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DJ Floro corona al gremio femenino del Afrobeat

El viernes 29 de septiembre sale a la venta el 4º volumen de Republicafrobeat, una recopilación de 12 joyas de afrobeat en clave femenina que nos llega de la mano de Kasba Music. DJ Floro, una de las piezas clave de la Asociación AfrobeatProject tanto como de la música negra en España, ha seleccionado y ahondado en este nuevo trabajo en el papel de la mujer en el estilo que popularizó Fela Kuti. Y nos presenta algunas de sus voces más representativas, sin dejar de incluir novedades singulares que honran el espíritu gourmet de este selector y su carácter de explorador infatigable.

Haciendo un recorrido geográfico por todo el planeta, esta 4ª entrega dedicada a las mujeres del afrobeat, otorga un papel esencial a las féminas africanas y a sus distintas diásporas, empezando a despuntar España de forma casi inédita a nivel mundial. Se ha querido dedicar el álbum a la mujer, siempre en la sombra, cosificadas, en este estilo, porque “las mujeres del afrobeat se han manifestado más respetuosas con el discurso original del estilo: la denuncia social y política, y lo han amplificado para reclamar sus derechos como personas, reivindicar su libertad e independencia y proteger a su familia y su tierra. Además, rechazan la mutilación genital femenina, los matrimonios infantiles forzados, la prostitución familiar e institucional, la esclavitud sexual y las violaciones masivas, la poligamia, las guerras y el constante expolio del continente“, explica la periodista musical y miembro de AC AfrobeatProject, Sagrario Luna.

El afrobeat, y la figura de Fela en concreto, ha sido una de las más internacionales de todo el continente africano. En cada memorial y festival que se le dedica, el mito crece. Aunque los más críticos con la leyenda nigeriana claman a los cuatro vientos que Fela Kuti era un misógino. Lamentablemente, es algo que persigue en la sombra a otros grandes nombres de la música como Bob Marley. Sin embargo, tanto el reggae como el afrobeat se han convertido en la banda sonora de las periferias. Emergiendo desde el Sur Global (Jamaica y Nigeria, respectivamente), han conseguido aportar discursos críticos y alternativos al neoliberalismo o el racismo, a través de nuevos sonidos capaces de romper con la hegemonía del rock o el pop más “blancos”, e instalarse en la sociedad occidental como discursos musicales arraigados. Ahora, con este recopilatorio, DJ Floro reivindica la necesidad de reconocer y pregonar la existencia del gremio femenino dentro del afrobeat y la construcción de discursos más inclusivos y feministas.

Sandra Izsadore

Una de las voces más significativas del álbum es la de la activista afroamericana Sandra Izsadore, quien conoció a Fela en Los Angeles en el 69 y del que fue amante durante años. En la canción Arewo, junto a Rahab McNeish & Dakore Egubson, que está incluida en su álbum Excerpts Of Fela Vol.1, Sandra muestra la plasticidad del afrobeat, a medio camino entre el jazz, la música más experimental, el hip hop o el r&b. Esta plasticidad se africaniza y nos imbuye a las raíces malienses nada más empezar la escucha con el tema que abre el disco: Fadjamou, uno de los cortes del nuevo e impresionante trabajo de la diva Oumou Sangaré (Mogoya, No Format 2017) – uno de los TOP 10 de Wiriko para este Veroño-.

Juventud a raudales con la nueva hornada de divas africanas y renovadoras del afrobeat, no le faltan a este trabajo. Encontramos a voces tan apetecibles como la de la sierraleonesa Sia Tolno, con su Waka Waka Woman (del disco African Woman, del que nos habló en exclusiva a Wiriko en 2014)- o la de la rompedora nigeriana con residencia en Londres, Ibibio Sound Machine (lee aquí nuestra entrevista) con uno de sus temas más pegadizos: Let’s Dance, de su álbum debut, de 2014. También nos encontramos figuras con una puesta en escena tan espectacular como la de la nigeriana-estadounidense Wunmi (a la que pudimos disfrutar en el Sauti Za Busara de Zanzibar, en 2014 – minuto 2:55-), con su futurista Keep It Rockin’.

Juno & Darrell

Y representando la comunidad afroespañola emergente, la voz de la prodigiosa ecuatoguineana Juno, de nuestros apreciados Juno & Darrell, contribuye con un delicioso tema inédito – Let’s Have a Party (We’re Going To Hell)– que se añade a los 14 cortes que han presentado su original y ecléctico álbum debut: Universo (Greenville Records, 2017). ¡Menudo melón ha abierto la pareja!

Además, DJ Floro recupera perlas imprescindibles como el Fatige del disco Welele! (Afrotropik, 2014) de la seychellense-australiana Grace Barbe; el Keep on Searching de la zambiana-danesa Karen Mukupa junto a Nappion, de su álbum Human (2012) o la energética e infecciosa pieza Bata Boy, el tema que abre el álbum Brothers & Sisters (2016) del colectivo Lakuta, formado por miembros de Kenia, Tanzania, Ghana, Malasia, España y Reino Unido.

¡Prepárense para el reinado femenino de la República Afrobeat! 

Fonko: La nueva África a través de su música urbana

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El documental Fonko, que comenzó con un proyecto materializado en una serie de seis capítulos en 2014, ha terminado condensando en 86 minutos de sobredosis de decibelios, agitación corporal, reivindicación política y en un escaparate perfecto para voltear la mirada hacia el continente africano donde existe, desde hace varios años, una escena musical contemporánea llena de vitalidad. Fonko, que en idioma wolof hace referencia a “cuidar del prójimo”, a construir algo entre todos, explora el África del siglo XXI a través de su música urbana y de las revoluciones musicales que han tenido lugar en los géneros del kuduro, coupé-décalé, ndombolo, azonto, afrobeat, hiplife o el house sudafricano. Para este recorrido cuenta con destacados músicos como la leyenda senegalesa Youssou N’Dour, el sudafricano Hugh Masekela, la artista nigeriana-alemana Nneka, el artista ghanés-rumano Wanlov, o la rapera senegalesa Sister Fa.

Producida por Tobias Janson, y dirigida por los suecos Goran Olsson, Daniel Jadama y Lars Loven, este equipo recorrió durante tres años las principales capitales africanas para producir este documental en el que han contado con la colaboración en la voz narrativa de la rapera y compositora sueca Neneh Cherry (en 1994 cantó junto a Youssou N’Dour el éxito Seven Seconds y, en 2007 nuevamente formó un dueto con la estrella senegalesa para interpretar Wake up Africa). Como afirma Cherry: “La música africana ha influido desde hace décadas en lo que ahora llamamos la música moderna sin ningún tipo de reconocimiento. Ahora, las circunstancias han cambiado porque hay toda una generación de jóvenes músicos que están dispuestos a comerse el mundo y reclamar sus derechos con plena legitimidad”. Para los que se encuentren en Barcelona, podrán disfrutar de este documental el próximo sábado 29 de octubre y martes 1 de noviembre en el marco del Festival In-Edit.

Según matizaba en una entrevista reciente Lars Loven su acercamiento a las músicas africanas comenzó con la música negra. “Personalmente solía ser DJ y ponía mucho soul de Estados Unidos. Cuando empecé a buscar nuevos etilos musicales encontré las músicas de los 60 y los 70 de Nigeria y Ghana y ahí comenzó mi interés. Al principio fue el amor a la música pero después comencé a ver los contextos detrás de esta”. Fonko, además mantiene una constante bajo los pensamientos y frases del gran y único Fela Kuti.

Algunas paradas del viaje

Sudáfrica y Nigeria son dos países con un pasado turbulento que constituyen hoy en día las grandes potencias económicas y culturales de África. Sudáfrica es el hogar de estilos como el kwaito, el house o el shangaan electro. Nigeria, por su parte, es un país de extremos con  una abultada brecha de ingresos, corrupción arraigada y conflictos con una base religiosa importante. Es aquí donde se puede encontrar lo más comercial del continente, pero también una música de protesta feroz, como la del mencionado Fela Kuti, uno de los cantantes reivindicativos más influtentes de todos los tiempos.

África occidental francófona no solo está unida por el idioma francés y una moneda común, sino también por las tradiciones y las lenguas de los vastos imperios que dominaron la región mucho antes de que llegara el colonialismo. Dakar es el centro incomparable de la escena hip hop en el África occidental. Surgida de Costa de Marfil con influencias parisinas, el coupé-décalé se ha convertido en una gran influencia en todo el África occidental. En Burkina Faso, el nombre y discursos del ex líder icónico, Thomas Sankara es utilizado por los músicos para protestar contra las injusticias y la corrupción. Y en Benín, los veteranos de la Orchestre Polyrytmo dan un fondo histórico de la escena musical de hoy.

Ghana y Angola son dos de las economías de más rápido crecimiento en el mundo, así como dos países en medio de una revolución musical. Angola todavía está tratando de llegar a una paz espiritual y física con las tres décadas de guerra civil que atormentaron el país. Mientras tanto el kuduro (culo duro), lo que podría ser descrito como el tecno extravagante del gueto, ha surgido de los barrios pobres para convertirse en el mayor activo cultural del país. Ghana, por su parte, tiene una tradición totalmente diferente de la educación y la democracia. Sus músicos no tienen que luchar por la libertad de expresión y, por lo tanto, centrarse en lujos artísticos como la ironía y el pastiche. Esta libertad se utiliza, no solo para desafiar a los sentimientos religiosos y tradicionales, sino también, para crear nuevos estilos como el azonto.

Madrid ennegrece, pero aún no africaniza

Pyramid Blue en la 6ª edición de Madrid Es Negro. Fotografía Sebastián Ruiz/Wiriko.

Pyramid Blue en la 6ª edición de Madrid Es Negro. Fotografía Sebastián Ruiz/Wiriko.

La coctelera tintineaba con ingredientes retros de tono tropical. Camerún, Guinea Ecuatorial, Senegal, Costa de Marfil y Guinea Conakry se reunían encima de un mismo escenario para especiar una Sala El Sol llena a rebosar, con un condimento tan infalible como inflamable: James Brown. Y la receta no tenía margen de error.

El repetorio de la noche. Sebaastián Ruiz/Wiriko.

El repetorio de la noche. Sebaastián Ruiz/Wiriko.

Cuando el Rey del Funk desembarcara por primera vez en tierras africanas, en el año 68, Costa de Marfil lo recibió calurosamente. Allí era considerado un ídolo. Diez años después de su muerte, lo sigue siendo. Como todo afroamericano que hubiera tenido un mínimo contacto con el movimiento por los derechos civiles, ese viaje significó para Brown un retorno a las raíces que se repetiría en distintas ocasiones. Sin embargo, fue mucho más el impacto que artistas como él, Ike & Tina Turner en Ghana en el 71 o Bill Withers en el antiguo Zaire en el 74, causaron en el continente, que no lo que se llevaran éstos de vuelta a Estados Unidos.

Ya desde la década de los 50′, cuando el boom del R&B invadía las ondas radiofónicas, se empezaban a destilar ingredientes americanos en las radios de África. En muchos estilos populares de la primera década tras las independencias, los sonidos afroamericanos y afrocaribeños se entronizaron como señas identitarias propias. Óscar Martos, líder de Pyramid Blue, lo definía entre bambalinas: “Entre el Funk y el Afrobeat hay una conexión muy directa. De aquí surgió la idea de montar un show que los volviera a conectar. Brown tenía un combo particular, con dos baterías. Decidí sustituir una de las baterías por tres percusionistas y empezar a trabajar el espectáculo”, explica sobre el concierto que prepararon los madrileños exclusivamente para el Festival Madrid Es Negro.

Pyramid Blue, una banda que ya hace tiempo que viene investigando en los sonidos africanos modernos, supo casar bien el ethiojazz o el afrobeat con el legado del Rey del Funk. Con la inestimable ayuda de un trío de ases en la percusión, la banda mezcló instrumentos eléctricos con otros acústicos tradicionales del África Occidental: el dum-dum de Costa de Marfil, el tama talking drums de un imponente wolof senegalés de dos metros – que deleitó con atmósferas más intimistas con Kora y Calabash- y el djembé de un guineano.

Justin Tchatchoua. Por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Justin Tchatchoua. Por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Pyramid Blue había ya trabajado con uno de los africanos con más solera de Madrid: el camerunés Justin Tchatchoua, y fue recogiendo la experiencia de otros músicos con camino recorrido en la ciudad para intentar transportar hacia África a los amantes del Funk congregados en la céntrica sala Sol. “Justin trajo a Shyla, el chico que toca la Kora. Después llegó Yussuf, el marfileño que toca el dum dum. Yo traje a Juno. Y así fue como fue creciendo la familia”, cuenta Óscar, entusiasmado por el éxito del directo.

Justin, músico y cuentacuentos que confiesa cierto repudio por la creciente y masiva moda electrónica entre los jóvenes del continente, fue seguramente el más venerado de la noche. “Yo salí de Camerún para instalarme en Nigeria, donde me dediqué a la música muchos años. Incluso conocí a Fela Kuti”, confiesa el camerunés, treinta años después de llegar a España. “Conocí a Óscar en el Festival Enclave de Agua, en Soria, y siempre me ha gustado trabajar juntos porque sabe como ir a la raíz y entiende la identidad de los sonidos”, expresa el camerunés, con una dilatada carrera a sus espaldas.

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Juno. Sebastián Ruiz/Wiriko.

“Madrid Es Negro. Siempre ha sido negro”, decía la cantante ecuatoguineana Fani Ela Nsue, más conocida como Juno, a un variopinto público sudoroso. Con un torrente de voz que dejó boquiabierto a más de uno, Juno no dejó de bailar y animar durante toda la noche. Ella y Justin, a veces complementándose, a veces cediéndose el trono del micrófono, formaron un dúo vocal muy apetitoso, que nos hacía intuir los clásicos del Jújù con reminiscencias de Aretha Franklin. El mensaje: volver a las raíces. Reconocer la parte más africana de la multimillonaria industria musical del Funk, el Soul y el R&B.

Pero, ¿es consciente realmente la gente de este invaluable legado? “La gente tiene la imagen de que la música africana es solo lo tradicional, coros, percusión… Pero hay muchísimo más, mucho que aún no se conoce aquí. Lo que hemos enlazado esta noche, la música de Fela Kuti, el Afrobeat, fue música muy innovadora e inspiradora en su momento. Y es africana. Creo que es muy importante que se sepa, que en África hay muchos ritmos que sorprenderían a la gente”, reivindicaba Juno.

“Say it Loud, I’m Black and I’m Proud” (Dilo alto, soy negro y estoy orgulloso de ello), repetía el público incansable. Y a pesar de que el lema lleva resonando en pistas de baile, encuentros y luciendo en camisetas o festivales especializados en música negra, aún no se ha llegado a la verdadera raíz de lo negro. A África. “En España, como en otros países de Europa, debería haber un circuito de música de raíz africana mucho más presente. Personalmente, mi estilo intenta casar la parte tradicional con folk, jazz, pop, funk o soul porque representan mis dos mundos”, expresa la ecuatoguineana reivindicando un renacimiento cultural afropeo.

La negritud de Madrid, ciudad de acogida del 23% de extranjeros que entran en España, se hizo un poco más palpable con lo que es, tal como explicaba uno de sus organizadores, Fernando Roqueta: “la primera vez que se hace viajar Madrid Es Negro directamente hacia África”. La rica diversidad musical que ofrece el continente es casi una desconocida para la mayoría, y en gran parte, este desconocimiento viene dado por estereotipos. “La gente cree que el blues comenzó en Estados Unidos, pero si analizas de cerca, en seguida te das cuenta de que es un estilo africano. Pasa lo mismo con los instrumentos. Son todos variaciones de instrumentos africanos. Así que hay que darse cuenta de la gran riqueza sonora que hay en el continente e ir a la raíz”, atestiguaba Justin Tchatchoua.

“España es el país con menos relación con África de toda Europa. Es una pena y ésta es nuestra labor, reivindicarlo y luchar para cambiarlo”, terminaba la entrevista Óscar aún con las gafas de sol puestas. Y uniéndose a esa reivindicación y ese anhelo de hacer África y todas sus manifestaciones culturales palpable en España, Wiriko sólo espera que la próxima edición no fomente solamente un Madrid más negro, sinó también más africano.

De izquierda a derecha: Justin, Juno y Óscar. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

De izquierda a derecha: Justin, Juno y Óscar. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

 

 

 

 

 

Músicas Africanas en Madrid (I): Ebo Taylor

*Por Eva Feito

Rara es la semana en que los amantes de la música africana nos encontramos con alguno de sus intérpretes en la lista de conciertos. Estos días son excepción y no nos lo podíamos perder. El pasado fin de semana aterrizó en España una de las leyendas vivas de las música afrobeat, el ghanés Ebo Taylor acompañado de su multicultural banda, para dar dos conciertos: en Barcelona y en Madrid.

Ebo Taylor.

Ebo Taylor.

Ebo Taylor (Ghana, 1936) es uno de los nombres que resuenan cuando se habla de la música de Ghana, país del África Occidental que conoció una efervescencia musical brutal en los años sesenta y setenta con la eclosión de estilos como el highlife, el funk y el afrobeat. Con una dilatada carrera empezada en el seno del highlife de los 50′, tocando junto con otra de las figuras destacadas de su país, E.T. Mensah –el “rey del highlife”–, cuenta en la actualidad con más de una decena de álbumes, colaboraciones diversas y unas cuantas giras internacionales a sus espaldas. La nueva visita del maestro del afro-funk al viejo continente se enmarca precisamente dentro de una tournée este mes de septiembre que le llevará también a Alemania y terminará en el Reino Unido.

Ebo Taylor, por la fotógrafa Yvonne Schmedemann.

Ebo Taylor, por la fotógrafa Yvonne Schmedemann.

El diminuto pero acogedor espacio de la sala del Tempo Club fue el lugar de encuentro entre la banda del casi octogenario Ebo Taylor y un entregado público madrileño. Después de haber pasado por las Festes de la Mercè de Barcelona (junto a otros africanos como Bombino, Mdou Moctar o Tony Allen), la marchosa formación nos regaló un concierto que empezó con bastante retraso y fue breve pero cuya energía nos revitalizó a esas altas horas de la noche. El anfitrión, elegantemente ataviado con un conjunto de túnica y pantalón “a la africana” y sombrero a juego, acompañó sus riffs de guitarra con unos nada despreciables pasos de baile y, ante todo, nos honró con su cálida presencia.

Los primeros temas dieron pronto paso a un ambiente cada vez más animado, y enseguida llegaron sus hits más célebres. Como sin darnos cuenta fueron sucediéndose los pegadizos “Mizin” o “Love and Death” (del disco homónimo, Strut, 2010), “Heaven” –recogido en el delicioso compilatorio “Life Stories. Highlife and afrobeat classsics 1973-1980” (Strut, 2011)– o “Ayesama” y “Nsu Na Kwan” de su “Appia Kwa Brigde” (Strut, 2012). A pesar de su dilatada carrera musical, Taylor empezó a ser conocido en Europa a partir de su descubrimiento por parte de algunos dj’s londinenses y el posterior interés de la discográfica alemana Strut con la que hasta el momento ha publicado las 3 grabaciones mencionadas.

Ebo Taylor, por Yvonne Schmedemann.

Ebo Taylor, por Yvonne Schmedemann.

La visita de Ebo Taylor ha sido el aperitivo perfecto de la “Felabration”, organizada por el empeño de los integrantes de Afrobeatproject, asociación cultural para la difusión del afrobeat creada por Sagrario LunaDj Floro y Javizarco, de la discográfica Slow Walk Music, que rememora cada año la filosofía afrobeat con la celebración de diferentes eventos en torno al aniversario de nacimiento de la gran leyenda de este ritmo, el nigeriano Fela Kuti.

Sea como sea, que el Abrobeat no muera nunca.

Eva Feito es licenciada en Historia del Arte y viajera apasionada. Entiende las manifestaciones culturales como productos híbridos. Interés por las migraciones, la diáspora y la mirada femenina del mundo. 

“No somos nuevas-catalanas”

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The Sey Sisters. Foto: Elisabet Mateu.

The Sey Sisters:

un trío vocal catalán de raíz ghanesa que se niega a ser etiquetado bajo rótulos como el de “nuevos-catalanes”

Las hermanas Edna, Yolanda y Kathy, conocidas artísticamente bajo el nombre de The Sey Sisters, se han convertido en uno de los conjuntos vocales más emblemáticos del momento en Cataluña. Combinando sus carreras musicales con sus quehaceres teatrales, hacen del gospel la brocha con la que pintar el día a día. Junto a un joven pianista, Albert Bartolomé, las tres catalanas de origen ghanés participan en multitud de proyectos musicales en España, abriendo el jazz o el pop a distintos universos sonoros.

“The Sey Sisters venimos de diferentes ramas artísticas. Kathy y Yolanda Sey se han formado en Teatro Musical, en la Escuela Superior de Arte Dramático Eòlia en Barcelona. Edna y Albert provienen del entorno musical, cursando sus estudios en Badalona y Barcelona respectivamente”, nos cuentan.

Originarias de Ghana, se confiesan amantes de un continente del que se sienten deudoras e hijas. “Ahí tenemos toda nuestra familia, tios, primos, abuelos… Ahí están nuestras raíces, nuestros orígenes y aunque no podamos ir tan habitualmente como desearíamos, los orígenes nunca se olvidan: el ritmo, las canciones que nuestros padres siempre nos han cantado, colores, vestidos… Llevamos Ghana en nuestro corazón!”, confiesan las tres jóvenes afrocatalanas. 

Portadoras de un gospel profundo, Edna, Yolanda y Kathy se confiesan devotas de un estilo ligado a los antiguos esclavos estadounidenses y a la lucha por las libertades y los derechos de los negros.  “Nuestras canciones hablan de Dios, de su grandeza, de su amor, de como él lo puede todo. En cada concierto intentamos que el público conecte con el espectáculo a través de la trasmisión del mensaje, e intentamos transmitir el mensaje implícito de superación de obstáculos, de solidaridad y de positividad de las canciones y, sobre todo, de LIBERTAD ya que en contraposición de la esclavitud (que es de donde surgen las canciones) ellos deseaban, luchaban y anhelaban una libertad que les fue arrebatada durante demasiado tiempo contra su voluntad. Por lo que nosotras, que somos libres, debemos agradecer lo que tenemos y disfrutarlo”, declaran. Aunque les encanta mezclar estilos que provienen del gospel, de raíz afroamericana. “La verdad es que somos personas bastante eclécticas y nos gusta escuchar música muy diversa. Como formación, nuestras bases son el soul, el funky, el r&b, el jazz… Pero personalmente, nos gusta toda la música creativa, variada, con mensaje y en todos los idiomas. Amamos esta forma de expresión en toda su esencia”.

Ante definiciones trazadas de forma eurocentrista y etnocentrista, las jóvenes catalanas rehúsan caer en etiquetas vacías basadas en el color de la piel. “¿Qué significa “nuevo catalán”? Algo nuevo es algo que se crea de cero, algo que no existía y de pronto algo lo crea y se convierte en una realidad. Ser un “nuevo catalán” no es lo que somos nosotras ni creemos que son las inmigrantes que vienen a vivir a Cataluña. Nosotras somos catalanas porque es donde hemos nacido (Kathy y Yolanda), donde nos hemos criado y donde nos hemos formado como cantantes y como artistas. Y no hace falta crear un concepto para clasificar a las personas. Las personas que vienen de fuera para buscar una vida mejor, una nueva oportunidad, y se establecen aquí, serán catalanes o españoles, o lo que quieran ser, no es necesario poner el adjetivo “nuevo”, reivindican.

La palabra migración, a menudo, se convierte en un estigma para las segundas y terceras generaciones de españoles de origen africano. Jóvenes como las Sey Sisters tienen claro que se trata de estereotipos y de construcciones sociales basadas en el miedo a la diferencia de cualquier tipo. “Nosotras le pediríamos al gobierno, que recordara años atrás cuando eran los españoles los que buscaban asilo y nuevas oportunidades en otros países. Que pensaran en cómo les hubiera gustado a ellos que trataran a sus compatriotas, cómo les hubiera gustado que recibieran a “su gente”. Porque tenemos la impresión que este gobierno, los políticos en general, sobre todo en España, no tienen memoria histórica y se les olvida muy rápido de donde vienen y porqué situaciones han pasado”, reiteran.

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The Sey Sisters. Foto: Elisabet Mateu.

Con Ghana en el corazón:

“Nuestro padre tocaba música afrobeat y highlife en unas de sus bandas Songhai y estamos muy orgullosas de anunciar que con nuestra otra banda, Funkystep & The Sey sisters, estamos componiendo un par de temas en los que se une nuestra influencia de música africana y el funky y soul que caracteriza la banda. ¡Estad atentos a nuestras redes sociales!”, nos advierten las hermanas. Aunque su actual presencia en diferentes grupos nacionales de Funk, Soul, Jazz o hasta música jamaicana no hace más que aumentar. Este es el caso de sus colaboraciones con bandas como la potentísima bigband The Gramophone Allstars, con la que colaboran desde hace algunas semanas.

Y aunque se muestran entusiasmadas con lo que consideran su segundo hogar, Ghana, The Sey Sisters no han tocado nunca en el continente. “De momento no creemos que haya llegado a Ghana nuestra música. Sí que nuestro entorno familiar y amigos de allí están al corriente de lo vamos haciendo y gracias a las nuevas tecnologías e Internet pueden escuchar nuestra música. Pero aún no hemos tocado allí nunca, aunque nos haría mucha ilusión poder hacer un gira de conciertos por Ghana, seguro que sería muy especial. Pero de momento, no está planeado a corto plazo. Quizás en un futuro…​”.

Vistiendo telas del África Occidental en todos sus espectáculos, las hermanas Sey reivindican el orgullo de sus raíces ghanesas y rinden su particular homenaje al latido africano que las mueve. “Mezclando vestidos de telas africanas y estética europea,con la ayuda de la gran diseñadora Florance de Goly creations, pretendemos demostrar que la ropa africana se puede llevar en cualquier país”, reivindican.

En España, donde el contacto con el continente africano ha sido mucho menor que en otros países europeos como Francia, Gran Bretaña, Portugal o Alemania, los estereotipos acerca de la comunidad negra siguen siendo muy profundos. Sin embargo, las hermanas Sey están encantadas del trato recibido en Cataluña. “La gente y el entorno donde trabajamos están muy receptivos y, en realidad, nos reclaman un disco para inmortalizar lo que ven en los espectáculos. Estamos muy orgullosas de anunciar que pronto será posible, no podemos decir fechas, pero tenemos unas ganas locas”, reconocen.

Sia Tolno, la nueva diva del Afrobeat

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© N’Krumah Lawson-Daku / Lusafrica

Desde que en 2011 ganara el premio Découvertes de Radio France Internacional, la carrera de Sia Tolno, una kissi de 39 años que tuvo que huir de su Sierra Leona natal por culpa de la guerra, no ha hecho más que expandirse.

Si con su segundo LP internacional My Life (Lusafrica, 2011), la guineana nacida en Freetown se ganó la fama de ser una nueva revelación del Afro-Punk mandinga y se puso a los críticos musicales de Norte y Sur en el bolsillo; con su recién salido del horno tercer álbum African Woman (Lusafrica, 2014), la joven cantante de voz rasgada y grave se erige como la nueva diva del Afrobeat, dispuesta a sostener la antorcha de Fela Kuti desafiando el epicentro de la masculinidad que ha reinado tradicionalmente en el mundo de este famoso estilo nacido en Nigeria.

Si en My Life contó con el guitarrista guineano Kanté Manfila, en African Woman, es Tony Allen, con su artillería de Funk, highlife y percusión Yoruba quien convierte a esta joven compositora en una auténtica apisonadora de Afrobeat.

¿Qué ha cambiado en tu carrera desde que te premiaron con el RFI Découvertes de 2011? 

Muchísimas cosas. Este premio me ayudó a estar más cerca de mi público africano y también a conocer mejor mi continente y las cosas positivas de África. En todos los sentidos, creo que encendió mi inspiración.

¿Cuál ha sido tu evolución musical desde tu primer álbum hasta este tercer LP que estás presentando des del pasado 9 de Junio? ¿Qué queda de esa Sia Tolno que imitaba a Whitney Houston por los escenarios de Conakry? 

Mi evolución musical desde mi primer álbum es la misma evolución que he hecho como persona. Pero lo único que permanece de esa Sia Tolno que imitaba artistas como Whitney Houston, Piaff, Nina Simone o Tina Turner es el amor y la felicidad que me aporta tanto a mi misma como a los demás, el hacer música.

Pues créeme, este último álbum está haciendo feliz a mucha gente. Y es que African Woman viene pisando fuerte. Afrobeat con la mejor de las compañías, la de Tony Allen, batería de Fela y su director musical de 1968 a 1979, como productor.

Sí. La verdad es que me decidí por el Afrobeat porque como música revolucionaria que es, acompaña a mis palabras tal y como yo quiero que lleguen a mi público. A Tony Allen lo conocí gracias a mi sello discográfico, Lusafrica, y después de escuchar algo de su música convencí a mi productor para que lo llamara. ¿Quien mejor? Fue uno de los artífices del Afrobeat junto a Fela Kuti. Y me ha encantado trabajar con él, porque lo ha hecho todo fácil. Es un espíritu positivo de nuestra sociedad africana.

¿Entonces, se ha quedado obsoleta esa etiqueta que te colgaron con tu tercer álbum de “cantante de Afro-Punk”? 

Si, totalmente. La verdad es que ya en My Life estaba claro que yo jugaba con ritmos Afrobeat a pesar de las mezclas guitarreras que agregué, y por lo que me llamaron cantante de Afro-Punk. Pero ahora esa etiqueta ya no les sirve porque mi nuevo álbum es 100% Afrobeat.

El primer sencillo de tu African Woman es Waka Waka Woman, definitivamente una canción con mucha fuerza. ¿Una carta abierta para advertir a los políticos africanos sobre la necesidad de tener en cuenta a la mujer africana? 

En Waka Waka Woman quise retratar el poder, la fuerza y la belleza tanto interior como exterior de la mujer africana. En este tema hablo del derecho de las mujeres africanas a la participación en el desarrollo político y social de África.

© N’Krumah Lawson-Daku / Lusafrica

© N’Krumah Lawson-Daku / Lusafrica

En las canciones de tu nuevo álbum hablas de todo. En Yaguine et Fodé hablas del fenómeno migratorio. En African Police hablas sobre la corrupción de la policía africana. En Rebel Leader machacas contra el dictador liberiano Charles Taylor y la sed de poder que te llevó, en realidad a huir con tu familia hacia Guinea. En Kekeleh denuncias la mutilación genital femenina. En Mama alabas el papel de tu madre y tus abuelas en tu educación… ¿Todas las letras son tuyas? 

Sí. Me inspiran mis experiencias personales y vitales, todo lo que he vivido a lo largo de mi vida. Me inspira la sociedad africana que me rodea. Y sobre todo me inspiran nuestros niños. Por eso digo que mi evolución musical y mi evolución personal van ligadas.

Me parece que African Woman es sobre todo un himno al feminismo africano aderezado con lo mejor del groove Afrobeat. Pero para sumergirte en el mundo del Afrobeat, ¿tu banda ha tenido que sufrir muchos cambios? 

‘Que va! La banda no tuvo que hacer mucho. Desde el anterior disco que el Afrobeat formó parte de nuestro repertorio habitual. El espíritu Afrobeat está entre nosotros desde el principio, y en los directos siempre hemos hecho guiños al Afrobeat. Así que para nosotros no ha habido ruptura alguna.

El lanzamiento de tu nuevo álbum te habrá llevado a tener una agenda repleta de conciertos para este 2014, ¿no? 

African Woman nos va a llevar por diferentes escenarios. Des del mes de junio tengo fechas en Marruecos, en el marco del Festival Timitar. Tenemos seis fechas en Bélgica y otras por Francia.

¡Pues deseando tenerte por la península ibérica bien pronto!

África suena en el Festival Primavera Sound 2014

Primavera Sound FestivalEl pasado fin de semana Barcelona se inundó de música de la mano de una de las citas anuales más esperadas por los amantes del Indy, Pop, Rock y nuevas propuestas musicales, el Festival Primavera Sound. Como cada año el cartel estuvo plagado de interesantes propuestas y de un desfile constante de artistas conocidos y no tan conocidos, pero en pleno auge internacional.

Su decimocuarta edición, llevada a cabo del 28 al 31 de mayo consiguió reunir aproximadamete a 55,000 personas en el recinto del Fórum de Barcelona, así como en diferentes escenarios y locales de la ciudad, según nos explicó Gabi Ruiz, director del Festival Primavera Sound.

Tanto África como los sonidos provenientes del continente no faltaron en esta edición. Su presencia se llevó a cabo de la mano de artistas y grupos como Seun Kuti & Egypt, Stromae, Antibalas, Sun Ra Arkestra, John Wizards, Bongeziwe Mabandla, Geko Jones y Uproot Andy, quienes pusieron de manifiesto la creciente presencia de la música africana en los grandes festivales internacionales. Una muestra más de que la gran creación artística que viene de allí está en boga.

El belgo-ruandés Stromae se encargó de abrir esta nueva edición de conciertos en el Fórum. Stromae, de padre ruandés y madre belga, consiguió pausar durante su actuación la fuerte lluvia que amenazaba su concierto y que acechó todo el Festival. Sin duda ofreció unos de los momentos más destacados, con temas que hicieron vibrar a un público entregado que jaleaba al son de “Alors on dance” o “Papaoutai“, que dejó expresamente para el final. Su estilo único tanto estético como musical, que cruza la electrónica moderna con hip hop —con claros sonidos procedentes de África—,  le ha llevado al número uno de las listas en Francia, Quebec, Belgica y Suiza, demostrando por qué es conocido como el nuevo rey de las pistas de baile.

Seun Kuti & Egypt 80, se encargaron de recordarnos a qué suena el buen afrobeat. Hijo del legandario Fela Kuti que fue el pionero del afrobeat y metrónomo de los ritmos africanos, mostró con orgullo su procedencia en un concierto cargado de fuerza y ritmo, no solo por su gran presencia escénica, sino por la grandeza de los músicos y coros que le acompañaban en cada canción, y los bailes que marcaban en el escenario. Egypt 80 fue la banda que su padre formó en los años sesenta, y en la que Seun figuraba como saxofonista. Después de la muerte de Fela, el hijo tomó las riendas de la banda, y hoy se encarga de dar cuenta del poder que tiene el afrobeat para agitar al público en plena hora punta del Festival Primavera Sound y en un escenario a rebosar. Ello regado con un discurso política y socialmente comprometido.

En la senda del Afrobeat, no podemos dejar de mencionar a la mítica orquesta newyorkina Antibalas, que tiene claras influencias de Fela Kuti mezcladas con ritmos urbanos procedentes de la Gran Manzana y que desde 1988 han actuado en más de 24 países esparciendo el afrobeat y sus ritmos multiculturales por el mundo. Una torre de babel en la que afroamericanos, latinos, blancos y asiaticos comparten escenearios y dan lugar a composiciones que bailan entre hip hop, afrobeat y ritmos latinos, conviertiéndoles en un referente del afrobeat y el funk internacional en la actualidad.

Fundiendo los sonidos del blues progresivo, free jazz y groove africano, mezclado con violines electrónicos que hablan sobre la salvación interplanetaria llegó Sun Ra Arkestra, afirmando que viene de Saturno y siguiendo como referente del afrofuturismo. Sigue rindiendo culto al universo de Le Sony’r Ra, navegando entre diversos estilos para crear con su puesta en escena una atmósfera vanguardista digna de cualquier escenario de ciencia ficción y siempre con mensajes revolucionarios. No hay que dejar de recordar que su música fue icono en los círculos de lucha por los derechos civiles de los afroamericanos durante los 50 y 60.

Desde la capital cultural de Sudáfrica, Cape Town, mezclando sonidos tan dispares como funk, house, reggae, kwaito, electro y pop, se presentó John Wizards en el Auditorio del Fórum, un recinto cerrado que dio la oportunidad de compartir un ambiente relativamente íntimo con el grupo. Sonó un África contemporánea, y la voz del ruandés Emmanuel Nzaramba cantando en lengua local, logró que una parte del público decidiese levantarse a bailar retando la disposición de los asientos designados para éste. John Wizards es actualmente una de las jóvenes promesas sudafricanas en el ámbito de la música electrónica exótica y mundialista.

También desde Sudáfrica y con una valentía impresionante para presentarse ante un público que quería un respiro en la madrugada, el cantautor Bongeziwe Mabandla, ofreció un concierto relativamente cercano e íntimo. Mezclando el sonido afro-folk con letras en Xhosa y en inglés mostro por qué ha sido uno de los nominados a los South African Music Awards del 2013 como unos de los jóvenes “superestrellas”.

La música electrónica también se contagió de estos sonidos. Cabe mencionar una de las fiestas de apertura de del Festival, organizada por Ecos del Gueto, y que nos trajeron directo desde Nueva York a Geko Jones y Uproot Andy caracterizados por fusionar la música electrónica más bailable con los sonidos las clásicos y novedosos del continente. Geko Jones, uno de los fundadores de Que Bajo?, una productora musical en New York, llegó aquí para recrear el espíritu de las legendarias fiestas de los clubs newyorkinos, ofreciendo una excelente sesión que daba una lección de qué es una buena electrónica. Por su parte Up Root Andy, conocido por sus mezclas de Tropical Bass, nos deleité con una excelente remezcla de la mítica canción tanzana Sina Makossa —ya remezclada por el keniano Dj Cortega— que muestra de nuevo como los sonidos africanos son la base de muchos ritmos latinos y tropicales.

La presencia de las propuestas musicales de África y de su diáspora está en pleno auge en el Festival Primavera Sound, que muestra su apuesta por ir introduciendo sonidos desconocidos para el habitual público del Festival. A pesar de que aún es necesario dar un empujón a las programaciones de los festivales, son sonidos que podemos escuchar cada vez más a menudo en los principales festivales del país, lo cual es una señal de que las pistas de baile de medio mundo suenan a África.

¡A continuación mostramos galería de fotos y algunos vídeos para uso y disfrute!

 

Fotos del Festival Primavera Sound por: Daniel Bobadilla – Sinsistema_

Barcelona: Alma de afrobeat

La formación Alma Afrobeat Ensemble en una imagen promocional.

La formación Alma Afrobeat Ensemble en una imagen promocional.

Acaban de presentar su segundo trabajo Life no get dublicate y con este disco los barceloneses Alma Afrobeat Ensemble se han consolidado como uno de los referentes del panorama afrobeat del estado. Con esta apuesta el sello Slow Walk Music confirma su apuesta por la música de raíz africana hecha en fuera del continente. Alma no se anda con chiquitas, reivindica un estilo fiel a la tradición del afrobeat pero digerida, pasada por el tamiz de sus propios gustos y del paso de los años, evidentemente, para mostrar cómo ha evolucionado. Alma demuestra que el afrobeat no sólo es un estilo que ha colonizado todo el mundo, sino que además está vivo y continúa creciendo.

Después de seis años de trabajo Alma Afrobeat Ensemble se ha hecho un hueco y ha afianzado un estilo propio. Según Aaron, guitarra y uno de los impulsores del proyecto, asegura que su voluntad es mantenerse, siempre, muy cerca del afrobeat clásico, para mostrar su versión más moderna. “No intentamos que el disco sea vintage, pero la verdad es que tampoco negamos que haya en las canciones algunos rasgos vintage, porque son elementos que nos parecen importantes y que nos gustan”, asegura Aaron. Sin embargo,  esta voluntad de fidelidad tiene algunos matices, en realidad, muchos matices. Y el principal es el propio proceso creativo. “Hacemos un afrobeat evolucionado con nuestros propios gustos, que por ejemplo, en algunos casos puede ir hacia el mblax, pero en general tiene mucho menos funk que otras bandas”, comenta Feder. “En realidad empezamos con una idea y vemos hacia donde nos llama”, continua. Baba Gaye, vocalista de la banda, matiza esta dinámica: “A veces nos tenemos que frenar e intentamos volver al origen si vemos que nos hemos ido yendo demasiado, pero siempre sin cerrarnos a lo que nos surge”.

Cubierta de "Life no get dublicate" diseñada por Lemi Ghariokwu

Cubierta de “Life no get dublicate” diseñada por Lemi Ghariokwu

El propio disco es ya un objeto con un cierto contenido fetichista, ya que la banda afincada en Barcelona afincada en Barcelona ha contado con algunas colaboraciones especiales y, en especial, con una muy particular. La cubierta del CD es un diseño del nigeriano Lemi Ghariokwu, el artista que trabajaba en los discos del mítico Fela Kuti.

Aaron no esconde una de las características más importantes de Alma, más allá de la dimensión puramente artística. “Intentamos buscar un equilibrio entre la parte más fiestera y la más reivindicativa. Teniendo en cuenta la situación por la que estamos pasando, ¿cómo vamos a negar esa parte de compromiso social? Al fin y al cabo, el afrobeat es una música de protesta, pero lo que tiene de bueno es que no es una música para quejarse sentado y llorando en tu cerveza, sino para protestar bailando”, recuerda Aaron.

Gaye no puede reprimirse cuando se habla de este tema. “Si hay racismo es por falta de contacto, por desconocimiento. Esta es una música accesible y que permite conectar  a la gente que si no, no tendría ninguna otra manera de estar en contacto”, señala Baba. Alma también cree en el poder de la música para cambiar la imagen que se proyecta de África. Por eso el vocalista explica: “Nuestra intención es aportar una idea que contrarreste la que dan los medios de comunicación que habitualmente es negativa. Estamos hablando de un continente enorme y, por ejemplo, cada inmigrante es una historia absolutamente diferente.  Yo, sin ir más lejos, vine aquí por la música, pero cada uno tiene sus propios motivos. Lo que ocurre es que a los políticos les interesa mostrar las cosas negativas para desviar la atención de lo importante”.

Tanto Baba como Aaron parecen estar esperanzados en dos iniciativas que se están desarrollando en Barcelona, en las que participan y de las que ya se ha hablado en esta sección. Ambos coinciden en que la música africana tiene un largo recorrido en la ciudad catalana, pero que han faltado los recursos necesarios para que consiguiese importancia. “Faltaba un sello, que apostase por las bandas que trabajan aquí y ahora hay Slow Walk Music. Faltaba una sala y ahora nos encontramos con esta oportunidad del AfroJamboree, que además acerca esta música a un público que no es el habitual y que puede provocar un mezcla muy interesante”, comenta Aaron. Aunque no es especialmente exigente: “Seamos realistas, faltan recursos para cualquier tipo de música. En ese sentido quizá tengamos una ventaja, porque nosotros traemos algo diferente, poco común y, aunque no nos guste la palabra, algo que la gente ve como exótico”.

Después de Toubab Soul (y el disco de remezlcas Toubab Resouled) Life no get dublicate está llamado a ser un punto de inflexión en la trayectoria de Alma Afrobeat Ensemble. Después de tres años girando por España, participando en diversos festivales y formando parte del cartel del programa Diversons, este trabajo es, para Aaron, la oportunidad de internacionalizarse de “abrir puertas” y por ello ya tienen algunos contactos, por ejmplo, en Francia. Además, Baba considera que el panorama afrobeat en España está en plena expansión: “Hemos tocado en pueblos más o menos pequeños en los que no pensábamos que hubiese mucho ambiente y nos hemos encontrado con un público entregado al afrobeat y que conocía bien la música de Fela. Creo que en los próximos dos o tres años se va a dar que hablar”.

AFROBEAT (Vol. III): Hay vida después de Fela

Artículo escrito por Ana Martín Onandía

El grupo estadounidense Antibalas

El grupo estadounidense Antibalas

A la muerte de Fela en 1997, el Afrobeat ya se había extendido y conquistado oídos alrededor de todo el mundo. Como un renacer, el multitudinario entierro del mito marca el comienzo de una nueva era para el género. De acuerdo con Seun Kuti, el Afrobeat es un género consagrado y está aquí para quedarse. Su popularidad traspasó las fronteras estatales, llegando a proliferar rápidamente en otros continentes. En la época inmediatamente posterior al ‘periodo Fela’, hacia el final de los noventa, las nuevas iniciativas fueron más tímidas. No obstante, en el presente cada vez son más los proyectos que se organizan a ritmo de Afrobeat.

El panorama es tan amplio que esta tercera entrega sólo pretende mostrar esa diversidad y esa riqueza a través de los proyectos más destacados y sin pretensiones de exahustividad. Las Felabrations, celebraciones anuales que conmemoran el nacimiento del músico nigeriano, son una buena muestra. Desde que se inauguraron en 1998 en Lagos toman diversas formas. En la mayor parte de las ciudades se celebran puntualmente el 15 de octubre (día de su nacimiento), pero en la ciudad nigeriana los festejos se alargan aproximadamente una semana. Éste evento es un buen escaparare para que los aficionados del Afrobeat, descubran proyectos locales. Como género vivo que goza de excelente salud, el estilo continua evolucionando y cambiando. Este hecho se intensifica debido a su carácter, que hace que diferentes artistas se sientan atraídos por su mensaje o por su sonido, como pudimos comprobar en el pasado evento londinense.

África: La herencia directa

Femi Kuti

Femi Kuti

En el continente africano las propuestas son muy numerosas, pero hablaremos concretamente de los descendientes directos de Fela. No son exclusivamente característicos por su proximidad y pertenencia al núcleo originario, sino también por su relevancia e importancia en la escena actual. El mayor de sus hijos Femi Kuti (Olufela Olufemi Anikulapo Kuti), fue miembro de Egypt 80 y desde 1987 es líder de la banda Positive Force. Femi introduce variaciones a la receta original al contar con nuevos elementos como el Rap o el Soul (En Fight to Win colabora con raperos como Common o Most Def). A diferencia de su padre la duración de sus canciones es mucho más corta. Continuador del estilo, según Kelefa Sanneh, su sonido es quizás más accesible para los oídos menos familiarizados con el Afrobeat. La esencia y estética siguen vigentes, respaldadas por fórmulas cruciales del estilo, como el patrón ‘llamada y respuesta’, la presencia de cantantes y bailarinas femeninas o el formato Big Band, con vientos y ritmos enérgicos. Femi hereda la visión de la música como arma poderosa para el cambio, entiende que la función del arte debe ir más allá del mero entretenimiento. Su mensaje crítico es articulado en Broken English, abordando temas clásicos como el estado postcolonial, la corrupción del poder, el papel de las multinacionales en Áfrca o la industria petrolera nigeriana.

El vocalista y saxofonista Seun Kuti, mantiene vivo el espíritu Afrobeat ya que posee un sonido más cercano al de su progenitor. Sus tres albumes aseveran no sólo continuidad en cuanto a sonido, sino también en cuanto a mensaje directo y comprometido con su tiempo. Vientos imponentes y ritmos que no dejan indiferente ni al más perezoso, continúan acompañando a reflexiones sobre los estados militares africanos, la precaria educación del continente, la lacra de la colonización o la legalización de la marihuana, entre otras. Según una entrevista del artista con Banning Eyre, en el título de su último trabajo ‘Fury’ hace referencia a la rabia suscitada por la situación en la que continúa sumida Nigeria tras décadas de lucha.


A pesar del compromiso y la calidad de su música, las comparaciones con su padre son inevitables. Sin embargo, su estilo de vida, articulación ideológica y activismo político son más moderados, lo que los hace menos controvertidos, carismáticos y genuinos.

Norteamérica: tradición e innovación

La banda estadounidense Antibalas

La banda estadounidense Antibalas

Posiblemente el norte del continente americano es hoy uno de los lugares más fructíferos del género. Adaptando contenido y sonido a su contexto espacio-temporal, las diversas formaciones ejemplifican uno de los mensajes básicos del Afrobeat, ya que a través del arte, individuos de distinta procedencia geográfica y musical se unen con un objetivo común.

Antibalas surge en Brooklyn en 1998 y se impone como imprescindible al hablar del Afrobeat del siglo XXI. El saxofonista y fundador de la banda Mr. Perna explica que el nombre ‘Antibalas’ simboliza lo que para ellos es el Afrobeat, una música dura y poderosa, capaz de detener la violencia, transformar la sociedad y luchar pacíficamente por un mundo mejor. El hecho de ponerle sonido al musical de Broadway Fela!, muestra el buen hacer del grupo. En una entrevista Mr. Roth (uno de los fundadores del sello Daptone Records), nos anima a reflexionar sobre la condición de una Big Band con nombre colectivo como Antibalas, ya que es necesario que cada músico sacrifique su ego a favor del bien colectivo. Lamentablemente, éste es un fenómeno raro en occidente, pero que una vez más, el poder de la música consigue realizar. Es interesante también tener en cuenta que algunos de sus miembros formaron parte del grupo ya extinto The Daktaris. Desde New York nos llega el sonido de Zozo Afrobeat, Akoya Afrobeat Ensemble o Kokolo Afrobeat Orchestra, nombre con el que pretenden cambiar el significado de Kokolo, que se usó de forma peyorativa para designar a los latinos afrodescendietes fascinados por la música afro.

Hay otras propuestas sólidas por todo la geografía estadounidense, como Chicago Afrobeat Project (CAbP), Hard Proof en Texas o Albino! en San Francisco. Este último colectivo se caracteriza por su lealtad a la primera época y pasión al impulsar el género hacia el futuro. Encontramos coreografías, coro femenino, pintura facial, vestidos largos, capas y gorros con llamativos estampados que le proporcionan una estética muy diferente y única.

A través de dos recopilatorios centrados en el Afrobeat post Fela: Afrobeat Revival y Afrobeat Revolution, descubrimos muchas de las formaciones mencionadas y nos topamos con un proyecto llamado Femm Nameless. Una banda de mujeres liderada por Toli Femm Nameless que resulta imprescindible, debido a la particularidad de sus componentes.

En Canadá nace la banda Afrodizz, Souljazz Orchestra o el colectivo Mr. Something Something, entre otras, cuyo tercer álbum, Deep Sleep, destaca por su colaboración con Ikwunga, ‘The Afrobeat Poet’, un ‘spoker man’ nigeriano que le pone voz y mensaje profundo a un Afrobeat más suave que su predecesor.

Europa: El ritmo se expande

Los franceses Fanga

Los franceses Fanga

El estilo nigeriano se extiende velozmente y reúne a un sinfín de colectivos, de manera que existen bandas Afrobeat prácticamente en todos los países del continente. Afrobeat Academy y Oghene Kologbo, la banda formada en Berlín en 2007, es sin duda referente en la escena europea. Kologbo fue guitarrista de Africa ’70, el grupo cuenta con grandes músicos y ha colaborado con Ebo Taylor.

Sólo uno de los músicos de la formación francesa Fanga se ocupa de la sección de viento, lo que hace que el grupo no siga estrictamente el estilo más tradicional en cuanto a sonido, pero sus letras cargan un mensaje positivo que aboga por los derechos de todo individuo. En Nantes suenan desde el 2005 Walko Afrobeat. En el mismo país surgen otros proyectos como Afrorockerz o Bim Bam Orchestra.

La capital inglesa cuenta con diversas bandas como Ariya Astrobeat Arkestra o London Afrobeat Collective, un proyecto que ha editado hasta la fecha dos trabajos L.A.C. y Occupy. Este último te introduce en una atmósfera extraordinaria entre ritmos acelerados, elementos Dub y sombrías voces masculinas, que se alzan al unísono. En Irlanda nos topamos con Dublin Afrobeat Ensemble Ajo Arkestra, banda que ha tocado con grupos de la talla de Hypnotic Brass Ensemble.

Desde Barcelona llegan Alma Afrobeat Ensemble

Desde Barcelona llegan Alma Afrobeat Ensemble

En la península Ibérica está Alma Afrobeat Ensemble, grupo que nace en Chicago, pero crece en Barcelona. La banda cuida con esmero el más puro estilo nigeriano, mientras coquetea y lo fusiona con otros, como el Rap con rimas multilingües. Mampön Afrobeat o Moya Kalongo también surgen en la Ciudad Condal. La explosión de colectivos y proyectos a nivel nacional va en aumento. Destacamos el disco homenaje a Fela: La Música es el Alma del Futuro: A Tribute to Fela from Spanish Bands, gracias a la Asociación Afrobeat Project y Enlacefunk. A través de la versión de Eskorzo para dicho compilatorio, Roforofo Fight, el grupo granadino se embarca en Eskorzo Afrobeat Exerience un enérgico proyecto denominado Hypnotic Covers EP. Entre las compilaciones del prestigioso Dj español DJ Floro se encuentran tres trabajos muy relevantes: Republicafrobeat Vol. 1, 2 y 3, donde podemos encontrar otro de los importantes grupos peninsulares, Afro Soul Toasting All Stars.

Finalizamos la propuesta europea, con Cacique 97, procedente de Portugal/Mozambique, y Mamud Band, desde Italia.

Caribe y Sudamérica: influencias multiplicadas

Carátula de un trabajo de Henry Cole & the Afrobeat Collective

Carátula de un trabajo de Henry Cole & the Afrobeat Collective

Abayomi Afrobeat Orchestra, no es el único colectivo, que por esta parte del mundo, se sumerge en el género, pero marca la diferencia con su Afrobeat con acento brasileño. En un brevísimo vistazo aparecen nombres como Tam Tam Afrobeat o a Val Veneto desde Argentina, Newen Afrobeat desde Chile o un Afrobeat muy personal con importantes elementos Jazz, Salsa o Bomba entre otros, de la mano de Henry Cole’s Afrobeat Collective.

Asia y Australia: exotismo de calidad

Los australianos The Public Opinion Afro Orchestra (The POAO)

Los australianos The Public Opinion Afro Orchestra (The POAO)

Desde Australia surgen The Public Opinion Afro Orchestra (The POAO), Askari Afrobeat Orchestra o The Shaolin Afronauts, con una estética muy especial con capas de colores oscuros y composiciones instrumentales, que se alejan de la originaria propuesta de mensajes críticos. Para finalizar, nos trasladamos a Japón donde el mensaje en legua nipona nos llega de la mano de Jaribu Afrobeat Arkestra o de los Kingdom Afrocks, que han colaborado con el mismo Tony Allen.


Las espontáneas uniones entre las diferentes partes del mundo y la armónica convivencia entre diversas influencias, evidencian lo sencillas y fluidas que pueden llegar a ser las relaciones a través del arte y la libertad de expresión. El Afrobeat es indudablemente una prueba viva de ello que continua evolucionando sin límites ni fronteras.

AFROBEAT (Vol. II): Kalakuta Republic y los “Band boys”

fela-kuti-456-0811102Artículo escrito por Ana Martín Onandía.

Cuando hablamos del Afrobeat en tiempos de Fela, es imprescindible tener en cuenta la estrecha relación que existe entre vida y arte. En la mayoría de los casos, para los miembros de las diferentes formaciones, el nuevo estilo significaba  no sólo un sonido y una estética, sino también una filosofía de vida, ya que vivían de acuerdo con el mensaje que proclamaban sus letras y que a su vez, se desprendía de todo el conjunto  de elementos que formaban el género. Kalakuta Republic, es un claro ejemplo de la no escisión, a través de la cual, podemos ver que lo que sucedía encima del escenario no era una mera máscara comercial o estética, sino que transcendía más allá y se llevaba a cabo en diferentes ámbitos, públicos y privados, demostrando un fuerte  compromiso social y político.

Kalakuta Republic se encontraba en un suburbio de la ciudad de Lagos y fue el lugar donde vivieron Fela Kuti, su familia (en un principio, mujer e hijos), miembros, artistas y diferentes individuos relacionados de un modo u otro con su agrupación musical. Fela la declaró zona autónoma e independiente del gobierno nigeriano: “autonomous zone free from the jurisdiction and authority of Nigeria” (Oluwakemi Aladesuyi Arogundade, 1974-1977: 1). Teniendo en cuenta, que la guerra de Biafra acababa de finalizar, el carácter separatista de Kalakuta, suponía una importante amenaza para la deseada homogeneidad por parte del  poder. Según los expertos, en la comuna convivían alrededor de cien personas, sirviendo en ocasiones, de refugio para jóvenes que habían abandonado sus casas y/o su educación  (Randall F. Grass, 1986: 10). Además de funcionar como hogar, Kalakuta era estudio de grabación y local de ensayo. Su funcionamiento interno se organizaba basándose en la re-imagniación de una sociedad rural tradicional yoruba, con una estructura jerárquica y una marcada disciplina autoritaria, en la que la figura de jefe era desempeñada por Fela (Randall F. Grass, 1986: 11). Éste se casó con las 27 mujeres pertenecientes a Africa ’70 y también residentes de Kalakuta, para expresar su rechazo al modelo monógamo occidental, que consideraba hipócrita,  y también, para protegerlas de una sociedad conservadora que las censuraba por su estilo de vida. Es fascinante imaginar cómo se adaptaron elementos tradicionales (una “gran familia africana” o una poligamia al uso) al contexto urbano, la tecnología moderna y los quehaceres de un popular y comprometido grupo a nivel nacional e internacional.

Fela Kuti_110El Mensaje del Afrobeat: 

En Nigeria el aparato burocrático y las instituciones oficiales aumentaban con rapidez, creando un abismo entre gran parte de la sociedad y sus gobernantes. Desde semejante distancia, la población más que un conjunto de individuos, parecía una masa impersonalizada. Por lo tanto, Kalakuta, se presentaba como una sociedad alternativa, que abogaba por una comunidad más pequeña, donde no existiera un poder ajeno y lejano que impusiera su voluntad y donde los miembros tuviesen libertad de decisión en cuanto a la pertenencia, la búsqueda de su propia identidad y realización personal.

Como ya apuntamos en la primera entrada de ésta serie, el Afrobeat se fue alejando de los temas tratados por otros sonidos populares, que hablaban de amor o elogiaban a determinados individuos en el poder (Jùjú), cargándose de un mensaje cada vez más comprometido. Fela creía fervientemente en la música como arma para cambiar el futuro. Su mensaje era claro: “Music Is the Weapon of the Future”. Es así, como el discurso del Afrobeat se convierte en crónica alternativa a la articulada por los medios oficiales y el poder, dando voz a la gran parte de población urbana que no era tenida en cuenta, visibilizando injusticias, criticando a los diferentes estados militares en el poder y animando al pueblo a la lucha y la resistencia con el fin de hacerse dueños de su destino.

A partir de los 70 todas las letras contienen un mensaje potente, lo que obligó a Fela a conseguir un espacio propio para las actuaciones de Africa ‘70. Al mismo tiempo que este lugar cambiaba de nombre y de zona, su objetivo se iba definiendo, para acabar siendo The African Shrine. Situado cerca de Kalakuta, el club ofrecía todos los días de la semana una experiencia que pretendía ir más allá del espectáculo. A mediados de los 70, al directo de la banda se le fueron añadiendo elementos rituales, atendiendo al sentido comunitario y espiritual que Fela consideraba fundamental retomar de la tradición, para adaptarlo a la ideología pan-africanista. Las banderas de todas las naciones africanas a la entrada del Shrine, aclamaban una nueva sociedad africana que no atendiese a ningún tipo de frontera, ya fuesen étnicas o geográficas. A pesar de ser compuesta a finales de los 60 y por encargo del gobierno en relación a la guerra de Biafra, Viva Nigeria, ejemplifica bien esta idea:

Las largas actuaciones nocturnas en el Shrine llegaron a ser muy populares, la gente escuchaba con atención lo que Fela y los suyos tenían que decir, haciendo que las autoridades nigerianas se vieran realmente amenazadas. Una de las críticas más recurrentes fue a la violencia policial (de la Nigerian Police Force), porque trataba a la población como al enemigo. Tras haber sido retenido en el centro penitenciario de Alagbon, Fela escribe una de sus primeras críticas explicitas dirigida al maltrato que se daba en este lugar y animando a la gente a rebelarse contra él. Lo que pudo desencadenar el  primer ataque a Kalakuta Republic en noviembre de 1974. Aquí comienza oficialmente la lucha abierta entre Fela y las autoridades nigerianas que durará tres décadas y que fue inmortalizada a lo largo de su discografía.

 

kalakuta ShowEste acontecimiento en concreto, es narrado en el álbum Kalakuta Show de 1976, sustentado visualmente por el diseño de la carátula. Generalmente, cada álbum era acompañado por un mensaje plástico relacionado con el  contenido, pero como el artista, que en numerosas ocasiones fue Lemi Ghariokwu (creador de 26 de sus carátulas), disfrutaba de autonomía, cada una era original y poseía significado propio, ampliando y aportando nuevos matices al mensaje de la obra en su conjunto.

Son numerosos los ejemplos del “diálogo” que se estableció entre los abusos del poder y el rebelde ritmo Afrobeat, que a menudo utiliza el humor para burlarse o caricaturizar a las clases dirigentes y al ejército (como por ejemplo, sucede en Expensive Shit). Fela se convirtió en uno de los objetivos principales del dictador Olusegun Obasanjo, lo que lejos de acallar su crítica la hizo más feroz y aguda. En un tema de 1976, ridiculiza a los soldados comparándolos con zombies, ya que según él, sólo sabían acatar órdenes debido a su carencia de criterio y personalidad. Como respuesta, el ejército nigeriano acude de nuevo a la violencia, con el fin de silenciar a los habitantes de Kalakuta, lo que demuestra una vez más, el poder de la música. En esta ocasión, la dureza de la agresión fue desmesurada, tras violar a las mujeres y golpear sin excepción, incluso a la madre de Fela, causándole graves daños que le llevarán a la muerte, Kalakuta es quemada y con ella los instrumentos y todas sus pertenencias. El contraataque sonoro se lleva a cabo a través de varios temas, Unknown Soldier (1979) hace referencia al informe oficial que responsabilizaba de los hechos a “soldados no identificados”. A la muerte de Funmilayo Ransome-Kuti, Africa’70 compone Coffin For Head Of State donde se culpabiliza directamente a Obasanjo de su muerte.

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En general, los temas son cantados en Pidgin English, que era la lengua urbana vernácula, con el propósito de ser entendidos en el contexto plurilingüe africano y poder llegar a otros países anglófonos del continente, lo que a su vez, les posicionaba en contra del inglés británico, hablado sólo por aquellos que podían acceder a la educación formal. La educación colonial y sus secuelas sociales (Gentelman, Mr.Grammarticalogyslisationalism Is The Boss, Sorrow Tears and Blood, Colo-Mentality o Teacher don’t Teach Me Nonsense), la corrupción nacional e internacional (ITT, International Thief Thief o Beasts of No Nation) o la imposición del Cristianismo y el Islam (Suffering and Shmiling,  o M.A.S.S.), fueron algunos de los temas más significativos por su contenido.

A estas alturas de nuestro análisis, sería interesante hacer una reflexión sobre la relación que existe entre sonido y mensaje en el Afobeat. Curiosamente, ese ritmo acelerado acompañado de metales intensos, que parecen mantener una conversación acalorada con un coro de mujeres, crean una atmósfera festiva que a su vez, acompaña a unas letras cargadas de verdades directas, punzantes y en ocasiones incómodas. Por eso en un primer acercamiento al estilo este hecho pueda contrariar. Quizás, fue la manera que Fela encontró para decirnos que uno no debe olvidar su causa ni en medio de la pista de baile.

 

Los “Band boys”: 

Los músicos de Fela debían poseer, además de una brillante habilidad musical, una clara determinación ideológica y grandes dosis de valor. A pesar de la fama que tuvieron, hay que tener en cuenta el estilo de vida anteriormente descrito. Las ganancias de la Big Band  se repartían entre todos los componentes, tanto músicos, como cantantes y bailarinas, todos los trabajadores que favorecían el buen funcionamiento de ésta (en las giras solían moverse alrededor de 60 personas), los residentes de Kalakuta y para el mantenimiento de la misma y del Shrine. Por último, una gran cantidad iba dirigida a las gestiones necesarias para su causa política, siendo fundador de la organización YAP ( Young African Pioneers) y candidato a la presidencia, como cabeza de su partido político MOP (Movement of the People).

Según los expertos, Fela no se preocupaba demasiado por los asuntos económicos, quizás, creyendo que todos los que le rodeaban vivían su activismo de igual manera y aceptaban llevar una vida arriesgada, que se veía, desde el punto de vista económico, apenas recompensada (Tejumola Olaniyan: 109).

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El Festival de Jazz de Berlín de 1979, marca un antes y después en la morfología de la banda, cuando el baterista Tony Allen (en la imagen superior), decide abandonarla para continuar su carrera musical en otra dirección. Allen es considerado el co-fundador del Afrobeat. Antes de unirse a Fela en 1964, ya había participado en proyectos con otros músicos, lo que junto a su talento, le convirtieron desde muy temprano en un músico innovador, capaz de llegar al sonido que hoy nos ocupa. Allen fue de los pocos miembros, que paralelamente a Africa ’70,  grabó sus propios trabajos: Jealousy (1975), Progress (1976) y No Accommodation For Lagos, (1978). En los primeros años por separado, graba No Discrimination y N.E.P.A. (Never Expect Power Always), haciendo referencia a los problemas de electricidad existentes en Lagos. Continuador del Afrobeat y su mensaje comprometido, se aleja del activismo al estilo de Fela. Entre otros trabajos más recientes están, Black Voices, Home Cooking, Tony Allen Live, Lagos No Shaking y Secret Agent, además de proyectos en colaboración con otros artistas, como Dabon Albarn (Blur/ Gorillaz) en The Good, The Band and The Queen. 

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611SC00EAYLEl saxofonista barítono, Lekan Animashaun, fue otro de los músicos fundamentales en Afica ‘70. Sin embargo, éste continuó formando parte de Egypt ‘80, en el que fue líder tras la partida de Tony Allen. Animashaun grabó su trabajo personal cuando la banda de Fela estaba en pleno proceso de reconfiguración, llamado Low Profile (No For The Blacks). Al igual que Animashau, el trompetista Tunde Williams, formaba ya parte de la temprana formación Koola Lobitos, aunque decidió no seguir junto al grupo en la década de los 80. Tunde Williams también llevó a cabo un proyecto en paralelo, Mr Big Mouth, grabado en 1975. Entre su gran elenco de músicos estuvo también Henry Kofi, a las Congas, el saxofonista Igo Chico Okwechime o el guitarra tenor Ogene Kologbo, director de los ensayos, que también abandonó el grupo tras el festival de Berlín.

sosimiPerteneciente a la más tardía formación Egypt ’80, estuvo Dele Sosimi (del que ya os hemos hablado) en el teclado, que también fue director de la banda. Sosimi sigue estando muy activo en la actualidad, presente en numerosos proyectos y eventos. Entre sus trabajos fuera de Egypt 80 están Turbulent Times y Identity.

Fela, también trabajó con muchos otros titanes a nivel internacional, como con el batería británico Ginger Baker, con el que grabó un directo el año 71 y un álbum de estudio, el Stratavarius (1972).

 

 

 

 

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Recursos utilizados: 

Arogundade, O.A. (2013) ‘Anarchy in the Republic: 1974-1977, Fela Kuti and the Spaces for a Nigeria (Re)-Imagination’ en The Inquiry. Washington University.

Kehinde, O. (2912). ‘Gender and Sexuality in the Music of Fela Anikulapo Kuti’ en African Musicology On-Line. Vol.6.

Shonekan, S. (2009). ‘Fela’s Foundation: Examining the Revolutionary Songs of Funimilayo Ransome-Kuti and the Abeokuta Market Woman’s Movement in 1940s Western Nigeria’ en Black Music Reserach Journal, vol.29, No.1, Spring 2009.

Olaniyan, Tejumola. (2004). ‘Arrest the Music!: Fela and His Revel Art and Politics’. Indiana University Press.

Grass, R.F. (1986). ‘Fela Anikulapo-Kuti. The Art of an Afrobeat Rebel’ en The Drama Review, Vol.30, No.1, Spring 1986.

Labinjoh, J. (1982). ‘Fela Anikulapo-Kuti: Protest Music and Social Processes in Nigeria’ en Journal of Black Studies, Vol. 13, No.1, September 1982, pp. 119-135.

Collins, J. (1977). ‘Fela and the Black President Film: A Diary by John Collins’ en Fela: From West Africa to West Broadway. Junio, 2003, pp. 55-77.

Documental ‘Music Is The Weapon’ o ‘Musique au poing’ (1982) de Jean-Jacques Flori y Stéphane Tchalgadjieff.

Entrevista a Fela Kuti en el porgrama de Radio ‘Morning Becomes Eclectic‘ (19 de Junio de 1986) en la emisora KCRW. Locutor: Tom Schnabel.

Webgrafía:

Afrobeat Diaries, en All About Jazz

Fela.net 

 

 

AFROBEAT (Vol. I): Los Orígenes

* Este artículo es una co-producción de Ana Martín Onandía en investigación y redacción, y Gemma Solés i Coll en composición y edición.

El Afrobeat es un estilo musical que se desarrolla en Nigeria a consecuencia del encuentro entre distintos sonidos como el Highlife o el Funk.  Durante los años 50 y 60, las urbes del África occidental eran hervideros culturales en proceso de modernización, donde el contacto entre elementos de diversas culturas y tradiciones daría como resultado nuevas formas de expresión. Nigeria se independizó en 1960, pero su emancipación nacional no condujo a las expectativas creadas tras años de lucha contra el poder colonial, y el ambiente de frustración empezó a calar en las calles. Los valores, estructuras y patrones heredados de la administración colonial se convirtieron en rígidos patrones dominantes en todos los ámbitos de la vida postcolonial. Junto a las reivindicaciones populares, los ritmos populares del Afrobeat brotaron paralelamente a la búsqueda de una modernidad propiamente africana, capaz de reinterpretar diferentes géneros desde una nueva perspectiva sin complejos y capaz de mediar en el intrincado imaginario social, político y cultural de la Nigeria de la época.

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La complicada realidad política del momento empeora cuando tenemos en cuenta la descarada corrupción de las élites, herederas del modelo de rapiña europeo y el mantenimiento de estructuras neocoloniales. Además, las desiguales relaciones fomentadas por los colonos entre los diversos grupos y etnias dificultan la convivencia dentro del estado nigeriano; y las nuevas estructuras de poder quedan delimitadas por leyes y constructos legales que obligan a convivir dentro de unas fronteras impuestas por la fuerza. Igualmente, el descubrimiento de enormes yacimientos de petróleo empieza a enquistar los juegos políticos y los intereses económicos que caracterizan el estado postcolonial nigeriano hacen que la política institucional se centre básicamente en el reparto de los beneficios del crudo. Este caldo de cultivo acaba sumiendo al país en un triste y violento conflicto: la guerra de Biafra (1967). Fue entonces cuando se impondrá una supuesta cultura nacional[1], que abocará al país a sucesivos golpes de estado y regímenes militares.

 

Fela Kuti: el altavoz de la conciencia popular 

Fela Kuti por Bernard Matussiere. Fuente: fela.net.

Fela Kuti por Bernard Matussiere. Fuente: fela.net.

Después de este rápido repaso aéreo por los devenires del poder, aterrizamos en la ciudad portuaria de Lagos, la segunda ciudad más poblada de África. En ella nos topamos con uno de los personajes más importantes de la música y la política del África moderna. A pesar de estar rodeado de grandes músicos, que tuvieron un papel esencial en el nacimiento del género en el que hoy nos centramos, nos parece crucial enfocar nuestras miradas en la figura de Olufela – “Fela” – Olusegun Oludotun Ransome-Kuti, quien se convertiría en un potente altavoz de las clases más alejadas de las élites. Su obra es para nosotros una autobiografía musicada que nos permite comprender desde la música, el contexto de los primeros años de independencia.

Fela nació en 1938, perteneciente a una generación urbana que vivía simultáneamente en contacto tanto con los elementos y sonidos populares, como con los tradicionales. Creció en una familia  de clase media, y aunque en muchos casos siguió el modelo europeo (como la educación o la religión), más tarde se rebelará fuertemente contra él, influenciado en parte por la actividad política de su madre. Sus viajes al extranjero, especialmente el que hizo a Estados Unidos a finales de los 60, fueron otro elemento biográfico fundamental en la gestación del Afrobeat. Viviendo allí una Norteamérica fascinante y combativa, se nutrió del movimiento del ‘Black Power’, de los ‘Black Panthers’ y de personajes como Sandra Izsadore, James Brown o Malcolm X, que encuentran en el continente africano su principal signo de identidad, un icono para la resistencia o los atributos para la reafirmación de una alteridad política. En esta experiencia no sólo descubre la historia africana en perspectiva, sino que da con el principio que será fundamental en su modo de vivir y de crear: un pensar africano, o en sus propias palabras: “Thinking African” (Justin Labinjoh, 1982: 126).

 

El surgimiento del sonido Afrobeat:

En los años 60, Nigeria cuenta con numerosas bandas populares de Highlife, Jùjú, Pop europeo, Soul, Jazz y orquestas de música clásica o bandas militares, entre otras. En general, Fela encuentra poco interesantes los sonidos más Pop, ya que cree que carecen de un verdadero sentido africano, y que perpetúan la mentalidad colonial. Por ello, se sumerge en las raíces de la música tradicional, presente en la mayor parte de actividades diarias, cotidianas y/o religiosas, y bebe de la música popular, que tiene como principal objetivo el entretenimiento. Es así, como a mediados de los 60, junto al grupo Koola Lobitos (formado por músicos muy relevantes en la concepción del género) Fela planta las semillas de la fusión entre el  Highlife y la música afroamericana.

Se empieza a desarrollar lo que será bautizado como Afrobeat, un estilo africano moderno, que rehúye de los discursos de autenticidad africana y se erige como símbolo de convivencia e interacción entre tradición y modernidad, y como un estilo local y global, profundamente enraizado en las tradiciones sonoras de la zona y a su vez, influenciable, poroso y en continua transformación. Distintos elementos de Jazz, Funk, Soul y Highlife se combinan en este emergente sonido urbano con ritmos yoruba y otros modelos tradicionales, como pueden ser el famoso patrón ‘llamada  y respuesta’ caracterizado por la interacción entre público y músicos, tanto a nivel vocal como instrumental. Según los expertos, el primer tema que responde a los postulados del género desde el punto de vista sonoro, aunque no desde la perspectiva ideológica o de las narrativas políticas del Afrobeat posterior, es ‘My lady Frustration’ 1970 (ibid 1982: 126).

A lo largo de los años, Koola Lobitos se van reconfigurando. La formación adquiere diferentes nombres como Nigera ’70, Africa ’70,  Afrika ’70 o Egypt ’80. Incluso el propio Fela cambia su nombre “de esclavo”, Ransome-Kuti[3], por el de Anikulapo-Kuti (literalmente “el que lleva la muerte en su bolsa”). Este hecho es un puro reflejo de una evolución ideológica y musical que marcará el peso político que adquiere Kuti en el plano tanto nacional como internacional. Es obvia la estrecha relación existente entre la creciente conciencia sociopolítica de Fela y el desarrollo del Afrobeat. Sus letras son cada vez más comprometidas, y siguiendo la tradición yoruba, se sirve de la música como medio para denunciar el sistema postcolonial, comentar la actualidad y despertar la conciencia del pueblo.

 

Ritmo y espectáculo: 

queenRespetando el formato comunitario y la incorporación de elementos visuales, de danza, teatralidad, instrumentos y coros características de la gran mayoría de espectáculos del Sur del Sáhara, las distintas formaciones de Fela se componen de un gran número de miembros. Cuenta con una sección de viento-metal de trompetas, y de viento-madera generalmente formada por numerosos saxofones (alto, tenor y barítono). En el Afrobeat, la sección que sostiene el ritmo (o beat) está habitualmente compuesta por guitarras, bajo y teclados, acompañados de batería, congas y de diferentes instrumentos de percusión tradicional como el Sekere, Agogo, o Atumpan. Pero también hay que destacar de forma muy notable la presencia de un coro de mujeres, ya que representa una parte clave del género, por la importancia de conservar el formato pregunta – respuesta.

Las bailarinas de Fela. Fuente: Fela.net.

Las bailarinas de Fela. Fuente: Fela.net.

El rol de las mujeres dentro de la banda podría ser analizado con lupa por especialistas en género, pero desde la perspectiva puramente musical (ya no estética ni erótica) ellas son las encargadas de acentuar y aseverar el mensaje articulado por Fela. Como bailarinas, la sensualidad de sus movimientos  puede llegarse a interpretar como una provocación más dentro del espectáculo, pero también podría ser considerado como una afirmación del rol femenino en la sociedad nigeriana, donde ritmo y danza son tan inseparables como presentes en la vida de todo individuo.

 

Panafricanismo y estética en el Afrobeat:

En el campo visual, la puesta en escena da forma y color al mensaje. Vivos estampados y tejidos se recortan con una buena dosis de creatividad y originalidad. Los músicos, generalmente hombres, vestían con trajes de algodón. Fela, concretamente, solía llevar pantalones ajustados de campana y camisa, muy en la línea Funk de la que bebía. Sin embargo, las mujeres parecen seguir un perfil guiado por la re-imaginación de la tradición, cubriéndose de ornamentos, pinturas y trajes tradicionales.

Fela, indagó en la historia, más allá de fronteras geográficas, guiado  por la idea de una África unida, como único camino hacia un futuro próspero para el continente. En su búsqueda, encontró que diversos pueblos africanos, sobre todo en el Antiguo Egipto, entre algunos grupos de Kenia u otros grupos como los Hausa o los Yoruba (Schoonmaker, 2005:108) usaban maquillaje hecho de pigmentos y materiales diferentes para obtener varios colores. De este modo, las pinturas faciales de las Fela’s Queens beberían de distintos orígenes y se plasmarían en los rostros y cuerpos de las bailarinas, con diferentes motivos y formas, como reflejo de la diversidad en la concepción de la belleza o incluso en los significados de los trazos.

Todos los elementos descritos, el formato extenso de músicos, coros y bailarinas recreando los nuevos sonidos de la nación con la clásica estructura de llamada y respuesta, son la expresión de cómo se conciben los cambios, de cómo se integran, generando una nueva forma de comunicación. Ante cualquier espectáculo de Fela, queda patente que la participación e integración de elementos se convierte en una constante. Por un lado encontramos muestras de que el sentido occidental de espectador pasivo y artista activo no son representativos del Afrobeat, o al menos no de sus primeras creaciones. En su estilo, se puede identificar una clara voluntad de afirmación de una identidad propiamente africana capaz de mostrarse a la vez cambiante y modernizada, adaptada a la instrumentación eléctrica y a las tecnologías procedentes de Occidente. Esa integración de elementos filtra un espíritu combativo, un atisbo de resistencia a los patrones impuestos por el extranjero. Una síntesis deliciosa de los mejores elementos de cada cultura: un sentido del espectáculo desde la visión comunitaria; una no-escisión de danza-música-teatro; una cooperación artista-público; un mensaje político compartido; un sincretismo de estilo de raíz afro-descendiente o incluso un reencuentro entre lo afroamericano y lo africano con la generación de ritmos pegadizos y frenéticos capaces de romper esquemas y traspasar fronteras; o como mínimo, una muestra de la semilla de la transformación social en el campo del arte. En definitiva, todo aquello que hace que el Afrobeat haya adquirido una de los puestos más elevados del podio musical mundial.

 

Recursos utilizados:

Arogundade, O.A. (2013)“Anarchy in the Republic”: 1974-1977, Fela Kuti and the Spaces for a Nigerian [Re]-Imagination’ en The Inquiry. Washington University.

Kehinde, O. (2012) ‘Gender and Sexuality in the Music of Fela Anikulapo Kuti’ en African Musicology On-Line Vol.6.

Shonekan, S. (2009) ‘Fela’s Foundation: Examining the Revolutionary Songs of Funmilayo Ransome-Kuti and theAbeokuta Market Women’s Movement in 1940s Western Nigeria’ en Black Music Research Journal, Vol.29, No.1, Spring 2009.

Schoonmaker, T. (2005) ‘Fela: Form West Africa to West Broadway’ en Canadian Journal of African Studies, Vol.39, No.1, 2005. New York: Palgrave, 2003. Pp.209.

Grass, R.F.  (1986) ‘Fela Anikulapo-Kuti. The Art of an Afrobeat Rebel’ en The Drama Review Vol.30, No.1, Spring, 1986.

Labinjoh, J. (1982) ‘Fela Anikulapo-Kuti: Protest Music and Social Processes in Nigeria’ en Journal of Black Studies, Vol.13 No.1, September 1982, pp.119-135.

 

Webgrafía: 

Documental ‘Music Is The Weapon

Fela.net 

The Guardian


[1] En general, durante las independencias, surgió la necesidad de generar o “inventar” una cultura nacional que representara cierta homogeneidad dentro de las fronteras estatales; para argumentar la existencia de naciones capaces de autogobernarse y generar identidades nacionales en las que los miembros de las comunidades encontraran cierto sentido de unidad o paraguas cultural compartido (Hobsbawm & Ranger 1983;  Mudimbe 1988).

[2] Fela Ransome-Kuti and His Koola Lobitos (LP Nigeria, EMI PNL 1002) (1965)
[A]Signature Tune / It’s Highlife Time / Lagos Baby / Omuti / Ololufe / Araba’s Delight
[B] Wa Dele / Lai Se / Mi O Mo / Obinrin Le / Omo Ejo

Koola Lobitos: Tony Allen (drums), Ojo Okeji (bass), Yinka Roberts (guitar), Isaac Olasugba (sax), Tunde Williams (trumpet), Eddie Aroyewu (trumpet), Tex Becks and Uwaifo (tenor sax), Fed Lawal (guitar). Recopilación de singles de Koola Lobitos.

[3] Su abuelo paterno, el reverendo Canon Josiah J. Ransome-Kuti, adoptó este nombre del misionero inglés que le introdujo al anglicanismo.

El mito del Dios Fela, invocado en Londres

Artículo escrito por Estrella Sendra: Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad de Sevilla, máster en Critical Media and Cultural Studies en el SOAS de Londres y especialista en cine y culturas africanas. Actualmente es profesora de Media Studies en la University Foundation Programme (David Game college) y directora de Marketing para el Norte de África, América Central y del Sur. Su ópera prima es Témoignages de l’Autre côté, un documental sobre la inmigración senegalesa en España.

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Agotado. Centenares de personas dan la vuelta a 229, en la calle Great Portland, junto al Regents park de la capital británica, corazón de una de las grandes diásporas africanas y nigerianas. Los que esperan fuera, minutos antes de un concierto que rendiría tributo al gran Fela Anikulapo-Kuti, quieren intentar saborear lo que Nigeria vivió en los 70, cuando Fela y su banda Afrika 70 se convirtieron en el icono cultural y social de toda África negra. Los que están dentro quieren invocar el espíritu de Fela. Algunos compartieron escena con él durante muchos años, como el legendario batería Ginger Baker, de Cream y Blind Faith, dos bandas de blues-rock con Eric Clapton, otro de los grandes protagonistas de la escena musical mundial; Tony Allen, batería de Fela durante Afrika 70 y Egypt 80, crucial en la creación del Afro-beat; y el carismático Dele Sosimi, director musical de la banda de Fela, Egypt 80, teclista, ahora con la banda Afrobeat Orchestra, que inicia la noche. Otros, jóvenes influidos por Fela. Keziah Jones, compositor y guitarrista, con una performance vocal impecable; el joven rapero Black Twang, y más joven aún, Afrikan Boy; Breis, quien participó en el festival de cine London Film Africa en la experiencia piloto de Veejaying, poniéndole voz en directo a tres películas; TY, KOF; la vocalista y bajista Shingai Shoniwa, de la banda de indie Noisettes, originariamente de Zimbabwe y con una belleza “muy Fela”, que rápidamente avanzó intentando, con poco éxito, pasar desapercibida entre la cola que pronto se uniría a su voz pro-Fela; y Terri Walker, que vive en Londres desde sus 17 años, de padres jamaicanos, más asociada al R&B y al soul, otra de las principales voces protagonistas, quien tuvo el honor de protagonizar uno de los clásicos más esperados de la noche.

