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Martin Scorsese se compromete con los clásicos del cine africano

África tiene tres veces la extensión de Estados Unidos, uno de los mayores productores de cine para el mercado mundial, junto con la India. Pero en un mundo tan globalizado, el cine africano sigue siendo un misterio desconocido por el público del planeta. Hay que remontarse a los años 60 y 70, durante las independencias, para empezar a ver el auge de la industria en el continente. Y es que, aunque aún falte mucho camino por recorrer, no se puede menospreciar el trabajo que se hace en países como Sudáfrica, Nigeria, Egipto, Burkina Faso, Kenia, Argelia, Marruecos o Somalia; y mucho menos, menospreciar la historia del cine y sus clásicos.

Mbissine Thérèse Diop en la película franco senegalesa “La Noire de…” © Film Foundation’s World Cinema Project

En una entrevista para La Marea, la directora del Festival de Cine Africano Tánger-Tarifa, Mane Cisneros, afirmaba que “el cine africano puede tener éxito en las salas comerciales, pero los estereotipos hacen mella”. Aunque los cineastas africanos “no son una categoría aparte” y sus películas “mandan los mismos mensajes que cualquier otra cinematografía del planeta”, su arte pasa desapercibido y no entra en el juego del mercado mundial.

Para intentar luchar contra este hecho y evitar que todo este inmenso patrimonio cultural y cinematográfico africano desaparezca, The Film Foundation, fundada en 1990 por Martin Scorsese y otros cineastas y actores estadounidenses, ha anunciado un nuevo proyecto que llevará a cabo en colaboración con la Federación de Cineastas Pan Africanos (FEPACI) y la Unesco. Este proyecto, bautizado con el nombre de The African Film Heritage Project (Proyecto de Patrimonio de Cine Africano), se presentó el pasado mes de marzo en el Festival de Cine Pan Africano de Uagadugú (FESPACO), en Burkina Faso.

Recuerdo los inicios de la FESPACO, hace 50 años, y la película Le noire de…, de Ousmane Sembène, que se estrenó en Nueva York tres años después de estrenarse en Senegal. Recuerdo que esta película me causo un gran impacto”, explica Martin Scorsese en el vídeo que se proyectó en el festival. “Fue la primera vez que pudimos oír una autentica voz africana en el cine”.

De la mano de cineastas como Youssef Chahine, Shadi Abdessalam, Med Hondo, Djibril Diop Mambéty, Safi Faye, Idrissa Ouédrago, Abderrahmane Sissako, Mahamat Saleh Haroun, Souleymane Cissé, entre muchos otros, el cine africano empezó a florecer en la década de los 70 del siglo pasado. Con este proyecto, la Fundación del Cine pretende identificar, restaurar y preservar alrededor de 50 películas. “Me doy cuenta ahora de que sabemos muy poco acerca del cine africano y por eso nos unimos para llevar a cabo este proyecto”.

La Federación del Cine ya lanzó en 2007 el Proyecto de Cine Mundial para recuperar películas clásicas y títulos vulnerables y evitar que desaparezcan para siempre. En la fecha ya han restaurado 28 películas de distintas partes del mundo, incluidos siete filmes africanos: La mòmia, de Shadi Abdessalam y su cortometraje Le Paysan éloquent; Transes y Alyam Alyam, de Ahmed El Maanouni; Touki Bouki, de Djibril Diop Mambéty y dos películas d’Ousmane Sembène, Le noire de… y Borom Sarret. El Proyecto de Patrimonio de Cine Africano pretende triplicar la cifra de filmes recuperados.

Irina Bokova, Directora General de la Unesco considera que esta colaboración “es una oportunidad única para elevar la riqueza del arte africano, el patrimonio y la creatividad, especialmente para los jóvenes. Miramos hacia el futuro para promover la diversidad cultural a través de las expresiones de los cineastas africanos”.

África necesita sus propias imágenes, su propia mirada testificando en su nombre, sin ser distorsionada por otros, por una mirada extranjera y con prejuicios. Debemos dar testimonio de esta cuna de la humanidad que ha desarrollado un rico e inmenso patrimonio humano, histórico, cultural y espiritual”, afirmó Cheick Oumar Sissoko, Secretario General de la FESPACO. “Preservar este patrimonio fílmico es una necesidad y una emergencia. Estas imágenes deben ser localizadas, restauradas y mostradas a los africanos y al mundo en cines y cinematecas de vanguardia. Nos comprometemos a trabajar para lograr este objetivo”.

Este es un proyecto de largo recorrido y se desconoce cuándo van a estar disponibles todas estas obras, pero cuando llegue el momento van a estar disponibles en la Federación del Cine para todo el mundo. “Queremos que estas películas vuelvan a casa, que los africanos las puedan volver a ver y, al mismo tiempo, hacerlas accesibles al resto del mundo”, sentenció Martin Scorsese.

El Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger enciende los motores de su 14 edición

(Comunicado de prensa)

El cine volverá a unir los continentes de África y Europa gracias al Festival de Cine Africano de Tarifa – Tánger (FCAT 2017), que celebrará su edición número 14 entre el 28 de abril y el 6 de mayo en ambas ciudades: “el único evento cinematográfico celebrado en simultáneo entre África y Europa”, en palabras de la directora del festival, Mane Cisneros. Además, el FCAT es el único festival especializado en cine de África existente en el mundo hispanohablante, por lo que se convierte en una puerta de África pero también de Europa.

La programación del FCAT presenta en esta edición setenta títulos de películas procedentes de África, mundo árabe no africano y sobre temáticas africanas. Veinte de esos títulos, tanto en competición como en secciones paralelas, serán estrenos en España y uno de ellos tendrá en Tarifa su estreno mundial. El festival se inaugurará con la película ‘Felicitè’, del franco-senegalés Alain Gomis, Oso de Plata de la Berlinale 2017 y ganadora también del Etalon Yennenga de oro del FESPACO 2017, el mayor festival de cine del continente africano. El FCAT, aparte de sus habituales secciones competitivas y no competitivas, programará asimismo una retrospectiva de la obra de Gomis en esta edición. El festival también pondrá el foco sobre la cinematografía tunecina contemporánea y dedicará unas sesiones de cine etnográfico dedicadas a producciones andaluzas que abordan temas africanos.

La 14 edición del festival de Cine Africano también dedicará dos sesiones especiales a las gentes del mar y a las gentes de la campiña, respectivamente, del Campo de Gibraltar con la proyección de dos documentales. El Mercado de Tarifa acogerá la proyección del histórico ‘Almadrabas’ (Carlos Velo, 1933) dedicado a la pesca del atún en Barbate con imágenes rodadas durante la II República española. Tras su exhibición, se realizará un coloquio con almadraberos y pescadores guiado por el antropólogo de la Universidad de Sevilla, David Florido del Corral.

Por otro lado, el cine de la pedanía de Facinas será escenario de la proyección de ‘Quivir’ (Manutrillo, 2014). Una cinta que narra la historia de Germán y Driss, dos capataces corcheros, que tienen el mismo oficio a un lado y a otro del Estrecho, uno en Andalucía y otro en Marruecos. Ambos personajes comparten, además, una identidad que nace desde el vínculo vital que les une a unos frágiles bosques de alcornocales en peligro de extinción. En palabras de su director ‘Quivir’ es un trabajo sobre “un oficio, dos culturas, un mismo mundo”. Un coloquio con el director y el antropólogo de la Universidad Pablo de Olavide, Agustín Coca, junto a los maestros corcheros de la zona cerrará la cita tras la exhibición del documental.

El alcalde de Tarifa, Francisco Ruiz destacó en la presentación “el esfuerzo y compromiso del festival y la asociación Al Tarab, de los patrocinadores y el tejido social tarifeño para que el cine africano tenga arraigo en nuestra ciudad”. El primer edil ha insistido en su deseo de que  también se hable de Tarifa “a nivel cultural”, señalando que “el estrecho no es una frontera, es un puente que se desarrolla a través de la cultura”.

Del 30 de abril al 5 de mayo el FCAT también tendrá programación en Tánger con proyecciones cinematográficas y debates en la Cinémathèque de la ciudad, además de actividades paralelas como ‘El árbol de las palabras’ y proyecciones del Espacio Escuela. Para Sara Chentouf, vicecónsul del reino de Marruecos en Algeciras, este es  un encuentro “muy importante” para la cultura africana. La  representante marroquí en la presentación del FCAT 2017 ha alabado el carácter “diverso” del festival, que refleja la realidad africana en las películas que proyecta, “transmitiendo su herencia” al mundo hispanohablante. “Se trata”, según Chantouf, “de un estival que acorta distancias y juega un papel importante en la diplomacia cultural”.

El festival se inaugurará con la película ‘Felicitè’, del franco senegalés Alain Gomis, Oso de Plata de la Berlinale 2017 y ganadora también del Etalon Yennenga de oro del FESPACO 2017.

Cuatro mil alumnos de la provincia de Cádiz y Sevilla acudirán al Espacio Escuela, un programa que trabaja con los colegios y los institutos para acercar el cine y la realidad africana a los alumnos andaluces. Asimismo, dos mil alumnos del Instituto Severo Ochoa y del Colegio Ramón y Cajal de Tánger asistirán este año a proyecciones especiales en la ciudad marroquí, como también lo harán los alumnos de los colegios públicos de uno de los barrios más desfavorecidos de Tánger, Bir Chiffa, gracias a la empresa de transportes Alsa, que será la encargada de llevar a los alumnos al cine.

Consolidado gracias al apoyo de la Diputación de Cádiz, este espacio dirigido al público más joven unirá en esta edición tanto proyecciones, como tres exposiciones en las que colaboran Casa África, la Fundación Tres Culturas y la Agencia Española para la Cooperación y el Desarrollo (AECID). En esta edición, grupos seleccionados de estudiantes participarán en ‘Aperitivos junior, unos encuentros a corta distancia  con los cineastas con el ánimo de que los escolares puedan saber de primera mano qué significa hacer cine en el continente africano creando un espacio de reflexión y crítica ameno.

El Diputado de Cultura de la Diputación Provincial de Cádiz, Salvador Puerto, ha agradecido que el festival siga creciendo “con vocación de continuidad” y se ha congratulado de que la cita cultural se siga celebrando en “el lugar que lo vio nacer”.  Para el representante provincial, “un puente no sirve si no tiene unos pilares fuertes a ambos lados”, en alusión al Ayuntamiento de Tarifa y al Consulado marroquí, “que garantizan que continúe el festival”.

Concurso Cinematográfico ‘Sé embajador de tu localidad’

La compañía de transporte marítimo FRS ha elaborado un proyecto educativo, ‘Sé embajador de tu localidad’ para alumnos de entre 9 y 14 años de escuelas marroquíes y andaluzas (Tarifa, Tánger, Tetuán y Martil) que favorece el séptimo arte como herramienta para el desarrollo personal y comunitario de la infancia y la juventud.

Este proyecto consiste, según ha explicado el director de marketing de FRS, Marcial Picó, en proponer a alumnos de colegios de ambas orillas del mediterráneo el presentar una obra cinematográfica en vídeo de 1 min. de duración en el que se muestre un lugar característico de su ciudad/pueblo para que las personas de esta o la otra orilla vengan a visitarlo. Los temas de interés estarán  centrados en valores de diversidad cultural, cooperación y solidaridad. Los mejores microfilmes seleccionados serán premiados en ambas orillas.

Puerto de Santa María y el Parque Metropolitano Marisma de Los Toruños

De nuevo, el Puerto de Santa María y el Parque Metropolitano Marisma de Los Toruños volverán a ser subsede del festival del sábado 29 al jueves 4 de mayo, y cuentan con proyecciones de cortometrajes, largometrajes, encuentros con los directores, cuentacuentos y concierto.

La programación del FCAT 2017 vuelve a responder a la voluntad de ‘normalizar’ las cinematografías africanas. “Entre la cultural de lo universal y la cultura universal, escojo la primera” dice el gran artista plástico y hombre de teatro senegalés Issa Samb. Este lema podría ser también el de los contenidos del festival, dirigido hacia la apertura cultural, la aceptación del otro posible solo con la condición de aceptar su propia identidad, para formar un mundo diverso y plural. La heterogeneidad cinematográfica africana en este caso dibuja las representaciones del imaginario de cada sociedad.

Más información: Aquí

El palmarés del FESPACO 2017

Palmarés Fespaco 2017

Mejor largometraje: Félicité, de Alain Gomis (Senegal)

La película senegalesa Félicité del franco-senegalés Alain Gomis ha ganado la 25ª edición del FESPACO, el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (Burkina Faso). Sin duda, Gomis se ha convertido en uno de los directores africanos de referencia. En 2013 se volvió a llevar el máximo galardón, el Étalon de oro de Yennenga por su película Tey (Hoy). Y además Félicité se presenta como una de las películas del 2017: el 18 de febrero, le adjudicaban en el marco de la 67ª Berlinale, el Premio del jurado.

Félicité es el cuarto largometraje del realizador de 44 años afincado en Francia, quien también dirigió L’Afrance (2002) y Andaloucia (2007).

Premio de plata: L’orage africain, de Sylvestre Amoussou (Benín)

 

Premio de bronce: A mile in my shoes, de Saïd Khallaf (Marruecos)

 

¡Mejor guión

 


Mejor documental: Kemtiyu -Cheikh Anta, de Ousmane William Mbaye (Senegal).

Si queréis conocer más sobre el último trabajo de Mbaye, no olvidéis este artículo.


Mejor serie: Tundu Wundu, de Moussa Diallo (Senegal)

 

 


Mejor cortometraje

Oro: Hymenee, de la directora Violaine Maryam (Marruecos)

Plata: The bicycle man, de Twiggy Matiwana (Sudáfrica)

Bronce: Khallina Hakka Khir, de Mehdi M. Barsaoui (Túnez)

Mención especial: A place for myself, de Marie Clémentine Dusabejambo (Ruanda)

 


Mejor actriz: Nafissa Ben Chada por su papel en À la recherche du pouvoir perdu (Marruecos)

Mejor actor: Ibrahima koma por su interpretación en Wulu (Malí)

Mejor sonido: Félicité (Senegal)

Mejor escenario: La forêt du Niolo, de Adama Roamba (Burkina Faso)

Mejor musica: Le Puits, de Lofty Bouchouchi (Argelia)

Mejor imagen: Zin’naariya, de Rahmatou Keita (Níger)

Y… el mejor póster ha sido para The Lucky Specials

 

 

FESPACO: La fiesta de los cines africanos

Foto: u p p e r l a b

“Dios no es un terrorista”. A ritmo de reggae unas declaraciones como esta provocan menos irritación. El marfileño Alpha Blondy electrificó a los 5.000 asistentes que presenciaban el acto de inauguración del FESPACO, el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (Burkina Faso) mientras coreaban al unísono “rocking time in Uagadugú”. Blondy en varias ocasiones se había mostrado muy crítico contra el gobierno del antiguo presidente Blaise Campaoré por lo que su concierto desprendió tintes políticos y activistas. “He venido a cantarle a Sankara”, afirmó.

Costa de Marfil, es el invitado de honor de este evento que cada dos años se da cita en Uagadugú, la bautizada como capital de los cines africanos. La ciudad asfaltada de tierra rojiza y palmeras se fundirá hasta el próximo 4 de marzo entre los carteles de las películas que se proyectarán, los vendedores ambulantes, los pequeños mercados, los cines improvisados, y una gran presencia policial y militar para contrarrestar un posible ataque yihadista que hace un año dejó 33 muertos en Burkina Faso. De ahí el grito de Blondy: “Dios no es un terrorista”. En estos días, la fiesta africana del séptimo arte refresca la memoria de que en el continente se están produciendo auténticas joyas del cine y los profesionales del sector, aficionados y curiosos saben que el FESPACO es cita obligada para tomar el pulso a la ya de por sí complicada industria. Esta 25ª edición es toda una declaración de intenciones, así lo demuestra el lema: “Formación y oficio del cine y el audiovisual”.

En total, 164 películas compiten en varias secciones, incluyendo los 20 largometrajes de 15 países que optarán por el Étalon de Yennenga (Semental de oro), en su mayoría películas en francés, 4 de habla inglesa y ninguna en portugués. Cabe destacar el retorno de Níger, Camerún y Tanzania al prestigioso concurso al mismo tiempo que mencionar la gran ausente de esta edición: Nigeria. En la rueda de prensa que tuvo lugar en enero en París se comentó que los cineastas nigerianos se habían centrado en la rentabilidad de la producción a expensas de lo artístico. No obstante, la muestra que desde hace algunos años ofrece el festival Nollywoodweek en París –del que Wiriko es medio oficial– continúa defendiendo que no todo lo que se hace en Nollywood es de poca calidad.

De la selección al mejor largometraje, el país anfitrión será el mejor representado con la apuesta de tres películas de jóvenes realizadores: La Forêt du Niolo, de Adama Roamba; Thom, de Tahirou Tasséré Ouedraogo y Frontières, de Appolline Woye Traoré; trabajos que caminan entre las explotaciones mineras ilegales, el sufrimiento de vivir en las grandes ciudades o el comercio fronterizo, respectivamente. Costa de Marfil presenta la intriga política con Innocent malgré tout, de Kouamé Jean de Dieu y Kouamé Mathurin, y L’Interprète, de Olivier Melche Koné. Dos países del Magreb participan también: Marruecos, con A Mile in My Shoes, de Saïd Khallaf y A la recherche du pouvoir perdu, de Mohammed Ahe Bensougat; Túnez con Lilia une fille tunisienne, del veterano Mohamed Zran.

