los insultos y los golpes por mi. Veía a mis primos y tíos con frecuencia. En el bar de mi padre, mayoritariamente trabajaban y lo frecuentaban negros. ¿Y qué sería de mi hija, viviendo en Barcelona totalmente alejada de su familia negra? ¿Cómo impregnarla a ella de negritud? ¿Cómo prepararla para lo que se le vendrá encima? ¿Cuál sería su tribu?

En terapia, entendí que no podría proteger a mi hija de lo que viviría, siendo una niña mestiza en un país de blancos. Allí comprendí que lo único que podía hacer, es dotarla de herramientas y confiar en que sepa utilizarlas y estar muy cerca de ella para cuando me necesite.

Buscando referentes para ella encontré a mi comunidad a través de las redes sociales y más tarde comenzamos los encuentros fuera de éstas. España necesita más referencias positivas afro/negras. Un montón de hermanos y hermanas se han sumado a la lucha que hace años comenzaron otro montón de personas, y comenzamos tareas nuevas. Nuestro deseo es llevar a España de una vez al siglo XXI. Una parte de mi colaboración es con la obra No es país para negras, donde el público que consigue superar el shock inicial que les produce el título, se encuentra con una tragicomedia, que les saca más de una carcajada y les puede hacer sentir vergüenza al segundo siguiente.

Hago esta pieza con la intención de sacudir conciencias. Y está funcionando. Os contaré tres casos para terminar:

Al finalizar una actuación en Gijón, un grupo de señoras salió afirmando que este no era país para negras, que no era posible que tuviéramos los mismos derechos. Agradecí que ellas pudieran verbalizar su pensamiento. Me apenó no haber estado en ese momento para entablar una conversación. Confío en que en alguna de las conversaciones que tuvieron tras ver la obra, alguien las confrontara. Por esto me parece importantísimo hacer la obra en centros cívicos, en teatros de barrio, ya que el público de estos espacios va sin muchos miramientos, está dentro de su rutina y de vez en cuando se encuentran con piezas que les hacen cuestionarse y pensar.

Otro de los casos es el del mi tío blanco. Casado con mi tía y con quien tiene una hija de 40 años. La primera vez que actuamos en Madrid, él se negó a venir a ver la obra. “¿Por qué Silvia ha hecho esta obra?”, les preguntaba. Le invitamos a venir a verla, pero él se negó. El título le produce pavor. Es algo que ocurre muy a menudo. La gente piensa que se va a encontrar con un montón de acusaciones y quejas, nada más lejos de la realidad. Por otro lado me da pena mi tío. Me imagino cuantas situaciones racistas habrá tenido que vivir teniendo una mujer negra y una hija mestiza. Situaciones que no le habrá contado a nadie, chistes, comentarios… ¿Qué habrá vivido para que no pueda compartir con su familia una experiencia así, sólo por el título?

El tercer caso ocurrió en una actuación que hicimos en Mallorca a finales de junio del mes pasado. Una espectadora le contó a una de las organizadoras que ella era la chica del otro lado, la que nos llamaba chocolate, conguitos, la que nos decía que olíamos mal, nos tocaba el pelo y todas esas cosas. Para ella ver la obra ahora, que ya había recorrido un camino y que sin duda está en otro momento de su vida, la había impresionado tanto que no se pudo quedar al coloquio. Para mí, que ella viniese y que compartiera aquello, creo que es sanador para ambas.

Si queréis ver la obra, estaremos en Madrid, los viernes y sábados de julio (menos el 15 y 16), en La Sala Off de La Latina, a las 20h. C/Mancebos 4.

Peluquería africana: refugio de la masculinidad negra


Dice Santiago Alba Rico en su artículo Bares que “si está cerrado el tribunal o la consulta del psiquiatra, nos refugiamos en el bar”. Además el filósofo y escritor aporta que “cada español tiene su propio bar y su propio equipo de fútbol”. En África, la peluquería es el bar español. Ese “espacio público íntimo” como describía el nigeriano Andrew Esiebo. Otro compatriota, esta vez el multidisciplinario Inua Ellams, ha llevado al escenario una obra de teatro que tiene a las peluquerías como punto de encuentro.

Wiriko tuvo la oportunidad de asistir al estreno de Barber Shop Chronicles en el Teatro Nacional de Londres. Dirigida por Bijan Sheibani, la pieza es un proyecto concebido para hablar sobre la masculinidad del hombre negro tanto en el continente como en la diáspora. Ellams compone un tratado de filosofía callejera y experiencias vitales a través de diferentes historias entrelazadas en distintos lugares del África anglófona. 9 actores ponen en escena unas situaciones reconocibles en cualquier barbería y que son el fruto de los viajes del autor para documentar la pieza teatral.  Las crónicas inician un recorrido que se inicia en Lagos y continua en Accra, Kampala, Johannesburgo y Harare. Pero la conexión de todas estas escenas están en la peluquería Three Kings de Peckham, barrio londinense conocido como “la pequeñas Nigeria”. Allí se reúne algún familiar, un conocido, un amigo de un amigo. Y todo transcurre en un mismo día de abril de 2012 con el mundo del deporte pendiente de la semifinal de Champions League entre Chelsea y Barcelona.

La jornada comienza antes de las 6 de la mañana en Lagos cuando un joven necesita un urgente corte de pelo antes de una entrevista de trabajo. Se traslada a Accra donde un padre primerizo busca consejo sobre su cómo afrontar la paternidad y el viaje se alarga hasta Kampala para discutir cómo las leyes antihomosexuales están afectando las exportaciones del país. En Johannesburgo un vecino arremete contra Mandela por defraudar a su pueblo al dejar impune a los partidarios del apartheid y el chimurenga, género musical zimbabuense, es el tema a debatir en Harare. Ellams nos lleva por el continente pero siempre vuelve a Londres donde la trama principal se centra en la tensa relación entre Samuel y Emmanuel.

Barber Shop Chronicles es una recopilación de instantáneas compartidas en torno a un cortapelos. El texto se acelera para la burla, se incendia en el debate político, social y religioso y se detiene a la hora de admitir la culpa. La audiencia es testigo de unos diálogos que van más allá de la cotidianidad. La peluquería es el bar para miles de africanos que hablan sin concesiones y sin miedos. Y el peluquero escucha, asiente y niega.

El servicio no se limita a un simple corte de pelo. Se va a pedir consejo sobre relaciones amorosas, las diferencias generacionales o cómo iniciar el último gran negocio para hacer dinero. Pero también hay cabida para aliviar las preocupaciones. ¿Por qué se evita hablar de la salud mental de unos hombres enfrentados al racismo, la migración o los secuelas de una herencia colonial? ¿Cuáles son las expectativas que tiene la sociedad puesta el hombre negro?

La obra de teatro también profundiza en la búsqueda de la identidad. “¿Puedo venir mañana? Sólo para sentarme y hablar”, dice Ethan, uno de los personajes que bien puede ser el alter ego de Ellams. El autor, al mudarse a Londres, vio cómo la comunidad afrocaribeña de Peckham lo invitaba a pasar las horas en la peluquería y el personaje es una representación de todos esos jóvenes que no sólo van a cortarse el pelo sino luchar contra la soledad, enfrentarse al choque cultural y buscar la identidad de un joven negro en el Reino Unido. Y entre bromas se aparenta pero se echa de menos el hogar porque “todos somos huérfanos fuera de África, de nuestra tierra”

Por eso Inua Ellams lleva las historias África y las hace identificables en cualquier ciudad del continente. Cambia la escenografía, los personajes, el huso horario pero no las conversaciones e inquietudes de unos hombres que se preguntan qué significa ser un hombre negro. Y en la búsqueda siempre hay una peluquería que sirve de anecdotario y un peluquero al que calentarle la oreja. Porque “incluso en las malas épocas, el peluquero siempre está disponible para la comunidad”.

La poesía es mi manta: lo cotidiano como práctica creativa

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Por Camila Monasterio

Algo maravilloso ocurre en el acto creativo. De la nada emerge aquello que con un lenguaje propio nace para contar algo. Deseos, dolores, filosofía. Lo que sea que, conectando vísceras e intelecto, nos mueve hacia la expresión artística. Hay tantas maneras de crear como espíritus potencialmente creativos, y tantas posibilidades de participar del arte como maneras de entenderla y vivirla. En este sentido, ponerse a la obra en colectivo es un experiencia en la que el proceso de gestación, que suele ser algo íntimo, ha de darse con la confianza necesaria para que cada quien vuelque la parte de sí que quiera poner en el todo.

En ‘La poesía es mi manta’ ese espacio de intercambio ha servido para construir un espectáculo teatral donde se remezclan textos, versos y música. El objetivo es asomarse a los lados de las fronteras, hablar de cómo esas brechas geográfico-políticas, pero también cotidianas, nos impiden no sólo movernos libremente sino conocernos unos a otros en calidad de iguales. Porque en este collage escénico narrado de forma coral se traza el itinerario de un viaje, que aunque en inicio parezca el de aquel que marcha de África para llegar a Europa, es más bien el que hace el espectador al ponerse en la piel de quien está narrando su historia.

