Lenguas africanas y literaturas africanas: EL debate

“Seguramente en un África libre de opresión a ningún escritor se le ocurriría expresar sus sentimientos y los sentimientos de su gente en otra lengua que no sea la suya propia”. Es una frase del senegalés David Diop que Ngũgĩ wa Thiong’o reproduce en su ensayo “La lengua de la literatura africana”. El keniano es, probablemente, una de las voces más autorizadas para lanzar el debate sobre el uso de las lenguas en las literaturas africanas. Un debate tan monumental como abrumador.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

Al margen de compartir o no las reflexiones del escritor keniano y eterno aspirante al Premio Nobel, hay que reconocer que el novelista, ensayista, dramaturgo y autor de literatura infantil abre sin delicadeza el delicado melón de las lenguas que lanza salpicaduras incómodas sobre el neocolonialismo, las dependencias culturales, los intelectuales cautivos o las diferencias de clases. Desde la política hasta la filosofía, y por supuesto la economía o la cultura, Ngũgĩ wa Thiong’o demuestra cómo la decisión sobre la lengua que se emplea para escribir tiene ramificaciones en todos los ámbitos de la vida.

El libro Descolonizar la mente, publicado este año en la colección Debolsillo, de Penguin Random House, alberga el mencionado ensayo y se completa con una reflexión del autor sobre las lenguas en el teatro o la ficción. En ese primer capítulo Ngũgĩ wa Thiong’o establece el marco, los motivos y las condiciones del uso de las antiguas lenguas coloniales en la literatura. La pertinencia de sus reflexiones está fuera de lugar. El escritor abandonó el inglés como su lengua literaria, para los géneros de ficción, en 1977. Adoptó una postura ideológica, a partir de ese momento, escribiría en gikuyu (a excepción de los ensayos) porque esa era la lengua en la que se expresaban las personas a las que quería dirigirse, las clases más populares, lo que él mismo llama “el campesinado y el proletariado urbano”.

Descolonizar la menteEn este planteamiento de las bases, Ngũgĩ wa Thiong’o hace un repaso de cómo la literatura en lenguas europeas acabó por hacerse con el título de “literatura africana”, mientras que su posicionamiento como el de otros autores es que “la literatura africana sólo puede escribirse en lenguas africanas, esto es, las lenguas del campesinado y del proletariado urbano, la mayor alianza de clases en cada una de nuestras nacionalidades, y, sin duda, los agentes de la inevitable e inminente ruptura revolucionaria con el neocolonialismo”. Para el escritor keniano este secuestro del concepto de “literaturas africanas” se produjo en el momento de la lucha por la liberación nacional y las postindependencias cuando los intelectuales de la “burguesía nacionalista y patriótica” consiguieron cierta ascendencia. Estos autores africanos en lenguas europeas coparon el mercado editorial, pero ni siquiera consiguieron hacerse con las audiencias más amplias, las clases populares.

Por otro lado, el escritor keniano cuestiona y critica algunos de los hitos de lo que entendemos como literatura africana, precisamente algunos en los que él mismo participó. El caso más evidente es el del Congreso de Escritores Africanos de Expresión Inglesa celebrado en Makere en 1962. Pretendía ser una especie de fundación de una nueva fuerza de la literatura africana realmente consciente. Sin embargo, como si título indicaba excluía desde su concepción a la mayor parte de los escritores los que escribían en lenguas africanas. Sin embargo, las mismo tiempo, descubre (al menos al que escribe) algunas joyas desconocidas e impagables. Albert Gérard escribió en 1981 African Language Literatures, una antología que demuestra, en contra de los análisis más extendidos, que desde el siglo X hay literatura escrita en lenguas africanas. Todo un descubrimiento.

En la misma línea, Ngũgĩ wa Thiong’o pone de manifiesto las contradicciones que se desencadenan en este ámbito de las lenguas y las literaturas. Mientras los intelectuales entendían que las lenguas nacionales era un rasgo de atraso, la mayor parte de la población las usaban con naturalidad, sin traumas. “El campesinado nunca vio una contradicción entre hablar sus propias lenguas maternas y la pertenencia a una comunidad geográfica nacional o continental”, escribe el autor keniano, que ironiza con el hecho de que cuando no hubo más remedio esas clases populares utilizaron también las lenguas coloniales, pero “las africanizaron sin ningún respeto por su pedigrí como el que demostraron Senghor o Achebe”. Así es como se refiere a la formación de lenguas africanas propias a través de la deformación particular de las lenguas europeas. El krio en Sierra Leona o el pidgin en Nigeria son algunos de los ejemplos que cita.

La aberración ahora comúnmente aceptada ha sido separar la esfera de la formación, de la lengua formal, la de la administración, la de la producción cultural e intelectual, toda la que tiene un prestigio social importante y la lengua en la que los ciudadanos se relacionan entre sí y con sus familias. Esta disfunción que ya denunciaba Ngũgĩ wa Thiong’o ahora está completamente aceptada.

Otra de las contradicciones más evidentes es cómo las diferentes formas de colonización, la religión, las teorías económicas neocoloniales no tienen ningún problema en comunicarse en lenguas africanas, precisamente para conseguir llegar a todas las capas de la sociedad. Mientras tanto, los discursos de la contestación, de la reacción, del combate a esas ideologías se hacían en las lenguas europeas y eso hacía que la masa del “campesinado y el proletariado urbano” que atrae toda la atención de Ngũgĩ wa Thiong’o quedase excluida del debate.

“¿Acaso no estamos perpetuando en el ámbito de la cultura ese espíritu neocolonial de dependencia y servilismo?”, se pregunta Ngũgĩ wa Thiong’o como una de las claves de este complejo debate. Y concluye este armazón teórico sobre el uso de las lenguas afirmando: “Los escritores africanos estamos obligados por nuestra vocación a hacer por nuestras lenguas (…) lo que todos los escritores a lo largo de la historia del mundo han hecho por sus lenguas al asumir el reto de crear en ellas una literatura, un proceso que luego se abre a la filosofía, a la ciencia, a la tecnología y a todas las demás áreas de la creatividad humana”.

Así queda servido el debate sobre el uso de las lenguas, la pregunta inasumible de ¿qué es la literatura africana? La última contradicción es que estas reflexiones de Ngũgĩ wa Thiong’o no son nuevas, de hecho las escribió hace más de treinta años, en 1984, y el debate continúa abierto.

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Carlos Bajo Erro

Carlos Bajo Erro

Licenciado en Periodismo (UN), postgraduado en Comunicación de los conflictos y de la paz (UAB) y Máster Euroafricano de Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Es coautor del ensayo Redes sociales para el cambio en África (IV Premio de Ensayo Casa África). Sus ámbitos de interés y de estudio son la comunicación, las TIC y la literatura. Responsable de las áreas de Comunicación y de Publicaciones y coordinador de la sección de Letras del Magacín. (Barcelona) Contacto: [email protected]
4 comentarios
  1. Mar Rodríguez
    Mar Rodríguez Dice:

    Sería interesante que, ya que es un libro escrito en inglés, indicarais el nombre de la traductora 🙂

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  1. […] como la principal para la escritura, sino también haber explicado el por qué en su libro “Descolonizar la mente“, un referente absoluto para cualquiera que quiera entender el mundo que hay más allá de sus […]

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