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Siaka Soppo Traoré, de Dakar a Barcelona

Cualquier lugar del mundo suele asociarse a una imagen; y gran parte de la población comparte esos mismos imaginarios colectivos que se acercan mucho a la realidad pero que, a menudo, también pueden distorsionarla. Y es que cuando se habla de África, las únicas imágenes que nos vienen a la mente están repletas de miseria, subdesarrollo, guerras y hambre. Lo que no cabe en nuestra imaginación es que algunas de las urbes africanas son las que más han crecido en los últimos años, no solo a niveles demográficos, sino también económicos. El continente se encuentra en ebullición constante y las calles de las ciudades demuestran, día tras día, su frenético movimiento. Un movimiento que no ha escapado de los ojos del fotógrafo y bailarín Siaka Soppo Traoré y que ha captado a la perfección en las fotografías de la exposición Actual Africa que ha acogido la galería Out of Africa, de Sitges.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Originario de Burkina Faso, el artista descubrió la fotografía cuando era niño, de la mano de su padre y los retratos que sacaba de toda la familia, pero no decidió dedicarse a ella hasta que terminó sus estudios y lo animaron a aprender de forma autodidacta. Creció en Togo, pero se marchó a estudiar a Senegal, dónde también descubrió la danza hip-hop y la capoeira. “Gran parte de mi infancia estuvo marcada por la danza, me llamaban Micheal Jackson porque siempre imitaba el moon walk. Más tarde tuve la suerte de descubrir la danza urbana, el hip-hop, que me impresionó, y la capoeira. Bailo por diversión, me hace sentir bien, no soy profesional, pero sí he formado parte de un grupo profesional en Dakar que se llama Indahouse Dakar”, explica Siaka para Wiriko.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

En su trabajo, Traoré ha unido la danza y la fotografía para captar la ebullición permanente de una calle en la que vivimos y que es el centro de nuestro día a día, pero a la que no prestamos atención e incluso despreciamos. El artista se ha dedicado a fotografiar a los bailarines urbanos senegaleses en acción, y ha desafiado las leyes de la fotografía estática para presentarles como auténticos héroes contemporáneos. A menudo, estos bailarines no están bien vistos ni gozan de ningún tipo de reconocimiento en la sociedad; pero a través del objetivo de Traoré, que pretende hacer evolucionar esta idea, vemos reflejados los valores positivos de la calle, el esfuerzo y la pasión que requiere esta disciplina artística. “La calle representa la inter conexión de un sinfín de posibilidades en la vida. Los bailarines representan la fuerza y la mente en movimiento”, cuenta. Una mente en movimiento constante que está presente en todo el continente.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Su punto de vista pretende dar un paso más y no quedarse en el plano puramente estético. “Más allá de su efecto visual, me intereso por el impacto social de esta forma de expresión artística”, afirma. “Expreso mi estado actual, mi visión a través del cuerpo y del movimiento”. Según Siaka Traoré, los bailarines urbanos de Dakar “nos pueden enseñar que todos pertenecemos a un plano material, que la belleza se puede encontrar en cualquier parte y que el cuerpo es increíble”.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Traoré expuso por primera vez estas fotos en 2014, durante el OFF de Dak’Art, la bienal de Arte Contemporáneo Africano, en la exposición SUNU StreetNuestra calle– que acogió la galería Atiss. En 2016, Siaka recibió el Premio Orange del Mejor Fotógrafo Digital y actualmente también se dedica a la moda, por lo que se ha convertido en uno de los fotógrafos más solicitados. Para la exposición en Sitges, que compartió con el artista francés, Sébastien Bouchard, los propietarios de la galería Out of Africa, Sorella Acosta y Jacques Collaer, se encontraron con el artista en su estudio de Dakar para proponerle una exposición que mostrara la capital senegalesa en la actualidad.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Pero el artista decidió ir más allá y, después de la inauguración de la exposición, también nos propuso algunas fotografías tomadas en la ciudad de Barcelona. “He desarrollado el trabajo fuera de África con un bailarín que se llama Jordi. Nos conocimos en la inauguración de la galería en Sitges, su estilo de baile me gustó y decidimos trabajar juntos. Eligió un lugar que le gustaba de Barcelona y yo me adapté a su movimiento”, cuenta. Con todo, Traoré se lleva de Barcelona la arquitectura de la ciudad y sus colores.

El palmarés del FESPACO 2017

Palmarés Fespaco 2017

Mejor largometraje: Félicité, de Alain Gomis (Senegal)

La película senegalesa Félicité del franco-senegalés Alain Gomis ha ganado la 25ª edición del FESPACO, el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (Burkina Faso). Sin duda, Gomis se ha convertido en uno de los directores africanos de referencia. En 2013 se volvió a llevar el máximo galardón, el Étalon de oro de Yennenga por su película Tey (Hoy). Y además Félicité se presenta como una de las películas del 2017: el 18 de febrero, le adjudicaban en el marco de la 67ª Berlinale, el Premio del jurado.

Félicité es el cuarto largometraje del realizador de 44 años afincado en Francia, quien también dirigió L’Afrance (2002) y Andaloucia (2007).

Premio de plata: L’orage africain, de Sylvestre Amoussou (Benín)

 

Premio de bronce: A mile in my shoes, de Saïd Khallaf (Marruecos)

 

¡Mejor guión

 


Mejor documental: Kemtiyu -Cheikh Anta, de Ousmane William Mbaye (Senegal).

Si queréis conocer más sobre el último trabajo de Mbaye, no olvidéis este artículo.


Mejor serie: Tundu Wundu, de Moussa Diallo (Senegal)

 

 


Mejor cortometraje

Oro: Hymenee, de la directora Violaine Maryam (Marruecos)

Plata: The bicycle man, de Twiggy Matiwana (Sudáfrica)

Bronce: Khallina Hakka Khir, de Mehdi M. Barsaoui (Túnez)

Mención especial: A place for myself, de Marie Clémentine Dusabejambo (Ruanda)

 


Mejor actriz: Nafissa Ben Chada por su papel en À la recherche du pouvoir perdu (Marruecos)

Mejor actor: Ibrahima koma por su interpretación en Wulu (Malí)

Mejor sonido: Félicité (Senegal)

Mejor escenario: La forêt du Niolo, de Adama Roamba (Burkina Faso)

Mejor musica: Le Puits, de Lofty Bouchouchi (Argelia)

Mejor imagen: Zin’naariya, de Rahmatou Keita (Níger)

Y… el mejor póster ha sido para The Lucky Specials

 

 

FESPACO: La fiesta de los cines africanos

Foto: u p p e r l a b

“Dios no es un terrorista”. A ritmo de reggae unas declaraciones como esta provocan menos irritación. El marfileño Alpha Blondy electrificó a los 5.000 asistentes que presenciaban el acto de inauguración del FESPACO, el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (Burkina Faso) mientras coreaban al unísono “rocking time in Uagadugú”. Blondy en varias ocasiones se había mostrado muy crítico contra el gobierno del antiguo presidente Blaise Campaoré por lo que su concierto desprendió tintes políticos y activistas. “He venido a cantarle a Sankara”, afirmó.

