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Salym Fayad: “En Colombia se están creando espacios para la reconciliación a través del arte”

Cine Tonala, Bogota.

Wiriko este año ha contribuido a promocionar la II Muestra Itinerante de Cine Africano de Colombia (MUICA) como medio oficial. Un encuentro bianual que se hace cada vez más importante en el país y que cuenta con un elenco de profesionales concienciados en que a través del arte y la cultura se pueden abrir brechas a partir de las cuales mostrar otras realidades y formas de compartir experiencias de éxito en esta tarea de crear un mundo más justo. Uno de los cofundadores de la MUICA es Salym Fayad, fotógrafo, realizador y periodista independiente colombiano que desde 2008 vive en Johannesburgo trabajando temas tan diversos como la promoción musical, el intercambio cultural o reportajes que cubren desde la cultura pop hasta lo más tradicional, e incluso los derechos humanos. La idea del MUICA surgió de hecho en Sudáfrica en 2014 gracias al trabajo con Marcela Asensio y Ángela Ramírez realizadoras cinematográficas, también colombianas con las que crearon la fundación Otro Sur. En 2015 se celebraría en Colombia la I MUICA. Y hace algunas semanas finalizaba esta segunda entrega de un evento fundamental.

Salym, este puente entre Sudáfrica y Colombia ¿a qué se debe? ¿Hay similitudes entre estos dos países?

Hay muchas. Primero desde el lado humano: calidez, sociedades abiertas, orientan a los extraños, ayudan al recién llegado. Es algo que he percibido en mis viajes tanto en América Latina como en África. Por otro lado, hay similitudes de tipo histórico y social. Algunas naciones en África vienen de pasados o presentes traumáticos como el que vivimos en Colombia en el que hemos pasado 52 años en guerra y, hasta ahora, estamos intentando salir o, mejor dicho, iniciar un nuevo ciclo histórico, social y político. Hay naciones africanas que están pasando por el mismo proceso como por ejemplo Sudáfrica que también salió de un proceso traumático después de pasar 50 años de apartheid. Y aunque han pasado más de 20 años hay enormes similitudes y enormes cicatrices en este país que también se relacionan con Colombia y que se reflejan en temas como la desigualdad, la criminalidad e incluso la corrupción. Desde luego el tema racial también es otra similitud.

Salym Fayad presentando una proyeccioón de la MUICA en el Cine Tonala, en Bogota.Foto: Carlos Santos.

Cuando explicas en el contexto de Johannesburgo que eres colombiano ¿qué imagen tienen de tu país?

Por lo general ninguna. Al igual que si en Colombia hablo de Guinea Bissau o Togo. Mucha gente cree que Colombia queda en América del Norte, muchos la confunden con Cuba, incluso. Y cuando se tienen referencias los clichés apuntan hacia Shakira o Pablo Escobar. De hecho, la serie de Netflix ha contribuido a popularizar un imaginario sobre mi país un poco glamurizado o romantizado de uno de los períodos más nefastos de nuestra historia reciente. Una etapa de la que todavía no nos hemos recuperado o digerido como sociedad. Brasil, por ejemplo, tiene una conexión más fuerte con los países africanos a nivel comercial y diplomático.

Y de forma inversa, ¿cuál es la imagen que llega a Colombia de África y de Sudáfrica en particular?

Pues llegan los mismo estereotipos de siempre que se acentúan por la falta de información. Salvo la ocasional nota sobre Boko Haram, el espacio que los medios colombianos dedican a África es mínimo y la información que llega desde el terreno es prácticamente nula y la voz de los autores, reporteros o artistas africanos es inexistente. En Colombia ha surgido en los últimos años una tendencia a reivindicar nuestras raíces africanas. Es una reivindicación necesaria, pero que llega tarde, aunque afortunadamente ya está sobre la mesa. Y lo hace en el marco del decenio de la afrodescendencia declarado por Naciones Unidas y en el contexto de los acuerdos de paz y de post conflicto por los que atraviesa el país. En estos, se hace énfasis en el reconocimiento a las víctimas del conflicto armado, miles de las cuales son afrodescendientes. Y esta reivindicación se refleja en la producción musical o cinematográfica del país. Sin embargo, desde mi modo de ver, muchas veces estos acercamientos tienden a romantizar ciertos imaginarios sobre África como origen que, aunque sean positivos, también son estereotipos con frecuencia simplistas con los que se hace poco esfuerzo por reconocer realmente sus complejidades y sus múltiples dimensiones.

Sobre Sudáfrica llega información, pero también está estereotipada: Mandela, el post conflicto, la comisión de la verdad y la reconciliación, en resumen: sobre la sanación social en general. Estas visiones tienden a obviar las complejidades de las realidades sudafricanas, donde la idea de “la nación del arcoíris” es un mito, donde la desigualdad es enorme, y donde las tensiones raciales son evidentes. Ahora, el caso sudafricano es un referente muy valioso que aporta mucho a la discusión en Colombia sobre cómo asumir el postconflicto como nación. Pero creo que no se problematiza lo suficiente.

Por otra parte, personalidades sudafricanas implicadas en el proceso de reconciliación han visitado Colombia para hablar de la experiencia de su país, pero han sido en su mayoría blancos y no negros que fueron las víctimas reales durante el apartheid y quienes están en una posición más clara para hablar/nos de perdón. Entre estas personalidades se encuentran el último presidente de la era del apartheid, Frederik de Klerk que compartió el Nobel de la paz junto a Nelson Mandela. Una figura que en su país está muy lejos de ser percibido como un pacificador.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion de la 1a version de la MUICA en Cali.

Colombia atraviesa un momento político y social crucial tras el referéndum para la paz. ¿Cuál es el contexto en el que se celebró la MUICA?

Como he mencionado, Colombia estuvo inmersa en un conflicto armado durante 52 años y después de 4 años de negociaciones en la Habana (Cuba) –y después de varios intentos fallidos de varios gobiernos para llegar a algún acuerdo con las FARC, la principal guerrilla del país– a finales del año pasado se firmó un acuerdo. Este es un contexto que a nivel social tiene muchas implicaciones que se ponen sobre la mesa: el problema del narcotráfico que durante décadas ha financiado el conflicto armado y la violencia; el tema de los desplazados ya que desde hace muchos años mi país está entre los 3 primeros del mundo en términos de desplazados internos, actualmente unos 6 millones de desplazados por la violencia; el papel de las tierras; el papel de las víctimas; los asesinatos a líderes indígenas que en este año van más de 40… Habiendo dicho esto, hay una oposición, un sector que se opone a los acuerdos y que ha dividido mucho a la sociedad.

La MUICA se celebró en un contexto de mucha esperanza y donde hay también mucho movimiento desde la sociedad civil. La población está haciendo muchos esfuerzos por crear espacios de diálogos para que las víctimas se expresen y para esto se está utilizando mucho el arte:3 las canciones, la tradicional oral, pero por supuesto también el cine. El momento ha generado una corriente cultural que busca formar parte en todo este proceso de reconciliación y sanación en Colombia.

¿Entonces la MUICA intenta contribuir a este nuevo espacio de diálogo en el país con la muestra de cines africanos?

Creemos que hay un vacío cultural muy grande en cuanto a las relaciones culturales y a los conocimientos con África y sus expresiones culturales. Creemos que a través del cine podemos tener acceso a esa multiplicidad de realidades africanas que en muchos casos desconocemos en Colombia, pero que a la vez son narradas por los artistas africanos y no desde una mirada occidental. No se trata solo de conocer las dimensiones sociales y culturales sobre África, sino de conocer cuáles son los métodos o las formas narrativas que utilizan esas voces para contar su propia realidad. Pero la razón de ser de la MUICA no es solamente concentrarnos a nivel racial como decía antes, sino porque los países del llamado Sur Global compartimos muchísimas cosas a nivel social. Además, nuestro interés también es artístico porque consideramos que a través de estas narrativas podemos ampliar nuestros horizontes sobre África.

La comunidad afro en Colombia ronda los 4 millones de personas según el último censo de 2005. 12 años después ¿esa población se mantiene? ¿Ha aumentado?

A pesar de que esas son las cifras oficiales más recientes, de hace más de 10 años, hoy en día se calcula que aproximadamente la cuarta parte de la población colombiana es afrodescendiente. Su presencia se ha visibilizado en muchos casos por las razones equivocadas, como por ejemplo las altísimas cifras de desplazados por el conflicto que provienen de estas zonas. Este 25 por ciento, sin embargo, que equivaldría a unos 10 millones de personas, no se traduce en términos de representación política ni de distribución económica. Gran parte de la población afro se concentra en el departamento del Chocó, en la costa Pacífica, que es además una de las regiones más pobres y menos desarrolladas del país, y además una de las más perjudicadas por la violencia.

Proyección en el distrito de Siloe, Cali. Foto Salym Fayad.

Y eso de itinerante… ¿tiene algo que ver con la dispersión de la comunidad afro en el país?

