La semana de la moda de Dakar 2017 en cuatro nombres

Una modelo en el backstage de la Semana de la Moda de Dakar, el viernes 30 de junio de 2017. (AP Foto / Finbarr O’Reilly)

La Dakar Fashion Week es hoy en día una plataforma de moda ineludible en África. A su décimo quinto aniversario, celebrado entre el 27 de junio y el 2 de julio en la capital senegalesa, han querido asistir un importante número de referentes de la african fashion venidos de todos los rincones del continente y su diáspora.

Una vez más la inagotable Adama Paris ha convertido Dakar en la fiesta de la moda africana, con un programa cargado de sorpresas y un guiño a la población organizando una Street Parade en el bulevar Ñari Taly, en el centro de la capital, al que acudieron cientos de personas.

Modelos detrás del escenario durante la Semana de la Moda de Dakar en la capital senegalesa, el viernes 30 de junio de 2017. La escena de la moda del continente ha crecido constantemente en las últimas dos décadas con el mercado de prendas de vestir y calzado en África Subsahariana valorado en 31.000 millones de dólares, según datos de Euromonitor. (AP Foto / Finbarr O’Reilly)

Personalidades de la moda de todo el mundo han querido apoyar a Paris en tan sonada celebración: el famoso estilista de Beyoncé Jenke Ahmed Tailly, la blogera Claire Sulmers creadora de Fashion Bomb Daily, las miss Francia Flora Coquerel y Corinne Coman (Miss Francia 2014 y 2003 respectivamente), la periodista de Al Jazeera Samira Ibrahim o Diana Opoti, una de las influencers más reputadas del continente. Todos han querido participar en el evento, que constituye hoy en día una de las citas más importantes de la moda africana mundial. El cantante Youssou Ndour se manifestó también a favor de la DFW con un mensaje en las redes sociales invitando a apoyar el evento, que este año por primera vez contó con el respaldo institucional del gobierno del país, a través de la Agencia Senegalesa de Promoción Turística.

Jóvenes senegalesas ven un desfile durante la Semana de la Moda de Dakar en el barrio Niari Tali de la capital, el jueves 29 de junio de 2017. (AP Foto / Finbarr O’Reilly)

Entre los 36 diseñadores que han participado en esta edición, el equipo de la DFW ha privilegiado la calidad pero buscando la heterogeneidad y la mezcla de generaciones, de manera que hemos podido disfrutar de diseñadores consolidados junto a jóvenes talentos cuyos nombres habrá que seguir con atención.

A continuación cuatro nombres que nos ofrecen unas pinceladas de la pluralidad de la moda africana contemporánea que ha participado en la DFW 2017 y que nos invitan a dibujar una “África unida pero diversa”, en palabras de su creadora Adama Paris.

Loza Maléombho (Costa de Marfil)

La diseñadora nacida en Brasil, de padre marfileño y madre centroafricana, y afincada entre Costa de Marfil y Estados Unidos, ha sido una de las apuestas seguras de la DFW.

Conocida por revolucionar las redes sociales pon su colección de selfies, como Aliens Edit que denuncian la discriminación que la justicia estadounidense hace respecto a la comunidad afrodescendiente, Maléombho es una de las creadoras más consolidadas del continente y utiliza su visibilidad para posicionarse ante temas sociales.

En sus colecciones se aprecia su concepción estética y elegante de la moda, de la que muchas veces ella misma es protagonista.

Rama Diaw (Senegal)

Rama Diaw, por Bugs Steffen Bild.

La estilista senegalesa Rama Diaw se autodenomina “embajadora de una ciudad cruce de culturas”, como es Saint Louis, al norte del país. Con sus colecciones, que mezclan un wax muy cuidado y mezclado con otros tejidos (de algodón generalmente), ha sabido conquistar a una clientela compuesta esencialmente por mujeres dinámicas y elegantes que gustan de una moda urbana y trendy.

Diaw, que presentó en la DFW 2017 la colección “Un verano ácido” (“Un été acidulé”) de llamativos amarillos y naranjas, es una asidua de las ferias de moda en Suiza, Austria y Alemania, y este año ha participado en la VI Feria Internacional de la Moda de Tenerife el pasado mes de marzo.

Elie Kuame (Costa de Marfil/Líbano)



El creador libio-marfileño es uno de los diseñadores más punteros en el panorama internacional. Firme defensor de las iniciativas que

apuestan por desarrollar el sector en el continente, afirma “tener una tremenda nostalgia” de la comida africana cuando está en Francia, donde tiene su propia casa de alta costura de la que se habla en los más grandes salones y festivales de costura de lujo.

Empezó en el mundo de la moda con vestidos de novia y hoy trabaja por visibilizar la elegancia de las mujeres del continente. En Dakar presentó su colección “African Queens”

Zaineb El Kadiri (Marruecos)

De vuelta a su Marruecos de origen, esta francesa diplomada en alta costura se lanza en 2010 en la creación de Luxury by K., una marca que se especializa en el sueño de las creaciones de boda y las noches de lujo y elegancia.

Muy influenciada por sus múltiples viajes, entre ellos al África negra que ella reivindica como propia (se siente orgullosa de la reciente reincorporación de Marruecos en la Unión Africana, de la que llevaba décadas autoexcluida), Zaineb mezcla materias nobles y naturales como muselina, seda, organza y tejidos tradicionales de diferentes partes del mundo con perlas y bordados de oro y plata.

Adama Paris, una militante de la moda africana

 

Fotografía de Alexis Peskine.

Adama Ndiaye está en el centro de todas las miradas. Esta mujer carismática, de origen senegalés, es la responsable de la Dakar Fashion Week, una de las plataformas de moda más importantes del continente africano y que ha celebrado, entre el 27 de junio y el 2 de julio, su décimo quinto aniversario.

La hoy conocida como Adama Paris fue hace algunos años una brillante estudiante de Economía. Empleada durante algún tiempo en el Banco Nacional de París, pronto decidió seguir su pasión por la moda y lanzarse con la creación de su propia marca de ropa bajo este mismo nombre.

Desde entonces no deja de guiarse por su instinto y por su colectiva visión de la creación de moda. “Cuando volví a Dakar para instalarme como joven diseñadora no había en Senegal ninguna plataforma para presentar mis colecciones y tampoco las de otros colegas, así que decidí crear una”, dice. Así nació la Dakar Fashion Week, evento que hoy es un must en las agendas fashion internacionales y por supuesto africanas, junto a las manifestaciones de Lagos, Johannesburgo y el FIMA de Níger.

Lejos de pararse ahí, Adama Paris, que hoy vive a caballo entre Los Ángeles, París y Dakar, crea en abril de 2014 Fashion Africa, FA, la primera cadena de televisión especializada en moda africana, que difunde las creaciones venidas del continente o de la diáspora.

La que se describe a sí misma como una “emprendedora cultural” ha demostrado no sólo que el sector tiene mucho potencial en el continente sino también que las y los creadores africanos tienen mucho que aportar en el panorama internacional. Con esa filosofía nacen las Black Fashion Week de París y de Montreal, otro gran proyecto en cuyo origen esta también la infatigable Adama Paris.

Adama Paris en la reciente Dakar Fashion Week. Fotografía de Omar Viktor Diop.

Además de una evidente visión estratégica, esta militante de la african fashion (o moda africana) es conocida por haber hecho accesible su ropa a su clientela (sus prendas cuestan menos en África que en Europa) y por abrir los desfiles a la calle, acercándo la, a veces, tan elitista moda a la población.

Tras una Dakar Fashion Week 2017 cargada de novedades y la asistencia de un gran número de periodistas, influencers, los más punteros nombres de la creación africana y muchos jóvenes diseñadores que han querido mostrar su apoyo a la tan querida y admirada Adama Paris, ésta nos recibe con su habitual energía.

Laura Feal: Una primera impresión en caliente sobre el evento que acabas de terminar, ¿qué balance haces de este décimo quinto aniversario de la Dakar Fashion Week (DFW)?

Adama Paris: Creo que hemos hecho un programa muy completo para diferentes públicos: profesionales, elitistas y también para la población de Dakar, a través de la organización de un carnaval en la calle en el que participaron cientos de personas. Para terminar hemos venido a la playa, porque uno de los objetivos es mostrar mi país y sus potencialidades turísticas. Uno de los objetivos es vender Senegal.

¿Qué ha aportado la DFW a la moda africana en los últimos quince años?

La Dakar Fashion Week es una referencia en toda África y con ella hemos situado a Senegal en la agenda internacional de la moda. Hemos contribuido a estructurar la filial, creando nuevos oficios como por ejemplo el de producción de desfiles de moda, que antes no existía. Igualmente, hemos lanzado la carrera de muchos diseñadores y modelos africanos que hoy desfilan por todo el mundo. En resumen, creo que hemos favorecido la profesionalización del sector.

¿Cuáles son los retos para las próximas ediciones?

Mi objetivo es ser «bigger and better» (mayor y mejor). Queremos que la DFW sea una cita ineludible de la moda en África. Para el próximo año mi objetivo es abrir una fábrica de producción en Diamnadio (barrio a las afueras de Dakar), para que los creadores africanos podamos hacer una producción de calidad hecha aquí, y vender nuestros modelos en Europa o en otros países africanos.

Mis objetivos para los próximos años son puramente económicos: hasta ahora hemos hecho cosas bonitas, colecciones y desfiles, pero hay que empezar a crear riqueza y ganar dinero.

Muchos diseñadores dicen inspirarse en África, en la población o en el ritmo de vida africano en sus creaciones. ¿En qué medida piensas que esa inspiración es reciproca? ¿Cuál es el impacto en la población?

Es natural que África sea una fuente de inspiración para cualquier artista: aquí la moda es omnipresente en las calles, en los mercados, en la gente. Es como una diversión de la que ni siquiera se es consciente. Yo creo que entre las y los diseñadores y la población debería haber una complementariedad. África inspira, sí, pero mi objetivo es que no sólo inspire sino que dé trabajo, que cree una economía real para los creadores africanos y la industria que va con ellos.

En tus eventos, no dudas en mezclar a diseñadores consolidados con jóvenes talentos. ¿Qué aportan los unos a los otros?

La moda es arte y los artistas nos alimentamos los unos de los otros. Los jóvenes aprenden de los consolidados y viceversa. La gente piensa que soy como Maria Teresa de Calcuta dando oportunidades a la juventud pero en realidad soy como un vampiro: ¡me alimento de la cantidad de energía que desprenden! Yo siempre he dado oportunidades a los jóvenes valientes y es por eso que ahora tengo un «team de warriors» (equipo de guerreros) que me apoyan y trabajan conmigo, y que están dispuestos a comerse el mundo.

Uno de esos jóvenes colaboradores era Stephan Gnago, modelo y presentador de tu canal de televisión que fue encontrado muerto el pasado mes de abril en las costas libias, cuando intentaba llegar a Europa a bordo de una embarcación en la que también fallecieron otras 176 personas. ¿Qué ha supuesto esta desgracia para ti?

Ha sido una inmensa tristeza y un motivo de reflexión, que ha originado que en esta edición de la DFW hayamos introducido una mesa redonda bajo el título de “Our African Dream”.

Aunque parezca que la moda es un mundo frívolo y de paja, somos personas y estamos conectadas con nuestra realidad. La pérdida de mi colaborador me ha despertado este compromiso de trabajar para motivar a los jóvenes africanos y que no piensen que lo que puedan hacer aquí es menos importante que lo que hacen fuera. Uno puede pensar en irse, pero no de cualquier manera.

El tema de la emigración clandestina es un tema muy sensible y que afecta a muchos jóvenes africanos alimentados por una imagen de El Dorado, a la que quizá la moda contribuya. ¿Cuál es su compromiso en ese sentido?

Creo que tenemos parte de culpa y precisamente por eso hemos sentido la necesidad de crear esta especie de charlas en las que tratar las dificultades que afrontamos día a día los artistas y creadores pero también la responsabilidad que tenemos de crear nuestro propio sueño aquí: our african dream. Lo hemos introducido en Dakar pero tenemos programadas varias ciudades más como Abidjan, Brazzaville y Libreville donde, contando con el apoyo del gobierno, promoveremos el debate con jóvenes que puedan explicar su recorrido y buscar soluciones para ver otras posibilidades a la de partir.

Eres un referente de mujer emprendedora y comprometida. ¿Qué consejo le das a las personas jóvenes que están empezando?

Lo que aconsejo es creer en uno mismo y sobre todo creer en los propios sueños. Hay que soñar fuerte y alto. Hay que hacer soñar a los jóvenes y dejarles que tengan sueños locos. Eso es lo que le falta a nuestra juventud africana: que les dejen soñar.

Pero, ¡cuidado! Con el talento sólo no basta, hay que tener rigor y disciplina. Soñar no es mirar vídeos de Beyoncé sino pensar en tu propio futuro y proyectarte en él. Y para eso hay que trabajar duro.

¿Cuál es la situación de la moda en África?

A nivel creativo la moda africana está en plena forma, somos un referente de autenticidad y de libertad que contagia, porque no estamos sometidos a una codificación tan rígida como en Occidente. Pero a nivel económico y de estructuración no gozamos de tan buena salud: faltan escuelas, ayudas a la creación, fábricas para la producción y circuitos de distribución, y para ello se necesitan gobiernos que crean en el sector.

Uno de tus socios económicos en la DFW es la empresa canaria Binter, ¿cuándo podremos ver a Adama Paris por España?

La colaboración con Binter ha sido muy positiva y estamos pensando en hacer una Black Fashion Week en las Palmas. Creo que saben que yo enseguida me pongo manos a la obra… ¡así que espero que podamos hacerla en 2018!

“Fashion Cities Africa”: cuatro ciudades africanas a la última

La mayoría de mi ropa está hecha en África Occidental. Desde hace 21 años he tenido ropa de Abidjan, N’djamena, Dakar y Accra. Ya tengo una rutina. Si estoy en esos países tres o más días por trabajo, me guardo la primera mañana, ignorando jetlags y resacas, y me voy a los mercados para comprar tanta tela como me permita mi per diem. Por 200 dólares, puedes llenar una maleta de ropa. (…) He tenido una fantasía concreta durante años. Que Accra, Lagos, Dakar y Abidjan construía unos talleres gigantes cerca de sus aeropuertos, donde cientos de sastres increíblemente bien entrenados trabajan, y puedes llegar, comprar tela y encargar ropa (…). Fashion Cities Africa.

Biyavanga Wainaina, abre así el libro “Fashion Cities Africa”, editado por Hannah Azieb Pool y que recorre cuatro ciudades del continente para explicar la escena de la moda en cada una de ellas: Nairobi, Casablanca, Lagos y Johannesburgo. Una celebración que destaca el trabajo de diseñadores de moda, de joyas, blogguers y estilistas. El libro está inspirado y apoyado en la recién clausurada exposición “Fashion Cities Africa”, del Brighton Museum.

Los criterios para seleccionar estas ciudades, por la falta de espacio para mostrar todas las propuestas de un continente inagotable, fueron una cuestión de diversidad (regional, geográfica y económica) y por sus grandes credenciales en cuanto al mundo de la moda. La editora, Azieb, afirma de además este libro “pretende retar los estereotipos sobre lo que significa ‘la moda africana’ y cambiar la narrativa visual de la estética ‘africana'” (comillas inclúídas en el texto orginal)

Cada una de las ciudades tiene su propio capítulo con un pequeño ensayo que repasa el panorama general con entrevistas a personas influyentes del mundillo, con retratos y fotografías realizadas por fotógrafos oriundos: Sarah Marie Waiswa (Nairobi), Deborah Benzaquen (Casablanca), Lakin Ogunbanwo (Lagos) y Victor Dlamini (Johannesburgo). Abalorios masai, kangas kenianos, telares de Ase-Oke, caftanes hechos a medida o el ya tan extendido wax, son estilos afro-céntricos que están influyendo los armarios de aquellos que están a la vanguardia de la moda allí y saliendo a la palestra internacional.

De punta a punta del continente: radiografía de las últimas tendencias a través de cuatro ciudades

Nairobi: la ropa de segunda mano es lo de hoy

2manysiblings: Velma Rossa y Papa Petit. Foto: Sarah Waiswa

El Gikomba Market es el mercado de segunda mano más grande de la región oriental de África y en él podemos encontrar secciones de mujer, niñas y niños, accesorios, etc. Un caos urbano que recuerda a la zona comercial del centro de muchas ciudades europeas en época de rebajas. Mitumba, o Toi (a las afueras de Kibera) son otros de los mercados de segunda mano y parece que importantes gurús de la moda como los blogueros “2ManySibilings” o “KenyanStilista.com” van vestidos de mercadillo, de forma austera, pero con estilo. El estilista Sunny Dolat, que lleva la marca Chico Leco habla de un renacimiento en Nairobi en la industria creativa.

Velma Rossa & Papa Petit (2ManySibilings), Ami Doshi Shah (I am I), Adèle Dejak, Ann Mccreath (Kiko Romero) y Anthony Mulli (Katchy Kollections), son los destacados en esta zona del continente.

