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“La mirada de Occidente sobre África se realiza todavía desde el prisma del colonialismo”

Históricamente, en la literatura española se han silenciado piezas sobre el continente africano que mostraban narrativas alternativas a la pobreza y la miseria. La mayoría eran escritas por blancos y blancas además de hablar de temáticas de interés occidental. Las descripciones que inundaban e inundan las librerías de España, desde las obras publicadas durante el siglo de oro hasta aquellas escritas en la actualidad, suelen seguir las pautas que en 2006 Binyavanga Wainaina describía en el artículo How to write about Africa en un tono irónico.

Publicaciones de Ediciones Wanafrica. Fuente: Ediciones Wanafrica.

Es por ese motivo que, como herramienta del Grupo Wanafrica, dedicado desde 2006 al periodismo panafricanista en castellano, nace Ediciones Wanafrica en 2014. Su objetivo es el de romper con estas narrativas y editar obras de autores/as africanos/as, antillanos/as y, en menor medida europeos/as, que aproximen a los y las lectoras a las distintas realidades africanas y las de sus diásporas. Como narra Saiba Bayo, el responsable de estrategia del grupo, acerca de la apertura de la editorial: “Antes de lanzar la editorial ya habíamos intuido la necesidad de publicar libros y hemos recibido numerosas peticiones del público que reclama la traducción de obras escritas por autores africanos en francés e inglés”.

El equipo que inició el proyecto de Ediciones Wanafrica sigue hoy, a pesar de la presión, contando con Saiba Bayo, Oumar Diallo, Moustapha Senghor y con los y las colaboradoras. Es también importante, como resalta Bayo, el papel de las traductoras Remei Buitrago y Mercè Tricás Preckler, que han apoyado el proyecto desde un inicio.

Saiba Bayo, politólogo y responsable de estrategia de Ediciones Wanafrica.

Las publicaciones han tenido una muy buena acogida entre el público“, explica el responsable de estrategia. El éxito se debe a que el Grupo Wanafrica a partir de las actividades, iniciativas y eventos que se proponían, consiguió un conjunto de seguidores/as de distintos perfiles de edad, origen y género bastante numeroso. Esta comunidad constituye una parte de sus lectores y lectoras actuales, pero además con los años se ha ido multiplicando. Una de las razones de este auge se debe a la demanda in crescendo de publicaciones y traducciones en lengua catalana. Así, como calcula Bayo: “Si tenemos en cuenta el público afrodescendiente en América interesado en conectar con sus raíces africanas, se estiman acerca de 50 millones de personas a los que van dirigidos nuestros libros”. 

Pero su éxito no es únicamente mérito del público, sino que se debe a la heterogeneidad y exclusividad de formatos, temáticas y autores sobre el pensamiento africano. Como anuncia Bayo, se trata de ejemplares “de libros raramente localizables en el mercado“. Entre sus publicaciones encontramos narrativa, ensayos, cómics, materiales educativos y libros infantiles repletos de filosofía, historia, política, lingüística. Todos ellos escritos por mujeres y hombres africanos, antillanos y europeos.

La variedad producida en la editorial, responde a la idea de recuperar los valores ancestrales, la cultura y la identidad de las sociedades aniquiladas. Como narra Saiba Bayo: “La mirada de Occidente sobre África se realiza todavía desde el prisma del colonialismo. Esto era algo frustrante para nosotros pero no podemos seguir gritando y quejándonos. Había que hacer algo y teníamos que pensar en una estrategia radical y potente para no caer en el ridículo”. Por ese mismo motivo, creen firmemente en un proyecto que transforme las narrativas sobre el África contemporánea y que cuente la realidad de un continente que está cambiando las dinámicas sociopolíticas. Desde la editorial, manifiestan, no tienen miedo a mezclar la emoción y la razón en su discurso.

 

Asimismo, las experiencias narradas en sus libros no son meramente anecdóticas y puntuales sino que pueden ser aplicables a otras situaciones del globo. En su colección Pensamiento africano de ayer para mañana recopilan figuras revolucionarias africanas, líderes independentistas y patriotas cuyas voces fueron silenciadas a golpe de metralleta por el neocolonialismo. Estos personajes – Kwame Nkrumah, Julius Nyerere, Amilcar Cabral, Thomas Sankara, Sekou Toure y Cheikh Anta Diop, entre otros-, pasaron por un proceso de toma de conciencia que puede ser recuperado por otras naciones. En este curso detectaron y quisieron romper con la dependencia del extranjero que les ofrecía un decrecimiento de oportunidades económicas, sociales y políticas dentro de sus países así como en relación a otros.

De esta manera, y en relación a la adaptación a otros entornos, Saiba Bayo confiesa que la situación política actual en España le evoca a los contextos en que estas figuras revolucionarias repensaron sus identidades nacionales y, refiriéndose a la posición de los países europeos, comenta que: “Esto es complejo porque la doctrina europea solo contempla la supremacía del estado nación. Creo que el discurso revisionista europeo se reforzaría si se nutre de las doctrinas africanas en temas de gobernanza horizontal”.

Con esta mezcla de razón y emoción en el discurso, podréis asistir durante los próximos meses a la presentación de las publicaciones de Wanafrica en puntos como Barcelona, Sabadell, Hospitalet y Lleida, y en 2018 en Madrid, Murcia y Valencia.

Leonardo Lumu, ilustrador, presentando “Animales – Bàyyima” en la Escola Joso de Barcelona. Fuente: Escola Joso.

No obstante, como nos comunica el responsable de estrategia del grupo: “Estamos entrando en el último tramo de la primera fase del proyecto que consiste en implantarnos en las principales regiones de España como Madrid, Catalunya y Euskadi. De allí se expandirá en todo el territorio español, hasta alcanzar otros países porque cada vez mas recibimos pedidos de diferentes países de América Latina”.

Wiriko medio oficial del Film Africa

Black is beautiful: El Londres más negro sube el telón del Film Africa

Wiriko medio oficial del Film Africa

Wiriko medio oficial del festival de cines africanos de Londres Film Africa.

Vuelve un Londres en negro. Un negro que es beautiful. Un negro que como canta el cantante Chronixx, es necesario para entender la construcción del imaginario que tenemos del continente africano. Regresa el Film Africa (27 de octubre hasta el domingo 5 de noviembre), la celebración más grande de cines africanos y su diáspora de Inglaterra organizado por la Royal African Society de la que Wiriko continúa por tercer año consecutivo como medio oficial en español de una de las citas imprescindibles europeas. Y cuando se hace alusión a que la urbe inglesa ennegrece cada año es porque su política y objetivos se extiende a lo largo de seis sedes colonizando las carteleras de las principales salas de cine: Rich Mix, BFI Southbank, Ritzy Brixton, Ciné Lumière, Bernie Grant Arts Centre y el South London Gallery. No hay excusas para no enmudecer con alguno de los 38 títulos que se proyectarán procedentes de 21 Países africanos (incluidos 19 estrenos en el Reino Unido, Europa o mundiales) y con la presencia de cineastas, actores y actrices y músicos que endulzarán una semana africana que prestará especial atención a las historias de mujeres.

La apertura de esta noche en el BFI Southbank estará a cargo de la película The Wound (Inxeba), del director sudafricano John Trengove. Un trabajo atrevido que pudimos ver en el festival de Durban el pasado julio y que explora la sexualidad, la masculinidad y el choque entre los valores tradicionales y contemporáneos en la actual Sudáfrica. El actor principal y premiado músico Nakhane, uno de los nuevos talentos más emocionantes del país, asistirá a la proyección y actuará este domingo en el Rich Mix llevando sus melancólicas y lánguidas guitarras y bellas armonías vocales al público londinense por primera vez.

