Añadiendo mundos al mundo: el espejo del realismo mágico africano *

Artículo escrito por Sonia Fernández Quincoces: Licenciada en Derecho (UPV-EHU). Aficionada a la lectura, en la actualidad tiene un blog de Literaturas africanas (LitERaFRicA), que comenzó al comprobar el vacío de información que existía sobre las letras africanas y con el que ha descubierto que se estaba perdiendo un océano de buena literatura.

* “Añadir mundos al mundo” es una expresión prestada del escritor Sony Labou Tansi.

Obra de Muluken Debebe (Metherara, Etiopía 1978). Fuente: http://www.artofethiopia.com

Obra de Muluken Debebe (Metherara, Etiopía 1978). Fuente: www.artofethiopia.com

Junto al “realismo mágico” suelen aparecer, al menos, tres medio-verdades: una, que es un movimiento literario; dos, que lo creó Gabriel García Márquez y tres, que se circunscribe al mundo latinoamericano. Sin embargo, abarca más campos como la pintura o el cine; se le ha asignado otros padres aunque sea García Márquez el máximo exponente en el ámbito literario, y aparece en otras geografías además de, por supuesto, en Latinoamérica.

Desde el continente africano, Alain Mabanckou en su obra “Memorias de puercoespín”, nos hace conocedores de una tradición popular según la cual cada ser humano posee su doble animal, creencia que forma parte de la realidad de los congoleños. Si la realidad es la base del “realismo mágico”, Mabanckou no fabula sino que transmite la realidad que él percibe, algo que se vive como tal por un grupo de personas. En la mencionada novela, a través de un recorrido literario, va señalando en otras obras la aparición de dobles animales: buenos, en el caso del gallo de “El coronel no tiene quien le escriba” de García Márquez, o nocivos, en el del pez de “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway, dando a entender que lo narrado no se ciñe a su país sino que se extiende por otros continentes. Otro ejemplo lo tenemos en el geco (o lagartija), doble animal del protagonista de la novela “El vendedor de pasados” del angoleño José Eduardo Agualusa. Lo que creo que intenta demostrar Mabanckou es que el “realismo mágico” es universal y que existe incluso antes de plasmarse en ninguna obra literaria, ya que describe una realidad a la que nosotros no estamos acostumbrados.

Obra de Mezgebu Teseba (Enewary, Etiopía 1960). Fuente: http://www.artofethiopia.com/

Obra de Mezgebu Teseba (Enewary, Etiopía 1960). Fuente: www.artofethiopia.com

En este sentido, Mia Couto afirma: “África está lleno de Macondos, de pueblos así, como el de Gabo (…) en Mozambique no es que se viva puro realismo mágico. Es que es  realismo real” [1]; y completando lo anterior, asevera: “En Mozambique, lo que no se ve es más importante que lo que se ve” [2]. De igual manera, José Eduardo Agualusa comenta: “En África, la realidad supera a la ficción. Hace unos años leí en un diario una noticia que hablaba de un hombre que había sido embrujado y al que le empezó a manar agua del cuerpo. La casa se llenó de agua y barro hasta que el hombre se transformó en un charco” [3]. Ben Okri, otro escritor al que se asocia con esta corriente literaria, dice: “Que la gente compare mis libros con los de García Márquez se debe a que tenemos esa percepción similar que no es occidental. El realismo mágico es un lugar transformado por la conciencia. Don Quijote es realismo mágico. En realidad, es una especie de Génesis. Es la conciencia que construye el paisaje por primera vez” [4].

En el continente africano, como hemos visto, también han surgido libros que se han relacionado con esta corriente literaria. En mi opinión poner etiquetas facilita el reconocimiento, pero empequeñece la diversidad. Me resulta difícil identificar en todas las obras africanas calificadas como “realismo mágico”, los detalles que las señalan como tal. A veces veo una mágica realidad, otras veces un realismo fantástico y otras pura fantasía. En algunas obras se da también la confluencia de los tres elementos y en otras apenas hay unas pinceladas. Crónicas abisinias de Moses Isegawa, El brujo y el cuervo de Ngũgĩ wa Thiong’o  y Tierra sonámbula de Mia Couto se suelen englobar bajo este término.