Costa de Marfil, es el invitado de honor de este evento que cada dos años se da cita en Uagadugú, la bautizada como capital de los cines africanos. La ciudad asfaltada de tierra rojiza y palmeras se fundirá hasta el próximo 4 de marzo entre los carteles de las películas que se proyectarán, los vendedores ambulantes, los pequeños mercados, los cines improvisados, y una gran presencia policial y militar para contrarrestar un posible ataque yihadista que hace un año dejó 33 muertos en Burkina Faso. De ahí el grito de Blondy: “Dios no es un terrorista”. En estos días, la fiesta africana del séptimo arte refresca la memoria de que en el continente se están produciendo auténticas joyas del cine y los profesionales del sector, aficionados y curiosos saben que el FESPACO es cita obligada para tomar el pulso a la ya de por sí complicada industria. Esta 25ª edición es toda una declaración de intenciones, así lo demuestra el lema: “Formación y oficio del cine y el audiovisual”.

En total, 164 películas compiten en varias secciones, incluyendo los 20 largometrajes de 15 países que optarán por el Étalon de Yennenga (Semental de oro), en su mayoría películas en francés, 4 de habla inglesa y ninguna en portugués. Cabe destacar el retorno de Níger, Camerún y Tanzania al prestigioso concurso al mismo tiempo que mencionar la gran ausente de esta edición: Nigeria. En la rueda de prensa que tuvo lugar en enero en París se comentó que los cineastas nigerianos se habían centrado en la rentabilidad de la producción a expensas de lo artístico. No obstante, la muestra que desde hace algunos años ofrece el festival Nollywoodweek en París –del que Wiriko es medio oficial– continúa defendiendo que no todo lo que se hace en Nollywood es de poca calidad.

De la selección al mejor largometraje, el país anfitrión será el mejor representado con la apuesta de tres películas de jóvenes realizadores: La Forêt du Niolo, de Adama Roamba; Thom, de Tahirou Tasséré Ouedraogo y Frontières, de Appolline Woye Traoré; trabajos que caminan entre las explotaciones mineras ilegales, el sufrimiento de vivir en las grandes ciudades o el comercio fronterizo, respectivamente. Costa de Marfil presenta la intriga política con Innocent malgré tout, de Kouamé Jean de Dieu y Kouamé Mathurin, y L’Interprète, de Olivier Melche Koné. Dos países del Magreb participan también: Marruecos, con A Mile in My Shoes, de Saïd Khallaf y A la recherche du pouvoir perdu, de Mohammed Ahe Bensougat; Túnez con Lilia une fille tunisienne, del veterano Mohamed Zran.

Y dos apuestas que pueden ganar alguno de los premios principales: uno, el trabajo del franco-senegalés Alain Gomis, quien presenta Félicité, película que hace unos días conseguía el premio del jurado en la Berlinale, un drama en ubicado en Kinshasa, la capital de la RDC; y dos, la intencionalidad del franco-maliense Daouda Coulibaly al arriesgarse con Wulu, un trabajo sobre drogas y gángsters en Malí, una historia delicada y arriesgada que sitúa en el debate la financiación de los terroristas que operan en la franja saheliana a partir de la cocaína.


Más información en la página del FESPACO

O en los canales de Wiriko donde os estaremos informando de los premios durante este fin de semana.

“El culo del sistema es demasiado grande o el pene de la revolución demasiado pequeño”

“A un músico le sería muy fácil ser un político relevante. Salimos en la TV, en la radio, nuestras caras son conocidas y el contacto con el público más directo. Youssou N´Dour es un buen ejemplo, aunque no haya sido un buen político. Otro ejemplo es Coluche en Francia. Incluso el propio Sankara era músico…”, confiesa Smockey, rapero, activista y fundador de le Balai Citoyen, a Wiriko durante su visita a Madrid, el pasado mes de diciembre.

Smockey. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera/Wiriko.

Serge Bambara, el hombre que se esconde detrás de Smockey, se define a si mismo como ciudadano antes que músico y explica su sentido de la responsabilidad ciudadana con el ceño fruncido y citando a uno de sus personajes de referencia, el periodista de investigación Norbert Zongo, asesinado en 1998 durante el gobierno de Campaoré, que decía: “No hay futuro para nadie, en un país sin futuro”. Parece lógico, pero….“Burkina es un gran país, pero no es lógico. Todo se ve. La miseria es visible, la corrupción es visible… Nadie se esconde. La impunidad es visible, la opresión es visible. Puedes cerrar los ojos y no ver nada. O lo dices. Nosotros decimos lo que vemos. En Europa tratan de acallar a la ciudadanía compartimentándola y dándoles un mínimo de confort. Esta segmentación se ve en la misma arquitectura, en la estructura de las ciudades europeas. Aunque no es el mismo nivel de pobreza que en África, el sufrimiento de los pueblos europeos es equivalente al sufrimiento de los africanos. Pero tienden a callarse porque no están acostumbrados a decirlo, a revolverse”.

¿POR QUÉ HA SIDO POSIBLE UNA REVOLUCIÓN EN BURKINA?

Aunque su mirada demuestra que lo tiene clarísimo, comienza con un quizás. “Podría  ser porque el pueblo burkinabés ha sido tradicionalmente un pueblo muy politizado a nivel de conciencia, en continuo debate político. Nuestra historia es rica en levantamientos populares. No es nada nuevo. Somos conscientes de que el problema es político y por tanto la solución debe ser política. Con las personas adecuadas en los lugares adecuados. Hay otros países como Congo, que son muy ricos, donde la solución puede no ser obligatoriamente política, puede ser económica. Si la cosa va mal pueden ir al bosque y servirse directamente. Pero nosotros vivimos en la sabana, no hay bosques para refugiarnos si la cosa va mal…”, dice riendo mientras se encoge de hombros.

Y de forma tan rápida como natural se colma de solemnidad para volver a nombrar a sus personajes modelo: “Tenemos buenas referencias como Thomas Sankara que dejó escritos, discursos, actos heroicos, que dió la vida por su país. Como Norbert Zongo. Él decía que hay dos tipos de hombres: Los hombres “en femenino” cuya masculinidad sólo se revela cuando están cerca del calor de una mujer, que no tienen cojones. Nosotros no somos cobardes, somos hombres “en masculino”.  Hay que entenderlo bien…esto es aplicable también a los ovarios”.

¿DÓNDE ESTÁN LAS MUJERES REVOLUCIONARIAS?

Es un hecho que en Burkina Faso hay pocas mujeres políticamente comprometidas. Todas las dinámicas que se pusieron en marcha por la emancipación femenina durante el gobierno de Sankara quedaron reducidas a cero durante los 27 años de dictadura posteriores, quebrando el movimiento de resistencia y la unión de las mujeres de Burkina. Serge lo explica con un mueca triste:

“De un poder revolucionario se pasó a un poder capitalista liberal, al clientelismo político. Todo el mundo comprendía, no sólo las mujeres, que se hacía política por dinero forzosamente al lado del sistema y del poder. Las pocas mujeres que entraron en política fue dentro del partido mayoritario. El único puesto durante el gobierno de BC ocupado por una mujer fue en el Ministerio de la acción social y femenina, de la promoción de la mujer. Y eso es todo. Campaoré capacitó a las mujeres en política como simples servidoras del sistema y recompensó a las más avariciosas. Así que las mujeres en general se concentraron en proyectos de comercio, micro-proyectos para desarrollar sus pueblos, pequeñas industrias”.

La estructura base de La Balai Citoyen es el Club Cibal (Contracción de Citoyen- Balai) donde se llama a los hombres cibal y a las mujeres cibelle (juego de palabras en francés “tan bonita”). “Quisimos respetar cuotas del 50% dentro del Club Cibal, pero no llegamos, no hay tantas mujeres, aunque el porcentaje empieza a crecer. La paridad llegará a través del ejemplo y de momento faltan los ejemplos…”.