La séptima edición del Film Africa clausurá en el Ciné Lumière el 5 de noviembre, con el estreno en Londres de Foreign Body, el nuevo trabajo audaz y visceral de la directora tunecina Raja Amari. Para conmemorar sus 60 años de independencia de Ghana, el festival proyectará tres trabajos que capturan el espíritu de una de las industrias cinematográficas de más rápida expansión en el continente africano: Keteke, el primer largometraje de Peter Sedufia, con una preciosa banda sonora a cargo de la banda de Accra, Worlasi; la historia épica de la realizadora ghanesa-americana Leila Djansi sobre la trata de esclavos en el Atlántico, I Sing of a Well; y una rara oportunidad de ver uno de los más aclamados trabajos de los últimos tiempos, Kukurantumi – Road to Accra, del realizador King Ampaw.

Film Africa continúa su estrecha asociación con el consorcio de los cinco festivales de cine africano del Reino Unido (Film Africa-Londres, Africa in Motion-Escocia, Afrika Eye-Bristol, CAFF-Cambridge y Watch Africa-Gales) con su sección Clásicos perdidos de África (Africa’s Lost Classics), trayendo a las pantallas algunas de las mejores películas africanas que han sido prohibidas, censuradas, perdidas u olvidadas, incluida la restauración de algunas películas importantes dirigidas por mujeres africanas. Algunos ejemplos serán Fatma 75, una película pionera y el primer trabajo de no ficción de la tunecina, Selma Baccar; Rage, del laureado director nigeriano Newton Aduaka; y Mueda, Memory and Massacre, de Ruy Guerra, una obra central de la ola de Cine Novo, generalmente considerada como el primer largometraje de ficción independiente de Mozambique y una obra maestra de la memoria anticolonial.

En esta séptima edición se podrán ver los primeros trabajos del sudafricano Daryne Joshua con su Call Me Thief, un retrato de la vida en los suburbios de Ciudad del Cabo en la década de 1960; el estreno europeo de I Will Not Bear Tomorrow, de Abraham Gezahagne, que se adentra de lleno en uno de los momentos más oscuros de Etiopía; y en I Still Hide to Smoke, un baño turco es el telón de fondo para la audaz exploración de la directora argelina Rayhana Obermeyer sobre el papel de la mujer en su país hoy día.

Junto a I Still Hide to Smoke y Fatma 75, otros títulos de la programación de la que Wiriko forma parte como asesor muestran historias de mujeres. Por ejemplo, se estrenará en el Reino Unido el documental Sacred Water, de Jordain Olivier que explora la sexualidad femenina en Ruanda; A day for women, de Kamla Abou Zekri un trabajo que reflexiona sobre la comunidad, la convivencia y la libertad de las mujeres en la sociedad egipcia; El cuarto largometraje de Alain Gomis Félicité, ganador del prestigioso Oso de plata en Berlín, que retrata a una madre soltera en la capital congolesa de Kinshasa; y el documental de Pascale Lamache, Winnie, el cual describe la compleja figura de Winnie Mandela, y se pregunta por qué la historia silencia habitualmente a las mujeres líderes fuertes.

Otras películas destacadas incluyen el estreno mundial del documental Di Journey de Maria Khan, una exploración histórica y completa sobre las relaciones de inmigración y raza en la comunidad afro-caribeña del Reino Unido; lo último de la prolífica directora ghanesa Shirley Frimpong Manson, Potato Potahto; y el estreno en el Reino Unido del brillante documental de Samantha Biffot The African Who Wanted to Fly, que cuenta la extraordinaria historia de un joven de Gabón que se convirtió en maestro de Kung Fu en China.

Secciones de cortometrajes, días programados para los niños, conciertos y conferencias paralelas completan una semana que reflejará lo mejor de los cines africanos. Y Wiriko estará allí para contarlo.

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Desvelando Angola y las migraciones

Kianda apenas era una niña cuando se produjo uno de los episodios más oscuros desde la independencia de Angola: una purga entre las autoridades que el 27 de mayo de 1977 acabó con la vida de un numero indeterminado de personas, entre ellos revolucionarios de pedigrí, algunos de los que realmente lucharon y construyeron la emancipación del país. El padre de Kianda fue uno de aquellos purgados.

Kianda apenas era una niña cuando llegó a Londres y tuvo que pelear contra su historia y contra sí misma. La niña probó el sabor del desarraigo y después la necesidad de construir su propia identidad en un entrono adverso. Ella eligió deshacerse de su africanidad para reducir las ocasiones en la que le hacían sentirse la otra, la distinta.

Kianda ya es mayor cuando empiezan a caerse los velos que su madre había puesto a su vida para protegerla. La mujer, una auténtica luchadora, en el lecho de muerte se decide a revelar a Kianda algunos de los secretos de sus orígenes que nunca había conocido.

Kianda ya es mayor cuando supera el vértigo de la incertidumbre para dar una última alegría a su madre enferma: regresar temporalmente a Angola. En el país en el que empezó todo, la muchacha, ya convertida en una adulta con una personalidad muy compleja, se enfrenta a la realidad, en parte al pasado, pero también al presente e, incluso, al futuro.

Kianda, como no podía ser de otra manera es la protagonista de El sueño eterno de Kianda, una novela publicada por Borja Monreal Gainza y que ha merecido el Premio de Novela Benito Pérez Armas. Más allá de ese reconocimiento, el trabajo de Monreal se ha ganado también la excepción de Wiriko que, habitualmente, no reseña los trabajos de autores españoles sobre el continente. Sin embargo, la novela de Borja Monreal, responde a las condiciones que impone el compromiso de Wiriko. El sueño eterno de Kianda no reproduce estereotipos reduccionistas sobre la realidad africana. Al contrario, se sumerge en un complejo acontecimiento histórico que la historia oficial ha obviado. La novela, tampoco utiliza el continente para relatar historias a más gloria del blanco salvador ni dibuja de manera zafia a los personas africanos. El sueño eterno de Kianda es pura historia y pura historia angoleña y sus personajes no son complejos, sino tremendamente complejos, pasa cuando un autor decide no hacer concesiones y se arriesga a dibujar la complejidad de la realidad, las contradicciones, las dudas, la parte fea de la vida, junto a los sueños, los anhelos y las esperanzas. De todo un poco y, sobre todo, mucha vida.

Borja Monreal durante la presentación de la novela galardonada con el premio Benito Pérez Armas. Foto: CajaCanarias

Monreal se plantea cuál es tema fundamental de la novela y lo más curioso es que no tiene respuesta, al menos, juega a no desvelarla. La historia fundamental es la de la construcción de Angola. O bien, la historia que sustenta este relato es la de Kianda, la de su búsqueda de la identidad, una historia de migraciones, diáspora y viajes de ida y vuelta, de desarraigo y de regreso al origen. Seguramente, la novela se apoya sobre los dos pilares y por eso es mucho más sólida que si lo hiciese sobre uno sólo.

