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Bahia Shehab: “Cuando pinto en árabe es poesía y eso llama al diálogo”

A principios de 2011 el mundo se sorprendió al ver imágenes procedentes de los países árabes que, lejos de difundir la fatalidad a la que generalmente eran vinculados, mostraban a sus sociedades levantándose contra sus desgracias impuestas. En las fotografías de la llamada Primavera árabe no eran pocas las mujeres que aparecían al frente de las protestas participando con igual ahínco en plazas y calles que, por unos días, fueron espacios libres de fronteras sociales. Bahia Shehab fue una de ellas.

Bahia Shehab / Imagen cortesía de la revista Brownbook y Nadia Mounier.

La artista egipcia, en lugar de acatar la vuelta a la represión tras la precipitadamente denominada ‘revolución árabe’, se echó de nuevo a las calles para decir no. Armada con un spray de pintura y varias plantillas sacadas de su libro ‘No y mil veces no’ (2010, Khatt Books), Shehab plasmó en las paredes de El Cairo su rechazo contra la violencia, el gobierno militar y la opresión social que volvían a reinar en Egipto.

Ahora Bahia Shehab es la primera mujer árabe en ganar el premio Sharjah concedido por la UNESCO para destacar el trabajo de quienes contribuyen a promocionar la cultura árabe en el mundo. Un reconocimiento a su trayectoria que, tal y como explica a Wiriko, “es importante para que otras mujeres árabes sientan que ellas pueden hacer cosas, que es posible que sigan sus sueños y se cumplan. Espero que esto aliente a otras mujeres para ser más activas y para que sean agentes de cambio en sus sociedades”. En el caso de la sociedad egipcia, seis años después de que se desataran las revueltas la participación de las mujeres en la vida política del país ofrece un porcentaje algo superior al que ostentaban antes de la Primavera árabe, con un 15 por ciento de los escaños en el Parlamento actual frente al 13 por ciento que ocupaban antes de 2011. Un mínimo margen a la esperanza que, aunque constituye una cifra histórica de representación de las mujeres en la política del país, no es suficiente aún para verse reflejado a pie de calle, donde las trabajadoras de entre 18 y 29 años constituyen el 18,5 por ciento de la mano de obra egipcia, una de las tasas más bajas del mundo según ONU Mujeres.

Para Shehab se trata de “una batalla muy larga” a la que ella se enfrenta a través del arte. “Pertenezco al mundo árabe y reflejo los problemas a los que la gente como yo se enfrenta, especialmente las mujeres porque nosotras estamos menos representadas en la sociedad. Ser una artista para mi es una manera de trabajar para mostrar nuestra realidad. Cuando veo a muchos de los líderes del mundo no siento mucha esperanza de que realmente se produzca un cambio para mejor en cuanto a la tolerancia en la sociedad; pero la gente sólo quiere una vida mejor y por eso cada vez son más los que quieren cuidar la naturaleza, ser mejores ciudadanos y contribuir a la sociedad. He visto gente así en todas las ciudades en las que he estado, así que la mejor cara del mundo es la que me da esperanza. Miro al otro lado y veo demasiadas máquinas, armas, ejércitos y líderes políticos. Y tengo que mirar a los dos lados, pero es el lado de la gente corriente el que me da esperanza”.

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Y pensando en la gente, en lo que nos une y no en lo que nos separa, esta artista basa su trabajo. “Yo veo el arte como una herramienta que ayuda y facilita el diálogo social. Cuando se crea arte para fomentar el entendimiento realmente se puede ver el impacto”, asegura al tiempo que añade un ejemplo: su obra ‘Paisaje y entorno sonoro: 20 Minaretes del mundo árabe’, diseñada en 2014 para el Museo de Louisiana de Arte Contemporáneo, en Dinamarca. “Para esta instalación yo buscaba un sonido que representara una nueva perspectiva sobre la región porque durante los últimos 1400 años sólo los hombres han estado llamando a la oración en todo el mundo árabe y sentí que era hora de que fuera una voz femenina la que hiciera la llamada. Así que usé la voz de una joven mezzo soprano de la Ópera de El Cairo y la grabé para producir una nueva llamada a la oración. El proyecto fue grabado sólo para el museo y no lo he publicado en otro lugar, pero está en Youtube y ha sido visto como unas 89.000 veces y los comentarios a este vídeo son realmente asombrosos. Hay gente que defiende la voz de las mujeres, gente que dice que eso no está bien, y yo estoy realmente feliz porque se produjo una conversación”, relata con gran entusiasmo.

 

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Llega a los cines Clash, un retrato quebrado del Egipto post Mubarak

La pantalla está en negro. Se escucha cómo se enciende un motor que queda al ralentí. Cláxones de fondo. Arranca el vehículo al tiempo que se ve la primera imagen de la película que acompañará al espectador: el interior de una furgoneta de policía vacía. De momento, vacía. Los rótulos se van sucediendo: “2011. la revolución egipcia acaba con 30 años de presidencia”. “2012 el nuevo presidente elegido es un miembro del partido islamista Hermanos Musulmanes”. “2013. Millones de personas se manifiestan en contra del nuevo presidente en las acciones públicas más grandes de la historia del país”. “3 días después los militares lo sustituyen”. “En los siguientes días, los enfrentamientos entre los militares y los simpatizantes de los HM explotan por todo el país. Esto es uno de esos días”. Y el título que presagia un guion epiléptico que reta a la actual represión en Egipto hacia la prensa y la libertad artística: Clash (choque).

El desafío cinematográfico de Clash, del realizador egipcio Mohamed Diab –tan famoso en el país por su papel de activista y bloguero durante la revolución de 2011 que derrocó al régimen de Mubarak, como en su faceta de director– es el de presentar un trabajo con cámara en mano, y no solo para agitar la tensión, sino para dibujar un espacio confinado cual espejo de una sociedad sin margen de maniobra y obligada a entenderse. Los enfrentamientos se sucederán en magníficas puestas en escenas de manifestaciones multitudinarias por las que la furgoneta se verá abogada a transcurrir. A detenerse. A acelerar. Y a encerrar de forma aleatoria a diferentes personas de sexo y edad.

