Black to the Future (II): Robots negros y otras galaxias

Fotograma de la película Jhonas de Kibwe Tavares.

Fotograma de la película Jhonas, de Kibwe Tavares, favorita del público en el festival Sundance 2013.

Según los últimos cálculos, en apenas ciento cincuenta años, los empresarios de parques naturales cibernéticos se habrán multiplicado por dos. El binomio hegemónico tecnología-economía, principales causantes del crimen, las guerras, enfermedades y la pobreza serán reductos de un pasado gris. Los elefantes de las cuencas lunares y los astronautas del sahel africano habrán modificado sus respectivas dietas por sorbos de agua salada y frutos tropicales tales como el mango o el kiwi. Y las rutas caravaneras exigirán un visado aéreo que reducirá los tiempos de paso evitando las altas temperaturas para las sociedades nómadas. ¿Cuál será el aspecto del continente africano en 2050? ¿Cómo de preparados estaríamos ante una colonización africana como proponía entre líneas el cortometraje Afrogaláctica? ¿Cómo es la ciencia ficción llevada a la gran pantalla y vista por los africanos? Hoy os acercamos (en una primera aproximación) a cuatro propuestas más o menos recientes que perfilan esa utopía de Tomás Moro, la que soñaba de forma metafórica; a ese otro mundo; a esa otra sociedad. Y el cine, nos transporta, una vez más, a esta realidad con robots negros y galaxias no tan alejadas.

Sobre la mesa, la pesada sombra de si hay o no contaminación intercultural, de la apropiación consciente o no del lenguaje cinematográfico occidental o de la inminente hibridación de las diversas manifestaciones artísticas. Así, las últimas obras que caminan sobre el género de la ciencia ficción se presentan desnudas y desconcertantes para los críticos y revolucionando los canales habituales de comunicación ensalzando esa África contemporánea que se encuentra en las antípodas del afropesimismo occidental. Un ejemplo es la película Pumzi (2009), de la keniata Wanuri Kahiu; una adaptación libre del Viaje de Logan convertida en un grito de socorro para el continente y en la piedra angular, según su directora, de la esperanza para las jóvenes generaciones africanas. La película está ambientada en el África Oriental 35 años después de la Tercera Guerra Mundial, la “Guerra del Agua”. El conflicto ha causado tal grado de devastación ecológico, que se ha extinguido hasta la propia naturaleza. La protagonista Asha, interpretado por la sudafricana Kudzani Moswela, recibe un día por correo una caja con tierra en la que planta una antigua semilla que germina inmediatamente… ¿Queréis saber qué ocurre? No os perdáis estos apasionantes 21 minutos.

La realidad o la hiperrealidad a la que nos acercan los directores que minuciosamente trabajan el género de la ciencia ficción abre la caja de pandora al abofetear nuestra propia conciencia: egoísmo, indivisualismo y transversalidad atada al ego. Anclada en los sofistas o perpetuada por los racionalistas la ficción abraza sin querer lo documental y éste nos sitúa en un contexto desestereotipado. Así somos, pero hay remedio.

La magia de las coproducciones en las cinematografías africanas tienen un largo recorrido. Apasionante. En Pumzi participaron capital keniano y sudafricano entre los que se encontraba el también sudafricano Simon Hansen, productor del cortometraje Alive in Joburg (2006), semilla que más tarde germinaría bajo el título de Distrito 9 (2009), dirigido por Neill Blomkamp. Alive in Joburg, es un trabajo de 6 minutos en el que se manifiesta de forma parcial la segregación por el color de la piel que sufrió la población negra en el apartheid sudafricano. ¿Qué os parece este retrato de una realidad imaginada en el que la crueldad culmina exponencialmente y hace mutar al ser humano? ¿Quiénes son los extraterrestres?

La tercera de las propuestas es la que nos trae el director Kibwe Tavares desde la diáspora. Londres, sinónimo de multiculturalidad, no ha sabido integrar los cielos de sueños con los que cargaban las diferentes poblaciones inmigrantes que buscaron un mejor futuro (afro o no). Uno de los barrios que acogieron mayor población negra, principalmente jamaicana, fue Brixton, que en pleno auge de los programas estructurales de su primera ministra Margaret Thatcher, había degenerado en una zona habitada por trabajadores sin alma. Obreros alienados que Tavares muestra en su cortometraje con otra cara: la de los robots. La película sigue las tribulaciones de los robots pequeños que sobreviven en el filo de la vida interior de la ciudad, viviendo la vida previsible de un poblado rodeado por desempleo, pobreza y la desilusión de la masa. Cuando la policía invade este espacio sin futuro al que los propios robots podrían llamar suyo, la relación fuerte y tensa entre los dos lados explota en un estallido de violencia, haciéndose eco de las fuertes manifestaciones violentas que tuvieron lugar en 1981. Robots of Brixton (2011).

Y como reflexión final traemos el último trabajo de Tavares, laureado en el último festival de Sundance 2013 con el premio del público: Jonás (2013). Kibwe Tavares vuelca toda su ironía en este cortometraje que renueva el mito de Jonás, que fuera comido por una ballena, para ubicarnos en un pequeño pueblo de pescadores de Zanzíbar. La transfiguración de un hombre que cambia en una ciudad cambiante. La historia ahonda en un tema clave: el turismo agresivo, en este caso, un tipo de turismo provocado por el descubrimiento de Jonás del pescado más grande del mundo. La ciudad se convierte en un brillante por pulir, economía pujante que no repercute en los habitantes del pueblo, que poco a poco va abandonando sus raíces pesqueras originales. Jonás decide más adelante matar al pez; metáfora de un sistema que promete y concede con unos costes muy altos y que a menudo pasan desapercibidos: humanos, ecológicos y éticos… Decía Marx que la historia se repite: primero en forma de tragedia y segundo en forma de farsa. La ciencia ficción acerca y aleja, aproxima y muestra esa opacidad mental que no permite -por tabú- vislumbrar nuevas respuestas a los problemas actuales. ¿Jugamos a ficcionar el presente a ver qué tal?

The following two tabs change content below.
Sebastian Ruiz
Licenciado en Periodismo (US), Máster en Relaciones Internacionales (UCM), Máster euroafricano en Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV) y Doctorando en Comunicación en África Subsahariana (US). Su campo de investigación se centra en la comunicación, la implicación de los BRICS en los mass media, y en el cine y el audiovisual. Ha realizado documentales en España, Cuba, Senegal, Kenia y Tanzania. Responsable de las áreas de Formación y de Comunicación y coordinador de la sección de Cine y Audiovisuales del Magacín. (Nairobi, Kenia). Contacto: [email protected]
3 comentarios

Trackbacks y pingbacks

  1. […] África mira hacia el futuro, sin olvidarse de su pasado y mostrándolo en su presente. La keniana Wanuri Kahiu directora de la obra de ciencia ficción Pumzi, lo explica alto y claro: “el afrofuturismo en […]

  2. […] Co-Production Market) se encuentra una directora keniana y de la que ya hablamos en nuestra serie Afrofuturismo. Ella es Wanuri Kahiu que presenta Jambula Tree, de la productora Big World Cinema, una […]

  3. […] pasado de África, muchos cineastas africanos parecen estar centrados en el futuro. Así lo vimos la semana pasada cuando mencionábamos que el género de la ciencia ficción en el continente tiene desde hace unos […]

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *