Entradas

Desvelando Angola y las migraciones

Kianda apenas era una niña cuando se produjo uno de los episodios más oscuros desde la independencia de Angola: una purga entre las autoridades que el 27 de mayo de 1977 acabó con la vida de un numero indeterminado de personas, entre ellos revolucionarios de pedigrí, algunos de los que realmente lucharon y construyeron la emancipación del país. El padre de Kianda fue uno de aquellos purgados.

Kianda apenas era una niña cuando llegó a Londres y tuvo que pelear contra su historia y contra sí misma. La niña probó el sabor del desarraigo y después la necesidad de construir su propia identidad en un entrono adverso. Ella eligió deshacerse de su africanidad para reducir las ocasiones en la que le hacían sentirse la otra, la distinta.

Kianda ya es mayor cuando empiezan a caerse los velos que su madre había puesto a su vida para protegerla. La mujer, una auténtica luchadora, en el lecho de muerte se decide a revelar a Kianda algunos de los secretos de sus orígenes que nunca había conocido.

Kianda ya es mayor cuando supera el vértigo de la incertidumbre para dar una última alegría a su madre enferma: regresar temporalmente a Angola. En el país en el que empezó todo, la muchacha, ya convertida en una adulta con una personalidad muy compleja, se enfrenta a la realidad, en parte al pasado, pero también al presente e, incluso, al futuro.

Kianda, como no podía ser de otra manera es la protagonista de El sueño eterno de Kianda, una novela publicada por Borja Monreal Gainza y que ha merecido el Premio de Novela Benito Pérez Armas. Más allá de ese reconocimiento, el trabajo de Monreal se ha ganado también la excepción de Wiriko que, habitualmente, no reseña los trabajos de autores españoles sobre el continente. Sin embargo, la novela de Borja Monreal, responde a las condiciones que impone el compromiso de Wiriko. El sueño eterno de Kianda no reproduce estereotipos reduccionistas sobre la realidad africana. Al contrario, se sumerge en un complejo acontecimiento histórico que la historia oficial ha obviado. La novela, tampoco utiliza el continente para relatar historias a más gloria del blanco salvador ni dibuja de manera zafia a los personas africanos. El sueño eterno de Kianda es pura historia y pura historia angoleña y sus personajes no son complejos, sino tremendamente complejos, pasa cuando un autor decide no hacer concesiones y se arriesga a dibujar la complejidad de la realidad, las contradicciones, las dudas, la parte fea de la vida, junto a los sueños, los anhelos y las esperanzas. De todo un poco y, sobre todo, mucha vida.

Borja Monreal durante la presentación de la novela galardonada con el premio Benito Pérez Armas. Foto: CajaCanarias

Monreal se plantea cuál es tema fundamental de la novela y lo más curioso es que no tiene respuesta, al menos, juega a no desvelarla. La historia fundamental es la de la construcción de Angola. O bien, la historia que sustenta este relato es la de Kianda, la de su búsqueda de la identidad, una historia de migraciones, diáspora y viajes de ida y vuelta, de desarraigo y de regreso al origen. Seguramente, la novela se apoya sobre los dos pilares y por eso es mucho más sólida que si lo hiciese sobre uno sólo.

De la misma manera, el autor ha construido su narración sobre horas de entrevistas y ha conseguido que algunos angoleños se asombre por el hecho de que el autor no sea uno de sus compatriotas. Este periodista, curtido en los caminos del continente negro, de la mano de la cooperación y el desarrollo reconoce que no escribe con vocación estética sino para remover conciencias. En El sueño eterno de Kianda el resultado es un relato que se sostiene por sí mismo y en el que el autor incluso se permite el lujo de establecer su propio hilo temporal, viaja de una manera aparentemente desorganizada entre 1961 y 2012, pasando por 1965, 1974 o 1977. Va y viene, una y otra vez, sin miramientos por el lector que sólo necesita un poco de fe para darse cuenta de que los saltos guardan una lógica precisa para perfilar cuidadosamente media docena de personajes fundamentales. Y en cuanto a su voluntad, en este caso se trata de ponerse en la piel del otro, de entender al migrante, al habitante de la diáspora, al que trata, por supervivencia, de reconstruirse.

Borja Monreal intenta que el lector se acerque a Angola y los angoleños y pretende a partir de ese episodio poner de manifiesto una constante de las historias de muchos países africanos, pero también del norte global, el carácter efímero de la utopía: lo poco que duran las ilusiones.

Los pelos de punta con Laetitia Ky, la artista de la 6ª temporada de Wiriko

Pelucas o productos para alisar el cabello siguen ocultando a día de hoy el pelo natural de las mujeres negras. Sin embargo, cada vez son más los ejemplos de aceptación identitaria que huyen del patrón estético para ensalzar la idea de que en la diversidad está la belleza. Es el caso de Laetitia Ky, una marfileña que hace de su pelo afro un arte que es la imagen de la sexta temporada de Wiriko.

“Mi pelo en forma de mano es la expresión de mis pensamientos, que son tan fuertes que decidieron materializarse”, dice la artista al compartir en redes sociales una muestra de su trabajo en la que da forma de mano a su cabello para incorporarlo en acciones cotidianas y gestos. Armada con alambres, alfileres, hilos o extensiones para hacer más grandes sus obras, Laetitia se sirve del autorretrato para crear todo tipo de esculturas; desde originales y divertidas figuras hasta composiciones que enaltecen sus orígenes, como su línea apodada “Kybraids”, que adorna el cabelllo con telas Wax dando pie a numerosas formas, como nudos bantúes. De hecho, fue precisamente en peinados tradicionales de mujeres africanas donde encontró su inspiración para usar su pelo como herramienta de dignificación: “Ser natural es para mí una señal de aceptación. Aceptar la forma en que la naturaleza nos creó y sentirnos orgullosos de haber sido hechos de esa manera”, explica en una entrevista realizada para Okay Africa. Y aunque sus creaciones tienen cierta reminiscencia pop, ella se declara afropunk a la revista Amina, un movimiento que entiende como “la aceptación de las diferencias de los otros”.

Tal y como explica la historiadora Kobena Mercer, en la época de la esclavitud estadounidense, los afrodescendientes adoptaron como método de supervivencia la idea de que cuanto menos negros parecieran mejor serían tratados por sus dueños. Es en ese momento cuando se acuña el término ‘pelo bueno’ para designar la melena larga y fina propia de las mujeres blancas, una concepción que no ha estado presente sólo en la diáspora también en el continente a través de la imposición del estándar occidental como el único aceptable. Una apropiación de la cultura dominante que, a pesar de la reivindicación de la negritud que propició las independencias y el posterior movimiento afro, no ha cesado con el fin de la colonización de los países africanos, donde sigue presente la imposición del canon occidental a través de la globalización.

Con su estilo capilar y desenfadado, Laetitia Ky se suma a sus 21 años a todas esas expresiones creativas que continúan hoy el legado de la negritud, celebrando la singularidad frente a la generalización. Algo tan insignificante como a priori puede ser un peinado, adquiere connotaciones distintas cuando contribuye a la materialización del espacio de una identidad históricamente sepultada. Entonces lo estético se desprende de toda superficialidad para mostrar la belleza que denota el empoderamiento.

Pasaporte español, raíces africanas: Mónica Obono Ndongo Okenve

Mi nombre es Mónica Obono Ndongo Okenve, tengo 35 años. He nacido y crecido en España. Adquirí la nacionalidad española por derecho de tierra (haber nacido en territorio español) y por derecho de sangre (entonces se heredaba la nacionalidad de tus progenitores, en mi caso, ambos españoles oriundos de Guinea Ecuatorial).

Crecí en Tres Cantos, una ciudad-dormitorio por entonces, a las afueras de Madrid con una población muy joven y de clase media. Mis padres, como el resto de vecinos, fueron a habitar unos pisos recién construidos en parcelas literalmente desiertas con pequeños caminos, dos o tres calles principales y cuatro comercios contados. Era una apuesta de futuro de vida, pues se seguía edificando y estaba planeado que la ciudad creciese hasta dotarla de todas las infraestructuras para convertirse en un municipio independiente, como así ocurrió.

En ese entorno, al igual que ocurre en los pueblos, había un fuerte sentimiento comunitario no sólo porque eran muy pocos vecinos y todos se conocían sino porque sabían que para vivir en un lugar donde aún no disfrutaban de muchas comodidades debían ayudarse los unos a los otros y mostrar esa disposición. Así que siendo ese espíritu de solidaridad el denominador común, había poco o ningún espacio para actitudes racistas o discriminatorias. Ello no significa que, en el ambiente escolar, no sufriera racismo, con actos como burlas hacia mi color de piel o mi pelo, sin embargo esto no ocurría de forma regular o constante porque no eran niños o niñas de mi entorno inmediato o porque simplemente se cansaban. Además yo, de carácter ingenuo, interpretaba muchos gestos como carentes de malicia.

De izquierda a derecha: el hermano de Mónica, Marcos (Junior), con 3 años, Denise, en el medio, de 1, y Mónica, con 5 años. La fotografía fue tomada en 1986 en la parte trasera de la primera casa de Mónica, en Tres Cantos, Madrid.

El hecho de que mi familia me educara mayoritariamente en la cultura española, al mismo tiempo que concienciándome sobre mi pertenencia a la etnia fang, contribuyó a que no me sintiera diferente a nadie. Toda esa normalización contrastaba con otra vía de enculturación como eran los medios de comunicación, en particular cine, TV y radio. Recuerdo que la primera película que mis padres me llevaron a ver al cine fue “El Color Púrpura”, de Spielberg (aún no debían existir las clasificaciones por edades). Era mi primera mirada al mundo negro, el que no había a mi alrededor. Pero sobre todo recuerdo la serie Raíces y cómo a partir de verla comencé a hacerme infinitas preguntas sin respuesta que se resumían en una sola: por qué.

En mi mente había una línea divisoria en lo referente a negritud y racismo entre la historia, lo cual era pasado, y el presente que yo vivía. Esa clara disociación entre la narrativa de la esclavitud y el racismo y la contemporaneidad que yo protagonizaba me ayudaba a tomar distancia emocional de cualquier sentimiento negativo (rabia, rencor, dolor), o por lo menos a que no cristalizaran en mí. Además, desde mi subjetividad, entre estas narrativas no había solución de continuidad. Yo lo encajonaba todo en otro espacio y otro tiempo. Por entonces no conocía la existencia del apartheid, por ejemplo. Como consecuencia, mi identidad negra se construía desde 0 en otro eje espacio-temporal. Me sentía más identificada con las series de afroamericanos como “La Hora de Bill Cosby” o las decenas de comedias que se emitieron luego en los años 90.

Otra fuente de disonancia procedía del sector informativos en televisión y prensa. Disonancia causada por el modo sesgado en que retrataban, y siguen retratando en general, África con imágenes de hambruna, pobreza, enfermedad que difería de mi experiencia de haber vivido en Guinea Ecuatorial durante cinco años en mi infancia.

En la izquierda, la abuela paterna de Mónica, de quién hereda su nombre, en agosto de 2014. Fotografía tomada en la entrada de la casa de la abuela en Bata, Guinea Ecuatorial.

Por otro lado, estaba y sigue estando muy presente la influencia de la música en esa construcción de identidad, pues he heredado la melomanía de mis padres. Además de música africana, en mi casa se escuchaba música occidental de todos los géneros, con una predominancia de música pop, es decir, todo lo que fuera los éxitos del momento. A mí, sin embargo, me atrajo poderosamente la música negra desde el primer momento que escuché en mi tocadiscos el disco Thriller de Michael Jackson. A través de la música sí me supe diferente porque la música de los negros, melódica y rítmicamente, lo era, en efecto. Ya de adolescente, escuchar música se convirtió en una actividad autodidacta por la cual definía mis propios criterios y gustos. Cree todo un imaginario estereotipado compuesto por los conceptos que transmitían las letras de las canciones e imágenes de los videos (amor platónico y romanticismo, sexo y sensualidad, frenesí y entretenimiento).

Dentro de la música negra, el hip hop estaba en auge. Nunca escuché el hip hop de reivindicación sino el que era más comercial, de lírica frívola y bases instrumentales ligeras. De nuevo, me distanciaba inconscientemente de otra realidad de la experiencia negra. La música negra como elemento cohesionador me sirvió para socializar en entornos de afrodescendientes como eran las discotecas de música negra en Madrid. Sin embargo, era una falsa socialización, pues a pesar de frecuentar estas discotecas y bares durante años, jamás hice una sola amistad. Además, era desconcertante comprobar que sí existía una comunidad negra, la cual de día, o incluso de noche en otros espacios, parecía invisible.