Subyacente al drama se podrá percibir otro elemento: un lamento punzante por la unidad y la energía de la cultura egipcia a través de una gran cantidad de pequeños detalles: género, ideología, religión, juventud. Y la fuerza del agua (vida, renovación, pureza, pero también destrucción) y el color verde (islam, esperanza, camino por andar) pasearán también de forma ininterrumpida a lo largo de los 97 minutos.

En esta segunda película de Diab que sigue al drama anti sexismo retratado en Cairo 678 (2010), el director no muestra ningún momento de esperanza, sino que centra su atención en el caos y las divisiones de las protestas a favor y en contra del gobierno que siguió a la caída del elegido democráticamente Mohamed Morsi, del partido Hermanos Musulmanes en julio de 2013. Tópica en algunos momentos, este film sigue la estela de otros trabajos que arrojan luz sobre el conflicto en Egipto como el documental de la realizadora egipcia Jehane Noujaim The square (2013), o la película de Ibrahim el-Batout Winter of Discontent (2012).

Fotograma de la película Clash.

La miríada de personajes consigue penetrar debajo de la piel de una nación islámica compleja con múltiples sensibilidades. Uno de ellos es el papel de la actriz Nelly Karim (protagonista de Cairo 678), una de las dos únicas mujeres a bordo; una enfermera que parece aguantar alguna pequeña esperanza moral mientras remienda las lesiones sufridas por ambos lados. Una metáfora maravillosa. Pero también, el espectador podrá distinguir a un líder intelectual de los Hermanos Musulmanes, a dos periodistas que trabajan para Associated Press –en realidad, un guiño velado del realizador a la detención del periodista australiano de Al Jazeera Peter Greste y de sus dos compañeros egipcios en diciembre de 2013–, un potencial recluta terrorista, un anciano son su hija adolescente quien lleva un hiyab, un aspirante a cantante, un policía cristiano copto y hasta un padre preocupado de que su hijo adolescente puede haber desertado a la oposición. No hay unidad aparente y sí, miopía común. Una carga humana que cada vez se hará más desesperada en el interior del camión.

Clash mantiene la tensión liberándola en algunos momentos para jugar con el espectador y sus perspectivas de lo que tendría que ser: no hay posicionamiento en ninguno de los dos bandos por parte del realizador. No obstante, sí se aprecia su intencionalidad en uno de los diálogos cuando uno de los personajes recordando la revolución de 2011, exclama con melancolía: “¡Esos eran los días!”. El silencio que sigue en el interior de la furgoneta es elocuente, ya que lo que podría haber sido ha quedado relegado a la cuneta. El futuro ha dejado paso al caos.

Tras su paso por la sección Una cierta mirada del Festival de cine de Cannes, Clash se presentó a competición en la pasada Seminci donde se alzó con el Premio “Pilar Miró” al Mejor Nuevo Director para, Mohamed Diab, el Premio a la Mejor Dirección de Fotografía, para Ahmed Gabr y el premio Sociograph Award, otorgado por la consultora Sociograph a la película más impactante del certamen.

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Marwa Zayn: el amor en busca de financiación

"One week, two days" (2015), película de la directora Marwa Zein.

“One week, two days” (2015), película de la directora Marwa Zein.

Marwa Zayn se define como una realizadora sudanesa, aunque su trayectoria bien marcada por el nomadismo subraya que nació en Arabia Saudí y que después se trasladó a Egipto. Lo suyo siempre ha sido la alquimia pasando de las probetas (estudió ingeniería química durante 3 años en la Universidad de El Cairo) al celuloide. La acción, dice, comenzó en el momento en el que decidió dejar de fumar. El cine llamó a su puerta y terminó graduándose en el 2009 con una mención de honor en el Instituto Superior de Cine en El Cairo. El telón no había hecho más que subir.

Esta joven de 29 años, pelo ensortijado y mirada penetrante al tiempo que dulce, como si se tratara de un cortometraje mudo, apunta unas maneras con el 35mm. que los propios del gremio no la quieren dejar escapar. Así, entre los años 2009 y 2014, fue seleccionada para el Talent Campus de Berlín, el Talent Campus Durban, el taller de Haile Gerima en el Festival de Cine Internacional Africano de Luxor o en el Silver Docs AFI Documentary, además de recibir clases magistrales con Tom Tykwer, Jihan El Tahri o Threes Anna.

En 2011, en plena efervescencia política, se trasladó a Sudán del Sur con el fin de desarrollar el guión de su primer largometraje, la película Nina & Rebecca. En total ha dirigido 4 cortometrajes: 2 de ellos son ficción (Salma, 2007 y el galardonado A Game, 2009) y los otros son documentales (Randa, 2008 y Cultura para todos, 2013).

Ahora, desde la plataforma de crowdfunding Indiegogo busca financiación (13.400€) para desarrollar un nuevo trabajo: One week, Two days (Una semana, 2 días). Lo asegurado en este guión es que Marwa Zayn no dejará títere vivo. Y aprovechará este cortometraje para hacer una crítica mordaz entre las relaciones de pareja en Oriente Medio. Nueve días entre dos enamorados donde la intimidad y las relaciones quedarán al descubierto. Si son difíciles de discutir en la vida real imaginamos que en el cine también. Una película romántica y sarcástica que es algo relativamente nuevo en la industria del cortometraje árabe. Le deseamos la mejor de las suertes en este nuevo proyecto que dará que hablar, en primer lugar, en su tierra adoptiva: Sudán del Sur.

 

Los otros cinco (africanos) para los Oscar 2015

Las quinielas ya tienen ganadores, segundos premios, mejores decorados, mejores actores/actrices de reparto, incluso la empresa que tapizará de rojo el Teatro Kodak en Hollywood. Algunos, ante tanto alboroto y especulación pomposa, comienzan a sacarle punta a los discursos de agradecimiento porque… Nunca se sabe. Aunque quizás nadie logre llegar a la síntesis de Alfred Hitckcock que tras recoger el Oscar honorífico en 1968 por toda su carrera cinematográfica (nunca ganó una estatuilla a pesar de ser considerado como uno de los mejores directores de todos los tiempos) pronunció ante el respetable un escueto “gracias” e hizo mutis por el foro. Quizás fue la crítica más grande que se ha hecho desde el atril que representa el clímax en Hollywood.

