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Algo viejo para empezar algo nuevo: la arquitectura en Mali

La arquitectura vernácula de Mali es el entendimiento perfecto entre sabiduría popular, identidad cultural, sostenibilidad y adaptación al medio. Sin embargo, la globalización y un conflicto que no llega a su fin hacen que estos antiguos muros de adobe se tambaleen.

En la unión de  los ríos Níger y Bani se levanta la ciudad de Mopti apretujada por la escasez de terreno. A pesar de las estrecheces, han encontrado un hueco para alojar el Centro de Arquitectura en Tierra, una iniciativa de Aga Khan Trust for Culture con el apoyo del Ministerio de Cultura maliense y el Ayuntamiento de Mopti. Allí, Aicha Diombélé encargada de su exposición permanente sobre la arquitectura en tierra, rodeada de  fotografías, materiales, maquetas y reproducciones de las principales construcciones de adobe del país,  nos expone los motivos y objetivos de este proyecto.

Salif Kone y Aicha Diombélé, director del Centre de Arquitectura en tierra de Mompti y encargada de la exposición permanente.

El centro se construyó en el año 2010 durante el cincuentenario de la independencia de Malí y marca la finalización de la restauración de las mezquitas de Mopti, Djenné y Tombuctú. Nuestra misión es promover y poner en valor la arquitectura en tierra en África del Oeste ofreciendo recursos documentales en la biblioteca y competencias técnicas en cursos regulares de formación profesional”. Naturalmente el edificio del centro está construido con bloques de tierra prensada, una versión evolucionada que utiliza una prensa mecánica para conseguir ladrillos más impermeables y resistentes, y es obra del arquitecto burkinabés Francis Kéré.

Centre de l´Architecture en Terre de Mopti.

Aicha, de etnia Dogón, nos explica con orgullo  que “el uso de adobe o bancó como material de construcción se practica en África desde tiempos inmemoriales. Arcilla, arena, paja, cáscaras de arroz son la base de los ladrillos, que incluyen otros materiales orgánicos como la goma arábiga, polvo de fruto de baobab, manteca de carité o taninos. Estos materiales varían según la disponibilidad en cada zona. Es una tradición antigua transmitida de generación en generación,  pero también es actualmente un método de construcción muy extendido por la disponibilidad de materiales de base en el delta interior del río Níger”. Unos materiales que, añade con tristeza, “se encuentran amenazados por los bloques de cemento y chapas de acero, que parecen más duraderos pero son mucho más contaminantes, no se adaptan a nuestro clima y destruyen la plasticidad de las construcciones tradicionales africanas. Muchos africanos creen que la arquitectura tradicional se ha quedado anticuada y prefieren los materiales y técnicas occidentales que entienden como más correctas, modernas y propias de gente adinerada”. 

La arquitectura de Malí ve cómo sus raíces vernáculas parecen debilitarse gradual e inevitablemente por diferentes conflictos políticos, el duro clima del Sahel, una sociedad empobrecida y en crisis de identidad, y una transformación tecnológica acelerada pero necesaria para sobrevivir en un mundo globalizado. Sin embargo, no todo está en contra, la arquitectura vernácula maliense cuenta con dos potentes aliados en su lucha por la supervivencia.

Por un lado la UNESCO que, en su batalla continua por el rescate de áreas patrimoniales en todo el mundo, incluye en su declaración de Patrimonio de la Humanidad cuatro localizaciones malienses y las cuatro son construcciones en tierra.

  1. Las ciudades antiguas de Djenné: Pobladas desde el año 250 a.C. fueron un  centro mercantil importante y eslabón de la ruta transahariana del oro. Allí se conservan unas 2000 viviendas tradicionales y su impresionante mezquita. Consideradas en peligro desde 2016 debido a que la inseguridad de la zona hace imposible la toma de medidas para combatir el deterioro de los materiales en la ciudad histórica, la presión urbana y la erosión de los sitios arqueológicos.
  2. Tombuctú: Conocida como “La ciudad de los 333 santos” fue una de las capitales intelectuales  y espirituales del Islam durante los siglos XV y XVI. Son testigos de su pasada edad de oro la prestigiosa universidad coránica de Sankoré, las tres grandes mezquitas de Djingareyber, Sankoré y Sidi Yahia e importantes mausoleos.  Declarada en peligro desde 2012 debido al ataque destructor de grupos islamistas radicales durante el golpe de estado militar, ha sido recientemente protagonista de la primera sentencia de la Corte Penal Internacional que considera crimen de guerra el derribo de edificios históricos y religiosos.
  3. Tumba de los Askia: Declarada en peligro a la vez que Tombuctú y por los mismos motivos. Se trata de una espectacular estructura piramidal de 17 metros de altura que alberga la tumba de la dinastía de los Askia, erigida en Gao en 1495 por Askia Mohamed, emperador de Songhai.
  4. El País Dogón y la Falla de Bandiagara: El paisaje vertical de los acantilados llenos de viviendas, graneros, altares y santuarios hace que sea uno de los lugares más impresionantes de África Occidental. Además de su increíble arquitectura se conservan antiguas tradiciones sociales como la confección de máscaras, la celebración de fiestas populares, rituales y ceremonias de culto a los antepasados. Todo esto lo convirtió durante las últimas décadas en un destino turístico floreciente. Hoy, por la inseguridad de la zona, pocos se animan visitarlo y gran parte de la antes próspera población se ha desplazado a la hacinada Bamako en busca de otra forma de vida dejando atrás las ancestrales construcciones de barro.

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Por otra parte existe una naciente generación de arquitectos, artesanos y usuarios que, apreciando y defendiendo con orgullo esta arquitectura y los valores que en ella subyacen, siguen los pasos del arquitecto egipcio Hassan Fathy que recomendaba “construir tu arquitectura con lo que tienes bajo los pies”.

Como ejemplo Aicha nos da algunos detalles de la restauración de la mezquita de Mopti: “Tradicionalmente todo el mundo se implicaba en los trabajos anuales de restauración. Se repartían las tareas, era un trabajo colectivo que se ha ido abandonando con el tiempo. Durante la restauración de 2006 fue muy importante la implicación de los albañiles y artesanos de la ciudad, se reemplazaron los elementos estructurales dañados utilizando ladrillos de tierra mezclada con cáscaras de arroz. Se recuperó esa forma de trabajar, no podía ser de otra manera. También se impartieron cursos de formación para garantizar la continuidad de estos trabajos. Después de esta restauración, la mezquita pasó a formar parte del Patrimonio Nacional de Malí”. 

La enredada situación de Mali reúne aspectos históricos, culturales, económicos, políticos y militares además de multitud de actores muy diversos que hacen difícil una solución a corto plazo. Esta realidad amenaza las formas de vida más tradicionales y marca el ritmo y rumbo de su evolución en el futuro. Sin embargo al despedirnos de Aicha vemos que, aunque el contexto no ayude, en su sonrisa todavía se refleja la ilusión, la dignidad y la fuerza de un pueblo que no se rinde y defiende una cultura rica e intensa que se sostiene literalmente sobre cimientos de tierra.

Decodificando África a través de la fotografía

El fotógrafo keniano Mutua Matheka, del que ya hemos hablado en Wiriko, se une con varios compañeros para documentar lo que pasa en las ciudades africanas: cómo son, cómo se constuyen, quiénes viven, sus subculturas, sus gentes, etc.

El propio Matheka nos explica de qué trata este proyecto a través del crowfunding que lanza el colectivo de fotógrafos y que se propone fotografíar 13 ciudades africanas y representarlas en un libro de fotografía:

“Si alguien ha googleado alguna ciudad africana como Nairobi, sabrá que las imágenes que surgen no son exactamente favorecedoras. La mayoría son chabolas, conflictos, o como mucho fauna salvaje.

Un día subí al tejado de uno de los edificios más altos de Nairobi y vi la ciudad desde una perspectiva nunca vista. Me di cuenta que Nairobi es, en realidad, bonito. Ese momento lo cambió todo. Vi la distorsión de cómo se presenta el mundo con respecto a lo que es. Empecé a fotografiar mi ciudad para mostrar la belleza que veía y para equilibrar el imaginario que el mundo tiene sobre Nairobi.

Este viaje me llevó a buscar personas que compartiesen unas percepciones comunes asociadas a las ciudades africanas. Joe, Lulu y Josh comparten la convicción de que la perspectiva condiciona lo que vemos y que lo que vemos condiciona nuestra forma de pensar y nuestras ideas sobre los lugares.

Así que, junto con estos tres creativos, nos estamos preparando para la siguiente aventura con el propósito de romper narrativas sobre el África urbana. Los miembros del equipo hemos trabajado en nuestras capacidades individuales contando historias sobre el continente para educar a la gente sobre ese lugar al que llamamos casa: África.

Los cuatro contadores de historias estamos ahora preparando un ambicioso viaje alrededor del sur de África para capturar imágenes que equilibren la percepción de las ciudades africanas. Y nos encantaría que tú formases parte de esto, porque juntos somos más fuertes y mejores. Por eso queremos que seas parte de este viaje, a través de la colaboración en nuestro crowfunding.

Decodificando Africa

Este viaje tiene el propósito de explorar lo que define al urbanismo alrededor de África. Desde Nairobi hasta Durban, el equipo documentemos a qué se parecen esas ciudades, conviviremos con la gente que las reside, interactuaremos con las subculturas y fotografiaremos el ambiente y arquitectura de esas ciudades. Esas fotos serán compartidas a través de las redes sociales con todas aquellas personas interesadas en seguir nuestro proyecto.

¿Por qué Decodificando Africa?

“Decodificando Africa” es un proyecto que irá a las zonas urbanas del continente, desde Alejandría hasta Cape Town, pasando por Yaoundé, Addis Abeba, para explorar las diferentes personalidades que tienen las ciudades africanas. Para documentar qué significa urbanismo en el contexto africano. Para documentar cómo usamos, definimos y nos relacionamos con nuestros espacios en África. Para explorar la arquitectura africana (¿existe?). Para explorar cómo de diferente (o de parecida) es la cultura urbana en las diferentes ciudades y, más importante, para compartir esta información y así cada vez más gente podremos tener una idea de cómo son nuestras ciudades vecinas. Con suerte esta puede ser una de las muchas maneras de decodificar nuestro continente usando la fotografía y el vídeo como herramientas.

Creemos en la importancia de documentar África como africanos y desde una perspectiva africana. Creemos que este es el inicio de una documentación activa de las ciudades africanas para las generaciones futuras.

Cómo apoyar este proyecto y cómo saber más: Visita la web del proyecto en Kickstarter

El equipo:

Mutua Matheka – Fotógrafo, artista, arquitecto y viajero empedernido con un buen ojo para descubrir paisajes, arquitectura y culturas africanas. Es fotógrafo desde 2010 y su sueño es fotografiar todas las ciudades africanas. Mutua escoge ver la belleza en lo mundano. [Instagram: @truthslinger]

Joe Were – Fotografía documental y de viajes, lingüista, Instagram influencer y buscados de aventuras. Joe tiene un ojo para los paisajes y para capturar momentos humanos de gran belleza.
[Instagram: @jaydabliu]

Lulu Kitololo – Artista, diseñador, contadora de historias que actualmente cuenta a través de la ilustración y el diseño gráfico. Inspirada por la naturaleza, los colores tropicales y la cultura y tradiciones artesanales del continente. [Instagram: @lulukitololo]

Josh Kisamwa – Contador de historias de viaje y documental usando el vídeo como medio. Inspirado por las historias que oye de otra gente que encuentra alrededor del continente.[Instagram: @joshkisamwa]

La Bauhaus africana y la arquitectura que viene

Christian Benimana, arquitecto ruandés, tuvo que trasladarse a Shangai, China, para poder cursar sus estudios en arquitectura. La falta de facultades con estudios de diseño urbano adecuados a los retos que vive hoy el continente, fue lo que lo hizo migrar en busca de una formación. Después de licenciarse, en 2008, quiso volver a Kigali, donde se encontró con problemas como el desalojo de tierras para la inversión inmobiliaria, que se estaban reproduciendo en toda la ciudad. Así que decidió unirse al colectivo de arquitectos de MASS, un grupo de diseño que nació en 2010 y que está cambiando el rumbo de la arquitectura en África. Desde entonces se ha convertido en uno de los arquitectos más reconocidos de todo el continente, por su esfuerzo en poner la arquitectura al servicio de la necesidades humanas.

Jefe de proyectos de MASS en el continente, está invirtiendo los conceptos a partir de los que se construye en África. Hospitales que se conciben a partir de la óptica del paciente y que dignifican la enfermedad o escuelas levantadas desde la visión de los alumnos y los profesores, ya funcionan en Ruanda, Malawi, Liberia o Gabón gracias a una joven generación, la primera, que está transformando la visión de cómo construir edificios desde una óptica afrocéntrica y sobre todo, sostenible. Revirtiendo la modernidad a la europea que domina el paisaje urbano del continente hasta hoy, Christian defiende un diseño que pone a las personas y sus necesidades en el centro. Y así, está impulsando la creación de una Bauhaus africana: un proyecto de investigación en arquitectura innovador en todos los sentidos, que se erige como el referente arquitectónico del continente.

