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50 años del Senegal epicentro de la cultura negra

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Alexandra Gil

A principios de este noviembre pasado, las ciudades de Thies y Dakar se vistieron de gala  para conmemorar el evento que, hace medio siglo, puso a Senegal en el mapa de la cultura negra. Ideado por los “Padres fundadores de la negritud” a lo largo del Primer Congreso de escritores y artistas negros de la Sorbona en 1956, el Primer Festival Mundial de las Artes Negras pretendía mostrar y dar valor a las culturas africanas en un contexto de recientes independencias políticas en el continente y de fuertes tensiones entre el Este y el Oeste.

Leopold Sédar Senghor, primer presidente del Senegal independiente, condición obtenida en 1960, buscaba con la organización de este Festival “ayudar no solo a la defensa y a la ilustración de las artes negras, sino también, a la construcción de una civilización de lo universal”[1]. Se trataba del primer gran evento de esta nueva etapa nacional, y arrancaba bajo el lema “Función e importancia del arte negro y africano en la vida de la gente y para la gente”[2]. Asistirían más de diez mil personas. Como participantes, cabría destacar la presencia de André Malraux, Ministro de Cultura Francés de la época y eminente escritor, y de otros muchos protagonistas como Aimé Césaire. Durante veinticuatro días en el mes de abril de 1966, cada barrio de Dakar se llenaba de espectáculos al aire libre; y gracias a las gestiones ejercidas por el propio Senghor, se expusieron diversas piezas venidas desde el Museo del Cairo, que eran incluso vigiladas por tiradores de élite dada la excepcionalidad de la situación, puesto que raramente salían del mismo.

El impacto del primer FESMAN sigue sobrevolando hoy las cabezas de los amantes de las artes. Tal era su envergadura y tal la implicación del Presidente poeta, que cada funcionario senegalés recibió tres meses de su salario por adelantado para poder participar holgadamente en el festival. La suma debía ir reembolsándose en 12 meses.[3] Para el país, supuso la construcción de infraestructuras tales como el Museo dinámico de Soumbedioune, el Teatro Nacional Daniel Sorano, la Escuela Nacional de Artes o la Manufactura de Artes Decorativas de Thies. Implicó la creación del Ministerio de Cultura (que nunca desde entonces ha desaparecido del gobierno ni se ha fusionado con ningún otro) y resultó en “una maravillosa adhesión popular que no se ha vuelto a experimentar en el país desde aquella”[4]. Se trataba más que de un Festival, de un merecido homenaje a las expresiones culturales africanas, relegadas a un segundo plano e incluso ignoradas hasta entonces por los países colonizadores y afines.

Cincuenta años más tarde de aquella primera edición, el Hotel King Fahd Palace de Dakar reunió durante tres días a artistas, políticos y académicos en un coloquio internacional bajo el lema “Memoria y actualidad (1966 – 2016)”. El Presidente del Gobierno de Senegal, Macky Sall, asistió a la sesión de inauguración y pronunció un poema de Birago Diop mostrando lo que algunos llamaron “un súbito interés por la cultura”[5]. Aprovecharía también para anunciar la condecoración en la Orden Nacional del León (la más alta distinción del país) de, entre otros, el músico Ablaye Ndiaye “Thiossane”, el actor Serigne Ndiaye Gonzales o los pintores Ibou Diouf y Younousse Séye, todos ellos artistas senegaleses en activo y participantes del Festival.

