“La mirada de Occidente sobre África se realiza todavía desde el prisma del colonialismo”

Históricamente, en la literatura española se han silenciado piezas sobre el continente africano que mostraban narrativas alternativas a la pobreza y la miseria. La mayoría eran escritas por blancos y blancas además de hablar de temáticas de interés occidental. Las descripciones que inundaban e inundan las librerías de España, desde las obras publicadas durante el siglo de oro hasta aquellas escritas en la actualidad, suelen seguir las pautas que en 2006 Binyavanga Wainaina describía en el artículo How to write about Africa en un tono irónico.

Publicaciones de Ediciones Wanafrica. Fuente: Ediciones Wanafrica.

Es por ese motivo que, como herramienta del Grupo Wanafrica, dedicado desde 2006 al periodismo panafricanista en castellano, nace Ediciones Wanafrica en 2014. Su objetivo es el de romper con estas narrativas y editar obras de autores/as africanos/as, antillanos/as y, en menor medida europeos/as, que aproximen a los y las lectoras a las distintas realidades africanas y las de sus diásporas. Como narra Saiba Bayo, el responsable de estrategia del grupo, acerca de la apertura de la editorial: “Antes de lanzar la editorial ya habíamos intuido la necesidad de publicar libros y hemos recibido numerosas peticiones del público que reclama la traducción de obras escritas por autores africanos en francés e inglés”.

El equipo que inició el proyecto de Ediciones Wanafrica sigue hoy, a pesar de la presión, contando con Saiba Bayo, Oumar Diallo, Moustapha Senghor y con los y las colaboradoras. Es también importante, como resalta Bayo, el papel de las traductoras Remei Buitrago y Mercè Tricás Preckler, que han apoyado el proyecto desde un inicio.

Saiba Bayo, politólogo y responsable de estrategia de Ediciones Wanafrica.

Las publicaciones han tenido una muy buena acogida entre el público“, explica el responsable de estrategia. El éxito se debe a que el Grupo Wanafrica a partir de las actividades, iniciativas y eventos que se proponían, consiguió un conjunto de seguidores/as de distintos perfiles de edad, origen y género bastante numeroso. Esta comunidad constituye una parte de sus lectores y lectoras actuales, pero además con los años se ha ido multiplicando. Una de las razones de este auge se debe a la demanda in crescendo de publicaciones y traducciones en lengua catalana. Así, como calcula Bayo: “Si tenemos en cuenta el público afrodescendiente en América interesado en conectar con sus raíces africanas, se estiman acerca de 50 millones de personas a los que van dirigidos nuestros libros”. 

Pero su éxito no es únicamente mérito del público, sino que se debe a la heterogeneidad y exclusividad de formatos, temáticas y autores sobre el pensamiento africano. Como anuncia Bayo, se trata de ejemplares “de libros raramente localizables en el mercado“. Entre sus publicaciones encontramos narrativa, ensayos, cómics, materiales educativos y libros infantiles repletos de filosofía, historia, política, lingüística. Todos ellos escritos por mujeres y hombres africanos, antillanos y europeos.

La variedad producida en la editorial, responde a la idea de recuperar los valores ancestrales, la cultura y la identidad de las sociedades aniquiladas. Como narra Saiba Bayo: “La mirada de Occidente sobre África se realiza todavía desde el prisma del colonialismo. Esto era algo frustrante para nosotros pero no podemos seguir gritando y quejándonos. Había que hacer algo y teníamos que pensar en una estrategia radical y potente para no caer en el ridículo”. Por ese mismo motivo, creen firmemente en un proyecto que transforme las narrativas sobre el África contemporánea y que cuente la realidad de un continente que está cambiando las dinámicas sociopolíticas. Desde la editorial, manifiestan, no tienen miedo a mezclar la emoción y la razón en su discurso.

 

Asimismo, las experiencias narradas en sus libros no son meramente anecdóticas y puntuales sino que pueden ser aplicables a otras situaciones del globo. En su colección Pensamiento africano de ayer para mañana recopilan figuras revolucionarias africanas, líderes independentistas y patriotas cuyas voces fueron silenciadas a golpe de metralleta por el neocolonialismo. Estos personajes – Kwame Nkrumah, Julius Nyerere, Amilcar Cabral, Thomas Sankara, Sekou Toure y Cheikh Anta Diop, entre otros-, pasaron por un proceso de toma de conciencia que puede ser recuperado por otras naciones. En este curso detectaron y quisieron romper con la dependencia del extranjero que les ofrecía un decrecimiento de oportunidades económicas, sociales y políticas dentro de sus países así como en relación a otros.

De esta manera, y en relación a la adaptación a otros entornos, Saiba Bayo confiesa que la situación política actual en España le evoca a los contextos en que estas figuras revolucionarias repensaron sus identidades nacionales y, refiriéndose a la posición de los países europeos, comenta que: “Esto es complejo porque la doctrina europea solo contempla la supremacía del estado nación. Creo que el discurso revisionista europeo se reforzaría si se nutre de las doctrinas africanas en temas de gobernanza horizontal”.

Con esta mezcla de razón y emoción en el discurso, podréis asistir durante los próximos meses a la presentación de las publicaciones de Wanafrica en puntos como Barcelona, Sabadell, Hospitalet y Lleida, y en 2018 en Madrid, Murcia y Valencia.

Leonardo Lumu, ilustrador, presentando “Animales – Bàyyima” en la Escola Joso de Barcelona. Fuente: Escola Joso.

No obstante, como nos comunica el responsable de estrategia del grupo: “Estamos entrando en el último tramo de la primera fase del proyecto que consiste en implantarnos en las principales regiones de España como Madrid, Catalunya y Euskadi. De allí se expandirá en todo el territorio español, hasta alcanzar otros países porque cada vez mas recibimos pedidos de diferentes países de América Latina”.

Historias del ‘oro negro’ en Nigeria

El debut literario del nigeriano Tony Nwaka, Lords of the Creek (AuthorHouse, 2015) confirma el buen momento que atraviesa la literatura nigeriana. La prolífica cantera del gigante africano suma así una joya más y sigue adquiriendo mayor dimensión y presencia en el panorama literario internacional. El autor, graduado en Historia y Relaciones Internacionales por la Universidad de Lagos, y alto funcionario de profesión, combina en su novela el acierto y tacto necesario para abordar desde una visión inclusiva la problemática real de las masas populares nigerianas y su vocación por un sector público eficiente y libre de corruptelas que se esmere en dar respuesta a las necesidades reales de la ciudadanía. Fruto de este intenso deseo por parte del autor, nace Lords of the Creek, una novela ilustrativa sobre los tejemanejes en la gestión de recursos naturales que tiene entre sus nobles objetivos contribuir a la sólida construcción de los cimientos de una convivencia pacífica y duradera entre la multiplicidad de grupos étnicos, a menudo enfrentados entre sí ya desde la época colonial, en la actual Nigeria.

El escritor nigeriano, Tony Nwaka, autor de Lords of the Creek

Lords of the Creek es una novela a caballo entre la ficción criminal postcolonial, por sus tintes de misterio, suspense e intriga tras el secuestro de una princesa perteneciente a la casa real de uno de los grupos étnicos más numerosos en la zona, los Itsekiris, y un thriller sociopolítico ambientado en la convulsa región del delta del río Níger. Es esta, además, una zona considerada como una de las mayores fuentes del denominado ‘oro negro’, no solo en el continente africano, sino también a escala global, lo cual permite encuadrar la temática central de la novela en el marco de la literatura global y transnacional. Un hecho, este último, que, sin duda, adentra al público lector a la sórdida y compleja realidad que rodea a los procedimientos de actuación de la más que cuestionada industria petrolera y sus diversas ramificaciones. El neocolonialismo imperante en la zona, en forma de saqueo constante e indiscriminado, ha desencadenado una lucha encarnizada entre las multinacionales asentadas en territorio nigeriano casi desde el inicio de las actividades de estas allá por el año 1960, las autoridades gubernamentales, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y los grupos étnicos y milicias presentes en la zona. Los últimos sostienen que los poderes públicos protegen y facilitan el expolio masivo y diario de recursos del país africano, mediante el uso de la fuerza contra quienes ponen el grito en el cielo en señal de protesta.

Por esa razón, combaten por el control de los recursos energéticos y la distribución equitativa de la inmensa riqueza que estos generan en una región que, paradójicamente, vive sumida en la más absoluta e incomprensible pobreza, a pesar de su enorme potencial. El delta del Níger podría revertir la situación en un abrir y cerrar de ojos si se diera un clima más propicio a reducir la brecha entre países desarrollados y países en vías de desarrollo. Ese es al menos uno de los principios de la ideología neocolonialista y también uno de los bulos y tótems más repetidos de la inversiones con trasfondo neocolonial en toda África, además de la excusa perfecta para intervenir en las economías africanas en beneficio de los intereses que persigue y defiende el neo-imperialismo.

Este hecho, incontestable a todas luces, es el corazón de una novela con músculo, fuerza, profundidad en sus diálogos y una buena dosis de realismo a la hora de poner de manifiesto la connivencia entre los poderes económico-financieros globales y los políticos en detrimento del interés público general. Todo ello plasmado en el hartazgo acumulado durante décadas en el seno de las comunidades que habitan uno de los rincones más ricos –y contaminados- del planeta, cansados de reclamar sin éxito infraestructuras básicas que colaboren de forma efectiva en el desarrollo sostenible de la región, tal y como sus antepasados ya defendieron.

Lords of the Creek plantea un difícil escenario en el que su protagonista, el exitoso hombre de negocios Robert Akinyemi Edward, a punto de disfrutar de su retiro dorado junto a su esposa, se ve inmerso en una de las peores crisis que golpean al Estado del Delta. El estallido de un conflicto interétnico que se desarrolla, por añadidura, y en contra de los intereses de las élites, en medio de un proceso electoral envenenado es el marco de la novela. Un conflicto que pone en tela de juicio las cloacas del Estado en su intento por perpetuarse en el poder y debilitar así el tejido asociativo articulado alrededor de un frente común: la lucha por mejorar las condiciones de vida de las capas más desfavorecidas. La magnitud del conflicto es de tal envergadura que amenaza con hacer tambalear seriamente los pilares de un tablero corrupto y que a su vez constituye un sistema de apoyos mutuos y prolongado a lo largo y ancho de la maltrecha existencia del Estado postcolonial fallido.

Recientemente, Tony Nwaka ha publicado su segunda novela, Mountain of Yesterday (Kraftgriots, 2017), en la que cuestiona la rigidez e inflexibilidad de los grupos étnicos, en clave de género, a través del prisma de Amina. Otra obra ilustrativa para conocer de primera mano los entresijos de la tradición en contraposición a los aires de modernidad que luchan por hacerse un hueco en la sociedad nigeriana contemporánea.

La lucha africana frente a los crímenes contra periodistas

Desde el siglo XIX, los y las periodistas africanas han pasado a ser los personajes clave en el orden y opinión pública de la modernidad de sus países, hecho que no siempre ha gustado a las autoridades. Por ese motivo, muchas personas han sido obstaculizadas, privadas de libertad o forzadas al exilio. Hoy, 2 de Noviembre, en el Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas, os presentamos una recopilación de 5 países con escritores/as y periodistas críticos/as del continente africano que han sido golpeadas por los gobiernos de sus países de origen y foco de denuncia.

En la clasificación de 2017 de Reporteros Sin Fronteras, se observa que España ocupa el lugar 29, por debajo de países africanos como Namibia (24), Ghana (26) y Cabo Verde (27). Las peores posiciones se las llevan Eritrea (179), Sudán (174) y Yibuti (172). Con la necesidad de reivindicar el respeto y el compromiso con la libertad de prensa y profundizar en la reflexión sobre el papel imprescindible de los y las profesionales de los medios de comunicación en África, queremos dirigir la atención hacia 5 países cuya situación es peligrosa en cuanto a la libertad de prensa:

ERITREA

Es considerada la Corea del Norte africana, por la represión que sufre la prensa. Apenas se encuentran editoriales privadas, lo cual afecta a periodistas que mueren detenidos/as, se exilian o pueden llegar al suicidio. Es por ello que Eritrea es foco de presión internacional por la coacción del régimen y por crímenes contra la humanidad.

Actualmente, Dawit Isaak, periodista sueco-eritreo, se encuentra en paradero desconocido después de ser detenido en 2001 por el régimen al difamar sobre una restauración democrática. Hay rumores, no corroborados, de que murió bajo la tutela del Estado.

Un caso similar es el de la periodista Seyoum Tsehaye, del que nos habla la presidenta de OneDaySeyoum, organización por la liberación del eritreo. Tsehaye sigue privado de libertad desde hace 16 años por supuestas declaraciones (nunca corroboradas con pruebas) contrarias al régimen de Afewerki.

SUDAN

Es uno de los territorios más desafiantes de todo mundo para la comunicación, estando en la sexta posición mundial de países con menor libertad de expresión. Desde la subida al poder de El-Béchir (1993), centenares de periodistas han sido arrestados/as, encarcelados/as o procesados/as. El ejemplo más reciente es el del columnista Mohamed Zine al-Abidine al que han condenado a 6 meses de prisión por “violar el código ético de periodismo” a raíz de las acusaciones de corrupción a la familia del presidente.

Zeinab Mohammed Salih, es otro ejemplo. La periodista perteneciente a una de las minorías étnicas del país, aspecto que declara “le ha agregado dificultades” puesto que el presidente pertenece a uno de los grupos mayoritarios (Ja’alin) y ha llegado a usar con brutalidad la fuerza militar contra las minorías religiosas y étnicas del país. Zeinab fue perseguida por escribir en periódicos sudaneses como The Nile sobre el auge del mercado ilegal de armas, el trafico de personas y la censura periodística.

La periodista independiente Zeinab Mohammed Salih es co-fundadora de la red Sudanesa de información sobre los derechos humanos. Ha escrito para The Guardian y The Nile. Fuente: The Nile.


GUINEA ECUATORIAL

Portada de “La pesadilla de Obi”, cómic ilustrado por Ramón Nsé Esono (JamónyQueso)

Con leyes que ponen en serio riesgo la libertad de prensa, ocupa el décimo lugar en la lista mundial. Motivo por el que muchos/as escritores/as han sido arrestados/as y/o expulsados/as del país.

En los últimos meses, Ramón Nsé Esono, ilustrador residente en Paraguay, fue detenido en la capital ecuatoguineana durante un viaje, después de un interrogatorio sobre su crítica hacia el líder político Obiang. Los motivos de la detención no se han hecho públicos pero sigue privado de libertad mientras diversas plataformas denuncian lo ocurrido.

Otro de los escritores perseguidos, motivo por el cual lleva cincuenta años en el exilio, es Donato Ndongo. Considerado uno de los mayores escritores ecuatoguineanos, respondía ante El País que está “intentando concienciar a la población sobre la situación de opresión” mediante la literatura. En la entrevista, expuso que a pesar de estar en el exilio, “sus publicaciones dependen de las relaciones entre España y Guinea Ecuatorial”, lo cual evidencia las estrechas relaciones y complicidad entre los regimenes de ambos países.

SOMALIA

5º país africano con menor libertad de expresión, vive una situación límite a causa de un gobierno inestable desde hace décadas, y de la presencia en el país de las fuerzas de Al-Shabaab, que sufre constantemente, como hemos visto en las últimas semanas, los asesinatos en Mogadishu, la capital, tanto como en otros puntos del país

Fruto de la delicada situación que viene arrastrando Somalia, la escritora y activista Waris Dirie huyó del país con tan sólo 13 años, y hasta entonces se ha dedicado a denunciar la MGF en distintos medios.

La activista por los derechos humanos Waris Dirie escapó de un pequeño pueblo en Somalia y se convirtió en top model. Imagen de Reuters.

También Warsan Shire, poetisa de la diáspora somalí, ha sensibilizado acerca de la MGF. Asimismo, en su obra habla de la vida de mujeres refugiadas a causa del conflicto. Es un ejemplo su poema “Conversations about Home”. Pero no son las únicas, lógicamente. Otra de las voces que se erigen para defender los derechos de los somalíes es el periodista Mohamed Adan Dirir, recientemente sentenciado a 18 meses de prisión por acusar a escuelas privadas del país de corrupción.

BURUNDI

Cuyo presidente ha sido considerado un “depredador de la libertad de prensa” por RSF, ocupa la posición 160 en la clasificación mundial. Actualmente el país se encuentra en una situación sociopolítica de inestabilidad que empuja a miles de personas a refugiarse en otros países vecinos. Este es el caso de Domitille Kiramvu, periodista refugiada en Bélgica tras recibir amenazas de muerte del presidente Nkurunziza por denunciar la desaparición de personas de la oposición política en Radio Publique Africaine (RPA). La periodista se basó en pruebas sobre fosas comunes y asesinatos extrajudiciales que fueron denunciados por organizaciones como Amnistía Internacional.

Otro periodista, Jean Bigirimana sigue desaparecido después de un año, como denuncia IWACU. Su familia ha sido obligada a exiliarse en Ruanda, según cuenta su mujer, “a causa de amenazas de muerte por difamar informaciones que deshonraban el país”.

El peluquero de Harare: el fin de la inocencia

Tendai Huchu escribió una novela y, sin embargo, El peluquero de Harare tiene toda la apariencia de uno de esos cuentos populares tradicionales con moraleja al final y una marcada voluntad pedagógica. Así es esta historia, al mismo tiempo angustiosa y profundamente desgarradora y, sin embargo, sobrada de ternura y de inocencia.

El autor zimbabuense, Tendai Huchu. Fuente: página web del escritor

Uno de los principales problemas de El peluquero de Harare es que, prácticamente, cualquier lector sabe que se trata de una novela sobre la temática LGTBI, por la difusión que ha tenido la publicación original y porque Baphala, la casa que la edita en castellano, se presenta como “una editorial para descubrir las mejores obras de la literatura poscolonial LGTBIA”. La verdad es que seguramente es un detalle difícil de mantener en secreto, pero el hilo narrativo de Tendai Huchu seguramente agradecería que fuese una sorpresa para el lector. El relato del joven escritor zimbabuense mantiene un cierto suspense sobre ese descubrimiento que acaba siendo una especie de fin de la inocencia, en un país que ha condenado duramente la diversidad sexual, pero que al mismo tiempo convive con ella a diario en su sociedad.

Lo mejor de El peluquero de Harare es, precisamente, el efecto que puede tener una historia como la que Huchu relata con mimo en los lectores de sociedades que no terminan de aceptar la realidad de la homosexualidad; de sociedades que viven de espaldas a esa diversidad; de sociedades que condenan a algunos de sus miembros según a quién amen; de sociedades que convierten la sexualidad en delito; en resumen, prácticamente, de todas las sociedades.

El peluquero de Harare, de Tendai Huchu

Vimbai es una peluquera de éxito, la estrella de uno de los salones más populares de Harare, la capital de Zimbabwe. A pesar de la podría ser una buena posición, todo a su alrededor está en proceso de descomposición. El país está sumido en una profunda recesión y sobre todo aquejado por el mal de la desesperanza. La vida familiar de Vimbai es un auténtico desastre, muy a su pesar, lo mismo que su vida sentimental. Justo, cuando lo único que funciona comienza a tambalearse también, la vida de Vimbai dará un giro de 180º, o más bien comenzará a avanzar en zigzag. Dumisani, Dumi aparece en escena para poner en cuestión el reinado de Vimbai en el mundo del estilismo de Harare. El joven tiene magia en los dedos y un carácter que seduce a las clientas que antes habían sido incondicionales de Vimbai. Incluso, la jefa que la veneraba acaba prefiriendo al recién llegado.

Su adversario, su principal amenaza acabará mostrando a Vimbai el camino de una vida con la que sólo habría podido soñar, o quizá ni eso. Dumi llena de esperanza la vida de Vimbai. Pero evidentemente, la historia que relata Tendai Hucho no puede ser simplemente un camino de rosas. Se impone un camino de desengaños, de errores vitales, de aprendizajes, de decepciones y de arrepentimientos. De pronto la historia, que había avanzado a un ritmo excesivamente lento en algunos momentos, se desencadena, se precipita y comienza a desplegarse como una alfombra que se va desenrollando delante de nuestros ojos. No se puede decir que los giros y los nuevos episodios sean completamente imprevisibles, pero no por eso dejan de resultar emotivos.

Una receta cocinada con inocencia, crítica, impotencia, realidad y, sobre todo, ternura, mucha ternura, materializa el tópico de mantener al lector pegado a la lectura en las últimas páginas de la historia. La contradicción que asalta a Vimbai cuando despierta a la homosexualidad resulta sobrecogedora. El paso de un desprecio inicial basado en la ignorancia y los estereotipos cuando dice: “Hablaba como un hombre normal, vestía como un hombre normal e incluso caminaba como un hombre normal. Todo él era masculino. ¿No se paseaban los homosexuales por ahí con bolsos y hablaban con voces chillonas?”. Deja paso a la candidez de una mirada sencilla e inocente: “Si lo era, entonces tenía un tipo de amor por mi y otro por este hombre, los dos éramos amados, pero cada uno a su manera. Mentiría si dijese que no lo quería para mí, pero esto no significaba que si no podía tenerlo lo quisiese muerto”.

La apuesta de Baphala es valiente, pero la historia de Tendai Huchu, en realidad, puede tener tanta aceptación como potencial de cambio. Lo tiene evidentemente en Zimbabue, pero también en España.

Nii Ayikwei Parkes, la historia por encima de todo

Nii Ayikwei Parkes sólo ha publicado una novela, pero no es un recién llegado a la literatura, ni mucho menos. Su trayectoria poética es larga, igual que su experiencia como autor de slam, la poesía declamada fundamental en los circulos de la cultura urbana de la mayor parte de las grandes ciudades africanas. El suyo es uno de los nombres que aparece en la antología Africa 39, aquella recopilación de los 39 autores africanos de menos de 39 años más importantes. Su única novela, acaba de ser publicada en castellano y catalán por Club Editor (El enigma del pájaro azul y L’enigma de l’ocell blau) y eso permitió que el escritor ghanés se pasease por Barcelona explicando sus inquietudes literarias. La fundamental de estas inquietudes, sin duda, la historia. La historia por encima de todo. La historia en el centro de todo.

Nii Ayikwei Parkes durante uno de sus actos en Barcelona. Foto: Carlos Bajo / Wiriko.

“La historia es la historia. La intelectualidad está matando la literatura”, explica categórico Nii Ayikwei Parkes, después de una larga jornada de actos públicos y contactos con medios de comunicación. Sin embargo, el escritor ghanés combate el cansancio con más energía y lejos de bajar los brazos, las reiteraciones seguramente le llevan a desnudar sus respuestas de artificios y adornos. “Yo soy un explicador de historias, eso es lo importante”, afirma ante los comentarios sobre el género escogido, el tono de su novela e incluso el lenguaje y la lengua que emplea.

El enigma del pájaro azul es una novela negra escrita originalmente en inglés, pero en la que Parkes utiliza los distintos registros del lenguaje, precisamente, para caracterizar a los personajes y para terminar de dibujar las escenas y los escenarios. La historia, que se centra en una investigación por la aparición de unos extraños restos en una aldea en la que además ha desaparecido un agricultor, se desarrolla entre ese entorno rural y Accra. La lengua en cada uno de los escenarios es diferente.

De entre todos los personajes de la historia, destacan Yaw Poku y Kayo, que son los que reflejan de manera más simbólica lo que hay detrás de este encuentro casi de sociedades distintas, la de la Ghana rural con todas sus normas y sus creencias y la de la Ghana urbana con el poder, la capacidad de imposición y una cierta pretendida superioridad. Yaw Poku, es el último cazador de su aldea, el depositario de toda una serie de conocimientos que tocan a su fin, que amenazan con extinguirse. Un hombre sencillo que asiste con sorpresa y cierta distancia a la invasión de su pueblo por parte de gentes que llegan de la ciudad y, a menudo, pisotean las formas de vida locales. Frente a Yao Poku, o más bien, junto a él, aparece Kayo, un médico forense al que puntualmente recurre la policía para solucionar un enigma irresoluble. Un joven formado en Gran Bretaña que confiesa haber recurrido a la ciencia para alumbrar las sombras del pensamiento más tradicional y popular del país. A pesar de esa posición Kayo destaca frente al resto de gentes procedentes de la ciudad, por su respeto hacia todas las personas, incluidos los habitantes de la aldea.

El escritor ghanés Parkes en una muestra de su poesía. Foto: Carlos Bajo / Wiriko.

Para el autor, Nii Ayikwei Parkes, todos estos detalles son los que exigía la historia. Parkes huye de las etiquetas, las acepta porque conoce los mecanismos de la industria editorial pero no las alimenta. Preguntado sobre si se siente cómodo con la consideración de “realismo mágico africano”. “No le doy importancia a las etiquetas”, asevera Parkes en un primer momento. “Cuando intentas intelectualizar una historia como esta”, explica después, “en realidad se te escapa. Llegas a unas conclusiones que responden a cómo lo ves tu, no a cómo lo siente el autor. Yo veo esta narración como realidad, no como realismo mágico”.

Para Parkes todos los recursos de la novela, el género, el tono, el lenguaje utilizado que mezcla magistralmente el inglés formal, con un inglés absolutamente teñido de lenguas nacionales ghanesas, están atados a la historia concreta. Y avanza que la siguiente novela que ya está escribiendo no tiene nada que ver con esta.

Además, Parkes está convencido de que eliminar esa pátina intelectual que trata de explicarlo todo es la mejor manera de difundir la literatura. El escritor considera que quedarse con las historias, sin intentar diseccionarlas y sin hacerles la autopsia (paradógicamente) es la forma de disfrutarlas y hacerlas atractivas. “Yo me quedo con la simplicidad, antes que con complicar la historia”.

El resultado de esta visión y esta experiencia de Nii Ayikwei Parkes es una novela cuya historia engancha a través del misterio, que se lee sin demasiados esfuerzos gracias al hilo narrativo y una caracterización completa y compleja de los personajes, que permite entender perfectamente sus acciones. Y, en paralelo, se trata de una historia que transmite una realidad compleja como la convivencia entre tradición y modernidad en una sociedad diversa como la ghanesa y que lo hace sin simplificar y sin caer en maniqueismo y, al mismo tiempo, con un profundo respeto que consigue que el lector se sienta cómodo en todo momento y acompañado por el relato.

Alain Mabanckou y la dignificación de la literatura francófona

“Tenemos que juntarnos para crear una literatura africana”, sentenció Alain Mabanckou en la conferencia de clausura de la última edición del festival literario Africa Writes. El escritor congoleño acudió a Londres para celebrar la literatura francófona y presentar la reciente traducción al inglés de su última novela Black Moses, preseleccionado para el Man Booker International Prize de este año. Este sapeur, dandi, dejó a la sala embelesada con su mascar de palabras, su sentido del humor y su indumentaria.

Alain Mabanckou durante su charla en la pasada edición de Africa Writes / Foto: Iván González

Mabanckou habló en la Librería Británica para reivindicar una conexión entre la literatura anglófona y francófona en África. El escritor de Pointe-Noire, ciudad costera de la República del Congo, tiende la mano a los autores anglófonos del continente para reclamar el espacio literario africano conjunto. “Tenemos que estar orgullosos de nuestra negritud. Es nuestra manera de luchar y expresar nuestra cultura, nuestros mitos”, explicó el novelista.

El escritor sostiene que el inglés y el francés se han consolidado como la única vía para que los escritores africanos puedan expresarse ante la audiencia mundial. Una resaca colonial que reduce el valor de las lenguas nativas y que cuenta con el beneplácito de los gobiernos locales. “Se escribe en la lengua que se lee. El primer libró que leí fue en francés y utilizo el idioma para escribir pero eso no me impide sentirme menos africano. Es sólo una manera de expresarme”, dice el escritor. Mabanckou reconoce que le encantaría escribir en ngala, lengua que carece de literatura como tantos otros en África, aunque con ironía argumenta: “Incluso si escribo en inglés o francés me van a decir que no es ni lo uno ni lo otro, así que es africano de todas maneras”.

El novelista, que habla siete lenguas africanas, propone batallar las reminiscencias coloniales a través de una narrativa de lo cotidiano que transporte al lector a los callejones de África. Mabanckou escribe novelas donde los protagonistas, los escenarios y el uso del lenguaje palpitan Congo-Brazzaville. Los registros lingüísticos; las localizaciones, como el barrio Aquel-Que-Bebe-Agua-Es-Idiota; y los nombres de los personajes, son instrumentos para superar las imposiciones lingüísticas y mirar al futuro. Ya en 2006, con la novela que lo catapultó a la escena literaria mundial, Vaso Roto, buscó la idiosincrasia del lenguaje gracias a un texto con sólo comas como signo de puntuación. Era la manera de captar el pensar y el hablar de una lengua nativa escondida tras el francés.

El humor que salpica toda la bibliografía del escritor congoleño es otra herramienta para salvar el obstáculo lingüístico. Satírico, cruel y divertido. “El humor forma parte de mi cultura. Incluso cuando tenemos problemas encontramos la manera de reírnos de nuestras circunstancias. La vida es algo de lo que reírse y al escribir no me paro a pensar qué va a hacer reír a la gente, sino que sale de forma natural”, explica el autor de African Psycho

“Si vas a escribir una novela, haz feliz a la gente o hazlos llorar. El lector tiene que sentir que la novela es algo real y esto no se aprende en una clase de escritura creativa”, apunta Mabanckou quien apuesta por una ficción repleta de retazos de realidad. Para el también profesor de Literatura en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) lo cotidiano es necesario. Los autores africanos no sólo tienen que escribir de los acontecimientos históricos que han marcado su destino. “Si queremos liberar el continente, tenemos que entender primero qué está pasando en nuestra propia casa. Porque cuando estoy hablando de mi madre, estoy hablando de la tuya, de la de ellos…” Y Mabanckou quiere hacer de su madre la más famosa de toda la literatura francófona. “No hubiera sido el escritor que soy sin ella”.

El autor de Las luces de Pointe-Noire, envidia la repercusión de los escritores anglófonos del continente en el mercado. “La literatura francófona sigue estando infravalorada y se sigue pensando que está escrita por gente con acento y que vienen de las antiguas colonias”. Sin embargo, las traducciones al inglés de muchos francófonos como Mabanckou han hecho que en Francia despierte del letargo.

Mabanckou leyendo uno de los pasajes de su novela, Petit Piment, recién traducida al inglés / Foto: Iván González

Mabanckou es un ejemplo de cómo la literatura francófona proveniente del continente ha sabido llegar a la metrópolis. El congoleño tuvo la oportunidad de realizar la lección inaugural en el prestigioso College de France. “Hasta el año pasado no se ha enseñado literatura africana en el College de France, ‘el templo del espíritu francés’ creado en el siglo XVI. Me llamaron para dar clases de Escritura Creativa y lo rechacé. Les propuse dar clases de Literatura Africana”, cuenta Mabanckou. El escepticismo inicial se desbarató cuando los inscritos superaron las expectativas para conseguir la dignificación de las literaturas africanas en París.

Con ese espíritu,  el escritor congoleño suma objetivos para reivindicar el espacio literario y exportar la creatividad africana. Prueba de ello es su participación en la pasada edición de Les Ateliers de la Pensée, un festival celebrado en Dakar que reunió a diversos académicos e intelectuales del continente y la diáspora para debatir el futuro de África. Y sigue con la lucha activa frente a los dictadores del continente. “No puedo volver al Congo, el presidente me tiene vetado porque al parecer soy un peligro”, dice Mabanckou.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival literario Africa Writes.

Helon Habila: “Hay una Nigeria antes y después de Boko Haram”

Chibok es un soñoliento, polvoriento pueblo donde parece que nada pasa, y habría continuado con su pacífica y desconocida existencia si no fuera por lo que ocurrió el 14 de abril de 2014. Ese día, 276 niñas desaparecieron de un colegio de secundaria del noreste de Nigeria. Fueron raptadas por Boko Haram.

