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Por una literatura infantil un poco más diversa

La editorial PotoPoto ha hecho una aportación necesaria a la literatura infantil en español. Evidentemente no es la única, pero esta recién nacida editorial ha aumentado la diversidad de los libros para los más pequeños. El viaje de Ilombe, la gran apuesta de PotoPoto, se ha sumado a un selecto grupo de álbumes ilustrados para niños basados en historias de origen africano. El mérito añadido de este recién llegado al panorama literario es que se ha financiado gracias a una campaña de micromecenazgo, es decir, que ha sido posible gracias al interés que despertó en los lectores, incluso antes de publicarse. La interpretación más sencilla de este recorrido es que El viaje de Ilombe era necesario y que ha abierto una puerta, porque esa necesidad de bibliodiversidad no se agota con la llega de esta historia.

Detrás de este proyecto están Alejandra S. Ntutumu, responsable del relato, y Lydia Mba, autora de las ilustraciones. Ambas, afrodescendientes orgullosas y comprometidas, se han embarcado en la aventura como parte de su deseo irrefrenable por cambiar el panorama literario español. El principal lema de la campaña de micromecenazgo era #YoMeEnsucio y PotoPoto es el nombre que en Guinea Ecuatorial recibe el fango más habitual. Estos indicios dan un idea de la voluntad de las impulsoras del proyecto. Ntutumu asegura en el propio libro: “Desde pequeña, mi sueño siempre ha sido poder crear un mundo de fantasía inspirado en los cuentos africanos que mi madre me contaba cuando era niña, para que los peques tengan referentes más diversos”. Lydia Mba, por su parte, es aún más gráfica cuando asegura: “Quiero que llegue el día en el que pueda encontrar en las librerías y las bibliotecas la misma diversidad que veo en la salida de un colegio”.

El viaje de Ilombre, en realidad, no es un cuento, sino una recopilación de diversas historias originarias de la Guinea Ecuatorial que había marcado el bagaje cultural de la madre de Alejandra S Ntutumu. El hilo conductor es la sencilla historia de Ilombe que se desplaza por el bosque intentando seguir la pista de su madre. En su recorrido la niña se encontrará con diversas situaciones en las que se le desvelarán, al menos, tres cuentos de la tradición del país de África central. El último, el del país de los ogros, es el que más ha mantenido la apariencia de los relatos tradicionales, si bien todos ellos, guardan el carácter ejemplarizante de los relatos que se cuentan a la caída del sol.

Más allá de la historia el relato de El viaje de Ilombe se completa con las ilustraciones de Lydia Mba. Un trabajo delicioso y realmente evocador. Los dibujos de Mba reconstruyen el ambiente mágico del recorrido de Ilombe en busca de su madre, en ese entorno al que le da entrada una misteriosa anciana que es su primera guía.

Pasaporte español, raíces africanas: Silvia Albert Sopale

Me llamo  Silvia, Silvia Albert Sopale, la Negra para mis amigxs, Chivita para mi mamá, aunque ella en verdad quería ponerme Wineyla, pero en el 76, en España, no podían ponerse esos nombres, así que tuvo que ponerme uno como Dios manda. Mi nombre africano es Ifeyinka, me lo puso mi tía abuela y quiere decir todo amor, y yo, me puse Adelaida para las noches de fiesta. ¿Y de niña? ¿Cómo me llamaban de niña?  Este es uno de los textos de la obra No es país para negras, de la que soy co-autora y que estaré representando durante el mes de Julio en Madrid en la sala Off de la Latina… Pero de esto hablará más tarde.

Silvia Albert Sopale. Foto de Thaïs Batlle.

Nací en San Sebastián en 1976, soy hija de una ecuatoguineana Bubi y de un Nigeriano Igbo. Mis padres se conocieron en Guinea, donde fue a parar mi padre tras perder a los suyos a muy temprana edad. Él se hizo a sí mismo, se crió en las calles, vendió chatarra, estudió, superó la pobreza, jugó al futbol en el  atlético de Malabo, Juventud Biafra y la Selección Nacional de Guinea Ecuatorial y conoció a mi madre. Una de las hijas de Sisi Yoko, criadas por Atoloni, bien formadas, educadas, bellas…

A la izquierda, de brazos cruzados, el padre de Silvia.

Todas esas historias para la mayoría de los lectores y lectoras, sonarán a nombres lejanos, pero para todas aquellas personas que vivieron en Guinea en los años 60 y para su descendencia forman parte de nuestra historia.

Historias que sueño con recuperar y compartir en los teatros de España, del mundo. Historias que unen a España con Guinea para siempre. Que se deben recordar, que deberían ser estudiadas en las escuelas, contadas en cuentos, en películas. Historias que ayudarían a que este fuese un país más amable.

Mis padres llegaron en el 74 en busca de una vida mejor, como habían hecho antes que ellos otros compañeros, vinieron como insiste mi madre desde “una provincia” de España y no una colonia. Con derecho de pertenencia llegaron a Mallorca y de allí a San Sebastián, en donde mi madre estudió auxiliar de enfermería y mi padre comenzó con la fotografía y a trabajar en bares. Muchas fueron las penurias que pasaron, mucho el trabajo que realizaron, muchísimas las situaciones racistas que sufrieron y con todo eso formaron una familia, tuvieron cuatro hijos. Yo ocupo el tercer lugar.

Y con todo eso pasaron por Almansa y llegaron a Alicante en los años 80, donde echaron raíces.  Mi madre siguió estudiando y acabó sacándose el título de enfermera, cargo que ocupa ahora en el Hospital Universitario. Mi padre montó un Bar, “El Kuka’s”,  uno de los establecimientos que forman parte de la historia de la ciudad. Se hacían hamburguesas, se servían copas y se escuchaban músicas africanas. El que comenzó siendo un pequeño negocio, acabó convirtiéndose en un negocio multimillonario, del que vivieron muchas familias durante casi treinta años.

 

No fue para contar historias por lo que comencé a estudiar teatro, eso vino después, con el tiempo, con la conciencia. Comencé porque me encantaba jugar, vivir otras vidas, ser quien no era, ser quien no era capaz de ser. Vivir todo aquello que estaba tan lejos de mi.

Me matriculé en la Escuela Superior de Arte dramático de Murcia. Como la mayoría de estudiantes, tenía que escoger carrera pasada la selectividad (prueba que por suerte no hice) ¿Cómo puedes escoger una carrera sino tienes ni idea de quién eres, ni de lo que te gusta? Cada una escoge la carrera por diferentes motivos: por puntuación, por exigencia/petición /influencia familiar, por los amigos y amigas… Mi motivo fue salir de casa, tenía que huir. Escogí una  escuela que estaba cerquita, pero no en mi misma ciudad. No en la ciudad en la había pasado los últimos 18 años. Una ciudad en la que no podía ser yo, en la que era siempre la hija de… la hermana de… la sobrina de… Una ciudad que no me ofrecía mucho a nivel cultural, en la que mi alma se dormía. Una ciudad en la que viví abusos, agresiones, racismo. Una ciudad contra la que me revelé, bueno, en verdad le declaré la guerra al mundo y a sus ocupantes a los 15 años y no firmaría la paz definitiva hasta los 30. Algún día contaré esa historia.

Fui de las pocas de mi grupo de amigos y amigas que terminó los estudios de Arte dramático, eso sí, sin tener ni idea del tipo de teatro que quería hacer, pero sabiendo todo lo que no me interesaba. Y eso que en la escuela hice todo tipo de papeles, cosa que no se repetirá en 20 años, ya que la gran mayoría de las veces que me buscan es para hacer de prostituta, inmigrante, delincuente, mujer de la limpieza. En España, a pesar de haber profesionales racializados en todos los sectores, no se ve reflejado en los medios. Es indignante cuando mandas el material para un casting en el que dice: SE BUSCA ACTRIZ MORENA y te responden que no han pedido actrices de raza.

Ser una rebelde te pone en otro lugar frente a la vida. Creía que todas las personas estaban contra mí, no pensaba bajar la cabeza ante nadie, primero pisar a dejarme pisar. Perdí muchísimas batallas, luchaba en una guerra de guerrillas. Esta fue una de las expresiones que utilizó Enrique Villatoro, mi terapeuta, durante más de 3 años, refiriéndose a mi caso. A los 30, ya viviendo en Barcelona, comencé a hacer terapia Gestalt con él. Recuerdo las primeras sesiones, me miró y me dijo: “No es nada fácil tú historia Silvia, pero te puedo ayudar si  te comprometes conmigo”. Rompí a llorar. A partir de ese momento estuvo de mi parte, hiciera lo que hiciera. Trabajamos y recuperé el amor por el teatro, por la vida, firmé la paz con el mundo, encontré el amor de pareja, trabajé de regidora en el Teatre Lliure y me quedé embarazada. Y el mundo se giró de nuevo.

Ifeyinka…como me puso mi tía abuela.

Comencé a cuestionar mi negritud. Me había criado entre personas negras. En el cole tenía 2 hermanas mayores que abrieron camino, que sufrieron los insultos y los golpes por mi. Veía a mis primos y tíos con frecuencia. En el bar de mi padre, mayoritariamente trabajaban y lo frecuentaban negros. ¿Y qué sería de mi hija, viviendo en Barcelona totalmente alejada de su familia negra? ¿Cómo impregnarla a ella de negritud? ¿Cómo prepararla para lo que se le vendrá encima? ¿Cuál sería su tribu?

En terapia, entendí que no podría proteger a mi hija de lo que viviría, siendo una niña mestiza en un país de blancos. Allí comprendí que lo único que podía hacer, es dotarla de herramientas y confiar en que sepa utilizarlas y estar muy cerca de ella para cuando me necesite.

Buscando referentes para ella encontré a mi comunidad a través de las redes sociales y más tarde comenzamos los encuentros fuera de éstas. España necesita más referencias positivas afro/negras. Un montón de hermanos y hermanas se han sumado a la lucha que hace años comenzaron otro montón de personas, y comenzamos tareas nuevas. Nuestro deseo es llevar a España de una vez al siglo XXI. Una parte de mi colaboración es con la obra No es país para negras, donde el público que consigue superar el shock inicial que les produce el título, se encuentra con una tragicomedia, que les saca más de una carcajada y les puede hacer sentir vergüenza al segundo siguiente.

Hago esta pieza con la intención de sacudir conciencias. Y está funcionando. Os contaré tres casos para terminar:

Al finalizar una actuación en Gijón, un grupo de señoras salió afirmando que este no era país para negras, que no era posible que tuviéramos los mismos derechos. Agradecí que ellas pudieran verbalizar su pensamiento. Me apenó no haber estado en ese momento para entablar una conversación. Confío en que en alguna de las conversaciones que tuvieron tras ver la obra, alguien las confrontara. Por esto me parece importantísimo hacer la obra en centros cívicos, en teatros de barrio, ya que el público de estos espacios va sin muchos miramientos, está dentro de su rutina y de vez en cuando se encuentran con piezas que les hacen cuestionarse y pensar.

Otro de los casos es el del mi tío blanco. Casado con mi tía y con quien tiene una hija de 40 años. La primera vez que actuamos en Madrid, él se negó a venir a ver la obra. “¿Por qué Silvia ha hecho esta obra?”, les preguntaba. Le invitamos a venir a verla, pero él se negó. El título le produce pavor. Es algo que ocurre muy a menudo. La gente piensa que se va a encontrar con un montón de acusaciones y quejas, nada más lejos de la realidad. Por otro lado me da pena mi tío. Me imagino cuantas situaciones racistas habrá tenido que vivir teniendo una mujer negra y una hija mestiza. Situaciones que no le habrá contado a nadie, chistes, comentarios… ¿Qué habrá vivido para que no pueda compartir con su familia una experiencia así, sólo por el título?

El tercer caso ocurrió en una actuación que hicimos en Mallorca a finales de junio del mes pasado. Una espectadora le contó a una de las organizadoras que ella era la chica del otro lado, la que nos llamaba chocolate, conguitos, la que nos decía que olíamos mal, nos tocaba el pelo y todas esas cosas. Para ella ver la obra ahora, que ya había recorrido un camino y que sin duda está en otro momento de su vida, la había impresionado tanto que no se pudo quedar al coloquio. Para mí, que ella viniese y que compartiera aquello, creo que es sanador para ambas.

Si queréis ver la obra, estaremos en Madrid, los viernes y sábados de julio (menos el 15 y 16), en La Sala Off de La Latina, a las 20h. C/Mancebos 4.

Pasaporte Español, Raíces Africanas: Begoña Bang-Matu

Hablar de mi misma siempre me ha costado un poco, abrir el corazón sin que duela… es difícil y también por no conocer mucho de donde vengo. Mis orígenes africanos, vienen de Guinea Ecuatorial. Hablaré de mi abuelo: Motuu M’abegue (nombre fang).
La  sociedad Fang, está dividida en clanes, llamados ‘tribus’ en España. Motuu M’abegue, hombre del clan Nzomo, era el cabeza de familia. Hombre muy influyente por su carisma y por ser un hábil comerciante, considerado como una especie de rey en la zona, también por tener muchos recursos materiales lo que a su vez le permitió tener varias esposas. A la llegada de los colonos fue un interlocutor y mediador, le nombraron jefe principal de Nzomo.
Durante un tiempo, todo fue bien, pero a mediados de los años 30, la cosa cambió. Guinea quería que en la Peninsula (España) se supiese de las verdaderas necesidades del pueblo guineano, y enviaron a un abogado que acudiese para comunicar todo esto. Pero los colonos, acusaron a Motuu de traición y le desterraron. Volvió a su ciudad, siendo un anciano y muy cansado.
Envió a varios hijos a estudiar a España. Uno de ellos, Federico Bang-Matu, llegó para estudiar la carrera de Económicas y trabajó en la Embajada de Guinea Ecuatorial en España.

Begoña Bang-Matu

Mis padres se conocieron estudiando, imagino que fue un choque social verles juntos por las calles de Madrid, paseando del brazo. Por su muerte temprana, apenas pude conocer a mi padre, que falleció cuando yo tenia 6 años. Y aunque no conozco a mucha familia de mi padre, si he tenido ocasión de conocer a muchos tíos y primos que han venido a visitarnos. También están aquí, en España, otros primos y tíos que como mi padre vinieron a estudiar y formaron sus familias aquí.

Begoña Bang-Matu

Siempre me gusto cantar y bailar, de hecho de niña no hacia otra cosa. Por mediación de uno de mis primos, empecé a cantar R&B en un grupo llamado La Noche de la Iguana… Para mí era super divertido, ya que teníamos ensayo los viernes por la tarde noche y por aquél entonces, yo era menor de edad y no salía. Pero al ir con mi primo, mi madre me dejaba cantar.

Así empezó todo, de forma muy divertida… Más tarde, continué con el grupo Malarians y ahí es donde empezó mi andadura profesional dentro de la musica jamaicana. Para mí, un honor y sobre todo una responsabilidad que se me considere la primera mujer en el Estado que canto rocksteady.

Continúo trabajando con otros artistas y aprendiendo de cada experiencia…, ya que todo esto es aprendizaje continuo.

Tengo pendiente con mis primas ir a Guinea y conocer a esa gran família que tengo allí, para todos, sería un gran motivo de celebración.
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*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Vicenta N’dongo: “En los viajes, al igual que en los conflictos, los choques y los aprendizajes me vienen siempre con retraso”

Foto: Paco Navarro.

*Por María Colom

Nacida en Cataluña y con raíces ecuatoguineanas, la actriz Vicenta N’dongo no pisó las tierras africanas de su familia hasta los 33 años. Aun así, conectó enseguida con todo ese mundo. Años más tarde, en 2014 hizo un viaje de un año con su pareja, desde la India hasta Nueva Zelanda. Antes de partir, en una entrevista, afirmó que “a nosotros nos dejan en soledad para que nos sintamos agarrotados por el pánico y el miedo”. Después de tan largo viaje, a la actriz, que ha sido madre hace menos de un año, no le gusta pensar en un mundo ideal, pero sí tiene algunas ideas surgidas de sus experiencias.

La conocimos con la película Airbag (1997), de Juamma Bajo Ulloa, y se coló en todas nuestras casas con las series Dinamita, de TV3 y Aquí no hay quien viva. Más recientemente la hemos podido ver en el filme Menú degustació (2013) de Roger Gual, pero ahora, aunque ha participado en un pequeño rodaje, ha dejado un poco apartada su carrera para dedicarse de pleno a la maternidad.

 


Maria Colom: ¿Cómo ves el mundo actual?

Vicenta N’dongo: Después de un año de viaje y de haber recorrido muchos países, más allá de la política y la economía mundiales, de las que no quiero hablar porque se lo han comido todo, veo que los seres humanos estamos mucho más conectados de lo que parece, pero fingimos que no. Todos somos iguales. Las personas que viven en países subdesarrollados, palabra que no entiendo qué significa, en mi opinión, en muchos aspectos son los que mejor están.

M.C: ¿Qué es lo que más te sorprendió cuando conociste Guinea Ecuatorial?

V.N: Me sorprendió mucho a nivel sensorial. Cuando vas a un lugar en el que todos son como tú, te sorprende. Y no eres consciente de ello hasta que no llegas y lo sientes. Allí todos éramos del mismo color. Todo mi ADN me vino de golpe y me di cuenta de que todos los seres humanos tenemos más cosas en común de lo que nos quieren hacer creer todos los carteles y las etiquetas que nos ponen. Allí conecté muchísimo con el talante, la paz, la no prisa que aquí nos han vendido, el ritmo y la rutina. En otros países del mundo, sin vivir como nos dicen que hay que vivir aquí, se vive mejor. Y, evidentemente, no obviaremos la parte oscura de un país devastado por la huella que dejó la población española y el sentimiento de inferioridad.

M.C: ¿Cómo te marco este viaje?

V.N: En los viajes, al igual que en los conflictos, los choques y los aprendizajes me vienen siempre con retraso. Necesito tiempo para digerir las cosas. Años más tarde, el significado del día a día me lo tomo de otra manera. Cuando eres pequeña te educan con cierta rigidez y la huella que me dejó el viaje es que no necesitas esa ferocidad para ser el primero, sino la ayuda de los otros y el todo. Aquí nos educan para ser el primero en todo o el mejor, y eso no es cierto.  Por ejemplo, el otro día, en Madrid, vi un cartel de un colegio que decía “Si quieres que tu hijo sea el más inteligente, tráelo a este colegio”. Tuve claro que yo no quería esto para mi hijo.

Foto: Paco Navarro.

M.C: Comentas que llegaste al mundo de la interpretación casi de casualidad. ¿Cómo valoras tu carrera profesional?

V.N: Casualidad quizá no es la palabra exacta. En mi familia no había un historial artístico, pero yo sí que tenía necesidades y pedía hacer danza, tocar el piano, quería ir al liceo y conseguí ir sola cuando tenía 12 años. Lo que valoro es que una niña de esa edad quisiera y consiguiera llegar hasta el final. Tengo la suerte de haber hecho lo que realmente quería hacer y que nadie me parara. Nos tenemos que sacar de la cabeza el hecho de tener que hacer una carrera por obligación porque hay que valorar las inquietudes de cada uno, y si alguien quiere dedicarse a cuidar de una finca, pues adelante. En mi carrera he tenido mucha suerte. Parece mentira cómo fui capaz de decidir ser esto con todas mis inseguridades y complejos, y cómo lo he conseguido. Tuve mucha suerte y valoro mucho haber podido trabajar con toda la gente con la que he trabajado; sin ellos hoy no sería quien soy. Me enseñaron cosas y aprendí mucho de ellos porque no querían darme ninguna lección. Aprendí de la causalidad de ver cómo funcionaban.

M.C: ¿Qué opinas de la situación de los actores y actrices negros en España, que algunos colectivos ya han denunciado?

V.N: Para empezar, no me gusta que se pongan etiquetas. No creo que exista ninguna situación ni ninguna problemática hasta que nosotros ponemos las etiquetas. En España, gente de razas distintas, de los que más hay es de negros; pero en Estados Unidos pasa con los latinoamericanos. Si no estás dentro de los cánones y los estándares de belleza, es complicado para todo el mundo. No creo que los negros de aquí seamos distintos que los latinos en Estados Unidos. Pero lo mismo pasa con las mujeres. El mundo está dirigido por hombres, y aunque no sea feminista, ¿por qué no dirigimos más las mujeres? Lo que me pregunto es ¿por qué en el siglo XXI esto aún no se ha solucionado? Me hago mías las palabras que pronunció Meryl Streep en los Globos de Oro acerca de una sociedad tan machista y tan poco liberal. Y esto incluye también a gente de distintos colores.

Foto: Paco Navarro.

M.C: ¿Cómo crees que influye en la sociedad y en la educación de los jóvenes que los actores negros solo hagan papeles estereotipados?

V.N: Creo que en la educación está todo relacionado, no solo con los papeles estereotipados, sino con las cuestiones de género. Si históricamente somos las mujeres las que hemos educado a los niños, ¿por qué lo hemos hecho con estas ideas tan sexistas? El otro día estábamos con un grupo de amigos de entre 40 y 50 años. El hijo de uno de ellos dijo que las niñas de su clase eran pijas y tontas. Mientras todos se reían, una amiga le preguntó que qué quería decir. El niño respondió que siempre quieren dar la nota y que dicen cosas que no tienen sentido. Entonces mi amiga lo hizo reflexionar y le dijo que quizá eran los niños los que no las entienden y los que no saben escuchar. Son estas cosas las que hay que empezar a cambiar en la educación y en los colegios; los niños pequeños son los que van a reinar en la sociedad. Con mi hijo voy a intentar estar en alerta constante con las palabras para no caer en prejuicios y dogmas como el de que las negras son exuberantes o las latinas calientes.

M.C: ¿Cómo sería el mundo ideal en el que te gustaría que creciera tu hijo?

V.N: Cuando pienso en un mundo ideal me pongo a llorar. Por suerte no tengo ningún mundo ideal, gracias a dios. Porque el hecho de no llegar a este mundo ideal nos frustra. Espero que mi hijo sea como es y poder acompañarlo y ayudarlo. No quiero manipularlo. Quiero que se quiera como es en su interior.

Concha Buika: “no seas víctima cuando puedes ser genio y figura”

No es sencillo hablar con ella. Su apretada agenda lo hace prácticamente una quimera. Además, entrevistarla con un esquema preestablecido tampoco sirve demasiado. Concha Buika, la diva negra que revolucionó el mundo del flamenco y la copla, y considerada una de las mejores 50 voces del mundo, nos obliga a improvisar. Nos saca los colores. Nos zarandea. Nos alienta a salir de nuestro ensimismamiento y nuestros corsés. Nos interpela. Nos abrasa. Y arrasa con una personalidad arrolladora que se filtra por los poros digitales de una conversación vía email. Ella desde su residencia de Miami. Nosotros, desde Madrid, donde sudan hasta los ecos del teclado.

Establecida en la ciudad estadounidense desde hace seis años, y después de más de uno desde que viera la luz su último álbum – Vivir Sin Miedo (Warner Music, 2015)-, nominado a los Grammy Latinos 2016 en la categoría de mejor grabación del año por ’Si volveré’; hoy, la mallorquina de raíces ecuatoguineanas está inmersa en un nuevo álbum que podremos escuchar a partir de abril de 2017.

A pesar de vivir prácticamente de gira, viajando por todo el globo, Buika nos regala un pedazo invaluable de su tiempo y nos brinda una entrevista que nos obliga a tomar aliento. A repensarnos. A resituarnos. A reposicionarnos. A quitar los “res” y armonizarlos al son de la improvisación… Y es que, ¡dónde hable el alma, que se quite la razón!

Gemma Solés: Buika es un alma camaleónica… Pero, ¿cuánto de Bubi hay en ella?

Concha Buika: ¿Camaleónica? ¿Qué quiere decir alma camaleónica? ¿Por qué tú piensas que mi alma es así? Siento que tengo de Bubi todo lo que mis padres, mis tíos y familiares me regalaron. ¿Cuánto? Pues no sé cómo se mide eso pero creo que mogollón de litros y unos cuantos mogollones más de kilos supongo.

G.S: Tu familia tuvo que huir de Guinea por motivos políticos. ¿Qué opinas de cómo ha avanzado el país en materia política y de derechos sociales?

C.B: Sí.. Sé que incluso yo he utilizado esa palabra a veces en el pasado, entiendo que por repetición, pero hoy no siento que huir sea la palabra correcta. En este caso, pienso que mis padres simplemente se marcharon, entiendo que para crecer. Creo que los motivos políticos te hacen, como mucho, retirarte para envestir con más fuerza o quedarte y luchar hasta el final. Te marchas porque sabes que puedes explorar otros lugares, alcanzar otras dimensiones. A momentos creo que el romanticismo en exceso es perjudicial a la hora de reescribir nuestra propia historia. A la vista está que nuestros países, lo que es avanzar, últimamente avanzan poco, igualmente sé que la actitud debe ser positiva en la medida de lo posible.

G.S: Mallorquina de ascendencia africana, tu música está absolutamente arraigada al mundo latino, pero formas parte de lo que se mal-llama como la “segunda generación” de migrantes, haciendo referencia a los españoles hijos e hijas de padres no-españoles. ¿Cómo crees que la sociedad española percibe la diversidad cultural? Y aún más importante, ¿cómo has vivido tú esa “Otredad” que los demás veían en ti?

C.B: ¿Que yo formo parte de quéee? ¿De dónde sacáis esos nombres? Honestamente, espero formar parte de una conspiración mayor que esa, la de “Los nuevos creyentes” por ejemplo. Entiendo que la sociedad española, como casi todas las sociedades, perciben todo genial cuando las cosas van bien, todo el mundo tiene trabajo y se nota la sensación de protección. La música al igual que todas las artes irán donde tú las lleves, lleva tu arte todo lo lejos que puedas. Si te apetece y por un bien común puedes tomártelo como una responsabilidad y así de paso eliminar esa palabra extraña de tu diccionario interno. Sé que voy a pecar de ignorante pero “Otredad”, ¿eso qué es?. Y por un momento siento que no quiero saber qué significa. Mi mamá me decía, déjate de escuchar bobadas y concéntrate en lo que estás haciendo, en mi caso siempre funcionó.

G.S: Supongo que de pequeña, escuchaste muchas historias sobre la migración en casa, de la boca de tu madre… En esos relatos no hubo vallas, ni pateras, ni CIES… pero seguro que hubo mucho sacrificio y lucha. ¿Qué opinas cuando ves como los estados europeos tratan a las personas en busca de asilo, a los refugiados y a los migrantes en general?

C.B: Es una situación difícil para todos, muchas personas tienen mucho miedo, no es fácil verter una opinión porque son muchos frentes abiertos, ahora, entiendo que no lo están haciendo muy bien dada la situación en la que se encuentran todos esos hermanos y hermanas con sus hijos pasándolo mal. Espero de corazón que sean atendidos lo antes posible para evitar más sufrimiento y para que no nos pueda la frialdad. A veces me estremece la idea de que últimamente reaccionamos como la vaca que mira al tren y es que estamos en shock por tanto susto y tanto dolor injustificado. Igualmente mi actitud no es la de juzgar o criticar sino la de apoyar, animar y empujar a esos estados europeos, asiáticos, americanos y de todos los demás lugares, para que sean más humanos y elegantes a la hora de recibir a nuestros hermanos de otros países, vengan por los motivos que vengan.

G.S: ¿KITAILO es tu alter ego más africano? Cuéntanos de dónde sale el nombre y qué significa para tí…

C.B: Kitailo es mi nombre sobre mi pura sangre, el que me regalaron mis padres y mis antepasados nada más nacer. Me pusieron María Concepción más tarde para poder ser bautizada, para poder tener una documentación, entiendo que entonces apareció la que suscribe, pero en el escenario sólo reina ella (Kitailo). No se aceptaban nombres tribales, tampoco caracteres o identidades fuera de los límites establecidos para las personas como nosotros entonces. Sé que eso enojaba a mi padre y asustaba a mi madre.

G.S: Los programadores africanos están fascinados contigo. ¿Cuántas veces has tocado en África Sub-sahariana y por qué te le resistes tanto?

C.B: La primera vez fue Mozambique y por esos ricos caprichos de lo impredecible coincidí con Casandra Wilson y me maravilló. Ese país es de gentes fuertes, muy luchadoras, me fascinaron las miradas de los viandantes, después Luanda en Angola, la verdad es que lo pasamos increíblemente bien. Hace poco se cayó un evento que tenia en Kenia, también he estado en Sudáfrica para compartir con Simphiwe Dana y después a Senegal con Meta, también estuve por el norte varias veces. A parte de que soy una joven promesa y África es un eternamente joven continente… Las soldado misionero de rango mayor como yo no escogen los frentes. Sinceramente no creo que los músicos de Siberia se resistan a ampliar mercado en Bruselas, las cosas normalmente son como son, no como nosotros creemos o pensamos que son. Bien es sabido que para todos los músicos del mundo es un sueño tocar en África, jamás he conocido a un músico que “se resista” a abrir mercado en la cuna de la sabrosura y del ritmo, parte de la música de medio mundo viene de ese gran continente.

G.S: ¿Vivirías en África?

C.B: Esa pregunta no es muy válida para mí, por regla general me entero de nada o de muy poco, llevo toda mi vida en ruta, desde que salí de mi bella ciudad natal no creo haber vivido más de dos años seguidos en un mismo lugar, y estoy de gira desde hace muchos años. Vivo en diferentes lugares todo el tiempo, África también. ¿Dónde? Donde haya gente a la que le guste nuestra música. ¿Por qué? Pues por el mismo motivo por el que viví y estoy viviendo en España, Polonia, Méjico, Turquía, Líbano, Estados Unidos, Colombia, Alemania, Inglaterra, Perú, Noruega, Canada, Hungría, Singapur y todos los demás países por los que suelo estar normalmente, pues porque también son mi casa. Son los lugares donde como, duermo, tengo amigos, familia, grabo mi música, me río, sueño, escribo mis libros, establezco puentes para el futuro de mi hijo y muchas cosas más. A momentos percibo que los ciudadanos del mundo a título personal nos caemos mucho mejor y somos más valientes de lo que aparentamos ser cuando se nos agrupa en grandes masas, entonces parecemos tener la mente más pequeña y por momentos siento que tendemos a ser mucho más miedosos

G.S: ¿Qué hace falta para triunfar?

C.B: Pues no lo se, solo sugiero algo, no esperar a que pase, hacer que pase. No sé como. Corre, pero a momentos quédate quieto. Salta pero a ratos agáchate. Habla con identidad y calla cuando debas callar. Sal de donde debas salir y entra por la puerta que no se te resista. Nunca te escapes si puedes simplemente marcharte, o quédate y vive un mismo lugar de manera distinta. A la mayoría de los artistas nos acompaña un gran sentimiento de soledad y ese es parte del problema, que luchamos solos, faltos de capital y otras cosas. No se como, solo no lamentes, no te quejes, no difames, no participes de rebeliones que no te atañen, no seas víctima cuando puedes ser genio y figura, si sabes quien eres, si ya lo has identificado, por muy loco que parezcas ser o por muy en desacuerdo con tus rarezas que parezcan estar tus ya tu sabes quienes…Haz tu trabajo en esa dirección, consigue llegar a un escenario, y por muy pequeño que parezca ser, negocia bien y sube con respeto y trabaja, trabaja y trabaja. Después duerme, que oigan tu música, come, trabaja, trabaja y trabaja más. Ayuda a tus compañeros, mima a los tuyos y trabaja, trabaja, trabaja y trabaja más. Ponlo todo en cada show.. Todo, pues nunca sabes quien, ni desde donde te observan. Pienso que a veces estar solo es no hacer caso de tus buenas ideas y creer en fantasmas que solo hacen ruido en tu cabeza… ¡Ponte a trabajar!

G.S: (Tomamos aliento… y tomamos nota) ¡Infinitamente gracias!

Pasaporte español, raíces africanas: Mónica Obono Ndongo Okenve

Mi nombre es Mónica Obono Ndongo Okenve, tengo 35 años. He nacido y crecido en España. Adquirí la nacionalidad española por derecho de tierra (haber nacido en territorio español) y por derecho de sangre (entonces se heredaba la nacionalidad de tus progenitores, en mi caso, ambos españoles oriundos de Guinea Ecuatorial).

Crecí en Tres Cantos, una ciudad-dormitorio por entonces, a las afueras de Madrid con una población muy joven y de clase media. Mis padres, como el resto de vecinos, fueron a habitar unos pisos recién construidos en parcelas literalmente desiertas con pequeños caminos, dos o tres calles principales y cuatro comercios contados. Era una apuesta de futuro de vida, pues se seguía edificando y estaba planeado que la ciudad creciese hasta dotarla de todas las infraestructuras para convertirse en un municipio independiente, como así ocurrió.

En ese entorno, al igual que ocurre en los pueblos, había un fuerte sentimiento comunitario no sólo porque eran muy pocos vecinos y todos se conocían sino porque sabían que para vivir en un lugar donde aún no disfrutaban de muchas comodidades debían ayudarse los unos a los otros y mostrar esa disposición. Así que siendo ese espíritu de solidaridad el denominador común, había poco o ningún espacio para actitudes racistas o discriminatorias. Ello no significa que, en el ambiente escolar, no sufriera racismo, con actos como burlas hacia mi color de piel o mi pelo, sin embargo esto no ocurría de forma regular o constante porque no eran niños o niñas de mi entorno inmediato o porque simplemente se cansaban. Además yo, de carácter ingenuo, interpretaba muchos gestos como carentes de malicia.

De izquierda a derecha: el hermano de Mónica, Marcos (Junior), con 3 años, Denise, en el medio, de 1, y Mónica, con 5 años. La fotografía fue tomada en 1986 en la parte trasera de la primera casa de Mónica, en Tres Cantos, Madrid.

El hecho de que mi familia me educara mayoritariamente en la cultura española, al mismo tiempo que concienciándome sobre mi pertenencia a la etnia fang, contribuyó a que no me sintiera diferente a nadie. Toda esa normalización contrastaba con otra vía de enculturación como eran los medios de comunicación, en particular cine, TV y radio. Recuerdo que la primera película que mis padres me llevaron a ver al cine fue “El Color Púrpura”, de Spielberg (aún no debían existir las clasificaciones por edades). Era mi primera mirada al mundo negro, el que no había a mi alrededor. Pero sobre todo recuerdo la serie Raíces y cómo a partir de verla comencé a hacerme infinitas preguntas sin respuesta que se resumían en una sola: por qué.

En mi mente había una línea divisoria en lo referente a negritud y racismo entre la historia, lo cual era pasado, y el presente que yo vivía. Esa clara disociación entre la narrativa de la esclavitud y el racismo y la contemporaneidad que yo protagonizaba me ayudaba a tomar distancia emocional de cualquier sentimiento negativo (rabia, rencor, dolor), o por lo menos a que no cristalizaran en mí. Además, desde mi subjetividad, entre estas narrativas no había solución de continuidad. Yo lo encajonaba todo en otro espacio y otro tiempo. Por entonces no conocía la existencia del apartheid, por ejemplo. Como consecuencia, mi identidad negra se construía desde 0 en otro eje espacio-temporal. Me sentía más identificada con las series de afroamericanos como “La Hora de Bill Cosby” o las decenas de comedias que se emitieron luego en los años 90.

Otra fuente de disonancia procedía del sector informativos en televisión y prensa. Disonancia causada por el modo sesgado en que retrataban, y siguen retratando en general, África con imágenes de hambruna, pobreza, enfermedad que difería de mi experiencia de haber vivido en Guinea Ecuatorial durante cinco años en mi infancia.

En la izquierda, la abuela paterna de Mónica, de quién hereda su nombre, en agosto de 2014. Fotografía tomada en la entrada de la casa de la abuela en Bata, Guinea Ecuatorial.

Por otro lado, estaba y sigue estando muy presente la influencia de la música en esa construcción de identidad, pues he heredado la melomanía de mis padres. Además de música africana, en mi casa se escuchaba música occidental de todos los géneros, con una predominancia de música pop, es decir, todo lo que fuera los éxitos del momento. A mí, sin embargo, me atrajo poderosamente la música negra desde el primer momento que escuché en mi tocadiscos el disco Thriller de Michael Jackson. A través de la música sí me supe diferente porque la música de los negros, melódica y rítmicamente, lo era, en efecto. Ya de adolescente, escuchar música se convirtió en una actividad autodidacta por la cual definía mis propios criterios y gustos. Cree todo un imaginario estereotipado compuesto por los conceptos que transmitían las letras de las canciones e imágenes de los videos (amor platónico y romanticismo, sexo y sensualidad, frenesí y entretenimiento).

Dentro de la música negra, el hip hop estaba en auge. Nunca escuché el hip hop de reivindicación sino el que era más comercial, de lírica frívola y bases instrumentales ligeras. De nuevo, me distanciaba inconscientemente de otra realidad de la experiencia negra. La música negra como elemento cohesionador me sirvió para socializar en entornos de afrodescendientes como eran las discotecas de música negra en Madrid. Sin embargo, era una falsa socialización, pues a pesar de frecuentar estas discotecas y bares durante años, jamás hice una sola amistad. Además, era desconcertante comprobar que sí existía una comunidad negra, la cual de día, o incluso de noche en otros espacios, parecía invisible.

En el área académica, me decanté por hacer un Master en Etnomusicología (una mezcla de música y antropología) con la idea de investigar sobre la música tradicional de mi otro país, acercándome a ella y a mi cultura de origen desde el estudio; y, en cierto modo, al redactar la tesina con vistas a su publicación, de dignificar esta cultura. Mientras finalizaba la tesina, conseguí mi actual puesto de trabajo en la discográfica Warner, donde contribuyo a promocionar la música clásica, una música que tradicionalmente se ha denominado culta y que, aún a día de hoy, tiene un halo de elitismo.

Como etnomusicóloga, me opongo a dicha categoría puesto que nace de una jerarquización de la música occidental impuesta por musicólogos en los años 20 del siglo anterior. Mi creencia en el igualitarismo de culturas, géneros y músicas del mundo es solamente un reflejo o una extensión de mi creencia en la igualdad de razas, géneros y cualquier otro tipo de elemento identitario, que sea producto de una construcción social.

Mónica Obono Ndongo Okenve, por Javier Sánchez Salcedo.


*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a la entonces conocida como Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia, en Santa Isabel-Bata. Esta imagen icónica es una pieza clave de la historia de la diversidad cultural española. Fotografía de Iberia Airlines.

 

Black Bee, el rap africano en español

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4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Macarena Cozar

Guinea Ecuatorial es un país que consume música española, pero ¿consume España música de Guinea? España pese a haber tenido una relación de metropolis-colonia con Guinea parece haberse desentendido de la actualidad, cultura y producción artística del país. Cosa que no ocurre con otras ex colonias y metrópolis, como por ejemplo Francia cuyo consumo de música africana como afrobeat, azonto o afrouse es enorme y cada vez más comercial, es decir ya no es solo consumido por afrodescendientes. En cambio en nuestro país por ahora la única música africana que puede oírse en discotecas, radios o televisión es la Kizomba, catalogada erróneamente como un baile latino.

Puede que este desconocimiento de la cultura del continente vecino se encuentre ligado a los estereotipos sobre África que desde la colonización han ido enraizándose en nuestro imaginario colectivo. Esa imagen de lo primitivo, el exotismo, la incapacidad para el autogobierno o el desarrollo de ciertas capacidades científicas o técnicas, la violencia y la pobreza. Todo esto fruto de ese etnocentrismo aún hoy día tan presente que suele desembocar en racismo, paternalismo o una mezcla de ambos.

No es de extrañar que no esperemos nada nuevo o enriquecedor, en este caso desde el punto de vista artístico, de una población de la que siempre nos hemos sentido mentores, salvadores y proveedores de cultura.

Aun a mucha gente le choca encontrar a chicos y chicas negras estudiando en la universidad, con parejas blancas y que hablan perfectamente español. Parece que es difícil desterrar el estereotipo de “negro, inmigrante, recién llegado”. La sociedad no acaba aún de normalizar encontrarse un negro como profesor de sus hijos, como médico o como artista.

Algunos de los raperos afro-descendientes en España hablan de ello en sus canciones, de cómo la gente se sorprende al oírles hablar español, pero, ¿nadie se plantea que puedes ser negro y español?, ¿llevar muchos años aquí? o, simplemente, ¿venir de África pero hablar español porque eres de Guinea Ecuatorial?

Parte de la culpa de este desconocimiento es la desinformación que desde los medios y por qué no decirlo desde el sistema educativo tiene lugar en torno a la invisibilización de la relación de España con el África negra. Y más concretamente con su excolonia.

El rapero Black Bee. Imagen de Lhanger Photographer ®.

El rapero Black Bee. Imagen de Lhanger Photographer ®.

El rapero de ascendencia ecuatoguineana Black Bee, también conocido como productor musical por su nombre real, Víctor Bondjale, es un artista polivalente y autodidacta, capaz de tocar numerosos instrumentos y de crear diferentes tipos de música: electrónica, regueetón, rap, bandas sonoras y música para anuncios.

Él representa esa generación de españoles negros que viven y transmiten esa interculturalidad, la mezcla vivida en primera persona de la cultura africana y española.

“Mi relación con mi país y mi cultura ha sido siempre muy directa. Conozco perfectamente la lengua de mis padres (combe), la comida, las tradiciones… En casa siempre he escuchado música africana de diferentes países. También he escuchado mucha música española de los años 60 y 70, me encanta, musicalmente la veo muy buena. Cuando empecé a hacer música rap todo era bombo y caja y yo quería introducir variaciones, añadir sonidos distintos que no entraban dentro de las normas de la época. Esa forma de quererlo hacer diferente intuyo que venía del concepto de música que he heredado”.

La generación de artistas de la escena hip hop española a la que pertenece Black Bee tenían un concepto más “purista” de lo que las generaciones actuales pueden tener. Es cierto que no se puede generalizar ya que en todas las épocas hay consumidores de rap con una visión del concepto diferente a la de la mayoría, pero es evidente que todo ha ido cambiando con los años, quizás por la influencia de la música de diferentes países y como no por la evolución de los medios de difusión de esta música, antes relegada al intercambio de cintas TDK y CDs entre amigos y ahora difundida sin necesidad de sellos e intermediarios, por redes sociales y canales como Youtube.

“Lo que me gusta del rap actual es que se puede hacer cualquier cosa, puedo mezclar lo que he heredado de música africana, española, más lo que suena ahora y es válido, cosa que anteriormente no”, dice.

Esta facilidad para la difusión musical ha ayudado sin duda a que haya un consumo internacional de música. Pero en el caso España-Guinea Ecuatorial, esta difusión parece haber sido unidireccional.

“En Guinea escuchan mucho rap español, incluso artistas poco conocidos. A parte en cuanto a música americana a ellos les llegan las novedades antes que a nosotros, tienen canal satélite mientras que aquí la mayoría de población tiene TDT por lo que allí se consume rap americano por defecto sin necesidad de andar buscándolo”.

hiphopmalaboUna de las muestras del consumo de rap español en Guinea es el festival Malabo Hip Hop que siempre tiene entre los invitados reconocidos a artistas españoles.

“He estado dos veces  en Guinea por motivos de trabajo. La primera para presentar mi disco Génesis. La segunda vez fue organizado por el Centro Cultural de España en Malabo y el Instituto Francés-ICEF, fui invitado como productor y para cantar algunas colaboraciones con Meko, que presentaba su disco. En esos dos conciertos me impresionó la afluencia de público. Allí viven mucho la música y el fenómeno que se puede crear en torno a algunos artistas de rap puede ser similar al que se puede crear en España en torno a artistas de pop famosos como Bisbal o Alejandro Sanz, por ejemplo”.

En España el rap sigue siendo un estilo musical poco comercializado. Pocos espacios se dedican al disfrute y difusión de este tipo de música. Si sumamos esto a la falta de visibilización de los ciudadanos negros en nuestros medios podemos imaginar que la difusión de la música rap hecha por ecuatoguineanos en España es prácticamente nula. Hay algunos programas de radio en los que podemos encontrar rap de afrodescendientes por ejemplo La Cuarta Parte de RNE, antiguamente conocida como El Rimadero, presentada por el congoleño Frank T. Pero a parte de esta y alguna otra excepción la música de afrodescendientes y el rap en general no llegan del todo a los mass media.

13466184_1025288030858275_2204880629818000854_n“Con lo difícil que es que en España tenga cabida en la televisión algo que no es pop, rock, o algo de música electrónica… Cuando veo en la tele un rapero, me alegro, cuando veo un negro me alegro, pero si es rapero negro y además con mis raíces ya… hago una fiesta”, afirma.

Black Bee es de los pocos que ha conseguido acceder a programas de radio de gran difusión y a programas de televisión como Para Todos la Dos de RTVE presentando el tema “Ecua Nation” que hizo para apoyar a la selección de Guinea en la Copa Africana de Naciones 2012.

Si nos paramos a escuchar el rap ecuatoguineano producido en España prácticamente todas las canciones son en español, es difícil encontrar canciones en combe, fang o bubi.

“Aún no he hecho canciones en combe, la lengua de mis padres. En alguna canción digo alguna que otra palabra pero aún no he visto el momento de hacerlo, pero no lo descarto. Creo que sería innovador”; pronuncia Black Bee al respecto.

Pocos pueden imaginar cuando escuchan ciertas canciones de artistas españoles o ecuatoguineanos que están escritas o compuestas por él. Dentro de España hay numerosos músicos, productores y cantantes afrodescendientes, ¿cuántos conocemos? El mencionado pasado colonial y sus prejuicios son comunes a más países europeos. Entonces ¿por qué esa diferencia entre el consumo de música proveniente de África por parte de España y por parte de otras ex-metrópolis?

Posiblemente tenga que ver con la relación que la metrópolis ha seguido manteniendo con la excolonia. Quizás también con el porcentaje de población española afrodescendiente, menos numeroso que en otros países y más reciente. Puede que de aquí a unos años cuando la población negra aumente se empiece a normalizar que haya negros españoles y entonces empecemos a abrir a nuestras mentes la posibilidad de enriquecernos de su cultura.

La música juega un papel crucial en la interculturalidad por ello sería interesante y necesario prestar atención a la producción musical de los artistas en Guinea Ecuatorial y artistas negros españoles como como Black Bee y muchos otros de su generación. No solo por enriquecernos culturalmente sino como un ejercicio necesario de reconocimiento de los excolonizados como iguales, con las mismas capacidades de producir conocimiento, innovación y arte. Y como reconocimiento de los artistas negros españoles, que aunque no sean visibles en los mass media existen.

 

 

Bibliografía:

NEILA HERNÁNDEZ, J.L. La “descolonización de las mentes” en el África Subsahariana: identidad y conocimiento social. Instituto de Estudios Internacionales. Universidad de Chile (2009)

SOLÉS I COLL. G. Introducción a los sonidos del África Moderna Contemporánea Urbana. Aula Virtual Wiriko. Artes y culturas Africanas. (2016)

SENDÍN, J.C. La construcción imaginaria del otro africano por los medios de comunicación. Nº4 de edición impresa de la revista Pueblos. (diciembre 2002)

BONSU, SAMUEL. Colonial images in global times: consumer interpretations of Africa and Africans in advertising. Vol. 12 Consumption Markets & Culture (marzo 2009). 

Pasaporte español, raíces africanas: Tamara Ndong Bielo

En 1959, Bioko, Bata y Mongomo se conviertieron en provincias españolas en los territorios del golfo de Guinea. Y es que, a pesar de que muchos españoles parecen obviar – cuál brote de amnesia nacional – que hasta 1975 España tuvo colonias en el continente africano, hoy, esa realidad tan poco expuesta nos sigue emparentando con esa tierra vecina de una forma mucho más profunda de la que se cree. Una de las consecuencias, es que en la actualidad hay muchos españoles con aspectos diversos, saharauis, o negros y negras, hijos, nietos o incluso bisnietos de ecuatoguineanos, o africanos de otras nacionalidades, que llegaron un día a España y se quedaron a trabajar y vivir aquí, enriqueciendo la diversidad cultural española con ingredientes africanos.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo operado por Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Wiriko inicia hoy la serie Pasaporte español, raíces africanas, que quiere ceder un espacio para que esas personas de pasaporte español y un vínculo familiar en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales, nos cuenten, en primera persona, sus historias de vida y su trabajo. Para que se expresen sobre su identidad, sobre sus preocupaciones y sobre sus vivencias. Y sobre todo, para que nos ayuden a conocerlos un poco mejor y amplíen las miras de lo que significa, hoy, tener pasaporte español e identidades múltiples.

Hoy, la actriz catalana Tamara Ndong Bielo:

Tamara Ndong Bielo

Tamara Ndong Bielo

Mi nombre es Tamara Ndong Bielo, tengo 22 años y soy procedente de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial, situada en la costa norte de la isla de Bioko. De madre bubi y padre fang, vine a Catalunya sola a los 6 años. Supongo que aquella fue una de las decisiones más duras que han tomado mis padres en toda su vida. Dejar ir a su hija y perderse gran parte de su vida a cambio de una buena educación y sobretodo de la opción a elegir el transcurso de su vida.

Siempre he pensado que el mayor acto de amor que puedes hacer hacia otro ser querido es dejarlo ir y darle la oportunidad de conocer, experimentar y crecer en todos los ámbitos posibles. Y al dejarme ir mis padres me dieron la oportunidad de ser la persona que soy hoy en día y es algo que siempre les agradeceré.

La vida puso en mi camino a una de las personas que más quiero en este mundo. Mi segunda madre. Desde el momento en el que le cogí la mano en el aeropuerto la primera vez que la vi, empecé a formar parte de su familia. Mi familia. Así pues, tengo 2 madres, 1 padre y 8 hermanxs. Más afortunada no puedo ser.

Si tengo que elegir una palabra que me describa a la perfección es “soñadora”. De hecho siempre he tenido problemas por vivir mucho en las nubes, pero sigo creyendo que son los sueños que nos mantienen vivos y nos hacen no rendirnos jamás, al menos en mi caso.

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la obra "Pell de Llarinté, cua de Tiré" (dirección Moisès Maicas, Temporada Alta 2016).

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la Compañía Joven del Espai Àfrica-Catalunya, en la obra “Pell de Llarinté, cua de Tiré” (durante el festival Temporada Alta de Girona, 2016).

Desde muy pequeña soñaba con ser actriz, me fascinaba el hecho de poder transformar-se en otra persona de cualquier tiempo y en cualquier lugar sin dejar de ser uno mismo y poco a poco, con mucho esfuerzo, trabajo diario y algún que otro sacrificio puedo decir que estoy viviendo mi sueño.

El teatro es la forma que he elegido para expresarme. En él puedo hablar sobre la vida y la muerte, sobre el amor, el odio, el engaño, sobre el pasado, presente y futuro, puedo hablar sobre la sociedad y el poder, sobre la magia, los sueños y secretos pero sobre todo hago teatro porque es lo que me hace feliz. Me hace feliz saber que he aportado un pequeño grano de conocimiento, de alegría, de ira, de esperanza o cualquier otro sentimiento que pueda insertar en cada uno de los espectadores que decide compartir su tiempo gozando del gran placer que es el TEATRO.

Este año, tras terminar los estudios de Arte Dramático en el Institut del Teatre de Barcelona, tuve la suerte de poder entrar en la Compañía Joven del Espai Africa-Catalunya, con la cual hemos presentado nuestro primer espectáculo “Pell de llarinté, cua de tiré” en el Festival de teatro Temporada Alta en Girona. El espectáculo trata sobre un cuento mandinga.

El cuento es una alegoría de las fiestas del nacimiento y de los nombres (bautizo) de los mandinga. Todos los ingredientes que lo componen (fiesta, baile, alegría, nacimiento, cacería) se reflejan en este espectáculo, que combina el fondo fantástico de la fábula del cuento y la realidad todavía vigente hoy de la etnia en su hábitat tradicional. Se trata de un espectáculo divertido e ingenioso, pleno de ritmo; de una celebración en torno a conceptos universales, que unen culturas, en que la confluencia de lenguajes y tradiciones sirve para celebrar la vida y el misterio de la aventura.

Nuestra compañía se diferencia de otras por la variedad de procedencias de cada uno de los miembros que formamos parte de ella.

Malcom McCarthy es un actor de procedencia cubana

Nuria Cuyàs, es una actriz catalana

Omar Ngom, es músico y procedente de Senegal

William Yazaki, es un actor de padre japonés y madre danesa

Tamara Ndong, es actriz procedente de Guinea Ecuatorial

Creo que justamente la heterogeneidad que hay en la compañía es nuestro punto fuerte. Somos muy diferentes entre nosotros y venimos de formaciones distintas, pero justamente esta variedad es la que hace que nos complementemos tan bien. Trabajar con ellos es muy fácil y sobretodo, es un gran placer. Cada uno aporta parte de su ser en el trabajo que sin duda tiene mucho que ver con su procedencia. Cuando no estamos trabajando estamos estamos bailando, haciendo bromas y si no nos encuentras seguro que estaremos comiendo en el restaurante africano más cercano que haya. Porque hemos formado una pequeña familia que disfruta junta haciendo y compartiendo lo que más les gusta: actuar.

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la actriz catalana Tamara Ndong Bielo.

En mi caso al vivir casi toda mi vida con mi familia catalana casi nunca me he sentido diferente a los demás. Desde pequeña mi madre me dejó claro que tendría que trabajar un poco más que el resto para poder conseguir mis metas pero que yo tenía los mismos derechos y era igual de apta para cualquier cosa que me propusiera. Y yo la creí.

Me gusta enseñar a mis amigos más próximos parte de mi origen, de mis tradiciones, de mi cultura y presentarles a mis familiares africanos pero acostumbro a ser muy reservada en ese sentido y tengo que confiar mucho en alguien para abrirle las puertas de mi mundo al completo.

Estoy muy orgullosa de mis orígenes ya que forman parte de mí pero tengo por lema no dejar que nadie me menosprecie solo por ser africana. Soy una africana que vive y se ha criado en Catalunya, por tanto soy guineano-catalana.

“Ni “Afro-tal” ni “Afro-cual”, soy africana nacida en España”

Cuánta razón tenía Andy Warhol cuando decía eso de que “la gente debe enamorarse con los ojos cerrados”. Hay personas que tienen un don casi divino al ser capaces de causar seísmos internos solo con susurrarnos en el oído. Sí. Hay voces capaces de rozar esa muralla interna que todos alzamos para sobrevivir el día a día y “cumplir” con nuestros quehaceres. Es primavera, y seguro que todos sabréis de lo que hablo. ¿Quién no se bajaría del bus tres paradas antes de la oficina o del lugar de trabajo, llamaría a la jefa o al jefe y diría que está enferma/o para tumbarse al Sol de mayo? Una sensación similar ocurre cuando ella se pone a cantar. El mundo se para. Uno se relaja y ya nada más importa.

Marga Mbande, vocalista catalana de padres guineanos aunque a ella le gusta definirse como “africana nacida en España”, es una auténtica joya dentro de la escena Soul y Funk de la ciudad condal. Y su voz está dejando una huella bien profunda en la escena de la música negra local. Lejos están esos días en que bandas de revival interpretaban insípidas versiones de la Motown. Sucede lo mismo que cuando uno ya se ha enamorado una vez. Dudosamente va a permitirse sentir menos que eso. Desde que españoles de ascendencia africana han empezado a emerger en la escena musical del país, se nos han quitado las ganas de sucedáneos y pasatiempos. El listón está bien alto. Nos lo han demostrado las Sey Sisters, así como otros muchos artistas afincados en ciudades como Barcelona o Madrid y de los que Wiriko intenta ser vocero. Marga, no es una excepción.

Marga Mbande.

Marga Mbande.

Gemma: Cuéntanos un poco de tí.

Marga: Me dedico de manera profesional e independiente a la música, estoy estudiando guitarra y hace unos años me diplomé en turismo. Soy africana, de Guinea Ecuatorial concretamente pero nací y me crié en Barcelona.

G: Una catalana que se considera africana. La identidad siempre es problemática. Explícanos qué significa para tí Guinea.

M: A pesar de haber crecido lejos y de haber visitado Guinea menos de lo que me gustaría, en realidad mi casa gracias a mi madre siempre ha sido África! La comida, las costumbres, nuestra lengua…

G: Y en este encuentro de universos, habrá una dilatada lista de influencias musicales. ¿Qué estilos y artistas te influencian o te gustan más?

M: Yo me identifico con el Soul, el Hip Hop y con eso que todo el mundo llama “Música negra”. Aunque para mí música es música sin más. Si es buena, seguro que me llega y me inspira. Mis primeras influencias han sido sobre todo artistas de r&b de la época de los 80’s y 90’s. Durante una época estuve muy atenta a todo que se hacía en EEUU en esa dirección… Envogue, R.Kelly, Mary J Blige, Arrested development, Public Enemy… ¡Podría estar así hasta mañana! Pero también he escuchado desde siempre ritmos como el Soukous, Ndombolo, Makossa, Rumba Africana (Bolu) uno de los grandes precursores de este estilo fué el gran Franco Luambo, que aún hoy sigue influenciado de alguna manera a muchos músicos africanos. Otros artistas africanos a los que he seguido son Kanda Bongo Man, Eboalo Tin, Greace y Ben Decca, Charlotte Mbando, Maele (Guinea Ecuatorial)… Hacia finales de los 90 me dí cuenta que muchos hijos de inmigrantes (o 3as generaciones) en Europa estaban mezclando sonidos europeos con los nuestros creando el Coupe Decalé o el Azonto mucho más popular estos días. En esta línea sigo a artistas y productores como Don Jazzy, Sele Bobo, Tiwa Savage, P-square, Davido, Yemi Alade la cual colabora con una banda llamada “Alternate Sounds”. Realmente están llevando la música africana a otro nivel y haciendo que se nos reconozca más alrededor del mundo.

G: Nosotros estamos fascinados con lo que emerge del continente. Hay una producción muy fructífera. Pero tú también has trabajado mucho hasta hoy, ¿verdad?

M: Tengo tres trabajos discográficos editados bajo el nombre del grupo de r&b con el que me di a conocer “Dlux” (2003-2012) . Ahora estoy en otra etapa mucho más volcada en los directos y en tocar con formaciones diferentes que en el estudio. De todas formas, cada cierto tiempo saco algún tema inédito con soporte visual que es lo que se lleva ahora. Además, estoy comenzando lo que será mi primer Ep.

G: ¡Que ganas de escucharlo! Y como letrista, ¿qué mensajes hay en tus canciones?

M: Depende del momento. Cada vez más pienso en utilizar mi visibilidad para dejar mensajes. Me guío por lo que pasa a mi alrededor, cojo historias e intento darles la vuelta. Pero hay momentos para todo.

G: Vemos que cantas mucho Soul, R&b, jazz, incluso reggae… Crees que los artistas africanos o de descendencia africana aún no os habéis dado suficientemente cuenta de la gran riqueza sonora de África y que por eso muchos siguen interpretando estilos afroamericanos?

M: Seguramente canto Soul porque tiene mucho de África. Y no puedo hablar por todos los africanos, pero claro que somos conscientes de la riqueza de nuestros ritmos. Y no sólo nosotros. En mi familia por parte de madre siempre ha habido mucha tradición musical. Tengo una serie de canciones que nos pertenecen y que yo suelo versionar en alguno de mis directos. No descarto preparar un trabajo incluyéndolas.

G: Qué interesante. Y hablando del legado familiar. ¿Hablas alguna lengua africana? ¿Por qué no cantas en ella/s?

M: Yo soy Ndowe una de las etnias minoritarias de Guinea Ecuatorial. Hablo combe que es sólo una de nuestras lenguas. Y si he cantado, canto y cantaré en bapuku que es otra de nuestras lenguas. He tenido el placer de interpretar dos de los temas que pertenecen a mi familia con la Big Band Re-fugees.

G: Muchos dirían por eso de vivir con un pie a cada lado de la costa, que eres un ejemplo perfecto de “afropea” y que además cumples perfectamente aquél, para algunos, odioso concepto de “nuevos catalanes” o “nuevos españoles”. ¿Tú qué opinas de todos estos conceptos?

M: Yo soy africana. Entiendo que hay muchas realidades en lo que se refiere a los hijos de inmigrantes africanos alrededor del mundo. El rechazo que muchos hemos sufrido puede llevar a la confusión y al necesitar ser reconocido de alguna manera… De ahí las etiquetas “Afro-tal”, “Afro-cual” pero yo soy africana nacida fuera de África.

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G: Tú naciste aquí después de que tu familia decidiera migrar desde Guinea. ¿Qué piensas cuando ves la forma en la que se trata la migración en países como España?

M: Rabia e indignación. Les pediría que solucionaran el tema de los CIES y de la frontera en Ceuta. Más que una petición es un deseo ferviente. Pero sé que todo se remite a lo económico, es la excusa que ponen para cerrar fronteras… Rabia e indignación. También entiendo que muchos gobiernos africanos tienen su parte de culpa en todo esto.

G: Cierto que hay responsabilidades por todas partes. Pero si hay algo que no entiende de fronteras es la música. En Francia, Gran Bretaña, Portugal o Alemania hay una larga tradición sonora que entronca con el continente africano debido a sus pasados coloniales. ¿Qué barreras encuentras en la sociedad catalana o española a la hora de “vender” tu música? ¿Hay muchos prejuicios aún para venderse fuera de la etiqueta de “world music” o de “escapar” a esencialismos?

M: Cómo bien has dicho, el resto de Europa no sólo tienen más asimilado y más conocimiento de lo que es la música africana. También tienen un mercado mucho más extenso. Aquí las discográficas no contemplan ese género, pero como artistas independientes, muchos africanos en España, están caminando hacia esta dirección. Recuperan nuestros sonido y los fusionan.