En parte sí, pero no solo eso; sino también con desplazar el centro de poder y de la oferta cultural en el país. Es decir, de Bogotá, la capital. La MUICA se realiza también en Cali y Cartagena, dos de las ciudades que cuentan con una alta concentración de población afrodescendiente. También hemos llegado a la isla de Providencia en el Caribe. Las ciudades tienen también una rica oferta cultural, pero que en muchos casos en el país está regionalizada. Es normal que ciertos productos culturales se consuman más que otros en diferentes regiones, pero creemos que la programación de la MUICA le habla, o le puede hablar, a toda Colombia. Tanto por la propuesta estética de algunas de las cintas como por su contenido. Hemos programado películas que abordan temas que son de gran relevancia en el contexto del postconflicto en Colombia. Algo Necesario, de Judy Kibinge y Materia Gris, de Kivu Ruhorahoza, que reflexionan sobre cómo gestionar el trauma tanto a nivel individual como a nivel social en un ambiente que ha sido marcado por la violencia. También Mandela, el mito y yo, de Khalo Matabane, hace un retrato tan personal como crítico sobre el legado del icono de la reconciliación en Sudáfrica.

Pero las itinerancias de la MUICA no solo llegan a las principales salas en centros urbanos. También hemos hecho proyecciones en colegios, en barrios periféricos –algunos de ellos con mayoría de población afrodescendiente–, en parques, plazas, bibliotecas y espacios públicos. La intención ha sido un año más, la de diseminar este contenido cultural hasta donde sea posible, y que todo tipo de público se pueda relacionar con éste porque lo encuentra entretenido, porque se puede relacionar con su contexto inmediato, por su origen histórico, o por el contexto general de la realidad nacional.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion-apertura de la 1a version de la MUICA en Cali. Foto: Salym Fayad.

¿Nos puedes contar cuál ha sido el recibimiento en las ciudades que han acogido la muestra?

El recibimiento ha sido muy positivo. La primera MUICA en 2015 nos permitió ver el interés –o curiosidad– del público por este tipo de contenido, que en Colombia nunca había sido exhibido en esta escala. Eso nos animó a ampliar el catálogo (este año hemos proyectado 20 títulos) y nuestro alcance. Hemos recibido una gran cantidad de invitaciones para replicar la muestra en otras ciudades, como Medellín, la segunda ciudad más grande del país, pero también a otras como Valledupar, Manizales o Ibagué. También en ciudades como Buenaventura o Quibdó en la región del Pacífico, urbes de mayoría afrodescendiente, en las que además hay muy poca exposición al cine que no sea de consumo masivo, y que tienen sus propios desafíos en términos logísticos, de infraestructura, de difusión y de creación de públicos.

Habéis contado con el camerunés Jean Pierre Bekolo en Bogotá. Cuéntanos cómo fue, ¿cuáles han sido las impresiones del director?

Jean Pierre Bekolo es quizás el realizador camerunés más destacado actualmente, no solo por los premios que ha recibido en el pasado en festivales como FESPACO y Cannes y por los cargos que ha ocupado en organizaciones como la World Cinema Alliance y Guild of African Filmmakers, sino porque su lenguaje cinematográfico es atrevido, experimenta con elementos narrativos poco convencionales y sus películas con frecuencia reflexionan sobre el quehacer cinematográfico a la vez que hacen un comentario social o político. En la MUICA programamos dos de sus títulos: Las Sangrientas (Les Saignantes) El Presidente (Le président); la primera es considerada la primera película de ciencia ficción del continente y la segunda es un falso documental que hace referencia al presidente de Camerún y que fue censurada en el país.

Tenerlo como invitado abrió una ventana para el intercambio cultural que estamos buscando. Para muchos de los asistentes a sus películas, como lo expresaron durante sus charlas y sesiones de preguntas después de las proyecciones, el único referente que tenían de Camerún es que su equipo de fútbol eliminó a Colombia del mundial de Italia en 1990. Y ahora tenían en frente a un artista de vanguardia hablando de afro-futurismo, poscolonialismo cultural, de las dinámicas de la representación en el cine de y fuera de África. Bekolo sostiene que se pueden plantear soluciones o transformaciones a nivel social desde el cine, que puede ser una herramienta para sanar nuestros traumas pasados, la violencia del colonialismo o de la desigualdad, que es un espacio de reflexión que incluso desde la ficción puede contribuir a la reconstrucción social. Esto es muy relevante en el contexto colombiano y así lo percibió el público y los cineastas colombianos que asistieron a sus charlas. Para él, este intercambio también fue muy enriquecedor; estar expuesto al público y a los realizadores afrocolombianos, escuchar sus inquietudes sobre cómo narrar historias sobre sí mismos y cómo se perciben en el panorama general del país. De hecho, expresó su interés en trabajar en un proyecto cinematográfico propio en la región del Pacífico colombiano.

JP Bekolo durante el MUICA, Bogotá, Colombia. Foto: Salym Fayad.

Tu experiencia de trabajo en África te ha permitido entrar en contacto con cineastas y trabajadores de la industria cinematográfica. ¿Cómo ves el sector después de que seamos conscientes de la cada vez más acuciante dinámica de nuevos festivales de cine en el continente?

Muchos de los cineastas y programadores con los que he conversado coinciden en que el sector se está fortaleciendo en el continente, tanto a nivel de producción como de exposición. Cada vez más se están desafiando las categorías de los géneros cinematográficos, y la tecnología misma está abriendo la oportunidad para que realizadores emergentes o independientes puedan producir piezas de gran calidad técnica sin depender de enormes presupuestos o equipos de producción. También hay festivales establecidos que son una plataforma fundamental para que los realizadores exhiban su trabajo en el continente: FESPACO (Burkina Faso), el festival de Durban (Sudáfrica), el de Zanzíbar (Tanzania), el de Cartago (Túnez), el del Luxor (Egipto), por nombrar algunos. Sin embargo, hay problemas de base que son conversación habitual entre los miembros del sector: existe una enorme escasez de salas de proyección en muchos países, y aún existe una gran dependencia de la financiación europea para la gestión de festivales de cine y para la realización cinematográfica en África. También para la difusión y distribución de las películas. Esta dependencia en muchos casos compromete la creatividad de los realizadores que, en ocasiones, deben moldear sus propuestas iniciales para satisfacer las exigencias de las organizaciones que financian sus proyectos. Esta dependencia a veces se traduce también en la cesión de los derechos de difusión y proyección a las organizaciones europeas, de manera que algunos realizadores pierden también el control sobre la difusión de sus propias obras.

¿Es verdad eso de que Sudáfrica es punto y aparte a nivel de cine?

Aunque la industria cinematográfica en Sudáfrica también se enfrenta a enormes desafíos, es cierto que el país tiene instituciones más fuertes para el apoyo a los proyectos culturales. Por esto mismo los realizadores tienen un poco más de independencia en la ejecución de sus proyectos. Sudáfrica tiene además su propia red de festivales internacionales que van desde los de Durban y Johannesburgo hasta el festival de documental Encounters, Tri-Continental y el Out in Africa Gay and Lesbian Film Festival, entre otros. Hay que tener en cuenta también que Sudáfrica está mejor equipada que otros países en términos técnicos, y que además la libertad de expresión en el país es más amplia que en otras naciones, lo que permite también a los realizadores abordar temas sociales y políticos con mayor libertad creativa.

¿Qué otras industrias/países recomiendas seguir de cerca?

La industria en Kenia se está fortaleciendo y hay realizadoras como las que hemos programado este año Judy Kibinge o Wanuri Kahiu (directora del corto de ciencia ficción Pumzi, 2009), así como el colectivo The Nest (Stories of Our Lives, 2014) que están haciendo desde la ficción un trabajo muy interesante sobre temas sociales, ambientales y de género, éste último desafiando las represivas leyes contra la comunidad LGBTI en el país. La producción cinematográfica en Burkina Faso tiene quizá menos alcance a nivel internacional, pero brilla por su calidad en cada edición del festival FESPACO, en la capital Uagadugú, la plataforma idónea para que los realizadores locales exhiban sus producciones ante el público y los programadores internacionales. También vale la pena prestar atención a las iniciativas que promueven las producciones en realidad virtual, que se están fortaleciendo con particular énfasis en Kenia.

El cineasta JP Bekolo en conversación con Salym Fayad durante el transcurso del Muica 2017.

¿Y algún director/a que esté posicionado para deslumbrarnos en las salas y festivales europeos?

El maliense Daouda Coulibaly. Wúlusu primer largometraje, es un thriller que aborda el tema del tráfico de cocaína en el Sahara como no lo habíamos visto antes, exponiendo las diferentes dimensiones y actores que participan en este comercio ilegal y que afecta a la seguridad, la política y las relaciones internacionales en toda la región; y que además tiene implicaciones a nivel global, incluyendo entre sus actores, desde luego, tanto a Colombia como a España.

 

Max Lobe desentierra la historia oculta de Camerún

La apuesta de Max Lobe puede interpretarse como una apuesta segura y, al mismo tiempo, es un desafío audaz, sin garantía de éxito. Parece una contradicción, ¿verdad? Y quizá lo es, pero lo cierto es que la elección de este joven novelista camerunés afincado en Suiza, tiene un poco de las dos caras de la moneda. Lo que sí que es más inequívoco es el resultado. Max Lobe ha ganado su apuesta, y el salón del libro de Ginebra le ha concedido el Prix Kourouma 2017 por su novela Confidences.

El escritor camerunés Max Lobe. Fuente: Éditions Zoe

La apuesta de Lobe tiene un nombre propio y es Ruben Um Nyobè. Se trata de la figura a la que ha consagrado la novela premiada. Aparentemente Max Lobe ha jugado sobre seguro porque Ruben Um Nyobè es uno de los principales luchadores cameruneses por la independencia del país. Un revolucionario impenitente y cubierto por una pátina de autenticidad. La épica del personaje le convierte en una figura con una tremenda carga literaria, casi sin mayor esfuerzo.

Sin embargo, la moneda tiene una cruz. Las autoridades camerunesas de la independencia decidieron enterrar la figura de Ruben Um Nyobè en lo más profundo del olvido. Se trata de uno de esos personajes que cargó sobre sus espaldas con el peso de la lucha de independencia, pero que no pudo disfrutar de los beneficios de la victoria de su lucha porque su coherencia lo convirtió en un hombre incómodo. No es el único que se ha visto en esta situación, las indeoedencias de muchos países africanos guardan historias ocultas. Junto al padre de la lucha de emancipiación que llegó al poder y se hizo con la popularidad, a menudo hay un alterego que quedó en la sombra. En algunos casos, la dualidad respondía a una cuestión de carisma, en otros a diferencias ideológicas y en otros a simple coherencia.

Ruben Um Nyobè no superó la prueba de la historia, después de dar la vida por el combate que estaban manteniendo y ser asesinado en 1958 por las fuerzas francesas, fue sepultado por el olvido. Él no llegó a ver al país en libertad y las autoridades del país prefirieron que su nombre se fuese apagando poco a poco. Lobe no ha sido el primero en intentar rescatar al personaje. Antes ya lo hizo el intelectual también camerunés, Achille Mbembe. La diferencia es que el ejercicio de Max Lobe le permite unas libertades que Mbembe no tenía y que pueden hacer que la historia que cuenta el novelista tenga un impacto mayor.

De hecho, en Confidences, los críticos se han encontrado con un lenguaje cercano y un estilo narrativo fresco, en gran medida debido a que Lobe ha construido el personaje de una mujer mayor que desde una aldea cuenta su experiencia junto a Ruben Um Nyobè. La figura de esta narradora es la clave de la efectividad del relato.

De esta manera, la apuesta de Max Lobe ha tenido un considerable éxito, que se ha materializado en el Prix Kourouma que ha recibido durante el Salón du Livre de Genève. Lobé ya era, en realidad, una promesa de la literatura camerunesa que aparece como finalista de diversos premios en los últimos años y que ha recibido una cierta confianza del mundo editorial. Sin embargo, ha tenido que ser de nuevo un premio el que consolide a un novelista, en su cuarta obra. De nuevo, llama la atención que otra de las promesas de las literaturas africanas, en este caso de la camerunesa, surja de la diáspora. Pero se trata, apenas de una especie de incógnita que se abre. Max Lobe lleva trece años instalado en Suiza, pero su voluntad por intervenir en la sociedad de su país de origen es inequívoca. Ha mostrado su preocupación por la situación provocada por la lucha contra Boko Haram en Camerún a través de artículos de prensa. De la misma manera durante la promoción de Confidences Le Monde recogía unas declaraciones en las que Lobe aseguraba que sería “feliz si Confidences que destaca grandes figuras de la historia de Camerún, pudiese ser integrado en los programas escolares y vendido a un precio asequible en su país”.

Elegía de la identidad fronteriza

“Así es como habitualmente defino mi propia identidad. La considero fronteriza, es decir, anclada, no en un lugar de ruptura, sino, por el contrario, en un espacio de constante adhesión. La frontera, según la defino y la vivo, es el lugar en el que, sin descanso, los mundos se tocan”. Es uno de los primeros pasajes del texto “Vivir en la frontera”, una de las conferencias que componen el volumen del mismo título de la escritora camerunesa Léonora Miano.

La autora camerunesa Léonora Miana. Foto: T. Orban Abacapress.

Los libros de la Catarata han editado un volumen en el que Miano reúne seis conferencias que ha ido impartiendo en diferentes escenarios entre 2009 y 2011. “Hasta ahora, casi todas estas intervenciones, aunque no siempre, tuvieron lugar en Estados Unidos”, confiesa la escritora en la Introducción con un evidente resentimiento hacia el desdén galo. Las transcripciones de estas intervenciones son, en realidad, una auténtica radiografía de la escritora y de sus circunstancias, de las ideas que mueven su creación, de su aproximación a temas como la identidad, pero también sobre la propia producción literaria, entre otros temas.

La conferencia que lleva el nombre del libro (más bien al revés) es la principal reflexión sobre lo que Miano ha dado en llamar la multipertenencia, entendida como la idea de una identidad formada por aspectos diferentes. Un concepto que se desprende de esa “vida en la frontera” en la que todo entra en contacto, se mezcla, se contagia y acaba recreándose a través de la hibridación.

En “Escribir el blues”, la disertación de Miano se desarrolla en diferentes líneas. Por un lado, hay un apunte vital, sobre su aproximación a la escritura. Por otro lado, hay un abordaje identitario, sobre la importancia y la conciencia del color de la raza. Y, finalmente, una reflexión estilística, como es la compleja relación de la estructura de las novelas de Miano, con la música y fundamentalmente con los géneros que se consideran propios de la música negra, como el blues o el jazz, fundamentalmente. Cada uno de esos estilos responde a objetivos, voluntades y experiencias diferentes. “Yo trabajo sobre temas difíciles”, dice la autora, “sobre algo de lo que la gente preferiría no hablar, pero que sin embargo está ahí. Y no trato de adornarlo. Como mi trabajo tiene que ver con la creación artística, necesariamente desarrolla una estética. En la capacidad de crear belleza de lo que genera el sufrimiento humano reside la promesa de conocer días mejores”, sentencia con esperanza la novelista camerunesa.

En “Leer por fin a los escritores subsaharianos”, la reflexión gira en torno a la idea de “literatura africana” y Miano no hace prisioneros. Precisamente, esta conferencia, dictada en una universidad estadounidense, no tiene ningún reparo en reseñar los males de la academia en su aproximación a las obras de autores nacidos en el continente. Miano, reitera una y otra vez a su auditorio, la superficialidad con la que los académicos leen las novelas de escritores subsaharianos. Como ese abordaje está completamente condicionado por los estereotipos y por una visión occidental que impide, siquiera, que esos autores sean considerados en su justa media, como creadores íntegros, más allá de su condición de africanos. Miano exige que los académicos se acerquen a cualquiera de esas novelas, como lo harían con la de cualquier otro autor del mundo.

“Las negras realidades de Francia” es la excusa para reflexionar sobre las migraciones y sobre la construcción de la comunidad afrodescendiente en el hexágono. “Ser negro hoy en Francia, es ante todo estar en una situación de impoder. Es no dominar su propia imagen, ya que está fabricada por los demás, que son los que forjan el objeto de su temor, de su odio, de su desprecio o de una empatía infantilizante”, destaca Miano. La autora camerunesa formula el concepto “afropeo”, para referirse a un escritor con una experiencia particular en la que encuentran su espacio de manera natural y sin estridencias los mundos africano y europeo.

Un sentido similar en algunos aspectos tiene “Silenciados: los hijos ocultos de Marianne”. En este caso, sin embargo, el énfasis aparece más ubicado en las condiciones de vida de las comunidades negras y, fundamentalmente, en que los contextos de discriminación y desigualdad han llegado a instalarse con firmeza. Después de un repaso por las diferentes caras de la relación histórica entre Francia y África subsahariana, sobre todo en la barbarie de la trata y el desequilibrio de la época colonial, Miano afirma: “En la Francia hexagonal vive una población afropea, procedente de inmigrados subsaharianos y caribeños (…). Es esta la enorme diversidad de lo que África y Francia generaron. Nunca han dejado de estar en contacto, cualquiera que fuera el modo, y mutuamente se han transformado”. La autora se lamenta de que la imagen que Francia se da de sí misma, obvia la realidad de los subsaharianos del país.

Por último, “Afrodescendientes en Francia: representaciones y proyecciones”, es la excusa para la constatación de una comunidad negra en el país galo. Los “franceses negros”, dice con frecuencia la escritora camerunesa. Habla también de relaciones asimétricas construidas con el tiempo, de las deudas, prácticamente que Francia mantiene con el continente africano. “Digámoslo claramente: el África de la que hablamos hoy, a la que se le acusa de las peores calamidades, aquella que se contempla con mirada condescendiente y no fraterna, es extranjera para los propios subsaharianos. Deben volver a ser dueños de su propio espacio y dotarlo de sus propias aportaciones”, dice la escritora después de revisar la imagen que se tiene de la responsabilidad de los africanos en su propia historia más dramática.

Pero, más allá, del repaso de las seis conferencias se impone una mención especial a esa “Vivir en la frontera” que muy acertadamente da nombre a la publicación. La idea de las identidades liminares es una aportación especialmente interesante de Léonora Miano en un mundo en el que cada vez parece ser más necesario justificar el derecho de los migrantes. Miano hace de esa existencia híbrida un motivo de orgullo y explica a la perfección la riqueza de esa identidad de multipertenencia. “Las identidades fronterizas nacieron del dolor. Nacieron del desgarro, de la violación, del odio de sí mismo. Debieron atravesar las sombras para inventar un anclaje en arenas movedizas e imponerse no contra, sino entre los demás. En el fondo, viven en un espacio cicatricial. La cicatriz no es la herida. Es la nueva línea de vida creada encima. Es el terreno de los más insospechados posibles”, asegura la escritora. Además, para ella, “ser africano es ser un híbrido cultural. Es vivir en la frontera”, sentencia la autora con cierta satisfacción.

El amor de los amantes, los celos de San Valentín

Fotograma de la película Restless City, 2011.

El día de los enamorados es, además de mucho más complejo que las cenas románticas de esta noche incentivadas por la publicidad y El Corte Inglés, algo que se apelmaza entre la carta de vinos y la de los postres: lo llaman amor. Sobrevuela a ratos alto y dislocado. A veces tan bajo que lo llegamos a pisotear. Muchos piensan que en África no existe. No el día de los enamorados, sino el A-M-O-R. Creemos que esta palabra no puede ser, que está ausente. Un concepto eclipsado siempre por la crisis del SIDA, la sequía, la guerra. Así que cuando se piensa en el continente africano uno no proyecta imágenes de emociones o tensiones sexuales que acompañan al concepto. Quizá está provocado por la necesidad de alimentar nuestro ego y querer exportar, también, nuestra forma de besar, de ser celosos, de venganza, de anhelo, de intriga, de intimidad, de cortejo, de ser galanes, de movernos en la cama. Seleccionar películas es jugar a ser prestidigitador y hacer mutar las percepciones de las narrativas del espectador. Y hemos pensado que, quizás, cansados de tanto corazoncito y ofertas de todo tipo para un día como otro cualquiera, vendría bien dejarnos querer por realizadores y realizadoras que desde el continente explican que el amor es mucho más complejo. No obstante, disfruten de este 14 de febrero. Con cine, claro.


Sexo, okra y mantequilla salada, (2008) de Mahamat-Saleh Haroun 

Sexo, okra y mantequilla salada es una comedia de costumbres rodada en Francia. Con un reparto coral, el director chadiano cuenta la historia de una familia africana recientemente emigrada. Una serie de cambios agitan la familia, incluida la marcha de la madre con su amante blanco. Malik, su marido y muy tradicional, ve que todo su mundo se gira del revés, que tiene que cuidar de dos niños pequeños solos y, además de eso, descubre que su tercer hijo es homosexual. La llegada de la hermosa Amina provocará una serie de giros sorprendentes de guión. Una película que explora muchos de los temas de la firma de Haroun como los padres ausentes o la venganza frente a la reconciliación.


Boda blanca, (2009) de Jann Turner

El leal, comprometido y muy decente Elvis deja Johannesburgo para recoger a su mejor amigo y padrino Tumi en Durban. Los dos viajan a Ciudad del Cabo para comenzar los preparativos de la boda de Elvis con Ayanda. Pero las cosas no siempre salen según lo planeado. Esta comedia es una película atractiva que te hace sentir bien, así en general, con ese A-M-O-R del que hablábamos: compromiso, intimidad, amistad…


Hienas, (1992) de Djibril Diop Mambety
Una adaptación de la famosa obra del suizo Friedrich Dürrenmatt, La Visita, la película de Mambety Hienas cuenta la historia de Linguere Ramatou, una anciana y rica que vuelve a su pueblo natal de Colobane –el mismo que el de Mambéty–. Allí el guion narra una historia íntima de amor y venganza paralela a una crítica del neocolonialismo y el consumismo de África. Os dejamos la película completa.


Faat Kiné, (2001) de Ousmane Sembène
Esta comedia incisiva del cineasta senegalés Ousmane Sembène, uno de los padres de los cines africanos, es una observación crítica a la actual Dakar. El realizador muestra las contradicciones modernas de la ciudad postcolonial en un paisaje donde se mezclan las relaciones de género, la pobreza y la riqueza, y la tradición y modernidad. Faat Kine es un tributo al heroísmo cotidiano de las mujeres africanas, mostrándolas en el papel central que desempeñan en la creación de una nueva África lejos de la de antes de la independencia. Os dejamos la película completa porque también se habla de amor.


El amor se cocina en una olla africana, (1980) de Kwaw Ansah
La reinterpretación de Romeo y Julieta en la Ghana colonial por el realizador ghanés Kwaw Ansah representa las tensiones entre tradición y modernidad. Aba Appiah se enamora de Joe Quansah, hijo de un pescador, pero Kofi, su padre, un funcionario jubilado, tiene otros planes para ella, y tratará de bloquear su matrimonio. El conflicto resultante tendrá consecuencias complejas e inesperadas. Una joyita para disfrutar de la Ghana de los años ochenta.


Un amor durante la Guerra, (2005) de Osvalde Lewat-Hallade
Este documental de la realizadora camerunesa Osvalde Lewat-Hallade explora las consecuencias del uso de la violación como arma de guerra desde la perspectiva de las mujeres en África, donde se da testimonio de esta tragedia en repetidas ocasiones. Aziza una periodista y su marido tratan de reconstruir sus vidas. Sin embargo, los horrores sufridos por otras mujeres durante la guerra todavía se ciernen sobre Aziza.


Restless City, (2011) de Andrew Dosunmu
La ópera prima del director nigeriano Andrew Dosunmu, con una magnífica fotografía, cuenta la historia de Djibril, un inmigrante africano que sobrevive en la periferia de la ciudad de Nueva York, donde la música es su pasión, la vida es una estafa y enamorarse es su mayor riesgo. Djibril tiene un objetivo: ser una estrella del pop y volver algún día a África, donde su madre y su padre trabajan en un entorno de miseria. Pero el amor, lo cambiará todo.

5 películas africanas sobre migraciones

Un catálogo subjetivo para comprender las migraciones africanas desde el otro lado y a través de la mirada de 5 cineastas. Porque detrás de la barbarie que se vive en la frontera europea, hay historias humanas que vale la pena conocer:

A Stray
Director: Musa Syeed
País: EE.UU. 
Año: 2016

Poco después de conocerse quién sería el nuevo presidente de los Estados Unidos, saltaba la noticia de que Ilhan Omar, de 34 años, ha hecho historia al convertirse en la primer legisladora somalí del país. Esta ex refugiada y activista nacida en Somalia servirá como miembro del Parlamento, en el estado de Minnesota. Una elección que se producía pocos días después de que Donald Trump acusara a los inmigrantes somalíes de este estado de “difundir sus puntos de vista extremistas”. Minnesota tiene la comunidad más grande somalí de la nación, alrededor de 50.000 según el censo de los Estados Unidos.

A stray (un perro callejero) cuenta la historia de un adolescente somalí llamado Adan, interpretado por Barkhad Abdirahman, quien crece en Minneapolis, y que perdió a su padre en la guerra en Somalia. Su madre le ha expulsado de su apartamento por el robo de sus joyas. “Eres un somalí y musulmán, nadie te va a contratar”, le dice uno de sus amigos al inicio de la película.

Así que cuando el director de cine Musa Syeed comenzó a viajar desde su casa en la ciudad de Nueva York hacia el corazón de la comunidad somalí en Minneapolis, la ciudad más grande de Minessota, se enfrentó a una queja recurrente: la de los propios somalíes que pensaban que sería un periodista más que terminaría haciendo un producto sobre terrorismo. De hecho, la película de Syeed no ignora esta cuestión y refleja la psicosis de que parezca que haya un agente del FBI al acecho en cada esquina. Pero muestra la vida de los refugiados en Minneapolis matizada, con problemas, sí, pero también hermosa.


Triangle Going to America 
Dirigida por Theodros Teshome
País: Etiopía
Año: 2014

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.


Hope
Director: Helmer Boris Lojkine
País: Nigeria / Camerún / Francia
Año: 2014

Existe un rico mosaico antropológico de historias de supervivencia de los migrantes del África al sur del Sahara que han atravesado el desierto y el mar en busca de una vida mejor en Europa, pero son los guiones menos llevados al cine. Y esto sería razón suficiente para dar la bienvenida a Hope (Esperanza), una crónica pragmática y sensible del encuentro entre una joven nigeriana y un hombre camerunés que luchan en unas condiciones brutales por alcanzar las costas de España. El debut narrativo del francés Helmer Boris Lojkine fue quizás silenciado de forma solemne en las carteleras europeas.

La esperanza es la fuente principal de combustible en el largo camino representado en la película. Y el detalle simbólico del guión de Lojkine ya que también es el nombre de la joven protagonista que viaja sola y se une a un grupo de varones cameruneses en dirección al norte. Humillada y violada por sus compañeros de viaje, es rescatada y posteriormente protegida por Leonard, quien la acompaña a los guetos migrantes sombríos surgidos en la periferia urbana de Tamanrasset (Argelia). Una road movie sobre la vida. Y sobrevivir.


Mille Soleil
Directora: Matis Diop
País: Senegal
Año: 2013

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.


África Paraíso
Director: Sylvestre Amoussou
País: Senegal
Año: 2006

Y después de esta selección… acabamos con una famosa cita panafricanista: “África para los africanos”. Estas son las palabras que se repiten en el guión de Sylvestre Amoussou que sitúa sobre el tapete una cuestión necesaria en los discursos hegemónicos. ¿Qué pasaría si Europa se fragmentara en el 2030, los índices de paro se dispararan y se provocara una fuerte migración a la inversa? Es decir, si los europeos buscaran trabajo a la desesperada en el edén africano, ¿qué ocurriría? Amoussou describe a un África donde las políticas migratorias son feroces contra los inmigrantes, donde los jóvenes africanos están súper cualificados y donde se generan, también, suburbios de blancos que buscan un futuro mejor. No hay más. Una auténtica crítica a contrapelo de la historia, como diría Walter Benjamin. Aunque la fotografía deja, eso sí, mucho que desear.