De la misma manera, el autor ha construido su narración sobre horas de entrevistas y ha conseguido que algunos angoleños se asombre por el hecho de que el autor no sea uno de sus compatriotas. Este periodista, curtido en los caminos del continente negro, de la mano de la cooperación y el desarrollo reconoce que no escribe con vocación estética sino para remover conciencias. En El sueño eterno de Kianda el resultado es un relato que se sostiene por sí mismo y en el que el autor incluso se permite el lujo de establecer su propio hilo temporal, viaja de una manera aparentemente desorganizada entre 1961 y 2012, pasando por 1965, 1974 o 1977. Va y viene, una y otra vez, sin miramientos por el lector que sólo necesita un poco de fe para darse cuenta de que los saltos guardan una lógica precisa para perfilar cuidadosamente media docena de personajes fundamentales. Y en cuanto a su voluntad, en este caso se trata de ponerse en la piel del otro, de entender al migrante, al habitante de la diáspora, al que trata, por supervivencia, de reconstruirse.

Borja Monreal intenta que el lector se acerque a Angola y los angoleños y pretende a partir de ese episodio poner de manifiesto una constante de las historias de muchos países africanos, pero también del norte global, el carácter efímero de la utopía: lo poco que duran las ilusiones.

Peluquería africana: refugio de la masculinidad negra


Dice Santiago Alba Rico en su artículo Bares que “si está cerrado el tribunal o la consulta del psiquiatra, nos refugiamos en el bar”. Además el filósofo y escritor aporta que “cada español tiene su propio bar y su propio equipo de fútbol”. En África, la peluquería es el bar español. Ese “espacio público íntimo” como describía el nigeriano Andrew Esiebo. Otro compatriota, esta vez el multidisciplinario Inua Ellams, ha llevado al escenario una obra de teatro que tiene a las peluquerías como punto de encuentro.

Wiriko tuvo la oportunidad de asistir al estreno de Barber Shop Chronicles en el Teatro Nacional de Londres. Dirigida por Bijan Sheibani, la pieza es un proyecto concebido para hablar sobre la masculinidad del hombre negro tanto en el continente como en la diáspora. Ellams compone un tratado de filosofía callejera y experiencias vitales a través de diferentes historias entrelazadas en distintos lugares del África anglófona. 9 actores ponen en escena unas situaciones reconocibles en cualquier barbería y que son el fruto de los viajes del autor para documentar la pieza teatral.  Las crónicas inician un recorrido que se inicia en Lagos y continua en Accra, Kampala, Johannesburgo y Harare. Pero la conexión de todas estas escenas están en la peluquería Three Kings de Peckham, barrio londinense conocido como “la pequeñas Nigeria”. Allí se reúne algún familiar, un conocido, un amigo de un amigo. Y todo transcurre en un mismo día de abril de 2012 con el mundo del deporte pendiente de la semifinal de Champions League entre Chelsea y Barcelona.

La jornada comienza antes de las 6 de la mañana en Lagos cuando un joven necesita un urgente corte de pelo antes de una entrevista de trabajo. Se traslada a Accra donde un padre primerizo busca consejo sobre su cómo afrontar la paternidad y el viaje se alarga hasta Kampala para discutir cómo las leyes antihomosexuales están afectando las exportaciones del país. En Johannesburgo un vecino arremete contra Mandela por defraudar a su pueblo al dejar impune a los partidarios del apartheid y el chimurenga, género musical zimbabuense, es el tema a debatir en Harare. Ellams nos lleva por el continente pero siempre vuelve a Londres donde la trama principal se centra en la tensa relación entre Samuel y Emmanuel.

Barber Shop Chronicles es una recopilación de instantáneas compartidas en torno a un cortapelos. El texto se acelera para la burla, se incendia en el debate político, social y religioso y se detiene a la hora de admitir la culpa. La audiencia es testigo de unos diálogos que van más allá de la cotidianidad. La peluquería es el bar para miles de africanos que hablan sin concesiones y sin miedos. Y el peluquero escucha, asiente y niega.

El servicio no se limita a un simple corte de pelo. Se va a pedir consejo sobre relaciones amorosas, las diferencias generacionales o cómo iniciar el último gran negocio para hacer dinero. Pero también hay cabida para aliviar las preocupaciones. ¿Por qué se evita hablar de la salud mental de unos hombres enfrentados al racismo, la migración o los secuelas de una herencia colonial? ¿Cuáles son las expectativas que tiene la sociedad puesta el hombre negro?

La obra de teatro también profundiza en la búsqueda de la identidad. “¿Puedo venir mañana? Sólo para sentarme y hablar”, dice Ethan, uno de los personajes que bien puede ser el alter ego de Ellams. El autor, al mudarse a Londres, vio cómo la comunidad afrocaribeña de Peckham lo invitaba a pasar las horas en la peluquería y el personaje es una representación de todos esos jóvenes que no sólo van a cortarse el pelo sino luchar contra la soledad, enfrentarse al choque cultural y buscar la identidad de un joven negro en el Reino Unido. Y entre bromas se aparenta pero se echa de menos el hogar porque “todos somos huérfanos fuera de África, de nuestra tierra”

Por eso Inua Ellams lleva las historias África y las hace identificables en cualquier ciudad del continente. Cambia la escenografía, los personajes, el huso horario pero no las conversaciones e inquietudes de unos hombres que se preguntan qué significa ser un hombre negro. Y en la búsqueda siempre hay una peluquería que sirve de anecdotario y un peluquero al que calentarle la oreja. Porque “incluso en las malas épocas, el peluquero siempre está disponible para la comunidad”.

Cuentos y música africanos para descubrir la tradición oral del continente

*Por Alicia Justo

Los cuentos tradicionales africanos han permanecido en el acervo cultural de muchos de sus habitantes con el desafío de haber sobrevivido al paso del tiempo. Rescatarlos supone su revalorización, al mismo tiempo, que sirve de escaparate a la cultura tradicional africana.

Una de las iniciativas creadas en esta línea es la puesta en escena del espectáculo de cuentos y música africanos Suenan las noches en Senegal de la narradora y escritora Ana Griott y los músicos Hermanos Thioune. Las historias están recogidas en el libro El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la baja Casamance, de la propia Griott quien reunió en este volumen una serie de cuentos populares que rondan desde hace muchos años en el imaginario de las gentes del sur de Senegal. La música la ponen los Hermanos Thioune con instrumentos de cuerda como la guitarra española o la kora. La inclusión de la también conocida como arpa africana es un guiño a los griots, puesto que ellos destacan por narrar historias reales y mágicas a través de la música y la palabra, como si de trovadores se tratara.

Esta adaptación al mundo actual pretende ser un reflejo de lo que antaño se vivió en aldeas y ciudades de Senegal cuando las nuevas tecnologías no habían modificado las relaciones interpersonales. A estas tierras no llegaban los libros, de modo que eran las personas mayores las que actuaban como bibliotecas personificadas reuniendo en el centro de las casas, al caer la noche, a los niños y jóvenes. A través de historias protagonizadas por personajes reales y fantásticos como serpientes pitones, sirenas o dragones trasladaban a sus oyentes a mundos mágicos. El cierre de estos cuentos siempre era una moraleja, una enseñanza moral que los más sabios del lugar querían regalar a su público.

Por ello, sus creadores intentan demostrar que en un mundo materialista se puede educar y entretener sin necesidad de acudir a lo tangible, solo con una historia bien hilada, música y color. Además, es una vía para visibilizar la existencia de largas tradiciones que aún perviven. “África está viva y existe con sus tradiciones. El problema es que Europa desconoce el continente y por eso el arte intenta enseñar a África como algo real, que existe y que no siempre está ligado a conceptos negativos como miseria o enfermedades”, argumenta el compositor de la obra, Khaly Thioune.