Y dos apuestas que pueden ganar alguno de los premios principales: uno, el trabajo del franco-senegalés Alain Gomis, quien presenta Félicité, película que hace unos días conseguía el premio del jurado en la Berlinale, un drama en ubicado en Kinshasa, la capital de la RDC; y dos, la intencionalidad del franco-maliense Daouda Coulibaly al arriesgarse con Wulu, un trabajo sobre drogas y gángsters en Malí, una historia delicada y arriesgada que sitúa en el debate la financiación de los terroristas que operan en la franja saheliana a partir de la cocaína.


Más información en la página del FESPACO

O en los canales de Wiriko donde os estaremos informando de los premios durante este fin de semana.

La ¿reinvención? de las salas de cine africanas

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Ana María Navarro Marzal

Foto: http://openaircinema.org/

Foto: http://openaircinema.org/

Con el comienzo del nuevo siglo, son muchas las voces y expresiones desde el continente africano que pretenden recuperar su propia imagen arrebatada durante siglos de esclavitud, décadas de colonialismo y  años de guerras. La cultura, a través de sus múltiples manifestaciones, y a lo largo de la historia, se ha convertido en una poderosa herramienta de revolución, de denuncia y de reconciliación. El cine en África ha representado desde la época colonial al testigo elocuente que retrató primero al África que Occidente veía y después al África que los propios africanos sentían. De esta manera, las primeras salas de proyección cinematográfica llegaban a las colonias africanas de la mano de sus colonizadores con la “velada” intención de “blanquear” a la población negra y de convencerla de las bondades del régimen colonial para legitimar su presencia.

Conquistadas las independencias en las décadas de los 60 y los 70, los cines africanos realizados por africanos se convirtieron en una poderosa expresión para reconstruir la identidad, pero también para denunciar la corrupción de los gobiernos de las nuevas naciones independientes. Las guerras civiles que castigaron a muchos de estos jóvenes países tras sus independencias asolaron el panorama cinematográfico que hasta entonces se había desarrollado y desde finales de los 70 hasta los 90, en África era difícil producir cine y mucho más aún, poder ver cine.

Muchas de aquellas salas de proyección de cine que habían acompañado el tiempo de colonia y posteriormente el tiempo de la emancipación colonial, fueron destruidas y saqueadas durante los conflictos. Aquellas salas que habían vivido momentos de esplendor artístico, que habían permitido que la infancia de muchos africanos estuviera vinculada al cine, se desmoronaban bajo el impacto de la metralla y la violencia del saqueo, como si de la profanación de un templo se tratara.

 

El ejemplo de la capital del Chad

El realizador chadiano Mahamat-Saleh Haroum en su película Bye, Bye África (1999), nos muestra a la capital, Yamena, con sus salas de cine, aquellas que formaron parte de su infancia, cerradas, derruidas, decadentes. – “¿Dónde están las salas de mi infancia?”, se pregunta el director. “Estaba el Normandie, también el Shéhérazade, el Río, el Vog, que ahora se transforma en un lupanar y Le Etoile…”, recuerda en una reflexión mientras filma con su cámara lo que queda de estos lugares tras los acontecimientos del 79 y del 80 en Chad. Haroum nos desvela en su película otro mal del que adolece el cine en su país, de la mano de su amigo Garba, proyeccionista de Le Normandie: “Nunca vemos tus películas, ni otras películas africanas.”, le confiesa Garba a Haroum. “Es obvio que el cine se está largando, aquí en D´jamena todo se cae a pedazos”.

A pesar de ello, Haroum nos deja un mensaje positivo sobre el futuro del cine en el Chad. En la entrevista que mantiene con la actual propietaria de la sala de cine Le Etoile, Soraya Hamadani, que construyó su padre y que actualmente permanece cerrada, ella que se confiesa cinéfila, sueña con volver a reabrir Le Etoile. Reflexiona sobre el futuro un poco sombrío que se cierne sobre el cine en El Chad. La presencia de muchos televisores, vídeos,  antenas parabólicas facilitan el que películas recientes puedan verse a través de medios televisivos. Pero a pesar de ello, confía en que la reapertura de la sala funcione.

Y anima a Haroum a seguir haciendo películas sobre su país, a dignificar a su país a través de su cine. “Podríamos unirnos para hacer algo nuevo, aportar un soplo diferente, creo que la juventud chadiana lo espera. Dios mediante, podré volver a abrir la sala Etoile con sus películas, naturalmente”, le espeta cómplice a Haroum.

 

FESPACO como espejo del presente

Foto: http://www.africatopsuccess.com/

Foto: http://www.africatopsuccess.com/

Del Chad a Burkina Faso, y unos años después (2012) podemos comprobar cómo los problemas que afectan al cine en el continente africano actualmente, tienen un denominador común. En el contexto de la celebración del Festival FESPACO, en Burkina Faso, una entrevista con Zakaria Gnegne, gerente de la sala de cine Emergence en el barrio Wemtenga de Uagadugú, analizaba las dificultades por las que atraviesa la industria cinematográfica: “Falta de apoyos en la producción, distribución, y en la promoción; falta de capacitación, de formación específica; también habría que renovar las salas, equiparlas con verdaderas máquinas de proyección y mejorar también la calidad del sonido”, explicaba Gnegne. También revelaba que ahora las películas que tienen éxito son las africanas. Gnegne, en base a su experiencia, resaltaba una nueva concepción para la proyección de las películas en las salas de cine: “Hay que crear eventos alrededor de las exposiciones cinematográficas”.

Todo este recorrido testimonial y visual invita a repensar nuevos caminos para los cines africanos que desde la década de los 2000  comienza a surgir con fuerza en el continente gracias, entre otros factores, al aumento de las producciones realizadas a través de las cámaras digitales que han abaratado los costes. La descolonización de las mentes solo se puede realizar si hay previamente una desconstrucción del sistema dominante, para ser sustituido por un nuevo paradigma en la construcción de la identidad.

El cine como concepto multidimensional

En este tiempo de rápidas dinámicas, en gran parte facilitadas por las nuevas tecnologías, en este tiempo de desafíos globales, el cine y la cultura son reflejo de las sociedades que las producen. En África cada vez se demandan más cines africanos pero, al mismo tiempo, África es un exponente vivo de infinitud de manifestaciones artísticas. Podríamos repensar todas esas salas de cine africanas para devolverles un nuevo esplendor, como espacios de arte, abiertos, vivos, plurales, de vanguardia, participativos y participados. Crear eventos alrededor de la proyección cinematográfica. Esta idea nos da la clave para repensar el cine y la cultura en todas sus manifestaciones. Crear el evento en torno a la idea del cine y la cultura por y para todos.

Esas antiguas salas de cine podrían reconvertirse en centros culturales, donde además de proyectar cine, se pueda aprender a hacerlo, se pueda representar teatro,  o se puedan celebrar conciertos, debates, exposiciones o talleres. Centros que estén abiertos a la participación y a la formación de los artistas locales. Centros que acerquen la cultura a todos y a todas sin excepción.

La globalización de los mercados también posibilita la globalización de los esfuerzos, y esta nueva redefinición de las salas de cine en el siglo XXI, exigiría la implicación no sólo de los gobiernos, también de los sectores privados, sectores empresariales, organizaciones no gubernamentales…una sinergia de esfuerzos orientados a abrir nuevos caminos para el Desarrollo a través de la cultura y del arte.

El ejemplo mozambicano

Centro Cultural Franco-Mozambicano en Maputo, Mozambique.

Centro Cultural Franco-Mozambicano en Maputo, Mozambique.

Un ejemplo actual: Desde que se inaugurara en  el año 1995 el Centro Cultural Franco-Mozambicano (CCFM), en Maputo (Mozambique), se ha ido convirtiendo en un referente cultural en la capital y en el continente. Si bien no se reedificó sobre una antigua sala de cine, lo hizo sobre un antiguo hotel y con una construcción de concepción abierta, rodeada de jardines y con dos auditóriums y varias salas polivalentes, biblioteca, videoteca,  además de un restaurante-cafetería y un centro de artesanía, ha albergado en sus 20 años de edad, varios festivales de cine: africanos, europeos, español, francés, brasileño…; teatro, exposiciones, ciclos de conferencias, talleres, conciertos tanto de artistas internacionales, como de artistas locales, celebraciones de eventos nacionales, etc.

El CCFM  acerca la cultura a todo tipo de públicos con unas propuestas que combinan diferentes estilos y temáticas en sus programaciones, y mediante una política de precios realmente popular. Se ha convertido en un punto de encuentro obligado para participar en el círculo cultural de Mozambique.

 

Awotele: cuando la crítica de los cines africanos es educar

Número 2 de Awotele, la revista panafricana de crítica sobre los cines africanos.