En el área académica, me decanté por hacer un Master en Etnomusicología (una mezcla de música y antropología) con la idea de investigar sobre la música tradicional de mi otro país, acercándome a ella y a mi cultura de origen desde el estudio; y, en cierto modo, al redactar la tesina con vistas a su publicación, de dignificar esta cultura. Mientras finalizaba la tesina, conseguí mi actual puesto de trabajo en la discográfica Warner, donde contribuyo a promocionar la música clásica, una música que tradicionalmente se ha denominado culta y que, aún a día de hoy, tiene un halo de elitismo.

Como etnomusicóloga, me opongo a dicha categoría puesto que nace de una jerarquización de la música occidental impuesta por musicólogos en los años 20 del siglo anterior. Mi creencia en el igualitarismo de culturas, géneros y músicas del mundo es solamente un reflejo o una extensión de mi creencia en la igualdad de razas, géneros y cualquier otro tipo de elemento identitario, que sea producto de una construcción social.

Mónica Obono Ndongo Okenve, por Javier Sánchez Salcedo.


*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a la entonces conocida como Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia, en Santa Isabel-Bata. Esta imagen icónica es una pieza clave de la historia de la diversidad cultural española. Fotografía de Iberia Airlines.

 

Pasaporte español, raíces africanas: Tamara Ndong Bielo

En 1959, Bioko, Bata y Mongomo se conviertieron en provincias españolas en los territorios del golfo de Guinea. Y es que, a pesar de que muchos españoles parecen obviar – cuál brote de amnesia nacional – que hasta 1975 España tuvo colonias en el continente africano, hoy, esa realidad tan poco expuesta nos sigue emparentando con esa tierra vecina de una forma mucho más profunda de la que se cree. Una de las consecuencias, es que en la actualidad hay muchos españoles con aspectos diversos, saharauis, o negros y negras, hijos, nietos o incluso bisnietos de ecuatoguineanos, o africanos de otras nacionalidades, que llegaron un día a España y se quedaron a trabajar y vivir aquí, enriqueciendo la diversidad cultural española con ingredientes africanos.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo operado por Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Wiriko inicia hoy la serie Pasaporte español, raíces africanas, que quiere ceder un espacio para que esas personas de pasaporte español y un vínculo familiar en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales, nos cuenten, en primera persona, sus historias de vida y su trabajo. Para que se expresen sobre su identidad, sobre sus preocupaciones y sobre sus vivencias. Y sobre todo, para que nos ayuden a conocerlos un poco mejor y amplíen las miras de lo que significa, hoy, tener pasaporte español e identidades múltiples.

Hoy, la actriz catalana Tamara Ndong Bielo:

Tamara Ndong Bielo

Tamara Ndong Bielo

Mi nombre es Tamara Ndong Bielo, tengo 22 años y soy procedente de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial, situada en la costa norte de la isla de Bioko. De madre bubi y padre fang, vine a Catalunya sola a los 6 años. Supongo que aquella fue una de las decisiones más duras que han tomado mis padres en toda su vida. Dejar ir a su hija y perderse gran parte de su vida a cambio de una buena educación y sobretodo de la opción a elegir el transcurso de su vida.

Siempre he pensado que el mayor acto de amor que puedes hacer hacia otro ser querido es dejarlo ir y darle la oportunidad de conocer, experimentar y crecer en todos los ámbitos posibles. Y al dejarme ir mis padres me dieron la oportunidad de ser la persona que soy hoy en día y es algo que siempre les agradeceré.

La vida puso en mi camino a una de las personas que más quiero en este mundo. Mi segunda madre. Desde el momento en el que le cogí la mano en el aeropuerto la primera vez que la vi, empecé a formar parte de su familia. Mi familia. Así pues, tengo 2 madres, 1 padre y 8 hermanxs. Más afortunada no puedo ser.

Si tengo que elegir una palabra que me describa a la perfección es “soñadora”. De hecho siempre he tenido problemas por vivir mucho en las nubes, pero sigo creyendo que son los sueños que nos mantienen vivos y nos hacen no rendirnos jamás, al menos en mi caso.

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la obra "Pell de Llarinté, cua de Tiré" (dirección Moisès Maicas, Temporada Alta 2016).

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la Compañía Joven del Espai Àfrica-Catalunya, en la obra “Pell de Llarinté, cua de Tiré” (durante el festival Temporada Alta de Girona, 2016).

Desde muy pequeña soñaba con ser actriz, me fascinaba el hecho de poder transformar-se en otra persona de cualquier tiempo y en cualquier lugar sin dejar de ser uno mismo y poco a poco, con mucho esfuerzo, trabajo diario y algún que otro sacrificio puedo decir que estoy viviendo mi sueño.

El teatro es la forma que he elegido para expresarme. En él puedo hablar sobre la vida y la muerte, sobre el amor, el odio, el engaño, sobre el pasado, presente y futuro, puedo hablar sobre la sociedad y el poder, sobre la magia, los sueños y secretos pero sobre todo hago teatro porque es lo que me hace feliz. Me hace feliz saber que he aportado un pequeño grano de conocimiento, de alegría, de ira, de esperanza o cualquier otro sentimiento que pueda insertar en cada uno de los espectadores que decide compartir su tiempo gozando del gran placer que es el TEATRO.

Este año, tras terminar los estudios de Arte Dramático en el Institut del Teatre de Barcelona, tuve la suerte de poder entrar en la Compañía Joven del Espai Africa-Catalunya, con la cual hemos presentado nuestro primer espectáculo “Pell de llarinté, cua de tiré” en el Festival de teatro Temporada Alta en Girona. El espectáculo trata sobre un cuento mandinga.

El cuento es una alegoría de las fiestas del nacimiento y de los nombres (bautizo) de los mandinga. Todos los ingredientes que lo componen (fiesta, baile, alegría, nacimiento, cacería) se reflejan en este espectáculo, que combina el fondo fantástico de la fábula del cuento y la realidad todavía vigente hoy de la etnia en su hábitat tradicional. Se trata de un espectáculo divertido e ingenioso, pleno de ritmo; de una celebración en torno a conceptos universales, que unen culturas, en que la confluencia de lenguajes y tradiciones sirve para celebrar la vida y el misterio de la aventura.

Nuestra compañía se diferencia de otras por la variedad de procedencias de cada uno de los miembros que formamos parte de ella.

Malcom McCarthy es un actor de procedencia cubana

Nuria Cuyàs, es una actriz catalana

Omar Ngom, es músico y procedente de Senegal

William Yazaki, es un actor de padre japonés y madre danesa

Tamara Ndong, es actriz procedente de Guinea Ecuatorial

Creo que justamente la heterogeneidad que hay en la compañía es nuestro punto fuerte. Somos muy diferentes entre nosotros y venimos de formaciones distintas, pero justamente esta variedad es la que hace que nos complementemos tan bien. Trabajar con ellos es muy fácil y sobretodo, es un gran placer. Cada uno aporta parte de su ser en el trabajo que sin duda tiene mucho que ver con su procedencia. Cuando no estamos trabajando estamos estamos bailando, haciendo bromas y si no nos encuentras seguro que estaremos comiendo en el restaurante africano más cercano que haya. Porque hemos formado una pequeña familia que disfruta junta haciendo y compartiendo lo que más les gusta: actuar.

10

la actriz catalana Tamara Ndong Bielo.

En mi caso al vivir casi toda mi vida con mi familia catalana casi nunca me he sentido diferente a los demás. Desde pequeña mi madre me dejó claro que tendría que trabajar un poco más que el resto para poder conseguir mis metas pero que yo tenía los mismos derechos y era igual de apta para cualquier cosa que me propusiera. Y yo la creí.

Me gusta enseñar a mis amigos más próximos parte de mi origen, de mis tradiciones, de mi cultura y presentarles a mis familiares africanos pero acostumbro a ser muy reservada en ese sentido y tengo que confiar mucho en alguien para abrirle las puertas de mi mundo al completo.

Estoy muy orgullosa de mis orígenes ya que forman parte de mí pero tengo por lema no dejar que nadie me menosprecie solo por ser africana. Soy una africana que vive y se ha criado en Catalunya, por tanto soy guineano-catalana.

La identidad a juicio en LagosPhoto Festival

“Mi planteamiento es que la única identidad auténtica para lo africano es la tribu… Soy nigeriana porque un hombre blanco creó Nigeria y me dio esa identidad. Soy negra porque el hombre blanco construyó lo negro para ser lo más diferente posible de su blanco. Pero yo era igbo antes de que llegara el hombre blanco”.

Chimamanda Ngozi Adichie, Medio sol amarillo

unnamed-48Hablar de identidad y hacerlo desde Nigeria nos recuerda a Chinua Achebe, Wole Soyinka o Ben Okri, entre otros muchos. Hemos comenzado con la también nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. ¿Por qué? Porque nos hemos acercado al primer y -por ahora- único festival internacional de fotografía de Nigeria: LagosPhoto. También porque en las palabras de Adichie se concentran las reflexiones de este festival: África, mujer, hombre, blanco, negro, diferencia, identidad. Pero, sobre todo, porque más que concluir un análisis este festival retoma viejos asuntos con enfoques nuevos.

Este 22 de octubre se inaugura en la capital nigeriana un evento que durante un mes ofrecerá talleres, conferencias, coloquios y exposiciones tanto en salas y galerías como en las calles de Lagos. El LagosPhoto, del que ya os hemos hablado en otras ediciones, nació en 2010 y desde entonces plantea cuestiones espinosas y propone respuestas con una fuerte vocación social. Busca también el contacto entre artistas de lugares lejanos (no sólo del continente), así como conectar sus creaciones con la comunidad y reflexionar sobre la educación visual, el pasado, el presente y la identidad.

La edición de 2015 tuvo por tema la reflexión sobre cómo se ha concebido África y cómo puede y podrá ser repensada, y los modos en los que pueden abordarse la historia del continente, los acontecimientos presentes y aquellos que están por llegar.

Estos días LagosPhoto sigue cavilando guiado ahora por 27 artistas gráficos. Su propuesta para este año se enmarca en el título Rituals and Performances: Inherent Risk y no nace de planteamientos habituales y manidos sino que retoma densos análisis que nos recuerdan a Frantz Fanon, Aimé Césaire, Michel Foucault y, en nuestros días, a Achille Mbembe. Sobre la amplitud y la complejidad de LagosPhoto hemos hablado con su director, Azu Nwagbogu, quien nos ha dado algunas claves de qué le llevó a él y a su equipo a plantear así este festival.

Tsoku Maela, de su serie 'Broken Things'.

Tsoku Maela, de su serie ‘Asbtract peaces’. (No incluida en LagosPhoto Festival)

Nyanye, del keniano Osborne Macharia.

Nyenye, del keniano Osborne Macharia.

Podríamos dividir sus objetivos de acuerdo a dos grandes ideas. La primera sería la necesidad de pensar en la concepción y producción de imágenes que modelan una identidad y sensibilidad africanas a través de las costumbres, los rituales y la representación fotográfica. Pero, ¿de qué hablamos cuando a todo eso le damos el adjetivo de “africanas”? La respuesta no es fácil, y ya ahí tenemos parte de la búsqueda que se propone el festival. El propio Azu Nwagbogu así nos lo dice: intentamos mostrar mediante imágenes lo escurridizo, lo líquido que es el concepto de identidad”.

Azu Nwagbogu, fotografiado por Jorrit Dijkstra.

Azu Nwagbogu, fotografiado por Jorrit Dijkstra.

Luego, con base en la idea de que todas las imágenes que asimilamos crean en nosotros una visión del mundo, LagosPhoto plantea una cuestión casi angustiosa en los tiempos de lo efímero que hoy parecen regir nuestras vidas: ¿qué mundo visual estamos construyendo para las próximas generaciones?, ¿sobre qué mundo visual construimos nuestra memoria?

Sin duda, estas preguntas no se agotan y quizás aún no estemos capacitados para contestarlas de manera inapelable. Sin embargo, es por eso mismo que su planteamiento es obligado y que hemos de proponer todas las hipótesis que seamos capaces de formular. En el caso de LagosPhoto, el acercamiento se hace mediante el arte, lenguaje tan capacitado como cualquier ciencia para buscar respuestas.

Ahora nos encontramos en un mundo sobresaturado de imágenes y en el que escasea la educación audiovisual. Azu Nwagbogu incide en que la sociedad cambia con rapidez y en que nuestra capacidad para entender el mundo visual no puede quedarse fosilizada. Roland Barthes hablaba del “punctum” como de una sensación casi inefable que nos inunda cuando vemos una buena fotografía. Pero para eso, hemos de mirar. ¿Lo hacemos hoy? ¿Somos conscientes, bajo el tsunami cotidiano de imágenes, de toda la información que deglutimos de manera sutil o aun plenamente inconsciente? Como expresan los comisarios del festival en el curator’s statement, su deseo es explorar más allá del acto de fotografiar y de sus interpretaciones, “modelar otros caminos”, nos dice Azu Nwagbogu, pues “conocemos el poder de la imagen, su accesibilidad y su capacidad para crear identidades”.

Así como el novelista omnisciente recrea e interpreta un mundo, el fotógrafo hace lo mismo con el entorno visual inmediato. Ahora bien, cuando hablamos de lo africano -término ya en sí confuso- y de identidad, ¿hasta dónde somos conscientes de los prejuicios heredados que alimentan nuestras costumbres, nuestros rituales cotidianos? ¿Quién, cómo, desde dónde se modela, se mantiene o se recrea una “identidad africana”? Como decíamos, más que respuestas hemos de contentarnos aún con hipótesis. Probablemente, la costumbre y los medios han dado rango de concepto e idea “verdadera” a representaciones cuyos orígenes han sido la fabulación, el desconocimiento y el prejuicio. Al respecto, Azu Nwagbogu ve también otra perspectiva sobre el ritual, aquella según la cual “los rituales sociales ayudan a crear un comportamiento, una normatividad, y por eso también pueden proteger de prejuicios y de presiones externas. La diversidad de proyectos de este año refleja la complejidad de estas ideas”.

LagosPhoto siempre reclama la crítica auténtica, no aquella que se convierte en un patrón y que por ello pierde su capacidad de análisis. De lo contrario, sabemos que es así como se construye un concepto estático de identidad, una identidad provocada y poco honesta con la realidad y las personas. Explica Azu Nwagbogu que la identidad es un concepto que intentamos delimitar continuamente, pero que entenderíamos mejor si lo pensásemos como la teoría de conjuntos en matemáticas: grupos delimitados pero que, a su vez, forman parte de grupos mayores. En esta edición podemos ver trabajos sobre la identidad femenina, la identidad masculina, la identidad homosexual, la identidad cultural, la identidad africana y la propia identidad desubicada por las zozobras de un mundo globalizado. Desde los autorretratos de la británica Juno Calypso, a los retratos de la nigeriana Fati Abubakar, las recreaciones de la historia del zimbabuense Kudzanai Chiurai, o el reportaje del español Pep Bonet sobre la cultura metal underground en Botswana, los 27 fotógrafos que participan expresan las relaciones complejas e inesperadas de uno mismo con el entorno.

De la serie "Submerged Portraits from Drowning World" de Gideon Mendel. Christa and Salomon Raymond Fils Decade Village. Haiti September 2008

De la serie “Submerged Portraits from Drowning World” de Gideon Mendel.

Si bien en este festival se habla de la identidad en sentido amplio, hemos querido compartir con Azu Nwagbogu la preocupación de que, en estos últimos tiempos de vallas, concertinas y fronteras ilusorias, estemos asistiendo a un aumento del racismo, incluso con pretendida base científica y social. Respecto de si existe relación entre espacio geográfico, identidad y color de piel, Azu Nwagbogu responde que “puede haber relación, pero es muy arriesgado, engañoso y confuso admitirlo como una realidad”. Al hilo de estas palabras nos vienen otras que el camerunés Achille Mbembe expone en su Crítica de la razón negra: “la verdadera identidad no es necesariamente la que se fija a un lugar determinado. Al contrario, es la que permite negociar la travesía de espacios que están también en movimiento, puesto que poseen una geometría variable”.

Es más que probable que la identidad no sea la culminación de un proceso de reconocimiento personal y social, sino que sea, como sostiene este mismo pensador, una fase más del momento en el que será la identidad lo que nos lleve a todos al encuentro mutuo.

————

Estos son todos los artistas que participan en el LagosPhoto Festival 2016:

Fati Abubakar (Nigeria) | Jenevieve Aken (Nigeria) | Ishola Akpo (Nigeria) | Mohamed Arejdal (Marruecos) | Karimah Ashadu (Inglaterra & Nigeria) | Jelili Atiku (Nigeria) | | Miia Autio (Finlandia) |Pep Bonet (España) | Juno Calypso (Reino Unido) | Bubi Canal (España) | |Kudzanai Chiurai (Zimbabue) | | Colin Delfosse (Bélgica) | Thierry Fontaine (Francia) | Sevelyn Gat (Kenya) | Eric Gyamfi (Ghana) | Adad Hannah (Estados Unidos) | Kiluanji Kia Henda (Angola) | Andrea Gisele Keyezua (Netherlands) | Nico Krijno (Sudáfrica) |Osborne Macharia (Kenya)| Mario Macilau (Mozambique) | Tsoku Maela (Sudáfrica) | Ibrahim Mahama (Ghana) | Gideon Mendel (Sudáfrica) | Siwa Mgoboza (Sudáfrica) | Mohau Modisakeng (Sudáfrica) | Fabrice Monteiro (Benin & Bélgica) | Bruno Morais (Brasil)| Muchiri Njenga (Kenya) | Lakin Ogunbanwo (Nigeria) | | Rodney Omeokachie (Nigeria) | | Qudus Onikeku (Nigeria) | | Leonard Pongo (Belgica) | | Flurina Rothenberger (Suiza) | | Emmanuel Trousse (Monaco) | | David Uzochukwu (Bélgica & Nigeria) | | BenedicteVanderreydt (Bélgica) | | Lorenzo Vitturi (Italia) | | Sanne De Wilde (Bélgica) | | Patrick Willocq (Francia) | | Reze Bonna (Nigeria) | | TY Bello (Nigeria).

Autores y obras citados:

Adichie, Chimamanda Ngozi, Medio sol amarillo, editorial Literatura Random House, Madrid, 2014.

Mbembe, Achille, Crítica de la razón negra. Ensayo sobre el racismo contemporáneo, Futuro anterior/NED ediciones, Barcelona, 2016.

Imagen del artista español Bubi Canal.

Imagen del artista español Bubi Canal.

Souvenir en tinta de la mano de Teju Cole

Tanto si has estado en Lagos como si no, el libro Cada día es del ladrón tiene algo para ti. Si tu caso es de los que desconocen esta ciudad nigeriana, esta novela bien puede servirte como una guía turística en su versión más innovadora, como suele ser habitual en las creaciones de su autor, Teju Cole (Kalamazoo, Michigan, 1975). Pero si eres de los que sí han podido conocer la vida de Lagos, entonces Cada día es del ladrón, recientemente publicado por la editorial Acantilado, se te ofrece como un vívido recuerdo encapsulado. Por si no te trajiste contigo un souvenir del viaje, el escritor nigeriano recrea página a página el latido del centro neurálgico del país.

Fotografía tomada por R. Stothard/ Getty Images.-

Teju Cole / Fotografía tomada por R. Stothard, Getty Images.-

Desde un primer momento el protagonista de Cada día es del ladrón te mostrará (o te recordará, en función del caso de cada lector) cómo es un viaje a Nigeria paso a paso. Desde los trámites previos de preparación del visado hasta qué hacer al encontrarte en la mayor aglomeración urbana del África al sur del Sáhara. Incluso si no has ido a Lagos ni está en tu mente desplazarte a esta ciudad africana, dicen que leer es la forma más barata de viajar y desde luego con el personaje principal de este libro recorrerás el Lagos más real, el de quien se ha criado allí. Te llevará a los lugares de su infancia, al Museo Nacional, a las librerías locales, te enseñará a moverte por el mercado, por las calles, a encontrar los mejores cibercafés, a saber cuándo y dónde es mejor coger el autobús y con qué ricos platos típicos deleitarte. Y lo hará con la experiencia de quien ya conoce, y al tiempo, con la atónita contemplación de quien no puede dejar de sorprenderse por aquello a lo que ya no está acostumbrado o simplemente ignoraba cuando observaba con ojos de niño.

Aunque son muchos los personajes que se presentan en esta novela, comprobarás que en ningún momento se dice el nombre del protagonista. Tampoco lo echarás en falta, y no porque pueda afirmarse que el narrador podría ser cualquiera. Todo lo contrario, este personaje tiene un punto de vista especial. Su visión es la de un retornado, alguien que se ha criado en esta urbe africana y por tanto está familiarizado con sus singularidades; pero observa, en gran medida, desde la realidad político social a la que se ha acostumbrado tras más de una década viviendo y visitando ciudades occidentales. Y esto es así no tanto por su crítica mordaz a un modo de vida nigeriano plagado de corrupción, apático y, en ocasiones, hipócrita; sino porque a menudo el protagonista va más allá de la ironía y mira a través de un velo de soberbia los gestos intelectuales o el emprendimiento que tan ajenos le resultan al escenario lagosense.

Pero pese a lo que pueda parecer, Cada día es del ladrón esconde en su lectura crítica una evocación a la nostalgia del que se fue y vuelve esperando reconocerse, pasar desapercibido entre quienes fueron los suyos y recuperar aquello que echa en falta cuando se siente extranjero lejos de casa. Así, el personaje principal no sólo es anónimo porque no tiene nombre, también porque es un tierra de nadie que busca su identidad truncada al moverse entre dos mares. De ahí que, por encima del choque de sentirse forastero también en casa que invade al protagonista, sobrevuele en su narración el interrogante de si es en su tierra de origen donde le gustaría echar raíces.

9788415277927El protagonista no es perfecto, es real. Teju Cole consigue una ficción muy humana en Cada día es del ladrón, su primera obra publicada por la editorial nigeriana Cassava Republic en el año 2007 y que ahora rescata la editorial Acantilado, para su disfrute en español. Ya desde esta primera novela corta, Cole presenta dos constantes en sus creaciones: por un lado, una historia sin apenas trama, como una serie de pensamientos que tiene su personaje principal mientras recorre la ciudad; y por otro, un estilo intertextual en el que lo que cuenta es acompañado por lo que fotografía. Una combinación de estilos que repitió en 2011 con su siguiente publicación, ‘Ciudad abierta’ (Acantilado y Quaderns Crema, bajo el título ‘Ciudad obertá’), por la que recibió el premio Pen Hemingway 2012. Era su primera novela larga, pero lo catapultó a la fama de la literatura de ficción internacional.

Otro punto en común de ambas publicaciones es el tema de la identidad, una cuestión tan recurrente en su obra como recurrente es también su carácter innovador en todo lo que escribe. Así lo demostró en 2014 con ‘Hafiz’, una historia publicada a través de su cuenta de Twitter (@tejucole). No era la primera vez que este autor nigeriano se sumergía en la tuiteratura, ya lo había hecho un año antes con ‘Small Fates’, una colección de relatos publicados en su cuenta de esta red social. Pero mientras en esta primera ocasión él era el autor, con ‘Hafiz’ rompió moldes y reinventó la literatura a golpe de tweet a partir de 33 tweets de sus seguidores seleccionados y solicitados para formar una historia. Él no escribió nada, de hecho no publica nada en Twitter desde finales de 2013, pero sí dio sentido a unas publicaciones que nada tienen que ver unas con otras y que fueron escritas desde varios rincones del mundo para formar una unidad textual donde el carácter colaborativo de esta red social se recoge en todo su esplendor.

Aún seguimos pendientes de que se publiquen en español sus últimas obras, el libro de ensayos ‘Known and Strange Things’ (Random House y Faber&Faber, 2016) y ‘Punto d’ombra’ (Contrasto, 2016), un libro de fotografías acompañadas por textos de momento solamente traducido al italiano.

Cole

image

 

Desde esta primera publicación, Teju Cole ha demostrado dar con la pluma en el clavo a través de un estilo descriptivo, irónico y sugerente. Con Cada día es del ladrón lo consigue a través de un retrato de Lagos como nunca antes se había mostrado: abrumador, desquiciante, ambiguo, creativo, inspirador y de enorme potencial. Es una lectura que pone los pies sobre la tierra tanto a idealistas como a escépticos de las realidades africanas de hoy.

Una de las fotografías tomadas por T.Cole pertenecientes a su libro 'Cada día es del ladrón' (Acantilado ed.).-

Una de las fotografías tomadas por T.Cole pertenecientes a su libro ‘Cada día es del ladrón’ (Acantilado ed.).-

Banele Khoza, el as de la ilustración suazi

Es joven y brillante. Con solo 18 años fundó su propia marca, BKhz: una muestra de su exquisitez y de la rareza de su técnica dentro del mundo de la moda. Hoy, con 22, su estilo de ilustración digital, de acuarelas surrealistas que exploran la identidad o el género, se ha convertido en uno de los más llamativos y originales de la escena artística contemporánea. Con un futuro prometedor, ya es el ilustrador de Suazilandia con más proyección internacional.

Banele-Khoza-12

Banele Khoza, o el que Wiriko considera el “as de la ilustración suazi”, se ha hecho un lugar en el mundo del diseño de África Austral desde bien temprana edad. Tras estudiar moda en Londres e incluso antes de finalizar la carrera de Bellas Artes en Tshwane, este suazi afincado en Sudáfrica ya empezó a sorprender a los más refinados expertos en arte. No solamente despertó la admiración de los comisarios de la galería de arte contemporáneo TATE de Londres, sino que ya ha expuesto en galerías como la Trent de Pretoria, en Salon91 o Smith Studio de Ciudad del Cabo, y ha hecho resonar su nombre en la última Mercedes-Benz Fashion Week de Johannesburgo. Sin parar de cosechar éxitos, el pasado mes de marzo obtuvo una beca en el programa Johannes Stegmann Mentorship, de la prestigiosa galería Lizamore, donde ha sido apadrinado por el artista Colbert Mashile, con el que prepara una exposición individual que verá la luz en marzo de 2017.

Confeso admirador de artistas como la mexicana residente en Ciudad del Cabo Georgina Gratrix o las sudafricanas Penny Siopis y Marlene Dumas; Khoza desafía las concepciones de masculinidad/feminidad que se encuentran arraigadas en nuestra sociedad a través del uso de los colores azul y rosa. Para él, las convenciones y las estructuras preconcebidas, encarcelan la identidad. Por eso, con su obra, explora e intenta romper los diques psicológicos que predeterminan nuestra forma de ser, pensar o expresarnos. Así como ahonda en las fracturas causadas en las relaciones sociales a causa de las tecnologías.

mg_1618bw-copy

Banele Khoza AKA BKhz.

Creativo, original y arriesgado, Banele Khoza representa la nueva mirada digital del continente con su primera exposición monográfica, Sentimientos Temporales, expuesta desde el pasado 9 de julio y hasta el próximo 4 de Septiembre en el Museo de Arte de Pretoria. Temporary Feelings no es más que un exposición en forma de íntimos autorretratos emocionales que, según su autor, van mutando de un día a otro. Del 14 al 17 de Julio, la obra de este crack del arte africano contemporáneo también estará expuesta en The Turbine Art Fair de Johannesburgo, y estamos seguros que su obra se va a dejar ver muy pronto por bienales y ferias de arte internacionales.

Mientras esto no ocurra y no podamos ver más de cerca su obra, podéis seguirle la pista desde sus cuentas de Facebook e Instagram.

Festival Afroconciencia, un espacio multicultural de intercambio

Texto y fotografías por Eva Feito

Una pareja de jóvenes invita a la reflexión desde los carteles que anuncian el “Festival Afroconciencia” organizado por Matadero Madrid. Él, en el exterior del recinto, con una mirada introspectiva; ella, ya dentro, con sus ojos apuntando directamente al visitante. Talleres, debates, literatura, música, gastronomía, política, arte, identidad. Un evento multidisciplinar que, el fin de semana del 11 y 12 de junio, ha inundado de vitalidad el patio central de las antiguas instalaciones reconvertidas en un nuevo espacio que ya es una referencia en la actualidad cultural madrileña.

j&a

La cita es producto de iniciativas previas cuyo objetivo era favorecer la participación -desde el ámbito de la autogestión- de la comunidad africana y afrodescendiente del estado español en espacios institucionales de visibilidad, como “Each One Teach One: jornadas de la cultura afrodescendiente”, “Decolonizando Othello con Patrice Naiambana” o “Afroempowered”, en el marco de la exposición “Ni arte Ni educación”. Este último encuentro contó con la participación de asociaciones negroafricanas y afrodescendientes como AISE, La Kúpula, Kwanzaa, UbuntuUCM o United Minds, así como artistas, emprendedores y otros interesados. A partir de las sinergias establecidas entonces se conformó el grupo de trabajo organizador del “Festival afroconciencia”, integrado por Debora Ekoka (United Minds), Rubén H. Bermúdez, Yeison García López (Kwanzaa) y Ana Cebrián (La AFROcolaboradora).

La afrodescendencia en la actualidad en el estado español:

El soukous proveniente de soundsystem instalado en el escenario de la “afroplaza” invitaba a acercarse al patio central la calurosa mañana del sábado, mientras se desarrollaban actividades dirigidas a los más pequeños, los talleres intergeneracionales organizados por Ana Cebrián y Kwanzaa y el pintacaras a cargo de Débora Ekoka. Los colores de las creaciones de moda, una magnífica selección de revistas y periódicos, libros y guías de viaje, muestras de artesanía y pintura, las propuestas de asociaciones y paneles con los retratos de algunos referentes africanos y afrodescendientes, completaban el espacio.

Yeison García López ejerció de presentador de los diferentes actos del festival, acompañado en todo momento por Ana Cebrián y Débora Ekoka en las “bambalinas” y Bakala Kimani Rubén H. Bermúdez tras sus cámaras, entre otros. El primero en recibir el micrófono fue Antumi Toasijé, historiador, activista panafricanista afroespañol y director de WanafriKa, que destacó el interés por la perspectiva africana y la necesidad del empoderamiento de la comunidad africana y afrodescendiente, y presentó el BloqueAfro: la creación de una Federación de Asociaciones y Entidades Africanas y Afrodescendientes para el reconocimiento por ley de la identidad hispanoafricana. Su llamamiento a participar en esta iniciativa se extiende tanto a colectivos como a personas individuales.

¿Quién es quién?

Bakala Kimani es escritor y también director de contenidos del periódico AfroKairós, que -desde abril de 2013- publica informaciones sobre el continente africano y la realidad afrodescendiente, en español, inglés y francés, tanto en su publicación gratuita en papel como online.

potopoto

Poto Poto

Potopoto es el nombre del fango típico de las lluvias en Guinea Ecuatorial, así como el primer libro infantil ilustrado de cuentos multiétnicos de Guinea Ecuatorial en español. Además de esto potopoto es un proyecto de cultura colaborativa y social que apuesta por la cultura de experiencias. Para ello se dará acceso a nuevos Afrocuentos infantiles de origen Africano en un entorno web y en un formato accesible. Las historias podrán leerse en una web colaborativa donde cualquier persona u organización del mundo de habla hispana podrá transmitir su experiencia y conocimiento a través del cuento.

El proyecto nace de la iniciativa personal de Alejandra Evui Salmerón Ntutumu miembro de la plataforma sociocultural #AfroMurcia en movimiento, impulsora de talleres y proyectos de cultura inclusiva que tiene como integrante principal a Belinda Ntutumu. El libro será ilustrado por la mágica Lydia Mba.

Ritatari y Africa Patchwork son dos ejemplos más de emprendeduría, de la mano de la ecuatoguineana establecida en Londres Helen Jones y el madrileño-maliense Madou Diarra, con sus respectivas propuestas de moda y artesanía.

United Minds es una iniciativa independiente cultural-educativa, fundada en Valencia por Ken Province y coordinada además por Débora Ekoka, que cuenta con la primera librería especializada en África y su diáspora. En palabras de Ken, se trata de “una plataforma para poder trabajar las cosas que nos interesan”.

Kwanzaa (“comienzo” en suajili) es un asociación universitaria que persigue visibilizar la realidad de la juventud afrodescendiente y de la diáspora en España, promoviendo su empoderamiento y la denuncia de los abusos de los Derechos Humanos mediante la organización de diversas actividades desde su sede en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, que invitan a visitar.

la kupula

La Kúpula

La Kúpula es un centro de arte internacional autogestionado que persigue la creación de espacios donde crear vínculos para pensar en comunidad, como el local que ocupa en el barrio de Carabanchel, lugar de encuentro y de debate, exposiciones y conciertos. Este colectivo fue el encargado del soundsystem y de la gastronomía afro con platos típicos de la cocina del África occidental que pudo degustarse en la “afroplaza”.
AISE (Asociación de Inmigrantes Senegaleses en España) trabaja tanto en Madrid en tareas de asesoramiento de inmigrantes y de sensibilización, como en Senegal a través de proyectos donde los migrantes son el motor de desarrollo.

Integrantes de estos colectivos participaron en las actividades desarrolladas a lo largo del festival: algunos de ellos en los debates, soundsystems, conciertos y recitales; otros atendiendo los espacios que ocupaban con sus proyectos.

Política, cultura, arte, juventud y medios de comunicación: en busca de referentes afro

Dunia & Consuelo

Dunia & Consuelo

El plato fuerte de la mañana del sábado vino de la mano del debate sobre cultura y política. A partir de las exposiciones de Sikitu Massimango, Consuelo Cruz Arboleda, don Justo Bolekia y Antumi Toasijé, se estableció un intercambio con el público que versó sobre cuestiones en torno a la definición de la “afroconciencia”, la importancia del lenguaje a la hora de definirse como colectivo, la identidad afro y la visibilización de las mujeres africanas. La ronda de intervenciones introdujo temas como de discriminación racial y étnica; el multiculturalismo como característica del continente africano y lo artificioso de la distinción entre una África blanca y otra negra; y el esclavismo y la urgencia de la reparación histórica de los pueblos que lo ejercieron sobre quienes lo sufrieron.

El término “afrodescendiente”, como recordó Antumi Toasijé, hace referencia a la esclavitud y fue traído a Europa por la segunda diáspora. Para algunos de los participantes en el debate, el avance respecto a la toma de conciencia vendría a través de la descolonización mental y espiritual de los africanos y afrodescendientes: “no suponemos ningún peligro para Occidente. Deberíamos ‘desformatearnos’ para volver a africanizarnos” -en palabras del profesor Bolekia-, insistiendo en el hecho de que “lo que hacemos aquí [en el festival] es un intento de recuperar lo que recordamos que somos”. Mientras que para otras voces, el estado actual de la afrodescendencia es el reflejo de la falta de empoderamiento de las personas con este origen -como apuntó Consuelo Cruz Arboleda-, del escaso avance en el ámbito asociativo, o de la desconexión generalizada con el “otro lado de África”, como señaló Belinda Ntutumu.

El taller de fotografía, impartido por la camerunesa-española Agnes Essonti y el madrileño Rubén H. Bermúdez, se desarrolló las tardes del sábado y domingo en torno a las “Otras historias de la fotografía”. Aficionados amateurs y semiprofesionales compartieron sus opiniones y anhelos respecto a esta disciplina artística, planteada como un intento de guiar a los participantes a la hora de contar sus historias a través del objetivo, alejándose del enfoque fotográfico tradicional, como reconoció Rubén H. Bermúdez. Para él, la mayor dificultad para llevar a cabo un proyecto fotográfico no es la falta de conocimiento técnico, sino que reside en no tener una idea a transmitir cuando se capturan imágenes. Entre los ejemplos fotográficos que se mostraron durante el taller, el catálogo de la Bienal de Fotografía de Bamako (“Rencontres de Bamako”) y el repaso de Essonti a la producción artística de uno de los mayores referentes de la fotografía africana: el recientemente fallecido Malick Sidibé.

publico c&p

El concurrido “debate Juventud Afro” agrupó a miembros de asociaciones como Kwanzaa y Riwata y CLA, a Moha Gerehou de SOS Racismo y a Amín Arias Garabito (coordinador del grupo federal afrosocialista del PSOE y asistente de dirección de la revista “Ávila en salud”) en torno a asuntos como la denuncia ante la falta de inclusión y de referentes de y para la juventud africana y afrodescendiente en la sociedad española; la necesidad de encontrar un término medio y de reivindicar sus referentes -Sénghor, Césaire, Anta Diop para Cheikh, un asistente senegalés- en lugar de recurrir a los estereotipos como la supuesta aptitud innata para la danza y el canto de los negros, su gusto por el rap o el hip-hop o la hipersexualización, que provocan la cosificación a la que -en muchas ocasiones- se somete a los negros. Garabito expresó su deseo de “hablar de otras cosas” [más allá del blanco/negro], y lanzó dardos sobre “los hermanos que robaron a sus propios hermanos” [en la época de la esclavitud] y la responsabilidad que habría que asumir por ello, recordando la necesidad de juntarse para seguir trabajando ante el largo camino a recorrer.

