Alpha, la identidad ilustrada de un marfileño en su ruta a pie hacia Francia

En las últimas semanas, debido a las imágenes de la CNN, se han difundido de nuevo las vejaciones que sufren los y las sudsaharianas migrantes en Libia. Junto al resto de países del Magreb, Libia forma parte de la actual frontera sur de Europa, financiada por el “viejo continente” y gestionada por Frontex y los convenios entre países. Es un ejemplo el acuerdo entre Italia y Libia, que pone el foco en “luchar contra la inmigración ilegal y el tráfico de seres humanos”. Un objetivo discutible en vista de las actuaciones de ambos paises. Organizaciones como la ONU, Migreurop o el Colectivo contra la Esclavitud y los campos de Concentración en Libia (CECCL), además de distintos personajes públicos han condenado la pasividad de las autoridades implicadas.

Sin embargo, la literatura también cuenta con recursos que se pueden dedicar a la sensibilización, por ejemplo, mostrando al mundo los viajes de las personas migrantes de origen sudsahariano. Uno de ellos es el cómic de la novelista Bessora y el ilustrador Barroux.

Alpha, protagonista de la obra de Bessora y Baroux. Fuente: The Guardian

Alpha es una obra creada a partir de colores primarios y un surtidor de creatividad e investigación. Narra las vivencias de un hombre migrante nacido en Abidján (Costa de Marfil) que, para reunirse con su familia en Francia, deberá emprender un largo y costoso recorrido que durará 18 meses. Durante el penoso trayecto tropezará con traficantes de personas, largos caminos por el desierto y grandes barcas con excedente de pasajeros, pero ninguno de esos obstáculos le harán desistir de su deseo por encontrarse con su mujer y su hijo en la Estación del Norte de París.

El planteamiento de la historia ganadora del Premio Médicos Sin Fronteras en 2015, nació de la experiencia de Barroux al compartir su taller de artistas durante un corto periodo de tiempo con Togola, migrante asentado en Francia cuya situación administrativa entonces era irregular. De la historia que Togola le contó, encontró la inspiración, y de las novelas de Bessora, apareció la alianza que necesitaba para poner en marcha el proyecto.

Barroux y Bessora, ilustrador y escritora de Alpha. Fuente: El Periódico

Bessora, consiguió extraer la historia que habia detrás de la experiencia que les había inspirado sin usurpar la vida de nadie. Eso sí, con la firme intención de personificar la historia de la migración, como explicó en una entrevista en Authors Live (BBC). Asimismo investigó, se documentó y logró crear un nuevo personaje al que llamó Alpha Coulibally. Como describe en el cómic: “Mi nombre es Alpha, como Alpha Blondy, el cantante. Pero no soy cantante, soy ebanista. Mi apellido es Coulibally, como los Coulibally de Mali. Pero no soy maliense, soy marfileño”. Él es producto del mestizaje de las historias que ella había conocido.

La escritora quería huir del anonimato y fugacidad con que se tratan los relatos de migrantes en los medios de comunicación, y despertar la empatía de los lectores y lectoras. Como explica en la entrevista de la BBC: “La idea era ofrecer una perspectiva diferente de los reportajes un tanto fríos que vemos todos los días en los informativos y, a la vez no caer en una especie de compasión miserabilista. No quería que hubiese condescendencia con el protagonista. Quería que los lectores pudiesen meterse en su piel y la mejor forma narrativa de hacerlo era la primera persona, el diario íntimo”.

No obstante, el diario íntimo de Alpha no omite las crónicas de las personas que le acompañan en el viaje, por lo tanto, no olvida la perspectiva de género y generacional en las migraciones. Es así como se presenta a Abebi y Augustan.

Abebi, migrante y compañera de viaje de Alpha. Fuente: The Guardian.

Abebi es una mujer que mentirá a Alpha para poder proseguir con su viaje, ya que sus opciones para costearse la travesía son reducidas y totalmente distintas a las de los hombres: Cuidadora de niños y niñas, o prostituta. Trabajando en la segunda opción, como comenta Bessara a la cadena inglesa, se gana más dinero. Por otra parte, Augustan es un menor de edad, de 9 años aproximadamente, que viajará a petición de su familia junto a Alpha con la aspiración de mejorar su situación. En este personaje se funden la inocencia y la responsabilidad forzosa con la que Alpha deberá relacionarse.

Viñeta de Alpha. Fuente: The Guardian

Así, el cómic publicado por Norma Editorial en 2017 en castellano, abre la reflexión acerca de los privilegios del turista occidental como explica Alpha en el cuaderno de viaje: “Ves turistas en Abidjan, Bamako y Gao. Americanos, franceses, personas felices visitando África montados en bicicletas ¿Y qué les hemos pedido? A nosotros se nos pide mucho. Ponen barreras, bang, bang, bang, alambres de espino, bang, bang, bang, perros rastreadores instruidos para encontrar migrantes irregulares, sniff, sniff, sniff, y torres de vigilancia”. Así, se confronta la situación de los y las turistas en oposición a las travesías de migrantes del denominado sur global a los y las que se les exigen requisitos aleatorios y costosos en las embajadas. Estas situaciones, a menudo, les/as empujan a iniciar recorridos precarios, viajes que pueden tropezar con vejaciones y el desprecio a la declaración de los Derechos Humanos por acción y también por omisión.

Historias que ahora ya podremos recordar por el eco de aquel reportaje de la CNN, la narración ilustrada de Alpha y de otros/as más que existen o están por venir.

MC Solaar, Angélique Kidjo, Fatoumata Diwarra y Faada Freddy en oposición a los casos de esclavitud en Libia. Fuente: Fatou Music.

Nicolás Castellano: “La cuestión es si vamos a permitir que sigan pasando más casos como el de Adou”

Adou Nery Ouattara tiene ahora diez años y vive con su madre y su hermana en Francia. Con sólo ocho dejó Costa de Marfil y a su hermano mayor rumbo a España, donde estaba el resto de su familia. Su padre, Alí Ouattara, llevaba más de dos años de trámites para reunirlos a todos, pero la vía legal cerraba las puertas a sus hijos varones. Al mayor por edad y al más pequeño porque le faltaban 56 euros en la nómina para, según la normativa, poder mantenerlo. Alí llegó a Canarias en 2006, después de un año atravesando países africanos por miedo a que lo relacionaran con el líder opositor marfileño con el que compartía apellido, en un momento en el que su país estaba en una grave crisis política y militar. Una década después, su hijo pequeño tardaría apenas una semana en pisar suelo español, pero lo haría metido en una maleta. Mientras la de Alí era una historia más entre los millones de migrantes que arriesgan su vida, Adou pasaría a ser alumbrado con el foco informativo como ‘el niño de la maleta’. Nicolás Castellano (Gran Canaria, 1977) fue uno de los periodistas que cubrió esta noticia que ahora publica como libro con el título Me llamo Adou (Planeta, 2017). No es una obra de ficción, es un caso real. Su autor tampoco es africano, pero da voz a una familia marfileña que relata la verdadera historia que esconde esa maleta cargada con lo que para los Ouattara, como para otros miles, sigue aún hoy siendo un sueño: Padres e hijos viviendo juntos. En un momento en el que la actualidad informativa abruma más de lo que cuenta, un libro puede ser el mejor modo de humanizar una realidad que supera a la ficción.

 

Imagen de Adou Ouattara en el escáner del puesto fronterizo del Tarajal (Ceuta) – Fotografía difundida por la Guardia Civil

Ruth F. Sanabria: ¿Recuerdas qué sentiste al ver por primera vez la foto de Adou en la maleta?

Nicolás Castellano: A mí la foto me produjo un choque. Estoy acostumbrado a ver muchas historias después de diecisiete años y uno siempre piensa que lo ha visto casi todo, pero la frontera te sigue sorprendiendo y te sigue dando esos golpes de realidad. Uno nunca se imagina ver a un niño metido en una maleta como un muñeco porque resulta que hay una legislación que no le deja venir de otra manera o que le ha impedido por una mala interpretación venir de otra manera. No nos podemos narcotizar ante este tipo de imágenes, igual que no nos podemos acostumbrar a las imágenes de los naufragios de las embarcaciones o a la gente cayéndose desde siete metros de altura y quedándose parapléjicos, como hay muchos casos. No nos podemos acostumbrar a ver la imagen de un niño en esa situación y a no hacernos preguntas. Yo como periodista especializado en esto me surgieron 40.000 preguntas y cuando ya empiezas a ver que habían detenido al padre una hora después, que tenía todos los papeles para demostrar que era su hijo y que había intentado reagrupar al hijo, que tenía que ver con Fuerteventura, … Ya se me dispararon las preguntas e intenté localizar rápidamente a la madre. Y, de hecho, el primero que le explica en francés a la madre cómo estaba la situación soy yo. Esto me vinculó un poco más a la madre que no se estaba enterando de nada porque llevaba muy poco tiempo en España y no hablaba español, no tenía contacto con el abogado de oficio de su marido y no habían contactado con ella desde el Área de menores de Ceuta donde estaba su hijo.

R.F.S.: ¿Cómo ha sido el proceso para escribir Me llamo Adou?