 

Contratos de siete cifras

Se acerca el final de 2015 y pronto empezaremos a encontrar listas de los mejores libros del año y todo tipo de balances similares. No vamos a echar la vista atrás para ver lo que se ha publicado en los últimos doce meses, aunque en varias ocasiones nos hemos felicitado al encontrar pistas que nos hacen pensar que poco a poco la literatura de autores africanos va ganando terreno. No vamos a dejar de reclamar que se equilibre una situación desigual que se ha prolongado durante siglos, sin embargo, tampoco podemos negar que el panorama literario africano se abre un hueco en una audiencia global. El año 2015 ha sido un poco mejor, pero mirando al futuro nos sorprendemos con la posibilidad de que 2016 marque un hito, que quizá no deje de ser anecdótico.

Es evidente que las grandes compañías del sector editorial internacional marcan el paso, que a menudo son las operaciones de marketing las que establecen qué autores alcanzan la proyección mundial y cuáles se quedan en la cuneta. En todo caso, durante este año también hemos tenido la oportunidad de descubrir cómo las iniciativas surgidas del continente van forzando el monopolio de esta industria eminentemente dominada desde occidente. El hito que se prepara para el año 2016 tiene que ver con esas operaciones faraónicas de lanzamientos mundiales grandes superestrellas, pero esa no es excusa para no reconocer el papel de los editores independientes y las organizaciones de autores que desde el continente africano llaman a la puerta del mercado global.

Mbue DreammersHace apenas tres semanas el diario The Wall Street Journal sorprendía con un artículo dedicado a los grandes lanzamientos que se preparan para 2016. El periódico ofrecía una lista de autores noveles que se estrenarán el próximo año con novelas por las que las correspondientes editoriales han pagado adelantos de la friolera de más de un millón de dólares. En esa selecta lista de los suscriptores de contratos de siete cifras se colaba un nombre que unos meses antes había llamado la atención de muchos de los principales medios culturales africanos. La camerunesa Imbolo Mbue es una de esas promesas editoriales que ha recibido un adelanto de más un millón de dólares.

Behold the Dreamers es el título de la novela de Mbue que vale semejante cifra para Random House incluso antes de ser presentada. En la feria de Frankfurt de 2014 ya se anunció el insospechado contrato, por la historia del chofer camerunés de un alto ejecutivo de la compañía Lehman Brothers en el momento de su caída en 2008. Después de algunas informaciones confusas (que han incluido el cambio del título previsto) ahora se ha anunciado que la novela verá la luz durante el año 2016, posiblemente durante el mes de agosto. Pero además el artículo de The Wall Street Journal rompía con otro de los misterios de esta operación. Por primera vez, se publicaba una foto de la autora, a la que algunos analistas del sector habían perseguido, sin éxito, a través de los recovecos de la red.

Gyasi HomegoingSin embargo, la información del periódico neoyorkino ofrecía una segunda novedad. Si Imbolo Mbue será recordada como la primera autora africana en firmar un cheque de siete cifras por su primera novela, no será la única. En el selecto grupo de los noveles de oro para 2016 hay otra escritora de origen africano. Se trata de Yaa Gyasi, de 26 años de edad, nacida en Ghana y crecida en Alabama. La firma del acuerdo editorial se hizo pública en la Feria de Londres de este año y dicen los cronistas que se rubricó luego de una subasta entre diez editoriales que se disputaban los derechos de publicación.

Homegoing es el trabajo que firma Gyasi y que está previsto que vea la luz en junio de 2016. La novela trata el tema de la trata esclavista a través de la historia de dos hermanastras ghanesas que siguieron recorridos vitales diferentes en el siglo XVIII. Desde ese punto de partida, Gyasi recorre 250 años de la historia de la comunidad afroamericana, desde las razzias esclavistas en la llamada Costa del Oro, hasta la actualidad pasando, por la guerra civil estadounidense, el trabajo forzado en las minas de carbón sureñas y la gran migración de la Harlem Renaissance.

Las firmes apuestas por las autoras de origen africano (que sigue la estela de las últimas publicaciones del ya valor seguro de Chimamanda Ngozi Adichie) de las grandes editoriales nos lleva a pensar que, al menos, las literaturas del continente conseguirán algunas plazas en los primeros puestos de este sector.

África: banda sonora 2015 (VIII)

“Estamos al inicio de un ciclo africano mundial”

Su álbum debut ‘Léman’ (World Connection,2009) sorprendió a todos con una composición delicada y mimada que suspiraba cierto romanticismo al que no estamos acostumbrados cuando hablamos de músicas africanas. Algunos querían casar su sonido con reminiscencias brasileñas, pero el camerunés Blick Bassy no titubeó en decir entonces que es la música brasileña la que tiene fuertes raíces africanas, y que ese es el motivo por el que confundimos sus sonoridades. Pero lo cierto es que su música es un cruce de caminos con influencias varias, entre las que se encuentra Malí, donde grabó su primer álbum en el estudio de Salif Keita, pero también Estados Unidos, el Congo o Francia.

Para comprender al artista y comprender cómo utiliza su don como cantante y compositor, hemos querido entrevistarlo y conocer más de cerca los secretos que entronizan su 3er álbum de estudio (Akö) como uno de nuestros álbumes estrella de 2015.

Blick Bassy, por Denis Rouvre.

Blick Bassy, por Denis Rouvre.

GS: ¿De qué fuentes musicales bebes? 

BB: Para mí cada álbum es un proyecto en sí. Léman es el encuentro entre melodías del África central y las armonías del oeste africano. Crecí en un medio donde la música está en todas partes todo el tiempo. Cuando era joven mi padre escuchaba alguna bossa nova de Joao Gilberto, Gilberto Gil o Joao Bosco, pero también a cantantes como Marvin Gaye, Nat King Cole, Stevie Wonder y música camerunesa de Jean Bikoko Aladin, Eboa Lottin, Ndedi Dibango… Crecí escuchando toda esta música, así que para mí es natural que estas influencias estén en todo lo que hago. En el norte de Camerún también tenemos música pentatónica como en Malí, así que me es fácil incorporar los sonidos malienses en mis canciones y que todo vaya filtrándose en mí. Pero como he dicho, cada disco es un proyecto distinto, Hongo Calling (World Connection, 2011) me trajo desde Camerún hasta Brasil a través de los ritmos Hongo del pueblo Bassa.

GS: Y después de tu segundo álbum, Hongo Calling, nos brindas tu tercera perla: Akö (No Format, 2015). Y con tanto éxito que la canción Kiki ha sido elegida para promocionar el iPhone6. ¿Crees que tu álbum viene en el momento perfecto en que África está poniéndose a sí misma en el epicentro de la creatividad mundial? ¿Cómo Blick Bassy también se encuentra en el epicentro de este auge?

BB: Un momento perfecto… (se ríe) ¡Creo del todo en una Nueva África y estaba seguro ya hace años de que este momento llegaría! En serio, creo que un artista hoy en día tiene que verse a sí mismo como contratista, por ello, tenemos que evolucionar y entender las realidades del mercado. Las nuevas tecnologías e Internet han cambiado la forma en que hacemos y consumimos música lo que ha puesto África al frente del escenario internacional. Pero este cambio de modelo tiene un impacto mucho más grande en África que en otras regiones. A mí, que no solamente soy compositor y músico sino también productor y llevo un sello discográfico en Camerún desde hace diez años trabajando con jóvenes artistas, las nuevas dinámicas de producción y consumo solo me refuerzan el enfoque afro-positivista.

GS: ¿Hablas de ello en tu nuevo disco, Akö?

BB: Todas las canciones de este álbum hablan de transmisión intergeneracional, pero sobre todo de la educación de los niños ya que si queremos cambiar el mundo, solo lo podremos hacer a través de ellos.

GS: Lo cuentas a través de la lengua bassa en tus canciones. ¿Es una demanda política del derecho y la necesidad de reivindicar las lenguas africanas como vehículos de transmisión cultural? 

BB: Creo que estamos sólo al inicio de un ciclo que, desde mi punto de vista, será africano a nivel mundial. La historia de África será narrada por sus hijos, tanto en el cine, la música, el arte, la cultura africana llegará a los ojos del mundo a través de las nuevas tecnologías y nuestras lenguas se convertirán en tan poderosas como el inglés, el francés, etc…

GS: ¡Ojalá¡ Y a través del arte africano se podrán apreciar más las culturas africanas, ¿no? ¿Sientes responsabilidad como músico hacia la cultura bassa?

BB: Primero de todo me siento ciudadano del mundo, luego de Camerún. Lo Bassa me lleva a mis tradiciones y mi cultura. Pero puedo decir que pertenezco a toda la comunidad camerunesa ya que ni siquiera estoy viniendo en ninguna comunidad Bassa. Creo que nuestra sociedad es completamente distinta a lo que la gente se imagina cuando hablamos de comunidades concretas, nadie espera de mí como artista nada que yo no quiera darles. A día de hoy mi trabajo es muy conocido en Camerún, sobre todo porque con mi antigua banda estuve muy activo en el país durante diez años. Los jóvenes cameruneses respetan mucho lo que hago, pero no siento que pidan nada de mí.

GS: Volviendo a tu último disco, ¿qué diferenciarías de Akö respecto a los álbumes precedentes?

BB: Con Akö, me he dejado llevar por la magia de la fotografía de Skip James y su blues. Lo demás fluyó. Estamos viviendo en un tiempo de exceso de información, y quería un álbum donde mi voz y mi emoción fueran la información principal, acompañadas del banjo, el cello y el trombón. Así que a diferencia de Léman y Hongo Calling, este disco vino a mí.
GS: La música vino a tí. Y así, también nos llega a nosotros, como un regalo. La mayoría de los músicos que entrevistamos en Wiriko han tenido que emigrar fuera de África para poder vivir como músicos. ¿Éste es tu caso también?

BB: Por supuesto. Cuando me fui de Camerún en 2005, no había estructura viable para el desarrollo de una carrera ambiciosa. Si fuera hoy, con la fuerza de Internet, no me iría.

Blick Bassy por el fotógrafo David Balicki.

Blick Bassy por el fotógrafo David Balicki.

GS: ¿Es muy diferente la vida en París o en Douala o Yaundé? ¿Qué hechas más de menos de Camerún viviendo en Francia?
BB: La ventaja de estar en París es la satisfacción profesional, tener una estructura de apoyo, ser la marca de una agencia de management… esto aún no se encuentra en Douala. Pero lo que más echo de menos es el amor entre las personas, compartiendo y ayudándose unos a otros, pero también la comida, porque yo soy super mal cocinero.
GS: Te mudaste de París y ahora estás instalado cerca de Calais, un punto caliente del drama que se está viviendo con los refugiados en Europa. ¿Cómo se está viviendo la crisis de migrantes en la región? 

BB: Yo vivo en Cantin, un pequeño pueblo cerca de Calais. Aquí la gente es muy amable, en serio, nunca he sentido racismo hacia mí desde que estoy aquí. Todo el mundo sabe acerca de mí ya que tengo una asociación en el pueblo. A veces me voy de visita Calais para llevar algunas cosas a la gente (migrantes) que acampan para cruzar hacia la Mancha. Puedo entender que a veces la gente se asusta, pero creo que es la ignorancia fomentada por los medios de comunicación y la política los que están jugando con esos temas en beneficio propio. A pie de calle, la gente reacciona de forma distinta.

GS: Tenemos entendido que tienes un proyecto para ayudar a los músicos de Camerún para poder desarrollar su carrera profesional en su país de origen ¿Es difícil decirle a un joven de Camerún que no tiene que migrar para poder vivir de su talento?
BB: He creado una agencia de artistas –Wanda-full.com– con un boletín de noticias que cada semana se actualiza para ayudar a artistas africanos a desarrollarse, pero también funciona en Europa al final. Me dí cuenta que los artistas, músicos, managers, promotores y distintos agentes del negocio de la música están faltos de estrategias y consejos tanto en África como en Europa. Es un sector que está mal en todos lados. Todo artista lucha para salir adelante. Así, también hemos creado un programa de radio en el norte de Francia para asesorar artista y que puedan impulsar sus carreras. Realmente, a día de hoy creo que se trata de aquello de “hágalo usted mismo”. Si quiere sobrevivir, cada músico tiene que ser independiente, en África y donde sea.

GS: Pues te tendrán que hacer caso porque parece que tu receta está funcionando más que bien. Tienes una agenda bien repleta, ¿verdad? Francia, Hungría, Marruecos…

BB: A parte de mi gira de presentación de Akö, estoy trabajando en un libro. Es una novela sobre la migración. Pero también estoy trabajando en torno al concepto de “Artista hazlo tu mismo” para ayudar a los artistas a compartir sus consejos y estrategias de música. También soy secretario general de la Red Mundial de festivales de músicas del mundo y de la agencia de promotores Zone Franche.

Páginas llenas de sensualidad africana

Derribar estereotipos es una labor tan larga como trabajosa. Y, a veces, esa labor se entrelaza con otras acciones militantes de algunos colectivos concretos, como la construcción de nuevos espacios para las mujeres y por parte de las mujeres. En esta cruzada la literatura y la cultura, en general, es una poderosa herramienta. Uno de estos ejemplos es el último libro coordinado por la escritora camerunesa Léonora Miano. Volcaniques, une anthologie du plaisir es una antología de relatos que se sumergen en el deseo femenino. Puede parecer un esfuerzo innecesario, pero es evidente que es totalmente necesario que las propias escritoras africanas demuestren que sus experiencias del deseo, de la sensualidad, incluso del erotismo están completamente normalizados.

La autora camerunesa Leonora Miana. Foto:  T. Orban Abacapress.

La autora camerunesa Leonora Miana. Foto: T. Orban Abacapress.

Volcaniques, une anthologie du plaisir aparece como el segundo paso de una estrategia más amplia que tuvo un primer episodio en Première nuit, une anthologie du désir, que tenía un enfoque similar pero desde la perspectiva masculina. En esa ocasión, eran los hombres los que escribían relatos sobre esas temáticas sensuales poco relacionadas con la literatura africana.

volcan-desir-leonora-mianoMiano y sus compañeras de viaje, doce escritoras africanas y caribeñas afrodescendientes, han construido un volumen con el que rompen muchas de las ideas preconcebidas. Es uno de esos ejercicios de ruptura de líneas rojas. ¿Sobre qué pueden y deben escribir los autores africanos? ¿Cuáles son los límites de la intimidad de los creadores? Los doce relatos que componen Volcaniques, une anthologie du plaisir demuestran que la literatura africana es ilimitada, que las sociedades africanas también viven de experiencias sensuales y que el papel de las mujeres puede ser más diverso y más variado de lo que la miopía occidental está dispuesta a aceptar. En todo caso, Volcaniques, une anthologie du plaisir tampoco tiene empacho en demostrar que la condición femenina tiene todavía espacios por conquistar, pero al mismo tiempo, que son las propias mujeres las que portan el estandarte del nuevo papel que se está construyendo.

Bajo el rótulo luminoso de historias sobre el deseo femenino en Volcaniques, une anthologie du plaisir, las autoras despliegan todo un abanico de aspectos concretos, de sentimientos diversos, de enfoques diferentes y de voces heterogéneas. Está la de la joven que está despertando a su sexualidad gracias a la combinación de las lecturas eróticas y las experiencias de una prima con un visión naturalizada del sexo sin compromiso es incluso instrumentalizado. Pero las más de doscientas páginas de este volumen también dejan espacio a una visión casi metafísica de las relaciones sexuales, o para la visión del sexo como un vano recurso para llenar espacios afectivos, e incluso para un enfoque de la sensualidad desde la madurez y la sensualidad más allá del ardor.

Las doce plumas privilegiadas que firman estos relatos, a saber, Hemley Boum, Nafissatou Dia Diouf, Marie Dô, Nathalie Etoke, Gilda Gonfier, Axelle Jah Njiké, Fabienne Kanor, Gaël Octavia, Gisèle Pineau, Silex, Elizabeth Tchoungui, Léonora Miano, presentan un espectro casi inabarcable, de temáticas y enfoques sobre la sensualidad, pero también de voces diversas y de estilos distintos.

Como la propia Miano señala en la contraportada de la obra: “Muchas mujeres se reconocerán en estas páginas, sean de dónde sean. En cuanto a los hombres, encontrarán, quizá, la clave del gran misterio que parece ser, para algunos, el placer femenino”. Cierto que ese halo de misterio existe, pero se acrecienta aún más en el caso de las mujeres africanas, que en el imaginario occidental parecen abocadas a la pasividad y a las que no se reconoce la capacidad del disfrute y, sobre todo, la reivindicación de su propia sexualidad.

A la espera de que alguna editorial se lance a traducir este libro, aquí se puede disfrutar de algunas de sus páginas en francés.

Un ‘Disney’ camerunés para cambiar mentalidades

Portada del primer número de AfroShonen editado en Camerún.

Portada del primer número de AfroShonen editado en Camerún.

Cultura, desarrollo, transformación social y emprendeduría se mezclan en el sueño que Brice Ludovic Bendzy Mvogo dibuja en forma de cómic. Para este joven camerunés formado en Cuba, las historietas y los superhéroes son la herramienta para construir un futuro optimista para el continente. Brice Ludovic imagina un África alejada de la pobreza, el hambre y la guerra y la dibuja para ayudar a que sus compatriotas sean conscientes de que es posible vivir un mañana de prosperidad.

Para materializar este sueño, a Brice Ludovic no le ha bastado con plasmarlo en el papel de los álbumes y, haciendo gala del optimismo que predica, ha ideado una iniciativa que empieza en un cómic y termina, quién sabe, en un parque temático. Bajo el sugerente y simbólico nombre de New Era Publishers, se despereza la iniciativa de este dibujante camerunés y se esconde el que podría ser en un futuro el “nuevo Disney africano”. Evidentemente, sólo por lo que la multinacional del divertimento tiene de industria cultural y no por los ecos de icono de un modelo concreto de economía. No en vano el sueño de este artista nace en Cuba, donde estudió durante seis años gracias a una beca y se graduó, por cierto, con el premio al mejor expediente del año de las Universidades de Granma en 2013. “Vi los cambios económicos que se han producido en la isla gracias a la promoción de las artes y participar en la feria del libro de La Habana en varias ocasiones ha sido para mí un recuerdo imborrable. Instintivamente quise eso mismo para mi país”, explica el impulsor de New Era Publishers.

