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Este noviembre, mujeres afrodescendientes en escena

Sobre los escenarios de teatro, las actrices en España ya suman tres generaciones. Aún así, cuando se trata de emplear a actores y actrices, los primeros se sobreponen a las segundas. Según el Estudio Sociolaboral de 2016 de la Fundación AISGE, la entidad española sin ánimo de lucro constituida por AISGE (Artistas Interpretes, Sociedad de Gestión), la tasa de desempleo de las mujeres alcanza el 51,6% mientras que el de los hombres es seis puntos más bajo. Aspecto que lleva a las mujeres al desempeño de la profesión cobrando menos y trabajando sin contrato más días al año, es decir, en peores condiciones que sus compañeros.

Cartel Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente en Valencia 2017. Fuente: Movimiento por la Paz

Es por este motivo que en distintas provincias españolas, surgen proyectos con un carácter de visibilización y promoción de las mujeres como creadoras, a todos los niveles, dentro del sector de las artes escénicas.

Uno de ellos es la asociación de mujeres dedicadas a las artes escénicas Projecte VACA, cuya sede está en Barcelona. Cerca de cumplir los 20 años, nace con el deseo de potenciar la influencia y el peso de las mujeres en éste ámbito laboral, realizando investigaciones, procesos de experimentación y producción escénica de y por mujeres. Desde el marco del proyecto, también organizan un festival anual con la muestra de actividades y creaciones artísticas que difunden el trabajo creativo femenino. Éste festival es el Novembre Vaca.

Cartel Novembre Vaca 2017. Fuente: Projecte VACA

La edición del Novembre Vaca 2017 cuenta con una cartelera compuesta por la participación de mujeres afrodescendientes con piezas teatrales que exponen y reflexionan sobre la figura de las mismas. Como nos explican desde la asociación: “Teniendo presente que estamos en el decenio de la afrodescendencia, hemos decidido apoyar la creación de mujeres afrodescendientes”. Es así como la actriz VACA y creadora de “No es país para negras”, Sílvia Albert Sopale y la actriz y directora Alejandra Egido, estipulan la temática del festival. No obstante, como declaran desde la asociación: “La falta de apoyos institucionales ha provocado que el festival no sea al 100% como se había ideado”. Lo cual nos cuentan que ha repercutido en la participación de compañías como Teatro en Sepia con el espectáculo Afrolatinoamericanas, y Alaya Theatre con Nenas negras que han considerado el suicidio cuando el arco iris era suficiente.

Aún así, las profesionales de las artes escénicas componentes del Projecte VACA decidieron seguir con la temática para el festival. Como nos exponen: “Lamentablemente en España la representación de las personas afrodescendientes es pésima, la gran mayoría de los papeles a los que optan reproducen estereotipos e invisibilizan la realidad de la comunidad. Es necesario hacer una reflexión a nivel de ciudad y de país sobre cómo afecta la representación de las personas racializadas a ellas mismas y a su entorno”.

De esta manera, se ponen en relación obras y espacios de reflexión que denuncian el racismo normalizado en España, otras que visibilizan la sexualidad de las mujeres, también piezas que ponen en valor la identidad, y aquellas que velan por el reconocimiento de mujeres afrodescendientes.

Una de las obras cuyo objetivo es poner en valor el papel de las referentes afrodescendientes en la historia es He contado las manchas del leopardo hasta llegar a la luna, que está programada para el 1 y 2 de Diciembre del 2017 a las 20h en el Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison. Una conversación en escena creada por No Somos Whoopi Golberg que, como narran: “buscamos rescatar el trabajo y las voces de mujeres con las que pudiésemos sentirnos identificadas, que constituyesen un legado para nosotras, un modelo, un referente”. 

“No Somos Whoopi Goldberg” compañía teatral de afrodescendientes.

La obra de Silvia Albert Sopale, Kelly Lua y Maisa Sally-Anna Perk mana a partir de la investigación sobre la herencia histórica de diferentes y diversas mujeres negras. Como explican: “Cada una tenía intereses distintos y quería resaltar perfiles más políticos o más artísticos o más científicos. Nos encontramos que había muchas historias por contar y resultaba complicado decidir qué figuras escoger debido a la riqueza y la diversidad de éstas”. Es por ello que, en primavera, a raíz del encuentro con Eva Hibernia, dramaturga y directora del espectáculo, deciden elegir tres personajes y ponerlos a dialogar a partir de las reflexiones personales que florecieron al investigarlas.

Tres personajes que, como leopardos, haciendo referencia al título, al nombre de Wangari (que significa leopardo en la tradición Kikuyu) y escuchando el relato de las actrices de la compañía, “se callan, se enjaulan o a los que se le da caza: la caza del silencio”. Es por ello que manifiestan: “Nos gustó pensar al leopardo como un ancestro, o más bien como un símbolo de nuestra parte a la que llamamos salvaje, la que no se deja ver y parece peligrosa”.

Mismamente, las actrices de No Somos Whoopi Goldberg encarnadas en la escritora semianalfabeta brasileña Carolina María de Jesús, la matemática estadounidense Katherine Johnson y la científica y activista keniana Wangari Maathai, harán al espectador/a sorprenderse y experimentar distintas texturas y emociones. Como precisa el trío:

“[El espectáculo] Es como un leopardo, va rápido y salta enérgico. Esperamos que sepa dar ese salto fértil a la percepción del espectador y que se agazape como un buen compañero tras sus ojos, una vez se acabe la función. Para que después esté más atento a las manchas, los olvidos, los silencios que contienen grandes figuras dentro”.

Kelly Lua, Silvia Albert Sopale y Maisa Sally-Anna Perk, componentes de la compañía “No Somos Whoopi Goldberg”

Pelo afro, identidad y metáforas literarias

Laetitia Ky aporta las imágenes de la nueva temporada de Wiriko. Esta marfileña ha hecho de su pelo su método de expresión y la herramienta para construir sus obras artísticas. No es una casualidad, el pelo afro está hace unos años y cada vez más en el centro de la reivindicación de la identidad africanas. Como es habitual, para algunos un peinado es sólo una expresión artística, en otros casos, la industria de la moda también se ha apropiado de esta corriente. Pero, para muchas otras mujeres y hombres, el nappy (el neologismo que funde natural y happy) hace que dejarse crecer el pelo crespo de manera natural sea un acto militante. Este movimiento, que ve en los cabellos rizados un rasgo identitario de las comunidades africanas y afrodescendientes, tiene también un reflejo en la literatura. El pelo afro se ha convertido, últimamente, en una metáfora casi inagotable.

