La diversidad cultural de Barcelona pone el foco en África

En el interior de un espigado edificio de color gris en Barcelona presentado como Centre Cívic Navas se encuentra la primera pieza del ciclo de Diversitats, Cultures del Món. Llama la atención por la explosión de colores de telas estampadas con diversos motivos, al estilo de Vlisco, la exposición de tejidos de LALOLA d’Àfrica. Están expuestas en marcos de madera, tejidas en pequeños pantalones y faldas, y doblegadas en pequeñas zapatillas. Allí nos encontramos con Oriol Pallarès, el coordinador de la programación.

El barrio de Navas se encuentra en la franja este de la ciudad de Barcelona, en el distrito de Sant Andreu. En el conjunto del barrio se reúne un 27,9 % de población migrada, de la cual el 4,6 % nacieron en el continente africano, siendo las nacionalidades más presentes del sur del Sáhara Senegal, Guinea y Nigeria.

La propuesta de Diversitats, Cultures del Món, nace en un intento de poder especializarse como centro en un ámbito que a la vez pueda acoger y exponer diversas perspectivas de distintas disciplinas. Este foco, por lo tanto, contempla la exposición de aspectos tanto artísticos, culturales como sociopolíticos. Con ello, y por su cometido ineludible al servicio de la comunidad, este espacio pretende dar a conocer otras realidades a habituales del centro cívico.

Este ciclo empieza casi por casualidad en la región del Oeste Sur-sahariano, nos cuenta Oriol. Empezó tirando del hilo de Marga Mbande, y de allí comenzó a conocer a otros artistas. “Es como si se hubiesen manifestado los vínculos dentro de la comunidad de la diáspora africana en Barcelona”. Así, en la programación, encontramos estilos de lo más variados. Como nos explica Oriol, las jornadas pretenden huir de la folclorización de las culturas africanas y de la representación del continente africano como una región donde aparentemente la cultura tradicional es imperante. Por eso, han decidido aunar sonidos de la modernidad y la hibridación intercontinental, así como los más tradicionales.

Marga Mbande.

El programa fue inaugurado la primera semana de Octubre con el espectáculo de Ndione Michel Doudou, pero en los próximos días encontraremos artistas de distintos orígenes e identidades artísticas, como son Ngomez Nokass y Betty Akna.

Griots de Senegal y un espacio de creación para la infancia

Ngomez Nokass, que significa algo así como “salsa picante de distintos ingredientes de la familia Ngom”, como nos cuenta Mamadou Ngom -componente del grupo-, no es la primera vez que actúa en la ciudad condal. El colectivo ya lleva 15 años en Barcelona, 10 de los cuales participando al son del djembé, del sabar, del djun djun, del soruba y la tama en su vida festiva y pública.

Ngomez Nokass.

Nos explica, además, sorbiendo de un café en una terraza cualquiera, que Ngomez Nokass es un concepto originario de la familia de griots a la que pertenece, ya desde Senegal y que viajó junto a su tío para consolidarse en Barcelona. Es así como sus espectáculos no pretenden ser únicamente animados, festivos, enérgicos y frescos –que también-, si no que además procuran dejar un mensaje. “Queremos que cuando el público se vaya, tenga algo de lo que hablar”, como expresa Mamadou. Por ello explican las canciones a la audiencia y hacen vibrar al ritmo de los mensajes de sus composiciones, que tratan de distintos temas, como por ejemplo el agradecimiento a sus madres.

Asimismo, como griots con la idea de llegar a distintos públicos, ofrecen también un taller, un espacio de creación para la infancia en el que desde la producción de sonido y movimiento se promoverán los mensajes que inspiran sus canciones. Podréis encontrarlos el 10 de Noviembre para el taller de creación, y para la tralla final, el 16 de Noviembre.

Una exposición sonora de colores:

Betty Akna. Imagen de Afroféminas.

El 21 de Diciembre también es una fecha a reservar. Estará Betty Akna ofreciendo una explosión sonora de colores. La artista vuelve a Barcelona, la ciudad dónde se crió, y de la que nos declara, recordando el pasado, que le tiene un cariño especial y agradece todo lo bueno que ha podido aprender; contenta y honrada por participar en una iniciativa cultural y artística dirigida a África.

La cantante llega después de vivir durante unos años en Guinea Ecuatorial, una experiencia que, recalca, le ha hecho crecer y completar su identidad sonora. Como expresa “no es lo mismo escuchar las canciones en un reproductor de música que vivirlas en el terreno y directamente con los artífices de ella”. Betty Akna, consciente de este proceso, pretende ser uno de los referentes culturales de tanto personas migrantes como autóctonas. Así expresa la artista su voluntad: “Ser embajadora artística de una cultura, de una realidad existente pero desconocida y/o distorsionada por muchos, e inspirar a las personas en general y a los africanos en particular a amar su cultura y compartirla“.

Además una de las particularidades que ha podido añadir a su música, alma y voz ha sido la lengua Ndowe en algunas de sus composiciones como en “I miss you” o “Lembo la mboka ame”. Aspecto que además de ofrecer sonoridades y fonemas singulares al canto, da la oportunidad a generaciones actuales como futuras. “Escuchar esta lengua y parte de la carga cultural de ésta, no se perderá” como nos expresa desde el sentimiento la artista.

Jowaa (Ghana) aterrizan este sábado en Madrid

El sábado 21 de octubre, Moto Kiatu trae en exclusiva y desde Ghana, al colectivo Jowaa, un referente del AfroBass. Cargados con un artillería pesada de ritmos infecciosos, Jowaa tiene una larga historia de hacer mover las caderas con la reciente ola de Azonto reforzando la posición de Accra como el mayor productor de jams africanas. Junto a los DJ’s de Moto Kiatu (Savannah, Malaria, Sinsistema y veinn), prometen hacer bailar Madrid durante seis horas, desde las 17:00h. hasta las 23:00h. de la noche.

El aforo es de 70 personas y para asistir precisas de invitación. Consigue ya la tuya pinchado aquí.

Jowaa, tendiendo puentes con AfroBass:

Jowaa, aka Gafacci & BBRAVE, elevan este terreno fértil a otro nivel, usando arreglos electrónicos y llevando los sonidos de Ghana a un nuevo espacio. Nacieron a principios de 2017 después de haber estado cocinándolo durante dos años, desde que Gafacci & BBRAVE se encontraron y se dieron cuenta de su pasión común por la música ghanesa y electrónica. Después de varios experimentos, el dúo al final convirtió su sonido en un concepto haciendo a la gente ‘bailar duro’, “JO WAA” en lengua Akan.

Gafacci es un genio del Fruity Loops y ha trabajado con innumerables artistas ghaneses, entre ellos Dee Moneey, Sarkodie, Chase, Ice Prince, Dr. Cryme y muchos más. Benjamin Lebrave, por otro lado, dirige el sello musical Akwaaba Music y actúa en la pista de baile como embajador una vez que se pone detrás de los platos con el nombre de BBRAVE. Ha actuado en docenas de países de los cuatro continentes y es capaz de destilar ritmos africanos en cualquier ambiente.

Con el baile como vehículo, Jowaa tiene como objetivo unir mundos, diversificar sonidos y conectar gente. Después de ver la emergencia del Kuduro en Luanda o del Gqom en Durban, Jowaa sabe que es el momento de que Accra enseñe su vitalidad. Piensan que es lugar y momento para bucear en sonidos innovadores y para ofrecer formas alternativas de conectar gente y de abrir mentes.

Actualmente tienen la atención internacional gracias a unas puestas en escena inolvidables en lugares como el Africa Bass Culture Festival de Burkina Faso, el Nyege Nyege Festival de Uganda y con la gira por Europa que están realizando estos días. No te pierdas su paso por España con la Sesión V de Moto Kiatu, esta vez, junto a Jowaa.

Moto Kiatu es un proyecto de Wiriko pionero en cultura electrónica africana.

Sorteamos 3 entradas dobles para ver Ibibio Sound Machine en Madrid

Será el viernes 13 de octubre, en Sala Caracol, cuando la británica de ascendencia nigeriana Eno Williams, con su banda Ibibio Sound Machine, pisen Madrid. ¡Y no queremos que te lo pierdas! Por eso…

Ibibio Sound Machine es una banda compuesta por ocho miembros que crea música electrónica con inspiración africana alterada con ecos de la era dorada del funk del África occidental, del sonido disco y de los más modernos post-punk y electro. Afro-beat-electro-pop podría ser una definición posible. En sus letras se mezclan evocaciones de imágenes poéticas nigerianas con conciencia política, algo que puesto frente a la tensión de sus paisajes afro-electro genera un espacio único de afrocentricidad. El grupo ha encontrado su groove y sabe cómo hacerlo correr en cualquier dirección que le apetezca, siempre con el absoluto control de la situación, el que les permite dejarse llevar. En la instrumentación, la percusión camina por delante, mientras por detrás los arreglos son variados y ambiciosos, con cada tema girándose y retorciéndose a través de cambios de ritmo y riffs de espalda contra espalda, como si fuera un ser vivo. Sumémosle la voz de Eno Williams, excitante, que canta tanto en ibibio (lengua nigeriana) como en inglés. Tienen dos álbumes publicados, su debut homónimo, de 2014, y el reciente “Uyai”, que salió en marzo de este año en el sello Merge Records.

¿Cómo conseguir una de las 3 entradas dobles para verlos el viernes 13 de octubre del 2017 en Sala Caracol de Madrid?

Comparte nuestro post de Facebook en tu muro y envíanos tu canción favorita de Ibibio Sound Machine a [email protected] con el asunto SORTEO IBIBIO MADRID. Y no te olvides de añadir tu nombre y apellidos, junto a tu DNI.

Lxs más rápidxs serán lxs ganadorxs.

*** Sorteo exclusivo para nuestros seguidores de Facebook ***

 

La Sudáfrica que nos regaló el Primavera Sound

El dúo Radio 123, la polifacética Marley BloO y el rapero G-C son cuatro artistas sudafricanos que han formado parte del Primavera Pro, un espacio que promociona a músicos emergentes de diferentes países en el marco del festival Primavera Sound de Barcelona (31 mayo – 4 junio). Con motivo de su visita a la Ciudad Condal, hemos podido conversar con ellos sobre su trabajo, pero también sobre su visión de Sudáfrica, un país en el que recientemente los jóvenes se han puesto a la cabeza de distintas movilizaciones sociales contra la discriminación, el racismo y los símbolos coloniales.

Radio 123

Radio 123    

Radio 123 es pura energía. Nyameko Nkondlwane y Simangaliso Mfula son los integrantes de un dúo cuya música se define principalmente con dos palabras “Mandela Pop” y que con sus canciones, cantadas en diferentes lenguas sudafricanas, reflejan la vida cuotidiana de los suburbios de las grandes ciudades de un país que tiene 11 lenguas oficiales.

N.L: ¿Qué significa para vosotros formar parte de este festival?

Nyameko: Para nosotros estar aquí significa muchísimas cosas, sobretodo porque venimos de una escena nacional sudafricana muy distinta. Es algo que siempre habíamos soñado como banda y se está haciendo realidad. Significa muchísimo.

N.L: ¿Podríais explicar qué es vuestro “Mandela Pop”?

Simangaliso: “Mandela Pop” es un sonido de libertad y liberación, un sonido para que la gente rompa las cadenas mentales de la esclavitud. Es el símbolo de Nelson Mandela quien, a pesar de todo, volvió al pueblo con un mensaje de paz y amor y quería asegurarse que todo el mundo fuera feliz, aunque no se puede contentar a todos. Así que “Mandela Pop” es el sonido para romper esas cadenas y que la gente pueda liberarse. Hay demasiados problemas en el mundo y nosotros queremos contribuir a que la gente reciba amor y sea feliz.

“Mandela Pop” es un sonido de libertad y liberación, un sonido para que la gente rompa las cadenas mentales de la esclavitud.

N.L: Cantáis en diferentes lenguas, ¿es el reflejo de la sociedad sudafricana?

Nyameko: Sí. El lenguaje, a pesar de ser algo bonito, es también un vehículo de desacuerdo que puede ser utilizado para dividir a la gente. Nosotros cogemos lenguas africanas y las mezclamos con el inglés para transmitir el mensaje de que el lenguaje no debe ser una barrera. Tú hablas español y yo inglés, aunque mi lengua materna es el xhosa, pero todo ello no debería ser una barrera, sino que deberíamos ser capaces de cruzarnos por la calle y sonreír para entender que todo va bien, sin necesidad siquiera de intercambiar dos palabras. Creo que la música tiene también ese poder de transmitir un mensaje sin importar la lengua en la que se cante.

N.L: ¿En qué estáis trabajando ahora y qué mensaje queréis transmitir con vuestra música?

Simangaliso: Acabamos de lanzar nuestro nuevo single, llamado Thando, que estará incluido en nuestro próximo EP Manga Manga. Nuestro mensaje es One Love. Creemos que si todos tuviéramos amor, el mundo sería un lugar mejor. Y, sobretodo, que es necesaria la capacidad de perdonar, la capacidad de decir “no pasa nada, te perdono.” Si somos capaces de hacer eso como seres humanos, este mundo será un lugar mejor. Todos cometemos errores, por eso es importante que sepamos perdonarlos.

N.L: ¿Cómo definiríais Sudáfrica hoy en día?

Nyameko: Después de todo lo que hemos pasado como país, Sudáfrica es un giro, simboliza el cambio. Quiero decir, ahora podemos ver a estudiantes blancos y negros compartiendo mesa o utilizando el mismo baño, algo que era impensable años atrás. Ningún país es perfecto, pero nos estamos enfrentando a nuestros problemas, intentamos comprendernos unos a otros y aceptarnos tal como somos, y de ahí también sale la inspiración para crear el sonido de “Mandela Pop”.

Simangaliso: Yo diría que Sudáfrica es el mundo. Puedes ir por la calle y oír fácilmente a alguien utilizando 5 lenguas distintas en una sola frase. ¡Eso solo lo he visto en Sudáfrica!

Marley BloO

Marley BloO   

Marley BloO llega con su guitarra acústica para ofrecernos una canción al final de la entrevista. Pintora, escultora, ilustradora, cantante, actriz… Marley BloO es una artista polifacética que también ha creado una empresa (BloO CheeZe) para impulsar a artistas de diferentes disciplinas.

N.L: ¿Qué significa para ti formar parte de este festival?

Es una oportunidad enorme, es algo increíble. El año pasado hablaba con mi mánager de dar el salto a la escena internacional y, cuando lo decíamos, mucha gente no se lo tomaba en serio, parecía solo una broma, y hoy es una realidad. Estoy muy entusiasmada con el hecho de conocer a tanta gente diferente, poder hacer contactos y la manera en la que todo está creciendo. ¡Es demasiada información para mí!

N.L: ¿Qué puedes explicarnos sobre tu proyecto “BloO CheeZe”?

BloO CheeZe es mi empresa. La creé hará un año y medio o dos y lo que hacemos es básicamente cubrir las necesidades de los artistas en términos de management, publicidad… Soy una artista polifacética, por eso no quiero centrarme solo en una disciplina, y quería también una compañía que fuera reflejo de lo que soy, es decir, que pudiera ayudar a artistas de ramas muy distintas.

N.L: Relacionado con la música, ¿en qué estás trabajando ahora?

Ahora mismo estamos de gira, así que estoy revisando todo mi trabajo anterior. Mi nuevo trabajo saldrá en septiembre y no será un proyecto convencional, sino que fusionará distintas disciplinas artísticas. Buscaba hacer algo diferente, no solo un álbum o un EP, sino algo menos convencional. Puedo decir que será un proyecto artístico con la música como banda sonora. Respecto a la gira, después de España nos dirigiremos a Ciudad del Cabo, Malawi, Tanzania y Mozambique.

N.L: ¿Cómo definirías Sudáfrica hoy en día?

La gran diferencia entre Sudáfrica y Barcelona, por ejemplo, no se encuentra en las calles, en las infraestructuras o en este tipo de cosas. La gran diferencia está sobretodo en la mentalidad de la gente. Es increíblemente distinta. Se ve en las conversaciones que tienes, en su forma de pensar… y puedo decir que, a pesar de su historia, Sudáfrica hoy en día es realmente un país muy acogedor con gente muy hospitalaria.

G-C en el Primavera Pro Night

G-C      

Gosiame Celebrity Ntshole (G-C) es un rapero sudafricano afincado en Johannesburgo con un directo arrollador. Su música ha sonado en las radios y televisiones de todo el país y ha formado parte de las sesiones sudafricanas MTV Base Cypher, que reúnen a los MC’s más prometedores del país.

N.L: ¿Qué significa para ti formar parte de este festival?

Significa todo para mí, es más que un sueño hecho realidad. Nunca pensé que podría estar en un sitio como este, sobretodo porque soy de una ciudad muy pequeña y la música que hago, en el modo en que la hago, no es lo más comercial que hay. Para mí significa principalmente tener el sentimiento de que estaba en lo cierto, que estaba haciendo las cosas bien.

N.L: Sudáfrica es uno de los países africanos más potentes en producción de rap. ¿Por qué crees que esto es así?

Como fan del hip hop, creo que lo más importante del rap es que nace de la lucha, como una forma de arte para los negros americanos con la que podían expresarse y denunciar su situación, y creo que en Sudáfrica nos hemos sentido identificados e inspirados por ellos para contar nuestra historia. Es como una terapia. Es algo que cala con mucha fuerza entre la juventud sudafricana como medio para expresar lo que vivimos y cómo vivimos.

N.L: Relacionado con la música, ¿en qué estás trabajando ahora?

Acabo de sacar un EP llamado “Only Lord Knows”, así que en este festival voy a presentar en directo algunas de las canciones por primera vez. Después volveré a casa y planificaré un tour, pero de momento acabo de lanzar el EP, que puede descargarse gratis en mi web: www.gccelebrity.com.

Sudáfrica es un país con una capacidad enorme que todavía no ha alcanzado todo su potencial.

N.L: ¿Cómo definirías Sudáfrica hoy en día?

Veo a Sudáfrica como un país con una capacidad enorme que todavía no ha alcanzado todo su potencial. Como un país con una juventud muy fuerte que lucha y levanta la voz ante las injusticias, y me siento muy orgulloso. Es un lugar maravilloso con un futuro muy prometedor

Ballaké Sissoko: “La música ha puesto a Malí en el mapa”

BalakéŽ y Segal, por Claude Gassian.

Esto es sobre dos amigos. Y dos instrumentos. Ballaké Sissoko y Vincent Segal. La kora y el violonchelo. Y momentos que se enraízan en la piel y es difícil sacarse.

Tan sólo unos focos cenitales iluminan un escenario desnudo. Ballaké Sissoko acaricia la kora y Vincent Segal espera apenas un minuto y se une con el pizzicato antes de frotar el arco contra las cuerdas de su violonchelo. Suena Chamber Music. Es sublime. El silencio se escucha y ni la inoportuna tos se atreve a dar la nota. Ha comenzado un concierto en el que se repasa el repertorio de un proyecto donde Malí y Francia se dan la mano en una fusión delicada.

Sissoko y Segal son un dúo artístico necesario con una premisa sencilla. “Todo se basa en nuestra amistad. Al principio teníamos que comprendernos, que entendernos. Pasamos días juntos para que nuestros oídos se acostumbraran”, dice Sissoko a Wiriko en su última visita a Londres.

En el camerino contiguo, Segal saluda a los amigos que se han acercado a felicitarle tras el concierto en el Cadogan Hall, en el barrio de Chelsea. Afectuoso, el violonchelista francés se disculpa aunque atiende a este medio poco después para complementar las palabras de su compañero. Dos charlas que retratan un trabajo en el que la música fluye de manera natural y que “no surge si simplemente unes a un músico de kora y a un violonchelista. Podemos hacer cualquier cosa cuando conectamos. No hay egos. Tenemos que ser amigos y hay amor porque de otra forma no haríamos lo que hacemos”, explica Segal.

Y eso se nota en el escenario.

Ballaké Sissoko se enamoró del violonchelo en Grecia. Fue la primera vez que veía el instrumento y posteriormente coincidió con Segal. “Tras el directo de Vincent con Bumcello en Amiens, me acerqué y le dije que deberíamos hacer algo juntos”, rememora el virtuoso de la kora. El maliense apostó por una colaboración que se convertiría en un encuentro cultural entre la kora y el violonchelo y que se escenificó por primera vez en el país galo. “Tuve la oportunidad de organizar un festival en Lyon e invité a Vincent en lo que fue nuestro primer concierto. Y después fuimos a Gabón, a Malí…”, y así hasta que surgió la idea de realizar Chamber Music, el primer disco del dúo, que se publicó en 2009.

“Vicent fue a Malí y le dejé a que fuera a descubrir las distintas sonoridades de Bamako. Adaptó instrumentos como el balafón, el ngoni e incluso la kora al violonchelo y a partir de ahí comenzamos a desarrollar el proyecto”, recuerda Ballaké. “Me rodeé de sus amigos, Toumani Diabaté vive en su misma calle, y después de un tiempo me entró en la cabeza. Ahora es como tomar instantáneas de esos sonidos con mi violonchelo”, dice el francés de su inmersión en la música maliense.

Balaké y Segal, por Claude Gassian.

El resultado fue una apuesta hecha con el corazón sin otro objetivo que el de disfrutar juntos y en el que el griot tomó plena responsabilidad. “Yo pagué Chamber Music y luego lo vendí a la discográfica No Format. Fue un aprendizaje mientras que en el próximo disco ya sabíamos lo que hacíamos”.

Musique de Nuit, el segundo trabajo de este dúo, es una velada onírica. Un álbum hecho madrugada, con poca lumbre y en la terraza de la casa de Ballaké. Sorbiendo té y en compañía de varios amigos. “La grabación fue de noche ya que en Bamako a otra hora del día hace mucho calor y es muy ruidoso. A Ballaké le encanta tocar en casa y al aire libre. Tocamos por tocar sin ninguna pretensión de hacer un disco. No teníamos ningún plan pero probamos unos temas y al final salió”, rememora Segal.

En este trabajo los músicos nos acurrucan y nos desvelan. Nos atemorizan y nos dejan dormidos tras el embelesamiento de una unión única que se escenifica en temas como Passa Quatro. Una nueva colaboración que suman a sus trayectorias y que demuestran la expansión musical de los artistas. Ballaké Sissoko ya había participado en en disco de corte clásico al colaborar en 2003 con el pianista italiano Ludovico Einaudi. El resultado fue el magistral Diario Mali. “No se puede vivir con la kora guardada en una habitación. Hay que dar y recibir y esa es la principal razón por la que he realizado tantas colaboraciones con otros músicos”, explica el maliense. Uno de sus primeros trabajos fue junto a su amigo Toumani Diabaté. New Ancient Strings fue un homenaje a la generación de sus padres. A esos griot que conquistaron los oídos occidentales. “La música ha puesto a Malí en el mapa. Mi padre y el de Toumani Diabaté comenzaron el camino pero esto es una nueva vuelta de tuerca, una nueva reflexión”.

En esa búsqueda de nuevos sonoridades, el maliense supo que el violonchelo era una forma de innovación pero sin estridencias y conforme a su manera de ver la música. “Ballaké se expresa por sí mismo a través de la kora. Es un músico clásico al que no le gusta la idea de escribir sus composiciones. Las memoriza”, describe Segal.

El experimento transcultural cuajó. Sin protagonismos y con una sencillez que se plasma en las palabras de ambos músicos. La voluntad de tocar por disfrutar de lo que se hace. “Siempre soñé con algo así. Quería hacer algo en acústico porque la imagen que se tiene de África es principalmente de festejo. Este proyecto podría seguir para siempre ya que es alivio y amor”, concluye Sissoko.

África y la convivencia reconquistan el Peñón

Mientras sus compatriotas votaban en las elecciones generales que determinaron la Camara de los Comunes, Gibraltar, territorio británico de ultramar, celebraba la tolerancia y la convivencia en su Festival de Músicas del Mundo. Sumergidos en un complejo momento en que las negociaciones del Brexit pueden afectar muy negativamente a esta colonia británica a un extremo de la península ibérica tanto como a los trabajadores transfronterizos de las poblaciones españolas que la rodean; el GWMF ha querido aportar su granito de arena para la construcción de paz a través de un encuentro musical y cultural edificante. Y como lo han querido hacer con África como epicentro, Wiriko se ha trasladado hasta allí para contarlo.

La gran pantalla del GWMF traza un puente hacia Mali:

Mali, país con trescientos grupos étnicos conviviendo dentro de sus fronteras y ejemplo de diversidad cultural, ha sido el foco principal de esta edición. El martes 6 de junio, se daba el pistoletazo de salida al festival en la sala Leisure con la proyección de dos documentales imprescindibles sobre la lucha de la música contra el avance de los rebeldes y el extremismo islamista en el país de África Occidental desde enero de 2012.

They Will Have to Kill Us First o “Antes tendrán que matarnos”, dirigido por Johanna Schwartz, se centra en cómo la prohibición de la música impuesta por la Sharia en el territorio del Azawad (norte de Mali), ha puesto en peligro una de las formas más importantes de comunicación e intercambio cultural del país.

Este poderoso documental expone la lucha común de la cantante Khaira Arby, de padre tuareg y madre songhaï, el tuareg Moussa Sidi y Fadimata ‘Disco’ Walet Oumar, líder del movimiento de liberación tuareg MNLA y refugiada durante el conflicto en el campo de Saag-Nioniogo, en Burkina Faso -. Pero también muestra el trabajo del proyecto Africa Express, de Damon Albarn, reuniendo a músicos occidentales y africanos (Songhoy Blues) para apoyar la difícil situación de la música en Mali. Con potente material de archivo sobre las aberraciones cometidas por los yihadistas en el norte, y crítico con la actuación militar maliense y francesa, la película resume la dureza de la vida en los campamentos de refugiados y sumerge al espectador en el peligroso viaje de reconquista de las ciudades del norte. La pieza culmina con un arriesgado concierto de Khaira y Disco en Tombuctú como símbolo de la resistencia musical.

La presencia del escritor y periodista británico Andy Morgan, una de las personas que más saben sobre música y política en Mali, puso en contexto la actualidad del conflicto para una audiencia compuesta de gibraltareños y expatriados británicos.

Lutz Gregor, director del documental Mali Blues, y Andy Morgan, escritor de They Will Have To Kill Us First, durante la actuación de Bassekou Kouyate & Ngoni Ba en la ‘street party’ AFREEKA, en el GWMF, 7 de junio de 2017. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Con Mali Blues, del berlinés Lutz Gregor, se hizo presente en la sala otra óptica del mismo conflicto. Con el seguimiento de Fatoumata Diawara, Ahmed Ag Kaedi, Master Soumy y Bassekou Kouyate (presente, junto a su familia y banda en la sala de proyección), el documentalista alemán aportó una pieza llena de poesía visual para contar la esencia musical de Mali, considerada la cuna del blues. “Los malienses, los músicos, no podemos perdonar“, sentencia en Mali Blues Bassekou Kouyate, uno de los personajes que más en serio se han tomado la revancha de los músicos contra el yihadismo en el norte del país.

Gregor plantea la brecha en la representación de las minorías del norte con las divergencias de la mirada de los bambara del sur a través de la voz del rapero Master Soumy. Su rap combativo reivindica la importancia del papel del hip hop para criticar la acción inadecuada del gobierno maliense tanto como del terrorismo islamista. Griots, tradicionalmente fieles al poder, y raperos, hábitos de denuncia social, se presentan como dos figuras distantes con el objetivo común de unir el país a través de la música.

Mali Blues toca profundamente al espectador, y de una manera especial, a través del personaje de Fatoumata Diawara, la cantante que huyó de su pueblo originario escapando al matrimonio forzoso y el maltrato psicológico causado por miembros de su familia, que tal como se cuenta en Mali Blues, la consideraban “bruja” y “puta”. El retorno, ya como artista internacional de alto calibre, es emotivo y doloroso. Las mujeres del pueblo la aplauden por su valentía, y una especie de reconciliación personal deja un cierto regusto de compasión por parte de la artista. Pero una dulce venganza se produce en la cinta, cuando a través de su voz y su guitarra, Fatou canta a las mujeres de su pueblo ante la mirada de admiración e incomprensión de las más jóvenes, para que se deje de practicar la Mutilación Genital Femenina a las niñas. Una vez más, el cometido educativo de la música se hace obvio; y con un debate posterior con las más mayores, Fatou planta la semilla del cambio en su pueblo. ¡Magnífico!

Fatoumata Diawara cantando a las mujeres de su familia. Imagen del documental Mali Blues, por Konrad Waldmann.

Como sucede con They Will Have to Kill Us First y el concierto para la paz en Tombuctú, Mali Blues termina en el escenario del Festival Sur le Niger, en la ciudad de Segou. Allí, Fatoumata Diawara ofrece el primer concierto de su historia en Mali. Un final esperanzador que deja la puerta abierta a un futuro posible, con la música, siempre, como parte fundamental de la cultura del país. Y con guitarras, koras, ngonis y percusiones marcando el latir de la reconciliación.

Las charlas Bright Med para la convivencia y la paz:

Después de empaparnos de la capacidad de la música para fomentar la unidad de un país con una diversidad cultural como la de Mali, era el momento perfecto para trasladar lo aprendido a territorio gibraltareño. Con el tema de la ‘convivencia’ como telón de fondo, las charlas se extendieron durante las mañanas del miércoles 7 y el jueves 8 de junio para profundizar en temas relativos a los derechos humanos, la educación y la responsabilidad que todos tenemos a la hora de construir un mundo inclusivo y tolerante.

Con 6,8 kilómetros cuadrados y 32.000 habitantes (de los que 8.000 son trabajadores españoles que viven en la Línea, al otro lado de la frontera), el cosmopolitismo de Gibraltar cuenta con una población bilingüe donde el patois propio (el llanito) es fruto de una multiculturalidad inherente. Católicos (el 80%), musulmanes (7%) – como lo atestigua la gran mezquita del Guardián de las Dos Mezquitas Sagradas, que mira hacia África-; hindúes (2%) y judíos (2%) conviven en paz y tolerancia entre los descendientes de genoveses, catalanes, judíos sefardíes del norte de África, hindúes y malteses, así como colonos de Gran Bretaña y España. No es de extrañar, así, que la ciudad sea un lugar idóneo en el que hablar de la integración de las minorías culturales.

Dentro de un programa que tuvo un vacío absoluto en presencia africana, incluso estando situado a 14 kilómetros de Ceuta (provincia española en Marruecos), destacaron enormemente las voces del kurdo iraquí Bakhtiar Amin, exministro de Derechos Humanos de Irak, y su esposa Safia Taleb Ali Al-Suhail, actual embajadora de Irak en Jordania. Ambos, con historias de vida marcadas por la violencia y la persecución, arrancaron ovaciones con sus diferentes intervenciones durante los dos días de charlas. Aplaudiendo los esfuerzos realizados hasta la fecha por liberar el 70% de los territorios iraquíes ocupados por el Daesh (o ISIS), ambos mostraron que aún queda mucho camino por recorrer para que el yihadismo deje de ser una amenaza real para todos.

Conferencia de Safia Taleb Ali Al-Suhail durante las BrightMed Talks en el GWMF 2017. Fotografía de Marcos Moreno.

Bakhtiar Amin criticó la hipocresía de la comunidad internacional tanto como de los estados árabes, impasibles ante los continuos ataques y muertes de inocentes en Oriente Medio (desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y sus aliados han matado a más de 20 millones de personas en 37 países). Y reprochó la doblez europea, que solo enciende velas y muestra su rechazo ante el terrorismo cuando las muertes se producen en París, Bruselas, Madrid, Nueva York o Londres. Asimismo, Safia Taleb Ali Al-Saohail quiso recordar que “el DAESH es el enemigo de los musulmanes primero, y antes que nada, y esto no ha quedado claro a muchas naciones”.

Si bien los expertos ya han mostrado cómo la invasión de Irak contribuyó a la creación del Estado Islámico – con la responsabilidad que ello conlleva para los gobiernos occidentales que participaron de esa ocupación, incluido el de Aznar-, parece que poco hemos aprendido. Desde hace 6 años, y con la misma lógica que nos ha llevado a la situación de inseguridad y muerte de civiles inocentes en toda la región, hoy la batalla se libra en territorio sirio.

Con cierto tono optimista, sin embargo, Safia Taleb Ali Al-Saohail subrayó la importancia de aplaudir la capacidad de resiliencia de las poblaciones en zonas de conflicto como Irak, que a pesar de llevar quince años en guerra, no han dejado de producir cultura. Lo vemos también en la mayor parte de África, un vasto continente afectado por diferentes conflictos y con ciertos focos de arraigo terrorista, y donde a pesar de todo, la cultura pervive.

Mali, Etiopía e Israel resuenan en el Peñón:

Tras las dos mañanas de debates y un concierto gratuito (bautizado como AFREEKA) ofrecido la tarde del miércoles en el Commonwealth Park, el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar culminó el jueves 8 de junio por la noche, en el enclave sobrecogedor de la Cueva de Saint Michael, en la parte alta de la reserva natural del Peñón de Gibraltar.

Yossi Fine en el GWMF. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Abrió la noche el bajista israelí Yossi Fine con el trío Ben Aylon, que insuflaron rock alternativo con pedales e influencias de todas partes del mundo. Su trabajo con los ghaneses Nana Dadzie, Adevo Savour y Benjamin Kouleho con el Ex-Centric Sound System en 2001 y sus colaboraciones junto a Vieux Farka Touré desde 2007 han hecho que Yossi Fine viajara por todo África buscando inspiración para su música. “Soy africano, todos los afrodescendientes lo somos“, comentaba a Wiriko durante una charla la tarde antes del concierto.

Gili Yalo y Adi Adunia en el GWMF. Fotografía de Gemma Solés / Wiriko.

Seguía el proyecto del etíope afincado en Tel Aviv, Gili Yalo, que destacó por su energía en el directo y por actualizar el ethiojazz con un proyecto que verá la luz pronto (y que podéis escuchar en nuestro último programa en M21). Bajó a bailar con la audiencia, y revolucionó la Cueva con eskista, el baile tradicional etíope en el que los hombros son los principales protagonistas. La participación de la cantante etíope Adi Adunia junto a Gili, fue la guinda de un pastel que también se pudo degustar en la primera edición del Festival de Blues de la Bahía, de Cadiz, dos días después.

Cerraron la noche los cabeza de cartel, Bassekou Kouyate & Ngoni Ba, que interrumpieron el Ramadán por unos días para poderse desplazar al Peñón a ofrecer lo que fue, el concierto más impecable de la noche. Los ngonis electrificados de Bassekou y su hijo mayor, Madou Kouyate, custodiaron la voz inmaculada e hiriente de Amy Sacko, esposa de Bassekou. Al frente de la banda, las coreografías y las sonrisas entre sus miembros no dejaron de iluminar la palestra, hasta que el Tama (o Talking Drum) de su sobrino, Mahamadou Tounkara, se hizo con ella para inflamar la cueva arrancando a bailar frenéticamente con uno de los instrumentos percutidos más representativos de África del Oeste.

Quizás, fuera, los más de 200 macacos que viven en la Roca y últimos simios libres de Europa, se sintieran por fin, conectados al continente del que descienden y que tan lejos parece. Dentro, muchos descubrirían por qué la música es la mayor exportación de Mali, y por qué, como se cuenta en los documentales que se proyectaron durante el Festival, los músicos son un bastión imprescindible para fomentar la unidad. Bisagras para la convivencia, que se hizo palpable en este extremo de una España británica.

Madou Kouyate, Moctar Kouyate, Amy Sacko, Bassekou Kouyate y Mahamadou Tounkara en el GWMF. Fotografía de Gemma Solés / Wiriko.

Hailu Mergia vuelve a poner el Ethiojazz en boca de todos

El etíope Hailu Mergia, durante su concierto en Sala Clamores, de Madrid, el pasado domingo 28 de mayo de 2017. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera / Wiriko.

Hacer lleno un domingo en Madrid con un concierto de ethiojazz no es fácil. Mucho más sorprendente aún, es conseguirlo sin apoyo de los grandes medios españoles, poco (o nada) acostumbrados a la cobertura de lo que tenga que ver con África en sus secciones culturales. Sin embargo, la sociedad, siempre un paso por delante, da muestras de esperanza, y la capital no defraudó al genio, que supo recompensarla con dos horas de psicodelia etíope pura, y dura.

Armado con su sintetizador, melódica y acordeón, Hailu Mergia se disponía a revolucionar a un público bien heterogéneo junto al bajista etíope Alemseged Kebede y el percusionista de Trinidad Ken Joseph. La elegancia del directo, con el aplomo de 3 instrumentistas de bandera, asombró a una Sala Clamores expectante, que pudo asistir a un auténtico aquelarre de folklore amhara, tigrinya y oromo con tintes retro-futuristas que demostraron porqué Etiopía sigue estando en el podio de la innovación musical.

La fusión de las escalas pentatónicas de la música etíope tradicional con los sonidos más negros de la música norteamericana – que a finales de los 60 y principios de los 70 lanzaron a la fama al “padre del ethiojazz”, Mulatu Astatke-, elevaron Madrid en una nube de ritmos hipnóticos con exuberantes y exquisitas melodías empapadas de jazz, funk, música latina y blues. Todo, ribeteado con la sonrisa perenne de una leyenda viva de la música, Hailu Mergia, que con sus 71 años, no dejó de bailar y animar al público durante todo el concierto.

Embriagados con baladas como Hari Meru Meru o Wede Harer Guzo y coreando en temas como Sintayehu, cuesta imaginar al virtuoso Hailu Mergia como taxista en el aeropuerto internacional de Dulles, en Washington, donde ha trabajado desde hace dos décadas. Qué injusto reconocimiento internacional al que grabó el original de Muzikawi Silt, uno de los grandes clásicos de la historia de la música moderna de Etiopía. ¡Qué inaceptable ingratitud la de la industria musical!

El “renacimiento” de esta figura imprescindible se lo debemos, en gran parte, al etnomusicólogo e investigador neoyorkino Brian Shimkowitz, fundador del sello Awesome Tapes from Africa. La reedición de Shemonmuyanaye/ Hailu Mergia & His Classical Instrument, de 1985, o del exitoso larga duración, Tche Belew, que Hailu grabó junto a la banda Walias en 1977, en colaboración con el vibrafonista Mulatu Astatke, revolucionó a los amantes del ethiojazz en 2013. El “rescate” y reedición de Wede Harer Guzo (“Viaje a Harer”, una ciudad del este de Etiopía), un cassette que Hailu Mergia grabó junto a la Dahlak Band en 1978, acabó de encender la mecha y volvió a situar en el mapa a un grande de la renovación de los sonidos africanos.

Y aunque pueden haber pasado cuarenta años de aquellas grabaciones, Clamores fue testimonio de que las jornadas de taxista en Washington no han hecho menguar ni un ápice la genialidad que le corre por las venas a este multi-instrumentista etíope.

Hailu Mergia, durante su concierto en Sala Clamores, de Madrid, el pasado domingo 28 de mayo de 2017. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera / Wiriko.

Un poco de historia

Hailu Mergia (1946) aprendió el lenguaje musical en la banda del ejército etíope, a principios de los 60. Tras un periodo como solista por los pubs de Addis Abeba, fichó para los míticos Walias Band, residentes en el famoso club Zula, de los que se convertiría rápidamente en líder.

La vida como músicos no les iba mal, sobre todo cuando la banda fue contratada como residente del Hotel Hilton, en la capital. Tras ocho años de bolos para diplomáticos, expatriados ricos y una elite etíope adinerada que se reunía en el lujoso hotel, Walias se fueron de gira por Estados Unidos (1981) haciendo de banda al mítico cantante Mahmoud Ahmed. Su público estaba principalmente formado por refugiados etíopes, y aunque esperaban recibir el clamor de la audiencia internacional, eso no sucedió.

Algunos de sus miembros decidirían no volver a Etiopía. Entre ellos, Hailu, junto a Girma Bèyènè, Mogès Habté y Mèlakè Gèbrè, que prefirieron el Estados Unidos de Reagan a la Etiopía comunista. Se cuenta que durante sus años de gloria en Addis, el toque de queda hacía que la gente se encerrara en los clubs y que no salieran hasta las 6 de la mañana, cuando se volvía a poder transitar por las calles.

Sea como fuera, parte de esa banda se negaría a volver atrás, y así se deshacía Walias Band (1983), una de las formaciones más míticas de Etiopía. De su escisión en Estados Unidos, nacía Zula Band, un grupo que funcionaría a duras penas hasta 1992. Decidido a no volver al país del cuerno de África, para entonces en medio de una transición turbulenta tras la victoria armada contra Menghistu, Hailu se convierte en programador de un pequeño local llamado Soukous Club. Aunque lo que acaba por pagar las facturas es el taxi, en cuyo maletero esconderá un piano que lo acompaña en todos los trayectos, por si hubiera tiempo para ensayar…

Hailu Mergia se apartó de los escenarios, desencantado con la falta de reconocimiento en Occidente. Pero, según cuenta, no dejó de tocar nunca, y visita cada año Etiopía, donde sigue actuando esporádicamente con algunos de los miembros de Walias Band. Y como nunca es tarde si la dicha es buena, desde 2013, y gracias al nuevo impulso que le proporciona Brian Shimkowitz de Awesome Tapes From Africa, Hailu ha vuelto a poner el ethiojazz en boca de todos.

Hoy, martes 30 de mayo, hace parada al Jamboree de Barcelona.

Fez vuelve a encender la llama sagrada de la música

Inauguración del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez, el pasado 12 de Abril. Fotografía Gemma Solés i Coll/ Wiriko.

Con sus ya 23 ediciones, Fez se ha convertido en un enclave irreemplazable de la arena cultural gracias a uno de las citas musicales más destacadas a escala internacional: el Festival de Músicas Sagradas de Fez.

Toda su riqueza y multiculturalidad, sedimentada en sus edificios, calles, puertas, gastronomía y sociedad, ha sido reconocida por la UNESCO, que la declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1981. Y es que Fez ha trascendido por ser un lugar de acogida y convivencia a través de los siglos. En el año 818, un gran número de andaluces emigraron a Fez tras la Revuelta del Arrabal, en Córdoba. En 824, otra rebelión, en Túnez, hizo que la ciudad acogiese a una gran cantidad de árabes, mayoría étnica a partir de entonces. Y ya en el siglo XV, los judíos sefardíes se instalaron aquí, creando juderías urbanas que estarían en funcionamiento hasta entrado el siglo XX.

Por eso no es de extrañar que esta ciudad marroquí sea hoy un enclave único para el encuentro espiritual de diferentes tradiciones y pueblos. Un crisol de culturas que encuentra una forma de expresión a través de lazos históricos que África, Oriente Medio, Asia y Europa han ido tejiendo en un lienzo inmaterial que hoy se hace evidente en el lenguaje universal de la música.

La 23ª edición del Festival de Músicas Sagradas de Fez (12-20 de mayo)

Con expectación, opulencia y fuertes medidas de seguridad, la alfombra roja inauguraba la noche del viernes 12 de mayo, con la presencia de diplomáticos y prensa internacional, junto a cientos de privilegiados acomodados en palcos de una imponente y señorial Plaza Bab Almakina. Con la asistencia de la princesa Lalla Salma, consorte del rey Mohammed VI, y de Dominique Ouattara, esposa del actual presidente de Costa de Marfil, el evento cultural se transformó en un auténtico acontecimiento regido por el protocolo y la vigilancia.

La tensión se diluyó rápidamente en cuanto el mapping, los actores, actrices y músicos empezaron a iluminar las paredes del recinto y la palestra para recorrer la historia de la humanidad y sumergirnos en la mitología del agua, tema central de este año. La historia del diluvio, el profeta Jonás o el Espíritu del Agua de tradiciones como la amazónica, griega o la egipcia, impregnaron al espectador en una gala que recorrió referencias bíblicas, coránicas y sufíes con el acompañamiento de una orquesta de doce músicos y la participación de intérpretes marroquíes, malienses, kuwaitíes, egipcios, brasileños, españoles, franceses, griegos, indios o iraníes. China, invitado de honor de esta edición, tuvo un peso importante durante la noche, donde no faltaron las acrobacias y el baile, y en la que sorprendieron sinergías como las que protagonizaron los Silbadores de la Isla de la Gomera junto a los Sopladores del Alto-Atlas.

Inauguración del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez, el pasado 12 de mayo. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Mientras en Bab Almakina todo parecía lujo y solemnidad, la Fez más local, la que no puede permitirse una entrada al festival –en Marruecos, más del 15% de la población vive con menos de 3 euros al día y casi el 40% de los jóvenes urbanos están desempleados– celebraba el Festival en la ciudad en la vecina Plaza de Boujloud. Un espacio que estará activo cada noche hasta la clausura del festival, el próximo sábado 20 de mayo.

Una mujer marroquí mendiga delante de la puerta de una mezquita, en la Medina de Fez. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Los conciertos más destacados del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez:

La pirotecnia musical está servida desde el sábado 13 en diferentes enclaves de la ciudad. Si el mismo sábado podíamos disfrutar del pianista nómada francés Marc Vella en los Jardines Jnan Sbil, la joven instrumentista china LingLing Lu nos daba una clase magistral de erhu (violín chino) y pita (laúd) en el marco del impresionante patio interior del Riad Dar Ben Souda. Un concierto que fue intimista y mágico, y que permitió a menos del centenar de asistentes, penetrar en la técnica purista de una joven prodigiosa. La noche la cerraba la ópera china Wu Du Zhejiang con un espectáculo histriónico en Bab Almakina.

Lingling Yu en el 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

La tarde del domingo sintetizaba el alma de la selva amazónica en los jardines Jnan Sbil con el espíritu indígena de Marlui Miranda y las danzas y la poesía berber de Inouraz en Dar Adiyel. Sin embargo, el plato fuerte de la noche fueron Songhai, el proyecto que nació en 1988 de la mano del flamenco de los españoles Ketama y de la kora del maliense Toumani Diabaté. Casi 30 años después de ese revolucionario trabajo, que repitió segunda parte en 1994, Songhai se volvieron a reunir en Fez, aunque sin Antonio Carmona y junto al contrabajista Javier Colina, para volver a decirle al mundo que Andalucía y África Occidental, los gitanos y los bambaras, tienen un pasado común que hoy se hace evidente a través de la música.

Songhai, tras el concierto que ofrecieron en el 23º Festival de Músicas Sacras de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Ayer lunes, el podio de audiencia se lo llevó el bluesman Eric Bibb, y hoy, la lira griega de Stelios Petrakis Quartet o el encuentro franco-marroquí Taziri le volverán a hacer sombra a la diaria sesión de cines que acoge el Instituto Francés de Fez. El icono del pop libanés Yasmine Hamdan, que actúa el miércoles, el concierto del virtuoso de la guitarra flamenca Vicente Amigo el jueves 18, o el proyecto cubano-marroquí de Aziz Sahmaoui, prometen volver a conseguir que Fez se perpetúe como cita anual imprescindible para todo melómano y melómana.

MAPAS, la 1ª gran cita de las Artes Escénicas del Atlántico Sur

*Por Antonio Lozano

Entre el 12 y el 16 de julio se celebrará en Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias) la primera edición de MAPAS, Mercado de las Artes Performativas del Atlántico Sur. El evento reunirá a artistas (o sus representantes) de África, Latinoamérica y el Sur de Europa (España y Portugal) con programadores venidos de los cinco continentes, y las propuestas artísticas se presentarán en el ámbito de la música, del teatro, de la danza, del circo y de las artes de la calle.

Las Islas Canarias se encuentran en la intersección geográfica y cultural de los tres continentes cuyas propuestas artísticas participan en MAPAS. Ese carácter tricontinental forma parte esencial de la identidad canaria y la conversión del archipiélago en un espacio de encuentro y diálogo entre las culturas llegadas de todos ellos es, sin duda, una de las mayores aportaciones que puede hacer aquél al mundo.

En ese marco conceptual, nace MAPAS, por iniciativa del Cabildo de Tenerife y dos empresas de gestión cultural: la grancanaria Unahoramenos y la colombiana Redlat. El Cabildo de Tenerife trabaja en estos momentos en el objetivo de abrir la isla al mundo en un proyecto de desarrollo integral en el que la cultura es una prioridad absoluta. En este sentido, MAPAS constituye una oportunidad para hacer de la isla un punto de referencia internacional en el intercambio fluido de productos culturales, generar un espacio para la apertura de los mercados de las artes escénicas desde la isla a los circuitos mundiales e involucrar a la población canaria y a sus visitantes en el hecho cultural escénico.

África en el mapa escénico

La presencia de África en MAPAS es sin duda uno de los elementos más importantes de este mercado, por varias razones. En primer lugar, porque constituye una oportunidad de primer orden de acercar la cultura africana a la sociedad canaria y a los visitantes foráneos, algo fundamental no solo para el archipiélago canario, que geográficamente pertenece a este continente, sino para nuestro país –que a pesar de la proximidad ha vivido tradicionalmente de espaldas a la realidad africana-, para Europa y para el mundo. Pero además porque la organización de MAPAS, conocedora de la riquísima creación cultural africana en todas las disciplinas que aborda, pero también de las enormes dificultades a que esta se enfrenta para incorporarse en el mercado internacional, abre con este evento una puerta de acceso al mundo a las producciones artísticas africanas.

Sin duda hay algunos nombres –fundamentalmente en el mundo de la música, en mucha menor medida en el del circo y la danza- ya integrados de pleno en el circuito internacional. Pero otros muchos, en cualquiera de las disciplinas que aborda MAPAS, no lo están, y ello a pesar de su enorme nivel de calidad artística. Integrarse en el circuito mundial requiere hoy algo más que talento: hay que dar a conocer su trabajo, y el factor globalización no favorece a todos por igual, dejando en la sombra a muchos grandes productos artísticos del continente africano por no disponer de los medios necesarios para dar visibilidad a su trabajo. MAPAS es una ocasión de hacerlo, y la organización tiene conciencia de ello y se plantea como un reto especial el logro de ser útil a esa producción artística africana que encuentra barreras a menudo insalvables en sus intentos de darse a conocer.

¿Qué objetivos tiene MAPAS?

El objetivo esencial de MAPAS es el de la creación de un mercado en el que artistas y programadores puedan cerrar acuerdos en torno a la contratación de espectáculos de alto nivel, pero no se detiene ahí. Un aspecto importante del proyecto es el de la puesta en marcha de propuestas de formación, ligadas fundamentalmente al fortalecimiento de las industrias culturales, con talleres de mejora de capacidades y de creación de redes, pero también a la profesionalización y actualización de la formación e internacionalización de los agentes en activo y a la generación de redes para el intercambio.

Se trata por lo tanto de mejorar y estimular la cultura empresarial para las artes. Otro objetivo mayor es el de la propuesta de una programación artística durante la celebración de MAPAS, que reunirá a compañías de los tres continentes y de todas las disciplinas artísticas que este mercado acoge. Los espectáculos presentados serán seleccionados entre los admitidos para participar en el evento, y estarán abiertos no solo a los programadores presentes sino igualmente al público de la isla.

Constituye por lo tanto, más allá de un espacio de compra y venta de espectáculos, un programa cultural de alto nivel. Esta programación se llevará a cabo en los espacios culturales más emblemáticos de la ciudad, como el Auditorio, el Teatro Guimerá o el TEA, entre otros, además de en la calle. El encuentro entre artistas y programadores se llevará a cabo en forma de ruedas de negocios. Estas tendrán una duración de doce minutos y constituirán una primera toma de contacto entre ambos y se concertarán mediante cita realizada a través de la web del evento y previa visualización por parte del programador, por la misma vía, del espectáculo propuesto. La organización dispondrá de un amplio espacio para la celebración de estas rondas, cuya agilidad permitirá a los programadores contactar con un número importante de artistas a lo largo de los días que dura MAPAS.

Para lograr sus objetivos, MAPAS ha diseñado una página web que será mucho más que un medio informativo. En ella los artistas y los programadores encontrarán el espacio para inscribirse, para relacionarse, para alojar sus productos con el fin de que sean visualizados con vistas a las rondas de negocios y la selección para la programación artística. La fecha de inscripción para artistas y programadores está abierta en estos momentos, y las inscripciones registradas hasta el momento hacen augurar un éxito importante para esta primera edición. MAPAS nace pisando fuerte. El objetivo es que se consolide a nivel mundial como una cita anual de referencia internacional para las artes performativas del Atlántico Sur y los programadores de todo el mundo.

 

*Antonio Lozano (Tánger, 1956), es un profesor, novelista, traductor y amante de las letras. Promotor del Festival Internacional de Narración Oral “Cuenta con Agüimes”, colabora con MAPAS.

Cheikh Lô: “Los artistas no pueden vivir del amor al arte”

*Por Laura Feal

Ataviado con un cinturón de talibé y sus largas rastas recogidas detrás de la cabeza, Cheikh Lô entra en escena sentándose a la batería para deleite de un público que acoge con un fuerte aplauso el precalentamiento. Comienza el espectáculo. Su pequeña figura se agranda en el escenario. Con su voz única, cosmopolita, irregular, mística, Cheikh Lô mueve las almas pero también los cuerpos de aquellos que tienen el placer de escucharle.

Cheikh Lô. Extraída de Rede Angola.

Decide entonces no esconder ninguna de sus dotes: a la batería, guitarra, percusión, baile y por supuesto al micrófono, el polifacético artista transmitió su profunda entrega a la música en las dos horas de un concierto ofrecido el pasado 9 de diciembre en Saint Louis (Senegal) en el marco de la primera edición del World Music Festival.

En su lucha por conservar su renombre cultural, la ciudad mantiene gracias fundamentalmente a voluntades personales, varios eventos musicales que cubren prácticamente todo el año, como el Festival de Jazz de Saint Louis en mayo, el Metissons en noviembre y varios festivales hip hop (Rap Ndar en abril, Beccegu Ndar en diciembre) al que ahora se une esta nueva iniciativa. En tres días, el World Festival Music ofreció reggea jamaicano, flamenco granadino y un gran elenco local como el korista Youssoupha Cissoko o la mítica Mama Sadio.

Con esta es la cuarta vez que el emprendedor español Jay Hernández hace venir al virtuoso baye fall a tocar a Saint Louis (quinta ciudad del país en número de habitantes, frontera con Mauritania), y al día siguiente nos da la oportunidad de entrevistarlo.

Después de un café y restos de un yassa poulet, a las doce de la mañana nos recibe uno de los compositores e intérpretes más reconocidos del panorama musical senegalés.

Arrastrando quizá el cansancio de la larga noche, Cheikh Lô es parco en palabras pero claro en sus propósitos. “La industria musical senegalesa no pasa por un buen momento. Faltan promotores que sacudan las ciudades y los artistas debemos apoyar a aquellos valientes que organizan festivales pese a no reunir todas las condiciones”, dice agradeciendo iniciativas como la de Jay que permite la promoción de jóvenes talentos locales como Ifrikia, Maimouna o la Orquesta River Sound.

Cheikh LÔ, antes de su último concierto en Saint Louis. Laura Feal/Wiriko.

