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La cultura del vinilo tiene un guardián en Kenia

Por Megan Iacobini de Fazio (texto) y Rachel Clara Reed (fotos)

James ‘Jimmy’ Rugami, propietario del Stall 570 en el mercado Kenyatta Market de Nairobi.

James ‘Jimmy’ Rugami, propietario del Stall 570 en el mercado Kenyatta de Nairobi. Foto de Rachel Clara Reed.

Hay un hervidero de actividad en los callejones estrechos y serpenteantes del Kenyatta Market*. Las mujeres se sientan en sillas de plástico, con los pies sumergidos en un cuenco con agua tibia enjabonada para sus pedicuras, dos damas fijando y retorciendo frenéticamente cabello de plástico falso en sus pulcras trenzas. En los pequeños y abarrotados puestecillos, hay hombres inclinados sobre las máquinas de coser, haciendo vestidos de kitenge** colorido, mientras los comerciantes caminan vendiendo huevos duros, joyas Maasai y maíz amarillo.

Escondido en el rincón reservado para la carne está el puesto 570 (Stall 570), donde James ‘Jimmy’ Rugami ha vendido música desde el año 1989. Emergiendo de un viejo tocadiscos, los sonidos rumba y lingala flotan en el aire y se mezclan con las aromas ahumadas de carne asada. Un poster de Lionel Ritchie autografiado y la sensual expresión de Mariah Carey miran hacia fuera desde una de las paredes, invisibles debido a los carteles y las fundas de LP – cualquier cosa desde la banda sonora de la Naranja Mecánica a los clásicos afro-cubanos de Tabu Ley o la música Disco de la Motown.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Justo aquí, entre los puestos de venta de carne de vaca y carne de cabra, hay uno de los pocos lugares de Nairobi en el que se venden discos de vinilo. Aunque la ciudad fue una vez el centro musical de África del Este, con discográficas independientes y compañías de grabación multinacionales estableciendo sus sedes regionales aquí y una fábrica de prensado en funcionamiento hasta inicios de los años 90, los vinilos antiguos son difíciles de encontrar. En el centro de Nairobi, frente a una ruidosa calle de la estación de autobuses, está Melodica Music Stores, uno de los pocos lugares a parte de la tienda de Jimmy que vende discos. Fundada en 1971, Melodica ha grabado y producido cientos de discos en África Oriental, muchos de los cuales aún se pueden encontrar, amontonados y sin sonar, en el almacén de la tienda. Pero mientras que Melodica es un tesoro para los singles africanos originales y vírgenes, Stall 570 es el único lugar en la ciudad que tiene una colección grande de LPs y de singles para la venta.

Dividido entre dos puestos adyacentes, la tienda está repleta de discos, cintas, viejos tocadiscos, algunas cámaras de cine vintage e incluso algunos viejos discos de goma laca. Jimmy, un hombre amistoso de unos sesenta años que nunca se ve sin su caperuza, normalmente se puede encontrar desembalando cajas de trovadores de vinilo recién descubiertos o excavando discos para sus clientes.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Mi familia no era una familia de músicos. La primera vez que vi una radio – no un reproductor de discos o casetes, sólo una simple radio – estaba en la escuela secundaria. No habría un tocadiscos en nuestra casa hasta 1979”, dice Jimmy.

En la década de los ochenta se ganaba la vida comerciando con ropa en Meru, una ciudad en las colinas verdes y fértiles de Mount Kenia, cuando una picazón por algo más emocionante y un tocadiscos roto regalado por su hermano empezaron con su nuevo negocio. “Tan pronto como reparé la máquina me dirigí a Nairobi y gasté todos mis ahorros en discos. Eso fue en 1986”.

“La escena musical era bastante vibrante, siempre se me invitaba como DJ para pinchar en discotecas, clubes locales y especialmente en los cuarteles del ejército. Yo solía pinchar principalmente cosas africanas – discos locales en Kikuyu y Kamba y pocos en Zairua, la música de la actual República Democrática del Congo”, dice Jimmy.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Pero el estilo de vida errático de DJ comenzó a cobrarse su peaje – “Me encantaba la vida en el “carril rápido”, repleto de fiestas y de damas”, dice mientras una sonrisa mal ocultada se arrastra por su cara – y Jimmy se trasladó con su familia a Nairobi en búsqueda de algo más estable. Así, en 1989, el ya legendario puesto de Kenyatta Market comenzó a vender música, abarrotado entre carnicerías que vendían carne de vaca, carne de cabra y pollo. Poco ha cambiado desde entonces: la tienda se ha expandido para incorporar el puesto al lado, la variedad de géneros ha crecido y la base de clientes se ha ampliado, pero el encanto del lugar se ha mantenido intacto.

“La ubicación es genial, me alegro de que Jimmy eligiera quedarse en el ambiente local del Kenyatta Market”, dice Thomas Gesthuzien, un coleccionista que ha pasado muchas horas felices investigando en la tienda.

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Foto de Rachel Clara Reed.

La tienda ha sobrevivido a la decadencia del vinilo, la popularidad de las cintas, el nacimiento de CDs y la amenaza de la piratería, adaptándose a las tendencias cambiantes. En sus primeros años Jimmy vendió principalmente cintas del este de África: “Solía conducir todo el camino hasta Dar es Salaam, luego tomaba un barco a Zanzíbar, donde compraba las cintas. Allí es donde la conseguía mejor material, especialmente jazz, que en Nairobi era inaccesible o muy caro”. Pero cuando los discos no vendían nada, algo le decía a Jimmy que comprara vinilo cada vez que lo encontrara, y pronto acumuló una gran cantidad de discos, colecciones de grabaciones extranjeras y africanas. Podría pasar seis meses sin vender uno, pero Jimmy no podía dejar de recogerlos.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Empecé a notar un cambio hace unos 10 o 12 años, la gente entraba en la tienda y prestaba más atención a los pocos discos que tenía aquí. Ahora, la tienda vende casi exclusivamente vinilo, en su mayoría música occidental antigua, con una gran colección de 7 “s del este de África y algunos 12″ s”: En un lado guarda los álbumes, mientras que en el otro alberga una gran colección de singles. Escondido en los estantes inferiores en una de las esquinas están los kenianos, divididos en los varios idiomas locales: Swahili, Kikuyu, Kamba, Luo, y Luhya. Junto a ellos hay una selección igualmente grande de Lingala – el idioma de la República Democrática del Congo.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Él es el único que satisface a una creciente multitud de Nairobi – especialmente los kenianos de nacimiento, no sólo los expatriados – de amantes del vinilo, y lo hace con verdadera pasión por la música”, dice Thomas, que encontró a Jimmy en una mención en Internet hace cinco años. Thomas – alias Gioumanne / J4 / Jumanne – es un DJ y coleccionista que hace investigaciones y licencias para la reedición de música para sellos como Strut, Soundway, Afro7 y Rush Hour. Ha estado dirigiendo African Hip Hop – un sitio web cuyo objetivo es “unificar a todos los que están inspirados por el hip hop y por las culturas de África y de origen africano” – desde 1997 y ha estado trabajando recientemente en la recopilación del Kenya Special Second por Soundway Records.

“Encontré uno de los primeros discos de la compilación en la tienda de Jimmy. Es un single de Afro Rock de una banda llamada Awengele, y cuando lo puse en los platos, él dijo en broma: “Si hubiera sabido sobre su existencia, lo habría guardado para mí mismo”, y procedió a vendérmelo a un precio muy ventajoso”, explica Thomas.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Jimmy dice que mientras que la mayoría de los extranjeros vienen buscando material africano, los kenianos tienen un gusto ecléctico, buscando música local e internacional de  igual forma.

“En casa escuchamos de todo, desde lo africano al rock internacional, el blues, el soul, el pop, lo instrumental, lo clásico y el reggae”, dice Angela, una de las clientes habituales de Jimmy. “Crecí en torno a la música y el viejo tocadiscos de Phillips siempre ha estado en el centro de nuestras reuniones familiares”. Hasta que se enteró de la tienda de Jimmy, Angela compraba discos por Internet. “Pero prefiero la verdadera felicidad de ir a la tienda del mercado Kenyatta para pasar horas cavando y buscando el tesoro”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

El interés local por la música del este de África está definitivamente en alza, como lo demuestra la popularidad de iniciativas como Santuri Safari – Santuri significa “vinilo” en swahili – una red de DJs, productores, músicos y activistas culturales que apuntan a “cerrar la brecha entre artistas tradicionales, instrumentos, ritmos y culturas y la vanguardia de la escena musical underground global». Esa Wiliams – el DJ sudafricano con sede en el Reino Unido, cuyo nombre se puede encontrar en la aclamada Highlife World Series– forma parte de la red Santuri y visitó la tienda en 2015 con el cofundador de Santuri y el DJ británico David Tinning. “Yo estaba más interesado en la historia detrás de Jimmy, los discos que ha estado recolectando y también en cómo terminó en un mercado de carne”, dice Esa. “Hablamos un par de horas sobre la historia de la tienda, sus clientes habituales y la colección, y después de eso tuve tiempo de investigar y conseguir algunos discos de su colección – Letta Mbulu, Tabu Ley Rochereau”.

David Tinning, un verdadero aficionado del vinilo con una pasión que abarca desde el dub jamaicano hasta el afro funk, el disco y el techno, encontró algunos discos de boogie y disco de los años 80 para agregar a su colección. “Muchos de ellos tenían nombres de sus anteriores dueños, a menudo bandas o DJs que estaban activos en Nairobi en los años 80 o 90, lo cual me parece fascinante”. El cofundador keniano de Santuri, Gregg Tendwa, ha encontrado algunas canciones de Benga para su archivos, un hallazgo útil ya que él también es la mente que hay detrás de Bengatronics – un sonido que combina la electrónica de vanguardia, ritmos irresistibles de Benga y riffs de guitarra dulces como la caña de azúcar.

Thomas está de acuerdo en que los jóvenes de Nairobi están escuchando la música del este de África con renovado interés: “cuando me presenté en un evento mensual llamado We Love Vinyl (Queremos al Vinilo) pinchando 100% música local – a menudo procedente de la tienda de Jimmy – la gente me miraba extrañamente, pero últimamente les encanta y la mera disponibilidad de estos clásicos y grabaciones olvidadas han ayudado a que los jóvenes descubran su patrimonio musical”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Pero a medida que aumenta la popularidad de la música africana entre los kenianos y los extranjeros, adquirir existencias es cada vez más difícil para Jimmy. “Tristemente, como puedes ver, este es el único 12″ africano que tenemos”, dice, señalando una estantería y una pequeña pila de cajas. “No hay más producción por aquí y se están volviendo más y más difíciles de conseguir”. A veces la gente trae sus discos y le pide a Jimmy que los digitalize; “pero otras veces”, dice, “me veo forzado a actuar como un depredador”.

Él tiene una red de hombres en punto de diferentes regiones de Kenia, y algunos en Kampala, Uganda, que le informan cuando se encuentran con personas con un bastante material. “Si no quieren deshacerse de ellos, les doy a sus familias mi número, y espero”. En una de mis visitas al puesto, Jimmy acaba de recibir una gran cantidad de LPs, en su mayoría africanos y en excelentes condiciones. “Éstos me fueron dados justo por el hijo de una señora que falleció hace dos semanas. Él no está interesado en mantenerlos, así que le daré algo de dinero y la música en formato digital a cambio”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

A pesar de los desafíos para la obtención de vinilos de buena calidad, Jimmy es positivo y cree que el futuro de Stall 570 será próspero.

Esa Wiliam también está de acuerdo en que el pequeño puesto en el mercado de la carne está hecho de cosas más duras que la mayoría de las tiendas de discos: “lugares como el de Jimmy siempre estarán vivos mientras las tendencias van y vienen. Pueden no ser tan populares como las tiendas de discos en Occidente, pero mantienen vivo el espíritu vinílico”.

Para Jimmy, la tienda tiene que ver con la identidad y las raíces tanto como con la música. Él cree que sería una gran pérdida para las generaciones futuras olvidar su historia musical, y siempre está dispuesto a transmitir sus conocimientos a los clientes más jóvenes. De vez en cuando da la bienvenida a fiestas escolares y les enseña sobre las tradiciones musicales de África Oriental.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Una nueva generación con talento está surgiendo en estas comunidades”, dice Esa, “y es importante tener un lugar como la tienda de Jimmy como referencia para acceder a todos los diferentes estilos de música que se publicaron en diferentes regiones de África”.

Habiendo sido el único encargado del puesto desde que empezó, la única preocupación de Jimmy es quién lo tomará. Él ya trabaja siete días a la semana, y rara vez toma un descanso, con miedo de perder la oportunidad de ayudar a alguien a encontrar su nuevo récord favorito. “El desafío es encontrar a alguien que quiera hacer esto por pasión, no por dinero”, dice Jimmy. “Para mí, esto ha sido un trabajo de amor. He podido pagar a mis hijos la escuela y la universidad gracias a mi tienda de discos, pero nadie va a enriquecerse con ella”. Afortunadamente, el sobrino de Jimmy, Patrick, comparte el interés de su tío, y, en palabras de Jimmy, está siendo “preparado” para asumir la tienda. “Tengo planes de expandirme”, dice Patrick, “pero nunca la movería. Este lugar tiene raíces. El puesto 570 es el lugar donde nació esta tienda, y donde siempre estará”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Este artículo ha sido publicado originalmente, con el título ‘The vinyl man of Kenyatta market’ en la revista The Vinyl Factory.

Traducido por Gemma Solés i Coll. 

*El Kenyatta Market es uno de los principales mercados de Nairobi.

**El Kitenge es un tipo de tela típico del África del Este.

Cinco edificios para rascar el cielo africano

Damos un paseo por cinco ciudades con cinco de los rascacielos más altos del continente.

Treesha: “las mujeres somos objeto de críticas en todo lo que hacemos”

Patricia Wambui Mwaura nació y creció en Nairobi, una ciudad donde la música ocupa los espacios más cotidianos e insospechados. Hija del ya desaparecido Capitán John Ben Mwaura, cantante y guitarrista, empezó a cantar a los ocho años influenciada por los vinilos que su padre le ponía en casa. Aretha Franklin, Tracy Chapman, Bob Marley o hasta Destiny’s Child fueron dando forma al estilo de la keniana que, más influenciada por los sonidos afroamericanos que por la música Benga o el Taarab swahili, se aficionó al RnB y al reggae.

Después de trasladarse de forma permanente a Alemania, hoy Patricia o Treesha, se ha convertido en un icono del mundo del reggae internacional. Habiendo sido corista de artistas de la talla de Gentleman, acaba de publicar su primer LP, Listen (2015), del que nos habla en esta exclusiva entrevista.

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¿Qué hizo moverte de Kenia y migrar hacia Alemania? 

Me mudé de Kenia en el año 2006 para continuar con mis estudios de auxiliar médico, pero también para estar más cerca de mi madre, que ya vivía aquí.

Y una vez en Alemania, ¿cómo empezaste en el mundo del reggae? 

De hecho, empecé haciendo Rnb y música pop en un restaurante de Colonia. Es la música que en su mayoría crecí escuchando en Kenia. Pero al mudarme a Alemania, conocí al jamaicano Denham Smith, que tiene una parte importante de responsabilidad de mi álbum Listen. Él me introdujo más profundamente en la música Reggae y a toda la cultura que la envuelve. Así fue como me fui sumergiendo en este universo.

¿Y has tenido la oportunidad de trabajar con africanos o ha sido más con jamaicanos, europeos…? 

Pues la verdad es que he podido trabajar con gente de todos lados. Con Denham o Skarra Mucci de Jamaica, he podido trabajar codo a codo. Pero he tenido la oportunidad de colaborar con el productor Nexx Muambila, que es del Congo aunque reside en Inglaterra, o también con el ruandés Kage Sparks. Actualmente estoy ya trabajando con proyectos futuros con algunos artistas de Kenia, pero para eso aún tendréis que esperar un poco (se ríe).

Después de varios años como corista de Gentleman, ¿cómo decides que quieres ser solista y te embarcas en la producción de Listen?

Sinceramente, no he dejado de ser corista. Disfruto mucho de ello, me ha permitido viajar mucho y también obtener mucha experiencia. Es una bendición para mí poder hacer coros. Simplemente como voz principal estoy explorando el mundo de la música de otra forma y mostrando otra faceta mía con mi álbum debut. Pero como solista me puedo expresar mejor como individuo.

11216835_10153658376433428_6913564641085292822_n¿Y cómo estás viviendo ser una mujer al frente de una banda en un mundo (el del reggae) tan dominado por voces y líderes masculinos?

Es difícil. Ahí es donde una tiene que aprender a ser fuerte y mantenerse firme y luchar por
lo que es suyo. No importa qué estilo de música hagas, las mujeres somos objeto de críticas en todo lo que hacemos, por el aspecto que tenemos, por cómo vestimos, por cómo andamos… Se nos cuestiona todo. Si somos gordas, delgadas, si nos sobresale un mechón de pelo, si el maquillaje nos queda bien o si es “demasiado” ahhhhh!… Es que es demasiado!! Y lo que es aún peor, en algunos casos, otras
mujeres no apoyan a las mujeres que nos ponemos al frente de un escenario. Ya lo tenemos demasiado difícil ahí fuera, ¿por qué nos lo ponemos aún más difícil poniéndonos en contra las unas a las otras, cuando podríamos llegar mucho más lejos todas y todos juntos?

¿Tienes un foco especialmente feminista en tus canciones? En el videoclip de tu Don’t Do It (No Lo Hagas) vemos poderosas imágenes de la brutalidad policial contra los negros en Estados Unidos, y te muestras como una cantante con un mensaje político y social definido…

Mi álbum expresa diferentes lados de mí: el feliz, el triste, el malhumorado, el amoroso, el divertido, el del corazón roto y el más serio, por lo que cualquier persona puede sentirse identificado con él. Listen
toca cuestiones serias en el mundo como la necesidad de suspender el uso de armas de fuego o la brutalidad policial, la violencia o la discriminación. También hablo de la necesidad de amarnos los unos a otros y compartir con nuestros vecinos,  porque podríamos ser nosotros los que mañana no tengamos comida para comer o hogar, o que tengamos que hacer frente a una guerra civil. También hay canciones que hablan de avanzar hacia relaciones y amistades que no sean tóxicas, y otros temas que son más de baile pensados para ser pinchados en clubs. Hay un poco de todo y para todo el mundo.

En el sencillo We Need Love, que grabaste junto al jamaicano Denham Smith, reclamas que el amor puede ayudar a resolver algunos de los problemas que la humanidad está experimentando. ¿Hay futuro sin amor?

Debemos creer en el poder del amor en lugar de utilizarlo para obtener poder, de otra forma no podremos enmendar la crisis mundial que estamos viviendo. Si no nos unimos y nos ayudamos unos a otros y tratamos de encontrar un terreno común, este caos mundial seguirá empeorando.

Es importante tener narradoras como tú en Europa que puedan explicar a través de su música cosas sobre “otros” mundos, porque por lo general, en Occidente solemos estar bastante sordos y ciegos sobre lo que pasa en el continente africano. Justo ahora que África está experimentando tantos cambios, ¿te gustaría volver para casa, para Kénia? 

Sí, definitivamente y exactamente por eso mismo, porque África es el futuro. Siempre desee y siempre quise ser parte de este cambio. La industria está creciendo y tiene mucho que ofrecer.

Y sin embargo, hay mucha gente que piensa que en África todo va mal porque hay personas de algunos países africanos que tienen que huir ilegalmente para poder sobrevivir. ¿Qué opinas del drama de los refugiados en las fronteras de Europa?

Me parece miserable que la gente tenga que huir de sus hogares y dejar atrás todo lo que conocen. Que las personas se vean obligadas a emigrar involuntariamente hacia una sociedad que les es ajena y a la que se verán obligados a encajar, es un calvario. Lo peor es que nadie trata de ponerse en su piel y entender sus estados psicológicos. África, América Latina y Asia son continentes ricos que abastecen al mundo con recursos y sin embargo, cuando están en momentos de necesidad, los políticos no los ayudan a no ser que saquen algo a cambio. Hay una necesidad urgente de proteger a las personas, para que no tengan que huir de sus países, y sin duda, creo que debemos ayudar a todos los refugiados y emigrantes porque ellos podemos ser nosotros algún día.

Pero yo soy cantante y mi música debería ser suficiente como mensaje sobre lo que yo siento por este tipo de situaciones sociales. Soy muy sensible a estos temas y prefiero cantar sobre ellos que dar puntos de vista subjetivos en una entrevista…

Lo entendemos. Y por ello, te seguiremos la pista de cerca!

 

Las ‘C-Stunners’ de Cyrus Kabiru: de la basura a una pieza de arte

Nairobi, Kenia. Una tarde cualquiera puede verse a Cyrus Kabiru paseando por su ciudad de residencia en busca de algún nuevo material, una nueva inspiración, algo que llevarse a los ojos.
CyrusKabiruKabiru es un joven artista, autodidacta y tremendo creativo. Es también pintor, escultor y un conocido diseñador. Kabiru mezcla performance, diseño y moda. Para ello utiliza diversos materiales: desde el interior de un ordenador inservible, hasta altavoces que ya no suenan, cucharas que ya no alimentan, tornillos que ya nada unen o cables que solo atan…

Este keniano redescubre materiales en las calles de Nairobi y les da una segunda oportunidad, lo que les permite empezar una nueva vida como parte de sus creaciones, de sus gafas C-Stunners, unas auténticas piezas de museo.

Cada C-Stunners es única, cada una tiene su propio significado y sentido. Las Nairobi tienen un color verdoso y poseen unos orificios pequeños por los que se puede ver la realidad, pero por los que es imposible caer al vacío, características que él mismo resalta de su ciudad; sin embargo, las Mombasa tienen agujeros mucho mayores por los que sí es posible caer.

Concienciado con la realidad ambiental del planeta y la sobreproducción de aparatos electrónicos, Kabiru invita al reciclaje de los diferentes componentes, a darles una segunda oportunidad. Una segunda vida a aquellos objetos que de otra forma habrían quedado olvidados en cualquier vertedero. Estas gafas consiguen capturar la energía del cambio que quiere promover Kabiru, una cultura del reciclaje y del cambio de visión a través de sus gafas sin cristales.

Según Kabiru, la población local keniana no entiende su arte y su única forma de venderlo es a través de Internet; aunque asegura que la tendencia está cambiando. Pero las C-Stunners marcan no solo un estilo, sino una forma fresca y renovada de mirar las cosas, una nueva perspectiva de ver la realidad.

Recibe la inspiración de su padre

Atraído desde siempre por las gafas, especialmente por las de sol, Kabiru recibió la inspiración de su padre que, según el artista, es un hombre que “cambió las reglas”: “Mi padre solía llevar gafas, hasta que un día, por accidente las rompió. Recibió un castigo de mi abuela por ello. A partir de ese día escondió las gafas. Cuando era joven yo solía admirar a los que llevaban gafas. Mi padre solía decir: ‘Cyrus, si quieres llevar gafas, tendrás que hacértelas tú mismo’. Y así es cómo empecé a diseñarlas. Tenía 7 años.”, contaba el artista en la entrevista que se le hizo desde TEDBlog.

El artista proviene de una familia, aparte de desconocer a qué se dedicaba el artistas,  nunca creyó que fuese capaz de ganarse la vida gracias a su creatividad y su manejo de las artes plásticas. Así, desde pequeño, Kabiru sintió cierta predilección por los ojos, a través de los cuales conoce a la gente. Es gracias a sus gafas que transmite su forma de mirar al mundo.

Actualmente, está llevando a cabo un nuevo proyecto llamado Outreach con el que viaja a diferentes partes de su país natal, a zonas rurales principalmente, con el objetivo de enseñar a las personas que allí viven cómo trabajar con los materiales que tienen al alcance de su mano. Pretende seguir creando, pero considera también que ha llegado el momento de enseñar al resto del mundo cómo utilizar los materiales que les rodean a diario.

Cyrus Kabiru no es solo un artista, es también un activista de su propio movimiento: «We need to move from this selling poverty to sell creativity»

Fuentes:
Blog Ted
C. Kabiru Art Web
C. Kabiru Tumblr

You Tube: Cyrus Kabiru and the C-Stunners

Wiriko, tres años difundiendo culturas africanas

La asociación cultural Wiriko cumple tres años difundiendo las realidades artísticas y culturales del continente vecino a través de su magacín digital, ofreciendo formación específica, charlas y a través de una vertiente colaborativa con otros medios de difusión social y cultural que se complementa con su incipiente producción audiovisual.

 

WIRIKO 3 AÑOS

Barcelona, 1 de octubre de 2015. Durante los últimos tres años la asociación cultural Wiriko ha contado 590 historias de manifestaciones artísticas del continente africano. Son los artículos publicados en su magacín, la iniciativa con la que esta organización inició su andadura y la que se ha mantenido incesablemente durante sus tres años de vida. Estas historias, estos artículos han mostrado a los más de 250.000 internautas que se han asomado a su web que África es más variada, más diversa, más activa y más creativa de lo que habitualmente pensamos en Occidente.

El 2 de octubre de 2012, emergió Wiriko de la mano de un grupo de investigadores de las sociedades africanas especializados en disciplinas diferentes pero con una percepción común. La efervescencia de las manifestaciones culturales africanas no tenía espacio en los medios de comunicación convencionales y su difusión podía ayudar a cambiar la imagen negativa que los ciudadanos tienen del continente. La sociedad occidental se ha construido un imaginario concreto del continente africano a partir de la fotografía del hambre, la violencia, la pobreza o la enfermedad. ¿No debería completarse este repertorio con la diversidad de la música, el vibrante escenario de las artes plásticas, el vigor creciente del cine o la sólida literatura, que también se generan en África? ¿Por qué no salir del ostracismo del eurocentrismo y sumergirse al afrocentrismo imperante en el continente? Esa era la pregunta que se hacían los impulsores de Wiriko. Así, la asociación tomaba el nombre de una palabra derivada de las lenguas bantú, que en la isla de Cuba sigue viva con el significado de “estar despierto” o “mantener los ojos abiertos”.

En un primer momento, la asociación dedicó sus esfuerzos al Magacín, su proyecto más longevo y más visible. Pero paralelamente, Wiriko ha construido una interesante oferta formativa a través del Aula Wiriko, el Curso de Introducción a las artes y las culturas africanas, que han cursado más de noventa alumnos durante las tres ediciones que se han iniciado. Las actividades se han completado con la colaboración con otros medios de comunicación, exposiciones, charlas y sesiones formativas en cursos organizados por otras instituciones académicas. Colaborando también con otras iniciativas a través de la producción audiovisual, Wiriko se sumerge en el continente para un proyecto de documentación que verá la luz en 2016.

wiriko-web Los impulsores de la asociación no podían esperar el panorama que se han encontrado. Mientras la entidad crecía y se sumergía en una vibrante e insospechada comunidad, ha establecido alianzas con otros medios de comunicación españoles interesados por ofrecer una imagen más completa del continente y con otras organizaciones empeñadas en proyectar aspectos creativos de las sociedades africanas. Blogs, páginas web, medios e inquietudes individuales han podido ponerse en contacto y compartir sus esfuerzos, y con un pie en el continente -donde parte de su equipo se nutre y mezcla con creativos e iniciativas culturales africanas- y otro en España, Wiriko ha encontrado el apoyo y cooperación de agentes dispuestos a remar para informar con rigor sobre el panorama cultural africano. El “África no interesa” que resonaba en los oídos de los miembros de Wiriko cuando echaron a andar la iniciativa, se ha desmoronado. En realidad, la han desmoronado las más de 250.000 visitas que ha recibido la web de la asociación, los casi 9.000 seguidores de la página de Facebook o los más de 1.600 seguidores de Twitter. 

Esos apoyos son los que hacen que tres años después Wiriko continúe con una salud de hierro y con la energía necesaria para continuar proponiendo nuevas iniciativas y seguir manteniendo los ojos abiertos.

Y para celebrarlo, Wiriko presenta un vídeo promocional con sabor 100% africano: con la participación de la bailarina Agnes Kiunga, que forma parte del elenco de profesionales de Sarakasi Trust; el cantante y compositor Makadem; el grafitero Kerosh, implicado en la transformación social de los barrios más pobres de Nairobi a través del arte; y con la ayuda inestimable del realizador y animador keniano Wilburn Njuguna (Beak Creations). Y todo cocinado desde el centro de artistas Pawa 254, del que Wiriko es miembro desde finales de agosto de 2015. Así, el colectivo ha querido mostrar el dinamismo, la creatividad, el espíritu colaborativo y la originalidad del campo de las industrias creativas de África. Una vez más, celebrando y apoyando su carácter emprendedor y compartiendo la ilusión del equipo de seguir a pie del cañón por muchos años más.

Felicidades a todxs y gracias por hacer que Wiriko pueda seguir trabajando y creciendo.

Arrancamos la 4a temporada desde Pawa254

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Wiriko arranca la 4a temporada del magacín desde un espacio inmejorable. Gracias a una residencia con el colectivo de artistas y activistas kenianos de Pawa254, parte de nuestro equipo estará trabajando los próximos meses y ofreciéndote contenido de primerísima mano, desde uno de los mejores centros dedicados al talento creativo de toda África.

Fotógrafos, animadores, escritores, músicos, blogueros, grafiteros y todo tipo de ideas en la vanguardia de la transformación social del continente, se encuentran en esta incubadora de artistas situada en el corazón de Nairobi. Fundado por el mediático activista keniano Boniface Mwangi, Pawa254 es un espacio para el debate, el intercambio cultural y el fomento de una sociedad comprometida en transformar Kenia, y por extensión, África, a través del arte.

Con la intención de mejorar el contenido de nuestra revista, estrechar lazos con la comunidad de agentes culturales africanos, y trabajar, codo a codo, para fomentar el arte y las culturas contemporáneas entre la audiencia hispanoparlante, Wiriko se traslada en el epicentro de la noticia.

¡Esta temporada, más que nunca

la realidad cultural del continente

desde el continente!

Desafiando las leyes de la gravedad

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La acrobacia como herramienta contra la pobreza y la exclusión social aterriza en España

Son las siete de la mañana, hay 9 grados de temperatura en la calle y Samuel, Kelvin y Eric, de ocho y nueve años, deambulan en la entrada del centro comercial Junction, una de las mayores galerías de Nairobi. Vestidos con prendas sucias y rotas, arrastran un saco de rafia con el que recogen basura para revender con una mano, mientras con la otra sujetan una botella de plástico con la que esnifan cola. Según Unicef, en los barrios deprimidos de Kenya, los niños tienen más probabilidades de convertirse en adictos de esnifar pegamento que a graduarse en la escuela secundaria.

La vida de estos chicos no es una excepción en Kenia, donde el 42% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Las estadísticas apuntan que, tan solo en Nairobi, son más de 500.000 niños de la calle, y las cifras parecen no dejar de crecer. El desempleo en el país afecta mayormente a los jóvenes, y sobre todo, a los jóvenes de las zonas urbanas. Si bien el desempleo de jóvenes entre 15 y 25 años es del 20-25% en la zona rural, el desempleo en la ciudad se encontraría entre un 35 y un 60% según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP).

“En Nairobi la pobreza es un gran problema. Muchos jóvenes y niños viven en la calle, sin comida, sin refugio, comiendo de la basura. Muchos acaban convirtiéndose en ladrones y muriendo de un disparo de la policía. Algunos terminan contrayendo el VIH debido a la falta de educación y la espiral acaba siendo mortal”, reconoce Antony Mwangi, uno de los cinco jóvenes del grupo Afro Jungle Jeegs. Provenientes de diferentes barrios marginales de la capital keniana, los cinco jóvenes acróbatas que forman este grupo, observan la realidad de los necesitados del país con cierto optimismo, a pesar de la multitud de retos y problemáticas que afrontar.


Parte de un movimiento mucho más grande que engloba a docenas de acróbatas kenianos, este pequeño grupo de cinco artistas visita España este verano para llevar las acrobacia de gira en festivales y ferias. “Estamos de gira por Europa durante tres meses. Nuestro objetivo es poder dedicar el dinero que estamos recaudando a mejorar la escuela de acróbatas que tenemos en Jericho. Nuestra gira, en este sentido, es totalmente benéfica. Para generar un futuro mejor entre nuestros jóvenes y procurar educación a través de las artes circenses”, nos cuenta Bonface Sakwa, otro de los miembros de la joven banda de gira por España gracias a la productora Con Mucho Arte.

El barrio de Jericho, de donde provinen parte de los Afro Jungle Jeegs, no es una de las zonas más pobres pero si una de las más peligrosas de la ciudad. La falta de actividad económica y la pobreza endémica del vecindario hace que emerjan bandas de delincuentes juveniles que, como sucede en otros barrios como Kayole, Dandora o Buruburu, tienen a los vecinos aterrorizados. “Nos entristece muchísimo que se produzca tal violencia en nuestras comunidades. Cuando vemos a los chavales, tan jóvenes, dedicándose a este tipo de actividades, nos desesperamos. Es por eso que los llamamos a unirse a nosotros y a utilizar su talento y energía para paliar la pobreza y luchar por la paz”, confiesa David Kiarie, uno de los saltimbanquis de Afro jungle Jeegs, con ganas de generar nuevas dinámicas en sus barrios a través de las acrobacias.

528272766_9dea4eab80_b“Utilizamos la acrobacia como una herramienta poderosa para luchar contra la pobreza, la discriminación o el crimen, y así empoderamos a los jóvenes a través de la disciplina del gimnasio y el trabajo en equipo. Trabajar en equipo ayuda a dejarse de preocupar por uno mismo y empezar a dar importancia al grupo por encima del individuo”, subraya David.

Los Afro Jungle Jeegs no son el único grupo de acrobacias del país. La escuela Sarakasi, situada en el barrio de Ngara, en el centro de Nairobi, fue la primera escuela de circo, danza y acrobacias del África del Este. De allí salen la mayoría de profesores y profesionales del país, multiplicando las iniciativas y el impacto de las acrobacias en los barrios más desfavorecidos de la ciudad. “Con nosotros, todo comenzó cuando conocimos a un grupo de hombres que se dedicaban a las acrobacias, nos preguntaron si estábamos interesados en aprender y nos decidimos. Al principio nos daba mucho miedo, por las caídas y el daño que te puedes hacer. Pero nos dimos cuenta que no era tan difícil como pensábamos. Así que, en cuando vimos los beneficios físicos, mentales, económicos y sociales de nuestro trabajo, decidimos comprometer nuestras vidas con la acrobacia”, cuenta Nicholas Okoth, el cuarto miembro de los cinco acróbatas nairobenses.

Donde la vida pesa tanto como en Jericho, poner el centro de gravedad en la confianza hacia el equipo o la comunidad es la base para el equilibrio. “Nuestros entrenamientos son gratuitos. No cobramos nada para que todo el mundo pueda unirse a nosotros. La acrobacia es un movimiento social”, cuenta Ronald Onzere, quien junto a los compañeros de Afro Jungle Jeegs demuestra una profunda sensibilidad social. Y es que este grupo de kenianos no desean solamente hacer que las acrobacias se expandan entre los jóvenes, sino que pretenden generar puestos de trabajo y fomentar la inclusión social; y de paso, incubar esperanza y confianza tanto en los acróbatas como individuos como en la comunidad que los rodea.

La pérdida de confianza y autoestima en uno mismo, la carencia de habilidades sociales y la falta de capacidades desarrolladas para entrar en el mercado laboral, son algunas de las consecuencias que la pobreza acarrea entre los jóvenes de Kenya. La construcción de una escuela de acrobacias, en este contexto, no solamente pretende formar a profesionales, sino educar a parte de la sociedad y cultivar las semillas para el cambio social. Por eso, esta gira que lleva a los Afro Jungle Jeegs representa una oportunidad tanto para ellos, como para la comunidad de la que emergen.

“Durante esta gira vamos a asistir a un total de 17 eventos, en 4 países diferentes: España, Italia, Suiza y Alemania. Visitar diferentes comunidades europeas ya está siendo una de las mejores experiencias de nuestra vida. Porque llegamos a conocer a las nuevas realidades y culturas”, confiesa Antony. En esta gira, Zaragoza, Burutain (Pamplona), Bilbao o Viladecans (Barcelona), ya han podido disfrutar de su espectáculo de entretenimiento. Y la audiencia ibérica pudo acabar de degustar y hacer su aportación a la transformación social de los barrios menos favorecidos de Nairobi el pasado fin de semana. El sábado 18 de Julio estuvieron actuando en la Fira de Circ al Carrer de La Bisbal d’Empordà (Girona), para cerrar gira el 19 de Julio, en el Festival Pirineos Sur.

 

Al Shabaab y la afonía de los músicos kenianos

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Cartel del concierto homenaje a las víctimas de Garissa, organizado por el colectivo de artivistas Pawa 254.

Después de los últimos ataques perpetrados por el grupo terrorista Al Shabaab, donde fallecieron al menos 148 estudiantes, la música protesta keniana ha enmudecido. Preguntamos a su colectivo (músicos, promotores y productores) por el motivo de la ausencia de una respuesta contundente desde los micrófonos como ha ocurrido en los casos de Mali, Senegal, Burkina Faso o Sudáfrica.

Soldados del micrófono han sembrado las semillas del cambio social y la transformación política en distintos puntos cardinales del continente africano. Desde el colectivo Y’en A Marre o “Basta Ya”, en el seno de la escena hip hop senegalesa, que ayudó a poner fin a la presidencia de Abdoulaye Wade en 2012; pasando por los músicos sankaristas de Le Balai Citoyen o el movimiento de “la escoba ciudadana”, que en 2014 ayudó a derrocar al régimen de Campaoré después de 27 años en el poder; o el grupo de cerca de cuarenta músicos malienses liderados por Fatoumata Diawara que se unieron contra la imposición de la Sharia en el norte de Malí, en 2013. Hay muchos ejemplos de cómo la música puede funcionar como una herramienta para las luchas populares del continente.

Dos acontecimientos recientes han sacudido los cimientos de África austral y África del este. En primer lugar, los ataques perpetrados por Al Shabaab en Kenia, ya sean los de 2013 en el centro comercial Westgate o la reciente masacre en la Universidad de Garissa. Y en segundo lugar, la actual ola de xenofobia que se está extendiendo en las principales ciudades de Sudáfrica desde hace semanas. Con una potente historia de música protesta en la nación del arcoiris, no ha pasado mucho tiempo hasta que los músicos del país se han unido para alzar la voz y enviar mensajes de unidad para condenar los actos de xenofobia. Sin embargo, se sigue esperando una respuesta contundente por parte de la comunidad de músicos de Kenia.

Aunque el pasado 14 de abril, el colectivo de artistas y activistas de Nairobi, Pawa 254, organizó el Concierto Garissa Memorial en el céntrico Uhuru Park, con la participación de un gran número de músicos de Kenia como Sarabi Band, Juliani o Eric Wainaina, hay un amplio abanico de puntos de vista y opiniones, mayoritariamente críticas, sobre la movilización de la escena musical de Kenia a la hora de hacer frente a la cuestión del terrorismo y todas las consecuencias sociales y económicas que tiene para el país y sus ciudadanos.

Abbas Kubaff

El rapero keniano Abbas Kubaff.

El artista de hip hop keniata Abbas Kubaff, quien no pudo asistir al concierto por encontrarse de gira fuera del país, vio con buenos ojos la organización del evento. “Conciertos como éste son importantes porque no hay otro grupo en Kenia capaz de llegar a tal número de personas -más allá de grupos de edad o de fronteras tribales- como los músicos. Hacer duelos colectivos ante tragedias como la de Garissa puede prevenir de más divisiones dentro de las diferentes comunidades étnicas del país. Cuando se producen ataques terroristas en Kenia, a menudo hay una ola de sentimiento anti musulmán y anti somalí que se extiende por todo el país. Ahí es donde los músicos tenemos que ser capaces de recordar a los kenianos que mientras que el terrorismo es aborrecible, no es la comunidad musulmana o somalí en su conjunto la responsable de estos actos malvados. La desconfianza hacia los políticos, no tiene que hacer mermar la unidad nacional. Por eso estoy convencido de que la música tiene que jugar su rol como fuerza unificadora”, dice Abbas.

Otro peso pesado de la comunidad de músicos del país, Abdi Rashid, parece tener una opinión similar a la del rapero y alaba la sensibilidad de los artistas que participaron en el evento. “Hay una gran conciencia por parte de los artistas kenianos de que los ataques contra la población civil por parte de actores armados es un crimen que no se puede repetir. La mayoría de músicos que participaron en el concierto organizado por Pawa están conmocionados por los hechos, y no sólo expresaron su horror y tristeza por lo que les ha ocurrido a nuestros compañeros kenianos en el concierto conmemorativo, sino también en otros espacios. Hay mucha implicación”, reconoce uno de los promotores de conciertos más importantes de Nairobi.

Tabu Osusa

Tabu Osusa, fundador y director ejecutivo de la discográfica Ketebul Music.

A pesar de reconocer la fuerza unificadora de eventos como este memorial a las víctimas de los atentados terroristas cometidos por Al Shabaab, los más críticos no dudan en expresar su opinión. “Yo ya he trabajado antes con algunos de los músicos que se reunieron en el Parque Uhuru para rendir homenaje a los estudiantes que murieron asesinados en Garissa. Por mucho que esté de acuerdo en que los familiares de las víctimas merecen todo nuestro apoyo emocional, no creo en el uso de la desgracia de los demás para ganar audiencias. Los músicos deberían estar escribiendo canciones que aborden la causa de estos problemas y deben, como ocurre en otros lugares, ofrecer soluciones a los conflictos que vive nuestro país”, expresa Tabu Osusa, veterano productor y director ejecutivo fundador de la discográfica keniana Ketebul Music, refiriéndose a un evento que parece tener más de propaganda que la verdadera capacidad de empoderar a los kenianos a través de la música.

Sin embargo, Abdi, comisario del Concierto Memorial de Garissa, fundador de Roots International y programador de música en vivo del nairobense pub Choices, cree que no es justo comparar otras escenas musicales del continente con el universo musical de Kenia. “Dakar tiene su propio contexto, y lo que motiva a las personas y a los músicos de allí se deriva de ese contexto concreto. No somos nadie para juzgar a los músicos de cada región, ni para compararlos o igualar África como si fuera un todo único. La realidad sobre el terreno es que la separación entre pueblos, países y regiones es muy real y palpable. Prueba de ello son los horribles ataques en Sudáfrica”, reconoce.

Cuando los jóvenes y los artistas de Burkina Faso fueron capaces de rebelarse y sacar a Blaise Campaore del poder, tuve esperanzas de que ese ejemplo se extendería a otras regiones de África, pero los hechos hasta día de hoy muestran que mis esperanzas eran ingenuas en el mejor de los casos. Seguimos teniendo un contexto diferente. Y es en este contexto en el que seguiremos trabajando mientras intentamos tomar lecciones prestadas e inspirarnos de lo que otros han hecho y continúan haciendo en todo el continente”, se resigna humildemente este veterano de la escena nairobense.

Makadem

Makadem, una de las pocas voces kenianas comprometidas y con un mensaje revolucionario claro.

Pero cuando se trata de comparar la conciencia política de otros músicos africanos con la realidad de los músicos de Kenia, Abdi no es el único pesimista. El músico keniano Makadem, tradicionalmente una voz muy politizada, piensa que esperar algo de los músicos kenianos en este sentido es un esfuerzo estéril. “Malí no se puede comparar a Kenia musicalmente, es como comparar económicamente a los EE.UU. con Bangladesh. Malí está muy por delante en términos de estructuras culturales desde hace décadas. Los músicos kenianos todavía estamos luchando para decidir sobre los temas sobre los que queremos cantar o a quién nos dirigimos cuando cantamos”, afirma el artista.

A pesar de todo, el colectivo de músicos, productores y programadores parece estar de acuerdo en que la música de Kenia tiene una larga historia de protesta. En ‘Retracing Kenya’s Songs of Protest‘, Ketebul Music recogió en dos álbumes, canciones que trazan la historia del país a través de su música protesta durante los 50 años transcurridos desde la independencia hasta 2013. “Hay muchos músicos en Kenia que cantan contra la corrupción, el terrorismo y la violencia”, reconoce Abbas. “Creo que una de las respuestas más enérgicas que los artistas kenianos han tenido fue a raíz de la violencia post electoral que se apoderó del país en 2007. En respuesta a la violencia se creó el grupo Pamoja Amani Upendo (PAU), que se traduce como Unión Paz Amor, es una organización comunitaria que utiliza la música y el baile para promover la paz y la unidad dentro de Kenia, y organizan conciertos y espectáculos regularmente para difundir este mensaje a la gente”, recuerda el rapero orgulloso de la movilización social que se produjo para frenar la ola de violencia en el país.

Según todos ellos, hay que comprender que como en cualquier otra parte del mundo, en función del entorno socioeconómico del que surge cada artista, sus reivindicaciones se orientan hacia una u otra dirección. “Muchos artistas de hip hop en Kenia provienen de áreas deprimidas, donde ha afectado más la corrupción y el mal gobierno después de los Planes de Ajuste Estructural, frenando el desarrollo. Por esta razón creo que muchos artistas de hip hop sienten más responsabilidad a la hora de tratar de usar la música para asegurar un futuro mejor para las próximas generaciones. Creo que algunos de los artistas más convencionales, quizás de zonas más privilegiadas, tienen miedo de hablar como se habla desde el hip hop contra la corrupción o el gobierno, por los temores de represalias, o a que sus carreras empiecen a ser coartadas por personas con influencia en el poder. En general, los cantantes de hip hop como yo no tenemos miedo de hablar, y preferimos sufrir las consecuencias de nuestras acciones porque tenemos buenas razones para ello”, reconoce Abbas, joven estrella del hip hop nacional.

Del mismo modo, Makadem cree que en la escena musical keniana la gente no está hablando con claridad suficiente sobre la corrupción o la violencia, y por lo tanto, no se atreven a pronunciar acerca de cómo el gobierno de Kenia gestiona la amenaza de Al Shabaab. “Los kenianos odian a los músicos como yo. Muchos de ellos, piensan que la función del músico debe simplemente ser la de entretener a la gente, no la de educar o de crear impacto sobre la opinión pública en cuestiones políticas. Yo soy una víctima clara de esta hipocresía. Rara vez consigo conciertos debido a lo que se consideran formas de pensar inapropiadas. En mi opinión, los kenianos somos cobardes. En lugar de organizar una protesta contra Al Shabaab y contra la gestión que Uhuru Kenyatta está haciendo del asunto, se organizó un Concierto Memorial de Garissa como si fuese un gran espectáculo musical donde los artistas no fueron a hacer nada más que a mostrarse y a conseguir llegar a más audiencias. Me repateó el hecho y, por supuesto, a mi no se me invitó”, dice el polémico Makadem sin pelos en la lengua.

Del mismo modo, Tabu Osusa, cuyo sello, Ketebul Music, editó el segundo álbum de Makadem (Ohanglaman) en 2012, afirma sin titubeos que, “lamentablemente la mayoría de los músicos de Kenia no piensan en crear contenidos de interés regional sino que la mayoría de sus canciones son acerca del amor, las típicas historias adolescentes de ‘chico quiere a chica’ y no sobre temas socioeconómicos o políticos. A parte de músicos como Eric Wainaina, Makadem, Juliani, Sarabi y algunos otros, apenas hay músicos capaces de hacer relucir sus consciencias en Kenia. Hay muy pocas voces comparables, si se quiere, al nigeriano Fela Kuti o al congoleño Franklin Boukaka, que fueron capaces de cuestionar y desestabilizar a los gobiernos en asuntos como la inseguridad, la corrupción, el tribalismo o el buen gobierno en general. En Kenia, falta una voz unida, un movimiento fuerte en contra Al Shabaab”, dice Osusa lanzando una bengala de auxilio a la comunidad de músicos kenianos.

La polémica representación de “Kenia” en la Biennale

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Obra satírica de Michael Soi, criticando la vergüenza de Venecia, The shame in Venice 1 (2015)

En una carta dirigida al gobierno de Kenia, varios intelectuales, artistas y representantes del sector cultural del país africano han lanzado una petición a través de la plataforma Change.org. La acción, que pide implícitamente la renuncia a la representación fraudulenta de Kenia en la Bienal de Venecia 2015 y el compromiso a apoyar la realización de un pabellón nacional en 2017, protesta ante la representación del talento nacional en el que es el segundo pabellón que Kenia tiene en toda la historia del icónico certamen.

Qin Feng, Shi Jinsong, Li Zhanyang, Lan Zheng Hui, Li Gang o la galería Double Fly Art Center son algunos de los nombres que representarán a Kenia en la 56 edición de La Biennal de Venecia, una de las mayores ventanas que los artistas contemporáneos tienen para darse a conocer internacionalmente. Representantes, sin embargo, que no son kenianos sino chinos, con la excepción de un italiano – Armando Tanzini, un hotelero adinerado con residencia en la turística población costera de Malindi que ya representó Kenia en la anterior edición y que ha sido duramente criticado por nuestros compañeros de Africa is a Country-. Las únicas kenianas representadas son Yvonne Apiyo Braendle-Amolo y la más que reconocida Wangechi Mutu, que no forma parte del pabellón nacional, sino que exhibe en el pabellón central.

Si bien, ya en el 2013 la selección nacional en la Biennale provocó la frustración de los artistas kenianos por la poca representación verdaderamente local, la presente edición ha causado indignación en Kenia, con una de las industrias culturales más productivas y posicionadas internacionalmente de todo el continente. ¿Para qué o por qué buscar talento extranjero para representar a un país tan bien dotado de creatividad? ¿Quiénes son los responsables de este desbarajuste? Mientras la Biennale cuenta con más artistas africanos que nunca (el malauí Samson Kambalu, el camerunés Barthélémy Toguo, el mozambicano Gonçalo Mabunda, los senegaleses Cheick N’diaye y Fatou Kandé Senghor, los ghaneses Ibrahim Mahama y John Akomfrah, el sierraleonés Abu Bakarr Mansaray, los nigerianos Karo Akpokiere y Emeka Ogboh, los sudafricanos Joachim Schonfeldt, Sagal kay hassan, Mikhael Subotzky y Marlene Dumas, el colectivo Invisible Borders // The Trans-African Photography Project o el congoleño Sammy Baloji); el embrollo causado por la falta de representación keniana en el pabellón nacional parece totalmente desbocado.

“La Bienal de Venecia tiene un jefe nacido en #Nigeria (Enwezor Okwi), pero el ‘Jambo Bwana’ Italo-Mombasa-Berlusconi sigue representando #Kenya“, protestaba @skepticafro en twitter.

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Sátira del artista keniano Michael Soi en referencia a la representación de artistas kenianos en el Pabellón de Kenia de la Biennale 2015.

 

Bajo el rótulo “Creando identidades” como cabecera del susodicho pabellón, se plantea una falacia gigante ante un tema, de por sí, peliagudo: la identidad. Otro gran eslogan para este pabellón:”Ésto es Kenia, dónde reside la naturaleza“, afirma sin titubeos algo tan utópico como casi que Kenya se reduce a parques naturales (en los que, por cierto, se asesinan muchos elefantes para enviar marfil a China), y brisa del Océano Índico. Todo, ribeteado con obras llenas de motivos tribales, florales y desnudos, que una vez más y después de años de lucha, presentan una África primitiva e irreal a día de hoy. Sin duda, este pabellón vuelve a convertirse en el hazme-reír de Venecia, pero también en un insulto, no solo a la creatividad keniana, sino a la inteligencia de todos los amantes del arte contemporáneo.

¿Por qué no hay ni uno solo de los cientos de artistas locales representados en la fantástica subasta de arte de Circle Art Agency o de la exitosa Feria de Arte de Kenia? ¿Dónde están las fotografías urbanas de Mutua Matheka, donde los rascacielos de Nairobi rompen los estereotipos de esa África rural y aislada del mundo que tanto se empeñan en rememorar los livingstonianos? ¿Dónde se quedan las obras cinematográficas de directores como Simon Mukali o David Gitonga, que tan bien representan la realidad keniana de hoy? ¿Por qué no participan en la Biennale creativos imprescindibles del país como Jim Chuchu o la gente de Sarakasi?

Y lo que le deja a uno más perplejo, ¿cómo pueden estas pretendidas “identidades en construcción” de Kenya no ser construidas con la participación de los kenianos? Acertado es el análisis que la semana pasada realizaba Wenny Teo en la revista The Art Newspaper, donde tachó la selección realizada por los comisarios de la Biennale de esencialista y “autenticista”, dos discursos que desenmascaran una perversa forma de neo-colonialismo disfrazado de multiculturalismo. Y es que no se trata de negar la multiculturalidad de la sociedad keniana. ¿Hay kenianos de orígen chino? Por supuesto que los hay. ¿Es la keniana una sociedad multicultural? No creo que nadie en su sano juicio pueda ponerlo en duda. Ahora bien, ¿se puede considerar a los expatriados como kenianos por el mero hecho de tener residencia en el país, como es el caso del italiano Armando Tanzini?

Más allá del debate abierto hace escasas semanas por Mawuna Remarque Koutonin después de la publicación en el periódico The Guardian de “¿Por qué los blancos son expatriados mientras el resto de nosotros somos inmigrantes?“, los comisarios del pabellón – los italianos Sandro Orlandi y Paola Poponi- tanto como el ministro de cultura keniano -Hassan Wario Arero-, deberían preguntarse muy seriamente: ¿es ético que un expatriado en Kenia represente a la creatividad keniana? Pero sobre todo, deberían dar explicaciones en público, cosa que a día de hoy la comunidad de artistas, activistas y blogueros kenianos sigue esperando. Después de que el viernes 20 de marzo el ministro de cultura les diera plantón en una supuesta comparecencia pública, los kenianos han desistido y han lanzado un comunicado para reivindicar la necesidad de un pabellón honesto y realista, que recoja y muestre la creatividad y el talento del país con justicia. Sin embargo, ante la falta de seriedad del gobierno en el asunto, uno entiende por qué en Kenia, gran parte de los proyectos del sector cultural tengan que buscar financiación en organizaciones extranjeras y fundaciones privadas como Hivos, Ford Foundation o Africalia.

Y sumando amigos entre las colas del sector más crítico del país, al gobierno no dejan de caerle manotazos en las redes, donde se lo acusa de “vender” el pabellón para afianzar los lazos comerciales con China e Italia. Y aunque sea ésta la única explicación posible a semejante despropósito, los artistas kenianos merecen ser reconocidos por sus obras y representados correctamente en la próxima edición. Como manifestaba el escritor keniano Binyavanga Wainaina, uno de los personajes más activos e influyentes de la escena cultural del continente, en su cuenta de twitter: “Las artes son el último bastión de la expresión, no podemos dejar que la corrupción y el neocolonialismo se las lleven“. Pero mientras el gobierno keniano responda más a los ‘Bwanas’ extranjeros que al talento local, habrá mucho camino aún por recorrer.

Apoya a los artistas kenianos firmando su petición en Change.org y ayúdalos a que se anule la exposición 2015 por fraudulenta.

Pavellón de Kenia 2013. Fotogrfía de la Biennale de Venezia.

Pavellón de Kenia 2013. Fotogrfía de la Biennale de Venezia.

 

 

“Las mujeres africanas estamos luchando para proteger nuestra identidad”

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El nombre de Naomi Wachira saltó el año pasado al estrellazgo con su álbum debut African Girl (2013). Tardó más de dos décadas en publicar su primer LP, pero la cantante de 37 años y compositora keniana afincada en Estados Unidos ha dado finalmente un salto mediático. Madre soltera, periodista y especializada en teología, decidió dejar su trabajo para dedicarse a la música y con su debut discográfico, Naomi dispara a bocajarro una idea simple y que impregna toda su filosofía con una gran humildad: la fuerza y el orgullo de ser mujer africana.

Sea con banda o bien acompañada de su guitarra acústica, Naomi cumple la función de narradora o cuentacuentos que algunos asimilan cuando se les habla de cantautores africanos. Sin embargo, su eclecticismo y la adopción de patrones musicales Pop no la alejan en absoluto de su cometido de levantar conciencias acerca de situaciones injustas o comportamientos abusivos.

G: ¿De qué trata tu música?

N.W: Tan simple como suena, trata sobre la vida. Es mi punto de vista sobre lo que veo y sé de mí misma, lo que observo en los que me rodean y la sociedad en general. Pero más allá de esto, es mi expresión de esperanza, ya sea en las relaciones personales o simplemente en nuestro mundo.

Me gustan mucho tus letras, son simples y humildes… ¿lecciones de vida?

Autobiográficas, supongo.

¿De qué va tu canción Stand Up

Sobre las relaciones que oprimen y reprimen, y de la necesidad de levantar la voz.

¿Como describirías tu estilo?

Desde el principio lo llamo Afro-Folk porque en realidad se trata de música Folk con ritmos africanos.

¿En qué lenguas cantas?

Básicamente en mis lenguas: inglés y kikuyu.

¿Cómo definirías diáspora y cuál ha sido tu experiencia de migración?

Diaspora es el fenómeno que describe la vida en un sitio distinto del que has nacido, preservando la cultura de la que provienes. Para mí, salir de Kenia ha sido una experiencia increíble. Me trasladé a Estados Unidos cuando tenía diecinueve años para ir a la universidad. He pasado la mayor parte de mi vida adulta aquí, y he aprendido muchísimo  sobre mí misma. Sobre todo, he aprendido a ser dueña de mi propia existencia y a tomar decisiones sobre la vida que realmente quiero llevar.

¿Te has leído la última novela de Chimamanda Ngozi Adichie, ‘Americanah’? ¿Te sientes identificada con la protagonista de la història, Ifemelu, o crees que realmente hay muchas Ifemelus en EUA?

Me he leido la obra, y me ha encantado! Y la verdad, conozco a muchísimas Ifemelus… Las mujeres africanas en esta parte del planeta siempre estamos luchando para proteger nuestra identidad.

¿Cuál es tu relación actual con Kenia?

Kenia es mi hogar. No podría encontrar un sitio mejor donde ir cuando necesito descansar o recuperarme de la vida. A pesar de todo, fue en Estados Unidos donde empezó mi carrera musical.

En España decimos que “nadie es profeta en su tierra”.

Ya… Pero me siento afortunada porque también puedo compartir mi música con “los míos”.

 

 

Sonideros de Radio 3 y Wiriko celebramos el Día de África

radio 3 logoEl pasado 25 de mayo se celebró el Día de África, para conmemorar la fundación de la Organización de la Unidad Africana (1963). Y por segunda vez, Wiriko tuvo la oportunidad y el enorme placer de celebrarlo junto a Rodolfo Poveda y Kiko Helguera en el estudio del programa Sonideros de Radio 3.

Si en nuestra primera visita, en Septiembre de 2013, dedicábamos el programa a atracar en algunos puertos de África para escuchar la música que más se baila y desestereotipar los sonidos que emergen del continente vecino, en esta ocasión nos centramos en un solo destino: Kenya.

No te pierdas esta hora de inmersión en el panorama sonoro urbano de este país del África del Este.

 

Tracklist:

1. Sal Davis – Makini

2. Maia Von Lekow – Jellyfish

3. Harry Kimani & Jimmy Jatt (Coke Studio Africa) – Malaika

4. Eddie Grey feat. Dela – Malaika

5. Kato Change & Lisa Oduor – Aparo

6. Winyo – Nakupenda

7. Muthoni the Drummer Queen – Get Up

8. Nina Ogot & Electrafrique Djs – Duog Dala

9. Sauti Sol – Still the One

10. Just A Band & Octapush (Ten Cities) – Boom Boom Boom

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

“Al salir del armario me he convertido en un ciudadano real”

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

* Esta entrevista ha sido publicada originalmente en El País – Planeta Futuro, por un acuerdo de colaboración entre Planeta Futuro y Wiriko.

El pasado diecinueve de enero, el día después de su aniversario, Binyavanga Wainaina publicaba en el blog Africa Is A Country el capítulo no publicado (lost chapter) del libro Algún día escribiré sobre África (Sexto Piso, 2013) “Mamá, soy gay” (I am a homosexual, mum). El titular dio la vuelta al mundo: una de las mentes más brillantes de la nueva generación de africanos talentosos y el escritor keniano más famoso, había salido públicamente del armario y se situaba en el eje de los debates sobre la homosexualidad, dentro y fuera de África.

Binyavanga Wainaina, fundador de Kwani Trust –la red literaria anglófona más relevante del África del Este–, ganador del Caine Prize para la escritura africana en 2002 por su relato corto Discovering Home (G21Net, 2001) y autor del viral e hiriente relato corto Cómo escribir sobre África (Granta, 2005), nos recibe en el porche de su modesta casa, en el nairobense barrio de Karen, con una de sus túnicas fashions, cabeza afeitada con una franja de pelo azul y cigarrillo en mano. Su asistente Isaac y su viejo perro Toni nos acompañan junto a unas tazas de té con leche y unos mandazis (una especie de pan frito que suele ser el desayuno para la mayoría de kenianos y tanzanos).

Durante un rato Wainaina juega al rol de periodista interesado sobre la política, la historia y los movimientos independentistas actuales en España. Se habla sobre la crisis. Sobre la situación de Europa. Sobre la migración de europeos en busca de una vida mejor en África. Y después de un par de horas distendidas, con el desayuno acabado, empieza la grabación…

A sus 43 años, este keniano inquieto, bohemio y creativo dice estar apasionado por la creatividad que emerge del continente. “Lo que he hecho en los últimos diez años, cuando no he escrito, han sido cosas en el mundo literario. Trabajo con talentos. Talentos jóvenes africanos, particularmente en inglés”, reconoce con orgullo. “Lo que ha pasado en la última década es que se han vuelto a abrir muchos espacios creativos, llenos de productores creativos contando sus propias historias en el cine, en la literatura… ¡Y todo esto me fascina!”.

La generación del FMI

“Yo llamo a mi generación, la generación del FMI. Somos la generación que vio la clase media derrumbarse a finales de los ochenta y los noventa con los condicionamientos que impuso el FMI como no conceder subvenciones para la educación. La gente se fue o fracasó. Fracasó, fracasó y fracasó de nuevo hasta que se pudieron alimentar de sus propios frutos. Nos volvimos, no sé… diferentes, más fuertes, más cínicos pero más anti autoritarios durante un tiempo. Los movimientos anti democráticos crecieron mucho y seguimos por esos derroteros. Y en cierto sentido, esto es lo que significa ser africano a día de hoy”, afirma el escritor.

El que fuera director del Centro Chinua Achebe para artistas y escritores africanos de Nueva York reconoce que lo suyo no era la vida en Occidente. “Estaba aburrido. Cuando venía aquí [Kenia] era más osado, yendo y haciendo mis cosas. Tener un gran puesto institucional en Estados Unidos suponía un rol más burocrático, político, de Universidad… Llegué al punto donde pensé para mí mismo: me he estado mintiendo sobre ese afropolitanismo de que puedes construir una institución literaria africana ahí fuera, en Nueva York, y eso es mentira. ¡No puedes!”, explica mientras reconoce que el lugar donde se pueden crear esas instituciones es precisamente en África. “Así que dejé mi trabajo y volví. Soy uno de esos que creen en el crecimiento y la regeneración africana. Por eso estoy aquí. Quiero estar aquí mientras pasa este huracán de cambio, para lo bueno, lo malo y lo feo. Para pelear con lo malo, para golpear desde dentro de los buques de las buenas intenciones e irme con ellos. Y producir. Y escribir. Y pensar”.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Y su lucha e implicación desde lo creativo es indiscutible. No es casualidad que su homosexualidad salga a la luz en un momento en que países como Uganda o Nigeria institucionalizan la discriminación sexual con graves leyes homófobas. Donde en su propio país, Kenia, las retóricas homófobas hierven públicamente. La recientemente aprobada ley anti-homosexual de Uganda hace punibles con cadena perpetua las relaciones o el matrimonio entre personas del mismo sexo, y puede penar con siete años de prisión a todo el que “ampare” o “incite” a la homosexualidad.

El escritor responde a bocajarro sobre el tema. “Cuando te conviertes en ese tipo de personas de clase internacional, que se llaman a sí mismas intelectuales, y estás cambiando la imagen del continente eres completamente inmune, como si permanecieras ajeno. La forma en la que interactúas está plenamente infectada por esta inmunidad. Y puedes tener compasión por quien no tiene este salvoconducto. Así que diría que en cierto sentido político me he convertido con este acto en un ciudadano real”, confiesa refiriéndose tanto a su vuelta al continente como a la acción pública de salir del armario. “Fue una cosa profundamente personal, por supuesto. Hay toda esa mentira mala que no dices. Que todo el mundo de tu alrededor sabe. Hablas de todo tipo de cosas en público sin temer, de alguna forma, las consecuencias que puedan caerte encima… Y decides dar el paso”.

Estigmatizar a los homosexuales

Para él, la vulneración de los derechos del colectivo LGBTI y su estigmatización social en África es un instrumento populista que esconde intereses políticos más profundos y pretende generar sentimientos de unidad nacional que la religión, por ejemplo, no consigue crear.

“El Gobierno lo está utilizando como una vara política. Es un tema muy conveniente para las elecciones. Dará una victoria bien sólida para ganarse al electorado. Sin embargo, la policía no lo va a aplicar, ya tienen suficiente trabajo luchando contra los ladrones. Pero lo que es más peligroso es que habrá más vigilancia social. El Gobierno ha generado leyes permisivas para que la gente gestione las cosas fuera de las manos del Estado”.

Aunque cree que eso se va a extrapolar y que los más pobres van a ser los que sufran las consecuencias más crudas de este tipo de leyes. “La gente económicamente vulnerable estará en riesgo; en un riesgo aleatorio. Las consecuencias reales son un creciente sentido del miedo y la amenaza en el dominio público. Incluso otros asuntos aparte de los homosexuales. Esta ley fue validada para reforzar tus miedos y permitir a los Estados mantener el control”, afirma con preocupación mientras enciende un cigarro.

Es precisamente su responsabilidad en torno a la situación social que lo rodea lo que le empujó a dedicarse al mundo de la literatura. “Trabajaba con una editorial llamada Character, muy conocida en el Reino Unido y me facilitaron una edición de su revista Africa Issue publicada en 1994. Estaba leyéndola en el tren, porque por aquél entonces estaba haciendo un máster en Inglaterra, y pensé: ¡esto es terrible, es Inglaterra y por falta de algo mejor que esto así es como escriben los escritores africanos en todo Londres! Eran escritores bien reconocidos pero no pudieron encontrar ni a uno, que pudiera escribir correctamente sobre África. Bueno… Encontraron solo a uno…”. Sonríe.

“Los reportajes de la revista tenían un barniz misionario, del tipo ‘salvar a África’ y este tipo de tonterías. Y fue realmente chocante ver algo así. En plan: ¿Me estáis diciendo de verdad que una revista rigurosa puede editar algo así? Así que envié un mail larguísimo al editor analizando toda la revista. Un año más tarde decidieron hacer otro número de African Issue y me pidieron escribir algo. Justo en ese momento creo que yo estaba editando Kwani? así que seguía posponiendo ese algo para ellos, hasta el último día, que el editor Matt Weiland, me dijo: ‘¿Por qué no escribes sobre ese mail que me enviaste?’. Lo hice, pero con una condición: que fuera accesible en Internet. Se subió a la red gratuitamente y fue algo incendiario que ahora está en todas partes”

Portada de 'How to write about Africa' o 'Como escribir sobre África'.

Portada de ‘How to write about Africa’ o ‘Como escribir sobre África’.

Así nació su premiado ensayo How to write about Africa (¿Cómo escribir sobre África?).

“Mis amigos occidentales me dijeron –¡Oh!, no sabíamos que esta fuera la realidad. Pero el poder siempre te hace inocente, ya lo decía hace quince años Chinua Achebe en su escrito crítico Heard of Darkness y todos repetían también lo mismo: “¡Oh!, no estábamos al corriente”. En Occidente, mi ensayo me otorgó mucha fama. Tuve encuentros con la presidenta de Alemania, el presidente de Noruega y todos me decían: –Gracias, este escrito es la verdad”, reproduce Wainaina con voz sarcástica.

“Pero todo era una pantomima, nada ha cambiado. Es verdad que cuando las dinámicas de poder están cambiando puedes tener este tipo de conversaciones, por eso escribí ¿Cómo escribir sobre África?, por si acaso lo habían olvidado. Esto es de lo que trata mi ensayo. Recordar dónde estábamos hace cien años en nuestra relación, particularmente con Europa y Occidente. Y hay que decir que estamos en el mismo lugar que en 1881. Por si acaso lo habían olvidado, nada ha cambiado realmente en nuestra relación”.

¿Es ese fantasma colonial el que sobrevuela conceptos como la moda del afropolitanismo y los afropolitanos?, le preguntamos. Wainaina coje aire. “Es un tipo de identidad que no asume ningún tipo de responsabilidad. Consume. A veces crea. Pero no tiene ninguna residencia en ningún valor sólido. Es una moda. Es una moda guay que no tiene piernas. No va a durar mucho pero si es bueno para darnos piezas de ropa bonita no me importa”, bromea este confeso amante de la moda.

“Achille Mbembe [filósofo camerunés] escribió algo sobre afropolitanismo y creo que su idea era bien diferente a la que viene recogida como mercancía. Una de las cosas maravillosas de ser africano es que tienes sociedades con espacios que de forma extraña nunca han sido colonizados hasta el punto de que la media en el África urbana habla cinco lenguas. Se vive en una sociedad donde el sonido de varias lenguas y culturas es parte de quién eres, y te sientes muy cómodo siendo parte de este cosmopolitismo. Así que cuando piensas en qué significa, en términos de Estados coloniales, claro que estos Estados definieron lo que fue la realidad cosmopolita. Y casi todos nuestros problemas políticos derivan del hecho de que tienes esta herencia cosmopolita que ha topado con las realidades locales. Si tenemos que pensar en el afropolitanismo como un cosmopolitismo de tipo occidental sobre la diáspora… La verdad es que no tengo tiempo para ello”.

Discurso africanista

El escritor es un pieza clave de las nuevas voces africanas. Un engranaje indispensable con un discurso africanista capaz de pintar con sus palabras escenas que dibujan imágenes de una África muy diferente a la de las primeras generaciones de escritores continentales. Se trata de un escritor que rehuye del encasillamiento y las etiquetas absurdas y vacías. “¡No puedo soportar el dogma!” exclama con las manos en la cabeza para sentenciar: “Mi cuerpo no lo acepta”.

¿Qué es lo que más le aburre?

“Creo que formar parte de la clase media africana ha sido un gran asunto con el que lidiar. La clase media africana somos las mejores jodidas máquinas de aprobar exámenes. Cualquier cosa que interfiera en este proceso como imaginar, leer… Es un problema. Si estás en un continente donde todo se trata de “re-”, como en países como Nigeria, que se re-industrializan, o conceptualizan las cosas suponiendo que debes empezar cosas nuevas, lo que te encuentras es con una clase media con terror a innovar. A probar cosas nuevas. Somos muy buenos si nos dicen –haz las cosas así y asá… Y lo haremos excelentemente. En Estados Unidos o el Reino Unido existe de forma muy visible –y estoy muy interesado en esta clase de excepcionalismos–, africanos trabajando de forma increíble en altas instituciones bancarias. Toda esta gente terminaron el instituto y se fueron. Los que hicieron físicas, están en la banca. Los que estudiaron literatura o filosofía, están en la banca. Algunos vuelven ahora que hay un crecimiento turbulento de la economía con capital de sus maestros, los bancos. Algunos están ya retirados con dinero de sus bancos y ahora son inversores aquí”.

Pero el crecimiento económico del continente también ha ido acompañado de un boom en el campo de las industrias creativas africanas, y en concreto del universo literario. “Creo que los escritores africanos estamos de moda ahora mismo, y esto es maravilloso”, nos dice mientras compara la literatura anglosajona africana o india con la literatura de América Latina producida en español. “Hay un mundo anglófono, para lo bueno y para lo malo. La gente en Inglaterra no tiene ni que pensar en ello. Pero nosotros sí que lo hacemos. Tienes que pensar en qué hay en el mundo anglófono porque si no lo haces chocarás con las puertas del infierno. Tienes uno ojo allí y otro aquí”. El autor está convencido de que escribir en inglés es una forma excelente de poder contar las historias cotidianas de África a los lectores de otros puntos del planeta.

Y a la hora de analizar la envidiable salud del panorama literario del continente, el escritor sostiene que el medio ambiente de la escritura africana tiene ecosistemas nuevos, crecientes y cambiantes.

“Con los cambios democráticos han crecido las editoriales independientes como Kwani? y muchas otras. En los últimos tres años han habido muchas publicaciones digitales, así que lo bonito es que tienes a gente como Kwani? que actúan como un gran paraguas. Aunque ahora también hay otras iniciativas nuevas fuera de él. Se trata de algo muy interesante, tenemos un fenómeno con diferentes tipos de expresiones. Hemos tenido una explosión literaria en los últimos tres años, pero veremos un crecimiento extremadamente espectacular en los próximos cinco años”.

Soy uno de esos que creen en el crecimiento y la regeneración africana. Por eso estoy aquí

La revolución digital

Este es uno de los fenómenos que más le interesan a Binyavanga. Cuando le decimos que en la revista Wiriko se le considera como un twittero compulsivo, el keniano se ríe y reafirma con la cabeza. “Verás, en el último año, estaba muy aburrido, muy deprimido después de que un muy buen amigo y otros conocidos murieran de VIH. Estaba empezando a escribir mi libro. Y entre que escribía y no escribía, me acostumbré a twittear”, confiesa. “Pero es que es un nuevo espacio para probar cosas. Y soy de esas personas que no se puede resistir cuando les brindas algo nuevo para probar”, afirma con cara de pillo.

“Soy un libertario en transición. Un libertario buscando un hogar. No sé dónde aterrizar. Siendo parte de esa generación FMI eres escéptico acerca de cualquier autoridad en general. Me siento muy cómodo fuera de los espacios institucionales, donde puedo crear mejor mi lugar. Siempre que estoy en sitios institucionales las cosas se vuelven demasiado… Aburridas. Y no pasa nada. En twitter puedo interaccionar y actuar y hablar de la forma que quiero sin sentirme censurado”. Y mientras expresa que de esta forma las relaciones están en plena transformación, puntualiza: “No es que así impongas tus condiciones sino que negocias en mejores condiciones”.

Es un fervoroso amante de Internet desde el principio, y desde que existe el email se ha negado a enviar copias de lo que escribe en formato papel. “Siempre he reconocido la capacidad de sentarse en este país desconocido donde adquieres mucho poder porque estás entregado, no solo a la tecnología, sino a la plataforma en una forma en que ellos (el poder institucional) no están”. Y pasa a continuación a  contar cómo durante sus años de residencia en Sudáfrica pasaba las noches en vilo intercambiando relatos en las primeras plataformas literarias que existían. “La Universidad tenía líneas abiertas y yo me metía en la sala de ocho de la tarde hasta la madrugada para estar online. En todos esos grupos primerizos de escritores locos en Internet, yo estaba dentro desde el principio”.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Port Harcourt, capital mundial del libro

La participación de Wainaina en cualquier iniciativa relacionada con el mundo literario en todo el continente es incondicional. No hay evento serio que ocurra en África donde no se le tenga en cuenta. Y justamente uno de los países contra los que ha cargado el keniano últimamente por sus políticas homófobas, Nigeria, va a acoger este año la capital mundial del libro. “No estoy muy seguro de cómo viajar a Nigeria ahora mismo”, dice Wainaina medio en broma mientras explica su implicación en el proyecto Africa 39. “Port Harcourt va a ser este año la capital mundial del libro. Mi trabajo fue conseguir a 120 escritores de menos de cuarenta años que luego fueron a parar a manos de los jueces”. La lista final con los seleccionados se anunciará durante el mes de abril. “Están preparando una Feria del Libro que creo que se va a convertir en una de las más importantes del continente”, sentencia el literato elogiando los esfuerzos del gobernador del Estado nigeriano de River State en esta iniciativa.

La novela del huracán

Pero las distintas iniciativas con talento africano –la citada Africa 39 y un proyecto para erigir la ciudad keniana de Kisumu como un centro para las artes y el refugio político–, no le impiden a sumergirse en su próxima novela. “La idea original surgió de mi último año como docente en Estados Unidos. Estaba en mi habitación, tecleando… Y aterrizó el huracán. Podías ver cómo estaba arrasando las calles de Nueva York, devastando parte de la baja Manhattan… Fue delirante. Aterrador”, dice trazando un paralelismo con la situación social, política y económica del mundo en la actualidad y ante la escalada imparable de acontecimientos globales.

“A lo que estamos viviendo ahora yo lo llamo “el huracán”. Pones la tele y te aparece…. “¡Grecia, Grecia, Grecia, Grecia y… puuuh!”, alza la voz. “¡Turquía, Turquía….!¡Egipto…, Ucrania…! Y me hace sentir como cuando era un niño y veía a mis padres mirar la tele en los setenta y veías: otro presidente ha sido asesinado… Quiero recoger eso, cómo sienta este huracán o el estar dentro de él; dentro del huracán africano, en particular. Estamos viviendo uno de esos subproductos neoliberales, como tantos otros, pero que tiene sus ventajas específicas. Tenemos nuevos proyectos ferroviarios que están abriendo nuestro continente y que no habíamos visto en cien años. El proyecto ferroviario es el motivo por el que Nairobi existe hoy en día y ahora la gente sabe que hay una línea que irá hasta Camerún. Aún no han pagado por ello, pero el sello ya está puesto en el contrato. No hay marcha atrás. Y para mí y mi generación esta idea de que “no hay marcha atrás” es realmente emocionante. Así que he estado utilizando diferentes tiempos verbales, jugando con ellos. Se puede ver en el Lost Chapter, cómo empiezo a jugar con esta idea agitándo los tiempos para darles electricidad. Esto es lo que voy a hacer este año”.

Y mientras esperamos este nuevo trabajo que se trae entre manos, y como broche de la entrevista, ¿una sugerencia en exclusiva para todos los amantes de la literatura africana? El keniano apuesta decididamente por Search Sweet Country, del ghanés Kojo Laing. “Para mí, es la mejor novela de todos los tiempos escrita por un africano. Fue publicada en los ochenta y la crítica la recibió de forma insólita. Es una novela sin etiquetas posibles. Monumental. Es un estilo en sí misma. Y el autor, de los mejores autores del siglo XX. Hay que leerla”.