La fecha quedó grabada para el gobierno de Goodluck Jonathan que dejó de ignorar lo que ocurría en el estado de Borno. El planeta se puso a tuitear y el escritor nigeriano Helon Habila preparaba un nuevo libro tras Oil on Water. Sin embargo, el autor no podía concentrarse en una novela a sabiendas de lo que ocurría en su país. La cobertura del conflicto, muy superficial según el propio Habila, le llevó a indagar en lo que realmente estaba pasando. “Había que contar por qué unos nigerianos alzan las armas contra otros. Es una situación compleja pero al fin y al cabo son seres humanos”, explica el escritor. Tras meses de trabajo, su último libro, The Chibok Girls, ha sido presentado en el festival de literatura africana de Londres, Africa Writes.

Seguimos viendo a las niñas como víctimas pero son supervivientes. Lo que les ocurrió les ha hecho tener más valor. Al principio no querían salir de casa y prometieron no ir más a la escuela. Hay algunas que siguen traumatizadas pero otras han vuelto al instituto porque lo que Boko Haram quiere es que se casen y se conviertan en una propiedad. El secuestro las hizo madurar de la noche a la mañana y se dieron cuenta de que había un motivo por el que luchar”, dice Helon Habila a Wiriko.

Ese objetivo común es el grupo islamista Boko Haram y su idea de religión. “No es Islam. Incluso asesinan a otros musulmanes y lanzan bombas a las mezquitas mientras la gente reza. Esto es sólo una secta con su propia doctrina”, recoge Habila en uno de los múltiples testimonios del libro. El escritor viajó a la región y desafió la narrativa impuesta desde el gobierno. “Hay puestos de control cada tres kilómetros que sirven, además de vigilar el movimiento de personas, para seguir a los periodistas y saber qué se dice y qué se escribe. Esto es también una guerra propagandística”, dice el autor.

En Chibok, todavía bloqueada por el ejército nigeriano, Habila charló con tres de las niñas que pudieron escapar de los terroristas. Hauwa, Ladi y Juliana detallan distintos pasajes de una noche que cambió el destino de Nigeria. Los familiares también tienen su espacio en el relato. Habila escribe: “Me impresionó cómo todo el mundo aquí tiene cuidado al hablar del cuándo y no del si vuelven las niñas. La guerra contra Boko Haram no se ganará hasta que todas las víctimas estén de vuelta. El escritor recogió diversos relatos para intentar dar luz a un hecho sin precedentes y que muchos intentaron solucionar con respuestas fáciles debido a la frustración. “Tuve acceso inmediato a las familias gracias a que hablo hausa, una de las lenguas locales. Ellos quieren poner la historia en el mundo y están abiertos a dar su versión”, explica el autor.

The Chibok Girls recopila estas historias y dedica varios capítulos a desgranar los acontecimientos del fatídico día. Es periodismo sobre África contado por un africano. “En África escribimos principalmente novelas pero tenemos que comenzar con la no ficción para abrir una conversación directa. La ficción hace de los hechos una metáfora y termina evitándolos. Se convierte en una forma de interpretación mientras que con el periodismo se pregunta directamente a una gente que tiene que responder”, cuenta Habila.

Helon Habila durante el lanzamiento de “The Chibok Girls” en el festival londinense Africa Writes / Foto: Iván González

Además Habila proporciona contexto e indaga en las causas de una historia de violencia que ha atormentado a las poblaciones del estado de Borno desde principios de siglo. En 2009 el ejército nigeriano apabulló al extremismo, según el gobierno. Pero la cúpula de Boko Haram escapó a varios campos de entrenamiento yihadistas en Somalia, Sudán, Malí e incluso Afganistán. El grupo, bajo las órdenes de Abubakar Shekau, volvió poco después a instalarse en el noreste de Nigeria, una localización estratégica gracias al relieve montañoso y a la proximidad de la frontera camerunesa. Y en junio de 2011 se produjo el primer atentado suicida en el país.

El gobierno de Goodluck Jonathan, en aquel entonces en el poder, encubría un conflicto que ganaba adeptos. “Hay gente que comparte sus valores: quieren la sharia, odian la democracia y ven a Occidente como el enemigo. Para ellos la sharia es como tener el reinado de Dios en la tierra pero no saben qué significa. No están felices con lo que tienen y no se dan cuenta que están siendo utilizados”, advierte el escritor nigeriano. La religión como una forma de escape y que se refleja en estas líneas del libro: “Mantén a la gente con miedo y hambrienta, anímales ocasionalmente a purgar su rabia contra el otro a través de una violencia autorizada por la religión”.

Llegó el 14 de abril de 2014. Y llegó #BringBackOurGirls. “El movimiento tenía que ser escuchado y era necesario cuando el gobierno no estaba haciendo nada. La actual administración ha tomado en serio a los terroristas por lo que se puede decir que la campaña tuvo éxito. Además sigue presente con reuniones casi a diario en Abuja y son muy activos en las redes sociales. El movimiento no ha muerto, tenía un objetivo que se ha conseguido”, comenta el escritor.

La tarea es mastodóntica para Muhammadu Buhari y Habila se muestra pesimista: “La zona está muerta. Hay un millón y medio de desplazados internos en la región y el gobierno los tiene como un objetivo de un plan a desarrollar a largo plazo. Pero hay niños muriéndose y da miedo. No estamos hablando ni siquiera de darles una educación, sino de darles de comer. Es un problema que va a durar, una generación completa y en la actualidad es complicado porque el precio del petróleo sigue bajando. No hay dinero y están jodidos”.

Helon Habila pasó su niñez en un complejo residencial donde musulmanes y cristianos vivían puerta con puerta. Ahora, sólo le queda la esperanza aunque duda. “Nigeria ha cambiado radicalmente. Hay una Nigeria antes y después de Boko Haram. Se ha alcanzado un nivel de transformación irreversible, pero se ha hecho ver a la que gente que esto no es bueno para nadie, ni para los cristianos y musulmanes. El sentimiento de sospecha siempre estará ahí y es algo con lo que tendremos que aprender a vivir ”.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival literario Africa Writes.

Max Lobe desentierra la historia oculta de Camerún

La apuesta de Max Lobe puede interpretarse como una apuesta segura y, al mismo tiempo, es un desafío audaz, sin garantía de éxito. Parece una contradicción, ¿verdad? Y quizá lo es, pero lo cierto es que la elección de este joven novelista camerunés afincado en Suiza, tiene un poco de las dos caras de la moneda. Lo que sí que es más inequívoco es el resultado. Max Lobe ha ganado su apuesta, y el salón del libro de Ginebra le ha concedido el Prix Kourouma 2017 por su novela Confidences.

El escritor camerunés Max Lobe. Fuente: Éditions Zoe

La apuesta de Lobe tiene un nombre propio y es Ruben Um Nyobè. Se trata de la figura a la que ha consagrado la novela premiada. Aparentemente Max Lobe ha jugado sobre seguro porque Ruben Um Nyobè es uno de los principales luchadores cameruneses por la independencia del país. Un revolucionario impenitente y cubierto por una pátina de autenticidad. La épica del personaje le convierte en una figura con una tremenda carga literaria, casi sin mayor esfuerzo.

Sin embargo, la moneda tiene una cruz. Las autoridades camerunesas de la independencia decidieron enterrar la figura de Ruben Um Nyobè en lo más profundo del olvido. Se trata de uno de esos personajes que cargó sobre sus espaldas con el peso de la lucha de independencia, pero que no pudo disfrutar de los beneficios de la victoria de su lucha porque su coherencia lo convirtió en un hombre incómodo. No es el único que se ha visto en esta situación, las indeoedencias de muchos países africanos guardan historias ocultas. Junto al padre de la lucha de emancipiación que llegó al poder y se hizo con la popularidad, a menudo hay un alterego que quedó en la sombra. En algunos casos, la dualidad respondía a una cuestión de carisma, en otros a diferencias ideológicas y en otros a simple coherencia.

Ruben Um Nyobè no superó la prueba de la historia, después de dar la vida por el combate que estaban manteniendo y ser asesinado en 1958 por las fuerzas francesas, fue sepultado por el olvido. Él no llegó a ver al país en libertad y las autoridades del país prefirieron que su nombre se fuese apagando poco a poco. Lobe no ha sido el primero en intentar rescatar al personaje. Antes ya lo hizo el intelectual también camerunés, Achille Mbembe. La diferencia es que el ejercicio de Max Lobe le permite unas libertades que Mbembe no tenía y que pueden hacer que la historia que cuenta el novelista tenga un impacto mayor.

De hecho, en Confidences, los críticos se han encontrado con un lenguaje cercano y un estilo narrativo fresco, en gran medida debido a que Lobe ha construido el personaje de una mujer mayor que desde una aldea cuenta su experiencia junto a Ruben Um Nyobè. La figura de esta narradora es la clave de la efectividad del relato.

De esta manera, la apuesta de Max Lobe ha tenido un considerable éxito, que se ha materializado en el Prix Kourouma que ha recibido durante el Salón du Livre de Genève. Lobé ya era, en realidad, una promesa de la literatura camerunesa que aparece como finalista de diversos premios en los últimos años y que ha recibido una cierta confianza del mundo editorial. Sin embargo, ha tenido que ser de nuevo un premio el que consolide a un novelista, en su cuarta obra. De nuevo, llama la atención que otra de las promesas de las literaturas africanas, en este caso de la camerunesa, surja de la diáspora. Pero se trata, apenas de una especie de incógnita que se abre. Max Lobe lleva trece años instalado en Suiza, pero su voluntad por intervenir en la sociedad de su país de origen es inequívoca. Ha mostrado su preocupación por la situación provocada por la lucha contra Boko Haram en Camerún a través de artículos de prensa. De la misma manera durante la promoción de Confidences Le Monde recogía unas declaraciones en las que Lobe aseguraba que sería “feliz si Confidences que destaca grandes figuras de la historia de Camerún, pudiese ser integrado en los programas escolares y vendido a un precio asequible en su país”.

Ngũgĩ wa Thiong’o, la política y la cultura de las lenguas

Autores: Celia Murias y Carlos Bajo Erro. Este artículo es fruto de una colaboración especial entre Africaye y Wiriko.

“Todos podemos llegar a las estrellas, pero para conseguirlo no necesitamos hacer escala en Europa”. Fue una de las frases lapidarias que Ngũgĩ  wa Thiong’o, el novelista, ensayista y dramaturgo keniano dejó flotando en el vestíbulo del CCCB. Porque a pesar de que en su discurso no ofreció grandes novedades, el eterno aspirante al Premio Nobel se erigió como lo hacen los viejos sabios, envuelto por un cierto halo de sopor, pero lanzando proclamas que se desplegaban sigilosamente y solo unos segundos después explotaban sobre los asistentes.

El escritor keniano Ngũgĩ  wa Thiong’o. Foto: Carlos Bajo

Y es que wa Thiong’o llegó a Barcelona para materializar el contenido de su tres libros traducidos recientemente al castellano y al catalán, Descolonizar la mente, Desplazar el centro y Sueños en tiempos de guerra. Junto a la defensa de los derechos lingüísticos universales, el escritor keniano proclamaba una especie de refundación de los estados africanos, tras deshacerse del yugo de la lógica imperial de las lenguas coloniales, como por ejemplo, el inglés. Ngũgĩ  wa Thiong’o no se refería únicamente al impacto de las imposiciones coloniales en la dimensión cultural de las lenguas nacionales.

Puede que conozcas su trabajo o hayas oído hablar de él: como el autor de la importante obra Descolonizar la mente; como defensor acérrimo del uso de las lenguas africanas en la producción literaria; como guardián de la legitimidad artística y comunicadora de la oratura -la producción literaria oral-; o como incansable crítico de la colonización cultural y vital que el uso de las lenguas coloniales implica. Si es tu caso, probablemente también te sorprenderías de que una de las palabras más escuchadas en su discurso sea network, red.

Conectar. ¿qué me conecta con otros?¿desde qué posición me conecto?

Y es que su enfoque es tremendamente inclusivo. Al escucharle desarrollar su postura, su defensa no se basa en una estrategia chovinista de aislamiento contra las influencias externas, sino en una acción positiva hacia el reequilibrio de poder, y señala una y otra vez con insistencia que la clave está en el funcionamiento en red, en la nutrición cruzada, destruyendo las jerarquías.

Ngũgĩ  wa Thiong’o durante su intervención en el CCCB de Barcelona. Foto: Carlos Bajo

“La colonización ha supuesto la negación de los idiomas nativos como fuente de conocimiento y de investigación”, explicaba wa Thiong’o en su intervención en Barcelona. El proceso que sigue a esa negación supone una ruptura radical, desde la experiencia del escritor keniano: “Los colonizados dejan de confiar en sus nombres, su geografía, sus cuerpos como punto de partida y por eso siempre necesitan la aprobación externa de los colonizadores. En África, no creemos en las iniciativas nacionales, ni en el conocimiento propio, ni en las investigaciones. Mi propio gobierno me encarcela por escribir en mi propio idioma, ¿qué podemos esperar después de eso?”, advertía el autor.

Ese es el proceso de pérdida de la autoestima que Ngũgĩ  wa Thiong´o atribuye a la sustracción de las lenguas propias. “La élite poscolonial ha intentado eliminar el color de la piel, los nombres, los cuerpos, y hasta los idiomas nativos. En Kenia, esas élites se enorgullecen cuando sus hijos no entienden los idiomas nativos: esa es la colonización de las mentes”, aseguraba. Son aquellas máscaras blancas sobre pieles negras de las que hablaba Frantz Fanon al reflexionar sobre la construcción de la identidad negra.

Ngũgĩ  utilizó como ejemplo la experiencia de los niños que juegan en un aeropuerto alejándose de sus padres, pero sólo lo justo. Miran atrás y si ven a los padres continúan alejándose porque “su capacidad para seguir avanzando depende de la posibilidad de volver al origen”. Cruzando los dos elementos de la metáfora, el escritor keniano decía “si los niños del aeropuerto pierden el origen, lloran”.

Por todo ello, una de las ideas más repetidas por el autor es la puesta en valor de las lenguas nativas, la certeza de que “no hay lenguas, más lenguas que otras”, que las lenguas no pueden relacionarse de manera jerárquica y, sobre todo, la dignidad de las lenguas africanas. “Nuestros idiomas son fuentes válidas de conocimiento”, reivindica una y otra vez el escritor.

Al fin y al cabo, se trata del “derecho de nombrar el mundo”, the politics of naming, acierta a señalar poniendo de manifiesto la especificidad africana que ha regido y sigue rigiendo la representación esencialista del continente en el imaginario occidental. A nosotras nos arranca una sonrisa mientras pensamos en que las resistencias de las mujeres africanas, que también reclaman nombrarse a sí mismas.

El lenguaje es pues la materia con la que nos construimos y su uso específico, una cuestión de poder. Para wa Thinog´o el uso de una lengua u otra no se basa tanto en el número de hablantes como en el prestigio de esta. Y con esto en mente, nos dio un toque de atención —varios— sobre la importancia de la terminología. Hablar de lenguas minoritarias o mayoritarias carece de sentido, y lo importante realmente es que existen lenguas dominantes y lenguas dominadas, pudiendo una lengua cumplir ambas categorías según los contextos.

En este mismo sentido, mostró de nuevo esa calidad inclusiva al rechazar el binomio lengua global/local, reclamando que “todas las lenguas son globales, son una herencia” que deben afectarse mutuamente sin barreras nacionales o regionales, hacia la creación de la globaléctica —una dialéctica global—, para la que la jerarquía y el eurocentrismo lingüístico son las principales barreras.

Esa relación que debe establecerse entre las lenguas es otro de los puntos clave del discurso de Wa Thiong’o que defiende una interacción en red, “incluso cuando uno se convierta en lengua franca de comunicación, ninguna lengua es superior a las otras, ninguna se puede construir sobre la tumba de otra”. “El monolingüismo es el dióxido de carbono de la cultura y el multilingüismo es su oxígeno”, afirma vehemente uno de los más conocidos luchadores en favor de los derechos lingüísticos universales.

“La realización crucial de las lenguas africanas hablándose entre sí”

Para generar y acceder a esa conexión despojada de jerarquía, el autor pone su entusiasmo en el poder de la traducción. En la charla posterior el escritor hizo hincapié en la importancia de las intertraducciones, “la realización crucial de las lenguas africanas hablándo entre sí“. Y para guiarnos en este tema, recordó con cariño el proyecto Jalada Africa. Pan-african Writers´ Collective. Se trata de una iniciativa colaborativa de publicación de autores y autoras africanas que en marzo de 2016 le solicitó un cuento, con el que lanzarían su primera experiencia de traducción múltiple. Ese cuento se llamaba —en inglés— The upright revolution, un cuento escrito para su hija originariamente en kikuyu, que ya ha superado el medio centenar de traducciones, la mayoría, aunque no solo, entre lenguas africanas. Para Ngũgĩ  esto tiene un impacto fundamental en su concepción de sus propias lenguas, y en la relación entre ellas, para lo que la traducción es vital.

Además de la importancia obvia de unos recursos económicos que los respalden, el pensador —de 79 años— hace hincapié en el potencial que las tecnologías, en especial internet, están demostrando a la hora de albergar el diálogo creativo necesario en los contextos africanos, y nutrir el recurrente debate interno sobre qué es la literatura africana.

Vuelta al debate, ¿qué es (literatura) africana?

Sin embargo, a pesar de ese posicionamiento igualitario, Ngũgĩ  wa Thiong’o aún tuvo tiempo para marcar la diferencia con los autores que a diferencia de él, continúan utilizando las lenguas coloniales para sus creaciones literarias. “A mí también me ha pasado. Algunos miembros de la élite cultural se han apropiado de la lengua colonial, creen que pueden hacerlo suyo, pero en realidad están contribuyendo a su ampliación, inconscientemente están reforzando la lógica colonial”. Ngũgĩ  se refería a otros grandes de las literaturas africanas, como por ejemplo, Chinua Achebe. El debate sobre las posiciones posibles ante los usos de la lengua no se agota.

Al preguntarle sobre su opinión actual de la literatura, en especial aquella conocida como diaspórica, en pleno auge en el “mercado” global gracias a la creciente visibilidad de autoras como Chimamanda Ngozi Adichie, su respuesta fue contundente: “No es literatura africana”. Tal como escribió en la década de los ochenta. Poco o nada ha cambiado su postura de aquella que plasmaba en Descolonizar la mente: “…lo que hemos creado es otra tradición híbrida, transicional y minoritaria que solo puede llamarse literatura afroeuropea“. De hecho, nos contó que en los últimos años ha profundizado en este tema, llegando a manejar el concepto de “robo de la identidad literaria”. Ngũgĩ  señala que las luchas por el robo identitario no se han acabado ni se circunscriben al periodo poscolonial, sino que cuando no se escribe en la lengua propia, más que una pérdida de la identidad, se da un robo de la misma, contribuyendo al encumbramiento de la lengua dominante en cuestión.

Pero, el pensamiento de wa Thiong´o, si bien transmitido a través de sus postulados lingüísticos, se enmarca en un pensamiento y propuesta política y de acción más amplia. El interés por visibilizar la cara positiva y moderna del continente —con el objetivo de contrarrestar la narrativa esencialista del África catastrófica— ha impulsado expresiones afropolitas que mucho tienen de producto de consumo. Una no puede evitar preguntarse, aunque anticipe la respuesta, cómo se sentirá al respecto el pensador marxista, que ya describía la indefinición ideológica de la clase burguesa de aquellas jóvenes independencias. ¿es para Thiong´o el afropolitismo un caballo de Troya que banaliza y desactiva la acción más profunda?

Desde luego, el debate es apasionante. El tiempo se nos escapó entre los dedos, dejando en el tintero otros muchos temas. Echamos de menos, por ejemplo, que siendo una figura del marco analítico decolonial, el autor ampliara sus reflexiones más allá del ámbito lingüístico, y entrara con ganas a debatir sobre otros aspectos con carga política vinculadas a sus postulados, como el racismo, la apropiación cultural, etc.

El viejo sabio keniata nos supo a poco.

Nicolás Castellano: “La cuestión es si vamos a permitir que sigan pasando más casos como el de Adou”

Adou Nery Ouattara tiene ahora diez años y vive con su madre y su hermana en Francia. Con sólo ocho dejó Costa de Marfil y a su hermano mayor rumbo a España, donde estaba el resto de su familia. Su padre, Alí Ouattara, llevaba más de dos años de trámites para reunirlos a todos, pero la vía legal cerraba las puertas a sus hijos varones. Al mayor por edad y al más pequeño porque le faltaban 56 euros en la nómina para, según la normativa, poder mantenerlo. Alí llegó a Canarias en 2006, después de un año atravesando países africanos por miedo a que lo relacionaran con el líder opositor marfileño con el que compartía apellido, en un momento en el que su país estaba en una grave crisis política y militar. Una década después, su hijo pequeño tardaría apenas una semana en pisar suelo español, pero lo haría metido en una maleta. Mientras la de Alí era una historia más entre los millones de migrantes que arriesgan su vida, Adou pasaría a ser alumbrado con el foco informativo como ‘el niño de la maleta’. Nicolás Castellano (Gran Canaria, 1977) fue uno de los periodistas que cubrió esta noticia que ahora publica como libro con el título Me llamo Adou (Planeta, 2017). No es una obra de ficción, es un caso real. Su autor tampoco es africano, pero da voz a una familia marfileña que relata la verdadera historia que esconde esa maleta cargada con lo que para los Ouattara, como para otros miles, sigue aún hoy siendo un sueño: Padres e hijos viviendo juntos. En un momento en el que la actualidad informativa abruma más de lo que cuenta, un libro puede ser el mejor modo de humanizar una realidad que supera a la ficción.

 

Imagen de Adou Ouattara en el escáner del puesto fronterizo del Tarajal (Ceuta) – Fotografía difundida por la Guardia Civil

Ruth F. Sanabria: ¿Recuerdas qué sentiste al ver por primera vez la foto de Adou en la maleta?

Nicolás Castellano: A mí la foto me produjo un choque. Estoy acostumbrado a ver muchas historias después de diecisiete años y uno siempre piensa que lo ha visto casi todo, pero la frontera te sigue sorprendiendo y te sigue dando esos golpes de realidad. Uno nunca se imagina ver a un niño metido en una maleta como un muñeco porque resulta que hay una legislación que no le deja venir de otra manera o que le ha impedido por una mala interpretación venir de otra manera. No nos podemos narcotizar ante este tipo de imágenes, igual que no nos podemos acostumbrar a las imágenes de los naufragios de las embarcaciones o a la gente cayéndose desde siete metros de altura y quedándose parapléjicos, como hay muchos casos. No nos podemos acostumbrar a ver la imagen de un niño en esa situación y a no hacernos preguntas. Yo como periodista especializado en esto me surgieron 40.000 preguntas y cuando ya empiezas a ver que habían detenido al padre una hora después, que tenía todos los papeles para demostrar que era su hijo y que había intentado reagrupar al hijo, que tenía que ver con Fuerteventura, … Ya se me dispararon las preguntas e intenté localizar rápidamente a la madre. Y, de hecho, el primero que le explica en francés a la madre cómo estaba la situación soy yo. Esto me vinculó un poco más a la madre que no se estaba enterando de nada porque llevaba muy poco tiempo en España y no hablaba español, no tenía contacto con el abogado de oficio de su marido y no habían contactado con ella desde el Área de menores de Ceuta donde estaba su hijo.

R.F.S.: ¿Cómo ha sido el proceso para escribir Me llamo Adou?

Adou en el Centro Mediterráneo de Ceuta – Foto incluida en el libro Me llamo Adou, de N.Castellano (Planeta)

N.C.: Evidentemente el primer mes, desde principios de mayo hasta mediados de junio aproximadamente que es cuando ya sale el padre de la prisión y el niño va por fin a Fuerteventura, yo todo esto lo veía como parte de mi trabajo. Era una historia que se tenía que contar con todos los detalles para contextualizarla. Fui varias veces a Ceuta, vi al niño en el Área de menores, el primer encuentro con su madre, el segundo encuentro cuando se lo lleva, me puse en contacto con los abogados. Y a finales de verano me contacta Planeta y me dicen que habían escuchado la narración de la historia a través de la radio, que habían leído lo que yo publicaba en la web de la SER y que consideraban que era una historia que merecía ser explicada, y me ofrecían hacer un libro. Yo les dije que me lo tenía que pensar porque tampoco me parecía que se pudiera contar como una historia literaria, sino que esto es un relato muy serio, un relato que denuncia, y evidencia que se sigue sometiendo a un sufrimiento innecesario a un montón de familias por la Ley de Extranjería. La verdad es que estuve hasta final de septiembre que no lo tenía muy claro porque la verdad tengo un trabajo que no nos da mucha tregua para pararte a escribir. Pero me fui a Fuerteventura a ver a un amigo y me dije “voy a ver cómo está la familia”. Y fui a visitarles y en ese momento hablando con ellos en su casa les conté “oye, mira me han ofrecido esta posibilidad, no sé si a ustedes les interesaría contar toda la historia de la familia y que se conozca lo que ha pasado para que por lo menos conste un formato con todo lujo de detalles”. Y ellos me dijeron que se lo tenían que pensar porque, claro, habían sido también un foco mediático tremendo, habían pasado por allí televisiones de medio mundo, periodistas de medio mundo, les querían hacer una serie de televisión… Por mi parte yo, a pesar de que me conocían y a pesar del vínculo, tampoco lo tenía muy claro. Dejé pasar el tiempo y un par de meses después me llamaron para decirme que sí, que querían contar su historia. Se lo dije a Planeta y desde noviembre de 2015 hasta noviembre de 2016 he estado trabajando en el libro con muchas entrevistas en todos los sitios donde ellos han vivido, incluyendo París, donde vive ahora la familia. He estado varias veces con ellos y con documentación, entrevistas con el guardia civil que encontró al niño, expertos jurídicos, la persona que redactó la Ley de Extranjería donde se regula la reagrupación familiar,… En fin, y muchas horas de conversación con Alí, con Lucie y lo que puedes conversar con un niño de ocho-nueve años.

R.F.S.: ¿Hay algo de ficción en el libro?

N.C.: No. El único recurso pseudoliterario (porque yo no soy escritor, yo soy periodista) es el primer capítulo, que es la historia narrada en primera persona por el niño. Y eso se compone de muchas horas de conversación con Adou porque, como con todo niño, son frases cortas y enseguida desvía la conversación cuando se aburre, cuando piensa que le está haciendo un adulto preguntas que son un rollo y que le recuerdan momentos que no eran precisamente felices y divertidos. Pero de todas esas conversaciones a ratos de juegos con él, surgió la idea junto con la editora Ángeles Álvarez, de contar en primera persona como había vivido el episodio de la maleta. El resto es puro periodismo, es un reportaje largo.

R.F.S.: O incluso un ensayo…

N.C.: Bueno, los libros te permiten ser un poco más opinativo, incisivo, provocador que en un reportaje puro en el que a lo que te dedicas es a narrar los hechos. Cuando yo busco expertos jurídicos, o documentos, o datos en estadísticas difíciles de conseguir porque no están por nacionalidades, ni están por reagrupación de menores o de cónyuges, sino que son generales (ahí está el secretismo y el oscurantismo de las estadísticas españolas y más sobre extranjería), cuando busco todo eso lo que estoy es buscando argumentos para evidenciar lo que es mi tesis: que hoy en día Europa a España está sometiendo al sufrimiento a mucha gente por unas leyes de fronteras que llevan treinta y cinco años de fracaso. Llevan treinta y cinco años aproximadamente de las primeras leyes que marcan la exigencia, la dureza de la entrada de menores de fuera de la Comunidad Europea a la Comunidad Europea. Es el caso de las migraciones forzosas o irregulares a través de vía marítima o vallas, que lo que hace es que el resultado son muertes en incremento desde entonces hasta ahora. Y siguen subiendo, cada año batimos récords sin que nadie se pregunte hasta cuándo. Y más allá de las muertes en las playas, en el mar o en las vallas, hay también cierta muerte en vida de muchas personas que viven con la tristeza de saber que nunca más van a volver a reunirse con sus hijos o con sus mujeres.

R.F.S.: Dices que nadie se pregunta hasta cuándo. ¿No es ése el trabajo del periodismo, es decir, denunciar hechos para promover la reflexión y el cambio?

N.C.: Y eso es lo que intento cada día con mis informaciones, con hacer un seguimiento, con interpretar de otra manera las cifras, con buscar nombres y apellidos a esas cifras, no cosificar a los inmigrantes, no aplicar ese paternalismo barato al que estamos acostumbrados cuando hablamos de los inmigrantes y particularmente de los africanos, … Pero es verdad que en un formato radiofónico o en un formato televisivo muchas de esas historias tremendas que tienen muchas aristas no puedes contarlas en un minuto o no puedes contarla en dos días.

Nicolás Castellano y Alí Ouattara, el padre de Adou, en la presentación del libro en el Círculo de Bellas Artes de Madrid – Fotografía del vídeo realizado por Mundo Negro

R.F.S.: Es tu segundo libro. Ambos tienen en común que tratan sobre el fenómeno migratorio. ¿Puede ser que tengas una espinita clavada con el formato periodístico y esta es tu manera de humanizar las migraciones?

N.C.: No, yo trabajo en un medio que ha apostado porque viajemos a todos los lugares de origen y tránsito de la llegada de inmigrantes a España en los últimos años.

R.F.S.: Pero te hablo de cómo se cuenta.

N.C.: Cómo lo cuentas forma parte de lo personal, pero también de cómo te permite tu medio contarlo. Yo me he movido con programas enteros a los lugares. Hemos estado en Lampedusa, en Sicilia, en Senegal, en Níger, por ponerte algunos ejemplos. Entonces no es una espinita clavada, lo que uno sí adquiere con el tiempo es un cierto compromiso con una historia que está viendo cada día y que durante muchos años ves que no sólo no mejora, sino que empeora en muchos ámbitos. Si yo tuviera que hacerte un balance hoy, diecisiete años después de que empezara a hacer información sobre inmigración y asilo, sería tremendamente negativo. No puedo concebir que, diecisiete años después, el balance de una guerra contra el inmigrante sea cinco mil muertos el año pasado, mil cien este año. En las primeras pateras que llegaban a Canarias morían unos pocos, unas decenas, y ya era una tragedia entonces. ¿Cómo puede ser que la tragedia se haya multiplicado hasta niveles insospechados, que el Mediterráneo sea el lugar más mortífero del mundo y que no haya ninguna agenda política para evitarlo? Mi obligación como periodista que lleva mucho tiempo en esto es explicar a la gente, ponerle la información a su alcance para que entienda que no es un accidente de un barco, que es un accidente provocado por unas leyes que no permiten que la gente venga de otra manera cuando el Derecho Internacional dice que tienen derecho a venir de otra manera. Entonces adquieres un compromiso con tanta gente que has conocido, tanta gente que ha muerto. Un compromiso periodístico y personal de decir: “Yo tengo que seguir mientras esto se siga produciendo”. Mientras la sociedad además siga siendo de alguna manera engañada por esos mensajes que creen que la sociedad es infantil, yo tengo que seguir comprometiéndome para darles otro punto de vista del político interesado que hace mercantilismo electoral sobre la inmigración.

R.F.S.: ¿Y cómo ves que no se produzca ninguna reacción social ante esto, aun trabajando en un medio que, como dices, sí cubre de cerca esta información y además desde un enfoque más humano?

N.C.: Hay más información que nunca sobre esta realidad. Más que nunca en cantidad. En calidad creo que también, aunque ahí podríamos entrar en cómo tienen una intencionalidad criminalizadora algunos medios y otros no. Pero la cuestión es si la gente quiere saber. Y esto se traduce muy bien en la solidaridad del hashtag, la solidaridad virtual. De repente con la muerte de Aylan Kurdi todo el mundo descubre que se morían refugiados cuando llevan décadas muriéndose, ese mismo año habían muerto más de tres mil personas antes que Aylan Kurdi en el Mediterráneo. Desde aquí no lanzo una recriminación a la sociedad porque no reaccione físicamente en las calles con manifestaciones, mi labor como periodista es contar y poner en el escenario público la información, y después cada uno la tiene que procesar y reaccionar como considere. Yo me pregunto por qué estamos consintiendo entre todos este sistema que está propiciando muertes delante de nuestros ojos. ¿La historia nos juzgará?, ¿qué estábamos haciendo todos nosotros mientras se morían tres, cuatro, cinco mil personas cada año en el Mediterráneo?, ¿cómo sociedad estamos teniendo una respuesta responsable ante esta realidad o nos hemos narcotizado, acostumbrado a que esto pase y que sea algo que no tiene remedio? Claro que tiene remedio: tenemos que exigir que las decisiones políticas acaben con estas muertes porque son decisiones políticas y las leyes que han generado las que están creando estas muertes. La Unión Europea es la principal culpable de que la gente muera en el Mediterráneo, no los traficantes, no la gente que se lanza a la desesperada a cruzar. Tenemos unas leyes que nos le permiten otra vía de entrada.

R.F.S.: En Me llamo Adou, cuando ya has terminado de contar todos los detalles de la historia también recurres a preguntarle al lector para que sea consciente de que está tomando partido ante esta situación sean cuales sean sus respuestas. ¿Te has parado a pensar cuáles serán esas respuestas?

N.C.: Las preguntas del libro son una provocación. El libro no tiene final porque esto no ha acabado. Cuando digo “a estas alturas del relato ya usted se habrá hecho una idea de qué desenlace espera para este libro o si considera que Alí fue culpable por intentar traer a su hijo” no seré yo quien juzgue porque no se trata de juzgar, el libro no es ningún juicio. El libro es una narración de los hechos en el que cada uno tiene que intentar entender por qué pasa esto, si permitimos que pase esto. Más allá de que Alí sea condenado o no, la cuestión es si vamos a permitir que sigan pasando más casos como el de Adou; si vamos a seguir permitiendo que haya más familias rotas por las leyes que tenemos en marcha; si vamos a seguir permitiendo que haya familias que se desesperen y pongan en riesgo la vida de su hijo porque quieren estar como sea juntos. Esta es la intencionalidad de las preguntas, pero también provocar porque a todos nos pasa en esta narrativa mediática, en la que las cosas son tan breves, tan masticadas, que muchas veces no tenemos tiempo de reflexionar más allá de la indignación puntual que nos genera una noticia.

Adou y Alí en Abiyán – Foto incluida en el libro Me llamo Adou, de N.Castellano (Planeta)

R.F.S.: La Fiscalía responsabiliza a Alí de la introducción de Adou en la maleta. ¿Hay fecha ya para el juicio?

N.C.: Alí sigue esperando su juicio, esta es una muestra más del estado de la justicia española, de la lentitud. Han pasado dos años y no se ha decretado la apertura del juicio oral y Alí sigue pendiente de eso, Alí y su familia. Una gran paradoja porque la familia sigue separada. El juicio es la llave del futuro de esa familia, dependiendo de lo que pase en el juicio y de si ingresa en prisión, el sueño de ellos, que era reunirse en España todos juntos, se cumplirá o no.

R.F.S.: Insisto en la misma idea, ¿y para cambiar este tipo de realidades no sería necesario que tuviera más trascendencia informativa?

N.C.: Yo echo en falta que ésto sea un tema de agenda. No nos tenemos que olvidar que ese doce por ciento de la población no ha nacido en España, pero son ciudadanos de España de pleno derecho. Y sin embargo hemos aceptado todos que tienen una segunda velocidad de derechos, que tenemos unos derechos de verdad y ellos otros. ¿Cómo hemos permitido que unos padres no puedan estar con sus hijos?

Teju Cole: “Tenemos que dar un paso atrás y preguntarnos qué significa vivir en comunidad”

“Dos segundos”, me pide interrumpiendo la entrevista. Estamos en el comedor de su hotel y solo hay dos mesas ocupadas, la nuestra y otra con una mujer trabajando en su ordenador. Acaba de entrar una camarera que trajina con platos cerca de la otra mesa. Teju Cole hace rato que se las mira. De repente, algo en la escena capta su atención y merece ser contado. Coge su cámara con prisa (siempre le acompaña cerca, por si acaso) y hace un par de fotos. Luego, podemos seguir con la conversación. Cole es tranquilo y, aunque mide sus palabras al milímetro para hacerse entender, no tiene reparos en hablar claro acerca del mundo y sus problemas, ni al dar su opinión acerca de la política de Estados Unidos y Nigeria, sus dos hogares.

EL novelista de origen nigeriano, Teju Cole, en Barcelona. Fotografía: Maria Colom. 

Maria Colom: Las tradiciones literarias americana y africana son muy distintas. Lo importante en Estados Unidos son los libros que lees, mientras que en muchos lugares de África son esenciales las historias que pasan de padres a hijos. ¿Cuáles han sido sus influencias?

Teju Cole: Para mí, siempre es importante tener presente que mi trabajo se basa en la escritura y que no viene de una tradición oral. No cuento historias, las escribo. Mi trabajo y mi forma de pensar vienen de los libros. A veces me han preguntado por el yoruba, mi lengua materna de Nigeria, que considero muy importante, pero siempre respondo que son James Joyce y Virginia Wolf, por el idioma y su estructura, mis verdaderas influencias. Respeto mucho la tradición oral, pero no es el lenguaje con el que trabajo.

M.C: En una ocasión comentó que “su estilo de escritura es descriptivo, que le gusta describir cómo se entiende el mundo físico y que le gusta crear escenas”. ¿Es esencial para usted, esta colaboración entre letras e imágenes tan característica en sus obras?

T.C: Sí, es sinónimo de libertad y un regalo tener la posibilidad de trabajar con las dos disciplinas. Pensar en el mundo, no solo por lo que significa, sino por cómo lo vemos. Todo está conectado. Cuando estás describiendo lo que ves, también puedes entender lo que significa. Por eso describo con la escritura y la fotografía y me gusta que mis fotografías sean “fotos narrativas”, que cuenten una historia. Quiero que mis fotos sean como si alguien estuviera escribiendo una frase, como si alguien estuviera organizando el mundo de una manera en particular. Quiero que hagan pensar.

M.C: Usted fue uno de los primeros en cultivar la twitteratura, pero ya hace un tiempo que no tiene actividad en la red. ¿Se ha cansado de las redes sociales?

T.C: (Ríe). No, me gusta avanzar, así que ahora prefiero usar Instagram, cada día. Estuvo bien, también, salir de Twitter el año pasado, nunca me hubiera imaginado lo bueno que sería. Porque el año pasado empezó a usar Twitter un hombre loco que se volvió muy activo. Estoy hablando del presidente de Estados Unidos. Me alegra haber salido de esta red social al mismo tiempo que él entró y se convirtió en una persona muy popular.

M.C: También ha comentado que, más que novelista, es un escritor de ciudades. En sus novelas ha adoptado un papel de “Writerly Walker” (en referencia al concepto que introdujo Baudelaire). ¿Es éste el formato en el que se siente más cómodo?

T.C: En mis primeros trabajos sí, pero siempre estoy evolucionando y ahora prefiero pensar en los espacios entre ciudades, en montañas y en espacios abiertos. Las ciudades son importantes, andar es importante, pero siempre trato de pensar en lo que me hace crecer. De todas formas, sigo muy conectado con las ciudades porque son nuestra mejor oportunidad para vivir juntos y para averiguar cómo desarrollar nuestros recursos de una manera inteligente.

Teju Cole desarrolla su pasión por la fotografía, con la que también cuenta sus historias. Fotografía: Maria Colom. 

M.C: En su novela, además de encontrar una lectura crítica, podemos percibir la nostalgia del que se fue y vuelve para reconocerse. ¿Por qué es tan importante la identidad para usted?

T.C: Creo que, a una persona como yo, que vive en Estados Unidos, país que se ha construido gracias a personas muy diferentes, le tiene que surgir la pregunta “¿a dónde perteneces?”, y te viene a la memoria tu hogar. Crecí en Nigeria, una sociedad lejana y homogénea, no a nivel cultural, pero sí a nivel racial; todo el mundo a mi alrededor era negro. No tenía que explicar quién era y mi color no era importante. Cuando llegué a Estados Unidos, de golpe me había convertido en un hombre negro en América y fue cuando estas preguntas se volvieron importantes para mí.

Creo que, en este mundo moderno, todos tenemos que preguntarnos cosas que nunca nos habríamos preguntado acerca de la propia identidad. Ahora tienes que plantearte cuál es tu actitud con lo exterior, con lo extranjero. ¿Eres tú el extranjero? Estamos aquí sentados en España y hablamos de nosotros; ¿qué significa nosotros? ¿Quién está dentro y quién fuera? ¿Quién tiene el derecho de vivir en un lugar en particular? ¿Puede un chileno que vive aquí sentirse como en casa? ¿Qué pasa con un negro español que tiene la nacionalidad, o es que los españoles solo pueden tener un color determinado de piel? Son preguntas que no desaparecen nunca y con las que estamos obligados a lidiar cada día.

 

Preguntas acerca de mi nacionalidad y mi lengua materna no son tan importantes para mí; ser nigeriano o americano no es tan importante. Prefiero verme como un ciudadano del mundo y vivir de la mejor manera posible.

 

M.C: En un ensayo de su libro Known and strange things, “Home strange home”, habla de su infancia (nació en Estados Unidos, pero a los cinco meses de vida volvió a Nigeria hasta los 17, que volvió a Michigan para estudiar en la universidad) y de los recuerdos, reales e imaginarios, que tenía o se creó de sus dos hogares. ¿Qué puede decirnos de su propia identidad?

T.C: Soy una persona que está muy interesada en ser libre, en un sentido un poco pasado de moda y existencialista. ¿Qué significa estar y pertenecer a un mundo en el que ni siguiera he pedido nacer? ¿Cómo puedo poner mi libertar y mi individualidad en este mundo y ser, a la vez, responsable de lo que sucede en comunidad? Aquí es donde se encuentra mi identidad, en lo más profundo. Preguntas acerca de mi nacionalidad y mi lengua materna no son tan importantes para mí; ser nigeriano o americano no es tan importante. Prefiero verme como un ciudadano del mundo y vivir de la mejor manera posible. La política mundial de los últimos años nos ha convertido a todos en filósofos, tenemos que dar un paso atrás y preguntarnos qué significa vivir en comunidad y cómo organizamos nuestras sociedades. Creo que mi trabajo siempre trata de responder estas preguntas y todos tenemos que hacérnoslas.

“Ciudad abierta”, Teju Cole

M.C: En su primer libro traducido al castellano, Ciudad abierta, usted escribió: “A veces, mientras hago cola para ir al lavabo, hay gente que me mira de manera que me hace sentir como Ota Benga, el pigmeo Mbuti que se exhibió en el zoo del Bronx en 1906”. ¿Por qué cree que perdura esta visión en un mundo tan globalizado en el que todos tenemos más semejanzas que diferencias?

T.C: Escapamos de la Europa medieval y entramos en el mundo moderno, el siglo de los grandes descubrimientos, se empezó a viajar por todo el mundo y los europeos fueron a América y África: la conquista, la colonización y la esclavitud. Todos estos son hechos que han condicionado la interacción entre negros y blancos. Con el colonialismo, vinieron, se llevaron los recursos y nos convirtieron en buenos cristianos. Luego, el cultivo de la caña de azúcar y el del algodón eran muy duros, así que nos llevaron como esclavos para hacer el trabajo durante toda la vida, trabajo que también harían nuestros hijos y nietos. Vida en prisión con trabajo duro. Estas estructuras siguen afectando a la interacción entre negros y blancos, porque la memoria histórica no ha desaparecido. Y el colonialismo sigue hoy en día a nivel empresarial con acuerdos secretos. Francia aún tiene colonias en África con acuerdos económicos. Quizá no esté para siempre, pero por ahora sigue siendo real porque tanto la esclavitud como el colonialismo se basan en las ideas de superioridad e inferioridad y la gente no va a dejarlo ir a la ligera.

M.C: ¿Qué deberíamos hacer para cambiar esto?

T.C: ¿Por qué hay que cambiarlo? Desde el punto de vista blanco, quiero decir. Está bien ser superior, es divertido. Nadie va a dejar ir el poder de buena gana. Así que no creo que pueda decir nada a los blancos acerca de la superioridad racial. Lo que sí que tienen que hacer los negros es luchar porque nadie lo va a poner fácil. Y va a ser duro y desagradable llegar a la igualdad, no la vamos a conseguir de forma amable. Es lo mismo que la igualdad entre hombres y mujeres. Podemos hablar de igualdad como buenos feministas, pero la única manera de conseguirla es que las mujeres sigan luchando, quejándose y pidiéndola.

“Cada día es del ladrón”, Teju Cole

M.C: En Ciudad abierta, entre otras cosas, habla de la inmigración, la convivencia y la diversidad. ¿Son realmente Estados Unidos y Europa “ciudades y mundos” abiertos? 

T.C: ¿Has oído hablar del muro en la frontera de México? Estados Unidos es un lugar interesante, abierto y no abierto al mismo tiempo. Por un lado, hay un sentimiento muy fuerte de libertad y diversidad. Yo vivo en Brooklyn, y hay gente de todas partes del mundo con distintas culturas. Esto es normal, está abierto en este sentido, está abierto comparado con Vietnam o Rusia o Marruecos, que no lo están. Pero no debemos olvidar que la estructura económica está basada en crímenes bastante serios relacionados con los nativos americanos, con los negros o con los inmigrantes. Existe diversidad, pero, al mismo tiempo, la estructura está equivocada. Es una paradoja; no es un lugar inocente, pero aún tiene muchas posibilidades. En este momento creo que todas las naciones de Europa deben volverse más abiertas y multiculturales. 

M.C: Usted tiene doble nacionalidad (estadounidense y nigeriana). ¿Qué opina del camino político que está tomando Estados Unidos con Donald Trump, sobre todo en sus políticas de inmigración? 

T.C: Creo que es un maldito maníaco. Esto es lo que creo. ¿Qué opinas tú?

M.C: No estoy segura de querer pensar mucho acerca del tema porque no quiero asustarme demasiado. 

T.C: Exacto. Nunca me había enfrentado, mentalmente, a una crisis política como esta, en mi vida. Y no se trata solo de las políticas de inmigración, que son un emblema de su brutalidad natural. Espero que esta pesadilla se acabe pronto.

 

Nigeria es como una casa que se construye despacio, que la lluvia destruye un poco de lo construido, pero que se vuelve a construir después. Pero Estados Unidos es como si alguien tuviera una casa preciosa y la prendiera en llamas, y esto es aún más deprimente.

 

M.C: Durante la campaña #BringBackOurGirls, usted dijo que había un verdadero reto para la democracia nigeriana. ¿Cómo ve la actualidad política de Nigeria?

T.C: No es muy esperanzadora. Creo que nuestra democracia es joven y que se está desarrollando muy rápido. Democracia no es solo tener derecho a elegir a tus líderes, sino tener claro cómo debemos quejarnos de las cosas que no están bien; cómo participar en la estructura de la sociedad. Nos estamos desarrollando, pero es un país con mucha población, la corrupción sigue siendo un problema, y desde la crisis del petróleo, nuestra economía tiene serios problemas. Son tiempos duros, pero justo después de las elecciones estadounidenses, fui a Nigeria y me sentí mucho mejor allí, el país está avanzando. Nigeria es como una casa que se construye despacio, que la lluvia destruye un poco de lo construido, pero que se vuelve a construir después. Pero Estados Unidos es como si alguien tuviera una casa preciosa y le prendiera llamas, y esto es aún más deprimente.

M.C: ¿Cómo ve la sociedad civil en África? ¿Cree que se está construyendo una nueva realidad en las ciudades?

T.C: Sí, y esta es nuestra mayor esperanza. Las ciudades son un lugar con oportunidades. Y esto se da en cualquier país. Lugares en los que podemos poner en práctica la inclusión y la diversidad. Se está desarrollando algo en las ciudades inteligentes que usan la tecnología. Con tantas personas viviendo juntas (21 millones de personas son los que viven en el ámbito metropolitano de Lagos), hay que resolver muchos problemas de servicios, transporte, educación; pero las ciudades son una oportunidad. Soy un fan de las ciudades en este sentido, porque son lugares en el que se te permite ser quien quieras ser. Puedes ser gay, excéntrico, moderno; puedes ser católico, judío, musulmán, protestante, budista o ateo. En una ciudad nadie va a llamar a tu puerta para decirte que no puedes hacer o ser algo. Por supuesto que una ciudad puede ser fría y distante, pero para lugares como África, las ciudades son la mejor apuesta.

Como el viento intocable: Voces feministas contra la homofobia

Por Mariana Jorge Lozano (editora de Baphala Ediciones)

Frente a la creencia generalizada de que la poesía es algo hermoso, que exalta sentimientos de amor y de belleza física y moral, hay otra que piensa que la poesía es instrumento del activismo. El arma que lucha contra todo aquello feo, corrosivo e hiriente que hay en la vida. La palabra tiene ese poder, poner al descubierto situaciones y hechos horribles con la finalidad de que la obra literaria sea en sí misma agente del cambio, que expone al mundo sus vergüenzas.

Cuando, hace casi un año, empecé esta iniciativa llamada Baphala Ediciones precisamente lo que buscaba era dar voz a los que no la tienen. Quería que todo aquello que publicase mostrase situaciones reales y, de un modo u otro, fuese crítica de situaciones de injusticia y violencia. En un continente como África, donde la homosexualidad se considera delito en varios países y en algunos de ellos incluso supone pena de muerte, me parecía vital apoyar a estas autoras y autores y darles la oportunidad de divulgar su mensaje más allá de sus propias fronteras. La literatura LGTBI sigue siendo, por desgracia y a pesar de las múltiples iniciativas editoriales existentes, un género minoritario en nuestro país, donde la situación del colectivo LGTBI es mucho más alentadora que en Nigeria, Marruecos o Zimbabue. En África, la labor de escritoras, escritores, editoras y editores es todavía mucho más difícil y llena de obstáculos. Es por esto que decidí rebuscar entre las literaturas africanas con el propósito de ponérselo un poquito más difícil a aquellos que odian. Nuestra voz no será silenciada, ni dejaremos de existir. No importan las persecuciones, las injusticias o la violencia. Así que es mejor que se vayan acostumbrando.

La literatura como activismo LGTBI: ese era el reto. Por eso, cuando a finales del año pasado, recibí un email de Arrate Hidalgo (editora de ficción especulativa feminista, traductora literaria y escritora) y Lawrence Schimel (escritor bilingüe y traductor literario) proponiéndome traducir a cuatro manos Como el viento intocable (Like the untouchable wind) para Baphala, bastaron unas horas para saber que ese poemario debería de ver la luz del día en mi editorial. Como el viento intocable es una antología poética que recopila la obra de siete mujeres queer de Zimbabue y que es resultado de unas jornadas de escritura creativa llevadas a cabo en octubre de 2015 bajo la supervisión de Makhosazana Xaba. Xaba, poeta y escritora de relatos, es conocida por el público español debido a ser la recopiladora de Queer Africa, antología de relatos publicada por Dos Bigotes bajo el título Los deseos afines. En estas jornadas de trabajo, Xaba, tal y como nos explica en el prólogo de Como el viento intocable, insta a estas mujeres a crear poesía, no desde el punto de vista del perfeccionamiento de la técnica, sino otorgándole mayor relevancia a los sentimientos evocados en ella. He aquí el resultado, una recopilación variopinta de voces queer que nos hablan de sus intimidades y nos ofrecen una ventana a sus mundos interiores. Una lucha feminista contra la homofobia.

A pesar de la calidad literaria que los trabajos de estas siete mujeres muestran, la verdad es que tan solo dos de ellas son poetas en su vida diaria. Las demás se dedican a diferentes actividades, más o menos artísticas. Es por esto que su labor poética todavía tiene mayor relevancia. Es la voz de la calle, de mujeres reales que ofrecen sus vivencias sin filtrar a través de ningún tamiz. Poesía donde la técnica y las convenciones literarias no actúan de freno a la creatividad. Blu nos habla a través de su poesía optimista y llena de humor de su experiencia como mujer queer, mirando al futuro y desafiando lo establecido a través del amor lésbico. Sikhulile nombra instrumento de su activismo a su amor por otra mujer, convirtiendo su deseo en la mejor arma contra la intolerancia. Norma nos habla de la vida y la muerte y de problemas universales, mientras Portia trata temas existenciales, también desde el humor. Pugeni aporta quizás la pieza que mejor resume el objetivo de este poemario, el activismo. Con “Angry Black Woman” (“Negra cabreada”), nos enseña que la poesía no es solo belleza: es también rabia. Finalmente, Duduzile y Caroline describen el lado más oscuro y violento de la homofobia en la que viven envueltas.

Si la poesía y la literatura en general, es voz de los sin voz y activismo social, sin duda esta antología consigue empoderar a mujeres que no lo tienen fácil pero, a pesar de ello, no se resignan al silencio. Estas son voces femeninas y feministas que luchan sin temor contra todo aquello que las oprime. Y en Como el viento intocable hablan bien alto a quien las quiera escuchar.