Smockey. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera/Wiriko.

CAMBIAR NO ES FÁCIL

Tras la insurrección popular de 2014, un año de gobierno de transición y un intento de golpe de Estado, en las elecciones presidenciales resultó elegido Roch Marc Christian Kaboré, ministro y asesor del anterior dictador. A Smockey le parece evidente que no es fácil cambiar, pero… “o elegíamos hacer una revolución violenta, armada ¡Bum! y conseguir lo que queremos, o elegíamos hacer una revolución pacífica. El proceso es mucho más largo, pero mucho más jugoso, es como los preliminares…”, y ríe con picardía.

“Hay que decir que es el pueblo burkinabés el que ha elegido este gobierno. Desgraciadamente. Pero hemos jugado las cartas de la democracia. Hemos participado en las elecciones y estamos seguros de que han sido transparentes. Y ahora todo el mundo se queja, pero algo fundamental ha cambiado para el pueblo burkinabés: sabe que posee la rabia y la fuerza para cambiar las cosas. Y hoy sería imposible para un político hacer lo mismo que hizo Campaoré porque como decimos en mooré: “Los ojos están abiertos”.

Sin dar puntada sin hilo, para titular su último álbum ha concentrado en una sola palabra, PREVOLUTION, las tres etapas que toda revolución debería tener. “Premonición: color amarillo, se trata de imaginar el futuro, de ver los problemas antes de que lleguen para poder resolverlos. Es la organización. Revolución: color rojo, es la acción. Y la evolución, que es el color verde, es lo que permite el verdadero cambio”.

“Siempre hubo revoluciones pero al final las mismas causas producen los mismos efectos y se corre el riesgo de acabar como Sísifo. La cuestión es salir de ese círculo vicioso, el problema es que… O el culo del sistema es demasiado grande o el pene de la revolución es demasiado pequeño. Y así no se puede joder el sistema.”

Pocos conocen la faceta musical del revolucionario burkinabés Thomas Sankara.

Sin embargo durante un año de gobierno de transición en Burkina muchas cosas han cambiado. El gobierno es enteramente civil y no puede presentarse durante más de dos mandatos, se ha disuelto la RSP (guardia presidencial) que aterrorizaba al país, la reforma del código minero, la prohibición de regalos durante las campañas electorales, un militar no podrá presentarse a las elecciones presidenciales y se han reabierto los casos Zongo y Sankara.

¿POR QUÉ NO ENTRAN EN POLÍTICA LOS REVOLUCIONARIOS BURKINESES?

Los estatutos de La Balai Citoyen prohíben expresamente la actividad política como partido o dentro de las instituciones para evitar la corrupción del movimiento. Smockey lo tiene clarísimo: “Nosotros ahora estamos en el estado de Evolución. Somos conscientes de que no podemos ser simples centinelas y esperar que las cosas cambien. Tenemos que encontrar soluciones para orientar a los políticos. Pero no podemos hacer lo mismo que PODEMOS, entrar en política. No es posible vigilar una casa y a la vez disfrutar de la calefacción”.

La Balai es un movimiento joven: “No queremos trabajar con la vieja guardia de la política, así que hemos empezado a ir a los institutos porque dentro de 4 años estos alumnos serán mayores de edad y podrán votar si son conscientes políticamente y representar una fuerza real. Ese es nuestro objetivo”.

Pero atacar al stablishment tiene un precio. Smockey ha sufrido ataques directos, como el incendio provocado de sus estudios “Abazon” y contínuas campañas de descrédito: “Incluso pagan a personas para publicar mentiras y  lo peor es que funciona. Dicen de nosotros que estamos en la música comprometida para ganar dinero. Y es verdad, se gana dinero. Nunca quise dar la imagen de militante miserable con una camiseta rota. Porque soy consciente de que es lo único que se puede hacer en África para que la gente quiera parecerse a ti”. Y bromea: “El capitalismo triunfó porque llevaban esas corbatas tan bonitas”.

HAY QUE CONSUMIR LOCAL

Smockey con el atuendo de la tela llamada “Ya llega Sankara”. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera/Wiriko.

En casi todas sus canciones Smockey introduce cantos e instrumentos tradicionales, como el Balafón, Kora, Tama. Y sobre el escenario visten Faso Danfani, el tejido de algodón tradicional de Burkina Faso. Conscientes de que sus jóvenes fans les imitan, hacen una apuesta por lo local dando  ejemplo. Como ya hizo Sankara que obligaba a diplomáticos y funcionarios a vestir Faso Danfani. El tejido acabó conociéndose como “Ya llega Sankara” porque todos se cambiaban cuando estaba a punto de llegar el presidente.

“Un país no puede desarrollarse si no consume lo que produce. Hay que consumir local, no solo por patriotismo, sino porque los productos son buenos. Hay que invertir en eso”.

REVOLUCIÓN CUBANA, UN MAL EJEMPLO PARA SMOCKEY

Reconociendo que muchos de sus camaradas no están de acuerdo con su opinión crítica dice: “Bueno, fue un símbolo de la resistencia contra el imperialismo y todos los que hemos luchado sentimos un pinchazo en el corazón. Pero el tema de la jubilación anticipada en política…  (ríe con desencanto y menea la cabeza). Creo que supo llegar y que no supo irse. El pueblo cubano ha realizado un gran sacrificio y yo no estoy dispuesto a todos los sacrificios, sobre todo si son colectivos. Una persona se puede sacrificar, pero  no se puede obligar a un pueblo a sacrificarse durante décadas. Los buenos políticos establece instituciones que siguen funcionando incluso cuando la persona ya no está. Pero deben saber  irse, deben poder irse. Como Kagame en Ruanda, que ha resistido fuertemente el imperialismo y ha acabado convirtiéndose casi en un dictador, aunque digan que es el país más desarrollado de África, ¿compensa?”.

LAS “OTRAS” OLAS REVOLUCIONARIAS EN ÁFRICA

Numerosos movimientos ciudadanos de resistencia surgen y crecen a lo largo del continente africano: Y´en a Marré en Senegal, LUCHA en Congo, Pawa254 en Kenya, etc. La mirada de Smockey brilla cuando habla de ello: “En Congo LUCHA funciona muy bien. Y en Chad están pasando cosas también. En Togo comienzan a moverse, bueno, siempre se han movido, y eso que allí tienen un gobierno muy represivo. Estamos organizando una reunión en Dakar con otros movimientos activistas, a ver cómo podemos elaborar una estrategia. Nosotros podemos hablar, llevar nuestro testimonio, hablar de nuestra experiencia, pero no podemos intervenir  directamente. Muchas veces ni nos dan el visado, así que es complicado”.

Así es Smockey, el artista que ha usado el arma que mejor conoce, la música, como estímulo subversivo, para tocar almas y levantar conciencias, para dar voz a un pueblo que se ha convertido (otra vez) en un referente para el resto de África.