 “Girls with Flower”, de Getahun Assefa (Addis Abeba, Etiopía 1967). Fuente: http://www.getahun.com/

“Girls with Flower”, de Getahun Assefa (Addis Abeba, Etiopía 1967). Fuente: www.getahun.com

Cubierta de Crónicas Abisinias

Cubierta de Crónicas Abisinias

Considerado uno de los exponentes del “realismo mágico” africano (junto con Sony Labou Tansi o Zakes Mda, entre otros) y reconociéndose como tal, Moses Isegawa afirma: “El realismo mágico de García Márquez encuentra grandes correspondencias en África. En Uganda también escuchas historias tan fantásticas como las que cuenta García Márquez. De hecho, las vives diariamente (…) Cien años de soledad me sirvió de modelo para escribir mi novela” [5].

En su novela Crónicas abisinias Mugesi, el protagonista, hijo de madre profundamente católica, va describiendo aspectos de la vida social, religiosos, políticos, económicos y culturales. Y lo hace desde la narración de historias imaginadas, plenas de personajes que nos arrastran y nos ensueñan. El niño que ha de ocuparse de sus hermanos menores, bajo la situación de poder, tratada a veces con humor y a veces con espanto, de unos padres que  Mugesi no duda en calificar como “déspotas” y cuya imaginación es alimentada por las historias que cuenta el tío Kawayida, crecerá sin pelos en la lengua, contándonos sus travesuras, sus pequeñas venganzas, su despertar sexual, su enamoramiento más profundo y sin salida, su propia pesadilla, sus logros como hombre de negocios y su contacto con la guerrilla.

Podemos tomar Crónicas abisinias como la descripción de la infancia, adolescencia y madurez de un ugandés de familia humilde, que nace con la independencia de su país. Sin embargo, el mayor logro de esta obra es mostrarnos lo que ocurrió en Uganda en la segunda mitad del siglo XX, a través de un recorrido vital escrito de manera minuciosa sin que decaiga el interés, de manera clara. No se trata de una novela autobiográfica, pero hay mucho en los rasgos de su protagonista, Mugesi, en común con los del escritor.

Cubierta de El brujo del cuervo

Cubierta de El brujo del cuervo

Ngũgĩ wa Thiong’o es el autor de El brujo del Cuervo. Escrita en origen en lengua kikuyu o gikuyu, esta extensa novela de más de setecientas páginas, nos ofrece un penetrante análisis de la realidad poscolonial de una imaginaria República Libre de Aburĩria.

Un dictador, aupado gracias a una nube de seguidores, que son capaces de someterse a diversas operaciones de cirugía estética para llegar a ser su boca, sus ojos, su nariz y sus oídos, y que le mantienen en su estatus de “dios”.  Un proyecto delirante, “Camino al Cielo” que no es sino una altísima torre, que va a financiar el Banco Mundial, a la que  mediante una nave espacial, se elevará al soberano hasta tocar (cómo no) el cielo. Un pueblo tiranizado, pero no sometido, que hace interminables colas para conseguir trabajo. Una pareja mágica, que acaba convertida en el centro de los deseos de todos los que necesitan que la realidad sea diferente, empujándoles a mutarse en las dos caras de este brujo del cuervo.

Esta novela posee en su interior una especie de conjuro que hace que toda la historia arrastre, conmueva, divierta, entristezca, asombre y provoque que, en nuestras bocas, tan pronto aparezca la sonrisa como se nos hiele la comisura. Brillante en su escritura, Ngũgĩ nos traslada a una Aburĩria imaginada (pero a la que pronto podemos identificar) y poscolonial en la que los sucesivos gobernantes parecen ser siempre los mismos bajo diferentes disfraces. En la que la fuerza atronadora de un pueblo, que se levanta una y otra vez contra la barbarie y el despotismo, contra la corrupción y la negación hasta de los propios orígenes, es descrita con un lenguaje original, imaginativo y mágico, digno heredero de la tradición oral del continente.