Una muestra de la serie Lovely Secret, dentro del volumen de AfroShonen.

Una muestra de la serie Lovely Secret, dentro del volumen de AfroShonen.

Así que con el recuerdo en la retina, la idea en la mente y la inquietud en las manos, Brice Ludovic, lideró la creación de New Era Publishers, nada más regresar a su país. Ese es el paraguas bajo el que se desarrollan diversos proyectos ligados entre sí por el mundo del noveno arte, el del cómic. De momento, el proyecto pretende construir “la plataforma para  la promoción, venta y distribución de novelas gráficas en Camerún y en toda África”, explica el impulsor, aunque no esconde que le gustaría que éstas se convirtiesen después en novelas de animación y siguiesen generando secuelas hasta configurar, incluso, parques temáticos. Más allá de las ilusiones futuras, los movimientos de Brice Ludovic ya han dado sus primeros frutos. AfroShonen ha visto la luz como la primera entrega de una revista mensual de cómic camerunés.

Brice Ludovic Bendzy Mvogo, durante la presentación de las publicaciones de New Era Publishers. Fuente: Facebook de la compañía.

Brice Ludovic Bendzy Mvogo, durante la presentación de las publicaciones de New Era Publishers. Fuente: Facebook de la compañía.

De momento, el equipo está formado por seis autores que, en este primer número, han dado vida a cinco series con características muy diferentes. Las historias están escritas en inglés y en francés, que son los dos idiomas oficiales del país. “Tratamos de jugar con esa diversidad para diferenciarnos porque nunca antes se había hecho. La diversidad étnico-cultural de mi país es, a la vez, una bendición y una plaga porque no podemos escoger una lengua africana sin causar el descontento de las demás”, explica Brice Ludovic, aunque añade que están buscando fórmulas de incorporar otras lenguas nacionales. Para él, la principal diferencia de AfroShonen con cualquier otra iniciativa anterior es que se trata del “primer mensual africano, hecho por africanos que promociona públicamente la diversidad racial, étnica y cultural y promueve el cómic”.

Esta publicación es para este colectivo de dibujantes una herramienta para animar el optimismo entre los jóvenes africanos. “Es verdad que existe la pobreza, el hambre y la guerra en el continente, pero esa no es la única realidad. Queremos dar a los jóvenes la oportunidad de soñar con un futuro más prometedor, más bello, futurista, gracias a nuestras historias; como los cómics hacen con sus superhéroes y el manga con sus historias sobrenaturales”, confiesa apasionado el alma de New Era Publishers y también uno de los dibujantes de AfroShonen.

Además, las páginas de este volumen tienen una dimensión lúdica, pero también una comprometida. Y Brice Ludovic explica esta dualidad con una absoluta naturalidad: “Algunas de las series  tienen por objetivo sólo la diversión, sin un mensaje subyacente importante, porque las historietas tienen primero una función de divertir y no siempre de militar por una causa”. Sin embargo, debajo de muchos de los personajes de AfroShonen hay una voluntad de transformación. “Lovely Secret, una de las series, habla de diversidad racial y amor entre las razas; Genoman, por otro lado, habla de un científico africano exitoso que trata de trabajar para cambiar las cosas en su continente sin los pensamientos egoístas que son tan frecuentes actualmente”, cuenta Brice Ludovic.

Al final, la intención es que el mensaje que transmiten estos jóvenes dibujantes a través de sus cómics tenga un impacto en sus lectores y a través de estas historias se ponga un grano de arena en la construcción del futuro del continente. “Tratamos de promover una visión diferente de África: más optimista, futurista, desarrollad… Y esperamos que eso afecte a la mentalidad de los lectores, que empiecen a pensar que eso, el cambio, tal vez es posible”, sentencia este dibujante camerunés, artista y emprendedor comprometido.

Este artículo fue publicado originalmente en Planeta Futuro.

Ebène Duta, de Facebook a las páginas del cómic

Joëlle Ebongue, conocida como Elyon's. Foto cedida

Joëlle Ebongue, conocida como Elyon’s. Foto cedida

Elyon’s ha desafiado a la industria editorial y, de momento, le está ganando la partida. Es la autora de un cómic sobre la vida diaria de una joven africana lejos de su tierra y sus aventuras son casi un catálogo de prejuicios ridiculizados y desmentidos. El mérito de la autora camerunesa es que ante las puertas cerradas para la edición de su trabajo ha puesto el ingenio y se ha sometido al juicio más legítimo, el del propio público, hasta que ha conseguido autopublicar su álbum, gracias a la financiación de sus incondicionales. La vie d’Ebène Duta (LVDD) ha surgido casi por aclamación popular y eso supone un éxito extra.

Esta autora camerunesa tiene para La vie d’Ebène Duta un aval más poderoso que cualquier premio. La publicación de su primer álbum es sólo posible por la aprobación de sus seguidores. En enero de 2011 Ebène Duta nacía como el personaje destinado a animar el blog de su autora. Poco más de seis meses después, la joven africana residente en Bélgica daba el salto a Facebook y a través de su página oficial empezaba a mostrar las aventuras y desventuras de una inmigrante que despierta a la vida y se enfrenta a una cultura y a una forma de vida diferente a la propia.

Su existencia virtual y el continuo aumento de sus seguidores hizo que Elyon’s lanzase la apuesta definitiva. Todo el mundo se lo estaba pidiendo a través de la red social y esta dibujante licenciada en filología francesa e inglesa se debe a su público. La joven Ebène Duta tenía que dar paso a la mayoría de edad y pasarse al papel. Elyon’s estaba resuelta había que publicarlo y si las editoriales no estaban dispuestas a darle una oportunidad, el público tenía que decir la palabra definitiva. Hace ahora poco más de un año, el 25 de noviembre, la autora camerunesa lanzó una campaña de micromecenazgo. Pedía 12.500 euros, una cantidad nada fácil de conseguir en una iniciativa de este tipo. La cifra debía reunirse en aportaciones de los seguidores de entre 5 y 400 euros, a cambio de diferentes recompensas.

Ella misma advierte que no estaba segura de conseguir el objetivo y tenía motivos para dudar. La iniciativa de Elyon’s apenas era un sueño y sin ningún apoyo destacable, justo un deseo personal. Noventa días después, ese era el plazo que daba la plataforma para reunir el dinero, el proyecto de edición de La vie d’Ebène Duta no recaudó 12.500 euros, eso lo consiguió cinco días antes del final del plazo. Cuando concluyó la campaña, Elyon’s tenía 15.149 euros para editar 3.000 ejemplares de La Vie d’Ebène Duta en francés e, incluso, 2.000 más en ingles. La joven autora camerunesa había conseguido su sueño. Ningún editor había querido arriesgarse a llevar a Ebène Duta al papel, a pesar de sus 10.000 seguidores en Facebook; pero 424 seguidores no sólo depositaron su confianza en la dibujante sino que apoyaron económicamente su proyecto.

Elyon’s, la firma tras la que está Joëlle Ebongue, reconoce a medias que Ebène Duta tiene mucho de ella. Esta camerunesa se licenció primero en filología inglesa y francesa en su país de origen, siguiendo el consejo de sus padres. Después viajó a Bélgica, siguiendo sus propios impulsos, y se licenció en artes gráficas visuales mientras desempeñaba diferentes trabajos. Cuando volvió a Camerún trabajó como grafista y como creativa en una agencia de publicidad hasta que decidió dedicarse a su pasión, como ella misma lo define, “ser autora de comics humorísticos”. Sin duda su periplo en el país europeo está en la base de las aventuras de Ebène Duta, aunque su creadora afirma que se alimenta también de las historias que le cuentan amigos y conocidos y de cosas que lee.

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La dibujante Elyon's. Foto cedida.

La dibujante Elyon’s. Foto cedida.

En todo caso, la protagonista de las historietas es una joven africana en Europa que debe enfrentarse a una vida lejos de su lugar de origen y también a cómo ven los europeos a los africanos. La joven Ebène hace frente a problemas de su edad como no sentirse a gusto con su cuerpo o a las complicadas relaciones con los hombres y con sus amigas. En Bélgica, hace frío, hay nieve y, sobre todo, europeos con una visión muy particular de los africanos, como el niño que se pregunta si Ebène es negra desde su nacimiento y al enterarse de que sí, sobreentiende que su país debe ser un lugar muy sucio; o la compañera de clase que se asombra de que una camerunesa hable tan bien el francés. Así que Ebène es la voz de las jóvenes, la de las mujeres, la de las migrantes, la de las soñadoras y la de las africanas y, además de retratar la vida, rompe estereotipos.

Elyon’s explica que cuando buscaba editor, sus interlocutores, por ser una autora camerunesa, esperaban que en sus páginas hubiese paja, o piraguas o cauris como moneda, ante la negativa se mostraban desilusionados. Entonces pedían, como mínimo que la protagonista fuese una “sin papeles”, pero no es así, Ebène Duta tiene toda su documentación en regla y, entonces, por arte de magia, el cómic dejaba de ser africano para ellos. Y sin embargo, contra el criterio de todos esos expertos en publicaciones, la joven Ebène ha conseguido que millares de personas se identificasen con sus desventuras y más de 17.000 en 43 países siguen sus evoluciones en Facebook.