Imagen de cómo será el African Design Center (MASS) una vez terminado. Cortesía de MASS.

Imagen de cómo será el African Design Center (MASS) o Bauhaus africana, en Kigali, una vez terminado. Cortesía de MASS.

En todo el continente está surgiendo una nueva generación de arquitectos africanos. Todavía es muy joven y, a menudo opera en la sombra. La profesión aún no está regulada en la mayor parte de África“, reconoce. Con las tasas de urbanización más aceleradas de todo el mundo, África se enfrenta a un enorme problema de vivienda que preocupa a todos los urbanistas, geógrafos, diseñadores y arquitectos con un mínimo de sentido común. “La arquitectura se está quedando atrás en África con el rápido desarrollo del continente, al igual que muchos otros campos, y la manifestación de esto es muy evidente porque el desarrollo urbano tan abrumador que estamos experimentando viene con una agenda de infraestructura pesada. Las facultades de arquitectura, que son el caldo de cultivo de la profesión no están actualizadas ni adecuadas a la actual explosión urbana de África y en algunos casos, simplemente reducen su trabajo a la producción artística que sirve a la ingeniería y la construcción. La arquitectura africana está lejos de hacer frente a los desafíos sociales que se entiende que vienen acompañados con la urbanización“, advierte el joven ruandés.

El continente africano puede presumir de una arquitectura vernácula original y adaptada a cada región, clima y necesidades de la población. Siendo parte del legado cultural de los pueblos, las construcciones son símbolos del “espíritu del lugar”, que se construyen con materiales locales. Sin embargo, en muchos puntos del continente, la arquitectura occidental ha ganado terreno, poniendo en peligro las construcciones tradicionales realizadas a partir de adobe, techos de paja, etc. Los techos metálicos y las paredes de ladrillos dominan cada vez más los paisajes urbanos y también rurales. Arquitectos como Jon Sojkowski, que ha desarrollado una base de datos para documentar la riqueza arquitectónica tradicional del continente, hace años que muestran su fascinación por la arquitectura vernácula de Benín, Mali o Zimbabwe. Era solo cuestión de tiempo que nuevos arquitectos africanos empezaran a proteger su propio legado arquitectónico y a darle la vuelta a la tortilla urbanística que se construye a golpe de boom inmobiliario insostenible.

africa-design-center_mass-designPrecisamente por esto hemos creado una escuela. La Bauhaus nació en Alemania en un momento de auge económico con el objetivo de demostrar que con el diseño podemos mejorar la vida de las personas. El African Design Center se asemeja a la Bauhaus en la idea de que con el diseño se pueden transformar vidas“, dice sobre esta nueva escuela que nace en Kigali, conocida como la “Singapur de África”. “Si no aprovechamos el poder del diseño para generar un impacto duradero, el crecimiento poblacional del continente nos llevará directamente a la fatalidad“, advierte Benimana.

Pero, ¿cómo la arquitectura contemporánea puede contribuir a que este crecimiento sea más sostenible?
Produciendo procesos de diseño arquitectónico que promuevan la inclusión. Es decir, simplemente dejando de producir edificios sin más, y promoviendo el uso de los edificios creados como herramientas para el cambio y el empoderamiento social“, afirma.

El proyecto de African Design Center o la Bauhaus Africana, se construirá en Kigali

El proyecto de African Design Center o la Bauhaus Africana, se construirá en Kigali

El African Design Center, o la Bauhaus Africana, como le gusta llamarla a Christian es un centro de investigación y formación que nace con la idea de poner la investigación en el centro del debate y antes de cualquier tipo de construcción. Situada en la capital de Ruanda, Kigali, la escuela emerge con la intención de encontrar soluciones a problemas habitacionales como el acceso a la vivienda asequible que afectan a la población local.

Hay dos factores que hacen que Kigali haya sido el mejor lugar para comenzar nuestra iniciativa. Por un lado, el crecimiento de población que está experimentando la ciudad y las pequeñas dimensiones que tiene el país; pero por otro la voluntad política y las ganas de invertir para encontrar soluciones duraderas“, explica el arquitecto. Con todo, y a pequeña escala, han implementado una filosofía que bautizan como Lo-Fab, diminutivos de “Locally Fabricated” o “de fabricación local”. “El Lo-Fab es un movimiento que pretende demostrar que “la forma en que construimos” y “quién construye” son esenciales/indispensables para un proceso de diseño que tenga cierto impacto. En todos nuestros proyectos seguimos esta filosofía, que no es más que la filosofía de MASS. Ponemos en relieve la innovación y las ideas locales, contratamos mano de obra local, y usamos materiales locales para cada proyecto”, explica Christian.

Para los arquitectos de MASS es esencial ser parte de todo el proceso de inmersión para comprender de forma holística todos los aspectos de la sociedad, en general, y de sus clientes, en particular. “Cuidamos mucho la forma en que trabajamos y seleccionamos muy bien las organizaciones que se acercan a nosotros para estos proyectos. Lo que más nos importa es crear proyectos sostenibles a largo plazo“, reitera el arquitecto ruandés.

Mientras China avanza en el continente, construyendo infraestructuras que están mejorando las comunicaciones y el transporte en muchos puntos de África, Christian ve muchas oportunidades de contribuir al boom de la construcción desde una óptica más ética de la que se ha estado llevando a cabo hasta hoy: “China no está avanzando en el mercado africano porque le esté dando un valor añadido a lo que ya existe, sino simplemente porque todavía hay una brecha enorme en las capacidades del sector. Nuestro African Design Center tiene como objetivo cambiar los procesos de diseño y poner el listón más alto en las normas mínimas aceptables. El éxito de éste Bauhaus africano es formar a expertos en capacidades que aseguren un desarrollo sostenible en África, y que refuercen que aquello que se está implementado en África esté cuidadosamente estudiado y realizado para mejorar la vida de las personas“.

Modernidad africana, ¿africana?

La arquitectura es una de las disciplinas artísticas que, a través de la construcción de edificios, sirve para expresar la identidad nacional en los jóvenes estados africanos. Con medio siglo de creaciones modernas desde la mayoría de independencias al Sur del Sáhara, parlamentos, universidades, monumentos conmemorativos o centros comerciales se han levantado en diferentes ciudades africanas para mostrar la modernidad de sus epicentros políticos, económicos, financieros, sociales y culturales. Como materialización del encuentro entre lo moderno y lo tradicional. Como muestra de los dilemas sufridos por la radicalidad de la transformación política de los estados tras la colonización. O como ejemplo del cosmopolitismo y la aportación foránea de diseños europeo, rusos o israelitas, los edificios levantados en ciudades africanas como Abidjan, Maputo, Ciudad del Cabo o Nairobi son muestras de la fusión entre la política y la arquitectura. Pero, ¿es la modernidad africana 100% africana?

La arquitectura moderna nació en época colonial y debe ser entendida como un medio de representación del poder, de la continuación del imperialismo colonial después de las independencias o de la supremacía cultural del “otro”, representada por la permanencia del mundo Occidental en África. En muchos casos, la ciudad africana se levanta sin tener en cuenta las identidades urbanas históricas precoloniales y se centra en la modernidad como la continuación del legado colonial. Y a pesar de que la narrativa antiimperialista haya querido criticar esta pervivencia con la crítica más feroz, lo cierto es que hoy en día, el paisaje urbano del continente africano no se podría entender sin la aportación, imposición si se quiere, de la arquitectura occidental. Otro tema ya sería la sostenibilidad, impacto y emergencia habitacional en ciudades que no paran de crecer de una forma acelerada y que necesitan urgentemente de una nueva arquitectura que pueda responder a sus necesidades humanas.

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El libro African Modernism – Architecture of Independence o Modernismo Africano – Arquitectura de la Independencia, publicado por Park Books, analiza las obras levantadas por la modernidad africana en cinco ciudades del continente. A partir de 80 edificios de cinco países africanos (Ghana, Senegal, Costa de Marfil, Kenia y Zambia) recoge fotografías de la sudafricana Alexia Webster y del alemán Iwan Baan para explorar los soportes arquitectónicos que se han ido levantando en la era moderna para dar sentido y construir espacios de convivencia en las ciudades africanas. En general, se trata de edificios que muestran el poder del estado, también  como construcción política moderna, y dejan de lado la arquitectura de casas, tanto las que definirían las identidades de la clase media urbana africana, como las de la pobreza urbana que inunda slums y barrios informales de las capitales de África. ¿Arquitectura de la independencia? La construcción de edificios modernos está absolutamente ligada a Europa, y el diseño de sus principales edificios es solo una muestra de esta afirmación.

El objetivo del libro, que surgió de la exposición homónima que albergó el Vitra Design Museum de Weil am Rhein, Alemania, quería exprimir la idea de su comisario Manuel Herz, arquitecto e historiador, para explorar en formato papel, el catálogo fotográfico de bancos o estadios africanos construidos a partir de los años 50 del siglo XX en los principales centros urbanos de África. A pesar de que Herz eleva el trabajo arquitectónico de la época por haber creado obras sin precedentes en la región del África subsahariana, también reconoce que dichos monumentos siguieron patrones coloniales y no consiguieron, en su mayoría, recoger los anhelos ni las identidades de la mayoría de africanos.

El catálogo se ha convertido en obra de referencia para estudiantes de arquitectura y diseño urbano en el continente. Así, estos edificios se han convertido en iconos de las independencias. Representaciones de la arquitectura moderna de África.

Quizás, la pregunta que deberíamos hacernos ante esta arquitectura es si 100% africana no significa, en realidad, 100% global.

  • La Pirámide de Abidjan (Costa de Marfil), del arquitecto italiano Rinaldo Olivieri, 1973. Imagen de Iwan Baan.

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  • Hotel Ivoire de Abidjan (Costa de Marfil), de los arquitectos alemanes Heinz Fenchek y Thomas Leiterdorf. 1962-1970. Imagen de Iwan Baan.

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  • Kenyatta International Conference Centre, Nairobi (Kenia). Del noruego Karl Henrik Nostvik. 1967-1973. Imagen de Iwan Baan.

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  • Escuela de Ingeniería del KNUST (Kwame Nkrumah University of Science and Technology), en Kumasi (Ghana). Del inglés James Cubitt, 1956. Imagen de Alexia Webster.

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Mame Diarra Niang. “El vacío por el lleno”

Mame Diarra NiangDe origen franco-senegalo-marfileño, Mame Diarra Niang es una artista pluridisciplinar autodidacta, residente en París, que ha convertido la fotografía en su medio de expresión estrella y Senegal (país de origen paterno que revisita constantemente) en fuente de inspiración y centro neurálgico de una investigación artística compleja, muy íntima y personal.

Como ella misma declara, occidentalizada en la forma y la visión, y afrocentrada en los temas, las fotografías de Mame Diarra son el reflejo de su mestizaje cultural y el resultado de un complejo proceso de búsqueda identitaria múltiple, cargado de dualidad y contrastes.

Fascinada por la fría belleza del cemento y la vida en la ciudad, Mame fotografía paisajes urbanos, anónimos, del extrarradio parisino, de Abidjan o de Dakar y su periferia, llamando la atención al espectador e invitándole a reflexionar sobre el individualista modelo de vida que imponen las construcciones de las grandes ciudades.

Sin poder evitar pensar en la obra de E. Hopper, las instantáneas de la fotógrafa, tremendamente cinematográficas y con cierto carácter pictórico en su tratamiento y composición, envuelven al espectador en una atmósfera desoladora y melancólica en la que los paisajes urbanos llaman la atención por la “ausencia” de vida y movimiento. Paisajes vacíos, apocalípticos, protagonizados por arquitecturas silenciosas que parecen querer decirnos algo, y personajes casi inertes, mudos y solitarios que nos recuerdan la condición de soledad del individuo en ciudades densamente pobladas.

                                                                    Serie Thiaroye Obscure. Mame Diarra Niang

En las composiciones de Mame, las líneas y formas geométricas juegan un papel fundamental estructurando un espacio urbano que crece caóticamente, sin ningún tipo de planificación. Diagonales y puntos de fuga que se pierden en un infinito incierto o que son interrumpidos bruscamente, dirigen la mirada de un confuso espectador en busca de una posible salida; líneas horizontales y paralelogramos se le imponen apabullándole, limitando su visión, pero a la vez sugiriéndole mirar más allá de la línea del horizonte.

Como ella misma reconoce, le hablan las formas geométricas, el vacío por el lleno, la ausencia por la presencia. El hecho de mostrar personajes solitarios o el hecho de incluso evitarlos, es totalmente deliberado y responde a la idea de que es precisamente su ausencia la que recuerda su presencia, la que nos hace reflexionar sobre su condición, casi desde una perspectiva metafísica.

Mame manipula la realidad intencionadamente con el fin de captar nuestra atención, ya que “si mostráramos la realidad en bruto no la aceptaríamos (…) nos pasaría desapercibida”. Para ello da a sus fotos un tratamiento pictórico: rompe los píxeles con el objetivo de perder el detalle, inunda el espacio de luz (a veces cegadora) y trabaja los contrastes sobre tonalidades grises y naranjas, generando atmósferas artificiales, por momentos fantasmales, en las que el tiempo presente aparece suspendido entre lo irreal y lo concreto.

    526412_10151450929269093_1090655195_n  Serie Thiaroye Obscure.

                                            Serie Sahel Gris. Mame Diarra Niang

La artista sublima la realidad, embellece su lado más horrible, “humanizando” paisajes que paradójicamente se presentan deshumanizados, embargando al espectador de una inexplicable sensación de abrumadora soledad.

Centramos nuestra atención en las series fotográficas de los últimos tres años: Western Africa, Thiaroye Obscure Sahel Gris. En ellas muestra un Senegal en pleno proceso de transformación, alertándonos sobre el rápido crecimiento de las ciudades africanas, que sin ningún tipo de reflexión y planificación urbanística, imponen un estilo de vida que atenta gravemente contra un sistema de valores basado en la vida en comunidad y el respeto por la naturaleza; pero que, además, son el reflejo de una Mame en “reconstrucción” que desde la muerte de su padre ha sentido la necesidad de reapropiarse del territorio simbólicamente perdido.

Mientras Western Africa y Thiaroye Obscura representan para ella el Senegal que le dejó su padre, un país en ruinas del que no guardaba muy buenos recuerdos de infancia, (y que además son el reflejo del que era su estado de ánimo en esos momentos de duelo), Sahel Gris simboliza, sin embargo, un reencuentro con un Senegal en construcción que por fin le pertenece.

Esta última serie, que fue inaugurada en octubre de 2013 en el Instituto Francés de Dakar como parte integrante de una instalación artística creada por ella misma, constituye, según la artista, su serie más positiva.

Tomadas en una antigua pista del aeropuerto de Dakar, las fotografías nos muestran un paisaje desolador en construcción, que bien pudiera parecer un barrio en deconstrucción o abandonado por su aspecto.

El gris del cemento y del cielo contaminado, se mezcla con la característica tierra roja saheliana que se resiste a desaparecer. Paisajes semidesérticos llenos de luz y edificios vacíos que pronto se llenarán de gente, se muestran cargados de melancolía y nostalgia. Nostalgia por un modo de vida que empieza a pertenecer al pasado, en el que “la vida se compartía con el vecino de al lado y quedaba suficiente espacio para mirar al cielo”. Nostalgia por un tipo de vida en comunidad que, cuando era niña, no supo valorar (según ella relata) y ahora reconoce.

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Espantada por la proliferación masiva de edificios de hormigón de baja calidad, que se erigen como pilas de nichos funerarios en barrios fantasmas que no prevén espacios públicos donde se pueda hacer vida social, Mame se cuestiona y nos invita a reflexionar sobre si es éste el modelo de desarrollo que conviene a África. “¿Por qué imitar un tipo de vida que conduce al individualismo y que en occidente ha fracasado? ¿Por qué el ser humano se impone límites físicos, cavando así (de una manera simbólica), poco a poco, su propia tumba?”
Los cimientos de los edificios, los apartamentos vacíos y las casetas de luz que aparecen en sus fotografías, representan para Mame tumbas y lápidas funerarias que auguran una muerte en vida de las familias potenciales que habitarán esos espacios y por consiguiente, de la sociedad. Separados por muros, techos y suelos, los vecinos tenderán a la incomunicación, viéndose obligados a cambiar su modo de vida, dejando de compartir, de ayudarse y relacionarse.

                            Serie Sahel Gris. Mame Diarra Niang Serie Sahel Gris. Mame Diarra Niang Serie Sahel Gris. Mame Diarra Niang

Sin embargo, una marcada línea del horizonte, a una altura media en cada una de sus imágenes (que unidas podrían formar una única panorámica) y una fuerte presencia de luz, atisban todavía un futuro que puede ser esperanzador. Todo dependerá de que al igual que ella, observando esta realidad inquietante que se reproduce y multiplica en tantos otros lugares a una velocidad incontrolable “nos hagamos las buenas preguntas: ¿No estaremos tomando la dirección equivocada? ¿Es éste el modelo a seguir? ¿No deconstruimos nuestra identidad y nuestro entorno, mientras construimos imitando otros modelos fracasados que nos son ajenos?, ¿Por qué no construir sociedades africanas modernas y urbanas, tomando las riendas de nuestro desarrollo desde dentro, volviendo la mirada a los buenos valores que nos son propios sin anquilosarnos en tradiciones que no nos dejan evolucionar?”

Para llamar realmente la atención del espectador y respondiendo a su necesidad de crear no sólo como fotógrafa sino como artista plástica, a Mame Diarra le gusta reforzar la potencia de sus fotografías integrándolas en instalaciones que construye para cada una de sus exposiciones, según el contexto y el proceso exploratorio del momento. “Una foto puede ser fría, distante, puedes pasar delante de ella sin verla, sin embargo, si le pones un ‘marco’, obligas al público a detenerse”.

Mame pasea por su instalación, creada para la exposición Sahel Gris, en el IF de Dakar. Octubre de 2013Así, en la inauguración de la serie Sahel Gris en el  Instituto Francés de Dakar, la artista hacía penetrar al espectador en  una instalación constituida a partir de elementos de construcción  (cemento, arena, ladrillos) y estructuras geométricas formadas por luces  de neón, dándole la oportunidad de sortearla, deconstruirla y  transformarla a su paso, mientras era conducido en su recorrido por la  dramática música Stabat Mater de Rossini hasta la última sala.

Un recorrido en el que los ladrillos de hormigón parecían querer brotar de entre dunas de arena y cemento (metafóricamente fosas mortuorias), que entremezclados, simbolizaban el pasado y el presente, el Senegal enterrado con su padre y un Senegal en construcción que teniendo en cuenta el pasado (la arena permanece en el hormigón) por fin le pertenece y aunque deteste, al mismo tiempo ama por formar parte de él.