Cubierta de Tierra sonámbula

Cubierta de Tierra sonámbula

La tercera novela es Tierra sonámbula de Mia Couto. Se inicia con la llegada a un machimbombo (autobús) quemado de dos seres que parecen venir de la nada (en plena guerra de Mozambique),  del lugar donde han sido despojados de todo, en un momento en el que “parecía que todas las sombras habían caído sobre el mundo”. Los camineros, en este caso, son el crío Muidinga, abandonado a su suerte  y el viejo Tuhair que lo ha acogido bajo su protección. Entre los restos del esqueleto quemado del vehículo encontrarán una maleta con los papeles que alguien ha abandonado; son los Diarios de Kindzu y, gracias a ellos, ambos pasarán las noches repasando aquellas vidas ajenas que reviven al ser leídas y les hacen huir de la realidad maldita que les rodea y de la que ya ni se asombran.

El texto sume al lector en un estado de  sonambulismo o incertidumbre; lo real aparece rodeado del mundo de los sueños o de los muertos, que se entrecruzan con naturalidad, como parte de la misma. Sus personajes pertenecen a esta categoría: el niño Junhito al que disfrazan de pollo para poder salvarle la vida y acaba desapareciendo, conservando quizás su forma animal, allí donde quiera que se encuentre; o Siqueleto cuyo máximo afán es hacer manar ríos, son dos ejemplos de los muchos que abundan en la obra.

“Tierra sonámbula” produce la sensación de hacernos entender que, a pesar de los pesares, el ser humano tiene resortes para continuar hacia delante, a través de la fuerza y la dignidad que transmiten sus personajes. Quizás sea que propone la lectura como vía para sobrevivir, para continuar, para reencontrarnos a nosotros mismos, para sentir que formamos parte de una cadena subterránea y que, a través de los libros, los sueños, lo real o lo mágico, se puede seguir avanzando, huyendo del árido y terrorífico presente, como el crío soñador, como el viejo prodigioso, con toda su humanidad intacta.

Dejo en vuestras manos el que las califiquéis como “realismo mágico”, “real maravilloso” o “mágica realidad”. En mi opinión esto es lo de menos, lo de más es garantizarse una buena lectura. Que esta nos muestre lo irreal o extraño, para nosotros, como algo cotidiano o normal, para otros, nos agranda y enriquece, al tiempo que nos ayuda a entender que fuera de nuestra manera de concebir la realidad hay más mundos, tan reales como los nuestros, solo tenemos que decidirnos y mirar a través de otros espejos.

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Crónicas abisinias, Mosés Isegawa – Ediciones B, S.A., 2000. Traducción de Luis Ogg.

El brujo del cuervo, Ngũgĩ wa Thiong’o – Editorial Alfaguara-Santillana, 2008. Traducción de Susana Rodríguez-Vida.

Tierra sonámbula, Mia Couto – Editorial Santillana, S.A-Alfaguara, 1998. Traducción de Eduardo Naval.

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Notas:

[1] “Mia Couto: África está lleno de Macondos, de pueblos así, como el de Gabo” 29/04/2013. Afribuku, Sandra Quiroz [Castellano] http://www.afribuku.com/miacouto/

[2] “Mia Couto: En África no es que se viva un realismo mágico, es realismo real” 30/09/2013. El País,  Lola Huete Machado [Castellano] http://elpais.com/elpais/2013/09/27/eps/1380282368_900161.html

[3]“Los escritores africanos Couto y Agualusa presentan dos novelas marcadas por la guerra” 25/04/2002. El País, Xabier Moret [Castellano]  http://elpais.com/diario/2002/04/25/cultura/1019685606_850215.html