El arte como herramienta de multiculturalidad

La representación de cuentos es una de las ramas artísticas que manejan desde la empresa senegalesa afincada en Las Palmas de Gran Canaria Hermanos Thioune. Uno de sus fundadores, Khaly Thioune, reconoce que su propósito a la hora de iniciarse en este proyecto era “hacer del arte una herramienta de multiculturalidad, tolerancia y solidaridad“. Y desde su creación en 2009, ha logrado diversificarse en varias áreas como la danza, a través de la impartición de talleres; de la música, con la realización de conciertos; y de espectáculos, como la propia representación de los cuentos o shows de temática africana.

Thioune es licenciado en Artes Escénicas por la Escuela Nacional de Arte de Senegal, aunque se inició en el mundo artístico cuando era un escolar en su natal Bambey donde tocaba percusión, bailaba y hacía teatro. Desde su llegada a Gran Canaria en 2002 para ejercer como profesor de Cultura y Música Africana en la Universidad Popular de Las Palmas de Gran Canaria, ha trabajo en esa doble dimensión de potenciar el arte y mostrar un África alejada de estereotipos, donde también se respira arte y cultura como en otras partes del planeta.

Su labor tuvo un reconocimiento especial en 2012 cuando el Gobierno de Canarias le concedió el Premio Individual Joven Canarias por su labor en defensa de la interculturalidad y multiculturalidad.

La compañía está formada por 20 personas que son en su mayoría de origen senegalés y se han formado artísticamente en su país. Aunque han realizado pequeñas incursiones en su tierra, han desarrollado su faceta profesional en Europa donde trasladan todos los conocimientos adquiridos en Senegal.

Con su música, bailes y espectáculos han llegado a festivales como el Womad de Cáceres y Las Palmas de Gran Canaria en 2009, el África Vive de Casa África desde 2011 a 2015, el Rototom Sunsplash de Benicassim desde 2010 a 2016 o el Bimbache Jazz Festival de El Hierro desde 2013 a 2015.

– Suenan las noches en Senegal se representará el 2 de mayo de 2017 en la sala OFF Latina a las 20:30 horas.

 

Alicia Justo es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Periodismo Internacional de la UNED y Agencia EFE. En la actualidad lleva la comunicación y gestión de redes sociales de Hermanos Thioune.

Pasaporte Español, Raíces Africanas: Begoña Bang-Matu

Hablar de mi misma siempre me ha costado un poco, abrir el corazón sin que duela… es difícil y también por no conocer mucho de donde vengo. Mis orígenes africanos, vienen de Guinea Ecuatorial. Hablaré de mi abuelo: Motuu M’abegue (nombre fang).
La  sociedad Fang, está dividida en clanes, llamados ‘tribus’ en España. Motuu M’abegue, hombre del clan Nzomo, era el cabeza de familia. Hombre muy influyente por su carisma y por ser un hábil comerciante, considerado como una especie de rey en la zona, también por tener muchos recursos materiales lo que a su vez le permitió tener varias esposas. A la llegada de los colonos fue un interlocutor y mediador, le nombraron jefe principal de Nzomo.
Durante un tiempo, todo fue bien, pero a mediados de los años 30, la cosa cambió. Guinea quería que en la Peninsula (España) se supiese de las verdaderas necesidades del pueblo guineano, y enviaron a un abogado que acudiese para comunicar todo esto. Pero los colonos, acusaron a Motuu de traición y le desterraron. Volvió a su ciudad, siendo un anciano y muy cansado.
Envió a varios hijos a estudiar a España. Uno de ellos, Federico Bang-Matu, llegó para estudiar la carrera de Económicas y trabajó en la Embajada de Guinea Ecuatorial en España.

Begoña Bang-Matu

Mis padres se conocieron estudiando, imagino que fue un choque social verles juntos por las calles de Madrid, paseando del brazo. Por su muerte temprana, apenas pude conocer a mi padre, que falleció cuando yo tenia 6 años. Y aunque no conozco a mucha familia de mi padre, si he tenido ocasión de conocer a muchos tíos y primos que han venido a visitarnos. También están aquí, en España, otros primos y tíos que como mi padre vinieron a estudiar y formaron sus familias aquí.

Begoña Bang-Matu

Siempre me gusto cantar y bailar, de hecho de niña no hacia otra cosa. Por mediación de uno de mis primos, empecé a cantar R&B en un grupo llamado La Noche de la Iguana… Para mí era super divertido, ya que teníamos ensayo los viernes por la tarde noche y por aquél entonces, yo era menor de edad y no salía. Pero al ir con mi primo, mi madre me dejaba cantar.

Así empezó todo, de forma muy divertida… Más tarde, continué con el grupo Malarians y ahí es donde empezó mi andadura profesional dentro de la musica jamaicana. Para mí, un honor y sobre todo una responsabilidad que se me considere la primera mujer en el Estado que canto rocksteady.

Continúo trabajando con otros artistas y aprendiendo de cada experiencia…, ya que todo esto es aprendizaje continuo.

Tengo pendiente con mis primas ir a Guinea y conocer a esa gran família que tengo allí, para todos, sería un gran motivo de celebración.
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*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Vicenta N’dongo: “En los viajes, al igual que en los conflictos, los choques y los aprendizajes me vienen siempre con retraso”

Foto: Paco Navarro.

*Por María Colom

Nacida en Cataluña y con raíces ecuatoguineanas, la actriz Vicenta N’dongo no pisó las tierras africanas de su familia hasta los 33 años. Aun así, conectó enseguida con todo ese mundo. Años más tarde, en 2014 hizo un viaje de un año con su pareja, desde la India hasta Nueva Zelanda. Antes de partir, en una entrevista, afirmó que “a nosotros nos dejan en soledad para que nos sintamos agarrotados por el pánico y el miedo”. Después de tan largo viaje, a la actriz, que ha sido madre hace menos de un año, no le gusta pensar en un mundo ideal, pero sí tiene algunas ideas surgidas de sus experiencias.

La conocimos con la película Airbag (1997), de Juamma Bajo Ulloa, y se coló en todas nuestras casas con las series Dinamita, de TV3 y Aquí no hay quien viva. Más recientemente la hemos podido ver en el filme Menú degustació (2013) de Roger Gual, pero ahora, aunque ha participado en un pequeño rodaje, ha dejado un poco apartada su carrera para dedicarse de pleno a la maternidad.

 


Maria Colom: ¿Cómo ves el mundo actual?

Vicenta N’dongo: Después de un año de viaje y de haber recorrido muchos países, más allá de la política y la economía mundiales, de las que no quiero hablar porque se lo han comido todo, veo que los seres humanos estamos mucho más conectados de lo que parece, pero fingimos que no. Todos somos iguales. Las personas que viven en países subdesarrollados, palabra que no entiendo qué significa, en mi opinión, en muchos aspectos son los que mejor están.

M.C: ¿Qué es lo que más te sorprendió cuando conociste Guinea Ecuatorial?

V.N: Me sorprendió mucho a nivel sensorial. Cuando vas a un lugar en el que todos son como tú, te sorprende. Y no eres consciente de ello hasta que no llegas y lo sientes. Allí todos éramos del mismo color. Todo mi ADN me vino de golpe y me di cuenta de que todos los seres humanos tenemos más cosas en común de lo que nos quieren hacer creer todos los carteles y las etiquetas que nos ponen. Allí conecté muchísimo con el talante, la paz, la no prisa que aquí nos han vendido, el ritmo y la rutina. En otros países del mundo, sin vivir como nos dicen que hay que vivir aquí, se vive mejor. Y, evidentemente, no obviaremos la parte oscura de un país devastado por la huella que dejó la población española y el sentimiento de inferioridad.