Las fuerza de ‘La poesía es mi manta’ reside, precisamente, en el poder de la primera persona. El relato no tiene sombra de duda en cuanto a su veracidad, ni está afectado del paternalismo que puede acompañar la representación de un drama cuando se mira desde fuera. Los y las protagonistas cuentan cómo dejan atrás a su gente, sufren el racismo y la persecución policial, sienten esa mirada a veces de sospecha, a veces de condescendencia y tratan de salir de la precariedad. Puestas en escena, poesía y música son el lenguaje con el que se narra, encontrando resonancias en quien observa que van más allá de los hechos que se desvelan.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Este espectáculo es una apuesta por conectar ambas orillas del escenario, e ir incluso más allá. Porque la dureza de la vida de las personas extranjeras, simplemente por serlo, es apenas conocida por quienes la padecen o por sus relaciones más cercanas. Y la justificación de por qué quienes migran merecen sólo una vida de segunda se acepta tácitamente por la sociedad, normalizando el racismo y la xenofobia. Pero un discurso articulado en el odio y el prejuicio se desmonta, simplemente, mirándose a los ojos y buscando ese lazo común. Y para eso, el teatro es un contexto poderoso. Por su desnudez y crudeza, y por su falta de artificios, es capaz de reproducir esa atmósfera de confianza inicial donde los integrantes de este grupo teatral compartían lo íntimo que finalmente, tablas afuera, se hace público.

El colectivo está compuesto por personas que un día decidieron migrar pero también por otras autóctonas que forman parte redes activistas de apoyo mutuo, o por aquellas que comparten afinidades artísticas que van desde la música, la escritura o el teatro. Lo que une a este grupo heterogéneo es, más que nada, el placer por esos versos, melodías y puesta en escena. El rap, el soul, la poesía. Composiciones propias entreveradas con otras del autores/as de renombre que desdibujan, precisamente, esa firma con nombre propio para hablar de lo universal.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Así, un poema de Ibrahim Sall y una adaptación libre en castellano de ‘A change is gonna come’ de Sam Cooke, son piezas del mismo fresco que también componen el rap ‘Me voy’ de Serigne Mbaye o ‘Sin Papeles’, una canción reggae en voz de Dieumba Cissé. En este grupo amateur no escasean las habilidades artísticas y cada quien, desde su lugar, aporta su prisma al mural que acaba por mostrarse con complejidad y riqueza. Además, la compañía en sí misma es una experiencia de convivencia, una muestra de que sí es posible un entendimiento, un ir más allá de la piel. Una transformación del paisaje atravesado por barreras, puesto que donde no había cruce de caminos, hoy hay un territorio mestizo.

‘La poesía es mi manta’, además, ha lanzado una campaña de crowdfunding para editar su banda sonora en cd y consolidar la compañía. Quienes colaboren como mecenas contribuirán para que el proyecto se convierta en una fuente de formación y autoempleo para sus integrantes. El dinero, además de ser destinado a la grabación, producción y edición del disco (que será producido por Santi Mijarra-Bass Culture Players), también servirá para realizar cursos de interpretación, canto y se invertirá en la creación de ropa cosida por los sastres/intérpretes de la compañía. Todo un desborde de sueños en tiempos donde la solidaridad merece ser sembrada.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

África se revela en la II Muestra Itinerante de Cine Africano de Colombia (MUICA)

Película ‘Un hombre que grita’, del director chadiano Mahamat-Saleh Haroun (2010)

Negro soy
Negro soy desde hace muchos siglos
poeta de mi raza, heredé su dolor.
Y la emoción que digo ha de ser pura
en el bronco son del grito
y en el monorrítmico tambor.
El hondo, estremecido acento
en que trisca la voz de los ancestros,
es mi voz.
La angustia humana que exalto
no es decorativa joya para turistas.
¡¡Yo no canto un dolor de exportación!!

Jorge Artel
Poeta y escritor Afrocolombiano

No. No es raro. Es esencial y fundamental que haya un festival como la II Muestra Itinerante de Cine Africano (MUICA) en Colombia. Porque trae urgencia y es capaz de quebrar los engaños cobardes. Hace falta cultura para sensibilizar y visibilizar. Pero España. Es esa parte de la historia que en la Península Ibérica no estudiamos y sin llegar a comprender cómo es posible que en Colombia haya negros, se asume que siempre estuvieron allí. Se nos ha privado de la explicación de que fueron los españoles quienes enmarcados en las luchas imperialistas conquistaron –que no descubrieron– un territorio a golpe de credo y espada. Cuando hubieron evangelizado en las hogueras a los que no pensaban que los fines de los Reyes Católicos fueran los más ortodoxos necesitaron más y más mano de obra para seguir expoliando el Virreinato de Nueva Granada (Panamá, Colombia, Venezuela y Ecuador). Y es aquí cuando entra en juego África.

Los negros africanos llegaron a Colombia procedentes de al menos siete regiones de África como herramientas destinadas al trabajo físico y alienados de sus culturas. Estas raíces con regiones como Senegal y Gambia, Costa de la pimienta, Costa de oro, Golfo de Benín, Golfo de Biafra, África Central y África Occidental, y una veintena de etnias africanas diferentes han conformado un auténtico crisol. Dentro de la población negra o afrocolombiana se pueden diferenciar cuatro grupos importantes: los que se ubican en el corredor del pacífico colombiano, los raizales del Archipiélago de San Andrés Providencia y Santa Catalina, la comunidad de San Basilio de Palenque y la población que reside en las cabeceras municipales o en las grandes ciudades, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Y las cifras que aporta el último censo oficial realizado en 2005 –hace 12 años– es que en Colombia hay más de 4 millones de afrocolombianos, en concreto: 4.311.757 personas, el 10,62% de la población total del país (49 millones).

Al igual que el lema nacional jamaicano “Out of Many, One People” (De muchos, un pueblo) o el himno nacional trinitario “Aquí cada credo y raza encuentran un lugar igual”, la visión de Colombia es que es una nación esencialmente mestiza y que la negrura o el indigenismo no son necesariamente ignorados: ambas tienen historias largas y con frecuencia forman parte de las representaciones nacionales. Pero los valores coloniales que privilegiaron la ligereza del color de la piel como un signo de estatus social o como el supuesto destino nacional parece que siguen siendo omnipresentes. 

Bajo este paraguas se presenta la II Muestra Itinerante de Cine Africano (MUICA) que durante 30 días inundará las salas de cine alternativo, universidades, centros culturales, bibliotecas, colegios y barrios en Bogotá (3 al 9 de mayo), Cali (10 al 16), Cartagena (24 al 31) y Providencia (2 al 10 de junio). Un catálogo con 20 películas sobre África y su diáspora durante el mes de la herencia africana en Colombia y del que Wiriko participa como medio de comunicación aliado.

Tres secciones componen la muestra: Hecho en África, selección principal de películas realizadas por cineastas africanos; Otras Miradas, compuesta por títulos que abordan temáticas africanas dirigidos por realizadores no africanos; y Diáspora, que incluye historias que giran en torno a la afrodescendencia en el mundo. Las proyecciones serán presentadas por miembros del equipo de producción y programación, y algunas de ellas contarán con la presencia de expertos locales que estimularán la discusión en torno a temas relacionados con el contenido de las películas.

El cineasta camerunés Jean-Pierre Bekolo acompañará la MUICA 2017 en su paso por Bogotá, presentando Las Sangrientas y El Presidente, dos películas que lo han consolidado como una de las voces de vanguardia en la escena cinematográfica africana. La MUICA 2017 también presenta el taller de cine africano África ReXiste en Cali y Providencia. El taller hace una exploración por los antecedentes e inicios del cine en África, y busca despertar reflexiones sobre la influencia del arte y del cine en el desarrollo de la historia.

Entre los trabajos que presentará la Muestra destacan el documental Mandela, el mito y yo, que cuestiona el legado del icono de la reconciliación en la Sudáfrica actual; La Piragua, que trata sobre la compleja realidad de la migración africana hacia Europa, esta vez desde la perspectiva de los viajeros, y que fue seleccionada para la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes; Afronautas, que cuenta la historia real de Matha Mwamba, escogida en 1964 por la Academia Espacial de Zambia para ser la primera mujer africana en el espacio; o Capitán Thomas Sankara, una semblanza del revolucionario presidente de Burkina Faso, reconocido por algunos como el “Che” africano y asesinado en 1987.

La música también tendrá su espacio con trabajos como Death Metal Angola, que documenta la determinación de unos jóvenes por hacer el primer festival de este género musical en su país; Apenas abro los ojos, que narra la historia de una joven que canta rock de resistencia política, con las delicadas implicaciones sociales y culturales que esto tiene en la sociedad tunecina todavía sometida a una dictadura; el corto experimental musical Disonancia, que ha participado en 12 festivales internacionales en el 2016; y Mama África, que nos cuenta la vida de la gran cantante y activista sudafricana Miriam Makeba.

Habrá cine para todos los gustos y públicos en esta Muestra Itinerante de Cine Africano, una iniciativa de la fundación Otro Sur, que trabaja para promover el intercambio cultural entre África y América Latina, coproducida por la corporación Artes Vivas y apoyada por el Ministerio de Cultura a través de la Corporación Gaia Lúdica y Cultura. Esta muestra también cuenta con el apoyo de USAID, la Organización Internacional para las Migraciones – OIM, el Centro de Estudios Afrodiaspóricos (CEAF) de la Universidad ICESI de Cali, el Museo La Tertulia, la Consejería Cultural de la Embajada de España en Colombia, la Embajada de Francia, el Instituto Francés, el Instituto Goethe, la Embajada de Suiza, el Instituto Distrital de las Artes – Idartes, el Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal – IDPAC, la Universidad Jorge Tadeo Lozano, EK Hotel, el Centro de Información de Naciones Unidas y más de 30 organizaciones a nivel nacional e internacional.

Para ver el catálogo completo de películas en el MUICA pincha aquí

Cuentos y música africanos para descubrir la tradición oral del continente

*Por Alicia Justo

Los cuentos tradicionales africanos han permanecido en el acervo cultural de muchos de sus habitantes con el desafío de haber sobrevivido al paso del tiempo. Rescatarlos supone su revalorización, al mismo tiempo, que sirve de escaparate a la cultura tradicional africana.

Una de las iniciativas creadas en esta línea es la puesta en escena del espectáculo de cuentos y música africanos Suenan las noches en Senegal de la narradora y escritora Ana Griott y los músicos Hermanos Thioune. Las historias están recogidas en el libro El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la baja Casamance, de la propia Griott quien reunió en este volumen una serie de cuentos populares que rondan desde hace muchos años en el imaginario de las gentes del sur de Senegal. La música la ponen los Hermanos Thioune con instrumentos de cuerda como la guitarra española o la kora. La inclusión de la también conocida como arpa africana es un guiño a los griots, puesto que ellos destacan por narrar historias reales y mágicas a través de la música y la palabra, como si de trovadores se tratara.

Esta adaptación al mundo actual pretende ser un reflejo de lo que antaño se vivió en aldeas y ciudades de Senegal cuando las nuevas tecnologías no habían modificado las relaciones interpersonales. A estas tierras no llegaban los libros, de modo que eran las personas mayores las que actuaban como bibliotecas personificadas reuniendo en el centro de las casas, al caer la noche, a los niños y jóvenes. A través de historias protagonizadas por personajes reales y fantásticos como serpientes pitones, sirenas o dragones trasladaban a sus oyentes a mundos mágicos. El cierre de estos cuentos siempre era una moraleja, una enseñanza moral que los más sabios del lugar querían regalar a su público.

Por ello, sus creadores intentan demostrar que en un mundo materialista se puede educar y entretener sin necesidad de acudir a lo tangible, solo con una historia bien hilada, música y color. Además, es una vía para visibilizar la existencia de largas tradiciones que aún perviven. “África está viva y existe con sus tradiciones. El problema es que Europa desconoce el continente y por eso el arte intenta enseñar a África como algo real, que existe y que no siempre está ligado a conceptos negativos como miseria o enfermedades”, argumenta el compositor de la obra, Khaly Thioune.

El arte como herramienta de multiculturalidad

La representación de cuentos es una de las ramas artísticas que manejan desde la empresa senegalesa afincada en Las Palmas de Gran Canaria Hermanos Thioune. Uno de sus fundadores, Khaly Thioune, reconoce que su propósito a la hora de iniciarse en este proyecto era “hacer del arte una herramienta de multiculturalidad, tolerancia y solidaridad“. Y desde su creación en 2009, ha logrado diversificarse en varias áreas como la danza, a través de la impartición de talleres; de la música, con la realización de conciertos; y de espectáculos, como la propia representación de los cuentos o shows de temática africana.

Thioune es licenciado en Artes Escénicas por la Escuela Nacional de Arte de Senegal, aunque se inició en el mundo artístico cuando era un escolar en su natal Bambey donde tocaba percusión, bailaba y hacía teatro. Desde su llegada a Gran Canaria en 2002 para ejercer como profesor de Cultura y Música Africana en la Universidad Popular de Las Palmas de Gran Canaria, ha trabajo en esa doble dimensión de potenciar el arte y mostrar un África alejada de estereotipos, donde también se respira arte y cultura como en otras partes del planeta.

Su labor tuvo un reconocimiento especial en 2012 cuando el Gobierno de Canarias le concedió el Premio Individual Joven Canarias por su labor en defensa de la interculturalidad y multiculturalidad.

La compañía está formada por 20 personas que son en su mayoría de origen senegalés y se han formado artísticamente en su país. Aunque han realizado pequeñas incursiones en su tierra, han desarrollado su faceta profesional en Europa donde trasladan todos los conocimientos adquiridos en Senegal.

Con su música, bailes y espectáculos han llegado a festivales como el Womad de Cáceres y Las Palmas de Gran Canaria en 2009, el África Vive de Casa África desde 2011 a 2015, el Rototom Sunsplash de Benicassim desde 2010 a 2016 o el Bimbache Jazz Festival de El Hierro desde 2013 a 2015.

– Suenan las noches en Senegal se representará el 2 de mayo de 2017 en la sala OFF Latina a las 20:30 horas.

 

Alicia Justo es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Periodismo Internacional de la UNED y Agencia EFE. En la actualidad lleva la comunicación y gestión de redes sociales de Hermanos Thioune.

Pasaporte Español, Raíces Africanas: Begoña Bang-Matu

Hablar de mi misma siempre me ha costado un poco, abrir el corazón sin que duela… es difícil y también por no conocer mucho de donde vengo. Mis orígenes africanos, vienen de Guinea Ecuatorial. Hablaré de mi abuelo: Motuu M’abegue (nombre fang).
La  sociedad Fang, está dividida en clanes, llamados ‘tribus’ en España. Motuu M’abegue, hombre del clan Nzomo, era el cabeza de familia. Hombre muy influyente por su carisma y por ser un hábil comerciante, considerado como una especie de rey en la zona, también por tener muchos recursos materiales lo que a su vez le permitió tener varias esposas. A la llegada de los colonos fue un interlocutor y mediador, le nombraron jefe principal de Nzomo.
Durante un tiempo, todo fue bien, pero a mediados de los años 30, la cosa cambió. Guinea quería que en la Peninsula (España) se supiese de las verdaderas necesidades del pueblo guineano, y enviaron a un abogado que acudiese para comunicar todo esto. Pero los colonos, acusaron a Motuu de traición y le desterraron. Volvió a su ciudad, siendo un anciano y muy cansado.
Envió a varios hijos a estudiar a España. Uno de ellos, Federico Bang-Matu, llegó para estudiar la carrera de Económicas y trabajó en la Embajada de Guinea Ecuatorial en España.

Begoña Bang-Matu

Mis padres se conocieron estudiando, imagino que fue un choque social verles juntos por las calles de Madrid, paseando del brazo. Por su muerte temprana, apenas pude conocer a mi padre, que falleció cuando yo tenia 6 años. Y aunque no conozco a mucha familia de mi padre, si he tenido ocasión de conocer a muchos tíos y primos que han venido a visitarnos. También están aquí, en España, otros primos y tíos que como mi padre vinieron a estudiar y formaron sus familias aquí.

Begoña Bang-Matu

Siempre me gusto cantar y bailar, de hecho de niña no hacia otra cosa. Por mediación de uno de mis primos, empecé a cantar R&B en un grupo llamado La Noche de la Iguana… Para mí era super divertido, ya que teníamos ensayo los viernes por la tarde noche y por aquél entonces, yo era menor de edad y no salía. Pero al ir con mi primo, mi madre me dejaba cantar.

Así empezó todo, de forma muy divertida… Más tarde, continué con el grupo Malarians y ahí es donde empezó mi andadura profesional dentro de la musica jamaicana. Para mí, un honor y sobre todo una responsabilidad que se me considere la primera mujer en el Estado que canto rocksteady.

Continúo trabajando con otros artistas y aprendiendo de cada experiencia…, ya que todo esto es aprendizaje continuo.

Tengo pendiente con mis primas ir a Guinea y conocer a esa gran família que tengo allí, para todos, sería un gran motivo de celebración.
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*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Pasaporte español, raíces africanas: Kathy Sey Asare

Soy Kathy Sey Asare, tengo 25 años y soy cantante y actriz. Ya desde pequeña me inclinaba hacia la rama artística. Con mis hermanas siempre cantábamos y montábamos unas coreografías geniales y de niña siempre me montaba muchas historias y tenía mucha imaginación. A parte de eso vengo de familia de artistas. Mi abuelo por parte de padre tocaba el violín, mi padre es cantante y batería-percusionista y mi madre y su familia siempre han cantado en la iglesia, así que el amor por el arte me viene de herencia.

 

Hoy en día puedo decir que vivo de lo que más me gusta hacer. Soy cantante de la formación de gospel THE SEY SISTERS con el que sacamos nuestro primer disco en 2015 llamado ‘Let freedom ring’ y también de la banda de funk/soul/black music FUNKYSTEP & THE SEY SISTERS con la que sacamos nuestro primer disco en 2016, ‘A Matter of Funk’. Canto en más formaciones pero éstas dos son las más personales. Y como actriz he actuado en distintas obras de teatro desde que terminé mis estudios en Arte Dramático en la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) Eòlia. Actué dos años consecutivos en el Festival Grec de Barcelona y he participado en un par de cortometrajes y en una película.

Hace 33 años mis padres vinieron de Ghana cuando mis hermanas mayores tan solo tenían 4 y 1 año. Vinieron porque a mi padre, junto a su grupo de música, le ofrecieron hacer una gira por distintos hoteles en Cataluña. A mi padre le gustó y vió la oportunidad de quedarse a vivir aquí y traer a su mujer y sus hijas pequeñas con él. Dicho así suena muy fácil pero estoy segura que no lo fue en absoluto. Dejar a toda tu familia, tus amigos, todo lo que conoces, todo lo que has sido hasta entonces para irte a un lugar en el que no hablan la misma lengua que tú, que tienen otras costumbres, y que está muy lejos de lo que tu conocías… no creo que sea una situación fácil para nada ni para nadie.

Foto de la familia Sey.

 

Se establecieron en Hostalets de Balenyà, un pueblo cerca de Vic (Barcelona) porque tenían algún amigo por la zona, pero eran de las poquísimas familias negras que había en el pueblo en esa época. Mi padre se iba a trabajar y mi madre se quedaba en casa con las dos niñas intentando comunicarse como podía con los vecinos. Por suerte se encontraron con gente dispuestos a ayudarlos.

Unos 7 u 8 años más tarde nacimos mi hermana gemela y yo en Vic. Así que yo he nacido, he crecido y me he criado en Cataluña pero mis orígenes y mi familia son de Ghana. Y es curioso porque a veces, con ese afán que tiene la sociedad de catalogarlo y poner una etiqueta a todo, no he sabido exactamente a qué “categoría” pertenezco. Hace unos años oí que se hablaba del concepto “nuevo catalán” o “nuevo español”, y no me siento identificada con eso en absoluto. Me da la sensación que se ha tenido la necesidad de crear un concepto nuevo para aquellas personas que hemos nacido aquí pero somos de otro color o nuestro origen no se encuentra en España. ¿Qué necesidad hay en ello?

Creo, o quiero creer, que no vivimos en una sociedad racista, pero lo que sí es cierto es que el racismo ha dejado huella en nuestra sociedad y que aún se tiene que trabajar muy duro para llegar a la igualdad. Como actriz, me estoy encontrando con este “esfuerzo extra” que tengo que hacer por el simple hecho de ser negra, es como que esta característica mía pese más que cómo pueda actuar o cantar y no creo que deba ser así, y en esto está trabajando muy bien The black view, una plataforma que quiere dar visibilidad a actores y actrices negros que están en toda la geografía española.

Me siento muy afortunada de poder trabajar de lo que más me gusta, de tener la familia luchadora que tengo y de tener mis raíces y familia en Ghana. Hay que seguir trabajando para que esta sociedad realmente sea integradora y que la gente deje de tener miedo de lo distinto, lo desconocido y lo diferente y estoy dispuesta a trabajar por ello.

Pasaporte español, raíces africanas: Diara Ballo Asenjo

El fundador del Imperio de Malí fue Mandika Sundiata Keita, que, a partir de su pequeño estado de Kangaba, unificó una vasta región, de la que ya formaban parte en 1235 las ricas tierras del Níger y sus minas de oro.

El que fuera rey fundador del Imperio de Malí nació en 1217 en Niani, la actual Guinea, y era hijo del rey Maghan Kon Fatta, perteneciente al clan de Keita, quien controlaba un pequeño territorio.

La conocida como Carta de Kurukan Fuga o Carta del Mandé está considerada como una de las primeras declaraciones de Derechos Humanos de la Historia que consagra, entre otros aspectos, el respeto a la vida, el derecho a la educación, la libertad de expresión y la protección del Medio Ambiente. 

A finales de 1236, Sundiata Keita, recién coronado emperador de Malí, convocaba a todos los jefes guerreros y notables en el claro de Kurukan Fuga para la proclamación de una serie de leyes y normas.

Esta es una breve parte de la historia de lo que es uno de los países de mayor extensión de Africa del Oeste y que alberga varias etnias.

Yo soy Bambará.

Diara Ballo

Mi nombre es Diara Ballo Asenjo, y tengo 28 años. He nacido y crecido en Barcelona y soy de origen africano y español. Mi madre es de un pueblo de Castilla y León, al ladito de Ponferrada.

Soy administrativa e interprete de lengua de signos titulada. La relación que tengo con el arte es que tengo una marca de ropa, junto a mi pareja y mi padre, que actualmente en pausa, por cambio de local y jubilación de mi padre (él es sastre, de ahí me viene). Confecciono prendas de Prêt-à-porter con telas africanas y estas prendas van ligadas a la música, a artistas que quieren llevar esas prendas para “representar” la diáspora africana.

Mi padre es de Mali, de Segou una ciudad a 237 quilómetros de Bamako, la capital, y sé de donde provengo, porque fui desde muy pequeñita, igual que al pueblo de mamá. Para mí, era algo muy normal, ir un año al pueblo de mamá y otro al “pueblo” de papá. De hecho pensaba que para todos los niños era igual, creía que ellos también iban a África un año y al otro año, al pueblo de sus madres, porque además pensaba que todos los niños tenían un papá africano.  Nunca noté ni hice diferencias en mi doble identidad por qué era una cosa tan normal en mí. Con papá hablaba francés y con mamá castellano. En el colegio les dijeron a mis padres, que mejor que no aprendiera francés porque a veces lo mezclaba, qué mejor de más mayor, si eso. Mis padres no les hicieron caso. Menos mal.

A lo largo de mi vida, he atravesado varias “crisis” de identidad. No tiene por qué tener una connotación negativa ni mucho menos. Eso, claro, lo veo ahora. Ahora que ya se lidiar con ambas identidades.

Los padres de Diara Ballo.

Mi educación también ha sido doble, porque mi padre me inculcó, valores y tradiciones africanas, y al haber nacido y crecido en entorno occidental, inevitablemente, también he adoptado esta. Pocas veces, (o ninguna) se habla de estas “crisis”, ya que cada uno, nos vamos construyendo, a nosotros mismos, pero en la adolescencia, es caótico. Por qué te sientes solx, y no tienes otro apoyo u otro referente.

Me gusta poder compartir un plato de Tigadegué (o Mafé, arroz con salsa de cacahuete) con mis amigos, y también unas patatas con alioli. Llevar mi afro suelto o recogido con una tela wax, o trenzarme y poderme alisar el pelo, porque quiero, no por imposición y no por qué mi pelo sea “malo”, por que NO lo es. Es el mejor, y es mío y ahora que lo conozco, no quiero otro.

La familia de Daira Ballo.

Esa es la doble identidad que vivo. Y me gusta, de hecho, me encanta. Y es una realidad, no por ello he de ser una persona migrante, o qué no me “integro” en la sociedad española, porque ya estoy integrada. Más bien la sociedad española, no quiere integrarse a las demás culturas. Y qué pena.

Cuando una comunidad es (injustamente) oprimida durante mucho tiempo, sin duda, volverá con más fuerza. Y esta fuerza está aquí. Mujeres y hombres, y nos toca a nosotros hablar por nuestra propia voz y no ser el complemento circunstancial de un movimiento, sino el complemento directo.

Diara Ballo

Myles Sanko por Simon Buck.

Myles Sanko: “En África está todo rítmicamente conectado”

Sus fotografías. Sus videoclips. Su vida. Todo en él está marcado por una dicotomía: el blanco y el negro. No es casual que su EP debut, que apareció en 2013, se llame Born In Black and White (Nacido en Blanco y Negro). “Nací en Accra, de madre ghanesa y padre bretón, del norte de Francia. Pasé los 16 primeros años de mi vida en Ghana, antes de trasladarme a Cambridge”, cuenta Myles Sanko, la nueva sensación del Soul-Jazz británico.

Después de arrasar con su primer álbum Forever Dreaming en 2014, 2016 fue el año en que Myles realizó su álbum más personal, Just Being Me. Hoy, a punto de cumplir 37 años, se ha convertido en una de las voces más cotizadas y frescas de Europa. Siendo considerado uno de los renovadores de la música británica, pocos saben o reconocen la herencia africana de esta voz a caballo entre dos ciudades: Accra y Cambridge. Y antes de que vuelva a pisar la península ibérica para la presentación de último LP, nos ha brindado generosamente unos minutos de su tiempo, en los que hemos podido desgranar más sobre su carrera y sobre su parte más africana:

Myles Sanko por Simon Buck.

“No cambiaría mis orígenes por nada del mundo. Nacer de dos culturas tan distintas me ha permitido ver ambos lados de la realidad. Me siento absolutamente agradecido de que mis padres decidieran estar juntos y me permitieran experimentar la vida desde diferentes ópticas”, explica Sanko.

Y supongo que diferentes realidades significa también diferentes lenguas, ¿verdad?

Por supuesto. Mis lenguas maternas son el Akan, que se habla en Accra, y el Ewe, la lengua de mi madre. Pero también hablo perfectamente francés, que es la lengua materna de mi padre. El inglés, por supuesto. Y el italiano. A parte, también estoy aprendiendo checo y español…

¡Dios mío! Y en España la gente se cree que somos políglotas por ser bilingües en el mejor de los casos… A menudo nos olvidamos de que África nos pasa la mano por la cara en estas cuestiones, ¿verdad?

Somos absolutamente injustos cuando juzgamos África. África tiene un lugar irremplazable en mi corazón. Nací y crecí en África. Mi madre es africana. Y aunque vivo en Cambridge estoy muy conectado con el continente. África es un continente muy joven, que ha estado sujeto a muchas penurias, empezando por la colonización y los siglos de esclavitud… Pero tendrá su día. Un país como el mío, Ghana, fue uno de los primeros en conseguir la independencia. Pero hoy en día, tener independencia no significa absolutamente nada. Puedes tener libertad y a la vez seguir amarrado. Mi generación sigue sufriendo del trauma colonial, que acarrea de la generación anterior, y cuesta a veces celebrar África más allá de los problemas… Es difícil, a menudo, salir del pensamiento de que Europa es mejor en términos de conseguir mejores trabajos o pensar que lo que vemos en la televisión es mejor que nuestra forma de vivir. A mi me gusta celebrar África por lo que es. Estoy super orgulloso de ser africano. Y estoy seguro de que le llegará el día. Y espero que no esté muy lejos.

¿Y cuales son tus mejores recuerdos de tu infancia en Accra?

Vivíamos en Tema, cerca de la playa. Un lugar precioso. Mi mayor recuerdo es cómo todo, la vida, las personas, estaba ligado al ritmo. En África está todo rítmicamente conectado. En la infancia, vivíamos al lado de un carpintero. Recuerdo que cuando trabajaba, siempre martilleaba con ritmo. “Tatatá – tatatá – tatatá…”. Eso me parecía fascinante. Había ritmos por todos lados. Cuando iba a la playa, me encantaba ver a los pescadores. Entre seis y diez hombres empujaban sus canoas al mar para ir a pescar. Y para empujar juntos, lo hacían a ritmo, cantando y empujando a la vez. Toda mi infancia está impregnada de eso. En África hay música en todos lados. La música es parte de todo.

Además, Ghana ha sido y continúa siendo el epicentro de la creación musical más puntera del continente. Desde el highlife de los años cincuenta hasta los Afrobeats de hoy… ¿Te ha influenciado mucho la música ghanesa en tu carrera? 

¡Por supuesto! Crecí escuchando Highlife y muchos otros estilos africanos. Todos esos ritmos están en el sustrato de mi propio sonido. Porque forman parte de mi manera de pensar y vivir. Todos esos ritmos que escuchamos y creemos que son americanos, en realidad, son africanos. La música negra norteamericana está cimentada en ritmos africanos…

Myles Sanko por Simon Buck.

Recientemente, en España, se ha presentado un documental extraordinario – Gurumbé– que explora las raíces africanas del Flamenco. En una entrevista que te hicieron el año pasado en El Periódico hablabas sobre las semblanzas entre el Flamenco y el Soul. ¿Crees África está en la raíz de todo eso?

No tenía ni idea de las raíces africanas del Flamenco. Me parece super interesante. Pero cuando hice referencia a las similitudes entre el Soul y el Flamenco, básicamente me refería a que son dos estilos que evocan sentimientos muy profundos. Creo que ambos estilos conectan con un aparte muy profunda del ser. Pero no se trata de hallar África en todos los ritmos. Porque al final, los ritmos son humanos y pertenecen a todo el mundo. Tratar de categorizar o etiquetar los sonidos no está bien. Los sonidos deben ser lo que son, sin necesidad de comprenderlos. Solo están entre nosotros para disfrutarlos. Para conectarnos entre nosotros.

¡Sabias palabras! 

Vamos a avanzar en tu biografía, cuando empezaste a vivir de forma permanente en Inglaterra. ¿Qué hacía Myles Sanko cuando tenía 20 años? 

La comida es una de mis pasiones. A los 16 años, cuando estaba en el instituto, ya asentado en Cambridge, empecé a trabajar como lavaplatos en restaurantes. Y empecé a desarrollar una gran pasión por la cocina, aunque esa pasión siempre había sido parte de mí. Así que a los 20 años me convertí en chef. Y trabajé cocinando comida hasta que decidí dedicarme cien por cien a la música. Me enamoré de la música a través del Hip Hop, y eso fue la chispa que encendió mi interés para dedicarme a ella. El Hip hop era la progresión natural del Funk, el Jazz, el Soul, el Blues… Así que gracias al Hip Hop me encontré con todas las raíces de la música negra norteamericana.

Como el que identifica cada ingrediente de un plato estrella… ¡Qué interesante! Parece que nutrirnos de buenos alimentos, ha sido una tónica en tu vida. 

¡Sí! (ríe). Para mí, cocinar o hacer música es algo muy similar, que calma la mente y el cuerpo en muchos sentidos. Mezclas ingredientes diferentes para crear algo que la gente pueda disfrutar, y que disfrutas tu mismo a la vez.

Y algo básico tanto en la cocina como en la música es encontrar el equilibrio entre los ingredientes que se utilizan, ¿no? No he probado tu cocina pero escuchando tu receta sonora, creo que el equilibrio y la armonía son una parte importante del proceso de creación. ¿Es esto responsable de que suenes tan maduro?

Para ser honesto, no me rompo la cabeza para conseguir ese equilibrio. No lo hago conscientemente. Supongo que para crear hay que estar en armonía con uno mismo. Simplemente hago lo que le sienta bien a mi corazón, lo que me suena bien… Está bien poder dar una pizca de “esto”, un poco de “lo otro”. Pero cuando se trata de crear, no hay una respuesta fija. Sale así.

Entonces, ¿simplemente se trata de ser honesto con uno mismo?

Supongo. Aunque cada cual tendrá su fórmula. Siempre que lo que haga me haga feliz, y que los demás puedan verlo y entenderlo, estará bien.

Cuando compones, bebes de un montón de fuentes. Son evidentes influencias desde Staple Singers a la música disco más ochentera. Pero: ¿eres más del Soul de Motown o de Stax? ¿Te gusta más el Jazz neoyorkino o los oldies a lo New Orleans? 

Me encantan los productos de Motown y de Stax. Estoy bastante en medio. Aunque diría que el Jazz que me gusta es el de Nueva York, ¡por supuesto! Aunque aún estoy explorando y conociendo el estilo. Pero cuanto más intentas conocer algo más tienes que buscar en ti y no fuera. Si no viene de dentro, nunca hallarás nada interesante por más que explores.

Tu primer EP suena bastante más “british”, incluso Northern Soul, que los posteriores LPs, que tienden más al Jazz… ¿Has hecho una especie de transición hacia un sonido más americano no?

El northern Soul no es británico técnicamente. No deja de ser Soul, y tiene las raíces que tiene. Pero no estoy muy en esa línea. Creo que los músicos con los que trabajo, que son británicos, pueden transmitir un poco esa sonoridad. Porque los sonidos trascienden fronteras en muchos sentidos. Obviamente lo puedes encontrar en mis canciones. Pero no de una forma intencional.

Y si los sonidos pueden trascender fronteras, los artistas pueden adoptar multiples formas de expresión. Y ese es tu caso. Cuéntanos cuál es tu vínculo con el cine. 

Para mí el cine es una parte muy importante de mi creatividad. Cuando era joven y veía películas, siempre admiraba los ángulos en los que se ponía la cámara para filmar, y a veces incluso dejaba de prestar atención a la historia… Así que cuando llegué al mundo de la música, para mi los videoclips se convirtieron en una parte natural de mis creaciones. Me acuerdo cuando gravé mi primer videoclip, en 2007, que acabé tomando las riendo del equipo de cinematógrafos. Acabé dirigiéndolo yo, y cuando se tenía que editar, relegué al editor. Básicamente, porque sabía perfectamente lo que quería. Desde entonces, grabo, edito y dirijo todos mis videoclips.

Y vemos que te encanta jugar con la cámara. Como en el videoclip de Forever Dreaming, donde juegas con la mirada del espectador, como queriendo que se dé cuenta de que el cine es una falsa imagen… 

Me encanta enseñar lo que hay al otro lado de la cámara. Y que el espectador, cada vez que la cámara me enfoque a mí, sea capaz de ver también que detrás de la cámara está pasando algo, no solo delante del objetivo. Me gusta enseñar que hay todo un mundo detrás de lo que se enfoca… Me encanta que la audiencia vea mi perspectiva. Mi mundo.

Acaba de ver la luz otro de tus videoclips, el de This Ain’t Living… Un precioso vídeo con una pareja de ciegos como protagonistas, que también son mendigos y negros, y a todo lo que deben enfrentarse en su día a día…. 

Si. Es el segundo single de mi tercer álbum (Just Being Me). No es solo un videoclip, es un cortometraje. Y es una clara muestra de que, poco a poco, mi música me permite introducirme en el mundo del cine.

Y por acabar, ¿qué le dirías al público español para que se acerquen a verte?

Simplemente, ¡venid y vamos a conectarnos!

Muchas gracias por tu tiempo Myles, ha sido un placer gigantesco.

Gracias a vosotros. Disfruté mucho con la entrevista.

 

Estas son las citas que Myles Sanko tiene preparadas para la presentación de su álbum Just Being Me, este marzo en España:

Madrid –  Sala El Sol, miércoles 22 de marzo

Barcelona – Sala Apolo, jueves 23 de marzo

Murcia – Teatro Circo, viernes 24 de marzo

Burgos – Caja de Burgos, sábado 25 de marzo

Minna Salami: “El feminismo es la única ideología que atiende a todas y todos”

Foto: Carola Michaela Photography

*Autor invitado: Fernando J. Sánchez Jaén

Minna Salami (1978) es escritora y bloguera sobre feminismo y la diáspora africana, pero sobre todo, es una de las voces más reivindicativas y mediáticas dentro de la lucha por la igualdad. Desde su premiada bitácora MsAfropolitan reclama una revolución psicológica de la mujer. Es colaboradora habitual de medios como The Guardian o Huffington Post y su TEDx Talk de 2014 acumula más de 114.000 visitas. Está considerada, según la revista ELLE, como una de las doce mujeres que están cambiando el mundo. Wiriko ha tenido la oportunidad de tomar un café con ella para hablar de temas como la lucha por la igualdad de las mujeres, la política, la inmigración y otros problemas sociales.

