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Beauty and the dogs: un Túnez posrevolucionario y traumático a examen en la SEMINCI

El pasado fin de semana se presentó en la 62ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI) la película Aala Kaf Ifrit (Beauty and the Dogs / La belle et la meute) que participa en la sección Punto de Encuentro del festival. Dirigida por la directora tunecina Kaouther Ben Hania, que se estrenó en 2014 con su trabajo Challat of Tunis, y siguió su trabajo en 2016 con Zaineb Hates the Snow, la película es una coproducción en la que han participado varios países como Túnez, Francia, Suecia, Noruega o Líbano. Participó en el festival de Cannes donde tuvo una gran acogida entre el público y además recibió el premio Un Certain Regard de la Sección Oficial.

Este drama nos traslada a una noche cualquiera en el Túnez post revolucionario. Mariam (Mariam al Ferjani) es una joven universitaria de 21 años que ha organizado una fiesta para estudiantes en la que disfruta y baila junto con su amiga Najla hasta que su mirada se cruza con la de un joven enigmático llamado Youssef (Ghanem Zrelli). A partir de ese momento la protagonista va a tener que hacer frente a una situación en la que se ve envuelta de forma involuntaria y de la que no conseguirá olvidarse.

Dividida en nueve actos, Aala Kaf Ifrit nos introduce en una laberíntica noche en la que la protagonista deberá tomar diferentes decisiones. Si al final del primer acto vemos a una sonriente Mariam saliendo de la fiesta con su nuevo acompañante, en el segundo acto la vemos corriendo y gritando en medio de la calle, desorientada y con el maquillaje corrido después de una situación que la ha dejado en shock: ha sido violada por dos policías. Mariam deberá enfrentarse a la indiferencia de una sociedad que aún se recupera de la Revolución de los Jazmines, a las miradas reprobatorias de las otras mujeres, a la incapacidad de reacción de las personas que la rodean o a la burla y el sarcasmo de la propia policía. Acompañada por Youssef, que la guía y en ocasiones la persuade para tomar decisiones, Mariam intenta obtener un certificado que demuestre que ha sido violada y poder denunciarlo. Pero la burocracia y el orden se imponen a la empatía y a la solidaridad: para poder ser examinada, debe poner primero la denuncia en la misma comisaría, con todo lo que ello conlleva para la protagonista.

Cada acto se convierte así en una montaña rusa donde perdemos y recuperamos la esperanza continuamente y asistimos a la lucha constante de Mariam para hacer valer sus derechos y su dignidad. Pero, ¿a dónde vas cuando a aquellos a los que pides ayuda son los mismos que te han llevado a esa situación? La joven tunecina intentará defenderse y luchar en un sistema en patriarcal en el que los hombres tienen la última palabra y donde cada avance parece un retroceso. A través de 95 minutos, el público se pone en el lugar de Mariam y logra entender, aunque sea en parte, lo que supone luchar contra viento y marea después de haber sufrido una violación y que nadie te crea. Una lucha en la que, a pesar de la compañía, viaja completamente sola por las cloacas de un mundo que ha decidido ponerla a ella al borde del abismo y al resto de las mujeres en un segundo plano.

La división en nueve actos sorprende e inquieta. La fuerza de los guiones es un punto a favor que logra que el espectador no quite la vista ni un segundo de la pantalla. Los planos cortos y rápidos, que hunden en la confusión y la desesperación, hacen el resto. El papel que realiza la actriz Mariam al Ferjani eclipsa todo lo demás y a través de sus ojos podemos llegar a comprender el horror por el que ha pasado. Un horror que la llevará a tomar sus propias decisiones y luchar por recuperar su dignidad en un mundo hecho a la medida de los hombres.

La madre coraje del Congo que planta cara a los abusos sexuales

El documental es uno de los géneros que está levantando la piel a la tupida y encriptada República Democrática de Congo (RDC). Un país que se nos pierde en el análisis complejo de las múltiples causas de la inestabilidad en las regiones del Kivu Norte y Kivu Sur; en la crisis de refugiados en Kasai (frontera con Angola); entre los ejércitos rebeldes; en las multinacionales que expanden sus ganancias en sus países de origen mientras que redistribuyen su contaminación y destrucción medioambiental; en una oposición política mermada tras la muerte del líder Etienne Tshisekedi en febrero; en un Estado que aumenta su población bajo un gobierno que ya no tiene legitimidad del pueblo desde diciembre de 2016.

Y aquí es donde se activa la voz del congolés y documentalista Dieudo Hamadi que está quebrando las narrativas unidireccionales y simples con la anciana dosis del cinema verité y del cine de guerilla. Esa búsqueda por historias más humanas, desde la base, con luces y esperanzas, pero también con desafíos y lejos de los despachos burocratizados, es su objetivo principal. Hamadi se propuso encontrar respuestas a algunas de las problemáticas que quedan al margen de la política internacional y local, y desde 2009 no ha parado de aportar matices, de preguntar y también de denunciar. Una perseverancia por encontrar respuestas que lo han convertido en menos de una década, en una de esas figuras de cabeceras de los cines africanos.

Realizador congolés Dieudo Hamadi.

La cámara al hombro de Hamadi desestabiliza la mirada preconcebida del espectador que se acerque a algunas de sus obras. El trabajo del realizador de 33 años es pausado, pero con acelerones que noquean. En Congo en cuatro actos (2009) donde se presentaban cuatro bocetos independientes e interconectados del país, dos de ellos tenían su firma: En Ladies in Waiting (2009), y junto a Divita Wa Luasala, exploraba el mundo de la maternidad en el que muchas mujeres no pueden salir del hospital después de dar a luz porque no pueden hacer frente a los gastos de la factura. También y junto al retrato de la sanidad en Zero Tolerance (2009) se adentraba en la vida de una mujer policía que estaba al frente de un batallón contra la violencia sexual en la región de Bukavu; una historia que retomará años más tarde.

En Atalaku (2013) Hamadi se adentra en el negocio de la campaña electoral que vive la República Democrática de Congo en 2011 y refleja cómo un pastor vende sus servicios como animador de calle al mejor candidato postor. En Examen de Estado (2014) el documentalista decide escuchar el futuro de su generación centrándose en el examen de Estado (equivalente al bachillerato), una prueba a la que se someten miles de jóvenes congoleños a los que se les abre o cierran las puertas del futuro cada año superando innumerables dificultades.

Con Mama Colonel (2017) retoma la vida de sacrificio de Honorine Munyole quien protagonizara Zero Tolerance. Un retrato de una Coronel policía que lucha para detener el abuso sexual contra niñas y mujeres. El documental se abre durante la visita de Munyole a un grupo de mujeres locales en la ciudad de Bukavu, una urbe asentada en la frontera con Ruanda. Todas la reciben como una heroína y con razón. La respetada Munyole madre de siete hijos ha dedicado los últimos 15 años de su carrera a luchar por los derechos de las mujeres y niños maltratados en la República Democrática del Congo. Y aunque la violación sigue siendo un problema en la región, la Coronel Honorine ha trabajado incansablemente para llevar a los culpables frente a la justicia y así devolver la dignidad a las víctimas.

Pero las celebraciones se convierten en gritos de desesperación e incluso de cólera cuando Honorine anuncia que la necesitan en otro lugar. “¿Quién cuidará de nuestros hijos ahora?”, pregunta una madre indignada. Otra empuja a su hija al frente de la multitud. Silencio. La niña no tiene más de tres años. Su madre explica cómo fue arrojada a través de una ventana y violada por una cuadrilla de hombres. “Mamá Honorine, ¿si te vas, quién nos va a ayudar?”.

Su nuevo destino será Kisangani, una ciudad mucho más grande, la tercera del país. Cuando llega se dará cuenta que el desafío que tiene es desalentador ya que además de los abusos sexuales tendrá que hacer frente a las terribles circunstancias sociales en las que el país permanece atascado años después de su última y letal guerra civil y a los sacrificios a los que se ven sometidos algunos niños a los que les practican la brujería.

La historia de trabajo incansable de Honorine Munyole que ha sabido retratar el realizador Dieudo Hamadi visibiliza la inoperancia del Estado congolés que prefiere olvidar el pasado reciente. Sin embargo, y al mismo tiempo, muestra la actividad de la propia sociedad civil que se organiza para salir adelante. La película de Hamadi muestra cuán profunda es la raíz de la violencia, pero termina con un cañón de luz y esperanza. Cuando la Coronel Honorine instruye a su nueva escuadra les dice: “vamos a cambiar las cosas… vamos a elevar esta ciudad”. Una sensación de fidelidad inquebrantable. El camino es rocoso, sí, pero conducirá al cambio.

 


Notas: La película de producción franco-congolesa fue presentada en el Fórum de la Berlinale 2017, ganó el máximo galardón de la competición internacional del 39º festival Cinéma du Réel, y fue presentada en el 14 Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger gracias al cual hemos podido hacer esta reseña y donde la propia protagonista Honorine se llevó el premio a la mejor interpretación –algo insólito ya que no era ficción–.

Judy Kibinge: “Las mujeres en el cine son un vehículo para mandar un mensaje”

Judy Kibige, publicada en Filme aus Afrika.

*Este ha artículo ha sido dirigido, supervisado y editado por los coordinadores de Wiriko, como parte de un periodo de prácticas de la autora en este magacín.  

 

Creo que en muchas de las películas que podemos ver sobre mujeres africanas interpretadas por mujeres africanas, ellas suelen ser un vehículo para contar una historia que va a cambiar algo en su vida, o en la sociedad, o en el país, o en el continente al que pertenece. Creo realmente que vemos películas en las que las mujeres están representadas simplemente como mujeres, con caracteres fuertes y que son el vehículo para detener la mutilación genital femenina, la voz para hablar en contra de las violaciones, quizá contra los matrimonios múltiples o el abuso de menores. Son el vehículo para mandar un mensaje, son simplemente mujeres”, cuenta a Wiriko la directora keniana Judy Kibinge.

El número 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030 proclama promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. ¿De qué manera se puede llegar al pleno desarrollo si se niegan los derechos fundamentales a la mitad de la humanidad? Este pretende alcanzar las mismas oportunidades de acceso en todos los ámbitos de la vida, los educativos, políticos, económicos; así como poner fin a todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres. Y es que la mujer, en cualquier parte del planeta, vive sometida a una sociedad patriarcal que la ha situado un paso por detrás de los hombres en todas las esferas. Afortunadamente, los tiempos van cambiando en todo el mundo, algunos se dan más prisa que otros en luchar por la igualdad y, naturalmente, todos tenemos cosas que aprender de los demás.

En África, la igualdad de género ya se está dando en muchos aspectos. Y es que según el informe de 2015 del African Development Bank, aunque se ha progresado mucho en los últimos años hasta llegar a una cierta igualdad, la escolarización de las niñas, que se encuentra en un 76%, sigue siendo inferior a la de los niños, con un 81%. ONU Mujeres tiene en sus líneas de acción principales empoderar a las mujeres para impulsar las economías, eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas, y liderar el cambio hacia la paridad de género en la política. Porque, aunque a nivel social aún quede mucho camino por recorrer, la representación política de las mujeres en parlamentos como los de Mozambique, con el 39% mujeres, o Ruanda, con el 64% de mujeres (la tasa más elevada de todo el mundo), pueden dar alguna que otra lección a Europa.

