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“La danza es la forma de demostrar nuestra independencia”

Entrevista a Germaine Acogny, icono universal de la danza contemporánea

“La danza contemporánea es la libertad y la forma de demostrar nuestra independencia”

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Germaine Acogny, icono universal de la danza contemporánea. Foto de Miguel J. Berrocal.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Germaine Acogny, icono universal de la danza contemporánea.
Foto de Miguel J. Berrocal.

“En África somos totalmente contemporáneos, un ejemplo de ello son nuestras danzas urbanas”.

“Si observamos todas nuestras danzas hay unas raíces comunes, que son el contacto con el suelo y la elevación al cielo, es el diálogo con el cosmos. Nuestras danzas están inspiradas en la naturaleza”

“En cuanto a esa África pesimista, yo siempre digo a los jóvenes que hay que ir a ver lo que pasa en otros lugares y volver a casa. Yo digo que África es el futuro. Tenemos de todo. Si nuestros gobernantes hicieran más y no estuvieran bajo el yugo de Europa que nos explota bailando una danza macabra sobre nuestras cabezas…”

“Occidente necesita a la juventud africana”. “Es lamentable que cierren las fronteras. Europa debe ayudar a los inmigrantes africanos, puesto que van a ayudarles a mantener su sistema de la seguridad social. Europa está vieja, necesita a esos jóvenes, sin ellos morirá”

El pasado 15 de octubre tuvimos el honor de entrevistar en los teatros del Canal en Madrid, a un icono de la historia universal de la danza contemporánea, Germaine Acogny, invitada de honor del II Ciclo de Danza Contemporánea Africana, organizado por Lanla Move.

Considerada una de las cien personas más influyentes del continente africano según la revista Jeune Afrique, esta franco-senegalesa de origen beninés sigue bailando, coreografiando y enseñando a sus 71 años.

Con una larga trayectoria como pedagoga, ya en 1968 creó el primer estudio de danza de Dakar. Entre 1977 y 1982 dirigió, en la misma ciudad, la reputada escuela Mudra Afrique, fundada por Maurice Béjart y el poeta y primer presidente de Senegal, Léopold Sédar Senghor. Al ser cerrada con el cambio de gobierno, se exilió a Bruselas para trabajar con la compañía de Béjart.

Tras más de una década en el viejo continente, impartiendo, entre otros, cursos internacionales de danzas africanas y dirigiendo en Toulouse el Estudio Ecole Ballet-Théâtre du 3eme Monde que fundó junto a su marido Helmut Vogt en 1985, regresa a Senegal junto a él en 1995, para crear en Toubab Dialaw -un pequeño pueblo de pescadores de la Petite Côte-, l´École de Sables. Centro de referencia en el continente africano, es un gran espacio de formación profesional en danza, perfectamente integrado en la naturaleza, en el que jóvenes bailarines africanos principalmente, aunque también de otros países del mundo y artistas de otras disciplinas, pueden aprender, reflexionar, crear e intercambiar en un marco inigualable.

Formada en danzas tradicionales de África del Oeste (de Senegal, Benín y Mali), en ballet clásico y danza contemporánea (técnica Graham y release), en París y New York y en danza clásica de la India, es la única coreógrafa que ha creado, desarrollado y codificado una técnica de danza contemporánea africana que ha obtenido reconocimiento a nivel mundial.

Y es precisamente su técnica la que vino a transmitir a Madrid, a un grupo de bailarines profesionales y amateur, como invitada de honor del II Ciclo de Danza Contemporánea Africana, organizado por Aïda Colmenero Díaz (Lanla Move), la única bailarina y coreógrafa española que ha sido formada de primera mano y es transmisora en diferentes países africanos y en España, de la técnica Acogny. Una técnica en la que la columna vertebral es el eje principal en torno al cual es articulada, que se inspira de y readapta las danzas tradicionales africanas al mundo contemporáneo, partiendo del contacto con la tierra y poniendo en comunicación al ser humano con la naturaleza.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Foto de Miguel J. Berrocal.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Foto de Miguel J. Berrocal.

NV: Cuando hablamos de danza contemporánea, ¿hay que marcar la diferencia entre danza occidental y africana?

GA: Por supuesto, porque Occidente es diferente de África. De hecho, no puedo hablar de África en su globalidad. Igual que en Europa, en África hay que diferenciar bien entre países. Ya por ejemplo en Senegal hay diferentes regiones como la Casamance. Existen diferentes criterios.

Cuando decimos contemporáneo, es “hoy”, ¿no es así? Si pensamos en nuestras danzas patrimoniales, nos daremos cuenta de que no son iguales que antes. Si tomamos como ejemplo el sabar de los lebus y de los wolof, no es lo mismo cómo yo bailaba esta danza hace años a cómo la bailan los jóvenes hoy en día. Es verdad que es el mismo ritmo, pero a su vez es totalmente diferente porque es contemporáneo, se baila ahora. Lo mismo ocurre con el coupé- decalé de Costa de Marfil. Somos contemporáneos y lo que hacemos es contemporáneo. “Contemporáneo” es un concepto. Por ejemplo, Francia tomó este concepto para marcar la diferencia entre la danza moderna americana y la danza contemporánea de su país. Yo digo que el “contemporáneo” es la danza de los tiempos modernos, que se produce en la actualidad. En África somos totalmente contemporáneos, un ejemplo de ello son nuestras danzas urbanas.

En l´Ecole de Sables, tenemos bailarines que vienen de la tradición, porque para ir hacia el futuro, hay que remitirse al pasado. Pensamos que es muy importante tenerla en cuenta porque sí no sabes a dónde ir, mira de dónde vienes. Es muy importante partir de nuestras raíces para ir hacia lo contemporáneo. De hecho, ni siquiera diría la danza contemporánea, sino las danzas contemporáneas, porque hay tal variedad de danzas ya sólo en Senegal… Pero si observamos todas esas danzas hay unas raíces comunes, que son el contacto con el suelo y la elevación al cielo, es el diálogo con el cosmos. Nuestras danzas están inspiradas en la naturaleza, eso es lo que yo he hecho con mi danza africana moderna. Prefiero decir danza africana moderna para no crear confusión con lo contemporáneo.
En definitiva, podemos hablar de una danza de los tiempos modernos de la que los jóvenes se sirven para expresar los sentimientos de hoy.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller.

NV: Bueno, en cierto modo ya me ha respondido a la segunda pregunta: Hablamos de danza contemporánea africana o danza contemporánea en África?