G: Y ya puestos a importar sonidos africanos en Europa. ¿Se escucha Marga Mbande en Guinea?

M: Aún no soy reconocida en mi país, pero no descarto moverme y hacer cosas en Guinea. Creo que va a ser cuestión de tiempo.

Desde África, en español

La literatura ecuatoguineana, la saharaui y la del norte de Marruecos y las obras de autores africanos de zonas que no han tenido la influencia colonial española pero que han optado por el español como lengua de expresión. Esas son las tres patas de lo que Inmaculada Díaz Narbona considera las literaturas hispanoafricanas, una realidad que para esta investigadora forman “un corpus heterogéneo, en su consolidación, producción y calidad, que requiere atención y difusión”. Y aunque esta atención, a menudo no llegue a los niveles merecidos, la verdad es que entre los autores que entran en la clasificación de Díaz Narbona hay algunos sobradamente conocidos (en entornos de interés por el continente africano, aunque todavía no para el gran público). Se refiere a personalidades como Donato Ndongo-Bidyogo, Agnès Agboton, Guillermina Mekuy, César Mba Abogo, Justo Bolekia Boleká, Inongo-vi-Makomè, entre otros.

literaturas-hispanoafricanasDiaz Narbona coordina un trabajo coral en el que se aborda esta literatura hispanoafricana desde diversos puntos de vista. Se trata de Literaturas Hispanoafricanas: Realidades y contextos, editado por la Editorial Verbum. Y uno de los elementos que resulta más atractivo de este trabajo es su punto de partida, según la explicación de la propia autora. “La hipótesis de partida fue la de concebir la literatura como una herramienta utilizada para el conocimiento de sociedades ignoradas o sociedades marginales, como se las encasilla en otros ámbitos. La creación literaria se convierte así en una herramienta clara de conocimiento mutuo, de diálogo imprescindible en un momento histórico en el que la construcción de la nueva sociedad española se imponía”, explica la investigadora en la presentación del libro.

Entre sus páginas nos encontramos un abordaje diverso. Por un lado, algunas de las aportaciones optan por un criterio geográfico, como la poesía ecuatoguineana, los escritores amazighs en Cataluña, o la literatura saharaui; mientras que otras se atienen a criterios temáticos, la sexualidad y el erotismo en las escritoras africanas en español, la literatura ligada a las experiencias migratorias o la literatura de mujeres. Resulta imposible desgranar todos esos contenidos que hacen un repaso por manifestaciones completamente distintas que sólo tienen en común ese punto de partida que destacaba Díaz Narbona, utilizar el español, para presentar unas realidades sociales con las que existen nexos (a menudo históricos o culturales), pero que han sido intencionadamente invisibilizados.

Por eso, este trabajo, aunque no se plantee explícitamente en esos términos tiene algo de reivindicación, de llamada de atención y de exigencia de una atención merecida a un fenómeno habitualmente menospreciado. En este sentido, el propio Donato Ndongo reflexiona acerca de cómo se ha pasado de una práctica negación de la existencia de esta literatura hispanoafricana a un esfuerzo por su reconocimiento. El veterano intelectual es categórico en la construcción de esa esfera hispanoafricana (en lo que se refiere al idioma y los nexos históricos y culturales) cuando señala: “De esa herencia histórica, el norte de Marruecos, Sáhara Occi­dental y Guinea Ecuatorial adquirieron su peculiaridad: como anti­guos ‘territorios españoles’, son parte integrante de la vasta geografía lingüística del idioma español, y deben ser, por derecho propio, partí­cipes del mundo cultural hispánico, amplio y plural, al que aportan su propia esencia”.

También resulta incuestionable la defensa de Ndongo en torno a la voluntad de mantener esta herencia a pesar de las voluntades de los gobiernos (tanto los españoles como los africanos): “Está sobradamente demostrado: no son los gobiernos, sino los pueblos, los dueños de una lengua. Son sus hablantes quienes la erra­dican o conservan, enriquecen, vivifican y transforman según sus gustos y necesidades, permitiendo su evolución y continuidad. Ni se puede suprimir por decreto, ni la crea el capricho de una élite. Desde esta experiencia, y desde estas convicciones, afirmamos con absoluta seguridad que será vano todo intento de borrar el español en África”.

Por experiencia propia, Ndongo anuncia la emergencia de toda esa esfera de obras escritas en español por autores que no necesariamente han nacido en territorio español y recuerda cómo los anglófonos, los francófonos o los lusófonos no tienen inconveniente en destacar las obras de autores de todas las razas y culturas, de todos los continentes para defender la grandeza de sus lenguas. “Habrá que asumirlo”, advierte, “la literatura en lengua española dejó de ser un territorio acotado, exclusivo y excluyente, de españoles y criollos latinoamericanos”. Y en esa ampliación del abanico incluye evidentemente a ecuatoguineanos, saharauis y marroquíes de tradición hispanohablante, pero también a autores africanos de otros entornos lingüísticos y, extendiendo esta voluntad inclusiva a filipinos, afro-latinoamericanos o “latinos” de Estados Unidos. “Solo así queda completo el atlas general de la amplia, variada y riquísima geografía literaria producida en esta lengua, que aporta a nuestro ámbito cultural formas narrativas y temáticas diver­sas, fruto de visiones y emociones variadas”, sentencia Ndongo.

El libro coordinado por Inmaculada Diaz Narbona ofrece, así una visión amplia de un fenómeno que existe, a pesar de todo, y que va en aumento. Además se trata de una realidad a la que no se puede perder de vista, porque si atendemos a lo ocurrido en otros entornos lingüísticos, de esta literatura hispanoafricana puede llegar una aportación renovadora al idioma y al imaginario en los próximos años, como ya hace tiempo que está ocurriendo con los autores del sud y centroamericanos. He aquí una puerta abierta a otras sociedades, pero también una nueva visión, con otros ojos, de la nuestra, que puede enseñarnos mucho.

Las palmeras: motivos por los que el cine español sigue sin entender África

La película Palmeras en la nieve, adaptación del libro con el mismo título de más de 700 páginas de la autora Luz Gabás, obedece a un talante continuado del pasado colonial de España en Guinea Ecuatorial: fracaso, impotencia y desinterés durante la ocupación de facto, y de desencuentro y ostracismo en la etapa actual. ¿Qué significa Guinea para los españoles? ¿En qué momento se encuentra Guinea y por qué? El sonido sordo a estas preguntas sin responder será un intento de 163 minutos por mantener vivo el recuerdo de una ocupación que se vendió a base de propaganda y NODO, de cristianismo ultraconservador y política casposa, y de una dictadura que agonizó en silencio en el trópico marginando a una población a la que le fue usurpada la esencia cultural y social.

palmeras en la nieve

Palmeras en la nieve, dirigida por Fernando González Molina, es quizás una de las mayores producciones cinematográficas de los últimos tiempos con un elenco donde se encuentran actores con tirón juvenil como Mario Casas o Adriana Ugarte. Pero la taquilla se ha topado de bruces con una audiencia reacia a la sinopsis. Quizás porque en cartelera competía con grandes estrenos como la última película de la Guerra de las Galaxias o, porque de Guinea y de su historia, en España, no sabemos nada. Y todo, como parte de una política de censura intencionada. El punto y final es el negro metafórico de los créditos: no hay guineanos en los papeles principales y no ha sido grabada en Guinea Ecuatorial, sino en Colombia, Canarias y el pirineo oscense. Sólo es una metáfora, claro.

El valle de Benasque, en el pirineo aragonés, a más de 5.000 kilómetros de Guinea Ecuatorial tiene dos vínculos peculiares con el continente africano formando un binomio a menudo indivisible: el económico y la inmigración. Las relaciones históricas norte-sur contribuyen a desarrollar siempre una mitología unidireccional que obedece a tintes eurocéntricos con grandes dosis de desinformación y nulo interés por el aprendizaje. Así fue que tras el fin del negocio de la esclavitud, el cacao pasó a ser una de las primeras fuentes de ingresos para España y un nuevo dorado para los agricultores empobrecidos de la alta montaña aragonesa, entre otros. Algo parecido pasó con los denominados “indianos” catalanes que se embarcaron rumbo a América Latina para buscar algún matiz de color y prosperidad a sus vidas en tierras cubanas, argentinas o brasileñas.

Los lazos culturales (léase coloniales) españoles en Guinea que se establecieron deberían haber sido de “ida y vuelta”, es decir, de intercambio mutuo. Sin embargo, las historias que llegaban en carta mostraban esa panacea soñada, ese paraíso en el que redimir sueños económicos y, a veces, eróticos también. La primera obra literaria de Luz Gabás, Palmeras en la nieve (2012), retrata la historia de dos aragoneses que emigran a Guinea para buscar mejor fortuna y que se verán envueltos en una historia de amor que tendrá repercusiones en la España actual.

En el libro se deja constancia que para salir del valle de Benasque solo había dos maneras: cruzar el puerto de montaña para pasar a Francia o atravesar el congosto de Mont-rebei, una de las frontera naturales entre Aragón y Cataluña. Una encrucijada enclavada en la montaña. Algunos se aventuraron en buscar este segundo camino hacia el puerto de Barcelona y de allí partir hacia la isla de Fernando Poo, actualmente la isla de Bioko.

Memorias de África o el Paciente inglés pueden servir como aperitivo conceptual de la película Palmeras en la nieve. Un filme épico, intimista con deficiencia en los papeles interpretativos exceptuando a Berta Vázquez, en el papel de enfermera guineana en un hospital, una actriz de padres kenianos, nacida en Kiev (Ucrania) y criada en España.

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Berta Vázquez, en el papel de esclava guineana, una actriz de padres kenianos, nacida en Kiev (Ucrania) y criada en España.

Si algún espectador acude para saciar lapsos históricos de la España colonial no es, una vez más, el momento. Del proceso de cambio que comenzó en julio de 1959 con los vientos independentistas en África se perciben algunos comentarios aislados pero nada de las presiones de la ONU por las que el dictador Franco declara provincias españolas a “sus” provincias de África. Los guineanos pasaron a ser españoles y cuatro años después, en diciembre de 1963, se aprobaba la autonomía. El intento español de controlar el nuevo país tras la independencia el 12 de octubre de 1968 se redujo prácticamente al completo en los años posteriores.

Palmeras en la nieve refleja una vez más que a pesar de la intensa literatura escrita sobre Guinea Ecuatorial producida sobre todo durante la dictadura franquista, el pueblo español continúa sin conocer a penas al guineano. El desencuentro continúa. En palabras del periodista e historiador guineano Donato Ndongo hay que deconstruir la historia y volver a comenzar “ya sea por parte de los nacionalistas guineanos que consideran colonial a todo español o a cualquier gobierno de Madrid, o a los españoles que desconfían de un pueblo que no les agradece suficientemente –en su opinión– los beneficios otorgados, sea la ‘civilización’, como antes se decía, sea la ‘cooperación, como se la denomina hoy” (Ndongo, 1998:109).

Atentado contra la diversidad cultural en Guinea Ecuatorial

Juventud de Rebola protestando el pasado mes de agosto tras el cierre de

Juventud de Rebola protestando el pasado mes de agosto tras el cierre del centro cultural de Rebola por parte del gobierno de Obiang. Imagen tomada y cedida por el Centro de Cultura de Rebola.

* Artículo escrito por Lombe We Eriba (pseudónimo utilizado para proteger su identidad), bubi de la isla de Bioko, para informar sobre los acontecimientos del pasado 25 de Agosto en la ciudad de Rebola, y que dejaron a sus habitantes sin su centro cultural y con una decena de jóvenes detenidos. Su crimen: educar y empoderar a través de la cultura.

La juventud de Rebola, una pequeña ciudad de la isla de Bioko, en Guinea Ecuatorial, tenía un espacio dedicado a la promoción cultural. La Casa de Cultura de Rebola, financiada en 2007 por la compañía Exxon Mobil, abrió sus puertas al público el 30 de junio de 2009 y abogaba por la diversidad cultural y la integración del pueblo Bubi. Pero hace pocos días era clausurada por el gobierno de Obiang ante la incomprensión y la impotencia del pueblo Bubi.

La Casa de Cultura de Rebola ha supuesto el único centro de apoyo a la educación reglada y se ha configurado como un lugar de encuentro, promoción y transmisión de la cultura y tradición bubis, algo que nunca ha gustado al gobierno central de Guinea Ecuatorial. Dirigida voluntariamente y sin ninguna remuneración por Benjamín Choni, Cristian Eteo y otros compañeros que durante años han soportado las amenazas del gobierno debido a su labor educativa, se trataba de un espacio propio dedicado a transmitir valores relativos a los derechos humanos, la educación cívica y formar a jóvenes y adultos, utilizando la cultura para evitar males como el embarazo precoz o la delincuencia juvenil. Tras seis años en activo y para la sorpresa de todos los rebolanos, la Casa de Cultura de Rebola ha sido cerrada.

Una de las clases extraescolares que se impartían a los niños de Rebola en el Centro Cultural.

Una de las clases extraescolares que se impartían a los niños de Rebola en el Centro Cultural. Imagen tomada y cedida por el Centro de Cultura de Rebola.

El centro incluía en su programa cursos de educación para adultos y actividades dirigidas a la infancia. En el mes de febrero del año pasado el gobierno cerró de pronto el área donde se impartía esta formación, con la excusa de que allí se enseñaba “política”. Entre las actividades culturales programadas, el 2º Festival de Bubi Hip Hop era el más esperado de este año. En él los jóvenes bubis cantarían raps escritos por ellos mismos en lengua bubi, que se recogen en un disco editado por la Casa de Cultura de Rebola bajo el título de Bohüelo, que en bubi se traduce como “Consejo”.

Sin embargo una canción incluida en el disco ha llamado la atención del gobierno. Su título es “È Böie”, y en ella se pide a los ancestros y a Madre Bisila (la protectora de nuestra isla y del pueblo bubi, cuya escultura se sitúa en la cima del Pico de Basilé) que ayuden al pueblo bubi. El gobierno organizó varias reuniones en las que el Ministro de Interior, Clemente Engonga, indignado, exigió al director de la Casa de Cultura de Rebola Benjamín Choni y a los cantantes que explicaran y tradujeran la letra de la canción del bubi al español. Tras afirmar que la canción instigaba odio contra el gobierno, se exigió el cese inmediato de toda la directiva de la Casa de Cultura de Rebola, para que fuera puesta en manos del partido del gobierno, el PDGE. En caso de que no quisieran cumplir esto, la Casa de Cultura de Rebola estaba obligada a cerrar.

Negándose por completo a dejar el centro en manos del gobierno, se llevó a cabo la segunda opción.

 

Esta es la letra de la canción:
Señor, escucha nuestro lloro. Seca nuestras lágrimas, te lo pedimos oh Dios.
Señor Dios, escúchanos, hay un asunto, nuestras lágrima. Todos nuestros lloros mañana serán plegarias. Toda la vida tú eres quien gobierna, no olvidas al desamparado. Hazlo posible. Estas hormigas rojas, estos retoños han terminado siendo huérfanos. Las hormigas rojas recorren nuestro cuerpo, no hay cenizas para matarlas, van a acabar con nosotros. Podemos salir de debajo de esta piedra si nos juntamos todos. Sin embargo cada día que pasa dudamos. No hacemos nada. Sabéis hacer cosas buenas. Si os lo proponéis, cada uno es autónomo (uno). Este país de Guinea es el país de sus nacionales. Es nuestro sudor. Nuestro aceite se acaba. Si te gustan los niños deben gustarte las bromas, tú puedes acabar con esto. Este mensaje, por favor, que llegue a Tyibba y a Bisila para que nos protejan. La vida es corta, no hay nada por encima de la muerte.
Señor, escucha nuestro lloro. Seca nuestras lágrimas, te lo pedimos oh Dios.
Oh Dios, hacedor del cielo y de la tierra, por encima de ti no hay nada ni nadie. Tú lo puedes todo. Escucha nuestros lloros. Seca nuestras lágrimas, te lo pedimos.
Nuestros jefes tradicionales callan esta desgracia. No quieren que nosotros los bubis avancemos. Hubo un hombre que abrió una escuela. Nosotros los que aprendemos íbamos allí a aprender. Hubo un jefe tradicional que también aprendió. Pero hizo que la escuela fuese cerrada. El jefe tradicional inventó mentiras, él también iba a clase. Se cerró la escuela. El jefe tradicional no dijo nada. Los jefes tradicionales se odiaban: razón por la cual los extranjeros nos pisotean. Resulta que eres jefe tradicional, pero no haces cosas buenas. No te da vergüenza, cierras la escuela. No todos somos iguales, pero debemos estar unidos.
Oyó y Abia, pensamos en vosotros. Los del Más Allá, Dios os acogerá.
Señor, escucha nuestro lloro. Seca nuestras lágrimas, te lo pedimos oh Dios.
Señor Dios, te pedimos la fuerza de nuestros ancestros. Si es verdad que sus cerebros llegaron a la tierra, cualquier día de estos estos extranjeros irán a su tierra. Te lo pedimos.
Señor, escucha nuestro lloro. Seca nuestras lágrimas, te lo pedimos oh Dios.”

Así, el martes 25 de agosto de 2015, durante unas clases de apoyo escolar, Benjamín Choni anunció su cese como director, así como el cierre de la Casa de Cultura de Rebola. El pueblo no lo podía creer. En seguida se crearon pancartas, y jóvenes y familias salieron a la calle para expresar su descontento, formando pacíficas manifestaciones a lo largo de las calles. Los niños lloraban desconsolados: les habían quitado la esperanza y la ilusión.

Cayó la noche y el pueblo continuaba llorando sus penas, hasta que fueron interrumpidos por los militares, que irrumpieron montados en vehículos y disparando al aire. Se produjeron detenciones arbitrarias en las que, a dedo, se arrestaron a más de diez hombres (incluyendo un menor de edad), que fueron llevados a la Comisaría Central de Malabo, un lugar llamado “Guantánamo” por la población local debido a las torturas que allí se cometen.

Esa misma noche, desde el Facebook de la Casa Cultura Rebola se podía leer el siguiente mensaje: “Alrededor de un centenar de niños y jóvenes se pusieron a llorar cuando el director de la CCR dijo que hoy era su último día como director de la CCR. Ha sido una historia bonita… 6 años de bonanza cultural para Rebola, Bioko y Guinea Ecuatorial”.

Durante todo el día siguiente asediaron la villa de Rebola, hasta que se retiraron la noche del 26 de agosto. La Casa de Cultura ha cerrado y ya nunca podremos tener esta imagen, la de niños y niñas aprendiendo y divirtiéndose, asistiendo a cursos de verano, ni a eventos culturales.

Este cierre se asemeja a otro cierre sonado, a finales de los 70, el del colegio Misión Católica, situado en frente de la Catedral de Malabo. Considerado uno de los mejores de toda la historia de la isla, fue convertido en un cuartel militar, y finalmente derribado. Los que fueron niños y en su día lloraron el cierre de su colegio, hoy observan cómo sus hijos y nietos han perdido la Casa de Cultura de Rebola. Colegio Misión Católica tenía imprenta, librería, papelería, talleres de formación profesional, residencia para chicos de élite de educación secundaria y un patio grande donde se proyectaba cine gratis para las familias todos los domingos por la tarde-noche.

Otro colegio cerrado a finales de los años 70 fue el colegio-residencia de chicas de educación secundaria llamado E Waiso Ipola, que se traduce en lengua bubi como: “¡Mujer levántate, ponte de pie, avanza!”. Afortunadamente el colegio-residencia E Waiso Ipola no se derribó, y es un colegio de niños y niñas.
Sin embargo, el cierre sucesivo de muchos centros culturales y educativos en la isla de Bioko, entre ellos el instituto Cardenal Cisneros, ha generado al menos tres generaciones analfabetas de bubis, sobre todo mujeres.

El 2 de septiembre de 2015 los detenidos han sido puestos en libertad. Sin embargo, aún se sueña con la reapertura de la Casa de Cultura de Rebola. Se quiere la misma junta directiva: Benjamín Choni, Cristian Eteo y los demás. El pueblo de Rebola, sus niños, siguen reclamando con pancartas. Y seguirán clamando: la educación y la cultura son la única esperanza de futuro para todos.

Una de las niñas que asistió a la manifestación contra el cierre del Centro Cultural llora, al comprender que el gobierno no quiere volver a abrirlo. Imagen de Cecilia Maho.

Una de las niñas que asistió a la manifestación contra el cierre del Centro Cultural llora, al comprender que el gobierno no quiere volver a abrirlo. Imagen tomada y cedida por el Centro de Cultura de Rebola.

Para más información:
Diario Rombe
GuineaEcuatorial.net
Comunicados del interior de la isla de Bioko