Los Oscar de 2015 se acercan (22 de febrero). Y diciembre es un mes de cenas de gala, de Navidades repletas de promociones, de llamadas de teléfonos que subirán la tarifa e intentarán edulcorar la opinión de los críticos de la Academia. Noches de intriga. De amigos de corto recorrido. Se trata de los premios más importantes (y más comerciales) de la industria del cine. Un mes antes vendrá la antesala, la ceremonia de Los Globos de Oro (11 de enero) y unos días después (el 15 de enero) se anunciarán las películas que competirán por el Oscar al mejor filme extranjero en un año de récord: 83 películas presentadas que se quedarán en una terna de cinco.

Y son cinco. Desde el continente africano se han seleccionado cinco películas que representan un número geográfico e inspirador: The red Moon (de Hassan Benjelloun, Marruecos); The Factory girl (de Mohamed Khan, Egipto); Timbuktu (de Abderrahmane Sissako, Mauritania); Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía) y Elelwani (de Ntshavheni wa Luruli, Sudáfrica). Norte, sur, este y oeste. Una metáfora de la vitalidad entre dientes del séptimo arte en el continente africano. Sus cines resisten el envite del no credit, no cash perpetuo. Éste es el titular. Y como va de quinielas, aquí va la nuestra. A la africana, claro:

 

Timbuktu (del director Abderrahmane Sissako, Mauritania).

Es la gran favorita. Y él, Sissako, es el poeta de los silencios. Esta vez presenta su cuarto largometraje ambientado en su tierra de acogida Mali. Es 2012 y el fundamentalismo muestra su cara más radical maquillada con ametralladoras. Extremistas arrogantes y violentos administran castigos horrendos y absurdos. Destruyen la gracia y la belleza con la impunidad en una historia basada en personas y hechos reales: Kidane, un pastor con siete vacas que vive una vida sencilla y feliz con su esposa e hija Satima Toya, su “pajarito”. Fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el último Cannes y también en el festival de Toronto. En el Festival Internacional de Durban (Sudáfrica) se hizo con el premio a la mejor película.

 

Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía).

La ópera prima de Zeresenay Berhane, que se alzaba con el premio del púbico a la mejor película en el festival de Sundance, también está basada en acontecimientos reales. La película indaga sobre la posible aparición de la nación en el mundo moderno y sobre qué sucede cuando tradiciones centenarias se rompen y los sistemas de creencias son abandonados. Difret además tiene dos significados: valiente o ser raptada.

La sinopsis lo deja claro: En Addis Abeba, la abogada Meaza Ashenafi ha establecido una red que proporciona una representación legal gratuita a mujeres y niños pobres. Valientemente, ella se enfrenta a todo tipo de hostigamientos por parte de la policía y de los miembros masculinos de gobierno. Sin embargo, Meaza decide ir a por todas cuando se hace cargo del caso de Hirut, una niña de 14 años que ha sido secuestrada y violada de camino de la escuela a casa. La niña escapa disparando a sus verdugos y es acusada de asesinato. Ahora, Hirut se enfrenta a la pena de muerte a pesar de que ella estaba actuando en defensa propia. En algunas zonas rurales de Etiopía, la tradición de ‘Telefa’ o el matrimonio por rapto todavía existe.

Así que apunten en las agendas el 15 de enero para ver qué cinco películas serán las elegidas para optar por el Oscar al mejor filme extranjero.

Cine africano en Nueva York: Revolución y Liberación en la era digital

Cartel oficial de 'Winter of Discontent' del director

Cartel oficial de ‘Winter of Discontent’ del director Ibrahim El Batout sobre los traumas emocionales y físicos infligidos por el sistema represivo egipcio. Fuente: AFF.

Quizás un concepto, más que ningún otro, marque la historia de los pueblos africanos modernos: su ansia de libertad. Desde las sublevaciones de esclavos y la adelantada revolución de Haití, pasando por la ola de independencias anti-coloniales de mediados del siglo XX seguida por la lucha anti-apartheid sudafricana, hasta llegar a las revueltas actuales pro democráticas del Magreb y el Máshrek, el continente y su población diaspórica han jalonado la historia contemporánea con ejemplos indelebles de sueños y actos de liberación.

Haciéndose eco de los galopantes cambios que se están produciendo en el continente, mirando al futuro sin desatender el pasado, el Festival de cine africano de Nueva York (AFF) alcanza sus 21 años (del 7 al 13 de mayo) celebrando este espíritu tenaz y utópico de mujeres y hombres africanos para los que revolución no es únicamente sinónimo de derrocamiento de un gobierno o de un jefe de estado sino que se extiende mucho más allá. Liderados por jóvenes y mujeres, lo movimientos de liberación recorren el continente, englobando tanto iniciativas de oposición a un sistema adverso como impulsos individuales y colectivos de lucha por los anhelos propios en una experiencia compartida de recuperación del poder. En la Era Digital, esta lucha entendida de esta manera amplia, ha encontrado un fiel aliado en la tecnología, con efectos crecientes dentro y fuera del continente.

Este es el foco de la 21ª edición del festival: la experiencia revolucionaria y de liberación en y desde África en el siglo XXI. Con un programa que transita durante el mes de mayo en tres sedes (Lincoln Center, Maysles Cinema Institute y BAMcinématek) el espectador tendrá la oportunidad de asomarse a una selección de películas que ahondarán en aspectos diversos de experiencias de liberación a través de largometrajes de ficción, documentales, obras experimentales y cortos. El esplendor visual de las nuevas narrativas y géneros revisados que nos llegan desde África en fechas recientes demuestran la vitalidad de unos cines que, siguiendo el camino de la industria de Nollywood, están haciéndose con un espacio en el imaginario global, con un impacto potencial que está a punto de alcanzar pleno apogeo. Año tras año, directores, actores y profesionales del medio serán, junto a un público que, a día de hoy, ya ha agotado las entradas para varias sesiones, los protagonistas de mesas redondas y presentaciones, programas educativos y encuentros con la industria cinematográfica norteamericana.

La frenética tragicomedia urbana nigeriana 'Confussion Na Wa', dirigida por Kenneth Niang, ha sido la reciente ganadora de los Oscars Africanos” (AMAA).