Tras los últimos acontecimientos políticos se avecinan tiempos convulsos para la mujer y las minorías. Es en esta incertidumbre cuando la voz de Salami se alza con más fuerza y se vuelve más ácida que nunca. Una mujer con la que es difícil concretar una cita y con la que resulta más difícil aún definir su identidad con tres pasaportes distintos, pero si se insiste lo suficiente, pronto se averigua que nació en Finlandia de madre finesa y un padre nigeriano, que vivió diez años en Suecia (su tercera nacionalidad) y que también es londinense porque es donde ahora tiene su campamento base. Gracias a esa extravagante herencia biológica pronto comprendió que las cosas nunca son simples y que siempre hay algo en común, aunque a veces haya quienes prefieran resaltar las que separan.

FEMINISMO

Fernando J. Sánchez: Su formación es bastante interdisciplinar: estudiaste ciencias políticas, te especializaste en estudios africanos, luego te pasaste al marketing y la publicidad, y ahora eres una reconocida bloguera y activista feminista. ¿Qué es MsAfropolitan y cuál es su intención?

Minna Salami: MsAfropolitan es una voz que es mía. También es una voz que no es solo mía, es más grande que yo. Una voz que está en protesta contra el mundo y que no existe en ciertos lugares. Una voz que habla sobre feminismo, sobre la feminidad africana en una forma en la que antes no se ha expresado, al menos de la misma manera que ahora. También, es un espacio para explorar diferentes filosofías y expresar la mía. Quiero que a la gente que lo lea le entren ganas de cambiar las cosas, que sientan curiosidad, que es como se empiezan las revoluciones. Quiero que se pregunten si lo que tenemos ahora es lo que deberíamos de tener, o al menos, lo que queremos. Creo que mi blog puede ayudar a eso. También, quería llenar un vacío. Cuando hablamos de ideas siempre son los hombres quienes hablan sobre ello. Hay blogs sobre mujeres escritos bajo el punto de vista de los hombres. Siempre, son los hombres quienes marcan la agenda. Y mi blog está para interrumpir precisamente eso. Si estoy escribiendo algo sobre lo que tradicionalmente escriben los hombres, si es bueno, gracias a las redes sociales, se comparte y por la tanto, tú no puedes ignorar esa voz, no de la misma manera que podían hacerlo antes. Si más gente lee, más gente está informándose.

FJS: ¿Cómo describirías el feminismo en estos días?

MS:  Describiría el feminismo como una herramienta para la revolución, para el cambio global y la justicia social. Una cosa importante, feminismo no es solo una herramienta para el futuro, es el futuro en sí mismo. Tenemos que visionar en qué tipo de sociedad queremos vivir y cuando miro cualquier clase de ideología, no me ofrecen una sociedad en la que todo el mundo pueda tener su espacio. Pienso en el liberalismo o en el marxismo y no ves la voz de las mujeres. Buscas una sociedad igualitaria, pero ¿dónde están las mujeres? El feminismo es la única ideología que atiende a todos: mujeres, hombres, jóvenes, viejos, diferentes razas, diferentes clases sociales, diferentes sexualidades, a todos.

 

FJS: Entonces, ¿cómo hacer que el empoderamiento realmente funcione?

MS: Yo critico el término empoderamiento. Y vengo con un término mejor, re-empoderamiento. Pero, no es importante la forma del término ni el lenguaje. Lo importante es su significado, su esencia. Todo es volver al elemento revolucionario del término original. Empoderamiento es un eslogan publicitario que se ha quedado vacío, que es inútil. Pero, lo podríamos utilizar de forma política y revolucionaria, que es lo que deberíamos de hacer, porque originariamente lo era. Tenemos que limpiar su esencia y volver a convertirlo en un término revolucionario. Su significado original era precioso, poner el poder dentro de ti mismo. Solo hay que recordar a la gente lo que significa.

FJS: ¿Y eso no es tan fácil como parece?

MS: No, no es fácil, ese es el problema. Cuando el opresor controla tu mente, lo controla todo. El mayor problema que enfrentan las mujeres son los opresores que controlan nuestra mente, otras veces esos opresores son nuestra propia mente. Intento con mi trabajo deshacer el control de la mente de las mujeres. Recuperar tu mente. Cuando lo haces, al mirar términos como empoderamiento o feminismo con tu propia mente, lo entiendes de otra forma.

FJS: ¿Cuál cree que es el mayor reto que afrontan las mujeres hoy día?

MS: La opresión psicológica. Es muy interesante, porque las mujeres en Occidente tienen muchas libertades en comparación con la de otras partes del mundo. Tienen derecho a la educación, por ejemplo. Pueden hacer lo que quieran. Pero, la gran mayoría de las mujeres no son libres. Siguen eligiendo vidas en las que hacen la mayor parte del trabajo doméstico, hacen malabares para compaginar su carrera con el matrimonio y la vida doméstica. No tienen que hacerlo, pero lo hacen. Eso demuestra la importancia de la opresión psicológica. Nos hemos centrado en que la mujer debe poder entrar en política, que debe de tener igual salario que un hombre, etc. Eso está muy bien. Pero, si una mujer no está psicológicamente liberada no puede disfrutar de todas esas libertades. Porque sí puedes tenerlo, pero si no te liberas, sigues eligiendo lo que no quieres.

FEMINISMO Y ÁFRICA

FJS: Eres especialista en África y además, eres nigeriana ¿Cómo evaluarías la situación de la mujer en África?

África es un continente muy complicado. No podríamos generalizar. Todas las mujeres africanas comparten una historia muy similar, aunque condicionada luego por la realidad de sus diferentes países. Pero, sin duda necesitamos una revolución de la mujer africana. La mujer africana es increíblemente dual. No hay ningún lugar donde encontrar una mujer tan fuerte como las que tenemos en África, pero a la misma vez, no hay ningún lugar, aparte de Oriente Medio, donde las mujeres estén tan oprimidas como en el continente africano. Soportan demasiada presión. Tenemos que seguir peleando por la mujer en África.

FJS: ¿En África el feminismo cobra una mayor importancia?

Es importante porque es específico de la mujer africana y es muy concreto debido a su herencia geográfica y biológica. Tiene particularidades debido a la raza y a las tradiciones del continente. Igual que el feminismo en América Latina o Asia también tiene sus particularidades. Pero el núcleo del feminismo es el núcleo del feminismo en todas partes, en Londres, en el Caribe y en Escandinavia. Puesto en una sola frase: lo que quiero es acabar con el patriarcado.

NIGERIA

FJS:  La situación política y social en Nigeria es también complicada. Además, con un presidente que hace declaraciones que atacan directamente a la mujer. ¿Qué opinión te merece la situación política?

MS: No hay muchas cosas positivas que decir de la situación política en Nigeria. Hay bandidos liderando mi país. Es muy patriarcal y muy corrupto. Tenemos un problema con el liderazgo político en nuestro país y problemas preocupantes que afectan específicamente a la mujer. Hay una Constitución que no otorga los mismos derechos y unas tradiciones muy peligrosas y dañinas. Hay que alzar más la voz en Nigeria, hay muchas mujeres que están haciendo eso y son muy valientes, pero necesitamos más.

FJS: ¿Necesita Europa hacer más presión en Nigeria para hacer respetar los derechos humanos? Parece que Europa muestra gran interés en África para combatir el terrorismo y cuando se trata de los otros asuntos… se olvida.

MS: El sistema no funciona. Tiene que parar. Occidente tienen que irse completamente. Cada individuo tiene que resolver su propia vida. Lo mismo con los países. Se puede pedir ayuda cuando se necesita, pero tiene que venir de forma honesta. Si viene de alguien que quiere tomar ventaja no ayuda a largo plazo. Lo que sí creo que Occidente debería de hacer es compensar financieramente por el colonialismo y la esclavitud, pero no creo que eso pase, ¿verdad? No pueden llegar a Nigeria países como el Reino Unido que dan con una mano y destruyen diez veces más con la otra. Tampoco creo que Occidente quiere realmente ayudar a terminar con el terrorismo en Nigeria. Creo que lo que sí quieren es presencia militar de alguna forma en el país, porque Nigeria es un país con muchos recursos naturales y casi todo lo que se necesita se puede encontrar en sus fronteras.

Foto: Carola Michaela Photography

ESTEREOTIPOS, RACISMO Y XENOFOBIA

FJS: Hablando de África, existen muchos estereotipos sobre el continente ¿Necesitamos más festivales como el Film Africa, o el Festival de Cine Africano de Tarifa para mostrarla como es realmente?