Couto explicó el caso de un hombre que había afirmado que podía volar desde Isla Mozambique hasta La Meca. La plaza del pueblo se llenó ante el anuncio. El hombre, sin embargo, suspendió el vuelo a última hora alegando problemas técnicos, lo que provocó importantes disturbios

[4]”La voz de África” 29/12/2007. El País, Guillermo Altares [Castellano]  http://elpais.com/diario/2007/12/29/babelia/1198889418_850215.html

[5]”A la Feria del Libro de Bogotá llega el hombre que escribió el testamento de África del Sur”. Agencia de noticias literarias. com, Pablo Gamez [Castellano] http://www.noticiasliterarias.com/articulos_literarios/articulos%20literarios%2012.htm

 

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Sonia Fernández Quincoces
Licenciada en Derecho (UPV-EHU), es una gran aficionada a la lectura. En la actualidad tiene un blog de Literaturas africanas (LitERaFRicA) que inició porque ella misma tenía un agujero inmenso en relación a las letras africanas y gracias al cual ha descubierto que se ha estado perdiendo un continente lleno de buena literatura.
Sonia Fernández Quincoces

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  1. […] podemos olvidar que en el continente africano el mundo sobrenatural convive con el natural, como ya hemos comprobado en la obra de Mia Couto (Tierra sonámbula)  o en la de Ben Okri (El mago de las estrellas). Helen […]

  2. […] obras, publicada en español como El brujo del cuervo, Ngũgĩ wa Thiong’o se convirtió en uno de los abanderados del realismo mágico africano, un estilo que muestra la importancia del contacto entre el mundo visible y el invisible en el […]

  3. […] Wiriko: Artes y culturas africanas, que se publicó el 14 de enero de este año y que titulé: Añadiendo mundos al mundo: el espejo del realismo mágico africano. Un texto muy especial para mi y del que hablaba del “realismo mágico africano” que […]

  4. […] abisinias“, reconocida internacionalmente, traducida a quince idiomas y calificada como realismo mágico africano, Moses Isegawa no ha vuelto a escribir ninguna obra que alcance ese reconocimiento. Quizás […]

  5. […] El novelista camerunés que quizá no aparece en la primera línea de los autores africanos con proyección internacional tiene, sin embargo, una carrera prolongada y exitosa (sin ningún título en castellano). Ha firmado seis novelas, cinco de ellas con la editorial francesa Gallimard y una con la argelina Apic, además de ensayos, relatos para obras colectivas y un libro de poesía. En La Rose dans le bus jaune, abandona aparentemente alguna tónicas habituales en sus novelas anteriores que tenían eminentemente una temática africana, en este caso sin embargo, el continente negro aparece sólo de manera colateral como el lugar en el que los protagonistas del relato se reencuentran con sus antepasados. Por otro lado, aparca relativamente un estilo propio que le había hecho enmarcarse en los que se considera realismo mágico africano. […]

  6. […] El novelista camerunés que quizá no aparece en la primera línea de los autores africanos con proyección internacional tiene, sin embargo, una carrera prolongada y exitosa (sin ningún título en castellano). Ha firmado seis novelas, cinco de ellas con la editorial francesa Gallimard y una con la argelina Apic, además de ensayos, relatos para obras colectivas y un libro de poesía. En La Rose dans le bus jaune, abandona aparentemente alguna tónicas habituales en sus novelas anteriores que tenían eminentemente una temática africana, en este caso sin embargo, el continente negro aparece sólo de manera colateral como el lugar en el que los protagonistas del relato se reencuentran con sus antepasados. Por otro lado, aparca relativamente un estilo propio que le había hecho enmarcarse en los que se considera realismo mágico africano. […]

  7. […] Tres novelas de Mia Couto, Moses Isegawa y Ngũgĩ wa Thiong’o demuestran que el realismo mágico es una corriente universal con maestros también en África.  […]

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