Adou en el Centro Mediterráneo de Ceuta – Foto incluida en el libro Me llamo Adou, de N.Castellano (Planeta)

N.C.: Evidentemente el primer mes, desde principios de mayo hasta mediados de junio aproximadamente que es cuando ya sale el padre de la prisión y el niño va por fin a Fuerteventura, yo todo esto lo veía como parte de mi trabajo. Era una historia que se tenía que contar con todos los detalles para contextualizarla. Fui varias veces a Ceuta, vi al niño en el Área de menores, el primer encuentro con su madre, el segundo encuentro cuando se lo lleva, me puse en contacto con los abogados. Y a finales de verano me contacta Planeta y me dicen que habían escuchado la narración de la historia a través de la radio, que habían leído lo que yo publicaba en la web de la SER y que consideraban que era una historia que merecía ser explicada, y me ofrecían hacer un libro. Yo les dije que me lo tenía que pensar porque tampoco me parecía que se pudiera contar como una historia literaria, sino que esto es un relato muy serio, un relato que denuncia, y evidencia que se sigue sometiendo a un sufrimiento innecesario a un montón de familias por la Ley de Extranjería. La verdad es que estuve hasta final de septiembre que no lo tenía muy claro porque la verdad tengo un trabajo que no nos da mucha tregua para pararte a escribir. Pero me fui a Fuerteventura a ver a un amigo y me dije “voy a ver cómo está la familia”. Y fui a visitarles y en ese momento hablando con ellos en su casa les conté “oye, mira me han ofrecido esta posibilidad, no sé si a ustedes les interesaría contar toda la historia de la familia y que se conozca lo que ha pasado para que por lo menos conste un formato con todo lujo de detalles”. Y ellos me dijeron que se lo tenían que pensar porque, claro, habían sido también un foco mediático tremendo, habían pasado por allí televisiones de medio mundo, periodistas de medio mundo, les querían hacer una serie de televisión… Por mi parte yo, a pesar de que me conocían y a pesar del vínculo, tampoco lo tenía muy claro. Dejé pasar el tiempo y un par de meses después me llamaron para decirme que sí, que querían contar su historia. Se lo dije a Planeta y desde noviembre de 2015 hasta noviembre de 2016 he estado trabajando en el libro con muchas entrevistas en todos los sitios donde ellos han vivido, incluyendo París, donde vive ahora la familia. He estado varias veces con ellos y con documentación, entrevistas con el guardia civil que encontró al niño, expertos jurídicos, la persona que redactó la Ley de Extranjería donde se regula la reagrupación familiar,… En fin, y muchas horas de conversación con Alí, con Lucie y lo que puedes conversar con un niño de ocho-nueve años.

R.F.S.: ¿Hay algo de ficción en el libro?

N.C.: No. El único recurso pseudoliterario (porque yo no soy escritor, yo soy periodista) es el primer capítulo, que es la historia narrada en primera persona por el niño. Y eso se compone de muchas horas de conversación con Adou porque, como con todo niño, son frases cortas y enseguida desvía la conversación cuando se aburre, cuando piensa que le está haciendo un adulto preguntas que son un rollo y que le recuerdan momentos que no eran precisamente felices y divertidos. Pero de todas esas conversaciones a ratos de juegos con él, surgió la idea junto con la editora Ángeles Álvarez, de contar en primera persona como había vivido el episodio de la maleta. El resto es puro periodismo, es un reportaje largo.

R.F.S.: O incluso un ensayo…

N.C.: Bueno, los libros te permiten ser un poco más opinativo, incisivo, provocador que en un reportaje puro en el que a lo que te dedicas es a narrar los hechos. Cuando yo busco expertos jurídicos, o documentos, o datos en estadísticas difíciles de conseguir porque no están por nacionalidades, ni están por reagrupación de menores o de cónyuges, sino que son generales (ahí está el secretismo y el oscurantismo de las estadísticas españolas y más sobre extranjería), cuando busco todo eso lo que estoy es buscando argumentos para evidenciar lo que es mi tesis: que hoy en día Europa a España está sometiendo al sufrimiento a mucha gente por unas leyes de fronteras que llevan treinta y cinco años de fracaso. Llevan treinta y cinco años aproximadamente de las primeras leyes que marcan la exigencia, la dureza de la entrada de menores de fuera de la Comunidad Europea a la Comunidad Europea. Es el caso de las migraciones forzosas o irregulares a través de vía marítima o vallas, que lo que hace es que el resultado son muertes en incremento desde entonces hasta ahora. Y siguen subiendo, cada año batimos récords sin que nadie se pregunte hasta cuándo. Y más allá de las muertes en las playas, en el mar o en las vallas, hay también cierta muerte en vida de muchas personas que viven con la tristeza de saber que nunca más van a volver a reunirse con sus hijos o con sus mujeres.

R.F.S.: Dices que nadie se pregunta hasta cuándo. ¿No es ése el trabajo del periodismo, es decir, denunciar hechos para promover la reflexión y el cambio?

N.C.: Y eso es lo que intento cada día con mis informaciones, con hacer un seguimiento, con interpretar de otra manera las cifras, con buscar nombres y apellidos a esas cifras, no cosificar a los inmigrantes, no aplicar ese paternalismo barato al que estamos acostumbrados cuando hablamos de los inmigrantes y particularmente de los africanos, … Pero es verdad que en un formato radiofónico o en un formato televisivo muchas de esas historias tremendas que tienen muchas aristas no puedes contarlas en un minuto o no puedes contarla en dos días.

Nicolás Castellano y Alí Ouattara, el padre de Adou, en la presentación del libro en el Círculo de Bellas Artes de Madrid – Fotografía del vídeo realizado por Mundo Negro

R.F.S.: Es tu segundo libro. Ambos tienen en común que tratan sobre el fenómeno migratorio. ¿Puede ser que tengas una espinita clavada con el formato periodístico y esta es tu manera de humanizar las migraciones?

N.C.: No, yo trabajo en un medio que ha apostado porque viajemos a todos los lugares de origen y tránsito de la llegada de inmigrantes a España en los últimos años.

R.F.S.: Pero te hablo de cómo se cuenta.

N.C.: Cómo lo cuentas forma parte de lo personal, pero también de cómo te permite tu medio contarlo. Yo me he movido con programas enteros a los lugares. Hemos estado en Lampedusa, en Sicilia, en Senegal, en Níger, por ponerte algunos ejemplos. Entonces no es una espinita clavada, lo que uno sí adquiere con el tiempo es un cierto compromiso con una historia que está viendo cada día y que durante muchos años ves que no sólo no mejora, sino que empeora en muchos ámbitos. Si yo tuviera que hacerte un balance hoy, diecisiete años después de que empezara a hacer información sobre inmigración y asilo, sería tremendamente negativo. No puedo concebir que, diecisiete años después, el balance de una guerra contra el inmigrante sea cinco mil muertos el año pasado, mil cien este año. En las primeras pateras que llegaban a Canarias morían unos pocos, unas decenas, y ya era una tragedia entonces. ¿Cómo puede ser que la tragedia se haya multiplicado hasta niveles insospechados, que el Mediterráneo sea el lugar más mortífero del mundo y que no haya ninguna agenda política para evitarlo? Mi obligación como periodista que lleva mucho tiempo en esto es explicar a la gente, ponerle la información a su alcance para que entienda que no es un accidente de un barco, que es un accidente provocado por unas leyes que no permiten que la gente venga de otra manera cuando el Derecho Internacional dice que tienen derecho a venir de otra manera. Entonces adquieres un compromiso con tanta gente que has conocido, tanta gente que ha muerto. Un compromiso periodístico y personal de decir: “Yo tengo que seguir mientras esto se siga produciendo”. Mientras la sociedad además siga siendo de alguna manera engañada por esos mensajes que creen que la sociedad es infantil, yo tengo que seguir comprometiéndome para darles otro punto de vista del político interesado que hace mercantilismo electoral sobre la inmigración.

R.F.S.: ¿Y cómo ves que no se produzca ninguna reacción social ante esto, aun trabajando en un medio que, como dices, sí cubre de cerca esta información y además desde un enfoque más humano?

N.C.: Hay más información que nunca sobre esta realidad. Más que nunca en cantidad. En calidad creo que también, aunque ahí podríamos entrar en cómo tienen una intencionalidad criminalizadora algunos medios y otros no. Pero la cuestión es si la gente quiere saber. Y esto se traduce muy bien en la solidaridad del hashtag, la solidaridad virtual. De repente con la muerte de Aylan Kurdi todo el mundo descubre que se morían refugiados cuando llevan décadas muriéndose, ese mismo año habían muerto más de tres mil personas antes que Aylan Kurdi en el Mediterráneo. Desde aquí no lanzo una recriminación a la sociedad porque no reaccione físicamente en las calles con manifestaciones, mi labor como periodista es contar y poner en el escenario público la información, y después cada uno la tiene que procesar y reaccionar como considere. Yo me pregunto por qué estamos consintiendo entre todos este sistema que está propiciando muertes delante de nuestros ojos. ¿La historia nos juzgará?, ¿qué estábamos haciendo todos nosotros mientras se morían tres, cuatro, cinco mil personas cada año en el Mediterráneo?, ¿cómo sociedad estamos teniendo una respuesta responsable ante esta realidad o nos hemos narcotizado, acostumbrado a que esto pase y que sea algo que no tiene remedio? Claro que tiene remedio: tenemos que exigir que las decisiones políticas acaben con estas muertes porque son decisiones políticas y las leyes que han generado las que están creando estas muertes. La Unión Europea es la principal culpable de que la gente muera en el Mediterráneo, no los traficantes, no la gente que se lanza a la desesperada a cruzar. Tenemos unas leyes que nos le permiten otra vía de entrada.

R.F.S.: En Me llamo Adou, cuando ya has terminado de contar todos los detalles de la historia también recurres a preguntarle al lector para que sea consciente de que está tomando partido ante esta situación sean cuales sean sus respuestas. ¿Te has parado a pensar cuáles serán esas respuestas?