A comienzos del 2007, la revista digital sobre cines africanos en francés Clap Noire lanzaba una pregunta para el debate: “¿Por qué no, cineastas y periodistas, piden la crítica de los cines africanos en nuestros medios de comunicación? (…) Y por qué no soñar con una revista especializada en cine africano? ¿Por qué no?”. Ha parecido que las industrias cinematográficas del norte han negado la capacidad de crear a África excluyendo, a menudo, estudios en profundidad sobre el estado de los cines en África en las revistas de cabecera.

Pero ahí se encontraban toda una profusión de películas, de festivales, de críticos comprometidos que se han encargado de aclarar el significado de los guiones –aunque no siempre con éxito–, de narrar las dificultades de sus producciones en una fuerte desventaja dentro del sistema Norte-Sur, de escribir comentarios y de analizar extractos de contenido actual para entender muchas de las tendencias políticas, económicas y sociales que tienen lugar en el continente. Y todo en una especie de suerte antológica y de necesidad de buscar la unidad y el reconocimiento.

Con el objetivo de cruzar miradas africanas para un mejor acercamiento a sus cines, nacía hace 9 meses Awotele, la primera revista especializada sobre cine del continente con la que Wiriko comienza una colaboración estable para difundir no sólo las cinematografías de África sino también darle voz a sus críticos.

Número 3 de la revista Awotele.

Número 3 de la revista Awotele.

En su primera editorial, allá por el mes de marzo, en pleno FESPACO, la coordinadora general de la publicación, Claire Diao, así como los también críticos y fundadores Michel Amarger y Samir Ardjum, lanzaban una revista dedicada a los cines de África y su crítica. Ellos mismo se presentaban diciendo que pretendían abrir los ojos del público, valorar el cine y lo audiovisual. “Hemos querido crear un nuevo espacio donde se puedan cruzar impresiones y enfrentarse a una dinámica de intercambios renovados. El objetivo también es aclarar la evolución de las imágenes africanas de hoy, favoreciendo las intervenciones de los críticos venidos del continente, ya sean independientes o que pertenezcan a una asociación”.

Y a fuego lento, durante otro de los grandes eventos del séptimo arte africano, el Festival de Durban en Sudáfrica, lanzaban su segundo número. Esta revista panafricana con los sonidos de muchas lenguas continuaba el trabajo que ya comenzara Michel Amarger entre 1991 y 1997, con la desaparecida Ecrans d’Afrique, y que, en formato digital, ha mantenido Thierno Ibrahima Dia con Africiné. Pero África se había convertido en la única región sin su propia revista especializada sobre el sector cinematográfico.

Para extender el debate Awotele lanzaba hace algunas semanas su tercer número en el marco del Festival de Cartago en Túnez que, como comentábamos en esta sección, presentaba un novedad cargada de buenas intenciones: hacer del festival una cita anual en vez de mantener su carácter bianual como el FESPACO. Nueve críticos de Argelia, Angola, Bélgica, Burkina Faso, Francia, Nigeria, Senegal y Suiza han prestado sus plumas con artículos en francés, Inglés y Portugués. Y esperemos que muy pronto también el español, y gracias a la colaboración con Wiriko, pueda ser uno de los idiomas de una revista que ha nacido para quedarse y alumbrar. Como dijo el poeta y político de Martinica y uno de los ideólogos del concepto de la negritud, Aimé Césaire: “El sol gira alrededor de nuestro planeta tierra arrojando una luz en el pedazo de tierra seleccionada por su única voluntad. Nuestro poder no tiene limites”.

Londres, capital europea de los cines africanos

Hoy arranca la quinta edición del Film Africa, uno de los festivales sobre cines africanos más importante de Europa en el que Wiriko estará como medio oficial para ayudar a difundir las artes y culturas africanas ofreciendo una cobertura especial.

Con más de 60 títulos procedentes de 27 países africanos, el Film Africa presenta este año una abundante cosecha de largometrajes, documentales y cortometrajes de África, su diáspora y estrenos mundiales. Así que desde hoy y hasta el domingo 8 de noviembre, Londres se convertirá en la capital europea de los cines africanos inundando de séptimo arte la ciudad durante 10 días con 10 sedes incluyendo el Hackney Picturehouse, el Ritzy Brixton, el BFI Southbank, el ICA, Cine Lumière, la Biblioteca Británica y la galería sur de Londres.

Se podrán ver desde clásicos africanos a narrativas experimentales audaces, o desde atrevidos guiones con comentarios sociopolíticos a reivindicaciones de los derechos del LGBTI, la guerra civil e historias humanas detrás de la “crisis” de la migración que está viviendo Europa. Pero como el catálogo es muy extenso os hemos preparado un recorrido para que no os perdáis en esta cita imprescindibles con los cines africanos.

El foco en los protagonistas: los directores

Esta tarde, la película encargada de abrir el festival será Run, el primer largometraje del director marfileño Philippe Lacôte. Aclamado por la crítica en Cannes después de participar en la sección Certain Regard y después de ganar el premio del Jurado en el último FESPACO celebrado en Burkina Faso en febrero, Run no dejará indiferente a los espectadores: una obra poética sobre los conflictos históricos de Costa de Marfil (muy pronto os traeremos la crítica de la película). Para la película de clausura, el festival ha programado un estreno en el Reino Unido The Man From Oran, del director Lyes Salem, que documenta la historia política de Argelia tras su independencia de Francia en 1962. Ambos directores hablarán con los espectadores tras la proyección de sus películas.

Una de las riquezas de este festival es la oportunidad de disfrutar de algunos de los directores protagonistas en mesas redondas organizadas no sólo para comprender mejor sus trabajos sino para ayudar también a la audiencia a comprender mejor los contextos políticos y sociales de los países que muestran en sus trabajos. En total, el Film Africa acogerá a 15 cineastas de Ruanda, Angola, Sudáfrica, Burkina Faso, Argelia, Nigeria y la Diáspora que participarán con su presencia en clases magistrales y paneles especializados.

Amor, independencias lusófonas y Etiopía

Extracto de la película Ayanda, de la directora Sara Brecher.

Extracto de la película Ayanda, de la directora Sara Brecher.

El año pasado se cumplían 60 años de la Revolución argelina, 100 desde la unificación de Nigeria, 20 desde el genocidio de Ruanda y 50 desde la independencia de Zambia. Entonces el festival programó una ciclo especial sobre la fuerte intersección de la política y el arte en el cine argelino. Este año, y con motivo de los 40 años de la independencia de las naciones de habla portuguesa de África, se presenta Lusophone Liberty: 40 Years On, una sección que incluye The Blue Eyes of Yonta y My Voice del veterano director de Guinea Bissau Flora Gomes, así como The Hero, de Zeze Gamboa, entre otros títulos.

Otra de las secciones interesantes es From Africa, With Love que se presenta en toda la red de festivales de cines africanos en el Reino Unido: el Film Africa, Africa in Motion (Escocia), Afrika Eye (Bristol), Watch Africa (Gales) y el Cambridge Africa Film Festival. En Wiriko hemos reivindicado varias veces la falta de películas sobre África realizadas por Hollywood que hablen de romances, desengaños o simplemente amor. Así que, en este sentido, las películas programadas prometen una inmersión en algunas historias repletas de pasión, dulzura y lujuria por todo el continente.

Para ilustrar el cambio fresco y poético de la escena cinematográfica en Etiopía, Film Africa 2015 trae tres nuevos largometrajes en New Narratives: Ethiopia in Transition. El debut de Yared Zeleke, Lamb, el primer largometraje etíope que ha competido en Cannes; el debut del etíope-israelí Bazi Gete con Red Leaves, y el estreno londinense de Price of Love, dirigido por Hermon Hailay.

Fotograma de la película etíope Lamb, del director Yared Zeleke. Ha sido la primera película de la historia del país en competir en el festival de Cannes.

Fotograma de la película etíope Lamb, del director Yared Zeleke. Ha sido la primera película de la historia del país en competir en el festival de Cannes.

Otros títulos a destacar en la programación de este año son Things of the Aimless Wanderer (Kivu Ruharahoza), Eye of the Storm (Sékou Traoré), Necktie Youth (Sibs Shongwe-La Mer) y los documentales Mandela, My Dad, And Me (Daniel Vernon) con el actor Idris Elba, Mercy Mercy (Katrine Riis Kjaer) y La Belle At The Movies (Cecilia Zoppelletto). Una de las películas que darán que hablar es Ayanda de la directora sudafricana Sara Blecher. La película narra cómo Ayanda un joven de 21 años de edad e inconformista, interpretada por Fulu Mugovhani, lucha por mantener el taller mecánico de su difunto padre, en un mundo dominado por hombres. Pero ella está eclipsada sólo por el dinámico barrio deYeoville en Johannesburgo, donde se desarrolla la historia. Esta no es la primera vez que una de las películas de Blecher ha asegurado un taquillazo y premios; ya lo hizo con Otelo Burning en el 2011.

Al ritmo africano

La música tomará un papel central de nuevo en Film Africa 2015 con la bellas y sutiles Beats of Antonov de Hajooj Kuka, al que entrevistamos en el marco del festival de Cine Africano de Córdoba, Tango Negro del angolano Dom Pedro y al que también pudimos entrevistar, y I Shot Bi Kidude (Andy Jones), un reflejo de los últimos días de la vida de la zanzibareña Bi Kidude.

África en corto

La programación de cortometrajes de este año destaca por sus 12 cortos de 10 países africanos, que compiten por el V Premio Baobab al Mejor Cortometraje —que cuenta con el apoyo de MOFILM y será fallado por un jurado de expertos de la industria—, además de una muestra de cortos de la Diáspora. Este año, los espectadores del festival expresarán su opinión a través del I Premio del Público otorgado por la Fundación de la Unión Africana al Mejor Largometraje.

Actividades paralelas al Film Africa

Otros eventos programados son The Industry Forum en el BFI, un evento gratuito pensado para formar e informar sobre la industria del cine africano; e lDía Familiar de Film Africa en el Rich Mix y las Proyección en escuelas, en asociación con Picturehouse Education; la VII Conferencia de la Universidad de Westminster, titulada Cine Africano y Cambio Social; y un taller de cuatro días titulado Recreative Film School para cineastas principiantes en la South London Gallery.

Imagen del documental Between rings, de la directora Esther Phiri .

Imagen del documental Between rings, de la directora Esther Phiri.

 

AWOTELE: La revista africana para los cines africanos

AWOTELE_page_1A pocas semanas de empezar el FESPACO 2015 (Festival Panafricano de Cine y de Televisión de Uagadugú, Burkina Faso), que se celebró entre los pasados días del 28 de febrero al 8 de marzo, el seminario que se había previsto para el encuentro de críticos cinematográficos fue cancelado de forma inesperada y varios periodistas africanos tuvieron que anular su presencia en el principal evento cinematográfico del continente. A diez días de iniciar el certamen y con la intención de superar los problemas que anularon esta cita a causa de desencuentros entre algunos miembros de la Federación Africana de Críticos Cinematográficos (FACC), un grupo apasionado de críticos africanos decidió responder con agilidad a esta situación. El FESPACO no podía quedarse sin crítica, porque ésta conforma una parte esencial, como los mismos festivales, en la promoción y valoración de los cines menos comerciales. De este modo, en tan sólo una semana y gracias a las redes digitales de hoy, nació AWOTELE, la revista de la crítica cinematográfica africana.

AWOTELE, que en lengua yoruba significa “revista”, surge así con la intención de recuperar un espacio periódico dedicado a la crítica de los cine de África hecha por autores del Sur. Promovida por Claire Diao, Michel Amarger y Samir Ardjum, el primer número de AWOTELE ha sido desvelado en el marco de la última edición del FESPACO y ya está disponible de forma digital gratuita. Sus creadores y colaboradores, con el apoyo gráfico de Maryline Tarmalingom, esperan poder publicar así tres números anuales, que coincidan con los tres festivales más reconocidos del continente y del mundo: el FESPACO (en febrero/marzo), que antecede al Festival de Cannes; el Festival Internacional de Cine de Durban (DIFF, Sudáfrica, en julio), que precede a la Muestra de Cine de Venecia; y las Jornadas Cinematográficas de Cartago (JCC, Túnez, en noviembre), que se anticipan al Festival de Berlín o Berlinale.

Si bien es cierto que la FACC cuenta con su propio sitio web en el que se publican con frecuencia las críticas de los miembros asociados (www.africine.org), con la desaparición de Ecrans d’Afrique (promovida por Michel Amarger entre 1991 y 1997) el sector cinematográfico del continente vecino se había convertido en el único cine regional sin su propia revista especializada. Como explica Claire Diao, coordinadora general de la edición, “todos los periodistas que escriben en AWOTELE tienen blogs o escriben para Africine.org. Pero una revista es un objeto importante y una piedra de angular para la visibilidad tanto de los críticos del Sur (por eso hay fotos de ellos al final de cada articulo), como de los cine africanos”.

De momento todos los artículos publicados en el primer número de esta revista son en lengua francesa, pero sus autores buscan ampliar su alcance continental en las futuras ediciones con traducciones y aportaciones en inglés, portugués o árabe. Con el fin de apoyar la difusión de la crítica africana entre los lectores hispanoparlantes también, el equipo del Festival de Cine Africano de Córdoba-FCAT ha presentado AWOTELE en el III Foro “Árbol de las Palabras”, facilitando también la traducción al español de algunos de sus primeros artículos, ahora disponibles en el blog oficial del FCAT: ÁfricaEScine. Aquí se recoge el editorial del primer número de AWOTELE, que reivindica, con claridad, la importancia de la crítica africana en un mundo cada vez más dominado por las imágenes.

Editorial de AWOTELE (nº1)*

Cuando las imágenes se multiplican, los críticos buscan su sitio y se cuestionan su propia función. Nos gustaría que fueran objetos de promoción pero, contrariamente, ellos se afirman como sujetos de reflexión. Tienen por objeto preguntarse por el trabajo de los directores, abrir los ojos del público, valorar el cine y lo audiovisual. Siguiendo esta idea, hemos querido crear un nuevo espacio donde se puedan cruzar impresiones y enfrentarse a una dinámica de intercambios renovados. El objetivo también es aclarar la evolución de las imágenes africanas de hoy, favoreciendo las intervenciones de los críticos venidos del continente, ya sean independientes o que pertenezcan a una asociación.

La revista Ecrans d’Afrique, creada en 1991, se encargó de ello hasta 1997. Era una época en la que los artículos se enviaban por correo, en disquete. La revista tenía una dimensión continental, bilingüe, acorde a las plumas que la formaban y a los temas que eran tratados. En 2015, la era de Internet, emails y revistas digitales, periodistas de cine se reúnen en torno a un objetivo común: valorizar las diferentes expresiones fílmicas de África y las críticas con ocasión del FESPACO, una de las más grandes citas cinematográficas del continente, en un nuevo soporte. De manera que aquí tenemos Awotele, la revista de los críticos de cine. Esperamos que la apreciéis y que nos ayudéis a traducirla y difundirla.

El Comité de redacción de Awotele: Claire Diao, Michel Amarger y Samir Ardjum

[*Traducción del editorial al español: Verónica Ruiz y Nonou Loum, FCAT]

Haz click a continuación para acceder a la revista completa en versión original en lengua francesa: AWOTELE nº1, La Revue de critiques ciné.

Tierra, agua y digital: la revolución del FESPACO

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¿Dónde has dicho que queda exactamente esa ciudad de nombre imprescindible para un trabalenguas castizo? ¿Comida de tierra, de oasis secos, de turbantes color añil? ¿Pero es que allí hacen cine? Todas tus preguntas se resumen en Uagadugú. ¿Uagaduqué? Que sí. Tú, sigue leyendo. Es la capital de Burkina Faso y por agregaduría del cine africano desde el año 1969. Allí se celebra cada dos años el Festival panafricano de cine y televisión, más conocido como FESPACO, que reúne a directores, actores, promotores, distribuidores y amantes del séptimo arte para presenciar la cita más importante de estas características que tiene lugar en África y para desestereotipar todo cuanto tiene que ver con las culturas africanas. Pasen y vean.

Aunque quizás el año 1969 quede subrayado por la llegada del hombre a la luna, por el festival hippie de Woodstock aderezado con sicodelia, mucho love y cannabis, o por la conexión Madrid-París en 13 horas con el TALGO, sea como sea, ya se saben las fechas para la 24 edición del FESPACO 2015: del 27 de febrero al 8 de marzo. Y las novedades que cambiarán por completo el panorama. ¿Nuevos tiempos para los cines africanos?

Al finalizar la 23ª edición en febrero de 2013 y con la todavía resaca de los premios de la academia norteamericana (Los Oscars), el propio delegado del FESPACO, Michel Ouedraogo, anunciaba que la competición por el premio Etalon de Yennengase abriría a películas digitales y que ya no estaría limitado a trabajos rodados en 35mm. “Debemos adaptarnos a las tecnologías de nuestro tiempo de las que se han apropiado un gran número de cineastas africanos”, explicaba.Pero además, para la próxima edición en 2015 se introducirá la opción de que películas de la diáspora africana puedan competir por el preciado premio.

