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Estereotipos y colonización, nuevo punto de mira de Fabrice Monteiro

Hay pistas. Secretos que se desvelan a golpe de comunicado de prensa. Destellos de lo que vendrá. Y la moda del teaser. 1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo celebrada a principios de mes en Londres, dejó varios de esos adelantos. La quinta edición de la muestra expuso a más de 130 artistas del continente y la diáspora, acogió a 42 galerías de todo el mundo y citó a Wiriko con el fotógrafo belga-beninés Fabrice Monteiro.

En la sala acondicionada para la galería Mariane Ibrahim de Seattle, Monteiro explica para esta revista su contribución de este año. “Se llama Pitit Noir y es la representación de la colonización europea. Se sitúa en el Congo belga de Leopoldo II, que tomó el país como su propiedad. Los niños estaban forzados a recolectar caucho y a todos aquellos que se negaban se les cortaba la mano derecha. Los europeos fueron a África para obtener beneficio de la mano de obra y los recursos de los países africanos”, explica el artista. En el retrato, el joven porta un crucifijo, blanco, que enfatiza el papel de la religión como “herramienta para mantener África bajo sumisión”.

‘Pitit-Noir’ de Fabrice Monteiro. Cortesía de la galería Mariane Ibrahim Gallery

‘Pitit Noir’ es el avance que Monteiro expuso en 1:54 de su reciente proyecto. Una imagen que formará parte de una nueva serie fotográfica que espera tener finalizada en noviembre y cuyo título será ‘The Eight-Mile Wall’. La inspiración viene de la barrera racial construida en Detroit en 1941. El muro homónimo tenía como intención mantener la comunidad blanca separada de la negra en la ciudad norteamericana, sin embargo la colección nos lleva a África. “Existen estereotipos y clichés sobre racismo en los Estados Unidos, pero esas imágenes están arraigadas en otras muchas sociedades”, comenta el fotógrafo.

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En esta ocasión Monteiro revisita la historia. Vuelve a los tiempos y consecuencias de la colonización, pero manteniendo el enlace con los asuntos globales contemporáneos. El trabajo del fotógrafo es una llamada de atención social desde un prisma africano, en la línea de su colección anterior, ‘The Prophecy’, un reclamo visual contra el cambio climático. Afincado en Dakar, Monteiro hizo que sus fotografías se convirtieran en un conglomerado de diseño y moda que retrataban a los dioses de la basura. “The Prophecy es un cuento: la madre tierra está siendo asesinada. Se enferma cada vez más y es hora de hacer algo”, rememora de un trabajo que contó con nueve fotografías. La serie se realizó en Senegal, pero posteriormente Monteiro añadió una en la Gran Barrera de Coral, en Australia; y otra en el solar de residuos electrónicos de Agbogbloshie, en Accra.

Monteiro Indaga en la cultura y las creencias africanas, y las inserta en el contexto actual. Una simbiosis que tiene como ejemplo las figuras de ‘The Prophecy’, que proyectan la naturaleza animista del continente africano, a la par que muestran un ensayo fotográfico de actualidad. Una mezcla de tradición y modernidad que se observa en la trayectoria del artista que utiliza la fotografía como medio educativo. Sin embargo, “no se trata de estigmatizar a África. El problema medioambiental es un asunto mundial y humanitario por mucho que el señor Trump se empeñe en negarlo”. Monteiro intenta concienciar a golpe de fotografía. “Soy un ciudadano de este planeta y tengo la capacidad de crear imágenes y después dejar que los otros las juzguen”, concluye.

Touria El Glaoui: “Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales”

1:54 Contemporary African Art Fair, la principal feria de arte contemporáneo africano y de su diáspora, vuelve a Nueva York. En esta tercera edición de Estados Unidos, el evento, que recibe este nombre por los 54 países que constituyen el continente africano, va a volver a celebrarse en el Pioneer Works de Brooklyn. Del 5 al 7 de mayo, la ciudad americana va a acoger a más de 60 artistas representados por 20 galerías de Francia, Reino Unido, Sudáfrica, Kenia, Costa de Marfil, Ghana, Angola, Italia, Marruecos y Estados Unidos; y espera recibir a unos 8000 visitantes, 1500 más que en la edición anterior.

Touria El Glaoui.

1:54 es una celebración de las diversas perspectivas africanas. La feria ocupa una posición única, es un puente entre tres continentes (Europa, África y América del Norte). Trabajar estrechamente con las organizaciones de Nueva York significa que estamos constantemente explorando nuevas colaboraciones y asociaciones para que el público local e internacional disfrute. La movilidad de la feria permite al público, coleccionistas y entusiastas del arte interactuar con la plataforma”, comenta para Wiriko Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

1:54 New York 2016 © Katrina Sorrentino

Además de las exposiciones organizadas por cada galería en su espacio, la feria va a contar con un importante programa de eventos especiales y exposiciones con los más destacados artistas contemporáneos. Para esta edición, se presenta el programa más extenso desde que se instaló la feria en la ciudad.

En colaboración con la galería MAGNIN-A de París, y el centro Red Hook Labs de Nueva York, se ha organizado la exposición The eye of modern Mali (El ojo del Mali moderno), del fotógrafo Malick Sidibé. Tras abrir una galería en el centro de la capital maliense en los años 50, Sidibé se dio a conocer con sus fotos en blanco y negro que retrataban la vida y la cultura de una ciudad en efervescencia por el despertar de las independencias. La modernidad africana captada en sus imágenes pronto adquirió el reconocimiento internacional.

Malick Sidibé, Les Retrouvailles au bord du fleuve Niger, 1974, © Malick Sidibé, Courtesy Galerie MAGNIN-A, Paris

Malick Sidibé Danseur Méringué, 1964 © Malick- Sidibé Courtesy Galerie MAGNIN A Paris

Junto también con Nataal, una marca global de medios de comunicación, se va a inaugurar la exposición Nataal: New African Photography II, que en su segunda edición va a exponer tanto a artistas consagrados como a otros de emergentes que buscan, a través de sus imágenes, enmarcar una África contemporánea y transmitir su identidad.

En exclusiva para esta edición, el artista y diseñador senegalés con reconocimiento internacional, Ousmane Mbaye, y su marca GRAPHYK presentan su nueva colección simple y sincera, protagonizada por el color y por materiales secundarios como el hierro, al que trata como un material con vida propia.

Ousmane Mbaye, GRAPHIK chairs

Otra de las actividades que se van a llevar a cabo durante la feria es la presentación de un nuevo número de la revista Aperture, Platform Africa, que verá la luz este verano y que estará dedicada a bienales, espacios para el arte, talleres educativos, entre otras cosas que están cambiando la fotografía en África. Además, la revista va a presentar una exposición de impresiones limitadas de las más sorprendentes voces de la fotografía contemporánea africana.

Mientras viste con sus diseños a artistas, músicos y amigos, para luego retratarlos, Hassan Hajjaj, este artista convertido a la fotografía en los años 80, presenta su exposición Kesh Angels and my Rockstars series, que se va a exponer en la segunda planta del Pioneer Works. Influenciado por la cultura hip-hop y reggae de Londres y por su herencia norteafricana, Hajjaj utiliza objetos reciclados como cajas de Coca-Cola, taburetes y latas de aluminio para combinar la fotografía de moda contemporánea, el pop art y las influencias de los pioneros del retrato africano, y así poder discutir sobre la importancia de la tradición y los efectos de las marcas y el capitalismo global.

Hassan Hajjaj, M., 2010, Courtesy Taymour Grahne Gallery

Reflexionando sobre las consecuencias de la nacionalidad, la autenticidad y las fronteras para la población migrante africana, el artista keniano Tahir Karmali, también presenta su exposición PAPER/Works. A través de la fotografía y el papel, el artista busca narrar la identidad de los colectivos migrantes, tan excluidos de la sociedad y, al mismo tiempo tan atrapados por las infraestructuras económicas, políticas y sociales.

Tahir Karmali, PAPER/work, 2017, Aluminum wire screen mesh and handmade paper sculpture, Dimensions variable, Courtesy the artist

Además de todas estas actividades y de los más de 60 artistas que participaran, durante los días que transcurra la más importante feria de arte contemporáneo africano, el espacio educativo, 1:54 Forum, comisariado desde sus orígenes por la camerunesa Koyo Kouoh, va a contar con una larga lista de intelectuales y artistas para dialogar acerca de cómo estos nos permiten visualizar y movilizar nuevas comunidades y conexiones artísticas.