El artista reivindica la inversión en el sector. “Los productores senegaleses prefieren meter su dinero en la lucha que en la música”, dice en referencia al auge del lamb (lucha tradicional senegalesa) que mueve miles de millones de francos CFA cada año.

Además de los emprendedores privados, Lô se lamenta de la poca participación pública en la promoción de la música en el país. “El Ministerio de la Cultura debe jugar su rol: tiene que tomar la iniciativa para que otros promotores culturales se animen y no apoyar solamente a las iniciativas que están en marcha y funcionan. Los artistas no pueden vivir del amor al arte”.

Celebrando este año el veinte aniversario de su primer disco, Ne la Thiass (1996), el artista analiza su trayectoria: “Mi recompensa musical ha venido tarde, quizá en el momento en el que sería normal parar, con casi sesenta años. Yo creo en la Naturaleza, quizás mi destino era esperar a que mi trabajo estuviera maduro para triunfar”, dice humilde, chocando con la filosofía de uno de sus temas más reclamados, “Ndogal”.

Decenas de jóvenes tararearon el estribillo “Lu xew, lu xew. ñuni ndogal. Yeen ni yi dal du ndogal” que viene a traducirse como “no todo lo que ocurre es fruto del destino”, en el que Cheikh Lô hace una oda al trabajo, que él mismo personifica con cuatro décadas de carrera musical. Nacido en 1955 en Bobo Dioulasso de padres senegaleses, comenzó en la música desde muy joven integrando la Volta Jazz, una de las mejores orquestas del África del Oeste de la post-independencia, que revisitaba tanto pop cubano y congolés como música tradicional burkinesa.

Cheikh Lô es hijo de ese momento de entusiasmo africano, de esa creatividad saheliana, que le hizo pasar por diferentes bandas multiétnicas compartiendo escenario con músicos de Burkina Fasso, Senegal, Costa de Marfil, Cabo Verde…, entre ellos Papa Wemba y Youssou Ndour.

Su trayectoria individual se encuentra recogida en hasta ahora cinco álbumes culminado por Balbalou (2015) que, grabado entre Paris y Estocolmo, combina la madurez del artista con esa osadía a la hora de fusionar sonidos que siempre le ha caracterizado.

Cheikh Lô ha encontrado la clave del éxito con un estilo que mezcla mbalax, blues mandinga o soukous con ritmos venidos de todas las partes del planeta, como la salsa o el reggae, lo que complace tanto al público africano como internacional.  No es quizá azar que “Doxàndem”, trotamundos en wolof, fuera otro de los temas reclamados durante su último concierto en Saint Louis.

La espiritualidad de sus letras, acordes con la filosofía de la cofradía mouride Baye Fall de la que Lô forma parte, es también parte de su gancho, con mensajes a favor de la paz y la tolerancia que calan entre jóvenes y mayores. “En cada álbum tienes la obligación de mejorar, de aportar algo diferente. Es un duro trabajo intelectual”, afirma “Ndigueul” Lô (servicial) como habitualmente lo llaman.

Su tema “Degg gui” (la verdad) que habla sobre la autenticidad y la necesidad de volver a lo esencial, aún sin la sensual voz de la brasileña Flavia Coelho, deleitó ya en el cierre al auditorio Saint-Louisien. Con la misma ligereza con la que sale del escenario, sabiendo que deja ganas de más, se levanta de la silla y con un abrazo sereno, simplemente se va. Y es que lo que Cheikh hace, lo hace de verdad.

* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

3 festivales para decirle adiós al verano con una sonrisa

Si amigos y amigas. La vuelta de vacaciones siempre da cierta pereza. Nos cuesta adaptarnos a la rutina y al odiado despertador sonando a horas intempestivas. Sobre todo a aquellos de nosotros y nosotras que volvemos a regañadientes a centros urbanos alejados de playas, arroyos, campos o montañas que han oxigenado nuestros cerebros después de meses de deseosa y necesaria desconexión.

Después de habernos refrescado y gozado con músicos africanos de primer calibre en festivales veraniegos como Pirineos Sur en los Pirineos de Huesca o bailado a orillas del Mediterráneo en el African Village del Rototom de Benicàssim con los selectores de Wiriko Sounds, la “vuelta al cole” no podría presentarse más motivadora en España. Algunos festivales han programado un septiembre y octubre con presencia africana de primera y nos brindan la posibilidad de gozar de un pistoletazo de salida hacia el nuevo curso por todo lo alto.

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Fotografia de Eric Lafforgue.

Esta es nuestra propuesta para sonreírle a “la vuelta al cole” 2016. Motivos más que suficientes para que empecéis a planear vuestros próximos fines de semana para gozar, desde bien cerquita, de los sonidos africanos.

Mercat de la Música Viva de Vic (MMVV) – del 14 al 18 de septiembre

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La comarca catalana de Osona está acostumbrada a iniciar curso de buen humor. Y es que no hay para menos. Este año, la angoleña ALINE FRAZÃO, los catalano-mozambiqueños MOYA KALONGO (ambos el 14 de septiembre), la guineana NAKANY KANTÉ (el 15 de septiembre) y el camerunés BLICK BASSY (el 16 de septiembre), teñirán de sonidos africanos bien diversos entre sí el 28º Mercat de la Música Viva de Vic. Se trata de la feria musical de más prestigio de los Països Catalans. Una cita ineludible para los melómanos del país.

Fiestas de la Mercè (Barcelona Acció Musical) – del 22 al 25 de septiembre

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Pocos días después, la capital catalana inaugura el otoño celebrando su 24ª Fiesta Mayor. ¡Y cómo lo hace! Con un atractivo cartel de actividades culturales y programación musical para todos los gustos, África está presente más que nunca en diferentes escenarios. El BAM 2016 no defrauda:

  • Viernes 23: La actuación del titán y maestro senegalés BAABA MAAL (en Fabra i Cots) es, seguramente el plato fuerte del festival, que será telonedo por NAKANY KANTÉ. El rapero francés de origen guineano-senegalés MHD insuflará altas dosis de “afro-trap”, estilo del que es precursor (en Plaça dels Àngels). Y la noche se acabará con una sesión de DJs egipcios que nos transportará a la electrónica del Cairo (uno de los puntos calientes de la electrónica mundial) con los selectores MAURICE LOUCA y EEL & ISLAM CHISPY (en el Moll de la Fusta).
  • Sábado 24: La zimbabuense ESKA (en la Plaça dels Àngels); el congoleño BALOJI ; los argelinos IMARHAN y los catalano-mozambiqueños MOYA KALONOG (Moll de la Fusta), estarán dando muestras de la diversidad sonora del continente en diferentes espacios.
  • Domingo 25: En la última noche del festival, los congoleños Konono nº 1 nos zarandearán con sus mezclas afrotrónicas junto al productor angoleño-portugués Batida en su receta inflamable que está dando la vuelta al mundo: KONONO Nº 1 meets BATIDA (en la Antigua Fabrica de Estrella Damm). ¡Imperdibles!

WOMEX en Santiago de Compostela – del 19 al 23 de octubre

WOMEX-16-de-Santiago-de-CompostelaDespués del éxito de 2014, tenemos la suerte de volver a albergar la Feria Internacional más importante de “músicas del mundo” en la ciudad española de Santiago de Compostela. La capital gallega va a rezumar sonidos africanos por doquier durante una semana, y atraerá a un montón de personalidades africanas del sector musical. Por sus escenarios van a pasar artistas emergentes del continente acompañados de un séquito de representantes, empresarios e inversores de la industria dispuestos a revolucionar el panorama mundial con nuevas propuestas. Los afortunados que vayamos podremos gozar de todas éstas, algunas, ya bien conocidas:

FAADA FREDDY (Senegal)

JUPITER & THE OKWESS INTERNATIONAL (RDCongo)

JOSÉ MUCAVELE (Mozambique)

DEREK GRIPPER (Sudáfrica)

KONDI BAND (Sierra Leone)

MEHDI NASSOULI (Marruecos)

NOURA MINT SEYMALI (Mauritania)

THROES + THE SHINE (Angola/Portugal)

TRIO DA CALI (Mali)

NAKANY KANTÉ (Guinea Conakry)

NARF & TIMBILA MUZIMBA (España/Mozambique)

DJ RACHAEL (Uganda)

DJ SATELLITE (Angola/Portugal)

(…)

Saint-Louis consigue la no interrupción del festival de jazz

13221483_1159431407422081_5192171366358924204_nEl festival de jazz de Saint-Louis, primera ciudad africana construida por los franceses en África Occidental, celebraba su primera edición entre el 15 y 17 de abril de 1993. Desde entonces, el festival se ha establecido como uno de los mayores atractivos turísticos de la antigua capital de Senegal, y uno de los festivales de referencia de todo el país, con ediciones anuales ininterrumpidas hasta la fecha. Sin embargo, este año, a pocos días de su inauguración – el 3 de mayo – una noticia en Ndarinfo (el periódico de referencia de Saint-Louis), sin duda poco contrastada, anuncia de modo abrupto la cancelación del festival pour una supuesta “amenaza terrorista”. Es más, una desafortunada imagen acompañaba a la noticia y le confería un tono alarmante, al mostrar una foto de un “supuesto terrorista” cubierto por un pasamontañas negro y un cargamento de balas, con el logo superpuesto del festival de jazz. Pronto todas las radios senegalesas y redes sociales extenderían la noticia y entre la esfera cultural de todo el país no se hablaría de otro tema. La imagen (aquí mostrada porque se hizo una captura de pantalla) duró menos de 24 horas en la noticia, ya que se pediría al periódico que se cambiase. Y tras la desaparición de la foto, el “rumor” de la cancelación no habría de durar más de 24 horas. En los medios senegaleses, abundaban las noticias sobre la celebración o interrupción de este histórico festival, en un año en el que en efecto se han cancelado festivales de referencia en todo el continente, como contábamos hace unas semanas en Wiriko. En Saint-Louis, sin ir más lejos, el pasado diciembre el mismo periódico tachaba de “catástrofe cultural” la cancelación de otro festival histórico en la ciudad, la Fanal, una manifestación cultural cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII, en la que las mujeres mestizas (conocidas como “signares” ), desfilaban luciendo joyas e iluminadas por linternas por toda la isla de Saint-Louis.