GA: Prefiero decir danza contemporánea en África puesto que no sólo hay una. Ya sólo en Senegal podemos hablar de diferentes tipos de danza contemporánea. Nosotros tomamos en cuenta las raíces de diferentes danzas de Senegal, como la de los diola o los serer. Junto con mi hijo, Patrick Acogny, doctor en Artes del Espectáculo y director artístico de l´Ecole de Sables, deconstruimos las danzas patrimoniales en el tiempo y en el espacio. Se llevan a la abstracción para construir una nueva danza a partir de la combinación de ellas.

NV: ¿Cuáles son sus influencias en tanto que bailarina y coreógrafa?
GA: Principalmente son mis danzas patrimoniales, el entorno, lo que pasa actualmente y los medios de comunicación. Todos me inspiran para expresar lo que tengo ganas de decir.

NV: A sus 71 años, continúa bailando. ¿Hay una edad para la danza?
GA: No hay edad para la danza. Actualmente Olivier Dubois, ha creado para mí, una nueva versión de la Consagración de la Primavera: Mon élu noir, le sacre 2. Él tiene 42 años y me llama A mi “jeune fille”, a pesar de que sabe que todo el mundo me llama mamá. Sin embargo, tengo la experiencia y vivo con la pasión de mi edad. No tengo ganas de tener ni veinte, ni treinta, ni cuarenta años, estoy orgullosa de mis setenta y uno y quiero bailar con la energía que ellos me aportan.

Otra de mis últimas creaciones es À un endroit du début, donde hablo, bailo… Creo que es la pasión la que me lleva a ello. Lo que me ha inspirado también es ver en Toubab Dialaw, donde está l´Ecole des Sables, una comunidad de mujeres que yo no conocía pero a la que sin embargo me dicen que también pertenezco, le Ndëpp. Esas mujeres, que a pesar de sus problemas y de sus más de ochenta años se ponen a bailar con una energía devorante al son del tam tam, son un ejemplo para mí. Espero poder conservar esa energía.

NV: Acabas de mencionar l´Ecole de Sables. ¿Por qué crear una escuela de este tipo en Senegal?
GA: Fui directora en Dakar de Mudra Afrique, creada por Maurice Béjart y el presidente Léopold Sédar Senghor. Cuando el presidente se marchó, sus sucesores no quisieron mantenerla. Yo me exilié y regresé a Senegal al cabo de los años con mi marido, Helmut Vogt, para crearla. Al principio tuve mis dudas, pero para formarse en una profesión, hacen falta escuelas ¿no? Hacen falta escuelas de medicina para formar médicos, ¿por qué no una escuela para formar bailarines?

Y la verdad es que conseguimos nuestro objetivo. Tuvimos suerte, la verdad. Al principio contamos únicamente con nuestros propios medios, y poco a poco con otros financiadores. Contamos con el apoyo de Arts International de Estados Unidos, y de Europa, que han contribuido a que podamos tener este centro, este pueblo para la danza, para ayudar a todos los africanos a afrontar sus esperanzas a través del trabajo, a través de la danza.

Cada dos años hacemos cursos internacionales abiertos a los cinco continentes y tenemos bailarines que vienen de todo el mundo. Hemos conseguido lo que los políticos no han podido, unir África y los cinco continentes a través de la danza. La escuela es un centro de vida, de intercambio, de formación, de creación, de residencia. Desgraciadamente sólo tenemos financiación extranjera, esperemos que en Senegal también tengamos partenaires que apoyen y tengan en consideración la danza.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Foto de Miguel J. Berrocal.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Foto de Miguel J. Berrocal.

NV: Entonces, es una iniciativa privada, financiada con fondos extranjeros

GA: Eso es, una iniciativa privada con vocación pública.

NV: Desde que Senghor, que era un gran amante de las artes y la cultura, dejó de gobernar el país no ha vuelto a haber políticas públicas que apoyen la danza, ¿Se atisban cambios a este respecto?
GA: Los artistas, ya sea en artes plásticas, teatro, danza…de momento se autofinancian, esperemos que al menos haya cada vez más financiación privada.

NV: Desde Europa, desgraciadamente, se tiene a veces una visión pesimista, folclórica e incluso romántica, del continente africano. ¿Qué puede decir la danza contemporánea que se produce en África al mundo?
GA: Bueno, existe Afrique en Création desde 1990 y los Rencontres Chorégraphiques, de los que yo he sido directora durante cinco años, que de algún modo han cambiado algo el espíritu, porque en ellos han participado jóvenes coreógrafos africanos que han comenzado a inundar y a inspirar a Europa. En cuanto a esa África pesimista, yo siempre digo a los jóvenes que hay que ir a ver lo que pasa en otros lugares y volver a casa. Yo digo que África es el futuro. Tenemos de todo. Si nuestros gobernantes hicieran más y no estuvieran bajo el yugo de Europa que nos explota bailando una danza macabra sobre nuestras cabezas… Occidente necesita a la juventud africana. Es necesario ese intercambio.

El futuro está en África, que no nos cuenten historias. Es normal que muchos jóvenes quieran ir a Europa a recoger algunas migajas, pero ¿qué recoge Europa de África? Nuestros diamantes, nuestra tierra y sin embargo cierran sus fronteras. Es lamentable que cierren las fronteras mientras que sólo se pueden obtener de allí algunas migajas. Europa debe ayudar a los inmigrantes africanos, puesto que van a ayudarles a mantener su sistema de la seguridad social. Europa está vieja, necesita a esos jóvenes, sin ellos morirá. Es necesario ayudarse mutuamente, si no lo hacemos…

También les digo a mis alumnos que con el dinero hay que tener cuidado, se puede volver contra ti. El dinero tiene una energía muy fuerte. Cuanto más dinero das, más dinero recibes. Sin embargo, parece que cuanto más dinero ahorras, más tienes, yo no lo creo. Helmut y yo, hemos invertido nuestro propio dinero en l´Ecole de Sables, y no tenemos deudas. Podríamos ganar más, pero no lo necesitamos. Tenemos suficiente con la energía que desprenden los bailarines que recibimos. Nos sentimos afortunados.

NV: Una última pregunta: ¿qué tiene que decir la danza contemporánea al continente africano?
AC: Ser libres. En los años 60 ya recorrimos el mundo entero con nuestras danzas y ballets tradicionales, sin embargo, la danza contemporánea es la libertad de expresión, permite decir las cosas sin decirlas, gritar sin gritar. La danza contemporánea es la libertad y la forma de demostrar nuestra independencia.

 

10 años de fusión de Tavaziva Dance

Bawren Tavaziva es un bailarín que ha sabido combinar los bailes tradicionales africanos con la danza contemporánea. Ahora, cuando su compañía, Tavaziva Dance, celebra su décimo aniversario, el zimbabuense presenta Tavaziva Ten, una propuesta que recoge sus mejores producciones en estos 10 años.

Tavaziva Ten es un espectáculo de fusión que seduce y vibra y deja con ganas de aventurarse más detalladamente en esta retrospectiva puesta en el escenario. “Son 5 minutos por pieza pero en la que cada una habla por sí sola y contienen su propia fuerza”, describe el director artístico de la compañía de danza que recibió a Wiriko horas antes de su actuación en el teatro Gulbenkian de Canterbury (Reino Unido).

Bawren Tavaziva posa para Wiriko. Foto: javidmgz

Bawren Tavaziva posa para Wiriko. Foto: javidmgz

“Entiendo bien la danza tradicional africana y la contemporánea, las fusiono y creo un nuevo lenguaje”, describe Tavaziva de su propio trabajo y pone un ejemplo: “una idea como los leones, con movimientos contemporáneos y acompañados de música africana”.

Criado a las afueras de Harare, este bailarín y coreógrafo se pasó su niñez viendo videoclips de Michael Jackson y de New Edition. Entusiasmado por los movimientos que admiraba en la pequeña pantalla no tardó mucho en crear su propio grupo junto a 4 amigos. “Tomábamos ideas de lo que veíamos en la televisión. Teníamos una imagen en la cabeza durante toda la semana y a partir de ella improvisábamos para crear la nuestra”, recuerda Tavaziva.

“Siempre quise ser Michael Jackson”, comenta con una sonrisa el coreógrafo que nunca supo hasta dónde le llevaría la danza. Probó inicialmente con la música pero el Ballet Nacional de Zimbabue comenzó a desarrollar talleres en aquel mismo centro comunitario donde Tavaziva ensayaba los pasos de baile de sus artistas favoritos. “Tenía mucho interés en aprender distintos estilos aunque las acrobacias eran por lo que más me decantaba en aquella época. Sin embargo, no dejé de lado el ballet y la danza contemporánea”, apunta Bawren sobre sus inicios.

Continuó su formación en Zimbabue hasta que conoció al coreógrafo Neville Campbell en una visita del británico al país africano en 1991. Campbell, que era por aquel entonces y con tan sólo 26 años el director artístico de Phoenix Dance, creó la compañía zimbabuense Tumbuka y provocó una gran impresión en el joven Bawren. “Es la persona más creativa que he conocido. Me dio la inspiración para querer dedicarme a esto y ser coreógrafo”, expresa Tavaziva quien desde ese momento tuvo como objetivo unirse a la compañía de danza inglesa Phoenix.

Cumplió su sueño y pasó en Phoenix un año y medio tras dejar su país natal e inmigrar al Reino Unido. “Es difícil vivir de la danza en África. Es un problema de fondos”, explica Bawren quien además enfatiza el cambio de visión de las sociedades africanas sobre el baile. “Ahora hay más oportunidades. Antes la gente pensaba que sólo era una costumbre comunitaria, una celebración”, dice Tavaziva.

En 2004 llegó el reconocimiento británico a su trabajo. Con la producción Umdlalo Kasisi, Tavaziva se acercó al sida y los afectados por una enfermedad que se cobró la vida de su hermana. La coreografía le llevó a ser finalista de la primera edición de los premios de danza más prestigiosos de Reino Unido, los Place Prizes, que en aquella ocasión ganaría el español Rafael Bonachela.

Ese mérito le proporcionó los suficientes fondos para iniciar el camino en solitario, con Tavaziva Dance, y dedicarse a hablar de las realidades de África. “Sólo pongo en práctica lo que he vivido ya que mis trabajos son más poderosos si sé de lo que estoy hablando”, describe Tavaziva sobre las producciones que ha realizado desde la fundación de su compañía en 2004. Así se recoge en obras como Mandla (2006) en honor a Nelson Mandela y donde muestra los estragos de aquellos privados de la libertad o en Sinful Intimacies (2009) donde además la danza fomenta el debate entre tradición, cultura y los contextos actuales. Una herramienta para derribar muchos tabús como se refleja en estas “intimidades pecaminosas” de una pareja homosexual a través de una coreografía sensual y apasionada.

Política, sexualidad, libertad o corrupción son algunos de los temas temas que Tavaziva ha llevado a los escenarios en estos 10 años a la par que se ha dejado patente los paisajes, los sonidos y la fauna del continente. Con el trabajo Sensual Africa (2012) se adentró en las danzas de Malawi mientras que en Wild Dog (2009) el coreógrafo puso en evidencia la precaria situación de una de las especies características de África.

“Mi trabajo se enfoca en los seres humanos”, dice rotundo Tavaziva quien además añade que “es un lenguaje que habla más allá del color”. Sin embargo, el coreógrafo afirma que la temática de sus producciones pueden ofender a mucha gente en su natal Zimbabue.

Tavaziva echa de menos su país pero no lo visita desde que realizó My friend Robert (2009), una producción política que retrata la trayectoria presidencial de Robert Mugabe. “Sabía las consecuencias que traía pero tenía que hacerlo”, dice el coreógrafo que no ha ido a Zimbabue desde entonces. “Si voy tendré problemas o me veré envuelto en un accidente. Esa es la manera en la que matan”, explica Tavaziva.

De toda esta trayectoria con Tavaziva Dance, el director artístico se queda con Greed (2013) un trabajo que reflexiona sobre las complejidades del dinero, el poder y la religión y las sutiles diferencias de estas temáticas en África y en las culturas occidentales. “De elegir una, elegiría Greed porque representa el 666, la marca del diablo. Está basada en el miedo, en los pecados. Y de los cuales la codicia este presente gran parte de nuestras vidas”, explica Tavaziva.

Ahora con el 2014 a punto de terminar y tras la gira de Tavaviza Ten, el coreógrafo no descansa. Sigue constantemente impartiendo talleres semanalmente en un colegio de Londres para fomentar la danza entre los chicos de entre e 14 y 19 años. Con ellos se ha formado la iniciativa conocida como Tavaziva Male“Devuelvo la oportunidad que me dieron a mí. Además ayudamos a niños que les gusta el baile , ya que no hay muchos en la industria, para que puedan ir a escuelas profesionales de danza o realizar otros proyectos”, dice Tavaziva.

Bawren Tavaziva ya tiene las miras puestas en su nuevo proyecto. “Voy a hacer AfriCarmen. La Carmen de Bizet asentada en Guinea Ecuatorial”, desvela Tavaziva a Wiriko y que empieza a preparar a principios del próximo año.

 

El Oxímoron: danza contemporánea africana (II)

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En 1877, cuando se presentaba por primera vez el ballet El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky en el Teatro Bolshoi de Moscú, el continente africano aún era para Europa una tierra misteriosa y hostil que todos anhelaban conquistar por medio de la ocupación. Para la mayoría de los africanos, a su vez, ‘Europa’ no era más que un concepto vacío que se perdía en el aire al ser pronunciado, sin más. Pero para algunos enclaves del continente, el colonizador pronto se materializaría arrelando con toda su artillería más pesada, su arsenal cultural. Siglo y medio más tarde, las frenéticas y por poco esquizofrénicas transformaciones vividas en el seno de las sociedades africanas han dejado el aire impregnado de un halo corruptible. Flotante. Desesperada y necesariamente ecléctico.

La exuberante coreógrafa y bailarina johannesburguesa Dada Masilo es la viva imagen de la fusión entre diferentes culturas que se encuentran, en mayor o menor tensión, en un mismo escenario. Con 28 años, la que empezara en la famosa escuela Dance Factory se ha convertido en una de las figuras más importantes de la danza contemporánea de Sudáfrica. Artífice de una nueva estética; con la reinterpretación de obras clásicas occidentales como Romeo y Julieta de Shakespeare, o Carmen de Bizet, Dada Masilo ha llevado la experimentación de las técnicas de ballet clásico, las danzas populares, el flamenco o el vocabulario contemporáneo a romper estereotipos y a desafiar a públicos de casi todas partes del mundo.

Su destreza, rapidez, fuerza, pasión, su eclecticismo 100% sudafricano y sus no menos de seis horas diarias de trabajo le han proporcionado el premio Standard Bank a la mejor bailarina en 2008, y le han permitido llevar sus actuaciones a países como Tanzania, Mali, Madagascar, Mozambique, Países Bajos, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Francia, México o Israel.

Su Lago de los Cisnes es una obra muy divertida. Sorprendente. Apasionante. Eriza tantos bellos como voces críticas puede levantar. Y es que esta obra, por más que represente una extraordinaria reinterpretación de uno de los ballets más famosos del mundo, puede ser una auténtica pesadilla para los homófobos de los países africanos en los que la homosexualidad sigue siendo considerada un crimen. El Cisne Negro, Dada Masilo, burla las reglas y presenta una ácida interpretación colmada de elementos sexuales y sensuales. Haciendo un guiño a la homosexualidad de Tchaikovsky, Masilo incorpora en su obra bailarines masculinos con tutú. Con una narrativa que pretende ser tan trágica como cómica, el joven Siegfried le rompe el corazón a la protagonista por no corresponderle. Pero quizás, al espectador le choque más la paradoja de la reinterpretación, en el seno de la sociedad post-Apartheid, de una obra que ha sido blanca por naturaleza, por parte de una bailarina negra. Y para colmo, en un universo (el del ballet) donde los bailarines negros suelen brillar por su ausencia. Una provocación y una crítica poderosa, con un respeto profundo de la obra original, y sin caricaturas que lleven al absurdo.

Como la propia Dada afirma en el corto-documental realizado por la Escuela de Cine Digital Big Fish, su trabajo requiere estar abierta a la cultura popular, a los diferentes movimientos que la rodean, e intentar rehuir de las etiquetas que la puedan encorsetar en uno u otro estilos, para abrirse al mundo de forma natural y poder seguir creciendo.

Festival Internacional Duo Solo Danse (St.Louis, Senegal)

Artículo escrito por Nadia Valentín Pardo: Licenciada en Historia del Arte (UCM), Máster Oficial en Artes Escnénicas (URJC) y Postgrado en Cooperación y Gestión Cultural Internacional (UB). En los últimos años ha combinado su experiencia profesional como docente y mediadora intercultural con su labor como programadora y gestora cultural en España, Guinea Ecuatorial, Francia y Senegal. (Dakar, Senegal)

 

264400_528959173806715_1879644659_nDel 12 al 15 de junio de 2013 coreógrafos y bailarines de Senegal, Malí, Burkina Faso, Marruecos, Túnez, España, Francia, Suiza y los Países Bajos, se dieron cita en la sexta edición del Festival Internacional de Danza Duo Solo Danse, poniendo en movimiento las calles y conciencias de una bella, imperturbable y decadente St. Louis de arquitectura colonial, que por momentos parece anclada en el tiempo. Esta iniciativa de la Asociación Diagn´art, dirigida por el coreógrafo y bailarín senegalés Alioune Diagne, constituye probablemente la cita más importante de la danza contemporánea en Senegal y uno de los eventos fundamentales en la agenda cultural de las artes escénicas de África del Oeste.

A pesar de las dificultades financieras, que este año se han dejado sentir un poco más como consecuencia de la crisis económica en Europa, el festival ha conseguido reunir de nuevo una buena muestra de la creación contemporánea que se está desarrollando en estos momentos en África y en Europa, gracias a un equipo apasionado y perseverante, y a la fidelidad de ciertos sponsors y partenaires.

Durante cuatro días, los amantes de la danza, expertos y neófitos en la materia, han podido disfrutar de algunos espectáculos de gran calidad técnica y artística realizados por profesionales de renombre internacional y por jóvenes senegaleses en formación. El Instituto Francés, las calles de algunos barrios populares, el campus de la Universidad Gaston Berger, y diferentes edificios históricos de la ciudad, como por ejemplo la catedral, se convirtieron en los principales escenarios del Festival.

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Y es que dos de los objetivos fundamentales de la Asociación Diagn´Art , además de favorecer el desarrollo y la difusión de la creación y producción de la danza contemporánea en Senegal, son: contribuir a su profesionalización, dando la oportunidad a jóvenes provenientes de diferentes puntos del país, de formarse e introducirse en el circuito profesional, y hacer accesible la cultura al gran público, ofreciendo de manera gratuita espectáculos y performances en las calles, o desarrollando proyectos pedagógicos artísticos en centros escolares a lo largo del año, dándole así la oportunidad de descubrir “nuevas” formas de expresión artística, que por desgracia, aún son desconocidas por buena parte de él y muy poco reconocidas a nivel social.

