Vuelta al cole llena de esperanzas

Llega la vuelta al cole y con ella una mirada a través de la ventana que nos llena de esperanzas en relación a las literaturas producidas por autores africanos. Una mirada por la ventana que, en realidad, es un vistazo a lo que se está cociendo en otros países para tratar de tener una idea de lo que en un deseado futuro inmediato puede llegar hasta los lectores del mercado literario hispanohablantes que se interesan por las letras africanas.

La escritora Tomi Adeyemi en una imagen de su página web.

Lo que nos encontramos es realmente esperanzador y dentro de todos los lanzamientos nos fijamos en los que es más probable que acaben en nuestras librerías (quizá con un exceso de confianza). Hablando sólo de mercado, nos encontramos con la primera novela de la última chica de oro de las letras africanas. La aparición de The children of blood and bone, se ha anunciado para el nuevo curso, a priori durante el primer trimestre de 2018. Su autora, la nigeriana Tomi Adeyemi se ha hecho popular por haber sido la última escritora africana en unirse al club de los contratos de siete cifras.

Ya hablamos del selecto club, con las publicaciones de la camerunesa Imbolo Mbue y de la ghanesa Yaa Gyasi. Ahora hemos conocido la figura de Tomi Adeyemi que ha firmado un contrato de seis ceros con el grupo editorial Macmillan Publishers Ltd por la trilogía “The children of blood and bone” y los derechos de la adaptación al cine. De la historia que hay detrás de semejante operación literaria se sabe poco más allá de una vaga descripción de contraportada que remite a un relato de aventuras propio de la literatura fantástica (y seguramente encuadrado en las recientes apuestas destinadas al público juvenil). Por cierto, la propia web de la autora desvela que RBA Libros tiene los derechos de la traducción en castellano.

Mantenemos las esperanza, también de poder acceder en español al último trabajo de la escritora marfileña Veronique Tadjo, la recién publicada en Francia En compagnie des hommes. Tadjo se ha caracterizado por combinar magistralmente su compromiso social con una literatura firmemente enraizada en la tradición del continente, tanto en los temas como en el estilo. La escritora marfileña ha sido una de las divulgadoras más eficientes de esa tradición narrativa. En este caso, las reseñas hablan de un relato que se desarrolla durante la crisis del ébola y que despliega las historias de todos los protagonistas de semejante reto para la humanidad. Todo bajo las sombra de la sabiduría del baobab.

De la misma manera no perdemos la esperanza de que alguna editorial apueste por traducir al novelista, ensayista y poeta chadiano Nimrod. En octubre, Actes Sud publicará Gens de brume. A través de un estilo y un lenguaje en el que fluyen versos y prosa, Nimrod evoca los tiempos de su infancia, pero, sobre todo, constituye una voz tan especial que los lectores hispanohablantes no pueden seguir prescindiendo de ella.

Mabanckou leyendo uno de los pasajes de su novela, Petit Piment, recién traducida al inglés / Foto: Iván González

Sin embargo, no todos son castillos de arena. Afortunadamente, la vuelta al cole de las letras africanas también se lee en español. Alain Mabanckou es uno de los escritores más reconocidos de la esfera francófona. Durante años se ha fraguado un nombre a fuerza de proponer una narración innovadora y personalisima. Pero una vez conquistado ese espacio de la industria literaria, Mabanckou no ha bajado los brazos. De hecho, procedente de Congo-Brazzaville, el novelista se ha destacado especialmente en los últimos años por su militancia, por su combate para devolver la dignidad a la literatura de autores africanos, por su esfuerzo para construir un futuro esperanzador e inspirador para el continente y por su lucha denodada contra las dictaduras.

Los libros de la Catarata nos ofrece El llanto del hombre negro. Alain Mabanckou construye un ensayo muy lejos de ser complaciente, antes al contrario propone un discurso provocador sobre la identidad africana y es provocadora porque cuestiona de la misma manera los estereotipos como discurso victimista. Sin duda, este trabajo se une al de otros autores africanos que poco a poco van edificando un discurso que desarma completamente los pilares de la narrativa que marca la visión que el norte global tiene del continente africano.

Jalada Mobile y la importancia del libro para el desarrollo

El pasado mes de marzo una caravana partió desde Nairobi con la misión de celebrar la diversidad cultural del este de África. Jalada Mobile Literary and Arts Festival fue un festival itinerante que recorrió cinco países (Kenia, Uganda, Ruanda, Tanzania y la República Democrática del Congo) y puso en marcha la futura conquista del espacio creativo africano. El equipo de Jalada, un colectivo panafricano de escritores, estaba detrás de esta idea cuya misión fue la de fomentar “una polinización cultural entre organizaciones, grupos y creadores en la región para llegar a nuevas audiencias”, como explicó Richard Odour Oduku durante la pasada edición del festival literario londinense Africa Writes.

Tras el lanzamiento de Translation Issue: Volume 1, Jalada quiso ahondar en la multiplicidad de las culturas africanas y promocionar la creatividad en un movimiento basado en la colaboración. “Jalada Mobile no podía ser algo realizado exclusivamente por nosotros ya que traicionaría el motivo por el que lo hicimos. Si celebramos la diversidad cultural de una región hay que incluir a las comunidades y olvidarse de las individualidades. Cuanto más gente se reúna, mejor”, dice el coordinador del festival, Richard Odour Oduku, a Wiriko.

En cada una de las doce paradas, el equipo buscó contactos con instituciones culturales locales para estudiar cómo sacar adelante un sector que apenas cuenta con ayudas públicas. Uno de los eventos más exitosos y que también se explicó durante el Africa Writes fue la colaboración con Huza Press en Kigali. En la capital de Ruanda se organizó un taller poético para refugiados burundeses y cuyo resultado verá la luz en forma de antología el próximo octubre en Jalada con el nombre de Mi Canción por Burundi.

La consolidación de estos vínculos creativos en el este de África no sólo incluye las grandes ciudades. La productora del festival, Wanjeri Gakuru, también se une a la conversación para resaltar que la caravana se centró en las zonas rurales y visitas a escuelas para otorgar a los más jóvenes “un espacio en el que puedan expresarse”. “No hemos ido a imponer una idea, simplemente a sugerirla e intentar prender su imaginación. No es que tengan que convertirse en escritores pero debe saber que hay una posibilidad para que puedan ser artistas, para que creen y que entiendan la producción creativa en sus propias lenguas”, dice Gakuru.

Conferencia sobre Jalada Mobile durante la pasada edición de Africa Writes / Foto: Iván González

Para Jalada Mobile, la concienciación de la diversidad cultural del continente africano tiene al libro como pieza clave en su aspiración al desarrollo. Quizás suene romántico e incluso utópico pero tanto Oduku como Gakuru desgranan cómo un libro es “una visión del mundo que nos modela”.

La literatura es una manera de crear conocimiento y una herramienta para hacer que los jóvenes tomen conciencia de su creatividad. La lógica parece clara: dar acceso al conocimiento, los libros, lleva a los lectores a querer compartir sus experiencias. Esto genera directamente un incentivo para fomentar la creatividad que va ligado a un incremento de la tolerancia. Pero muy pocas instituciones gubernamentales del continente están apostando por la creación de conocimiento como reconoce Richard Odour Oduku. Por ello, son los colectivos como Jalada los que emprenden proyectos colaborativos para reclamar el espacio creativo de manera persistente.

Jalada Mobile es fruto de esa manera de trabajar conjuntamente y reclamar la escena cultural del este de África. “Quizás la mayor responsabilidad de un escritor sea la de aportar libros para que el deseo de leer se expanda. Que la gente lo pueda pagar o no es otra discusión pero el acceso a los libros es la única forma de nutrir este ecosistema. Un libro es el inicio de una conversación y si como Jalada hacemos que la gente se enganche a la lectura, hemos conseguido nuestro objetivo”, explica Oduku.

El festival itinerante sembró la semilla en muchos jóvenes que vieron cómo la caravana llegó a sus colegios para animar a la gente a leer. Pero “no nos planteamos que todo el mundo sea escritor sino hacer que los adolescentes piensen”, reflexiona Gakuru. “Hay que hacer que se conviertan en lectores”, apunta Oduku. Y continua: “Los libros hacen que la vida valga la pena. Es en la literatura donde se encuentra lo que otros experimentan y aquellos que tienen acceso a ella pueden manejar mejor su existencia. Al fin y al cabo lo que llamamos vida son retazos de otras que hemos tomado prestadas a partir de los libros”

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival literario Africa Writes.

Africa Writes: Londres se rinde a la literatura africana

Africa Writes, el festival literario organizado por la Royal African Society, vuelve este finde semana a Londres. La British Library es de nuevo el punto de encuentro para descubrir las últimas voces y tendencias de la escena literaria africana y en la diáspora.

En esta ocasión es el escritor congolés Alain Mabanckou quien lidera la programación de esta sexta edición y comenta que “la literatura africana es en la actualidad el espacio en el que los africanos puede hablar en el nombre de África y otros africanos”. El autor de títulos como Mañana cumpliré 20 años o African Psycho, se presenta en la capital londinense tras la reciente traducción al inglés de su última novela Black Moses y charlará con los presentes en un coloquio sobre lenguaje, estilo y política. Mabanckou, una de las principales influencias en la literatura francófona, es el gran aliciente de un evento que en otros años ha incluido nombres como Chimamanda Ngozi Adichie, Ngũgĩ wa Thiong’o o Nawal El Saadawi.

El cartel también cuenta con la participación del colectivo Jalada que se ha convertido en una de las referencias literarias del continente y cuyo objetivo es el de “tener un foro panafricano que permitiese a los autores apoyarse entre sí, mediante la autoedición y la autopublicación y que fuese un espacio libre y accesible”.

La jornada del sábado se cierra con varias actuaciones donde la narración es la protagonista. Mara Menzies y Maimouna Jallow han adaptado dos obras para contar sueños y engaños. Menzies se basa en el cuento Yoruba sobre el valor de la justicia y la verdad mientras que Jallow versiona la novela The Secret Lives of Baba Segi’s Wives de la nigeriana Lola Shoneyin para reimaginar textos contemporáneos a través de la tradición oral. Los creadores del podcast Mostly Lit traerán un programa en directo enfocado en “cómo escribir sobre lo negro” y en la mañana del domingo se rendirá homenaje a la escritora nigeriana Buchi Emecheta que falleció el pasado mes de febrero.

African Writes mantiene la tradición un año más de reunir a los nominados al Premio Caine y será de nuevo el escenario de acogida de varios lanzamientos. El nigeriano Helon Habila presenta su recién publicado The Chibok Girls, un trabajo en el que profundiza en el rapto de las 276 niñas en abril de 2014 en Chibok, al norte de Nigeria. Por su parte JJ Bola trae su obra novel No Place to Call Home, una historia de pertenencia, identidad e inmigración y Olumide Popoola saca a relucir los estereotipos ligados a los hombres homosexuales negros, el desafío de asentarse en la diáspora y la intolerancia racial en la Londres actual con When We Speak of Nothing.

Charlas, talleres, debates, mesas redondas y presentaciones se alternan durante todo el fin de semana en las instalaciones de la British Library que además contará con una feria del libro africano. La Royal African Society se ha esforzado otra vez más para atraer a escritores, editores, académicos y activistas del continente y crear un evento que se ha consolidado como una de las citas imprescindibles de la literatura africana. Wiriko está presente en el festival como medio oficial y os ofrecerá toda la información.

Un espectaculo de Maimouna Jallow.

Una caravana africana de obras y escritores

Un cuentacuentos, una slammer (poesía declamada) y ocho escritores parecen una interesante representación de la actividad literaria y una muestra bastante representativa de una diversidad de manifestaciones en las que se encuentran los géneros más tradicionales y los más innovadores, los que beben de la tradición oral y los que la están constantemente repensando. Este abigarrado grupo ha formado una caravana que ha recorrido cinco ciudades togolesas acercando la cultura a algunas localidades periféricas que habitualmente no tienen acceso a la actividad literaria.

Foto1. jpg: Los preparativos de la caravana para iniciar la ruta por la carretera. Foto: Doh Kokou para la Délégation de l’Union Européenne au Togo.

620 kilómetros separan Dapaong, en el norte de Togo, y Lomé, capital del país situada en el extremo sur, ya en la costa del Golfo de Guinea. Esos 620 kilómetros transcurren por la NI, la principal carretera que hilvana de norte a sur uno de los países más pequeños del continente africano. Ese ha sido el itinerario recorrido durante una semana por esos 10 literatos, todos ellos togoleses, que trataban de acercar las letras a escenarios que están fuera de los circuitos habituales. Las ciudades que incluía el camino de esta comitiva son cinco de las seis urbes más pobladas del país y, sin embargo, solo Lomé supera ampliamente los 100.000 habitantes, con 1.750.000 almas. Dos de ellas están ligeramente por encima de ese rango: Sokodé (115.000) y Kara (110.000); Atakpamé tiene 85.000 habitantes; y Dapaong apenas está por encima de los 50.000 vecinos.

Las actividades de la campaña se han desarrollado en universidades, institutos y diversos centros educativos, pero también en espacios más inusuales. Los literatos se encontraron con los reclusos de un centro penitenciario en Dapaong y con los jóvenes de un centro de ocio en Kara. Todo para bajar la literatura de un pretendido pedestal.

Kangni Alem es uno de los escritores togoleses con más proyección internacional, uno de los autores que han participado en la caravana y también el director artístico del Festival literario Filbleu. Alem hace una interpretación muy simple de lo que suponía para los literatos participar en esta iniciativa. “Los encuentros físicos permiten a los escritores discutir sobre sus obras con sus lectores reales o con los potenciales para descubrir cuáles son los inconvenientes para la recepción de sus obras literarias”, explica el escritor que ha recibido, entre otros, el Grand Prix Littéraire d’Afrique Noire.

La fórmula de la caravana no solo divulga las producciones literarias togolesas, sino que además compone una receta que demuestra a los receptores que la literatura es atractiva. Las claves de esa pócima están formadas por el valor seguro de los cuentos tradicionales que representaba Bessan; el magnetismo de la poesía declamada contemporánea de Wapondi, una poetisa que representa el vínculo entre los versos y la juventud; y un grupo de escritores de diferentes géneros, entre los que se contaban el propio Alem y, por ejemplo, Sami Tchak. Posiblemente, Tchak es el escritor togolés más conocido fuera de las fronteras del país.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

El libro que atraviese las fronteras africanas será digital

• Bahati Books es un sello editorial que demuestra cómo los nativos digitales están revolucionando la industria editorial

Apenas un puñado de autores africanos están invitados a la mesa de las grandes estrellas de la literatura universal. El sector editorial mundial sigue teniendo su centro de gravedad en el Norte global y eso condiciona considerablemente los autores que tienen acceso a la publicación y los que acaban siendo referentes de los lectores. Sin embargo, el entorno digital ha llegado para desequilibrar la situación y para introducir nuevas variables. Los pequeños proyectos editoriales, de pronto, tienen mucho más que decir. Bahati Books es un ejemplo de cómo están cambiando las cosas, de cómo los nuevos modelos pueden traer vientos de cambio.

Mosaico de publicaciones de Bahati Books

Habitualmente la industria editorial se ha enfrentado a una serie de problemas aparentemente insalvables en África. Siempre se ha hablado de los elevados costes de producción y de los inasumibles precios de transporte, que se suman a un arraigado desinterés por el libro como objeto en culturas marcadas por la tradición oral. A pesar de esos inconvenientes Barbara Njau, una joven de origen keniano, y Kudakwashe Kamupira, nacida en Zimbabue, se embarcaron en 2015 en la creación de una nueva editorial, un nuevo sello que además renovaba el concepto de la edición de libros. Bahati Books fue la apuesta de estas dos jóvenes emprendedoras que se habían conocido en Londres. Era una editorial de libros exclusivamente digitales escritos por autores africanos y destinados a los lectores igualmente africanos, pero también a cualquiera que esté dispuesto a descubrir una literatura diversa y alejada de los estereotipos.

A pesar de que una nueva editorial no responda aparentemente a la idea de una empresa con proyección en el modelo industrial y comercial actual, Bahati Books recibió pronto la atención de foros de innovación empresarial. Fue considerada “mejor start-up” del programa de aceleración empresarial IDEA London y recibieron también el reconocimiento del programa de apoyo a las nuevas empresas del King’s College de Londres. “Nuestra intención cuando creamos Bahati Books era cambiar la narrativa sobre África”, explica una de las fundadoras, Barbara Njau, “porque las narraciones tienen mucho poder a la hora de determinar cómo nos vemos y las narrativas dominantes sobre África, sobre todo las de la mayor parte de los best sellers, se centran en las historias negativas”. “Pocas personas piensan en thrillers o en historias de ciencia ficción, cuando se habla de literatura africana. La asocian fácilmente con novelas de guerra o pobreza basadas en África. Por eso creemos que hacía falta una plataforma para diversificar las historias sobre África y para ofrecer a los lectores la experiencia de lo no contado sobre el continente. Además, damos a los autores la posibilidad de que su novela se publique en formato digital y lleguen a mucha más gente”, concluye Njau.

Las fundadoras de Bahati Books, Barbara Njau, a la izquierda, y Kudakwashe Kamupira, a la derecha. Fuente: BAHATI BOOKS

Las impulsoras de Bahati Books se han metido de lleno en el mundo editorial, un mundo al que tienen muchas críticas que hacer. La primera es que la mayor parte de los editores tradicionales “pasan por alto”, según sus propias palabras, a esos escritores a los que la editorial digital ha abierto una puerta. Otra de esas críticas es que “para muchos editores, una novela romántica ambientada en África no es tan sexy como un cuento sobre la pobreza de un niño africano”. Lo que Bahati hace, publicar historias que no necesariamente encajan con el esquema que se le supone a la literatura africana, todavía es nadar contra corriente y Njau y Kamupira son conscientes. Sin embargo, ellas consideran que Bahati Book es la muestra de un cambio creciente en el mundo de la literatura, de un movimiento “interesado en ver África bajo una luz diferente”. Este “movimiento”, como los consideran estas emprendedoras, moviliza a editores que abren nuevos caminos; a escritores que hacer que los lectores puedan identificarse en sus historias, algo que no siempre había ocurrido; y a lectores no africanos que cada vez están más interesados en leer cuentos africanos de diferentes géneros, según la propia experiencia de la editorial.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Cinco escritoras africanas renovadoras

Leonora Miano huye explícitamente de la consideración de “feminista”, mientras que Chimamanda Ngozi Adichie nos recuerda que “todos deberíamos ser feministas”. Es cierto que la primera de ellas, reniega del feminismo sólo desde una dimensión terminológica. “Si el feminismo consiste en hacer valer los derechos de una categoría ultrajada, ni que decir tiene que lo suscribo”, matiza Miano, que lo que rechaza es el término como una simple etiqueta que limita y constriñe. Adichie por su parte abandera un feminismo renovador, fuera de lo común, alegre y, al menos, formalmente despreocupado. En este 8 de marzo, recordamos cinco escritoras africanas. Pretenden ser sólo cinco ejemplos (muy pocos) de todo un universo de escritoras. Son un pequeño combate contra la invisibilización.

Léonora Miano

Se ha convertido en un tiempo casi récord, en una referencia de las letras en el ámbito de habla francesa y en un valor en alza a escala global. En las conferencias en las que desgrana los principios de su escritura, esta novelista camerunesa rechaza la mayor parte de las categorías que se le atribuirían de manera habitual. Su negación de etiquetas como la de literatura africana y la de literatura feminista tiene que ver con la perniciosa capacidad que estos compartimentos tienen para poner límites. Por eso, Miano se levanta contra las construcciones sociales de género, las que atribuyen características, comportamientos y habilidades concretas a hombres y mujeres, sólo en atención a su sexo.

Más que esas etiquetas compresivas, a la novelista le gusta traspasar líneas, sobre todo, las del pensamiento. Por ese motivo, construye personajes que cuestionan frontalmente los estereotipos. En sus historias, los hombres están cargados de rasgos que se atribuiría habitualmente a las mujeres y viceversa. Miano comenta divertida estos ejercicios, pero no como un puro juego, sino como una práctica de aproximación a la realidad, en la que las categorías no son cajones herméticos.

Chimamanda Ngozi Adichie

Quizá no valdría la pena mencionar a la que probablemente es la novelista de origen africano más popular actualmente. Si a una escritora de origen africano no afecta la invisibilización, seguramente es a esta autora nigeriana. Sin embargo, si se habla de mujeres escritoras se ha demostrado en los últimos años que Adichie tiene un magnetismo especial que ayuda a poner los puntos sobre las íes sin discusión. Habitualmente sus novelas están protagonizadas por mujeres. Mujeres de carne y hueso que se enfrentan a profundas contradicciones y que proyectan la vida real de cada uno de los sectores a los que pertenecen (el matiz es importante, un solo personaje no puede ser la representación de todo un género y, en ocasiones, se ha acusado a la novelista de ser parcial en su dibujo de la mujer).

Sin embargo, entre novela y novela, Adichie ha vuelto en los últimos tiempos a encontrar momentos para hacer otra cosa que le ha servido para acercarse especialmente a su público. Las charlas convertidas en virales, comprometidas e inspiradoras, están en la base de su popularidad en el Norte global. Y, últimamente, ha unido a sus apariciones públicas, algunas actividades en redes sociales. Así se ha ocupado de lanzar una idea del feminismo fresca, renovadora, desacomplejada y poco dogmática. En la misma línea, Adichie ha hecho un alegato de una maternidad satisfactoria pero no idealizada y, sobre todo, que no implica el sometimiento de las madres. Esta reflexión pronto estará disponible en español.

Buchi Emecheta

No tendría sentido hablar de mujeres escritoras en el marco del 8 de marzo y pasar por alto a Buchi Emecheta. La autora nigeriana recientemente desaparecida ha sido para muchas personas la puerta de entrada a una concepción del feminismo que iba más allá de la visión occidental. Emecheta demostró a muchas mujeres y a muchos hombres que se puede vivir el feminismo de muchas maneras diferentes y que sólo está equivocado quien pretende que la suya no sólo la mejor, la auténtica y la genuina, sino también la única.

De nuevo, Emecheta cuestionó su inclusión en el movimiento feminista, pero lo hizo, como ya hemos señalado en el caso de Miano, sobre todo por una cuestión terminológica. Cuando ella se resistió a ser enclaustrada en esta categoría consideraba que la etiqueta no reflejaba su experiencia de la vida en femenino, por eso aseguraba que ella lo que era, era en realidad una mujer, a secas. Sin embargo, después de sus aportaciones, seguramente, muchas más personas han podido verse reflejadas en el concepto, porque a través de sus novelas lo extendió. Emecheta aportó al pensamiento y a la vida feminista un nuevo enfoque sobre la vida y la actividad de las mujeres, sobre la maternidad y la crianza. Un enfoque genuinamente cocinado en la tradición de diversas sociedades africanas y conceptualizado en su contacto con las sociedades occidentales.

Edwige Renée Dro

La escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Forma parte de una joven generación de escritores y escritoras de diferentes países africanos que se han abierto paso a machete en el difícil mundo de la industria editorial. En su caso, esta autora marfileña ha desbrozado el camino a golpe de relato corto. Relatos que le llevaron a estar incluida en una selecta lista de los 39 autores africanos de menos de 40 años más prometedores. Su aparición en la antología Africa39 es sólo un hito y no sería justo reducir su carrera a ese episodio, pero sin duda ha sido el que le ha permitido darse a conocer de una manera más global.

Edwige ha empleado una segunda vía para construir su camino y una vía, precisamente, todavía poco extendida entre sus compañeros y compañeras de “profesión”. La escritora marfileña ha convertido las redes sociales en sus aliadas, por un lado, para compartir sus trabajos, pero también en una dimensión de su vida más amplia. Edwige Renée Dro no concibe su escritura alejada de su militancia y, en ese sentido, sus tuits, por ejemplo, transmiten inquietudes y experiencias, pero también esa visión del mundo que tan profundamente marca su escritura.

Warsan Shire

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

Ha roto con casi todos los estereotipos. Nacida en Kenia, de padres somalíes pero residente en Londres, esta jovencísima poeta ya se ha hecho con todos los premios imaginables, pero no sólo eso, su popularidad se ha disparado de una manera absolutamente fuera de lo normal, para una poetisa de la diáspora somalí en Reino Unido. Sus poemas forman la columna vertebral del último videoalbum de Beyoncé Lemonade. Fue aparecer en los créditos del trabajo de la cantante estadounidense y ser buscada por todos lados. Antes, Shire se había destacado como una poetisa irreverente, y quizá por ello los críticos dicen que el álbum de Beyoncé es el más social y comprometido de su carrera.

A pesar de haber vivido casi toda su vida en Londres, Warsan Shire reconoce que le ha influido mucho más su vida como refugiada y que bebe de la tradición de sus padres. No se puede pasar por alto la importancia que tiene en la sociedad somalí la poesía, aunque la de Shire, sin duda, es otra cosa. La joven poetisa habla de las inquietudes femeninas, del sexo y de la intimidad, de la relación con la madre, del desarraigo y de la religión. De todo y siempre sin impedimentos, en ocasiones casi de manera atropellada. Uno de los poemas que más había trascendido de Shire, era For Women Who Are Difficult to Love (Para mujeres que son difíciles de amar), que a pesar de su delicadeza transmite un mensaje crudo y una reivindicación radical de la necesidad de independencia femenina. Curiosamente, cuando se habló en esta sección de esta poetisa, se dijo que “es un poema que bien podría haber sido un himno o, cuando menos, una firme declaración de intenciones”. Al parecer, Beyoncé se ha encargado de convertir esos versos en el himno que estaban llamados a ser. Warsan Shire está trabajando en un nuevo libro de poesías que podría ver la luz en breve.

Literatura no limits

Se han decidido a hacer caer todas las barreras, a eliminar los límites de la literatura. Continúan avanzando en un ambicioso e involuntario objetivo que ni siquiera se han planteado formalmente. El colectivo de escritores Jalada sigue avanzando, sigue en movimiento y lo demuestra especialmente con su última propuesta un festival literario itinerante a medio camino entre un festival al uso, un bibliobús y una gira artística. Los miembros del colectivo no sólo visitan doce ciudades en cinco países de África Oriental, sino que han previsto para cada una de esas paradas una programación específica, en un alarde de creatividad, también en el diseño de los eventos.

Imagen promocional del festival. Fuente: Jalada

Primero hicieron caer las fronteras y edificaron un colectivo de escritores y escritoras panafricano como nunca había existido antes, con autores de cinco nacionalidades (Kenia, Uganda, Zimbabue, Nigeria, Sudáfrica) en el núcleo inicial. Esa diversidad de procedencias ha ido aumentando a medida que aumentaban también los miembros de esta conspiración literaria continental. En ese derribo de fronteras acabaron incluso con una barrera más alta que las de los estados y es la de los antiguos ámbitos coloniales. Jalada ha conseguido acercar a escritores de países con pasado anglófono con otros procedentes del antiguo ámbito francófono.

Después superaron los límites temáticos. Las líneas rojas, como ha comentado alguna vez Sonia Fernández, la autora de Literafricas, que les aparecen a la mayor parte de los autores africanos y que les marcan los temas sobre los que se espera que hablen. Y, sobre todo, esas líneas rojas marcan los temas sobre los que un autor africano no debería hablar. De nuevo, demoler las convenciones fue apenas un pasatiempo para este colectivo. Se presentaron en sociedad y se han ido haciendo con un nombre a fuerza de construir antologías de relatos sobre temas que nadie habría sospechado antes o, al menos, por los que muy pocos editores habían apostado hasta ahora. Han hablado, sin tapujos y sin complejos, sobre erotismo y también sobre afrofuturismo, por ejemplo.

Luego, acabaron con los límites culturales. Esa enorme riqueza cultural que alberga el continente, su diversidad, se ha interpretado, en ocasiones como una dificultad añadida para la difusión, por ejemplo, de la literatura. Jalada se ha puesto delante de esta valoración y simplemente la ha sobrepasado. Cogieron “Ituĩka Rĩa Mũrũngarũ: Kana Kĩrĩa Gĩtũmaga Andũ Mathiĩ Marũngiĩ”, un relato original del keniano Ngũgĩ wa Thiong’o y publicaron una antología en la que traducían esta historia a 32 lenguas africanas (incluidas las antiguas lenguas de las metrópolis coloniales) y abrieron la puerta a continuar aumentando la lista le lenguas.