Así es Serge Bambara, el hombre íntegro que recogió el testigo enterrado de la revolución y lo convirtió en escoba. Un soñador con lo ojos abiertos y los pies firmes sobre la tierra roja de Burkina Faso.
En fin, un chute de viagra para las nuevas revoluciones africanas. Que se prepare el sistema…

La ¿reinvención? de las salas de cine africanas

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Ana María Navarro Marzal

Foto: http://openaircinema.org/

Foto: http://openaircinema.org/

Con el comienzo del nuevo siglo, son muchas las voces y expresiones desde el continente africano que pretenden recuperar su propia imagen arrebatada durante siglos de esclavitud, décadas de colonialismo y  años de guerras. La cultura, a través de sus múltiples manifestaciones, y a lo largo de la historia, se ha convertido en una poderosa herramienta de revolución, de denuncia y de reconciliación. El cine en África ha representado desde la época colonial al testigo elocuente que retrató primero al África que Occidente veía y después al África que los propios africanos sentían. De esta manera, las primeras salas de proyección cinematográfica llegaban a las colonias africanas de la mano de sus colonizadores con la “velada” intención de “blanquear” a la población negra y de convencerla de las bondades del régimen colonial para legitimar su presencia.

Conquistadas las independencias en las décadas de los 60 y los 70, los cines africanos realizados por africanos se convirtieron en una poderosa expresión para reconstruir la identidad, pero también para denunciar la corrupción de los gobiernos de las nuevas naciones independientes. Las guerras civiles que castigaron a muchos de estos jóvenes países tras sus independencias asolaron el panorama cinematográfico que hasta entonces se había desarrollado y desde finales de los 70 hasta los 90, en África era difícil producir cine y mucho más aún, poder ver cine.

Muchas de aquellas salas de proyección de cine que habían acompañado el tiempo de colonia y posteriormente el tiempo de la emancipación colonial, fueron destruidas y saqueadas durante los conflictos. Aquellas salas que habían vivido momentos de esplendor artístico, que habían permitido que la infancia de muchos africanos estuviera vinculada al cine, se desmoronaban bajo el impacto de la metralla y la violencia del saqueo, como si de la profanación de un templo se tratara.

 

El ejemplo de la capital del Chad

El realizador chadiano Mahamat-Saleh Haroum en su película Bye, Bye África (1999), nos muestra a la capital, Yamena, con sus salas de cine, aquellas que formaron parte de su infancia, cerradas, derruidas, decadentes. – “¿Dónde están las salas de mi infancia?”, se pregunta el director. “Estaba el Normandie, también el Shéhérazade, el Río, el Vog, que ahora se transforma en un lupanar y Le Etoile…”, recuerda en una reflexión mientras filma con su cámara lo que queda de estos lugares tras los acontecimientos del 79 y del 80 en Chad. Haroum nos desvela en su película otro mal del que adolece el cine en su país, de la mano de su amigo Garba, proyeccionista de Le Normandie: “Nunca vemos tus películas, ni otras películas africanas.”, le confiesa Garba a Haroum. “Es obvio que el cine se está largando, aquí en D´jamena todo se cae a pedazos”.

A pesar de ello, Haroum nos deja un mensaje positivo sobre el futuro del cine en el Chad. En la entrevista que mantiene con la actual propietaria de la sala de cine Le Etoile, Soraya Hamadani, que construyó su padre y que actualmente permanece cerrada, ella que se confiesa cinéfila, sueña con volver a reabrir Le Etoile. Reflexiona sobre el futuro un poco sombrío que se cierne sobre el cine en El Chad. La presencia de muchos televisores, vídeos,  antenas parabólicas facilitan el que películas recientes puedan verse a través de medios televisivos. Pero a pesar de ello, confía en que la reapertura de la sala funcione.

Y anima a Haroum a seguir haciendo películas sobre su país, a dignificar a su país a través de su cine. “Podríamos unirnos para hacer algo nuevo, aportar un soplo diferente, creo que la juventud chadiana lo espera. Dios mediante, podré volver a abrir la sala Etoile con sus películas, naturalmente”, le espeta cómplice a Haroum.

 

FESPACO como espejo del presente

Foto: http://www.africatopsuccess.com/

Foto: http://www.africatopsuccess.com/

Del Chad a Burkina Faso, y unos años después (2012) podemos comprobar cómo los problemas que afectan al cine en el continente africano actualmente, tienen un denominador común. En el contexto de la celebración del Festival FESPACO, en Burkina Faso, una entrevista con Zakaria Gnegne, gerente de la sala de cine Emergence en el barrio Wemtenga de Uagadugú, analizaba las dificultades por las que atraviesa la industria cinematográfica: “Falta de apoyos en la producción, distribución, y en la promoción; falta de capacitación, de formación específica; también habría que renovar las salas, equiparlas con verdaderas máquinas de proyección y mejorar también la calidad del sonido”, explicaba Gnegne. También revelaba que ahora las películas que tienen éxito son las africanas. Gnegne, en base a su experiencia, resaltaba una nueva concepción para la proyección de las películas en las salas de cine: “Hay que crear eventos alrededor de las exposiciones cinematográficas”.

Todo este recorrido testimonial y visual invita a repensar nuevos caminos para los cines africanos que desde la década de los 2000  comienza a surgir con fuerza en el continente gracias, entre otros factores, al aumento de las producciones realizadas a través de las cámaras digitales que han abaratado los costes. La descolonización de las mentes solo se puede realizar si hay previamente una desconstrucción del sistema dominante, para ser sustituido por un nuevo paradigma en la construcción de la identidad.

El cine como concepto multidimensional

En este tiempo de rápidas dinámicas, en gran parte facilitadas por las nuevas tecnologías, en este tiempo de desafíos globales, el cine y la cultura son reflejo de las sociedades que las producen. En África cada vez se demandan más cines africanos pero, al mismo tiempo, África es un exponente vivo de infinitud de manifestaciones artísticas. Podríamos repensar todas esas salas de cine africanas para devolverles un nuevo esplendor, como espacios de arte, abiertos, vivos, plurales, de vanguardia, participativos y participados. Crear eventos alrededor de la proyección cinematográfica. Esta idea nos da la clave para repensar el cine y la cultura en todas sus manifestaciones. Crear el evento en torno a la idea del cine y la cultura por y para todos.

Esas antiguas salas de cine podrían reconvertirse en centros culturales, donde además de proyectar cine, se pueda aprender a hacerlo, se pueda representar teatro,  o se puedan celebrar conciertos, debates, exposiciones o talleres. Centros que estén abiertos a la participación y a la formación de los artistas locales. Centros que acerquen la cultura a todos y a todas sin excepción.

La globalización de los mercados también posibilita la globalización de los esfuerzos, y esta nueva redefinición de las salas de cine en el siglo XXI, exigiría la implicación no sólo de los gobiernos, también de los sectores privados, sectores empresariales, organizaciones no gubernamentales…una sinergia de esfuerzos orientados a abrir nuevos caminos para el Desarrollo a través de la cultura y del arte.

El ejemplo mozambicano

Centro Cultural Franco-Mozambicano en Maputo, Mozambique.

Centro Cultural Franco-Mozambicano en Maputo, Mozambique.

Un ejemplo actual: Desde que se inaugurara en  el año 1995 el Centro Cultural Franco-Mozambicano (CCFM), en Maputo (Mozambique), se ha ido convirtiendo en un referente cultural en la capital y en el continente. Si bien no se reedificó sobre una antigua sala de cine, lo hizo sobre un antiguo hotel y con una construcción de concepción abierta, rodeada de jardines y con dos auditóriums y varias salas polivalentes, biblioteca, videoteca,  además de un restaurante-cafetería y un centro de artesanía, ha albergado en sus 20 años de edad, varios festivales de cine: africanos, europeos, español, francés, brasileño…; teatro, exposiciones, ciclos de conferencias, talleres, conciertos tanto de artistas internacionales, como de artistas locales, celebraciones de eventos nacionales, etc.

El CCFM  acerca la cultura a todo tipo de públicos con unas propuestas que combinan diferentes estilos y temáticas en sus programaciones, y mediante una política de precios realmente popular. Se ha convertido en un punto de encuentro obligado para participar en el círculo cultural de Mozambique.

 

Irène Tassembédo: “¡es la pasión lo que nos mantiene!”

Burkina Faso se despierta de un largo letargo político. Ha vivido en los últimos tiempos una transformación profunda resultado de los movimientos ciudadanos y el sentir social de este “país de los hombres íntegros”.

Pero no es fácil, ni gratis. Tras las protestas sangrientamente represaliadas y un golpe de estado militar antes de las elecciones generales, un atentado yihadista se cobró 26 víctimas en un hotel de Uagadugú el 15 de Enero de 2016.

Sin embargo esta atmósfera brutal no ha conseguido que el arte más natural, el más enraizado, ese lenguaje secreto del alma que decía Martha Graham se quede atemorizado en casa.

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Del 30 de Enero al 6 de Febrero de 2016 se celebró en Uagadugú el FIDO: Festival International de Danse de Ouagadougou. En esta ciudad, con un movimiento cultural más que interesante, se han reunido 25 compañías de danza de África, América y Europa. Bailarines y coreógrafos de todo el mundo reunidos en una semana llena de intercambios, masterclasses y espectáculo a raudales.

Irene Tassembedo (sin autor)

Irène Tassembédo.

En el año 2013 la coreógrafa y actriz, Irène Tassembédo creó este festival pensado como un espacio de encuentro, creación, transmisión, intercambio y mezcla de culturas, formas y técnicas en el campo de la danza. Pero nos lo cuenta con más detalles la propia Irène en una entrevista en exclusiva para Wiriko.

W: En el FIDO se encuentran las danzas tradicionales, contemporáneas y urbanas de África. ¿Qué tal conviven? ¿Impera la evolución o la ruptura?

IT: He creado el FIDO para desarrollar un intercambio cultural dinámico y real entre los diferentes países, estilos y técnicas dentro de la danza. Se invita a las compañías a permanecer aquí durante toda la duración del festival, para que surjan y se establezcan relaciones entre bailarines y coreógrafos. Los principios del festival son la mezcla y la apertura, por eso es tan importante para mí que todas las formas de danza estén representadas. El programa de este año ha sido muy variado, con diferentes estilos y países que se han dado cita cada noche en el escenario ante un público amplio y diverso. También queremos mostrar a los participantes internacionales la riqueza de Burkina en repertorios y formas de danza. La emulsión creativa de Uagadugú es la que aporta riqueza al FIDO, que es a su vez un componente esencial de esta riqueza. Dentro de esta diversidad, no prevalece la ruptura, al contrario, queremos demostrar que existen puentes entre las diferentes formas y estilos dentro de la danza.


W: En el Festival participan también compañías de Europa y EEUU ¿Cuál es su aportación?

IT: En esta dinámica de diversidad, las danzas europeas y americanas están invitadas, por supuesto. Porque en cada país hay mil maneras de entender la danza. Por ejemplo, dentro de la danza contemporánea, en función de si estamos en Europa, América o África, las inspiraciones y los estilos se expresan de formas muy diferentes. Pero cada una a su manera hablan del cuerpo, de trabajar, de imaginar…

Organizamos masterclasses como parte del festival, donde los bailarines y coreógrafos invitados al FIDO muestran y enseñan sus técnicas a otros profesionales. Estas clases nos permiten ver realmente hasta qué punto la diversidad es una contribución esencial para la danza.

W: El festival cuenta con el patrocinio de entidades privadas y públicas ¿Siente que la política cultural en Burkina Faso apoya las artes escénicas?

IT: Burkina Faso empieza a despertar, pero es duro. Hasta ahora, las cosas han sido muy difíciles para nosotros y nunca hemos tenido el apoyo suficiente. Espero que, con el reciente cambio de gobierno en Burkina Faso, las cosas vayan poniéndose en su lugar y que la cultura se apoye y se desarrolle como un sector de la economía vital y productivo. Y abandonar definitivamente esta visión pesimista que mantiene a los artistas en una situación de mendicidad.

Hay que luchar para hacer entender esto a las autoridades y también con las empresas privadas, para crear alianzas que formen infraestructuras. Hoy en día los patrocinadores aportan solo el 5% de nuestros presupuestos. Pero aún así, queremos que todos nuestros espectáculos y eventos sean populares y accesibles para todos.

Compagnie Sowilo. Foto de Gery Barbot.

Compagnie Sowilo, de Turín. Foto de Gery Barbot.

Mi último espectáculo, “Kombibissé”, es un musical sobre la juventud. Se realizó en la Casa del Pueblo (2000 plazas) con la entrada a 500 francos CFA (80 céntimos de euro). La entrada al FIDO son 2.000 CFA (3 euros). Pagar a 42 artistas en escena y los equipos técnicos de “Kombibissé” o los cachés de 25 compañías en el FIDO ¡De verdad, no ha sido fácil!

Nos falta el apoyo del Estado, pero también una estructura asociativa fuerte y duradera con el sector privado para mantener y desarrollar la cultura en este país y promover su proyección internacional. Pero de momento ¡es la pasión lo que nos mantiene!

W: Esta cuarta edición se ha organizado en colaboración de dos figuras de la danza contemporánea en Burkina Faso reconocidas internacionalmente: Salia Sanou y Seydou Boro. ¿Vive hoy la danza de Burkina Faso un papel protagonista?

IT: Salia Sanou y Seydou Boro son socios del FIDO y directores del Centro de Desarrollo Coreográfico CDC-La Termitière, y nos han apoyado este año cediéndonos su sala y su equipo. También colaboramos estrechamente en otros proyectos, como la Trienal Danse l’Afrique Danse, cuya 10ª edición tendrá lugar en Uagadugú del 26 de Noviembre al 3 de Diciembre de 2016 bajo la triple dirección artística de Salia, Seydou y yo misma.

Si Uagadugú se ha convertido realmente en el epicentro de la danza en África, es gracias al CDC que permite a muchos bailarines y coreógrafos llevar a cabo residencias y desarrollar su trabajo. El otro eje es l´EDIT (Escuela Internacional de Danza Irène Tassembédo), que es la única escuela de danza profesional en el África subsahariana cuyo diploma y calidad educativa están reconocidos internacionalmente.

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W: África es el continente del futuro ¿Es también el futuro de la danza?

IT: Como he mencionado anteriormente, el título de mi último espectáculo es “Kombibissé”, que significa “Juventud” en Moré. Y observo a esta juventud en todas sus facetas. La creación de este espectáculo me ha permitido trabajar con bailarines jóvenes que he seleccionado por su increíble talento y su estilo personal. Deben seguir trabajando, pero estoy convencida de que son el futuro de la danza. La gran riqueza de la danza africana es un legado que permanece vivo hoy en día. Es un terreno que actúa como un trampolín.

Ahora, también tengo miedo por el futuro de la danza africana: hay demasiados talentos que se desperdician porque no tienen los medios para acceder a una formación completa como la que ofrecemos en l´EDIT. Porque incluso con un talento formidable, sin formación no se puede alcanzar el más alto nivel.

W: En 2009 creó la escuela de danza EDIT en Ouagadougou ¿Cuáles son sus objetivos?

IT: El entusiasmo por las danzas de nuestro continente despierta verdaderas vocaciones entre los jóvenes africanos que descubren la posibilidad de desarrollar una carrera profesional dentro de esta rama artística. Sin embargo, la oferta de formación a las que pueden acceder hoy en día se reduce a muy pocos cursos o clases magistrales con coreógrafos (en su mayoría extranjeros) que pasan por sus respectivos países. Esto no les permite aprender realmente una profesión e incluso provoca efectos perversos porque lo fácil para los bailarines noveles es reproducir inspiraciones contemporáneas “europeas” de la danza, mal “digeridas”. Se trata de formateo más que de formación…

La primera misión de l´EDIT es por tanto la formación profesional artística en danza. L´EDIT es un lugar para la adquisición de competencias y la investigación coreográfica, dirigido por profesores con experiencia de nivel internacional, en beneficio de una juventud africana para los que la danza no sea sólo una pasión, sino también una carrera profesional por construir.

L´EDIT contribuye al desarrollo de una comunidad artística comprometida con la diversidad cultural, facilita el diálogo intercultural entre los artistas africanos y sus homólogos en el resto del mundo (Europa, Asia, América) y contribuye al desarrollo sostenible del sector cultural mediante el fortalecimiento de las competencias de los artistas, llamados a convertirse en verdaderos profesionales.

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Hip Hop & Reggae unidos por la revolución: LE BALAI CITOYEN

Aula Wiriko

El poder para el Pueblo. Imagen de Raquel Okakene.

El poder para el Pueblo. Imagen de Raquel Okakene.

2ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Raquel Okakene: 

En una mano un micro y en la otra una escoba. Son músicos. Uno hace Hip-hop y el otro Reggae. En Julio de 2013 Smockey y Sams´K Le Jah le dan el nombre de Le Balai Citoyen (La escoba ciudadana) a un movimiento popular que, siguiendo los pasos de Y´en a Marre en Senegal, ha hecho limpieza en las instituciones de Burkina Faso.

Smockey declaraba en 2013 “Estamos formalmente en contra de la modificación del Art. 37 y en contra de la creación del Senado” y Sams´K le Jah puntualizaba “Se trata de invitar a cada ciudadano burkinabés a reconsiderar su rol dentro de la sociedad […] porque tenemos la profunda convicción de que otra Burkina es posible”.

Estas medidas a las que se refieren pretendían modificar la ley para perpetuar a Blaise Campaoré en la presidencia de Burkina Faso después de 27 años en el poder. El día que debían aprobarse en Octubre de 2014 más de un millón de personas se unieron a Le Balai Citoyen y salieron a la calle para acabar expulsando al presidente corrupto del país, que dimitió y huyó.

Smockey y Smas´K le Jah nacieron en 1971 y vivieron en su adolescencia los cuatro años como presidente del panafricanista Thomas Sankara que llevó a cabo profundas reformas, políticas, económicas y sociales además de proponer el impago de la deuda externa. El Sankarismo se convirtió en el máximo referente político del continente africano. Pero fue demasiado para Francia que no podía consentir esta actitud en su antigua colonia y urdió la trama que acabó con la vida de Sankara, aupando manteniendo a Campaoré en el poder.

Este asesinato y la sangrienta represión posterior marcó a toda una generación que durante tres décadas no ha dejado de estampar la imagen del “Che africano” en camisetas y pegatinas. Su espíritu ha inspirado a artistas y activistas y es sin duda el motor de este movimiento popular.

Le Balai Citoyen, con sus escobas, manifestándose de forma simbólica en medio de la calle, durante las protestas de 2014.

Le Balai Citoyen, con sus escobas, manifestándose de forma simbólica en medio de la calle, durante las protestas de 2014. Imagen del periódico Burkina24h.

Serge Bambara (aka Smockey), nació en Ouagadougou de padre burkinabés y madre francesa. Realizó en Francia sus estudios y allí firmó su primer contrato con EMI. En 2001 regresó a Burkina donde puso en marcha los estudios Abazon, considerados la capilla del hip-hop nacional. Con cuatro albumes en el mercado (Epitaphe, Zamana, Code noir y Cravate Costards et Pourriture) acaba de presentar el quinto, Pre-volution, en un acto reivindicativo sobre las ruinas quemadas del antiguo parlamento burkinabés – que se ha convertido en un símbolo de la insurrección popular-. Ha sido galardonado como artista del año en los “Premios Kunde” y como Mejor artista de Hip-Hop en los “Premios Kora”, participando también en varios largometrajes.

Karim Sama (aka Sams´K Le Jah) nació en Costa de Marfil y emigró a Burkina en 1985. En su juventud fue miembro de Pioneros de la Revolución, movimiento juvenil creado por Thomas Sankara, y del movimiento Rastafari. Presentador del programa de radio Radio Ouaga FM, es un firme defensor de la libertad de prensa. Su activismo político no le ha salido gratis. En 2007, después de un concierto en memoria del periodista asesinado Normert Zongo, encontró su coche incendiado y recibió numerosas amenazas de muerte.

Después del levantamiento de 2014 todo África volvió a mirar con admiración al valeroso pueblo de Burkina Faso que consiguió recuperar la dignidad perdida y el control sobre su futuro. Este espíritu de lucha en contra del imperialismo y el neo-colonialismo se extiende por el continente. Varios miembros de Le Balai Citoyen y Y´en a Marré fueron detenidos a principios del 2015 en Kinsasha cuando impartían un taller de participación ciudadana. También, con manifestaciones y actos públicos, han demostrado su apoyo al pueblo de Burundi que vive ahora un proceso político parecido.

El futuro siempre es incierto y varias sombras poderosas planean sobre el pueblo de Burkina Faso pero de momento la música y el activismo se han unido para triunfar.

Tierra, agua y digital: la revolución del FESPACO

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¿Dónde has dicho que queda exactamente esa ciudad de nombre imprescindible para un trabalenguas castizo? ¿Comida de tierra, de oasis secos, de turbantes color añil? ¿Pero es que allí hacen cine? Todas tus preguntas se resumen en Uagadugú. ¿Uagaduqué? Que sí. Tú, sigue leyendo. Es la capital de Burkina Faso y por agregaduría del cine africano desde el año 1969. Allí se celebra cada dos años el Festival panafricano de cine y televisión, más conocido como FESPACO, que reúne a directores, actores, promotores, distribuidores y amantes del séptimo arte para presenciar la cita más importante de estas características que tiene lugar en África y para desestereotipar todo cuanto tiene que ver con las culturas africanas. Pasen y vean.

Aunque quizás el año 1969 quede subrayado por la llegada del hombre a la luna, por el festival hippie de Woodstock aderezado con sicodelia, mucho love y cannabis, o por la conexión Madrid-París en 13 horas con el TALGO, sea como sea, ya se saben las fechas para la 24 edición del FESPACO 2015: del 27 de febrero al 8 de marzo. Y las novedades que cambiarán por completo el panorama. ¿Nuevos tiempos para los cines africanos?

Al finalizar la 23ª edición en febrero de 2013 y con la todavía resaca de los premios de la academia norteamericana (Los Oscars), el propio delegado del FESPACO, Michel Ouedraogo, anunciaba que la competición por el premio Etalon de Yennengase abriría a películas digitales y que ya no estaría limitado a trabajos rodados en 35mm. “Debemos adaptarnos a las tecnologías de nuestro tiempo de las que se han apropiado un gran número de cineastas africanos”, explicaba.Pero además, para la próxima edición en 2015 se introducirá la opción de que películas de la diáspora africana puedan competir por el preciado premio.