Casablanca: la reinterpretación del caftán

Amine Bendriouich. Foto: Deborah Benzaquen

Con diferentes influencias por su situación geográfica y política, Marruecos vivió una primera ola de diseñadores que emergieron en los años sesenta y que fue el precedente de la segunda, en los ochenta y noventa. El caftán es un arte inimitable que pasa por muchas manos especialiadas en cada uno de los detalles: hilado, botones, puntilla, etc. A pesar de ello, diseñadores como Bendriouich afirman que “su posición es en contra de la hegemonía de los caftanes, por haberse convertido en auto-exotizados”. Y diseñadoras como Ghitta Laskrouif coge detalles tradicionales, como el mdemma (cinturón) y los usa de una manera diferente.

En este capítulo dedicado a Marruecos, Amine Bendriouich (Amine Bendriouich Couture & Bullshit, ABCB), Amina Agueznay, Yassine Morabite (Zazlouz), Said Mahrouf y Zhor, Chadia y Aida Rais, son las diseñadoras y artistas destacadas.

Lagos: el boom con gran presencia de mujeres

Nike Davies Okundaye

La independencia de Nigeria de los británicos en los años sesenta, hizo que la moda fuese una forma de expresar una renovada identidad cultural. Así que las élites urbanas mezclaban modas europeas con las creaciones de los sastres locales, con estilo nigeriano. Durante la guerra civil de los setenta siguieron emergiendo pioneros de la moda, pero no fue hasta los 2000 caundo se fue formalizando la industria de la moda en el país. El surgimiento de revistas como Arise, o las redes sociales son una oportunidad para poner en la escena la moda nigeriana y sus creadores. Hoy en día, los nuevos diseñadores de Lagos, reutilizan tejidos y sistemas tradicionales, como el adire, o la doble envoltura del Delta de Níger. Nigeria tiene un fuerte potencial de exportación e influencia en el mundo de la moda, como aseguran algunos artistas entrevistados, que además, una gran parte de las creadoras son mujeres, reivindicando así su independencia a través de la moda.

Nike Davies Okundaye (Nike Art Centres), Yegwa Ukpo (Stranger), Amaka Osakwe (Maki Oh), Zara Okpara (PR Consultant), Reni Folawiyo (Alàra), son los diseñadores destacados de esta ciudad.

Johannesburgo: lo étnico, lo político, la identidad y la moda

Bongani Madondo

El apartheid y la política dibujan claramente el paisaje de la moda en la capital sudafricana, reflejando una diversidad que caracteriza desde un punto de vista étnico y lingüístico al propio país. La mezcla de estilos entre puntos de la ciudad como Soweto, Hyde Park, East Rand o Alexandra, ponen de manifiesto el gusto por la experimentación estética en torno a la identidad, la clase social o la influencia étnica. La autodefinición de la escritora y comisaria Bongani Madondo, quizá es una muestra del crisol de estilos que esta gran “ciudad del oro” alberga: “Mi estilo es una combinación de vintage, los salones de jazz de Harlem y Sophiatown en los 50/60’s, y la locura liberadora de la estética punk-rock. Afro-dandy se encuentra en el centro de la ciudad con el Afro-punk”. También hay hispers almorzando en los mercados de Neighbourhoods Market o comprando ropa en Main in Maboneng.

Thula Sindi, The Sartists, Maria Mccloy, Marianne Fassler (Leopard Frock), Anisa Mpungwe (Loin Cloth & Ashes) son los diseñadores y artistas destacados de la escena de la moda en Joburg.

El África del mestizaje y la paz se cimienta en Agadez

*Wiriko, junto al fotógrafo Héctor Mediavilla, medio oficial de la 10ª edición del FIMA.

La 10ª edición del Festival Internacional de la Moda en África (FIMA) arranca hoy en la ciudad nigerina de Agadez, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Bajo el lema Educación e Industria para un África de mestizaje y de paz, el evento quiere revertir el oscurantismo al que esta región del Sahel se ha visto sumida en los últimos años debido a la amenaza terrorista, y plantar en su seno las semillas constructoras del desarrollo y la paz. Todo, en un fértil terreno cultural que puja por salir adelante ante la atenta mirada internacional, traducida con flashes y aplausos ante una pasarela que exhibe dosis incandescentes de esperanza a partir de diseños cargados de valentía y creatividad que buscan poder echar amarras hacia un futuro posible.

El coraje y la imaginación son dos elementos esenciales que describen el FIMA, dirigido desde 1998 por el genial diseñador nigerino Alphadi, apodado como “el mago del desierto”. Porque lo cierto es que hace falta valor para arrancar, tras la cancelación de última hora por amenaza terrorista de la edición de 2015, un certamen de moda de estas características en la puerta del desierto nigerino del Teneré.

Las rebeliones tuareg y los golpes de estado que salpicaron Níger en la década de los noventa allanaron el terreno al debacle económico y social de este antiguo y opulento enclave comercial que hacía de bisagra entre el África septentrional y el África subsahariana. Hoy, y a pesar de que su centro histórico es una de las maravillas urbanas más impresionantes y mejor preservadas de todo el continente, Agadez ya no es el centro turístico que era hace dos décadas atrás, y ha pasado a ocupar portadas por ser uno de los puntos calientes de los flujos migratorios ilegales y el tráfico humano, o por el extremismo islamista profesado por Boko Haram, la banda terrorista afiliada al Estado Islámico. En lo que es el país peor valorado por el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, Agadez, tanto como Níger, necesita desesperadamente que eventos como el FIMA puedan desarrollarse pacíficamente, como plataformas para propulsar las industrias creativas de la región.

Colección de Kennedy Nana Kofi Ansah (Ghana), fotografiada por Héctor Mediavilla en la última edición del FIMA.

El FIMA como hoja de ruta para el desarrollo y la paz en Níger: 

La cooperación cultural es un instrumento esencial para el desarrollo de las relaciones pacíficas y la amistad entre los pueblos y para lograr el libre acceso al conocimiento y los logros en todas las regiones del mundo, que pueden contribuir al enriquecimiento de la vida cultural y mejorar las condiciones de la vida material o espiritual de las personas. En este sentido, la 10ª edición del FIMA se erige sobre los pilares de una cooperación con lazos en África y Europa que posibilite el desarrollo económico y pacífico de Níger y de África, por extensión.

Su principal motor humano, Alphadi, ha sido reconocido por nombres internacionales de la alta costura como Yves Saint-Laurent, Paco Rabanne o Christian Lacroix, poniendo en alza el valor del mestizaje cultural del Sahel con la absorción de elementos globales del mundo del diseño. Con él, los universos tradicionales Touareg, Songhai, Bororo, Hausa, Fulani, Bambara, Árabe y Masai, han dado un vuelco africano a las pasarelas internacionales. Pero en este caso, no se trata solamente de inspirar, que es lo que África ha conseguido siempre hacer con los creadores de otros puntos del planeta, sino de que los creadores y diseñadores africanos y africanas sean puestos en el mapa y revalorizados por su trabajo. Y con su reconocimiento, puedan vivir de ello.

Aunque incipiente, África tiene una fructífera industria de la moda capaz de diseñar, producir y distribuir sus propios productos – en Wiriko hemos hablado de algunos de sus ejemplos-, generando a su vez un impacto sustancial en el desarrollo económico de la sociedad. No sin dificultades y contratiempos, Alphadi es un claro ejemplo del éxito del sector, cuyas factorías se emplazan en Níger y Marruecos. Sin embargo, queda mucho camino por recorrer para hablar de una industria de la moda africana consolidada y fuerte, y muchas barreras por derribar a la hora de hacerla factible. Lo que el FIMA pretende es establecerse como el telón de fondo para que más profesionales africanos y africanas consigan darse a conocer en el panorama del diseño internacional y a la vez, que Agadez se posicione como una de las pasarelas más importantes de la moda africana.

Por ello, iniciativas como la creación de la Escuela Superior de Moda y Artes (ESMA) de Niamey, una especie de réplica africana al Institut Française de la Mode de Paris, es una declaración de intenciones para el fomento de la industria de la moda en África, que abrirá sus puertas definitivamente en 2018. Sus organizadores son claros: “Hoy más que nunca, la cultura debe apoyar la paz, ya que es un requisito previo para cualquier proyecto de desarrollo”.

3, 2, 1… ¡Arranca la 10ª edición del FIMA!

África, los punks y la obsesión del leopardo

Las grandes revistas de la moda, los blogs que siguen todas las tendencias y las pasarelas nos anunciaban el año pasado que el 2016 daríamos la bienvenida (de nuevo) al animal print de leopardo.  A nadie se le escapa que desde hace una década las tendencias se llevan y nos traen de vuelta esta moda cada vez con mayor frecuencia e intensidad. Hoy en día podemos ver este estampado en casi todo lo que llevamos: zapatos, abrigos, camisetas, pañuelos, gafas, mochilas o incluso fundas para móviles y ordenadores. Pero, ¿de dónde viene esta obsesión por reproducir la piel de leopardo?

orig_168076
Las raíces las encontramos en el África Subsahariana. Antes de que esta moda llegara a Occidente (y los armarios de medio mundo se llenaran de manchas) en diversas sociedades africanas la piel de este felino tenía un valor político, social e incluso religioso. Este atractivo se debe a que el leopardo se ha relacionado tradicionalmente con la realeza, el poder o la lealtad y no era nada raro que en el arte africano se representaran figuras de leopardo en esculturas, máscaras, escudos o en la propia vestimenta.