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La apertura del prestigioso galardón africano a trabajos realizados con cámaras digitales se esperaba desde hacía varios años. Una realidad, más que una necesidad. Los costes de producción y posproducción se han abaratado con la posibilidad de establecer pequeños laboratorios “caseros” que otorgan unos resultados cinematográficos de primer orden. Además, la influencia de las antiguas metrópolis en el control del proceso de montaje era prácticamente absoluto, por lo que desde hace una década aproximadamente, la posibilidad de hacer cine se ha democratizado. Y ejemplos son la reconocida industria nigeriana (Nollywood), la ugandesa (Ugawood) o la que se está estableciendo en la costa este africana (Swahiliwood).

Pero las salas de cines en África están, cuando no vacías, en proceso de demolición o sucumbidas a los súper poderes del negocio infalible de palomitas-refresco-película de acción/comedia realizada en Hollywood. Porque sí. El proceso de globalización cultural es una realidad y el control de unos pocos sobre el tridente producción-distribución-exhibición ha traspasado unas fronteras porosas como son las de las audiencias y los gustos. La simultaneidad de las masas asusta. Aturde. Así que el FESPACO del próximo año hará gala del eslogan capitalista de renovarse o morir. O sucumbir que es parecido. Siempre quedará el cine de autor de los padres de las cinematografías africanas o de los directores que son agasajados en Cannes, la Berlinale o Sundance. ¿Pero qué ocurre con el público de casa?

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Uno de los incentivos para participar en la 24ª edición del FESPACO será el incremento de la cuantía por ganar el Etalon de Yennenga que ha pasado de 10 millones a 20 millones de CFA (unos 30.400€). “Un reconocimiento que no es generosidad.Se trata principalmente del apoyo otorgado por el Gobierno de Burkina Faso al trabajo de los diseñadores africanos participantes en FESPACO”, explica en la web oficial del festival Ouedraogo.

Más apoyo a los realizadores locales, más políticas de protección a las películas nacionales para poder ser proyectadas a sus audiencias locales, más inversión en escuelas de formación. Temáticas que continúan en el candelero de los profesionales africanos que se dedican a la industria cinematográfica. Un sector que mueve mucho dinero además de crear puestos de trabajo. Quizás, la decisión del digital en el FESPACO 2015 haga abrir los ojos a otros gobiernos del continente.

*Artículo publicado en colaboración con el blog VOCES

 

El reverso africano (II): Recolonizar las imágenes desde el Sur

El 1 de marzo de 1896, las fuerzas etíopes comandadas por el emperador Menelik II derrotaron al ejército italiano en la batalla de Adwa. Era la primera vez que un país africano vencía a una potencia europea.

El 1 de marzo de 1896, las fuerzas etíopes comandadas por el emperador Menelik II derrotaron al ejército italiano en la batalla de Adwa. Era la primera vez que un país africano vencía a una potencia europea. Fuente: A.Davey.

Continuamos con la serie que empezamos hace una semana sobre conflictos en el continente llevados a la gran pantalla, pero hoy toca mirar al Sur. Algunos de los trabajos cinematográficos africanos en esta línea procuran, precisamente, otorgar una respuesta prolongada que reaccione ante los colosales obstáculos interpuestos por la historia dominante escrita desde una parte del mundo –léase guiones–. Y son cada vez más los foros en el que la mirada made in África, la de los directores que pelean por sacar adelante sus producciones alternando la alquimia con la burocracia de las subvenciones, acerca a un primer plano el séptimo arte africano. No obstante, no dejan de ser fundamentalmente arenas especializadas como la del Festival de Cine Africano de Córdoba, que el próximo 11 de octubre y hasta el 19 cumplirá su décima edición, y cuya repercusión, en el mejor de los casos, se limitará a un breve espacio en los medios de comunicación nacionales e internacionales.

Cartel de la 10ª edición del Festival realizado por la hispano-sudanesa Dar Al Naim Mubarak.

Cartel de la 10ª edición del Festival realizado por la hispano-sudanesa Dar Al Naim Mubarak.

Franz Fanon reconocía la importancia crucial para los pueblos subordinados de afirmar sus tradiciones culturales y recuperar sus historias reprimidas. De aquí que el papel de las cinematografías en África sea crucial para desnudar la historia y reescribirla con voz propia, desde otra óptica, con otras lenguas y como herramienta contestataria a la cultura empaquetada desde las industrias del pensamiento dominante.

A pesar de ser el cine más joven de todo el mundo (a penas 50 años) mantuvo una coherencia narrativa determinante en los años posteriores a las independencias en el continente. Así lo manifestaron Yemane Demissie en Tumult (1996) al reflejar las luchas en Etiopía contra Haile Selassie; o Raoul Peck al filmar Lumumba (2000) y Jon Akomfrah al retratar la vida del también carismático líder Nkrumah en Testa­ment (1988). En los últimos tiempos varias obras han retratado los conflictos armados durante las décadas de los 90 y 2000 en el continente como Zulu Love Letter (2004), de Ramadan Suleman, que retrata la realidad sobre el apartheid; Sometimes in April (2005), de Raoul Peck, sobre el genocidio de Ruanda, una visión completamente diferente a la obra mencionada de Hotel Ruanda; o Ezra (2007), de Newton Aduaka, una obra que se adentra en los comités de reconciliación de los niños soldado en Sierra Leo­na y que ganaría en 2007 el Caballo de Oro en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (FESPACO).

En la búsqueda de nuevos espacios para el diálogo sobre conflictos, invasiones e intervenciones en África serían también interesantes títulos como los siguientes: Des fusils por Banta (1971) sobre la guerrilla en Guinea Bissau y Sambizanga (1972) sobre la libe­ración de Angola, ambas de la directora Sarah Maldoror; Struggle for a free Zimba­bwe, (1972) de Kwate Nee-Owoo; Sarrounia (1986), de Med Hondo, que narra la historia de la reina y jefa mi­litar de las Aznas de Níger en su lucha frente a la penetración francesa; Mortu nega (1988), de Flora Gomes, que muestra un retrato nostálgico de los combatientes en la independencia de Guinea Bissau; o Adwa: an african victory (1999), de Haile Gerima, sobre la victoria etíope frente a los italianos en 1896.

El secuestro ahogado de las imágenes y la negación irracional de su propia historia a la que el continente ha estado sometido a lo largo de varios siglos ha motivado que los conflictos armados que tienen lugar en él tiendan a reducirse con visiones estereotipadas sin cabida al análisis y la contextualización. Las grandes producciones de cine occidentales –aquellas realizadas bajo un decorado africano– continúan acomodadas en guiones dramáticos en el que el papel de los africanos se reduce a un segundo plano y en el que la rentabilidad es la prioridad. Se sigue obviando, por lo tanto, que las guerras africanas contemporáneas deben enmarcarse en una red de actores con intereses determinados en la lógica del conflicto; por lo que la necesidad de observarlos desde la gran pantalla africana pasa por el visionado y la escucha activa de las voces procedentes del propio continente. Premisas como éstas pueden contribuir a una aproximación más acertada de la siempre coral, heterogénea y dinámica realidad subsahariana.

El Chad vuelve a pisar la alfombra roja de Cannes

Grigris

Cartel de la película dirigida por Mahamat-Saleh HAROUN, nominada a la Palma de Oro en en el festival de Cannes 2013. Fuente: www.pilifims.fr

La línea geopolítica en la gran pantalla de Cannes parece mantenerse sólida en el duelo entre la factoría norteamericana y la francesa, aderezada con un poco de Europa y una pizca de cines periféricos. Así de rotundo, con excepciones afortunadas para los cines africanos, se ha mostrado el responsable del festival desde 1978, Gilles Jacob, que el pasado miércoles accionaba el susto generalizado al anunciar que la edición de 2015 será su bajada de telón; entonces, cumplirá 37 años al frente del bastión del cine galo. Mientras, para esta 66ª edición (15-26 de mayo) vuelve África al mapa estratégico de los candidatos a alzarse con la preciada Palma de Oro de la sección oficial. Sí. Vuelve el Chad. Sí. Vuelve Mahamat-Saleh-Haroun

“Si dejara de hacer cine, probablemente dejarías de ver al Chad”. Sin protección. A bocajarro y firme lo subrayaba Haroun en The Guardian el febrero pasado, uno de los pocos directores chadianos que realizan largometrajes junto a Issa Serge Coelo quién estrenara su ópera prima Daresalam, en el 2000. Tras el merecido éxito internacional de Un hombre que grita (2010) por el que recibiera el premio del jurado en el festival de Cannes, este año Haroun presenta la película Grigris (2013). Y reza así: Grigris, un joven de 25 años con una pierna inutilizada tiene como sueño ser bailarín. Un desafío. Pero sus anhelos se ven frenados cuando su suegro cae gravemente enfermo y decide cuidarlo teniendo que trabajar en la gasolinera de unos traficantes…

Tres componentes. Grigris muestra elementos que pisan un territorio prohibido en muchos países del África subsahariana: el tabú de la prostitución. Desde Mozambique llegaba ya el año pasado la última película reconocida internacionalmente que caminaba con sutileza por este yelmo, el trabajo de Licínio Azevedo Virgen Margarida (2012) o La ausencia del senegalés Mama Kéïta, premiada en el Fespaco 2009. Así, el chadiano Haroun asume su rol didáctico y comprometido, en palabras de Sembène, y confiesa que una de sus funciones principales con Grigris es la de “romper tabúes sociales con el fin de permitir a la gente discutirlos abiertamente, aceptar los hechos crudos de la vida y desafiarlos”.