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Acababa la exposición en una sala en la que pisando pedazos de madera, el espectador se veía bruscamente interrumpido en su camino frente a una enorme fotografía que se imponía como un muro infranqueable, dándonos un último toque de atención. En ella, una enorme mole de hormigón alzada sobre un desierto de cascotes y arena rojiza, teñida completamente por el gris del cemento, anula por completo la posibilidad de divisar la línea del horizonte. ¿Es este el futuro que queremos? ¿Un futuro gris y artificial en un país lleno de luz y color? ¿Destruyendo nuestro entorno natural, sustituyéndolo por nichos de hormigón, no se conseguirá crear un mundo inhabitable, en el que cada vez nos sentiremos más solos?

Serie Sahel Gris. Mame Diarra Niang

Como Mame dice, con un deseo esperanzador, aprovechemos el hecho de “estar en construcción” para rectificar  y elegir el futuro y el modelo de desarrollo que más convenga a nuestras sociedades.

* Artículo escrito a partir de la entrevista realizada a la artista en octubre de 2013,días después de la inauguración de la exposición Sahel Gris en el Instituto Francés de Dakar.

Newtown: Fábrica de arte y experimentación

El paso del tiempo deja huellas y la transformación es constante.

Museo de África
Autor invitado: Daniel Bobadilla, sociólogo, diseñador y maestro en ciencias y artes para el diseño (México).

¿Qué es una ciudad sin su historia y sin sus transformaciones? Johannesburgo, al sur de continente africano, se muestra al mundo como una capital viva y en constante movimiento. Una ciudad que quiere mostrar al mundo no sólo que está cambiando, sino que tiene mucho que ofrecer. Y lo hace mezclando el presente con el pasado, lo tradicional con lo moderno o simplemente construyendo un futuro de integración que responde a la dura historia de la ciudad y sus habitantes.

Joburg tiene su origen en en la fiebre del oro a mediados del sigo XIX, lo que la llevó a convertirse en una pronta ciudad industrial y minera a principios del siglo XIX. El desarrollo industrial la continuó transformando en una ciudad de fabricas, barrios obreros, almacenes y grandes industrias. Por otro lado, la migración de miles de personas de diferentes lugares de África y de Europa trajo consigo una mezcla de culturas que ha dejado como legado, entre otras muchas cosas, un gran desarrollo cultural y creativo que acoge a importantes movimientos culturales sudafricanos.

Es aquí, en el corazón de esta ciudad, donde a finales de la dédada de 1870 se fundó un distrito de clase obrera.  En ella, se fabricaban ladrillos, lo que dio el nombre de Brickfield. Allí se congregaron miles de trabajadores de todas las etnias y procedencias que, al no ser cualificados para trabajar en las minas, se dedicaban a la fabricación de ladrillos principalmente. En 1896 ya se había convertido en un suburbio de más de 7000 habitantes. Y una década más tarde, en este mismo lugar, el gobierno permitió a la compañía Ferrocarriles del Sur de Africa Holanda (NZASM) instalar una central para la carga y descarga de mercancías provenientes de las minas. Ello supuso el desalojo de los de los residentes del Brickfield.

Los cientos de trabajadores desalojados junto a nuevos miles que llegaban a trabajar, motivó al gobierno a diseñar un nuevo suburbio justo al lado de Brickfield, llamado Burgesdorp. Al igual que Brickfield, este distrito se convirtió en un lugar donde las clases más populares de las diferentes etnias, culturas y religiones convivieron. La gran variedad de iglesias en el distrito, incluyendo la Iglesia Reformada Holandesa, la Fundación Diocesana de Pretoria, la Iglesia Congregacional de Zulu, la Iglesia Independiente de Ebenezer, una congregación hebrea y una mezquita, ilustra el grado de diversidad en Burgersdorp. Pero, la ubicación estratégica de Burgersdorp no pasó desapercibida y empresas comerciales, bancos, compañías de ladrillo, una fábrica de cerveza, la pesca y la Compañía Imperial Cold Storage se trasladaron a la zona. Tiendas y comedores también se establecieron en las calles de camino a la estación central de ferrocarriles de Braamfontein.

La gran cantidad de pobreza y condiciones miserables que había en la zona hizo que, a principios de 1900, se le llamara “El lado oscuro de Johanessburgo” o la “Cuidad de la pobreza”. Sin embargo, su ubicación en el centro de la ciudad era de gran importancia y muy valiosa para las autoridades, por lo que la administración británica declaro esta zona como “Áreas insalubres”. Esto le permitió al Consejo de la ciudad expropiar las tierras, demoler los edificios y rehabilitar las zonas. Una vez más, las protestas de los residentes no tuvieron éxito y en 1902 se aprobó un plan para reconstruir la ciudad.

En abril de 1904, con la excusa de un creciente brote de peste bubónica, el gobierno decidió quemar completamente el área de Burgesdorp y en octubre de ese mismo año todo el terreno fue replanificado y rebautizado como Newtown, planificada como zona industrial y comercial orientada a las grandes fortunas. Durante la época del apartheid, los residentes indios y africanos de Newtown fueron trasladados a un campamento al sur de Johannesburgo, cerca de las obras de alcantarillado. Este campamento, llamado Klipspruit, fue la primera sección del municipio que hoy conocemos como Soweto.

Newtown albergaría así un gran mercado, el edificio más grande en el país en ese momento, así como una gran central eléctrica frente al mercado que incluía talleres eléctricos, una sala de la turbina, casas para los trabajadores negros y artesanos blancos y, a partir de la década de 1920, dos grandes torres de refrigeración. Newtown vivía así, su segunda gran transformación arquitectónica y social convirtiéndose en un la sala de máquinas de Johannesburgo.

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Una sala de máquinas convertida en una fabrica de arte

En 1970 la ciudad vuelve a experimentar cambios y transformaciones que le llevan a trasladar el mercado y la central eléctrica a las afueras de la ciudad, lo que daría de nuevo un giro radical a la zona. ¿Qué hacer con esas grandes estructuras industriales? Ya para aquel entonces, la ciudad y el país entero ya contaba con grandes artistas de la talla de Miriam Makeba o Alfred Kumalo, entre otros, pero no había un espacio dedicado a la producción cultural. Así pues, la parte oriental del mercado se convirtió en el Teatro del Mercado, el primer teatro no racial de la ciudad. En la parte central del mercado se autorizó el uso de espacio para exposiciones del “African Museum”. Y en la plaza contigua al mercado que lleva el nombre de “Mary Fitzgerald” [1], se instaló un mercadillo “de pulgas”.

Su cercanía a la estación de autobuses — que transportaban a los trabajadores negros de los townships a la ciudad — la ha convertido en una zona de  grandes acontecimientos y protestas. Punto de encuentro claro, Newtown comenzaba a posicionarse como una zona crítica y de creación continua.

Africa Museum

Africa Museum

El Teatro del Mercado, el primer teatro verdaderamente no racial en Johannesburgo, ha sido durante mucho tiempo el centro tanto de obras de teatro locales como internacionales. Las vigas y pilares de estilo eduardiano y los azulejos del antiguo mercado animaron el desarrollo de importantes trabajos y fue un escenario que sirvió de plataforma para algunos de los mejores actores y dramaturgos del país. El tema recurrente del mercado durante estos años fueron las injusticias y el dolor que se vivía con el apartheid.

En 1994 con fin del apartheid, Newtown vuelve a ser objeto de transformación social y con ello su espacio. Muchos actores, músicos y artistas se mudaron allí, por lo que espacio no solo cobró nueva vida, sino un nuevo aire que se respira hasta el presente. En esa década y en apoyo a este flujo natural de creadores, el Consejo de la Ciudad decidió convertir Newtown en un centro cultural y apoyó su rehabilitación como tal. De esa manera, se establecen ahí definitivamente el Museo de África, el Museo de los trabajadores —que da cuenta de la vida y la historia de segregación racial que existía en épocas pasadas—, el famoso club de jazz ‘Kippies’, el Centro del Centenario de Sudáfrica, así como una serie de cafés y bares de moda que entre cimientos de la industrialización, dan vida a nuevas creaciones y expresiones artísticas.

Newtown es ahora una zona de uso mixto con un carácter vibrante y único, sobre todo si se toman en cuenta sus instalaciones culturales.

Newtown Cultural Precinct, Johannesburgo

Hoy en día el complejo alberga, además de los complejos arriba mencionados, el consejo Nacional de Artistas, la fabrica de Danza, El Mercado Taller de fotografía, La Bus Factory, así como tres salas y dos galerías de arte. Los sábados por la mañana el “mercadillo de pulgas” sigue siendo un punto de encuentro.

La transformación de una zona industrial en un espacio para la creación y el arte, no sólo dan cuenta de la transformación social que ha vivido este suburbio sino todo el país y así Newtown se ha convertido en el corazón cultural de Joburg, en una fabrica de arte y uno de los rostros más cambiantes de la ciudad.

Aquí les dejo el video promocional del nuevo Newtown y abajo unas fotos

ver más videos de Newtown
[1] María Fitzgerald una activista de principios del siglo paso quien defendió los derechos de los trabajadores y en especial los derechos de las mujeres y que llegaría en 1920 a ser regidora de la ciudad.

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Fuentes: Newtown, Joburg,

Áfricas: Nueva cartografía

La hibridación entre naturaleza y urbe. Fuente: worldalldetails.com

La hibridación entre naturaleza y urbe. Fuente: worldalldetails.com

 

La ironía del desconocimiento rompe eslabones una y otra vez cuando nos acercamos al Sur del Sahara. Es cuando el francotirador entra en escena. El azote de realidad es tan inesperado que al desestereotipar nuestros imaginarios y narrativas quedamos sin herramientas de análisis. ¿Cómo enfrentarnos al fenómeno de los cambios arquitectónicos en las urbes contemporáneas africanas? Recurrir a la comparación fácil, a la balanza de “aquí se hace así” y que “nuestro modelo de ciudad” es exportable a cualquier esquina es una implosión de ego que ciega y destruye. Una alternativa responsable y humilde a este lado del hemisferio sería, por lógica aplastante, humedecer nuestra percepción y aplicar una buena dosis de escucha activa con los profesionales que trabajan en el terreno. En nuestro artículo de hoy de artivismo queremos conocer de cerca a uno de los arquitectos más influyentes de su generación y que está planteando una nueva cartografía crítica del espacio africano: David Adjaye.

David Adjaye. Fuente: http://elbloc.net

David Adjaye. Fuente: http://elbloc.net

Puede resultar paradójico pero sería una de las esencias del cosmopolitismo: tener unos padres ghaneses, nacer en Dar es-Salaam, Tanzania, y residir en Londres. Este menú continental es lo que le ha proporcionado a David Adjaye, de 46 años, una visión adaptada al escenario políglota, multicultural e híbrido que es el continente africano. Aunque a menudo pasemos de puntillas por las cátedras que postulan los numerosos rankings que dan cancha a reportajes curiosos, valga la excepción de hoy para hablar de este personaje que encabeza la sexta edición de la lista elaborada por Power List colocándolo como la figura negra más influyente en 2013 en el Reino Unido.

Adjaye, que comenzó en 1999 el periplo de visitar y analizar cada una de las 53 capitales africanas -ahora suman 54 con Sudán del Sur-, aporta en cada trabajo una mirada renovada y explicativa, síntesis que ha quedado compilada en su obra Arquitectura metropolitana africana, editado por Rizzoli. Este trabajo se convierte en una herramienta para reivindicar los nuevos espacios urbanos en las metrópolis africanas. Una nueva visión activa de la arquitectura en el continente para evocar las transformaciones económicas, demográficas y arquitectónicas que se han abierto en África.

Lo que este artista de la escuadra y el cartabón nos propone es visualizar el continente en seis grandes áreas geográficas en las que se puede apreciar, salvando las distancias entre países, un tipo de arquitectura particular. “Y hasta que no aceptemos la diversidad africana no comprenderemos nada”, explicaba Adjaye en una entrevista a la revista Courrier International en el último de sus números especiales dedicado a África (marzo-abril-mayo 2013). El norte con el Magreb, la zona saheliana, el desierto, la sabana, la zona boscosa y la parte de montaña. Esta cartografía simplificada es lo que conduce al tanzano a afirmar, no sin polémica en los círculos africanistas, que de las características geográficas deriva la cultura: “Creo que a veces se han exagerado las particularidades históricas. Las gentes pueden hablar diez lenguas diferentes, pero si ellos trabajan la tierra de la misma manera y cultivan las mismas cosas, tendrán el mismo tipo de cultura”. El debate está servido.

 

 

 

Desde que creó su propia agencia en Londres, Adjaye Associates, en el año 2000, este arquitecto ha diseñado talleres de artistas, locales comerciales y edificios públicos como el Centro Nobel de la Paz en Oslo, el museo de arte contemporáneo de Denver, la escuela de comercio de Skolkovo, cerca de Moscú o, la más esperada: el Museo nacional de historia y cultura afroamericana en Washington que abrirá sus puertas en 2015. Pero su gran empresa es recorrer la arena académica y otros foros no tan especializados en Europa y América del Norte para mostrar imágenes de África generalmente nunca vistas desde el prisma de la arquitectura. “Mil millones de personas que viven aquí y muchas personas en Occidente se quedan estupefactas por no tener la menor idea de lo que puede parecer una ciudad africana”, subrayaba crispado Adjaye para la revista francesa. Lo cierto es que frente a los retos ecológicos y de infraestructuras públicas que en ocasiones son inexistentes o deficitarios, una parte del continente como Kenia, con su Silicon Savannah (de la que hablamos en Wiriko) o más recientemente Ghana, con su Hope City apuestan por megalópolis y centros administrativos adaptados a la época del café expres contemporáneo. Está por ver si, como definen los teóricos más sociales de la disciplina, la arquitectura contribuye a estabilizar el enlace con los ciudadanos.

 

Woodstock: arte, transformación social e industria

Hoy nos acercaremos al barrio de Woodstock en Cape Town (Sudáfrica), interesante por el proceso de transformación social que está viviendo. Antes hagamos un breve repaso histórico del surgimiento del barrio. Woodstock era una zona habitada por la etnia khoi-khoi antes de la llegada de los holandeses en el siglo XVII. El establecimiento allí del holandés Pieter van Papendorp en el siglo XVIII, dio lugar al nombre de la ciudad “Papendorp”, llamándose posteriormente Woodstock, su nombre actual, por la influencia de los británicos. Durante ese siglo se fueron creando granjas en los alrededores del Devils Peak, tres de ellas (Zonnebloem, Leliebloem y Roodebloem). A mediados del siglo XIX, especialmente después de la llegada de la línea ferroviaria, Woodstock se convirtió en el barrio de moda costero con una playa que se extendía hasta el Castillo de Buena Esperanza.

 

Playa de Woodstock (1940)
Foto: I Love Woodstock

 

Se fue transformando en una ciudad obrera, industrial y de población de clase baja, que abastecía a las tropas británicas durante las guerras Anglo-Bóers a finales de siglo XIX, convirtiéndose así en un municipio independiente y posicionándose como la tercera ciudad más grande de Sudáfrica. Era además, receptora de la inmigración del los países vecinos del sur de África. La recuperación de tierras a gran escala de parte de Table Bay para crear la playa de Ciudad del Cabo a principios de 1950, acabo provocando la desaparición de la playa de Woodstock, lo que supuso una gran pérdida para sus vecinos, y una reconversión definitiva hacia la industria.

Woodstock, sin embargo, logró permanecer relativamente integrada durante el Apartheid y se salvó de ser declarada por completo “área sólo para blancos” con las mudanzas forzosas y la demolición de casas que ello conllevaba, como ocurrió en otras zonas de la ciudad. Era considerada “zona gris” por la convivencia entre población negra y blanca, y los setenta fueron años en los que se sentaron las bases para una futura renovación urbana que está teniendo lugar desde los años noventa.

Woodstock hoy

Apreciado por su ambiente bohemio y artístico, Woodstock es sin duda, uno más de los barrios interesantes de Cape Town en la actualidad.

Llama la atención la colorida arquitectura victoriana de Upper Woodstock, típica de la época británica, habitada tanto por estudiantes y jóvenes que se han ido asentando en la zona, como por una nueva burguesía que ve en el barrio varias ventajas, entre otras, su proximidad al centro de la ciudad. Lower Woodstock, separada de Upper por la gran Victoria’s Road es la zona baja del barrio, donde las viviendas son más pequeñas, normalmente habitada por población más pobre y donde se puede encontrar más fácilmente un ambiente multi-étnico.

Sus dos grandes calles principales Victoria’s Rd y Albert’s Rd, ambas paralelas al puerto comercial, contienen gran parte de la vida cultural y social del barrio. El paisaje industrial de éstas, contrastan enormemente con las casas de victorianas de Upper. Edificios industriales, una gran cantidad de talleres de carpinteros y tiendas de muebles (seguramente sea lo que le de nombre al barrio), grandes supermercados, concesionarios de coches y alguna que otra tienda de abarrotes, van configurando las grandes avenidas.

Gran cantidad de edificios industriales y de casas victorianas, han sido reconvertidas en grandes naves de galerías de arte, arte urbano, moda, diseño, productoras audiovisuales, etc. Tal es el caso de Ruth Prowse School of Art, antigua granja Roodebloem, fundada como escuela de arte durante los setenta por el artista Erik Laubscher. O el ‘Old Biscuit Mill’, mercado semanal albergado en una antigua fábrica de galletas del siglo XIX, donde se puede encontrar desde comida ecológica y de diferentes partes del mundo, hasta agricultores, panaderos, tiendas de diseños y creaciones propias, y pasar un buen rato tomando un vino sudafricano.

El Woodstock Industrial Centre, era un edificio industrial abandonado en Alberts Rd, y hoy en día es un punto de encuentro de artistas a nivel nacional e internacional, un lugar donde exponer sus obras y un espacio de creatividad compartida. La antigua fábrica de una de las cervezas más populares de Sudáfrica, The Old Castle Brewery, diseñada en 1901 por el arquitecto e ingeniero neoyorquino H Steinmann, es hoy en día un espacio de viviendas y de trabajo.

Estos son algunos ejemplos de la reconversión arquitectónica y social que se está dando en este suburbio de Cape Town y que, como todo proceso gentrificador, no está exento de críticas. Este artículo de Mail & Guardian explica bien cuáles son algunas de éstas críticas y las consecuencias de este proceso para sus habitantes, a saber, subida en los precios de las viviendas, de los comercios, inaccesibilidad de los espacios artísticos, etc.

Muchos vecinos del barrio critican que iniciativas como el Old Biscuit Mill, sólo benefician a comerciantes foráneos y no a los habitantes de Woodstock y que los visitantes no están interesados en otras zonas del barrio, y que por lo tanto este proceso de gentrificación no revierte positivamente en la población local.

El arte urbano protagoniza el paisaje de Woodstok

Pero no todos son centros y edificios industriales de arte en el barrio. Basta con darse un breve paseo por él, para darse cuenta que hay grandes obras de arte que amenizan las fachadas de los edificios.

Quizá sean iniciativas como I Art Woodstock, proyecto llevado a cabo por Ricky Lee Gordon (A Word of Art) – del que hablamos en otro de nuestros artículos– que se encarga de traer artistas de todas partes del mundo para pintar murales en Lower Woodstock, las que den esa gran particularidad al barrio. Este proyecto, por ejemplo, involucra a niños y jóvenes de los suburbios y cumple bien su objetivo de llamar la atención de los transeúntes para que den  un paseo por las calles de Lower, quizá menos transitadas.

A continuación adjuntamos varios ejemplos de arquitectura y artes en el barrio:

 

Fuentes: