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Wiriko medio oficial del Film Africa

Black is beautiful: El Londres más negro sube el telón del Film Africa

Wiriko medio oficial del Film Africa

Wiriko medio oficial del festival de cines africanos de Londres Film Africa.

Vuelve un Londres en negro. Un negro que es beautiful. Un negro que como canta el cantante Chronixx, es necesario para entender la construcción del imaginario que tenemos del continente africano. Regresa el Film Africa (27 de octubre hasta el domingo 5 de noviembre), la celebración más grande de cines africanos y su diáspora de Inglaterra organizado por la Royal African Society de la que Wiriko continúa por tercer año consecutivo como medio oficial en español de una de las citas imprescindibles europeas. Y cuando se hace alusión a que la urbe inglesa ennegrece cada año es porque su política y objetivos se extiende a lo largo de seis sedes colonizando las carteleras de las principales salas de cine: Rich Mix, BFI Southbank, Ritzy Brixton, Ciné Lumière, Bernie Grant Arts Centre y el South London Gallery. No hay excusas para no enmudecer con alguno de los 38 títulos que se proyectarán procedentes de 21 Países africanos (incluidos 19 estrenos en el Reino Unido, Europa o mundiales) y con la presencia de cineastas, actores y actrices y músicos que endulzarán una semana africana que prestará especial atención a las historias de mujeres.

La apertura de esta noche en el BFI Southbank estará a cargo de la película The Wound (Inxeba), del director sudafricano John Trengove. Un trabajo atrevido que pudimos ver en el festival de Durban el pasado julio y que explora la sexualidad, la masculinidad y el choque entre los valores tradicionales y contemporáneos en la actual Sudáfrica. El actor principal y premiado músico Nakhane, uno de los nuevos talentos más emocionantes del país, asistirá a la proyección y actuará este domingo en el Rich Mix llevando sus melancólicas y lánguidas guitarras y bellas armonías vocales al público londinense por primera vez.

La séptima edición del Film Africa clausurá en el Ciné Lumière el 5 de noviembre, con el estreno en Londres de Foreign Body, el nuevo trabajo audaz y visceral de la directora tunecina Raja Amari. Para conmemorar sus 60 años de independencia de Ghana, el festival proyectará tres trabajos que capturan el espíritu de una de las industrias cinematográficas de más rápida expansión en el continente africano: Keteke, el primer largometraje de Peter Sedufia, con una preciosa banda sonora a cargo de la banda de Accra, Worlasi; la historia épica de la realizadora ghanesa-americana Leila Djansi sobre la trata de esclavos en el Atlántico, I Sing of a Well; y una rara oportunidad de ver uno de los más aclamados trabajos de los últimos tiempos, Kukurantumi – Road to Accra, del realizador King Ampaw.

Film Africa continúa su estrecha asociación con el consorcio de los cinco festivales de cine africano del Reino Unido (Film Africa-Londres, Africa in Motion-Escocia, Afrika Eye-Bristol, CAFF-Cambridge y Watch Africa-Gales) con su sección Clásicos perdidos de África (Africa’s Lost Classics), trayendo a las pantallas algunas de las mejores películas africanas que han sido prohibidas, censuradas, perdidas u olvidadas, incluida la restauración de algunas películas importantes dirigidas por mujeres africanas. Algunos ejemplos serán Fatma 75, una película pionera y el primer trabajo de no ficción de la tunecina, Selma Baccar; Rage, del laureado director nigeriano Newton Aduaka; y Mueda, Memory and Massacre, de Ruy Guerra, una obra central de la ola de Cine Novo, generalmente considerada como el primer largometraje de ficción independiente de Mozambique y una obra maestra de la memoria anticolonial.

En esta séptima edición se podrán ver los primeros trabajos del sudafricano Daryne Joshua con su Call Me Thief, un retrato de la vida en los suburbios de Ciudad del Cabo en la década de 1960; el estreno europeo de I Will Not Bear Tomorrow, de Abraham Gezahagne, que se adentra de lleno en uno de los momentos más oscuros de Etiopía; y en I Still Hide to Smoke, un baño turco es el telón de fondo para la audaz exploración de la directora argelina Rayhana Obermeyer sobre el papel de la mujer en su país hoy día.

Junto a I Still Hide to Smoke y Fatma 75, otros títulos de la programación de la que Wiriko forma parte como asesor muestran historias de mujeres. Por ejemplo, se estrenará en el Reino Unido el documental Sacred Water, de Jordain Olivier que explora la sexualidad femenina en Ruanda; A day for women, de Kamla Abou Zekri un trabajo que reflexiona sobre la comunidad, la convivencia y la libertad de las mujeres en la sociedad egipcia; El cuarto largometraje de Alain Gomis Félicité, ganador del prestigioso Oso de plata en Berlín, que retrata a una madre soltera en la capital congolesa de Kinshasa; y el documental de Pascale Lamache, Winnie, el cual describe la compleja figura de Winnie Mandela, y se pregunta por qué la historia silencia habitualmente a las mujeres líderes fuertes.

Otras películas destacadas incluyen el estreno mundial del documental Di Journey de Maria Khan, una exploración histórica y completa sobre las relaciones de inmigración y raza en la comunidad afro-caribeña del Reino Unido; lo último de la prolífica directora ghanesa Shirley Frimpong Manson, Potato Potahto; y el estreno en el Reino Unido del brillante documental de Samantha Biffot The African Who Wanted to Fly, que cuenta la extraordinaria historia de un joven de Gabón que se convirtió en maestro de Kung Fu en China.

Secciones de cortometrajes, días programados para los niños, conciertos y conferencias paralelas completan una semana que reflejará lo mejor de los cines africanos. Y Wiriko estará allí para contarlo.

Más información aquí.

Jowaa (Ghana) aterrizan este sábado en Madrid

El sábado 21 de octubre, Moto Kiatu trae en exclusiva y desde Ghana, al colectivo Jowaa, un referente del AfroBass. Cargados con un artillería pesada de ritmos infecciosos, Jowaa tiene una larga historia de hacer mover las caderas con la reciente ola de Azonto reforzando la posición de Accra como el mayor productor de jams africanas. Junto a los DJ’s de Moto Kiatu (Savannah, Malaria, Sinsistema y veinn), prometen hacer bailar Madrid durante seis horas, desde las 17:00h. hasta las 23:00h. de la noche.

El aforo es de 70 personas y para asistir precisas de invitación. Consigue ya la tuya pinchado aquí.

Jowaa, tendiendo puentes con AfroBass:

Jowaa, aka Gafacci & BBRAVE, elevan este terreno fértil a otro nivel, usando arreglos electrónicos y llevando los sonidos de Ghana a un nuevo espacio. Nacieron a principios de 2017 después de haber estado cocinándolo durante dos años, desde que Gafacci & BBRAVE se encontraron y se dieron cuenta de su pasión común por la música ghanesa y electrónica. Después de varios experimentos, el dúo al final convirtió su sonido en un concepto haciendo a la gente ‘bailar duro’, “JO WAA” en lengua Akan.

Gafacci es un genio del Fruity Loops y ha trabajado con innumerables artistas ghaneses, entre ellos Dee Moneey, Sarkodie, Chase, Ice Prince, Dr. Cryme y muchos más. Benjamin Lebrave, por otro lado, dirige el sello musical Akwaaba Music y actúa en la pista de baile como embajador una vez que se pone detrás de los platos con el nombre de BBRAVE. Ha actuado en docenas de países de los cuatro continentes y es capaz de destilar ritmos africanos en cualquier ambiente.

Con el baile como vehículo, Jowaa tiene como objetivo unir mundos, diversificar sonidos y conectar gente. Después de ver la emergencia del Kuduro en Luanda o del Gqom en Durban, Jowaa sabe que es el momento de que Accra enseñe su vitalidad. Piensan que es lugar y momento para bucear en sonidos innovadores y para ofrecer formas alternativas de conectar gente y de abrir mentes.

Actualmente tienen la atención internacional gracias a unas puestas en escena inolvidables en lugares como el Africa Bass Culture Festival de Burkina Faso, el Nyege Nyege Festival de Uganda y con la gira por Europa que están realizando estos días. No te pierdas su paso por España con la Sesión V de Moto Kiatu, esta vez, junto a Jowaa.

Moto Kiatu es un proyecto de Wiriko pionero en cultura electrónica africana.

Nii Ayikwei Parkes, la historia por encima de todo

Nii Ayikwei Parkes sólo ha publicado una novela, pero no es un recién llegado a la literatura, ni mucho menos. Su trayectoria poética es larga, igual que su experiencia como autor de slam, la poesía declamada fundamental en los circulos de la cultura urbana de la mayor parte de las grandes ciudades africanas. El suyo es uno de los nombres que aparece en la antología Africa 39, aquella recopilación de los 39 autores africanos de menos de 39 años más importantes. Su única novela, acaba de ser publicada en castellano y catalán por Club Editor (El enigma del pájaro azul y L’enigma de l’ocell blau) y eso permitió que el escritor ghanés se pasease por Barcelona explicando sus inquietudes literarias. La fundamental de estas inquietudes, sin duda, la historia. La historia por encima de todo. La historia en el centro de todo.

Nii Ayikwei Parkes durante uno de sus actos en Barcelona. Foto: Carlos Bajo / Wiriko.

“La historia es la historia. La intelectualidad está matando la literatura”, explica categórico Nii Ayikwei Parkes, después de una larga jornada de actos públicos y contactos con medios de comunicación. Sin embargo, el escritor ghanés combate el cansancio con más energía y lejos de bajar los brazos, las reiteraciones seguramente le llevan a desnudar sus respuestas de artificios y adornos. “Yo soy un explicador de historias, eso es lo importante”, afirma ante los comentarios sobre el género escogido, el tono de su novela e incluso el lenguaje y la lengua que emplea.

El enigma del pájaro azul es una novela negra escrita originalmente en inglés, pero en la que Parkes utiliza los distintos registros del lenguaje, precisamente, para caracterizar a los personajes y para terminar de dibujar las escenas y los escenarios. La historia, que se centra en una investigación por la aparición de unos extraños restos en una aldea en la que además ha desaparecido un agricultor, se desarrolla entre ese entorno rural y Accra. La lengua en cada uno de los escenarios es diferente.

De entre todos los personajes de la historia, destacan Yaw Poku y Kayo, que son los que reflejan de manera más simbólica lo que hay detrás de este encuentro casi de sociedades distintas, la de la Ghana rural con todas sus normas y sus creencias y la de la Ghana urbana con el poder, la capacidad de imposición y una cierta pretendida superioridad. Yaw Poku, es el último cazador de su aldea, el depositario de toda una serie de conocimientos que tocan a su fin, que amenazan con extinguirse. Un hombre sencillo que asiste con sorpresa y cierta distancia a la invasión de su pueblo por parte de gentes que llegan de la ciudad y, a menudo, pisotean las formas de vida locales. Frente a Yao Poku, o más bien, junto a él, aparece Kayo, un médico forense al que puntualmente recurre la policía para solucionar un enigma irresoluble. Un joven formado en Gran Bretaña que confiesa haber recurrido a la ciencia para alumbrar las sombras del pensamiento más tradicional y popular del país. A pesar de esa posición Kayo destaca frente al resto de gentes procedentes de la ciudad, por su respeto hacia todas las personas, incluidos los habitantes de la aldea.

El escritor ghanés Parkes en una muestra de su poesía. Foto: Carlos Bajo / Wiriko.

Para el autor, Nii Ayikwei Parkes, todos estos detalles son los que exigía la historia. Parkes huye de las etiquetas, las acepta porque conoce los mecanismos de la industria editorial pero no las alimenta. Preguntado sobre si se siente cómodo con la consideración de “realismo mágico africano”. “No le doy importancia a las etiquetas”, asevera Parkes en un primer momento. “Cuando intentas intelectualizar una historia como esta”, explica después, “en realidad se te escapa. Llegas a unas conclusiones que responden a cómo lo ves tu, no a cómo lo siente el autor. Yo veo esta narración como realidad, no como realismo mágico”.

Para Parkes todos los recursos de la novela, el género, el tono, el lenguaje utilizado que mezcla magistralmente el inglés formal, con un inglés absolutamente teñido de lenguas nacionales ghanesas, están atados a la historia concreta. Y avanza que la siguiente novela que ya está escribiendo no tiene nada que ver con esta.

Además, Parkes está convencido de que eliminar esa pátina intelectual que trata de explicarlo todo es la mejor manera de difundir la literatura. El escritor considera que quedarse con las historias, sin intentar diseccionarlas y sin hacerles la autopsia (paradógicamente) es la forma de disfrutarlas y hacerlas atractivas. “Yo me quedo con la simplicidad, antes que con complicar la historia”.

El resultado de esta visión y esta experiencia de Nii Ayikwei Parkes es una novela cuya historia engancha a través del misterio, que se lee sin demasiados esfuerzos gracias al hilo narrativo y una caracterización completa y compleja de los personajes, que permite entender perfectamente sus acciones. Y, en paralelo, se trata de una historia que transmite una realidad compleja como la convivencia entre tradición y modernidad en una sociedad diversa como la ghanesa y que lo hace sin simplificar y sin caer en maniqueismo y, al mismo tiempo, con un profundo respeto que consigue que el lector se sienta cómodo en todo momento y acompañado por el relato.

Myles Sanko por Simon Buck.

Myles Sanko: “En África está todo rítmicamente conectado”

Sus fotografías. Sus videoclips. Su vida. Todo en él está marcado por una dicotomía: el blanco y el negro. No es casual que su EP debut, que apareció en 2013, se llame Born In Black and White (Nacido en Blanco y Negro). “Nací en Accra, de madre ghanesa y padre bretón, del norte de Francia. Pasé los 16 primeros años de mi vida en Ghana, antes de trasladarme a Cambridge”, cuenta Myles Sanko, la nueva sensación del Soul-Jazz británico.

Después de arrasar con su primer álbum Forever Dreaming en 2014, 2016 fue el año en que Myles realizó su álbum más personal, Just Being Me. Hoy, a punto de cumplir 37 años, se ha convertido en una de las voces más cotizadas y frescas de Europa. Siendo considerado uno de los renovadores de la música británica, pocos saben o reconocen la herencia africana de esta voz a caballo entre dos ciudades: Accra y Cambridge. Y antes de que vuelva a pisar la península ibérica para la presentación de último LP, nos ha brindado generosamente unos minutos de su tiempo, en los que hemos podido desgranar más sobre su carrera y sobre su parte más africana:

Myles Sanko por Simon Buck.

“No cambiaría mis orígenes por nada del mundo. Nacer de dos culturas tan distintas me ha permitido ver ambos lados de la realidad. Me siento absolutamente agradecido de que mis padres decidieran estar juntos y me permitieran experimentar la vida desde diferentes ópticas”, explica Sanko.

Y supongo que diferentes realidades significa también diferentes lenguas, ¿verdad?

Por supuesto. Mis lenguas maternas son el Akan, que se habla en Accra, y el Ewe, la lengua de mi madre. Pero también hablo perfectamente francés, que es la lengua materna de mi padre. El inglés, por supuesto. Y el italiano. A parte, también estoy aprendiendo checo y español…

¡Dios mío! Y en España la gente se cree que somos políglotas por ser bilingües en el mejor de los casos… A menudo nos olvidamos de que África nos pasa la mano por la cara en estas cuestiones, ¿verdad?

Somos absolutamente injustos cuando juzgamos África. África tiene un lugar irremplazable en mi corazón. Nací y crecí en África. Mi madre es africana. Y aunque vivo en Cambridge estoy muy conectado con el continente. África es un continente muy joven, que ha estado sujeto a muchas penurias, empezando por la colonización y los siglos de esclavitud… Pero tendrá su día. Un país como el mío, Ghana, fue uno de los primeros en conseguir la independencia. Pero hoy en día, tener independencia no significa absolutamente nada. Puedes tener libertad y a la vez seguir amarrado. Mi generación sigue sufriendo del trauma colonial, que acarrea de la generación anterior, y cuesta a veces celebrar África más allá de los problemas… Es difícil, a menudo, salir del pensamiento de que Europa es mejor en términos de conseguir mejores trabajos o pensar que lo que vemos en la televisión es mejor que nuestra forma de vivir. A mi me gusta celebrar África por lo que es. Estoy super orgulloso de ser africano. Y estoy seguro de que le llegará el día. Y espero que no esté muy lejos.

¿Y cuales son tus mejores recuerdos de tu infancia en Accra?

Vivíamos en Tema, cerca de la playa. Un lugar precioso. Mi mayor recuerdo es cómo todo, la vida, las personas, estaba ligado al ritmo. En África está todo rítmicamente conectado. En la infancia, vivíamos al lado de un carpintero. Recuerdo que cuando trabajaba, siempre martilleaba con ritmo. “Tatatá – tatatá – tatatá…”. Eso me parecía fascinante. Había ritmos por todos lados. Cuando iba a la playa, me encantaba ver a los pescadores. Entre seis y diez hombres empujaban sus canoas al mar para ir a pescar. Y para empujar juntos, lo hacían a ritmo, cantando y empujando a la vez. Toda mi infancia está impregnada de eso. En África hay música en todos lados. La música es parte de todo.

Además, Ghana ha sido y continúa siendo el epicentro de la creación musical más puntera del continente. Desde el highlife de los años cincuenta hasta los Afrobeats de hoy… ¿Te ha influenciado mucho la música ghanesa en tu carrera? 

¡Por supuesto! Crecí escuchando Highlife y muchos otros estilos africanos. Todos esos ritmos están en el sustrato de mi propio sonido. Porque forman parte de mi manera de pensar y vivir. Todos esos ritmos que escuchamos y creemos que son americanos, en realidad, son africanos. La música negra norteamericana está cimentada en ritmos africanos…

Myles Sanko por Simon Buck.

Recientemente, en España, se ha presentado un documental extraordinario – Gurumbé– que explora las raíces africanas del Flamenco. En una entrevista que te hicieron el año pasado en El Periódico hablabas sobre las semblanzas entre el Flamenco y el Soul. ¿Crees África está en la raíz de todo eso?

No tenía ni idea de las raíces africanas del Flamenco. Me parece super interesante. Pero cuando hice referencia a las similitudes entre el Soul y el Flamenco, básicamente me refería a que son dos estilos que evocan sentimientos muy profundos. Creo que ambos estilos conectan con un aparte muy profunda del ser. Pero no se trata de hallar África en todos los ritmos. Porque al final, los ritmos son humanos y pertenecen a todo el mundo. Tratar de categorizar o etiquetar los sonidos no está bien. Los sonidos deben ser lo que son, sin necesidad de comprenderlos. Solo están entre nosotros para disfrutarlos. Para conectarnos entre nosotros.

¡Sabias palabras! 

Vamos a avanzar en tu biografía, cuando empezaste a vivir de forma permanente en Inglaterra. ¿Qué hacía Myles Sanko cuando tenía 20 años? 

La comida es una de mis pasiones. A los 16 años, cuando estaba en el instituto, ya asentado en Cambridge, empecé a trabajar como lavaplatos en restaurantes. Y empecé a desarrollar una gran pasión por la cocina, aunque esa pasión siempre había sido parte de mí. Así que a los 20 años me convertí en chef. Y trabajé cocinando comida hasta que decidí dedicarme cien por cien a la música. Me enamoré de la música a través del Hip Hop, y eso fue la chispa que encendió mi interés para dedicarme a ella. El Hip hop era la progresión natural del Funk, el Jazz, el Soul, el Blues… Así que gracias al Hip Hop me encontré con todas las raíces de la música negra norteamericana.

Como el que identifica cada ingrediente de un plato estrella… ¡Qué interesante! Parece que nutrirnos de buenos alimentos, ha sido una tónica en tu vida. 

¡Sí! (ríe). Para mí, cocinar o hacer música es algo muy similar, que calma la mente y el cuerpo en muchos sentidos. Mezclas ingredientes diferentes para crear algo que la gente pueda disfrutar, y que disfrutas tu mismo a la vez.

Y algo básico tanto en la cocina como en la música es encontrar el equilibrio entre los ingredientes que se utilizan, ¿no? No he probado tu cocina pero escuchando tu receta sonora, creo que el equilibrio y la armonía son una parte importante del proceso de creación. ¿Es esto responsable de que suenes tan maduro?

Para ser honesto, no me rompo la cabeza para conseguir ese equilibrio. No lo hago conscientemente. Supongo que para crear hay que estar en armonía con uno mismo. Simplemente hago lo que le sienta bien a mi corazón, lo que me suena bien… Está bien poder dar una pizca de “esto”, un poco de “lo otro”. Pero cuando se trata de crear, no hay una respuesta fija. Sale así.

Entonces, ¿simplemente se trata de ser honesto con uno mismo?

Supongo. Aunque cada cual tendrá su fórmula. Siempre que lo que haga me haga feliz, y que los demás puedan verlo y entenderlo, estará bien.

Cuando compones, bebes de un montón de fuentes. Son evidentes influencias desde Staple Singers a la música disco más ochentera. Pero: ¿eres más del Soul de Motown o de Stax? ¿Te gusta más el Jazz neoyorkino o los oldies a lo New Orleans? 

Me encantan los productos de Motown y de Stax. Estoy bastante en medio. Aunque diría que el Jazz que me gusta es el de Nueva York, ¡por supuesto! Aunque aún estoy explorando y conociendo el estilo. Pero cuanto más intentas conocer algo más tienes que buscar en ti y no fuera. Si no viene de dentro, nunca hallarás nada interesante por más que explores.

Tu primer EP suena bastante más “british”, incluso Northern Soul, que los posteriores LPs, que tienden más al Jazz… ¿Has hecho una especie de transición hacia un sonido más americano no?

El northern Soul no es británico técnicamente. No deja de ser Soul, y tiene las raíces que tiene. Pero no estoy muy en esa línea. Creo que los músicos con los que trabajo, que son británicos, pueden transmitir un poco esa sonoridad. Porque los sonidos trascienden fronteras en muchos sentidos. Obviamente lo puedes encontrar en mis canciones. Pero no de una forma intencional.

Y si los sonidos pueden trascender fronteras, los artistas pueden adoptar multiples formas de expresión. Y ese es tu caso. Cuéntanos cuál es tu vínculo con el cine. 

Para mí el cine es una parte muy importante de mi creatividad. Cuando era joven y veía películas, siempre admiraba los ángulos en los que se ponía la cámara para filmar, y a veces incluso dejaba de prestar atención a la historia… Así que cuando llegué al mundo de la música, para mi los videoclips se convirtieron en una parte natural de mis creaciones. Me acuerdo cuando gravé mi primer videoclip, en 2007, que acabé tomando las riendo del equipo de cinematógrafos. Acabé dirigiéndolo yo, y cuando se tenía que editar, relegué al editor. Básicamente, porque sabía perfectamente lo que quería. Desde entonces, grabo, edito y dirijo todos mis videoclips.

Y vemos que te encanta jugar con la cámara. Como en el videoclip de Forever Dreaming, donde juegas con la mirada del espectador, como queriendo que se dé cuenta de que el cine es una falsa imagen… 

Me encanta enseñar lo que hay al otro lado de la cámara. Y que el espectador, cada vez que la cámara me enfoque a mí, sea capaz de ver también que detrás de la cámara está pasando algo, no solo delante del objetivo. Me gusta enseñar que hay todo un mundo detrás de lo que se enfoca… Me encanta que la audiencia vea mi perspectiva. Mi mundo.

Acaba de ver la luz otro de tus videoclips, el de This Ain’t Living… Un precioso vídeo con una pareja de ciegos como protagonistas, que también son mendigos y negros, y a todo lo que deben enfrentarse en su día a día…. 

Si. Es el segundo single de mi tercer álbum (Just Being Me). No es solo un videoclip, es un cortometraje. Y es una clara muestra de que, poco a poco, mi música me permite introducirme en el mundo del cine.

Y por acabar, ¿qué le dirías al público español para que se acerquen a verte?

Simplemente, ¡venid y vamos a conectarnos!

Muchas gracias por tu tiempo Myles, ha sido un placer gigantesco.

Gracias a vosotros. Disfruté mucho con la entrevista.

 

Estas son las citas que Myles Sanko tiene preparadas para la presentación de su álbum Just Being Me, este marzo en España:

Madrid –  Sala El Sol, miércoles 22 de marzo

Barcelona – Sala Apolo, jueves 23 de marzo

Murcia – Teatro Circo, viernes 24 de marzo

Burgos – Caja de Burgos, sábado 25 de marzo

El amor de los amantes, los celos de San Valentín

Fotograma de la película Restless City, 2011.

El día de los enamorados es, además de mucho más complejo que las cenas románticas de esta noche incentivadas por la publicidad y El Corte Inglés, algo que se apelmaza entre la carta de vinos y la de los postres: lo llaman amor. Sobrevuela a ratos alto y dislocado. A veces tan bajo que lo llegamos a pisotear. Muchos piensan que en África no existe. No el día de los enamorados, sino el A-M-O-R. Creemos que esta palabra no puede ser, que está ausente. Un concepto eclipsado siempre por la crisis del SIDA, la sequía, la guerra. Así que cuando se piensa en el continente africano uno no proyecta imágenes de emociones o tensiones sexuales que acompañan al concepto. Quizá está provocado por la necesidad de alimentar nuestro ego y querer exportar, también, nuestra forma de besar, de ser celosos, de venganza, de anhelo, de intriga, de intimidad, de cortejo, de ser galanes, de movernos en la cama. Seleccionar películas es jugar a ser prestidigitador y hacer mutar las percepciones de las narrativas del espectador. Y hemos pensado que, quizás, cansados de tanto corazoncito y ofertas de todo tipo para un día como otro cualquiera, vendría bien dejarnos querer por realizadores y realizadoras que desde el continente explican que el amor es mucho más complejo. No obstante, disfruten de este 14 de febrero. Con cine, claro.


Sexo, okra y mantequilla salada, (2008) de Mahamat-Saleh Haroun 

Sexo, okra y mantequilla salada es una comedia de costumbres rodada en Francia. Con un reparto coral, el director chadiano cuenta la historia de una familia africana recientemente emigrada. Una serie de cambios agitan la familia, incluida la marcha de la madre con su amante blanco. Malik, su marido y muy tradicional, ve que todo su mundo se gira del revés, que tiene que cuidar de dos niños pequeños solos y, además de eso, descubre que su tercer hijo es homosexual. La llegada de la hermosa Amina provocará una serie de giros sorprendentes de guión. Una película que explora muchos de los temas de la firma de Haroun como los padres ausentes o la venganza frente a la reconciliación.


Boda blanca, (2009) de Jann Turner

El leal, comprometido y muy decente Elvis deja Johannesburgo para recoger a su mejor amigo y padrino Tumi en Durban. Los dos viajan a Ciudad del Cabo para comenzar los preparativos de la boda de Elvis con Ayanda. Pero las cosas no siempre salen según lo planeado. Esta comedia es una película atractiva que te hace sentir bien, así en general, con ese A-M-O-R del que hablábamos: compromiso, intimidad, amistad…


Hienas, (1992) de Djibril Diop Mambety
Una adaptación de la famosa obra del suizo Friedrich Dürrenmatt, La Visita, la película de Mambety Hienas cuenta la historia de Linguere Ramatou, una anciana y rica que vuelve a su pueblo natal de Colobane –el mismo que el de Mambéty–. Allí el guion narra una historia íntima de amor y venganza paralela a una crítica del neocolonialismo y el consumismo de África. Os dejamos la película completa.


Faat Kiné, (2001) de Ousmane Sembène
Esta comedia incisiva del cineasta senegalés Ousmane Sembène, uno de los padres de los cines africanos, es una observación crítica a la actual Dakar. El realizador muestra las contradicciones modernas de la ciudad postcolonial en un paisaje donde se mezclan las relaciones de género, la pobreza y la riqueza, y la tradición y modernidad. Faat Kine es un tributo al heroísmo cotidiano de las mujeres africanas, mostrándolas en el papel central que desempeñan en la creación de una nueva África lejos de la de antes de la independencia. Os dejamos la película completa porque también se habla de amor.


El amor se cocina en una olla africana, (1980) de Kwaw Ansah
La reinterpretación de Romeo y Julieta en la Ghana colonial por el realizador ghanés Kwaw Ansah representa las tensiones entre tradición y modernidad. Aba Appiah se enamora de Joe Quansah, hijo de un pescador, pero Kofi, su padre, un funcionario jubilado, tiene otros planes para ella, y tratará de bloquear su matrimonio. El conflicto resultante tendrá consecuencias complejas e inesperadas. Una joyita para disfrutar de la Ghana de los años ochenta.


Un amor durante la Guerra, (2005) de Osvalde Lewat-Hallade
Este documental de la realizadora camerunesa Osvalde Lewat-Hallade explora las consecuencias del uso de la violación como arma de guerra desde la perspectiva de las mujeres en África, donde se da testimonio de esta tragedia en repetidas ocasiones. Aziza una periodista y su marido tratan de reconstruir sus vidas. Sin embargo, los horrores sufridos por otras mujeres durante la guerra todavía se ciernen sobre Aziza.


Restless City, (2011) de Andrew Dosunmu
La ópera prima del director nigeriano Andrew Dosunmu, con una magnífica fotografía, cuenta la historia de Djibril, un inmigrante africano que sobrevive en la periferia de la ciudad de Nueva York, donde la música es su pasión, la vida es una estafa y enamorarse es su mayor riesgo. Djibril tiene un objetivo: ser una estrella del pop y volver algún día a África, donde su madre y su padre trabajan en un entorno de miseria. Pero el amor, lo cambiará todo.

“Solo tienes que ir a lugares interesantes, la fotografía te encontrará”

Y la fotografía encontró al ghanés Nana Kofi Acquah, hoy considerado uno de los 100 fotógrafos a los que hay que seguir a nivel mundial. Acquah descubrió la fotografía cuando trabajaba en publicidad como redactor en 2002 y decidió unir el periodismo con su experiencia en publicidad para “reposicionar el continente a través de un nuevo discurso e imaginario”. Desde hace más de una década busca las mejores instantáneas de la vida cotidiana de las ciudades y pueblos de varios países del continente, como muestra en “Everyday Africa”, proyecto en el que participa junto con otros 30 fotógrafos, y que tiene como objetivo retratar la “vida normal” de sus habitantes a través de Instagram.

Un rápido vistazo a su trabajo es suficiente para ver que las mujeres son el hilo conductor de sus series fotográficas: “mi misión artística es cambiar la narrativa sobre las mujeres africanas, que habitualmente son retratadas como víctimas de las circunstancias”, aseguraba el artista en la BBC a propósito de su proyecto “100 women”. En 2016 expuso “Don’t call me beautiful”, una selección de fotografías que Acquah ha realizado durante los últimos diez años, centradas en los retos, éxitos y esperanzas de las mujeres que se ha ido encontrando a lo largo del camino. Un homenaje a unas luchadoras a menudo invisibilizadas.

Hemos querido indagar más sobre la cuestión de género presente en sus fotografías y su percepción sobre la situación de la mujer en los países africanos por los que ha viajado con su cámara:

Cuéntame acerca de tu proyecto fotográfico “100 women“, en el que muestras un gran interés en la vida cotidiana de las mujeres, ¿por qué este enfoque? Y, ¿por qué las mujeres?

Realmente ha sido un privilegio que la BBC destacase este proyecto, no me lo esperaba. Como fotógrafo documental y periodista, he trabajado extensamente en muchas partes de África en muchas historias diferentes: el VIH/SIDA, el ébola, el paludismo, la salud materna, la tuberculosis, etc. y resulta bastante obvio que las mujeres y los niños son las víctimas naturales cuando las cosas van mal en una sociedad. Los hombres también se ven afectados, pero en África es más fácil para un hombre levantarse e ir a probar suerte a otros lugares. No para la mujer, especialmente si tiene hijos.

¿Cuál ha sido tu gran descubrimiento relacionado con el papel de la mujer en África durante el desarrollo del proyecto?

Creo que uno de los mayores obstáculos en África es que las mujeres no reciben el crédito que merecen. Hemos tenido presidentas de naciones, juezas, inventoras, científicas, políticas, guerreras, médicas, abogadas, artistas, músicas, etc. y aún nos negamos a tratarles con el debido respeto. En Ghana las mujeres trabajan muy duro. Si conduces por el país, las ves en granjas, en mercados, con la venta ambulante por las calles y en los barrios e incluso en oficinas en puestos altos. Pero cuando una mujer tiene éxito, enseguida se insinúa que usa su apariencia y el sexo y no su cerebro para ascender. Es ofensivo.

Te consideras feminista. A pesar de que las cosas están cambiando, no es muy habitual que un hombre se reconozca a sí mismo públicamente como feminista ¿qué tipo de reacciones te encuentras a tu alrededor?

No me importa ser considerado feminista pero también creo que lo que me describe con mayor precisión es que soy un hombre al que le interesan los derechos y el bienestar de las mujeres e intento apoyarles y concienciar a través de mi trabajo. También sé que como hombre puede que no entienda todo con lo que una mujer tiene que lidiar. Pero a mi manera y de la mejor forma que puedo, me gusta ser parte de la solución y no del problema.

¿Cómo puede tu trabajo contribuir a la lucha contra el machismo en nuestras sociedades?

Curiosamente yo vengo de una etnia que es matriarcal. Esto no significa que no sea consciente de que el mundo es predominantemente patriarcal. Y pienso que la mayoría de los hombres están ciegos ante el patriarcado. Me tomó un tiempo darme cuenta de que las cosas son más fáciles para mí que para las mujeres en la mayoría de los casos, por lo que espero que, celebrando constantemente las mujeres exitosas o planteando cuestiones que afectan a las más vulnerables, la conciencia vaya creciendo.

También estás interesado en capturar la vida cotidiana de los pueblos africanos ¿Qué dirías que podemos ver y aprender de esta cotidianidad?

Cuando se oye “África”, ¿qué suele venir a la mente? Pregunta eso en Europa, América y Asia, y las respuestas que oirás generalmente son pesimistas y la falsas. África es más que la perspectiva de National Geographic. Somos más que leones, jirafas, guerras y rebeldes, los pechos desnudos de las mujeres y niños hambrientos con moscas. Mi fotografía es un constante intento de impugnar esos estereotipos.

Dices que la poesía es tu primer amor, y tus imágenes están generalmente acompañadas por un pequeño texto. ¿Qué va primero, las imágenes o las palabras?

Lo primero es el pensamiento, y luego ya averiguar cuál será su mejor medio de expresión.

¿En qué estás trabajando ahora?

Ghana, mi país, cumple 60 años. Quiero sacar un libro de fotografías que celebre la nación.

 

*Artículo publicado originalmente en el Boletín de Estudios Africanos el 16 de enero

Nakom: el poder de la tradición

poster-nakom“Nakom”, diriga por Kelly Daniela Norris y una novata TW Pittman, es una de esas coproducciones a las que el cine africano nos está acostumbrando en los últimos años. Es un largometraje que nos traslada directamente al mundo rural de Ghana, en contraposición al paradigma urbano. ¿Quedarse o irse? Una pregunta que puede parecer sencilla pero que determina dos posibles futuros y que fuerza a nuestro protagonista, Iddrisu (Jacob Ayanaba), a tomar una decisión que marcará el resto de su vida. Una película que ha llegado a España de la mano de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, pero en su haber tiene haber conseguido un año lleno de buenas críticas en la Berlinale (Alemania), Durban International Film Festival (Sudáfrica) donde ganó el premio del jurado, Hong Kong, Seattle (EE.UU.), Cambridge (Inglaterra) y en unos días en el Film Africa de Londres, festival que sube la cortina hoy y donde Wiriko es medio oficial.

Iddrisu es un joven universitario de medicina que estudia en la ciudad de Kumasi y es, además, uno de los alumnos más aventajados. La ciudad se ha convertido en su vida y sus estudios la clave del éxito. Con un camino encarrilado, Iddrisu parece tener muy claro cuál es su destino: terminar sus estudios y mudarse a Accra, la capital del país. Sin embargo, todo se trunca cuando recibe una llamada de su hermana, Damata (Grace Ayariga), quien le anuncia la muerte de su padre y la necesidad de que vuelva a la pequeña aldea de Nakom.

Sin pensarlo dos veces Iddrisu vuelve a su pueblo donde le espera una familia deshecha por el dolor con el que cargan sobre todo las mujeres. Algo que no impide al protagonista desde el primer momento anunciar su intención de volver a la ciudad. Pero no tardará en encontrarse con el lamento de su madre: “Nuestras tradiciones han muerto”, proclama una contenida pero brillante Justina Kulidu. A ella se suma las críticas de vecinos, familiares y del líder del pueblo que le advierten del peligro que corre su familia si queda descabezada.

Iddrisu –que acapara casi cada escena, colocado en el centro, como queriendo invisibilizar todo aquello que le rodea– duda entre el valor de las tradiciones y la creencia en la necesidad de cambiar todo lo que para él no tiene sentido. Se ha convertido en la cabeza de familia y tiene que tomar todas las decisiones, no importa si son correctas o incorrectas: sacar adelante el huerto de la familia, pagar deudas y mantenerla unida son sus nuevos objetivos.

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Sin embargo, en este largometraje el típico enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo, la tradición y la modernidad, queda desvirtuado cuando Iddrisu comienza a introducir cambios, pero manteniendo lo esencial: el momento de sembrar y la manera de cultivar, la decisión de convertir a su familia en una “democracia” donde todos deciden por cada uno de sus miembros, la insistencia en los estudios o el cambio de roles, son solo algunas de las novedades. Y es justo en este proceso cuando la cámara empieza a abarcar todo lo que rodeaba a Iddrisu. Aunque antes también veíamos a las esposas de su padre y a sus hermanos, comienzan a ser más visibles. Las directoras nos muestran, con un perfil bajo, cómo ha cambiado todo.

La nueva combinación parece dar resultados, por fin llega la lluvia y un año pasa muy rápido. Pero también llega el inevitable momento de resolver qué hacer con su vida. La ciudad, como una promesa de futuro, o el campo, que ha vuelto a ser su hogar. Las escenas de la inmensidad del cielo y del campo juegan con la ilusión de que el tiempo se ha detenido en Nakom. Lamentablemente las decisiones se pueden apartar durante un tiempo, pero no eternamente.

Volver a la ciudad y abandonar a los suyos o permanecer y olvidar sus sueños. Dos futuros, dos mundos y dos vidas, pero la misma pregunta que atormenta al protagonista: ¿Quedarse o irse? Y esta vez, quizás sí, sea una decisión que le afecte para siempre.

La vida renace en Agbogbloshie

Fotografía titualda "One man's trash", de la fotógrafa Heather Agyepong.

Fotografía titualda “One man’s trash”, de la fotógrafa Heather Agyepong.

El verano

El descanso

El agua

El mar

Y el ahogo.

 

Pero solo una parte del hemisferio

Sucumbimos al plan R-E-N-O-V-E del cuerpo bronceado.

Y de la compra de algún placer (ahora siempre electrónico)

por los (seis) meses de esfuerzo.

 

Otros amplían un desierto con nuestros desechos.

Se levantan tan temprano que no hay compra que se les resista.

La ley de la oferta y la demanda de vivir dignamente.

 

Porque yo no soy tonto.

 

Scrap Metal Men

Documental “Scrap Metal Men”, del director Alex Wondergem.

Antes de salir por la puerta del despacho y cerrar temporalmente la oficina camino de algún rincón sin ruido y aire limpio os recomendamos un parón. Son solo 12 minutos. De reflexión y humanidad. Mejor dejar la paternidad a un lado y junto al director Alex Wondergem girar, una vez más, la mirada a Agbogbloshie, en Ghana, probablemente el vertedero de basura electrónica más grande del mundo. Porque tendremos algún chance para brindar, mojito en mano, por un sistema aterrador y, venga pues, por una reflexión sobre la materialidad en la que nos encontramos.

El documental Scrap Metal Men (Chatarrero) tiene la intención de explorar la tergiversación de Agbogbloshie y de la realidad socioeconómica resultante, esa parecida a un espacio apocalíptico sin vida. En la última década, Agbogbloshie, ubicado en Old Fadama, el barrio más empobrecido del país y que acoge a unas 80.000 personas, ha recibido una afluencia de atención de medios de comunicación internacionales representando el espacio como el resumen de la estética de la pobreza. El área recibe visitas regulares de periodistas, investigadores académicos y fotógrafos que enmarcan sus trabajos de acuerdo a una distorsión histórica de la identidad africana.

Normalmente este vertedero es retratado de manera estática aunque realmente forme un tejido de reciclaje funcional con ánimo de lucro. Las condiciones son extremadamente duras y la contaminación es abundante, pero sus habitantes se las arreglan para vivir, trabajar y ahorrar dinero para sus familias.

Así que bajo este marco, el realizador Wondergem afincado en la capital de Ghana, Accra, intenta desafiar estas malas interpretaciones, la de una mirada que perpetúa el arquetipo de Agbogbloshie como una distopía que ha anulado la ética de la obsolescencia programada que contienen los productos digitales. El documental espera arrojar luz sobre las narrativas que a menudo están ocultas y permite que los sujetos sean visibles de una forma naturalizada. Que lo disfruten.

Feliz verano.

La gira española de África: cines, museos y conferencias

Algo está cambiando. Este viernes 8 de abril el zumbido de las puertas de muchos cines españoles estrenan la película etíope Efraín, del director etíope Yared Zeleke. Es noticia. Claro. Por diversos elementos como el momento histórico. Barcos cargados de personas huyen de la deteriorada Europa y son repatriados a una tierra que les espera de espaldas y en llamas. Naciones viejas occidentales que compran la empatía (esa suerte de privilegio humano) a un tercero. Y este resquicio que agoniza, es el que aprovechó hace unos días Zeleke al subrayar que “pretendo hacer ver a Europa que nadie abandona su casa porque quiere”. Para ello, y a través de un poema visual plasma la dura realidad a la que se enfrentan los jóvenes en Etiopía.

El otro elemento, evidente, es el que está teniendo lugar en el Centro Cultural de Arte Contemporáneo de Barcelona (CCCB) y que permanecerá cincelando conciencias hasta el 28 de agosto: Making Africa. Okwui Enwezor, comisario consultor de la muestra lo explica de la siguiente manera: “Pensar en el futuro es pensar en nuestras posibilidades en el mundo. El futuro le corresponde a África, porque parece que al resto del planeta ya ha llegado”. Making Africa ofrece un nuevo relato del continente desde un ángulo diferente para los medios generalistas aunque no para los que trabajamos tratando de desestereotipar esta fotografía desenfocada. En muchas de las grandes capitales africanas se está consolidando una generación que alrededor de la cultura, y a través de la creación y el diseño, reivindica su derecho a construirse en libertad y sin tutelas externas. Pero hay más. En el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León hasta el 12 de junio tiene lugar “El iris de Lucy. Artistas africanas contemporáneas”. Esta exposición comisariada por Orlando Britto Jinorio  pretende reflexionar sobre aspectos relevantes de la pluralidad de realidades del continente africano a través de las obras de 21 artistas africanas que viven y desarrollan su trabajo tanto en África como en la diáspora. Procedentes de diferentes países, contextos, etnias y religiones, a través de su diversidad permiten entender complejas y variadas facetas del espacio cultural plural que es África.

Y un tercer elemento es el que tendrá lugar durante el mes de abril. La directora americano-ghanesa Akosua Adoma Owusu, uno de los nombres más importantes de los cines africanos contemporáneos a nivel global, visitará ciudades como León (7 de abril), San Sebastián (8 de abril), Vitoria (19 de abril) o Barcelona (21 de abril) en una amplia gira española donde la cineasta ofrecerá diferentes encuentros en los que reflexionar sobre la evolución de su cine, las dificultades materiales, los aspectos formales y estéticos, y las motivaciones principales de su trabajo, recorriendo de su mano sus primeras obras de vídeo experimental hasta llegar a su reciente desembarco en el mundo del cine. Entre sus últimos éxitos, Reluctantly Queer (2015) ha tenido el honor de ser el único cortometraje seleccionado en competición de todo el continente africano en la última Berlinale. Adoma irá acompañada de la crítica de cine y programadora Beatriz Leal cuyo trabajo en España en los últimos años es de necesaria referencia para entender algunas de las dinámicas que están teniendo lugar en los cines africanos y con la que hemos contado en Wiriko en varias ocasiones.

Sirviéndose del video experimental, el documental o la ficción, Akosua Adoma Owusu fuerza al espectador a pararse y meditar sobre la construcción de los discursos de raza, colonialismo, sexismo y dominación y a enfrentarse a estereotipos y ansiedades para profundizar y ampliar el diálogo que África mantiene con el resto del mundo. Hace tres años publicábamos un artículo sobre ella en el que dejábamos patente la necesidad de memorizar este nombre como una de las directores claves contemporáneas. Algo está cambiando cuando África y los africanos son los protagonistas en otros términos a los que estamos acostumbrados y cuando se subrayan las posibilidades por encima de los problemas.

Filmografía de Akosua Adoma Owusu:

  • Reluctantly Queer (2016), cortometraje
  • Bus Nut (2014), cortometraje
  • Kwaku Ananse (2013), cortometraje
  • Split Ends, I Feel Wonderful (2012), cortometraje
  • Drexciya (2011), cortometraje
  • Me Broni Ba (My White Baby) (2009), cortometraje
  • Intermittent Delight (2007), cortometraje
  • Ajube Kete (2005), cortometraje

La directora americano-ghanesa Akosua Adoma Owusu, uno de los nombres más importantes de los cines africanos contemporáneos a nivel global, visitará ciudades como León (7 de abril), San Sebastián (8 de abril), Vitoria (19 de abril) o Barcelona (21 de abril). Foto: http://accradotaltradio.com

Contratos de siete cifras

Se acerca el final de 2015 y pronto empezaremos a encontrar listas de los mejores libros del año y todo tipo de balances similares. No vamos a echar la vista atrás para ver lo que se ha publicado en los últimos doce meses, aunque en varias ocasiones nos hemos felicitado al encontrar pistas que nos hacen pensar que poco a poco la literatura de autores africanos va ganando terreno. No vamos a dejar de reclamar que se equilibre una situación desigual que se ha prolongado durante siglos, sin embargo, tampoco podemos negar que el panorama literario africano se abre un hueco en una audiencia global. El año 2015 ha sido un poco mejor, pero mirando al futuro nos sorprendemos con la posibilidad de que 2016 marque un hito, que quizá no deje de ser anecdótico.

Es evidente que las grandes compañías del sector editorial internacional marcan el paso, que a menudo son las operaciones de marketing las que establecen qué autores alcanzan la proyección mundial y cuáles se quedan en la cuneta. En todo caso, durante este año también hemos tenido la oportunidad de descubrir cómo las iniciativas surgidas del continente van forzando el monopolio de esta industria eminentemente dominada desde occidente. El hito que se prepara para el año 2016 tiene que ver con esas operaciones faraónicas de lanzamientos mundiales grandes superestrellas, pero esa no es excusa para no reconocer el papel de los editores independientes y las organizaciones de autores que desde el continente africano llaman a la puerta del mercado global.

Mbue DreammersHace apenas tres semanas el diario The Wall Street Journal sorprendía con un artículo dedicado a los grandes lanzamientos que se preparan para 2016. El periódico ofrecía una lista de autores noveles que se estrenarán el próximo año con novelas por las que las correspondientes editoriales han pagado adelantos de la friolera de más de un millón de dólares. En esa selecta lista de los suscriptores de contratos de siete cifras se colaba un nombre que unos meses antes había llamado la atención de muchos de los principales medios culturales africanos. La camerunesa Imbolo Mbue es una de esas promesas editoriales que ha recibido un adelanto de más un millón de dólares.

Behold the Dreamers es el título de la novela de Mbue que vale semejante cifra para Random House incluso antes de ser presentada. En la feria de Frankfurt de 2014 ya se anunció el insospechado contrato, por la historia del chofer camerunés de un alto ejecutivo de la compañía Lehman Brothers en el momento de su caída en 2008. Después de algunas informaciones confusas (que han incluido el cambio del título previsto) ahora se ha anunciado que la novela verá la luz durante el año 2016, posiblemente durante el mes de agosto. Pero además el artículo de The Wall Street Journal rompía con otro de los misterios de esta operación. Por primera vez, se publicaba una foto de la autora, a la que algunos analistas del sector habían perseguido, sin éxito, a través de los recovecos de la red.

Gyasi HomegoingSin embargo, la información del periódico neoyorkino ofrecía una segunda novedad. Si Imbolo Mbue será recordada como la primera autora africana en firmar un cheque de siete cifras por su primera novela, no será la única. En el selecto grupo de los noveles de oro para 2016 hay otra escritora de origen africano. Se trata de Yaa Gyasi, de 26 años de edad, nacida en Ghana y crecida en Alabama. La firma del acuerdo editorial se hizo pública en la Feria de Londres de este año y dicen los cronistas que se rubricó luego de una subasta entre diez editoriales que se disputaban los derechos de publicación.

Homegoing es el trabajo que firma Gyasi y que está previsto que vea la luz en junio de 2016. La novela trata el tema de la trata esclavista a través de la historia de dos hermanastras ghanesas que siguieron recorridos vitales diferentes en el siglo XVIII. Desde ese punto de partida, Gyasi recorre 250 años de la historia de la comunidad afroamericana, desde las razzias esclavistas en la llamada Costa del Oro, hasta la actualidad pasando, por la guerra civil estadounidense, el trabajo forzado en las minas de carbón sureñas y la gran migración de la Harlem Renaissance.

Las firmes apuestas por las autoras de origen africano (que sigue la estela de las últimas publicaciones del ya valor seguro de Chimamanda Ngozi Adichie) de las grandes editoriales nos lleva a pensar que, al menos, las literaturas del continente conseguirán algunas plazas en los primeros puestos de este sector.

Músicas Africanas en Madrid (I): Ebo Taylor

*Por Eva Feito

Rara es la semana en que los amantes de la música africana nos encontramos con alguno de sus intérpretes en la lista de conciertos. Estos días son excepción y no nos lo podíamos perder. El pasado fin de semana aterrizó en España una de las leyendas vivas de las música afrobeat, el ghanés Ebo Taylor acompañado de su multicultural banda, para dar dos conciertos: en Barcelona y en Madrid.

Ebo Taylor.

Ebo Taylor.

Ebo Taylor (Ghana, 1936) es uno de los nombres que resuenan cuando se habla de la música de Ghana, país del África Occidental que conoció una efervescencia musical brutal en los años sesenta y setenta con la eclosión de estilos como el highlife, el funk y el afrobeat. Con una dilatada carrera empezada en el seno del highlife de los 50′, tocando junto con otra de las figuras destacadas de su país, E.T. Mensah –el “rey del highlife”–, cuenta en la actualidad con más de una decena de álbumes, colaboraciones diversas y unas cuantas giras internacionales a sus espaldas. La nueva visita del maestro del afro-funk al viejo continente se enmarca precisamente dentro de una tournée este mes de septiembre que le llevará también a Alemania y terminará en el Reino Unido.

Ebo Taylor, por la fotógrafa Yvonne Schmedemann.

Ebo Taylor, por la fotógrafa Yvonne Schmedemann.

El diminuto pero acogedor espacio de la sala del Tempo Club fue el lugar de encuentro entre la banda del casi octogenario Ebo Taylor y un entregado público madrileño. Después de haber pasado por las Festes de la Mercè de Barcelona (junto a otros africanos como Bombino, Mdou Moctar o Tony Allen), la marchosa formación nos regaló un concierto que empezó con bastante retraso y fue breve pero cuya energía nos revitalizó a esas altas horas de la noche. El anfitrión, elegantemente ataviado con un conjunto de túnica y pantalón “a la africana” y sombrero a juego, acompañó sus riffs de guitarra con unos nada despreciables pasos de baile y, ante todo, nos honró con su cálida presencia.

Los primeros temas dieron pronto paso a un ambiente cada vez más animado, y enseguida llegaron sus hits más célebres. Como sin darnos cuenta fueron sucediéndose los pegadizos “Mizin” o “Love and Death” (del disco homónimo, Strut, 2010), “Heaven” –recogido en el delicioso compilatorio “Life Stories. Highlife and afrobeat classsics 1973-1980” (Strut, 2011)– o “Ayesama” y “Nsu Na Kwan” de su “Appia Kwa Brigde” (Strut, 2012). A pesar de su dilatada carrera musical, Taylor empezó a ser conocido en Europa a partir de su descubrimiento por parte de algunos dj’s londinenses y el posterior interés de la discográfica alemana Strut con la que hasta el momento ha publicado las 3 grabaciones mencionadas.

Ebo Taylor, por Yvonne Schmedemann.

Ebo Taylor, por Yvonne Schmedemann.

La visita de Ebo Taylor ha sido el aperitivo perfecto de la “Felabration”, organizada por el empeño de los integrantes de Afrobeatproject, asociación cultural para la difusión del afrobeat creada por Sagrario LunaDj Floro y Javizarco, de la discográfica Slow Walk Music, que rememora cada año la filosofía afrobeat con la celebración de diferentes eventos en torno al aniversario de nacimiento de la gran leyenda de este ritmo, el nigeriano Fela Kuti.

Sea como sea, que el Abrobeat no muera nunca.

Eva Feito es licenciada en Historia del Arte y viajera apasionada. Entiende las manifestaciones culturales como productos híbridos. Interés por las migraciones, la diáspora y la mirada femenina del mundo. 

De paseo por Chale Wote a través de 5 artistas

James Town, Accra. 22-23 de agosto. Las calles de la ciudad se engalanan. Tejidos, moda, afros, performances, grafitis, wax, sombreros, boxeo, instalaciones, fotografía, patinaje urbano, body paint. James Town suena a música dejándose invadir por el arte y por un gran público con los cinco sentidos puestos en todo lo que ocurre a su alrededor. Es la celebración de uno de los mayores encuentros de arte urbano de África Occidental, el Chale Wote.

Chale Wote saca de las galerías a la calle la música, el arte, la danza y la performance, entre otras disciplinas. Esta edición ha puesto el foco en la África más electrónica que el arte puede mostrar, bajo el lema “African Electronics”. Este festival, celebrado desde 2011, nació a raíz de una serie de discusiones en el marco de The Talk Party Series, unos encuentros organizados por el colectivo ACCRA [dot] ALT fundado por la directora de cine Mantse Aryeequaye y el investigador y escritor Sionne Neely. Las discusiones giraban en torno la necesidad de la creación de proyectos comunitarios dentro de la filosofía autogestiva “hazlo tú mismo” (DIY- Do it yourself, en inglés). Así, su objetivo según el propio colectivo es “romper las barreras creativas y usar el arte como una forma viable de rejuvenecer el espacio público”, siendo una forma de conexión entre las comunidades y los artistas.

Durante la edición del 2014 acudieron más de 10.000 personas, así que hemos aprovechado para hacer un recorrido por lo más destacado de este 2015 a través de cinco artistas seleccionados.

#ChaleWote2015 a través de 5 artistas

Realidad virtual a través de Pandora

Dos jóvenes estudiantes de la escuela Asheshi, Jonathan Dotse y Kabiru Seidu, llevaron al Chale Wote un proyecto de realidad virtual que permite al espectador viajar por varias calles de Accra. Con este proyecto, que lleva al llamado “Afro Ciberpunk” al Festival, han abierto —literalmente— la caja de PANDORA al demostrar la capacidad de la tecnología de realidad virtual actual y las implicaciones que esto tiene en las sociedades africanas. El nombre del proyecto, alude a la caja de Pandora, ya que su apertura “transforma irrevocablemente nuestras vidas, a mejor o peor, de la misma manera que lo han hecho ordenadores y móviles que nos han traído olas de cambio social no anticipadas”, como afirman sus creadores.

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“The Living History Hub”, museo efímero en James Town

Close-up2-Nana-Fosua-Mantse-Aryeequaye-2013-julyNana Oforiatta Ayim es una historiadora cultural, directora audiovisual, escritora y etnógrafa. Considerada por The Africa Report una de las “50 pioneras de África”, ha exhibido en varios museos alrededor del mundo siempre con la motivación de comisariar y escribir sobre el continente historias escritas por los propios africanos. En Chale Wole, en colaboración con el arquitecto D.K. Osseo-Asare, decidió revolucionar la idea de lo que un museo es y puede ser, a través de la creación de una estructura con forma de kiosko que lo simulaba. Esta estructura está presente en muchas calles de Ghana. En este museo efímero se exhibieron objetos, fotografías, documentos de los habitantes y audios. También fue un espacio de talleres y actividades.
Zohra from Nana Oforiatta-Ayim on Vimeo.

 
La desnudez bajo un manto de combustible

CrazinisT es un artista de performance que trabaja la deshumanización y la objetivación del cuerpo como mercadería socio-política. Este artista, que repite en el Chale Wote, logró impactar a través de su performance, que consistió en un cuerpo desnudo embadurnado de combustible e inmovilizado por una mujer blanca europea semidesnuda sentada sobre él. Seis horas duró la performance, en la que los artistas no comieron ni bebieron provocando que “ambos cuerpos drenasen su energía”, según el artista.

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“Konko Cars”: Latas de leche como reflejo de la rutina ghanesa

El trabajo de Kwame Asante indaga sobre el concepto de “repetición” y de “series”, lo que él considera como arte y parte esencial de la vida. Su instalación a base de latas de leche hace referencia a las revoluciones tanto en la producción industrial como artística. Como el Asante afirma: “la instalación está planeada a través de modelos de simulación digital. Mi proceso es abordado a través de estrategias de ingeniería mecánica. Me apropio de la idea de cortinas de bambú que se puede encontrar en los bares locales de todo el país y la idea de los coches de hojalata que evocan los juguetes de los niños , muy populares en Ghana. He trabajado con latas de leche, porque la leche forma parte del ritual del desayuno diario, un proceso repetitivo y en serie en nuestra sociedad”.

 

 

Fashion DJ: Música electrónica “909S + 808S LAB” a cargo de Steloo

tumblr_nu1t53NSzG1tk0se8o2_1280No nos vamos del Chale Wote sin escuchar música. House ghanés. Beats que marcan tendencia. Con este set “909S + 808S LAB” lleno de mezclas y puesta en escena, Steloo muestra como “el house de Accra marca la evolución de su cultura y como se ha acelarado especialmente a través de las nuevas tecnologías y la moda”. Y de moda, el propio artista sabe mucho.

 

 

 

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