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La apertura del prestigioso galardón africano a trabajos realizados con cámaras digitales se esperaba desde hacía varios años. Una realidad, más que una necesidad. Los costes de producción y posproducción se han abaratado con la posibilidad de establecer pequeños laboratorios “caseros” que otorgan unos resultados cinematográficos de primer orden. Además, la influencia de las antiguas metrópolis en el control del proceso de montaje era prácticamente absoluto, por lo que desde hace una década aproximadamente, la posibilidad de hacer cine se ha democratizado. Y ejemplos son la reconocida industria nigeriana (Nollywood), la ugandesa (Ugawood) o la que se está estableciendo en la costa este africana (Swahiliwood).

Pero las salas de cines en África están, cuando no vacías, en proceso de demolición o sucumbidas a los súper poderes del negocio infalible de palomitas-refresco-película de acción/comedia realizada en Hollywood. Porque sí. El proceso de globalización cultural es una realidad y el control de unos pocos sobre el tridente producción-distribución-exhibición ha traspasado unas fronteras porosas como son las de las audiencias y los gustos. La simultaneidad de las masas asusta. Aturde. Así que el FESPACO del próximo año hará gala del eslogan capitalista de renovarse o morir. O sucumbir que es parecido. Siempre quedará el cine de autor de los padres de las cinematografías africanas o de los directores que son agasajados en Cannes, la Berlinale o Sundance. ¿Pero qué ocurre con el público de casa?

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Uno de los incentivos para participar en la 24ª edición del FESPACO será el incremento de la cuantía por ganar el Etalon de Yennenga que ha pasado de 10 millones a 20 millones de CFA (unos 30.400€). “Un reconocimiento que no es generosidad.Se trata principalmente del apoyo otorgado por el Gobierno de Burkina Faso al trabajo de los diseñadores africanos participantes en FESPACO”, explica en la web oficial del festival Ouedraogo.

Más apoyo a los realizadores locales, más políticas de protección a las películas nacionales para poder ser proyectadas a sus audiencias locales, más inversión en escuelas de formación. Temáticas que continúan en el candelero de los profesionales africanos que se dedican a la industria cinematográfica. Un sector que mueve mucho dinero además de crear puestos de trabajo. Quizás, la decisión del digital en el FESPACO 2015 haga abrir los ojos a otros gobiernos del continente.

*Artículo publicado en colaboración con el blog VOCES

 

Milán, pantalla global del sur durante una semana

Cartel de la 24ª edición del festival italiano.

Cartel de la 24ª edición del festival italiano.

Cuando se celebran 24 años de un festival independiente en los tiempos que corren, deberíamos plantearnos el “sí se puede” en mayúsculas. Entre las razones fundamentales se encuentra el esfuerzo agotador de cuatro mujeres que han hecho de Milán una de las citas obligadas del mes de mayo en cuanto a cinematografías periféricas se refiere. Este año continúan en la dirección general del Festival de cine Africano, de Asia y de América Latina, Rosella Scandella y Gabriella Rigamonti guiadas por la sapientia de Annamaria Gallone y de la reconocida crítica e historiadora de las cinematografías africanas Alessandra Speciale. Hoy se inaugura hasta el 12 de mayo un ciclo de cine que recorre las últimas novedades de la gran pantalla en estos tres continentes, a menudo, películas que no tendrán la suerte de pasar a los circuitos convencionales de distribución.

El festival organizado y promovido por la ONG Centro Orientamento Educativo, con más de 50 años de historia, abre en Milán una nueva ventana a la cultura con películas, reuniones, eventos y oportunidades para profundizar en el arte y la cultura de los países de África, Asia y América Latina. Pasamos revista a los títulos del África al sur del Sahara que se podrán visionar.

En la categóría Windows on the World con un premio de 10.000€, se encuentra Des étoiles, la obra de la franco senegalesa Dyana Gaye. La película narra la historia de una separación familiar senegalesa entre las ciudades de Turín, Nueva York y Dakar. El destino de Sophie, Abdoulaye y Thierno se entrecruzarán en el exilio mostrando, a través de las historias de estos personajes, la realidad y las esperanzas de los movimientos contemporáneos de la migración.

La otra película africana que compite en esta categoría es Una memoria Inconsolable (2014), un documental del sudafricano Aryan Kaganof. El guión retrata mediante un trabajo de hemeroteca intenso, a la primera compañía de ópera de Sudáfrica compuesta por artistas negros: EOAN. Kaganof cuenta una historia de resistencia mezclando entrevistas y el uso de forma experimental del material de archivo. ¿Qué significa ser un artista negro durante el apartheid? ¿Qué opciones tuvieron? Los recuerdos de los miembros de la compañía reconstruyen en este documental la verdad oculta detrás de la historia: la aceptación del “estigma” de tener otro color de piel y el perjuicio de la política de segregación del sistema racista con el fin de mantener la empresa viva.

Fotograma de la película an inconsolabe memory.

Fotograma de la película ‘An inconsolabe memory’ de Aryan Kaganof.

En la sección al Mejor cortometraje de ficción o documental africano diez piezas compitirán por un premio de 2.000€ patrocinado por la compañia Vodafone. Dos filmes de Egipto, uno de Túnez y otro de Marruecos abren el elenco en el norte de África. El resto os los presentamos aquí:

Afronauts (2014)

La película de la ghanesa Frances Bodomo tendrá todas las miradas del jurado después de los últimos reconocimientos de la crítica en Sundance o la Berlinale. Basada en una historia real aunque omitida por los libros de historia: el intento loco de la Academia Espacial de Zambia dirigida por el profesor Edward Makuka Nkoloso durante la década de los sesenta por adelantarse en la carrera espacial a EE.UU. y Rusia. Los tripulantes: una niña y dos gatos. El desenlace: de momento, os dejamos el trailer…

Homecoming (2013)

Realizador keniano Jim Chuchu.

Realizador keniano Jim Chuchu.

La obra de Jim Chuchu, keniano nacido en Nairobi donde vive y trabaja, presenta una “ventana trasera de África”. Con su pequeña cámara, Max espía a su vecina Alina en situaciones extremas a caballo entre la imaginación y la realidad o la ficción y la ciencia ficción. Chuchu es un artista visual y es co-fundador y director creativo de NEST, una plataforma dedicada a las artes multidisciplinarias en la capital keniana. Además, es miembro del famoso grupo musical Just a Band y realizador de los recientes vídeos al escritor Binyavanga Wainaina en el que se confesaba públicamente homosexual. Homecoming marca su debut como director y forma equipo junto a otros realizadores del proyecto African Metropolis, en el que seis ciudades africanas quedan retratadas en seis cortometrajes.

Gangster Backstage (2013)

El director Teboho Edkins nació en Estados Unidos en 1980 y creció en Sudáfrica y en Alemania. Hizo su debut en 2004 con el cortometraje En buenas condiciones, y en 2005 comenzó a trabajar en el proyecto Gangster Backstage en el narra las diferentes historias de jóvenes delicuentes en las calles de Ciudad del Cabo. Los diálogos personales tienen un grado altísimo de intensidad y sinceridad acerca de un mundo que deja al público sin habla.

 

Twaaga (2013)

Cédric Ido se puede decir que es parisino de nacimiento aunque hasta su adolescencia estuvo con su familia en Burkina Faso. Su primer cortometraje Hasaki Ya Suda fue seleccionado por diferentes festivales internacionales y ganó el premio al mejor cortometraje en el FESPACO de 2011, el Festival Panafricano de Ouagadougou. En esta casión presenta Twaaga, un cortometraje ambientado en la capital de Burkina, Ouagadougou en 1987. Manu, de ocho años, es un fanático de los cómics, en especial de Ruckus, su héroe favorito. Esos fueron los años en que el joven presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara, presentaba credenciales revolucionarias contra la política y la economía del imperialismo occidental. Cuando su hermano mayor, Albert, va a un médico tradicional para convertirse en invencible, Manu comienza a preguntarse si realmente existen superpotencias en la vida real…

Una hoja en el viento (2013)

El último trabajo de Jean-Marie Teno se vuelve a centrar en el documental. Este camerunés y figura imprescindible de los cines africanos por derecho propio, encuentra el hilo conductor con la hija de Ernest Ouandie, un activista político de Camerún que luchó durante la década de 1950 y 60 por la independencia de su país y que fue asesinado en 1971 por las autoridades camerunesas. Este es el comienzo de un viaje al pasado donde el drama político se entrelaza con lo personal en la reconstrucción de la historia dolorosa de Ernestine que nunca conoció a su padre. Las consecuencias psicológicas de colonialismo puede ser mucho más peligroso que los económicos.

Dos películas más serán presentadas en esta 24ª edición del Festival de cine Africano, de Asia y de América Latina. En la sección Eventos Especiales “FLASH”, dedicada a películas recientes de directores que han recibido premios en los festivales internacionales más importantes se proyectará  Nelson Mandela: the Myth and Me (2014) del sudafricano Khalo Matabane. Y en la sección Todo el mundo ríe,  la película africana elegida ha sido Aya de Yopougon de la marfileña Marguerite Abouet, una película de animación derivada de la famosa tira cómica escrita por Abouet y dibujada por su marido francés, Clemente Oubrerie. Ambientada en la Costa de Marfil de finales de la década de 1970.


 

 

 

Laongo, el ‘Village Opera’ burkinés

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Cuando el arquitecto burkinés Diébédo Francis Kèrè recibió en 2009 la propuesta de hacer una “Casa Ópera” (Maison d’Opéra) lo primero que pensó es que era una broma, que la idea era una locura y que provenía de alguien que no conocía África. Pero después se dio cuenta que el director de cine y teatro alemán, Christoph Schlingensief, hablaba en serio… muy en serio de un proyecto que ya tenía nombre: “Africa Opera Village”. El objetivo que tenía en mente el ya desaparecido director, era permitir a la gente de diversas procedencias trabajar en el campo del arte y disfrutar del intercambio artístico entre sí. Después de barajar varios lugares del continente como Camerún o Mozambique, Schlingensief optó por Burkina Faso, una decisión que no fue casual. Burkina Faso es uno de los países más empobrecidos del continente, pero a la vez es uno de los puntos de encuentro más importantes en cuanto a cine y teatro. Y eso Schlingensief lo tenía muy claro a la hora de ponerse a buscar el sitio ideal donde establecer el “pueblo cultural”.

Kebé y Schlingensief. Foto:Picture-Alliance/DPA

Kebé y Schlingensief. Foto:Picture-Alliance/DPA

Bajo el argumento de que el arte contribuye reforzar la identidad cultural de una comunidad y que es una potente herramienta de desarrollo, al artista no le fue difícil convencer a Kèrè para que se embarcase con él en un proyecto de tal magnitud. A partir de ahí, la idea de ambos fue la de buscar un lugar idóneo fuera de Uagadugú, que permitiese construir ya no solo una Casa Opera, sino todo un concepto de pueblo donde las comunidades pudieran convivir en torno al arte y la cultura. Kère nacido en Burkina, tenía además experiencia en este tipo de proyectos de arquitectura social ya que anteriormente había construido varias escuelas en Burkina Faso, India y Yemen, en las que había utilizado material y mano de obra local. Así que, ¡el equipo estaba perfectamente formado!

Viviendas

Viviendas

Después de ver las consecuencias de las inundaciones de 2009, la “Casa de la Ópera” pasó a segundo plano y le empezaron a dar prioridad a un proyecto más amplio cuyo eje central seguía siendo la cultura, pero que ahora estaría formado por unas viviendas modulares fácilmente autoconstruidas en caso de volver a experimentar otro desastre de ese tipo. Aparte de las viviendas, la idea ha sido que el proyecto se completase con la construcción de una escuela primaria, una clínica de salud y maternidad y un activo programa cultural que se llevase a cabo en el edificio central, la “Ópera”.

Así se inicia el proyecto “Pueblo de la Ópera” de Laongo, que se encuentra a una hora de la capital, Uagadugú. Su relativa cercanía a la capital, sus vistas al paisaje oeste-africano del Sahel y la forma de auditorio en su relieve que dejan espacio al alma del proyecto, la “Casa de la Ópera”, son características que convencieron a los dos impulsores.

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La escuela primaria abrió sus puertas en 2011 y actualmente acoge a 150 niños y niñas, con la previsión de aumentar su número a 300 en los dos próximos años. Cumpliendo con su propósito, el programa curricular está enfocado en las artes y cuenta con espacios destinados a ello: sala de cine y de sonido, así como un importante desarrollo tecnológico. Este programa se complementa con uno extra académico que cuenta con la colaboración del Goethe Institute, donde se aprende música, baile, teatro, cine, etc. La escuela está construida con materiales locales, de fácil reposición, alimentada de electricidad pública y con un diseño apto para las altas temperaturas de la zona, como ventanucos pequeños, pero bien orientados (igual que el resto de las construcciones). Cuenta además con una cafetería gestionada por las madres del alumnado y apoyado también por los trabajadores de la construcción.

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El Centro de Salud y promoción Social es otro de los pilares básicos de este proyecto. Este centro de atención primaria, está dividido en tres partes (salud dental, ginecología-obstetricia y salud general). Las ventanas están pensadas como lienzos de un cuadro agradable que el paciente podrá contemplar desde el interior y la sala de espera es un agradable espacio para pacientes y familiares. El Centro de Salud abrió sus puertas a mediados del pasado año 2013.

0,,16543219_303,00Claramente la ausencia de uno de los principales impulsores ha ralentizado la posibilidad de conseguir los fondos para acabar todas las construcciones planificadas, aunque ello no ha impedido que el equipo tire la toalla. El objetivo actual es conseguir fondos públicos y privados que permitan construir la Casa de la Ópera para poder tener un mejor espacio para llevar a cabo todas las actividades culturales pensadas. El proyecto cuenta también con apoyos institucionales nacionales e internacionales así como de varias personalidades del mundo artístico de Burkina Faso como el cineasta Gaston Kaboré, la coreógrafa Irene Tassembedo, el músico de rap Smockey Bambara, director de teatro Etienne Minoungou, el escultor Siriki Ky y el músico Konomba Traoré.

“Africa Opera Village” se presentó en la sección de “Africa is Now” en el apartado de “Africa is Resourceful” del Design Indaba 2014 de Ciudad del Cabo, lo cual puede significar un empujón para que el proyecto logre su objetivo principal de conseguir acabar de construir el auditorio, la guinda final de esta idea que nació hace escasos cinco años.