Una de las imágenes de Laetitia Ky del lanzamiento de la sexta temporada de Wiriko.

Imbolo Mbue, está llamada a convertirse en uno de los referentes literarios de las letras africanas, al menos, para la industria editorial global. Mbue es una novelista camerunesa que de la noche a la mañana saltó a los medios por convertirse en una de las primeras (si no la primera) autora africana en firmar un adelanto de siete cifras con una editorial por una primera novela inédita. Behold the dreamers es la primera novela de la escritora de oro camerunesa que ha llegado a las librerías (de momento, sólo en inglés). Mbue firmaba en febrero un relato en The Guardian en el que trenazaba su experiencia cambiante con su cabello afro, con la historia de su país. Las diferentes fases de su relación con el pelo ensortijado se interpretaban como un paralelismo con la construcción de un país forjado con la unión de comunidades muy diferentes. “¿Por qué estaba huyendo de la textura de mi cabello?, me pregunté”, escribe la novelista camerunesa en un momento de su relato. “¿Cómo llegó a estar tan dividido nuestro país? Colonialismo, ¿de qué otra manera?”, señalaba en otro momento de la narración en el que repasaba las sucesiones relaciones con las potencias europeas.

Imagen promocional de Imbolo Mbue procedente de su página web.

“Tal vez me corte el pelo de nuevo uno de estos días”, concluye la escritora en su artículo, “(para probar un nuevo estilo o, simplemente, porque me apetece). Pero, por ahora, al igual que mi amada patria, me recuerda que, dentro de una situación enmarañada, retorcida y nudosa, reside la belleza.”

El ejemplo más popular de ese uso literario de la metáfora capilar es, sin duda, la novela Americanah, de la incontestable Chimamanda Ngozi Adichie. En Americanah, el cabello tiene una importancia fundamental (aunque, evidentemente, es una metáfora), de la africanidad de Ifemelu, la protagonista nigeriana migrada a Estados Unidos. El pelo se convierte en una seña de identidad, para esta joven y llega incluso a adquirir el estatus de forma de resistencia en el desarrollo de la historia.

Esta misma preocupación por el cabello, por la reivindicación del encrespado pelo afro, aparece en la reciente literatura “afropea”. Laura Nsafou, una escritora francesa de origen mitad antillada mitad congoleña, ha firmado este año À mains nues. La novela proyecta las preocupaciones afrofeministas de Nsafou como bloguera y activista. En este caso, una joven sueca negra con algunos problemas relacionales. Una buena parte de la novela relata el viaje de la protagonista hasta su autorreconocimiento y en ese proceso, de nuevo, el cabello afro tiene una importancia crucial.

En todas las disciplinas artísticas vemos desplegarse este paralelismo entre cabello e identidad. La fuerza de esta metáfora tiene una peso especial entre las experiencias de las comunidades afrodescendientes, por eso, la aparición de los cabellos afro y el conflicto (en todos los sentidos de la palabra) acerca de su aceptación continuarán ganado espacio en las historias contadas, sobre todo, por los miembros de estas comunidades.

Pasaporte español, raíces africanas: Kathy Sey Asare

Soy Kathy Sey Asare, tengo 25 años y soy cantante y actriz. Ya desde pequeña me inclinaba hacia la rama artística. Con mis hermanas siempre cantábamos y montábamos unas coreografías geniales y de niña siempre me montaba muchas historias y tenía mucha imaginación. A parte de eso vengo de familia de artistas. Mi abuelo por parte de padre tocaba el violín, mi padre es cantante y batería-percusionista y mi madre y su familia siempre han cantado en la iglesia, así que el amor por el arte me viene de herencia.

 

Hoy en día puedo decir que vivo de lo que más me gusta hacer. Soy cantante de la formación de gospel THE SEY SISTERS con el que sacamos nuestro primer disco en 2015 llamado ‘Let freedom ring’ y también de la banda de funk/soul/black music FUNKYSTEP & THE SEY SISTERS con la que sacamos nuestro primer disco en 2016, ‘A Matter of Funk’. Canto en más formaciones pero éstas dos son las más personales. Y como actriz he actuado en distintas obras de teatro desde que terminé mis estudios en Arte Dramático en la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) Eòlia. Actué dos años consecutivos en el Festival Grec de Barcelona y he participado en un par de cortometrajes y en una película.

Hace 33 años mis padres vinieron de Ghana cuando mis hermanas mayores tan solo tenían 4 y 1 año. Vinieron porque a mi padre, junto a su grupo de música, le ofrecieron hacer una gira por distintos hoteles en Cataluña. A mi padre le gustó y vió la oportunidad de quedarse a vivir aquí y traer a su mujer y sus hijas pequeñas con él. Dicho así suena muy fácil pero estoy segura que no lo fue en absoluto. Dejar a toda tu familia, tus amigos, todo lo que conoces, todo lo que has sido hasta entonces para irte a un lugar en el que no hablan la misma lengua que tú, que tienen otras costumbres, y que está muy lejos de lo que tu conocías… no creo que sea una situación fácil para nada ni para nadie.

Foto de la familia Sey.

 

Se establecieron en Hostalets de Balenyà, un pueblo cerca de Vic (Barcelona) porque tenían algún amigo por la zona, pero eran de las poquísimas familias negras que había en el pueblo en esa época. Mi padre se iba a trabajar y mi madre se quedaba en casa con las dos niñas intentando comunicarse como podía con los vecinos. Por suerte se encontraron con gente dispuestos a ayudarlos.

Unos 7 u 8 años más tarde nacimos mi hermana gemela y yo en Vic. Así que yo he nacido, he crecido y me he criado en Cataluña pero mis orígenes y mi familia son de Ghana. Y es curioso porque a veces, con ese afán que tiene la sociedad de catalogarlo y poner una etiqueta a todo, no he sabido exactamente a qué “categoría” pertenezco. Hace unos años oí que se hablaba del concepto “nuevo catalán” o “nuevo español”, y no me siento identificada con eso en absoluto. Me da la sensación que se ha tenido la necesidad de crear un concepto nuevo para aquellas personas que hemos nacido aquí pero somos de otro color o nuestro origen no se encuentra en España. ¿Qué necesidad hay en ello?

Creo, o quiero creer, que no vivimos en una sociedad racista, pero lo que sí es cierto es que el racismo ha dejado huella en nuestra sociedad y que aún se tiene que trabajar muy duro para llegar a la igualdad. Como actriz, me estoy encontrando con este “esfuerzo extra” que tengo que hacer por el simple hecho de ser negra, es como que esta característica mía pese más que cómo pueda actuar o cantar y no creo que deba ser así, y en esto está trabajando muy bien The black view, una plataforma que quiere dar visibilidad a actores y actrices negros que están en toda la geografía española.

Me siento muy afortunada de poder trabajar de lo que más me gusta, de tener la familia luchadora que tengo y de tener mis raíces y familia en Ghana. Hay que seguir trabajando para que esta sociedad realmente sea integradora y que la gente deje de tener miedo de lo distinto, lo desconocido y lo diferente y estoy dispuesta a trabajar por ello.

Yeison García, la identidad de “el otro”

Ninguna identidad es sólo una identidad. Todas las identidades están formadas de una infinidad de piezas. Uno de los retos a los que nos enfrentamos a diario es que esas piezas encajen de manera más o menos correcta, de manera aceptable, podríamos llegar a decir. La literatura muchas veces ha sido el mapa ideal para encontrar la colocación de todas esas piezas. Yeison García busca en sus versos un sentido para la que en algunos momentos ha sido una identidad desgarrada. El joven nacido en Colombia y residente en Madrid intenta encajar sus piezas, la de su parte africana, la indígena, la de colombiano y la de su presente en Madrid y todas ellas, habitualmente contestadas.

Yeison García en una imagen de su Facebook.

“Mi parte indígena, mi parte negra, mi parte española

me interpelan ante el espejo y siento sus pesos

cuando la gente me salpica con su indecencia y lamento de vida”

Dice Yeison en su poema “Los márgenes de la memoria”.

La preocupación por su identidad ha llevado a este joven a proyectar en sus versos sus inseguridades y sus dudas, unas tribulaciones que no sólo tienen que ver con su origen y su piel. La sociedad, la aceptación y la manera en la que los demás entienden su alteridad influyen en cómo él mismo se siente. Lo refleja en una de las estrofas de “El otro”:

“Se rompe algo, una membrana invisible,

un silencio sin una mirada compañera,

canciones de infancia sin recuerdo.

Cuando sé que siempre seré el otro”

Estas son algunas de las piezas que Yeison García ha  reunido en Voces del impulso, su primer libro de poesía publicado por el Centro de Estudios Panafricanos. Y es que una buena parte de sus poemas destilan la amargura de la primera estrofa de “El otro”, una sensación que llega a ser incluso de frustración cuando Yeison refleja su desgarro. Sin embargo, la exploración de su identidad afrodescendiente ha parecido ser una de las claves de la propia trayectoria del joven como apunta en la última estrofa de ese mismo poema.

Tiño mis mundos de negro intenso

para bailar sin complejos en el arco-iris.

Nadando entre los mares ocultos del miedo,

siento, me apropio, contemplo, soy el otro

Esa identidad africana, esa porción de identidad africana, ha marcado la actividad creativa de Yeison, pero también su trayectoria vital, una experiencia que el joven colombiano considera parte de su triple exilio: el primero, el de los hombres y mujeres arrancados como mercancía del continente africano; el segundo, el del abandono de la tierra natal; y el tercero, el de crecer en un Madrid poblado de personas con demasiadas reticencias.

A pesar de todo, algunos de los versos de Yeison García destilan un optimismo consciente, o quizá inconsciente.

“Mis raíces crecen regadas por las palabras que me hablan como mestizo-negro

y el perfume de gentes de miradas amplias, me levanta como a un niño”

Un  optimismo que se apoya en la necesidad de repensar el mundo y repensarse a uno mismo, de deshacerse de todas las cargas para poder tener acceso a una realidad nueva, en la que, por ejemplo, no se repitan los errores del pasado y, sobre todo, no se vuelva a caer en la trampa de la discriminación. Para Yeison, ese se ha convertido en su principal combate, la lucha contra la discriminación y el ejemplo más claro de esa situación de injusticia son los CIE a los que el joven poeta se ha enfrentado como activista y como artista. En un poema dedicado a estos centros colocados al margen de la legalidad Yeison García clama una descripción que aúna la cerril repetición del pasado, con la denuncia y la esperanza:

“Sus pieles oscuras curtidas se desvanecen

tras rejas que recuerdan épocas pasadas.

Miradas derrochadoras de vida y ausencia,

aún sus llamas aguantan la dureza de las paredes

rotas por desespero, alimentadas por las

frágiles líneas de viento que entran por descuido”.

El valor de la bibliodiversidad

A finales de los años 90, el colectivo de Editores Independientes de Chile acuñó la palabra bibliodiversidad para referirse a la diversidad cultural aplicada al mundo del libro. El término juega con el concepto de biodiversidad y alude a la necesaria pluralidad de las producciones editoriales puestas a disposición de los lectores. Como explica la Alianza Internacional de Editores Independientes, la actual sobreproducción y la concentración financiera en el mundo de la edición favorecen la dominación de algunos grupos editoriales, cuyos accionistas tienden a sugerir contenidos y defender sus intereses, y la búsqueda de la más alta rentabilidad, que limita las inversiones para publicar géneros e historias que no siguen la moda lectora. Hoy se celebra el Día Internacional de la Bibliodiversidad.

Imagen de la serie de la Princesa Arabella de Mylo Freeman. Fuente: Facebook del personaje www.facebook.com/PrincessArabellaVIP/

Imagen de la serie de la Princesa Arabella de Mylo Freeman. Fuente: Facebook del personaje www.facebook.com/PrincessArabellaVIP/

El resultado de esta sobreproducción uniforme puede hacernos perder de vista el valor de la literatura en la sociedad. Los textos literarios tienen varias funciones sociales, a menudo entremezcladas en un único escrito: la función cognoscitiva, ligada al conocimiento; la lúdica, en la que la lectura está asociada al juego y al placer exploratorio; la función pedagógica, que tiene una intención explícita de orientar, mejorar o cambiar la vida de los lectores individuales y las costumbres de una comunidad; o la autogratificadora, que devuelve a los lectores una imagen gratificante de sí mismos en la que la literatura sirve como espejo. Si los protagonistas literarios no proceden de ámbitos diversos (raza, sexo, condición social, orientación sexual, habilidades…) y las historias se repiten una y otra vez, es decir, si la producción editorial no es bibliodiversa, estas funciones sociales de la literatura resultan mermadas y nuestra visión del mundo se reduce.

Bibliodiversidad en edades tempranas

El fomento de la lectura diversa en edades tempranas es una apuesta social necesaria para la formación de una ciudadanía informada, responsable y solidaria que solo puede llevarse a cabo si existen apuestas editoriales bibliodiversas. Este es uno de los objetivos de la iniciativa We Need Diverse Books, una organización de amantes de la literatura infantil que fomenta la inclusión de protagonistas diversos en los libros para conseguir que todos los niños y niñas puedan verse reflejados en las historias que leen: LGBTI, personas no blancas, mujeres con roles principales, personas con discapacidades o minorías étnicas, culturales y religiosas.

La organización ha puesto en marcha un programa de mentores para apoyar el trabajo de jóvenes autores e ilustradores que promueven estos principios de diversidad en sus obras. Además, las formaciones se completan con clases magistrales, como la organizada el pasado mes de mayo en Washington, en las que se abordan la escritura para niños, el papel de los agentes literarios o la creación de una carrera en la industria editorial.

El periódico The Guardian también ha destacado la importancia de ofrecer a los jóvenes lectores experiencias diversas. En colaboración con el Centro Nacional de Libros para Niños del Reino Unido, publicó una selección de los 50 mejores libros infantiles publicados desde 1950 que son una buena muestra de la diversidad cultural y étnica.

Bibliodiversidad negra

Poco a poco, los protagonistas negros y las culturas africanas van ocupando el espacio que la industria editorial occidental les ha negado durante mucho tiempo.

Ya hemos tratado el proyecto de la Unesco Mujeres en la historia de África, que ha convertido a las mujeres en heroínas de la aventura de la lucha por el desarrollo de África, con un objetivo claramente pedagógico.

Otro ejemplo lo aporta Mylo Freeman, escritora e ilustradora negra neerlandesa, que tuvo la idea de crear a su Princesa Arabella tras escuchar la historia de una niña negra a la que le habían propuesto el papel de princesa en una obra de teatro de su colegio y que rechazó porque no creía que una princesa pudiese ser negra.

La Princesa Arabella ya ha protagonizado diez libros, ha ganado premios y ha sido traducida a varias lenguas (aunque todavía no está disponible en español). También ha tenido que enfrentarse a la presión social por su pelo afro: comenta la autora en una entrevista en el periódico The Guardian que la venta de los derechos para la publicación en Estados Unidos resultó complicada porque a los editores les preocupaba que el cabello «despeinado» pudiese ofender a sus lectores.

Imagen de "Pelo malo no existe", de Sulma Arzu-Brown. Fuente: web del proyecto: www.nopelomalo.com/

Imagen de “Pelo malo no existe”, de Sulma Arzu-Brown. Fuente: web del proyecto: www.nopelomalo.com/

Esta cuestión del pelo afro ha sido abordada con éxito por Sulma Arzu-Brown que, cansada de escuchar la expresión «pelo malo» para referirse al pelo afro, escribió Bad hair does not exist – Pelo malo no existe para ayudar a las niñas a sentirse bien con su cabello. La historia ha sido ilustrada por Isidra Sabio y está disponible en español e inglés.

Desde Ghana también se consolida Golden Baobab, un proyecto que quiere inspirar la imaginación de los niños africanos a través de cuentos africanos y que apoya a través del premio Golden Baobab Prize. El African Bureau Stories es la organización hermana de Golden Baobab que se ocupa de la publicación y difusión de las historias ganadoras de los premios que convoca Golden Baobab.

Bibliodiversidad afrohispana

Las iniciativas para fomentar la presencia de historias africanas en lengua española en edades tempranas también se abren camino en España. El proyecto Potopoto cuenta en su web con una selección de libros y cuentos infantiles publicados en español que tienen como denominador común la diversidad racial y en los que los niños afros son los protagonistas.

También la ilustración tiene representantes afrodescendientes en el mundo hispano. No hay que perder de vista a Lydia Mba, cuyo trabajo «alegre, colorido y con un aire algo mágico» —como ella misma lo define— aparece como el compañero perfecto de historias infantiles. De hecho, se ha anunciado la colaboración de la ilustradora con el proyecto Potopoto.

Ilustración de Lydia Mba. Fuente: web de la ilustradora www.lydiamba.com/

Ilustración de Lydia Mba. Fuente: web de la ilustradora www.lydiamba.com/

Aunque quede muy alejada de la literatura infantil, debe mencionarse la obra de Ramón Esono Ebalé, alias Jamón y Queso, artista ecuatoguineano afincado hoy en Paraguay. Activista por la democracia de Guinea Ecuatorial y siempre crítico con el gobierno de Obiang, en octubre de 2014 presentó en la Universidad de Alicante el cómic La pesadilla de Obi. La obra de este artista de reconocimiento internacional —ha ganado varios premios y su trabajo se ha expuesto en galerías de todo el mundo— sigue pasando inexplicablemente desapercibida en España. Con su mirada ácida, sus trabajos también contribuyen a la bibliodiversidad y cubren otras funciones sociales de la creación artístico-literaria: la crítica y la ridiculización como herramientas para enfrentarse a los poderes establecidos.

Festival Afroconciencia, un espacio multicultural de intercambio

Texto y fotografías por Eva Feito

Una pareja de jóvenes invita a la reflexión desde los carteles que anuncian el “Festival Afroconciencia” organizado por Matadero Madrid. Él, en el exterior del recinto, con una mirada introspectiva; ella, ya dentro, con sus ojos apuntando directamente al visitante. Talleres, debates, literatura, música, gastronomía, política, arte, identidad. Un evento multidisciplinar que, el fin de semana del 11 y 12 de junio, ha inundado de vitalidad el patio central de las antiguas instalaciones reconvertidas en un nuevo espacio que ya es una referencia en la actualidad cultural madrileña.

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La cita es producto de iniciativas previas cuyo objetivo era favorecer la participación -desde el ámbito de la autogestión- de la comunidad africana y afrodescendiente del estado español en espacios institucionales de visibilidad, como “Each One Teach One: jornadas de la cultura afrodescendiente”, “Decolonizando Othello con Patrice Naiambana” o “Afroempowered”, en el marco de la exposición “Ni arte Ni educación”. Este último encuentro contó con la participación de asociaciones negroafricanas y afrodescendientes como AISE, La Kúpula, Kwanzaa, UbuntuUCM o United Minds, así como artistas, emprendedores y otros interesados. A partir de las sinergias establecidas entonces se conformó el grupo de trabajo organizador del “Festival afroconciencia”, integrado por Debora Ekoka (United Minds), Rubén H. Bermúdez, Yeison García López (Kwanzaa) y Ana Cebrián (La AFROcolaboradora).

La afrodescendencia en la actualidad en el estado español:

El soukous proveniente de soundsystem instalado en el escenario de la “afroplaza” invitaba a acercarse al patio central la calurosa mañana del sábado, mientras se desarrollaban actividades dirigidas a los más pequeños, los talleres intergeneracionales organizados por Ana Cebrián y Kwanzaa y el pintacaras a cargo de Débora Ekoka. Los colores de las creaciones de moda, una magnífica selección de revistas y periódicos, libros y guías de viaje, muestras de artesanía y pintura, las propuestas de asociaciones y paneles con los retratos de algunos referentes africanos y afrodescendientes, completaban el espacio.

Yeison García López ejerció de presentador de los diferentes actos del festival, acompañado en todo momento por Ana Cebrián y Débora Ekoka en las “bambalinas” y Bakala Kimani Rubén H. Bermúdez tras sus cámaras, entre otros. El primero en recibir el micrófono fue Antumi Toasijé, historiador, activista panafricanista afroespañol y director de WanafriKa, que destacó el interés por la perspectiva africana y la necesidad del empoderamiento de la comunidad africana y afrodescendiente, y presentó el BloqueAfro: la creación de una Federación de Asociaciones y Entidades Africanas y Afrodescendientes para el reconocimiento por ley de la identidad hispanoafricana. Su llamamiento a participar en esta iniciativa se extiende tanto a colectivos como a personas individuales.

¿Quién es quién?

Bakala Kimani es escritor y también director de contenidos del periódico AfroKairós, que -desde abril de 2013- publica informaciones sobre el continente africano y la realidad afrodescendiente, en español, inglés y francés, tanto en su publicación gratuita en papel como online.

potopoto

Poto Poto

Potopoto es el nombre del fango típico de las lluvias en Guinea Ecuatorial, así como el primer libro infantil ilustrado de cuentos multiétnicos de Guinea Ecuatorial en español. Además de esto potopoto es un proyecto de cultura colaborativa y social que apuesta por la cultura de experiencias. Para ello se dará acceso a nuevos Afrocuentos infantiles de origen Africano en un entorno web y en un formato accesible. Las historias podrán leerse en una web colaborativa donde cualquier persona u organización del mundo de habla hispana podrá transmitir su experiencia y conocimiento a través del cuento.

El proyecto nace de la iniciativa personal de Alejandra Evui Salmerón Ntutumu miembro de la plataforma sociocultural #AfroMurcia en movimiento, impulsora de talleres y proyectos de cultura inclusiva que tiene como integrante principal a Belinda Ntutumu. El libro será ilustrado por la mágica Lydia Mba.

Ritatari y Africa Patchwork son dos ejemplos más de emprendeduría, de la mano de la ecuatoguineana establecida en Londres Helen Jones y el madrileño-maliense Madou Diarra, con sus respectivas propuestas de moda y artesanía.

United Minds es una iniciativa independiente cultural-educativa, fundada en Valencia por Ken Province y coordinada además por Débora Ekoka, que cuenta con la primera librería especializada en África y su diáspora. En palabras de Ken, se trata de “una plataforma para poder trabajar las cosas que nos interesan”.

Kwanzaa (“comienzo” en suajili) es un asociación universitaria que persigue visibilizar la realidad de la juventud afrodescendiente y de la diáspora en España, promoviendo su empoderamiento y la denuncia de los abusos de los Derechos Humanos mediante la organización de diversas actividades desde su sede en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, que invitan a visitar.

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La Kúpula

La Kúpula es un centro de arte internacional autogestionado que persigue la creación de espacios donde crear vínculos para pensar en comunidad, como el local que ocupa en el barrio de Carabanchel, lugar de encuentro y de debate, exposiciones y conciertos. Este colectivo fue el encargado del soundsystem y de la gastronomía afro con platos típicos de la cocina del África occidental que pudo degustarse en la “afroplaza”.
AISE (Asociación de Inmigrantes Senegaleses en España) trabaja tanto en Madrid en tareas de asesoramiento de inmigrantes y de sensibilización, como en Senegal a través de proyectos donde los migrantes son el motor de desarrollo.

Integrantes de estos colectivos participaron en las actividades desarrolladas a lo largo del festival: algunos de ellos en los debates, soundsystems, conciertos y recitales; otros atendiendo los espacios que ocupaban con sus proyectos.

Política, cultura, arte, juventud y medios de comunicación: en busca de referentes afro

Dunia & Consuelo

Dunia & Consuelo

El plato fuerte de la mañana del sábado vino de la mano del debate sobre cultura y política. A partir de las exposiciones de Sikitu Massimango, Consuelo Cruz Arboleda, don Justo Bolekia y Antumi Toasijé, se estableció un intercambio con el público que versó sobre cuestiones en torno a la definición de la “afroconciencia”, la importancia del lenguaje a la hora de definirse como colectivo, la identidad afro y la visibilización de las mujeres africanas. La ronda de intervenciones introdujo temas como de discriminación racial y étnica; el multiculturalismo como característica del continente africano y lo artificioso de la distinción entre una África blanca y otra negra; y el esclavismo y la urgencia de la reparación histórica de los pueblos que lo ejercieron sobre quienes lo sufrieron.

El término “afrodescendiente”, como recordó Antumi Toasijé, hace referencia a la esclavitud y fue traído a Europa por la segunda diáspora. Para algunos de los participantes en el debate, el avance respecto a la toma de conciencia vendría a través de la descolonización mental y espiritual de los africanos y afrodescendientes: “no suponemos ningún peligro para Occidente. Deberíamos ‘desformatearnos’ para volver a africanizarnos” -en palabras del profesor Bolekia-, insistiendo en el hecho de que “lo que hacemos aquí [en el festival] es un intento de recuperar lo que recordamos que somos”. Mientras que para otras voces, el estado actual de la afrodescendencia es el reflejo de la falta de empoderamiento de las personas con este origen -como apuntó Consuelo Cruz Arboleda-, del escaso avance en el ámbito asociativo, o de la desconexión generalizada con el “otro lado de África”, como señaló Belinda Ntutumu.

El taller de fotografía, impartido por la camerunesa-española Agnes Essonti y el madrileño Rubén H. Bermúdez, se desarrolló las tardes del sábado y domingo en torno a las “Otras historias de la fotografía”. Aficionados amateurs y semiprofesionales compartieron sus opiniones y anhelos respecto a esta disciplina artística, planteada como un intento de guiar a los participantes a la hora de contar sus historias a través del objetivo, alejándose del enfoque fotográfico tradicional, como reconoció Rubén H. Bermúdez. Para él, la mayor dificultad para llevar a cabo un proyecto fotográfico no es la falta de conocimiento técnico, sino que reside en no tener una idea a transmitir cuando se capturan imágenes. Entre los ejemplos fotográficos que se mostraron durante el taller, el catálogo de la Bienal de Fotografía de Bamako (“Rencontres de Bamako”) y el repaso de Essonti a la producción artística de uno de los mayores referentes de la fotografía africana: el recientemente fallecido Malick Sidibé.

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El concurrido “debate Juventud Afro” agrupó a miembros de asociaciones como Kwanzaa y Riwata y CLA, a Moha Gerehou de SOS Racismo y a Amín Arias Garabito (coordinador del grupo federal afrosocialista del PSOE y asistente de dirección de la revista “Ávila en salud”) en torno a asuntos como la denuncia ante la falta de inclusión y de referentes de y para la juventud africana y afrodescendiente en la sociedad española; la necesidad de encontrar un término medio y de reivindicar sus referentes -Sénghor, Césaire, Anta Diop para Cheikh, un asistente senegalés- en lugar de recurrir a los estereotipos como la supuesta aptitud innata para la danza y el canto de los negros, su gusto por el rap o el hip-hop o la hipersexualización, que provocan la cosificación a la que -en muchas ocasiones- se somete a los negros. Garabito expresó su deseo de “hablar de otras cosas” [más allá del blanco/negro], y lanzó dardos sobre “los hermanos que robaron a sus propios hermanos” [en la época de la esclavitud] y la responsabilidad que habría que asumir por ello, recordando la necesidad de juntarse para seguir trabajando ante el largo camino a recorrer.

La ponencia sobre medios de comunicación y afrodescendencia en España se abrió con la presentación de Ladislao B. Sité titulada “Crecer sin ser llamado”. El lingüista afroespañol hizo un recorrido por “los matices oscuros del lenguaje” (esas “connotaciones sutiles que son difíciles de representar”) a través de una serie de imágenes fotográficas y composiciones de palabras que juegan con el contraste entre lo evidente de la existencia de una España negra (“esto no es Malabo, es el barrio de Vallecas”, aclaró ante una foto de familia) y el uso racista, xenófobo y discriminatorio del lenguaje. Términos como “Baltasar”, “negrito/a”, “gitano/a”, “nigger” o expresiones como “negro de mierda” fueron analizados por Sité con una capacidad cómica muy efectiva para la comunicación grupal.

Le siguió el turno Lucía Asué Mbomío, periodista en RTVE e integrante del colectivo Afroféminas, con un repaso por los referentes afro en los medios de comunicación: publicidad, medios de comunicación y cine. En todos estos ámbitos resulta flagrante la invisibilización de las personas negras o afrodescendientes, así como el recurso al estereotipo al tratarse sobre ellas: de nuevo, cosificación (personas que llegan en patera), hipersexualización (anuncio de “Cola Cao”, el reality show “Adán y Eva”), falta de referentes (infantiles y periodísticos), de contextualización y ausencia de empatía (anuncios de “Conguitos”). Entre sus propuestas: permanecer vigilante ante los microracismos; recurrir tanto a la ética periodística como a recurrir a la presencia de miembros del colectivo del que se habla cuando se dan las informaciones; seguir creando medios de información propios -hechos por africanos y/o afrodescendientes- que generen referentes, como WanafriKa, AfroKairós o Uhuru TV.

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Del afrofeminismo y la identidad negra a la exploración a través de la literatura y la música

El esperado debate sobre afrofeminismo contó con la presencia de Asha Ismail, Antoniette Torres Soler de Afroféminas, Jane Obioma Okoro de “Upside Africa” y Nair Macedo de Kwanzaa.

Ismail es la directora de “Save a girl save a generation” (“Salva una niña, salva una generación”), una ong que lucha contra la mutilación genital femenina (MGF), los matrimonios forzados, la explotación y prostitución infantiles y por la prevención de todas ellas. Como ella misma recordó, la MGF “existe aquí y en todas partes del mundo”.

La creadora y directora de Afroféminas expresó estar interesada en los conceptos de poder y mujer, en la implicación de la raza en el feminismo, así como en los intereses de la mujer negra de hoy que vive en España.