N.C.: Las preguntas del libro son una provocación. El libro no tiene final porque esto no ha acabado. Cuando digo “a estas alturas del relato ya usted se habrá hecho una idea de qué desenlace espera para este libro o si considera que Alí fue culpable por intentar traer a su hijo” no seré yo quien juzgue porque no se trata de juzgar, el libro no es ningún juicio. El libro es una narración de los hechos en el que cada uno tiene que intentar entender por qué pasa esto, si permitimos que pase esto. Más allá de que Alí sea condenado o no, la cuestión es si vamos a permitir que sigan pasando más casos como el de Adou; si vamos a seguir permitiendo que haya más familias rotas por las leyes que tenemos en marcha; si vamos a seguir permitiendo que haya familias que se desesperen y pongan en riesgo la vida de su hijo porque quieren estar como sea juntos. Esta es la intencionalidad de las preguntas, pero también provocar porque a todos nos pasa en esta narrativa mediática, en la que las cosas son tan breves, tan masticadas, que muchas veces no tenemos tiempo de reflexionar más allá de la indignación puntual que nos genera una noticia.

Adou y Alí en Abiyán – Foto incluida en el libro Me llamo Adou, de N.Castellano (Planeta)

R.F.S.: La Fiscalía responsabiliza a Alí de la introducción de Adou en la maleta. ¿Hay fecha ya para el juicio?

N.C.: Alí sigue esperando su juicio, esta es una muestra más del estado de la justicia española, de la lentitud. Han pasado dos años y no se ha decretado la apertura del juicio oral y Alí sigue pendiente de eso, Alí y su familia. Una gran paradoja porque la familia sigue separada. El juicio es la llave del futuro de esa familia, dependiendo de lo que pase en el juicio y de si ingresa en prisión, el sueño de ellos, que era reunirse en España todos juntos, se cumplirá o no.

R.F.S.: Insisto en la misma idea, ¿y para cambiar este tipo de realidades no sería necesario que tuviera más trascendencia informativa?

N.C.: Yo echo en falta que ésto sea un tema de agenda. No nos tenemos que olvidar que ese doce por ciento de la población no ha nacido en España, pero son ciudadanos de España de pleno derecho. Y sin embargo hemos aceptado todos que tienen una segunda velocidad de derechos, que tenemos unos derechos de verdad y ellos otros. ¿Cómo hemos permitido que unos padres no puedan estar con sus hijos?

Afrofuturo(s): la ciencia ficción africana a nuestro alcance

El colectivo de escritores panafricano Jalada se ha asomado a las líneas de esta sección en varias ocasiones. Siempre lo ha hecho para reiterar su condición de uno de los proyectos más innovadores de la literatura africana actual. Una y otra vez Jalada pone de manifiesto cómo se superan los estereotipos relacionados con la literatura de los autores africanos. Los temas, las lenguas, las alianzas, las herramientas todas las ideas previas saltan por los aires en cada iniciativa de este colectivo. Wiriko ha intentado reiteradamente acercar este universo a los lectores hispanohablantes y, de pronto, lo tenemos más cerca que nunca.

Jalada es una dulce locura y su segunda antología fue un ejercicio de lunáticos entrañables. Se trataba de Afrofuture(s), una antología de ciencia ficción contemporánea de autores africanos y afrodescendientes. Un total de treinta relatos publicados en enero de 2015 que seguían la estela de algunas obras colectivas previas relacionadas con la literatura fantástica, la ciencia ficción y la ficción especulativa, como  Afrofuturism: Black Sci Fi and Fantasy Culture o AfroSF: Science Fiction by African Writers. Siguiendo esa misma descabellada trayectoria, cinco de esos relatos llegan ahora hasta nosotros. En un ejercicio de deliciosa enajenación, 2709books publicó el martes 18 de abril Afrofuturo(s). Con este libro, 2709books ha pasado a ocupar el primer puesto de los proyectos editoriales más audaces de cuantos se han asomado a las literaturas de autores africanos.

Los cinco relatos escogidos los editores de 2709books constituyen un atractivo abanico de las posibilidades de los temas básicos de la ciencia ficción: el viaje en el tiempo, el desarrollo de las tecnologías de la comunicación en sentidos insospechados, la extinción de la raza humana por su insaciable depredación del planeta, el control de la mente o la vida extraterrestre. Sin duda, no agotan todas las posibilidades, pero dan una idea aproximada. Los cinco elegidos, Suleiman Agbonkhianmen Buhari, Sheree Renée Thomas, Ivor W. Hartmann, Zak Waweru y Ytasha L. Womack, también ofrecen una interesante diversidad, hay representantes de la diáspora africana en los Estados Unidos y convencidos residentes del continente, autores casi noveles y otros con una larga trayectoria y editores o estudiosos.

Ytasha L. Womack, és una de las autoras de Afrofuturo(s).

Pero Afrofuturo(s) es, sobre todo, una reivindicación en muchos sentidos. Ya lo fue la edición inicial impulsada por Jalada y su reflejo en castellano no ha dejado de lado esta dimensión. Es una reivindicación de un género, menospreciado habitualmente pero que ha dado algunos de los clásicos de la literatura más aplaudidos. También es una reivindicación de una tradición, la de la literatura fantástica, palpitante y exuberante en las literaturas africanas, pero al mismo tiempo aplastada bajo el peso de los férreos estereotipos de la industria editorial global, pero también bajo los estándares de la literatura entendida sólo como una herramienta de construcción nacional. Igualmente, es una reivindicación de la libertad para escribir, sobre lo que el autor quiera, sin límites, ni condiciones previas. Y es, igualmente, una reivindicación de la centralidad africana, de la cultura como una forma de dar protagonismo a las sociedades, desplazando los centros de poder.

Resulta que en las páginas de este nuevo proyecto de 2709books podemos escuchar las últimas palabras del último hombre que habitó la Tierra, el que no pudo escapar de la invasión de una nueva especie nacida de los cambios del clima provocados por la codicia de los seres humanos. Vemos cómo el arte languidece asfixiado por una tecnología que trata de ponerlo al servicio de la industria. O podemos descubrir cómo en el futuro las autoridades se afanan por crear “autómatas carentes de pensamiento”, zombies sin voluntad. Como se puede ver, la ciencia ficción que recoge Afrofuturo(s) no es ni mucho menos simple estética, como a menudo se apunta. Los relatos están llenos de contenido, un contenido que transmite mensajes, que trata de provocar cambios, que hace denuncias, que se preocupa por el futuro.

Hace ya mucho tiempo que Nnedi Okorafor, la escritora estadounidense de origen nigeriano, trataba de responder a la pregunta capciosa de si África estaba preparada para la ciencia ficción. Okorafor teorizaba sobre una ciencia ficción adaptada a los gustos y las necesidades de los lectores africanos, adaptada a sus experiencias cotidianas y sus anhelos, adaptadas a sus trayectorias históricas y culturales. Al mismo tiempo, la escritora de origen nigeriano predicaba con el ejemplo y en medio del debate y las dudas, ella colocaba en el delta del Níger animales mutantes por el contacto con el petróleo. Ahora, ocho años después de aquella reflexión, las dudas son mucho más pequeñas y, quizá, las mentalidades se hayan abierto un poco.

Para ayudar a estos cambios, 2709books ha tratado con extrema delicadeza la antología original. Ha mimado la traducción de la mano de Alejandra Guarinos Viñals. Y ha respetado el espíritu original de la compilación, sobre todo, en lo que tiene que ver con su difusión. El nuevo libro de la pequeña editorial se distribuye en formato digital, tiene como objetivo acercar a los amantes de la literatura de ciencia ficción a la literatura africana y a los amantes de la literatura africana a nuevos géneros. Para eso nada mejor que la facilidad de la distribución propuesta por 2709books

Elegía de la identidad fronteriza

“Así es como habitualmente defino mi propia identidad. La considero fronteriza, es decir, anclada, no en un lugar de ruptura, sino, por el contrario, en un espacio de constante adhesión. La frontera, según la defino y la vivo, es el lugar en el que, sin descanso, los mundos se tocan”. Es uno de los primeros pasajes del texto “Vivir en la frontera”, una de las conferencias que componen el volumen del mismo título de la escritora camerunesa Léonora Miano.

La autora camerunesa Léonora Miana. Foto: T. Orban Abacapress.

Los libros de la Catarata han editado un volumen en el que Miano reúne seis conferencias que ha ido impartiendo en diferentes escenarios entre 2009 y 2011. “Hasta ahora, casi todas estas intervenciones, aunque no siempre, tuvieron lugar en Estados Unidos”, confiesa la escritora en la Introducción con un evidente resentimiento hacia el desdén galo. Las transcripciones de estas intervenciones son, en realidad, una auténtica radiografía de la escritora y de sus circunstancias, de las ideas que mueven su creación, de su aproximación a temas como la identidad, pero también sobre la propia producción literaria, entre otros temas.

La conferencia que lleva el nombre del libro (más bien al revés) es la principal reflexión sobre lo que Miano ha dado en llamar la multipertenencia, entendida como la idea de una identidad formada por aspectos diferentes. Un concepto que se desprende de esa “vida en la frontera” en la que todo entra en contacto, se mezcla, se contagia y acaba recreándose a través de la hibridación.

En “Escribir el blues”, la disertación de Miano se desarrolla en diferentes líneas. Por un lado, hay un apunte vital, sobre su aproximación a la escritura. Por otro lado, hay un abordaje identitario, sobre la importancia y la conciencia del color de la raza. Y, finalmente, una reflexión estilística, como es la compleja relación de la estructura de las novelas de Miano, con la música y fundamentalmente con los géneros que se consideran propios de la música negra, como el blues o el jazz, fundamentalmente. Cada uno de esos estilos responde a objetivos, voluntades y experiencias diferentes. “Yo trabajo sobre temas difíciles”, dice la autora, “sobre algo de lo que la gente preferiría no hablar, pero que sin embargo está ahí. Y no trato de adornarlo. Como mi trabajo tiene que ver con la creación artística, necesariamente desarrolla una estética. En la capacidad de crear belleza de lo que genera el sufrimiento humano reside la promesa de conocer días mejores”, sentencia con esperanza la novelista camerunesa.