Finalmente han terminado de menospreciar los límites de los géneros ideando un poco ortodoxo festival literario itinerante. Jalada Mobile Festival es la primera edición de esta propuesta que durante un mes viajará por doce ciudades de cinco países de África del Este. Empezando por la capital de Kenia, Nairobi, se desplazarán a Nakuru y Kisumu, antes de cruzar la frontera de Uganda para instalarse dos días en Kampala y de allí a Kabale. Abandonarán después Uganda y cruzarán a la República Democrática del Congo para detenerse en Goma. Su siguiente parada está en la capital ruandesa, en Kigali. Y, a partir de ahí, comienzan el periplo tanzano que llevará al festival a visitar Mwanza, Arusha, Dar Es Salam y Zanzibar, para regresar a Kenia en la última estación, en Mombasa.

Para cada una de esas paradas, los miembros de Jalada han previsto un programa de actividades diferente que incluyen debates sobre los temas inusuales en esos foros, que realmente son los que interesan a esa nueva generación de creadores. Se discutirá sobre asuntos tan diversos como el papel de algunos medios de comunicación en la construcción de la sociedad, como es el caso de la radio; o algunas formas de cultura tradicional, con un especial interés sobre la tradición oral y su influencia en las formas literarias más actuales; se analizarán las nuevas fronteras de la literatura y algunos mitos y leyendas; se debatirá sobre las organizaciones y los colectivos que han sostenido en los momentos más difíciles la escritura y la lectura como formas de transformación e, incluso, de rebeldía. Son sólo algunos de los temas propuestos, entre los que no se ha olvidado, evidentemente, la cuestión de las lenguas nacionales.

Pero también se proyecta esa diversidad en las actividades paralelas que acompañan en cada estación a los debates y las conferencias. Si en Nairobi se ha previsto un catálogo de todas las posibles intersecciones entre la poesía y la cultura urbana, en Kigali se proyectará una nueva dimensión de la antología que Jalada publicó sobre sexo, sensualidad e intimidad a través de la danza. En todo caso, la palabra hablada será la inevitable protagonista de estas actividades que pondrán de manifiesto como un mismo fenómeno y una misma experiencia se materializa de forma diferente cuando se funde con la cultura local. Si la poesía urbana tiene un sabor especial en Dar Es Salam, propio de la tradición árabe y en Kampala, la particularidad viene del nacimiento del hiphop en las iglesias evangélicas.

En fin, toda una nueva muestra de diversidad que Jalada vuelve a poner de manifiesto en su proceso de redefinición de las líneas de la literatura, unas líneas que nunca son fronteras.

Dakar al desnudo

Después de un periodo fuera de los kioskos, la revista Altaïr se reinventó, se reconstruyó y volvió al papel. Empecinados y en contra de todos los análisis y todos los consejos, los responsables de la publicación no han podido superar la adicción a la tinta que a ellos les hace caminar por el filo de la navaja y que a los lectores nos abre ventanas que dan a realidades fascinantes. Cerdeña fue su destino de apertura, pero Pere Ortín, el director de la revista, no se resistió demasiado. El segundo número de Altaïr Magazine ha sido “Dakar. Capital de una África diferente”. El segundo número de Altaïr Magazine es una auténtica disección de Dakar, un recorrido por la ciudad, por la capital de Senegal, que se adentra en todos los rincones de la urbe.

Ilustración de la portada del número de Altaïr Magazine sobre “Dakar. Capital de un África diferente”. Collage de Mario Trigo, a partir de fotos de Mamadou Gomis.

Crónica 360º, le llaman. Es, más bien, un periodismo que abre en canal la realidad. Y en eso tiene que ver, sin duda, la filosofía de la revista, pero también las firmas de este número de 200 páginas. Los responsables de la publicación han conseguido que algunos de los más profundos conocedores de la ciudad se conviertan en cicerones de los lectores. La nómina combina plumas destacadas como Boubacar Boris Diop, Massamba Guèye o Ken Bugul; con expertos como Daouda Cissé o Oumar Ndao; periodistas como Abdou Khadre Gaye o Moustapha Diop; y con blogueros como Cheikh Fall y Ken Aicha Sy. Todo el número está, en realidad, atravesado por dos líneas muy claras (tres, si contamos el toque inconfundible del director, Pere Ortín), en lo literario, Boubacar Boris Diop marca profundamente el enfoque; en lo visual, el fotógrafo Mamadou Gomis, autor de la mayor parte de las imágenes, determina inequívocamente el aspecto del dosier.

Portada del segundo número de Altaïr Magazine.

Esta radiografía de Dakar, que mira a la ciudad del derecho y del revés, se cuela en los recovecos de una urbe de la que el propio Pere Ortín asegura que es “un caos con apariencia armónica, atractivo y cruel” en el que “no es necesario soñar, solo hay que abrir bien los ojos”. Que nadie espere nada que se parezca a una guía de viaje, porque este homenaje de 360º a la capital del África Occidental es más bien un inventario de los lugares imperdibles de la ciudad, de las historias ocultas y de las dinámicas sociales que puede permitir exprimir al máximo el clima de las calles de la península de Cap Vert.

Este número de Altaïr Magazine es como uno de esos libros pop up, en los que se abren ventanas y puertas que muestras paisajes y escenas; o en los que al pasar una página se despliega un escenario en tres dimensiones. Cada uno de esos artículos es uno de esos elementos. El mosaico de la ciudad se compone con piezas que ofrecen visiones parciales, pueden ser las visiones nostálgicas de unos, las compilaciones de espacios de otros; pueden ser las descripciones históricas o los análisis sociológicos; puede ser la descripción del Dakar más creativo o el de la efervescencia social; puede ser el enfoque literario o el gastronómico. Cada uno de ellos da una clave y, sobre todo, en cada uno de ellos se abren un sinfín de pequeñas puertas que hay que ir descubriendo.

DAKAR 360º – ALTAÏR MAGAZINE from ALTAÏR on Vimeo.

Boubacar Boris Diop nos descubre la figura de Yaadikone Ndiaye “un forajido mítico que desafiaba el orden colonial, desplumando a los ricos para dar de comer a los pobres”. Diop explica como ese bandolero abría de noche las puertas de los cines de su querida Medina, para que los niños del barrio pudiesen acceder. Oumar Ndao en su repaso por los barrios de la ciudad, nos descubre el nacimiento de la mítica orquesta Super Diamono, en Mermoz; nos monta en un car rapide (el medio de transporte colectivo más popular de Dakar), según él, un “resumen humorístico de lo que no son”, porque no son coches y no son rápidos; describe la aparición del primer bar clandestino en Ouakam; o las moradas de los genios protectores de la ciudad a los que los lebus siguen rindiendo culto para pedir sus favores; e incluso, nos descubre a algunos de los “locos” de la ciudad, esos personajes carismáticos y fundamentalmente rodeados de misterio que marcan el paso de la vida cotidiana y nunca aparecen en crónicas, ni historias oficiales. Daouda Cissé nos abre las puertas desconocidas de los comerciantes chinos del barrio de Centenaire, analizando las relaciones de la capital senegalesa con el gigante asiático.

Fotografía de Mamadou Gomis, contenida en el número de Altaïr Magazine sobre Dakar.

“Hoy ha sido un día muy parecido a muchos otros. De nuevo los artistas de la capital senegalesa me han impresionado, sorprendido, conmovido y hecho sonreír”, escribe la bloguera cultural Ken Aicha Sy en su particular repaso por la efervescencia artística de la ciudad. Su aportación se suma a la de Keba Danso, sobre su iniciativa Ciné Banlieu que trata de acercar el cine a todo el mundo. En la misma línea cultural se inscribe una de las contribuciones con más calado del volumen. El análisis literario, ideológico y filosófico en el que Boubacar Boris Diop coloca a Cheikh Anta Diop frente a Léopold Sédar Senghor con perspectiva y sin maniqueísmos. “Mi generación combatió a Senghor e incluso pretendimos odiarlo. Posiblemente sentíamos un insólito afecto por él”, llega a escribir Diop.

Pero también hay espacio para una crónica social más ligera, como el recorrido de Cheikh Fall por la vida del taxi de la capital. El joven bloguero conocido por su activismo se viste de costumbrismo en este caso para explicar algunas de las anécdotas que un viajero puede escuchar en los coches amarillos y negros que recorren la ciudad. Salimata Wade ofrece un recorrido gastronómico y se mete en las ollas de Dakar. “Dakar es a día de hoy un concentrado de fragmentos y reflejos de humanidad, continentes, idiomas, culturas, arquitecturas, gustos, sabores”, adelanta Wade antes de meterse en harina.

La afamada escritora Ken Bugul visita uno de los espacios más emblemáticos, simbólicos y desconocidos de Dakar, la Gare de Dakar. El ferrocarril fue clave durante la colonización, la línea ferroviaria de Dakar a Bamako era el nexo de unión entre los diferentes intereses de la metrópoli francesa. Sin embargo, el medio de transporte que dejó algunas infraestructuras emblemáticas fue, poco a poco, cayendo en el olvido y la línea más importante dejó de funcionar en 2010. La escritora senegalesa evoca sus recuerdos de este espacio y de la nostalgia del ferrocarril.

Éstas son sólo algunas de las piezas del mosaico en 360º que ofrece Altaïr Magazine. La radiografía, la disección de la ciudad, acerca a los lectores a un enorme nivel de familiaridad. Este dosier especial descubre la realidad de una ciudad a la que seguramente muchos lectores disfrutarán asomándose.

Pensar y repensar el África de mañana

Hace ya años que Abdoulaye Wade, el primer presidente senegalés del S.XXI rescató y se apropió de la idea de la Renaissance Africaine. La reformuló como una corriente que liberaría el continente de las ataduras heredadas de la colonización. Al final, su idea de la Renaissance resultó ser, únicamente, un mastodonte de más de cincuenta metros de alto que se erige sobre una colina de Ouakam, en Dakar. Su construcción costó 23 millones de euros. Era la muestra de lo que suponía para Wade la idea del renacimiento africano. Pura megalomanía. Emergía de las élites políticas, un sector demasiado hipotecado para poder comandar la liberación.

Les Ateliers de la Pensée

Les Ateliers de la Pensée

Curiosamente ahora, resurge una idea muy similar, en el mismo lugar en el que se abortó ese renacimiento, pero lanzada desde un escenario bien diferente, el de los pensadores, los filósofos, los historiadores… y los escritores. Los hombres y mujeres que construyen, pero no monumentos a su propia gloria, sino historias, ideas y argumentos. Los hombres y mujeres que construyen los cimientos de la sociedad, de una nueva sociedad. Esta vez, la materialización ha sido una serie de debates y sesiones de reflexión. Y es sólo el comienzo. Les Ateliers de la Pensée, que se han celebrado desde el 28 al 31 de octubre, entre Dakar y Saint Louis, la capital senegalesa y la antigua capital del África Occidental Francesa, son sólo el comienzo.

afrotopia-felwine-sarr-anne-et-arnaudDetrás de esta idea están Achille Mbembe y Felwine Sarr. El primero, Mbembe, es un clásico, camerunés, considerado uno los baluartes del pensamiento crítico africano, sistemáticamente empeñado en cargar de razones las voluntades emancipadoras, las mentes y los espíritus convencidos de que el continente todavía está por descolonizar. El segundo, Sarr, es una de las últimas sensaciones de ese mismo pensamiento crítico. El economista senegalés se ha convertido en un referente popular este mismo año, desde la publicación de su ensayo Afrotopia. Sarr cuestiona los parámetros del desarrollo y el subdesarrollo y propone nuevos marcos de referencia. Sarr preconiza que el bienestar africano ha de ser lo que quiera ser, en definitiva, la necesidad de romper unos lazos que ponen freno, no al desarrollo del continente, sino a la extensión de su bienestar. Un cambio de paradigma.

Recogiendo un testigo que llega desde más allá de las conferencias de Ngugi wa Thiong’o recogidas en Descolonizar la mente y demostrando la falacia del famoso discurso pronunciado por el expresidente francés Nicolás Sarkozy en Dakar, en el que negaba la entrada en la historia del continente africano, Les Ateliers de la Pensée proponen una nueva reflexión. El encuentro ha reunido a una veintena de expertos, filósofos y universitarios africanos para discutir sobre temas como la pervivencia de la herencia colonial, el papel del continente en el sistema mundo, la identidad, las lenguas e incluso el futuro de un planeta que enfrenta una deriva destructiva.

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Abarcar todo el volumen de contenido de un encuentro de estas características resulta una tarea ilusoria y sólo se puede confiar en que las aportaciones de todas esas mentes que piensan un África y un mundo diferente sean publicadas más antes que después. Sin embargo, desde esta sección se impone visibilizar la presencia, entre esta corriente renovadora, de algunas de las plumas más destacadas de las literaturas africanas, al menos, de la que podría enmarcarse en la esfera de influencia francófono. Entre la abrumadora lista de nombres y sin perder de vista que muchos de ellos pueden considerarse literatos, aparecen algunos nombres de escritores de ficción imbuidos por la necesidad de cambiar las reglas del juego que marcan la relación entre el continente africano y el norte global. Sólo por dar una idea de nómina de narradores se puede citar a Leonora Miano, Alain Mabanckou, Abdourahman Waberi y Sami Tchak.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

La escritora camerunesa Leonora Miano ha defendido sistemáticamente que el concepto de África más extendido es, en realidad, una construcción occidental y que los propios africanos han llegado a caer en esa trampa. Por ese motivo, la novelista se ha empeñado en derribar los estereotipos que sirven de armazón para esa construcción, al mismo tiempo, que trata de reconstruirla en base a experiencias más genuinamente africanas. Un ejemplo, de esta ingente labor es Volcaniques, une anthologie de plaisir, con el que da carpetazo a las visiones simplistas de la sensualidad que se vive en el continente. Miano acaba de publicar Crepuscule du tourment, un golpe a todo tipo de tabúes relacionado con la feminidad africana, desde la maternidad hasta la homosexualidad.

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou ha pronunciado este mismo año la conferencia “Lettres noires: des ténèbres à la Lumière” en el mismísimo Collège de France, en París. En pleno corazón del Hexágono, el congoleño Mabanckou recordó algunas de las vergüenzas de la explotación de África, desde los tiempos de la trata esclavista y los argumentos que sostienen el discurso racista de la inferioridad del africano. Recorrió las sombras de la literatura del continente, pero sobre todo sus luces, al menos, para poner de manifiesto que las hay y muchas. Mabanckou también promovió poco después un debate en el mismo escenario “Penser et écrire l’Afrique aujourd’hui”, una especie de prólogo de estos Ateliers de la Pensée en el que también estuvieron presente varios de participantes, incluido Achille Mbembe. El escritor congoleño, además se ha convertido en uno de los azotes de las dictaduras africanas, fundamentalmente, focalizando sus esfuerzos en las críticas del presidente de su país de origen, Denis Sassou-Nguesso.

waberiAbdourahman Waberi es una de las pocas voces yibutíes escuchadas internacionalmente y esa circunstancia le ha llevado a convertirse en un activista a favor de la democratización y en contra de personajes como el presidente de su país Ismaïl Omar Guelleh. En los últimos tiempos, Waberi ha formado tándem con el propio Mabanckou en la denuncia pública de los sátrapas africanos y en la reivindicación de una sociedad civil, una ciudadanía comprometida como único motor de las transformaciones necesarias para acabar con las desigualdades y como fundamento de unos nuevos sistemas más justos. En la bibliografía de Abdourahman Waberi aparece un título que, en el escenario del debate de Senegal, aparece como especialmente simbólico, Aux États-Unis d’Afrique. Los países africanos tienen la hegemonía mundial y son los europeos los que entran de manera clandestina en el continente negro. Resulta, cuando menos, un curioso ejercicio de empatía.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

El togolés Sami Tchak aparece como un escritor controvertido porque no ha tenido reparo en ubicar algunas de sus historias en las zonas más sombrías de la sociedad, ha hablado sin reparo de sexo, de la prostitución o de los bajos fondos y esa dimensión más efectista ha sido la que ha quedado para muchos. Sin embargo, a través de sus novelas, Tchak ha criticado el tratamiento que reserva Francia a los migrantes africanos, la corrupción o la historia de continente en su vaivén desde la época gloriosa de los grandes imperios hasta la predación de los regímenes actuales más carcomidos por los intereses particulares. El togolés ha reflexionado igualmente, tanto en ficción como en ensayos, sobre el papel de la literatura y de los escritores en los procesos de transformación social y en las grandes crisis.

A modo de torpe e insuficiente resumen, dos frases atribuidas en las redes sociales a los dos impulsores del encuentro, una de cada uno de ellos. Achille Mbembe: “Organizar el fin para que renazca el futuro determinará la reflexión filosófica y artística del siglo XXI”. Y Felwine Sarr: “Debemos reengendrarnos, recrearnos. El continente africano se está preparando, está en proceso de alumbramiento”.

FIRPI: Cambiar el mundo a través de la tradición

AfficheFIRPI_090616 “¡Leeboon!” Palabra mágica que acalla el bullicio polifónico de la sala. Es la hora de escuchar un cuento (en wolof, “leeb”). “Érase una vez un niño que vivía con su madre, y un día se fue muy lejos, a cazar. Regresó a su pueblo al cabo de varios días y se acostó porque era ya de noche. Pero por la mañana, cuando se levantó, seguía siendo de noche, y a medio día seguía siendo de noche, y por la tarde, seguía siendo de noche. El niño preguntó a su madre: – Mamá, ¿por qué no hay sol? Su madre le respondió: – Mientras estabas fuera, un dragón se comió el sol.” (El dragón que se comió el sol, editado por Malas Compañías, Ana Cristina Herreros, 2015).  Así comienza uno de los cuentos compartidos durante la 5ª edición del Festival del renacimiento del patrimonio cultural inmaterial (FIRPI), celebrado entre el 15 y el 16 de julio en Louga, una región del norte de Senegal de gran peso histórico cultural en el país. El festival, dirigido por Ngary Mbaye, gran contador de la región, – miembro también del festival de más larga trayectoria en Louga, el Festival de folklore y de percusión (FESFOP)-, no sólo ha reunido a narradores orales de Senegal y España, sino también a actores culturales de ambos países. Este intercambio ha sido posible gracias al apoyo de la asociación de Red Educativas Sin Fronteras (RESF), un colectivo de maestros, y personas afines a la educación, con alta presencia de Louga, las Islas Canarias, Palestina y el Sáhara, reunidos por la motivación de cambiar el mundo a través de la educación. Así lo destacaba una de las integrantes de este grupo, Ángeles Moreno, quien se incorporó a esta red, nacida en 2004, el curso pasado. “Si desde pequeños nos conocemos los unos a los otros, aprenderemos que todos somos iguales”, decía Moreno, quien terminaba sus discursos con una expresión senegalesa que resume la filosofía de esta red, “ñoo faar” (en wolof, estamos juntos). Añadía que de esta forma, se acabaría con la idea del desconocido, y así, del miedo a lo desconocido, estableciendo un diálogo, intercambiando reflexiones, imágenes, e imaginarios, donde no existan fronteras. Es esta precisamente la labor que lleva realizando la RESF durante más de una década. Para muchos de sus integrantes, este festival, precisamente sobre el renacimiento el patrimonio cultural inmaterial, ha supuesto un punto de inflexión en la red, una materialización de ese “sueño” de un mundo sin fronteras, caracterizado por el aprendizaje y el intercambio.