Sin tener detrás una editorial importante, Elyon’s ha despertado el interés y ha sido requerida por medios de comunicación diversos en Camerún y Francia, fundamentalmente, pero también en otro países y se ha paseado por salones del cómic, desde Angouleme a Argel. Lo ha conseguido, fundamentalmente siendo apasionada en su trabajo y cuidadosa en sus relaciones, se alimenta en gran medida de los comentarios de sus seguidores, les atiende, les responde, les explica cómo trabaja, les presta atención e, incluso, le ha animado a reproducir a los personajes de La vie d’Ebène Duta con sus estilos propios.

Elyon’s y Ebène Duta rompen todos los esquemas imaginables, los culturales en las páginas del álbum, pero también los de la industria editorial y los de los sistemas de publicación en su proyecto, y los de las relaciones entre los lectores y los autores en su día a día. Si Ebène Duta despierta interés, Elyon’s desprende magnetismo y, sobre todo, ninguna de las dos despiertan faltas expectativas.

Historia africana para niños (no sólo) africanos

Kidi Bébey en una imagen promocional. Fuente: web de la autora

Kidi Bébey en una imagen promocional. Fuente: web de la autora

La cantante sudafricana Miriam Makeba, el poeta antillano Aimé Césaire, el padre de la independencia de Mali Modibo Keita, o el ideólogo de la descolonización y el África unida Kwame Nkrumah, son algunos de los personajes por los que Kidi Bébey ha pasado su pluma antes de poder presentarlos a los niños. En los últimos años, Bébey, una licenciada en Letras nacida en Francia de padres cameruneses, se ha centrado en la literatura infantil y ha encontrado un aliado ideal en la editorial malí, Cauri Livres. Juntos han publicado los últimos libros de la casa de edición que tratan de mostrar la vida de personajes africanos destacados a los más pequeños.

No es una apuesta fácil, por un lado, literatura infantil y, por otro, historia, pero ambos, tanto la autora como la editorial, están decididos a que los jóvenes africanos tengan sus propios héroes, sus propios referentes y, al mismo tiempo, a que las acciones de importantes personalidades del continente no se olviden. “Creo que no hay suficientes libros, más allá de los libros escolares”, explica la escritora, “que evoquen la historia africana y sus grandes figuras. Es una pena que la historia se perciba normalmente, sólo como una materia escolar, ¡porque la historia en realidad es la vida! Ocurrió ayer, pero se está escribiendo hoy”. Según Kidi Bébey, la colección Lucy, en la que se publican estos libros “no pretende dar lecciones para memorizar”, lo que intenta es “poner a la ‘altura de los niños’ las vidas de algunas personalidades”.

Volumen sobre la cantante Miriam Makeba

Volumen sobre la cantante Miriam Makeba

Bébey reconoce que los libros con lo que intenta acercar la historia a los niños son, en realidad, una interpretación de las vidas de esos personajes sobresalientes. “Los niños son un público excepcional para todo lo que tenga que ver con lo maravilloso y nuestra voluntad es provocarles algo, inspirarles… pero a pesar de eso, todo lo que contamos es verdad”. Algunas de esas biografías pueden resultar controvertidas, es en ese sentido, en el que los personajes son interpretados por Bébey: “La trayectoria de un individuo incluye, necesariamente, pasajes de sombras, momentos menos gloriosos que otros. Nosotros nos centramos en la dimensión ejemplar de esas personas. Explicamos la biografía de las personalidades de la historia de África insistiendo en lo que hace de ellas, a su manera, héroes en su ámbito”.

Verdaderamente, los objetivos son más ambiciosos de lo que la autora transmite. “Espero que los libros sean útiles tanto para los niños africanos, como para los de otros lugares. Porque también es importante que, en el resto del mundo, los niños occidentales, los europeos, por ejemplo, sepan que en África también hay héroes y que son comparables a los héroes de cualquier otro espacio cultural”. La preocupación de Bébey tiene mucho, seguramente, de experiencia personal,  ya que sus padres son cameruneses, pero ella ha nacido y se ha criado en Francia. Probablemente, por eso, en sus trabajos, los que no tienen que ver con la historia, ha plasmado la interculturalidad de una manera natural, la de personajes blancos y negros que conviven y comparten sus vidas sin preguntarse por el color de la piel.

La escritora franco-camerunesa tiene una confianza plena en la literatura como motor de desarrollo. En primer lugar, de desarrollo personal: “Leer supone, evidentemente, informarse, aprender, imaginar, reír, llorar, soñar, en resumen alimentarse…, y también, a fin de cuentas, compartir. Por eso, los libros aportan elementos esenciales en el desarrollo de un individuo”. Pero también, considera que la literatura tiene mucho que aportar al desarrollo colectivo: “Al final, los libros son un factor de apertura formidable y, por eso mismo, evidentemente, un instrumento poderoso de desarrollo”.

Biografía para niños de Aimé Césaire

Biografía para niños de Aimé Césaire

Está clara la orientación de los libros que Kidi Bébey ha escrito e Isabelle Calin ha ilustrado para este ambicioso proyecto que desde África Occidental pretende proyectarse al mundo. Sin embargo, el sentido, el prisma desde el que la autora interpreta a los personajes e, incluso, la intencionalidad a la hora de escogerlos es especialmente ilustrativo en la explicación del último proyecto de la colección. “Estamos trabajando en un libro dedicado a Njoya, un gran soberano camerunés, el rey del pueblo bamoun”, explica Bébey. El motivo de la elección da algunas pistas más, porque recuerda a la figura de un hombre del Renacimiento: “Entre el S.XIX y el XX se dedicó a explorar infinidad de vías de conocimiento y de experimentación. Es conocido por haber inventado un sistema de escritura y, al mismo tiempo, por haber evitado a su pueblo una confrontación fatal con los colonos alemanes”.

Y terminando de hablar de la figura de Njoya, Kidi Bébey acaba por poner al descubierto todas las esperanzas que pone en sus trabajos: “Es uno de esos personajes que, necesariamente, generan admiración y que merece ser conocido más allá de las fronteras camerunesas. Afortunadamente nuestros libros no están ‘prohibidos’ a los adultos y estoy segura de que algunos de ellos podrían hacer interesantes descubrimientos en ellos”.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro, el 7 de diciembre de 2014

Boris Nzebo explora la cultura urbana a través de los peinados

 

Habitats à loyer modérés 2013

Habitats à loyer modérés 2013

En Wiriko ya hemos hablado de la importancia del cabello y peinados en las sociedades africanas y diaspóricas —y no sólo en éstas—, así como de sus complementos o lugares de culto al cabello. Boris Nzebo nos vuelve a mostrar a través de su obra la importancia que tiene el peinado en la definición de la identidad e incluso del estatus social, dependiendo del peinado, de sus cuidados, de sus cambios, etc.

¿Cuidamos más nuestro cabello o nuestro alrededor? Boris Nzebo se cuestiona constantemente esto en su obra:

Mi objetivo es reproducir mi cuestionamiento frente una sociedad en búsqueda de referencias. Suscito preguntas. Como ¿por qué nuestro alrededor no está tan bien conservado como nuestras cabezas? Cuando nuestro cabello está mal, lo cuidamos, pero no hacemos nada para combatir la corrupción, la malversación de fondos públicos, etc.

Sin título (2013)Las mujeres y su cabello, mostradas siempre en primer plano, son las claras protagonistas de una obra que llama la atención por unos trazos limpios, que evocan al grafitti y a las vallas publicitarias que podemos encontrar en los barrios de la Douala que le acoge. En segundo plano nos muestra escenas de la vida cotidiana de la ciudad, a través de unas líneas firmes que trazan edificios, marcos, ventanas y líneas arquitectónicas. Colores vibrantes y contrastados que dan como resultado un característico arte “Neo Pop” —tal y como el propio artista lo define— y que logra que su obra sea reconocible a primera vista. Como él mismo afirma, su obra explora el peinado en el espacio urbano: “Los peinados se convierten en objetos de reflexión, portadores de la cultura urbana.”

Nacido en Port-Gentil (Gabón) pero basado en Duala (Camerún), Nzebo sabe trasmitir su experiencia como ilustrador de carteles de comercios y peluquerías, tan habituales en todo el continente y con la que arrancó su carrera como artista. Esta trayectoria se palpa en su obra impecablemente continuada, con unos trazos que nos evocan esos carteles que vemos continuamente cuando damos un paseo por algunas ciudades africanas.

A lo largo de su carrera artística, Nziebo ha trabajado en lugares como Rio de Janeiro o Puerto Príncipe y ha realizado varias exposiciones tanto en Camerún como en algunas ciudades europeas:

Exposiciones:

2013
Painting the Hot Town, Jack Bell Gallery, London
Etat des Lieux, l’Espace Doual’art, Douala, Cameroon

2011
Vil-Visages, l’Institut Français, Yaoundé, Cameroon

2010
In & Out of my head, SUD2010, Douala, Cameroon

Exposiciones colectivas:

2012
30 ET PRESQUE-SONGES, l’Espace Doual’art, Douala, Cameroon
City Songs – ebbs and flows of the urban imaginary, Ifa-Galerie, Berlin, Germany

2011
La Cabine d’Esthétique, Fondation Blachere, Apt, France

2010
Come Back Haiti, Maison Revue Noire, Paris, France
Group show, Savvy Contemporary, Berlin, Germany

2009
Jeunes regards urbains, l’Espace Doual’art, Douala, Cameroon

2008
Lady, She go say I be Lady, Carré des artistes, Douala, Cameroon