En “Leer por fin a los escritores subsaharianos”, la reflexión gira en torno a la idea de “literatura africana” y Miano no hace prisioneros. Precisamente, esta conferencia, dictada en una universidad estadounidense, no tiene ningún reparo en reseñar los males de la academia en su aproximación a las obras de autores nacidos en el continente. Miano, reitera una y otra vez a su auditorio, la superficialidad con la que los académicos leen las novelas de escritores subsaharianos. Como ese abordaje está completamente condicionado por los estereotipos y por una visión occidental que impide, siquiera, que esos autores sean considerados en su justa media, como creadores íntegros, más allá de su condición de africanos. Miano exige que los académicos se acerquen a cualquiera de esas novelas, como lo harían con la de cualquier otro autor del mundo.

“Las negras realidades de Francia” es la excusa para reflexionar sobre las migraciones y sobre la construcción de la comunidad afrodescendiente en el hexágono. “Ser negro hoy en Francia, es ante todo estar en una situación de impoder. Es no dominar su propia imagen, ya que está fabricada por los demás, que son los que forjan el objeto de su temor, de su odio, de su desprecio o de una empatía infantilizante”, destaca Miano. La autora camerunesa formula el concepto “afropeo”, para referirse a un escritor con una experiencia particular en la que encuentran su espacio de manera natural y sin estridencias los mundos africano y europeo.

Un sentido similar en algunos aspectos tiene “Silenciados: los hijos ocultos de Marianne”. En este caso, sin embargo, el énfasis aparece más ubicado en las condiciones de vida de las comunidades negras y, fundamentalmente, en que los contextos de discriminación y desigualdad han llegado a instalarse con firmeza. Después de un repaso por las diferentes caras de la relación histórica entre Francia y África subsahariana, sobre todo en la barbarie de la trata y el desequilibrio de la época colonial, Miano afirma: “En la Francia hexagonal vive una población afropea, procedente de inmigrados subsaharianos y caribeños (…). Es esta la enorme diversidad de lo que África y Francia generaron. Nunca han dejado de estar en contacto, cualquiera que fuera el modo, y mutuamente se han transformado”. La autora se lamenta de que la imagen que Francia se da de sí misma, obvia la realidad de los subsaharianos del país.

Por último, “Afrodescendientes en Francia: representaciones y proyecciones”, es la excusa para la constatación de una comunidad negra en el país galo. Los “franceses negros”, dice con frecuencia la escritora camerunesa. Habla también de relaciones asimétricas construidas con el tiempo, de las deudas, prácticamente que Francia mantiene con el continente africano. “Digámoslo claramente: el África de la que hablamos hoy, a la que se le acusa de las peores calamidades, aquella que se contempla con mirada condescendiente y no fraterna, es extranjera para los propios subsaharianos. Deben volver a ser dueños de su propio espacio y dotarlo de sus propias aportaciones”, dice la escritora después de revisar la imagen que se tiene de la responsabilidad de los africanos en su propia historia más dramática.

Pero, más allá, del repaso de las seis conferencias se impone una mención especial a esa “Vivir en la frontera” que muy acertadamente da nombre a la publicación. La idea de las identidades liminares es una aportación especialmente interesante de Léonora Miano en un mundo en el que cada vez parece ser más necesario justificar el derecho de los migrantes. Miano hace de esa existencia híbrida un motivo de orgullo y explica a la perfección la riqueza de esa identidad de multipertenencia. “Las identidades fronterizas nacieron del dolor. Nacieron del desgarro, de la violación, del odio de sí mismo. Debieron atravesar las sombras para inventar un anclaje en arenas movedizas e imponerse no contra, sino entre los demás. En el fondo, viven en un espacio cicatricial. La cicatriz no es la herida. Es la nueva línea de vida creada encima. Es el terreno de los más insospechados posibles”, asegura la escritora. Además, para ella, “ser africano es ser un híbrido cultural. Es vivir en la frontera”, sentencia la autora con cierta satisfacción.

Lenguas africanas y literaturas africanas: EL debate

“Seguramente en un África libre de opresión a ningún escritor se le ocurriría expresar sus sentimientos y los sentimientos de su gente en otra lengua que no sea la suya propia”. Es una frase del senegalés David Diop que Ngũgĩ wa Thiong’o reproduce en su ensayo “La lengua de la literatura africana”. El keniano es, probablemente, una de las voces más autorizadas para lanzar el debate sobre el uso de las lenguas en las literaturas africanas. Un debate tan monumental como abrumador.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

Al margen de compartir o no las reflexiones del escritor keniano y eterno aspirante al Premio Nobel, hay que reconocer que el novelista, ensayista, dramaturgo y autor de literatura infantil abre sin delicadeza el delicado melón de las lenguas que lanza salpicaduras incómodas sobre el neocolonialismo, las dependencias culturales, los intelectuales cautivos o las diferencias de clases. Desde la política hasta la filosofía, y por supuesto la economía o la cultura, Ngũgĩ wa Thiong’o demuestra cómo la decisión sobre la lengua que se emplea para escribir tiene ramificaciones en todos los ámbitos de la vida.

El libro Descolonizar la mente, publicado este año en la colección Debolsillo, de Penguin Random House, alberga el mencionado ensayo y se completa con una reflexión del autor sobre las lenguas en el teatro o la ficción. En ese primer capítulo Ngũgĩ wa Thiong’o establece el marco, los motivos y las condiciones del uso de las antiguas lenguas coloniales en la literatura. La pertinencia de sus reflexiones está fuera de lugar. El escritor abandonó el inglés como su lengua literaria, para los géneros de ficción, en 1977. Adoptó una postura ideológica, a partir de ese momento, escribiría en gikuyu (a excepción de los ensayos) porque esa era la lengua en la que se expresaban las personas a las que quería dirigirse, las clases más populares, lo que él mismo llama “el campesinado y el proletariado urbano”.

Descolonizar la menteEn este planteamiento de las bases, Ngũgĩ wa Thiong’o hace un repaso de cómo la literatura en lenguas europeas acabó por hacerse con el título de “literatura africana”, mientras que su posicionamiento como el de otros autores es que “la literatura africana sólo puede escribirse en lenguas africanas, esto es, las lenguas del campesinado y del proletariado urbano, la mayor alianza de clases en cada una de nuestras nacionalidades, y, sin duda, los agentes de la inevitable e inminente ruptura revolucionaria con el neocolonialismo”. Para el escritor keniano este secuestro del concepto de “literaturas africanas” se produjo en el momento de la lucha por la liberación nacional y las postindependencias cuando los intelectuales de la “burguesía nacionalista y patriótica” consiguieron cierta ascendencia. Estos autores africanos en lenguas europeas coparon el mercado editorial, pero ni siquiera consiguieron hacerse con las audiencias más amplias, las clases populares.

Por otro lado, el escritor keniano cuestiona y critica algunos de los hitos de lo que entendemos como literatura africana, precisamente algunos en los que él mismo participó. El caso más evidente es el del Congreso de Escritores Africanos de Expresión Inglesa celebrado en Makere en 1962. Pretendía ser una especie de fundación de una nueva fuerza de la literatura africana realmente consciente. Sin embargo, como si título indicaba excluía desde su concepción a la mayor parte de los escritores los que escribían en lenguas africanas. Sin embargo, las mismo tiempo, descubre (al menos al que escribe) algunas joyas desconocidas e impagables. Albert Gérard escribió en 1981 African Language Literatures, una antología que demuestra, en contra de los análisis más extendidos, que desde el siglo X hay literatura escrita en lenguas africanas. Todo un descubrimiento.

En la misma línea, Ngũgĩ wa Thiong’o pone de manifiesto las contradicciones que se desencadenan en este ámbito de las lenguas y las literaturas. Mientras los intelectuales entendían que las lenguas nacionales era un rasgo de atraso, la mayor parte de la población las usaban con naturalidad, sin traumas. “El campesinado nunca vio una contradicción entre hablar sus propias lenguas maternas y la pertenencia a una comunidad geográfica nacional o continental”, escribe el autor keniano, que ironiza con el hecho de que cuando no hubo más remedio esas clases populares utilizaron también las lenguas coloniales, pero “las africanizaron sin ningún respeto por su pedigrí como el que demostraron Senghor o Achebe”. Así es como se refiere a la formación de lenguas africanas propias a través de la deformación particular de las lenguas europeas. El krio en Sierra Leona o el pidgin en Nigeria son algunos de los ejemplos que cita.

La aberración ahora comúnmente aceptada ha sido separar la esfera de la formación, de la lengua formal, la de la administración, la de la producción cultural e intelectual, toda la que tiene un prestigio social importante y la lengua en la que los ciudadanos se relacionan entre sí y con sus familias. Esta disfunción que ya denunciaba Ngũgĩ wa Thiong’o ahora está completamente aceptada.

Otra de las contradicciones más evidentes es cómo las diferentes formas de colonización, la religión, las teorías económicas neocoloniales no tienen ningún problema en comunicarse en lenguas africanas, precisamente para conseguir llegar a todas las capas de la sociedad. Mientras tanto, los discursos de la contestación, de la reacción, del combate a esas ideologías se hacían en las lenguas europeas y eso hacía que la masa del “campesinado y el proletariado urbano” que atrae toda la atención de Ngũgĩ wa Thiong’o quedase excluida del debate.

“¿Acaso no estamos perpetuando en el ámbito de la cultura ese espíritu neocolonial de dependencia y servilismo?”, se pregunta Ngũgĩ wa Thiong’o como una de las claves de este complejo debate. Y concluye este armazón teórico sobre el uso de las lenguas afirmando: “Los escritores africanos estamos obligados por nuestra vocación a hacer por nuestras lenguas (…) lo que todos los escritores a lo largo de la historia del mundo han hecho por sus lenguas al asumir el reto de crear en ellas una literatura, un proceso que luego se abre a la filosofía, a la ciencia, a la tecnología y a todas las demás áreas de la creatividad humana”.