Juntos celebran la reedición de la antología del Fela, The Best Of The Black President 2, un músico que produjo más de 50 álbumes, de la discográfica Knitting Factory Records en asociación con AGMP, una de las promotoras líderes de eventos musicales en Londres. El público, si bien no suman las 10.000 personas que solían asistir a las actuaciones de Afrika 70, durante los años de mayor éxito del cantante, en la década de los 70, sí reproducen a pequeña escala, 700 personas, el espíritu de la diversidad de públicos atraídos por la música de Fela, desde otros músicos y amantes de la música a radicales, activistas, estudiantes y demás personas, tanto nigerianas, como de la diáspora africana, como jóvenes británicos y de otras nacionalidades, a sus pasos por Londres.

Por fin. Dentro. La sala destaca por su ambientazo, en el que se establece un diálogo continuo entre los propios artistas, y entre los artistas con su público, al estilo Fela. Con la libertad de que los músicos puedan bajar del escenario a bailar con el público de las primeras filas, y volver tan tranquilamente. Es éste el caso del artista TY, tras interpretar uno de los temas más populares de Fela, “Zombie”.

Cartel del evento.

Cartel del evento.

Fela se convirtió en uno de los puntos de referencia en la lucha por introducir la ideología la retórica y los símbolos del poder negro afro-americano no sólo entre las juventudes nigerianas, sino en toda la cultura popular del África occidental. Su música, el afro-beat, atravesaría toda frontera, hasta convertirse en el icono, en el “presidente negro”. El afro-beat era una fusión de muchos aspectos. Por un lado, de la música tradicional con el jazz, el funk y el highlife. Por otro lado, significaba también un momento de diversión, pero también de protesta simbólica contra los residuos de la estructura colonial, responsable de tantas injusticias sociales no sólo en Nigeria, sino en todo el continente africano. Sus palabras revolucionaron toda la comunidad negra africana. Su música, si es que ésta puede separarse de sus palabras, revolucionó y continúa revolucionando la escena musical mundial. La orquesta afro-beat de Dele Sosimi, gran protagonista de la noche, demuestra de manera impecable este legado.

El nombre Fela significa “aquel que emana grandeza”. Y era esto precisamente lo que Fela buscaba en la vida. Pero grandeza según Fela no era algo individual. El insistía en la necesidad de tener una gran nación como requisito para poder ser grande, de ahí su continua llamada al panafricanismo. Según cuenta su padre a Carlos Moore, en Fela: this bitch of a life, un libro publicado en 1982, fruto de un seguimiento al admirado icono desde 1974, ya desde pequeño, por el tipo de preguntas que éste hacía, sabían que iba a ser un niño “problemático”. De hecho, lo llevaron a consultar el oráculo Ifá, el orisha más universal de los Yorubas, la etnia de Fela, quien les confirmaría lo que ya sus padres intuían.

Fela no solo se daría cuenta desde muy pronto de la opresión que los oyinbo (blancos, en Yoruba) habían ejercido y seguían ejerciendo en su país, sino que dedicaría toda su vida a luchar contra esa opresión, ese abuso de poder. De ahí el número de títulos – “Why Black Men Dey Suffer”, “Shuffering and Shmiling”, “Colonial Mentality”, etc. – que atacarían este régimen y legado colonial, que no había sino mantenido el aparato político y administrativo, establecido por los colonizadores británicos. Como diría el profesor Ramón Reig, de la Universidad de Sevilla, se dio una maniobra “lampedusiana”, en la que se cambia todo para que todo siga igual. Así, cuando en 1960, Nigeria se declaró por fin Estado independiente, coincidiendo con el año de independencia de muchos países africanos, el control ejercido por los colonos pasó a las manos de determinadas élites étnicas nativas de Nigeria. Las consecuencias de esta maniobra verían la luz a mediados de los setenta. A pesar de que Nigeria proclamaba estar a la cabeza del liderazgo militar, económico, político y cultural de la África negra, gracias a su enorme industria petrolera, que por entonces experimentaba un boom, el país vivió también un caos civil, instado por la inadecuada infraestructura civil.

Fue este el ambiente que se palpó en el FESTAC, el segundo Festival mundial de las artes y culturas africanas, en 1975, coincidiendo con el año de congestión del sistema portuario nigeriano. Si bien el boom petrolero había sido clave en la selección del país como segunda casa del festival, tras la primera edición en Senegal en 1966, Nigeria sufría unas circunstancias sociales que Fela se negaría silenciar. Según cuenta en Fela: this bitch of a life, el FESTAC no era más que una pantomima para llenar los bolsillos de los militares y de los políticos inútiles, por lo que él se dedicaría a hacer su “contra-FESTAC”. Durante el mes del festival, que había atraído académicos y artistas de 55 países africanos y de la diáspora africana, África Shrine, al mando de Fela, atraería todos esos públicos, para contarles lo que realmente estaba sucediendo en Nigeria, ya que, según él, la mayoría de los habitantes del Lagos, ciudad donde se celebraba el FESTAC, se sentían excluidos de su propio festival, que no hacía más que acentuar los estereotipos negativos africanos, a base de una primitivización de sus culturas. Aunque el gobierno intentara boicotearle, dada la crítica tan audaz que Fela hizo públicamente sobre el hecho de que el festival estuviera organizado por el régimen militar, las actuaciones de Fela durante ese mes atrajeron nombres como Stevie Wonder, entre otros.

“El rey del Afro-beat”, “el Presidente Negro”.

El trabajo de Fela, si bien de una unicidad indudable, debe entender dentro de la larga tradición de músicos de África occidental, quienes hacía canto a la alabanza, crítica social y al mismo tiempo, se convertía en historiadores orales. Fela insistía en que no le gustaban las etiquetas: “No me gusta que la gente me ponga nombre, como ‘radical’, ‘agitador’, ‘hooligan’, o cualquier otra mierda. Mi nombre es Fela Anikulapo-Kuti. Presidente negro o Sacerdote Jefe de Shrine, si quiere. ¡Pero nada más, se lo ruego!”, recogía Carlos Moore en su libro Fela: this bitch of a life, publicado en 1982, tras haber seguido muy de cerca al admirado icono desde 1974. Sin embargo, Fela no sólo se ha ganado el título de “Presidente Negro”, como gustaba, sino que ha sido referido como “el rey del Afro-beat”, en reconocimiento de su gran talento musical, y como “dios”. Un dios al que se ha invocado desde su propia música en este tributo celebrado en Londres. “Queremos que el espíritu de Fela baje”, decía la introducción del concierto.

Intro del concierto Saluting the Black President: Fela from esendra on Vimeo.

Esta invocación espiritual estuvo presente durante todo el concierto. “¡Queremos saludar a nuestro amigo y Dios Fela Kuti”, repetía Dele Sosimi tras una hora de concierto. Fela llegó a convertirse en una de las figuras más respetadas de Nigeria en los años 70. Su influencia perdura hasta hoy, y se perpetua a través del afro-beat. Pero se dio en el concierto un tipo de invocación especialmente curiosa, con la estética que emanan las “queens” que formaban parte del propio Fela. La vocalista de las Noisettes, la hermosa Shingai Shoniwa, entra en escena cual sirena dorada. A Breis no le convence el asombro silencioso del público y le provoca, preguntándole si quieren fiesta o no. Shingai Shoniwa sigue erguida y dorada en el centro de la escena. Breis, a su lado, pregunta al público “¿es esta una señorita o no?”. Sin perder el ritmo ni la dramatización de la performance, improvisa un rap a base de distintos registros de la palabra “lady”, a los que la musa Shingai responde corporalmente, con movimientos tan limpios como elegantes, reproduciendo la fuerza de la belleza de las mujeres que rodeaban al dios Fela. Reproduciendo también el mito del Dios Fela. El presidente negro era también conocido por su discurso abierto sobre el sexo. Fela tenía 15 esposas (Remi, Naa Lamiley, Aduni, Kevwe, Funmilayo, Alake, Adejonwo, Najite, Adeola, Kikelomo, Ihase, Omowunmi, Omolara, Fehintola y Sewaa), que según él la prensa sensacionalista siempre frivolizaba por el tabú que había sobre el sexo. El culto que Fela le rendía se manifestaba no sólo a través s de sus letras, como en “Na Poi”, otro de los títulos estrella de la noche, sino también a través del cuerpo femenino en escena, que solía dedicar grandes momentos de solos de las bailarinas de Afrika 70, tales como Aduni Idowu, Funmilayo Onilere, Omolara Shosanya, altamente erotizados. De repente, ese solo erotizado de Shingai Shioniwa se convierte en una suave transición al tema “Lady”, de Fela, gracias a esa invocación provocada por Shingai Shoniwa, una especia de figura mitológica, heroína del Dios Fela, que amaba a sus mujeres en cada una de sus múltiples bellezas por la perfección de cada una de ellas en el desempeño de sus tareas. Tal vez, de hecho, se le pueda criticar a este concierto la escasez de Queens, quizás por falta de espacio en escena, pues sólo hubo dos coristas femeninas, a veces acompañadas por los saxos y el trombón de la Afrobeat Orchestra, indispensables sin embargo para dar la réplica y que la música continúe.

Esta estructura dialógica, en el que existe siempre una voz que da lugar a una respuesta por parte del coro, vuelve a repetirse con la pareja de jóvenes artistas Terri Walker y KOF. Dele se coloca en el teclado, como en los orígenes de los tiempos de Fela –pues los tiempos de Fela, tal como este evento mostró, continúan hoy-. Los saxofones nos anuncian que ha llegado el gran clásico “Water no enemy”, en el que el rey del afro-beat usa el agua como metáfora del propio fluir de la sociedad, resaltando las interacciones armoniosas, con el que necesitaba también fluir el gobierno, para que los resultados no fueran, como hasta ahora, desastrosos. Y cual corriente agitada por el movimiento de la naturaleza, se ve irrumpida por esta pareja. La voz de Terri muestra la influencia de la cultura teatral Yoruba, clave para entender el lenguaje musical de Fela, satírico y burlesco. Terri no se limita a cantar “sus partes”. Sus movimientos faciales no pierden la expresividad mientras que KOF da la réplica, y sólo gracias a ese diálogo, la música sigue viva. Continúa. Tal vez por eso, otro de los “motes” que tampoco disgustaban al Presidente Negro era el de el campeón de las gentes, pues sin el público, la música de Fela sería impensable.

El poder de convocatoria de Fela cierra el concierto, con la multitud de artistas participantes, reunidos en el saludo, que permite ahora ver de cerca al gran batería Tony Allen, y a Ginger Baker, al que se le había escuchado haciendo un solo reverenciado por Dele Sosimi. El público no quiere abandonar este “juego espiritual de underground”, tal como Fela lo llamaba, en su álbum The underground spiritual game. Los artistas regalan una última canción, pero el público, casi cuatro horas de concierto quiere más. Fela lo predijo, en “Afa Ojo”, “cuando mi alma se desprenda de su carcasa de piel y huesos y haya adoptado la forma de un espíritu; y cuando, a las pocas horas mi cuerpo haya sido devorado por los gusanos, sólo entonces seré libre por fin. Ahora soy un espíritu… La verdadera vida. Aquella que nunca perece ni se desintegra”.

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Referencias

Veal, M. E. (2000). Fela: The Life and Times of an African Icon. Philadelphia: Temple University Press.

Moore, C. (1982). Fela, Fela: this bitch of a life. London: Allison & busby.

Olaniyan, T. (2004). Arrest the Music! Fela and his Rebel Art and Politics. Bloomington and Indianapolis: Indiana University Press.

Schoonmaker, T. (Ed.). (2003). From West Africa to West Broadway. New York: Palgrave MacMillan.