La frenética tragicomedia urbana nigeriana ‘Confussion Na Wa’, dirigida por Kenneth Niang, ha sido la reciente ganadora de los Oscars Africanos” (AMAA). Fuente AFF.

Con razón del centenario de la unificación nigeriana y haciendo honores al impulso de Nollywood y su Star System en África y la Diáspora, destacan con fuerza varias obras producidas, inspiradas o realizadas por la industria más potente del continente. La flamante ganadora de los “Oscars Africanos” (AMAA) en su edición más reciente –la frenética tragicomedia urbana Confussion Na Wa, de Kenneth Niang– fue la encargada de abrir ayer  por la noche el festival y, como plato fuerte, mañana viernes, tras haber sido prohibida en Nigeria, se presenta al público neoyorquino la deseada adaptación del best-seller de Chimamanda Ngozi Adichie Half of a Yellow Sun. Dirigida por Biyi Bandele, con Thandie Newton y Chiewetel Ejiofor (12 años de esclavitud) en los papeles protagonistas, esta melodramática representación de los efectos devastadores de la guerra de Biafra está derramando ríos de tinta en la prensa anglófona, atizada por los recientes acontecimientos de secuestros de jóvenes en Nigeria, lo que ha puesto en primer plano al que se acaba convertir en el país más rico de África, superando a Sudáfrica.

El cortometraje poético de la joven Akosua Adoma Owusu, Kwaku Ananse, adaptación de un relato mitológico de Ghana sobre la sabiduría y el sentimiento de pertenencia, también premiada en los AMAA, forma parte de una selección de cortometrajes que se proyectará bajo el rótulo New African Shorts y que incluye joyas que van de la ciencia-ficción de Afronauts de Frances Bodomo, al melodrama social de Aissa’s Story de Iquo B. Essien, hasta la comedia: Soko Sonko de Ekwa Msangi-Omari. Wooden Hands,de la tunecina Kaouther Ben Hania y Beleh de Eka Christa Assam merecen mención aparte por su empleo del humor y de la economía del lenguaje cinematográfico. Ambas obras sitúan a las jóvenes directoras como nombres a seguir en los años venideros. Con este mismo acento en la mujer y su mundo se proyecta la adaptación al cine del primer volumen de la aclamada serie de cómics Aya de Yop City, de Marguerite Abouet y Clement Oubrerie, centrada en Costa de Marfil a finales de los años 70. Demostrando que la animación vive su época dorada, la estrella Aïssa Maïga (Bamako, Tey…), quien prestó su voz para la protagonista Aya, acudirá a charlar con los espectadores para reflexionar sobre la riqueza del género y sus potencialidades. El internacional director Mahamat-Saleh Haroun vuelve a AFF con su película Grigris presentada en Cannes; una historia de amor y solidaridad entre dos parias ubicada en el Chad urbano contemporáneo. Narrativas de luchas y liberación a través de todo el continente completan la selección que se podrá ver en el Lincoln Center del 7 al 13 de mayo, entre ellas destacan: el documental Mugabe: Villain or Hero? de Roy Agyemang; el largometraje de Ibrahim El Batout Winter of Discontent sobre los traumas emocionales y físicos infligidos por el sistema represivo egipcio, o la fábula teatralizada It’s Us (Ni Si Si), realizada con la intención de promover el perdón y la comprensión del otro, en la Kenia actual ante las elecciones del 2013.

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Of Good Report, del director Jahmil XT Qubeka, celebra el 20 aniversario de la independencia de Sudáfrica. Este controvertido neo-noir, censurado en el festival de Durban, demuestra las posibilidades de una industria nacional sudafricana que experimenta y juega con los géneros populares llevándolos al límite. Finalmente, para cerrar un programa intenso, se ha recuperado una de las obras maestras del cine africano de todos los tiempos, la épica histórica del director mauritano Med Hondo Sarraounia (1986). Grito de libertad y revolución a favor de los desfavorecidos y ganadora en FESPACO hace casi tres décadas, Sarraounia se muestra hoy más moderna que nunca por su temática, su mensaje y su esplendor visual. Desgraciadamente, debido al delicado estado de salud actual del director no ha podido contarse con su presencia; él había previsto acompañar la proyección y dirigir un seminario paralelo sobre el conjunto de su obra.

Sobre el programa documental centrado en Sudán que se proyectará en el Maysles Cinema Institute en Harlem del 15 al 18 de mayo, y sobre las películas que desembarcarán en la BAMcinématek del 23 al 26 de este mismo mes, escribiré muy pronto en detalle. Antes, toca lanzarse a des-cubrir los eventos del Lincoln Center.

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África con honores en Cannes y Seattle

Cannes2014

Cartel diseñado por Hervé Chigioni y su grafista Gilles Frappier para la 67ª edidicón del festival de Cannes. Un fotograma de la película ‘Ocho y medio’ de Fellini en la que aparece el actor italiano Macello Mastroianni.

El Seattle International Film Festival (SIFF) junto a la prestigiosa cuna de los premios franceses, el Festival de Cannes, ya tienen las nominaciones oficiales, los programas de mano y las carteleras abiertas a la crítica encarnada o complaciente. Por el lado estadounidense una sección dedicada a los trabajos más actuales en la escena africana brindará una más que magnífica oportunidad para ver una muestra de las cinematografías del continente; en concreto 10 películas. Del lado francés, la huella africana es limitada aunque con un peso evidente. En la Selección Oficial, la única película seleccionada para optar a la Palma de Oro es Timbuktu del mauritano Abderrahmane Sissako; en la sección Una cierta mirada el trabajo nominado es Run, la ópera prima del marfileño Philippe Lacôte; por último, uno de los miembros del jurado de la Cinéfondation y de la Sección de cortometrajes, que este año preside el iraní Abbas Kiarostami (Irán), es el director del Chad Mahamat-Saleh Haroun.

Sin dejar las nieves berlinesas en el recuerdo allá por febrero, la organización de la, siempre obligada, 67ª edición de Cannes que se celebrará del 14 al 25 de mayo, apuntaba al romance eterno con el cartel de este año: una colaboración de Hervé Chigioni y su grafista Gilles Frappier en el que dan vida al sex símbol italiano Macello Mastroianni a partir de un fotograma extraído de la película Ocho y medio de Federico Fellini, presentada en la Selección Oficial en 1963. “Su mirada por encima de sus gafas negras nos hace cómplices de una promesa de alegría cinematográfica mundial”, explica el autor del cartel. “La alegría de vivir juntos el Festival de Cannes”.

Sissako-Couleur

Imagen captada por Arnaud Contreras durante el rodaje de ‘Timbuktu’, película del director mauritano Abderrahmane Sissako seleccionada para optar a la Palma de Oro en el festival de Cannes.

Con la alfombra roja preparada a 26 días del estreno de Cannes la presentación del nuevo trabajo del director mauritano Sissako se espera con impaciencia. El lenguaje retórico cargado de silencios, característicos de su cinematografía, se han podido ver en diferentes ediciones como en la de 2006 con Bamako, en 2002 con Heremakono, en 1998 con La vie sur a terre, o en 1993 con Octobre.  Este film camina en una línea política y necesaria para la reconciliación histórica: la ocupación de Mali por los yihadistas causando una catarsis social y cultural; una película que pretende recomponer las almas y deshacerse de las imágenes de horror y amputación en esta parte del Sahara. 

Juicio marfileño a Francia, en su propia casa

Es la primera vez que Costa de Marfil aterriza en Cannes pero lo hace con la bayoneta de 35mm. preparada. El debut del franco-marfileño Philippe Lacôte con Run para la sección Un cierta mirada, es el resultado del éxito del Atelier du Festival, una iniciativa que se ejecuta durante el festival con el fin de encontrar financiación para proyectos de directores que se encuentran en un estado avanzado de desarrollo. Y el radar de 2012 que seleccionó a Lacôte no se equivocó. Este año, otro africano, el nigeriano Newton Aduaka participará en este “taller” con su proyecto de adaptación de la obra de Helon Habila, Oil on Water.

El primer largometraje de Lacôte, de 42 años, es la primera ficción sobre la crisis político militar que sacudió a Costa de Marfil entre los años 2002 y 2011. La película narra la vida de un adolescente llamado a convertirse en brujo en su pueblo -una especie de curandero tradicional- pero finalmente debe unirse a los “jóvenes patriotas” partidarios de las prácticas violentas del ex presidente Laurent Gbagbo. Run o “Ejecutar” se propone además desempeñar un papel adicional para reactivar el cine de Costa de Marfil, en la actualidad prácticamente sin actividad.  Directores vintage reconocidos como Henri Duparc, Gnoan M’Bala, Yeo Kozoloa o Fadika Kramo o han fallecido o llevan inactivos desde hace más de diez años.

De las 80 salas de cine que llegaron a estar activas, actualmente solo 2 están en funcionamiento. Quizás por este motivo el propio Estado marfileño haya subvencionado con un 7% la película, el resto de la financiación proviene de Francia e Israel. En total 1,8 millones de euros invertidos en dar respuesta a cómo se llega a la violencia.

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Fotograma de ‘Run’, película del franco-marfileño Philippe Lacôte.

Seattle y África cada vez más cerca

El festival estadounidense que se celebrará del 15 de mayo al 8 de junio sorprende, un año más, con una sección entera dedicada al cine africano con un total de 10 películas. El programa fue ya un éxito el año pasado ofreciendo algunos de los mejores trabajos de y sobre África que se están realizando en la actualidad.

Y el cartel de este año no es menos excepcional. Os dejamos algunos de los títulos que se proyectarán. Difret (Etiopía, 2014), ganadora del premio del público de Sundance, que cuenta la historia basada en hechos reales de la lucha de una joven contra la tradición de largo recorrido en Etiopía del “matrimonio por secuestro”. Rags and Tatters (Egipto, 2013), llamada “la piedra de toque del post revolucionario cine egipcio” por la revista Variety. Half of a Yellow Sun (Nigeria, 2013) es la adaptación a la gran pantalla por el director Biyi Bandele de la premiada novela de Chimamanda Ngozi Adichie con un reparto estelar encabezado por el nominado al Oscar Chiwetel Ejiofor, 12 años de esclavitud y Thandie Newton. The Rooftops (Argelia 2013), de Merzak Allouache, teje la historia de cinco barrios de Argel en torno a las cinco llamadas diarias a la oración. Finding Fela (EE.UU. 2014), el nuevo documental de Alex Gibney sobre el músico y activista nigeriano Fela Kuti. Y African Metropolis (Kenia, 2013) donde cineastas de todo el continente africano pintan un cuadro vivo de una nueva África urbanizada a través de historias cortas innovadoras que ofrecen las seis principales capitales que se encuentran en rápido crecimiento: Abidján, El Cairo, Dakar, Johanesburgo, Lagos y Nairobi.

Los cines de África reconquistan Granada

7ª edidicón del Festival de Granada cines del sur 2013.

7ª edidicón del Festival de Granada cines del sur 2013.

Por séptimo año consecutivo, el Festival de Granada Cines del Sur convertirá por unos días a la ciudad andaluza en el epicentro geopolítico del séptimo arte en España. El festival, que tiene como objetivo la difusión y promoción de las cinematografías de los países habitualmente adscritos al hemisferio sur, propiciará hasta el próximo sábado 15, un vínculo de encuentro entre profesionales del sector y aficionados a un cine escaso en los circuitos convencionales de las salas de cine.

Es de rigor dedicar una especial atención desde Wiriko al festival granadino que junto al Festival de Cine Africano de Córdoba se han convertido en dos auténticos supervivientes en estos tiempos de recortes y zozobra. En España, son los únicos en su especie y, frente a todos los imprevistos, son capaces de aupar sus  proyectos fuera de las fronteras estatales con honores. Dos puntos de vista necesarios. Dos salvavidas que naufragan frente a una incertidumbre generalizada. Dos guías necesarias para la reflexión conjunta que subraya incansable la pregunta ¿a dónde vamos? Dos referencias que la Administración ha decidido convertir en una constelación de miradas, con precariedad de fondos, y que sugieren a prisa la unidad de la cultura por la diversidad. Dos festivales que en una nueva concepción del espacio, del tiempo y de la historia cinematográfica reflejan abiertamente el dogma de sus organizadores: mostrar otra forma de mirar hacia nuestros hermanos del sur.

Para esta ocasión, el Festival de Granada Cines del Sur ha seleccionado para la competición oficial a diez títulos de los que tres proceden del continente africano. El África subsahariana solo se presenta con una cinta que en cuestión de un año y medio se ha convertido en una clara candidata a optar por el máximo galardón en los festivales internacionales. Se trata de la impactante ópera prima del director keniata David ‘Tosh’ Git, Nairobi half life (2012). La película de Tosh, nacido en 1981 en una pequeña ciudad de Kenia llamada Nanyuki, fue seleccionada para representar a su país en la sección a la Mejor Película en Lengua Extranjera de los Premios Óscar del año pasado. Una coproducción entre Kenia y Alemania que mezcla, con suma habilidad, una mirada casi etnográfica sobre la condición de inmigrante interior dentro del país con los sueños de un espabilado aspirante a actor, que verá cómo la realidad se termina mezclando peligrosamente con sus deseos artísticos.

Los países del Magreb estarán representados con dos películas que se sitúan en un pasado tan urgente como recurrente por las convulsiones sociales y políticas provocadas por las llamadas “primaveras árabes” de los dos últimos años. Por un lado, el veterano cineasta egipcio Yousry Nasrallah, que explora en After the Battle (2012) las contradicciones personales de una ferviente opositora al dictador Hosni Mubarak, poderosamente atraída por un trabajador del sector turístico situado en el campo político opuesto. Por el otro, la tunecina Hinde Boujemaa aporta una sabia mirada documentalista con It Was Better Tomorrow (2012) a las vicisitudes de una mujer, madre de familia y abandonada por su esposo, que no encuentra fácil acomodo en la nueva realidad que se bosqueja ahora mismo en Túnez.

Fotograma de la película keniata Nairobi half life (2012) dirigida por David Tosh.

Fotograma de la película keniata Nairobi half life (2012) dirigida por David Tosh.

 

Otras secciones con sabor africano

Esta séptima edición del festival incluye una sección bajo el nombre de Milenio en la que se proyectan cinco películas marroquíes, reflejo de un legado cultural común y de los problemas sociales actuales en el país vecino. Destaca la proyección de Pegasus (2011), la película ganadora del premio Etalon de Oro en el FESPACO 2011, del director Mohamed Mouftakir. Los otros títulos que se proyectarán son Los caballos de Dios (2012), de Nabil Ayouch; The Mosque (2010), de Daoud Aoulad-Syad; Quand les hommes pleurent (1999), de Yasmine Kassari; y WWW What a Wonderful World (2006), de Faouzi Bensaïdi. En la sección Pantalla Abierta, la película argelina El gusto (2012), dirigida por Safinez Bousbia, presenta la historia de la música popular chaâbi, un estilo nacido en la calle y en los cafés, e impregnada de cantos bereberes, andaluces y religiosos. Aquí, un pequeño reportaje sobre El gusto.

En la sección Documental Al Jazeera destaca Black out (2012) que a pesar de ser una producción inglesa y dirigida por la alemana Eva Weber se ambienta en Conakry, Guinea, durante la época de exámenes. En cuanto se pone el sol sobre la capital cientos de escolares comienzan su peregrinación nocturna hacia el aeropuerto, las estaciones de servicio y las partes más ricas de la ciudad en busca de luz. Un viaje tanto literal como metafórico hacia la iluminación, a través del cual este evocador documental muestra cómo los jóvenes concilian lo que significa vivir en uno de los países más pobres del mundo con su deseo de aprender; todo ello en un contexto de lucha por el cambio en el país.

Por último, en la sección Perlas del Sur se proyectará la película documental Mama África (2011) del finlandés Mika Kaurismäki. Este documental se centra en la vida de Miriam Makeba, la primera cantante africana en alcanzar el estrellato mundial e impregnada tanto de raíces sudafricanas como de un incesante mensaje de lucha contra el racismo y la pobreza. La película estrenada en la inauguración del Festival de Cine Africano de Córdoba del año pasado, gana peso con un guión que narra su trayectoria a través de entrevistas con compañeros de profesión. Un documental sobre Miriam en el que ella misma no aparece… El trabajo de Kaurismäki, un apasionado de la música, se une a otros documentales que realizó en 2002, Moro no Brasil, y en 2005, Brasileirinho.

De como la animación africana influye en el mercado internacional

En nuestra tercera entrega sobre el cine de animación africano queríamos hacer hincapié en las nuevas tendencias de la animación africana, una “industria” con una solera a veces tan antigua como la europea, con las primeras animaciones en el año 1916 en Sudáfrica, que resurgieron con fuerza en la década de 1930 en Egipto y que se afianzaron en la década de 1950 en la República Democrática del Congo. ¿Está influyendo la animación africana en el resto de escenarios mundiales?

Trabajos como el realizado en 3D, Viaje mágico a África (2010), del director español Jordi Llompart, o las todopoderosas El Rey León o Madagascar sugieren que las películas con temáticas africanas pueden tener un potencial significativo en audiencias globales. Es decir, que desde hace unos años la luz verde necesaria para que una película pase por taquilla va teniendo en cuenta el escenario africano. Hasta la fecha, estas propiedades han salido del “viejo” Hollywood en lugar de África, pero el “nuevo”, el globalizado, no tiene más remedio que hacer películas que sean universales. Es por ello que ya se están dando casos de producciones del continente con temática africana que se barajan (o se han barajado) fuera de África , incluso en los EEUU.

Imagen de la serie de inspiración tanzama.

Imagen de la serie de inspiración tanzana.

Un ejemplo de la influencia de África en las series de animación estadounidenses es el caso de Tinga Tinga Tales. Esta animación basada en cuentos populares africanos surgía de un encargo de la BBC  para su canal CBeebies y por Disney Channel dentro de su bloque Disney Junior. El espectáculo se basa en el talento inspirador de artistas y músicos locales donde incluso se llegan a pintar a mano las imágenes de la serie.  Pero además, ¿de dónde proviene el nombre de la serie? El nombre deriva del tipo de arte que popularizó el tanzano Edward Tingatinga hacia el 1968 en Dar es Salam, cuando era la capital de Tanzania[1]. Tingatinga empleó materiales de coste reducido y atrajo la atención de los turistas por el colorido de sus obras iniciándose, a su muerte, en 1972, un amplio movimiento de imitadores y seguidores enmarcados en lo que se ha convenido en denominar la “escuela Tingatinga”. La banda sonora de esta serie también es de origen subsahariano, en concreto del compositor keniano Eric Wainaina. Así, en 2009, la compañía Entertainment Rights distribuiría los 52 episodios y se haría cargo del manejo de las licencias y  del merchandising.

Mientras tanto, HBO (Home Box Office)[2], adquirió en 2007 los derechos The Cellar Magia, una producción conjunta entre canadienses y sudafricanos. Los socios que se aventuraron en esta dinámica propuesta firmaron 20 cuentos animados en los que estaban involucrados las dos puntas del glogo: por un lado, la Media Chocolate Moose de Ottawa; y, por otro lado, la South African Broadcasting Corporation (SABC) y la South Africa’s Morula Pictures.

Estas idas y venidas entre productores africanos y las industrias occidentales terminaron con la ejecución de un trabajo para las comunidades cristianas: la primera película de animación 3D africana El León de Judá (2011), con una parte realizada en el continente producida por Sunrise Productions y animada por Character Matters (ambas sudafricanas) y otra parte bajo la tutela de la financiación estadounidense Animated Family. Se observa que el estado del negocio de la animación varía en cada uno de los 54 países de África siendo, sobre todo, Sudáfrica y Egipto los que han establecido industrias, aunque pequeñas en comparación con otros centros de animación mundial.

 

Sudáfrica 

Como ya hemos apuntado en otras entradas de Wiriko, este país tiene la producción de animación más diversa de todo el continente tanto en producción como en la industria de pequeñas y medianas empresas. Concretamente, la mayoría de los trabajos de animación que se han realizado desde Cape Town o Johanesburg han estado enfocados a los anuncios, sin embargo, cada vez son más los estudios que están diversificando sus opciones de negocio hacia el panorama del entretenimiento y hacia el desarrollo y la investigación. Este es precisamente uno de los motivos por el que se subraya desde la propia industria de la animación sudafricana que prácticamente un 90% del trabajo se concentra en producciones para clientes extranjeros, especialmente estadounidenses. La punzante comparación salarial entre estos dos países inclina la balanza hacia la maximización de los beneficios a favor de las multinacionales que se aprovechan de las condiciones laborales, una de las dinámicas perversas de la globalización.

Última película de los estudios Triggerfish "Aventuras en Zambezia".

Última película de los estudios Triggerfish “Aventuras en Zambezia”.

La empresa Triggerfish, por ejemplo, se inició con trabajos  basados en la técnica del stop-motion comercial aunque posteriormente ampliaría sus miras con animaciones de televisión infantiles y como proveedor líder de Takalani Sesame, la versión africana de Barrio Sésamo. Sin embargo, el mercado local y regional se potencian de la mano de producciones como las realizadas por Anamazing Workshop, películas con temas africanos en su mayoría de África del Sur. De esta forma, Sudáfrica se diferencia de otros países africanos principalmente por el apoyo gubernamental que recibe para fomentar esta industria. Pero a pesar de que la comunidad de la animación sudafricana es grande en comparación con otros países de su entorno, en una escala internacional, sigue siendo muy reducida. No obstante, hay alrededor de 20 estudios de animación y de efectos visuales establecidos en el país según algunas estimaciones del sector, pymes sobre todo, que se han consolidado con una reputación de calidad.

Egipto
Este país con tradición en el sector de la animación también alberga un negocio importante referente a la producción con más de 50 estudios como destaca la Universidad de Minia, en Egipto, una de las relativamente pocas instituciones en África que ofrecen programas de animación. El número de estudios en el país se ha expandido en a penas una década, entre 1990 y el 2000. Alrededor de 10 de ellos representan gran parte de la producción y son responsables de más de 100 horas al año de episodios en televisión, anuncios y cortometrajes. Algunos de estos estudios son Al Sahar, Tarek Rashed Studio, que se iniciara en la década del 2000 especializándose en las coproducciones con países árabes para series locales, y Zamzam, que produce series de animación islámica en arcilla. El número de animadores en Egipto también está creciendo, con academias como el Cinema Institute, la Universidad de Helwan o la mencionada escuela en Minia.

 

Nuevos escenarios

Fuera de Sudáfrica y Egipto, la producción de animación se limita principalmente a unos pocos estudios pequeños y con animadores independientes en países como Mauricio y Kenia, trabajando principalmente en la animación 2D. En general los estudios de nueva creación tienen una vida corta y de tendencia nómada, es decir, algunas de estas empresas se trasladan a países donde el sector tiene más empaque. Un ejemplo es Character Matter, que comenzó en Harare, Zimbabwe, en el año 1993, pero que se vio obligado a hacer las maletas rumbo a Sudáfrica una década más tarde. Sin embargo, no todos en el sector corren la misma suerte. El estudio afincado en Dakar, Pictoon, y que tuvo un éxito de ventas incluso en el canal France International con la serie Kabango le Griot, tuvo que menguar su personal por la crisis.

Trabajadores del estudio etíope Whizkids.

Trabajadores del estudio etíope Whizkids.

A pesar de ello, hay signos positivos en algunas regiones como en Kenia donde la compañía Entertainment Homeboyz con varios negocios en radio y en la producción musical emplea a diseñadores locales, escritores, músicos y animadores para la producción de películas de animación. Incluso países sin una industria de la animación propiamente dicha como Etiopía confían en el estudio financiado por UNICEF llamado Whizkids y que ha producido Tsehai le encanta aprender, un títere educativo.

Parece ser que uno de los mayores desafíos es tener una producción realizada por los africanos y para los africanos, con imágenes, scripts y música de este continente. Aunque la evidencia de desarrollo es palpable en los grupos creativos que se están formando en Kenia, Ghana, Marruecos, Argelia y Zimbabwe, además de los mencionados Egipto y Sudáfrica.

La animación africana se encuentra en un escenario con unos matices nunca antes explorados, en un período nuevo y emocionante que merece nuestra atención. Próximamente, desde Wiriko, pretendemos promover el trabajo de estos artistas contextualizando sus obras en el ámbito cultural, social y político de forma que se pueda promocionar este tipo de cine acompañado de un debate riguroso y amplio para el futuro de la animación en África.