Fuente: https://continuo.wordpress.com/2009/11/25/dakar-1966-1er-festival-mondial-des-arts-negres/

 

El evento sirvió también a Saliou Mbaye, Presidente del Comité Científico del Coloquio sobre el FESMAN y exdirector de los archivos nacionales, para anunciar la obtención de dos películas (una soviética y una americana, cada una promoviendo sus intereses en plena Guerra Fría) rodadas con motivo del primer Festival, así como para reclamar la vuelta a casa del “conjunto de fuentes de la historia de nuestro país que se conservan en el extranjero y que forman parte del patrimonio senegalés”.[6]

Organizadores y participantes del coloquio coincidieron en destacar la importancia de crear un espacio de diálogo permanente que ayude a revitalizar y hacer más visible los “patrimonios culturales”[7] africanos. Entre las propuestas más oídas, cabría mencionar la necesidad de catalogar y conocer la situación de las infraestructuras culturales de cada país africano, la de instaurar la organización de homenajes a los personajes más conocidos en los ámbitos culturales y la de retomar la idea del FESMAN adaptándola a la nueva coyuntura. A nivel país, se solicitó al Presidente Macky Sall que se reabrieran el Museo dinámico y tanto el Centro de Estudios de las Civilizaciones como el Comisariado de exposiciones de arte en el extranjero del Ministerio de Cultura.[8]

La influencia de Senghor y del FESMAN en la utilización de la cultura como motor de desarrollo tras las independencias africanas es innegable, así como el posicionamiento de Senegal en la región como líder y ejemplo de políticas culturales exitosas en la época. El paso del tiempo, los planes de reestructuración económica –impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional– y la llegada de nuevos presidentes y prioridades ha ido mermando la relevancia dada al sector cultural en el país, que ha visto en estos años cerrar la práctica totalidad de sus salas de cine y luchar por mantenerse vivo. Senegal era y es un referente en materia de políticas culturales (no hay que olvidar su Bienal de Arte contemporáneo, o el hecho de que Dakar forma parte de la red de ciudades digitales de la UNESCO), pero los participantes en el coloquio coincidían en la inherente lástima que el motivo del mismo era simplemente recordar y no relanzar el Festival.[9]

En general, los especialistas en la materia esperan que, al haber realizado una rememoración de tan alto nivel, se avive la “toma de conciencia del rol de la cultura en el desarrollo del país”[10] y tenga cabida en el proceso “de emergencia”[11]. Por el momento, lo que sí está construido es el Museo de las Civilizaciones Negras, considerado por muchos como “una prolongación del FESMAN de 1966”[12], hoy a la espera de los contenidos que reagruparán elementos de civilización, tradición e identidad de las culturas negras con la finalidad de seguir mostrando y demostrando la amplitud de su contribución al patrimonio universal[13].

Imagen del Museo de las Civilizaciones Negras, que abrió sus puertas en noviembre de 2016. Fuente: http://www.africanouvelles.com/nouvelles/nouvelles/afrique/senegal-50-ans-apres-le-projet-le-musee-des-civilisations-noires-est-fin-pret.html

 


[1] 9/11/2016, “Macky Sall promet de poursuivre la symphonie de 1966”, Le Soleil, p. 11.

[2] François Diouane Ndiaye. La circulation des oeuvres d’art contemporain en Afrique de l’Ouest: cas des arts plastiques à travers l’exemple du Sénégal. Art et histoire de l’art. Université Michel de Montaigne – Bordeaux III, 2014, p. 46.

[3] 10/11/2016, “Le festival a gardé toute sa fraîcheur dans la mémoire collective”, Le Soleil, p. 12.

[4] 09/11/2016, “Le banquet des expressions artistiques célébré”, Le Soleil, p. 12.

[5] 10/11/2016, “Regain d’intérêt ambigu de Macky Sall pour la culture”, WalfQuotidien, p. 11

[6] 09/11/2016, “Colloque international: Le banquet des expressions artistiques célébré”, Le Soleil, p. 12.

[7] 11/11/2016, “Organisateurs et participants se félicitent de la fécondité des échanges”, Le Soleil, p.11.

[8] 11/11/2016, “Maintenir l’idée du Festival”, Le Soleil, p.11.

[9] 10/11/2016, “Discours d’ouverture du président du Comité scientifique, Professeur Saliou Mbaye”, Le Soleil, p. 14.

[10] 10/11/2016, “Regain d’intérêt…” Op. Cit.

[11] Ídem.

[12] 10/11/2016, “Un prolongement du Festival de 1966”, Le Soleil, p.11.

[13] Ídem.

“La danza es la forma de demostrar nuestra independencia”

Entrevista a Germaine Acogny, icono universal de la danza contemporánea

“La danza contemporánea es la libertad y la forma de demostrar nuestra independencia”

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Germaine Acogny, icono universal de la danza contemporánea. Foto de Miguel J. Berrocal.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Germaine Acogny, icono universal de la danza contemporánea.
Foto de Miguel J. Berrocal.

“En África somos totalmente contemporáneos, un ejemplo de ello son nuestras danzas urbanas”.

“Si observamos todas nuestras danzas hay unas raíces comunes, que son el contacto con el suelo y la elevación al cielo, es el diálogo con el cosmos. Nuestras danzas están inspiradas en la naturaleza”

“En cuanto a esa África pesimista, yo siempre digo a los jóvenes que hay que ir a ver lo que pasa en otros lugares y volver a casa. Yo digo que África es el futuro. Tenemos de todo. Si nuestros gobernantes hicieran más y no estuvieran bajo el yugo de Europa que nos explota bailando una danza macabra sobre nuestras cabezas…”

“Occidente necesita a la juventud africana”. “Es lamentable que cierren las fronteras. Europa debe ayudar a los inmigrantes africanos, puesto que van a ayudarles a mantener su sistema de la seguridad social. Europa está vieja, necesita a esos jóvenes, sin ellos morirá”

El pasado 15 de octubre tuvimos el honor de entrevistar en los teatros del Canal en Madrid, a un icono de la historia universal de la danza contemporánea, Germaine Acogny, invitada de honor del II Ciclo de Danza Contemporánea Africana, organizado por Lanla Move.

Considerada una de las cien personas más influyentes del continente africano según la revista Jeune Afrique, esta franco-senegalesa de origen beninés sigue bailando, coreografiando y enseñando a sus 71 años.

Con una larga trayectoria como pedagoga, ya en 1968 creó el primer estudio de danza de Dakar. Entre 1977 y 1982 dirigió, en la misma ciudad, la reputada escuela Mudra Afrique, fundada por Maurice Béjart y el poeta y primer presidente de Senegal, Léopold Sédar Senghor. Al ser cerrada con el cambio de gobierno, se exilió a Bruselas para trabajar con la compañía de Béjart.

Tras más de una década en el viejo continente, impartiendo, entre otros, cursos internacionales de danzas africanas y dirigiendo en Toulouse el Estudio Ecole Ballet-Théâtre du 3eme Monde que fundó junto a su marido Helmut Vogt en 1985, regresa a Senegal junto a él en 1995, para crear en Toubab Dialaw -un pequeño pueblo de pescadores de la Petite Côte-, l´École de Sables. Centro de referencia en el continente africano, es un gran espacio de formación profesional en danza, perfectamente integrado en la naturaleza, en el que jóvenes bailarines africanos principalmente, aunque también de otros países del mundo y artistas de otras disciplinas, pueden aprender, reflexionar, crear e intercambiar en un marco inigualable.

Formada en danzas tradicionales de África del Oeste (de Senegal, Benín y Mali), en ballet clásico y danza contemporánea (técnica Graham y release), en París y New York y en danza clásica de la India, es la única coreógrafa que ha creado, desarrollado y codificado una técnica de danza contemporánea africana que ha obtenido reconocimiento a nivel mundial.