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El segundo componente es la adopción de algunos códigos del género del thriller sumergiendo al espectador en un mundo codificado con la intención certera de evitar estereotipos sobre el Chad: pobreza, guerras, analfabetismo y conflictos. Por último, el tercer punto o, en este caso, contrapunto, es la introducción de la poesía corporal, de la danza, del movimiento constante que desempolva la oscuridad del futuro del protagonista, Souleymane Démé (Grigris), sobre un escenario.

Según el director, el descubrimiento de Démé se produjo durante el Fespaco de 2011 donde presenció en un espectáculo a un bailarín cuya pierna izquierda estaba paralizada. Era él. A Haroun le impactó. Y ya tenía la historia. La pareja principal en la película se completa con Anaïs Monory, en el papel de Mimi. Dos actores que debutan en la gran pantalla con la compañía de un conocido en las películas de Haroun, el consagrado Youssouf Djaoro, protagonista de Un hombre que grita, en el papel de Adam, y en Daratt (2006), en el papel de Nassara.

Tanto Grigris como Mimi son dos náufragos que llevan la carga de la diferencia en su carne, dos parias que se encuentran en un mismo lugar, dos personajes que expresan su pasión por la vida. Mimi es hija de una relación mixta y Grigris se ve mermado físicamente, por lo que esta relación de amor odio con sus cuerpos (en esencia, tullidos sociales) los conduce a un anhelo de liberación de sus cuerpos y lo encuentran en el reino sombrío de la vida nocturna. Es aquí, en la opacidad de la ciudad, donde se pueden cruzar ciertas cargas sociales y romper las fronteras impuestas.

Imagen del director Mahamat-Saleh HAROUN durante la grabación de Grigris. Fuente: www.pilifilms.fr

Imagen del director Mahamat-Saleh HAROUN durante la grabación de Grigris. Fuente: www.pilifilms.fr

Horoun ha seguido apostando por el éxito de forma y estética musical que le brindara para Un hombre que grita o Daratt la banda sonora del senegalés Wasis Diop, y para Grigris disecciona, de nuevo, conceptos llevados al pentagrama y cuestionados como los prejuicios, la corrupción y el amor. Wasis, que diera el salto a la gran pantalla de la mano de su hermano Djibril Diop Mambéty, con la película Hienas (1992), tiene una trayectoria tanto vital como profesional propia de las grandes figuras del país de la teranga, Senegal, palabra que en wolof significa hospitalidad: estancias en Estados Unidos, Europa (reside en París), Asia o su paso por Jamaica donde fue acogido por Cedella Booker (madre de Bob Marley) y Jimmy Cliff, han marcado el compás de Wasis Diop.

Cannes, por cierto. Mañana se inaugura el festival de Cannes y el 26 de mayo permaneceremos atentos al palmarés con un posible sabor africano. Sea como sea, el Chad tiene nombre propio. Desde que viera la película Alice in the cities (1974), del director Wim Wender, quién inspiraría el primer trabajo del realizador chadiano y, al mismo tiempo el primer largometraje del país, Bye bye Africa (1999), la cosmovisión de Mahamat-Saleh-Haroun comporta toda la importancia necesaria al ser una de las escasas ventanas culturales que llegan a Europa sobre este país de fronteras indefinidas entre el desierto, el Sahel y la sabana. Precisamente tras los premios alcanzados con Un hombre que grita, el presidente del Chad, Idriss Deby Itno, decidió invertir en educación a través del séptimo arte financiando 1,5 millones euros para la reapertura de la única sala en Yamena, la capital: el cine Normandía.

20 años de cines africanos en Nueva York

 AFF

 

Autora invitada: Beatriz Leal historiadora de arte, especializada en cine por la Universidad de Salamanca y La Scuola Normale di Pisa, con residencia en los EE.UU. Compagina su trabajo como conferenciante, curadora y profesora universitaria con sus colaboraciones periodísticas para numerosos medios africanistas (GuinGuinBaliÁfrica ScientiaBualaRebelión y Africaneando) y con su labor como programadora del African Film Festival de NYC.

 

Han pasado 20 años desde que Nueva York acogiese por vez primera un festival de cine dedicado en su totalidad a directores y obras de proveniencia africana. Corrían los años 90, y las complicaciones para contactar con directores y productores fuera de las fronteras del continente, la lentitud en los procesos de subtitulación y la insuficiente calidad de muchas de las copias, habían llevado a instituciones cinematográficas y artísticas punteras como MOMA o Film Forum a abandonar la idea de traer las mejores perlas audiovisuales africanas a la gran manzana. El hambre cultural del público local se colmaba entonces con programas de cine asiático, iraní o de Europa del este, lo que creaba un desequilibrio si cabe aún más lacerante por la cobertura que los medios de comunicación y las cadenas de televisión ofrecían sobre África. Guerras, enfermedades, hambrunas y golpes de estado constituían el día a día al sur del Sáhara para un norteamericano medio. A las imágenes que la CNN o la BBC escupían periódicamente se añadían las idealizadas panorámicas selváticas y salvajes, siempre fuera de la historia, de la National Geographic o las animaciones de la factoría Disney. Con El Rey León a punto de batir récords en las pantallas de todos los teatros y en los tablones de Broadway, el espacio reservado para un África real en los EE.UU. era exiguo. A los hombres y mujeres neoyorquinos tan sólo les quedaba recurrir a los músicos de ascendencia africana para asomarse al continente más olvidado. Gracias a la música, se había mantenido viva la llama de la curiosidad sobre África durante más de un siglo, pero no era suficiente…

El cine africano clamaba por hacerse con un espacio en la abigarrada vida cultural y artística de Nueva York, una metrópolis que, para empeorar todavía más la situación, ha venido acogiendo a una numerosa comunidad de procedencia africana desde los albores del siglo XX; una comunidad que se debía contentar por aquel entonces con comedias o series de televisión afroamericanas para encontrar algo que, lejanamente, tuviese cierto sabor afr(oamer)icano…

[message_box type=”note” icon=”yes” close=”Close”]Con El Rey León a punto de batir récords en las pantallas de todos los teatros y en los tablones de Broadway, el espacio reservado para un África real en los EE.UU. era exiguo. A los hombres y mujeres neoyorquinos tan sólo les quedaba recurrir a los músicos de ascendencia africana para asomarse al continente más olvidado[/message_box]

Mahen Bonetti, fundadora del Festival de cine africano de Nueva York y su directora durante sus dos décadas de existencia.

Mahen Bonetti, fundadora del Festival de cine africano de Nueva York y su directora durante sus dos décadas de existencia.

Las guerras de independencia y los golpes de estados subsiguientes inundaron el continente africano desde finales de los años 50. En Sierra Leona, el golpe de estado de 1967 forzó al exilio político a muchas familias, entre ellas la de Mahen Bonetti, fundadora del Festival de cine africano de Nueva York y su directora durante sus dos décadas de existencia. Con apenas treinta años, la magia del cine, los recuerdos de infancia en su país natal y las ansias de encontrar imágenes que contrarrestasen esa representación maniquea y tremendista de África con la que la bombardeaban desde los medios de comunicación, llevarían a Mahen Bonetti a lanzarse a la búsqueda de un espacio alternativo desde el que reunir a creadores y obras en una celebración de la diversidad humana, cultural y artística del continente en su país de acogida: los EE.UU. Su periplo comenzó en la década de los ochenta en Manhattan, a donde se había trasladado y que se acabaría convirtiendo en su hogar y residencia permanente. Aunque Nueva York brillaba como excepción en el panorama global, rugiendo hambrienta de cosmopolismo ante nuevas propuestas artísticas llegadas de los más lejanos puntos del planeta, era aquella una época en la que la movilidad de ideas y personas era escasa para los estándares actuales. Tras su breve paso por Newsweek, trabajo que compaginaba con la organización de las “African 1987”, unas veladas artísticas en las que se reunían personas de lo más variopinto con la música y el arte africanos como elementos aglutinadores, Mahen Bonetti seguía sintiéndose insatisfecha en su obsesión por mostrar la “verdadera África” a sus conciudadanos y amigos. Era consciente de que el formato de esos encuentros no le permitían transmitir toda la complejidad de la realidad africana, lo que la incitaba a seguir buscando una manera más adecuada de lograr su objetivo. La visita al festival de cine de Locarno el verano de 1989 le daría la respuesta que llevaba buscando durante años. En el cantón italo-suizo se toparía con “Thirty Years of African Cinema”, una retrospectiva que la conmocionaría de tal modo como para impulsarla a embarcarse en la creación de un festival de cine africano para la ciudad de Nueva York (AFF), una decisión que cambiaría radicalmente su vida y abriría puertas a los cines africanos en América.

En 2013, lejos parecen quedar los esfuerzos iniciales para encontrar apoyos institucionales públicos y privados, el peregrinaje a África y los primeros contactos con unos directores que manifestaban abiertamente sus sospechas al ver cómo una mujer sin formación académica ni experiencia profesional cinematográficas se les acercaba con la increíble proposición de proyectar sus películas en la soñada Nueva York. Su entusiasmo y perseverancia, unidos a la gran familia de trabajadores, colaboradores y voluntarios con los que se ha sabido rodear, y que han sido parte sustancial de AFF durante todo su periplo vital, han convertido a este festival de cine africano en uno de los más respetados y longevos hasta la fecha a nivel internacional.

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En 1993 y con el apoyo de Richard Peña desde el Film Society del Lincoln Center, la primera edición de AFF vio la luz bajo el título: “Modern Days, Ancient Nights: Thirty Years of African Filmmaking”. Desde entonces, el festival desborda temporal y espacialmente su sede central en el Lincoln Center, la cual se ha convertido en la punta de un iceberg que regresa cada año, puntual, en primavera. Durante el resto del año académico su base se ensancha con los programas educativos de las escuelas públicas del distrito de Nueva York y, en el resto de las estaciones, extiende sus tentáculos por todo el país con el ciclo móvil “Traveling Series” y, más allá de las fronteras de los EE.UU., a través de las innumerables colaboraciones de AFF con África, el Caribe y Latinoamérica.

Como viene siendo costumbre en sus últimas ediciones, el festival se desarrollará durante los meses de abril y mayo en tres sedes consecutivas: el Lincoln Center de Manhattan, el Maysles Institute, situado en el mítico bulevar Malcom X de Harlem, y la Academia de música de Brooklyn (BAM). Con una cantidad admirable de estrenos nacionales, cubriendo todos los géneros y formatos y prestando atención tanto a grandes autores como a nuevas estrellas, el Lincoln Center ofrecerá en la semana del 3 al 9 de abril un mapa audiovisual del continente africano y de su población en la diáspora. El relevo lo toma el Maysles Institute del 2 al 5 de mayo, continuando en su labor de dar a conocer al grupo de entendidos que conforman su público lo más granado del formato documental africano. Más difíciles de clasificar resultan las películas que se podrán ver en el BAM, con una variada selección de largos de ficción, documentales y obras de animación que serán del gusto de todo tipo de públicos. Este año, además, se incluyen proyecciones y conferencias en Queens y el Bronx, como símbolo del trabajo que se viene realizando con las comunidades de ascendencia africana en cada uno de los míticos cinco boroughs de Nueva York: Manhattan, Queens, Bronx, Brooklyn y Staten Island (el último emplazamiento estival de la programación de AFF).

Para celebrar por todo lo alto su 20 cumpleaños y otorgándoles de nuevo el lugar central que han venido ocupando, algunos de los más granados directores africanos se darán cita durante el festival. El senegalés Moussa Touré, quien ha estado en la mirilla de la prensa internacional recientemente por la selección en Cannes de su último filme (La pirogue) que ganó el 2º premio en FESPACO, regresa a AFF con TGV (1998), uno de los grandes hitos del cine reciente africano. TGV dialogará con dos de las obras más poéticas e íntimas del archipremiado cineasta maliense-mauritano Abderrahmane Sissako: el mediometraje La vida en la tierra (1998) y el cortometraje Octubre (1993), donde experimenta con la forma cinematográfica y diluye las fronteras entre la ficción y el documental. La camerunesa Osvalde Lewat, una de las voces más destacadas del documental africano, presenta su última obra codirigida con Hugo Berkeley (Land Rush) en la que investigan las paradojas y los efectos que la inversión extranjera empeñada en crear una agricultura extensiva ha producido en los territorios de Mali. De Marruecos llega Faouzi Bensaïdi con Mort à vendre; un noir presentado en Toronto y seleccionado por su país para ir a los Oscars y que es, sin lugar a dudas, uno de los platos fuertes del programa. Desde el terremoto que produjo entre crítica y público su segunda película WWW: What a Wonderful World (2006), Faouzi Bensaïdi, ya en el radar del mundillo cinematográfico y teatral como actor y guionista (Lejos, de André Téchiné, 2001), se ha convertido en uno de los directores más interesantes de su generación.

 

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Tratándose de homenajear al cine africano no podía faltar el senegalés Sembène Ousmane, reconocido por tantos como el “padre del cine africano”, que verá proyectadas dos de sus películas el día de la inauguración, acompañadas por su biógrafo el profesor Samba Gadjigo. Las dos obras elegidas para recordar al escritor, director, actor, productor y activista fallecido en 2007 son Borom Sarret (1963), y Gueelwar (1992). Por todos conocido, Borom Sarret es un clásico ineludible de la historia de los cines africanos, considerada la primera película realizada en el continente por un oriundo, con temática y personajes asimismo africanos. Gueelwar, un incisivo y cómico retrato de los vicios y virtudes de la sociedad senegalesa de su tiempo, rinde tributo a la continuidad del festival, al haberse incluido en la primera edición del mismo en 1993 y regresar veinte años después. En un año en el que el festival ha elegido como título “Looking Back, Looking Forward: 20 Years of the New York African Film Festival”, y que coincide con los 50 años del nacimiento del cine africano, recuperar a Sembène parece una decisión más que acertada, obligada. No faltan tampoco películas de cineastas noveles. El traer una amplia selección de novedades al otro lado del océano Atlántico ha sido la tendencia de AFF en las últimas ediciones, la cual tiene continuidad este año de recuerdos, honras y festejos. Desde las capitales de Costa de Marfil y Kenia nos llegan respectivamente Burn It Up Djassa, de Lonesome Solo y Nairobi Half Life, de David Tosh Gitonga, dos ejemplos del espacio frenético que las nuevas manifestaciones urbanas musicales y artísticas ligadas a las nuevas tecnologías están tomando en el continente. Las conversaciones que establecen con obras y directores de su misma generación en otras latitudes es visible igualmente en el debut cinematográfico de Chinonye Chukwu Alaskaland, un relato autobiográfico ficcionalizado sobre las dificultades que entraña hacer las paces con tu herencia cultural si eres un nigeriano creciendo en Alaska. Este año le toca el turno a Patricia Benoit para hacernos meditar sobre la diáspora caribeña en Stones in the Sun. La sinceridad a la hora de enfrentarse a un tema tan crudo como el de los conflictos que surgen entre emigrados económicos y exiliados políticos de Haití en los EE.UU. produce un antes y un después en las narrativas audiovisuales que existían hasta ahora en la materia.

Fotograma de 'Stones in the Sun' sobre los conflictos que surgen entre emigrados económicos y exiliados políticos de Haití en los EE.UU.

Fotograma de ‘Stones in the Sun’ sobre los conflictos que surgen entre emigrados económicos y exiliados políticos de Haití en los EE.UU.

Entre las películas más comerciales resalta la épica Toussaint Louverture de Philippe Niang, con dos grandes estrellas de lo más fotogénico entre su elenco: Aïssa Maïga y Jimmy Jean-Louis, quien estará presente en la inauguración del festival para el deleite de curiosos y seguidores. Los países lusófonos tampoco podían faltar, y en el afán de otorgar destacada presencia a temas e historias de mujeres se ha elegido como representante a Virgem Margarida del veterano director Licinio Azevedo. Situado en los campos de reeducación para prostitutas que el Mozambique revolucionario del FRELIMO instituyó al fin de la guerra de independencia contra Portugal, Virgem Margarida es un relato épico atemporal de solidaridad y lucha femeninas que trasciende fronteras.

Una exposición de fotografías tomadas con smartphones en el África contemporánea con el título “Everyday Africa”, las mesas redondas con directores y actores que acompañan cada proyección, una lista de cortometrajes rica y selecta, así como la gran gala que tendrá lugar el viernes 5 de abril, dan el flamante pistoletazo de salida a un programa que continuará en las aulas de la Universidad de Columbia el 18 de abril con la conferencia “African Filmmaking in the Digital Era: Bringing New Audiences to African Cinema”, para proseguir su rumbo poco después en los teatros de Harlem y Brooklyn. Están a punto de empezar dos meses de celebración de 50 años de cines africanos y de 20 años del festival de cine africano pero, sobre todo, de forzarnos a reflexionar sobre el papel que los cines africanos han tenido hasta la fecha y sobre el apasionante futuro que se les abre a estas cinematografías.