La ponencia sobre medios de comunicación y afrodescendencia en España se abrió con la presentación de Ladislao B. Sité titulada “Crecer sin ser llamado”. El lingüista afroespañol hizo un recorrido por “los matices oscuros del lenguaje” (esas “connotaciones sutiles que son difíciles de representar”) a través de una serie de imágenes fotográficas y composiciones de palabras que juegan con el contraste entre lo evidente de la existencia de una España negra (“esto no es Malabo, es el barrio de Vallecas”, aclaró ante una foto de familia) y el uso racista, xenófobo y discriminatorio del lenguaje. Términos como “Baltasar”, “negrito/a”, “gitano/a”, “nigger” o expresiones como “negro de mierda” fueron analizados por Sité con una capacidad cómica muy efectiva para la comunicación grupal.

Le siguió el turno Lucía Asué Mbomío, periodista en RTVE e integrante del colectivo Afroféminas, con un repaso por los referentes afro en los medios de comunicación: publicidad, medios de comunicación y cine. En todos estos ámbitos resulta flagrante la invisibilización de las personas negras o afrodescendientes, así como el recurso al estereotipo al tratarse sobre ellas: de nuevo, cosificación (personas que llegan en patera), hipersexualización (anuncio de “Cola Cao”, el reality show “Adán y Eva”), falta de referentes (infantiles y periodísticos), de contextualización y ausencia de empatía (anuncios de “Conguitos”). Entre sus propuestas: permanecer vigilante ante los microracismos; recurrir tanto a la ética periodística como a recurrir a la presencia de miembros del colectivo del que se habla cuando se dan las informaciones; seguir creando medios de información propios -hechos por africanos y/o afrodescendientes- que generen referentes, como WanafriKa, AfroKairós o Uhuru TV.

publico afrofeminismo

Del afrofeminismo y la identidad negra a la exploración a través de la literatura y la música

El esperado debate sobre afrofeminismo contó con la presencia de Asha Ismail, Antoniette Torres Soler de Afroféminas, Jane Obioma Okoro de “Upside Africa” y Nair Macedo de Kwanzaa.

Ismail es la directora de “Save a girl save a generation” (“Salva una niña, salva una generación”), una ong que lucha contra la mutilación genital femenina (MGF), los matrimonios forzados, la explotación y prostitución infantiles y por la prevención de todas ellas. Como ella misma recordó, la MGF “existe aquí y en todas partes del mundo”.

La creadora y directora de Afroféminas expresó estar interesada en los conceptos de poder y mujer, en la implicación de la raza en el feminismo, así como en los intereses de la mujer negra de hoy que vive en España.

Para la integrante más joven del panel, la española de origen caboverdiano Nair Macedo, ser mujer afrodescendiente en España es una triple lastra por género, raza y la invisibilización que conlleva, e implica enfrentarse a una dualidad identitaria (ni “negro” en África, ni “blanco” en España). Macedo expresó asimismo su interés por hablar de temas tabús como la homofobia ejercida por parte la comunidad afrodescendiente, o la regla, e increpó públicamente a sus “hermanos” allí presentes sobre el machismo que ejercen sobre ella.

La presidenta de “Upside Africa” expresó su compromiso con el desarrollo y la libertad de la mujer emprendedora y profesional de África, a través de la organización de eventos que estimulan el intercambio de ideas.

afrofeminismo

El debate giró sobre las diferencias del feminismo negro, las dificultades que se encuentra la mujer negra en la sociedad española (sexualización e invisibilización) y otros aspectos relacionados con su autoestima como la afroestética, el pelo afro y el blanqueamiento de la piel. Quedó patente la variedad de discursos de las mujeres negras, si bien algunos puntos comunes señalaron la importancia de la mujer negra como base de la familia y de la comunidad; la necesidad de la implicación del hombre en la educación familiar -gracias a quien, según Ismail, se ha avanzado mucho en la lucha contra la MGF- y de la educación inclusiva; la importancia de la historia personal, familiar y colectiva desde la que impulsar la visibilizacion, motivada -en parte- por la falta de referentes negros y afrodescendientes.

Para terminar, Torres aludió al primer discurso del feminismo afroamericano, “¿Acaso no soy mujer?”, mientras que Obioma tomó como ejemplo “Todos deberíamos ser feministas” -de su compatriota la mediática Chimamanda Ngozi Adichie- para concluir apelando a la conveniencia de “hacer el esfuerzo de compartir, aprender y desaprender”.

“¿Y tú por qué eres negro?” es una pregunta que, como para tantas otras personas, llevó al fotógrafo Rubén H. Bermúdez a cuestionarse su identidad y despertar su “afroconciencia”: “salir del armario” como él mismo expresó. El germen del proyecto fotográfico en el que se encuentra actualmente trabajando fue tomado como tema central de un debate abierto en el que también participó el cineasta español de origen beninés Santiago Zannou.

Ante la manifiesta dificultad de definir una identidad negra, las intervenciones del realizador de cine fueron un apasionado alegato sobre la necesidad de construir un discurso propio, desde la positividad, que conduzca a la comunidad afrodescendiente a alcanzar espacios de poder. Pero también hubo críticas: tanto hacia el propio desconocimiento de los miembros de la comunidad como a la queja constante de algunos de ellos. Para Zannou, partiendo de la base de que una cuestión así en Benín sería una nimiedad, ser negro es “algo que te invita a ser sabio, te obliga a ser mejor y entender al de enfrente. Ser negro es ser un tipo consciente, buscar un objetivo y luchar contra él”.

Se habló también del “dolor ancestral” y de la conciencia, destacando la importancia de los siglos de historia y creatividad negras y afrodescendientes por encima de los cuatrocientos años de esclavitud.

Si para algunos participantes en el debate, la reflexión sobre qué es “ser negro” no es vital desde un punto de vista personal, y las respuestas deberían venir de escritores negros que aborden la cuestión de la identidad negra, el riesgo que implica la creación de nuevas categorías donde se les encasille es alto. Otras intervenciones recogieron sentimientos derivados de la implicación en una lucha que -aunque dilatada en el tiempo- no ha alcanzado los objetivos esperados debido a las diferentes maneras de tratar de acercarse a ellos. Para un asistente camerunés ser negro “es simplemente saber que tienes un origen, asimilarlo y comportarte con tal (…) Ni siquiera un negro tiene por qué venir aquí: eso no le hace más negro”.

Tras este otro momento álgido de las jornadas, el festival se dirigía a su final con la presentación musical-literaria compuesta por “Heredarás la tierra”: de patrones patriarcales en la afrodescendencia guineana”, una interesante aproximación a la psicología a partir de la novela de German Edjanga Jones Ndjoli, las recomendaciones literarias de Ken Province de United Minds, y el concierto de Astrid Jones y Carlos Bratt.


El joven escritor Jones Ndjoli habló de la invisibilización, tanto de la propia Guinea Ecuatorial como de los ecuatoguineanos, llevada a cabo por el estado español -desde la independencia en 1968 hasta la actualidad-, mientras que la aproximación psicológica de los tipos representados en la novela corrió a cargo del psicólogo Francisco Sánchez. Para Jones, los ecuatoguineanos son “hijos del silencio”, “una fuerza que viene preconizada por la herencia española franquista”, apelando al statu quo de la derecha española y a su falta de responsabilidad. Sánchez habló de cómo en Guinea Ecuatorial las diferencias raciales entre los propios negros existen, y de estar derivadas de los esquemas heredados de la época colonial. Pero no solo eso, sino que estas lastras son también transmitidas de generación en generación, de ahí la necesidad de “reflexionar sobre nuestros antepasados emocionales” -en palabras de Jones- y de la importancia del trabajo personal: “en la interiorización hago mío el discurso del ataque y no me afecta”, reconocía.

Como el propio autor de la novela explicó, el título de la misma hace referencia a una especie de mandato o llamada que sintió, encaminada a la acción “para recuperar lo que te han robado”. En su novela se presenta a una familia en la que encontramos los arquetipos del hijo omnipotente (asimilado el primogénito), del yo omnipotente (la figura del heredero) y el del hijo independiente, análisis de Sánchez encaminado a la premura de recuperar el mundo interno “para no correr el riesgo de sentirnos como extranjeros en nuestra casa”, en sus propias palabras. Un dicho de la etnia ndowé, a la que pertenece German Edjanga, reza que “la única forma de recuperar la dignidad es entronizar nuestra historia”. El escritor lanzaba así un llamamiento a la necesidad de iniciar un proceso humano, personal y difícil, encaminado a “salirse de la tutela”, a contracorriente del sistema pero que uno mismo ha de hacerlo con los suyos, desde su casa.

“Heradarás la tierra” puede encontrarse en la librería madrileña “El olor de la lluvia”.

Entre las recomendaciones literarias sobre África y la afrodescendencia, Ken Province del colectivo United Minds hizo un repaso por algunos de los libros que pueden encontrarse en su espacio, que estuvieron también disponibles en la “afroplaza”. Desde títulos fundacionales de las literaturas afrocentradas como “Pieles negras, máscaras blancas” del psiquiatra martiniqués Frantz Fanon, “Capitalismo y esclavitud” del también caribeño Eric Williams (recientemente editado por Traficantes de Sueños); los manifiestos panafricanistas escritos en continente africano: “Naciones negras y cultura” del senegalés Cheikh Anta Diop, o “África debe unirse”, del primer presidente de la Ghana independiente, Kwame Nkrumah; a otros como los ensayos “Black Music. Free Jazz y conciencia negra 1959-1967” de LeRoi Jones / Amiri Baraka, que reflejan la labor de esta “música clásica” -según Province- en la liberaración mental de los afroamericanos; “Aggro”, un libro que habla del origen jamaicano de la estética skin; “Rebeldía”, del escritor camerunés afincado en Barcelona Inongo vi-Makomè; o “Si me preguntáis por el panafricanismo y la afrocentricidad” de Antumi Toasijé, quien estuvo firmando copias del mismo a lo largo del fin de semana.

La voz de Astrid Jones fue la encargada de poner el broche a la cita, felicitando una iniciativa que esperamos se suceda con el mismo éxito que la ve nacer. Acompañada por los acordes de guitarra de la mano de Carlos Bratt, uno de los integrantes del grupo The Blue Flaps, autores de “Stand up” -un bello alegato en clave soul, con toques reggae, funky y jazz- interpretaron algunos temas de su último trabajo como “You” o “Who we are”.

Nathacha Appanah, una mauriciana en la diáspora

No estamos demasiado acostumbrados a la literatura mauriciana, pero no vamos a caer en el aplauso del exotismo. Simplemente, es una curiosidad. Nathacha Appanah es una autora originaria de la República de Mauricio y, por cierto, una autora consagrada, que incluso ha sido traducida al español. Precisamente, su cuarta novela, la última antes de este largo silencio que acaba de romper, El último hermano, fue publicada por Alfaguara en 2010 después de haber sido aclamada por la crítica y arropada por los premios.

La escritora mauriciana, Nathacha Appanah. Fuente: Editorial Gallimard

La escritora mauriciana, Nathacha Appanah. Fuente: Editorial Gallimard

En el panorama francófono, esta autora mauriciana supone, como dice una reseña de RFI, una “voz sin parecido con ninguna otra”. Una prosa poética, unas narraciones delicadas, unos paisajes con un cierto tono onírico y evocador y un lenguaje fresco y refrescante perlado de palabras prestadas, son los rasgos que aparentemente han seducido al público, a los editores y a los críticos de ese entorno francófono. El silencio de los últimos años no ha hecho sino aumentar las ganas de volver a leerla y el anuncio del lanzamiento ha revivido la acogida que generó su última obra.

En attendant demain es el título de la quinta novela de Appanah, que la prestigiosa editorial francesa Gallimard publicó en enero de este año. Anita es una de las protagonistas de esta novela, mauriciana, estudiante de periodismo y proyecto de escritora intenta desenvolverse en París. La vida le tiende un cebo. Anita encuentra en Adam, estudiante de arquitectura y proyecto de pintor, el amor de su vida. Pero su relación les llevará a realizar renuncias a cambio de compartir sus vidas. La pareja acaba mudándose a un pueblo en la zona de las Landas, en el suoeste de Francia y ambos dejan de lado sus anhelos artísticos.

Las relaciones de pareja, la añoranza, la integración y una cierta sensación de rendición tiñen esta parte de la historia de Appanah. Sin embargo, la aparición en ese entorno anodino de Adèle demuestra aquello de que donde hubo llama siempre quedan brasas. Adèle es otra mauriciana, inmigrante sin papeles en Francia que vuelve a traer a un primer plano los anhelos y los sueños de Anita. El misterio y la energía vital de la recién llegada remueve esa existencia que ha traicionado (o abandonado) los sueños.

cubierta en attendant demainEvidentemente, la cuestión de la identidad, sistemáticamente presente en los escritores de la diáspora, está muy presente en este En attendant demain, a través de las dos protagonistas femeninas. Tanto en su lucha por la “integración” como en los recuerdos que en realidad les dan el aliento de la vida.

La estrategia de Nathacha Appanah para enganchar al lector es bien sencilla, lo que no quiere decir que la trama que va tejiendo el relato sea simple. La autora presenta desde el principio (que se puede ojear en este enlace) una Adèle que ha muerto ahogada, una Anita que intenta sobreponerse a la soledad, un Adam que sobrevive en la cárcel y una Laura (la hija de Anita y Adam) que intenta hacerse a la idea de que no puede mover sus piernas. Y también avanza que el episodio fundamental ocurrió “cuatro años, cinco meses y trece días” antes de este inicio. La novelista presenta esta historia en una especie de exposición de diecisiete cuadros con los que se configuran las relaciones entre los personajes.

Conociendo el final, el lector se enfrenta a la narración que va presentando la autora, aportando nuevas piezas del puzle con cuantagotas y desentañando poco a poco el misterio del drama.

La propia autora ha confesado en una entrevista que vive la realidad de su identidad migrante “sin culpabilidad y aceptando que (la identidad) es cambiante, como la arena” y que para esta última novela se ha inspirado “en el propio mecanismo de la inspiración y la creación”. “Me he hecho a mi misma mil preguntas cuando no he sido capaz de escribir, de desarrollar una historia”, ha explicado. Ahora ha comenzado el momento de las traducciones para esta esperada novela, quizá pronto esté disponible también en español.

El camino de la salvación. Libro de Aminata Maïga Ka

Aula Wiriko

 

 

 

2ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Viviana Dipp Quitón

Síntesis

Del título original: La Voie du salut. Présence Africaine, 1985; el título de la traducción El Camino de la salvación, es parte del volumen: Las africanas cuentan. Antología de relatos.  Aminata Ka lo escribió entre 1977 y 1980.

La obra reflexiona sobre la identidad, el conflicto entre la tradición y la modernidad, que se hace carne y toma voz en los papeles de madre e hija.  Las exigencias sociales hacia la mujer, los roles establecidos y la posibilidad de cambiarlos, las expectativas de las mujeres con respecto a la pareja y familia, la construcción patriarcal mimetizada en tradiciones y costumbres que constriñe, obliga e incluso cambia a las personas.

La obra, enmarcada dentro de las literaturas de frontera, relata el colonialismo, la etapa de transición y la independencia.  La autora es parte de esta generación y comparte el pensamiento y las posturas de los grandes autores de este periodo. Ella es hija de la colonización, fue formada en la metrópolis y pertenece a un círculo crítico de gente joven, es parte de esa élite que tendría un papel protagonista en Senegal durante los primeros años de la independencia.

La temática política, abordada desde comentarios y conversaciones de los personajes, nos remite a la descolonización y a la colisión entre la tradición africana y la administración colonial, y la exigencia de definirse como “negros” o “verdaderos africanos”. 

El libro es parte de la literatura escrita por mujeres sobre mujeres y su situación.  Sonia Fernández Quincoces, en su reseña de este libro encuentra un paralelismo con Mi carta más larga, obra de Mariama Bâ, representativa de esta corriente.

Se describe a las mujeres con poder y decisión dentro de la esfera privada y en algunas cuestiones familiares y de tradición, pero con muy limitada acción en el espacio público, incluso en el caso de quienes lo cuestionan e intentan vivirlo de otra manera.  El desacuerdo y la rebelión se dan más en la esfera privada o íntima que en pública, dando a entender que las mujeres no tienen demasiadas capacidades de acción o de elección incluso en el caso de personas jóvenes.  La manifestación de rebeldía o de independencia termina conduciendo a la derrota o sucumbiendo ante la presión social. 

Sobre la autora

Aminata Maïga Ka

Aminata Maïga Ka

Rokhaya Aminata Maïga Ka, nació el 11 de enero de 1940 en Saint-Louis, Senegal y falleció en Grand Yoff, Dakar el 9 de noviembre de 2005 a los 65 años.

De madre fulani y padre songhai, ama de casa y médico, respectivamente; creció en el seno de una familia musulmana atesorando buenos recuerdos de su infancia. Hablaba en su casa fulani, wolof y bambara, y fuera de ella francés.

Estudió la primaria en Kounghel  y secundaria en Thiès,  continuó en el Liceo “Eaux Claires” en Grenoble (Francia) y la Universidad en Cheikh-Anta-Diop (Dakar) donde se diplomó en inglés.  Ganó una Maestría en Inglés en la misma universidad seguida de una estancia en las universidades estadounidenses de San Francisco y Iowa City.

Su carrera profesional se inició como profesora de inglés en el Liceo Malick Sy, en Thiès. Posteriormente completó su formación superior en Gran Bretaña y asumió puestos de trabajo en la Comisión Nacional para la UNESCO, fue Asesora Técnica en el Ministerio de Educación y en la Secretaría de Estado de la Mujer. Entre 1992 y 1995 fue Agregada Cultural en la Embajada de Senegal en Roma, también Representante Adjunta a la FAO, FIDA y PMA.  Militante del Partido Socialista de Senegal fue Concejal y miembro del Comité Central del Partido y Vicepresidenta de la Asociación de Escritores del país.

Casada en segundas nupcias con el reconocido dramaturgo y periodista Abdou Anta Ka, fue madre de seis hijas e hijos. Visitó numerosos países en el transcurso de su vida: Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Malí, Guinea, Mauritania, Congo y la República Centroafricana. Viviendo en Senegal, sus casas en Dakar y Thiès estuvieron siempre abiertas para artistas con quienes compartía amistad, cineastas, pintores y principalmente escritores de la talla de Leopold Sédar Senghor, Birago Diop y Mariama Bâ, a quien apreciaba particularmente.

Sus obras publicadas son:

1985 : La Voie du Salut et Le Miroir de la Vie (El Camino de la Salvación y Espejo de la Vida) Dos historias cortas.

1989 : En votre nom et au mien (En su nombre y el mío) Novela.

1998 : Brisures de vies (Fragmentos de vida o Vidas rotas) Cuento. Además escribió numerosos ensayos sobre la condición femenina en Senegal y críticas literarias sobre las obras de Mariama Bâ y Aminata Sow Fall.

Sobre sus obras

Los temas que abordó Aminata Maïga Ka en sus obras tienen como centro las mujeres, reflejan su compromiso e intención de visibilizar temas como la violación, los matrimonios forzosos, la violencia contra las mujeres, o la ablación genital femenina entre otros, describiendo la vida cotidiana de las mujeres, su entorno, su forma de entender y de vivir las tradiciones y costumbres.  Aunque desde una mirada descriptiva más que rebelde y contestaria.

Aminata no negó considerarse feminista aludiendo que “a mi manera lo soy”, a diferencia de su amiga Mariama Bâ que lo rechazaba.

Cubierta-El camino de la salvación-Aminata Maïga Ka-2709 booksLa historia

Camino a la salvación es una novela corta que narra la historia de dos mujeres: Rokhaya y Rabiatou, madre e hija, desde la adolescencia de la primera, describiendo mundos y contextos diferentes que nos ayudan a comprender sus lógicas y su forma de actuar.  Como siempre en estas relaciones dos generaciones con formas propias de entender la vida, entre la tradición y la modernidad, entre las costumbres, la crítica y rebelión.

Rokhaya, descrita como “una mujer que había sabido encarar sin protestar todas las fealdades de la vida: la humillación por parte de su marido, las exigencias de su hija, los caprichos de su nieto, la mezquindad y la traición de sus amigas”, carga a lo largo de la historia con el peso de responder a todas las tradiciones que le inculcó su familia y que le imponía la sociedad, y Rabiatou, la hija en un nuevo tiempo y de nuevas lógicas, con estudios, que después de estudiar en “la metrópoli” regresa y ejerce la profesión de abogada, elige marido, no duda en mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio, lucha por ser independiente económicamente y participar socialmente a la par de los hombres.

Los hombres, lejos de ser protagonistas son, sin embargo, el centro de la vida de las mujeres: Baba Kounta, médico que se enamora de una Rokhaya joven y la hace su esposa, en particulares circunstancias valiéndose del chantaje a su familia, llevan durante años un matrimonio ejemplar dentro de lo tradicional, sin embargo él rechaza algunas costumbres y aleja a su esposa de la educación y formación de su hija. Y Racine Ly, joven profesor enamorado de Rabiatou a quien admira por su coherencia entre lo que dice, piensa y hace. Su matrimonio más allá de cualquier convencionalismo y tradición se debe al acuerdo de ambos, valiéndose del embarazo para forzar la permisión familiar, lo que no impedirá que después de poco tiempo él la engañe y despose a escondidas una segunda esposa.

La narradora es cercana, describe tanto lugares, situaciones como sentimientos de las mujeres que viven los hechos. Aunque el orden cronológico de la historia es claro (comienza con la muerte de Rokhaya ya abuela de un niño, para luego iniciar la historia de su vida y la de su hija), hay grandes saltos en el tiempo y quizá por ello algunos personajes se diluyen o desaparecen del relato, por ejemplo Awa, la hermana de Rokhaya o el cuñado Oumar.

Temas que cruzan la trama

Condición de la mujer

A lo largo del libro hay una serie de descripciones del “deber ser mujer” en el Senegal de aquella época, una construcción de género marcada por la tradición y las costumbres.

Más allá del duro contexto de un país en vías de desarrollo, el papel de la mujer está marcado por una vida de sacrificio y entrega, que implica sufrimientos que debe soportar por el hecho de ser mujer, esposa y madre en un destino fatídico.

Se alaba el papel de la mujer bajo estos término: “…tu madre, una mujer dulce y paciente que ha llevado sobre sus anchas espaldas a toda nuestra familia, sin protestar jamás”.

La valoración del matrimonio como sentido mismo de la vida de las mujeres es una constante.  En palabras de Rokhaya “El matrimonio es la única gloria de la mujer. Cualquiera que sean sus conocimientos o su riqueza, solo encuentra la plenitud en el matrimonio.”

La descripción del matrimonio es bastante interesante en estos términos: “el matrimonio, hija mía, es un tarro lleno de m… con una fina capa de miel.  El amor solo dura los primeros tiempos, luego vienen los gritos y las lágrimas, la amargura y la desesperación.  Es cuando tienes que mostrar valentía, perseverancia e incluso estoicismo”.  La mujer está llamada al sacrificio en pro del matrimonio, así la estabilidad y continuidad del mismo depende de ella: “tu matrimonio es una cofre cuyas llaves solo tienes tú”.

El llamamiento a la sujeción es puntual en múltiples ocasiones a lo largo del texto, la mujer deja de someterse a la familia para pasar a estar sujeta al marido:  “En cuanto te casas, perteneces en cuerpo y alma a tu marido.  Es tu único dueño y amo.  Él solo puede llevarte hacia el Paraíso en el que, por otra parte, solo entraras si le obedeces en todo.  Actúa como si fueses sorda, ciega y muda, este es el secreto de la felicidad.  Mide tus palabras cuando te dirijas a él.  Debes poner toda tu voluntad en darle plena satisfacción.”