Y es precisamente su técnica la que vino a transmitir a Madrid, a un grupo de bailarines profesionales y amateur, como invitada de honor del II Ciclo de Danza Contemporánea Africana, organizado por Aïda Colmenero Díaz (Lanla Move), la única bailarina y coreógrafa española que ha sido formada de primera mano y es transmisora en diferentes países africanos y en España, de la técnica Acogny. Una técnica en la que la columna vertebral es el eje principal en torno al cual es articulada, que se inspira de y readapta las danzas tradicionales africanas al mundo contemporáneo, partiendo del contacto con la tierra y poniendo en comunicación al ser humano con la naturaleza.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Foto de Miguel J. Berrocal.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Foto de Miguel J. Berrocal.

NV: Cuando hablamos de danza contemporánea, ¿hay que marcar la diferencia entre danza occidental y africana?

GA: Por supuesto, porque Occidente es diferente de África. De hecho, no puedo hablar de África en su globalidad. Igual que en Europa, en África hay que diferenciar bien entre países. Ya por ejemplo en Senegal hay diferentes regiones como la Casamance. Existen diferentes criterios.

Cuando decimos contemporáneo, es “hoy”, ¿no es así? Si pensamos en nuestras danzas patrimoniales, nos daremos cuenta de que no son iguales que antes. Si tomamos como ejemplo el sabar de los lebus y de los wolof, no es lo mismo cómo yo bailaba esta danza hace años a cómo la bailan los jóvenes hoy en día. Es verdad que es el mismo ritmo, pero a su vez es totalmente diferente porque es contemporáneo, se baila ahora. Lo mismo ocurre con el coupé- decalé de Costa de Marfil. Somos contemporáneos y lo que hacemos es contemporáneo. “Contemporáneo” es un concepto. Por ejemplo, Francia tomó este concepto para marcar la diferencia entre la danza moderna americana y la danza contemporánea de su país. Yo digo que el “contemporáneo” es la danza de los tiempos modernos, que se produce en la actualidad. En África somos totalmente contemporáneos, un ejemplo de ello son nuestras danzas urbanas.

En l´Ecole de Sables, tenemos bailarines que vienen de la tradición, porque para ir hacia el futuro, hay que remitirse al pasado. Pensamos que es muy importante tenerla en cuenta porque sí no sabes a dónde ir, mira de dónde vienes. Es muy importante partir de nuestras raíces para ir hacia lo contemporáneo. De hecho, ni siquiera diría la danza contemporánea, sino las danzas contemporáneas, porque hay tal variedad de danzas ya sólo en Senegal… Pero si observamos todas esas danzas hay unas raíces comunes, que son el contacto con el suelo y la elevación al cielo, es el diálogo con el cosmos. Nuestras danzas están inspiradas en la naturaleza, eso es lo que yo he hecho con mi danza africana moderna. Prefiero decir danza africana moderna para no crear confusión con lo contemporáneo.
En definitiva, podemos hablar de una danza de los tiempos modernos de la que los jóvenes se sirven para expresar los sentimientos de hoy.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller.

NV: Bueno, en cierto modo ya me ha respondido a la segunda pregunta: Hablamos de danza contemporánea africana o danza contemporánea en África?

GA: Prefiero decir danza contemporánea en África puesto que no sólo hay una. Ya sólo en Senegal podemos hablar de diferentes tipos de danza contemporánea. Nosotros tomamos en cuenta las raíces de diferentes danzas de Senegal, como la de los diola o los serer. Junto con mi hijo, Patrick Acogny, doctor en Artes del Espectáculo y director artístico de l´Ecole de Sables, deconstruimos las danzas patrimoniales en el tiempo y en el espacio. Se llevan a la abstracción para construir una nueva danza a partir de la combinación de ellas.

NV: ¿Cuáles son sus influencias en tanto que bailarina y coreógrafa?
GA: Principalmente son mis danzas patrimoniales, el entorno, lo que pasa actualmente y los medios de comunicación. Todos me inspiran para expresar lo que tengo ganas de decir.