M.C: ¿Cómo te marco este viaje?

V.N: En los viajes, al igual que en los conflictos, los choques y los aprendizajes me vienen siempre con retraso. Necesito tiempo para digerir las cosas. Años más tarde, el significado del día a día me lo tomo de otra manera. Cuando eres pequeña te educan con cierta rigidez y la huella que me dejó el viaje es que no necesitas esa ferocidad para ser el primero, sino la ayuda de los otros y el todo. Aquí nos educan para ser el primero en todo o el mejor, y eso no es cierto.  Por ejemplo, el otro día, en Madrid, vi un cartel de un colegio que decía “Si quieres que tu hijo sea el más inteligente, tráelo a este colegio”. Tuve claro que yo no quería esto para mi hijo.

Foto: Paco Navarro.

M.C: Comentas que llegaste al mundo de la interpretación casi de casualidad. ¿Cómo valoras tu carrera profesional?

V.N: Casualidad quizá no es la palabra exacta. En mi familia no había un historial artístico, pero yo sí que tenía necesidades y pedía hacer danza, tocar el piano, quería ir al liceo y conseguí ir sola cuando tenía 12 años. Lo que valoro es que una niña de esa edad quisiera y consiguiera llegar hasta el final. Tengo la suerte de haber hecho lo que realmente quería hacer y que nadie me parara. Nos tenemos que sacar de la cabeza el hecho de tener que hacer una carrera por obligación porque hay que valorar las inquietudes de cada uno, y si alguien quiere dedicarse a cuidar de una finca, pues adelante. En mi carrera he tenido mucha suerte. Parece mentira cómo fui capaz de decidir ser esto con todas mis inseguridades y complejos, y cómo lo he conseguido. Tuve mucha suerte y valoro mucho haber podido trabajar con toda la gente con la que he trabajado; sin ellos hoy no sería quien soy. Me enseñaron cosas y aprendí mucho de ellos porque no querían darme ninguna lección. Aprendí de la causalidad de ver cómo funcionaban.

M.C: ¿Qué opinas de la situación de los actores y actrices negros en España, que algunos colectivos ya han denunciado?

V.N: Para empezar, no me gusta que se pongan etiquetas. No creo que exista ninguna situación ni ninguna problemática hasta que nosotros ponemos las etiquetas. En España, gente de razas distintas, de los que más hay es de negros; pero en Estados Unidos pasa con los latinoamericanos. Si no estás dentro de los cánones y los estándares de belleza, es complicado para todo el mundo. No creo que los negros de aquí seamos distintos que los latinos en Estados Unidos. Pero lo mismo pasa con las mujeres. El mundo está dirigido por hombres, y aunque no sea feminista, ¿por qué no dirigimos más las mujeres? Lo que me pregunto es ¿por qué en el siglo XXI esto aún no se ha solucionado? Me hago mías las palabras que pronunció Meryl Streep en los Globos de Oro acerca de una sociedad tan machista y tan poco liberal. Y esto incluye también a gente de distintos colores.

Foto: Paco Navarro.

M.C: ¿Cómo crees que influye en la sociedad y en la educación de los jóvenes que los actores negros solo hagan papeles estereotipados?

V.N: Creo que en la educación está todo relacionado, no solo con los papeles estereotipados, sino con las cuestiones de género. Si históricamente somos las mujeres las que hemos educado a los niños, ¿por qué lo hemos hecho con estas ideas tan sexistas? El otro día estábamos con un grupo de amigos de entre 40 y 50 años. El hijo de uno de ellos dijo que las niñas de su clase eran pijas y tontas. Mientras todos se reían, una amiga le preguntó que qué quería decir. El niño respondió que siempre quieren dar la nota y que dicen cosas que no tienen sentido. Entonces mi amiga lo hizo reflexionar y le dijo que quizá eran los niños los que no las entienden y los que no saben escuchar. Son estas cosas las que hay que empezar a cambiar en la educación y en los colegios; los niños pequeños son los que van a reinar en la sociedad. Con mi hijo voy a intentar estar en alerta constante con las palabras para no caer en prejuicios y dogmas como el de que las negras son exuberantes o las latinas calientes.

M.C: ¿Cómo sería el mundo ideal en el que te gustaría que creciera tu hijo?

V.N: Cuando pienso en un mundo ideal me pongo a llorar. Por suerte no tengo ningún mundo ideal, gracias a dios. Porque el hecho de no llegar a este mundo ideal nos frustra. Espero que mi hijo sea como es y poder acompañarlo y ayudarlo. No quiero manipularlo. Quiero que se quiera como es en su interior.

Pasaporte español, raíces africanas: Diara Ballo Asenjo

El fundador del Imperio de Malí fue Mandika Sundiata Keita, que, a partir de su pequeño estado de Kangaba, unificó una vasta región, de la que ya formaban parte en 1235 las ricas tierras del Níger y sus minas de oro.

El que fuera rey fundador del Imperio de Malí nació en 1217 en Niani, la actual Guinea, y era hijo del rey Maghan Kon Fatta, perteneciente al clan de Keita, quien controlaba un pequeño territorio.

La conocida como Carta de Kurukan Fuga o Carta del Mandé está considerada como una de las primeras declaraciones de Derechos Humanos de la Historia que consagra, entre otros aspectos, el respeto a la vida, el derecho a la educación, la libertad de expresión y la protección del Medio Ambiente. 

A finales de 1236, Sundiata Keita, recién coronado emperador de Malí, convocaba a todos los jefes guerreros y notables en el claro de Kurukan Fuga para la proclamación de una serie de leyes y normas.

Esta es una breve parte de la historia de lo que es uno de los países de mayor extensión de Africa del Oeste y que alberga varias etnias.

Yo soy Bambará.

Diara Ballo

Mi nombre es Diara Ballo Asenjo, y tengo 28 años. He nacido y crecido en Barcelona y soy de origen africano y español. Mi madre es de un pueblo de Castilla y León, al ladito de Ponferrada.

Soy administrativa e interprete de lengua de signos titulada. La relación que tengo con el arte es que tengo una marca de ropa, junto a mi pareja y mi padre, que actualmente en pausa, por cambio de local y jubilación de mi padre (él es sastre, de ahí me viene). Confecciono prendas de Prêt-à-porter con telas africanas y estas prendas van ligadas a la música, a artistas que quieren llevar esas prendas para “representar” la diáspora africana.

Mi padre es de Mali, de Segou una ciudad a 237 quilómetros de Bamako, la capital, y sé de donde provengo, porque fui desde muy pequeñita, igual que al pueblo de mamá. Para mí, era algo muy normal, ir un año al pueblo de mamá y otro al “pueblo” de papá. De hecho pensaba que para todos los niños era igual, creía que ellos también iban a África un año y al otro año, al pueblo de sus madres, porque además pensaba que todos los niños tenían un papá africano.  Nunca noté ni hice diferencias en mi doble identidad por qué era una cosa tan normal en mí. Con papá hablaba francés y con mamá castellano. En el colegio les dijeron a mis padres, que mejor que no aprendiera francés porque a veces lo mezclaba, qué mejor de más mayor, si eso. Mis padres no les hicieron caso. Menos mal.

A lo largo de mi vida, he atravesado varias “crisis” de identidad. No tiene por qué tener una connotación negativa ni mucho menos. Eso, claro, lo veo ahora. Ahora que ya se lidiar con ambas identidades.

Los padres de Diara Ballo.

Mi educación también ha sido doble, porque mi padre me inculcó, valores y tradiciones africanas, y al haber nacido y crecido en entorno occidental, inevitablemente, también he adoptado esta. Pocas veces, (o ninguna) se habla de estas “crisis”, ya que cada uno, nos vamos construyendo, a nosotros mismos, pero en la adolescencia, es caótico. Por qué te sientes solx, y no tienes otro apoyo u otro referente.

Me gusta poder compartir un plato de Tigadegué (o Mafé, arroz con salsa de cacahuete) con mis amigos, y también unas patatas con alioli. Llevar mi afro suelto o recogido con una tela wax, o trenzarme y poderme alisar el pelo, porque quiero, no por imposición y no por qué mi pelo sea “malo”, por que NO lo es. Es el mejor, y es mío y ahora que lo conozco, no quiero otro.

La familia de Daira Ballo.

Esa es la doble identidad que vivo. Y me gusta, de hecho, me encanta. Y es una realidad, no por ello he de ser una persona migrante, o qué no me “integro” en la sociedad española, porque ya estoy integrada. Más bien la sociedad española, no quiere integrarse a las demás culturas. Y qué pena.

Cuando una comunidad es (injustamente) oprimida durante mucho tiempo, sin duda, volverá con más fuerza. Y esta fuerza está aquí. Mujeres y hombres, y nos toca a nosotros hablar por nuestra propia voz y no ser el complemento circunstancial de un movimiento, sino el complemento directo.

Diara Ballo

Pasaporte español, raíces africanas: Mónica Obono Ndongo Okenve

Mi nombre es Mónica Obono Ndongo Okenve, tengo 35 años. He nacido y crecido en España. Adquirí la nacionalidad española por derecho de tierra (haber nacido en territorio español) y por derecho de sangre (entonces se heredaba la nacionalidad de tus progenitores, en mi caso, ambos españoles oriundos de Guinea Ecuatorial).

Crecí en Tres Cantos, una ciudad-dormitorio por entonces, a las afueras de Madrid con una población muy joven y de clase media. Mis padres, como el resto de vecinos, fueron a habitar unos pisos recién construidos en parcelas literalmente desiertas con pequeños caminos, dos o tres calles principales y cuatro comercios contados. Era una apuesta de futuro de vida, pues se seguía edificando y estaba planeado que la ciudad creciese hasta dotarla de todas las infraestructuras para convertirse en un municipio independiente, como así ocurrió.

En ese entorno, al igual que ocurre en los pueblos, había un fuerte sentimiento comunitario no sólo porque eran muy pocos vecinos y todos se conocían sino porque sabían que para vivir en un lugar donde aún no disfrutaban de muchas comodidades debían ayudarse los unos a los otros y mostrar esa disposición. Así que siendo ese espíritu de solidaridad el denominador común, había poco o ningún espacio para actitudes racistas o discriminatorias. Ello no significa que, en el ambiente escolar, no sufriera racismo, con actos como burlas hacia mi color de piel o mi pelo, sin embargo esto no ocurría de forma regular o constante porque no eran niños o niñas de mi entorno inmediato o porque simplemente se cansaban. Además yo, de carácter ingenuo, interpretaba muchos gestos como carentes de malicia.

De izquierda a derecha: el hermano de Mónica, Marcos (Junior), con 3 años, Denise, en el medio, de 1, y Mónica, con 5 años. La fotografía fue tomada en 1986 en la parte trasera de la primera casa de Mónica, en Tres Cantos, Madrid.

El hecho de que mi familia me educara mayoritariamente en la cultura española, al mismo tiempo que concienciándome sobre mi pertenencia a la etnia fang, contribuyó a que no me sintiera diferente a nadie. Toda esa normalización contrastaba con otra vía de enculturación como eran los medios de comunicación, en particular cine, TV y radio. Recuerdo que la primera película que mis padres me llevaron a ver al cine fue “El Color Púrpura”, de Spielberg (aún no debían existir las clasificaciones por edades). Era mi primera mirada al mundo negro, el que no había a mi alrededor. Pero sobre todo recuerdo la serie Raíces y cómo a partir de verla comencé a hacerme infinitas preguntas sin respuesta que se resumían en una sola: por qué.

En mi mente había una línea divisoria en lo referente a negritud y racismo entre la historia, lo cual era pasado, y el presente que yo vivía. Esa clara disociación entre la narrativa de la esclavitud y el racismo y la contemporaneidad que yo protagonizaba me ayudaba a tomar distancia emocional de cualquier sentimiento negativo (rabia, rencor, dolor), o por lo menos a que no cristalizaran en mí. Además, desde mi subjetividad, entre estas narrativas no había solución de continuidad. Yo lo encajonaba todo en otro espacio y otro tiempo. Por entonces no conocía la existencia del apartheid, por ejemplo. Como consecuencia, mi identidad negra se construía desde 0 en otro eje espacio-temporal. Me sentía más identificada con las series de afroamericanos como “La Hora de Bill Cosby” o las decenas de comedias que se emitieron luego en los años 90.

Otra fuente de disonancia procedía del sector informativos en televisión y prensa. Disonancia causada por el modo sesgado en que retrataban, y siguen retratando en general, África con imágenes de hambruna, pobreza, enfermedad que difería de mi experiencia de haber vivido en Guinea Ecuatorial durante cinco años en mi infancia.

En la izquierda, la abuela paterna de Mónica, de quién hereda su nombre, en agosto de 2014. Fotografía tomada en la entrada de la casa de la abuela en Bata, Guinea Ecuatorial.

Por otro lado, estaba y sigue estando muy presente la influencia de la música en esa construcción de identidad, pues he heredado la melomanía de mis padres. Además de música africana, en mi casa se escuchaba música occidental de todos los géneros, con una predominancia de música pop, es decir, todo lo que fuera los éxitos del momento. A mí, sin embargo, me atrajo poderosamente la música negra desde el primer momento que escuché en mi tocadiscos el disco Thriller de Michael Jackson. A través de la música sí me supe diferente porque la música de los negros, melódica y rítmicamente, lo era, en efecto. Ya de adolescente, escuchar música se convirtió en una actividad autodidacta por la cual definía mis propios criterios y gustos. Cree todo un imaginario estereotipado compuesto por los conceptos que transmitían las letras de las canciones e imágenes de los videos (amor platónico y romanticismo, sexo y sensualidad, frenesí y entretenimiento).

Dentro de la música negra, el hip hop estaba en auge. Nunca escuché el hip hop de reivindicación sino el que era más comercial, de lírica frívola y bases instrumentales ligeras. De nuevo, me distanciaba inconscientemente de otra realidad de la experiencia negra. La música negra como elemento cohesionador me sirvió para socializar en entornos de afrodescendientes como eran las discotecas de música negra en Madrid. Sin embargo, era una falsa socialización, pues a pesar de frecuentar estas discotecas y bares durante años, jamás hice una sola amistad. Además, era desconcertante comprobar que sí existía una comunidad negra, la cual de día, o incluso de noche en otros espacios, parecía invisible.

En el área académica, me decanté por hacer un Master en Etnomusicología (una mezcla de música y antropología) con la idea de investigar sobre la música tradicional de mi otro país, acercándome a ella y a mi cultura de origen desde el estudio; y, en cierto modo, al redactar la tesina con vistas a su publicación, de dignificar esta cultura. Mientras finalizaba la tesina, conseguí mi actual puesto de trabajo en la discográfica Warner, donde contribuyo a promocionar la música clásica, una música que tradicionalmente se ha denominado culta y que, aún a día de hoy, tiene un halo de elitismo.