Y el cumplimiento de esta sumisión y entrega da estabilidad y tranquilidad, así se describe el matrimonio siguiendo las recomendaciones familiares y tradicionales: “Nunca se hacía preguntas y tampoco se las hacía a su marido.  No le pasaba ninguna preocupación por la cabeza.  Su vida era sumisión y entrega de sí misma para la felicidad exclusiva de su marido.”  La mujer no se cuestiona, no piensa, no interactúa con su marido, se somete… posteriormente se verá lo duro que esto resulta para Rokhaya cuando pierde voz y voto sobre la formación y educación de su hija, por mucho que le duela se somete a la voluntad de su esposo.

Las ocupaciones de Rokhaya se resumían en la entrega a su marido, “Apenas volvía su marido del trabajo, corría hacía él para cogerle el maletín. Después le quitaba los zapaos, le traía sus sandalias y agua fresca.  Le servía la comida, le troceaba ella misma la carne o el pescado, le acercaba las verduras. Le secaba el más mínimo sudor que perlaba su frente y lo abanicaba”.

Pero esta sumisión no era garantía de nada, ella se da cuenta que su marido tenía vida social fuera de casa que ella no podía evitar y en la que no podía participar por falta de conocimientos, de opinión; por eso se preguntaba “¿Se habría equivocado tía Aïssé al enseñarle que un marido se doma por el sexo, la presentación de platos suculentos, una sumisión aparente por parte de la mujer y una cara siempre agradable?

El tener hijos como pilar del matrimonio, también es una carga que lleva la mujer, cuando el cuñado cuestiona por qué Rokhaya no tiene aún hijos, la esterilidad es entendida como castigo divino. “…su preocupación por no haber concebido después de dos años de matrimonio. ¡Qué crimen no dar a luz a un niño! ¡Automáticamente se le echa la culpa a la mujer! ¡Se rechaza y aborrece la esterilidad! ¡La verdadera muerte consiste en no dejar ninguna imagen propia de este mundo!”  El castigo inminente para la mujer suele ser el repudio o la posibilidad inminente de verse desplazada por una rival, por una nueva esposa. Se pregunta Rokhaya “¿Acaso la peor calamidad para la mujer africana no es la de no procrear?”

Lo mejor para los hijos, para la hija en este caso, se vive desde dos perspectivas, la de Baba Kounta que se rebela contra algunas prácticas como la escisión (ablación) y el tatuaje “A menudo reprobaba a Rokhaya cuando ella profería, en presencia de su hija, ideas que él consideraba bárbaras y retrógradas”, él pone la educación en el centro, procurándole los mejores estudios “Quería preparar a su hija para el mundo del mañana: progresista, moderno, combativo”.  Y por otra parte la mirada de Rokhaya preocupada por cumplir tradiciones, costumbres y recomendaciones místicas, no se descuida realizar sacrificios por la salud y bienestar de su hija, ella “…sabía que existía un mundo invisible que la racionalidad de los blancos nunca sabría descubrir. A escondidas seguía «protegiendo» a su hija”.

Estas diferentes miradas en la educación de las y los hijos, marcarán también la brecha entre las dos mujeres, entre madre e hija. Frente a las normas y formas de ser mujer que marcan la vida de una Rokhaya joven y sumisa, encontramos una mujer diferente en el papel de la hija, de Rabiatou que crece bajo otras lógicas, a quien su padre la mantiene alejada de algunas tradiciones y costumbres, a quien le procuran la mejor educación y estudios, que termina la carrera en “la metrópoli” y quien al regresar es crítica con las formas que esperan de ella su madre y la sociedad.

Rokhaya “…no estaba acostumbrada a salir. Le habían enseñado que la mujer debe quedarse en casa.”, y se cuestionaba la forma de actuar de su hija, tan diferente a la forma en la que ella entendía ser mujer: “…veía a su hija salir cuando le parecía, a veces incluso sin avisarla…quizá el contacto con los blancos había hecho a su hija una chica atrevida. O a lo mejor era el trabajo y la autosuficiencia lo que la había liberado, al ser menos dependiente de los demás”.

Bajo las lógicas de sumisión, la madre sufre al no compartir con la hija muchas formas de pensar y actuar, pero no es del todo incomprensiva con respecto a las formas con las que regresa de Francia “Rokhaya no compartía las ideas de su hija. Pero no podía condenarlas.  En un mundo en el que se lucha por sobrevivir, en el que el más astuto y el más pérfido le gana siempre al hombre honrado, era mejor dejar que su hija entrara en esa vorágine desenfrenada que era la vida moderna”.

Sin embargo, habrá temas en que el peso de las tradiciones, las costumbres, la dignidad y la honra familiar e individual entran en juego y son temas fundamentales.  La decisión de casarse y aceptar a un pretendiente más allá de un acuerdo familiar o del pago de la dote, será una cuestión importante para la madre como transmisora de estos “valores”.

En la época y contexto que se pidió la mano de Rokhaya, la dote reflejaba “lo profundo de los sentimiento se miden según la importancia de los actos materiales”; y contra esta idea se rebela otra generación que la cuestiona desde lo práctico. Rabiatou lo hace en estos términos: “Madre, el ser humano en especial la mujer no puede comprarse. ¡La mujer no tiene precio! Millones y millones no pueden compensar la molestia de los embarazos, el desgarro del parto, las noches en vela cuidando de los hijos enfermos, las faenas domésticas, los múltiples sacrificios de una madre y esposa.”  Frase que aunque cuestiona la costumbre y el valor de la dote, realza el valor, el sufrimiento y la carga que implica para la mujer la vida en matrimonio.

La cuestión de la dote y las formas del matrimonio que se imponían, posponen la boda, Rabiatou se rebela y queda embarazada y la madre se cuestiona “¿Qué había hecho para merecer semejante afrenta? Siempre se había resignado, siempre había aceptado las exigencias de su marido. ¿No eran esas las condiciones para tener buenos hijos? Y sin embargo su hija, su única hija, se rebelaba contra ella, se negaba a obedecerle y solo quería actuar conforme a su propia voluntad.”

Ella es consciente que su hija lo hizo saltando todas las normas que ella consideraba elementales de honor y dignidad, por que manifestaba así su independencia, para evitarle al novio todos los gastos y ceremonia que le parecían inútiles y se negaba a cumplir.

El embarazo, mayor bendición para una mujer, es vivido como la peor desgracia si es fuera del matrimonio y es un tormento particular para la madre que no ha cumplido correctamente su papel, “¿Quedarse embarazada acaso no era la vergüenza más grande para una muchacha? Su hija y ella misma serían durante meses objeto de habladurías en el barrio. Rokhaya sintió como un puñal se le clavaba en el corazón.

La carga pasará luego a Rabiatou que una vez casada, con un hijo y embarazada del segundo, lleva por poco tiempo la vida que imaginaba.  Su marido no tarda mucho tiempo en cambiar de vida, aunque en principio cuestiona y critica a sus amigos, termina haciendo lo mismo, dejando a su mujer en casa, reduciendo la vida social que llevaban juntos, buscando una “drianké” (cortesana) como amante a quien convierte en su segunda esposa.

Rabiatou comienza a cuestionar su propia forma de ser y de actuar  cuando su marido cambia “Quizá ella fuese demasiado europea, y no bastante africana… era una buena ama de casa.”  Duda y busca en ella el fallo por la actitud de su marido: “No podía recordar ni una sola pelea con su marido. Sin embargo notaba que Racine se le escapaba como la arena entre los dedos. No podía contárselo a nadie. Sabía la respuesta que le darían. Encerrada en su silencio y su soledad, permanecía sentada en el salón durante horas…”

No podía contárselo a nadie, su sufrimiento era el precio por haberse negado a cumplir las tradiciones, sabía que le atribuirían esa carga si lo hablaba con alguien, la carga y la culpa caerían sobre ella.  “Se habían esfumado sus ilusiones de juventud, su dignidad y amor propio estaban siendo pisoteados”, “Todos sus sueños se veían aniquilados”.

Pese a que ella contaba con recursos económicos para vivir sola con sus  hijos, temía por los múltiples problemas que ello implicaba, la soledad y el estigma, pensaba que “no tenía el derechos de privar a sus hijos de su padre”.

El final de ambas mujeres es trágico, Rokhaya muere enferma en una operación que temía pero a la que accede por superar los fuertes dolores que la aquejaban; y Rabiatou enterada por su mejor amiga, Sokna, que su marido ha tomado una segunda esposa y ha alquilado una casa llena de lujos para ella, con el dinero de ambos, muere de un infarto de miocardio, incapaz de asimilar la traición y el sufrimiento en el que se hallaba sumida.

Tradiciones y costumbres 

Marginalmente se abordan en el libro varios temas sumamente interesantes que describen la forma de pensar y actuar, las tradiciones vigentes en la época.  Entre ellas la práctica de la ablación o escisión que desde el punto de Baba, joven médico, es una aberración que condena.  Es interesante el dato que en Senegal en el año 2005 se diseñó un programa para la eliminación de mutilación genital femenina que logró que más de 1600 localidades dejaran la práctica, lo que representaba el 30% del total.

Son sumamente interesantes las descripciones de las formas tradicionales de pedir a la mujer en matrimonio, se entiende en la solicitud de Baba Kounta que era una decisión unilateral, él lo pide o solicita a la familia, ella no tiene ningún papel en la toma de decisión.  La descripción del pago de la dote (warugal), la ceremonia de boda, la reclusión de la novia por 4 meses, el contenido del ajuar y la implicación de la comunidad en todo momento.

Juegan un papel importante a lo largo de la historia los morabitos y las personas relacionadas con los “djinn” o espíritus invisibles, benéficos o maléficos, como la vieja Diouldé “que se había ganado la fama de curar la esterilidad” y se ofreció a ayudar a Rokhaya cuando no podía quedar embarazada o para llevarse bien con el cuñado.

Queda corto este trabajo para profundizar en la lógica comunitaria que se refleja a lo largo del libro, sobre todo en el primer contexto más rural y arraigado a las tradiciones y costumbres, para ellos “compartir es el centro de la vida en África” y así lo manifiestan en lo bueno y en lo malo, tanto para lamentar la muerte de una pequeña hija como para celebrar y entregar en matrimonio a una hija de la comunidad.

La dignidad y la honra, fundamentales en la construcción personal y en la valoración familiar, en el relato lo describe la familia de Rokhaya: “más que la pérdida de la libertad, Demba temía la deshonra que mancillaría para siempre su descendencia. ¡Antes la muerte que la vergüenza!”.

Construcción de identidad

Desde lo político

Hay dos momentos, en el primero los protagonistas del diálogo son exclusivamente  hombres, Baba Kounta y sus amigos que piensan: “Ahora más que nunca debemos organizarnos para hacer frente al invasor y reivindicar nuestros derechos.”, claramente posicionados en contra de la colonia y esperanzados en que “los frutos de nuestros sacrificios los recogerán nuestros hijos. Quizá tengan la suerte de crecer en un África libre y próspera, dirigida exclusivamente por negros.”

Eran críticos y realistas con esa África independiente que veían como un sueño, esa libertad costaría vidas, pero había aún una cuestión más: “Cuando se hayan marchado, ¿sabremos asumir solos nuestro destino, digna y honrosamente? ¿y si la independencia fuese un regalo envenenado, con su procesión de males: subdesarrollo, malnutrición, carencias de todo tipo? ¿qué nos quedará después de la sangría económica que ha vaciado nuestro país durante siglos? ¿dónde está el camino de la salvación? ¿en la esclavitud o en una libertad truncada, teledirigida?”.

Años más tarde, la reflexión de los jóvenes preocupados por la política sería distinta, criticaban el poder de los barones del régimen, anclados en el poder, pero también preocupados por el papel de la nueva generación: “…yo ya no confío en los jóvenes. Persiguen las mismas metas que los mayores: con ganas de enriquecerse, ambiciosos, lo quieren todo en muy poco tiempo. Son auténticos buitres”.

Reflexiona al respecto el grupo de amigos de Racine en que está incluida y opina Rabiatou: “Nuestro país no sólo ha sido arruinado por lo insaciables que eran nuestros gobernantes sino también y fundamentalmente porque el régimen no sigue una política que corresponda a sus posibilidades. Los gastos suntuosos se han tragado el presupuesto. Europa aún nos tiene agarrados por mucho tiempo.”

Desde lo personal

Ese camino de la salvación público y político será también personal en la vida de las mujeres protagonistas de la historia.

En medio de ese camino, en ese tiempo de tránsito político, también está la construcción de “ser africano”, subsiste la cuestión sobre ¿hasta qué punto aceptar, admitir, apreciar lo occidental y en qué medida valorar y conservar las tradiciones, qué tradiciones?

Un primer aspecto personal se vive desde la percepción de Rabiatou al volver de Francia: “Ella, que se las ingeniaba para imitar al blanco hasta en su manera de vestir y su manera de hablar, se prometió a sí misma que iba a volver a ser la negra de la que quiso renegar.  Su vida le había abierto los ojos: hiciera lo que hiciera, jamás sería una blanca”.

La definición del yo, desde el otro, el yo negro en contraposición de “lo blanco” se presenta en todo momento, desde la valoración de lo tradicional abrazado como consigna, hasta los cambios de la modernidad, de los conocimientos de la gente que ha recibido educación formal occidental.

La contradicción sobre la que protestaba Racine cuando sus amigos le exigían salir sin su esposa “¡Me sobrepasa que unos intelectuales razonen como lo estáis haciendo!” recibía esta respuesta: “Intelectuales, intelectuales…No por ello hemos dejado de ser negros.”

La alusión al orgullo de la africanidad y a determinadas tradiciones es utilizada por los hombres a su antojo para justificarse, en teoría eran modernos y hablaban de derechos e igualdad entre hombres y mujeres, pero a la hora de tener amantes o llevar vida social excluyendo a sus mujeres se alude el “ser negros”, para justificar comportamientos machistas a conveniencia.

Ya se ha visto en el análisis de la situación de las mujeres que igual crítica y dicotomía tendrán ellas, cuando Rabiatou es cuestionada (y se autocuestiona cuando las cosas no le van tan bien como esperaba)  si es “poco negra”, o “muy europea” por estudiar, ser abogada, ser independiente económicamente, llevar una relación igualitaria (a su manera) con su marido, saliendo y compartiendo la vida social.

Creo que ese es el camino que pretendía reflejar en este relato la autora, ese momento de definiciones y cuestiones, esa construcción e identidad, entre lo tradicional y lo moderno (por llamarlo de alguna forma), esas valoraciones en las que las mujeres están en el centro, como transmisoras y defensoras de la tradición y de las costumbres, pero también como mujer que van ganando, no sin dificultad, mayores espacios de participación y protagonismo de su propia vida y en la sociedad.

‘Staying Power’ : Autorepresentación de la comunidad Afrobritánica.

El Victoria & Albert Museum en colaboración  con Black Cultural Archives en Londres  presentan en este momento la exposición  ‘Staying Power. Photographs of Black British Experience 1950-1990’. Fotografías de la diáspora africana en el Reino Unido desde 1950 hasta 1990 tomadas por fotógrafos de la misma comunidad afrobritánica y comisariada por Kimberly F.Keith. La muestra trata temas que van desde la  estética africana personal hasta la decoración de casas afrobritánicas, de la migración tras la segunda guerra mundial a la moda hip-hop del sudeste de Londres. Las técnicas fotográficas presentadas también son variadas: desde el autorretrato al reportaje explorando temas como identidad, representación, comunidad y estilo. La selección de fotografías se llevó a cabo por un equipo formado con personal de ambas instituciones y con la colaboración de periodistas, historiadores de arte y sociólogos.

Norman 'Normski' Anderson fué parte de la escena musical hip hop de 1980. Fotografió la cultura juvenil británica para revistas como I-D o Vogue. EL Hip-Hop era visto como una expresión moderna de conciencia negra. Combinaba elementos deportivos con  detalles que representaban la herencia africana como las telas del oeste africano o el kente.

Norman ‘Normski’ Anderson fué parte de la escena musical hip hop de 1980. Fotografió la cultura juvenil británica para revistas como I-D o Vogue. EL Hip-Hop era visto como una expresión moderna de conciencia negra. Combinaba elementos deportivos con detalles que representaban la herencia africana como las telas del oeste africano o el kente.

El proyecto fundado en 2008 por ambas instituciones con el apoyo de Heritage Lottery Fund, ambiciona incrementar la posesión de obras de fotógrafos afrobritánicos en el museo, la representación de la comunidad afrobritánica y el legado de esta en el Reino Unido. El título está inspirado en el libro del escritor marxista Peter FryerStaying Power: The History of Black People in Britain‘, 1984. Testimonios orales de los fotógrafos presentando sus trabajos están también a la disposición de los visitantes gracias a Black Cultural Archives.

Aunque el proyecto no puede ni pretende retratar la magnitud de un tema como este, si que presenta ejemplos de temas sociales, culturales y políticos que trataron fotógrafos afrobritánicos para retratar a su comunidad en este periodo de tiempo. Educación, activismo, y campañas como ‘From protest to progress’ – de la protesta al progreso- son trabajos que en la muestra nos ayudan a comprender mejor algunas de las experiencias que conforman el viaje que bajo ese lema aún continua. Experiencias contemporáneas de la segunda mitad del siglo XX en una cuestionable sociedad post-racial.

tumblr_lhfu7ondf21qcnjfeo1_500Se puede visitar en el museo Victoria & Albert  hasta el 24 de mayo, y en Black Cultural  Archives hasta el 30 de junio. Mientras que  Victoria & Albert Museum es un museo de arte  y diseño y la muestra está más enfocada  a  temas de estilo, diseño y moda, en Black Cultural  Archives, se encuentra la parte más socio-política en tanto que institución enfocada a temas  sociales , culturales y políticos. Recursos clave  incluyen documentos como el que marcan el desarrollo de la Organización de mujeres de descendencia asiática y africana de 1970 (OWAAD).

Otro de los temas clave que aborda la exposición es la música. Parte importante de la vida de las personas de cualquier contexto sociocultural.

El soundsystem que es un grupo de disk jockeys (Djs), técnicos de sonido y masters de ceremonia (MCs) que cargaban con un camión/remolque de grandes altavoces, tocadiscos, generador y colección de vinilos (inicialmente R&B americano y más tarde reggae, rocksteady, ska y música local) se desarrolló en Jamaica en 1950 y se exportó a Inglaterra en 1960 con la  llamada generación Windrush , migración post segunda guerra mundial de jamaicanos que llegaron en la embarcación Empire Windrush tras un llamado en prensa en la isla solicitando personas que ayudaran a reconstruir el Reino Unido en 1948.

Charlie Phillips - Pareja en Notting Hill, Londres, 1967.

Charlie Phillips – Pareja en Notting Hill, Londres, 1967.

Soundsystems empezaron a aparecer en fiestas privadas y eventualmente en clubs y eventos públicos como el Carnaval de Notting Hill fundado por la activista, comunista y feminista trinadiense Claudia Jones en 1966 en respuesta a la discriminación. Uno de los estilos musicales que sonaban en los soundsystems era el ska, originado a finales de 1950 en Jamaica como una mezcla de mento caribeño, jazz, R&B y calypso, que revivió en Reino Unido en 1970 como mezcla del ska jamaicano y el punk rock. 2-tone records fue uno de los mayores exponentes de este revival con The Specials, banda cuya popularidad ayudó a crear un movimiento que fusionaba aspectos del baile y la moda retro británica y caribeña con una agenda política que promovía la igualdad social.

Este proyecto ha incrementado notablemente el número de fotógrafos afrobritánicos en el Victoria & Albert Museum, lo que es significativo porque es sumamente importante en la cuestión de ‘quién’ representa al representado. La comunidad afrobritánica ha sido numerosamente representada como objeto de estudio pero raramente como sujeto de prácticas de representación para narrar sus propias historias. Esta vez lo han hecho en el museo de diseño más significativo del mundo y en el primer centro inglés de herencia negra nacional.

 

Una vez más, el arte se pone al servicio de la sociedad para mirar hacia nuestra propia experiencia humana. Con propuestas como la de Staying power invocamos sentimientos de comunidad, exploramos retos sociales contemporáneos y aspiramos a crear un espacio habitable más equilibrado libre de prejuicios.

 

 

Zukiswa Wanner: sinceridad sin complejos

La escritora Zukiswa Wanner. Fuente: editorial Kwela

La escritora Zukiswa Wanner. Fuente: editorial Kwela

Zukiswa Wanner es una prometedora escritora africana. Sí, africana. Quizá lo de prometedora es más discutible, porque no tiene nada de promesa, sino que es una auténtica realidad que se ha hecho acreedora de algunos de los premios más importantes. Sin embargo, su carácter africano se ha puesto en duda y ese es el segundo de los motivos por los que merece la pena prestarle atención. El tercer elemento que lleva a interesarse por Zukiswa Wanner es que se ha convertido en una de las autoras africanas más provocadoras en sus comentarios y con una posición menos políticamente correcta en cuanto a la industria editorial y la hegemonía occidental, por ejemplo.

En relación con el primero de los elementos. Wanner fue una de las seleccionadas para la antología Africa39, la selección de los 39 escritores africanos de menos de 40 años que realizó un equipo liderado por Binyavanga Wainaina para Hay Festival en 2014. Antes, Zukiswa Wanner había estado entre los finalistas del K. Sello Duiker Award en 2007 por su primera novela The Madams y también entre los finalistas del Commonwealth Writers Prize en 2011 por la novela Men of the South.

londonwannerDespués de haber liderado algunas antologías sudafricanas y haber publicado libros infantiles, Wanner ha regresado a la novela con London, Cape Town, Joburg, editada en 2014. En su último trabajo, la escritora hace un particular repaso por la historia reciente de Sudáfrica y, por el momento más crucial de los últimos años, el acceso a la democracia después del apartheid. La particularidad de la novela de Wanner es el enfoque desde el punto de vista de un sudafricano que vuelve a su país en un momento de esperanzas después de haberse criado en Reino Unido. Este encuadre permite a la autora tratar el tema de la identidad, la del protagonista sudafricano en la sociedad británica, pero también la de su mujer blanca en una sociedad sudafricana que aparentemente había superado las barreras raciales. Y a esas profundas cuestiones se añaden otras más cotidianas, como la convivencia, la paternidad o la búsqueda de una vida mejor (se puede leer aquí un extracto inicial del libro).

Curiosamente, y ya atendiendo a ese segundo aspecto atractivo de la autora, Zukiswa Wanner se encontró con dificultades para encontrar apoyos que le ayudasen a sacar adelante su idea, a pesar de la trayectoria que ya se ha mencionado. Primero pretendía que fuese un guión para una película, pero tuvo que desistir. Decidió convertir su idea en una novela, pero tampoco le resultó fácil encontrar un editor. Al parecer, al otro lado de las puertas a las que llamaba le decían que la historia no era suficientemente africana. De nuevo nos encontramos con una cuestión que en esta sección se ha tenido que tratar a menudo debido a los prejuicios que todavía existen en la industria editorial: los temas sobre los que puede y debe escribir un autor africano.

Hemos dejado los apuntes biográficos para este momento. Zukiswa Wanner nació en Zambia, creció en Sudáfrica y después se trasladó a Kenia. Pero es cierto, la escritora no respeta los cánones, no cumple con los prejuicios y en vez de tratar en sus historias la turbulenta relación entre un empleador blanco y sus empleados negros, prefiere romper esquemas y dibujar las también existentes fricciones, entre el negro que da trabajo y los negros que trabajan para él, por ejemplo. Sin duda eso, no seguir las líneas de lo previsible, escribir sobre la realidad como es y no como nosotros nos la imaginamos hace que algunos consideren que sus historias no son africanas.

La última de las cuestiones que llama la atención sobre Wanner es su incómoda honestidad. Sus declaraciones pueden interpretarse como provocativas, cuando no dejan de ser desnuda sinceridad. Por ejemplo, cuando se refiere a estas cuestiones relacionadas con la escritura y pone en duda “las líneas raciales o de género que los escritores no pueden cruzar” y explica que ella, voluntariamente, ha decidido sobrepasarlas.

En la misma línea, hace unas semanas Wanner levantó algunas ampollas con la siguiente declaración en la web This Is Africa: “Estoy más emocionada si mis libros se pueden leer en Congo Brazzaville o Cabo Verde, de lo que estaría si estuviesen disponibles en Bélgica o Portugal”. Evidentemente estas confesiones tenían un contexto. Por un lado, esos comentarios en el que se cuestionaba su “africanidad” y, por otro, la reafirmación de que su público está en el continente. El contexto de las declaraciones decía que si sus libros eran traducidos prefería que llegase al resto del continente africano que a Europa. En todo caso, estaba muy presente el análisis sobre la industria editorial africana y sobre la necesidad de generar espacios, al estilo de premios, que animen la producción y la independencia cultural del continente.