La expresión artística no conoce fronteras y creo que nosotros, como patrocinadores, somos responsables de compartir el arte y la diferencia de forma total. Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales, desde las ferias de arte hasta las retrospectivas importantes, aunque sabemos que esto no es una verdadera reflexión, sino más bien una cuestión de representación. La situación está cambiando y hemos visto progresos sustanciales, pero mientras los artistas sigan encontrando desigualdades en torno a la visibilidad y tengan que enfrentarse a la falta de oportunidades, 1:54 tiene el papel de cambiarlo. Esperamos cambiar lenta, pero seguramente, el paisaje del arte contemporáneo”, explica El Glaoui.

SITOR Nu Barreto “Desunited States Of Africa”, 2010

Marrakech, sede africana de la 1:54 en 2018

Esta feria nació en Londres de la mano de Touria El Glaoui, hija de Hassan El Glaoui, uno de los artistas contemporáneos más importantes de Marruecos. Paralelamente a su carrera profesional en comercio internacional, Touria organizó distintas exposiciones para el trabajo de su padre, hasta que en 2013 fundo la 1:54, la primera feria de este estilo que tiene lugar en Europa. Estrenó su primera edición en la Somerset House de Londres, que este octubre acogerá la quinta edición. Y es que ha sido tal el éxito de estas ediciones, que, a principios de 2018, la feria también va a celebrarse en Marrakech.

Esta tercera edición de 1:54 ha estado en obras desde nuestra primera edición en Londres, y esperamos seguir expandiendo nuestra red de galerías, artistas, coleccionistas y socios con esta nueva feria. Ha sido un objetivo importante de 1:54 celebrar una edición en el continente africano, y no podríamos pensar en un lugar mejor que Marruecos para acoger esta edición inaugural fuera de Londres y Nueva York. Marruecos tiene una de las escenas de arte más dinámicas del continente“, afirma Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

Galerie 1957, Serge Attukwei Clottey, “My Hood”, 2016

Aida Muluneh: la fotografía como herramienta para el desarrollo

*Por Ana Henríquez

El pasado 30 de marzo la artista Aida Muluneh acudió al CAAM (Centro Atlántico de Arte Moderno) de Las Palmas de Gran Canaria a impartir una conferencia titulada “La comunicación visual para el cambio: el papel de la fotografía en Etiopía y más allá”. Muluneh es una de las artistas visuales más prestigiosas del continente africano. Aunque la mayor parte de su vida ha transcurrido en Occidente (Reino Unido, Chipre, Canadá y Estados Unidos), desde que volvió hace diez años, trabaja por y para su Etiopía natal.

Referentes

En la historia de la fotografía en su país, Muluneh destaca el legado de artistas franceses y armenios que retrataron a la corte del emperador Haile Selassie y subraya la técnica de principios del siglo XX consistente en pintar a mano las instantáneas reveladas. Como uno de sus mentores, sobre todo por su inspirador empleo del blanco y negro, Aida Muluneh rescata la figura del afroamericano Chester Higgins Jr.
Si bien lamenta que “en los años ochenta la única imagen que el mundo tenía de Etiopía era la de las hambrunas”, la que fuera fotoperiodista en el Washington Post reconoce la valía del trabajo del keniano Mohamed Amin que, con sus fotos de la ola de hambre de 1984, atrajo la atención internacional para ayudar a la población en crisis.

Cuando fue invitada a participar en 2007 en el encuentro fotográfico más importante de África, la Bienal de Bamako (momento que describe como “la epifanía de mi carrera”), recuerda con especial ilusión haber conocido al maliense Malick Sidibé, a quien admira por su elegante obra y por la pasión que reflejaba en sus imágenes, cualidad indispensable para ser fotógrafo, según Muluneh. “Fue testigo de su tiempo documentando la sociedad en la que vivió y lo hizo desde su estudio, mediante sus retratos, sin esperar reconocimiento”. La Bienal de 2007 le sirvió también para conocer a muchos fotógrafos africanos y para darse cuenta de que no estaba sola, de que había más personas que, como ella, querían ofrecer otra visión del continente.

Cultura y mujer en el desarrollo

Los tres meses que pensaba quedarse en Etiopía se han convertido, por ahora, en una década. Decidió instalarse en el país de donde se había marchado con solo 5 años de edad por una imperiosa necesidad de hacer cambios y sentir que aportaba algo a su sociedad de origen. ¡Y vaya si está aportando! Tiene tres frentes abiertos: Desta for Africa (DFA), el Addis Foto Fest (AFF) y su propia carrera como fotógrafa artística.
De esta última, procede su aportación a la exposición del CAAM “El iris de Lucy. Artistas africanas contemporáneas”: la serie fotográfica de 2015 “Dinkenesh”, nombre que los habitantes de la región de Afar dieron a Lucy, el primer antecesor del ser humano cuyos restos fueron encontrados en Etiopía en 1974. En las tres obras de la serie, se aprecian dos de las constantes de Muluneh: la elección de modelos femeninas y etíopes y el uso de la pintura corporal hecha por las poblaciones del sur del país. Con este trabajo, la artista quiere que “las mujeres tomemos conciencia de nuestro poder y de que, pese a las dificultades, podemos contribuir al desarrollo”.

Fotografía de www.caam.net

Para Aida, este desarrollo debe incluir dos ingredientes: arte y cultura. “Los artistas nos olvidamos de que podemos contribuir a cambiar la sociedad y de que podemos ser parte de ese cambio”. Llevada por esta motivación, creó y dirige tanto la organización Desta for Africa como el festival Addis Foto Fest.
Desta es el acrónimo de Developing and Educating Society Through Art y también significa ‘felicidad’. Con este nombre bautizó Muluneh a su organización por el desarrollo cultural, mediante la cual imparte talleres, monta exhibiciones y genera intercambios creativos con el objetivo de potenciar la fotografía en la esfera artística de Etiopía. “El mercado mundial de la fotografía mueve diez mil millones de dólares y lo que aporta África apenas representa el 1%”, subrayaba Aida Muluneh en su conferencia. El Addis Foto Fest (AFF) es un festival fotográfico internacional que se celebra cada dos años, desde 2010, en la capital etíope.

Si bien a Aida le gusta que la fotografía “invada” toda la ciudad, para lo que suele disponer exposiciones en distintos puntos de la misma, muy a su pesar la última edición (diciembre de 2016) tuvo que celebrarse en un solo lugar, el hotel Sheraton Addis, por el estado de emergencia que se había decretado en todo el país. Pese a esta limitación, el festival logró reunir a 134 artistas de más de 40 países de todos los continentes. Y cada vez son más los fotógrafos etíopes que participan: en el AFF 2010 fueron 5 y, en este último, ya sumaron 30 los artistas que, como su compatriota Aida Muluneh, quieren demostrar a sus colegas y al mundo entero su talento y las múltiples Áfricas que existen.

Fotos de www.aidamuluneh.com

Siaka Soppo Traoré, de Dakar a Barcelona

Cualquier lugar del mundo suele asociarse a una imagen; y gran parte de la población comparte esos mismos imaginarios colectivos que se acercan mucho a la realidad pero que, a menudo, también pueden distorsionarla. Y es que cuando se habla de África, las únicas imágenes que nos vienen a la mente están repletas de miseria, subdesarrollo, guerras y hambre. Lo que no cabe en nuestra imaginación es que algunas de las urbes africanas son las que más han crecido en los últimos años, no solo a niveles demográficos, sino también económicos. El continente se encuentra en ebullición constante y las calles de las ciudades demuestran, día tras día, su frenético movimiento. Un movimiento que no ha escapado de los ojos del fotógrafo y bailarín Siaka Soppo Traoré y que ha captado a la perfección en las fotografías de la exposición Actual Africa que ha acogido la galería Out of Africa, de Sitges.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Originario de Burkina Faso, el artista descubrió la fotografía cuando era niño, de la mano de su padre y los retratos que sacaba de toda la familia, pero no decidió dedicarse a ella hasta que terminó sus estudios y lo animaron a aprender de forma autodidacta. Creció en Togo, pero se marchó a estudiar a Senegal, dónde también descubrió la danza hip-hop y la capoeira. “Gran parte de mi infancia estuvo marcada por la danza, me llamaban Micheal Jackson porque siempre imitaba el moon walk. Más tarde tuve la suerte de descubrir la danza urbana, el hip-hop, que me impresionó, y la capoeira. Bailo por diversión, me hace sentir bien, no soy profesional, pero sí he formado parte de un grupo profesional en Dakar que se llama Indahouse Dakar”, explica Siaka para Wiriko.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