A este nivel, destacamos el estreno, en diferentes emplazamientos de la ciudad, de Sacre, resultado del trabajo coreográfico de Rachid Heldi con el grupo de adolescentes hip- hoperos que componen la compañía Art 2 Scène de Lille (Francia) y del trabajo coreográfico de Alioune Diagne, de la compañía Diagn´Art (Senegal), con un grupo de jóvenes pre-profesionales con mayor recorrido en hip-hop y sabar que en danza contemporánea. Una semana antes de que diera comienzo el festival, ambos coreógrafos pusieron en común en St. Louis, el trabajo que habían desarrollado durante meses con los jóvenes en sus respectivas sedes, terminando de dar forma a una interesante versión St. Louisiana de la ya centenaria La Consagración de la Primavera de los Ballets Rusos de Diaghilev. Sorprendente y enervante, fue la inesperada situación vivida en el campus de la Universidad Gaston Berger, cuando en plena función, un grupo de Baye Falls (grupo religioso perteneciente a una de las grandes corrientes del Islam en Senegal, el mouridismo), armados de sus instrumentos de percusión y de sus letanías religiosas, quisieron acallar la “revolucionaria” partitura de Stravinski. No deja de asombrar cómo después de tanto tiempo, esta pieza que produjo gran escándalo y marcó un antes y un después determinante y fundamental en la historia de la danza y de la música a principios del siglo XX, todavía puede generar el descontento y el miedo de aquellos que se atrincheran en la tradición y en unos supuestos valores únicos e inalterables, oponiéndose al devenir artístico contemporáneo.

Valores, tradiciones, religiones, que afectan y mutilan la libre expresión del verdadero “yo” de cada ser humano, perdido y en constante lucha en su búsqueda de identidad, como consecuencia de la opresión de ciertas imposiciones sociales. Valores, tradiciones, religiones y comportamientos sociales que han sido muy contestados, de manera más o menos explícita, en el trabajo de algunos coreógrafos como el solo Skett del tunecino Wadji Gagui, el dúo marroquí Résistances, coreografiado por Ahlam El Morsli (interpretado por él mismo y Charafe Ennaji) o varias de las piezas coreografiadas por Alioune Diagne, en las que las alusiones críticas a una práctica inquisitiva, anuladora y opresora del catolicismo o el Islam son evidentes.

 

Piezas militantes y combativas, con las que los artistas, desde una posición individual e introspectiva y en un diálogo muy íntimo y personal con su cuerpo y su conciencia, consiguen sin embargo, interpelar al espectador recordándole el poder de la colectividad ciudadana en la lucha por la transformación política y social de nuestro mundo. Emocionantes, las alusiones simbólicas a la Primavera árabe de Túnez (Skett –de Wajdi Gagui) y al movimiento ciudadano Y´en a Marre de Senegal (Banlieu de la Compañía Diagn´Art). 

« Quand j´étais blanche j´avais déjà une mère très blanche et un père très noir. Quand j´étais
blanche je m´appelais déjà Fatima N´Doye, mais ça n´avait aucun rapport avec moi » (Cuando
yo era blanca ya tenía una madre muy blanca y un padre muy negro. Cuando era blanca ya me
llamaba Fátima N´Doye, pero eso no tenía ninguna relación conmigo).

Así contaba entre texto y movimiento, la actriz, bailarina y coreógrafa franco-suiza Fátima N´Doye, compartiendo con el público las preguntas, sentimientos, vivencias, reflexiones, que le han ido acompañando a lo largo de su vida, en la búsqueda de sus raíces y de una identidad múltiple que supera colores y fronteras. Pero este no ha sido el único caso en el que el tema de la identidad ha estado presente. Y es que las coreografías que vienen inspiradas por una reflexión en torno a la búsqueda de identidad racial, sexual, religiosa, cultural…, en sociedades en mutación, cada vez más híbridas, urbanizadas y globalizadas, viene siendo una constante en la danza contemporánea de la Región, en los últimos años. Como muestra, podemos hablar del dúo Re-Naissance de los coreógrafos y bailarines senegaleses Hardo Ka y Gnagna Gueye o del solo Ni noir, ni blanchede esta última, en el que hace una crítica abierta al fenómeno por el cual muchas mujeres
negras (también hombres) utilizan dañinos productos cosméticos para blanquear su piel, víctimas del dictado de un heredado canon de belleza por el que todo lo relacionado con el mundo de los blancos es mejor y más bello. Destacamos además, en la propuesta coreográfica y escénica, a un prometedor joven burkinés, Souleymane Ladji Koné, discípulo de la Escuela Internacional de Danza de Irene Tassembedo (Burkina Faso). En su solo Màa Labyrinthe, acompañado por el músico Erwann Bouvier, nos habla también del complejo tema de la
identidad, a través de una técnica depurada en la que la danza contemporánea, el hip hop y la danza tradicional africana fluyen de manera natural.

Re-Naissance Ouakam d’Hardo Kâ & Gnagna Gueye from urban sceno dakar 2012 on Vimeo.

Mención aparte merece el dúo Entomo, de la compañía española EA&AE (Elías Aguirre y Álvaro Esteban), en gira por los cinco continentes desde 2009 y premiado en múltiples ocasiones. Presentado en la calle y en el Instituto Francés, la impactante precisión de movimientos, derivados de una perfecta fusión entre danza urbana, diferentes técnicas de danza contemporánea, una sesuda y minuciosa observación del comportamiento de los insectos y una muy buena y bien elegida música de Samuel Aguilar, dan como resultado una sobresaliente coreografía capaz de cortar al público la respiración, que con la boca abierta y los ojos como platos, por momentos puede llegar a confundir a dos bailarines de desbordante energía reproduciendo al milímetro movimientos y comportamientos animales, con dos hombres-insecto en constante y bailada lucha por su supervivencia, provocándole un cóctel de sentimientos bien intenso. Originalidad, brillantez técnica, disciplina y humildad caracterizan a estos dos coreógrafos y bailarines que además impartieron una fructífera clase magistral a los jóvenes en formación presentes en el festival.

El programa lo completaron el solo Idobscure (premio de la Fundación Orange en 2010) del maliense Aly Karembé, el dúo Coffe & Cigarettes, propuesta coreográfica de danza urbana de la holandesa Alida Dors, el dúo hip-hop Introspektion de la compañía senegalesa Kaddu y cuatro extractos de piezas de repertorio del Ballet Preljocaj (Francia), que aunque defendidas con nivel por tres jóvenes bailarines con gran dominio técnico, tal vez quedaron algo descontextualizadas dentro de la programación general del Festival. Los ausentes: la malgache Julie Iarisoa y el gabonés Peter Nkoghé, que por problemas de fechas y visado no pudieron estrenar su última creación T.SOU.DI.NO.RA. Pero en estos cuatro días de festival, el público st. Louisiano y visitante no sólo despertó sus sentidos viendo danza en vivo, sino que pudo disfrutar de proyecciones de cine al aire libre, gracias al Cinéma Numérique Ambulant, que llevó la danza a las pantallas, y de dos noches consecutivas de música y video durante el fin de semana. 