Para la integrante más joven del panel, la española de origen caboverdiano Nair Macedo, ser mujer afrodescendiente en España es una triple lastra por género, raza y la invisibilización que conlleva, e implica enfrentarse a una dualidad identitaria (ni “negro” en África, ni “blanco” en España). Macedo expresó asimismo su interés por hablar de temas tabús como la homofobia ejercida por parte la comunidad afrodescendiente, o la regla, e increpó públicamente a sus “hermanos” allí presentes sobre el machismo que ejercen sobre ella.

La presidenta de “Upside Africa” expresó su compromiso con el desarrollo y la libertad de la mujer emprendedora y profesional de África, a través de la organización de eventos que estimulan el intercambio de ideas.

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El debate giró sobre las diferencias del feminismo negro, las dificultades que se encuentra la mujer negra en la sociedad española (sexualización e invisibilización) y otros aspectos relacionados con su autoestima como la afroestética, el pelo afro y el blanqueamiento de la piel. Quedó patente la variedad de discursos de las mujeres negras, si bien algunos puntos comunes señalaron la importancia de la mujer negra como base de la familia y de la comunidad; la necesidad de la implicación del hombre en la educación familiar -gracias a quien, según Ismail, se ha avanzado mucho en la lucha contra la MGF- y de la educación inclusiva; la importancia de la historia personal, familiar y colectiva desde la que impulsar la visibilizacion, motivada -en parte- por la falta de referentes negros y afrodescendientes.

Para terminar, Torres aludió al primer discurso del feminismo afroamericano, “¿Acaso no soy mujer?”, mientras que Obioma tomó como ejemplo “Todos deberíamos ser feministas” -de su compatriota la mediática Chimamanda Ngozi Adichie- para concluir apelando a la conveniencia de “hacer el esfuerzo de compartir, aprender y desaprender”.

“¿Y tú por qué eres negro?” es una pregunta que, como para tantas otras personas, llevó al fotógrafo Rubén H. Bermúdez a cuestionarse su identidad y despertar su “afroconciencia”: “salir del armario” como él mismo expresó. El germen del proyecto fotográfico en el que se encuentra actualmente trabajando fue tomado como tema central de un debate abierto en el que también participó el cineasta español de origen beninés Santiago Zannou.

Ante la manifiesta dificultad de definir una identidad negra, las intervenciones del realizador de cine fueron un apasionado alegato sobre la necesidad de construir un discurso propio, desde la positividad, que conduzca a la comunidad afrodescendiente a alcanzar espacios de poder. Pero también hubo críticas: tanto hacia el propio desconocimiento de los miembros de la comunidad como a la queja constante de algunos de ellos. Para Zannou, partiendo de la base de que una cuestión así en Benín sería una nimiedad, ser negro es “algo que te invita a ser sabio, te obliga a ser mejor y entender al de enfrente. Ser negro es ser un tipo consciente, buscar un objetivo y luchar contra él”.

Se habló también del “dolor ancestral” y de la conciencia, destacando la importancia de los siglos de historia y creatividad negras y afrodescendientes por encima de los cuatrocientos años de esclavitud.

Si para algunos participantes en el debate, la reflexión sobre qué es “ser negro” no es vital desde un punto de vista personal, y las respuestas deberían venir de escritores negros que aborden la cuestión de la identidad negra, el riesgo que implica la creación de nuevas categorías donde se les encasille es alto. Otras intervenciones recogieron sentimientos derivados de la implicación en una lucha que -aunque dilatada en el tiempo- no ha alcanzado los objetivos esperados debido a las diferentes maneras de tratar de acercarse a ellos. Para un asistente camerunés ser negro “es simplemente saber que tienes un origen, asimilarlo y comportarte con tal (…) Ni siquiera un negro tiene por qué venir aquí: eso no le hace más negro”.

Tras este otro momento álgido de las jornadas, el festival se dirigía a su final con la presentación musical-literaria compuesta por “Heredarás la tierra”: de patrones patriarcales en la afrodescendencia guineana”, una interesante aproximación a la psicología a partir de la novela de German Edjanga Jones Ndjoli, las recomendaciones literarias de Ken Province de United Minds, y el concierto de Astrid Jones y Carlos Bratt.


El joven escritor Jones Ndjoli habló de la invisibilización, tanto de la propia Guinea Ecuatorial como de los ecuatoguineanos, llevada a cabo por el estado español -desde la independencia en 1968 hasta la actualidad-, mientras que la aproximación psicológica de los tipos representados en la novela corrió a cargo del psicólogo Francisco Sánchez. Para Jones, los ecuatoguineanos son “hijos del silencio”, “una fuerza que viene preconizada por la herencia española franquista”, apelando al statu quo de la derecha española y a su falta de responsabilidad. Sánchez habló de cómo en Guinea Ecuatorial las diferencias raciales entre los propios negros existen, y de estar derivadas de los esquemas heredados de la época colonial. Pero no solo eso, sino que estas lastras son también transmitidas de generación en generación, de ahí la necesidad de “reflexionar sobre nuestros antepasados emocionales” -en palabras de Jones- y de la importancia del trabajo personal: “en la interiorización hago mío el discurso del ataque y no me afecta”, reconocía.

Como el propio autor de la novela explicó, el título de la misma hace referencia a una especie de mandato o llamada que sintió, encaminada a la acción “para recuperar lo que te han robado”. En su novela se presenta a una familia en la que encontramos los arquetipos del hijo omnipotente (asimilado el primogénito), del yo omnipotente (la figura del heredero) y el del hijo independiente, análisis de Sánchez encaminado a la premura de recuperar el mundo interno “para no correr el riesgo de sentirnos como extranjeros en nuestra casa”, en sus propias palabras. Un dicho de la etnia ndowé, a la que pertenece German Edjanga, reza que “la única forma de recuperar la dignidad es entronizar nuestra historia”. El escritor lanzaba así un llamamiento a la necesidad de iniciar un proceso humano, personal y difícil, encaminado a “salirse de la tutela”, a contracorriente del sistema pero que uno mismo ha de hacerlo con los suyos, desde su casa.

“Heradarás la tierra” puede encontrarse en la librería madrileña “El olor de la lluvia”.

Entre las recomendaciones literarias sobre África y la afrodescendencia, Ken Province del colectivo United Minds hizo un repaso por algunos de los libros que pueden encontrarse en su espacio, que estuvieron también disponibles en la “afroplaza”. Desde títulos fundacionales de las literaturas afrocentradas como “Pieles negras, máscaras blancas” del psiquiatra martiniqués Frantz Fanon, “Capitalismo y esclavitud” del también caribeño Eric Williams (recientemente editado por Traficantes de Sueños); los manifiestos panafricanistas escritos en continente africano: “Naciones negras y cultura” del senegalés Cheikh Anta Diop, o “África debe unirse”, del primer presidente de la Ghana independiente, Kwame Nkrumah; a otros como los ensayos “Black Music. Free Jazz y conciencia negra 1959-1967” de LeRoi Jones / Amiri Baraka, que reflejan la labor de esta “música clásica” -según Province- en la liberaración mental de los afroamericanos; “Aggro”, un libro que habla del origen jamaicano de la estética skin; “Rebeldía”, del escritor camerunés afincado en Barcelona Inongo vi-Makomè; o “Si me preguntáis por el panafricanismo y la afrocentricidad” de Antumi Toasijé, quien estuvo firmando copias del mismo a lo largo del fin de semana.

La voz de Astrid Jones fue la encargada de poner el broche a la cita, felicitando una iniciativa que esperamos se suceda con el mismo éxito que la ve nacer. Acompañada por los acordes de guitarra de la mano de Carlos Bratt, uno de los integrantes del grupo The Blue Flaps, autores de “Stand up” -un bello alegato en clave soul, con toques reggae, funky y jazz- interpretaron algunos temas de su último trabajo como “You” o “Who we are”.

África en América

Autora invitada: Sorayda Peguero. Fotos: Sebastián Beláustegui

Una imagen de afrodescendientes en la República Dominicana. Foto: Sebastián Beláustegui

Una imagen de afrodescendientes en la República Dominicana. Foto: Sebastián Beláustegui

A pesar de los miles de kilómetros que separan los dos continentes, África también está en América. Millones de rostros la delatan y antiguas razones así lo acreditan. La progresiva extinción de la comunidad indígena y la imparable demanda de mano de obra acaecidas durante la época de la colonización, beneficiaron el comercio libre de esclavos, una práctica de tráfico humano que perduró durante más de cuatrocientos años. Estos acontecimientos no sólo generaron episodios de opresión, también dejaron una huella vigente que se ha convertido en la diana de “África en América”, el proyecto fotográfico de Sebastián Beláustegui.

Sebastián Beláustegui

Sebastián Beláustegui

Nació en Buenos Aires, Argentina (1969). Actualmente reside en la localidad mexicana de Tepoztlán.Beláustegui es fotógrafo documentalista autodidacta. National Geographic, Los Angeles Times y Newsweek son algunas de las publicaciones con las que ha colaborado. En 1991 fijó su objetivo en los pueblos nativos de Latinoamérica, un proyecto al que dedicó diez años de arduo trabajo. “Guardianes del tiempo” es la cosecha resultante. Un testimonio gráfico que recoge su paso por ocho países y veinticinco comunidades indígenas, en un libro de arte documental prologado por el Premio Nobel de literatura José Saramago.

El propósito de ‘África en América’ es seguir el rastro de las herencias culturales afrodescendientes en el continente americano. La idea surgió mientras el fotógrafo cumplía con el encargo de una revista y documentaba los rituales de santería de la isla de Cuba.

“En esta documentación quiero incluir las diversas culturas, los carnavales, rituales, música y danzas tradicionales, así como la vida cotidiana. En la era de la globalización y la comunicación de masas, las tradiciones de los grupos étnicos minoritarios están siendo diluidas por las culturas dominantes. Han pasado ocho años desde que mi experiencia en Cuba me abrió los ojos a otro aspecto de la rica historia y cultura de las Américas. Mi intención es dar visibilidad a estas realidades marginadas e ignoradas, retroalimentar el alma dando un testimonio de su belleza y proyectar el respeto hacia el valor que tienen estas culturas”.

Beláustegui tiene la impresión de que en algunos países latinoamericanos las culturas indígenas y afro-descendientes están infravaloradas, de ahí que la principal motivación de su trabajo sea crear un registro que aliente la permanencia de las tradiciones de estos pueblos en las  nuevas generaciones. Para conseguirlo se ampara en la fotografía documental y la convierte en una herramienta que le permite compartir la riqueza y la diversidad de estas culturas con el mundo.

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Perú, Colombia, República Dominicana, Trinidad y Tobago, Argentina, Brasil y Honduras, son algunos de los dieciséis países que ya han sido visitados por el fotógrafo. Las próximas paradas señaladas en su carta de ruta apuntan hacia los ritos religiosos de Haití y advierten notas de blues en un recorrido que también incluirá el Sur de Estados Unidos.

“El legado afro-descendiente en países como Argentina y Chile atrajo especialmente mi atención, se trata de una presencia minoritaria de la que mucha gente desconoce. Desgraciadamente la trata de esclavos se extendió por toda América, dejando una herencia viva que se percibe especialmente en lugares como Cuba y Brasil, donde la esclavitud dejó una huella importante en las prácticas religiosas y fiestas populares”.

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Durante mucho tiempo, la voz de África en América fue llanto de dolor y añoranza por la tierra dejada atrás, pero aquel exilio masivo, y forzado, también devino en cánticos de esperanza, en sonidos de tambores, en bailes y celebraciones que arraigaron raíces en suelo americano y que hoy forman parte de su variopinta identidad. A estas tradiciones les distingue la particularidad de que se han fusionado con elementos europeos e indígenas, generando un mestizaje y una cultura única y rica en matices.

En su hazaña, Sebastián Beláustegui lleva más camino recorrido que el que le queda por andar, pero su entusiasmo adivina que esta será una experiencia de efectos duraderos y resonancias profundas, un viaje guiado por la esencia de la tradición que no ha hecho más que empezar.