Dos niñas participan en el festival durante el pasado fin de semana. Foto: Estrella Sendra

Dos niñas participan en el festival durante el pasado fin de semana. Foto: Estrella Sendra

El festival se ha caracterizado por la alta calidad de sus espectáculos, de gran diversidad de registros, un homenaje a la memoria, la creación temporal de un espacio para otro tipo de aprendizaje, cuyas raíces se hallan en la oralidad. Esta riqueza artística, incluyendo danza, cocina tradicional, cuentos, juegos tradicionales, lucha tradicional canaria y senegalesa, ha sido capaz de paliar las fluctuaciones horarias, el factor de impredecibilidad en el programa, reflejo de la falta de apoyo institucional, una constante en el mundo de los festivales, más acentuada en las regiones rurales que en las capitales urbanas. Tan solo el ayuntamiento de Louga y el Consejo Departamental han destinado una cantidad simbólica a la financiación del festival, algo más de la Dirección del Patrimonio, y mayor la de Wallonie-Bruxelles, así como un gran apoyo logístico y disposición del Centro Cultural Regional de Louga, dirigido por Aby Faye, y del personal de Radio FESFOP y el propio FESFOP. Ha sido la participación presencial de RESF, con profesores de Louga, como Ahmadou Bâ, Malick Wade, Alioune Gueye e Ibrahima Sow, entre otros, así como miembros de la red de Canarias, con Gemma del Rosario, Ithaisa González, Laly Ramírez, Suso Méndez, Ángeles Moreno, Montse Lajas (bautizada en Louga como “la artista”) y Tony Frías. Muy especial mención merece la destacada participación de la contadora leonesa afincada en Madrid, Ana Cristina Herreros, la única contadora mujer de esta edición, compartiendo cuentos tradicionales, incluyendo una selección de los recopilados en la Baja Casamance, recientemente publicados por la editorial de la contadora, los libros de las Malas Compañías, en El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la Baja Casamance (2015). Conocida entre los narradores orales como Ana Griott, esta artista de la palabra confirmó su maestría durante la ceremonia de apertura del festival, el viernes 16 de julio, con la empática selección de un cuento que rinde homenaje a la naturaleza, controlada por el todo-pudiente Dios. En el cuento, traducido e interpretado simultáneamente por el profesor Ahmadou Bâ, una hormiga se congela la patita en un charco helado, y solo una serie de elementos encadenados de la naturaleza, la cual lleva a Dios, es capaz de salvar a la hormiguita, “alhamdulilah” – terminaba el cuento, – una de las más recurrentes expresiones en el país, que significa, gracias a Dios. A este aplaudido cuento le siguieron el de contadores locales, como la pareja Pine Pindal, trayendo parte de la tradición pulaar, Djibril Bamba Kama, un contador de Fatick que compartió en wolof cuentos serer; Kebe, de Coky, y el viejo contador Madany Tall de Louga. La ceremonia de apertura, celebrada en el Centro Cultural Regional de Louga, continuó con una breve muestra de la compañía de Mbour y la Yonu Ndau, de Louga.

Los contadores han sido los verdaderos protagonistas del FIRPI. Foto: Estrella Sendra

Los contadores han sido los verdaderos protagonistas del FIRPI. Foto: Estrella Sendra

Fue el sábado el gran día del festival, que por primera vez se desplazó a las escuelas para niños huérfanos, llamada Village des enfants SOS. Durante toda la tarde, Gagna Diallo, animadora del Centro Cultural, y Ngary Mbaye, director del festival, desplazaron el FIRPI hacia este espacio infantil para que los contadores regalaran cuentos a los niños, y los canarios mostraran parte del baile tradicional regional, que los niños senegaleses habían aprendido desde el martes en talleres ofrecidos por los miembros de RESF. Contaba Ngary Mbaye que en este festival los protagonistas son los niños, “para iniciarlos en la tradición, y llevarle hacia los valores, a través de los cuentos que son la educación”. Y recalcaba que “ese cambio del mundo es posible a través de la cultura, a través de la tradición”. Al mismo tiempo, el festival permite a los jóvenes y adultos “conocer, celebrar y conservar la extraordinaria tradición que tenemos”. Recuerda Ngary Mbaye cómo su abuela fue la que le inició en el mundo de los cuentos, desde que ella se los contaba a los 6 o 7 años. “Ella es la que ha hecho de mi un artista”, declaraba Mbaye. “Los cuentos educan. Yo eran un niño travieso, y aunque vivía con mis padres, era mi abuela la que se sentaba conmigo a contarme una historia por ejemplo de un niño que, por ser travieso, se volvía desdichado. Así era como aprendía yo que había que portarse bien. Desde ese día me encantan los cuentos. Y desde los 12 años, empecé a contarlos, en casa, en el colegio… En esa época había muchos cuentos”, recuerda el narrador oral procedente de Louga. Otra de sus grandes influencias fue Ibrahima Ndiaye Mame Diakhe Diallo, el primer contador de Senegal, con su cuento Modou Masina (del 96), que ha marcado mucho a los senegaleses, quienes en su gran mayoría fueron educados a través de los cuentos, decía Mbaye. En efecto, la tarde de visita a la Village des enfants SOS, el dúo Les sca’lat de Saint-Louis regalaron a los niños un cuento sobre el amor por Senegal, y los valores de este país, seguido por la intervención del humorista Meissa Ñag.

Vestuario tradicional para el carnaval del FIRPI. Foto: Estrella Sendra

Una buena parte de las actividades se han destinado a fomentar la literatura oral entre los más pequeños. Foto: Estrella Sendra

Por la noche, en una velada que se extendería hasta las 5 de la mañana, no solo volvieron a escucharse a estos narradores orales, desde los más jóvenes a los más sabios, con el senegalés Mandany Tall y la intervención por vídeo del poeta malagueño de 92 años, Joaquín Fernández González; también se disfrutaron tres destacados espectáculos de danza. En principio, con la danza contemporánea de Paidy, mezclando elementos de la danza tradicional, y con una fuerte crítica al tratamiento de los talibés (niños de la calle) por los líderes espirituales a los que a menudo se confía la educación de estos niños en las escuelas coránicas, algunas con condiciones extremadamente duras para los niños. Luego, con la compañía de Mbour, con un fuerte espectáculo de danza, seguido por la de Yonu Ndau, de Louga. Y para alcanzar el clímax final, la intervención estelar e la compañía Kaddu Njaambour, dirigida por el propio Ngary Mbaye, con la actuación sorpresa de muchos actores y bailarines que se incoroporaban a escena desde el público, como poseídos por el ritmo de los tambores, curativos de enfermedades mentales. Ahmadou Bâ, miembro muy activo de la RESF, destacaba esta primera colaboración de la red con el festival, por la oportunidad de intercambio y el espacio de cambio de percepción de las distintas culturas. “Si estamos todos aquí, es porque todos creemos en lo mismo, y la participación de los españoles ha sido fundamental para la creación de este espacio de intercambio”. Además, añadía Bâ, “es importante apoyar iniciativas como esta porque hay que tomarle el relevo a los mayores, y como jóvenes, comprometernos con la educación a través de la cultura”. La misma satisfacción expresaban los participantes españoles, quienes desde el martes 12 estuvieron realizando talleres en el Centro Cultural. “No sabía cómo iba a ser recibido. – Contaba Tony Frías, luchador Tenerife -. “Me gustó mucho venir a un pueblo pequeño como Louga porque me permitió conocer primero a la gente y he respirado un ambiente muy familiar. He tenido la oportunidad de practicar el deporte que quería, la lucha senegalesa, para aprender un poco. Lo he practicado en la playa de Tare, en el Centro Cultural Regional de Louga, en la Plaza Cívica, incluso en el CEFAM, porque acababa luchando con la gente que conocía, luchadores o aficionados”, aseguraba Tony Frías. Por su parte, Itahisa González decía: “Vinimos a mostrar una parte de nuestra cultura, para que ellos la pudieran conocer, para que vieran otras cosas, pero también, que hay cosas en común y me quedo con la ilusión que tenían los niños por aprender, por conocer otras cosas, para ellos todo era una novedad”. Todos destacaban esa interacción con los niños, que hasta se arrancaban a contar cuentos en distintas lenguas de Senegal. “Yo creo que todos los que hemos venido tenemos una conexión especial con los niños”, coincidían tanto el luchador como Suso (Jesús) Méndez, quien desarrolló, junto con Laly Ramírez, Montse Lajas, y Gemma del Rosario, un taller de baile tradicional de las islas Canarias. Los juegos y bailes tradicionales que estos agentes culturales han traído, han demostrado no tener ninguna barrera lingüística. “Se ha transmitido cariño, afecto”, apuntaba el luchador canario. En efecto, este festival ha destacado por su llamada de atención y cuidado a los valores. En concreto, tal como destaca el director del festival, Ngary Mbaye, el valor de la tradición, y del papel del patrimonio cultural inmaterial en la educación. Tal vez no sea coincidencia que en un festival cuyo acento está en los valores, la constante destacada por los participantes haya sido la creación y afianzación de lazos, el ambiente familiar y, como decía Ana Griott, “utópico”, citando al célebre escritor uruguayo fallecido el año pasado, Eduardo Galeano. Al final, este Festival del renacimiento del patrimonio inmaterial cultural, esta edición marcada por su transición a la internacionalidad, nos decía Ana Griott, no es más que un paso más hacia esa utopía de la que nos hablaba Galeano: “Ella está en el horizonte. Yo me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar.” (“Ventana sobre la utopía”, Eduardo Galeano,)

Las literaturas africanas en clave continental

El debate continua vivo. El movimiento #RodhesMustFall (Rhodes debe caer) comenzó en marzo del año pasado en Sudáfrica donde un colectivo de estudiantes y personal no docente se movilizaron por una acción directa contra la realidad del racismo institucional en la Universidad de Ciudad del Cabo que mantenía una estatua de Cecil Rhodes en el campus del edificio. Pero la protesta no era exclusivamente simbólica. Rhodes fue un empresario imperialista y político británico que desempeñó un papel dominante en el sur de África a finales del siglo XIX con la anexión de grandes extensiones de terreno y un proyecto de unir a Egipto y Sudáfrica a través del ferrocarril.
Achille Mbembe. Fuente: Wikimedia By Heike Huslage-Koch

Achille Mbembe. Fuente: Wikimedia By Heike Huslage-Koch

Fundó la empresa de diamantes De Beers, que hasta hace poco controlaban el comercio mundial. Y las famosas becas Rhodes que permiten a 83 estudiantes de los Estados Unidos, Alemania, Hong Kong, Bermudas, Zimbabue y varios países de la Commonwealth estudiar cada año en la Universidad de Oxford; uno de ellos fue el expresidente estadounidense Bill Clinton.

¿Y las literaturas negras dónde permanecen tras este relato? Pues la literatura es universal ¿verdad? Aunque los recatados tecnicismos hagan clasificar la valía de autores africanos en un ranking diferente a todos los demás. Rhodes, si cae o no, es una cuestión de emancipación. Lo más llamativo de la gran literatura es la fuerza de la libertad que fluye a través de sus páginas.

Sin embargo, una anomalía de la percepción es a menudo presentada con los escritores negros y africanos. Ellos tienden a ser considerados importantes en función de sus temáticas. Se lee a Flaubert para la belleza, a Joyce para la innovación, a Virginia Woolf por su poesía y activismo feminista, a Jane Austen por su psicología. Pero los autores del continente son leídos por sus novelas sobre la esclavitud, el colonialismo, la pobreza, las guerras civiles, el encarcelamiento, la circuncisión femenina… en resumen, para los sujetos que reflejan los problemas de África.

Se espera que los escritores africanos escriban sobre ciertas cosas, y si no lo hacen se les ve como irrelevantes. Esto le da peso a su trabajo pero con una condena a la monotonía. ¿Quién quiere leer constantemente una literatura sobre el sufrimiento? Las personas que viven en él, sin duda, no lo hacen. Tal vez sea que los que vivimos en Occidente, en la burbuja del individualismo y alejados de las miserias que nuestro sistema reproduce a alta escala en el hemisferio sur, necesitamos un toque especiado de realidad aumentada y de flirteo con una literatura que nos hable de ello. Pero esta tiranía del sujeto puede también conducir a la distorsión y limitación.

En esa misma universidad sudafricana de Ciudad del Cabo, el filósofo camerunés Achille Mbembe insistía meses después de la protesta en que la descolonización de las mentes también requiere la desprivatización de lo que deberían ser los espacios públicos. Esto significa que las universidades no deben estar dominadas por un orden epistemológico patriarcal y, además, ser espacios de transformación donde las ideas sean impugnadas por el alumnado y la academia por igual. Sin embargo, y en el caso africano, los espacios de creación de conocimiento más importantes permanecen privatizados por los mismos pocos privilegiados que se beneficiaron del pasado colonial. Efectivamente, Ciudad del Cabo es una urbe que todavía permanece dividida a lo largo de las líneas raciales dibujadas por el colonialismo y el apartheid como una roca oculta en las profundidades del pasado que continúa moviéndose hacia la superficie del presente.

¿Y es necesario para hablar de literaturas negras toda esta historia de Rhodes? Pues sí. Sin ir más lejos, este debate llegó a uno de los festivales más importantes sobre el género celebrado anualmente en la Biblioteca Británica de Londres, el Africa Writes, del que hablábamos hace una semana. La caída de Rhodes significa también modificar las listas de lecturas obligatorias por el estudiantado y transformar las estructuras institucionales. Sobre todo teniendo en cuenta que la Biblioteca Británica tiene su historia en el bastión del colonialismo: el Museo Británico. La misma institución que mantiene a buen recaudo buena parte de las historias del continente en su sótano.

La influencia del sistema literario occidental

Wole Soyinka, uno de los pocos africanos ganadores del Premio Nobel. Fuente: http://uncut.indexoncensorship.org

Wole Soyinka, uno de los pocos africanos ganadores del Premio Nobel. Fuente: http://uncut.indexoncensorship.org

Las literaturas africanas a pesar de su corta vida, si entendemos su nacimiento después de las independencias en la década de los sesenta, han conseguido conquistar el panorama mundial con cinco premios Nobel como el nigeriano Wole Soyinka (1986), el egipcio Naguib Mahfoud (1988), los sudafricanos Nadine Gordimer y J.M. Coetzee (1991 y 2003, respectivamente) y Jean Marie Gustave Le Clézio (2008). No llega a un 3 por ciento de galardonados para un continente que alberga al 15 por ciento de la población mundial. Evidentemente no es una cuestión de proporcionalidad la decisión de otorgar un Nobel pero sí sintomática del panorama.

En 1921 René Maran, nacido en la isla de Martinica aunque criado en Gabón, publicaba quizás la primera obra escrita por un negro y fuertemente atacada; se trataba de Batuala. En ella, Maran explicaba la realidad colonial francesa y la metrópolis no pudo tolerar que un negro pudiera cuestionar el papel de Europa en la invasión del continente africano y, menos aún, de poner en duda su “misión civilizadora”. Pero quizás, la unión del movimiento de la negritud encabezado por Aimé Césaire y otros intelectuales como el primer presidente del Senegal independiente, Léopold Sédar Senghor, unidos a la efervescencia de los cafetines de París iniciaron el recorrido de las letras africanas.

El contexto era el de la emancipación, el de los sueños por romper las cadenas opresoras con las antiguas metrópolis, y el de buscar una identidad robada durante décadas por los europeos. Aquí hubo dos grandes vertientes: la de la negritud, como hemos mencionado, y que alentaba a las autoras y autores, sobre todo de los países colonizados por Francia, a buscar su estilo desde la proclamación del ser negro como oposición al hombre blanco, colono e imperialista; y la corriente del African personality desde los países anglófonos africanos. En esta segunda vía había una especie de recelo con los anteriores resumido en la célebre frase del Nobel nigeriano Wole Soyinka: “El tigre no proclama su tigritud, salta sobre la presa y se la come”, en una clara alusión a la “no necesidad” desde la negritud de subrayar su procedencia y color de piel.

Durante las primeras décadas después de las independencias, en la literatura estaban muy marcadas las temáticas (novela y teatro social, epopeyas como recuperación de las tradiciones, y la poesía como elemento sanador y filosófico de la propia existencia) así como su identificación ideológica. El desengaño político y económico que vendría después de la ruptura con las colonias, la guerra de bloques vivida en el continente, los golpes de Estados y sucesivas crisis económicas, los Planes de Ajustes Estructurales promovidos por las instituciones internacionales como únicas recetas para “salvar” al continente, o la crisis de la ayuda al desarrollo potenciaron un universo literario definido muy al gusto de los cánones occidentales.

¿Por qué las letras africanas se leen en clave de miseria y destrucción?

Hoy por hoy sobrevuelan otra clase de cuestiones como ¿cuál es el origen de las escritoras y escritores africanos? ¿Qué leen? ¿Dónde se dan cita? ¿Quién los publica? ¿Quién los apoya? Desde los circuitos internacionales las respuestas a estas preguntas no importan. Si se trata de una novela sobre la trata de esclavos automáticamente pensamos que es más importante que una sobre un tipo que bebe demasiado vino de palma. Pero en esta misma línea discursiva es un misterio entonces que en un país como Italia con sus Borgia llenos de muertes y violencia, haya perdurado el legado de la Mona Lisa, la Divina Comedia, el Decamerón o la Capilla Sixtina, obras que, en su conjunto, destacan por su belleza, su atractivo universal constante y su influencia. Nos dejan sobre todo con su belleza. El horror de sus historias no son visibles.

Hay una lección interesante aquí. Cervantes conocía la esclavitud, la expulsión de los judíos y musulmanes, perdió su brazo en la batalla de Lepanto, no ignoraba la historia brutal de España y, sin embargo, no podría haber dejado un legado más duradero que El Quijote, una novela sobre un hombre que decide vivir las aventuras que ha leído en sus libros. Homero hablaba de la caída de Troya a través del mal humor de un hombre. Sófocles narraba la culpabilidad de un rey, no de los horrores de la historia griega. Tolstoi tenía un gran tema en Guerra y Paz, pero su visión y escritura le daban nobleza a su libro hablando del amor. Pushkin estaba empapado de la historia sombría y extraordinaria de Rusia, con la violencia de Iván el Terrible, incluso llegó a conocer el exilio. No obstante, su Eugenio Onegin, una fuente de inspiración para la literatura rusa, trata de un aristócrata aburrido.

Esta dinámica del sistema literario occidental y casi imperceptible se observa de sobremanera en Sudáfrica: solamente un millón de sudafricanos y sudafricanas, de una población de 53 millones, compra libros; cuando lo hacen suelen ser obras de ficción, la poesía no se vende; de los 88 mejores libros en el país, sólo uno, en el número 87, está escrito por un escritor negro, Khaya Dlanga. Además, teniendo en cuenta que Sudáfrica tiene 11 idiomas oficiales, el sistema literario está dominado por los textos en inglés y afrikaans, y por autores occidentales y blancos. El punto y final lo ponen muchas bibliotecas financiadas por ONG en las que es prácticamente imposible encontrar libros en idiomas locales. Esto tiene un impacto obvio y excluyente. Y por eso, Rhodes debe caer.

La hora de la perspectiva africana

Sin embargo, la fotografía no está completa. Sin mencionar a los grandes grupos editoriales con base en el continente, tienen cabida varias editoriales y proyectos que se dedican a producir literatura para las masas africanas. África cuenta con una población considerable, con un aumento de las tasas de alfabetización y con una mayor inversión en la producción creativa por lo que existe la esperanza de que los escritores africanos no tengan que mirar hacia Occidente para obtener un mayor número de lectores y una tasa respetable de credibilidad.

Esto no quiere decir que no haya retos a los que se enfrenta el negocio de la publicación en el continente. Pero hay muchas razones para pensar que el estado de la literatura en África está empezando a cambiar más le pese a algunos empeñados en vender la narrativa de la desesperanza, las guerras y la corrupción. En la actualidad hay varias opciones para un escritor que quiere que su manuscrito sea publicado. Y las posibilidades para la edición de ficción en el continente se han abierto más allá de Sudáfrica, por ejemplo en Kenia, Nigeria, Zimbabue o Uganda cuentan con plataformas que promueven las publicaciones e historias made in Africa.

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  1. Femrite (Uganda)
    Coordinada actualmente por Hilda Twongyeirwe, se trata de una editorial feminista fundada en la década de 1990 como una plataforma para guiar y publicar a las escritoras en Uganda.
  2. Jalada (continental)
    El colectivo JALADA, coordinado por Moses Kilolo reúne a 22 jóvenes de cinco países diferentes de África. Se formó en 2013 en un taller realizado en Kenia y desde entonces han publicado varias antologías de poesía y cuentos sobre temas muy provocadores como la demencia y el sexo.
  3. Modjaji (Sudáfrica)
    Detrás de Modjaji Books se encuentra Colleen Higgs, quien describe a la empresa como una editorial independiente con sede en Ciudad del Cabo. Publican trabajos de mujeres africanas fieles al espíritu de Modjaji que significa lluvia, una fuerza poderosa para el bien femenino, el crecimiento, la nueva vida y la regeneración.
  4. Storymoja (Kenia y otros)
    El festival Storymoja es uno de los actos literarios más destacados del año en el continente. Además del encuentro, una de sus fundadoras Muthoni Garland se dedica desde el paraguas de la organización a publicar y producir libros para las masas. Seis años después, la compañía ha publicado más de 120 títulos.
  5. Parrésia (continental)
    Su fundador, Richard Ali, trata de publicar voces potentes africanas como Abubakar Adam Ibrahim, cuyo trabajo The Whispering Trees fue todo un éxito, o la escritora Chika Unigwe que con su obra NightDancer, desde la diáspora europea, rompe estereotipos sobre su país de origen, Nigeria.
  6. SHORT STORY DAY AFRICA (Pequeña historia del día africano – continental)
    Fundada por Rachel Sadoc Short Story Day Africa es una plataforma global para las historias de África.
  7. Storytime
    Se trata del abanderado de los editores independientes de ciencia ficción. Nacido en Zimbabue, Ivor Hartmann ha elevado el género a lo más alto en el continente. Desde hace varios años se está diversificando su trabajo hacia las novelas breves.
  8. Kwani (Kenia)
    Fundada en 2003 por Binyawanga Wainaina, Kwani es una red literaria establecida en Kenia y dedicada al desarrollo de la escritura creativa así como comprometida con el crecimiento de la industria.
  9. Chimurenga
    Chimurenga es una publicación panafricana sobre la escritura, el arte y la política que desde marzo de 2002 mantiene una visión satírica sobre las realidades africanas. Fundada por Ntone Edjabe mantiene diferentes proyectos en los que prioriza a diferentes escritores y escritoras del continente para analizar la actualidad desde diferentes ópticas.

El África literaria hoy por hoy, en su conjunto, hace caso omiso de las barreras lingüísticas heredadas de la colonización que han separado artificialmente a los pueblos anglófonos, sus homólogos de habla francesa, los árabes o portugueses. Así, el egipcio Alaa al-Aswani cohabita con la camerunesa Leonora Miano; Abdurahman Waberi, de Yibuti, con el keniano Binyavanga Wainaina; o el mozambiqueño Mia Couto con el nigeriano Teju Cole. Otra característica general actual es que han nacido sobre todo después de las independencias por lo que no han experimentado la colonización. Sus obras reflejan este deslizamiento histórico a través de la afirmación de nuevas sensibilidades y nuevos temas.

El nuevo espacio de ficción africano ya no está exclusivamente allí, en el pueblo, en la repetición del discurso anticolonial, en el mito del encuentro de la “verdadera” África, sino en la tradición reconfigurada en el exilio, en las grandes ciudades, monstruosas, híbridas, en expansión, en la mezcla, en el multiculturalismo. Autores y autoras como Chimamanda Adichie, Helon Habila, NoViolet Bulawayo, Brian Chikwava, Noo Saro-Wiwa, Kopano Matlwa o Niq Mhlongo son la semilla que plantaron los Nobel Gordimer, Soyinka, Coetze y Soyinka y, a través de sus historias, perpetúan el espíritu, rico en talento y sarcástico en las preguntas, del continente. Las literaturas africanas están firmemente arraigadas en los desafíos del mundo globalizado. Y también la del África que viene, sorprendente, inquietante, fascinante con nuevos y nuevas protagonistas tratando de dar luz sobre tanta oscuridad premeditada.

Este artículo fue publicado originalmente en el nº69 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2016.

 

África inunda Londres de literatura

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Africa Writes, el mayor festival anual de la literatura y el libro africano organizado por la Royal African Society de Londres, abre hoy sus puertas hasta el domingo. Celebrando su quinto aniversario, el encuentro ha conseguido aglutinar a más de 50 autores, poetas, editores, artistas y académicos, incluyendo a algunas de las voces más influyentes de la literatura contemporánea africana.

Nawal El Saadawi, la escritora feminista egipcia reconocida internacionalmente, cuyo trabajo ha sido traducido a más de cuarenta idiomas e incluye títulos como Woman at Point ZeroWomen and Sex (prohibido en Egipto durante casi dos décadas), será la figura principal del festival. Como expresó hace unos días: “Estoy muy satisfecha de participar en el quinto Africa Writes Festival. África es rica en mujeres y hombres creativos, de la riqueza material fina y de tesoros históricos únicos. Egipto está en África, no en el llamado ‘Oriente Medio’ (¿en medio de qué?). Estoy orgullosa de mis raíces africanas”.

Las nuevas escrituras así como las mujeres escritoras ocuparán un lugar prominente en el programa de este año. El festival también alumbrará sobre las narrativas de los desplazados, la migración y las historias perturbadoras en situaciones de crisis. Precisamente, los escritores Kayo Chingonyi, Inua Ellams y Zodwa Nyoni participaron el pasado lunes en una mesa redonda con sus historias de asilo y huída.

Esta tarde, el festival presenta “Sexo, amor y poesía”, una velada con lecturas y debates sin censura que serán moderados por el activista nigeriano y defensor de los derechos del colectivo LGBTI, Bisi Alimi. El domingo, el Africa Writes cerrará su quinta edición con una puesta en escena de la obra El inmigrante, de la dramaturga Joy Gharoro-Akjopotor. La historia explora en el año 2035 cómo se vería el mundo si África fuera el continente más grande del mundo. Con este marco, Oliver, un británico en busca de asilo, se encuentra retenido en la frontera africana por Usman, un funcionario que no es aficionado precisamente a los inmigrantes. Lo que sigue será una batalla dialéctica y cruce de historias que ayudarán a contextualizar aún más la crisis de los refugiados en Europa.

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En los últimos cinco años, el festival Africa Writes se ha convertido en un evento clave con sede en Londres y ha acogido a algunos de los grandes nombres de la literatura africana, incluyendo a Chimamanda Ngozi Adichie (2012), Ngugi wa Thiong’o (2013), Ama Ata Aidoo (2014), Wole Soyinka (2014) o Ben Okri (2015). Desde presentaciones de libros y mesas redondas, a espectáculos y talleres, la quinta edición ofrecerá un nuevo programa de amplio alcance que conectará a escritores africanos, británicos y aquellos que se encuentran en la diáspora. Los paneles de discusión explorarán el papel de la escritura de no ficción en el desarrollo de las narrativas de África, la diversidad en las publicaciones infantiles, y las nuevas hebras en el género de ficción contemporáneo.

Para más información: http://africawrites.org/