Así queda servido el debate sobre el uso de las lenguas, la pregunta inasumible de ¿qué es la literatura africana? La última contradicción es que estas reflexiones de Ngũgĩ wa Thiong’o no son nuevas, de hecho las escribió hace más de treinta años, en 1984, y el debate continúa abierto.

Desde África, en español

La literatura ecuatoguineana, la saharaui y la del norte de Marruecos y las obras de autores africanos de zonas que no han tenido la influencia colonial española pero que han optado por el español como lengua de expresión. Esas son las tres patas de lo que Inmaculada Díaz Narbona considera las literaturas hispanoafricanas, una realidad que para esta investigadora forman “un corpus heterogéneo, en su consolidación, producción y calidad, que requiere atención y difusión”. Y aunque esta atención, a menudo no llegue a los niveles merecidos, la verdad es que entre los autores que entran en la clasificación de Díaz Narbona hay algunos sobradamente conocidos (en entornos de interés por el continente africano, aunque todavía no para el gran público). Se refiere a personalidades como Donato Ndongo-Bidyogo, Agnès Agboton, Guillermina Mekuy, César Mba Abogo, Justo Bolekia Boleká, Inongo-vi-Makomè, entre otros.

literaturas-hispanoafricanasDiaz Narbona coordina un trabajo coral en el que se aborda esta literatura hispanoafricana desde diversos puntos de vista. Se trata de Literaturas Hispanoafricanas: Realidades y contextos, editado por la Editorial Verbum. Y uno de los elementos que resulta más atractivo de este trabajo es su punto de partida, según la explicación de la propia autora. “La hipótesis de partida fue la de concebir la literatura como una herramienta utilizada para el conocimiento de sociedades ignoradas o sociedades marginales, como se las encasilla en otros ámbitos. La creación literaria se convierte así en una herramienta clara de conocimiento mutuo, de diálogo imprescindible en un momento histórico en el que la construcción de la nueva sociedad española se imponía”, explica la investigadora en la presentación del libro.

Entre sus páginas nos encontramos un abordaje diverso. Por un lado, algunas de las aportaciones optan por un criterio geográfico, como la poesía ecuatoguineana, los escritores amazighs en Cataluña, o la literatura saharaui; mientras que otras se atienen a criterios temáticos, la sexualidad y el erotismo en las escritoras africanas en español, la literatura ligada a las experiencias migratorias o la literatura de mujeres. Resulta imposible desgranar todos esos contenidos que hacen un repaso por manifestaciones completamente distintas que sólo tienen en común ese punto de partida que destacaba Díaz Narbona, utilizar el español, para presentar unas realidades sociales con las que existen nexos (a menudo históricos o culturales), pero que han sido intencionadamente invisibilizados.

Por eso, este trabajo, aunque no se plantee explícitamente en esos términos tiene algo de reivindicación, de llamada de atención y de exigencia de una atención merecida a un fenómeno habitualmente menospreciado. En este sentido, el propio Donato Ndongo reflexiona acerca de cómo se ha pasado de una práctica negación de la existencia de esta literatura hispanoafricana a un esfuerzo por su reconocimiento. El veterano intelectual es categórico en la construcción de esa esfera hispanoafricana (en lo que se refiere al idioma y los nexos históricos y culturales) cuando señala: “De esa herencia histórica, el norte de Marruecos, Sáhara Occi­dental y Guinea Ecuatorial adquirieron su peculiaridad: como anti­guos ‘territorios españoles’, son parte integrante de la vasta geografía lingüística del idioma español, y deben ser, por derecho propio, partí­cipes del mundo cultural hispánico, amplio y plural, al que aportan su propia esencia”.

También resulta incuestionable la defensa de Ndongo en torno a la voluntad de mantener esta herencia a pesar de las voluntades de los gobiernos (tanto los españoles como los africanos): “Está sobradamente demostrado: no son los gobiernos, sino los pueblos, los dueños de una lengua. Son sus hablantes quienes la erra­dican o conservan, enriquecen, vivifican y transforman según sus gustos y necesidades, permitiendo su evolución y continuidad. Ni se puede suprimir por decreto, ni la crea el capricho de una élite. Desde esta experiencia, y desde estas convicciones, afirmamos con absoluta seguridad que será vano todo intento de borrar el español en África”.

Por experiencia propia, Ndongo anuncia la emergencia de toda esa esfera de obras escritas en español por autores que no necesariamente han nacido en territorio español y recuerda cómo los anglófonos, los francófonos o los lusófonos no tienen inconveniente en destacar las obras de autores de todas las razas y culturas, de todos los continentes para defender la grandeza de sus lenguas. “Habrá que asumirlo”, advierte, “la literatura en lengua española dejó de ser un territorio acotado, exclusivo y excluyente, de españoles y criollos latinoamericanos”. Y en esa ampliación del abanico incluye evidentemente a ecuatoguineanos, saharauis y marroquíes de tradición hispanohablante, pero también a autores africanos de otros entornos lingüísticos y, extendiendo esta voluntad inclusiva a filipinos, afro-latinoamericanos o “latinos” de Estados Unidos. “Solo así queda completo el atlas general de la amplia, variada y riquísima geografía literaria producida en esta lengua, que aporta a nuestro ámbito cultural formas narrativas y temáticas diver­sas, fruto de visiones y emociones variadas”, sentencia Ndongo.

El libro coordinado por Inmaculada Diaz Narbona ofrece, así una visión amplia de un fenómeno que existe, a pesar de todo, y que va en aumento. Además se trata de una realidad a la que no se puede perder de vista, porque si atendemos a lo ocurrido en otros entornos lingüísticos, de esta literatura hispanoafricana puede llegar una aportación renovadora al idioma y al imaginario en los próximos años, como ya hace tiempo que está ocurriendo con los autores del sud y centroamericanos. He aquí una puerta abierta a otras sociedades, pero también una nueva visión, con otros ojos, de la nuestra, que puede enseñarnos mucho.

Feminismo, feminidad y naturalidad

Chimamanda Ngozi Adichie es, posiblemente, la escritora contemporánea con más proyección internacional. Es un estatus difícil de cuantificar, pero los resultados de ventas de sus libros, la trascendencia de sus apariciones y, sobre todo, el hecho de que su nombre resulte familiar cada vez a más personas, avalan esta situación. No hay duda de que sus novelas, desde La flor púrpura, hasta la más reciente Americanah, le han hecho un hueco a Adichie en el panorama editorial universal. Sin embargo, lo que ha permitido que su nombre resuene entre el gran público ha sido un discurso, una conferencia o, más bien, un relato oral. El archiconocido “El peligro de la historia única”.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro.

Después de esa intervención convertida en video viral, que sólo en la página oficial de las conferencias TED tiene casi diez millones de reproducciones, Chimamanda Ngozi Adichie volvió a subirse al escenario de TEDxEuston en 2012. En ese momento, su conferencia sobre los estereotipos africanos estaba en pleno apogeo y quizá por eso, esa segunda ponencia tuvo menos repercusión. Por eso, y por el tema del que trata esta exposición. El título lo dice todo: “Todos deberíamos ser feministas”. Y en el propio discurso la escritora nigeriana lo deja muy claro. “No es fácil tener conversaciones sobre género. Ponen incómoda a la gente y a veces la irritan. Tanto hombres como mujeres se resisten a hablar de género, o bien tienen tendencia a restar importancia rápidamente a los problemas de género. Porque siempre incomoda pensar en cambiar el estado de las cosas”, escribe la autora. Ahora esa conferencia, ese relato oral ha sido transcrito, traducido y publicado como un diminuto y delicioso libro por Penguin Random House Grupo Editorial.

Tanto “El peligro de la historia única” como este “Todos deberíamos ser feministas ha demostrado la capacidad oratoria de la escritora, lo que la convierte, en realidad, en el perfil completo del autor de la tradición de la que procede. Las habilidades narrativas de Adichie no se limitan a sus novelas, aunque sí que son el espacio en el que más se despliegan.

En el relato que leemos en Todos deberíamos ser feministas, la escritora dibuja un retablo de situaciones que demuestran la desigualdad a la que hacen frente las mujeres sólo por su condición de ser mujeres. “De forma que, en un sentido literal los hombres gobiernan el mundo”, dice la escritora. Y a través de experiencias propias de las referencias a diálogos, de las experiencias propias, de la amiga que se sacrificó por salvaguardar su matrimonio, o de aquella vez en la que fue interrogada en un hotel de lujo “porque es impensable que una mujer nigeriana pueda ser una clienta que paga su habitación”, o muchas otras escenas que configuran el mundo en el que “la situación actual en materia de género es muy injusta”.

todos deberiamos ser feministasUna de las afirmaciones que más ha calado de este relato es aquella en la que la autora se define como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma, no para los hombres”, para matizar todas las connotaciones negativas de “feminismo”. “Odias a los hombre, odias los sujetadores, odias la cultura africana, crees que las mujeres deberían mandar siempre, no llevas maquillaje, no te depilas, siempre estas enfadada, no tienes sentido del humor y no usas desodorante” parece decir, según Adichie, la autoafirmación del feminismo. Por ese motivo, ella reclama el significado de la palabra, sin connotaciones, sin sobreentendidos. Un feminismo sin complejos que incluye la naturalidad incuestionable de que hombre y mujeres deberían tener los mismos derechos y las particularidades que cada uno quiera añadir a su forma de entender los géneros. “El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente”, advierte la escritora. Y por eso, ella misma se pone a la cabeza del cambio. “Estoy intentando desaprender muchas lecciones de género que interioricé al crecer”, confiesa, para luego asegurar: “He decidido no volver a avergonzarme de mi feminidad. Y quiero que me respeten siendo tan femenina como soy”.

Y es que las historias que va apuntando Chimamanda en su relato describen un rasgo común de la actual educación de género: el hecho de que constriñe a las niñas, pero también a los niños. “Definimos la masculinidad de una forma muy estrecha. La masculinidad es una jaula muy pequeña y dura en la que metemos a los niños”, afirma la escritora nigeriana. En su reclamación de un cambio, la escritora no busca culpables. Si la respuesta de algunos es “la mujer están subordinadas a los hombres porque es nuestra cultura”, ella recuerda que “la cultura nunca para de cambiar”. Porque con su habitual capacidad para romper tópicos, muchas de las experiencias que menciona Chimamanda tienen como protagonistas a mujeres norteamericanas. “El género importa en el mundo entero”, avanza la escritora, “y hoy me gustaría pedir que empecemos a pensar un plan para un mundo distinto. Un mundo más justo. Un mundo de hombres y mujeres más felices y honestos consigo mismos”.

Chimamanda Ngozi Adichie ha cimentado un cambio de la imagen de África en un público que ni siquiera se había planteado que tuviese estereotipos sobre el continente. Quizá con Todos deberíamos ser feministas empiece a hacerse cuestionar esta realidad a aquellos que ni siquiera se habían planteado la discriminación.

Los libros (no sólo) son para el verano

La playa siempre es un buen lugar para leer. Autor: Tony Madrid

La playa siempre es un buen lugar para leer. Autor: Tony Madrid (cc)

En Wiriko nos despedimos del curso 2013-2014 y nos tomamos una anheladas vacaciones veraniegas. Sin embargo, no queremos afrontar este “obligado” parón sin haceros unas recomendaciones para que mantengáis un verano próximo a la literatura africana o para que podáis recomendar a vuestros amigos libros que les abran la puerta a este universo que compartimos con vosotros. A continuación queremos recordaros algunos de los lanzamientos más importantes de esta primera mitad de 2014, en lo que se refiere a obras de autores africanos y ediciones en castellano.

En esta lista hay un poco de todo, como en la literatura africana. Está la “superestrella” mediática con una trayectoria contrastada y la aspirante a “estrella” mediática llamada a entrar en la constelación de los no-discutidos.  Hay un autor prolijo pero poco (o nada) conocido en el ámbito hispanohablante y hay un libro rescatado del olvido y desempolvado  después de más de treinta años. Hay una antología deliciosa sobre un tema polémico y hay un interesante y prometedor experimento con las nuevas formas de edición. Curiosamente hay mucho dolor y mucho desgarro y, sobre todo, el desgarro de la distancia, que aparece como uno de los catalizadores más importantes para el proceso creativo. Entre las recomendaciones hay libros de los que ya hemos hablado en esta sección, otros sobre los que hablaremos en breve y algunos sobre los que pretendemos poder hablar en el futuro.  Os dejamos con esta selección de títulos para disfrutar en verano.

americanah• The number one

Sin duda el lanzamiento literario del año en lo que respecta a autores africanos es Americanah, la tercera novela (y el cuarto libro) de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. Adichie es posiblemente, la autora africana con más proyección internacional actualmente. En Americanah, la nigeriana se mete de cabeza en temas delicados como la experiencia de esta lejos de casa, la diáspora, la inmigración, el exilio; y, al mismo tiempo, el de la identidad. Adichie hace, en este relato, bandera de un elemento casi anecdótico, como puede ser el pelo, para afianzar la importancia de las raíces y el orgullo y las dificultades de los orígenes. El único inconveniente de este libro, para la época estival, es su volumen; por lo demás, es un alimento intelectual absolutamente devorable.

Lejos de Ghana_300_CMYK• El asalto

Tayie Selasi ha sido una abrumadora revelación este año. Con su primera novela Lejos de Ghana, publicada originalmente en inglés en 2013 pero traducida durante este 2014, Selasi tenía casi garantizada la atención mediática. A pesar de ser nacida en Londres y criada en EE.UU., pero de origen ghanés, Selasi aparece voluntariamente en la nómina de autores africanos, porque ha hecho de su postura “afropolita” su principal seña de identidad. De nuevo, en Lejos de Ghana aparecen la inmigración, la identidad, la familia y las raíces, como elementos fundamentales. En este caso, Selasi muestra una postura desinhibida, una postura que tiene que defender por su posicionamiento y su meteórica trayectoria.

vinculos secretos• La línea clásica

Vamba Sherif transita en Vínculos Secretos un camino que se acerca mucho a una línea narrativa clásica. La obra de este liberiano se presenta como una novela de misterio, pero va adquiriendo tintes de sobrenaturales a medida que el protagonista se va adentrando en la realidad de una localidad rural para investigar la desaparición que le ha llevado allí desde la ciudad. El mundo de lo invisible y las creencias tradicionales se mezclan con una trama en la que se sondea el efecto del poder en las personas y los fenómenos del mal gobierno. Se dice que Vínculos Secretos surgió de un encuentro de Sherif con el dictador Charles Taylor, por lo que no es de extrañar la preocupación del autor.

la casa del hambre• En el fondo del baúl

Sajalín Editores ha escarbado en el fondo del baúl para recuperar una obra publicada originalmente hace más de treinta años, concretamente en 1978. Se trata de The house of hanger, de Dambudzo Marechera, publicada este año como La casa del hambre. Marechera nació en Zimbabue, cuando el país todavía se llamaba Rodesia, y después de la trayectoria propia de un autor maldito murió a los 35 años. Marechera era un escritor atormentado y turbulento; impulsivo, agresivo y problemático en su vida personal, se convirtió literariamente en un transgresor e innovador creador de una narrativa muy personal.  La casa del hambre fue su obra inicial, fruto de esas experiencias traumáticas que refleja a través de una prosa que puede parecer desordenada, pero que representa a la perfección el diálogo interior de un protagonista que se plantea los elementos más básicos de su vida, de una persona que hace temblar sus propios pilares. Se dice que La casa del hambre supuso un cambio fundamental en el discurso narrativo postcolonial, abandonando el realismo y haciéndose mucho más expresivo.

los deseos afines• Una literatura que conmueve y enamora

Los deseos afines es una antología de relatos de autores africanos recién publicada. La particularidad de este compendio es que todas las historias tienen un hilo conductor común que se transmite en su subtítulo: “Narraciones africanas contra la homofobia”. Se trata de la traducción de una obra recopilatoria impulsada por la organización sudafricana Gay and Lesbian Memory in Action (GALA) y que originalmente se tituló Queer Africa. Esta antología recoge textos que transmiten la diversidad de posibilidades de vivir la propia sexualidad, lo que nos permite enfrentarnos a historias de ocultación, historias de valiente publicidad, hombres que aman hombres en medio de una guerra decimonónica o mujeres que aman mujeres en un contexto actual; amantes que reprochan la marcha de personas a las que amaron en secreto o jóvenes que homenajean a homosexuales que fueron para ellos un ejemplo de conducta. De todo un poco y, sobre todo, la manera en la que Eduardo Mendicutti (que firma el prólogo) justifica el título: “Todos ellos demuestran, una vez más, que el corazón humano disfruta, padece, se encresta, se calma, sueña y desea en todas partes de la misma manera. En todos ellos los lectores homosexuales y heterosexuales identificamos los placeres, los sentimientos, la rabia, el alivio, los sueños y los deseos afines”.

Cubierta - El entierro de mi tío - Venance Konan - 2709 books• El experimento

La editorial 2709 books ha iniciado durante esta primera mitad del año un proyecto ambicioso y arriesgado. Es la primera editorial que publica libros sólo en formato electrónico y, de momento, se decanta, por la narrativa africana. 2709 books ha arrancado esta andadura con tres relatos del marfileño Venance Konan Robert y los Catapila, La gata de Maryse y El entierro de mi tío. Todas ellas son narraciones que en la estructura se acercan mucho a la del cuento tradicional africano, pero que destacan por un tratamiento intencionado del humor. Konan alardea en estos relatos de una narración fresca y atractiva que atrapa y entretiene y que, sin parecerlo, va inoculando enseñanzas morales.

Lo que está por llegar para el 2014 postestival es todavía una incógnita. Quizá tengamos la suerte de encontrarnos con la traducción de alguna de las obras revelación de las que hemos ido hablando en Wiriko. En varias ocasiones hemos reclamado estas ediciones en castellano de trabajos que se están desvelando como exitosos en el ámbito francófono o anglófono (recordamos, por ejemplo, dos revelaciones como son NoViolet Bulawayo u Okey Ndibe) o algunas de las iniciativas interesantes que se están desarrollando en el ámbito editorial en África, como el de Cassava Republic (con autores como Nnedi Okorafor o Mukoma Wa Ngugi) o tal vez llamen la atención las obras galardonadas internacionalmente como la de la reciente Caine Prize Okwiri Oduor. Sin duda la antología Africa39 que se presentará justo después del verano con una nómina de los mejores autores jóvenes de África (fundamentalmente de la esfera anglófona), sería otra buena opción. En realidad, de buenas opciones, la literatura contemporánea africana está llena. Así que sólo nos quede desearos un buen verano, lleno de letras africanas.

Música y política en la compleja realidad de Mali

Que la música es algo más que una “simple” manifestación artística es una convicción que diferentes tipos de melómanos tratan de transmitir de las maneras más diversas. Pero cuando se intenta proyectar una idea compleja como esta, lo más difícil es encontrar el ejemplo que lo muestre de una manera que no admita discusión. Andy Morgan ha encontrado ese ejemplo en Mali y ha generado una especie de carretera de doble dirección: el ejemplo de Mali ayuda a entender la importancia de la cultura y, más concretamente, de la música; y el papel de la música ayuda a entender la realidad de Mali, la compleja comunión de tradición y modernidad, de sociedad y política, de fuerzas integradoras y desintegradores, de estados y globalización.

Portada del libro.

Portada del libro.

