La cultura del vinilo tiene un guardián en Kenia

Por Megan Iacobini de Fazio (texto) y Rachel Clara Reed (fotos)

James ‘Jimmy’ Rugami, propietario del Stall 570 en el mercado Kenyatta Market de Nairobi.

James ‘Jimmy’ Rugami, propietario del Stall 570 en el mercado Kenyatta de Nairobi. Foto de Rachel Clara Reed.

Hay un hervidero de actividad en los callejones estrechos y serpenteantes del Kenyatta Market*. Las mujeres se sientan en sillas de plástico, con los pies sumergidos en un cuenco con agua tibia enjabonada para sus pedicuras, dos damas fijando y retorciendo frenéticamente cabello de plástico falso en sus pulcras trenzas. En los pequeños y abarrotados puestecillos, hay hombres inclinados sobre las máquinas de coser, haciendo vestidos de kitenge** colorido, mientras los comerciantes caminan vendiendo huevos duros, joyas Maasai y maíz amarillo.

Escondido en el rincón reservado para la carne está el puesto 570 (Stall 570), donde James ‘Jimmy’ Rugami ha vendido música desde el año 1989. Emergiendo de un viejo tocadiscos, los sonidos rumba y lingala flotan en el aire y se mezclan con las aromas ahumadas de carne asada. Un poster de Lionel Ritchie autografiado y la sensual expresión de Mariah Carey miran hacia fuera desde una de las paredes, invisibles debido a los carteles y las fundas de LP – cualquier cosa desde la banda sonora de la Naranja Mecánica a los clásicos afro-cubanos de Tabu Ley o la música Disco de la Motown.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Justo aquí, entre los puestos de venta de carne de vaca y carne de cabra, hay uno de los pocos lugares de Nairobi en el que se venden discos de vinilo. Aunque la ciudad fue una vez el centro musical de África del Este, con discográficas independientes y compañías de grabación multinacionales estableciendo sus sedes regionales aquí y una fábrica de prensado en funcionamiento hasta inicios de los años 90, los vinilos antiguos son difíciles de encontrar. En el centro de Nairobi, frente a una ruidosa calle de la estación de autobuses, está Melodica Music Stores, uno de los pocos lugares a parte de la tienda de Jimmy que vende discos. Fundada en 1971, Melodica ha grabado y producido cientos de discos en África Oriental, muchos de los cuales aún se pueden encontrar, amontonados y sin sonar, en el almacén de la tienda. Pero mientras que Melodica es un tesoro para los singles africanos originales y vírgenes, Stall 570 es el único lugar en la ciudad que tiene una colección grande de LPs y de singles para la venta.

Dividido entre dos puestos adyacentes, la tienda está repleta de discos, cintas, viejos tocadiscos, algunas cámaras de cine vintage e incluso algunos viejos discos de goma laca. Jimmy, un hombre amistoso de unos sesenta años que nunca se ve sin su caperuza, normalmente se puede encontrar desembalando cajas de trovadores de vinilo recién descubiertos o excavando discos para sus clientes.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Mi familia no era una familia de músicos. La primera vez que vi una radio – no un reproductor de discos o casetes, sólo una simple radio – estaba en la escuela secundaria. No habría un tocadiscos en nuestra casa hasta 1979”, dice Jimmy.

En la década de los ochenta se ganaba la vida comerciando con ropa en Meru, una ciudad en las colinas verdes y fértiles de Mount Kenia, cuando una picazón por algo más emocionante y un tocadiscos roto regalado por su hermano empezaron con su nuevo negocio. “Tan pronto como reparé la máquina me dirigí a Nairobi y gasté todos mis ahorros en discos. Eso fue en 1986”.

“La escena musical era bastante vibrante, siempre se me invitaba como DJ para pinchar en discotecas, clubes locales y especialmente en los cuarteles del ejército. Yo solía pinchar principalmente cosas africanas – discos locales en Kikuyu y Kamba y pocos en Zairua, la música de la actual República Democrática del Congo”, dice Jimmy.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Pero el estilo de vida errático de DJ comenzó a cobrarse su peaje – “Me encantaba la vida en el “carril rápido”, repleto de fiestas y de damas”, dice mientras una sonrisa mal ocultada se arrastra por su cara – y Jimmy se trasladó con su familia a Nairobi en búsqueda de algo más estable. Así, en 1989, el ya legendario puesto de Kenyatta Market comenzó a vender música, abarrotado entre carnicerías que vendían carne de vaca, carne de cabra y pollo. Poco ha cambiado desde entonces: la tienda se ha expandido para incorporar el puesto al lado, la variedad de géneros ha crecido y la base de clientes se ha ampliado, pero el encanto del lugar se ha mantenido intacto.

“La ubicación es genial, me alegro de que Jimmy eligiera quedarse en el ambiente local del Kenyatta Market”, dice Thomas Gesthuzien, un coleccionista que ha pasado muchas horas felices investigando en la tienda.