MS: En África no invertimos lo suficiente en cultura. Y es algo común en personas traumatizadas. Cuando eres feliz lo expresas a través de la cultura. Han esquilmado tanto el continente y maltratado tanto a su gente que la cultura es lo primero que se ha ido. Tenemos que tener más festivales y financiar más artes, pero no para mostrar nada a Occidente sino para nosotros mismos. Porque nos gusta nuestra propia cultura. Y es ahí, cuando el resto del mundo se interesará. Los festivales en Europa ayudan. Pero, me gustaría que todos esos festivales que se celebran contribuyeran también de vuelta en África, porque necesitamos construir en África, necesitamos construir el continente africano.

FJS: Ha vuelto a resurgir el racismo, la xenofobia, los nacionalismos y desde luego no ayudan para nada el Brexit y la recién nombrada administración Trump.

MS: Es vergonzoso que todavía estemos lidiando con tanto racismo y xenofobia en Estados Unidos y Europa. Tenemos toda la tecnología y la ciencia en nuestra mano, sin embargo, psicológicamente, todavía somos los hombre de la cueva. Somos totalmente primitivos y se comprueba en la forma en la que nos dividimos y abusamos de unos y de otros. Siempre me sorprendo cuando veo a gente hablar de culturas primitivas en América Latina o África y luego veo cómo se comportan aquí. Hay mucha gente que ha sido muy manipulada que ahora viven en una burbuja y no pueden ver la realidad. El adelanto tecnológico no siempre significa desarrollo. A veces, parece que disfrutamos viendo sufrir a personas delante de nosotros. Y lo permitimos.

FJS: Parece que cuesta superar el racismo

MS:  El racismo, sexismo, la xenofobia, el clasismo nunca se han ido. Nunca los superaremos hasta que cambiemos psicológicamente. Hemos cambiado instituciones y leyes, en América los negros ya no se sientan en la parte de atrás del bus, cambiamos todas esas cosas y no desaparecen. ¿Por qué? Porque no abordamos la psicología de la misma. Los niños no hablan en la escuela de por qué algunos blancos se sienten superiores, de por qué algunos hombres se sienten superiores a las mujeres. En la escuela no se tiene esa conversación. Hay que cambiar el sistema educativo, hay que cambiar de lo que están hablando los niños.

FJS: ¿Quiere decir que no estamos acostumbrados a ver negros en roles de liderazgo?

MS:  Por ese motivo, pienso que ver a los Obamas en la Casa Blanca, es muy simbólico. Ver a un hombre negro en un puesto tan poderoso y a su mujer en un puesto con tanta influencia y a sus hijas es psicológicamente inspirador para los negros y para todo el mundo porque nos damos cuenta de que todos podemos hacer lo que queramos. Una de las maneras más fuertes de oprimir es no mostrar a gente como tú en la cultura. En este caso a hombre negros.

FJS: ¿Es difícil ver a actores negros interpretando papeles principales en cine y en televisión, sobre todo, en Hollywood?

MS: Hollywood no va a cambiar. Vamos a tener que cambiar nosotros mismos. Tenemos que trascender el debate estúpido sobre la belleza africana, si es hermosa o no. Lo que necesitamos es mujeres negras creando películas y escribiendo libros y así cambiará todo, porque contaremos nuestra historia.

FJS: Y a veces, el hombre negro tiene más representación que la mujer negra.

MS: Eso tiene mucho que ver con la definición de feminidad y masculinidad. Ambas describen erróneamente. Relacionamos masculinidad con ser fuerte, viril… y ahí el hombre negro encaja en esas etiquetas y por eso tienen más exposición. Por otro lado, relacionamos feminidad con fragilidad, delicadeza, ternura… Y las mujeres negras a causa del racismo, las luchas y el sufrimiento que nuestro continente y diáspora tuvieron no tenemos tiempo para ser tiernas y delicadas. Así que la definición de feminidad no encaja necesariamente con la feminidad africana, porque la mujer africana es más compleja. Pero no me importa no tener esa exposición. No quiero mujeres negras en la portada de revistas o en películas convertidas en objetos para el placer masculino. No estamos luchando por eso. Entiendo que tiene que haber igualdad en toda las quejas pero no estamos luchando por eso. No me sirve estar solo en la portada para enseñar mi cuerpo si luego no aparezco en otra para contar algo interesante.


*Fernando J. Sánchez Jaén es periodista especializado en política internacional y afincado en Londres.

12 películas sobre negros que Trump nunca visionará

Hace unos meses inauguraba el entonces presidente Obama en Washington el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana. Ha tardado un siglo en convertirse en realidad. No ha sido un milagro sino voluntad. Aunque bien podría incluirse la presidencia de Barack Obama en el catálogo de los milagros si tenemos en cuenta el pasado reciente de esta nación. Hablo de milagro que no de santidad, ojo. El gesto de este nuevo museo fue solo uno de sus intentos en enmendar el pasado de su país en relación con la población, que es mayoritaria, hijos de migrantes. Incluido el propio Trump. Pero esta afirmación cobra importancia en el campo del cine. Se puede afirmar que la era Obama y el relanzamiento de lo “afro” comenzó en enero de 2009, cuando el director Lee Daniels dirigió su ácida Precious, adaptada por Geoffrey Fletcher de una adaptación de Push, primera novela de Ramona Lofton escrita bajo el pseudónimo Sapphire. El guionista recibió un Oscar, como también Monique Angela Imes (Mo’nique) a la mejor actriz de reparto. Precious dejó sin palabras a los jurados de decenas de festivales entre ellos los de San Sebastián, Cannes, Toronto o Sundance.

No era una historia bonita. Más bien de esas que te desgarran las lágrimas y te dejan desalmado. Seco por dentro y por fuera. Porque Precious es una adolescente obesa, analfabeta, embarazada por la violación de su padre y con un madre que la sacude psicológica y físicamente. Una película donde el director Daniels expone toda la rabia de la pobreza afro arraigada en los suburbios de Nueva York, en Harlem. Un odio hacia los orígenes de la segregación en la capital del mundo.

Era el tipo de película que Hollywood nunca pensó que llegaría a tener éxito. Y sin embargo, lo hizo. Reconocimiento de la crítica, sus seis nominaciones a los Oscar, dos galardones, una recaudación magnífica que la mantenía en las carteleras mucho más tiempo de lo que nadie había esperado. E incluso, el objetivo conseguido: se desencadenó un gran debate dentro de la industria sobre las perspectivas de otros proyectos desafiantes y, por qué no, moralizantes.

El debate comenzó a intensificarse y la textura de las historias que aparecían en pantalla comenzó a cambiar. Ese mismo año aparecería The Blind Side (Un sueño posible), 2009 que le valió un Oscar a Sandra Bullock examinando la culpa blanca cara a cara. Pero las caras negras todavía estaban detrás de las bambalinas. Claro que desde hace años el pódium de los actores y actrices negros han tenido eco y mucho: Morgan Freeman, Denzel Washington, Will Smith, Samuel L. Jackson, Halle Berry, Eddie Murphy o Whoopi Goldberg. Había películas de negros dirigidas a atraer a un público negro. Pero durante los ocho años de gobierno de Obama, si algo hizo por la historia afro de los Estados Unidos fue apoyarla, hacerla visible y naturalizarla a través del cine. Ayudar a reescribir la historia.


La esclavitud como pecado original del nacimiento de los Estados Unidos

Hace unos años tratamos el tema en Wiriko. En ese artículo decíamos que las visiones diferenciadas de la Guerra de Secesión estadounidense que ofrecían Spielberg, con su película Lincoln, 2012 y Tarantino, con Django desencadenado, 2012 conducían a un clima previo a la celebración de los Óscar enmarcado en el sentimiento patriótico a la bondad de la nación. Sea como fuere, 12 años de esclavitud, 2013 dirigida por Steve McQueen abrió un nuevo camino: revisión del pasado, orgía de azotes y tres Oscar, uno de ellos a la mejor película, otro al guion adaptado y a la mejor actriz de reparto, la keniana Lupita Nyong’o.

 

 

 


Marcha para reclamar el voto afroamericano

Selma, 2014 es un drama político entusiasta, en el que la directora Ava DuVernay narra la historia de la batalla trascendental que vivieron el reverendo Martin Luther King y otros líderes para aprobar la ley de 1965 del Derecho al Voto. Una marcha desde Selma a Montgomery, Alabama, en marzo del 1965. Con Selma, DuVernay se convirtió en la primera directora afroamericana en ser nominada en los Oscar a la mejor película.


Diferencias de clase y menosprecio a los criados negros

Criadas y Señoras (The help), 2011 cuenta la historia de una joven escritora valiente, Eugenia “Skeeter” Phelan, quien ha decidido escribir un libro sobre las criadas negras que crían a los niños blancos en su ciudad natal. Estamos en Jackson, Mississippi en 1963. Un guion sobre la segregación, el linchamiento y la humillación.

El mayordomo (The Butler), 2013 es el relato ficticio de un hombre negro del sur del país que trabajaba como mayordomo de la Casa Blanca durante siete presidentes: desde Eisenhower hasta Reagan. La historia de este hombre, que comienza en un campo de algodón de Georgia y termina con una invitación al lugar de donde emigró, describe un viaje personal, racial y nacional de una manera que hace pensar, a pesar de lo ficcionado, que es un claro mensaje a la exploración de los orígenes de Obama.

 


Discriminación policial y de las leyes contra la población afrodescendiente

Estación Fruitvale (Fruitvale Station), 2013 fue la ópera prima de Ryan Coogler, y se estrenó golpeando en el corazón del debate. La película recoge el trágico incidente en la estación de metro de San Francisco Fruitvale en la noche vieja del 2008 cuando Oscar Grant III fue asesinado por un policía tras unos altercados que fueron grabados con el móvil de los propios pasajeros del metro. Aunque le condenaron a dos años de prisión, el policía fue puesto en libertad a los once meses. En los Estados Unidos las manifestaciones  han aumentado en el último año a causa de los asesinatos de población negra a manos de los cuerpos de seguridad estadounidenses que se exceden en sus cometidos.

13, 2016 acaba de recoger tres Premios de la Asociación de Críticos y está en la lista a los Oscar al mejor documental. La película narra cómo el sistema de justicia criminal de Estados Unidos ha sido impulsado por el racismo desde la época de la esclavitud hasta los tiempos actuales donde existe una encarcelación en masa. La película se llama así por la 13 enmienda constitucional que abolió la esclavitud con la excepción de castigo si cometes un delito. Y aquí establecieron la trampa. ¿Porque qué se entiende por delito?


Amor y superación

Como escribía el periodista Jordi Costa en el diario El País, la película Figuras ocultas, 2016 “reivindica el decisivo papel de las matemáticas afroamericanas Katherine Goble Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson en el seno de la NASA, sobre el telón de fondo de una carrera espacial obligada a acelerar tanto su ritmo como su eficacia tras el lanzamiento del Sputnik I por parte de la Unión Soviética. La lucha por los derechos civiles, que alcanzaba sus primeras conquistas aisladas contra la segregación, suma dimensión épica a la justa labor de visibilidad que rige la película”.

 

Loving, 2016 trata sobre el matrimonio en 1958 entre Richard, un hombre blanco de clase trabajadora interpretado por Joel Edgerton y Mildred Jeter, una mujer negra interpretada por la etíope irlandesa Ruth Negga. La ceremonia se llevó a cabo en Washington DC, pero la pareja se encuentra acosada, encarcelados y perseguidos en su estado natal de Virginia debido a las leyes basadas en ese insidioso y término cuasi-científica: “mezcla de razas”. Con la bendición del fiscal general Bobby Kennedy, el caso de los Loving es tomado por la Unión Americana de Libertades Civiles y su caso es finalmente aprobado por en el Tribunal Supremo estableciendo el derecho a vivir como marido y mujer y derrocar las leyes de Jim Crow. Estas leyes estatales y locales en los Estados Unidos en vigor entre 1876 y 1965, propugnaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas por mandato de iure bajo el lema “separados pero iguales” y se aplicaban a los afrodescendientes y a otros grupos étnicos no blancos en los Estados Unidos.

Pasaporte español, raíces africanas: Mónica Obono Ndongo Okenve

Mi nombre es Mónica Obono Ndongo Okenve, tengo 35 años. He nacido y crecido en España. Adquirí la nacionalidad española por derecho de tierra (haber nacido en territorio español) y por derecho de sangre (entonces se heredaba la nacionalidad de tus progenitores, en mi caso, ambos españoles oriundos de Guinea Ecuatorial).

Crecí en Tres Cantos, una ciudad-dormitorio por entonces, a las afueras de Madrid con una población muy joven y de clase media. Mis padres, como el resto de vecinos, fueron a habitar unos pisos recién construidos en parcelas literalmente desiertas con pequeños caminos, dos o tres calles principales y cuatro comercios contados. Era una apuesta de futuro de vida, pues se seguía edificando y estaba planeado que la ciudad creciese hasta dotarla de todas las infraestructuras para convertirse en un municipio independiente, como así ocurrió.

En ese entorno, al igual que ocurre en los pueblos, había un fuerte sentimiento comunitario no sólo porque eran muy pocos vecinos y todos se conocían sino porque sabían que para vivir en un lugar donde aún no disfrutaban de muchas comodidades debían ayudarse los unos a los otros y mostrar esa disposición. Así que siendo ese espíritu de solidaridad el denominador común, había poco o ningún espacio para actitudes racistas o discriminatorias. Ello no significa que, en el ambiente escolar, no sufriera racismo, con actos como burlas hacia mi color de piel o mi pelo, sin embargo esto no ocurría de forma regular o constante porque no eran niños o niñas de mi entorno inmediato o porque simplemente se cansaban. Además yo, de carácter ingenuo, interpretaba muchos gestos como carentes de malicia.

De izquierda a derecha: el hermano de Mónica, Marcos (Junior), con 3 años, Denise, en el medio, de 1, y Mónica, con 5 años. La fotografía fue tomada en 1986 en la parte trasera de la primera casa de Mónica, en Tres Cantos, Madrid.

El hecho de que mi familia me educara mayoritariamente en la cultura española, al mismo tiempo que concienciándome sobre mi pertenencia a la etnia fang, contribuyó a que no me sintiera diferente a nadie. Toda esa normalización contrastaba con otra vía de enculturación como eran los medios de comunicación, en particular cine, TV y radio. Recuerdo que la primera película que mis padres me llevaron a ver al cine fue “El Color Púrpura”, de Spielberg (aún no debían existir las clasificaciones por edades). Era mi primera mirada al mundo negro, el que no había a mi alrededor. Pero sobre todo recuerdo la serie Raíces y cómo a partir de verla comencé a hacerme infinitas preguntas sin respuesta que se resumían en una sola: por qué.

En mi mente había una línea divisoria en lo referente a negritud y racismo entre la historia, lo cual era pasado, y el presente que yo vivía. Esa clara disociación entre la narrativa de la esclavitud y el racismo y la contemporaneidad que yo protagonizaba me ayudaba a tomar distancia emocional de cualquier sentimiento negativo (rabia, rencor, dolor), o por lo menos a que no cristalizaran en mí. Además, desde mi subjetividad, entre estas narrativas no había solución de continuidad. Yo lo encajonaba todo en otro espacio y otro tiempo. Por entonces no conocía la existencia del apartheid, por ejemplo. Como consecuencia, mi identidad negra se construía desde 0 en otro eje espacio-temporal. Me sentía más identificada con las series de afroamericanos como “La Hora de Bill Cosby” o las decenas de comedias que se emitieron luego en los años 90.

Otra fuente de disonancia procedía del sector informativos en televisión y prensa. Disonancia causada por el modo sesgado en que retrataban, y siguen retratando en general, África con imágenes de hambruna, pobreza, enfermedad que difería de mi experiencia de haber vivido en Guinea Ecuatorial durante cinco años en mi infancia.

En la izquierda, la abuela paterna de Mónica, de quién hereda su nombre, en agosto de 2014. Fotografía tomada en la entrada de la casa de la abuela en Bata, Guinea Ecuatorial.

Por otro lado, estaba y sigue estando muy presente la influencia de la música en esa construcción de identidad, pues he heredado la melomanía de mis padres. Además de música africana, en mi casa se escuchaba música occidental de todos los géneros, con una predominancia de música pop, es decir, todo lo que fuera los éxitos del momento. A mí, sin embargo, me atrajo poderosamente la música negra desde el primer momento que escuché en mi tocadiscos el disco Thriller de Michael Jackson. A través de la música sí me supe diferente porque la música de los negros, melódica y rítmicamente, lo era, en efecto. Ya de adolescente, escuchar música se convirtió en una actividad autodidacta por la cual definía mis propios criterios y gustos. Cree todo un imaginario estereotipado compuesto por los conceptos que transmitían las letras de las canciones e imágenes de los videos (amor platónico y romanticismo, sexo y sensualidad, frenesí y entretenimiento).

Dentro de la música negra, el hip hop estaba en auge. Nunca escuché el hip hop de reivindicación sino el que era más comercial, de lírica frívola y bases instrumentales ligeras. De nuevo, me distanciaba inconscientemente de otra realidad de la experiencia negra. La música negra como elemento cohesionador me sirvió para socializar en entornos de afrodescendientes como eran las discotecas de música negra en Madrid. Sin embargo, era una falsa socialización, pues a pesar de frecuentar estas discotecas y bares durante años, jamás hice una sola amistad. Además, era desconcertante comprobar que sí existía una comunidad negra, la cual de día, o incluso de noche en otros espacios, parecía invisible.

En el área académica, me decanté por hacer un Master en Etnomusicología (una mezcla de música y antropología) con la idea de investigar sobre la música tradicional de mi otro país, acercándome a ella y a mi cultura de origen desde el estudio; y, en cierto modo, al redactar la tesina con vistas a su publicación, de dignificar esta cultura. Mientras finalizaba la tesina, conseguí mi actual puesto de trabajo en la discográfica Warner, donde contribuyo a promocionar la música clásica, una música que tradicionalmente se ha denominado culta y que, aún a día de hoy, tiene un halo de elitismo.

Como etnomusicóloga, me opongo a dicha categoría puesto que nace de una jerarquización de la música occidental impuesta por musicólogos en los años 20 del siglo anterior. Mi creencia en el igualitarismo de culturas, géneros y músicas del mundo es solamente un reflejo o una extensión de mi creencia en la igualdad de razas, géneros y cualquier otro tipo de elemento identitario, que sea producto de una construcción social.

Mónica Obono Ndongo Okenve, por Javier Sánchez Salcedo.


*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a la entonces conocida como Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia, en Santa Isabel-Bata. Esta imagen icónica es una pieza clave de la historia de la diversidad cultural española. Fotografía de Iberia Airlines.