En su trabajo, Traoré ha unido la danza y la fotografía para captar la ebullición permanente de una calle en la que vivimos y que es el centro de nuestro día a día, pero a la que no prestamos atención e incluso despreciamos. El artista se ha dedicado a fotografiar a los bailarines urbanos senegaleses en acción, y ha desafiado las leyes de la fotografía estática para presentarles como auténticos héroes contemporáneos. A menudo, estos bailarines no están bien vistos ni gozan de ningún tipo de reconocimiento en la sociedad; pero a través del objetivo de Traoré, que pretende hacer evolucionar esta idea, vemos reflejados los valores positivos de la calle, el esfuerzo y la pasión que requiere esta disciplina artística. “La calle representa la inter conexión de un sinfín de posibilidades en la vida. Los bailarines representan la fuerza y la mente en movimiento”, cuenta. Una mente en movimiento constante que está presente en todo el continente.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Su punto de vista pretende dar un paso más y no quedarse en el plano puramente estético. “Más allá de su efecto visual, me intereso por el impacto social de esta forma de expresión artística”, afirma. “Expreso mi estado actual, mi visión a través del cuerpo y del movimiento”. Según Siaka Traoré, los bailarines urbanos de Dakar “nos pueden enseñar que todos pertenecemos a un plano material, que la belleza se puede encontrar en cualquier parte y que el cuerpo es increíble”.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Traoré expuso por primera vez estas fotos en 2014, durante el OFF de Dak’Art, la bienal de Arte Contemporáneo Africano, en la exposición SUNU StreetNuestra calle– que acogió la galería Atiss. En 2016, Siaka recibió el Premio Orange del Mejor Fotógrafo Digital y actualmente también se dedica a la moda, por lo que se ha convertido en uno de los fotógrafos más solicitados. Para la exposición en Sitges, que compartió con el artista francés, Sébastien Bouchard, los propietarios de la galería Out of Africa, Sorella Acosta y Jacques Collaer, se encontraron con el artista en su estudio de Dakar para proponerle una exposición que mostrara la capital senegalesa en la actualidad.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Pero el artista decidió ir más allá y, después de la inauguración de la exposición, también nos propuso algunas fotografías tomadas en la ciudad de Barcelona. “He desarrollado el trabajo fuera de África con un bailarín que se llama Jordi. Nos conocimos en la inauguración de la galería en Sitges, su estilo de baile me gustó y decidimos trabajar juntos. Eligió un lugar que le gustaba de Barcelona y yo me adapté a su movimiento”, cuenta. Con todo, Traoré se lleva de Barcelona la arquitectura de la ciudad y sus colores.

Sammy Baloji: confrontación entre el pasado y el presente en el Congo

Lubumbashi, la segunda mayor ciudad de la República Democrática del Congo, es la capital de la región de Katanga, una zona rica en algunos de los minerales más cotizados del mundo, tales como el cobre, los diamantes o el coltán. Lubumbashi es, también, la ciudad en la que se encuentra la sede de Gécamines, una de las compañías mineras más importantes de África y la más grande de la RDC. Fundada en 1906 por colonizadores belgas y nacionalizada en 1966 por el gobierno congoleño de Mobutu Sese Seko, a finales de los años 80 llegó a suponer el 85% de las exportaciones de todo el país, antes de rozar la bancarrota en los 90 debido a, entre otras razones, la falta de inversión en las infraestructuras.

Mémoire (2006)

Lubumbashi es, además, la ciudad natal del fotógrafo Sammy Baloji (1978), cuya obra está impregnada de la historia de su región. En 2007 recibió dos premios en la Biennal Africaine de la Photographie Rencontres de Bamako (Mali) y en 2009 el Prince Claus Award de los Países Bajos “por llevar la realidad actual congoleña a la plataforma internacional, por su importante contribución a la memoria del Congo proveyendo una nueva lectura del presente, y por el reto de demostrar que el desarrollo solo puede realizarse después de tener en cuenta los traumas del pasado”.

Sammy Baloji cuestiona la versión oficial de la historia colonialista confrontando el pasado con el presente a través de fotomontajes. Una de sus series más conocidas es Mémoire (2006), en la que yuxtapone retratos de archivo en blanco y negro de trabajadores de las minas durante el colonialismo belga con fotografías actuales de lo que queda de aquellos edificios industriales. En Mémoire, Baloji reduce la dimensión espacio-temporal para criticar la herencia colonial industrial, la destrucción de la identidad, la imagen de los negros en el imaginario colectivo occidental y la desilusión poscolonial.

Congo Far West (2011)

En 2011, el fotógrafo presenta otros dos trabajos sobre la historia reciente de su país y sus ecos en la actualidad. El primero, Congo Far West, es una nueva lectura de la Mission Scientifique du Ka-Tanga que realizaron los belgas entre 1898 y 1900. Baloji sobrepone retratos de archivo del fotógrafo François Michel en paisajes del pintor Léon Dardenne, ya que ambos acompañaron a la expedición e ilustraron el informe final. Con sus fotomontajes, utilizando el mismo material que la propaganda colonial pero presentándolo de forma muy distinta, Baloji muestra cómo la fotografía ha sido utilizada para crear una mirada de superioridad frente al “otro”, que nunca fue visto como un igual, sino que se presentaba completamente deshumanizado, clasificado y analizado como un objeto de estudio, hecho que ha marcado profundamente los clichés de la sociedad occidental actual.

El segundo trabajo de 2011 es Kolwezi, una serie de fotomontajes en los que el fotógrafo muestra el contraste entre las minas de Kolwezi (RDC) y los coloridos pósteres que adornan los hábitats de los trabajadores, como fantasía de una vida mejor. Mediante las duras condiciones de vida de los mineros frente a imágenes de sociedades idílicas e idealizadas, Baloji denuncia el resultado de la explotación de los recursos de Katanga, tanto en el pasado como en el presente, ya que la historia de la compañía Gécamines ya no puede separarse de la del país ni de la de su gente, y alude también a los efectos depredadores del capitalismo global.

Kolwezi (2011)

Sammy Baloji ofrece una imagen del presente de la RDC a través de su historia reciente, retratando a una sociedad cuyo país se ha convertido en terreno de juego de exploradores, misioneros, hombres de negocios y mercenarios desde que pasó a ser propiedad privada del Rey Leopoldo II de Bélgica hasta nuestros días, sufriendo una violenta colonización, una dictadura y dos sangrientas guerras, y que ahora abre un nuevo capítulo neocolonial con la llegada de los contratistas chinos. “Mi lectura del pasado congoleño es una manera de analizar la identidad africana actual, a través de todos los sistemas políticos que la sociedad ha experimentado. La esencia de mis temas está en la vida diaria de la gente del Congo, que es el resultado de su reciente pasado”.

 

“Solo tienes que ir a lugares interesantes, la fotografía te encontrará”

Y la fotografía encontró al ghanés Nana Kofi Acquah, hoy considerado uno de los 100 fotógrafos a los que hay que seguir a nivel mundial. Acquah descubrió la fotografía cuando trabajaba en publicidad como redactor en 2002 y decidió unir el periodismo con su experiencia en publicidad para “reposicionar el continente a través de un nuevo discurso e imaginario”. Desde hace más de una década busca las mejores instantáneas de la vida cotidiana de las ciudades y pueblos de varios países del continente, como muestra en “Everyday Africa”, proyecto en el que participa junto con otros 30 fotógrafos, y que tiene como objetivo retratar la “vida normal” de sus habitantes a través de Instagram.

Un rápido vistazo a su trabajo es suficiente para ver que las mujeres son el hilo conductor de sus series fotográficas: “mi misión artística es cambiar la narrativa sobre las mujeres africanas, que habitualmente son retratadas como víctimas de las circunstancias”, aseguraba el artista en la BBC a propósito de su proyecto “100 women”. En 2016 expuso “Don’t call me beautiful”, una selección de fotografías que Acquah ha realizado durante los últimos diez años, centradas en los retos, éxitos y esperanzas de las mujeres que se ha ido encontrando a lo largo del camino. Un homenaje a unas luchadoras a menudo invisibilizadas.

Hemos querido indagar más sobre la cuestión de género presente en sus fotografías y su percepción sobre la situación de la mujer en los países africanos por los que ha viajado con su cámara:

Cuéntame acerca de tu proyecto fotográfico “100 women“, en el que muestras un gran interés en la vida cotidiana de las mujeres, ¿por qué este enfoque? Y, ¿por qué las mujeres?

Realmente ha sido un privilegio que la BBC destacase este proyecto, no me lo esperaba. Como fotógrafo documental y periodista, he trabajado extensamente en muchas partes de África en muchas historias diferentes: el VIH/SIDA, el ébola, el paludismo, la salud materna, la tuberculosis, etc. y resulta bastante obvio que las mujeres y los niños son las víctimas naturales cuando las cosas van mal en una sociedad. Los hombres también se ven afectados, pero en África es más fácil para un hombre levantarse e ir a probar suerte a otros lugares. No para la mujer, especialmente si tiene hijos.

¿Cuál ha sido tu gran descubrimiento relacionado con el papel de la mujer en África durante el desarrollo del proyecto?

Creo que uno de los mayores obstáculos en África es que las mujeres no reciben el crédito que merecen. Hemos tenido presidentas de naciones, juezas, inventoras, científicas, políticas, guerreras, médicas, abogadas, artistas, músicas, etc. y aún nos negamos a tratarles con el debido respeto. En Ghana las mujeres trabajan muy duro. Si conduces por el país, las ves en granjas, en mercados, con la venta ambulante por las calles y en los barrios e incluso en oficinas en puestos altos. Pero cuando una mujer tiene éxito, enseguida se insinúa que usa su apariencia y el sexo y no su cerebro para ascender. Es ofensivo.

Te consideras feminista. A pesar de que las cosas están cambiando, no es muy habitual que un hombre se reconozca a sí mismo públicamente como feminista ¿qué tipo de reacciones te encuentras a tu alrededor?

No me importa ser considerado feminista pero también creo que lo que me describe con mayor precisión es que soy un hombre al que le interesan los derechos y el bienestar de las mujeres e intento apoyarles y concienciar a través de mi trabajo. También sé que como hombre puede que no entienda todo con lo que una mujer tiene que lidiar. Pero a mi manera y de la mejor forma que puedo, me gusta ser parte de la solución y no del problema.

¿Cómo puede tu trabajo contribuir a la lucha contra el machismo en nuestras sociedades?

Curiosamente yo vengo de una etnia que es matriarcal. Esto no significa que no sea consciente de que el mundo es predominantemente patriarcal. Y pienso que la mayoría de los hombres están ciegos ante el patriarcado. Me tomó un tiempo darme cuenta de que las cosas son más fáciles para mí que para las mujeres en la mayoría de los casos, por lo que espero que, celebrando constantemente las mujeres exitosas o planteando cuestiones que afectan a las más vulnerables, la conciencia vaya creciendo.

También estás interesado en capturar la vida cotidiana de los pueblos africanos ¿Qué dirías que podemos ver y aprender de esta cotidianidad?

Cuando se oye “África”, ¿qué suele venir a la mente? Pregunta eso en Europa, América y Asia, y las respuestas que oirás generalmente son pesimistas y la falsas. África es más que la perspectiva de National Geographic. Somos más que leones, jirafas, guerras y rebeldes, los pechos desnudos de las mujeres y niños hambrientos con moscas. Mi fotografía es un constante intento de impugnar esos estereotipos.

Dices que la poesía es tu primer amor, y tus imágenes están generalmente acompañadas por un pequeño texto. ¿Qué va primero, las imágenes o las palabras?

Lo primero es el pensamiento, y luego ya averiguar cuál será su mejor medio de expresión.

¿En qué estás trabajando ahora?

Ghana, mi país, cumple 60 años. Quiero sacar un libro de fotografías que celebre la nación.

 

*Artículo publicado originalmente en el Boletín de Estudios Africanos el 16 de enero

Nobukho Nqaba: migraciones de plástico en el LagosPhoto Festival

Las fotografías que nos llegan desde África a menudo plasman un escenario bipolar: el horror humano y la belleza natural. Pero lo cierto es que la fotografía es una manera de mirar y cada vez son más quienes observan que en medio del blanco o negro, al que se ha relegado tradicionalmente al continente, existe una extensa escala de grises. Entre aquellos que apuestan por esta visión está la Fundación de Artistas Africanos (AAF, por sus siglas en inglés), una organización que desde 2010 muestra en Nigeria proyectos fotográficos que plasman esas ‘otras Áfricas’ a través del LagosPhoto Festival. Un evento que hasta el próximo 27 de noviembre celebra su VI edición, en esta ocasión bajo el título Designing futures. Una temática que se sirve del diseño para promover el fin del destierro hacia lo negativo al que se ha enviado la imagen de África. Ejemplo de ello es el trabajo de la sudafricana Nobukho Nqaba, quien hace de una bolsa de plástico un símbolo de la migración.

Autorretrato perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Autorretrato perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Cuando Nobukho Nqaba (Sudáfrica, 1992) era una niña vivía en Butterworth, en la provincia sudafricana de Cabo del Este. Su madre trabajaba al otro extremo del país, en Grabouw, ciudad del Cabo Occidental. Un verano se desplazó hasta allí para pasar las vacaciones y su padre le metió sus cosas en una unomgcana, también llamada umaskhenthe, una bolsa de plástico muy grande que en el idioma xhosa significa respectivamente ‘que tiene líneas’ o ‘viajero’. Un significado acorde a su descripción y a su uso, ya que estas bolsas de líneas que forman cuadros son las más usadas en Sudáfrica para desplazarse de un punto a otro del extenso país. Son baratas, son enormes y son resistentes, por lo que se puede llevar muchos objetos en ellas sin temor a que se desgarren. Nobukho las usó tantas veces como ocasiones tuvo de mudarse de un punto a otro de Sudáfrica. Una experiencia que le supuso relacionar la migración con la supervivencia, el reto de adaptarse a un lugar distinto y hacerlo de nuevo suyo a través de los objetos que portaba en su unomgcana. De ahí que para ella, esta bolsa signifique hogar y lucha. Un concepto que ha querido desarrollar a través de una serie de fotografías que lleva precisamente el título de ‘Unomgcana’ y que forman parte del LagosPhoto Festival de este año.

La joven fotógrafa explica para la revista Ours: “Crecí rodeada de unomgcana”. Y parece que éste es el sentido que busca en sus composiciones, en las que todo lo que la envuelve a ella está envuelto a su vez del plástico a cuadros que caracteriza a estas bolsas. Como si quisiera traspasar el significado de hogar que le da a la unomgcana a partir de los objetos personales que contiene, para hacer directamente de la instalación algo personal, forrándolo de su estampado. De este modo, la serie de fotografías están compuestas de autorretratos que plasman escenas de la vida cotidiana en las que la auténtica protagonista es la unomgcana. Ella lo invade todo, haciendo de estancias distintas lugares familiares que impregnados de esta bolsa eliminan las diferencias de los espacios realzando el elemento común, identificable, de la unomgcana. Y así es como Nobukho Nqaba relaciona los significados de hogar y supervivencia a través de una bolsa.

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación 'Unomgcana' / The Tierney Fellowship.-

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación ‘Unomgcana’ / The Tierney Fellowship.-

“Estoy interesada en los objetos y en las cosas que me pesan en la memoria y  siempre estoy queriendo encontrarles los significantes y los significados a las cosas que son familiares para mí y también a las que no me son familiares. Cuando estoy haciendo un proyecto siempre me miro a mí misma primero y a cómo me identifico con los objetos que quiero explorar. Después miro hacia un ángulo más amplio y desgrano cómo las cosas que me interesan afectan a otras personas”, explica la artista al blog de fotografía Orms. Es entonces, a partir de esta amplitud de miras, que su concepto de unomgcana trasciende su propia experiencia para llegar a observar las mismas bolsas sujetas por otras personas que se dirigen a otros destinos, lo que le lleva a plantear este objeto como símbolo de la migración. Al fin y al cabo, si bien es cierto que en xhosa se llaman unomgcana o umaskhenthe, en realidad lo más común en Sudáfrica es llamarlas ‘bolsas chinas’ de donde es su procedencia; o ‘bolsas de Zimbabwe, país vecino de donde llegan muchos de los portadores de esta clase de equipaje.

Y más allá de las fronteras sudafricanas, en otros puntos del continente reciben apelativos distintos. Como en los países de África Occidental donde se denominan ‘Ghana must go bags’, en referencia a la expulsión de miles de ghaneses de Nigeria a principios de los ochenta. Incluso más allá de las fronteras del continente cada vez es más visible que entre los bultos del equipaje estén estas enormes bolsas de plástico con cuadros estampados. En Reino Unido responden al término ‘bolsas de Bangladesh’; en Alemania son conocidas como ‘bolsas turcas’; y en Estados Unidos se las reconoce como ‘bolsas mexicanas’. Así, tal y como señala la joven fotógrafa Nobukho Nqaba cuando relaciona este objeto de plástico con la migración, si siguiéramos la pista de este tipo de equipaje bien podría trazarse un mapa mundial de los desplazamientos a través del calificativo que reciben estas bolsas en el lugar a donde llegan y en función de los rostros que las portan.

Fotografía perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-

Fotografía perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-

African Photography Initiatives: recuperando la memoria visual de África

La protección de los archivos fotográficos africanos en tanto espacios de memoria visual, a través de medidas de protección, conservación y digitalización”. Así podríamos traducir uno de los objetivos principales de African Photography Initiatives, (APhI), una labor que diríamos quijotesca si no fuese porque en cada trabajo se materializa y hace realidad.

 Trabajando en Photo Studio Georges, 2015, Douala, Camerún © R. Mazuela

Trabajando en Photo Studio Georges, 2015, Douala, Camerún © R. Mazuela

Fue concebido en Bujumbura (Burundi) en 2007 por Rosario Mazuela y Jürg Schneider, ambos con una amplia experiencia en investigación, cooperación, historia y fotografía. Desde entonces, en APhI continúan conjugando su pericia y aptitudes para mantener un proyecto que reúne memoria histórica, reflexión sobre el pasado y proyección sobre el desarrollo presente, inquietud artística, investigadora y, por supuesto, el compromiso humano por recuperar y preservar un testimonio visual tan frágil como incalculable.

Desde Wiriko hemos contactado con Rosario Mazuela, quien nos ha explicado en qué consiste esta organización.

Rosario, vuestro trabajo es tan titánico que uno se pregunta si ya desde el principio sabíais qué buscabais, o si con cada descubrimiento os habéis sentido cautivados y “atrapados” por una idea que siempre puede convertirse en inagotable.

La razón por la que creamos APhI fue la recuperación y la preservación de archivos fotográficos africanos. Los archivos fotográficos contienen normalmente grandes cantidades de documentos. Si son negativos, el número de exposiciones “prueba” se multiplica en cantidad con respecto a las fotos seleccionadas. Así que sí, sí que sabemos que los “holdings” pueden oscilar entre 500 y 200.000 imágenes, por dar un rango.

Rosario Mazuela trabajando en el archivo de foto de prensa de Buea. Buea, marzo 2013. © R. Mazuela

¿Cómo surgió la idea de recopilar todo este material? ¿Hubo algún momento especial que os hiciese ser conscientes de que estabais ante algo que debía ser desvelado?

Las personas que componen APhI tienen perfiles de especialistas en desarrollo y acción humanitaria, historiadores y, todos, fotógrafos. Durante mucho tiempo, yo concretamente, he trabajado en África Subsahariana con diferentes organizaciones. En un momento dado empecé a realizar proyectos culturales; creo que el desarrollo pasa por la implicación comunitaria y gubernamental en las manifestaciones culturales. Conociendo el contexto nos dimos cuenta del peligro en el que se encontraban todos archivos. Por razones climatológicas, sociales y políticas, los archivos en África han desaparecido prácticamente. Si se pierden las pocas fuentes que quedan, difícil será poder reescribir la historia. Así, poco a poco, pasito a pasito, hemos ido especializándonos en este sector.

¿De dónde provienen los negativos, positivos, etc. que recuperáis? Y esos archivos, una vez investigados y digitalizados, ¿son cedidos a vuestra organización o permanecen con sus propietarios de origen, ya sean privados o públicos?

Los negativos y positivos se encuentran en los archivos estatales o particulares, normalmente de estudios fotográficos, aunque también de colecciones privadas. El material permanece siempre in situ. Nosotros simplemente lo preservamos y posteriormente hacemos el trabajo de valorización del mismo, estableciendo medidas de acceso y de difusión (exhibiciones, festivales, publicaciones, etc.).

¿Cómo suele ser el trabajo de campo y el flujo de trabajo en vuestras investigaciones? Supongo que las dificultades no se limitarán a lidiar con el estado de negativos o placas, ¿cuál son los principales escollos que tenéis que enfrentar?

Cada proyecto es diferente, cada archivo, cada propietario es diferente. No obstante, el flujo de trabajo normalmente tiene los siguientes pasos: identificación, estudio de las necesidades y de su valor, proposición a los propietarios y, si están de acuerdo, conceptualización del proyecto, búsqueda de financiación; y luego trabajo propiamente en el archivo: trabajo de preservación física y de digitalización. Después, viene el trabajo con el material digital y la base de datos, entrega del material final al propietario y copia a las diferentes instituciones concertadas para su valorización y explotación.

Regina Eposi trabajando en el archivo de foto de prensa de Buea. Buea, Camerun, octubre 2013 © R. Mazuela

Por otro lado, si tuviera que mencionar un desafío común sería: ganarse la confianza de los actores implicados. “Los blancos” tenemos una malísima reputación y ahora es difícil borrar siglos de un nefasto impacto de intereses.

Y una vez cerrado el último tramo de investigación y de recuperación, ¿qué dificultades enfrentáis? ¿Qué sucede, cómo se conserva todo ese trabajo que ha quedado hecho?

Nos encontramos con el problema generalizado de la conservación física y digital de los archivos. Cada archivo tiene una peculiaridad. Pero si tuviéramos que generalizar, otra vez, los archivos privados tienen el problema de recursos y los archivos públicos tienen un problema de interés.

De todos los miles de negativos rescatados, ¿cuál de entre todos los proyectos os pareció realmente inabarcable?

Todos son inabarcables, todos podrían ser eternos, siempre hay mil frentes en los que se podría profundizar la investigación, pero hay que poner un límite, ese es el reto: abordar lo suficientemente representativo; muy difícil de determinar si no se conoce en profundidad el contexto.

¿Conocéis algún proyecto con vuestra trayectoria en Burundi o en el continente con el que podáis compartir conocimientos y prácticas, o sois, en cierto sentido, pioneros?

No somos pioneros, pero hay muy poca gente dedicada a esto. Ha habido algunas iniciativas, el problema es la continuidad, la sostenibilidad.

Algo que dota a vuestros proyectos de una perspectiva muy valiosa es que no investigáis con afán acumulativo, sino con un afán reflexivo: siempre buscáis analizar la historia, reinterpretarla y traerla al presente, tal y como demuestran los títulos de las exposiciones: La Présence du Passé, Reinterpreting Historical Photographs, o The Phantom of Memory ¿Qué repercusiones habéis podido percibir en el público que asistía a las exposiciones? Y en un nivel más institucional, ¿ha ayudado de manera determinante a complementar relatos, sucesos acaecidos en el último siglo?

Exhibición “Great events Cameroon’s path towards unity” (Los eventos clave de Camerún en el camino hacia la unidad”), con ocasión del 50 aniversario de la reunificación del país. Buea, Camerún, febrero 2014. © R. Mazuela

Lo más interesante para mí en las exhibiciones son las reacciones de los y las visitantes cuando reconocen sus calles, a sus familiares… en imágenes de hace medio siglo años. Sin estar muy acostumbrados a visualizar el pasado, las fotos de los momentos históricos de su país, de sus antiguos presidentes, los lugares donde crecieron… Causan mucha emoción.

La “re-historia”, es decir, la nueva visión de la historia del último siglo (y de antes) está por escribir. Nosotros queremos rescatar y dar acceso al patrimonio visual a historiadores, sociólogos y artistas para que ellos luego lo puedan utilizar. Somos unos simples mediadores.

Por poner un ejemplo, hace unos meses, en París, el libro La Présence du Passé fue parte de la intervención artística “Le Jour de d’ apres” de Maryam Jafri, una obra basada en la reflexión del día de la Independencia en diferentes países del mundo.

¿Hasta el punto de convertirse en el único testimonio de un episodio “olvidado” de la historia reciente?

No, no, no es el único testimonio, hay otras fuentes también en Occidente, traídas por los europeos principalmente (misioneros, comerciantes, viajeros…), pero a nosotros esto no nos interesa. Lo que nos interesa son los documentos que han quedado en África, los documentos generados por las personas africanas.

Y a la hora de analizar y reflexionar la historia, ¿cómo soléis abordar esa tarea? Es decir, ¿qué herramientas ponéis en funcionamiento para que pueda reflexionarse sobre el material que lleváis al público y a las instituciones?

Exhibicion “Inside and Outside Photography”, Basilea, Suiza, junio 2015. © R. Mazuela

 

Somos historiadores y para contextualizar las exhibiciones investigamos en las fuentes habituales. Bien es cierto que ahora con internet es mucho más fácil: para APhI internet es una importantísima herramienta. A través de nuestras páginas algunas exhibiciones están on-line, algunos de los archivos están on-line, las colaboraciones para nuestras actividades las gestionamos on-line con personas que proceden de múltiples países; gracias a Facebook, por ejemplo, la difusión de nuestro trabajo es inmediato y sin limitación espacial.

Lo ya encontrado es abrumador; ahora bien, ¿pueden estos hallazgos daros una medida de todo lo que, desafortunadamente, se ha perdido?

Yo calculo que solo quedara un 1% del material fotográfico…

¿Qué reflexiones suscitan en fotógrafos y artistas en general el descubrimiento de toda esa herencia? 

Como he mencionado trabajamos con fotógrafos africanos, y lamentablemente aún creo que nosotros valoramos más su trabajo que ellos, ese es parte de nuestro trabajo, transmitir esa valorización. Sin embargo, hemos tenido la suerte de colaborar con fotógrafos muy conscientes de su papel en la historia.

En aquellas imágenes en las que habéis visto una pretensión más artística, ¿sería posible decir qué presencia tuvo la cultura de las colonias? Es decir, ¿habéis visto una forma particular, “africana” (por decirlo de una manera simplificada) de escoger los temas y mostrarlos?

La fotografía vino de Europa y América y de estos países se importaron la tecnología y la estética, y esa primera época es en la que nosotros trabajamos. Actualmente, las cosas han cambiado, evidentemente.

Además del proyecto radicado en Burundi, habéis promovido actividades similares en otros puntos del continente, ¿qué podéis contarnos sobre ellos?

Los últimos años estamos trabajando en Camerún; concretamente, con un archivo estatal: el archivo fotográfico del Ministerio de Información (1955-1990) de la parte anglófona; y con un archivo privado que abrió sus puertas en 1935 y que cerró hace cuatro años. Los dos están en una situación crítica de conservación física.

Y vuestro trabajo también busca hacer copartícipe a Europa. Anualmente ofrecéis formación para investigadores, ¿en qué consiste esta iniciativa?

Estamos vinculados con la Universidad de Basel, y hacemos seminarios cuyo objetivo final es el trabajo de campo en los archivos en los que trabajamos. Ese trabajo de campo se realiza conjuntamente con estudiantes de las universidades del país donde esté el archivo, creando unos equipos mixtos de investigación.

Junto al valor académico, desde vuestra organización también hay una importante labor de crítica y transparencia , ¿creéis que hay algún lugar que requiera, con urgencia, la investigación y rescate de ese patrimonio documental?

Muchos lugares… Con las crisis contemporáneas… Muchos lugares…

studio georges

Retrato de familia en Photo Studio Georges, circa 1975, Douala, Camerún. © Photo Studio Georges

 

Edson Chagas: desplazamiento, consumismo e identidad

Angola fue protagonista del conflicto bélico más largo de África: una guerra civil, resultado directo del proceso de descolonización del país, que duró 27 años (1975-2002). Al acabar la guerra, Angola experimentó una explosión económica, situándose durante los últimos años a la cabeza de los países con más crecimiento del mundo, gracias en gran parte a sus recursos naturales.

Found not taken

E.Chagas. Serie “Found not taken” (2013), Luanda, Angola

A pesar de que la mayoría de angoleños no se han beneficiado de este boom, desde los últimos años existe una clase media incipiente que ha provocado grandes cambios en los hábitos de consumo de una parte de la población, especialmente en Luanda, considerada una de las ciudades más caras del mundo.

Es en este contexto en el que encontramos al fotógrafo angoleño Edson Chagas, prácticamente desconocido en Occidente hasta 2013, año en el que es galardonado con el León de Oro de la Bienal de Venecia por la obra “Luanda Encyclopedic City”.

Nacido en Luanda en 1977, Chagas abandona su país natal en 1992 para instalarse en Portugal, donde aprende las bases de la fotografía durante tres años. Posteriormente, se muda a Londres y se forma en fotoperiodismo en el London College of Communication y en la Universidad de Newport, Gales. En 2008 decide volver a Angola, sin embargo, con la guerra civil ya terminada hace 6 años, se encuentra una Luanda muy distinta a la de su adolescencia.

Es entorno a su biografía donde podemos encontrar las tres ideas principales de su obra: por una parte, la idea de desplazamiento -“me he mudado tantas veces que aún hoy sigo preguntándome dónde está mi hogar. Cuando volví a Angola, encontré la casa de mi madre completamente igual, pero todo lo demás a su alrededor había cambiado” -. Por otra, los cambios en los hábitos de consumo, afirmando que durante su adolescencia en Luanda la gente solía reutilizarlo todo y, después de 16 años de ausencia, se encontró con una economía creciente en la que los objetos se convertían en desechos rápidamente. En última instancia, encontramos la identidad, tema que se yuxtapone a los dos anteriores en gran parte de su obra.

Estas ideas están presentes en su serie fotográfica “Found not taken”, en la que el artista colecta objetos abandonados en la calle y los desplaza para fotografiarlos, con el objetivo de asociarlos a un entorno que él considera más idóneo, dándoles una nueva identidad. Este proyecto le ha seguido en sus desplazamientos: empezó en las calles de Londres, siguió con las de Newport y finalmente, las de Luanda, que fueron las que protagonizaron su obra en la Bienal de Venecia 2013. La serie, que continúa abierta según los movimientos del artista, muestra su apego por la temática del consumo que deja stock rechazado, abandonado, y la de los desplazamientos: moviendo los objetos de un lugar a otro para crear nuevas relaciones entre ellos y su entorno, emerge también la cuestión de las raíces y las migraciones, del espacio urbano y las identidades.

Posteriormente y ya asentado en Angola, el artista realiza la serie “Oikonomos” (2011), en la que aparecen personas fotografiadas con camisa blanca y distintas bolsas puestas en la cabeza tapándoles el rostro. A partir de bolsas africanas, americanas o chinas, Chagas utiliza la fotografía para analizar la vida cuotidiana relacionada con el consumismo y los cambios como consecuencia de la globalización. El hecho de que todas las personas vistan igual y sólo se les distingan por el tipo de bolsa que les cubre el rostro –precisamente el rostro, forma de identificación primera de cada uno-, parece querer cuestionarnos sobre cómo nuestros patrones de consumo definen cada vez más y con más fuerza nuestra identidad.

El mismo estilo, aunque con un significado distinto, es el protagonista de su serie más reciente “Tipo passe” (Fotos de pasaporte – 2014). Se trata de una serie de 12 retratos tipo pasaporte de personas vestidas con traje o camisa en las que, una vez más, su rostro queda oculto, pero esta vez por distintas máscaras tradicionales africanas. Por un lado, la ropa hace referencia al tipo de traje que llevan los angoleños cuando se hacen fotografías de pasaporte: según las autoridades, representan al país en el exterior y deben dar una buena imagen. Por otro lado, de las máscaras vuelve a emerger el tema de la identidad, pero esta vez como reivindicación de diversidad: “Quería tratar el multiculturalismo. Cuando la gente habla de África lo hace como si fuera sólo un país, pero es un continente.

De este modo, Edson Chagas nos invita a cuestionarnos sobre estas tres ideas desde un continente marcado por la diáspora –desplazamiento-, y con una historia reciente en la que la identidad ha tenido siempre una gran importancia: ayer fue el colonialismo quien la menospreció y hoy es el consumismo de masas quien la pone en cuestión.

Bibliografía

Cómo reventar los mitos de África a través del audiovisual

Una serie documental de la nigeriana Nosarieme Garrick pretende combatir los estereotipos del continente a través de historias de éxito de jóvenes africanos.

Una serie documental de la nigeriana Nosarieme Garrick pretende combatir los estereotipos del continente a través de historias de éxito de jóvenes africanos.

Artículo original publicado en El País-Planeta Futuro.

A pesar de que cada vez son más las publicaciones en papel y online que tratan de mostrar una cara más ajustada a la realidad del continente africano, por ejemplo, en español (Afribuku, África no es un país, Guinguinbali, Mundo Negro, Fundación Sur o Wiriko), los estereotipos que se ciñen sobre África parecen seguir de forma general un patrón determinado. Para el lector medio que nunca ha pisado el continente, su información proviene en gran parte de los medios de comunicación donde se reúnen imágenes de la pobreza y la guerra, el contexto más típico sobre el que se discute África. Una fotografía muy parcial para un continente de 54 países.

Según la última encuesta del grupo consultor Ernest & Young para 2014, esta percepción también se deja notar en el área de los negocios. Se distingue una diferencia entre las empresas ya establecidas en África, palpando la realidad, y las que aún no operan en el continente. “Un gran número de inversores potenciales extranjeros siguen considerando al continente africano como un destino de alto riesgo. Sin embargo, este punto de vista se basa a menudo en las percepciones de hace 20 o 30 años”.

Y aquí es donde se encuadra el proyecto My Africa is (Mi África es) un esfuerzo de colaboración para seguir y compartir las historias de agentes de cambio a lo largo de 13 ciudades en el África subsahariana. Su creadora, Nosarieme Garrick, lo explica de la siguiente manera: “Pretendemos que el proyecto actualice esas perspectivas que han sido guiadas por los medios de comunicación occidentales y que perduran en el imaginario desde, sobre todo, los años 80. El objetivo prioritario es tomar el control de nuestra historia, y la restauración de la dignidad y la identidad de nuestro continente

Garrick es nigeriana, escritora, activista y una empresaria que pretende aportar su granito de arena crítico. Ya en 2010, fundó Vote or Quench, una campaña de capacitación para los jóvenes de su país sobre la importancia del voto. Y My Africa is comienza precisamente en su tierra natal. En las redes sociales todavía suenan ecos de la campaña con millones de seguidores de #BringBackOurGirls (en realidad, un grito de protesta de la sociedad civil y no de las celebrities) contra el secuestro de más de 200 niñas por el grupo fundamentalista Boko Haram en Chibok (al norte). Detrás, queda la marca Nigeria. Desgastada, desdibujada y desprovista de cualquier serenidad aparente. Un país que desde lejos se presenta borroso y difícil de explicar.

Pregunta. ¿Por qué piensas que ocurre esto?

Respuesta. Siendo nigeriana, creo que es importante que los medios de comunicación hablen de Boko Haram, sin embargo, cuando sólo hablan de este grupo y nada más, las noticias son sacadas fuera de contexto. Se ha creado esta idea de que la comunidad musulmana de Nigeria es fundamentalista, cuando en realidad, Boko Haram es una parte minúscula de personas dementes que resultan ser musulmanes. Todo esto contribuye a la teoría del miedo en torno al Islam. Si se contaran más historias alrededor del Islam en Nigeria, o de Nigeria en general, no habría esta desinformación.

P. En tus primeros vídeos muestras tres historias inspiradoras de Lagos: la del fotógrafo Lakin Ogunbanwo; la del arquitecto, Kunle Adeyemi, quien está detrás de la escuela flotante de makoko; o la de Bilikiss Abiola, uno de los fundadores del colectivo WeCyclers. Todas lideradas por jóvenes. ¿Por qué crees que es importante contar las historias de los jóvenes africanos?

R. El 40% de la población de África tiene menos de 15 años y va a tener un gran impacto en el desarrollo del continente. Queremos empoderar a las personas que cubrimos para compartir sus historias con un público más amplio y darles una plataforma de visibilidad. En resumidas cuentas, queremos inspirar a otros jóvenes de África en el continente y crear una oportunidad para que aprendan unos de otros. Pensamos que al mostrar su capacidad de recuperación, así como la forma en la que están innovando, vamos a llegar a la gente para empezar a pensar de manera diferente sobre el cambio y el desarrollo.

P. Entonces, Nosarieme, ¿por qué crees que hay un discurso negativo sobre África?

R. La historia de África ha sido controlada por los medios de comunicación occidentales durante mucho tiempo. Los periodistas que entran en África vienen con un orden del día. Las historias tristes e impactantes generan más ruido y al final, la gente se ha acostumbrado a ver el continente africano con una luz específica, gracias a estos medios y a anuncios de televisión con el eslogan “Alimente a un niño africano”. Se necesita un cuentacuentos africano para proporcionar una visión personal y alternativa que pueda combatir estos estereotipos.

P. ¿Qué acciones propones para romper estas narrativas negativas que emplean una gran mayoría de medios de comunicación?

R. Creo que la simple necesidad de África de contar sus propias historias y de hacer uso de las redes sociales para ponerse enfrente de tanta gente como sea posible. No se trata de cambiar la narrativa negativa, sino de diversificar los discursos para que las personas entiendan que el continente africano no es un gran país homogéneo.

P. Es un proyecto que, después de Nigeria y Senegal, pretende cubrir al menos otras 10 ciudades y aunque el objetivo inicial era mostrar 13 urbes en seis semanas, los planes han cambiado a expensas de más financiación. Sin embargo, ¿no entra en tus planes grabar las iniciativas que tienen lugar en las zonas rurales?

R. Las zonas rurales son importantes, pero hay una urbanización masiva en varios países africanos, lo que nos permite obtener una representación más completa de la gente. Así que he empezado como puedo, con la esperanza de ampliar el proyecto a más y más lugares.

P. ¿Un sueño para 2015?

R. Las elecciones libres y justas en Nigeria.

África en América

Autora invitada: Sorayda Peguero. Fotos: Sebastián Beláustegui

Una imagen de afrodescendientes en la República Dominicana. Foto: Sebastián Beláustegui

Una imagen de afrodescendientes en la República Dominicana. Foto: Sebastián Beláustegui

A pesar de los miles de kilómetros que separan los dos continentes, África también está en América. Millones de rostros la delatan y antiguas razones así lo acreditan. La progresiva extinción de la comunidad indígena y la imparable demanda de mano de obra acaecidas durante la época de la colonización, beneficiaron el comercio libre de esclavos, una práctica de tráfico humano que perduró durante más de cuatrocientos años. Estos acontecimientos no sólo generaron episodios de opresión, también dejaron una huella vigente que se ha convertido en la diana de “África en América”, el proyecto fotográfico de Sebastián Beláustegui.

Sebastián Beláustegui

Sebastián Beláustegui

Nació en Buenos Aires, Argentina (1969). Actualmente reside en la localidad mexicana de Tepoztlán.Beláustegui es fotógrafo documentalista autodidacta. National Geographic, Los Angeles Times y Newsweek son algunas de las publicaciones con las que ha colaborado. En 1991 fijó su objetivo en los pueblos nativos de Latinoamérica, un proyecto al que dedicó diez años de arduo trabajo. “Guardianes del tiempo” es la cosecha resultante. Un testimonio gráfico que recoge su paso por ocho países y veinticinco comunidades indígenas, en un libro de arte documental prologado por el Premio Nobel de literatura José Saramago.

El propósito de ‘África en América’ es seguir el rastro de las herencias culturales afrodescendientes en el continente americano. La idea surgió mientras el fotógrafo cumplía con el encargo de una revista y documentaba los rituales de santería de la isla de Cuba.

“En esta documentación quiero incluir las diversas culturas, los carnavales, rituales, música y danzas tradicionales, así como la vida cotidiana. En la era de la globalización y la comunicación de masas, las tradiciones de los grupos étnicos minoritarios están siendo diluidas por las culturas dominantes. Han pasado ocho años desde que mi experiencia en Cuba me abrió los ojos a otro aspecto de la rica historia y cultura de las Américas. Mi intención es dar visibilidad a estas realidades marginadas e ignoradas, retroalimentar el alma dando un testimonio de su belleza y proyectar el respeto hacia el valor que tienen estas culturas”.

Beláustegui tiene la impresión de que en algunos países latinoamericanos las culturas indígenas y afro-descendientes están infravaloradas, de ahí que la principal motivación de su trabajo sea crear un registro que aliente la permanencia de las tradiciones de estos pueblos en las  nuevas generaciones. Para conseguirlo se ampara en la fotografía documental y la convierte en una herramienta que le permite compartir la riqueza y la diversidad de estas culturas con el mundo.

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Perú, Colombia, República Dominicana, Trinidad y Tobago, Argentina, Brasil y Honduras, son algunos de los dieciséis países que ya han sido visitados por el fotógrafo. Las próximas paradas señaladas en su carta de ruta apuntan hacia los ritos religiosos de Haití y advierten notas de blues en un recorrido que también incluirá el Sur de Estados Unidos.

“El legado afro-descendiente en países como Argentina y Chile atrajo especialmente mi atención, se trata de una presencia minoritaria de la que mucha gente desconoce. Desgraciadamente la trata de esclavos se extendió por toda América, dejando una herencia viva que se percibe especialmente en lugares como Cuba y Brasil, donde la esclavitud dejó una huella importante en las prácticas religiosas y fiestas populares”.

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Durante mucho tiempo, la voz de África en América fue llanto de dolor y añoranza por la tierra dejada atrás, pero aquel exilio masivo, y forzado, también devino en cánticos de esperanza, en sonidos de tambores, en bailes y celebraciones que arraigaron raíces en suelo americano y que hoy forman parte de su variopinta identidad. A estas tradiciones les distingue la particularidad de que se han fusionado con elementos europeos e indígenas, generando un mestizaje y una cultura única y rica en matices.

En su hazaña, Sebastián Beláustegui lleva más camino recorrido que el que le queda por andar, pero su entusiasmo adivina que esta será una experiencia de efectos duraderos y resonancias profundas, un viaje guiado por la esencia de la tradición que no ha hecho más que empezar.

‘Haute Africa’ en el ‘Knokke-Heist Photofestival’ de Bélgica

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África está en el foco de esta edición del Knokke-Heist Photofestival que se celebra en esta misma ciudad belga los dos próximos meses (desde el 30 de marzo hasta el 9 de junio) y tiene como exposición central “Haute Africa”, dentro de otras cinco exposiciones llevadas a cabo en diferentes museos y lugares de la ciudad. La particularidad del festival es que utiliza el espacio público como marco expositivo, por lo que este año la ciudad se viste de arte procedente de África, lo que hará más atractiva la ciudad y convertirá en puro colorido y arte sus calles.

El nombre “Haute Africa” no hace referencia a su localización geográfica, sino al término francófono “Haute Couture” ya que la exposición se centra en el trabajo de fotógrafos que captan la cultura textil del continente desde un punto de vista sociológico y antropológico. La moda sin duda expresa cuestiones relacionadas con la identidad, política y economía como hemos podido ver con los Sapeurs congoleños o las diversas African Fashion Week que acontecen constantemente en diferentes puntos del continente. Por ello se está convirtiendo en  un eje muy importante de nuevos creadores de algunos países africanos en términos económicos y artísticos, como reiteran los organizadores del Festival:  “la industria de la moda es un buen ejemplo de esta industria creativa. Muchos diseñadores, empresarios y fotógrafos africanos inspiran al mundo con nuevos proyectos que transmiten y renuevan la identidad africana. Sus creaciones afectan a Occidente a través de Internet, semanas internacionales de la moda y todo tipo de iniciativas”.

De modo que esta exposición se hace doblemente interesante: por la calidad estética de las fotografías de los artistas, impecable, y porque a través de ésta trabajan de forma transversal cuestiones relacionadas con la post-colonialidad, la etnia, el origen, la moda, la política, la religión, el género y la clase social. Todo ello a través de la cultura del vestir que determina a determinados grupos sociales y sociedades y que tanto artistas africanos como de otros continentes nos acercan estos meses.

¿Qué nos muestra el Knokke-Heist Photofestival?

La exposición nos ofrece un panorama muy amplio de las creaciones en este ámbito. El artista Baudouin Mouanda (RDC), trabaja en cómo la cultura global impacta en el estilo de vida y las subculturas del Congo. Su trabajo se centra en los Sapeurs de Congo Brazzaville. Héctor Mediavilla (ES) es otro de los fotógrafos a través de los cuales los visitantes podrán conocer más de cerca la estética e influencias de la SAPE, de los que hemos hablado anteriormente.  Daniele Tamagni (IT) nos ofrecía maravillosas fotografías sobre la SAPE, pero su trabajo “Afrometals” se centra también en las subculturas urbanas y los estilos que surgen de éstas.

Hassan Hajjaj (MA) de origen marroquí, logra lo que busca: sus retratos causan un impacto visual a través de los vibrantes colores que utiliza, retando las nociones de la identidad femenina de la cultura árabe contemporánea mediante sus fotografías, así como con la utilización de logotipos de marcas reconocibles por todo el mundo en  prendas “tradicionales” como son el Hijab o Burqa. Jehad Nga (EEUU) retrata a la etnia keniana de los Turkana, olvidados por el gobierno en la gran sequía que asola el Cuerno de África. Sus retratos muestran a una comunidad que lucha por sus tierras y su ganado. Jim Naughten (UK) nos transporta con su objetivo a los Herero de Namibia, que insólitamente mantienen su vestimenta de la época victoriana como resultado de la colonización alemana. Quedarse con la vestimenta de los enemigos —los alemanes— después de matarlos, era una manera de apropiarse del espíritu del enemigo y demostrar proeza en la batalla. Actualmente se viste con ella en ceremonias, festivales y funerales, para honrar a los ancestros. El escenario es un desierto Namibio que ilumina de lleno la imagen y la vista del espectador.

Jodi Bieber (SA) trata el tema de la “belleza real” cuestionando los cánones de belleza occidentales que están impactando en algunas sociedades africanas, o el concepto de belleza de algunas comunidades, totalmente opuestas a los estándares occidentales. Bieber crea un espacio en el que la mujer puede explorar su identidad y situarse en un marco de “belleza real”. Nontsikelelo Veleko (SA) muestra cómo la moda y la forma de vestir de la gente construye y deconstruye un discurso identitario acerca de uno mismo y como es visto a ojos del espectador.

Namsa Leuba (SU) con padre suizo y madre guineana ha vivido entre dos culturas, lo que le ha llevado a trabajar la cuestión de las identidades africanas desde lentes occidentales. Ello lo hace a través la representación mediante el cuerpo humano de las estatuas rituales utilizadas en la cosmología guineana, con un resultado impresionante. Phyllis Galembo (EEUU) también plasma los trajes y máscaras rituales, mostrando el encuentro entre los autóctono y lo extranjero y la bella tradición de las máscaras en algunas sociedades del continente.

El trabajo de Martin Parr (UK) se centra en el lujo descarado en eventos sociales como ferias de arte, desfiles de moda, carreras de caballos o eventos de polo. A través de sus fotografías evidencia la locura del capitalismo más feroz y la ostentación propia de este mundo globalizado. Pone como ejemplos los llamados “diamantes negros”, nueva clase media negra que forma parte de la élite sudafricana. Viviane Sassen (HO) se adentra en los townships de Cape Town para indagar más acerca los interiores de las casa de sus habitantes que toman elementos de publicidad y de revistas de moda para decorar sus paredes. Yinka Shonibare (NI) explora a través de diferentes disciplinas la cuestión de la raza y de la clase, cuestionando el significado de las “definiciones culturales y nacionales”. Shonibare utiliza tejidos típicamente africanos como el wax o batik en entornos oscuros y en su obra ironiza también sobre la ostentación y el lujo.

Los protagonistas de Sabelo Mlangeni (SA) pertenecen a la comunidad LGTBI, mostrando cómo la vestimenta refuerza el sentimiento identitario y de pertenencia de los homosexuales. Zanele Muholi (SA) es internacionalmente conocida por su trabajo en activismo fotográfico, herramienta que utiliza para visibilizar los problemas a los que se enfrenta este colectivo en Sudáfrica, para retar a la sociedad y para deconstruir los roles de género a través de los códigos de vestimenta. Wangechi Mutu (KE) utiliza el collage, la fotografía y la plástica para cuestionar las representaciones de la mujer a través de imágenes que nos remiten a organismos llenos de vida y un afrofuturismo estético.

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