[1] Dar-es-Salam fue la capital del país desde 1974 hasta 1996 hasta que este estatus lo recogió la ciudad de Dodoma hasta la actualidad. No obstante, aún quedan organismos y oficinas gubernamentales en Dar-es-Salaam.

[2] Uno de los canales de televisión por cable y satélite más populares de Estados Unidos, propiedad de Time Warner y con sede central en Nueva York.

 

Tras los pasos del cine de animación africano (I)

Mish Mish Effendi, héroe animado egipcio creado por los hermanos Frenkel en 1936.

 

El cine de animación en África tiene una historia similar en la línea del tiempo al del cine convencional aunque su popularidad y expansión haya tenido un camino más sosegado, escaso, y disimulado. Los inicios, propagandísticos y coloniales, se remontan a los años 30 cuando los hermanos David y Shlomo Frenkel quedaron hechizados en Egipto al ver en pantalla a Mickey Mouse. El ratón más famoso del mundo serviría de fuente de inspiración para que los Frenkel desarrollaran mediante el sistema de ensayo error su propio personaje de animación, el héroe Mish Mish Effendi, apareciendo en la película Fayda Mafish que debutó en El Cairo el 8 de febrero de 1936. En esta primera entrada de una serie sobre el cine de animación en África, pretendemos acercarnos a los primeros trabajos que se realizaron en el Norte de África y Níger hasta la década de los setenta.

Anuncio de Mish Mish en el periódico La bourse Egytienne.

El largo recorrido de los dibujos animados en el mundo se remonta a 1877, antes que el nacimiento del propio cine, cuando Emile Reynaud creó el Praxinoscopio, partiendo del zootropo que desarrolló Honer en 1834. Pero no sería hasta los primeros años del siglo XX que se produciría la primera película animada, La casa encantada, obra del español Segundo de Chomón y producida por J. Stuart Blackton, donde se utilizó por primera vez la técnica “stop-motion” para darle vida a objetos inanimados. El filme se hizo enormemente popular y su técnica se divulgó entre cineastas de todo el mundo, que empezaron a experimentar con historias de títeres, marionetas y maquetas. El nacimiento del cinematógrafo de los hermanos Lumière presentado en sociedad en diciembre de 1895, coincide prácticamente con el momento en el que las potencias europeas se repartían África en la Conferencia de Berlín (1884-1885). Este acontecimiento que conformaría prácticamente el actual mapa africano  determinó una forma de reflejar el continente en la gran pantalla enfocada a realzar las virtudes de la colonización. De esta forma, y como apuntara Paulin Soumanou Vieyra, uno de los primeros directores africanos que pudo hacer cine en África: “En lo sucesivo, ya no se tratará de reino ashanti, de pueblos bacongo o yoruba, sino del África francesa, inglesa o española”.

Los primeros trabajos sobre cine de animación nacerían pues en Egipto con Mish Mish Effendi, un héroe árabe inspirado en los personajes de los hermanos Fleischer, los creadores de Popeye o Betty Boop. Los Frenkel se convirtieron rápidamente en baluartes de la identidad nacional del país como demuestra que en 1937 recibieran  una orden oficial del Ministerio de Agricultura para que Mish Mish apareciera en películas didácticas cuyo principal objetivo fuera cómo erradicar las plagas de algodón. Del mismo modo, en 1939, el Ministerio de la Guerra les ordenó realizar una película patriótica sobre las virtudes del ejército. Pero no sería hasta los años 60 cuando este nuevo sector adquiriría un peso notable en Egipto. El precursor Ali Muhib, considerado como el padrino de los animadores egipcios, abrió un departamento de animación en la televisión nacional logrando así una continuidad de la labor pionera de los hermanos Frenkel, y consolidando Egipto como la principal industria de la Animación de Africa y del Mundo Árabe por aquel entonces. Como escribió Gianalberto Bendazzi en su ensayo African Cinema Animation“Cine de animación en Egipto vio un renacimiento gracias a Ali Muhib y su hermano Husam, que dio nacimiento al Departamento de Cine de Animación en el canal de televisión nacional que fue inaugurado en 1960. En 1962 Ali Muhib dirigió The White Line, una película de animación más veinte y cinco minutos de acción en vivo, que era un cruce entre un musical corto y un documental. (…) En 1979 dirigió la primera serie de animación árabe, Mishgias Sawah, compuesto de treinta episodios”. Pág. 22.

 

Algunos ejemplos de películas de animación egipcias.

 

Gracias al impulso que le dio Muhib, el sector de la animación en Egipto continuó prosperando de la mano de nuevos realizadores como Ihab Shaker (primer miembro egipcio y africano de la Asociación Internacional de Cine de Animación Africano (ASIFA)), Noshi Iskandar, Radha Djubran y  Zeinab Zamzam. La película de Shaker, La botella (1968), que podéis visionar más abajo, adquirió un importante protagonismo en la animación egipcia. El norte de África se convertía, de este modo, en una fuente riquísima de este nuevo cine. Es el caso de Argelia, donde el director Mohamed Aram realizaba La fete de l’arbre (1963). Aram se caracterizó rápidamente por sus animaciones en blanco y negro y con un enfoque educativo y social; agricultura, alfabetización o salud fueron algunos de los trabajos de este argelino que junto a su equipo crearon más de veinte producciones entre 1963 y 1999.

 

 

Como colofón a esta primera entrada sobre el cine de animación africano bajamos al sur del Sahara. En 1963,  veía la luz en Níger la película La mort du Gandji (1963), del considerado padre de la animación africana, Moustapha Alassane. Son diversos autores los que ven en Alassane a un gran autodidacta que desarrolló con maestría el “stop-motion” con muñecos animados simples y directamente sobre la base de la película. Recrearse en los trabajos de este mago del celuloide es un himno a la creación artística; es la historia de un adolescente inquieto y curioso que construyó su propia linterna mágica y luchó toda su vida por su arte en condiciones extremadamente difíciles y con muy pocos medios. Entre sus películas se encuentra un clásico del cine de animación subsahariano, Bon voyage sim (1966).