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La noche del viernes, el espectáculo Deggi Daj, que repetía festival después del éxito de 2012, con sus seis baterías de diferentes partes del mundo y un grupo de percusionistas senegaleses, hicieron vibrar a un público que de manera espontánea se arrancaba a bailar sabar a ritmo de hip hop, poppin a ritmo de samba o danza contemporánea a ritmo de funky. El broche final lo pusieron los video-artistas Marco Lena y Tiziana Manfredi, que proyectando sobre la fachada de uno de los edificios coloniales, a orillas del río Senegal, compusieron su propia coreografía haciendo bailar de nuevo, a ritmo de Pink Floyd, dub y música electrónica, a muchos de los artistas que han ido pasando por el festival desde sus inicios, provocando cierta nostalgia en aquellos que desde hace algún tiempo no faltamos a esta cita anual.
 
No podemos terminar, sin hacer mención del mítico barco de los años 50 Bou el Mogdad, icono y centro neurálgico del Festival. Anclado en el río Senegal, con unas fabulosas vistas al puente Faidherbe, en él se alojan los bailarines invitados, se discute sobre los espectáculos al calor del ataya (té preparado al modo tradicional senegalés), se comparten e intercambian opiniones, ideas, contactos, se construyen redes de manera espontánea, pero sobre todo, se ríe y se baila mucho, hasta altas horas de la madrugada, en un ambiente muy distendido y amigable que engancha a todo aquel que tiene la oportunidad de desplazarse a St. Louis por estas fechas.

 

Newtown: Fábrica de arte y experimentación

El paso del tiempo deja huellas y la transformación es constante.

Museo de África
Autor invitado: Daniel Bobadilla, sociólogo, diseñador y maestro en ciencias y artes para el diseño (México).

¿Qué es una ciudad sin su historia y sin sus transformaciones? Johannesburgo, al sur de continente africano, se muestra al mundo como una capital viva y en constante movimiento. Una ciudad que quiere mostrar al mundo no sólo que está cambiando, sino que tiene mucho que ofrecer. Y lo hace mezclando el presente con el pasado, lo tradicional con lo moderno o simplemente construyendo un futuro de integración que responde a la dura historia de la ciudad y sus habitantes.

Joburg tiene su origen en en la fiebre del oro a mediados del sigo XIX, lo que la llevó a convertirse en una pronta ciudad industrial y minera a principios del siglo XIX. El desarrollo industrial la continuó transformando en una ciudad de fabricas, barrios obreros, almacenes y grandes industrias. Por otro lado, la migración de miles de personas de diferentes lugares de África y de Europa trajo consigo una mezcla de culturas que ha dejado como legado, entre otras muchas cosas, un gran desarrollo cultural y creativo que acoge a importantes movimientos culturales sudafricanos.

Es aquí, en el corazón de esta ciudad, donde a finales de la dédada de 1870 se fundó un distrito de clase obrera.  En ella, se fabricaban ladrillos, lo que dio el nombre de Brickfield. Allí se congregaron miles de trabajadores de todas las etnias y procedencias que, al no ser cualificados para trabajar en las minas, se dedicaban a la fabricación de ladrillos principalmente. En 1896 ya se había convertido en un suburbio de más de 7000 habitantes. Y una década más tarde, en este mismo lugar, el gobierno permitió a la compañía Ferrocarriles del Sur de Africa Holanda (NZASM) instalar una central para la carga y descarga de mercancías provenientes de las minas. Ello supuso el desalojo de los de los residentes del Brickfield.

Los cientos de trabajadores desalojados junto a nuevos miles que llegaban a trabajar, motivó al gobierno a diseñar un nuevo suburbio justo al lado de Brickfield, llamado Burgesdorp. Al igual que Brickfield, este distrito se convirtió en un lugar donde las clases más populares de las diferentes etnias, culturas y religiones convivieron. La gran variedad de iglesias en el distrito, incluyendo la Iglesia Reformada Holandesa, la Fundación Diocesana de Pretoria, la Iglesia Congregacional de Zulu, la Iglesia Independiente de Ebenezer, una congregación hebrea y una mezquita, ilustra el grado de diversidad en Burgersdorp. Pero, la ubicación estratégica de Burgersdorp no pasó desapercibida y empresas comerciales, bancos, compañías de ladrillo, una fábrica de cerveza, la pesca y la Compañía Imperial Cold Storage se trasladaron a la zona. Tiendas y comedores también se establecieron en las calles de camino a la estación central de ferrocarriles de Braamfontein.

La gran cantidad de pobreza y condiciones miserables que había en la zona hizo que, a principios de 1900, se le llamara “El lado oscuro de Johanessburgo” o la “Cuidad de la pobreza”. Sin embargo, su ubicación en el centro de la ciudad era de gran importancia y muy valiosa para las autoridades, por lo que la administración británica declaro esta zona como “Áreas insalubres”. Esto le permitió al Consejo de la ciudad expropiar las tierras, demoler los edificios y rehabilitar las zonas. Una vez más, las protestas de los residentes no tuvieron éxito y en 1902 se aprobó un plan para reconstruir la ciudad.

En abril de 1904, con la excusa de un creciente brote de peste bubónica, el gobierno decidió quemar completamente el área de Burgesdorp y en octubre de ese mismo año todo el terreno fue replanificado y rebautizado como Newtown, planificada como zona industrial y comercial orientada a las grandes fortunas. Durante la época del apartheid, los residentes indios y africanos de Newtown fueron trasladados a un campamento al sur de Johannesburgo, cerca de las obras de alcantarillado. Este campamento, llamado Klipspruit, fue la primera sección del municipio que hoy conocemos como Soweto.

Newtown albergaría así un gran mercado, el edificio más grande en el país en ese momento, así como una gran central eléctrica frente al mercado que incluía talleres eléctricos, una sala de la turbina, casas para los trabajadores negros y artesanos blancos y, a partir de la década de 1920, dos grandes torres de refrigeración. Newtown vivía así, su segunda gran transformación arquitectónica y social convirtiéndose en un la sala de máquinas de Johannesburgo.

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Una sala de máquinas convertida en una fabrica de arte

En 1970 la ciudad vuelve a experimentar cambios y transformaciones que le llevan a trasladar el mercado y la central eléctrica a las afueras de la ciudad, lo que daría de nuevo un giro radical a la zona. ¿Qué hacer con esas grandes estructuras industriales? Ya para aquel entonces, la ciudad y el país entero ya contaba con grandes artistas de la talla de Miriam Makeba o Alfred Kumalo, entre otros, pero no había un espacio dedicado a la producción cultural. Así pues, la parte oriental del mercado se convirtió en el Teatro del Mercado, el primer teatro no racial de la ciudad. En la parte central del mercado se autorizó el uso de espacio para exposiciones del “African Museum”. Y en la plaza contigua al mercado que lleva el nombre de “Mary Fitzgerald” [1], se instaló un mercadillo “de pulgas”.