¿Y qué pasa en el cine? Alrededor del continente africano, se han creado distintas asociaciones de mujeres cineastas con el objetivo de estimular la formación en este arte, promover la cooperación entre las mujeres para obtener mejores productos y paliar los desafíos de la financiación, así como aumentar las posibilidades de distribución. En África oriental, la cineasta Judy Kibinge, con la que hemos podido hablar, lanzó DocuBox en 2013, una plataforma para promover la filmación de documentales. Tsitsi Dangarembga fundó la organización Cineastas Mujeres de Zimbaue en 1996, además de crear el Festival Internacional de Cine de la Mujer en 2002. En Sudáfrica también existen las organizaciones Mujeres del Sol y Mujeres en el Cine y la Televisión en Sudáfrica, por mencionar algunos de los muchísimos movimientos que existen en el continente. Y es que según nos ha contado Kibinge, “si nos fijamos en Kenia y en los nombres de los cineastas más influyentes en el país, muchas son mujeres, incluso productoras. A diferencia de Estados Unidos y quizás Europa, donde los hombres tienen el poder en este campo, en Kenia yo no veo lo mismo”.

Yo estaba en el TIFF (Toronto International Film Festival) cuando una productora de cine africano, la nigeriana Yewande Sadiku, estaba dando una conferencia con un montón de ejecutivos de Hollywood hombres, blancos y estrellas. La conferencia trataba sobre cómo recaudar fondos. No la dejaron hablar, cuando ella era la única con algo nuevo que decir y la audiencia había venido, en gran medida, a escuchar cómo había innovado en la financiación de su película Half of a Yellow Sun, basada en el libro de Chimamanda Ngozi Adichie. El público empezó a jalear y abuchear a los ejecutivos cuando fue obvio el trato que estaba recibiendo y cómo se la estaba callando. ¿Cómo se diferencia esto de cómo la mujer africana se representa en Hollywood? Es como si no existiéramos, si huyéramos de la guerra, del dolor, del hambre con un paquete con nuestras pertenencias sobre nuestras cabezas”, nos explica Kibinge acerca del tratamiento que recibe la mujer africana en Hollywood.

En el reciente estrenado canal de África de Filmin en colaboración con Wiriko, podemos adentrarnos en algunos de estos trabajos. ¿Listos para descubrir nuevas perspectivas de las mujeres africanas en el cine?


Difret

 

“Era jueza antes de fundar esta Asociación. Dejé la judicatura porque creía que todos los ciudadanos, hombres mujeres y niños debían ser tratados por igual. Lo sigo creyendo”, proclama Meaza, la protagonista de la película Difret. Esta abogada, fundadora de la Asociación Adenet que ofrece ayuda gratuita para luchar contra la violencia de género, se enfrenta al reto de defender a Hirut, una estudiante de 14 años que se enfrenta a la pena de muerte por matar a su captor tras ser secuestrada y violada. Esta película etíope del año 2014, cuyo curioso título significa al mismo tiempo “valiente” y “violación”, retrata una historia real y narra la lucha entre la modernidad y la tradición. Una tradición que, hasta antes de llevar el caso de esta joven ante los tribunales, permitía el matrimonio por rapto. Gracias a la lucha de Hirut y esta Asociación, esta práctica tradicional fue ilegalizada y penada con cinco años de cárcel. Ver en Filmin.


Moolaadé

Según Lindiwe Dovey, una cineasta sudafricana, el cine independiente ha sido siempre feminista y ha celebrado, desde sus orígenes, el poder de las mujeres. Y así lo ha demostrado el que es considerado como el padre del cine africano, Ousmane Sembene, que, en su última película producida en 2004, alza la voz contra la mutilación genital femenina y nos presenta Moolaadé (protección o derecho al asilo). En este filme, se narra la historia de Collé Ardo, una mujer senegalesa que hace unos años se negó a que su hija fuera sometida a la ablación y ahora, cuatro niñas han decidido escapar de esta tradición y acuden a ella en busca de protección. Ver en Filmin.


Wilaya

Las mujeres son mucho más que un simple cuerpo que tiene que servir al marido y formar una familia. Así se proclama en Wilaya, la historia de dos hermanas que nos muestran la vida en los campamentos saharauis de Argelia. Fatimetu, una chica española de origen saharaui, se reencuentra con su hermana Hayat en su tierra natal tras la muerte de su madre biológica. Mientras de ella se espera que retome unas ciertas normas culturales, la joven decide mostrar su valía y no resignarse al destino que les aguarda a las mujeres allí. Ver en Filmin.


Timbuktú

Timbuktú va más allá. No se trata simplemente de una película sobre mujeres ni feminismo; se trata de una historia sobre religión, política, libertad, y de cómo las mujeres encajan en ciertas sociedades. Los extremistas religiosos de Azawad se han hecho con el control de la ciudad y sus alrededores, han impuesto su fe, el terror y normas tan absurdas como la prohibición de reír, cantar, jugar al fútbol o que las mujeres muestren alguna parte de su cuerpo, incluso las manos, que tienen que cubrir con guantes. Esta galardonada película del 2014 del director franco-mauritano, Abderrahmane Sissako, nos enseña mucho más de lo que creemos saber acerca de este mundo en constante amenaza. Ver en Filmin.


Tchindas

Finalmente, nos trasladamos al carnaval de la pequeña isla de Sâo Vicente, en Cabo Verde. Tchindas es un documental que nos presenta a la comunidad gay y transexual de la isla. El título del filme lo da Tchinda, una mujer muy querida que salió del armario en 1998 en un semanario local. Su nombre se ha convertido en la manera coloquial y cariñosa de llamar a esta comunidad. A través de las “tchindas” y esta fiesta, se nos presenta un rincón de África que pocos podían imaginar. Ver en Filmin.


Y por si  la curiosidad sigue impaciente, aunque aún no los tengamos disponibles, Kibinge nos recomienda otros títulos clave sobre las mujeres en el continente africano. “Layla Fourie de Pia Marais, una directora sudafricana, es una película que realmente me sorprendió cuando la vi hace unos años porque no es nada típica. La protagonista es inteligente, trabaja como polígrafa, se ve envuelta en la muerte de un ser querido… Es una película sobre su independencia, sobre su fuerza como madre soltera, sobre el amor. Es una de las mujeres más fuertes que he visto y un gran referente para las mujeres en África. Creo también que la protagonista de mi película Something necessary, una mujer fuerte que tiene que rehacer su vida cuando lo ha perdido todo, retrata una nueva forma de mirar a las mujeres en el continente y en la que muchas pueden sentirse identificadas”.

Aún con toda esta tradición de cine africano retratando a la mujer de una forma distinta, sigue quedando mucho por hacer, pues el público al que llegan todas estas películas sigue siendo muy limitado. “Las oportunidades que tienen estas películas de ser vistas en el continente son mucho menores de las que tienen en los festivales de cine en Europa. De hecho, es vergonzoso, pero muchos de los clásicos africanos no vuelven a casa ni son mostrados a la gente por la que se supone que se han hecho. Incluso las películas de Ousmane Sembene, que quería liberar el cine y devolverlo a África, no han sido vistas fuera de su país, ni celebradas, ni ha sido el vehículo del cambio que se suponía que tenían que ser”, sentencia la directora keniana Judy Kibinge. Por esto, proyectos como el de Martin Scorsese y The Film Foundation son tan importantes.

Somos abogadas, profesoras y doctoras. Actrices, realizadoras y directoras. Madres y líderes. Tenemos nuestras propias ideas que queremos defender y voces que queremos hacer oír. Y lo estamos haciendo. Como dice Kibinge, somos mujeres.

Minna Salami: “El feminismo es la única ideología que atiende a todas y todos”

Foto: Carola Michaela Photography

*Autor invitado: Fernando J. Sánchez Jaén

Minna Salami (1978) es escritora y bloguera sobre feminismo y la diáspora africana, pero sobre todo, es una de las voces más reivindicativas y mediáticas dentro de la lucha por la igualdad. Desde su premiada bitácora MsAfropolitan reclama una revolución psicológica de la mujer. Es colaboradora habitual de medios como The Guardian o Huffington Post y su TEDx Talk de 2014 acumula más de 114.000 visitas. Está considerada, según la revista ELLE, como una de las doce mujeres que están cambiando el mundo. Wiriko ha tenido la oportunidad de tomar un café con ella para hablar de temas como la lucha por la igualdad de las mujeres, la política, la inmigración y otros problemas sociales.

Tras los últimos acontecimientos políticos se avecinan tiempos convulsos para la mujer y las minorías. Es en esta incertidumbre cuando la voz de Salami se alza con más fuerza y se vuelve más ácida que nunca. Una mujer con la que es difícil concretar una cita y con la que resulta más difícil aún definir su identidad con tres pasaportes distintos, pero si se insiste lo suficiente, pronto se averigua que nació en Finlandia de madre finesa y un padre nigeriano, que vivió diez años en Suecia (su tercera nacionalidad) y que también es londinense porque es donde ahora tiene su campamento base. Gracias a esa extravagante herencia biológica pronto comprendió que las cosas nunca son simples y que siempre hay algo en común, aunque a veces haya quienes prefieran resaltar las que separan.

FEMINISMO

Fernando J. Sánchez: Su formación es bastante interdisciplinar: estudiaste ciencias políticas, te especializaste en estudios africanos, luego te pasaste al marketing y la publicidad, y ahora eres una reconocida bloguera y activista feminista. ¿Qué es MsAfropolitan y cuál es su intención?

Minna Salami: MsAfropolitan es una voz que es mía. También es una voz que no es solo mía, es más grande que yo. Una voz que está en protesta contra el mundo y que no existe en ciertos lugares. Una voz que habla sobre feminismo, sobre la feminidad africana en una forma en la que antes no se ha expresado, al menos de la misma manera que ahora. También, es un espacio para explorar diferentes filosofías y expresar la mía. Quiero que a la gente que lo lea le entren ganas de cambiar las cosas, que sientan curiosidad, que es como se empiezan las revoluciones. Quiero que se pregunten si lo que tenemos ahora es lo que deberíamos de tener, o al menos, lo que queremos. Creo que mi blog puede ayudar a eso. También, quería llenar un vacío. Cuando hablamos de ideas siempre son los hombres quienes hablan sobre ello. Hay blogs sobre mujeres escritos bajo el punto de vista de los hombres. Siempre, son los hombres quienes marcan la agenda. Y mi blog está para interrumpir precisamente eso. Si estoy escribiendo algo sobre lo que tradicionalmente escriben los hombres, si es bueno, gracias a las redes sociales, se comparte y por la tanto, tú no puedes ignorar esa voz, no de la misma manera que podían hacerlo antes. Si más gente lee, más gente está informándose.

FJS: ¿Cómo describirías el feminismo en estos días?

MS:  Describiría el feminismo como una herramienta para la revolución, para el cambio global y la justicia social. Una cosa importante, feminismo no es solo una herramienta para el futuro, es el futuro en sí mismo. Tenemos que visionar en qué tipo de sociedad queremos vivir y cuando miro cualquier clase de ideología, no me ofrecen una sociedad en la que todo el mundo pueda tener su espacio. Pienso en el liberalismo o en el marxismo y no ves la voz de las mujeres. Buscas una sociedad igualitaria, pero ¿dónde están las mujeres? El feminismo es la única ideología que atiende a todos: mujeres, hombres, jóvenes, viejos, diferentes razas, diferentes clases sociales, diferentes sexualidades, a todos.

 

FJS: Entonces, ¿cómo hacer que el empoderamiento realmente funcione?

MS: Yo critico el término empoderamiento. Y vengo con un término mejor, re-empoderamiento. Pero, no es importante la forma del término ni el lenguaje. Lo importante es su significado, su esencia. Todo es volver al elemento revolucionario del término original. Empoderamiento es un eslogan publicitario que se ha quedado vacío, que es inútil. Pero, lo podríamos utilizar de forma política y revolucionaria, que es lo que deberíamos de hacer, porque originariamente lo era. Tenemos que limpiar su esencia y volver a convertirlo en un término revolucionario. Su significado original era precioso, poner el poder dentro de ti mismo. Solo hay que recordar a la gente lo que significa.

FJS: ¿Y eso no es tan fácil como parece?

MS: No, no es fácil, ese es el problema. Cuando el opresor controla tu mente, lo controla todo. El mayor problema que enfrentan las mujeres son los opresores que controlan nuestra mente, otras veces esos opresores son nuestra propia mente. Intento con mi trabajo deshacer el control de la mente de las mujeres. Recuperar tu mente. Cuando lo haces, al mirar términos como empoderamiento o feminismo con tu propia mente, lo entiendes de otra forma.

FJS: ¿Cuál cree que es el mayor reto que afrontan las mujeres hoy día?

MS: La opresión psicológica. Es muy interesante, porque las mujeres en Occidente tienen muchas libertades en comparación con la de otras partes del mundo. Tienen derecho a la educación, por ejemplo. Pueden hacer lo que quieran. Pero, la gran mayoría de las mujeres no son libres. Siguen eligiendo vidas en las que hacen la mayor parte del trabajo doméstico, hacen malabares para compaginar su carrera con el matrimonio y la vida doméstica. No tienen que hacerlo, pero lo hacen. Eso demuestra la importancia de la opresión psicológica. Nos hemos centrado en que la mujer debe poder entrar en política, que debe de tener igual salario que un hombre, etc. Eso está muy bien. Pero, si una mujer no está psicológicamente liberada no puede disfrutar de todas esas libertades. Porque sí puedes tenerlo, pero si no te liberas, sigues eligiendo lo que no quieres.

FEMINISMO Y ÁFRICA

FJS: Eres especialista en África y además, eres nigeriana ¿Cómo evaluarías la situación de la mujer en África?

África es un continente muy complicado. No podríamos generalizar. Todas las mujeres africanas comparten una historia muy similar, aunque condicionada luego por la realidad de sus diferentes países. Pero, sin duda necesitamos una revolución de la mujer africana. La mujer africana es increíblemente dual. No hay ningún lugar donde encontrar una mujer tan fuerte como las que tenemos en África, pero a la misma vez, no hay ningún lugar, aparte de Oriente Medio, donde las mujeres estén tan oprimidas como en el continente africano. Soportan demasiada presión. Tenemos que seguir peleando por la mujer en África.

FJS: ¿En África el feminismo cobra una mayor importancia?

Es importante porque es específico de la mujer africana y es muy concreto debido a su herencia geográfica y biológica. Tiene particularidades debido a la raza y a las tradiciones del continente. Igual que el feminismo en América Latina o Asia también tiene sus particularidades. Pero el núcleo del feminismo es el núcleo del feminismo en todas partes, en Londres, en el Caribe y en Escandinavia. Puesto en una sola frase: lo que quiero es acabar con el patriarcado.

NIGERIA

FJS:  La situación política y social en Nigeria es también complicada. Además, con un presidente que hace declaraciones que atacan directamente a la mujer. ¿Qué opinión te merece la situación política?

MS: No hay muchas cosas positivas que decir de la situación política en Nigeria. Hay bandidos liderando mi país. Es muy patriarcal y muy corrupto. Tenemos un problema con el liderazgo político en nuestro país y problemas preocupantes que afectan específicamente a la mujer. Hay una Constitución que no otorga los mismos derechos y unas tradiciones muy peligrosas y dañinas. Hay que alzar más la voz en Nigeria, hay muchas mujeres que están haciendo eso y son muy valientes, pero necesitamos más.

FJS: ¿Necesita Europa hacer más presión en Nigeria para hacer respetar los derechos humanos? Parece que Europa muestra gran interés en África para combatir el terrorismo y cuando se trata de los otros asuntos… se olvida.

MS: El sistema no funciona. Tiene que parar. Occidente tienen que irse completamente. Cada individuo tiene que resolver su propia vida. Lo mismo con los países. Se puede pedir ayuda cuando se necesita, pero tiene que venir de forma honesta. Si viene de alguien que quiere tomar ventaja no ayuda a largo plazo. Lo que sí creo que Occidente debería de hacer es compensar financieramente por el colonialismo y la esclavitud, pero no creo que eso pase, ¿verdad? No pueden llegar a Nigeria países como el Reino Unido que dan con una mano y destruyen diez veces más con la otra. Tampoco creo que Occidente quiere realmente ayudar a terminar con el terrorismo en Nigeria. Creo que lo que sí quieren es presencia militar de alguna forma en el país, porque Nigeria es un país con muchos recursos naturales y casi todo lo que se necesita se puede encontrar en sus fronteras.

Foto: Carola Michaela Photography

ESTEREOTIPOS, RACISMO Y XENOFOBIA

FJS: Hablando de África, existen muchos estereotipos sobre el continente ¿Necesitamos más festivales como el Film Africa, o el Festival de Cine Africano de Tarifa para mostrarla como es realmente?

MS: En África no invertimos lo suficiente en cultura. Y es algo común en personas traumatizadas. Cuando eres feliz lo expresas a través de la cultura. Han esquilmado tanto el continente y maltratado tanto a su gente que la cultura es lo primero que se ha ido. Tenemos que tener más festivales y financiar más artes, pero no para mostrar nada a Occidente sino para nosotros mismos. Porque nos gusta nuestra propia cultura. Y es ahí, cuando el resto del mundo se interesará. Los festivales en Europa ayudan. Pero, me gustaría que todos esos festivales que se celebran contribuyeran también de vuelta en África, porque necesitamos construir en África, necesitamos construir el continente africano.

FJS: Ha vuelto a resurgir el racismo, la xenofobia, los nacionalismos y desde luego no ayudan para nada el Brexit y la recién nombrada administración Trump.

MS: Es vergonzoso que todavía estemos lidiando con tanto racismo y xenofobia en Estados Unidos y Europa. Tenemos toda la tecnología y la ciencia en nuestra mano, sin embargo, psicológicamente, todavía somos los hombre de la cueva. Somos totalmente primitivos y se comprueba en la forma en la que nos dividimos y abusamos de unos y de otros. Siempre me sorprendo cuando veo a gente hablar de culturas primitivas en América Latina o África y luego veo cómo se comportan aquí. Hay mucha gente que ha sido muy manipulada que ahora viven en una burbuja y no pueden ver la realidad. El adelanto tecnológico no siempre significa desarrollo. A veces, parece que disfrutamos viendo sufrir a personas delante de nosotros. Y lo permitimos.

FJS: Parece que cuesta superar el racismo

MS:  El racismo, sexismo, la xenofobia, el clasismo nunca se han ido. Nunca los superaremos hasta que cambiemos psicológicamente. Hemos cambiado instituciones y leyes, en América los negros ya no se sientan en la parte de atrás del bus, cambiamos todas esas cosas y no desaparecen. ¿Por qué? Porque no abordamos la psicología de la misma. Los niños no hablan en la escuela de por qué algunos blancos se sienten superiores, de por qué algunos hombres se sienten superiores a las mujeres. En la escuela no se tiene esa conversación. Hay que cambiar el sistema educativo, hay que cambiar de lo que están hablando los niños.

FJS: ¿Quiere decir que no estamos acostumbrados a ver negros en roles de liderazgo?

MS:  Por ese motivo, pienso que ver a los Obamas en la Casa Blanca, es muy simbólico. Ver a un hombre negro en un puesto tan poderoso y a su mujer en un puesto con tanta influencia y a sus hijas es psicológicamente inspirador para los negros y para todo el mundo porque nos damos cuenta de que todos podemos hacer lo que queramos. Una de las maneras más fuertes de oprimir es no mostrar a gente como tú en la cultura. En este caso a hombre negros.

FJS: ¿Es difícil ver a actores negros interpretando papeles principales en cine y en televisión, sobre todo, en Hollywood?

MS: Hollywood no va a cambiar. Vamos a tener que cambiar nosotros mismos. Tenemos que trascender el debate estúpido sobre la belleza africana, si es hermosa o no. Lo que necesitamos es mujeres negras creando películas y escribiendo libros y así cambiará todo, porque contaremos nuestra historia.

FJS: Y a veces, el hombre negro tiene más representación que la mujer negra.

MS: Eso tiene mucho que ver con la definición de feminidad y masculinidad. Ambas describen erróneamente. Relacionamos masculinidad con ser fuerte, viril… y ahí el hombre negro encaja en esas etiquetas y por eso tienen más exposición. Por otro lado, relacionamos feminidad con fragilidad, delicadeza, ternura… Y las mujeres negras a causa del racismo, las luchas y el sufrimiento que nuestro continente y diáspora tuvieron no tenemos tiempo para ser tiernas y delicadas. Así que la definición de feminidad no encaja necesariamente con la feminidad africana, porque la mujer africana es más compleja. Pero no me importa no tener esa exposición. No quiero mujeres negras en la portada de revistas o en películas convertidas en objetos para el placer masculino. No estamos luchando por eso. Entiendo que tiene que haber igualdad en toda las quejas pero no estamos luchando por eso. No me sirve estar solo en la portada para enseñar mi cuerpo si luego no aparezco en otra para contar algo interesante.


*Fernando J. Sánchez Jaén es periodista especializado en política internacional y afincado en Londres.

La fiesta del documental africano

Por Laura Feal*

Fotograma de la película ganadora del festival Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina.

Retomando la filosofía de Sembene de convertir el cine en la “escuela del pueblo”, el Festival de Cine Documental de Saint Louis, evento anual organizado por la red AfricaDoc, ha transformado durante cinco días la antigua capital del África Occidental en una gran pantalla. Cincuenta films documentales procedentes de 23 países se proyectaron (entre el 5 y el 10 de diciembre) en presencia de un centenar de profesionales, en plazas al aire libre y lugares públicos de la ciudad, así como en el Instituto Francés de Saint Louis, la Universidad Gaston Berger o el centro cultural Le Château, .

En la presente y ya tercera edición del Festival, 24 películas entraron en competición en la Selección Oficial, organizadas en tres categorías -corto, medio y largometraje- exponiéndose al veredicto de un jurado formado por tres personas venidas del mundo cinematográfico, audiovisual y mediático africano y europeo, entre ellas Komlan Agbo, director del patrimonio cultural y de las artes de la UEMOA.

Los ganadores del premio AIRF (Asociación Internacional de las Regiones Francófonas) fueron anunciados durante el acto de clausura del festival. El jurado premió la visibilidad de las problemáticas femeninas en diferentes contextos africanos, extrayendo el debate común entre tradición y modernidad y el cuestionamiento identitario en sociedades con un marcado componente conservador. La máxima distinción en el apartado de cortometrajes fue para Eva Sehet y Maxime Caperan  por su trabajo La Fille du Rail  (La hija de los railes) que, grabada en Malí, cuenta la historia de la primera mujer maquinista, en un contexto de grave crisis política en el país.

 

El film L’arbre sans fruit (El árbol sin frutos) de la nigeriana Aicha Macky, uno de los más esperados del festival, se llevó por su parte el premio en la categoría de mediometraje. El jurado resaltó la generosidad de la realizadora a la hora de contar su historia y participar en primera persona, lo que “le da fuerza y profundidad a la película”, que trata con gran delicadeza el tema de la infertilidad femenina.

En la máxima categoría, el jurado premió la sensibilidad del film Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina. El documental, que aborda sin tapujos este tema tan tabú, fue visionado en la plaza principal de Saint Louis, con una importante afluencia de personas de todas las edades, que aplaudieron abiertamente al final de la proyección. En esta página puedes visionar un fragmento.

En paralelo, y otra de las atracciones del Festival, fue la proyección de la ultima realización de Ousmane William Mbaye Kemtiyu, sobre la vida de Cheikh Anta Diop, trabajo del que ya hemos hablado en Wiriko. Precisamente en esta edición, el festival ha querido rendir homenaje al director senegalés con una retrospectiva integral de su obra que incluyó Mere bi, President Dia y Hierro y cristal, entre otras. En el apartado Saint Louis en corto, el festival ofreció un espacio a los jóvenes realizadores, salidos del Master de realización y producción documental de creación de la Universidad Gaston Berger de Saint Louis, que comienza este año su décima edición, y que han podido dar a conocer sus obras al gran público.

Acercar el género documental

El documental de creación tiene por objetivo crear imágenes que ayuden a pensar e interactuar con el espectador. Según Souleyman Kebe, coordinador de las proyecciones, este evento pretende “tejer una red entre la ciudad y los creadores y acercar este género a todo tipo de público”. Para ello, el carácter abierto y gratuito del festival juega un papel importante. Pero no lo es todo. Una de las iniciativas ha sido el programa Público Joven, que ha llevado parte de la sección oficial a diez centros escolares de la ciudad, acompañados de un invitado y un dinamizador con el fin de debatir sobre el contenido con el alumnado. En la escuela St. Joseph más de 80 cabezas se estrechaban para no perderse ni un fotograma de Un talibé que no es como los demás, cortometraje sobre un niño que estudia en la escuela coránica. Cécile Mbaye, profesora de CM1, explica la importancia de que sus alumnos vean películas que se desarrollan en su entorno, porque normalmente solo consumen cine occidental. Otro ejemplo de este acercamiento, es la obra Grande Place, de la única directora de Saint Louis que ha presentado un trabajo en esta edición, AnneJo Brigaud. La creadora sitúa su cámara en una de las calles de la ciudad, rindiendo así homenaje al espacio de la palabra en la sociedad senegalesa y a la gente, que según ella “son parte imprescindible del patrimonio de Saint Louis”.

El eterno dilema de la producción

Tënk, que en wolof significa resumen (equivalente al pitch que se usa en la jerga cinematográfica) es la palabra elegida por la organización del Festival para designar los encuentros de coproducción en los que participan realizadores africanos y productores y difusores venidos de diferentes países, como Bélgica, Francia o Canadá. En esta edición, 21 jóvenes directores de quince países del continente presentaron su proyecto de film, acompañados por su productor africano y del formador que les ha orientado durante su residencia de escritura. Al otro lado de la mesa programadores y difusores occidentales, con mayor acceso a fondos y ayudas, dispuestos a embarcarse en una asociación Norte-Sur.

Tras este primer encuentro, público y abierto, las citas se cierran ya en privado y ambas partes negocian y discuten posibles colaboraciones. ¿Resultados? Pronto lo sabremos. De momento, y para los que entiendan el francés, os recomiendo el articulo de Olivier Barlet (jurado del festival) publicado en la revista digital francesa Africultures en el que se desgranan varios de los proyectos presentados. El festival pretende convertir a Saint Louis en un punto de convergencia anual de profesionales del documental africano y de cineastas del mundo entero que filmen en el continente. Queriendo ser un eslabón clave en la cadena de promoción del genero, el debate se cierne sobre la difusión de estos trabajos fuera del circuito de festivales.

Imagen de la escuela St. Joseph donde el festival de cine documental ha implementado parte de su programa de difusión.

 


* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

Banele Khoza, el as de la ilustración suazi

Es joven y brillante. Con solo 18 años fundó su propia marca, BKhz: una muestra de su exquisitez y de la rareza de su técnica dentro del mundo de la moda. Hoy, con 22, su estilo de ilustración digital, de acuarelas surrealistas que exploran la identidad o el género, se ha convertido en uno de los más llamativos y originales de la escena artística contemporánea. Con un futuro prometedor, ya es el ilustrador de Suazilandia con más proyección internacional.

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Banele Khoza, o el que Wiriko considera el “as de la ilustración suazi”, se ha hecho un lugar en el mundo del diseño de África Austral desde bien temprana edad. Tras estudiar moda en Londres e incluso antes de finalizar la carrera de Bellas Artes en Tshwane, este suazi afincado en Sudáfrica ya empezó a sorprender a los más refinados expertos en arte. No solamente despertó la admiración de los comisarios de la galería de arte contemporáneo TATE de Londres, sino que ya ha expuesto en galerías como la Trent de Pretoria, en Salon91 o Smith Studio de Ciudad del Cabo, y ha hecho resonar su nombre en la última Mercedes-Benz Fashion Week de Johannesburgo. Sin parar de cosechar éxitos, el pasado mes de marzo obtuvo una beca en el programa Johannes Stegmann Mentorship, de la prestigiosa galería Lizamore, donde ha sido apadrinado por el artista Colbert Mashile, con el que prepara una exposición individual que verá la luz en marzo de 2017.

Confeso admirador de artistas como la mexicana residente en Ciudad del Cabo Georgina Gratrix o las sudafricanas Penny Siopis y Marlene Dumas; Khoza desafía las concepciones de masculinidad/feminidad que se encuentran arraigadas en nuestra sociedad a través del uso de los colores azul y rosa. Para él, las convenciones y las estructuras preconcebidas, encarcelan la identidad. Por eso, con su obra, explora e intenta romper los diques psicológicos que predeterminan nuestra forma de ser, pensar o expresarnos. Así como ahonda en las fracturas causadas en las relaciones sociales a causa de las tecnologías.

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Banele Khoza AKA BKhz.

Creativo, original y arriesgado, Banele Khoza representa la nueva mirada digital del continente con su primera exposición monográfica, Sentimientos Temporales, expuesta desde el pasado 9 de julio y hasta el próximo 4 de Septiembre en el Museo de Arte de Pretoria. Temporary Feelings no es más que un exposición en forma de íntimos autorretratos emocionales que, según su autor, van mutando de un día a otro. Del 14 al 17 de Julio, la obra de este crack del arte africano contemporáneo también estará expuesta en The Turbine Art Fair de Johannesburgo, y estamos seguros que su obra se va a dejar ver muy pronto por bienales y ferias de arte internacionales.

Mientras esto no ocurra y no podamos ver más de cerca su obra, podéis seguirle la pista desde sus cuentas de Facebook e Instagram.

Fatou Diome y la reflexión de la diáspora

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Carla Figueiras Catoira 

Rosalía_CastroLa emigración no era en España un fenómeno ni reciente ni lejano cuando comenzamos a ser un país acogedor de inmigrantes. Era el siglo XIX cuando Rosalía de Castro, escritora indispensable de la literatura gallega y de la poesía española moderna, clamaba ante el Atlántico las causas y consecuencias de la emigración. Sus poemas son un repaso a las dificultades que miles de gallegos enfrentaron al decidir partir hacia América surcando Le Ventre de l’Atlantique pero también, y sobre todo, son la voz de las realidades que sufrían aquellas que en Galicia se quedaban. Rosalía las bautizó como “las viudas de los vivos”, Celles qui attendent. Leer a Fatou Diome es recordar la poesía de Rosalía de Castro, dos mujeres que desvelan en sus escrituras una mirada crítica hacia un mismo fenómeno en dos épocas y lugares distintos. Sus producciones ofrecen las múltiples caras de la diáspora desde cada una de las orillas de este océano sin olvidar ni los sentimientos más delicados ni una crítica feroz y determinada. La complejidad de la vida y los matices de cada decisión dan forma a un enorme collage que centraremos aquí en las experiencias de las mujeres.

Por un lado tenemos a Salie, protagonista de Le Ventre de l’Atlantique (2003). El amor la llevó a Francia, pero fueron el orgullo y la presión de su familia los que la obligaron a quedarse. La experiencia de la diáspora la convierte en ágil y sarcástica observadora tanto de su sociedad de origen como de la de acogida. La distancia otorga también a Lamine, personaje de Celles qui attendent (2010), una visión más juiciosa y reflexiva. Los dos observan como a su vuelta su entorno malgasta en un día de fiesta todo aquello de lo que dispone sólo para aparentar sin pensar en el mañana y en la miseria y las dificultades de cada día. Además, la presión hacia los que actúan diferente es determinante, las costumbres sociales son inquebrantables. Estas prácticas dominadoras  de una comunidad que “est sans doute rassurante mais elles vous happe et vous asphyxie” (2003, 171) son analizadas con recelo. Se suma la reivindicación de la alfabetización de las mujeres en Celles qui attendent como antídoto al retraso social.

Fatou Diomé en Casa África. Fuente: Casa África

Fatou Diomé en Casa África. Fuente: Casa África

Arame y Bougna son dos madres que luchan cada día para sacar adelante a su familia en Niodior. El retrato que se hace de su vida muestra la miseria y las dificultades para dar de comer a sus hijos y atender a sus maridos, olvidándose de ellas mismas. Activas y sufridoras, realizan todo tipo de tareas para conseguir poner un plato en la mesa. Su única esperanza parece ser la de tener una descendencia masculina que asegure su manutención cuando sean mayores, ellos son la esperanza de un futuro mejor pero ¿qué pasa en un entorno en el que los hijos no tienen futuro? Ante la desesperación surgen las leyendas de sus ancestros y los oasis del presente: por un lado, en una sociedad poligámica, las valientes princesas guelwaars eran mujeres que tenían como único objetivo vital que sus hijos fueran los reyes y, para ello, todo estaba permitido; por otro lado, Europa es vista, igual que en Le Ventre de l’Atlantique, como el paraíso donde todo es posible “au paradis, on ne peine pas, on ne tombe pas malade, on ne se pose pas de questions: on se contente de vivre, on a les moyens de s’offrir tout ce que l’on désire” (2003, 43) y, por lo tanto, los jóvenes de Niodior ven como única alternativa posible, “Barcelone ou Barsakh! Barcelone ou la mort” (2010, 117).

Fatou Diome intenta plasmar en cada frase de ambos libros la dominación material y psicológica de Francia y de Europa sobre los africanos. A la imagen engañosa e idealizada se añaden los discursos edulcorados de los retornados que ocultan la dureza del viaje, la marginación racista y la soledad que sufren, los impedimentos administrativos, la imposibilidad de encontrar un trabajo y una vivienda digna, etc. Las mentiras de los visitantes sólo consiguen aumentar el deseo de prosperar tanto de los jóvenes como de sus familias que los responsabiliza de su bienestar, “le sang oublie souvent son devoir, mais jamais son droit. […] (ils doivent) servir de sécurité sociale aux siens” (2003, 44), sentencia Salie. Por ello, muchas familias deciden apoyar o animar a sus hijos a realizar una temible travesía, como la autora explicaba en el programa Ce soir ou jamais: “Il y a tout un clan ou toute une famille qui pose son espoir sur cette personne-là”. A pesar de las dudas, la angustia y el miedo, Arame y Bougna deciden incitar a Lamine y a Issa a realizar ese viaje en barco. Mientras tanto, como las mujeres gallegas de las que Rosalía hablaba, Coumba y Daba serán dos esposas con “corazóns que sufren / longas ausencias mortás, / viudas de vivos e mortos / que ninguén consolará”.

La narración de la vida cotidiana desarrolla un discurso muy crítico contra Europa y las consecuencias de sus actos en África. Con mucha ironía y sarcasmo, Diome denuncia que la explotación de los recursos pesqueros por parte de las empresas europeas fuerza a los pescadores a abandonar su principal actividad y a buscar nuevas salidas. Se plantean entonces el viaje a Europa en unos barcos que servían para pescar pero que serán ahora la vía de enriquecimiento de unos pocos y el medio de transporte de los jóvenes sin futuro. Contrariamente a estos hechos, los jóvenes muestran una absoluta admiración por Europa que se refleja en el día a día pues las familias de los emigrantes son tratadas con mayor respeto, no se aprecia el valor del trabajo de los jóvenes que deciden quedarse y luchar y los puestos importantes pertenecen a aquellos que han estudiado en Francia, existe una total admiración por todos los productos occidentales que son esperados con impaciencia en el mercado de segunda mano, etc. Sin embargo, no son capaces de ver la necesidad que Europa tiene de África, “son vivier de main-d’oeuvre facile” (2010, 240), para seguir desarrollándose y sobreviviendo con este nivel de vida. Para ello, desvela la narradora, se establecen unos criterios de inmigración selectiva a Europa y se ofrece todo un sistema de cooperación ineficaz, destructivo y dependiente en África como, por ejemplo, con los microcréditos de Crédit Mutuel concedidos a Arame y a Bougna. Estos préstamos no ayudan a crean negocios prósperos sino que las endeuda todavía más: “aider quelqu’un, c’est l’aider à ne plus avoir besoin de vous” (2010, 241), sentencia la narradora.

Por último, unas palabras para el Atlántico. Es una figura indispensable tanto en la obra de Rosalía de Castro como de Fatou Diome, es un camino. El océano es aquel que une y separa los continentes, que da esperanza pero también se apropia de los seres queridos… En nuestra mano está que sea un lugar de comunicación y no una frontera letal: “On sera riche ensemble ou on va se noyer tous ensemble”, sentencia Diome en un debate sobre emigración y futuro.

Diome, Fatou (2003) Le Ventre de l’Atlantique. Paris: Éditions Anne Carrière.

Diome, Fatou (2010) Celles qui attendent. Paris: Flammarion.

De Castro, Rosalía (1880) “Pra a Habana!” en Follas Novas.

“El baobab que enloqueció”: Exilio, identidad y experiencias de supervivencia de una mujer africana en Europa

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Bárbara Benito Mollá

Ken Bugul, pseudónimo de la escritora senegalesa Mariètou Mbaye Biléoma y autora de El baobab que enloqueció (1982), fue una de las primeras escritoras africanas que abordó el hecho de escribir desde una perspectiva autobiográfica, reflejando en su obra sus propias experiencias vitales y sus conflictos interiores.

En esta obra, la escritora relata sus vivencias en Europa tras conseguir una beca para proseguir sus estudios en el continente de “sus antepasados los galos”, concretamente en Bélgica, relacionándolas y plasmándolas en base a la dicotomía que establece entre  las vivencias de la niñez y la juventud en su África natal, en la localidad senegalesa de Ndoucomane, y las que experimentará en Europa.

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La protagonista de esta novela decide marcharse a estudiar al extranjero, a Europa, más como una forma de exilio voluntario cuya finalidad es averiguar quién es, definir su identidad, que para proseguir su formación. Educada en el sistema francés, organizado desde una perspectiva neocolonialista y fundamentado en la aculturación Ken vive escindida entre sus orígenes, representados por su pueblo natal y la familia, y la cultura impuesta por el sistema educativo francés, que trasmite a su alumnado los valores e ideología occidentales  alejando de su propia historia y su cultura a aquellos que se forman en sus centros.

ken_bugul3El abandono de la madre en su infancia y la relación falta de intimidad y confianza que mantiene tanto con ella como con el padre y el resto de su familia, el alejamiento de su cultura nativa, derivan en un profundo sentimiento de desarraigo. Por ello, parte hacia Europa en busca del descubrimiento de sí misma, de aquello que ella representa, en un exilio a través del que espera encontrar todo lo que le es negado en su ambiente familiar y su país de origen. En definitiva, Ken se exilia en Europa para reconocerse a sí misma pensando que en el lugar que en la escuela le han trasmitido como el de sus antepasados hallará la solución al desasosiego y el vacío existencial que se alojan en su interior.

Este viaje, sin embargo, no representará lo que la protagonista de la novela deseaba. Ken se verá envuelta en una serie de vivencias que simbolizarán una prolongación del sentimiento de abandono, soledad y desorientación que la acompañaban a su llegada, que no encontrarán una solución en la sociedad europea y que la sumirán en una espiral de autodestrucción.

En el exilio europeo se sucederán y sobrepondrán distintas experiencias que van sumiendo a la protagonista en un estado de caos cada vez mayor. Para sobrevivir en una sociedad y cultura que se le revelan ajenas y que no la reconocen como parte de ellas, Ken intenta buscar refugio en relaciones que le proporcionan  todo aquello que le había negado su madre en la infancia, África, en definitiva, en el consumo de alcohol y otras drogas que la ayudan a evadirse y sobrellevar  los acontecimientos y, finalmente, en la prostitución.

ken_bugul2En este exilio, Ken apenas mantiene contacto con otros miembros de su comunidad de origen y se conciencia de su falta de singularidad dentro de esta sociedad para la que todos los africanos son iguales, una sociedad en la que los ciudadanos africanos y sus diferencias se desdibujan. Para sobrevivir y afrontar la decepción que supone enfrentarse al hecho de que ella no es parte de esa cultura europea en la que fue educada en y por la escuela, la protagonista de esta novela se entrega a relaciones que desembocan en el acrecentamiento de su insatisfacción y que no le proporcionan la tranquilidad espiritual que necesita.

Asimismo, Ken experimenta el racismo de la sociedad europea, que sólo la reconoce como individuo en función de su exotismo como mujer extranjera y exótica, como un objeto de distracción. Este imaginario pone el acento en el hecho de que es negra y se le presuponen ciertas características por ello, situación que la conduce al exhibicionismo y el escándalo como mecanismo de reafirmación personal.

En este entorno, sólo la locura es posible como medio de supervivencia y sólo en ella es posible vislumbrar una salida. A raíz de la decadencia en la que se sumerge puede reunir la fuerza suficiente para reaccionar y salir de esa situación de letargo e indefinición. Al final de la novela, en el punto álgido de su declive, la vuelta a los orígenes y  el reencuentro con África y con su tradición son las salidas salvadoras y que pueden conducir al verdadero descubrimiento de quién es ella.

Wiriko respalda al Udada: el primer festival de cine de mujeres en África del Este

 

Udada A escasas horas de la clausura del festival, la actividad de Matrid Nyagah es agotadora. Móvil en mano, tablet sobre la mesa donde corrobora que todo está preparado para la gala de clausura de esta noche en el Laico Regency Hotel de Nairobi (Kenia) y, mientras, con la mirada, advierte a la camarera que quiere un té de limón y jengibre. Ella sólo es una de las 3 directoras al frente del primer festival de cine hecho por mujeres de África del Este, de Kenia. Pero lleva la batuta de la organización junto a Labo Peter, manager del festival. Las otras dos caras visibles de Udada son Wanjiru Kinyanjui, sin duda, entre las mujeres más importantes en la industria de las artes y el cine en Kenia, y Naomi Mwaura, una defensora de los programas de empoderamiento para las mujeres en el país.

El evento cumple 2 años. En 2014 se lanzó como una muestra y este año (15-20 de octubre) se ha convertido en un festival con un sello propio y único en el continente junto al festival de Zimbabue International Images Film Festival for Women con quien se han asociado y cuya directora, Tsitsi Dangarembga, escritora y cineasta está estos días en Nairobi. Wiriko desde este año será medio oficial del evento.

¿Por qué el nombre de Udada?

Fue un proceso muy largo aunque sabíamos una cosa: que sería una palabra en kisuajili. Estamos asociados con la Fundación Akili Dada y así fue como surgió la idea de Udada. Udada significa hermandad y nos parece un concepto importante cuando estamos hablando de mujeres. Necesitamos unirnos para cambiar las estructuras de opresión a las que nos vemos sometidas.

Entonces Udada desea hacer una diferencia en el mundo en el que vivimos. ¿Crees que a través de un festival de cine se puede influir en el cambio?

Las películas son un reflejo de la realidad. Como festival, queremos ponernos de relieve y exponer los problemas, preocupaciones y perspectivas de las mujeres en las sociedades en las que viven. En nuestro festival proyectamos películas internacionales y pensamos que ofrecen al público una visión de otras culturas necesaria. El festival ofrece una excelente oportunidad para desafiar a las cineastas femeninas para contribuir con más películas y fomentar el intercambio de conocimientos sobre el patrimonio cultural de las diferentes comunidades a nivel internacional, mientras que creemos que ayudará en la promoción del diálogo intelectual y el respeto mutuo a través de las películas y el intercambio de conocimientos.

¿Cuál es tu opinión sobre la situación de las cineastas africanas hoy en día?

En primer lugar, creemos que las mujeres tienen muchas historias que contar. Pero a menudo las mujeres africanas no son vistas como si pudieran convertirse en cineastas, directoras, productoras o guionistas. Hablando desde mi propia experiencia, cuando le digo a la gente que soy un directora ¡no me creen! A menudo las personas piensan que las mujeres simplemente tenemos que ser las maquilladoras o las asistentes. Así que creo que tenemos camino por recorrer en general y que festivales como Udada pueden ayudar a trabajar en romper clichés machistas y patriarcales.

¿Cuántas solicitudes habéis reibido para esta segunda edición?

Pues mira, el año pasado recibimos 160 películas que querían participar de África pero también muchas de Europa. Este año… Más de 450 propuestas entre cortometrajes, documentales y largometrajes. Estamos muy contentas por la acogida.

Además de una gran variedad de películas, ¿qué más ha ofrecido Udada este año? 

Además de los pases de películas en la Allianza Francesa y en Pawa 254 hemos tenido foros de discusión y talleres de capacitación con expertos específicos. Quizás uno de los días claves ha sido el “Spanish Day” ya que la embajada de España en Nairobi nos ayuda económicamente. De esta manera, tuvimos 12 horas seguidas donde además de cine se pudieron exponer las obras de las artistas españolas Begoña Lund, Elísabet Cárdenas, Jimena Marcos, Patricia Esteve y Verónica Paradinas. Al final de la tarde  la actriz Virginia Urdiales representó “ImaginART”, una pequeña función de videomapping, una técnica artística nunca antes utilizada ni mostrada en África Oriental, que combina imágenes 3D con teatro.


¿Cuáles son tus esperanzas y deseos para los próximos años? 

Nuestro deseo es apoyar a las mujeres en el arte. Para los próximos meses estamos tratando de utilizar la marca Udada para crear diferentes encuentros culturales con el foco puesto en las mujeres: conciertos, literatura, pases de modelo… Así que esperamos que muy pronto este Festival y todas nuestras ideas se hagan más fuertes para convertir a este evento en una cita obligada no sólo en Kenia sino en la región.

 

Difret: el coraje de las mujeres en la sociedad etíope

 

Basada en la historia real de Hirut, una niña de 14 años secuestrada antes de casarse según la práctica de la “Telefa”, la película Difret, primer largometraje del director etíope Zeresany Berhane Mehari, ilumina esta tradición predominante de las zonas rurales de Etiopía y muestra la indefensión de los derechos de mujeres y niñas. Un trabajo con un mensaje edificante aunque en términos narrativos algo agridulce.

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La abogada Meaza Ashenafi (interpretada por Meron Getnet) es cofundadora de la organización no lucrativa Ethiopian Women Lawyers Association en la capital de Addis Abeba, Etiopía, y ofrece asesoría gratuita a las mujeres y a los defensores de sus derechos. La necesidad de este tipo de activismo es aún mayor en comunidades remotas como la de Hirut, interpretada por Tizita Hagere, que vive en una granja familiar.

Difret, que en lengua amárica significa coraje, comienza aquí. Un día de escuela soleado donde le comunican a la joven que pasará de curso por sus excelentes calificaciones. Pero la música y los planos ralentizados presagian la tragedia camino de su casa: es secuestrada por siete hombres armados a caballo, encerrada en una cabaña y violada esa misma noche por su “pretendiente”. Al día siguiente logrará escapar algunos metros con el fusil de su violador pero será alcanzada y acorralada en el bosque. La escena se resuelve en un guión premeditado: la pequeña Hirut termina matando a su violador de un disparo certero a bocajarro.

Desde aquí la película muestra dos realidades que comulgan en un mismo espacio. Por un lado, se encuentra la tradición local que es representada bajo una acacia en el pueblo de Hirut. El líder del consejo de sabios reúne a las dos partes afectadas –el padre del fallecido y el padre de Hirut– así como a todos los hombres, incluido el maestro de la escuela que ofrece un punto de vista transgresor. Fuerzas progresistas contra los defensores de la tradición. Un grupo ve el disparo como autodefensa, el otro como un asesinato que merece la ejecución de la ley del Talión.

En el polo opuesto el director Zeresany Berhane muestra el Estado moderno donde la burocracia se encarga de deshumanizar el proceso al que se está viendo sometida una adolescente de 14 años malherida y a la que se le niega la asistencia sanitaria por ser acusada de “asesina”. El sesgo crítico de Berhane es evidente al retratar a una sociedad profundamente machista en la que la figura de la mujer es reducida a una mera esencia formal. Una silueta desdibujada bajo los formalismos de la ley.

El matiz interesante es observar cómo a pesar de que la tradición se ha pervertido y permitido a los hombres no sólo raptar a las mujeres como práctica habitual antes del casamiento sino también justificar la violación, la justicia es dirimida en dos esferas irreconocibles: en un plano local y micro, y en un plano estatal donde los vínculos políticos y económicos tienen un poder decisivo.

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A pesar de que las imágenes de la cosmopolita y poblada ciudad de Addis son escasas más allá de alguna calle transitada en colores pasteles, es el contexto donde Maeza lucha. Una heroína que mantiene un combate contra la sociedad machista donde se ha criado. Sin embargo, su personaje en algunos momentos padece de falta de rigurosidad realista como se observa en una acción en la que intermedia por una mujer que es agredida verbalmente y físicamente por su marido. Maeza le espeta que perderá su trabajo si vuelve a golpear a su mujer subrayando la indignidad diaria a la que se ven sometidas las mujeres. Lo más convincente es la gama de los detalles sociales: la vestimenta occidental de Meaza, su diálogo desafiante contra la tradición y su vulnerabilidad ante las decisiones de un antiguo juez y amigo ya que “el peligro” de ser mujer es un trasfondo dramático que nunca desaparece en la película.

Además de ser una pieza sociológicamente importante por la que ha apostado su productora ejecutiva Angelina Jolie (que sin duda, ha ayudado a difundir el mensaje) Difret es también una historia sobre el fin de la inocencia y sobre cómo actos de fracciones de segundo crean cambios irreversibles. Entre 1995 y 2002 la organización de Maeza ayudó a más de 30.000 mujeres y niñas y el matrimonio por rapto fue ilegalizado y castigado con 5 años de prisión después del caso de Hirut. Maeza Ashenafi fue galardonada con el Premio África en 2003 y actualmente vive en Etiopía luchando contra la tradición de los secuestros. Precisamente hace un año saltaba la noticia que Tejnesh Leweg’neh, de 15 años de edad, de la región norte de Shoa, fue secuestrada por tres hombres en su camino al mercado. Ellos trataron de obligarla a aceptar casarse con uno de ellos, ella se negó y, un día después, la empujaron a un precipicio. Ahora Tejnesh está paralizada de cintura para abajo.

 


En el contexto de este artículo, sorteamos 10 entradas para ver desde el sofá de casa esta película. Para ello sólo tienes que responder a la siguiente pregunta cuya respuesta encontrarás en los últimos artículos de la sección de Cine y Audiovisuales. ¡Sé uno de los 10 primeros!

¿Cuántas películas africanas han sido seleccionadas este año para el Festival Internacional de Toronto y cuántas etíopes?

Envía tu respuesta a [email protected] con el asunto: Sorteo + nombre

 

Difret

 

El camino de la salvación. Libro de Aminata Maïga Ka

Aula Wiriko

 

 

 

2ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Viviana Dipp Quitón

Síntesis

Del título original: La Voie du salut. Présence Africaine, 1985; el título de la traducción El Camino de la salvación, es parte del volumen: Las africanas cuentan. Antología de relatos.  Aminata Ka lo escribió entre 1977 y 1980.

La obra reflexiona sobre la identidad, el conflicto entre la tradición y la modernidad, que se hace carne y toma voz en los papeles de madre e hija.  Las exigencias sociales hacia la mujer, los roles establecidos y la posibilidad de cambiarlos, las expectativas de las mujeres con respecto a la pareja y familia, la construcción patriarcal mimetizada en tradiciones y costumbres que constriñe, obliga e incluso cambia a las personas.

La obra, enmarcada dentro de las literaturas de frontera, relata el colonialismo, la etapa de transición y la independencia.  La autora es parte de esta generación y comparte el pensamiento y las posturas de los grandes autores de este periodo. Ella es hija de la colonización, fue formada en la metrópolis y pertenece a un círculo crítico de gente joven, es parte de esa élite que tendría un papel protagonista en Senegal durante los primeros años de la independencia.

La temática política, abordada desde comentarios y conversaciones de los personajes, nos remite a la descolonización y a la colisión entre la tradición africana y la administración colonial, y la exigencia de definirse como “negros” o “verdaderos africanos”. 

El libro es parte de la literatura escrita por mujeres sobre mujeres y su situación.  Sonia Fernández Quincoces, en su reseña de este libro encuentra un paralelismo con Mi carta más larga, obra de Mariama Bâ, representativa de esta corriente.

Se describe a las mujeres con poder y decisión dentro de la esfera privada y en algunas cuestiones familiares y de tradición, pero con muy limitada acción en el espacio público, incluso en el caso de quienes lo cuestionan e intentan vivirlo de otra manera.  El desacuerdo y la rebelión se dan más en la esfera privada o íntima que en pública, dando a entender que las mujeres no tienen demasiadas capacidades de acción o de elección incluso en el caso de personas jóvenes.  La manifestación de rebeldía o de independencia termina conduciendo a la derrota o sucumbiendo ante la presión social. 

Sobre la autora

Aminata Maïga Ka

Aminata Maïga Ka

Rokhaya Aminata Maïga Ka, nació el 11 de enero de 1940 en Saint-Louis, Senegal y falleció en Grand Yoff, Dakar el 9 de noviembre de 2005 a los 65 años.

De madre fulani y padre songhai, ama de casa y médico, respectivamente; creció en el seno de una familia musulmana atesorando buenos recuerdos de su infancia. Hablaba en su casa fulani, wolof y bambara, y fuera de ella francés.

Estudió la primaria en Kounghel  y secundaria en Thiès,  continuó en el Liceo “Eaux Claires” en Grenoble (Francia) y la Universidad en Cheikh-Anta-Diop (Dakar) donde se diplomó en inglés.  Ganó una Maestría en Inglés en la misma universidad seguida de una estancia en las universidades estadounidenses de San Francisco y Iowa City.

Su carrera profesional se inició como profesora de inglés en el Liceo Malick Sy, en Thiès. Posteriormente completó su formación superior en Gran Bretaña y asumió puestos de trabajo en la Comisión Nacional para la UNESCO, fue Asesora Técnica en el Ministerio de Educación y en la Secretaría de Estado de la Mujer. Entre 1992 y 1995 fue Agregada Cultural en la Embajada de Senegal en Roma, también Representante Adjunta a la FAO, FIDA y PMA.  Militante del Partido Socialista de Senegal fue Concejal y miembro del Comité Central del Partido y Vicepresidenta de la Asociación de Escritores del país.

Casada en segundas nupcias con el reconocido dramaturgo y periodista Abdou Anta Ka, fue madre de seis hijas e hijos. Visitó numerosos países en el transcurso de su vida: Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Malí, Guinea, Mauritania, Congo y la República Centroafricana. Viviendo en Senegal, sus casas en Dakar y Thiès estuvieron siempre abiertas para artistas con quienes compartía amistad, cineastas, pintores y principalmente escritores de la talla de Leopold Sédar Senghor, Birago Diop y Mariama Bâ, a quien apreciaba particularmente.

Sus obras publicadas son:

1985 : La Voie du Salut et Le Miroir de la Vie (El Camino de la Salvación y Espejo de la Vida) Dos historias cortas.

1989 : En votre nom et au mien (En su nombre y el mío) Novela.

1998 : Brisures de vies (Fragmentos de vida o Vidas rotas) Cuento. Además escribió numerosos ensayos sobre la condición femenina en Senegal y críticas literarias sobre las obras de Mariama Bâ y Aminata Sow Fall.

Sobre sus obras

Los temas que abordó Aminata Maïga Ka en sus obras tienen como centro las mujeres, reflejan su compromiso e intención de visibilizar temas como la violación, los matrimonios forzosos, la violencia contra las mujeres, o la ablación genital femenina entre otros, describiendo la vida cotidiana de las mujeres, su entorno, su forma de entender y de vivir las tradiciones y costumbres.  Aunque desde una mirada descriptiva más que rebelde y contestaria.

Aminata no negó considerarse feminista aludiendo que “a mi manera lo soy”, a diferencia de su amiga Mariama Bâ que lo rechazaba.

Cubierta-El camino de la salvación-Aminata Maïga Ka-2709 booksLa historia

Camino a la salvación es una novela corta que narra la historia de dos mujeres: Rokhaya y Rabiatou, madre e hija, desde la adolescencia de la primera, describiendo mundos y contextos diferentes que nos ayudan a comprender sus lógicas y su forma de actuar.  Como siempre en estas relaciones dos generaciones con formas propias de entender la vida, entre la tradición y la modernidad, entre las costumbres, la crítica y rebelión.

Rokhaya, descrita como “una mujer que había sabido encarar sin protestar todas las fealdades de la vida: la humillación por parte de su marido, las exigencias de su hija, los caprichos de su nieto, la mezquindad y la traición de sus amigas”, carga a lo largo de la historia con el peso de responder a todas las tradiciones que le inculcó su familia y que le imponía la sociedad, y Rabiatou, la hija en un nuevo tiempo y de nuevas lógicas, con estudios, que después de estudiar en “la metrópoli” regresa y ejerce la profesión de abogada, elige marido, no duda en mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio, lucha por ser independiente económicamente y participar socialmente a la par de los hombres.

Los hombres, lejos de ser protagonistas son, sin embargo, el centro de la vida de las mujeres: Baba Kounta, médico que se enamora de una Rokhaya joven y la hace su esposa, en particulares circunstancias valiéndose del chantaje a su familia, llevan durante años un matrimonio ejemplar dentro de lo tradicional, sin embargo él rechaza algunas costumbres y aleja a su esposa de la educación y formación de su hija. Y Racine Ly, joven profesor enamorado de Rabiatou a quien admira por su coherencia entre lo que dice, piensa y hace. Su matrimonio más allá de cualquier convencionalismo y tradición se debe al acuerdo de ambos, valiéndose del embarazo para forzar la permisión familiar, lo que no impedirá que después de poco tiempo él la engañe y despose a escondidas una segunda esposa.

La narradora es cercana, describe tanto lugares, situaciones como sentimientos de las mujeres que viven los hechos. Aunque el orden cronológico de la historia es claro (comienza con la muerte de Rokhaya ya abuela de un niño, para luego iniciar la historia de su vida y la de su hija), hay grandes saltos en el tiempo y quizá por ello algunos personajes se diluyen o desaparecen del relato, por ejemplo Awa, la hermana de Rokhaya o el cuñado Oumar.

Temas que cruzan la trama

Condición de la mujer

A lo largo del libro hay una serie de descripciones del “deber ser mujer” en el Senegal de aquella época, una construcción de género marcada por la tradición y las costumbres.

Más allá del duro contexto de un país en vías de desarrollo, el papel de la mujer está marcado por una vida de sacrificio y entrega, que implica sufrimientos que debe soportar por el hecho de ser mujer, esposa y madre en un destino fatídico.

Se alaba el papel de la mujer bajo estos término: “…tu madre, una mujer dulce y paciente que ha llevado sobre sus anchas espaldas a toda nuestra familia, sin protestar jamás”.

La valoración del matrimonio como sentido mismo de la vida de las mujeres es una constante.  En palabras de Rokhaya “El matrimonio es la única gloria de la mujer. Cualquiera que sean sus conocimientos o su riqueza, solo encuentra la plenitud en el matrimonio.”

La descripción del matrimonio es bastante interesante en estos términos: “el matrimonio, hija mía, es un tarro lleno de m… con una fina capa de miel.  El amor solo dura los primeros tiempos, luego vienen los gritos y las lágrimas, la amargura y la desesperación.  Es cuando tienes que mostrar valentía, perseverancia e incluso estoicismo”.  La mujer está llamada al sacrificio en pro del matrimonio, así la estabilidad y continuidad del mismo depende de ella: “tu matrimonio es una cofre cuyas llaves solo tienes tú”.

El llamamiento a la sujeción es puntual en múltiples ocasiones a lo largo del texto, la mujer deja de someterse a la familia para pasar a estar sujeta al marido:  “En cuanto te casas, perteneces en cuerpo y alma a tu marido.  Es tu único dueño y amo.  Él solo puede llevarte hacia el Paraíso en el que, por otra parte, solo entraras si le obedeces en todo.  Actúa como si fueses sorda, ciega y muda, este es el secreto de la felicidad.  Mide tus palabras cuando te dirijas a él.  Debes poner toda tu voluntad en darle plena satisfacción.”

Y el cumplimiento de esta sumisión y entrega da estabilidad y tranquilidad, así se describe el matrimonio siguiendo las recomendaciones familiares y tradicionales: “Nunca se hacía preguntas y tampoco se las hacía a su marido.  No le pasaba ninguna preocupación por la cabeza.  Su vida era sumisión y entrega de sí misma para la felicidad exclusiva de su marido.”  La mujer no se cuestiona, no piensa, no interactúa con su marido, se somete… posteriormente se verá lo duro que esto resulta para Rokhaya cuando pierde voz y voto sobre la formación y educación de su hija, por mucho que le duela se somete a la voluntad de su esposo.

Las ocupaciones de Rokhaya se resumían en la entrega a su marido, “Apenas volvía su marido del trabajo, corría hacía él para cogerle el maletín. Después le quitaba los zapaos, le traía sus sandalias y agua fresca.  Le servía la comida, le troceaba ella misma la carne o el pescado, le acercaba las verduras. Le secaba el más mínimo sudor que perlaba su frente y lo abanicaba”.

Pero esta sumisión no era garantía de nada, ella se da cuenta que su marido tenía vida social fuera de casa que ella no podía evitar y en la que no podía participar por falta de conocimientos, de opinión; por eso se preguntaba “¿Se habría equivocado tía Aïssé al enseñarle que un marido se doma por el sexo, la presentación de platos suculentos, una sumisión aparente por parte de la mujer y una cara siempre agradable?

El tener hijos como pilar del matrimonio, también es una carga que lleva la mujer, cuando el cuñado cuestiona por qué Rokhaya no tiene aún hijos, la esterilidad es entendida como castigo divino. “…su preocupación por no haber concebido después de dos años de matrimonio. ¡Qué crimen no dar a luz a un niño! ¡Automáticamente se le echa la culpa a la mujer! ¡Se rechaza y aborrece la esterilidad! ¡La verdadera muerte consiste en no dejar ninguna imagen propia de este mundo!”  El castigo inminente para la mujer suele ser el repudio o la posibilidad inminente de verse desplazada por una rival, por una nueva esposa. Se pregunta Rokhaya “¿Acaso la peor calamidad para la mujer africana no es la de no procrear?”

Lo mejor para los hijos, para la hija en este caso, se vive desde dos perspectivas, la de Baba Kounta que se rebela contra algunas prácticas como la escisión (ablación) y el tatuaje “A menudo reprobaba a Rokhaya cuando ella profería, en presencia de su hija, ideas que él consideraba bárbaras y retrógradas”, él pone la educación en el centro, procurándole los mejores estudios “Quería preparar a su hija para el mundo del mañana: progresista, moderno, combativo”.  Y por otra parte la mirada de Rokhaya preocupada por cumplir tradiciones, costumbres y recomendaciones místicas, no se descuida realizar sacrificios por la salud y bienestar de su hija, ella “…sabía que existía un mundo invisible que la racionalidad de los blancos nunca sabría descubrir. A escondidas seguía «protegiendo» a su hija”.

Estas diferentes miradas en la educación de las y los hijos, marcarán también la brecha entre las dos mujeres, entre madre e hija. Frente a las normas y formas de ser mujer que marcan la vida de una Rokhaya joven y sumisa, encontramos una mujer diferente en el papel de la hija, de Rabiatou que crece bajo otras lógicas, a quien su padre la mantiene alejada de algunas tradiciones y costumbres, a quien le procuran la mejor educación y estudios, que termina la carrera en “la metrópoli” y quien al regresar es crítica con las formas que esperan de ella su madre y la sociedad.

Rokhaya “…no estaba acostumbrada a salir. Le habían enseñado que la mujer debe quedarse en casa.”, y se cuestionaba la forma de actuar de su hija, tan diferente a la forma en la que ella entendía ser mujer: “…veía a su hija salir cuando le parecía, a veces incluso sin avisarla…quizá el contacto con los blancos había hecho a su hija una chica atrevida. O a lo mejor era el trabajo y la autosuficiencia lo que la había liberado, al ser menos dependiente de los demás”.

Bajo las lógicas de sumisión, la madre sufre al no compartir con la hija muchas formas de pensar y actuar, pero no es del todo incomprensiva con respecto a las formas con las que regresa de Francia “Rokhaya no compartía las ideas de su hija. Pero no podía condenarlas.  En un mundo en el que se lucha por sobrevivir, en el que el más astuto y el más pérfido le gana siempre al hombre honrado, era mejor dejar que su hija entrara en esa vorágine desenfrenada que era la vida moderna”.

Sin embargo, habrá temas en que el peso de las tradiciones, las costumbres, la dignidad y la honra familiar e individual entran en juego y son temas fundamentales.  La decisión de casarse y aceptar a un pretendiente más allá de un acuerdo familiar o del pago de la dote, será una cuestión importante para la madre como transmisora de estos “valores”.

En la época y contexto que se pidió la mano de Rokhaya, la dote reflejaba “lo profundo de los sentimiento se miden según la importancia de los actos materiales”; y contra esta idea se rebela otra generación que la cuestiona desde lo práctico. Rabiatou lo hace en estos términos: “Madre, el ser humano en especial la mujer no puede comprarse. ¡La mujer no tiene precio! Millones y millones no pueden compensar la molestia de los embarazos, el desgarro del parto, las noches en vela cuidando de los hijos enfermos, las faenas domésticas, los múltiples sacrificios de una madre y esposa.”  Frase que aunque cuestiona la costumbre y el valor de la dote, realza el valor, el sufrimiento y la carga que implica para la mujer la vida en matrimonio.

La cuestión de la dote y las formas del matrimonio que se imponían, posponen la boda, Rabiatou se rebela y queda embarazada y la madre se cuestiona “¿Qué había hecho para merecer semejante afrenta? Siempre se había resignado, siempre había aceptado las exigencias de su marido. ¿No eran esas las condiciones para tener buenos hijos? Y sin embargo su hija, su única hija, se rebelaba contra ella, se negaba a obedecerle y solo quería actuar conforme a su propia voluntad.”

Ella es consciente que su hija lo hizo saltando todas las normas que ella consideraba elementales de honor y dignidad, por que manifestaba así su independencia, para evitarle al novio todos los gastos y ceremonia que le parecían inútiles y se negaba a cumplir.

El embarazo, mayor bendición para una mujer, es vivido como la peor desgracia si es fuera del matrimonio y es un tormento particular para la madre que no ha cumplido correctamente su papel, “¿Quedarse embarazada acaso no era la vergüenza más grande para una muchacha? Su hija y ella misma serían durante meses objeto de habladurías en el barrio. Rokhaya sintió como un puñal se le clavaba en el corazón.

La carga pasará luego a Rabiatou que una vez casada, con un hijo y embarazada del segundo, lleva por poco tiempo la vida que imaginaba.  Su marido no tarda mucho tiempo en cambiar de vida, aunque en principio cuestiona y critica a sus amigos, termina haciendo lo mismo, dejando a su mujer en casa, reduciendo la vida social que llevaban juntos, buscando una “drianké” (cortesana) como amante a quien convierte en su segunda esposa.

Rabiatou comienza a cuestionar su propia forma de ser y de actuar  cuando su marido cambia “Quizá ella fuese demasiado europea, y no bastante africana… era una buena ama de casa.”  Duda y busca en ella el fallo por la actitud de su marido: “No podía recordar ni una sola pelea con su marido. Sin embargo notaba que Racine se le escapaba como la arena entre los dedos. No podía contárselo a nadie. Sabía la respuesta que le darían. Encerrada en su silencio y su soledad, permanecía sentada en el salón durante horas…”

No podía contárselo a nadie, su sufrimiento era el precio por haberse negado a cumplir las tradiciones, sabía que le atribuirían esa carga si lo hablaba con alguien, la carga y la culpa caerían sobre ella.  “Se habían esfumado sus ilusiones de juventud, su dignidad y amor propio estaban siendo pisoteados”, “Todos sus sueños se veían aniquilados”.

Pese a que ella contaba con recursos económicos para vivir sola con sus  hijos, temía por los múltiples problemas que ello implicaba, la soledad y el estigma, pensaba que “no tenía el derechos de privar a sus hijos de su padre”.

El final de ambas mujeres es trágico, Rokhaya muere enferma en una operación que temía pero a la que accede por superar los fuertes dolores que la aquejaban; y Rabiatou enterada por su mejor amiga, Sokna, que su marido ha tomado una segunda esposa y ha alquilado una casa llena de lujos para ella, con el dinero de ambos, muere de un infarto de miocardio, incapaz de asimilar la traición y el sufrimiento en el que se hallaba sumida.

Tradiciones y costumbres 

Marginalmente se abordan en el libro varios temas sumamente interesantes que describen la forma de pensar y actuar, las tradiciones vigentes en la época.  Entre ellas la práctica de la ablación o escisión que desde el punto de Baba, joven médico, es una aberración que condena.  Es interesante el dato que en Senegal en el año 2005 se diseñó un programa para la eliminación de mutilación genital femenina que logró que más de 1600 localidades dejaran la práctica, lo que representaba el 30% del total.

Son sumamente interesantes las descripciones de las formas tradicionales de pedir a la mujer en matrimonio, se entiende en la solicitud de Baba Kounta que era una decisión unilateral, él lo pide o solicita a la familia, ella no tiene ningún papel en la toma de decisión.  La descripción del pago de la dote (warugal), la ceremonia de boda, la reclusión de la novia por 4 meses, el contenido del ajuar y la implicación de la comunidad en todo momento.

Juegan un papel importante a lo largo de la historia los morabitos y las personas relacionadas con los “djinn” o espíritus invisibles, benéficos o maléficos, como la vieja Diouldé “que se había ganado la fama de curar la esterilidad” y se ofreció a ayudar a Rokhaya cuando no podía quedar embarazada o para llevarse bien con el cuñado.

Queda corto este trabajo para profundizar en la lógica comunitaria que se refleja a lo largo del libro, sobre todo en el primer contexto más rural y arraigado a las tradiciones y costumbres, para ellos “compartir es el centro de la vida en África” y así lo manifiestan en lo bueno y en lo malo, tanto para lamentar la muerte de una pequeña hija como para celebrar y entregar en matrimonio a una hija de la comunidad.

La dignidad y la honra, fundamentales en la construcción personal y en la valoración familiar, en el relato lo describe la familia de Rokhaya: “más que la pérdida de la libertad, Demba temía la deshonra que mancillaría para siempre su descendencia. ¡Antes la muerte que la vergüenza!”.

Construcción de identidad

Desde lo político

Hay dos momentos, en el primero los protagonistas del diálogo son exclusivamente  hombres, Baba Kounta y sus amigos que piensan: “Ahora más que nunca debemos organizarnos para hacer frente al invasor y reivindicar nuestros derechos.”, claramente posicionados en contra de la colonia y esperanzados en que “los frutos de nuestros sacrificios los recogerán nuestros hijos. Quizá tengan la suerte de crecer en un África libre y próspera, dirigida exclusivamente por negros.”

Eran críticos y realistas con esa África independiente que veían como un sueño, esa libertad costaría vidas, pero había aún una cuestión más: “Cuando se hayan marchado, ¿sabremos asumir solos nuestro destino, digna y honrosamente? ¿y si la independencia fuese un regalo envenenado, con su procesión de males: subdesarrollo, malnutrición, carencias de todo tipo? ¿qué nos quedará después de la sangría económica que ha vaciado nuestro país durante siglos? ¿dónde está el camino de la salvación? ¿en la esclavitud o en una libertad truncada, teledirigida?”.

Años más tarde, la reflexión de los jóvenes preocupados por la política sería distinta, criticaban el poder de los barones del régimen, anclados en el poder, pero también preocupados por el papel de la nueva generación: “…yo ya no confío en los jóvenes. Persiguen las mismas metas que los mayores: con ganas de enriquecerse, ambiciosos, lo quieren todo en muy poco tiempo. Son auténticos buitres”.

Reflexiona al respecto el grupo de amigos de Racine en que está incluida y opina Rabiatou: “Nuestro país no sólo ha sido arruinado por lo insaciables que eran nuestros gobernantes sino también y fundamentalmente porque el régimen no sigue una política que corresponda a sus posibilidades. Los gastos suntuosos se han tragado el presupuesto. Europa aún nos tiene agarrados por mucho tiempo.”

Desde lo personal

Ese camino de la salvación público y político será también personal en la vida de las mujeres protagonistas de la historia.

En medio de ese camino, en ese tiempo de tránsito político, también está la construcción de “ser africano”, subsiste la cuestión sobre ¿hasta qué punto aceptar, admitir, apreciar lo occidental y en qué medida valorar y conservar las tradiciones, qué tradiciones?

Un primer aspecto personal se vive desde la percepción de Rabiatou al volver de Francia: “Ella, que se las ingeniaba para imitar al blanco hasta en su manera de vestir y su manera de hablar, se prometió a sí misma que iba a volver a ser la negra de la que quiso renegar.  Su vida le había abierto los ojos: hiciera lo que hiciera, jamás sería una blanca”.

La definición del yo, desde el otro, el yo negro en contraposición de “lo blanco” se presenta en todo momento, desde la valoración de lo tradicional abrazado como consigna, hasta los cambios de la modernidad, de los conocimientos de la gente que ha recibido educación formal occidental.

La contradicción sobre la que protestaba Racine cuando sus amigos le exigían salir sin su esposa “¡Me sobrepasa que unos intelectuales razonen como lo estáis haciendo!” recibía esta respuesta: “Intelectuales, intelectuales…No por ello hemos dejado de ser negros.”

La alusión al orgullo de la africanidad y a determinadas tradiciones es utilizada por los hombres a su antojo para justificarse, en teoría eran modernos y hablaban de derechos e igualdad entre hombres y mujeres, pero a la hora de tener amantes o llevar vida social excluyendo a sus mujeres se alude el “ser negros”, para justificar comportamientos machistas a conveniencia.

Ya se ha visto en el análisis de la situación de las mujeres que igual crítica y dicotomía tendrán ellas, cuando Rabiatou es cuestionada (y se autocuestiona cuando las cosas no le van tan bien como esperaba)  si es “poco negra”, o “muy europea” por estudiar, ser abogada, ser independiente económicamente, llevar una relación igualitaria (a su manera) con su marido, saliendo y compartiendo la vida social.

Creo que ese es el camino que pretendía reflejar en este relato la autora, ese momento de definiciones y cuestiones, esa construcción e identidad, entre lo tradicional y lo moderno (por llamarlo de alguna forma), esas valoraciones en las que las mujeres están en el centro, como transmisoras y defensoras de la tradición y de las costumbres, pero también como mujer que van ganando, no sin dificultad, mayores espacios de participación y protagonismo de su propia vida y en la sociedad.

“No tengáis miedo de las diferencias: nos enriquecen”

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Momento de complicidad entre Graça Machel y Xavier Aldekoa, durante la rueda de prensa del Forum IMPULSA de Girona 2015. Foto de Gemma Solés.

Casualidad o no, Graça Machel abría el Forum Impulsa de laFundació Princesa de Girona en el día que se cumplían 40 años de la independencia de su país natal: Mozambique. Viuda de dos iconos de la política africana, el socialista Samora Machel y el líder antiapartheid Nelson Mandela; es una de las figuras más relevantes en la transformación social que ha vivido el continente desde la era de las independencias. Pero el papel político de Graça, la única primera dama de dos repúblicas —Mozambique (1975-1986) y de Sudáfrica (1998-1999)—, no solamente se destaca en la historia de África, sino que se sitúa en el epicentro de la lucha por los derechos de la infancia, las mujeres y del compromiso por la educación y el desarrollo en todo el mundo.

“No se puede hablar de ella en pasado”, advertía el periodista Xavier Aldekoa al presentarla en la rueda de prensa. Y es que a pesar de llevar más de cuatro décadas trabajando para procurar un mundo más justo, la veterana no tiene intención de apartarse de su batalla contra la pobreza y las desigualdades. “No puedo descansar mientras siga habiendo miles de niños palestinos en campos de refugiados. Cuando gozas de privilegios, tienes que asumir tus responsabilidades. No podemos obviar nuestras obligaciones mientras siga habiendo problemas por resolver en el mundo”, pronunciaba la activista africana delante de los monarcas y otras personalidades españolas presentes en el acto de inauguración del Forum Impulsa.

Con el foco puesto en África, el continente con las tasas más altas de analfabetismo, Graça quiso incidir en la necesidad de inversión en educación. Maestra de formación y ministra de educación y cultura en Mozambique de 1975 al 1989, desgranó cómo en su opinión, el empoderamiento social es intrínseco a la educación. “La educación es la herramienta más importante para alcanzar la libertad, y no sólo política. Para liberarse de la pobreza. Liberarse del analfabetismo. A través de la educación el pueblo pude tomar control de sus vidas”, reivindicó ante un Palau de Congressosestático. Ya por la mañana había insistido en el hecho de que “la libertad nunca se regala, hay que luchar por ella”, apuntando a que las principales causas de la falta de libertades en África han sido consecuencia de las relaciones de poder establecidas después de la colonización y la laxitud de los gobiernos africanos a su respecto.

Graça Machel entrado a la rueda de prensa junto a Xavier Aldekoa. Imagen de Gemma Solés.

Graça Machel entrado a la rueda de prensa junto a Xavier Aldekoa. Imagen de Gemma Solés.

Como era de esperar, no perdió la oportunidad para dirigir el discurso hacia las mujeres, que representan dos tercios del total del analfabetismo en el mundo y que son uno de los focos principales de su organización, Graça Machel Trust. “Educar a una mujer y facilitar su independencia financiera, puede generar una transformación muy importante en su familia, su comunidad y su nación. La educación y las mujeres tienen para mí un vínculo natural en la lucha por la emancipación social y creo que hay que acabar con los obstáculos estructurales que impiden a las mujeres llegar a los puestos más elevados de poder”, manifestó la experta del Panel de Alto Nivel para la Agenda de Desarrollo Post 2015. Además, en un continente que, según Unicef, podría alcanzar los 1.000 millones de menores de dieciocho años en 2050, la que fuera presidenta de la Comisión de Estudios de las Naciones Unidas sobre el Impacto de los Conflictos Armados en la Infancia, quiso subrayar la necesidad de dedicar esfuerzos a este colectivo.

Graça Machel habló de datos positivos sobre África y su juventud. Haciendo una crítica al afropesimismo que impera en los medios de comunicación, insistió en los enormes avances del continente en la última década, y puso énfasis tanto en los actuales derechos democráticos como en los avances tecnológicos. “Por supuesto que África aún tiene muchos desafíos que afrontar. Hoy te puedes encontrar países como Somalia o Burundi, con problemas muy complejos. Siguen muriendo personas y tenemos que proteger cada una de sus vidas, por supuesto. Pero África son 54 países. Hoy,siete de las diez economías que más están creciendo en el mundo están en el continente. Sin embargo, las narrativas más pesimistas esconden toda esa otra realidad”, insistió la fundadora de laFundación para el desarrollo de la comunidad de Mozambique.

“Por favor, respetad la dignidad humana que nos hace iguales. No tengáis miedo de la diferencia. Las diferencias nos enriquecen. Y nunca hagáis la vista gorda ante ningún tipo de injusticia social”, pedía a los gerundenses antes de abandonar la palestra acompañada por un afable y cómplice Aldekoa, que le cogía la mano para alejarse ante la ovación del público.