NV: A sus 71 años, continúa bailando. ¿Hay una edad para la danza?
GA: No hay edad para la danza. Actualmente Olivier Dubois, ha creado para mí, una nueva versión de la Consagración de la Primavera: Mon élu noir, le sacre 2. Él tiene 42 años y me llama A mi “jeune fille”, a pesar de que sabe que todo el mundo me llama mamá. Sin embargo, tengo la experiencia y vivo con la pasión de mi edad. No tengo ganas de tener ni veinte, ni treinta, ni cuarenta años, estoy orgullosa de mis setenta y uno y quiero bailar con la energía que ellos me aportan.

Otra de mis últimas creaciones es À un endroit du début, donde hablo, bailo… Creo que es la pasión la que me lleva a ello. Lo que me ha inspirado también es ver en Toubab Dialaw, donde está l´Ecole des Sables, una comunidad de mujeres que yo no conocía pero a la que sin embargo me dicen que también pertenezco, le Ndëpp. Esas mujeres, que a pesar de sus problemas y de sus más de ochenta años se ponen a bailar con una energía devorante al son del tam tam, son un ejemplo para mí. Espero poder conservar esa energía.

NV: Acabas de mencionar l´Ecole de Sables. ¿Por qué crear una escuela de este tipo en Senegal?
GA: Fui directora en Dakar de Mudra Afrique, creada por Maurice Béjart y el presidente Léopold Sédar Senghor. Cuando el presidente se marchó, sus sucesores no quisieron mantenerla. Yo me exilié y regresé a Senegal al cabo de los años con mi marido, Helmut Vogt, para crearla. Al principio tuve mis dudas, pero para formarse en una profesión, hacen falta escuelas ¿no? Hacen falta escuelas de medicina para formar médicos, ¿por qué no una escuela para formar bailarines?

Y la verdad es que conseguimos nuestro objetivo. Tuvimos suerte, la verdad. Al principio contamos únicamente con nuestros propios medios, y poco a poco con otros financiadores. Contamos con el apoyo de Arts International de Estados Unidos, y de Europa, que han contribuido a que podamos tener este centro, este pueblo para la danza, para ayudar a todos los africanos a afrontar sus esperanzas a través del trabajo, a través de la danza.

Cada dos años hacemos cursos internacionales abiertos a los cinco continentes y tenemos bailarines que vienen de todo el mundo. Hemos conseguido lo que los políticos no han podido, unir África y los cinco continentes a través de la danza. La escuela es un centro de vida, de intercambio, de formación, de creación, de residencia. Desgraciadamente sólo tenemos financiación extranjera, esperemos que en Senegal también tengamos partenaires que apoyen y tengan en consideración la danza.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Foto de Miguel J. Berrocal.

Germaine Acogny, madre de la danza africana contemporánea, muestra en los Teatros del Canal el resultado de su taller. Foto de Miguel J. Berrocal.

NV: Entonces, es una iniciativa privada, financiada con fondos extranjeros

GA: Eso es, una iniciativa privada con vocación pública.

NV: Desde que Senghor, que era un gran amante de las artes y la cultura, dejó de gobernar el país no ha vuelto a haber políticas públicas que apoyen la danza, ¿Se atisban cambios a este respecto?
GA: Los artistas, ya sea en artes plásticas, teatro, danza…de momento se autofinancian, esperemos que al menos haya cada vez más financiación privada.

NV: Desde Europa, desgraciadamente, se tiene a veces una visión pesimista, folclórica e incluso romántica, del continente africano. ¿Qué puede decir la danza contemporánea que se produce en África al mundo?
GA: Bueno, existe Afrique en Création desde 1990 y los Rencontres Chorégraphiques, de los que yo he sido directora durante cinco años, que de algún modo han cambiado algo el espíritu, porque en ellos han participado jóvenes coreógrafos africanos que han comenzado a inundar y a inspirar a Europa. En cuanto a esa África pesimista, yo siempre digo a los jóvenes que hay que ir a ver lo que pasa en otros lugares y volver a casa. Yo digo que África es el futuro. Tenemos de todo. Si nuestros gobernantes hicieran más y no estuvieran bajo el yugo de Europa que nos explota bailando una danza macabra sobre nuestras cabezas… Occidente necesita a la juventud africana. Es necesario ese intercambio.

El futuro está en África, que no nos cuenten historias. Es normal que muchos jóvenes quieran ir a Europa a recoger algunas migajas, pero ¿qué recoge Europa de África? Nuestros diamantes, nuestra tierra y sin embargo cierran sus fronteras. Es lamentable que cierren las fronteras mientras que sólo se pueden obtener de allí algunas migajas. Europa debe ayudar a los inmigrantes africanos, puesto que van a ayudarles a mantener su sistema de la seguridad social. Europa está vieja, necesita a esos jóvenes, sin ellos morirá. Es necesario ayudarse mutuamente, si no lo hacemos…

También les digo a mis alumnos que con el dinero hay que tener cuidado, se puede volver contra ti. El dinero tiene una energía muy fuerte. Cuanto más dinero das, más dinero recibes. Sin embargo, parece que cuanto más dinero ahorras, más tienes, yo no lo creo. Helmut y yo, hemos invertido nuestro propio dinero en l´Ecole de Sables, y no tenemos deudas. Podríamos ganar más, pero no lo necesitamos. Tenemos suficiente con la energía que desprenden los bailarines que recibimos. Nos sentimos afortunados.

NV: Una última pregunta: ¿qué tiene que decir la danza contemporánea al continente africano?
AC: Ser libres. En los años 60 ya recorrimos el mundo entero con nuestras danzas y ballets tradicionales, sin embargo, la danza contemporánea es la libertad de expresión, permite decir las cosas sin decirlas, gritar sin gritar. La danza contemporánea es la libertad y la forma de demostrar nuestra independencia.

 

Senghor como figura político-cultural

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Gabriela Pis San Juan

Leopold Sedar Senghor. Foto: Council of Europe

Leopold Sedar Senghor. Foto: Council of Europe

Senghor pronto destacó en la Francia de inicios del siglo XX al convertirse en el primer profesor negro que impartió clases de lengua en las universidades de Tours y París. Es la época en la que conoce a los intelectuales de la diáspora africana, entre los que destacará Aimé Césaire, quien acuñó el concepto de Negritud, defendido, asimilado y exportado más tarde a Senegal por el propio Senghor. Este es el ambiente en el que se forja una toma de conciencia como africano, pero en el que también se impregna de los valores occidentales; esto dará forma a su ideología posterior, pero será también el principal foco de las críticas hacia su figura. Léopold Sédar Senghor, nacido en 1906 en la ciudad de Joal, en la costa senegalesa, pronto se vería inmerso en lo que algunos han llegado a denominar una “triple vida”: profesor, poeta y político. Pero el mismo autor sostuvo que, de haber tenido que elegir, se hubiera quedado con sus poemas. Este profundo amor por la cultura impregnaría también el devenir de su política al frente de un Senegal recién independizado.

Su experiencia como soldado en el ejército francés durante la II Guerra Mundial le servirá para ver en vivo las debilidades de los colonizadores, y ese periodo coincidirá además con la época en la que escribe alguno de sus más célebres poemas. Tras el fin de la guerra, su carrera política se iniciaría como representante de Senegal en la Asamblea Nacional Francesa. Tres años más tarde, después de la publicación de la antología de poesía africana Hosties Noires, funda el Bloque Democrático Senegalés, con el que en 1960 se proclama como primer presidente de la República de Senegal.

Como máximo mandatario senegalés defiende el socialismo africano y representa una especie de portavoz internacional de África. Como poeta y ensayista se preocupa especialmente por la re-construcción de la cultura aniquilada por la colonización. El hilo conductor de su carrera político-artística fue la ideología de la Negritud, que Senghor llevaría a su máxima expresión especialmente en los inicios de sus dos décadas de presidencia, con el objetivo de construir una identidad senegalesa. Esta ideología, promovida a través de la política cultural, pretendía recuperar la tradición a través de la asimilación de influencias externas. Como ejemplo de esta dicotomía entre apropiación y resistencia Senghor ponía como ejemplo a Picasso, un artista que, a pesar de estar al frente del modernismo, no olvidaba sus orígenes andaluces. Eso esperaba del arte senegalés.

Los fenómenos culturales más destacados derivados de esa política se dan en los primeros años de su mandato. Entre ellos destacan la Escuela de Dakar, en la que se encontraban artistas como Amadou Ba, Boubacar Diallo o Djibril N´Diaye, también conocidos como los Pioneros de la Negritud por su proximidad al presidente y el consiguiente trato privilegiado por parte del Estado. Otro de los hitos de la política cultural de Senghor fue la celebración del Primer Festival de Artes Negras de Dakar en abril de 1966, organizado en torno a la idea de los “objetivos y significados del arte negro en la vida de la gente y para la gente”, con Aimé Césaire entre los organizadores, a la que acudieron artistas africanos y afrodescendientes de todo el mundo.

El propio Senghor dedicó gran parte de su extensa obra poética al concepto de la Negritud, como se aprecia en obras como Chants d’ombre (1945),  Éthiopiques (1956),  Nocturnes (1961), Élégies majeures (1979),  o en una de sus antologías más completas como es Oeuvre poétique, que recoge colecciones de poemas del senegalés entre los años 1945 y 1972.

Sin embargo, la Negritud también se convirtió en la ideología que decidía qué artistas y grupos eran considerados afines al discurso nacional y cuáles no, y por lo tanto eran marginales.  De este modo, los artistas en desacuerdo con la corriente principal fundaron sus propias organizaciones: se pusieron en marcha la Galería TENQ (“conexión” en wolof) y el Laboratorio AGIT-Art, un colectivo de intelectuales y artistas visuales liderados, entre otros, por Amadou Sow, que pretendían distanciarse de lo que consideraban una visión apolítica y puramente decorativa del arte. Otros artistas, como el también escritor Wole Soyinka criticaron esta concepción cultural con declaraciones como “el tigre no muestra su tigritud”.

El discurso de la Negritud recibió críticas también más allá del círculo cultural, por creerse un concepto contagiado de eurocentrismo, condicionado por la formación de Senghor en Francia y por su tendencia a ejemplificar la lucha con personajes occidentales. Con una visión esencialista que para algunos resultaba incluso racista al perpetuar estereotipos coloniales de los africanos, como la dicotomía, defendida por el primer presidente senegalés, entre la “razón helena” y la “emoción africana”.

Franz Fanon describe en Los condenados de la tierra esta visión crítica: “A la afirmación incondicional de la cultura europea sucedió la afirmación incondicional de la cultura africana. En general, los cantores de la negritud opusieron la vieja Europa a la joven África, la razón fatigosa a la poesía, la lógica opresiva a la naturaleza piafante; por un lado, rigidez, ceremonia, protocolo, escepticismo, por el otro ingenuidad, petulancia, libertad, hasta exuberancia. Pero también irresponsabilidad“.

Por encima de simpatizantes y detractores, la Negritud de Senghor marcó la época de las independencias con un nuevo discurso emancipador, pese a que una vez que el poeta senegalés dejara voluntariamente la presidencia en 1980 el apoyo se redujo. Sin embargo, la importancia de su figura político-artística quedaría plasmada internacionalmente al ostentar el cargo de vicepresidente del Alto Consejo de la Francofonía, cuando recibió un doctorado honoris causa por la Universidad de Salamanca en 1978, y aun después de su mandato en Senegal, cuando fue elegido para la Academia Francesa el 2 de junio de 1983.