Su cercanía a la estación de autobuses — que transportaban a los trabajadores negros de los townships a la ciudad — la ha convertido en una zona de  grandes acontecimientos y protestas. Punto de encuentro claro, Newtown comenzaba a posicionarse como una zona crítica y de creación continua.

Africa Museum

Africa Museum

El Teatro del Mercado, el primer teatro verdaderamente no racial en Johannesburgo, ha sido durante mucho tiempo el centro tanto de obras de teatro locales como internacionales. Las vigas y pilares de estilo eduardiano y los azulejos del antiguo mercado animaron el desarrollo de importantes trabajos y fue un escenario que sirvió de plataforma para algunos de los mejores actores y dramaturgos del país. El tema recurrente del mercado durante estos años fueron las injusticias y el dolor que se vivía con el apartheid.

En 1994 con fin del apartheid, Newtown vuelve a ser objeto de transformación social y con ello su espacio. Muchos actores, músicos y artistas se mudaron allí, por lo que espacio no solo cobró nueva vida, sino un nuevo aire que se respira hasta el presente. En esa década y en apoyo a este flujo natural de creadores, el Consejo de la Ciudad decidió convertir Newtown en un centro cultural y apoyó su rehabilitación como tal. De esa manera, se establecen ahí definitivamente el Museo de África, el Museo de los trabajadores —que da cuenta de la vida y la historia de segregación racial que existía en épocas pasadas—, el famoso club de jazz ‘Kippies’, el Centro del Centenario de Sudáfrica, así como una serie de cafés y bares de moda que entre cimientos de la industrialización, dan vida a nuevas creaciones y expresiones artísticas.

Newtown es ahora una zona de uso mixto con un carácter vibrante y único, sobre todo si se toman en cuenta sus instalaciones culturales.

Newtown Cultural Precinct, Johannesburgo

Hoy en día el complejo alberga, además de los complejos arriba mencionados, el consejo Nacional de Artistas, la fabrica de Danza, El Mercado Taller de fotografía, La Bus Factory, así como tres salas y dos galerías de arte. Los sábados por la mañana el “mercadillo de pulgas” sigue siendo un punto de encuentro.

La transformación de una zona industrial en un espacio para la creación y el arte, no sólo dan cuenta de la transformación social que ha vivido este suburbio sino todo el país y así Newtown se ha convertido en el corazón cultural de Joburg, en una fabrica de arte y uno de los rostros más cambiantes de la ciudad.

Aquí les dejo el video promocional del nuevo Newtown y abajo unas fotos

ver más videos de Newtown
[1] María Fitzgerald una activista de principios del siglo paso quien defendió los derechos de los trabajadores y en especial los derechos de las mujeres y que llegaría en 1920 a ser regidora de la ciudad.

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Fuentes: Newtown, Joburg,

El Oxímoron: danza contemporánea africana (I)

El discurso puritanista respecto a las identidades africanas ha tendido a juzgar de no suficientemente auténtico a muchos africanos estupefactos ante acusaciones de “descafeinados”, “occidentalizados” o “pervertidos”. En una realidad en tensión como la que viven los jóvenes artistas africanos de hoy, las creaciones más subversivas y desafiantes se presentan como una contestación firme a aquellos que discriminan la modernidad africana. La creatividad que caracteriza a los artistas africanos contemporáneos redefine y reconstruye un continente en constante movimiento, a regañadientes de los que creen que la tradición es inmovil o la modernidad es un suicidio de la autenticidad africana. El Oxímoron, como dos conceptos opuestos que generan un nuevo sentido, nos sirve para reivindicar esa nueva África de lo tradicional moderno, y va a ser nuestro espacio para una serie sobre el dinamismo cultural que conlleva la danza contemporánea sursahariana.

Béatrice Kombé (2004) Fuente: Antoine Tempé

Béatrice Kombé (2004) Fuente: Antoine Tempé

Empezamos en el África Occidental Francófona, rindiendo homenaje a una de las coreógrafas africanas contemporáneas que más ha contribuido a desmitificar la danza africana. Béatrice Kombé nos dejó en 2007 con tan solo 35 años, pero en su corta carrera llevó los espectáculos más rompedores fuera de las fronteras africanas y contribuyó a echar por tierra algunos de los clichés más arraigados en torno al concepto de la danza en África. Empezó con grupos como la compañía nacional de Costa de Marfil Ballet de Marahouét, pero su principal legado se ha convertido en una auténtica escuela, en la que queremos ahondar en ésta sección.

La compañía Tché Tché (‘águila’ en lengua Beté), fundada en Abiyán, Costa de Marfil, en 1997 junto a Guillaume Lebri Bridji es un referente cuando hablamos de danza contemporánea africana. La agrupación, exclusivamente femenina, intenta romper con los estereotipos de la danza africana. Las chicas que conforman la escuela, exhiben cabezas rapadas y cuerpos atléticos. Nada de melenas o cuerpos suaves, nada de cumplir con los cánones de la belleza occidental o intentar complacer imposiciones estéticas. Las amazonas de Tché Tché quieren representar la identidad de un África joven y perdida, que busca su propia identidad entre lo que debería ser (esa supuesta tradición de la que le cargaron los padres de la emancipación nacional) y lo que es en realidad. Estas mujeres africanas -hijas, esposas y madres- buscan a la vez el reconocimiento occidental y el africano. Quieren mostrarse de acuerdo a los cánones de sus padres, de sus maridos y de sus hijos, pero sin dejar de ser ellas mismas. Su responsabilidad recae en mostrar una imagen real de sí mismas a través del movimiento corporal, con una alquimia que nace del eco de las danzas locales y que se nutre del legado europeo, convertido en tan propio como el pre-colonial.

Las cuatro bailarinas de la compañía Tché Tché: Nadia Beugré, Nina Kipre, Flavienne Lago y la misma Kombé. Fuente: Dance View Times.

Las cuatro bailarinas de la compañía Tché Tché: Nadia Beugré, Nina Kipre, Flavienne Lago y la misma Kombé. Fuente: Dance View Times.

La presión que representa la cuna de la comunidad, que les juzga si innovan, o la mirada occidental, que las clasifica de inmovilistas si se ciñen a lo tradicional, se convierte en la principal fuente de inspiración de la compañía Tché Tché. Esta angustia reconcilia ambos universos, y la energía que emana de su creativa síntesis cultural se erige como la respuesta a una sociedad patriarcal siempre dura con la mujer africana. Por ello, las mujeres aparecen fuertes, pasionales y protagonistas absolutas del “hoy” africano. Se constituyen como el principal foco del mundo urbano y a su vez, como la medula espinal del mundo rural. Con el símbolo del ‘águila’, la compañía Tché Tché representa el poder y el dominio de la mujer africana contemporánea sobre todos los campos. Su principal característica, la representación ambiciosa del africano que no renuncia a seguir con la tradición pero tampoco se resigna a instalarse pasivamente en ella.