El ejercicio de Morgan lleva por título Music, culture and conflict in Mali, tiene forma de libro y es tan arriesgado y controvertido como interesante. Mezclar música y política, para que una explique la otra y viceversa, se presenta como una temeridad, que sin embargo, en el caso de Mali parece tener toda la razón de ser. Morgan asegura que sin la música Mali no sería Mali, y para ello cuenta con la complicidad de algunos de los artistas del país del África Occidental más conocidos internacionalmente. Y su reflexión, su investigación y sus conclusiones, en este sentido, cobra todo el sentido cuando se realizan con el telón de fondo de la prohibición contra la música que los grupos islamistas radicales impusieron en los territorios que controlaban en un momento del conflicto en Mali. En este sentido, por ejemplo, se puede leer un análisis de la voluntad de los impulsores de esta medida en términos de “alienación”. El rapero Amkoullel plantea: “Cuando se destruyen todas las referencias de un pueblo, la memoria que se conserva en los museos, los monumentos, la cultura y la música, es como si ese pueblo ya no tuviese un pasado y es entonces cuando se puede reemplazar lo que se ha tenido por lo se está proponiendo”.

Y quizá en esta frase de Amkoullel, como en muchas otras de los artistas que aparecen en el libro, se encuentren algunas de las explicaciones del arraigo que la música tiene en Mali. Paradójicamente, un elemento de peso es que Mali ni guarda su memoria y su historia (o, al menos, no exclusivamente) en los contenedores físicos. La memoria, la historia de Mali está en gran medida escrita en las narraciones o en las canciones tradicionales y se ha transmitido de manera oral durante siglos. Y esta es otra de las circunstancias que se hace absolutamente insalvable desde el momento en el que se pide a los propios artistas su opinión, como hace Morgan. Muchos de ellos, se saben herederos de una u otra manera de la tradición de los griot y los djeli, de la narración y la transmisión oral, de eso que nunca nos hemos atrevido a calificar categóricamente ni de literatura oral ni de oralatura. Y es curioso, pero parece que la referencia más sencilla es la más habitual. Morgan, se refiere a la epopeya de Soundjata, como uno de los ejemplos incontestables de cómo la historia se ha transmitido durante ocho siglos, pero también de cómo la música y la literatura (lease, literatura oral) han ayudado a conservarla.

Andy Morgan. Fuente: web del autor www.andymorganwrites.com

Andy Morgan. Fuente: web del autor www.andymorganwrites.com

El autor de Music, culture and conflict in Mali, Andy Morgan es en la actualidad escritor y periodista y colabora con diversos medios, fundamentalmente, británicos. Sin embargo, en su pasado hay una etapa como organizador de eventos y mánager de grupos. Es precisamente esa época en la que destacan hitos como la colaboración en la organización del Festival au Désert o la estrecha relación con Tinariwen, seguramente el grupo de música tuareg más conocido. Esas relaciones son las que marcan la relación de Morgan con la música del país del África Occidental y, al mismo tiempo, le ha permitido el contacto y la colaboración con una amplia y representativa lista de artistas que aportan sus visiones en este volumen.

Quizá la perspectiva inicial del trabajo de Morgan esté excesivamente ligado a la actualidad, pero lo cierto es que ese intento de poner un freno a la música en Mali es sólo la excusa para que la reflexión vuele mucho más allá. De hecho, a pesar de la amenaza de caer en un cierto tono derrotista, la investigación de Morgan es en realidad un canto a la esperanza. “Sin música, Mali moriría”, dice, pero lo cierto es que sigue habiendo música, así que el mensaje parece ser realmente un mensaje de vida.

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Para más información:

Cuenta Facebook del libro.

Perfil de Twitter del autor.

Un fragmento del libro (en inglés).

The Chimurenga Chronic: un acto de rebeldía cultural

Un fragmento de la portada del Chronic

Un fragmento de la portada del Chronic

En estos tiempos cualquier aventura editorial únicamente se puede calificar de auténtica locura, pero algunas de ellas habría que añadirles un “hermosas” locuras o un “bienvenidas” locuras o, quizá, “afortunadas” locuras o, incluso, un “necesarias” locuras. Es el caso de The Chimurenga Chronic, una publicación periódica panafricana, que pone toda su experiencia en una dimensión mucho más cultural que la prensa convencional y que se basa, fundamentalmente, en una visión del mundo en la que prima la creatividad. Vaya, una auténtica locura.

The Chimurenga Chronic se enfrenta al mundo a pecho descubierto, sin matices, sin ocultarse. No en vano “chimurenga” significa en lengua shona algo así como “lucha revolucionaria”. Pero su revolución es distinta. Su revolución es de las que entienden que la cultura y el arte sólo pueden  ser comprometidos. Por eso, se podría decir que las dos características más importantes de The Chimurenga Chronic son la creatividad y el compromiso.

Este proyecto no es ni mucho menos un periódico, aunque haya adoptado esa apariencia. Se trata más bien de un proyecto editorial en el que escritores y periodistas tratan temas de relativa actualidad pero empleando un tono y unos géneros con una libertad creativa que elude el encorsetamiento del entorno puramente periodístico. De este modo, las páginas del Chronic albergan reportajes, pero también textos de no ficción creativos, otros autobiográficos, es decir experiencias en primera persona; acompañados por espacios satíricos y análisis. La explicación del sentido de esta iniciativa es tan sencilla como atractiva. Lo explica el propio editor jefe de este proyecto editorial, Ntone Edjabe cuando se queja de que parece que “el conocimiento producido por los africanos sólo puede estar restringido a la simplicidad por estar atrapados en una lógica de emergencia” constante; por ese motivo el Chronic no pretende demostrar, sino que es la muestra de lo que dice su editor Edjabe: “Efectivamente, existe el hambre y la guerra, pero también hay vida. Existe también la innovación, el pensamiento, los sueños, en definitiva, todas las cosas que hacen la vida”.

Portada del suplemento de libros que incluye la publicación

Portada del suplemento de libros que incluye la publicación

The Chimurenga Chronic es la prueba perfecta que apoya todas estas tesis de su editor y para ello las páginas de esta apasionante locura albergan una lista de nombres que sólo puede despertar admiración. En el primer número del proyecto, aparecido en abril de 2013, se podían leer firmas como las de Wainaina, Nganang o Kahora, entre muchos otros. En realidad, esta corta trayectoria de unos siete meses y dos números es engañosa. The Chimurenga Chronic bebe de un proyectus interruptus, un ensayo bautizado como Chimurenga 16, realizado en 2011 y que hasta este The Chimurenga Chronic no ha encontrado continuidad. En realidad, nada en un océano mucho más amplio, el de la “plataforma” Chimurenga que incluye desde un magacín que ha actuado ambiguamente como padre, precursor y paraguas del Chronic, una editorial esporádica, una librería-biblioteca, espacios de investigación conjuntos o una emisora de radio, entre otros elementos.

Si el proyecto del Chronic, a efectos de contenidos, de enfoque y de géneros, parece una atractiva locura, la filosofía y la mecánica de trabajo hacen saltar por los aires todos los esquemas y, sobre todo, demuestra la arbitrariedad de las fronteras. La voluntad de romper las fronteras (figuradamente) de los géneros ya había quedado clara, pero es que los responsables de esta publicación desbordan las fronteras físicas (literalmente). El Chronic es, sobre todo, una publicación panafricana. Eso no quiere decir que en sus páginas escriban autores de diferentes países… no. El Chronic se produce, como si se tratase de un solo espacio, en Ciudad del Cabo, Johannesburgo, Nairobi, Paris, Lagos, Yaundé, Accra, Kinshasa, Dakar, Kampala y Delhi; y la edición impresa se distribuye en las principales ciudades de Sudáfrica y en tiendas concretas en Mozambique, Zimbabue, Nigeria, Kenia, Uganda, India, Francia, Alemania, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos. Esta distribución parece, más bien, un gesto simbólico teniendo en cuenta que los números se pueden adquirir formalmente en todo el mundo a través de la tienda on-line.

El camerunés afincado en Sudáfrica, Ntone Edjabe, editor de The Chimurenga Chronic y fundador de la plataforma Chimurenga. Fuente: Wikimedia - Lettera27

El camerunés afincado en Sudáfrica, Ntone Edjabe, editor de The Chimurenga Chronic y fundador de la plataforma Chimurenga. Fuente: Wikimedia – Lettera27

Partiendo de la base de que detrás de toda esta locura y de la plataforma Chimurenga, en general, está Ntone Edjabe resulta un poco menos extraño lo descabellado, arriesgado y atractivo de la apuesta. Ntone Edjabe es un camerunés afincado en Sudáfrica desde hace veinte años. Se trata de un auténtico guerrillero cultural. Aparece como escritor y periodista, pero también como DJ y, evidentemente, como ideólogo y promotor de locuras realizables, siempre relacionadas con una cultura comprometida y nada conformista. Esa es la trayectoria de su vida, proyectos editoriales y musicales que habitualmente han tenido un carácter aglutinador y que no se han frenado frente a impedimentos como las nacionalidades.

Edjabe ha conseguido, además de reunir a personajes comprometidos de la vida cultural, ir construyéndose un considerable prestigio en otros ámbitos (desde el académico, hasta el institucional) a fuerza de sacar adelante estas iniciativas fuera de lo común. Así, en la andadura del Chronic cuenta con la colaboración y el apoyo de otros editores independientes africanos como Kwani? (Kenia) y Cassava Republic Press (Nigeria) e instituciones como el Chinua Achebe Centre for African Writers and Artists del Bard College de Nueva York (Estados Unidos), el Mail & Guardian (un diario sudafricano), la Glänta (una revista literaria sueca), la lettera27 Foundation, el Goethe Institute, la Heinrich Boell Foundation SA y Medecins Sans Frontieres.

Y, afortunadamente, Wainaina escribió sobre África

 

Binyavanga Wainaina. Fuente: Wikimedia - Nightscream

Binyavanga Wainaina. Fuente: Wikimedia – Nightscream

Binyavanga Wainaina es uno de esos autores que han sacado pecho a favor de un tratamiento justo del continente al que pertenece y por las explicaciones que ofrece, no se trata tanto de una cuestión de ideología doctrinaria, como de simple (y sana) justicia, un ejercicio de “honor a la verdad”. El escritor keniano ya mostró su compromiso, un compromiso fáctico con aquel How to write about Africa (algo así como ‘Cómo escribir sobre África’) y ahora da un paso más en Algún día escribiré sobre África, un relato autobiográfico con un título, en parte, engañoso, pero con un resultado valioso, muy valioso, por la capacidad que tiene la realidad para hacer saltar por los aires los estereotipos.

How to write about Africa supuso un éxito inesperado, según los editores de Algún día escribiré sobre África, fue el artículo más reenviado electrónicamente la historia de Granta, la revista en la que se publicó. Wainaina daba una receta para periodistas y escritores que quisieran desarrollar sus trabajos literarios en el continente negro. El autor keniata recomendaba los puntos que se debían tener en cuenta para que un relato africano resultase exitoso en Occidente. Los ingredientes incluían, por ejemplo, tratar África como un solo país porque el continente está poblado de “personas demasiado ocupadas por pasar hambre, morirse, guerrear o emigrar como para leer tu libro” y la realidad es demasiado compleja “y a tu lector no le preocupan todas esas cosas, sino tus descripciones románticas y evocadoras”.  O incorporar en la foto de la portada fotos con “AK-47, costillas prominentes o pechos desnudos”, mejor que las fotos de africanos de clase media.

Cubierta de How to write about Africa

Cubierta de How to write about Africa

Otras de las recomendaciones hacían referencia a recordar que los “africanos llevan la música y el ritmo dentro” y que comen “cosas que no comería ningún otro humano”, obviando el arroz, la ternera o el trigo y mencionando que “el cerebro de mono es uno de los platos favoritos de la cocina africana, junto a la cabra, la serpiente, las lombrices, las larvas y todo tipo de carne de caza”. Al mismo tiempo, mencionaba algunos temas tabú en estos relatos africanos, como “las escenas de la vida cotidiana, el amor entre africanos (a no ser que esté relacionado con alguna muerte), las referencias a escritores o intelectuales africanos o las menciones a los niños que van al colegio y que no sufren ningún virus, ébola o mutilación genital femenina”.

Así, Wainaina iba desgranando irónicamente todos los tópicos de la imagen deformada de África que habitualmente ofrecen los medios de comunicación, la literatura o el cine. Lo curioso es que ese artículo fue la respuesta a las publicaciones de Granta en las que, según consideraba el autor, se reproducían estos estereotipos. Y el editor de la revista decidió publicarlo. Como se ha visto después, hizo gala de un muy buen ojo editorial.

Cubierta de Algún día escribiré sobre África

Cubierta de Algún día escribiré sobre África

El Algún día escribiré sobre África, que recientemente ha publicado la editorial Sexto Piso no reproduce exactamente el mismo esquema aunque la capacidad que tiene para desmantelar estereotipos es indudable y, en este caso, usando la realidad como el argumento más poderoso. Se trata de un relato autobiográfico, la historia de un joven keniano que crece en un entorno acomodado. El accidentado periplo del joven Binyavanga se va entrelazando con los acontecimientos políticos de la región desde la Uganda de Idi Amin, hasta las turbulentas elecciones de 2007 en Kenia, pasando por el final del Apartheid en Sudáfrica.

Lo que hace saltar por los aires todos los prejuicios es que la vida que cuenta Wainaina, su propia vida, contradice completamente la receta que irónicamente había detallado en su How to write about Africa. Es una historia que se desarrolla fundamentalmente en un África urbana, compuesta por un puzle de excesos, de fracasos, de desilusiones, de renovadas esperanzas, de buenas intenciones que nunca llegan a cumplirse porque se topan con la realidad, de desencantos, de nuevas ilusiones, de superación de obstáculos y de pequeños éxitos que se convierten en grandes victorias.


Uno de los ingredientes de la receta de Wainaina para escribir sobre África era que los personajes africanos fuesen “coloridos, exóticos y llenos de vida”, pero debían estar “vacíos interiormente, sin diálogos, sin conflictos o resoluciones en sus historias, sin profundidad y sin particularidades”. Pues bien, los protagonistas de Algún día escribiré sobre África, están llenos hasta los topes de contradicciones, de sentimientos y de remordimientos; tan pronto se dejan llevar por los instintos sin pensar en las consecuencias como protagonizan episodios de una impresionante grandeza cotidiana; reflexionan y discuten, en la misma medida que beben y bailan; tan pronto sientan las bases de un futuro fructífero como se dejan caer en la apatía.

Y en medio de este recorrido vital del joven Wainaina, el autor (y también protagonista), nos cuela discretamente un análisis mucho más profundo de lo que parece sobre asuntos más generales como las migraciones interafricanas, la convivencia entre las comunidades o los procesos de construcción nacional, así como los entresijos del tribalismo que siempre tenemos en la boca sin saber de qué hablamos.

Lo mejor, lo más interesante es que Wainaina ofrece, esta vez sí a diferencia de lo que hacen muchos otros autores, un retablo de un “África real”. Es evidente que el título puede parecer inadecuado (África no es un solo país y el autor lo sabe perfectamente), pero del discurso que hay bajo la historia se puede entender perfectamente que lo que el autor anhelaba era escribir sobre “una” de las áfricas, sobre “su” África, y, sobre todo, abrir la puerta a que sean los africanos quienes nos cuenten sus experiencias reales del África real.

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Otros recursos para saber un poco más

– El perfil de Twitter de Wainaina.

– Las primeras páginas de Algún día escribiré sobre África ofrecidas por la editorial SextoPiso

– Otros artículos sobre How to write about Africa, en el blog de Lola Huete, en el de la ONG DYES, de la mano de Chema Caballero, y en África no es un país.

– Otros artículos sobre Algún día escribiré sobre África, en Al Jazeera, en África no es un país, de la mano de Ángeles Jurado, y en Literafrica.

Janis Otsiemi y la novela policiaca con sabor de barrios bajos

Janis Otsiemi. Fuente: web de la editorial Jigal

Janis Otsiemi. Fuente: web de la editorial Jigal

La novela policiaca no es uno de los géneros más habituales de la literatura africana. Pero tampoco se puede decir que sea una auténtica excepción. Probablemente el ritmo de urbanización del continente tenga mucho que ver con el hecho de que en los últimos años este tipo de relatos se ha ido haciendo más popular. No es demasiado extraño que sean las historias ambientadas en ciudades las que den mucho más juego a los autores que, poco a poco, se van decantando por este tipo de narraciones.

 

Cubierta de la obra Le Chasseur de lucioles

Cubierta de la obra Le Chasseur de lucioles

Janis Otsiemi es uno de los autores africanos actuales más conocidos de este género, al menos, en lo que se refiere a la literatura del África francófona. Este gabonés de 36 años ha hecho de la novela negra canalla su seña de identidad, con títulos como Peau de balle, La vie est un sale boulot, La bouche qui mange ne parle pas o el más reciente Le Chasseur de lucioles. Uno de los rasgos más destacados de este escritor es precisamente su lenguaje, con el que a pesar de publicar habitualmente en Francia, no pretende demostrar un dominio del francés. Lejos de impresionar al público galo con sus habilidades lingüísticas, Otsiemi emplea este instrumento para transportar al lector al escenario de la historia, no sólo a Gabón, sino habitualmente a los rincones más truculentos de las ciudades del país.

El propio Otsiemi asegura que se crió en uno de los más populosos bidonvilles de Libreville, la capital gabonesa. Y que su primera motivación para escribir fue mostrar a sus amigos y compañeros la realidad del entorno en el que se había movido. Por ello, Otsiemi sitúa las acciones en los bajos fondos de la ciudad, pero también por ello, emplea un lenguaje evocador, que incorpora giros y palabras en argot y en lenguas locales que seguramente hacen tirarse de los pelos a los académicos franceses. Sin embargo, la explicación que ofrece el autor es sencilla, siente la necesidad de “mancillarla” para poder poseerla y añade que esa, la manipulación de la lengua, es también una pequeña revancha contra el colonizador. Una justificación, cuando menos, curiosa.


Interview de Janis Otsiemi sur Canal Plus por Ed-Jigal
Este novelista gabonés es tan descarado como desacomplejado y su obra tiene una evidente vocación de provocación en la medida en la que adereza el misterio de la trama con la presencia de prostitutas, con la corrupción y los ambientes del lumpen más descarnado. Sin embargo, no es sólo la voluntad de provocar lo que le mueve. Otsiemi escribe además ensayos políticos y asegura que ambos géneros, la novela y el ensayo, le permiten sacar los colores a su país, poner de manifiesto y denunciar las “taras” de la sociedad gabonesa. Trabajar con el material más marginal, da la posibilidad a este escritor de mostrar esas deficiencias.

Estas condiciones y esta vocación crítica le ha valido algunos obstáculos. El pasado mes de marzo, Otsiemi fue protagonista de una cierta polémica cuando estando invitado a salón del Libro de París, las autoridades francesas le denegaron el visado justo antes de su partida de Gabon. En aquel momento, las instancias diplomáticas galas alegaron deficiencias en el proceso burocrático de demanda del permiso para acceder a la Unión Europea. Sin embargo, algunos medios entendieron esta decisión como una forma de censura hacia escritores africanos que pueden resultar “molestos”.

Estas características de una narrativa que camina por el camino de lo que él llama “miserabilismo” no ha impedido que su obra sea apreciada y galardonada. Entre los reconocimientos más importantes que ha recibido están el hecho de ser finalista en el Grand Prix Littéraire de l’Afrique Noire en la edición de 2012, y el de haber estado nominado al Prix Ahmadou Kourouma en 2013.