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Foto de Rachel Clara Reed.

La tienda ha sobrevivido a la decadencia del vinilo, la popularidad de las cintas, el nacimiento de CDs y la amenaza de la piratería, adaptándose a las tendencias cambiantes. En sus primeros años Jimmy vendió principalmente cintas del este de África: “Solía conducir todo el camino hasta Dar es Salaam, luego tomaba un barco a Zanzíbar, donde compraba las cintas. Allí es donde la conseguía mejor material, especialmente jazz, que en Nairobi era inaccesible o muy caro”. Pero cuando los discos no vendían nada, algo le decía a Jimmy que comprara vinilo cada vez que lo encontrara, y pronto acumuló una gran cantidad de discos, colecciones de grabaciones extranjeras y africanas. Podría pasar seis meses sin vender uno, pero Jimmy no podía dejar de recogerlos.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Empecé a notar un cambio hace unos 10 o 12 años, la gente entraba en la tienda y prestaba más atención a los pocos discos que tenía aquí. Ahora, la tienda vende casi exclusivamente vinilo, en su mayoría música occidental antigua, con una gran colección de 7 “s del este de África y algunos 12″ s”: En un lado guarda los álbumes, mientras que en el otro alberga una gran colección de singles. Escondido en los estantes inferiores en una de las esquinas están los kenianos, divididos en los varios idiomas locales: Swahili, Kikuyu, Kamba, Luo, y Luhya. Junto a ellos hay una selección igualmente grande de Lingala – el idioma de la República Democrática del Congo.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Él es el único que satisface a una creciente multitud de Nairobi – especialmente los kenianos de nacimiento, no sólo los expatriados – de amantes del vinilo, y lo hace con verdadera pasión por la música”, dice Thomas, que encontró a Jimmy en una mención en Internet hace cinco años. Thomas – alias Gioumanne / J4 / Jumanne – es un DJ y coleccionista que hace investigaciones y licencias para la reedición de música para sellos como Strut, Soundway, Afro7 y Rush Hour. Ha estado dirigiendo African Hip Hop – un sitio web cuyo objetivo es “unificar a todos los que están inspirados por el hip hop y por las culturas de África y de origen africano” – desde 1997 y ha estado trabajando recientemente en la recopilación del Kenya Special Second por Soundway Records.

“Encontré uno de los primeros discos de la compilación en la tienda de Jimmy. Es un single de Afro Rock de una banda llamada Awengele, y cuando lo puse en los platos, él dijo en broma: “Si hubiera sabido sobre su existencia, lo habría guardado para mí mismo”, y procedió a vendérmelo a un precio muy ventajoso”, explica Thomas.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Jimmy dice que mientras que la mayoría de los extranjeros vienen buscando material africano, los kenianos tienen un gusto ecléctico, buscando música local e internacional de  igual forma.

“En casa escuchamos de todo, desde lo africano al rock internacional, el blues, el soul, el pop, lo instrumental, lo clásico y el reggae”, dice Angela, una de las clientes habituales de Jimmy. “Crecí en torno a la música y el viejo tocadiscos de Phillips siempre ha estado en el centro de nuestras reuniones familiares”. Hasta que se enteró de la tienda de Jimmy, Angela compraba discos por Internet. “Pero prefiero la verdadera felicidad de ir a la tienda del mercado Kenyatta para pasar horas cavando y buscando el tesoro”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

El interés local por la música del este de África está definitivamente en alza, como lo demuestra la popularidad de iniciativas como Santuri Safari – Santuri significa “vinilo” en swahili – una red de DJs, productores, músicos y activistas culturales que apuntan a “cerrar la brecha entre artistas tradicionales, instrumentos, ritmos y culturas y la vanguardia de la escena musical underground global». Esa Wiliams – el DJ sudafricano con sede en el Reino Unido, cuyo nombre se puede encontrar en la aclamada Highlife World Series– forma parte de la red Santuri y visitó la tienda en 2015 con el cofundador de Santuri y el DJ británico David Tinning. “Yo estaba más interesado en la historia detrás de Jimmy, los discos que ha estado recolectando y también en cómo terminó en un mercado de carne”, dice Esa. “Hablamos un par de horas sobre la historia de la tienda, sus clientes habituales y la colección, y después de eso tuve tiempo de investigar y conseguir algunos discos de su colección – Letta Mbulu, Tabu Ley Rochereau”.

David Tinning, un verdadero aficionado del vinilo con una pasión que abarca desde el dub jamaicano hasta el afro funk, el disco y el techno, encontró algunos discos de boogie y disco de los años 80 para agregar a su colección. “Muchos de ellos tenían nombres de sus anteriores dueños, a menudo bandas o DJs que estaban activos en Nairobi en los años 80 o 90, lo cual me parece fascinante”. El cofundador keniano de Santuri, Gregg Tendwa, ha encontrado algunas canciones de Benga para su archivos, un hallazgo útil ya que él también es la mente que hay detrás de Bengatronics – un sonido que combina la electrónica de vanguardia, ritmos irresistibles de Benga y riffs de guitarra dulces como la caña de azúcar.