Su obra Dimi o La pena de la mujer (1998), es su pieza más famosa. Premiada por la UNESCO en el Festival MASA (Marché des Arts du Spectacle Africain du Côte d’Ivoire) de 1999 y subtitulada Un Himno a la Solidaridad Femenina, se convirtió en pionera en su género y fue incluida en el documental African Dance: Sand, Drum, and Shostakovich, que explora a través de distintas compañías de danza africanas las consecuencias de la colonización y la urbanización, el cambio de roles de la masculinidad y las relaciones familiares en el Festival Internacional de la Nueva Danza de Montreal, Canadá. Con Dimi, Kombé y las demás bailarinas de Tché Tché, pretenden trasladar la angustia de ser mujer africana al espectador. Con la dinámica constante de andar, metáfora del no estar nunca quieto, y el vocabulario gestual que expresa el abrazo de la naturaleza, el grupo afronta las escenas en conjunto. Estas cuatro mujeres escinden el grupo para experimentar en las emociones individuales y dilatan su individualidad hasta las fronteras del otro. Todo aderezado con la delicadeza sonora de una flauta y el ritmo percutido de un teclado, ha sido una de las obras de danza africana contemporánea más internacionales de la última década.

A pesar de haber llevado por los escenarios de África, Europa y Estados Unidos obras como Sans Reperes (1999), Source (2000) o Geeme (2002), la muerte de Kombé ha truncado la actividad de la compañía marfileña. Pero su estilo sigue vivo en festivales, auditorios y teatros de todo el mundo. La escuela continúa reivindicando el fuerte papel de la mujer en las sociedades africanas contemporáneas, ya sea gracias a la actuación de sus compañeras de reparto (especialmente, Nadia Beugré) como la de otras muchas mujeres que encuentran en la danza contemporánea la mejor manera de desenquistar la identidad del África actual.

 

Sobre la excepcionalidad de las bailarinas africanas

Lauren Anderson, la primera bailarina afroamericana de ballet clásico

La historia de Lauren Anderson inspiró a muchas bailarinas negras a seguir adelante con su pasión: la danza. En 1990 Anderson se convirtió en la primera afroamericana en dedicarse profesionalmente al ballet, alzándose como la máxima inspiración de muchas jóvenes bailarinas afroamericanas y de otras partes del mundo. Pero la historia de estas mujeres, como podéis sospechar, no solo es asombrosa por su espíritu de superación o su portentoso rendimiento físico, sino también por su empeño en luchar contra los prejuicios raciales, los estereotipos culturales y las obstinaciones sexistas.

Michaela DePrince (por Denis Farrell / AP)

Quizás si no habláramos de África, la parte sensacionalista de esta historia no estaría en el eje de la noticia, pero parece que al hablar del ‘continente negro’ siempre hay que añadir un plus que haga referencia al coraje o a la lucha para salir de la “supuesta miseria”, y dejar que el centro del reportaje se desvíe. Aunque con Michaela DePrince no queremos caer en la tentación más que común de ser indiscretos, no podemos pasar por alto un pasado con cicatrices de guerra. La sierraleonesa adoptada en EUA se ha convertido en este último año en un ejemplo de como transformar la aflicción en arma para la auto-superación, y es indudable que, en este caso, hay una relación causa-efecto bastante obvia.

En sus años de orfanato en Sirra Leone, DePrince vio una foto de una bailarina en una revista, y desde ese preciso momento decidió que quería dedicarse al ballet. Guardó la foto de esa chica y la miraba cada vez que necesitaba un poco de esperanza. Pero esa vocación e ilusión se convirtieron en una posibilidad cuando fue adoptada en Estados Unidos, donde empezó a tomar clases de ballet. Los estigmas sociales a los que la sumieron la adopción, los orígenes africanos en el seno de una sociedad clasista, un problema de des-pigmentación de la piel o los traumas de haber sufrido una guerra, no hicieron más que alimentar su empeño. Y su carrera ha despuntado tanto, que el pasado julio, las dos compañías de ballet más grandes de Sudáfrica (Mzansi Productions y South African Ballet Theatre) la tuvieron como artista invitada, retornando al continente una de sus joyas artísticas contemporáneas.

Se trata de un caso de gran excepcionalidad, sí. Pero debemos tener claro en que sentido utilizamos la palabra. Por un lado, hablamos de las cualidades admirables de personas como ella para la danza. Y por el otro, estamos reivindicando que no todos los éxitos artísticos en el caso africano están marcados por un pasado bélico o violento, sino que más bien se trata de ejemplos insólitos y puntuales que contrastan con la mayoría.

http://artscomments.wordpress.com/2012/10/01/fatou-cisse-is-an-angry-young-woman/

Fatou Cissé en la actuación del 1 de Octubre del 2012 en la Biennal de Danza de Johannesburg ‘Danse l’Afrique Danse’ (foto de John Hogg)

Para ilustrarlo, queremos contrarrestar esta imagen con la de otra mujer increíble dentro del universo del baile, la célebre Fatou Cisse, una coreógrafa senegalesa y una de las mayores figuras emergentes en el mundo de la danza.

Fue una de las bailarinas más prolíficas del Ballet Bougarabou, y una de las artistas más internacionales del África francófona, gracias a becas en Italia o Bruselas que le permitieron especializarse en afro-jazz, ballet clásico y danzas tradicionales africanas. Este año ha representado Senegal en la Biennal de Danza de Johannesburg, celebrada la semana pasada en Sudáfrica, y ha sido una de las mayores revelaciones del encuentro. Con su obra Regarde-Moi Encore (Mírame otra vez), una reivindicación del abuso de la mujer en África a través de la ira del cuerpo y del silencio de la sociedad, ha trasladado a la audiencia la necesidad de reflexionar sobre los problemas de género que vive hoy en día el continente.

Se trata de dos mujeres de muy distinta trayectoria. De diferentes estilos dentro de una misma disciplina. Pero al fin y al cabo africanas jóvenes y artistas, luchadoras y responsables de llevar la danza africana más allá de sus fronteras. La audiencia del mundo entero debería estar atenta a los próximos pasos de creadoras como ellas, pues tienen ante sus pies un futuro muy prometedor al que dejar huella.

Por su excepcionalidad, ellas son las protagonistas de la sección de esta semana!