Pórtico real del reino de Oku, con representación de leopardos

Pórtico real del reino de Oku, con representación de leopardos

A lo largo del S. XX pudimos ver como el valor que algunas sociedades africanas le daban al leopardo se expresaba en la figura de los principales dirigentes del continente. Y es que desde  padres de la independencia, como Jomo Kenyatta en Kenia hasta dictadores como Mobutu Sese Seko en el Zaire (hoy República Democrática del Congo) vestían este estampado, sobre todo en los grandes actos sociales y eventos políticos. La razón de recuperar este símbolo entre los políticos del continente se debía a ese intento de unir la tradición en torno a su figura, de justificar su posición ya que el leopardo estaba reservado a los grandes guerreros y reyes de sus países. Incluso el líder anti-apartheid, y después presidente, Nelson Mandela, se mostró en varias ocasiones con la piel de leopardo.

¿Cómo llego a Occidente? ¿Cómo se ha convertido en un must de la moda? Los antecedentes los podemos encontrar incluso en el S. XVIII cuando Luis XV, el monarca francés, mandó que le crearan una tela idéntica a la piel de leopardo con el objetivo de impresionar a su mujer.  Sin embargo no se volvería a ver ningún ejemplo hasta que en 1947 Christian Dior  popularizó su uso entre las clases altas europeas y estadounidenses con un vestido inspirado en el leopardo. No tardó mucho en dar el salto a Hollywood, donde se convirtió en un ejemplo de glamur y alto rango social. Así, para la década de 1960 figuras tan importantes como Jacqueline Kennedy ya habían normalizado el uso del estampado felino.

 

Sex Pistols

Sex Pistols

Sin embargo la generalización del uso del leopardo en el resto de la sociedad occidental no se produciría hasta años más tarde. A partir de 1970 las nuevas culturas suburbanas nacidas en Inglaterra, entre ellas el punk, habían llegado para enfrentarse a lo establecido al calor de la música de los Sex Pistols. El estampado de leopardo se había convertido ya en un icono de las élites y el movimiento optó por “arrebatárselo”. Desde mediados de esa década el leopardo apareció en todo tipo de pantalones, chalecos y botas, extendiéndose en los años siguientes, sobre todo en la década de 1980.

A partir de 1990 (y a medida que el movimiento punk fue perdiendo fuerza) las principales marcas de ropa difundieron entre las clases medias el uso de este estampado. La creciente globalización y los nuevos medios publicitarios hicieron el resto. El leopardo comenzó a venderse como una vestimenta que “liberaba” el lado salvaje de la mujer, que representaba la vuelta a los instintos y la fuerza femenina. No es extraño que algunas figuras políticas de gran relevancia, como Winnie Mandela, Hillary Clinton o más recientemente Catherine Samba Panza, hayan recuperado de sus armarios este animal-print para los grandes eventos.

Samba Panza, 2014

Samba Panza, 2014

Mientras las tendencias europeas y americanas vacilaban en el uso del leopardo, guardándolo y sacándolo del armario, en el continente negro su uso nunca llegó a desaparecer del todo, ni entre la alta clase, que muchas veces utilizaban piel real de este animal, ni entre las clases populares que utilizan la recreación de este estampado.

Actualmente el leopardo está muy extendido en todo el globo y su uso se ha normalizado en cada rincón, sin importar la religión o el escalón social. Por ejemplo, cada vez es más común ver a mujeres musulmanas llevando un hiyab de leopardo, como la instagrammer somalí Ugaaso A. Boocow  que sorprendió al mundo el año pasado al mostrar una Somalia desconocida para la mayoría de sus seguidores.

En los últimos años el objetivo de las grandes casas de la moda ha sido el mercado masculino, al que han ido acercando un estampado que en Occidente ha sido tradicionalmente un terreno femenino. Algo que choca con sus orígenes, ya que en África los hombres habían vestido con leopardo durante siglos. Aún no lo ha conseguido, pero lo que sí es seguro es que conseguirá atraer a la moda masculina. A fin de cuentas ya ha tenido la habilidad de cambiar el significado de un estampado tantas veces como fuera necesario, mercantilizando una tradición y borrando su concepción original.

5 consejos de inspiración africana para transformar tu hogar

No se trata de imprimir siluetas de acacias, baobabs, elefantes o leones en la pared de tu estudio. Tampoco de decorar tu salón con pieles sintéticas de zebra. Ni nada parecido a colgar salacots en la pared del comedor para demostrar el espíritu aventurero que hay en tí. Incorporar elementos decorativos de inspiración africana a nuestras casas es tan sencillo como saber adaptar con sencillez, equilibrio y buen gusto los diferentes y ricos estilos de diseño de interiores que encontramos desde la costa mediterránea del norte de África pasando por las tierra suajilis, la región de los Grandes Lagos o el golfo de Guinea.

Aquí 5 consejos prácticos venidos del continente para hacer de tu hogar un lugar más acogedor y bonito para ti y tus invitados. Todo, sin olvidarte de ser responsable con el medio y las comunidades que producen los objetos de decoración que te proponemos:

  1. Inunda tu casa de colores con cojines y estampados típicos del África del Oeste. Los textiles aportan personalidad a los espacios de reposo y ocio de nuestro hogar. Los matices y texturas de las telas africanas le dan un aire desenfadado y alegre a un salón o a un dormitorio, que invita a tumbarse cómodamente en una cobertura de contrastes cromáticos como la que forman las telas africanas. Le darán un toque cosmopolita a cualquier estancia y aportarán luz y frescura.

2. Coloca lámparas y apliques marroquíes o egipcias para relajar el ambiente. La iluminación es uno de los elementos más importantes a la hora de configurar un hogar acogedor. Las lámparas árabes, ya sean de latón, hierro forjado o alpaca, son obras de artesanía que aportan elegancia y refinamiento oriental a través de sombras geométricas que se dibujan en la pared o en el suelo. Son elementos imprescindibles a la hora de crear atmósferas intimistas y relajadas.

moroccan-table-lamps-5

3. Incorpora cerámicas de Ruanda y Malaui en tu vajilla. La alfarería es un arte milenario que encontramos en todas partes del mundo y en los vestigios prehistóricos más antiguos. La importancia de protegerla es crucial, ya que se trata de un elemento tradicional del patrimonio cultural de los pueblos, cuyo valor etnográfico es precioso. Como elemento decorativo, las cerámicas ruandesas o malauís nos recuerdan en desayunos y comidas la importancia de la tierra para la subsistencia de muchas comunidades y nos arraigan a ella.

4. Utiliza cestas de rafia para el almacenaje. El trabajo manual de materiales naturales como el mimbre, la rafia o el esparto es patrimonio inmaterial que podemos introducir en casa tanto a través de objetos ornamentales como de elementos domésticos. La cestería es de gran importancia sociocultural en la mayor parte de África y además, es una fuente de ingresos para las comunidades que la producen. Sin embargo, la extracción de materiales forestales para su fabricación comprometen la sostenibilidad del medio cuando se producen a escala industrial. Por eso es importante ser responsables y evitar adquirir cestas que no promuevan un desarrollo sostenible.

african_baskets__82850.1456278058.1280.1280

5. Decora algún rincón de la casa con piezas de artesanía recicladas. La conciencia social es necesaria en un mundo donde las comunidades más desfavorecidas están en tanto riesgo como nuestro medioambiente. Los “empleos verdes” generan ganancias para los artesanos y reducen la utilización de materias primas y recursos naturales. La reutilización de desechos, así, es una estrategia de desarrollo tanto como una solución para el medio. Mientras según la Organización Mundial del Trabajo, el 41% del PIB en África subsahariana proviene de la economía informal, la artesanía del reciclaje es un claro ejemplo de buenas prácticas dentro de este sector. De este modo, incorporar piezas de artesanía recicladas en casa no solamente es una forma original de engalanar nuestro hogar sino de contribuir a la mejora de la calidad de vida de muchas personas.

Los hipsters “lo petan” en África

Año 2016. Es sábado y en un bar de Maputo suenan los sudafricanos Mafikizolo desde un iPod de última generación. Una pareja se acerca a la barra y pide dos cafés. “¿De Etiopía, de Kénia o de Malaui?”, pregunta la camarera. “¿Nos lo traes a la terraza, por favor?”, piden los jóvenes antes de sentarse delante de la pequeña feria de artesanía y ropa instalada en el magnífico jardín de la cafetería. Una docena de niños y niñas corretean y juegan en la arena y los columpios mientras sus padres se socializan, compran, trabajan con sus ordenadores portátiles o saborean una Laurentina (cerveza mozambicana) fresca. Tirantes, barbas, peinados, boinas, pendientes, gafas de pasta, calcetines de colores, faldas y vestidos de estampados africanos y estilo vintage compiten a ver quién es el/la más cool.

Mismo día del mismo año: la escena se repite de manera muy similar en Nairobi. También en Accra. En Luanda. En Dakar. En Lagos. En Kinshasa… Y es que la moda hipster, un arquetipo demodé según los expertos en últimas tendencias en Occidente, arrasa en las principales ciudades africanas.

o-ORIGINAL-HIPSTER-facebook

La tribu hipster: radiografía de un fenómeno social urbano en África

Aparentemente bohemia y alternativa, una tribu de africanos modernos, urbanos y de clase media (aunque no necesariamente lo han sido siempre) puebla clubs, centros comerciales, festivales y eventos culturales que se producen en las ciudades del continente. Inconformista, esta tribu de jóvenes de entre 20 y 40 años son nostálgicos del África retro pero suficientemente contemporáneos como para hacer honra del individualismo de la era capitalista que les ha tocado vivir. Se sienten diferentes, especiales, por encima de la gran mayoría. Y en las colas de festivales cuyas entradas solo puede pagar la clase adinerada, se huele cierto narcisismo entre sus miembros.

El estilista ghanés Daniel Quist (conduciendo la scooter) y el pionero de la moda DJ Evans Mireku Kissi - más conocido como Steloo-, por las calles de Accra. and Kissi go for a spin around Accra, much to the surprise of some onlookers

El estilista ghanés Daniel Quist (conduciendo la scooter) y el pionero de la moda DJ Evans Mireku Kissi – más conocido como Steloo-, por las calles de Accra. Imagen de Reuters.

Se saben élite y están orgullosos de representar el tan aclamado Africa Rising. Y además han desarrollado un sentido de identidad urbanita que les confiesa amantes de sus ciudades. El “I Love NY” se traduce en “I love Jo’burg” (para Johannesburg) o “I love NRB” (para Nairobi) en camisetas y pegatinas enganchadas en MacBooks. Cosa que retroalimenta la construcción de ciudades-marca en África sin integrar a sus ciudadanos en el diseño o la construcción de dichas ciudades. Seguramente los hipsters africanos sean figuras de márketing publicitario excelentes. ¿Qué vende más al turismo y la inversión extranjera que mostrar una ciudad repleta de festivales, cafeterías y zonas de ocio pobladas por gente joven y guay? Además, como buenos urbanitas, repudian lo rural por ser demasiado vulgar para ellos y se sienten más conectados con lo global, viajando a otras ciudades antes que disfrutando de la naturaleza con la que cuente su país, a no ser que sea playa y puedan lucir sus cuerpos.

Algunos de ellos tejen discursos progresistas en tertulias nocturnas entre semana. Sin embargo, sus quehaceres son apolíticos por naturaleza y a menudo los debates giran en torno al último capítulo de la serie de HBO de moda o en criticar a activistas sociales de su misma urbe. En definitiva, practican nada más y nada menos que lo que se viene conociendo como postureo.

A medio camino entre protointelectuales que beben de los novelistas africanos más Pop y yuppies o esnobs (éticamente hablando), los hipsters de África suelen sentirse cómodos bajo el término acuñado por la escritora Taiye Selasie: Afropolita (nunca libre de críticas). Utilizan las redes sociales y las apps como principales compañeras de viaje, y se pasan el día twitteando ideas ingeniosas bajo hashtags como #IfAfricaWasaBar o #TheAfricaTheMediaNeverShowsYou (junto a otros no-hipsters a menudo más ingeniosos, críticos y socialmente comprometidos que ellos). Tampoco se olvidan de colgar selfies en su cuenta de Instagram. Objetivo: mostrarle al mundo por qué los jóvenes como ellos (guapos y exitosos) están orgullosos de quedarse en África y son felices no teniendo que migrar hacia otros puntos del Planeta. Ellos son África (también).

Afro-hipsters, Música y Cine: 

En enero de 2016, el americano de ascendencia nigeriana Alex Boye, lanzó su videoclip “African Hipster”, junto a la cantante Taylor Swift, a modo de tributo a sus fans africanos y como muestra de orgullo a sus raíces. La letra habla de algunos de los africanos más influyentes – Mandela, Fela Kuti, Idris Elba…-, insinúa que afroamericanos como Morgan Freeman o Barack Obama son también iconos de los hipsters africanos y cita comidas locales como el Fufu, bailes como el Azonto y enaltece a las estrellas cinematográficas de Nollywood.

El cine no ha tardado en hacerse eco del movimiento Afro-hipster como moda urbana representativa de una generación. La sudafricana Sara Blecher (Otelo Burning) se ha querido sumergir en Yeoville, un suburbio de Johannesburgo compuesto por sudafricanos multiculturales y emigrantes de todo el continente, para narrar una historia de superación personal en un contexto que refleja la lucha de géneros. Ayanda (2015), es la historia de una hipster veinteañera y creativa que se introduce en un “mundo de hombres” para restaurar coches de época.

 

Conclusión: 

La dificultad de definir lo que es ser hipster en Estados Unidos o Europa se traduce en África con la misma indefinición. Si bien el matiz contracultural con el que nació el término en los años 50 parece subyacer en el “hipsterismo” africano con el afán de liberarse de los estereotipos (pobreza, epidemias, falta de oportunidades,…) el tono burgués, consumista y globalizador tiene una fuerza indiscutible en el movimiento que encontramos en las urbes del Sur del Sáhara. Hijos, tanto como víctimas, del mercado global reflejado en su ropa y complementos, los hipsters africanos no son muy diferentes de los hipsters europeos o americanos. Sin embargo, mientras en Barcelona o Bogotá el movimiento es odiado por muchos, en Ciudad del Cabo o Kigali parece representar un perfecto bálsamo sedante para los jóvenes.

Banele Khoza, el as de la ilustración suazi

Es joven y brillante. Con solo 18 años fundó su propia marca, BKhz: una muestra de su exquisitez y de la rareza de su técnica dentro del mundo de la moda. Hoy, con 22, su estilo de ilustración digital, de acuarelas surrealistas que exploran la identidad o el género, se ha convertido en uno de los más llamativos y originales de la escena artística contemporánea. Con un futuro prometedor, ya es el ilustrador de Suazilandia con más proyección internacional.

Banele-Khoza-12

Banele Khoza, o el que Wiriko considera el “as de la ilustración suazi”, se ha hecho un lugar en el mundo del diseño de África Austral desde bien temprana edad. Tras estudiar moda en Londres e incluso antes de finalizar la carrera de Bellas Artes en Tshwane, este suazi afincado en Sudáfrica ya empezó a sorprender a los más refinados expertos en arte. No solamente despertó la admiración de los comisarios de la galería de arte contemporáneo TATE de Londres, sino que ya ha expuesto en galerías como la Trent de Pretoria, en Salon91 o Smith Studio de Ciudad del Cabo, y ha hecho resonar su nombre en la última Mercedes-Benz Fashion Week de Johannesburgo. Sin parar de cosechar éxitos, el pasado mes de marzo obtuvo una beca en el programa Johannes Stegmann Mentorship, de la prestigiosa galería Lizamore, donde ha sido apadrinado por el artista Colbert Mashile, con el que prepara una exposición individual que verá la luz en marzo de 2017.

Confeso admirador de artistas como la mexicana residente en Ciudad del Cabo Georgina Gratrix o las sudafricanas Penny Siopis y Marlene Dumas; Khoza desafía las concepciones de masculinidad/feminidad que se encuentran arraigadas en nuestra sociedad a través del uso de los colores azul y rosa. Para él, las convenciones y las estructuras preconcebidas, encarcelan la identidad. Por eso, con su obra, explora e intenta romper los diques psicológicos que predeterminan nuestra forma de ser, pensar o expresarnos. Así como ahonda en las fracturas causadas en las relaciones sociales a causa de las tecnologías.

mg_1618bw-copy

Banele Khoza AKA BKhz.

Creativo, original y arriesgado, Banele Khoza representa la nueva mirada digital del continente con su primera exposición monográfica, Sentimientos Temporales, expuesta desde el pasado 9 de julio y hasta el próximo 4 de Septiembre en el Museo de Arte de Pretoria. Temporary Feelings no es más que un exposición en forma de íntimos autorretratos emocionales que, según su autor, van mutando de un día a otro. Del 14 al 17 de Julio, la obra de este crack del arte africano contemporáneo también estará expuesta en The Turbine Art Fair de Johannesburgo, y estamos seguros que su obra se va a dejar ver muy pronto por bienales y ferias de arte internacionales.

Mientras esto no ocurra y no podamos ver más de cerca su obra, podéis seguirle la pista desde sus cuentas de Facebook e Instagram.

El boom de la moda ‘Made in Africa’

Los tejidos y estilos procedentes de África están cada vez más en boga en las colecciones de los diseñadores más reconocidos en el panorama internacional.

Basta con hacer una búsqueda rápida en Internet con las palabras “moda tribal” o “moda étnica” para obtener como resultados unos coloridos estampados procedentes de África lucidos por despampanantes modelos que representan prestigiosas firmas de moda europeas o estadounidenses. Recientemente Louis Vuitton y Thakoon utilizaron en sus colecciones 2011-2012 tejidos procedentes de Kenia, concretamente tejido Maasai, extendiéndose como la pólvora. John Galliano, Dior, Jean Paul Gaultier o Juanjo Oliva, son algunos de los diseñadores que desde hace años se inspiran en el estilo y tejidos del continente para diseñar sus colecciones, ganándose así el aplauso de los críticos de moda que consideran esta iniciativa como un símbolo de multiculturalidad.

Colección primavera/verano 2012 de Louis Vuitton

Importantes marcas de ropa se han subido al carro de la moda —mal llamada— “étnica” o “tribal”: la colección primavera/verano 2012 de Burberry nos sorprendía con unos diseños hechos con estos tejidos, rompiendo así con la habitual línea clásica a la que nos tiene acostumbrados. Algunas multinacionales han visto que África está de moda y han llenado sus tiendas de ropa y complementos que arrojan color al continuum de escaparates que se agolpan en las ciudades. Wax, Kanga, Kente o tejido Masai son algunos de los materiales y estampados que dan juego y color a las pasarelas, que van más allá del siempre recurrente estampado animal presente en la alta costura.

Aunque no sólo los tejidos y complementos han cautivado a Occidente. El estilo de los ya conocidos Sapeurs del Congo ha sido fuente de inspiración para vídeo clips y anuncios publicitarios, que no han dudado en utilizar su imagen como reclamo estético y publicitario.

Pero, ¿Cómo repercute este boom en África? No parece que el hecho de que grandes diseñadores usen estampados típicamente africanos en sus colecciones revierta en las poblaciones. Tampoco existe un compromiso por cambiar la imagen estereotipada que se tiene de África y que la moda sirva para dar a conocer las particularidades sociales y culturales de las diferentes regiones de donde proceden los tejidos. ¿Cómo podría entonces la moda establecer una mejor relación con África? Rafael Flores en su artículo lanza algunas propuestas: una de ellas podría ser contextualizar histórica y culturalmente los tejidos utilizados, mediante textos informativos repartidos en los objetos vendidos o en los eventos. Otra, comprar los tejidos directamente en África y no en Europa y Asia como hacen habitualmente las grandes marcas, lo que repercutiría de forma positiva en la economía local. Y la última —aunque no ideal— es la donación de parte de los beneficios de la venta de esa colección a las comunidades de las que toman prestado dichos materiales, como hizo Thakoon con los Maasai.

La emergencia de la moda africana, desde África

Lo cierto es que el hecho de que África esté de moda, ofrece un panorama positivo para el futuro económico del continente. Y la llave para posicionar África en el mercado global seguramente está en manos de los propios creadores africanos. Cada vez es más habitual la presencia de diseñadores africanos en las pasarelas internacionales, a la vez que también son cada vez más numerosas las African Fashion Weeks, tanto dentro , como fuera del continente. De manera progresiva Occidente tiene el foco puesto en la producción y creatividad procedente de África y tanto los diseñadores como su diáspora también tienen claro que el foco tiene que estar ahí, como contrapeso que haga frente a las grandes firmas internacionales.

Colección 2014 MAFI

Colección 2014 MAFI

Cada vez más y dentro de unas dinámicas panafricanas, los jóvenes creadores prefieren plasmar sus rasgos identitarios y culturales en patrones y diseños innovadores, utilizando materiales de sus países de origen que han sido adquiridos en el mercado local y confeccionado por personal local. De punta a punta del continente encontramos varios ejemplos. Uno de ellos es la etíope Mafi, que explora la historia y la cultura a través de sus diseños, utilizando materiales hechos a mano por cooperativas de mujeres, dando así muestra de la diversidad de su país.

Colección Buyel'mbo de MaXhosa

Colección Buyel’mbo de MaXhosa

También despunta el trabajo del sudafricano Laduma Ngxokolo, cuya colección MaXhosa nació de la necesidad de crear una ropa moderna y adecuada para los jóvenes recién iniciados de su comunidad, para lo que hizo un trabajo de investigación en torno a materiales, colores y simbología xhosa que podían representar e inspirar su trabajo.

 

Desde Senegal, Adama Paris controla todo el proceso de producción de sus diseños con mucho mimo. Telas hechas a mano en grandes telares de Dakar y resultados fascinantes que intentan agrandar un mercado aún pequeño en comparación con el americano o europeo, como ella misma afirma.

 

omwa-idiadega-13

Idia’Dega

O la fórmula colaborativa de Idia’Dega que parte de la colaboración entre una diseñadora norteamericana con una cooperativa de mujeres masái para crear una línea de ropa y complementos llamada The Tommon (“diez” en lengua maa) que ha llegado a presentarse en las Fashion Week de París y de Nueva york.

Indego Africa que trabaja con cooperativas de mujeres ruandesas y diseñadores independientes en la confección de objetos y ropa. O Mustard Seed Africa que está basado en Swatzilandia y que coordina las iniciativas en torno al textil, llevadas a cabo por mujeres en las pequeñas comunidades de Swatzilandia, Zimbabue y otros lugares.

 

 

La posibilidad de los diseñadores de volcar su trayectoria vital en sus diseños y proyectos permite precisamente llenar de contenido creaciones que habitualmente, en el mercado internacional y en la alta costura, carecen de un sentido más allá que el meramente estético. De ahí la importancia de que África protagonice este proceso de expansión de la “moda africana” y siga auto-representándose de una forma más cercana a la realidad. Si es así, el hecho de que África esté de moda en la escena internacional es positivo. Y que la moda y la alta costura sean instrumentos para, por una parte, dar un giro a la imagen estereotipada que existe sobre el continente, y por otra, dinamizar la economía local, es también positivo.

África no sólo debe estar presente en este boom, sino que tiene que ser la protagonista y directora orquesta para que ello pueda revertir de forma directa o indirecta en sus países y sus gentes.

 

Talento masái: moda y ecodiseño para un desarrollo sostenible

 

omwa-idiadega-2

Mujeres de OMWA esbozando ideas ideas para la colección

Hace un año Esther Mpuyuk cogía un lápiz entre carcajadas. Era la primera vez que ella y otras 35 mujeres masái usaban uno, ya que nunca habían ido a la escuela. Un año después, sus diseños han sido presentados en las Fashion Week de París y de Nueva York. Este sorprendente salto se debe a la colaboración entre la cooperativa de mujeres OMWA de Kenia, a la que pertenece Esther, e Idia’Dega una marca basada en Nueva York y dirigida por Tereneh Mosley. La primera colección que surge de la iniciativa, The Tomon, empezó a tomar forma en Olorgesailie (Kenia) a finales de 2013.

Situado al sur del Valle del Rift, Olorgesailie es una región de gran interés cultural, en parte por los esfuerzos de los propios masái por conservar su entorno y su patrimonio, y también de un gran interés arqueológico debido a los hallazgos sobre evolución humana encontrados en el territorio. A pesar de ello, su población se enfrenta a graves problemas relacionados con el cambio climático, como la sequía, que afecta directamente a estas comunidades semi-nómadas en las que el ganado es el principal modo de subsistencia. La ya histórica pero incesante desposesión de tierras tanto en Kenia como en Tanzania, la creciente dependencia de la economía de mercado y la falta de acceso a recursos básicos, son algunos de los problemas que hacen más difícil la vida en lugares como Olorgesailie:

“La comunidad es muy rural y muy pobre. (…) Viven en manyattas o chozas que construyen las mujeres y que están hechas con ramas de árbol, barro y estiércol. No hay electricidad ni agua corriente. Las mujeres pasan una buena parte de su día en la recolección de agua y la seguridad alimentaria es también un problema para sus familias. (…) La educación es un gran problema ya que no hay educación pública y las familias a menudo tienen que decidir en qué niño o niños van a ‘invertir’. Así que las niñas suelen ser las últimas seleccionadas para ir a la escuela. La mayoría no lo hacen. Por ejemplo en el caso de las mujeres de OMWA, sólo una habla inglés aunque en Kenia es el idioma oficial (la lengua nacional es el swahili). Y cuando llegó el momento de esbozar diseños para la coomwa-idiadega-5lección, la mayoría de las mujeres comenzaron a reír cuando les di los lápices. Porque la mayoría de ellas no había cogido un lápiz en toda su vida.”, relata para Wiriko Tereneh Mosley, diseñadora y directora de Idia’Dega.

La cooperativa de artesanas masái de Olorgesailie (OMWA) está formada por 36 mujeres que apoyan el desarrollo económico de la zona a través de sus actividades. OMWA a su vez forma parte de una estructura más grande, SORALO (The South Rift Association of Land Owners), una organización de base comprometida con la conservación social, cultural y medioambiental de los masái y de sus tierras en Kenia. Esta tarea la llevan a cabo a través de varios proyectos que pasan por impulsar un turismo responsable y sostenible que genere ingresos en la comunidad. Una de las formas que tienen las mujeres de generar ingresos es la venta de sus creaciones a los visitantes, aunque la poca afluencia turística de la zona, complica su subsistencia y la de sus familias.

‘The Tomon’: moda global para el desarrollo local

“Globalización para bien” apostilla Mosley cuando habla de cómo podría repercutir la industria de la moda de forma positiva a nivel local: “Creo que la fuente de inspiración debe recibir algunos beneficios de todo esto. Especialmente grupos como los masái, que ven su nombre por todo el mundo en la venta de productos y no obtienen nada de nada”. Mosley decidió dedicarse al mundo de la moda y especializarse en ornamentación indígena a partir de 2004, motivada por su propia herencia multicultural. Años después y tras realizar una estancia en el sudeste asiático, decidió explorar la posibilidad de poner en marcha un proyecto relacionado con su pasión, la moda, por lo que a finales de 2013 aterrizó en Kenia.

Tras llegar a Olorgesailie y durante varias semanas compartiendo tiempos y espacios con las mujeres de OMWA, se planteó en el grupo la idea de crear una colección conjunta, que tuviese visibilidad a nivel internacional. La diseñadora cuenta cómo fue el inicio de la andadura: “Cuando el proyecto fue presentado creo que pensaban, o que yo estaba a punto de comprar un montón de abalorios que ya tenían, o de decirles qué diseñar. Les dije que íbamos a trabajar juntas y diseñar juntas, lo cual les parecía gracioso. Pero les mostré imágenes de diseños de Europa y América y de desfiles de moda y exclamaban ‘¡Masái!’. No tenían idea de que en París se vestían así o que algunos diseños invocaban sus elementos. Así que cuando vieron eso dijeron ‘¡Oh! ¡Nosotras podemos hacer eso!’. Así fue como ocurrió”.

‘Fuerza creativa, no mano de obra’ es la filosofía de la que parte colaboración entre las mujeres masái de la cooperativa OMWA de Kenia y la firma de moda norteamericana Idia’Dega, para crear una colección con patrones occidentales y ornamentación masái.

Manos a la obra empezaron a crear: “Dibujamos, dibujamos y dibujamos. Lo máximo que yo hacía era proponer los esbozos de los diseños. Por ejemplo, un vestido o un zapato y luego explorar con ellas el rol que jugaban los abalorios. Pero también quería ir más allá: cómo llevan sus tejidos drapeados, la asimetría, el color y las capas. Todos ellos detalles y elementos que añadiría a las aportaciones de OMWA. Los diseños salieron adelante porque trabajamos juntas”, cuenta la directora creativa del proyecto.

En este sentido Mosley remarca una diferencia importante con respecto a otras iniciativas similares: “Idia’Dega y OMWA han co-diseñado la colección entera, diferencia importante con respecto a proyectos similares que a menudo tienen el diseño preparado de antemano. En este proyecto la diseñadora americana, yo, he co-diseñado con las mujeres masái de OMWA. OMWA es también el primer beneficiario económico. Cobran por los diseños, por los trabajos que realizan con los abalorios, así como el 50% de todas las ventas.”.

Los beneficios económicos permiten a las mujeres hacer frente a problemas relacionados con el acceso al agua, mejora de sus hogares, seguridad alimentaria y educación, por lo que la repercusión en la comunidad es clara. Pero además, Mosley se refiere a otro tipo de impactos positivos: “El beneficio es un empoderamiento económico, social, cultural y ambiental. El objetivo es proporcionar una fuente de ingresos basada en el talento indígena de las mujeres de la comunidad. Para mostrar el valor de lo que hacen a nivel local, nacional y mundial ya que con demasiada frecuencia la globalización devalúa el valor de las comunidades indígenas, particularmente de las mujeres. La idea es cambiar eso, dándoles una voz en un mercado global como fabricantes, productoras, diseñadoras y proveedoras. Ello mediante la creación de productos sostenibles que sirven como modelos de cómo las cosas deben de ser en el siglo XXI. A través del empoderamiento de las mujeres, los beneficios se basan en el modelo ‘Half The Sky’. Un rol aumentado en el futuro de la comunidad en todas las áreas: económica, social, cultural y ambiental. Mantener a la mitad de la población mundial pobre, sin voz y sin educación no es sostenible. A medida que los masái luchen por su existencia, las mujeres van a tener que jugar un papel junto a los hombres”.

La colección “The Tomon” significa “diez” en lengua maa y está basada en los principios del ecodiseño —o diseño sostenible—, que consiste en la incorporación de criterios ambientales y sociales en su proceso. Está compuesta por diez prendas y complementos para hombre y mujer, tanto informales como elegantes y está realizada con materiales locales, reciclados y orgánicos. Después del exitoso arranque de la colaboración ¿cuál es el plan? “Continuar” asegura Mosley: “Planeo volver a Kenia en los próximos dos meses para diseñar la siguiente colección y crear algunas piezas de ésta. OMWA es nuestro primer socio y espero que sea una colaboración que dure para siempre y sea la fundación de futuras colaboraciones con comunidades indígenas de todo el mundo”.

 

 

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro, el 9 de diciembre de 2014.

 

 

Fashion Revolution Day: la revolución se acerca a la moda

1545067_744471315574736_352741912_n

El Fashion Revolution Day, que se celebrará a partir de ahora cada 24 de abril, pretende traer a la memoria el derrumbamiento del Rana Plaza en Bangladesh que acabó con la vida de 1133 personas y 2500 heridas. El edificio de ocho plantas, albergaba talleres de confección que suministraban ropa “low cost” a una gran cantidad de marcas de ropa internacionales. La tragedia no ha hecho más que poner otra vez sobre la mesa lo que ya muchas organizaciones llevaban años denunciando: las pésimas condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras de la industrial textil de los países empobrecidos, en condiciones de semi-esclavitud, con un sueldo de unos 30€ al mes y que trabajan en unas infraestructuras en malas condiciones y por lo tanto, peligrosas. Lo peor de todo es que esto sólo es la punta del iceberg del gran número de accidentes laborales que se dan constantemente en los talleres. Marcas de sobra conocidas llenan sus tiendas y almacenes con ropa confeccionada en estos talleres, haciendo la vista gorda y contribuyendo así a la precarización laboral. Sin duda lo que rige el mercado global de la industria textil y de la moda es la maximización de beneficios a toda costa por lo que cada vez se hace más necesaria una toma de conciencia.

SOKO Kenya

SOKO Kenya

Bajo el lema de “Who made your clothes?” (¿Quién hizo tu ropa?) se lanza hoy el Fashion Revolution Day, una campaña global que tiene como objetivo concienciar a la población sobre este problema y presionar a las marcas de ropa para que se responsabilicen de asegurar unas buenas condiciones laborales con salarios dignos y seguridad en el trabajo, comercio justo y formas sostenibles de producción. La idea es poner bajo foco público a aquellos más vulnerables de las cadenas de producción de ropa y provocar un cambio para que la industria de la moda trabaje en la línea de “valorizar a las personas, el medio ambiente, la creatividad y unos beneficios de forma equitativa”. En este sentido Fashion Revolution —creado por figuras de la industria de la moda, consultores, académicos, organizaciones y activistas— parte de la premisa de que la transparencia es básica y necesaria para cumplir estos objetivos:

[quote author=””]”Fashion Revolution pretende un futuro en el que un accidente como éste no vuelva a suceder. Creemos que saber quién hizo nuestra ropa es el primer paso en la transformación de la industria de la moda. Saber quién hizo nuestra ropa requiere transparencia, y esto implica apertura, honestidad, comunicación y rendición de cuentas. Se trata de volver a reconectar y celebrar la relación entre compradores y las personas que confeccionan nuestra ropa, zapatos, accesorios y joyería,  todo aquello que llamamos moda.”[/quote]

Así pues más de 40 países de todo el mundo (en África: Sudáfrica, Swatzilandia, Tanzania, Etiopía, Kenia y Burkina Faso) participan hoy en diversas actividades que giran en torno a la denuncia y la presión a las grandes marcas, la concienciación a los consumidores y el homenaje a las víctimas del accidente del Rana Plaza y de otros accidentes que no han llegado a saltar en los medios. La campaña también se llevará a cabo a través de las redes sociales, bajo tres premisas (texto extraido de la web):

  • 10154461_646769212063771_2842216494690944315_nBe curious: mira las etiquetas de la ropa, ¿de dónde vienen? ¿quién las hizo?
  • Find Out: ponte en contacto con las marcas a través de las redes sociales y pregúntales “Who made your clothes?”. Manda una imagen/vídeo de tu prenda puesta al revés con el tag #InsideOut y @Fash_Rev.
  • Do Something: Escribe a las marcas de ropa por twitter o e-mail preguntándoles quién ha hecho tu ropa y explicándoles que te importa. También puedes informarte sobre marcas de ropa ética en sitios como Ethical Fashion Forum o la Guía de consumo ético.

 

Algunos ejemplos en África de que las cosas se pueden hacer de otra manera

Sí existe otra manera de hacer las cosas. Y con voluntad es posible buscar formas alternativas y socialmente responsables de producción y consumo en la industria textil y de la moda. En el continente existen algunas iniciativas empresariales que trabajan en esta misma línea y que pueden ir poco a poco allanando el terreno hacia un cambio a mayor escala.

La industrial del algodón es un ejemplo de ello. Aproximadamente un 8% del algodón que cotiza en el mercado mundial procede de África subsahariana, donde la mayoría de las plantaciones son a pequeña escala, utilizando los métodos de cultivo sostenibles con la armonía entre la agricultura, el medio ambiente natural y los seres humanos. Cotton made in Africa (CmiA) es una iniciativa de Aid by Trade Foundation (AbTF) que pretende una mejora de las condiciones de vida sociales, económicas y ecológicas de los pequeños productores y agricultores y sus familias. Trabaja en Benin, Zambia, Burkina Faso, Malaui, Mozambique y Costa de Marfil y través de programas de capacitación la empresa enseña a los productores de algodón métodos modernos, eficientes y que respetan el medio ambiente para mejorar la calidad de su algodón, tener cultivos de mayor rendimiento y por lo tanto ganar mayores ingresos. En su página web se pueden encontrar todos los detalles del proyecto así como su código ético.

Baumwollanbau_3erBild

Otra dentro de la industria del algodón es Malian Organic Movement – MOBIOM, una organización que aglutina cooperativas y productores y que trabajan en la línea del comercio justo, para asegurar las óptimas condiciones de los trabajadores y el menor impacto ecológico.

Hemos conocido de este proyecto y algunos otros a través de la empresa social y blog African Fashion Guide que desde Wiriko recomendamos. En el año 2012 su responsable, Jacqueline Shaw, junto con Ubuntu International Project lanzaron una campaña sobre el algodón africano llamada “Love from Africa”, que se presentó en el London Fashion Week de ese mismo año. En esta campaña se incentivaba el comercio en la industria internacional de la moda y se pone de relieve la falta de subsidios de los productores locales frente agricultores europeos o estadounidenses, lo que les impide competir en el mercado. Este mismo blog presenta varias marcas y diseñadores africanos concienciados con una práctica ética y que merece la pena conocer, así como empresas de producción a gran escala como la tanzana Mantis World que asegura que  “la fabricación a gran escala se puede dar de una manera ética y sostenible atendiendo a todos en la cadena de suministro. Eso en realidad es ropa bien hecha”.

Ethical Fashion Iniciative, es un proyecto puesto en marcha por International Trade Centre y que plantea utilizar la moda como vehículo para luchar contra la pobreza intentando cambiar la forma actual que tiene la industria de funcionar. Ello bajo una afirmación contundente: “No caridad, sólo trabajo”.  Ello muestra que existe otra forma de hacer las cosas, lo que falta es voluntad.

SOKO KenyaEl Fashion Revolution Day nacido este año da muestra de que cada vez hay una mayor reflexión global acerca de estas malas prácticas en la industria de la moda y textil y una voluntad de que la moda pueda jugar un papel clave en el empoderamiento de las comunidades aportando trabajo, salario y condiciones laborales dignas, aprovechando así la expansión de un sector en auge.

 

 

 

[message_box type=”note” icon=”yes” close=””]Hoy os animamos a que os pongáis alguna prenda al revés y con una foto le preguntéis a las marcas de ropa a través de las redes “Who made your clothes?” con la palabra clave #insideout. Podéis seguir la campaña a través de Twitter en el hashtag “#insideout” o en las páginas de Facebook del “Fashion Revolution” de cada país.[/message_box]

‘Fashioning Africa’: recorrido panafricano a través de la moda y el diseño

fashioningTreinta metros de pasarela forman la arteria principal de la exposición “Fashioning Africa” en Johannesburgo, donde moda y diseño son protagonistas de este recorrido panafricano por doce países del continente. Esta exposición que se puede visitar hasta el 27 de abril, pone el filtro en estas disciplinas para permitir al público revisitar la historia y los rasgos propios de algunas sociedades africanas, situando al espectador entre el pasado, el presente y el futuro de la moda africana en el panorama global.

moadEl recién inaugurado Museum of African Design  (MOAD), situado en el céntrico barrio de Maboneng (Lugar de luz), es el lugar indicado para llevar a cabo esta muestra. Este museo es un laboratorio creativo panafricano donde los artistas pueden compartir ideas, desarrollar proyectos creativos y trabajar de forma colectiva. “Native Nostalgia” , la primera exposición que estrenaba el programa de actividades del museo a finales de 2013, ya nos daba una pista de qué visión pretende impulsar el director Aaron Kohn, que tiene formación académica en ámbito de los estudios africanos en la Universidad de Columbia. En “Native Nostalgia” los artistas utilizaron elementos de la arquitectura, fotografía, cartografía y archivos comunitarios para conversar con su pasado. Una investigación sobre los rasgos culturales, históricos e identitarios que caracterizan a las diferentes sociedades a partir de la utilización de herramientas del arte, diseño y nuevas tecnologías.

En esta ocasión “Fashioning Africa” utiliza su “arteria” para realizar un recorrido por las diferentes propuestas de dieciséis diseñadores a través de maniquís, fotografías y otros elementos que contextualizan el trabajo de los artistas y que forman parte del marco expositivo. Un paseo por tejidos y texturas, por diferentes estéticas —como los Sapeurs congoleños— y por creaciones que forman parte de las historias locales, pero ya también de las últimas tendencias en moda, música y diseño a nivel global.

Quien desfile por esta pasarela temporal podrá disfrutar del trabajo de estos diseñadores y diseñadoras que dan muestra de la variedad de propuestas:

Mille Collines a caballo entre Kigali (Ruanda) y Barcelona, donde podemos encontrar una de sus tiendas; Kreyann’ (Anna Ngann Yonn) de Camerún, que mezcla lo clásico y la fantasía en sus tejidos; la senegalesa Sophie Zinga; la marca Intisaar de Zimbabwe; Project Mental de Angola, que dejaron huella también en el Japan Fashion Week con su desfile/performance; Ituen Basi, marca nigeriana que celebra la individualidad y el feminismo en sus creaciones; Maki Oh de Nigeria, Laduma Ngxokolo, sudafricano que plasma la cultura Xhosa en sus tejidos de punto; Daniele Tamagni, fotógrafo italiano con un extenso trabajo sobre los Sapeurs del Congo; Mikuti, que plasma la cultura keniana a través de sus complementos; Namsa Leuba, fotógrafa y diseñadora especializada en la identidad africana vista bajo los ojos de occidente (Guinea/ Suiza); los sudafricanos Kluk CGDT; ChiChia, basada en Londres con diseños procedentes de Tanzania; el sudafricano David Tlale que presenta un otoño/invierno 2014 en colores oscuros y pastel; Jared Hurwitz de Sudáfrica; Jim Chuchu, artista visual keniano que trabaja desde la fotografía y vídeo.

La exposición, comisariada por Aaron Kohn, tiene como objetivo principal “no sólo celebrar el rango dinámico y facetas de la moda que África tiene que ofrecer, sino crear una mirada contemporánea hacia el éxito de la moda africana en el escenario global”.

Mercedes-Benz-Fashion-Week-Joburg-2014“Fashioning Africa” ha coincidido en el tiempo con la Mercedes-Benz Fashion Week Joburg, celebrada recientemente los días 20, 21 y 22 de marzo en el lujoso barrio de Sandton, en Johannesburgo. Esta edición de la Fashion Week que mostró las creaciones de 34 diseñadores, celebró los 20 años de democracia del país bajo el lema “Creative Freedom: Under the Pillars of Fashion, Art and Design” (Libertad Creativa: Bajo los pilares de la moda, arte y diseño).

¡Sin duda Johannesburgo se está vistiendo con las mejores galas este 2014!