Como etnomusicóloga, me opongo a dicha categoría puesto que nace de una jerarquización de la música occidental impuesta por musicólogos en los años 20 del siglo anterior. Mi creencia en el igualitarismo de culturas, géneros y músicas del mundo es solamente un reflejo o una extensión de mi creencia en la igualdad de razas, géneros y cualquier otro tipo de elemento identitario, que sea producto de una construcción social.

Mónica Obono Ndongo Okenve, por Javier Sánchez Salcedo.


*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a la entonces conocida como Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia, en Santa Isabel-Bata. Esta imagen icónica es una pieza clave de la historia de la diversidad cultural española. Fotografía de Iberia Airlines.

 

Madden: el pincel de la diáspora africana

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Stefania Blasi

Tamara Natalie Madden es una artista visual contemporánea residente en Atlanta (Estados Unidos), cuyo arte se enfoca en el aspecto espiritual y psicológico de la conciencia negra y su percepción externa. El propósito de sus trabajos es viajar a través del tiempo y del espacio para hacer converger toda la gente de herencia africana, en particular mujeres, en un único sitio, en sus pinturas. Ello para celebrar su belleza y valor.
Su historia artistica empieza después de una dura lucha contra una enfermedad rara. Desde entonces, la artista de orígenes jamaicanos ha decidido dedicarse plenamente al arte, pasión que le ha acompañado durante toda su vida y que le ha ayudado a evadir la realidad y a superar los sufrimientos y los problemas durante el período más difícil de su vida.
Madden creció en condiciones de pobreza en un pequeño pueblo rural de Jamaica, Frankfield y tuvo una infancia feliz al calor de su familia, sus amigos y sus vecinos.

“Gente increíble me rodeaba, incluyendo a mi abuela, que, a pesar de su lucha contra la pobreza y la tensión emocional de su enorme corazón, se ofrecía a cuidar al prójimo. Los vecinos compartían la comida, el agua  y su amor por dios. Siempre me pareció que era increíble, y yo quería que las voces de aquellas personas se oyensen alguna vez.”

Una vez iniciada su carrera de artista en América a una edad más adulta, sus pinturas resultan ya muy influenciadas por las personas que la habían rodeado en su niñez. El espíritu de solidaridad, de supervivencia y la humildad de su pueblo ha marcado profundamente a Madden, convirtiéndose en motivo de inspiración para todas sus obras.
La primera fase de su recorrido artístico, Salvation and Inspiration, está caracterizada por la representación de personas que le recuerdan su experiencia jamaicana, personas comunes, valientes con muchos méritos pero que, sin embargo, nadie tiene en cuenta: ignorados y ninguneados por el resto. La artista comenta que pintarlos significa rendir homenaje a esa gente, para que se les empiece a mirar de manera diferente y se preste atención a sus cualidades, a su personalidad, y no sólo a su apariencia.
Su segunda fase atraviesa una transición creativa bajo la influencia de dos mentores importantes, Charly Palmer y Kevin A. Williams (WAK). En esta etapa sus dotes artísticas mejoran notablemente y se van perfeccionando. Madden sigue pintando gente común, pero intenta impregnarlas de declaraciones políticas y de crítica social.
Finding me es la tercera fase, delineada por una fuerte voluntad de descubrirse a ella misma. Empieza entonces un viaje hacia el interior, una mirada al pasado que la lleva al patchwork, una pieza tejida uniendo fragmentos de diferentes telas. Esta técnica de la artesanía textil tiene una larga tradición en la cultura afroamericana y caribeña. Decide así de utilizarla en sus pinturas para dotarlas de más personalidad y vitalidad, y reconducirlas a su herencia africana; es justo en esta etapa que se ven las primeras pruebas.


A pesar de su esfuerzo para poner en valor a los descendientes africanos de su tierra de origen, Madden nota que su arte no ha cambiado la percepción que se tienen de ellos. Por ello pasa por una profunda “depresión artística” que le impedirá pintar durante algunos meses. La revelación se presenta por sorpresa: hay que representarlos de manera diferente, para que la gente les preste atención, y se interesen en su aspecto particular e inusual.
Los invisibles y desconocidos empiezan entonces a transformarse, convertiéndose en reyes y reinas. La belleza y la realeza interior se muestran en la ropa que llevan compuesta por tejidos raros y lujosos, y siempre adornados con mitológicas coronas de oro, emblema de su grandeza espiritual. El orgullo africano se revela en la exaltación de la piel color ébano, de los labios carnosos y los cuellos espigados. Los colores, que recuerdan un poco las pinturas tradicionales africanas y que tienen una evidente influencia del arte klimtiano, son brillantes y vivos. Se utilizan también hojas de oro, tejidos de seda y estampados llamativos.
Otro elemento clave son los pájaros multicolores que acompañan a sus figuras: símbolo de la libertad y de la esperanza tras la larga enfermedad.
De esta manera, en el 2007, nace Kings and Queens, un nuevo proyecto que tiene como objetivo el de resaltar al máximo la figura de los negros, para hacerles sentir hermosos e importantes, orgullosos de unos rasgos heredados directamente del continente africano. Introduciendo sus personajes en una nueva realidad fantástica, el único propósito es el de distinguirlos y rescatarlos del olvido y de la invisibilidad, para que sean vistos y apreciados.
El arte de Madden es una verdadera lucha para la reivindicación de la figura y la esencia africana, que sigue siendo subestimada y desvalorizada a menudo en una realidad en que se está perdiendo cada vez más la capacidad de apreciar los detalles, las pequeñas cosas y las cualidades realmentes importantes en la vida.

Dreamstates: soñar despiertos en un roadtrip musical

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Los vimos juntos en pantalla en Tey, una de las películas más destacadas de los últimos tiempos, del director franco-senegalés Alain Gomis. En aquel entonces, la complicidad de la pareja se expresaba a través del silencio, en un estado delirante provocado por el anuncio de la llegada de la muerte al día siguiente de uno de ellos dos, Satché (interpretado por Saul Williams, actor y reconocido músico de Afro-punk con base en Estados Unidos), quien volvía a Senegal desde Estados Unidos para “despedirse” de los suyos. Una de las escenas de mayor complicidad entre Satché y su esposa, Rama (interpretada por Anisia Uzeyman, quien es también la esposa del músico en la realidad), se daba al final de la película, en el patio de la casa, sentados en hamacas, en silencio, esperando… La escena mezclaba estos planos exteriores de contacto-sin-tacto con otros interiores donde el contacto entre los dos cuerpos no lograba acercar lo bastante a estas dos almas distanciadas por el tiempo; y que ahora, se reencontraban jugando, en silencio, en la oscuridad del dormitorio, a través de miradas recíprocas frontales que, sin decirse ni una sola palabra, lograban una comunicación mucho más espiritual, mucho más interna, tan íntima que ni si quiera se revelaba a los espectadores de una ficción que rozaba la realidad representada por los personajes.

