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Fotograma de la película Bienvenue au Gondwana

Gondwana: La orgía del humor contra el despotismo político africano

Fotograma de la película Bienvenue au Gondwana

Resulta que la asquerosa orgía de las risas se mira con recelo en los círculos políticos. Se puede –como en todo– sonreír, pero sin pasarse que es obsceno, oiga. Es evidente que el poder, al no poder anticiparse a la descontrolada y agitada forma de mover el estómago por parte de la población se desestabiliza y muestra su desnudez legislando en su contra. Entonces lo categorizan, lo conceptualizan en los denominados límites del humor. Y qué eufemismo que el humor político tenga restricciones y líneas rojas mientras que algunas legislaciones maltratan los límites, por ejemplo, de los derechos humanos. Y por qué no afirmar que es entonces cuando el virus de la risa se convierte en una verdadera pócima para abrir zanjas en el sistema represivo.

En abril de 2016 en Burundi, el comediante Alfred-Aubin Mugenzi, más conocido por su nombre artístico Kigingi, fue detenido y transportado con los brazos atados a la espalda a un centro de detención en Bujumbura. Había sido irónico en un bosquejo de análisis político sobre la actuación del presidente del país Pierre Nkurunziza para concurrir a un tercer mandato que su Constitución prohibía. Una broma pesada.

En España tenemos lista de la compra para aportar ejemplos: Manel Fontdevila y Guillermo Torres fueron condenados a pagar 3.000 euros de multa cada uno por injurias en la portada de El Jueves del 20 de julio de 2007 a los entonces herederos a la Corona; el guionista Guillermo Zapata tuvo que declarar por una serie de tuits de humor negro que publicó en 2011 y el humorista Facu Díaz fue acusado por un sketch en un programa de televisión que consideraron abusivo. Recientemente se conocía el fallo de la Audiencia Nacional en el que se condenaba a un año de prisión a la joven estudiante de Murcia Cassandra Vera, de 21 años, por publicar 13 tuits sobre el atentado de Carrero Blanco. Y habría más.

Pero una vez más el humor servirá para retratar el statu quo, esta vez desde la mirada de Mamane, un humorista convertido en realizador. En su película Bienvenue au Gondwana (Bienvenidos a Gondwana) el nigerino afincado en Francia presenta una comedia satírica llena de esperanza y llevando un fuerte mensaje a la juventud africana: despertad. En la víspera de las elecciones en un país “ubicado exactamente al norte de algún lugar y al sur de allí”, la comunidad internacional despliega a un equipo de observadores para supervisar la campaña electoral en Gondwana. Entre ellos un joven idealista francés instalado en África, un dictador decidido a mantenerse en el poder, dos geopolíticos, un diputado francés que se dedica a la venta de espárragos en África y una joven revolucionaria.

En este país imaginario es donde Mamane ha optado por instalar su “República muy muy democrática”. Durante años, en sus crónicas divertidas en Radio France International (RFI), Mamane habla de esta nación figurada donde todos los líderes africanos se combinan con unos mismos atributos: la figura de un líder megalómano, un opresor de marionetas y un dictador barroco y caricaturezco. Todo tiene lugar en Gondwana, una especie de caverna de los horrores: los chanchullos del África francesa (La Françafrique), la tiranía de los déspotas sanguinarios, la indiferencia de las democracias occidentales, la presentación de los pueblos de forma estereotipada a través de los medios de comunicación, las revueltas sociales, los abusos de las multinacionales, etc.

Mamane amamanta su ira en su espacio radiofónico tirando del humor con análisis corrosivos de la política africana, aunque a veces, suaves y surrealistas. Está acostumbrado. Quizás es por lo que este enojo no le ha dejado tranquilo y ha decidido hacer una película como ésta. Siguiendo el principio de sus textos de radio, su narrativa juega con la representación del libro El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, y sorpresas para los no iniciados en los terrenos africanistas.

Acompañado del reggae de Tiken Jah Fakoly en algunos fragmentos, el realizador nigerino habla de las múltiples Áfricas con un estilo claro y un humor delirante que trasciende lo cómico: Bienvenue au Gondwana es una carta de amor a un continente, pero al mismo tiempo una observación terrible sobre la situación política en muchos de los países africanos. Y el surrealismo y la parábola finalmente le permiten decir a Mamane cosas serias y tratar de despertar las conciencias en una risa siempre comunicativa que logra subrayar aquello de: ¡Larga vida al humor!

 

Ballaké Sissoko: “La música ha puesto a Malí en el mapa”

BalakéŽ y Segal, por Claude Gassian.

Esto es sobre dos amigos. Y dos instrumentos. Ballaké Sissoko y Vincent Segal. La kora y el violonchelo. Y momentos que se enraízan en la piel y es difícil sacarse.

Tan sólo unos focos cenitales iluminan un escenario desnudo. Ballaké Sissoko acaricia la kora y Vincent Segal espera apenas un minuto y se une con el pizzicato antes de frotar el arco contra las cuerdas de su violonchelo. Suena Chamber Music. Es sublime. El silencio se escucha y ni la inoportuna tos se atreve a dar la nota. Ha comenzado un concierto en el que se repasa el repertorio de un proyecto donde Malí y Francia se dan la mano en una fusión delicada.

Sissoko y Segal son un dúo artístico necesario con una premisa sencilla. “Todo se basa en nuestra amistad. Al principio teníamos que comprendernos, que entendernos. Pasamos días juntos para que nuestros oídos se acostumbraran”, dice Sissoko a Wiriko en su última visita a Londres.

En el camerino contiguo, Segal saluda a los amigos que se han acercado a felicitarle tras el concierto en el Cadogan Hall, en el barrio de Chelsea. Afectuoso, el violonchelista francés se disculpa aunque atiende a este medio poco después para complementar las palabras de su compañero. Dos charlas que retratan un trabajo en el que la música fluye de manera natural y que “no surge si simplemente unes a un músico de kora y a un violonchelista. Podemos hacer cualquier cosa cuando conectamos. No hay egos. Tenemos que ser amigos y hay amor porque de otra forma no haríamos lo que hacemos”, explica Segal.

Y eso se nota en el escenario.

Ballaké Sissoko se enamoró del violonchelo en Grecia. Fue la primera vez que veía el instrumento y posteriormente coincidió con Segal. “Tras el directo de Vincent con Bumcello en Amiens, me acerqué y le dije que deberíamos hacer algo juntos”, rememora el virtuoso de la kora. El maliense apostó por una colaboración que se convertiría en un encuentro cultural entre la kora y el violonchelo y que se escenificó por primera vez en el país galo. “Tuve la oportunidad de organizar un festival en Lyon e invité a Vincent en lo que fue nuestro primer concierto. Y después fuimos a Gabón, a Malí…”, y así hasta que surgió la idea de realizar Chamber Music, el primer disco del dúo, que se publicó en 2009.

“Vicent fue a Malí y le dejé a que fuera a descubrir las distintas sonoridades de Bamako. Adaptó instrumentos como el balafón, el ngoni e incluso la kora al violonchelo y a partir de ahí comenzamos a desarrollar el proyecto”, recuerda Ballaké. “Me rodeé de sus amigos, Toumani Diabaté vive en su misma calle, y después de un tiempo me entró en la cabeza. Ahora es como tomar instantáneas de esos sonidos con mi violonchelo”, dice el francés de su inmersión en la música maliense.

Balaké y Segal, por Claude Gassian.

El resultado fue una apuesta hecha con el corazón sin otro objetivo que el de disfrutar juntos y en el que el griot tomó plena responsabilidad. “Yo pagué Chamber Music y luego lo vendí a la discográfica No Format. Fue un aprendizaje mientras que en el próximo disco ya sabíamos lo que hacíamos”.

Musique de Nuit, el segundo trabajo de este dúo, es una velada onírica. Un álbum hecho madrugada, con poca lumbre y en la terraza de la casa de Ballaké. Sorbiendo té y en compañía de varios amigos. “La grabación fue de noche ya que en Bamako a otra hora del día hace mucho calor y es muy ruidoso. A Ballaké le encanta tocar en casa y al aire libre. Tocamos por tocar sin ninguna pretensión de hacer un disco. No teníamos ningún plan pero probamos unos temas y al final salió”, rememora Segal.

En este trabajo los músicos nos acurrucan y nos desvelan. Nos atemorizan y nos dejan dormidos tras el embelesamiento de una unión única que se escenifica en temas como Passa Quatro. Una nueva colaboración que suman a sus trayectorias y que demuestran la expansión musical de los artistas. Ballaké Sissoko ya había participado en en disco de corte clásico al colaborar en 2003 con el pianista italiano Ludovico Einaudi. El resultado fue el magistral Diario Mali. “No se puede vivir con la kora guardada en una habitación. Hay que dar y recibir y esa es la principal razón por la que he realizado tantas colaboraciones con otros músicos”, explica el maliense. Uno de sus primeros trabajos fue junto a su amigo Toumani Diabaté. New Ancient Strings fue un homenaje a la generación de sus padres. A esos griot que conquistaron los oídos occidentales. “La música ha puesto a Malí en el mapa. Mi padre y el de Toumani Diabaté comenzaron el camino pero esto es una nueva vuelta de tuerca, una nueva reflexión”.

En esa búsqueda de nuevos sonoridades, el maliense supo que el violonchelo era una forma de innovación pero sin estridencias y conforme a su manera de ver la música. “Ballaké se expresa por sí mismo a través de la kora. Es un músico clásico al que no le gusta la idea de escribir sus composiciones. Las memoriza”, describe Segal.

El experimento transcultural cuajó. Sin protagonismos y con una sencillez que se plasma en las palabras de ambos músicos. La voluntad de tocar por disfrutar de lo que se hace. “Siempre soñé con algo así. Quería hacer algo en acústico porque la imagen que se tiene de África es principalmente de festejo. Este proyecto podría seguir para siempre ya que es alivio y amor”, concluye Sissoko.

La fiesta del documental africano

Por Laura Feal*

Fotograma de la película ganadora del festival Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina.

Retomando la filosofía de Sembene de convertir el cine en la “escuela del pueblo”, el Festival de Cine Documental de Saint Louis, evento anual organizado por la red AfricaDoc, ha transformado durante cinco días la antigua capital del África Occidental en una gran pantalla. Cincuenta films documentales procedentes de 23 países se proyectaron (entre el 5 y el 10 de diciembre) en presencia de un centenar de profesionales, en plazas al aire libre y lugares públicos de la ciudad, así como en el Instituto Francés de Saint Louis, la Universidad Gaston Berger o el centro cultural Le Château, .

En la presente y ya tercera edición del Festival, 24 películas entraron en competición en la Selección Oficial, organizadas en tres categorías -corto, medio y largometraje- exponiéndose al veredicto de un jurado formado por tres personas venidas del mundo cinematográfico, audiovisual y mediático africano y europeo, entre ellas Komlan Agbo, director del patrimonio cultural y de las artes de la UEMOA.

Los ganadores del premio AIRF (Asociación Internacional de las Regiones Francófonas) fueron anunciados durante el acto de clausura del festival. El jurado premió la visibilidad de las problemáticas femeninas en diferentes contextos africanos, extrayendo el debate común entre tradición y modernidad y el cuestionamiento identitario en sociedades con un marcado componente conservador. La máxima distinción en el apartado de cortometrajes fue para Eva Sehet y Maxime Caperan  por su trabajo La Fille du Rail  (La hija de los railes) que, grabada en Malí, cuenta la historia de la primera mujer maquinista, en un contexto de grave crisis política en el país.

 

El film L’arbre sans fruit (El árbol sin frutos) de la nigeriana Aicha Macky, uno de los más esperados del festival, se llevó por su parte el premio en la categoría de mediometraje. El jurado resaltó la generosidad de la realizadora a la hora de contar su historia y participar en primera persona, lo que “le da fuerza y profundidad a la película”, que trata con gran delicadeza el tema de la infertilidad femenina.

En la máxima categoría, el jurado premió la sensibilidad del film Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina. El documental, que aborda sin tapujos este tema tan tabú, fue visionado en la plaza principal de Saint Louis, con una importante afluencia de personas de todas las edades, que aplaudieron abiertamente al final de la proyección. En esta página puedes visionar un fragmento.

En paralelo, y otra de las atracciones del Festival, fue la proyección de la ultima realización de Ousmane William Mbaye Kemtiyu, sobre la vida de Cheikh Anta Diop, trabajo del que ya hemos hablado en Wiriko. Precisamente en esta edición, el festival ha querido rendir homenaje al director senegalés con una retrospectiva integral de su obra que incluyó Mere bi, President Dia y Hierro y cristal, entre otras. En el apartado Saint Louis en corto, el festival ofreció un espacio a los jóvenes realizadores, salidos del Master de realización y producción documental de creación de la Universidad Gaston Berger de Saint Louis, que comienza este año su décima edición, y que han podido dar a conocer sus obras al gran público.

Acercar el género documental

El documental de creación tiene por objetivo crear imágenes que ayuden a pensar e interactuar con el espectador. Según Souleyman Kebe, coordinador de las proyecciones, este evento pretende “tejer una red entre la ciudad y los creadores y acercar este género a todo tipo de público”. Para ello, el carácter abierto y gratuito del festival juega un papel importante. Pero no lo es todo. Una de las iniciativas ha sido el programa Público Joven, que ha llevado parte de la sección oficial a diez centros escolares de la ciudad, acompañados de un invitado y un dinamizador con el fin de debatir sobre el contenido con el alumnado. En la escuela St. Joseph más de 80 cabezas se estrechaban para no perderse ni un fotograma de Un talibé que no es como los demás, cortometraje sobre un niño que estudia en la escuela coránica. Cécile Mbaye, profesora de CM1, explica la importancia de que sus alumnos vean películas que se desarrollan en su entorno, porque normalmente solo consumen cine occidental. Otro ejemplo de este acercamiento, es la obra Grande Place, de la única directora de Saint Louis que ha presentado un trabajo en esta edición, AnneJo Brigaud. La creadora sitúa su cámara en una de las calles de la ciudad, rindiendo así homenaje al espacio de la palabra en la sociedad senegalesa y a la gente, que según ella “son parte imprescindible del patrimonio de Saint Louis”.

El eterno dilema de la producción

Tënk, que en wolof significa resumen (equivalente al pitch que se usa en la jerga cinematográfica) es la palabra elegida por la organización del Festival para designar los encuentros de coproducción en los que participan realizadores africanos y productores y difusores venidos de diferentes países, como Bélgica, Francia o Canadá. En esta edición, 21 jóvenes directores de quince países del continente presentaron su proyecto de film, acompañados por su productor africano y del formador que les ha orientado durante su residencia de escritura. Al otro lado de la mesa programadores y difusores occidentales, con mayor acceso a fondos y ayudas, dispuestos a embarcarse en una asociación Norte-Sur.

Tras este primer encuentro, público y abierto, las citas se cierran ya en privado y ambas partes negocian y discuten posibles colaboraciones. ¿Resultados? Pronto lo sabremos. De momento, y para los que entiendan el francés, os recomiendo el articulo de Olivier Barlet (jurado del festival) publicado en la revista digital francesa Africultures en el que se desgranan varios de los proyectos presentados. El festival pretende convertir a Saint Louis en un punto de convergencia anual de profesionales del documental africano y de cineastas del mundo entero que filmen en el continente. Queriendo ser un eslabón clave en la cadena de promoción del genero, el debate se cierne sobre la difusión de estos trabajos fuera del circuito de festivales.

Imagen de la escuela St. Joseph donde el festival de cine documental ha implementado parte de su programa de difusión.

 


* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

El Médico Africano, un bálsamo anti-racista en Netflix

Kinshasa, 1975. Mobutu lleva diez años a la cabeza de la dictadura zairense, actual República Democrática del Congo. La clase media y alta de la capital sueña con mudarse a lujosas metrópolis como París o Bruselas. Algunos privilegiados, los más allegados a la corruptela del Movimiento Popular de la Revolución zairense, lo consiguen. Otros, emigran a su suerte y en busca de otro tipo de sueños. Pero ser (in)migrante en Europa nunca ha sido sencillo, a pesar de ser los europeos mismos una sociedad (e)migrante cuyo desarrollo no podría explicarse sin este fenómeno.

bienvenue_a_marly_gomontEsta es la historia de Seyolo Zantoko, un médico congoleño licenciado en París, que en un esfuerzo para ejercer su profesión y conseguir la nacionalidad francesa, se muda – junto a su esposa y sus dos hijos- a un remoto pueblo de la campiña francesa. Bienvenue à Marly-Gomont (2016), ahora disponible en Netflixtitulada en su versión en español como El Médico Africano, es una tragicomedia franco-belga dirigida por Julien Rambaldi y basada en la historia real de la familia del rapero Kamini Zantoko (el hijo pequeño). Una historia singular y reveladora sobre el fenómeno migratorio africano y el miedo a la diferencia (en forma de racismo) de la Europa rural de los años setenta.

El epicentro de la historia es una familia cristiana, urbanita, de clase media y africana, en la que las aspiraciones de una madre joven y educada como Anne Zantoko (interpretada por la franco-senegalesa Aïssa Maïga), chocan desde el principio con las posibilidades reales que su marido, Seyolo (interpretado por el congoleño Marc Zinga), tiene en Francia. Él es consciente de lo difícil que lo tienen los africanos en el país occidental. Ella, que sueña desde Congo poder ir a pasar las tardes a las cafeterías del París de Godard con su marido e hijos, imagina una vida al más puro estilo Brigitte Bardot. Pero su vida en Europa no será nada parecida a la de las películas que se proyectan en Zaire, porque la familia deberá instalarse en una pequeña aldea de la campiña, donde nunca antes han visto a ningún negro. Africanos urbanos vs. europeos rurales. El guión promete.

El repudio a lo diferente como telón de fondo: 

El rechazo y el racismo con el que la mayor parte del pueblo de Marly-Gomont recibe a los zairenses y a sus hijos, recrudecen la ya de por sí dura vida en el campo. “”¿Y vosotras qué miráis? ¿Tampoco habéis visto nunca a un negro?”, les grita Anne a un grupo de vacas blancas que pastan junto a la aldea. Y es que el racismo llega hasta tal punto que los aldeanos se niegan a ir al médico, a pesar de ser el único en 15 kilómetros. “En la escuela, los niños dicen que eres un marabú; que no hay médicos negros”, le dice el pequeño Kamini a su padre. Y con la falta de pacientes, reacios a ser atendidos por un médico africano, el poder adquisitivo de la familia va mermando hasta tal punto que, no solamente dejan de poder pagar la luz o la calefacción (durante un gélido invierno), sino que incluso acaban por no encajar ni en los estándares de vida de los expatriados congoleños en Francia o Bélgica.

Inadaptados a Francia y a la propia diáspora africana, y ante el temor de no ser aceptados, Seyolo prohibe a su familia hablar lingala: “¡Estamos en Francia, hablaremos francés!”, les grita a su mujer e hijos. Y es que, el tema identitario juega un papel fundamental en el relato, mostrando el conflicto interno del migrante para integrarse y ser aceptado en la sociedad de acogida sin perder sus orígenes y sus raíces. Y para enfatizar el carácter diferenciado de unos y otros, el director nos brinda una caricatura constante de europeos y de africanos, con estereotipos (por los dos lados) que no dejan de asomar la cabeza durante toda la película, de forma exagerada, pero simpática.

Con el broche de oro de una banda sonora de lujo, la película realiza guiños constantes a la psicodelia africana de los 60 y 70 con viajes sonoros de la mano del burkinabés Amadou Balaké, el congoleño Le Gran Kalé o el senegalés Ousmane Kouyaté; pero no se olvida de esos grandes hits del Soul y el Funk – tan bailados en Europa como en África- de los afroamericanos Jackson 5 o The Temptations.

Netflix da en el clavo en el momento adecuado:

Se acerca la Navidad (momento en el que ocurre el relato de la película El Médico Africano) y todos nosotros y nosotras convivimos, más o menos, con personas de distintas procedencias a la nuestra en nuestras ciudades, pueblos y aldeas. A pesar de que hoy la mayor parte de migrantes africanos emigran a otros países del continente vecino, la realidad es que la vida de muchos africanos y africanas que conviven entre y con nosotros y nosotras sufren racismo y xenofobia a diario.

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Isaiah Lopaz.

No es casualidad que recientemente, Isaiah Lopaz, un afroamericano residente en Berlín, haya lanzado una campaña a través de camisetas que denuncian la sarta de estupideces que a menudo un negro tiene que escuchar en Alemania. Tampoco lo es que, después del Brexit, muchos extranjeros de diferentes procedencias se sientan juzgados negativamente por tener orígenes no ingleses. Ni que en Francia todos los políticos se sumen a la mano dura en las políticas migratorias y en querer salvaguardar una sospechosamente excluyente “identidad nacional”. Igual como sucede en Estados Unidos después de la elección de Trump, cuando un profesor amenaza a niños afroamericanos con ser devueltos a África (donde nunca han estado).

Si. Estamos ante un brote global de racismo e insensatez. Ante la desvergüenza de una parte de la sociedad sin escrúpulos ni empatía. Y ante tal pandemia, bienvenidos sean todos los antídotos que nos pueda brindar la cultura. Y a los que hoy, Netflix les da una capa de barniz con El Médico Africano.

Las cinco razones para odiar Casablanca

Todos conocemos la exitosa película Casablanca, filmada en 1942, como una obra cumbre del cine occidental, aunque solo nos suene la escena final del aeropuerto y esa tremenda niebla. Sin embargo, Casablanca es un ejemplo más del poder que Hollywood tenía en el mundo y del peligro que ello suponía (y supone) al ser capaz de reflejar las imágenes de un universo que no es real. Un universo que ha atravesado el filtro de nuestro cine.

Poster - Casablanca

El largometraje, que ganó tres de las ocho nominaciones a los premios Oscar, entre ellos a mejor película, está ambientada en la Segunda Guerra Mundial y relata la situación de los refugiados europeos que huían del III Reich Alemán y acababan en la ciudad marroquí con la esperanza de lograr los visados que les llevarían a América, a través de Lisboa. Pero Casablanca se convirtió en un gigantesco embudo en el que se entraba, pero no se salía.

Entre tanta confusión descubrimos a Richar Blaine (Humphfrey Bogart) dueño del Rick’s Café, a Ilsa Lund (Ingrid Bergman) y a Victor Laszlo (Paul Henreid) un matrimonio de refugiados que intentan salir de Casablanca a toda costa para seguir luchando contra las fuerzas del fascismo. La trama se va complicando y según nos sumergimos en el triángulo amoroso de los tres protagonistas la trama se va complicando y acabamos olvidando que detrás de una historia de amor hay mucho más. Una historia con una escena irreal, clasista, racista y, por supuesto, machista.

  1. La Casablanca que no existió

Durante 102 minutos que dura la película se nos muestran escenas de interior, casi siempre centradas en el Café de Rick, y cuando aparecen escenas exteriores vemos una Casablanca profundamente tradicional, de corte árabe, con una medina de calles estrechas, llenas de mercancías.

No obstante, Casablanca nunca fue una urbe tradicional. Desde el s.XIX su desarrollo como centro industrial y principal puerto de Marruecos y la influencia francesa, provocaron la “europeización” de la ciudad. La vieja medina tiene poco o nada que ver con los centros de Fez, Marrakech o el propio Rabat: sus calles son más anchas, y están salpicadas de edificios coloniales. Más que una ciudad tradicional, Casablanca bien podría considerarse una ciudad colonial ex novo. La Casablanca que vemos en el filme es una ciudad irreal y artificial que nunca llegó a existir. Por no mencionar que la película fue rodada enteramente en suelo estadounidense.

  1. Refugiados de clase alta

La tendencia del cine estadounidense es ver el mundo -y representarlo- desde un solo punto de vista. En el caso de los refugiados, vemos a una mayoría de ciudadanos europeos de clase alta que, mientras llega su visado, esperan en las terrazas de la ciudad y pasan las noches en el Café de Rick.

Sin embargo, no podemos olvidar que al otro lado del Mediterráneo consiguieron llegar todo tipo de ciudadanos, no sólo refugiados con las carteras llenas. La película hegemoniza una sola clase de refugiados, las de los ricos, mientras que se olvida de todos aquellos que llegaron sin nada más que lo puesto. “Esto está plagado de buitres, bandidos, por todas partes” es una de las frases que abren la película y que hacen referencia a los asilados. Criminalizar la pobreza. Eso es lo que hace Hollywood en 1942. ¿Cuál sería la visión hollywodiense del actual flujo de refugiados hacia Europa?

  1. ¿Dónde están los marroquíes?

Cualquiera diría que en Casablanca no vivían marroquíes. La sobrerrepresentación de personajes blancos en la película crea de nuevo una imagen irreal de la situación de la ciudad en aquellos años. Pero la realidad es otra. Aunque Casablanca fuera un centro colonial la población blanca seguía siendo una minoría incluso en los años centrales de la Segunda Guerra Mundial.

En algunas escenas sí aparecen personajes de apariencia marroquí, pero se les representa como unos seres interesados y embusteros. El propio Rick advierte a Ilsa de un tendero con la expresión “te va a engañar” aludiendo al regateo como un acto poco honroso y chabacano. El largometraje, además de ignorar, está encuadrando negativamente una cultura con una sola frase.

  1. Sam,el negro fiel de Humphrey Bogart

Hollywood parece que se equivocó hasta el fondo con Sam, el pianista negro de la película. La frase “tócala otra vez, Sam” ha quedado en los anales de la historia del séptimo arte. Pero Rick en ningún momento se dirige al pianista amablemente, más bien, le da órdenes: “La tocaste para ella y ahora la tocarás para mí. Tócala”, son las verdaderas palabras que brotan de los labios de Rick Blaine.

Además durante toda la película Sam aparece como un perro fiel, que obedece todas las órdenes y que sigue a Rick a todas partes. Un sirviente que nunca se plantea rebelarse o resistirse a los mandatos del protagonista. Más que un amigo, Rick parece ser el dueño de Sam. En 1942 el cine de Hollywood está mandando un mensaje racista, basado en la superioridad racial, bastante llamativo. Un discurso radicalmente opuesto al de los protagonistas que dicen luchar por la libertad y contra el racismo impuesto por el sistema alemán en Europa.

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  1. Ingrid Bergman y la sumisión femenina

Pero si el cine occidental demostró ser clasista y racista, también resultó ser profundamente misógino. Ingrid Bergman interpreta una brillante Ilsa Lund, una mujer de carácter, decidida a conseguir sus objetivos… pero que por el camino se encuentra desolada. La propia Ilsa le confiesa a Rick que ella era todo lo que él le había enseñado, que le mostró el mundo. Que antes que él apareciera, ella no era nada.

Junto a este papel sumiso, Rick no duda un segundo en pronunciar otra frase cargada de simbolismo patriarcal: “Tienes que subir a ese avión, con Victor, que es a quién perteneces”. Esta alusión a Ilsa como una propiedad de Victor Laszlo por el mero hecho de estar casados es un símbolo más de la apropiación del amor y de la mujer. Un mensaje que la maquinaria de Hollywood ha seguido enviando a través de las pantallas durante décadas.

 

El África contemporánea en vídeo que saca los colores a Occidente

Los vientos de cambio comenzaban a rondar los discursos independentistas de las futuras naciones africanas. Era el año 1957 y los franceses Chris Marker y Alain Resnais dirigían su particular documental anticolonialista Las estatuas también mueren. Ellos luchaban a través de sus imágenes contra las narrativas francesas e internacionales en el continente africano. Combatían con sus cámaras el discurso pretendido de entender las esculturas o las pinturas del continente desde un plano estereotipado, descontextualizado y relegado a una urna transparente en algún museo europeo. Hasta hace bien poco el rastro de sus creadores africanos era meramente anecdótico. Pero ¿qué significa ser africano para los artistas de hoy en día? ¿De qué manera su patrimonio y su identidad forman parte de su trabajo? ¿Puede el arte, incluso, definirse y no aceptar que los artistas sean etiquetados o clasificados?

Obra del artista anglo nigeriano Yinka Shonibare.

Obra del artista anglo nigeriano Yinka Shonibare.

Aunque de forma paulatina, cada vez son más las exposiciones en Londres, Berlín, Bilbao o Nueva York que acercan las pinturas, fotografías, esculturas o intervenciones que llegan desde África. Por este motivo, la necesidad de tratarlo desde el audiovisual retomando el discurso que hicieran Marker y Resnairs hace casi 60 años aunque otorgándoles la voz a los implicados directos. La  serie African Masters (Maestros africanos), explora el mundo de los artistas africanos a través de diversas entrevistas como Yinka Shonibare (anglo-Nigeria), William Kentridge (Sudáfrica), Romuald Hazoumé (Benín), Sokari Douglas Camp (Nigeria), El Anatsui (Ghana), Maria Sibande (Sudáfrica), Wangechi Mutu (Kenia) o Bisi Silva, fundadora y directora del Centro de Arte Contemporáneo de Lagos, Nigeria.

La serie de 6 capítulos creado por The Africa Channel presenta una vista exclusiva del “arte africano contemporáneo” a través de un guión visualmente atractivo. Los 3 primeros episodios hacen un recorrido histórico y contextual del momento por el cual pasan los artistas africanos, tanto los que viven en la diáspora o los que se han quedado en el continente. Los capítulos 4, 5 y 6 son sesiones más íntimas con algunas de las figuras más notables mostrando qué se cuece en sus estudios y cómo trabajan detrás de las bambalinas.

Obra de la keniana Wangechi Mutu.

Obra de la keniana Wangechi Mutu.

African Masters está pensado para profanos en la materia, aficionados o doctos con el objetivo principal de desestereotipar y cuestionar. Mostrar cómo está surgiendo esta escena vibrante como una fuerza global y dinámica, visitando estudios en Senegal, galerías en Nueva York, residencias artísticas en Nigeria o casas de subastas en Londres. African Masters presenta a una nueva generación de artistas emergentes que están haciendo que el mundo del arte se siente y escuche. Que cambie la perspectiva y mire hacia el sur.

Episodio 1: “Revelaciones”

En el primero de los capítulos, cuyo vídeo se puede visionar al final del artículo, se desmenuza cómo el mundo occidental ha negado el valor del arte africano durante generaciones a pesar de que figuras célebres como Picasso se inspiraran claramente en diversos diseños y formas del continente.

Episodio 2: “Creaciones’

Este episodio nos lleva en un tour mundial de Nueva York a Dakar y de Londres a Lagos, con un acceso exclusivo e inigualable a los artistas africanos contemporáneos más importantes del mundo. El espectador visitará a los artistas que siguen viviendo ​​en África y los que han hecho una nueva vida en el extranjero. Se podrá observar cómo tapas de botellas, de chapa de acero, carbón, pinturas de aceite o latas de gasolina se encuentran entre los materiales que se están utilizando para crear algunas de las obras más buscados actualmente.

Episodio 3: “Globalizarse”

El tercero de los episodios se centra en el negocio y el movimiento frenético de arte africano contemporáneo. Sin dejar atrás los estudios de los artistas, el capítulo se centra en los que mueven los hilos detrás de la aparición del arte contemporáneo africano en la escena mundial.

Episodio 4: “Sesiones de estudio con El Anatsui y Ablade Glover”

El Anatsui muestra cómo sus enormes tapices y sus instalaciones son ensambladas a partir de artículos desechados.

Episodio 5: “Sesiones de estudio con Sokari Douglas-Camp, Mary Evans y Soly Cissé”

Visitamos los artistas que han hecho una nueva vida en el extranjero en Londres, y los que permanecen basan en África.Entramos en los espacios de trabajo y estudios de artistas que trabajan con una notable variedad de formas de arte.

Episodio 6: “Sesiones de estudio con Ousmane Sow, Bruce Onobrakpeya, Yusuf Grillo y Julien Sinzogan”

El último de los episodios viaja a Senegal, para visitar los principales artistas de habla francesa, como el escultor Ousmane Sow (Senegal, Francia) y el pintor Julien Sinzogan (Senegal, Francia), y a Nigeria donde se podrá conocer más de cerca el trabajo, métodos, estilo e influencias de Bruce Onobrakpeya y Yusuf Grillo.

 

Bye Bye Africa y el exilio del director africano

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Maricela Muñoz Soto

Bye Bye Africa es una película del director chadiano exiliado en Francia Mahamat-Saleh Haroun (1999). Este largometraje narra la historia del propio director, quien a su vez es el actor principal, y donde se ve reflejada la necesidad de proyectar y documentar de alguna forma, como él lo explica, “la vida”, ese sentimiento de alienación en tu propia tierra.

Director chadiano Mahamat-Saleh Haroun.

Director chadiano Mahamat Hale-Haroun.

Haroun dice que: “para olvidar mi queja, voy a hacer un homenaje a la que me dio la vida”, su propósito original fue rendir homenaje a su madre fallecida, a la que desde hace diez años dejó de ver, y a sus orígenes, África. Durante la cinta, el cineasta invita a realizar con él este camino introspectivo en el cual va descubriendo aspectos que le hacen reflexionar aún más sobre su identidad, su familia y lo que ha sido y será su trabajo como cineasta.

Desde la primera escena de la película hasta que actor principal se traslada a Chad, podemos ver las grandes diferencias del mundo en el que él vive y en el que vivió, el cual se ha quedado atrapado en tiempo y en la destrucción debido a las guerras que ha sufrido. Una realidad totalmente diferente que lo coloca en la disyuntiva de lo que fue y lo que es. Se sorprende con el nivel de degradación en el que encuentra la ciudad y la casi nula existencia de cine.

Haroun explica durante la cinta que antes de irse a Francia, el cine tenía un gran auge en el país y que en Yamena, la capital del Chad, había muchas salas de proyección que tenían éxito entre la población. Con el paso del tiempo eso quedó atrás, quedó olvidado. Los cines están cerrados, destruidos, abandonados. Los pocos que siguen abiertos están en mal estado, con aparatos muy viejos que dificultan una buena proyección, lo que a su vez, provoca que la gente no disfrute de asistir aunado a una mala distribución de películas. Con esto, se observa el cambio de hábitos y preferencias. Las salas de video y la venta de películas piratas en cualquier lugar toman un auge importante que terminan por golpear a la ya en decadencia industria cinematográfica y surge una gran interrogante: ¿para qué hacer cine si no hay espectadores?

Durante el regreso a su país, Haroun no sólo se enfrenta a momentos y situaciones complicadas al observar la difícil situación para producir la película, sino que se enfrenta al recelo de la familia y amigos que no entienden a lo que él se dedica, no lo ven provechoso e incluso lo ven como algo que va en contra de ellos.

El propio padre del cineasta le recrimina que podría haber sido doctor y quizá salvar la vida de su madre en lugar de hacer cine, porque eso, a ellos, no les sirve de nada. Sin embargo, el hijo le intenta explicarle en una conversación salpicada de planos muy visuales que en el país donde vive, Francia, su oficio sí es importante y que, precisamente, lo que él quiere dar a conocer a través de las imágenes son sus orígenes, a lo que el padre le responde: “En la tierra de los blancos está bien, pero nunca será la tuya. Cuando crees que eres parte de aquella tierra, perderás el alma”. Es justo en ese punto donde se empieza a dar cuenta y a ver reflejado ese choque de ideas, donde los orígenes pertenecen a un lugar pero la mentalidad ha cambiado y la percepción se ha vuelto muy diferente hasta el punto de sentirse y ser visto como un extraño en su propia casa.

Durante la toma realizada en la calle en uno de sus paseos por visitar los cines donde pasaba sus años de infancia, tiene un altercado con un hombre que se siente ofendido al verse grabado y le arrebata la cámara gritándole: “ladrón de imágenes”. Esto refleja un enfrentamiento con la tradición y las creencias de las personas, e incide en un problema de la percepción de la imagen que tienen de ellos mismos.

Éste es un tema delicado y se debe trabajar con mucha cautela, como le recomienda Isabel, la actriz que interpreta a una chica infectada con el VIH en una grabación años atrás del propio Haroun: “Su cine me mató al sufrir y verme afectada por los comentarios de la gente. Era señalada, olvidada, además de obligada a realizarme un análisis para comprobar que no estuviera contagiada”. Un error de cálculo del director que a la actriz le costó no sólo su carrera, sino el resto de su vida. “El cine es más fuerte que la realidad”. La gente, el público para el cual estaba dirigida la cinta, no logró diferenciar entre la ficción y la realidad, un descuido con muy poca sensibilidad y que no es más que resultado de la lejanía con la que se ve objetivo.

Mahamat-Saleh Haroun, en un deseo de realizar producciones africanas, de transmitir un mensaje, de dar a conocer lo que es su país y su continente de origen y de ser el portavoz de un pueblo, se ve obstaculizado en el momento en el que ya no logra comprender esta realidad; él ya no forma parte de ese mundo. Bye bye África fue un instrumento de investigación a nivel laboral y emocional que despertó el interés por apoyar la industria del cine en Chad y, al mismo tiempo un guión que refleja al africano exiliado, una situación muy común para las miles de personas que son parte de la diáspora y que tienen una identidad compartida entre dos mundos muy diferentes. De ahí el título de la película: adiós África.

África: banda sonora 2015 (VIII)

“Estamos al inicio de un ciclo africano mundial”

Su álbum debut ‘Léman’ (World Connection,2009) sorprendió a todos con una composición delicada y mimada que suspiraba cierto romanticismo al que no estamos acostumbrados cuando hablamos de músicas africanas. Algunos querían casar su sonido con reminiscencias brasileñas, pero el camerunés Blick Bassy no titubeó en decir entonces que es la música brasileña la que tiene fuertes raíces africanas, y que ese es el motivo por el que confundimos sus sonoridades. Pero lo cierto es que su música es un cruce de caminos con influencias varias, entre las que se encuentra Malí, donde grabó su primer álbum en el estudio de Salif Keita, pero también Estados Unidos, el Congo o Francia.

Para comprender al artista y comprender cómo utiliza su don como cantante y compositor, hemos querido entrevistarlo y conocer más de cerca los secretos que entronizan su 3er álbum de estudio (Akö) como uno de nuestros álbumes estrella de 2015.

Blick Bassy, por Denis Rouvre.

Blick Bassy, por Denis Rouvre.

GS: ¿De qué fuentes musicales bebes? 

BB: Para mí cada álbum es un proyecto en sí. Léman es el encuentro entre melodías del África central y las armonías del oeste africano. Crecí en un medio donde la música está en todas partes todo el tiempo. Cuando era joven mi padre escuchaba alguna bossa nova de Joao Gilberto, Gilberto Gil o Joao Bosco, pero también a cantantes como Marvin Gaye, Nat King Cole, Stevie Wonder y música camerunesa de Jean Bikoko Aladin, Eboa Lottin, Ndedi Dibango… Crecí escuchando toda esta música, así que para mí es natural que estas influencias estén en todo lo que hago. En el norte de Camerún también tenemos música pentatónica como en Malí, así que me es fácil incorporar los sonidos malienses en mis canciones y que todo vaya filtrándose en mí. Pero como he dicho, cada disco es un proyecto distinto, Hongo Calling (World Connection, 2011) me trajo desde Camerún hasta Brasil a través de los ritmos Hongo del pueblo Bassa.

GS: Y después de tu segundo álbum, Hongo Calling, nos brindas tu tercera perla: Akö (No Format, 2015). Y con tanto éxito que la canción Kiki ha sido elegida para promocionar el iPhone6. ¿Crees que tu álbum viene en el momento perfecto en que África está poniéndose a sí misma en el epicentro de la creatividad mundial? ¿Cómo Blick Bassy también se encuentra en el epicentro de este auge?

BB: Un momento perfecto… (se ríe) ¡Creo del todo en una Nueva África y estaba seguro ya hace años de que este momento llegaría! En serio, creo que un artista hoy en día tiene que verse a sí mismo como contratista, por ello, tenemos que evolucionar y entender las realidades del mercado. Las nuevas tecnologías e Internet han cambiado la forma en que hacemos y consumimos música lo que ha puesto África al frente del escenario internacional. Pero este cambio de modelo tiene un impacto mucho más grande en África que en otras regiones. A mí, que no solamente soy compositor y músico sino también productor y llevo un sello discográfico en Camerún desde hace diez años trabajando con jóvenes artistas, las nuevas dinámicas de producción y consumo solo me refuerzan el enfoque afro-positivista.

GS: ¿Hablas de ello en tu nuevo disco, Akö?

BB: Todas las canciones de este álbum hablan de transmisión intergeneracional, pero sobre todo de la educación de los niños ya que si queremos cambiar el mundo, solo lo podremos hacer a través de ellos.

GS: Lo cuentas a través de la lengua bassa en tus canciones. ¿Es una demanda política del derecho y la necesidad de reivindicar las lenguas africanas como vehículos de transmisión cultural? 

BB: Creo que estamos sólo al inicio de un ciclo que, desde mi punto de vista, será africano a nivel mundial. La historia de África será narrada por sus hijos, tanto en el cine, la música, el arte, la cultura africana llegará a los ojos del mundo a través de las nuevas tecnologías y nuestras lenguas se convertirán en tan poderosas como el inglés, el francés, etc…

GS: ¡Ojalá¡ Y a través del arte africano se podrán apreciar más las culturas africanas, ¿no? ¿Sientes responsabilidad como músico hacia la cultura bassa?

BB: Primero de todo me siento ciudadano del mundo, luego de Camerún. Lo Bassa me lleva a mis tradiciones y mi cultura. Pero puedo decir que pertenezco a toda la comunidad camerunesa ya que ni siquiera estoy viniendo en ninguna comunidad Bassa. Creo que nuestra sociedad es completamente distinta a lo que la gente se imagina cuando hablamos de comunidades concretas, nadie espera de mí como artista nada que yo no quiera darles. A día de hoy mi trabajo es muy conocido en Camerún, sobre todo porque con mi antigua banda estuve muy activo en el país durante diez años. Los jóvenes cameruneses respetan mucho lo que hago, pero no siento que pidan nada de mí.

GS: Volviendo a tu último disco, ¿qué diferenciarías de Akö respecto a los álbumes precedentes?

BB: Con Akö, me he dejado llevar por la magia de la fotografía de Skip James y su blues. Lo demás fluyó. Estamos viviendo en un tiempo de exceso de información, y quería un álbum donde mi voz y mi emoción fueran la información principal, acompañadas del banjo, el cello y el trombón. Así que a diferencia de Léman y Hongo Calling, este disco vino a mí.
GS: La música vino a tí. Y así, también nos llega a nosotros, como un regalo. La mayoría de los músicos que entrevistamos en Wiriko han tenido que emigrar fuera de África para poder vivir como músicos. ¿Éste es tu caso también?

BB: Por supuesto. Cuando me fui de Camerún en 2005, no había estructura viable para el desarrollo de una carrera ambiciosa. Si fuera hoy, con la fuerza de Internet, no me iría.

Blick Bassy por el fotógrafo David Balicki.

Blick Bassy por el fotógrafo David Balicki.

GS: ¿Es muy diferente la vida en París o en Douala o Yaundé? ¿Qué hechas más de menos de Camerún viviendo en Francia?
BB: La ventaja de estar en París es la satisfacción profesional, tener una estructura de apoyo, ser la marca de una agencia de management… esto aún no se encuentra en Douala. Pero lo que más echo de menos es el amor entre las personas, compartiendo y ayudándose unos a otros, pero también la comida, porque yo soy super mal cocinero.
GS: Te mudaste de París y ahora estás instalado cerca de Calais, un punto caliente del drama que se está viviendo con los refugiados en Europa. ¿Cómo se está viviendo la crisis de migrantes en la región? 

BB: Yo vivo en Cantin, un pequeño pueblo cerca de Calais. Aquí la gente es muy amable, en serio, nunca he sentido racismo hacia mí desde que estoy aquí. Todo el mundo sabe acerca de mí ya que tengo una asociación en el pueblo. A veces me voy de visita Calais para llevar algunas cosas a la gente (migrantes) que acampan para cruzar hacia la Mancha. Puedo entender que a veces la gente se asusta, pero creo que es la ignorancia fomentada por los medios de comunicación y la política los que están jugando con esos temas en beneficio propio. A pie de calle, la gente reacciona de forma distinta.

GS: Tenemos entendido que tienes un proyecto para ayudar a los músicos de Camerún para poder desarrollar su carrera profesional en su país de origen ¿Es difícil decirle a un joven de Camerún que no tiene que migrar para poder vivir de su talento?
BB: He creado una agencia de artistas –Wanda-full.com– con un boletín de noticias que cada semana se actualiza para ayudar a artistas africanos a desarrollarse, pero también funciona en Europa al final. Me dí cuenta que los artistas, músicos, managers, promotores y distintos agentes del negocio de la música están faltos de estrategias y consejos tanto en África como en Europa. Es un sector que está mal en todos lados. Todo artista lucha para salir adelante. Así, también hemos creado un programa de radio en el norte de Francia para asesorar artista y que puedan impulsar sus carreras. Realmente, a día de hoy creo que se trata de aquello de “hágalo usted mismo”. Si quiere sobrevivir, cada músico tiene que ser independiente, en África y donde sea.

GS: Pues te tendrán que hacer caso porque parece que tu receta está funcionando más que bien. Tienes una agenda bien repleta, ¿verdad? Francia, Hungría, Marruecos…

BB: A parte de mi gira de presentación de Akö, estoy trabajando en un libro. Es una novela sobre la migración. Pero también estoy trabajando en torno al concepto de “Artista hazlo tu mismo” para ayudar a los artistas a compartir sus consejos y estrategias de música. También soy secretario general de la Red Mundial de festivales de músicas del mundo y de la agencia de promotores Zone Franche.

Sembéne o la reconquista de las imágenes africanas

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Zyanya Perea Jiménez

“En todo el Tercer Mundo las pantallas cinematográficas siempre han reproducido personajes norteamericanos y europeos, hablan de un mundo que no es más que fantasía para el espectador; no son peores como los que transcurren en el propio Tercer Mundo, en los que los nativos no son tan inteligentes como los blancos sino dóciles sirvientes, pérfidos enemigos o bufones. ¿Qué hacer? Combatir imagen con la imagen”, Robert A. Rosestone.

colonial film

Imagen de Martin & Osa Johnson- Safari Film Legends. Década de 1930.

A inicios del siglo XX, la representación colonial de África incluyó producciones cinematográficas. Los recursos visuales de la época y las prácticas sociales europeas se encargaron de propagar representaciones infantiles, exóticas y animalizadas de la vida social africana; detallando la necesidad de tutelaje europeo sobre el desarrollo político, económico, y cultural del continente.

El cine significó en las metrópolis un dispositivo dinámico para difundir el carácter positivo de la intervención colonial, configurando la actitud paternalista evaluando la intromisión al continente como una empresa benéfica a los africanos, a quienes se les extendían la gracia de la civilización. Simultáneamente al interior del continente, el cine desempeñó un rol misionero-educativo. Las películas promovieron un anhelo al abandono de las tradiciones culturales autóctonas mientras que exaltaban los beneficios de la adopción a pautas culturales europeas, ya sea desde el ámbito religioso o civil.

En territorios bajo el dominio británico resalta la creación de la Colonial Films Units (CFU) con sede en Nigeria desde 1939. En sus inicios se realizaban películas para alentar a la población africana a luchar en la Segunda Guerra Mundial[1], posteriormente se producen películas que versan sobre los éxitos de la relación interdependiente con el imperio, celebrando el desarrollo tanto industrial como educativo.[2]

De tal manera, no sería sino hasta la llegada de las luchas anticolonialistas y la conquista de la independencia, que se iniciaría un proceso de reapropiación y dignificación de la imagen de África. Desde las recientes naciones africanas el recurso audiovisual brindó posibilidades en establecer referentes lejanos al espectro occidental y colonial en la construcción nacional. A partir de los años 60 comenzarían a gestarse trabajos cinematográficos correspondientes a los posicionamientos políticos sobre la descolonización cultural. En aquella época los cineastas asumieron el deber de plasmar, reclamar y consumir sus propias imágenes y sonidos, dar voz a las experiencias africanas, silenciadas o distorsionadas en el discurso hegemónico y romper con los estereotipos que en el cine se habían configurado para el continente africano. Construyendo una cinematografía con cierta uniformidad en la línea crítica y contestataria de los “Nuevos Cines” del Tercer Mundo.[3]

Perfil del director, realizador, productor y escritor senegalés Ousmane Sembéne, uno de los padres de los cines africanos.

Perfil del director, realizador, productor y escritor senegalés Ousmane Sembéne, uno de los padres de los cines africanos.

“A mi generación no nos explicaron nuestra historia. Sabemos las fechas, las leyendas, pero no sabemos exactamente qué pasó. Nuestro deseo… es dramatizarla y así poder enseñársela a otros e impedir que nos la enseñen terceros”, Ousmane Sembéne.

Uno de ellos es el senegalés Ousmane Sembéne, uno de los precursores del cine africano, quien configuró un lenguaje cinematográfico dirigido a explotar la capacidad pedagógica de la imagen y más particularmente su potencial en la construcción de una consciencia histórica africana.

Excombatiente del ejército colonial francés durante la Segunda Guerra Mundial, imposibilitado a permanecer en Senegal por el rezago laboral, decide ingresar furtivamente a Francia en 1948, donde se formará su agudo sentido de oposición al dominio colonial. Interesado por conseguir medios de expresión para avivar a la acción organizativa, comenzó su desempeño como literato tomando parte del movimiento político cultural de los estudiantes africanos, manteniendo encuentros con actores y escritores negros residentes en Francia.

Cartel de la película Campo de Thiaroye (1988) escrita y dirigida por Ousmane Sembene y Thierno Faty Sow. La película retrata como el 1 de diciembre de 1944, decenas de soldados africanos que habían luchado durante la II Guerra Mundial en las filas del Ejército francés, conocidos como tirailleurs, fueron masacrados en el campo militar de Thiaroye (Senegal) porque exigían que se les abonaran los atrasos de salario que se les debían, así como la prima de desmovilización.

Cartel de la película Campo de Thiaroye (1988) escrita y dirigida por Ousmane Sembene y Thierno Faty Sow. La película retrata como el 1 de diciembre de 1944, decenas de soldados africanos que habían luchado durante la II Guerra Mundial en las filas del Ejército francés, conocidos como tirailleurs, fueron masacrados en el campo militar de Thiaroye (Senegal) porque exigían que se les abonaran los atrasos de salario que se les debían, así como la prima de desmovilización.

Tras un periodo de doce años fuera de Senegal, Ousmane Sembéne regresa una vez adquirida la independencia en 1960. Desconcertado por descubrir que su trabajo literario se encuentra inaccesible para las masas africanas, sea por el analfabetismo de la sociedad o por cuestiones lingüísticas Sembéne resuelve enseguida conseguir su formación como cineasta.

Después de su preparación en cine en la Unión Soviética, a su regreso en 1963 realizó Borom Sarret (1963) “carretero” en wolof, idioma que habla y entiende más del 90% de la población de Senegal. Es un cortometraje que retrata la nueva dinámica de poder en la sociedad poscolonial, en donde una nueva clase, dominada por el dinero, sustituye a los antiguos colonizadores. Este film es considerado la primera película africana realizada por un director africano. Y L’empire Songhay (196 ) documental sobre la resistencia de los songhay (etnia islámica asentada en el actual Malí) frente al colonialismo francés.

A estos títulos le continuaron más de una decena de películas que exploran los temas de la alienación cultural, así como la explotación social y económica que fue caracterizando a los gobiernos neocoloniales africanos, militares o civiles.

Cabe destacar de su filmografía aquellos que recurrieron a preservar en la memoria colectiva acontecimientos históricos, declarando su apreciación de la utilidad del conocimiento del pasado. Sembéne desea que sus películas sean un pretexto para que se debatan los temas, si se trata de una denuncia lo que busca es exhortar a la acción para trasformar esa realidad representada. Sus obras cinematográficas van a la búsqueda de un patrimonio cultural que el colonialismo ignoró o reprimió, desea desprender de este pasado lecciones para el presente[4]. De tal manera retrata las masacres de africanos efectuadas con el conflicto bélico internacional de fondo, en Emitai (1971) y Le camp de Thiaroye (1987). El director senegalés reconoce en el realizador africano la personificación del antiguo griot, el historiador, el contador de la memoria viviente y la conciencia de su pueblo[5] por ello busca llamar la atención respecto al papel histórico que los senegaleses y africanos desean jugar en su porvenir, “…el futuro depende de nosotros, para construirlo en el precio que nos cueste”[6].

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[1] ‘African figthing men’, 1943 (Nigeria/Sierra Leona/Ghana) http://www.colonialfilm.org.uk/node/180 Película destinada al público africano, busca fomentar un mayor apoyo para la guerra, en ella se describen los esfuerzos en curso de los africanos en el conflicto bélico: “Los pueblos de África están haciendo un excelente trabajo para ayudar a la causa aliada, tanto por la producción de las materias primas y por los hombres asignación para las fuerzas armadas”. Se valoran características raciales en la participación de los combatientes africanos: “Ellos están en su mejor combate cuando es en la selva (…) la gran fuerza y ​​resistencia de los africanos es un activo muy valioso en el trabajo como éste”.

[2] ‘Giant in the sun’, 1959 (Nigeria) http://www.colonialfilm.org.uk/node/1820 La película destaca los impulsos del gobierno en el control de la enfermedad y en la mejora de la atención sanitaria. Afirma la contribución del imperio al tutelaje de la sociedad africana: “Los fundamentos han sido bien establecidos por otras manos mayores. La gente del norte de Nigeria se enfrentan al futuro con confianza, sabiendo que con los recursos naturales de la tierra y por sus propios esfuerzos que pueden justificar el orgulloso título de gigante en el Sol”.

[3] Leal Riesco, Beatriz, “Festivales de cine africano ¿moda o necesidad?” Africaneando, (9): p. 89, 4to trimestre, 2011.

[4] Rosestone, Robert A. El pasado en imágenes: el desafío del cine a nuestra idea de la historia. Barcelona: Ariel, 1997, p. 130.

[5] Françoise Pfaff. “Ousmane Sembène, el clásico de los clásicos” NOSFERATU, África negra rueda, Dostia Kultura (N. 30) Abril, 1999.

[6] http://blog.cineafrique.org/2009/08/27/rencontre-avec-sembene-ousmane-ecrivain-cineaste-senegalais/

Bibliografía

La negritud en el cine senegalés poscolonial

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Antonio José López Carreño

Africa sur Seine (1955) dirigida por Jacques Melo Kane Mamadou Sarr y Paulin Vieyra Soumanou, fue el primer cortometraje realizado por directores africanos y marca el comienzo de los cines africanos.

Africa sur Seine (1955) dirigida por Jacques Melo Kane Mamadou Sarr y Paulin Vieyra Soumanou, fue el primer cortometraje realizado por directores africanos y marca el comienzo de los cines africanos.

En la década de 1960 se produce la independencia de muchos países africanos. En dicho contexto, debido a siglos de sufrimiento a causa del colonialismo, la independencia de Senegal (1960) llega acompañada de una necesidad por reivindicar una cultura nacional y una identidad propia [1]. En este sentido, la ideología del nuevo estado independiente intenta definir el arte contemporáneo basándose en la filosofía de la negritud. Esto dará como resultado “la reinvención de la cultura en torno a la idea del arte tradicional africano para intentar recuperar aquellos rasgos culturales que el colonialismo se había encargado de borrar”.

Conviene destacar que “Desde los primeros tiempos de las independencias, los jóvenes gobiernos africanos priorizaron la promoción cinematográfica en sus agendas. Inclusive, algunos países empezaron nacionalizando o controlando el circuito de importación y distribución de las películas y programas audiovisuales” [2]. Ello hace suponer que el gobierno de Senghor debió invertir gran cantidad de dinero en la industria cinematográfica con el fin de promover esa nueva identidad nacional basada fundamentalmente en la concepción senghoriana de la negritud y, seguramente, esto se vea reflejado en el cine senegalés poscolonial.

Léopold Sédar Senghor, padre de la independencia senegalesa (1906-2001)

Léopold Sédar Senghor (1906-2001), primer Presidente de Senegal y uno de los fundadores de la corriente de la Negritud.

Se dice que las cuestiones religiosas y étnicas crearán las bases sociales del Senegal libre, que en la búsqueda de su nacionalidad, establecerá una relación entre sus valores tradicionales con una negritud contemporánea [3]. En este sentido, “a ligação do cinema e a construção de uma identidade nacional esta além das fronteiras determinadas pelo imperialismo ocidental, mas também na base de seus mitos passados pela tradição oral, servindo assim como fonte de seu desenvolvimento. Es decir, el cine adquirirá un fuerte rol en el proceso de construcción de la identidad nacional en los países africanos que se acababan de independizar.

Ousmane Sembène será el cineasta pionero en Senegal e influirá hasta épocas muy recientes [4]. De hecho, está considerado uno de los padres del cine africano [5]. Así, la negritud es una de las tres características principales, junto al socialismo y el nacionalismo, que definen su obra. Un reflejo de la negritud lo vemos en su película La Noire de…, donde trata el tema de la pérdida de identidad a causa de la inmigración. No hay que olvidar que uno de los aspectos fundamentales de la negritud es la reivindicación de la identidad negra [6].

La Noire de… (1966), dirigida por Ousmane Sembène

La Noire de… (1966), dirigida por Ousmane Sembène

Asimismo, Sembène al hablar de su película Ceddo (1976) dice “I believe today that Africans must get beyond the question of colour, they must recognise the problems which confront the whole world, as human beings like other human beings. If others undervalue us, that has no further significance for us. Africa must get beyond deriving everything from the European view. Africa must consider itself, recognise its problems and attempt to resolve them” [7]. Nos encontramos, pues, ante otra manifestación de la negritud, ya que con estas palabras Sembène antepone la identidad africana y el mundo de los africanos a la identidad y visión europeas, que no deja de ser uno de los postulados principales de la negritud. Cabe destacar que los filmes de Sembène poseen una estética socialista-realista que influirá en las películas de todo el continente africano y, en especial, en el África francófona subsahariana [8]. Por ello, seguramente se vea parte de esa visión en muchos trabajos cinematográficos senegaleses posteriores.

Sin embargo, el impulsor de la negritud en el cine senegalés será Paulin Soumanou Vyera a raíz de su cortometraje Afrique-sur-Seine [9]. Según Ferid Boughedir “La negritud caracteriza a la obra mencionada, en el sentido de que el re-descubrimiento de la esencia africana se ve representada en ella, como también el verdadero nacimiento del arte cinematográfico en África. Y teniendo como principal foco a la nación de Senegal”.

Cartel de la película Touki Bouki (1973) dirigida por Ousmane Sembène. Ilustración realizada por Owen Davey.

Cartel de la película Touki Bouki (1973), dirigida por Djibril Diop Mambéty. Ilustración realizada por Owen Davey.

Tampoco debemos olvidarnos de Djibril Diop Mambety. En su film Touki Bouki ofrece otra muestra de la ideología de la negritud al estudiar los valores culturales en época postcolonial y al conectar con las tradiciones del país, mostrando el sacrificio de una cabra [10]. Cabe recordar que en el pensamiento negro-africano senghoriano, el ser humano se halla íntimamente conectado con la tierra, la vida, el clan, la familia, la sociedad y los ancestros [11] al mismo tiempo que se promueve la búsqueda del auténtico “yo”, el conocimiento de uno/a mismo/a y el redescubrimiento de las creencias, valores, instituciones y civilizaciones africanas [12]. En pocas palabras, se puede decir que en el sacrificio de la cabra se percibe el reflejo de dicha conexión y redescubrimiento.

En definitiva, a pesar de no haber tal cantidad de material cinematográfico en el continente africano en la época como puede haber en nuestros días, “los africanos lucharon por reinvindicar su identidad a través de las figuras de Ousmane Sembène o Mambéty [13]”, y esta lucha, en el caso de Senegal, fue respaldada por la ideología de la negritud, tal y cómo se ha podido comprobar anteriormente. Quizá promover esa ideología no fuera la intención de alguno de ellos, pero al reivindicar una identidad, una tradición y unos valores culturales propios, acabaron convirtiéndose en sus cómplices.

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[1] Anaya, 2015. Isaa Samb y el nacimiento de Agit’Art: más allá de la Negritud [En línea]. En: Wiriko por Vanessa Anaya, 29 de enero de 2015.

[2] Bamba, 2011. El papel de los festivals en la recepción y divulgación de los cines africanos [En línea]. En Africaencine, por Mahomed Bamba, 10 de octubre de 2011.

[3] Amaral, R. (2012). O papel do cinema na construção da (s) identidade (s): A representação de Ousmane Sembène do Senegal da década de 60XI Encontro Nacional de História Oral Memória, Democracia e Justiça en Rio de Janeiro.

[4] Ikuska, 2011. CINE. [En línea].

[5] Chaves, 2014. Cine Africano [En línea]. En: La Butaca de Cine, por Carlos Chaves, julio de 2014.

[6] Wikipedia, 2014. Negritud [En línea]. En: Wikipedia.

[7] Leahy, 2004. Ceddo [En línea]. En: Senses of cinema, por James Leahy, octubre de 2004.

[8] Gomes, T. (2014). Ousmane Sembène e o (s) cinema (s) da África. Rascunho(10-11).

[9] Boughedir, 2007. Los Cines Periféricos (2a parte) [En línea]. En Sinezine, por Ferid Boughedir, 28 de abril de 2007.

[10] Russell, S. A. (1998). Guide to African cinema. Greenwood Publishing Group.

[11] Barbero, 2013. Filosofía africana: Léopold Sédar Senghor y la “negritud” [En línea]. En Micmag, por Ignacio G. Barbero, 27 de mayo de 2013.

[12] Ngo Ngijol. Négritude [En línea]. En: Africana age, por Bertrade Ngo Ngijol Banoum.

[13] Filmin, 2014. The Story of Film: Películas para cambiar el mundo [En línea]. En el blog de Filmin 14 de mayo de 2014.

5 películas africanas para el verano

summer films

* Artículo publicado en la edición digital de la Revista Pueblos.

Lo que comenzó en 2005 con una gala que pretendía reunir a la industria cinematográfica africana cada año, se ha convertido una década más tarde en una cita para los amantes del cine realizado en el continente y su diáspora. Se trata de los premios de la Academia de Cine de África (AMAA), institución orientada a la investigación, formación y difusión del séptimo arte. Tomando como referencia la selección del AMAA para 2015, éstas son las cinco películas que hemos seleccionado y que creemos que no puedes dejar de ver este verano.

Run – Costa de Marfil

En su primer largometraje de ficción, el director Philippe Lacôte retrata la historia sangrienta de Costa de Marfil a través del viaje de un joven de 20 años que va a la ciudad y se convierte en militante político. La secuencia clave que da rienda suelta a más de una hora de acción y drama se encuentra al inicio. Un chico de piel cansada y vestido con harapos camina con determinación por el pasillo de una iglesia. En la mano, una pistola y los ojos puestos en el orador del púlpito. Se detiene, dispara y corre. El objetivo que cae fulminado es el primer ministro del país.

Run se basa en las notables Crónicas documentales de la guerra en Costa de Marfil (2008) de Lacôte y refleja las dos últimas décadas de la historia sangrienta de su país a través de las experiencias de un joven desequilibrado emocionalmente por la espiral de la violencia política. Nacido en un Estado sumido en guerras y corrupción, el protagonista del filme, Abdoul Karim Konaté, ha estado corriendo prácticamente toda su vida, de ahí el nombre de la película.

A través de flashbacks intercalados tras el asesinato inicial, este trabajo explora cómo la lógica retorcida de la violencia se puede apoderar de una sociedad y cómo un individuo puede deslizarse hasta el otro lado de la sinrazón. La película de Lacôte es un drama político lúcido y extrañamente de moda que cumple eficazmente una doble función: por un lado, explicar al espectador, en gran medida desinformado sobre este tema, los recientes disturbios de Costa de Marfil y, por otro, perfilar una nueva generación de cine africano irreverente y sin temor a la crítica.

Timbuctú – Mauritania

Timbuctú es la flamante película del año tras ser nominada a los Oscar 2105 como mejor largometraje de habla no inglesa. Una película mauritana, que guarda pinceladas de neorrealismo italiano y nouvelle vague, se colaba entre las cinco candidatas a llevarse la preciada estatuilla. Su director, Abderrahmane Sissako, recogía el testigo de convertirse en el realizador estrella africano de los últimos tiempos.

La delicadeza de las imágenes desgarra, emociona, hace llorar y también deja espacio para la reflexión meditada de Sissako. No es un documental sobre el conflicto de Malí y, aunque no llega a destripar el caleidoscopio geopolítico, económico y social que tiene lugar en el país, la ficción sí parece querer reflejar la propia realidad.

La película, tremendamente estética, narra cómo los alrededores de Timbuctú han caído en manos de extremistas religiosos. Kidane vive tranquilamente en las dunas con su esposa Satima, su hija Toya e Issam, un niño pastor de 12 años. En la ciudad, los habitantes padecen el régimen de terror impuesto por los yihadistas: prohibido escuchar música, reír, fumar e incluso jugar al fútbol. Las mujeres se han convertido en sombras que intentan resistir con dignidad. Cada día, unos tribunales improvisados lanzan sentencias tan absurdas como trágicas. El caos que reina no parece afectar a Kidane hasta el día en que accidentalmente mata a Amadou, un pescador que ha acabado con la vida de GPS, su vaca favorita. Ahora debe enfrentarse a las leyes impuestas por los ocupantes extranjeros.

Pero, ¿es esta fábula un cuento para los occidentales? Ésta es la gran pregunta planteada por el antropólogo André Bourgeot, especialista en Malí en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS). El experto hace hincapié en un enfoque maniqueo. Según Bourgeot, hay tres mitos que aparecen en el trabajo de Sissako: el del desierto, el del nómada identificado con la libertad y el de los tuaregs. Son clichés que hemos interiorizado por completo y la película confirma su validez.

De ser una estrategia de diplomacia pública para “explicar” a la ciudadanía el porqué de la intervención militar en Malí, parece que ha funcionado y que se ha conseguido el objetivo. En el país galo se vendieron 180.000 entradas durante la primera semana en cartelera, llegando a convertirse en la sexta película más taquillera de la historia de Francia. Los que la quieran ver desde casa lo pueden hacer a través de la plataforma Filmin por 2,95€.

INumber Number – Sudáfrica

Sudor, polígonos industriales en descomposición, acción, mucha acción, una banda sonora intrépida y la corrupción en toda sus formas se encuentran en el eje de iNumber Number, del director Donovan Marsh. No hay duda de que, en apenas quince años, Sudáfrica se ha erigido en líder de la cinematografía regional y compite en producciones a nivel continental con Nigeria, Egipto y Marruecos. Después de casi un siglo de supremacía blanca en la gran pantalla sudafricana, el desafío que se planteaba tras la era del apartheid se podía comparar al reto al que se enfrentaron los pioneros como Vieyra, Sembène o Hondo, es decir, crear una cinematografía auténticamente nacional.

Ya en el 2006, la nación del arcoíris se situaba en el foco internacional al convertirse en el primer país africano en ganar un Oscar por Tsotsi, del director Gavin Hood. Los guiones en los que se reflejan vidas relegadas al inframundo urbano de los guetos con una salvación anticipada han sido una constante. No sólo porque la violencia es inherentemente cautivante, sino también porque las historias sobre lo de abajo y lo de fuera comportan casi siempre una pátina de importación sociológica.

En INumber Number el casting es excepcional, con dos actores relativamente nuevos y experimentados entregando actuaciones estelares. Israel Makoe aporta a la película la cantidad justa de oportunismo que un personaje mafioso debe tener, mientras que S’dumo Mtshali ofrece la bravuconería y la arrogancia de un súper policía perfecto. Hay secuencias de acción impresionantes aliviadas con algún toque cómico. Sin duda, la película es actual en el contenido que explora cubriendo temas sociales urgentes que azotan a la policía sudafricana.

Triangle Going to America – Etiopía

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.

1 de octubre – Nigeria

Se cumplen exactamente 55 años de la independencia nigeriana de Gran Bretaña. Nigeria es la primera potencia del continente, el país más poblado y con la industria de cine más activa: Nollywood. En este contexto, el director Kunle Afoyalan, quien ya dirigiera la divertida comedia Phone Swap o la película de suspense The figurine, estrenaba este año 1 de octubre, fecha efectiva de la declaración de independencia de los británicos.

La película, ambientada en la preindependencia, narra a un detective que es contratado por el gobierno colonial con urgencia con el fin de resolver una serie de asesinatos de mujeres. Un suspense hitchconiano frente a la complicada tarea de anotar tintes históricos en un país en transición.

1 de octubre promete dar otro paso revolucionario en la producción del cine de Nollywood con imágenes de alta calidad. Kunle Afolayan se está moviendo hacia una industria internacional en busca de financiación, precisamente una de las características que definían a Nollywood: la independencia económica de financiadores externos, incluido el propio gobierno. Los resultados son tremendamente esperanzadores.

Sin embargo, esta película no es exclusivamente sobre los momentos previos históricos a la independencia en los años sesenta, o quizás sí, en cierto modo. Los temas transversales que se pueden apreciar son la venganza, el dolor, el abuso sexual, la enfermedad mental, la ironía de la moral anclada en la espiritualidad, el conflicto de las religiones y el racismo. Todas estas debilidades y fracasos sistémicos se encontraban ya en la época colonial impuesta. Así que en 1 de octubre el espectador observará un contexto muy esclarecedor y con una estética muy atractiva para lo que Nollywood nos tiene acostumbrados.

¡Oh lala! Nollywood

nollywood

El nº 76 de la rue de Rennes, en París, un espacio de modestia en 35mm y con aires de romanticismo en versión original se ha sabido adaptar un año más a la demanda de los organizadores del Nollywood Week Paris. La cuna del cine se prepara por tercer año para su cita con la industria del cine nigeriano. Un telón que se abre este jueves 4 de junio en el Teatro Arlequin y finaliza el 7 de junio. Y Wiriko como medio oficial.

A escasas paradas de metro, en el africano barrio de Château Rouge los carteles del festival siguen sin verse. De alguna forma, era una observación que hacíamos en la primera edición. Pero en realidad, aquí no hace falta. Las tiendas con iluminación sobre saturada e hilo musical estridente mantienen su número de ventas: DVD de las últimas series nigerianas, de la última película de moda o de los clásicos de los noventa del país más poblado del continente africano. Más bien, el Nollywood Week persigue a esa población refinada de boina y paseos por el Sena que la única información de Nigeria es Boko Haram y #Bringbackourgirls, y a la diáspora nigeriana en Francia.

Nollywood es un fenómeno que ha desatado el interés más allá de las fronteras de Nigeria. Entusiasmo, crítica mordaz o defensa a una posible alternativa para los que pretenden ganarse la vida haciendo cine. Que por cierto, es simplemente inaccesible para los amantes de esta industria que viven en París. Y la capital francesa es un punto focal, un centro para el séptimo arte internacional, por lo que es natural que esta ciudad se esté consagrando con un festival dedicado a la segunda industria cinematográfica más grande del mundo a nivel de producción.

El embajador de esta tercera edición será el actor haitiano Jimmy Jean-Louis, que como nos ha subrayado el director ejecutivo del festival, Serge Noukoué, “es una representación perfecta del espíritu abierto de los defensores del festival”. Después de afianzar su marca en los Estados Unidos interpretando varios papeles en Hollywood, se dirigió a Nigeria donde actuó en varias películas con esta voluntad de contribuir al desarrollo de esta industria. Este flechazo se materializó recientemente al dirigir el documental Jimmy Goes a Nollywood, que se presentará el jueves durante la gala de inauguración después del concierto del joven cantautor nigeriano Jon Ogah.

Durante los cuatro días de festival, además de conferencias especializadas sobre la industria y comida del país en un ambigú customizado para la ocasión, se proyectarán diez películas de las cuales ocho optarán al premio del público. La selección oficial se compone de los siguientes largometrajes:

1 de octubre
Dirigida por Kunle Afolayan (ganador de la primera edición con la comedia Phone Swap), narra la historia de un detective de la policía nigeriana enviado a investigar los asesinatos de varias mujeres en una pequeña comunidad unos días antes de la Independencia Nigeria (el 1 de octubre de 1960).

Ojuju
Dirigida por CJ Obasi, la película es un thriller de género Zombi, en el Romero y sus amigos tienen que buscar la manera de salir de su barrio ya que el suministro de agua está infectando a las personas con una ceguera rabiosa.

A mile de home (A una milla de casa)
Dirigida por Eric Ameghien, la película sigue la vida de un estudiante universitario que se unió a una pandilla en su búsqueda para vengar una injusticia cometida contra él por un gánster. Su decisión le cambiará la vida.

Thy Will be Done (Hágase tu voluntad)
Hágase tu voluntad, es un drama romántico que narra la historia del Pastor Pío y su esposa. Un día sus vidas sufren un revés cuando la primera esposa del pastor, que había sido dada por muerta, aparece siete años después. El director de esta película es Obi Emelonye, quien ya dirigiera la exitosa Last Flight to Abuja.

The last three digits (Los últimos tres dígitos)
La película fue dirigida por Moisés Inwang es un trabajo romántico. Alex se encuentra con el amor de su vida en un centro comercial y aprovecha la oportunidad para conseguir su número antes de que ella se escapa de nuevo, pero tres dígitos que faltan lo llevó en una búsqueda para encontrar el verdadero amor..

Dazzling Mirage (Deslumbrante ilusión)
La película está basada en la novela del mismo nombre, y es la historia de una mujer joven con anemia que tiene que superar diversos obstáculos para llevar una vida normal y plena. La película está dirigida por el aclamado Tunde Kelani, quien presentara en la primera edición de la Nollywood Week Maami.

Gone Too Far (Ido demasiado lejos)
Dirigida por Destiny Ekharagha, es una comedia que se desarrolla en un día, cuando dos hermanos, uno criado en Londres y el otro en Lagos, se reúnen por primera vez después de haber sido separados desde la infancia.