Saint Louis, la antigua capital de Senegal, alberga uno de los festivales de Jazz más importantes de todo África.

Saint Louis, la antigua capital de Senegal, alberga uno de los festivales de Jazz más importantes de todo África.

Imagen editada para ilustrar la supuesta "amenaza terrorista".

Imagen editada para ilustrar la supuesta “amenaza terrorista”.

Al final, la supuesta “amenaza terrorista” no era sino una nefasta comunicación del esfuerzo de seguridad esperado como mediadas de prevención, dada la proximidad de Senegal con países vecinos víctimas de estos ataques, como Burkina Faso, Mali y Costa de Marfil. Así, los organizadores del festival, tanto de la programación IN, como de la programación OFF – siguiendo la nomenclatura que explicábamos en el caso de la Bienal de Dak’art (con una sede principal de concierto, en este caso en la Place Faidherbe, y otros espacios OFF, como bares, plazas y salas de conciertos) -, pusieron todo cuanto estaba en sus manos para poder financiar la seguridad y así conseguir celebrar la 24ª edición de este festival internacional de jazz, que tanto tráfico turístico y residentes de todo el país atrae durante toda la semana. No obstante, el mencionado artículo trajo consecuencias poco deseables, no sólo con cancelaciones de hotel, como recogía Ndarinfo, sino también con acusadas medidas de seguridad, en un país caracterizado por su hospitalidad, tolerancia y pacifismo. Las medidas de seguridad se encontraban por carretera, en la entrada a Saint-Louis, y junto a la sede principal del festival, la Plaza Faidherbe, con agentes de seguridad armados. Tal vez tampoco sean casuales los escáneres de seguridad a la entrada del aeropuerto de Dakar, instalados durante las fechas del festival. Tal ruido mediático afectó también la programación IN del festival, con dos bajas muy notorias, el bajista neoyorkino Marcus Miller, que iba a clausurar el festival, y el grupo marroquí Bob Magrhib, cabecera en la inauguración.

BabaMaalApEstelar3Aparación estelar de Baaba Maal con el grupo de Cheikh Ndoye

De esta 24ª edición, finalmente celebrada entre los días 11 y 16 de mayo en la ciudad de Saint-Louis, con cinco días de dos conciertos IN, y 6 de actuaciones OFF, destacan tres aspectos fundamentales: la tan disfrutada actuación del famoso músico senegalés Cheikh Lô, el jazz por fin escuchado de Cheikh Ndoye, acompañado por músicos de gran talento, Raúl Pineda a la batería, Dean Brown (quien ha tocado con Marcus Miller) a la guitarra, y Arshak Sirunyan al piano y teclado, además de una aparición estelar del músico senegalés que está dando la vuelta al mundo con su último disco, The Traveller, Baaba Maal. Por último, destacó el ambiente de festival generado por los espacios OFF, donde se reunían apreciados y admirados artistas locales y nacionales, ofreciendo conciertos gratuitos o a precios asequibles para los saint-louisianos, y turistas festivaleros. También se disfrutó mucho la actuación inaugural del grupo senegalés Sarro, con un estilo musical con influencias del blues, jazz y reggae, en un 11 de mayo que marcaba el 35 aniversario de la muerte de Bob Marley, al que se hicieron muchas referencias durante el festival.

CheikhLo&SimbAplaudida actuación de Cheikh Lô el jueves 12, en un festival cuya música va más allá del jazz.

CheikhLoScene

Nacido en Burkina Faso en los 50, donde formó parte de la Orquesta Volta Jazz, Cheikh Ndigël Lô se mudó a Senegal en 1978. Con cinco álbumes y más de 40 años de carrera musical, la música de Cheikh Lô reúne distintas influencias y estilos musicales, desde el mbalax, reggae, la salsa, el jazz. El show fue una demostración de maestría, de dominio del espectáculo, abrazado calurosamente por los presentes. En un espacio no habilitado, en principio, para el baile espontáneo del público, desde la tercera canción, al ritmo de la salsa cubana, algunos de los presentes no pudieron aguantar más y se acercaron al frente del escenario para sentir la música del maestro desde cerca, y comunicarse con él corporalmente, o incluso, espiritualmente. Cheikh Lô es conocido como un verdadero Baye Fall, con sus características largas rastas, seguidor de Cheikh Ibra Fall, discípulo del fundador de la cofradía musulmana muride, combatiente por y para la paz a través de la música y las artes. Su concierto hizo un recorrido desde su primer álbum, Né la Thiass hasta el último, sacado en 2015, Balbalou, con muchos de los temas favoritos de sus seguidores, como Set, Jamm y Doxandem. Sin duda el más disfrutado concierto de todo el festival, con una segunda actuación en el Meyazz Club el viernes, un día después de su intervención en la Place Faidherbe, en la que la recién abierta sala de conciertos, ya considerada por muchos el espacio cultural preferido de Saint-Louis, tuvo mejor ambiente que nunca, según contaban algunos de los presentes.

Cheikh Lô es considerado un embajador de la cultura Baye Fall proveniente de Senegal.

Cheikh Lô es considerado un embajador de la cultura Baye Fall proveniente de Senegal.

El festival recibió la mayor afluencia de público durante el fin de semana, con el clímax alcanzado durante la clausura, gracias a la actuación de jazz de Cheikh Ndoye, músico senegalés, presentado como “l’enfant du pays” (el hijo del país) afincado en Estados Unidos. Ya el viernes el trio israelí Tomer Bar Trio había regalado al público saint-louisiano la dosis de jazz esperada en el festival. Hasta el mismo domingo en que aparecería Cheikh Ndoye como cabecera, se desconocía quién reemplazaría a Marcus Miller. Finalmente, el que iba a comenzar la noche de conciertos pasó a la segunda posición, y fue precedido por una alemana de marcado estilo rockero, cantando también en wolof, y acompañada por dos sabars y un djembe, Lerstein y el grupo Sing Sing Rythme. Esta formaría parte de una serie de conciertos IN más corrientes que destacables, con algunas elecciones claramente influenciadas por motivos de patrocinio, como el quinteto turco de Senay Lambaoglu, seguida por la entrega de regalos a la embajadora de Turquía. El concierto que continuaría, para concluir la programación IN, con Cheikh Ndoye, íntegramente instrumental, en el que cada uno de los componentes del grupo demostraron con maestría el dominio del instrumento, daría un giro a la calidad de la programación de jazz del festival.

Cheick Ndoye, fotografía extraída del facebook de Akhbar Tajudeen.

Cheick Ndoye, fotografía extraída del facebook de Akhbar Tajudeen.

Cuando Dean Brown se había ganado al público con su solo de guitarra, compensando la ausencia de Marcus Miller, el armenio Arshak Sirunyan se lució al piano de forma majestuosa. Y como guinda del pastel, la invitación especial al tan apreciado artista senegalés Monsieur Baaba Maal, quien demostró su dominio sobre la escena en tan solo una canción y agradeció a los organizadores haber mantenido este festival, “tan importante para nosotros”. Por si fuera poco, a esta invitación, se añadió un solo de unos ocho minutos del cubano Raúl Pineda a la batería, dejando boquiabiertos a todos los presentes. Nominado en tres ocasiones a los premios Grammy y ganador en 2000 de este prestigioso premio musical, por la mejor actuación de jazz latino junto con el cuarteto de Chucho Valdés, el festival alcanzaba aquí cumplir e incluso superar las expectativas de esta difícil edición perjudicada por la comunicación.

El batería cubano Raúl Pineda

13179185_1159431437422078_4852266306417946536_nEl último concierto de la programación IN no clausuraba el espíritu festivalero. Los espacios OFF comenzaban otros conciertos por toda la ciudad, con Omar Pène en el Meyazz Club, Takeifa en el norte de la isla, y el célebre korista de Saint-Louis, Ablaye Cissokho, en el Instituto Francés. Los festivaleros apuraban los últimos minutos musicales que tanto habían animado la ciudad durante la semana. Fueron estas actuaciones OFF precisamente las que otorgaron la atmósfera de festival en la ciudad costera senegalesa, con reencuentros con artistas como la cantante Mama Sadio, cantando en el Flamingo, y un último espacio el lunes 16, en la misma plaza Faidherbe, donde el festival daba visibilidad a distintos músicos de la ciudad, más allá de sus estilos musicales. Con esta luchadísima edición del festival, la ciudad demostró estar preparada para el 25 aniversario del festival el 2017, así como la importancia que los festivales han adquirido como espacios reivindicativos de la riqueza cultural de Senegal.