Director Anisia Uzeyman speaks during a Q&A about her movie, Dreamstates. Dreamstates tells the haunting tale of two wayward souls (Saul Williams and Anisia Uzeyman) discovering their love for one another while touring the U.S. with some of the most pivotal figures of the Afro-Punk movement. Shot entirely on an iPhone, Rwandan filmmaker Anisia Uzeyman’s daring debut feature is a sultry, sensual and quixotic underground journey between dreams and reality. London, Monday 31 October 2016. (Photos/Ivan Gonzalez)

La directora y actriz Anisia Uzeyman durante Film Africa (Foto: Iván González. www.ivangonzalez.co.uk)

En este caso la pareja se conoce en sueños. Al despertarse, se encuentran en la realidad. “Soñé contigo. Y de repente apareciste”. ¿O es que acaso no despertaron? Dreamstates es una película entre la realidad y los sueños, entre la llegada y la salida. Es un relato onírico con planos distorsionados, oscuros, con recursos audiovisuales, tales como filtros poco saturados, con tonos azules, rosados, de primeros planos en el interior de un coche, de imágenes de paisajes no estáticos filmados a través de la ventanilla de un automóvil, escenas de conciertos y “backstage” del propio músico Saul Williams durante su gira americana… Filmada íntegramente con dos iPhones de los actores, y dirigida por la ruandesa Anisia Uzeyman, este roadtrip nos traslada a una esfera onírica con la música como hilo conductor de una historia que, como todo sueño, no tiene cierre.

“Este estado de ensoñación me pareció perfecto para filmar una gira americana. Estados Unidos en un país que tiene esa especie de hechizo. No hacemos más que hablar del gran sueño americano, pero ¿cuál es ese sueño? Y de repente, me encontré a mi misma soñando con hacer un roadtrip por América”, declaraba Uzeyman durante su presentación de la película en la sexta edición de Film Africa. Resulta que estos sueños empezaron en Senegal, durante el rodaje de Tey, contaba la directora: “Los dos films están muy relacionados. Tenía sueños por la noche que me venían también durante el día. Y la ventaja de rodar con Saul Williams es que nos conocemos muy bien. El estaba en plena gira, pero en cuanto llegaba yo a grabar con mi iPhone, sabía perfectamente qué estaba haciendo. Entre nosotros no hay miedo”.

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Anisia Uzeyman y Amelia Umuhire (directora del cortometraje Mugabo) durante Film Africa (Foto: Iván González. www.ivangonzalez.co.uk)

Fue este punto de partida tan intimista el que motivó la elección de Anisia Uzeyman de filmar sin agentes externos para llevar al espectador a una historia, un viaje. “Me entusiasmaba ver qué era lo que se podía hacer con un iPhone”. La directora, que confiesa que al principio mucha gente no le tomaba en serio cuando decía que esas imágenes se convertirían en una película, acabó con 18 horas de material grabado, y un periodo de seis meses de montaje. “Fue todo un desafío desde el día uno, en el que iba encontrando soluciones poco a poco”. Por ejemplo, en la fase final de edición de imágenes, lanzaron una campaña de crowdfunding, y pudieron así financiar una meticulosamente cuidada edición de color y sonido, que como dice el propio editor de sonido, Blake Leyh, presente también en la proyección, “parece totalmente espontáneo, como si simplemente hubiera pasado así, pero es una construcción artística muy calibrada”.

Nos encontramos con dos desconocidos que sin embargo se conocen, y se embarcan juntos en el roadtrip americano, donde el punto de encuentro y desencuentro de sus almas se explora de forma experimental, recíproca, sin cierres, con rupturas, inmerso en un universo sonoro del cantante de Afro-punk.

Film Africa se celebró entre el 28 de octubre y el 6 de noviembre en Londres, organizado por la Royal African Society, proyectando más de 50 películas, de las cuales 22 procedían de distintos países africanos.

Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del Film Africa.

DREAMSTATES TRAILER ©2016

AFRICA UTOPIA, “la instantánea de una utopía artística”

Desde la terraza del Queen Elizabeth Hall, con vistas al Támesis, Diabel Cissokho despide el día. Maame Adjei, una de las protagonistas de An African City, explica la dificultad de ser una mujer occidentalizada y encajar en la sociedad local en su regreso a Ghana. Los componentes de la Ópera de Ciudad del Cabo cantan en la Sophiatown de 1955 y Daliso Chaponda repasa la actualidad político-social enlazando bromas. Son retratos de una África diversa, efervescente y moderna.

Hannah Azieb Pool, directora de los programas de AFRICA UTOPIA. Imagen de Okayafrica.

Hannah Azieb Pool, comisaria de AFRICA UTOPIA.

El Southbank Centre de Londres acogió la semana pasada la cuarta edición del festival Africa Utopia. Por primera vez el evento se alargó cinco días en los que se compartieron distintas manifestaciones artísticas procedentes de África y la diáspora. Conciertos como los de Femi Temowo y Chineke! y sesiones de baile. Literatura de la mano de Chibundu Onuzo y Leila Aboulela. La aportación de Film Africa y el estreno londinense de la obra Expensive Shit de Adura Onashile. En esta edición se apostó por la moda que abarcó gran parte de la programación en la jornada del sábado y no faltó la participación del colaborador y uno de los fundadores artísticos del festival Baaba Maal.

Es un momento para ensalzar este trabajo. Intentamos crear una instantánea de lo que podría ser una utopía artística”, explica la comisaria de Africa Utopia, Hannah Azieb Pool, a Wiriko.

El festival se ha consolidado como un evento para acercarse a la actualidad del continente. La exhibición de ideas africanas que están cambiando el mundo es la seña de identidad de una programación que busca el intercambio con África. “Hay ideas increíbles y poderosas en el continente que si pasan inadvertidas serían una perdida para nosotros. África puede solventar problemas de Occidente”, dijo la directora artística del Southbank Centre, Jude Kelly, en la presentación del festival.

El trabajo de la diáspora también cuenta con un espacio para que los artistas exhiban la conexión con sus raíces. “La diáspora es clave en términos creativos, políticos, económicos y de activismo. Ellos lideran las conversaciones sobre el continente y muchos están volviendo a sus países. La diáspora es un puente para iniciar conversaciones y tener una percepción de ambos lugares”, dice Pool.

Africa Utopia celebra la innovación, el dinamismo y la creatividad africana. Pero no deja de lado la situación política y socioeconómica gracias a una programación de charlas y coloquios que se centraron en el cambio social, el activismo e la igualdad de género.

Como en anteriores ediciones, el público abarrotó las instalaciones del Royal Festival Hall, en especial en las jornadas del fin de semana. El festival sigue con la filosofía del Southbank Centre de hacer del arte algo accesible y “romper las barreras de clase social, dinero y privilegios”. La mitad de la programación es gratuita favoreciendo a que los asistentes disfruten una África que no siempre tiene espacio en los medios de comunicación e instituciones culturales. “Cada año revisitamos la idea de desafiar los estereotipos a través del arte. El debate debería haberse ganado hace años pero desafortunadamente sólo hay que ver las limitadas programaciones que hay, algunas de ellas racistas”, explica Pool. Y continúa: “si eres un artista del continente o de la diáspora normalmente se exige pertenecer a una etiqueta y tu obra se suele percibir desde un punto de vista muy occidentalizado”.

Africa Utopia es un ejemplo de la buena salud creativa del continente. Es un altavoz cultural que como en muchos otros casos pasa inadvertido a pesar de la potencia que destila. El objetivo de este entramado multidisciplinar cuenta con el tiempo y el espacio como principales desafíos. Es imposible poder reflejar todo el trabajo del continente y de la diáspora. “Podemos tener un festival cada semana y seguirán escapándose cosas. Ahora mismo África es muy rica creativamente y este año hemos intentado ser lo más panafricanos posible. Todavía no representamos los 54 países aunque es una meta para futuras ediciones”, dice la comisaria.