Thomas está de acuerdo en que los jóvenes de Nairobi están escuchando la música del este de África con renovado interés: “cuando me presenté en un evento mensual llamado We Love Vinyl (Queremos al Vinilo) pinchando 100% música local – a menudo procedente de la tienda de Jimmy – la gente me miraba extrañamente, pero últimamente les encanta y la mera disponibilidad de estos clásicos y grabaciones olvidadas han ayudado a que los jóvenes descubran su patrimonio musical”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Pero a medida que aumenta la popularidad de la música africana entre los kenianos y los extranjeros, adquirir existencias es cada vez más difícil para Jimmy. “Tristemente, como puedes ver, este es el único 12″ africano que tenemos”, dice, señalando una estantería y una pequeña pila de cajas. “No hay más producción por aquí y se están volviendo más y más difíciles de conseguir”. A veces la gente trae sus discos y le pide a Jimmy que los digitalize; “pero otras veces”, dice, “me veo forzado a actuar como un depredador”.

Él tiene una red de hombres en punto de diferentes regiones de Kenia, y algunos en Kampala, Uganda, que le informan cuando se encuentran con personas con un bastante material. “Si no quieren deshacerse de ellos, les doy a sus familias mi número, y espero”. En una de mis visitas al puesto, Jimmy acaba de recibir una gran cantidad de LPs, en su mayoría africanos y en excelentes condiciones. “Éstos me fueron dados justo por el hijo de una señora que falleció hace dos semanas. Él no está interesado en mantenerlos, así que le daré algo de dinero y la música en formato digital a cambio”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

A pesar de los desafíos para la obtención de vinilos de buena calidad, Jimmy es positivo y cree que el futuro de Stall 570 será próspero.

Esa Wiliam también está de acuerdo en que el pequeño puesto en el mercado de la carne está hecho de cosas más duras que la mayoría de las tiendas de discos: “lugares como el de Jimmy siempre estarán vivos mientras las tendencias van y vienen. Pueden no ser tan populares como las tiendas de discos en Occidente, pero mantienen vivo el espíritu vinílico”.

Para Jimmy, la tienda tiene que ver con la identidad y las raíces tanto como con la música. Él cree que sería una gran pérdida para las generaciones futuras olvidar su historia musical, y siempre está dispuesto a transmitir sus conocimientos a los clientes más jóvenes. De vez en cuando da la bienvenida a fiestas escolares y les enseña sobre las tradiciones musicales de África Oriental.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Una nueva generación con talento está surgiendo en estas comunidades”, dice Esa, “y es importante tener un lugar como la tienda de Jimmy como referencia para acceder a todos los diferentes estilos de música que se publicaron en diferentes regiones de África”.

Habiendo sido el único encargado del puesto desde que empezó, la única preocupación de Jimmy es quién lo tomará. Él ya trabaja siete días a la semana, y rara vez toma un descanso, con miedo de perder la oportunidad de ayudar a alguien a encontrar su nuevo récord favorito. “El desafío es encontrar a alguien que quiera hacer esto por pasión, no por dinero”, dice Jimmy. “Para mí, esto ha sido un trabajo de amor. He podido pagar a mis hijos la escuela y la universidad gracias a mi tienda de discos, pero nadie va a enriquecerse con ella”. Afortunadamente, el sobrino de Jimmy, Patrick, comparte el interés de su tío, y, en palabras de Jimmy, está siendo “preparado” para asumir la tienda. “Tengo planes de expandirme”, dice Patrick, “pero nunca la movería. Este lugar tiene raíces. El puesto 570 es el lugar donde nació esta tienda, y donde siempre estará”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Este artículo ha sido publicado originalmente, con el título ‘The vinyl man of Kenyatta market’ en la revista The Vinyl Factory.

Traducido por Gemma Solés i Coll. 

*El Kenyatta Market es uno de los principales mercados de Nairobi.

**El Kitenge es un tipo de tela típico del África del Este.

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Wiriko nació en 2012 como asociación cultural para la divulgación y promoción de las artes y culturas africanas. Wiriko.org, su principal proyecto, es el primer Magacín 100% dedicado a las Artes y las Culturas Africanas del Sur del Sáhara en lengua castellana. Una ventana para dar a conocer las realidades culturales contemporáneas de África y una plataforma para acabar con su desconocimiento y estereotipos. Como herramienta colaborativa para la interconexión y la cooperación cultural, impulsa un África muy distinta a la de los cuatro jinetes del Apocalipsis (guerra, hambre, pobreza y destrucción), y fomenta una visión más realista de lo que se produce, a día de hoy, en el continente africano.
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