Sierra Leone’s Refugee All Stars, refugiados en lo alto del escenario

Photos ©Jay Dickman.

Por Fernando Díaz

Si ayer era el Día Mundial de los Refugiados, y hoy es el Día Internacional de la Música, no podemos hablar de ninguna otra cosa que no sea la Sierra Leone Refugee All Stars Band. Una banda sonora a ritmos del África Occidental que habla de la realidad de ser refugiado en África y en cualquier otra parte del mundo. Una banda de reggae africano compuesta levantada en mitad del conflicto de Sierra Leona, en el centro del campo de refugiados de Kalia, y que lleva ya 20 años visitando todos los escenarios del mundo.

En 1997 Sierra Leona vivía lo más crudo de un conflicto que aún tardaría unos años en cesar. En ese año, Reuben Koroma y Grace, marido y mujer, cruzaban la frontera entre Sierra Leona y Guinea hacia el campo de Kalia. 37.000 personas se hacinaban allí, sin esperanzas y sin saber qué sería de ellas. Ni Reuben ni Grace podían estar sin hacer nada, así que pronto se pusieron a buscar entre todos los habitantes del campo a cualquiera que supiera tocar algún instrumento, que tuviera interés por la música. Fue así como encontraron a un guitarrista que, en mitad del caos del desplazamiento hacia Kalia, se había traído su guitarra acústica: Franco John Langba. Se juntaron, elaboraron instrumentos con cualquier cosa que encontraron en la basura, y formaron su banda: Sierra Leone Refugee All Stars.

El descubrimiento

Para el año 2000 ya eran seis miembros. En el campo, Reuben, Grace, Franco y los suyos hacían presente la música en momentos de desesperación para quienes les acompañaban. Crearon letras de esperanza, pero también de realismo. Letras hasta divertidas que hablaban de sus desgracias y les permitían reírse de ellos mismos y de su destino. El proyecto crecía tanto, regalaba tanto a las personas que habían huido del conflicto, que pronto estaban haciendo giras por los campos de refugiados vecinos.

En uno de ellos, coincidieron con dos cineastas que se habían acercado a Guinea a conocer la situación. Zach Niles y Banker White pronto vieron la potencia que Reuben y los suyos habían generado. Así que decidieron ayudar y, en poco tiempo, una banda de refugiados saltaría a la escena internacional gracias al documental que lleva el mismo nombre que el grupo.

El documental, fue todo un éxito, e incluso permitió a la banda de refugiados recibir un premio internacional. Para entonces, la realidad de Sierra Leona estaba cambiando. En 2004 se decretó el final del conflicto, y los miembros de la banda se enfrentaban a la terrible tarea de retomar sus vidas en Freetown… cuando ya no hay nada que retomar. Así que decidieron continuar con el proyecto.

En 2006 publicaban su primer y mejor álbum Living like a Refugee, y además eran uno de los tres grupos africanos que participaban en la banda sonora original de la terrible (en todos los sentidos) película de Leonardo Dicaprio Diamantes de sangre.

Sonidos del África Occidental

El estilo de Sierra Leone Refugee All Stars es una mezcla de estilos de África Occidental. Entre ellos, predomina el baskeda (muy similar al reagge), pero también hay espacio para el highlife, el soukous, el dash y el funk. Sus letras, ya lo hemos dicho, explican el estilo del vida que vivieron en los campos. Son duras, pero también divertidas. Y, sobre todo, son colectivas. A menudo nos sorprenden sus coros, que las convierten en himnos comunitarios y que permiten que nos acerquemos a los sentimientos de quienes viven desplazados. Nostalgia, tristeza, incertidumbre, pero también confianza en que todo lo arreglarán juntos.

Desde estos ritmos y con estas historias, Sierra Leone Refugee All Stars se erigen en uno de los mejores embajadores para aquellos que no tienen nación, los refugiados. Durante la gira de presentación del documental pudieron compartir escenario con grupos como U2, y explicar sus vivencias en programas como el de Oprah.

Finalmente, el proyecto fue acogido por el  ACNUR de Naciones Unidas, y la banda realiza giras por diversos campos de refugiados del mundo para tratar de transmitir un mensaje de fortaleza y esperanza. Pero también realiza giras comerciales. Si se los encuentran, no duden en calzarse sus zapatos para bailar, y acérquense a compartir las historias de los All Stars de Sierra Leona. Comprobarán que ser refugiado es más que ser una víctima.

Este artículo se publica conjuntamente en Wiriko y Africaye.

Fernando Díaz es miembro del colectivo Africaye.org y tiene un blog dedicado a África Subsahariana www.srkurtz.org | @elsituacionista

Artistas para la Paz

Existe un proverbio ugandés que dice: “Cuando dos elefantes luchan, es la hierba la que sufre”. Afortunadamente, no hay conflicto armado actualmente en la perla de África, pero si ampliamos las fronteras, nos topamos con distintos focos de conflictos que azotan al continente. Así y todo, mientras algunos deciden hacer la guerra, otros hacen denuncia de estos crímenes y reivindican la paz con su arte.

Aprovechando la celebración del Día Internacional del Personal de Paz de las Naciones Unidas, centrado en la temática «Invirtiendo en la paz del mundo»,  queremos reconocer la contribución del arte más comprometido. Porque el arte puede ser una herramienta educativa para la construcción de la Paz y la prevención de los Conflictos.

Sudán del Sur

Mientras el pueblo celebraba la paz en Sudán con la independencia de Sudán del Sur en 2011, el país más joven de África se veía, al poco tiempo, inmerso en una nueva guerra civil. El gobierno del nuevo país se creó alrededor de la atnia mayoritaria e ignorando al resto de grupos étnicos. En 2013, el presidente dinka Salva Kiir no se tomó muy bien las críticas de su segundo Riek Machar y le despidió. Este intentó un golpe de estado que fue sofocado, pero tras tres años de negociaciones con la comunidad internacional, la violencia se instaló en Juba, la capital sursudanesa, en verano de 2016.

Pintura del colectivo Ana Taban

Y mientras la violencia y la muerte aterrorizaban al pueblo de nuevo, los artistas se echaron a la calle para llenar las paredes de la capital con mensajes de paz. Se trata del colectivo de artistas AnaTaban (Estoy Cansado), una comunidad de creativos jóvenes cansados de ver sufrir a su pueblo. Lo que pretenden es crear una plataforma de gente joven, unir sus voces y hablar libremente para lograr la paz.

Pintura del colectivo Ana Taban

República Democrática del Congo

La guerra por el control de los recursos minerales y el coltán no es el único conflicto abierto de la República Democrática del Congo. Mientras su presidente, Joseph Kabila, se aferra al poder cuando su segundo mandato, y último según la Constitución del país, terminaba el pasado diciembre, la crisis se agrava, la violencia no cesa y las muertes se acumulan en todo el territorio. La semana pasada, el presidente nombró un nuevo Gobierno de transición en contra del acuerdo con la oposición, de finales de 2016, en el que se le permitía seguir en el poder hasta que se celebraran elecciones a finales de 2017. Muchos sospechan que Kabila intenta convocar un referéndum que le permita un tercer mandato, como hicieron sus homólogos en Ruanda y Congo.

Daddy’s falling trone, 2015, Steve Bandoma

Son muchos los que han terminado en la cárcel por reivindicar un cambio político en el país, pero Steve Bondoma lo hace de una forma más sutil. A través de la pintura, la fotografía y el reciclaje de revistas para darles una nueva vida, el artista muestra en sus obras el ajetreo de la capital congoleña y una sociedad en cambio constante. Una forma de ver el mundo que denuncia la retirada de la moral con consecuencias tales como la corrupción, el robo o la falta de honradez.

No dirty money!, 2015, Steve Bandoma

Somalia

Para entender el conflicto somalí, tenemos que remontarnos hasta el siglo pasado cuando, en 1991 movimientos militares revocaron el régimen de Siad Barre y distintos grupos étnicos empezaron a luchar para hacerse con el poder, dejando, así, el país dividido. Todo se agravó con la sequía que atormentó al país con una terrible hambruna en 1992. Con la entrada del nuevo siglo, se han ido sucediendo distintos gobiernos de transición, pero en la actualidad, la guerra civil continúa librándose y el país, aunque si cuenta con un gobierno oficial, aún se encuentra activo el grupo islamista radical Al-Shabab. El conflicto se ha cobrado innumerables víctimas mortales y desplazados.

Fotografía de Mustafa Saeed, publicada en African Digital Art

Originario de Arabia Saudí, pero residente en la ciudad somalí de Hargeisa, el fotógrafo y artista visual Mustafa Saeed, lanzó el proyecto Coroned Energies, que, mediante imágenes, grabaciones y sonido, retrata la vida cotidiana y las experiencias de los jóvenes somalíes y pretende ser una plataforma para que puedan expresarse.

Fotografía de Mustafa Saeed, publicada en African Digital Art

El terrorismo islámico en Malí, Nigeria y Chad

El terrorismo también está presente en Malí, cuando los acuerdos de paz se estancaron en 2015. En marzo, distintos grupos terroristas activos en la región anunciaron su fusión en Jamaât Nasr Al islam wa Al mouminin (Grupo para el Apoyo del Islam y de los fieles). Al igual que en Nigeria, o Chad, el terrorismo Islámico de Boko Haram, que secuestra a menores y en ocasiones los usa como armas de guerra, atormenta la región, a la vez que se van debilitando las instituciones gubernamentales que no ven cómo solucionar el problema.

L’initiation, 2004. 7 Elements. Mixed Media On Fabric, Abdoulaye Konaté

Una de las figuras más destacadas del arte contemporáneo maliense es Abdoulaye Konaté, que mediante telas – materia barata y fácil de conseguir en el país – que tiñe, corta y cose, transmite sus ideas acerca de las esferas políticas y sociales del país. Su trabajo se centra en las tensiones políticas de la región del Sahel.

Otro de los artistas más influyentes, de origen ghanés, pero residente en Nigeria y profesor de la universidad del país, el escultor El Anatsui, se vale de materiales recicladas de las calles, como el aluminio, el cobre o la madera, para crear objetos que expresan sus diversas preocupaciones políticas, sociales e históricas.

Gravity and Grace Monumental Works by El Anatsui, Eva Blue

Ken Aïcha Sy: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada”

Ken Aïcha Sy – Bloguera y propietaria de un sello discográfico. Esta foto es parte de la serie The Studio of Vanities de
Omar Victor Diop, 2011.

Esperando en la calle en el barrio de Mermoz, en el centro de Dakar, Ken Aïcha Sy no pasa desapercibida. Alta y vigorosa, luce un look atrevido incluso para la capital, adornado de piercings y tatuajes y habla un francés mezclado sin complejos con términos en wolof y numerosos anglicismos. Así es esta emprendedora vocacional y activista cultural empedernida, cuya historia, se podría decir vincula pasado, presente y futuro de la cultura contemporánea senegalesa.

Pasado: la agitación para la reflexión

Esta joven de 28 años nació en Dakar en el seno de una familia que bebió del esplendor artístico y cosmopolita del Senegal de la post independencia. De la fusión de las pasiones de sus dos progenitores se conforma lo que es hoy su proyecto de vida: la cultura y la comunicación.

Su madre, la periodista de las Antillas francesas, Anne Jeanbart, le legó el espíritu divulgativo, y su padre, el pintor senegalés El Hadj Sy, el amor por el Arte: así, con Mayúsculas.

El Hadji Sy, padre de la bloggera senegalesa Ken Aïcha Sy. Fotografía de Africanah.

El Hadj Sy , se formó en la Escuela de Dakar puesta en marcha por Senghor en los primeros años de la independencia, sin embargo, pronto se desmarcó de la línea filosófica de la Negritud. Fue uno de los miembros activos del movimiento por la agitación artística, el Laboratorio AGIT-Art, que junto con Amadou Sow, Bouna Seye y muchos otros, se conservó el derecho y el deber de criticar las políticas públicas y de imaginar otra manera de concebir el arte más libre y creativa que la que tenía el presidente.

“No crecí cerca de mi padre y, aunque había cuadros de él en casa, no conocí su obra hasta casi mis 22 años”, comenta Ken Aïcha Sy. “Sin embargo, mi madre, testigo de primera mano, me hablaba de AGIT-art, el laboratorio artístico y experimental que desde los 80 trabaja por la cultura y la creatividad. Me contaba los comienzos y cómo los artistas de la capital se reunían en el patio de Joe Ouakam (como se conocía al recientemente fallecido Issa Samb). Ese periodo ha contribuido enormemente a avanzar la reflexión sobre la cuestión del Arte en Senegal”. 

Esta herencia de concepción de la ciudadanía ligada al activismo cultural aflora en Ken Aïcha SY en 2010. Tras realizar sus estudios básicos en la capital senegalesa, en 2006 se marcha a Francia a formarse en arte y diseño. Su vuelta a África coincide con la 3a edición del Festival Mundial de Artes Negras (FESMAN), en la que retoma contacto con su padre y su círculo artístico al que apenas conocía. Le salta el chip. Se da cuenta de lo desvinculada que está la juventud de ese patrimonio. No hay vuelta atrás. Se decide a poner en valor y visibilizar las iniciativas culturales existentes pero también las potenciales. No puede dejar de ver oportunidades en su entorno. ¡Tanto talento sin explotar!

Presente: las TIC para visibilizar el patrimonio

Así que se pone manos a la obra. Su objetivo: visibilizar y promover la cultura senegalesa. “Era una necesidad real en aquel momento”, explica. Empieza con un blog y al año, crea Wakh’art (un juego de palabras que significa “hablar de arte”, en wolof),  una plataforma cultural que cuenta con más de 10.000 seguidores online y con varios ejes de trabajo: un repertorio artístico con más de 700 entrevistas realizadas por ella misma, una agenda cultural y proyectos como una radio online o la Boîte à Idée (La Caja de las Ideas) un espacio de encuentro físico donde se organizan debates culturales, proyecciones de cine, exposiciones, talleres de pintura y brunch los sábados.

“Internet ayuda mucho pero la gente necesita verse y sentirse. Las actividades son gratuitas, ya que no queremos que el dinero sea un problema para el acceso a la cultura”, afirma.

Wakh Art Akya Sy, por Diattus Design.

En efecto, la Boîte à Idees es también su casa. Y la sede de Wakh’art. Un lugar creado al estilo de la Factory de Warhol… La villa desvela su gusto por el reciclaje y la recuperación, por la cultura urbana en forma de grafitis imponentes que cambia cada año para guardar “el espíritu efímero que debe caracterizar este arte”, detalles mágicos en forma de conchas, árboles, libros escondidos o juegos para los visitantes más pequeños. Se respira amor y respeto por lo que hace y una voluntad de crear un lugar inspirador para los artistas que por allí se acercan.

En forma de entrevista, Ken Aïcha Sy transcribe en primera persona los intercambios que tiene con las actrices y actores culturales de todas las generaciones que pasan por la Boîte à Idées. Con un estilo informal pero rigurosamente documentada, traslada la opinión de estos artistas senegaleses y extranjeros de paso en la ciudad, que no solo hablan sobre sus trabajos, sino que son cajas de resonancia de las realidades sociopolíticas de su entorno.

Observadora privilegiada del panorama cultural de su país no tiene pelos en la lengua: “Aparte de la música, hay poco conocimiento y reconocimiento del arte. Cuando rascas un poco el discurso político en materia cultural está vacío: al final la financiación viene de fuera. Al menos, el gobierno debería obligar a las empresas extranjeras que llevan años beneficiándose de nuestras riquezas a participar en las manifestaciones culturales y aportar dinero al desarrollo cultural de nuestro país. ¡Es lo mínimo!”, se indigna. 

Ken Aïcha Sy, por RapNabisso.

Futuro: el arte como factor de desarrollo

El lema de la asociación Wakh’art, presidida actualmente por el experto en estrategia digital Alpha Ciré Kane, es el “arte como factor de desarrollo”. “Nos referimos a un modelo económico en el que creemos”, dice SY. “En Senegal tenemos un patrimonio cultural muy rico, pero no somos conscientes de su potencial económico. Nosotros creemos que el arte se debe de utilizar para favorecer el desarrollo del país. Si desarrollamos la industria cultural, y la profesionalizamos, mucha gente podría ganarse mejor la vida y a la vez, atraer un turismo diferente”.

“Para eso, habría que llevar a cabo dos acciones: promover que la ciudadanía conozca y ame su propia cultura, y formar profesionalmente a alguna de esa gente para participar profesionalmente en su desarrollo”, comenta.

Tras el análisis, Wakh’art se puso a trabajar: “con el proyecto Arte en la escuela, intentamos promover esa sensibilidad artística en los más jóvenes, incluyendo también disciplinas menos convencionales como grafiti, DJ’ing o reciclaje y dándoles las herramientas para poder descodificar la cultura y aprender a amarla”.

En paralelo, Ken Aïcha SY trabaja para la profesionalización del sector, a través del sello discográfico Wakh’art Music (WAM), cofundado con el músico Moulaye, como empresa independiente pero guardando la misma filosofía.

“Aunque tiene vocación empresarial, WAM nació de la necesidad de jóvenes artistas que se dirigían a nosotros en busca de consejos profesionales para gestionar sus conciertos, agendas, comunicación, contactos. Sin embargo, somos un sello poco convencional: en primer lugar porque mientras otras discográficas se llevan porcentajes descomunales, el artista de WAM se lleva el 70% de los beneficios de sus ventas, y en segundo lugar porque nuestros artistas no hacen tendencia, tienen una pluma extraordinaria y una vasta cultura musical”, explica la promotora.

“Es por ello que es difícil venderlos, porque no son “encasillables”: la industria musical te obliga a buscarles una casilla cuando en realidad entran en varias.  Es una pena que sigamos en esta tesitura cuando el mundo actual es mestizo y plural: un artista se inspirará de diferentes fuentes como Bob Marley, Oumou Sangaré o The Beatles”. 

Hablando del panorama internacional se lleva las manos a la cabeza: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada. Aunque seas originaria de un pueblo de África y estés orgullosa de serlo, no es por ello que tu obra deba presentar obligatoriamente un niño pequeño y desnudo que se llame Kirikou. ¡Somos más que eso!”. 

Caso de estudio en numerosas escuelas de emprendimiento y gestión, Ken Aïcha Sy no duda en compartir su experiencia con cualquiera con la misma voluntad de cambiar las cosas que ella. Incluso la han contactado de Nigeria y Camerún para intercambiar sobres las claves de su éxito.

Parece difícil encontrar algo que se le resista a esta mujer, sin embargo confiesa que su reto para este año es visibilizar la creatividad femenina. “Yo soy feminista y tengo ganas de apoyar a las creadoras a dar el salto a lo profesional. Tengo la sensación de no haber hecho lo suficiente por darles visibilidad. Las mujeres son más discretas y la sociedad senegalesa es muy particular al juzgarlas: muchas comienzan pero después se casan y rechazan entrar en una dinámica profesional, o se quedan en un segundo plano, como coristas… no es que no puedan compatibilizar vida laboral y profesional, sí pueden: son mujeres, ¡llevan toda la vida haciéndolo!”.

Se despide dejándonos su descubrimiento de 2017: Angélique Dione, y prometiendo seguir dando mucho más de qué hablar. De arte, por supuesto.

Arte y música para la infancia en Madagascar

Los derechos de las personas no acaban con ir al colegio, tener acceso a la sanidad y comer cada día. Van mucho más allá. Todo el mundo tiene que tener acceso a la cultura y al ocio. Mucha gente aún no lo ve importante, pero nosotros hemos hecho esa apuesta con el Centro de Arte y Música”. El presidente de la ONG Agua de Coco explicaba esto mientras esquivaba los pousse-pousse en una de las avenidas principales de Tulear, la ciudad al sur de Madagascar donde la organización tiene su sede. Íbamos a conocer el recinto (conocido como el CAM), uno de los proyectos que Agua de Coco desarrolla en el ámbito de la educación.

El antiguo y emblemático Cinema Tropic, un cine de la época colonial francesa que cesó su actividad muchos años atrás, acoge hoy al CAM, en el que pasan muchas cosas. Su intensa actividad lo convierten en uno de los centros neurálgicos de la ciudad. Quizá también lo es por la intensa vida cultural en la que participan, además del alumnado inscrito, niños y jóvenes de colegios públicos, o aquellos que no pueden ir al colegio y pasan el día en las calles de Tulear.

FOTOGALERÍA

Esther Mbabazi dispara al dolor del abuso

Una joven fotógrafa ugandesa visibiliza el sufrimiento de las víctimas de la violencia sexual a través de una serie desgarradora.

La bailarina Daphne Tumwebaze baila para el proyecto 'Shadowed' de Esther Mbabazi. Uganda.

La bailarina Daphne Tumwebaze baila para el proyecto ‘Shadowed’ de Esther Mbabazi. Uganda.

“La violencia sexual es un problema muy común que afecta a mujeres de todo el mundo. Ninguna de nosotras camina sola por la noche sin preocuparse por si llegará a salvo a casa. Es un temor real que enfrentamos todas día a día. Pero si además, el acosador está en casa, no hay refugio para nosotras”, explica Esther Mbabazi, fotógrafa ugandesa de 21 años. Por tratarse de un tema tan común y a la vez tan invisible en nuestras sociedades, dice, decidió poner los sentimientos de las víctimas de dicha violencia en el foco de su cámara. Así, creó la serie Shadowed (ensombrecidxs, en inglés), un trabajo que busca mostrarle al mundo el tormento que sufren estas personas, y de paso, exponer una realidad incómoda, mucho más común de lo que se admite públicamente.

Según la OMS, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física y/o sexual en algún momento de su vida; la mayoría, a manos de sus parejas sentimentales. Se trata de una pandemia global que afecta a millones de mujeres de todo el mundo y que Naciones Unidas define como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”. A pesar de que siete de los 10 países donde se registra un mayor índice de delitos por violación se encuentran en el mundo occidental, en África, la violencia doméstica contra las mujeres presenta una prevalencia alarmante según datos del Banco Mundial: al menos un tercio de todas reconocen haber sufrido de forma física o psicológica. Ante esta grave situación de vulneración de los derechos de la mujer, la prevención y la sensibilización se hacen indispensables.

El arte puede cumplir una función de sensibilizador social y ser una herramienta de denuncia y de reivindicación de los derechos humanos. Las diferentes formas de arte, entre las que se encuentra la fotografía, también se pueden convertir en una terapia para las víctimas, que se ven empoderadas. Pero de la misma forma, puede ser un procedimiento terapéutico para la sociedad en la que se produce el proceso artístico. “He escuchado muchos testimonios de personas a las que el arte les supone un alivio. Creo que si el arte se utiliza para comunicar temas importantes en nuestra sociedad, el mundo tarde o temprano deberá reconocer los desafíos que todavía tenemos, y así, pequeños proyectos como el mío para sacar a la luz lo que perjudica a nuestras vidas ayudarán a erradicar injusticias como la violencia sexual”, asegura Esther Mbabazi.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

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La bailarina Daphne Tumwebaze baila para el proyecto ‘Shadowed’, de Esther Mbabazi. Uganda.

El bailarín Robert Ssempijja baila para el proyecto 'Shadowed' de Esther Mbabazi.

El bailarín Robert Ssempijja baila para el proyecto ‘Shadowed’ de Esther Mbabazi. Uganda. 

 

Arte frente a la violencia armada contra hombres y bestias

El artista sudafricano Ralph Ziman, conocido por una serie que visibiliza el drama del negocio de las armas en África, vuelve a poner a sus víctimas en el punto de mira

Una de las obras de la muestra 'Bones'. RALPH ZIMAN.

Una de las obras de la muestra ‘Bones’. RALPH ZIMAN.

Nació en Zimbabue, pero hasta los 19 años vivió en la ciudad sudafricana de Johannesburgo. Hoy, desde Hollywood, el escritor, fotógrafo, productor y director de cine Ralph Ziman, canaliza las nefastas consecuencias del negocio armamentístico en el continente a través del arte para provocar un seísmo en la conciencia colectiva. A través de dos series fotográficas, el artista nos invita a actuar tanto desde dentro como desde fuera de África para terminar con el sufrimiento humano y para frenar la guerra contra su fauna.

Gemma Solés: Su nombre saltó a la fama con Ghosts(Fantasmas), un trabajo brillante que mezcla fotografías coloridas con un trabajo de orfebrería que consigue causarnos vértigo emocional cuando nos damos cuenta de lo que hay detrás de él. ¿Cuál fue su propósito para esta serie?

Ralph Ziman: Mi inspiración vino de la fascinación por las armas de fuego en general que hay en Sudáfrica. Visualmente la AK 47 es muy distintiva. Es un icono, como la botella de Coca-Cola o los arcos dorados de Mc Donald. En Sudáfrica esta arma tiene mucho peso porque es vista como el arma de la liberación, un símbolo de la lucha antiapartheid. Pero también se ha convertido en un símbolo de la violencia rampante, de los atracos a los bancos, el robo de vehículos o los hurtos callejeros… Donde vemos la AK 47 en África vemos guerra y muerte. Los piratas somalíes, la guerra en Sudán del Sur, los rebeldes en la República Democrática del Congo, los terroristas de Boko Haram… Se estima que la AK 47 ha matado a más gente que la bomba atómica y el sida juntos. Muchas de las personas asesinadas o desplazadas por las guerras libradas con esta arma son mujeres y niños. Siempre vemos los señores de la guerra, las milicias armadas…, pero casi nunca vemos las víctimas. Ellos son mis fantasmas, invisibles, anónimos.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

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RALPH ZIMAN.

RALPH ZIMAN.

“Tenemos la oportunidad de unir fuerzas para hacer las ciudades más vivibles”

En 2015, la ONU-Habitat dedicó la campaña del Día Mundial del Habitat al espacio público. Espacios públicos que, según la propia organización, tienen que ser “gratuitos, accesibles y placenteros y que asumen diversas formas: parques, calles, aceras, mercados y zonas de juegos”.

El rápido crecimiento de las urbes africanas, marca las dinámicas sociales que se dan en ellas. En el campo del arte, son varias las iniciativas que ven necesaria un mayor acceso de la ciudadanía al arte, y convierten el espacio público en museos temporales. Chale Wote en James Town (Ghana), Infecting the City en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Pawa254 Festival de Nairobi (Kenia) o el LaBa! Arts Festival de Kampala (Uganda), son sólo algunos ejemplos.

Pero ¿es realmente el espacio público de las grandes ciudades africanas “gratuito, accesible y placentero”? ¿Son las calles vías de paso o espacios de disfrute? ¿Son las calles seguras para peatones y ciclistas? ¿Cómo podemos hacer ciudades más visibles? ¿Qué papel tienen la ciudadanía e instituciones en la construcción de estos espacios?

Para responder a algunas de estas preguntas, entrevistamos a Marcela Guerrero, colombiana afincada en Sudáfrica desde hace ya una década y fundadora del colectivo Open Streets Cape Town (OSCT). OSCT es una iniciativa ciudadana que propone otros usos de la ciudad a través de la experimentación y la acción de calle, como el Open Streets Days, que se inspira en la Ciclovía bogotana. Su manifiesto resume muy bien su objetivo como colectivo.

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Foto: Rory Williams

¿Cuál crees que son los principales retos, en cuanto a la gestión del espacio público, en el rápido proceso de urbanización que se está dando en Sudáfrica?

Desde el punto de vista de nuestra organización, que se basa en experimentos en las calles y es bastante pequena, la perspectiva es limitada. Pero desde ese punto de vista me parece que los temas de acceso y equidad son clave en este proceso de urbanización. Especialmente en las ciudades de Sudáfrica, —no creo que sea el mismo caso en todos los países africanos— la cultura de compartir el espacio público no es tan prevalente. En los townships es diferente; allí el espacio publico tiene mucha energía y dinamismo, por lo que hay matices en la percepción de lo que es el espacio público, pero creo que en general no hay lo que tenemos en los espacios latinoamericanos donde los espacios públicos siempre están llenos de vida y de actividad. Para recapitular: acceso, equidad y de alguna manera la cultura del espacio público. Y desde el punto de vista de las actividades, el tema de la reglamentación es importante. Aquí es difícil convencer a los funcionarios de que las reglas las inventamos a medida que vamos evolucionando como sociedad y convencerles de cambiar las reglas o de que la flexibilidad va a traerle beneficios a la ciudad, no ha sido fácil.

Open Street Day. Foto: Sydelle Willow Photography

Open Street Day. Foto: Sydelle Willow Photography

¿Qué papel crees que tiene que tener la ciudadanía y cuál las instituciones para que las ciudades sean más “vivibles” por sus habitantes?

El espacio publico debe ser protegido por las instituciones: parques sin candado, acceso al espacio para todos… Parece una respuesta fácil pero en contextos como el sudafricano eso no es tan sencillo ya que los gobiernos locales tienen una gran cantidad de necesidades por suplir asi que entre invertirle a los servicios básicos de una comunidad y cuidar los parques, el primero normalmente toma precedencia; aún asi, considero que sigue siendo la responsabilidad de las instituciones. Con respecto a la ciudadanía hay una oportunidad muy grande. Nuestra experiencia es que los individuos tienen un interés grandísimo de contribuir de una manera positiva a este concepto de hacer la ciudad más vivible y no existen suficientes plataformas. Yo diría que primero, participar en las discusiones sobre nuestras ciudades es una oportunidad y si existen plataformas, hay que unir fuerzas. En la Ciudad del Cabo, hemos tenido mucha suerte de entablar relaciones y redes con individuos que también pertenecen a organizaciones con un interés y compromiso muy grande a contribuir a la mejora de la ciudad y hemos empezado a hablar de temas concretos de cómo hacer hacer esos experimentos de manera conjunta. Ahí está la oportunidad de unir fuerzas y experimentar juntos.

Una de las cosas más interesantes del proyecto es la descentralización de las acciones, en cuanto a que muchas de ellas tienen lugar fuera del centro de la ciudad, llegando a otros habitantes que viven en los suburbios (y townships) y que a menudo son “olvidados” por las instituciones. ¿Cómo es la recepción y participación de vuestras acciones por las vecinas y vecinos de esas zonas? ¿Cuáles son los principales obstáculos a la hora de organizar un Open Street Day?

Ha sido clave llevar Open Streets fuera del centro de la ciudad. La participación y la recepción ha sido muy buena. Admito que la primera vez no lo fue tanto porque la gente tenía muchas reservas, como es comprensible. En el caso de Langa, como nunca se había tenido esa experiencia de cerrar una calle, —no para un concierto o una feria, sino simplemente para que la gente saliera a caminar— muchos de los vecinos y personas a quienes intentamos convencer antes no se lo creían mucho. Y muchos ni fueron… Pero al final se enteraron y cuando lo hicimos por segunda vez en noviembre del año pasado la participación fue mucho más grande y generalizada. Vamos a hacerlo de nuevo en Langa el próximo 30 de octubre y por lo menos en el periodo de planificación, la recepción que hemos recibido es bastante buena. Obstáculos: comunicar de manera clara y efectiva de qué se trata, porque es un concepto bastante nuevo. Lo otros obstáculos son de reglamento y eso no tiene tanto que ver con las comunidades locales sino con el gobierno.

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Foto: Rory Williams

¿De qué manera pueden interactuar el arte y el espacio público para que éste salga lo máximo posible de los museos y sea más accesible para los habitantes?

El arte que ocurre durante un Open Streets Day es muy espontáneo, no lo planeamos, pero definitivamente contribuye de una manera increíble a la actividad del día y lo que queda es realmente muy hermoso. Se necesitan más espacios al aire libre para crear arte. En Ciudad del Cabo existe una iniciativa al menos en la que los museos están más tiempo abiertos. Eso no lleva el arte a las calles, pero por lo menos le abre acceso a la ciudadanía un poquito más. Eso también cuenta.

¿Cómo se involucran los/las artistas con OSCT y qué tipo de colaboraciones tenéis?

Teniendo en cuenta la espontaneidad del arte en los OSD, considero que los artistas ven en la plataforma una oportunidad grande y por esa razón llegan artistas de toda índole: desde bailarines hasta poetas, pintores, músicos… un poco de todo. Y lo que buscamos es crear esa plataforma donde los valores culturales y artísticos se puedan compartir y llevar a un público más amplio.

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Foto: Bruce Sutherland

¿Cómo es el trabajo de incidencia política con las instituciones de Ciudad del Cabo?

Nuestro trabajo de incidencia es muy clave. Por un lado, porque la inspiración de este proyecto está en la ciclovía bogotana. Y para que OSCT se convierta o llegue a ese nivel de cubrimiento de la ciudad, es necesario que el gobierno se haga cargo realmente, no solo desde el punto de vista financiero y reglamentario, sino de mantener esa continuidad a largo plazo. En Bogotá lleva 42 años. Obviamente con el tiempo ese proceso se ha formalizado y mejorado. Para nosotros aquí que la municipalidad del gobierno local esté convencido de que tiene sentido involucrarse en este proyecto es muy clave, entonces por eso estamos siempre en comunicación con diferentes oficinas del gobierno. Nuestra incidencia ha sido principalmente logística hasta ahora, porque nos toca dar muchas vueltas para conseguir permisos, pero a medida que empezamos a afianzar esa relación con los funcionarios públicos, empezamos a hablar un poquito del sueño más grande. Ya no luchamos sólo para que nos den un permiso sino que estamos ya hablando de cómo hacemos para que la red de las calles en sí, de OSCT, sea más grande, cubra más espacios, conecte a más comunidades, entonces hacia allá se dirige nuestra incidencia. No sólo nos enfocamos en OSD; también estamos explorando temas de diseño urbano, de transporte y por ese lado estamos también empezando a presentar propuestas. Aunque solo hemos realizado intervenciones cortas (por ejemplo hicimos una campana para la seguridad del peatón llamada Streetiquette) el diálogo con la municipalidad ha seguido avanzando para que sea más fácil hacer cosas como lo que llaman “urbanismo táctico”: para hacer más experimentos que no cuesten tanto dinero, que involucren a la comunidad, que nos ayuden a imaginar, a tener una visión de lo que podría ser la ciudad con otro tipo de infraestructuras y dinámicas. Lo que quisiéramos lograr nosotros por medio de la incidencia es bastante amplio. Por ahora en donde podemos demostrar ciertos éxitos es en el tema de la red de OSCT. Tenemos un grupo de trabajo dentro del departamento de transporte que se ha formalizado, y los otros temas empiezan a tomar forma a medida que continuamos experimentando.

Háblame un poco del “crew” ¿quiénes participan en el proyecto y qué les mueve a hacerlo?

Somos tres personas trabajando para la organización y tenemos una junta de 8 personas expertas en temas diferentes: transportes, diseño urbano, ciencias sociales, leyes, comunicación,, etc. y ellos son los que le dan la dirección a la organización. También los grupos de trabajo que se han enfocado en temas más específicos y por medios de esos grupos de trabajo, estamos atrayendo a otras personas muy interesantes. El común denominador de estas personas que se unen es que quieren contribuir de alguna manera a la ciudad. Para mi lo más importante es que tenemos un número muy grande de voluntarios, unos 100, que en algún momento han sido voluntarios porque nos crearon el sitio web, nos revisaron un contrato, o nos apoyaron en los eventos. La familia continúa creciendo, eso realmente es el objetivo. Que se siga uniendo gente a OSCT.

¡Puños arriba!, llega la ópera tributo a Nelson Mandela

La ópera recoge la lucha a favor de la Carta de Libertad impulsada por el Congreso Nacional Africano / Foto: John Snelling

Una de las imágenes que nos dejó la ópera de Mandela Triology en su presentación en el AFRICA UTOPIA/ Foto: John Snelling

Al grito de “somos uno” termina la ópera Mandela Trilogy. En la escena central Nelson Mandela alza el puño derecho al cielo celebrando su liberación tras 27 años de encarcelamiento. No hay investidura ni premio Nobel de la Paz. El espectáculo, de casi dos horas de duración, trae a la audiencia una nueva imagen de Mandela en una retrospectiva hecha para entender la persona detrás del icono.

No quería hacer una hagiografía. El mismo Mandela dijo que era más un pecador que un santo”, expresa el director Michael Williams. Durante dos años Williams tuvo acceso a los archivos personales de Mandela para preparar una ópera que ha sido pieza principal en la programación de la cuarta edición del festival Africa Utopia de Londres.

El libreto se divide en tres actos que recorren diversos pasajes significativos en la vida de Nelson Mandela. La obra comienza con  un rito tribal que despide su adolescencia. El segundo acto se centra en su labor como abogado en la campaña contra la reubicación de los habitantes de Sophiatown, único gueto negro, en la Johannesburgo de la década de 1950. Tras el descanso, el último acto repasa el juicio de Rivonia, los años en Robben Island y su puesta en libertad.

La Ópera de Ciudad del Cabo canta a la lucha por la libertad en un obra en la que Williams trabaja con dos compositores. El espectáculo cuenta con tres estilos musicales que en palabras de su director “son un reflejo de la Sudáfrica que vemos hoy”.

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En el primer acto, Louis van Dijk repasa las sonoridades tribales del Transkei, región natal de Mandela. La pieza musical, compuesta en Xhosa, representa la ceremonia tribal que convierte al joven Nelson (Thato Machona) en un hombre. La audiencia es testigo de esta iniciación a la edad adulta celebrada en la Sudáfrica rural. Con el espíritu de Makhanda presente, Nelson, sin embargo, huye del tradicional modo de vida, matrimonio concertado incluido, en busca de Johannesburgo, la ciudad de las luces.

Es en el segundo acto, y gracias al trabajo de Mike Campbell, cuando la ópera pasa a ser un musical. Un club de jazz clandestino en la Sophiatown de 1955 es el escenario para un Mandela (Peace Nzirawa) dividido entre sus aspiraciones políticas y su convulsa relación matrimonial con Evelyn, su primera esposa.

Es una faceta íntima de Mandela. Aprendemos más sobre el hombre y entendemos sus vulnerabilidades”, explica Candida Mosoma que interpreta a la cantante Dolly Rathebe que tuvo un romance con el por entonces abogado.

El contexto político se recrudece debido a las políticas de reubicación en las Meadowlands de los habitantes de Sophiatown mientras el público baila al son del mítico Pata Pata de Miriam Makeba. El carisma de Mandela lidera la lucha por el anhelo de que cada hombre, blanco o negro, sea libre y favorece la causa del Congreso Nacional Africano (CNA). Tras las desavenencias con Evelyn y los flirteos con Dolly, Winnie alienta a un Mandela dispuesto a “ganar los corazones y las mentes”. Es tiempo de la educación política ante la supremacía blanca. El auge político de Mandela se ve interrumpido por su arresto que conduce a la audiencia al intervalo.

Peace R. Nzirawa as Mandela 2 and cast in Mandela Trilogy at the Royal Festival as part of Southbank Centre's Africa Utopia. Credit Victor Frankowski. (2) (1)

Amandla!’ – Peace Nzirawa (en el centro, como Mandela ), Adrian Galley (a la derecha, como el padre Huddleston) junto al resto del reparto de ‘Mandela Trilogy’. Imagen de Victor Frankowski.

El tercer acto es una ópera en su visión más clásica. Dos discursos delimitan este tramo final que arranca con el juicio de Rivona y termina con la liberación de Mandela. Louis van Dijk compone de nuevo una pieza que alcanza “la profundidad de las emociones en sus años de encarcelamiento” como describe el director Williams. Es un pasaje que ahonda en el sacrificio del líder sudafricano en sus años en Robben Island. “Acuérdate del coste de lo perdido”, canta Mandla Mndebele que representa un Mandela sumido en una depresión tras conocer la muerte de su hijo y la de su madre.

Mandela Trilogy debate sobre el uso de la violencia y la lucha pacífica. Es un canto a la unión de un pueblo dejando atrás los reproches y busca las distintas facetas de un Mandela universal.

Estos AFROdisíacos culturales están transformando el sexo en África

Cada 6 de septiembre se celebra mundialmente el Día del Sexo, y por la combinación de la fecha (6/9), también se celebra el Día Mundial del Sexo Oral. Si bien según un estudio publicado por la Universidad de Baylor (Estados Unidos) el pasado 22 de agosto, la mayoría de africanos y africanas se muestran satisfechos con su vida sexual – el 18% la califica de 10-; en la mayor parte del continente, la demostración pública de afecto no es demasiado común y la sexualidad sigue siendo un tema tabú. Sin embargo, cuando uno observa los bailes, tanto tradicionales como modernos, que emergen de África, parecería que la sensualidad y el erotismo impregnan cualquier estilo. No para todos. Género y sexualidad van de la mano y siguen representando relaciones de poder y dominación que en África son ambiguas y representan una complejidad extra a la hora de ser analizadas.

JOHANNESBURG, SOUTH AFRICA - JUNE 16: A Soweto youth holds a free condom he received at a HIV/AIDS awareness event held by the non-profit Population Services International (PSI), ahead of a World Cup game on June 16, 2010 in Soweto, Johannesburg, South Africa. South Africa has the highest number of people living with HIV in the world, where almost one-third of women between the ages of 25-29 are HIV positive. (Photo by John Moore/Getty Images)

Fotografía de John Moore/Getty Images.

El pasado mes de febrero, la Kenya Film and Classification Board (KFCB), institución del gobierno keniano encargada de regular la creación, difusión, posesión, distribución y exhibición de películas en el país, prohibió un videoclip del rapero keniano Art Attack, por considerarlo escandaloso e ilegal – los “actos homosexuales” pueden ser castigados con hasta 21 años de prisión en Kénia-. El remix de Same Love (una versión del tema de Macklemore & Ryan Lewis que avivó el debate sobre los derechos del colectivo LGTBQI en Estados Unidos en 2012), ha sido censurado por considerarse una suerte de afrodisíaco musical gay. En palabras del KFCB: “esto va en contra de nuestra cultura”. Algo muy similar a lo que sucedió con la película Stories of Our Lifes, una cinta que intentaba sensibilizar a los kenianos y kenianas acerca de la dura realidad que tienen que vivir los miembros de este colectivo a causa de la homofobia.

Las religiones cristiana y musulmana, así como otras creencias tradicionales, actúan en África de revulsivo contra una percepción natural de la sexualidad. Todo, reforzado por la legalidad de gobiernos oportunistas. Pero es la moral poscolonial conservadora de padres, profesores y hasta personal sanitario, en su afán de mantener el sexo entre sábanas, bajo llave y como un hecho meramente biológico y no social, lo que pone en riesgo, no solamente la libertad sexual, sino uno de los compromisos de los Objetivos del Desarrollo Sostenible: garantizar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos.

Pero, como siempre, música o cine pueden servir como un potente antídoto, un poderoso AFROdisíaco para estimular el pensamiento crítico.

Para sensibilizar, educar, informar y animar a los jóvenes a hablar sobre sexualidad, nació en 2009 la serie televisiva Shuga. Fruto de la campaña Staying Alive de la cadena de televisión MTV junto a UNICEF o ONUSIDA, cerró su 4ª temporada a finales de 2015 con menos audiencia de la que empezó. Mientras la primera temporada fue grabada en Kénia – donde con la oscarizada Lupita Nyong’o se alcanzó al 60% de los jóvenes del país-, su traslado a Nigeria comprometió la crítica social que ejercía. Si bien el objetivo es que los jóvenes africanos (y anglófonos) adquieran conciencia de la necesidad del uso del preservativo, en los países donde los índices de VIH son más elevados, donde las niñas sufren una presión emocional o económica más fuerte o el derecho a las libertades sexuales está más comprometido, hay que ir con cautela si no se quiere sufrir un debacle en los índices de audiencia.

Sin embargo, el triunfo de Shuga, cuya banda sonora triunfa en las principales pistas de baile, es su capacidad para filtrarse en emisoras de radio o redes sociales que, exentas de la censura de progenitores capitaneando el mando a distancia de la televisión en casa – siempre y cuando los gobiernos lo permitan-, siguen abogando por la educación sexual como arma para garantizar la salud de los africanos y africanas más jóvenes.

Para la 5ª temporada, Shuga se traslada a Sudáfrica, refugio de los homosexuales del continente pero con una de las mayores prevalencias de VIH del mundo. Su directora general, Georgia Arnold, ya ha desvelado que uno de sus protagonistas va a ser homosexual. Sin lugar a dudas, un avance para los recovecos más oscuros de la clandestinidad sexual.

¿Podremos celebrar en un futuro un Día Mundial del Sexo sin exclusiones ni tabúes? Sin duda, harán falta más estimulantes de autocrítica como éstos.

Black Queers, Artivismo contra las etiquetas

black_queer_social_comes_to_johannesburgSi mirásemos un mapa de África solo aparece un país que reconoce las uniones entre personas del mismo sexo. Sudáfrica es, desde 2006, un ejemplo de igualdad y progreso. Sin embargo, que el estado reconozca dicha unión no supone que todo esté hecho y que el movimiento LGTBIQ (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales, Intersexuales, Queer) esté de brazos cruzados.

Lo cierto es que la comunidad LGTBIQ sigue sufriendo una discriminación latente y que parece ir a más: intimidaciones, amenazas,  ridiculización y cualquier tipo de abuso siguen estando muy presentes. En este contexto la visibilización de estas minorías se hace más necesaria que nunca.

A través de diferentes corrientes artísticas, como la fotografía, la comunidad se ha hecho más visible y ha reivindicado su lugar en “el país del arcoíris”. El artivismo se ha convertido también en un arma para el movimiento black-queer que defiende la necesidad de acabar con las etiquetas que el heteropatriarcado ha asignado a cada grupo. Las grandes ciudades sudafricanas (con Ciudad del Cabo y Johannesburgo a la cabeza) son la cuna de la lucha para visibilizar la situación de aquellas personas que no se identifican con unas etiquetas opresivas y asimiladoras.

El pasado mes de Abril tuvo lugar el primer Black Queer Social Cape Town, un evento en el que se han creado los espacios necesarios para el diálogo del black-queer, que poco a poco se está convirtiendo, además, en uno de los diálogos post-apartheid más dinámicos. El BQS de Ciudad del Cabo tuvo tanto éxito que los organizadores decidieron repetirlo hace unos días en Johannesburgo no sin críticas por su exclusividad, ya que está dirigido únicamente a personas negras. Los organizadores se han excusado defendiendo la necesidad de hacer visible a un colectivo que no sólo por su orientación sexual, su género o su imagen, sino también por su color, está siendo excluido de su sociedad.

Para luchar contra toda esta discriminación y los estereotipos, para que el resto de la sociedad pueda ver que hay personas que son diferentes, que piensan diferente y defiende la necesidad de encontrarse en una comunidad que los excluye, los movimientos negro-queer han dado con el mejor medio de hacerse un hueco: las corrientes artísticas.

EL FUEGO SUDAFRICANO

Umlilo, que significa “fuego” en Xhosa, es un artista que lucha contra los estereotipos de género con una imagen que baila entre los masculino, lo femenino y lo andrógino. Umlilo dio el salto a la escena musical sudafricana en 2013 y la ha revolucionado, no sólo por su imagen, que ayuda a combatir la imagen estándar que la sociedad impone, sino también por sus discursos y su defensa de un mundo pan-sexual y andro-humano, donde nadie se sienta en la obligación de sentirse etiquetado.

Su gran éxito “Chain Gang” habla de un mundo cerrado, un ciclo de opresión donde lo primero es el dinero. En este mundo las personas no valen nada, pero menos cualquier persona LGTBIQ  y aún menos las personas negras.

PERFORMANCE NEGRO-QUEER

El universo de las performances está dominado por FAKA, un dúo formado por FelaGucci y Desire Marea que trabajan juntos para crear actuaciones que reflejen la enorme complejidad que supone ser negras y queer en Sudáfrica. Su principal instrumento son sus cuerpos a través de los cuales se enfrentan a su exclusión social y al género. “El género no existe” se ha convertido en su grito de guerra y contra él luchan a través de internet.

¿Pero por qué performance y no otro tipo de artivismo? El dúo hace uso de performances  por que obliga a mirar y a descubrir, forzando la confrontación, abriendo los ojos y aceptando que todas estas complejidades son reales, que existen. Su lucha del día a día es contra la raza, la clase, la sexualidad, el género y todo aquello que crea una diferencia social.

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FRUTAS A LA CALLE

Vusi Makatsi es quizás el artivista más joven de la escena negro-queer. Con sólo 22 años se ha hecho especialmente conocido por su página de Tumblr. Usa el arte digital como una forma de explorar la masculinidad y acabar con las convenciones sociales sobre el género. Además ha defendido la necesidad de recuperar el espacio público como el mejor escenario para ser visible.

flower-series-2-1170x879“Hemos llegado a un punto en el que la sociedad, el mundo, está hecho sólo para el cisgénero, pero lo coherente es que el mundo sea diverso, infinito, sin etiquetas”,  ha defendido el artista. Uno de sus últimos trabajos, BattyBoy, representa esa necesidad de reclamar lo público fotografiándose a sí mismo en diferentes escenarios donde la fruta aparece como un tema recurrente.

Esta nueva generación negro-queer se ha levantado contra una sociedad que pone barreras a la diversidad. Barreras que consiguen agrietar gracias a la música, la fotografía o los audiovisuales. Estos son los instrumentos con los que hacerse visibles y gritarle al mundo que la realidad es mucho más diversa.

Pintura para acabar con los tabús

Una empresa social de Ruanda fomenta la cohesión a través del arte en espacios públicos

Un artista de Kurema, Kureba, Kwiga. Imagen cedida por la organización.

Un artista de Kurema, Kureba, Kwiga. Imagen cedida por la organización.

Para los residentes de Kigali, ciudad en camino de convertirse en centro de excelencia urbana, el espacio público es lugar para la terapia colectiva. En paradas de autobús, intersecciones, escuelas, centros deportivos y juveniles, bibliotecas, casas particulares, en escaparates e interiores de pequeñas y grandes empresas, portones, cercas, aeropuertos, hoteles o hasta en el espacio de coworking más importante de Ruanda —Impact Hub—, una joven empresa está poniendo el arte al servicio de la sociedad.

Aunque tanto Ruanda como su capital han experimentado un desarrollo ejemplar desde el genocidio de 1994, entre el 45 y el 63% de su población sigue sumida en la pobreza y son muchos los desafíos a los que los ruandeses se enfrentan a diario. Entre su población existen fronteras que otrora se creyeron infranqueables y sin embargo, la sociedad civil ha encontrado en la expresión artística un bálsamo y un aliado.

Kurema, Kureba, Kwiga (Crear, Ver, Aprender) es una empresa social nacida en 2014 con la intención de que el color y la creatividad sean vehículos para reforzar lo comunitario y construir un futuro mejor. Los jóvenes artistas que hay detrás de estas iniciativas saben que el arte en los espacios públicos puede configurar un elemento identitario común, capaz de trascender los muros, aceras y edificios en los que se plasma para convertirse en la bisagra entre esos espacios y las personas que los habitan.

Buscamos un cambio social a través del arte”, explica la norteamericana Judith Kaine, fundadora y directora de Kurema. Kureba. Kwiga.“Queremos fomentar una comunidad más colorida y feliz”, señala la joven sobre un país que ocupa el puesto número 108 de 151 en el Índice de Felicidad del Planeta. Y así se transforma el paisaje urbano de Ruanda, mientras se acorta la brecha entre la clase media y el sector más humilde de la población, a través de un escenario de participación donde sanar heridas comunes, aprender los unos de los otros y crear un futuro para todos.

Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí.