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Robin Rhode, arte urbano en compromiso con la generación posapartheid

Nacido en Ciudad del Cabo, criado en Johannesburgo y establecido en Berlin desde hace quince años, el artista multidisciplinar Robin Rhode – quien se define a sí mismo como niño pospartheid- dibuja un nuevo futuro a través de intervenciones artísticas en espacios urbanos y objetos fácilmente identificables dentro de la cultura urbana para fomentar la cohesión social. Con asuntos políticos contemporáneos como ejes temáticos de sus obras, este artista urbano plasma en pintura y carbón una sátira que nutre graffitis que ya son iconos de una generación: la primera en exponerse directamente a la cultura urbana y las influencias occidentales más mainstream -esencialmente asimilando los códigos culturales norteamericanos-.

“Una de las pandillas callejeras más peligrosas de Ciudad del Cabo se hace llamar los estadounidenses. ¿No es gracioso? Llevan banderas americanas alrededor del cuello. Incluso tienen su propio cártel de drogas, al que llaman la Casa Blanca”, dice en una entrevista para Art Space, donde explica como la cultura urbana en Sudáfrica se ve absolutamente afectada por consecutivas olas de globalización.

A finales del mes pasado, la galería Stevenson de Ciudad del Cabo abrió sus puertas a su nueva exposición: Paths & Fields (Caminos y Campos), un conjunto multimedia compuesto por video, fotografía y dibujos con influencias de sus viajes al norte de Italia y su interacción con artistas como Giulio Paulini Giovanni Anselmo o Giuseppe Penone. Una serie donde color y simetría conducen a Robin Rhode a una, cada vez mayor, abstracción y que se podrá visitar hasta el 4 de marzo.

De la serie “Paradise”. Robin Rhode.

De la serie “Lavender Hills”, de Robin Rhode.

Preocupado por la corrupción, la enorme brecha que divide a ricos y pobres o la volatilidad de una sociedad que sigue luchando para adquirir más derechos económicos, para Robin Rhode ha juzgado que el mejor lugar donde hacer intervenciones artísticas son las paredes. Esos espacios de hormigón que custodian la vida en las ciudades, indistintamente del origen étnico o socioeconómico, facilitan, según él, que las personas puedan cuestionarse las cosas desde otra óptica y que naveguen por la arquitectura. Sus intervenciones artísticas, tal como cuenta en la entrevista citada, son un gesto radical: “Los artistas absorben la sociedad, y nuestro arte funciona como una reflexión sobre esa sociedad. Creo que los grandes artistas son aquellos que usan esa reflexión para crear un nuevo universo para el espectador. Creo que es a eso a lo que aspiro como artista”.

“El arte tiene que hablar y comunicar la cultura, que es un reflejo de un tiempo y un espacio en la historia. El arte actúa como una voz para las preocupaciones, opiniones y creencias de nuestro tiempo”, subrayaba en motivo de la presentación de su exposición Paths & Fields en la revista sudafricana 10and5:

Con 40 años a sus espaldas, uno de los proyectos más emocionantes en los que ha participado, según él mismo, es trabajar con skates como soporte. Con ellos apoyó a la oenegé Skateistan a través de una edición limitada de cinco monopatines. Skateistan es una asociación que trabaja para fomentar la educación entre los jóvenes de zonas problemáticas de Kabul, Camboya o Johannesburgo mediante la construcción de parques de skate que se convierten en auténticas aulas. Estas obras se realizaron, además, junto a Skateroom, una empresa de skates diseñados por artistas que trabajan junto a Skateistan. Con una cubierta que han bautizado como “Crepúsculo”, los monopatines diseñados por Robin Rhodes se venden a 375 dólares, cuyas ventas serán reinvertidas para la construcción de más parques de skate como espacios de encuentro juvenil y fomento del deporte y la convivencia.

Robin Rhode x The Skateroom from Artspace on Vimeo.

Más obras de Robin Rhodes:

 

Mwangi y los “anti-buitres” kenianos

Boniface Mwangi posando delante de uno de sus murales. Fuente: Africanseer.

Boniface Mwangi posando delante de uno de sus murales. Fuente: Africanseer.

Algunas paredes de las ciudades africanas han dejado de ser meros soportes para las vallas publicitarias y se han convertido en instrumentos de expresión para los marginados de los sistemas de comunicación oficiales, situados en la periferia social y artística. El arte urbano del graffiti y las intervenciones de calle producidas por artistas, activistas culturales, sociales y políticos africanos, invaden muchos de los rincones que conforman las modernas ciudades al sur del Sahara. El graffiti, como la ocupación de plazas y calles que protagonizaron las revueltas árabes del norte de África, se ha convertido en una invasión de facto del espacio público a través de lienzos que comunican, expresan y contribuyen a la transformación de las sociedades africanas de hoy.

A menos de 3 meses para las próximas elecciones en Kenya (previstas para el 4 de marzo de 2013), el caso del activista Boniface Mwangi nos parece de vital importancia para la actualidad tanto artística como política del país. Figura crucial dentro del activismo social y cultural de África, su trayectoria profesional pasa por el fotoperiodismo, el arte del graffiti o el documental para la sensibilización, estando en el punto de mira de la censura institucional y habiendo pisado la cárcel en varias ocasiones por su carácter de crítico incansable.

Foto de Boniface en la ceremonia de entrega de los Premios Prince Claus 2012. Fuente: Kevin Oyugi/Niaje.

Foto de Boniface en la ceremonia de entrega de los Premios Prince Claus 2012. Fuente: Kevin Oyugi/Niaje.

A los 24 años, Mwangi era uno de los periodistas que cubrían las noticias sobre las elecciones kenianas de 2007, pero su contacto directo con los conflictos vividos por la población en el periodo post-electoral, que se saldó con la vida de 1.200 personas y más de medio millón de desplazados, le llevó a fundar la organización Picha Mtaani -basada en una exposición fotográfica itinerante- para la reconciliación postconflicto, en 2008. Su fotografía, vanamente censurada por el gobierno keniano, se convirtió en la principal denuncia gráfica de la violencia y en una semilla para la paz. Su trabajo le valió el premio Mohamed Amin de la CNN al fotoperiodista del año en dos ocasiones (2008 y 2010). Y en 2012, recibió el Premio holandés Príncipe Claus (de Cultura y Desarrollo) por su aportación para una “nueva Kenya”, además de ser nombrado “personaje del año” por el GlobalPost por su capacidad de movilización de la sociedad civil a través de sus fotografías y sus graffitis.

Su documental ‘Heal the Nation’, sobre el conflicto post-electoral de las últimas elecciones de Kenya, es un clamor por la justicia y la reconciliación nacional rememorando las atrocidades cometidas y reflexionando sobre la necesidad de una transformación social y nacional del país.

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Mural de Boniface Mwangi

Actualmente, Mwangi, se encuentra inmerso en una campaña de sensibilización de la opinión pública contra “los buitres” , como él los denomina, que conforman el actual gobierno keniano. En 2012, reunió a un grupo de graffiteros decididos a influir en la conciencia colectiva, para crear murales por todo Nairobi con buitres que representan a la clase política. Esta actividad, clandestina y mayoritariamente realizada durante la noche, empezó a molestar mucho al gobierno de Nairobi.

Este acontecimiento, provocó el encarcelamiento de Mwangi, pero tuvo que ser puesto en libertad gracias a la presión social de los kenianos que respaldaban su obra.

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40 murales mensuales pintados por todo un movimiento “anti-buitres” son difíciles de borrar por las brigadas de limpieza del gobierno. Pero éste, no sólo se enfrenta a una invasión del espacio público a través del arte urbano, sino que se enfrenta a un movimiento que se nutre de las redes sociales y las nuevas tecnologías para la movilización de los votantes. Mwangi y los “anti-buitres” kenianos han diseñado una web para denunciar la corrupción, los asesinatos cometidos después de las últimas elecciones y la falta de transparencia del gobierno de Kenya a través de mavulture.com. ‘Mavulture’, ‘muchos buitres’ en swahili, nació el pasado 13 de Noviembre gracias a financiadores privados y se presenta como una iniciativa sin precedentes en el país.

Tendremos que esperar aún unos meses para poder evaluar la verdadera incidencia de todas estas iniciativas en Kenya, pues es difícil valorar el alcance real de este tipo de acciones sobre la comunidad. Pero la cantidad de personas que se manifestaron para conseguir la liberación del joven artista en su última encarcelación o el éxito de otras campañas de movilización popular similares, a través de las redes sociales como la de SunuCause de las últimas presidenciales en Senegal, hacen vislumbrar posibilidades reales de incidir en la concepción política de los kenianos.