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Call Me Thief: El destrozo del apartheid en la Sudáfrica de los sesenta

La muerte ajena. Mover la mirada cuando el dolor se presagia cerca. Escapar en el precipicio. Intuir la figura arqueada de un cuerpo que pende de una soga. La mortaja. Los dedos de los pies que se entumecen. No llega el oxígeno. Y entonces, el final. Así comienza Noem My Skollie (Call Me Thief, en su traducción inglesa). Una toma inicial que muestra los últimos segundos de un prisionero que jadea y reza. No hay tiempo. O quizás en el más allá. Se escucha una voz en off que recita esa frase que da miedo porque cuestiona y aprieta las neuronas de lo racional: “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Se le atribuye al siempre eterno y guapo James Dean, aunque en realidad se hiciera famosa en un diálogo de la película Llamad a cualquier puerta (1949) del director Nicholas Ray, en la que Humprey Bogart interpretaba a un abogado de esos de gabardina y cigarro quemando labios.

La película Call Me Thief, del director Daryne Joshua, vuelve a la Sudáfrica del apartheid y se sitúa en Ciudad del Cabo en la década de los sesenta. En concreto, la historia se centra en Cape Flats, un ghetto –actualmente en expansión– que fue construido a unos 15 kilómetros de las elegantes casas adosadas y ajardinadas de la cornisa atlántica de esta ciudad del extremo sur del continente. Cuando la segregación legalizada se extendió por Sudáfrica a finales de la década de 1960, el gobierno blanco expulsó a las familias mixtas de sus comunidades en el centro de Ciudad del Cabo y les asignó parcelas en esta tierra al oeste. Pero allí solo había arena, polvo y desolación. Las redes familiares se rompieron y se reemplazaron por otro tipo de alianzas: las pandillas callejeras que han vivido y muerto en este suburbio considerado el más grande de Ciudad del Cabo (entre 300.00 y 3 millones de personas).

En este contexto es donde se enmarca el guion basado en la propia historia de John W. Fredericks, que ahora peina los 71 años y despoja heridas a golpe de tecla en su vieja máquina de escribir que maneja con un solo dedo. La sinopsis es la siguiente: El joven Abraham, conocido como AB (Austin Rose) eleva su estatus en la cárcel cautivando a los gánsteres con su don para contar historias mientras que sus tres mejores amigos Gimba (Ethan Patton), Gif (Joshua Vraagom) y Shorty (Valentino de Klerk) hacen de concubinas de los jefes pandilleros. Hay varios grupos, pero el poder de las palabras y la narración oral servirán de parapeto a AB para permanecer neutral. Un don que le reconoció su madre en la infancia mientras él le leía la Biblia.

¿La inflexión? Un asalto brutal en un basurero de Cape Flats donde lo violan y le roban su inocencia. A pesar de las pesadillas, AB entierra su dolor instando a sus amigos a formar una pandilla (los Young Ones) para protegerse mutuamente. No obstante, pronto serán absorbidos por el mundo violento de robos y asesinatos glorificados por sus padres y adultos a los que admiran. Las imágenes muestran cómo los muchachos pasan el tiempo en las esquinas de las calles, hablan duro y presumen de las heridas de bala en sus piernas o de los cortes con cuchillo en la cara a causa de las peleas. Y beben. Un par de botellas de cerveza Black Label, amortiguan el paso de la violencia a la inocencia que todavía conservan estos adolescentes.

Hay una historia paralela de amor como en las películas de bandas callejeras rodadas en América. También hay venganza, miedo y desesperación. Pero quizás, más allá de la violencia, el uso de la narración de historias como contrapunto a la brutalidad de los encarcelamientos en masa durante esa parte de la historia sudafricana es apasionante y refrescante. Sus más de dos horas ofrece un final que complace a pesar de cabalgar en algo que el joven realizador Daryne Joshua ha conseguido a la perfección con la película: uno de los dolores más profundos e inquietantes que existen es la soledad. La supervivencia es una cuestión de perspectiva.

Call Me Thief, fue la única película del África al sur del Sahara que estuvo en las apuestas para los 89 Premios de la Academia (Oscar) en 2017.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival de cine contemporáneo Film Africa. Call me a thief ha sido la película ganadora de la edición 2017.

Félicité o el canto a la vida

Félicité se gana la vida cantando en un bar de Kinshasa

Félicité es la nueva cinta del director franco-senegalés Alain Gomis y una de las candidatas a llevarse el Premio del Público a la Mejor Película en la presente edición de Film Africa, el festival de cine africano contemporáneo de Londres del que Wiriko es medio oficial y advisor de la programación.

El nuevo trabajo de Gomis es un canto a la vida. Un tratado de resiliencia visual y musical de más de dos horas y que relata los pormenores de una madre soltera de Kinshasa, Félicité, cuya rutina cambia el día en que su hijo sufre un accidente de tráfico.

Félicité se gana la vida cantando en un bar de la capital de la República Democrática del Congo (RDC). Es una mujer valiente, dura y que lucha por no tener que darle explicaciones a nadie. La protagonista trata de escapar de un sistema socioeconómico y cultural que pone obstáculos para la independencia de la mujer en el África subsahariana. Ella pelea su sitio, esquiva a los acosadores y lleva las riendas de su vida como le da la gana. Dejó al padre de su hijo para ser una mujer fuerte aunque perderá el pulso ante el sistema de salud congoleño. Su aguante se desmorona cuando Samo, su hijo, necesita una operación para salvar su pierna tras un percance en motocicleta. Desesperada por conseguir el dinero que permita la actuación médica, Félicité se enfrenta a sí misma y a su orgullo.

En todo bar hay un borracho. Un hombre solitario. Tabu, interpretado por Papi Mpaka, es el que cada noche escucha las canciones de Félicité desde la barra. Empinando el codo, hablando más de la cuenta y engatusando a las mujeres para que lo acompañen a la cama. Una mañana de resaca, este manitas aparece para arreglar el frigorífico de Félicité. Ambos personajes chocan fuera del bar, en un marco ajeno pero con las etiquetas de la noche; él es el borracho, ella la cantante.

En este contexto, Tabu sabe de la situación de Félicité y de su hijo y accede a ayudarla. Pero, ¿cuál es la moneda de cambio? En la encrucijada, la película de Gomis toma, sin embargo, al espectador más allá de una historia de autocompasión. La resistencia de Félicité se desmorona mientras Tabu endulza unos momentos agónicos. La historia nos lleva hacia un camino de aceptación, perdón y esperanza. Un sensual y cuidado contrato al amor sin letra pequeña. Una relación honesta y cruda como la mirada de su protagonista, la sudafricana Véro Tshanda Beya Mputu. Sus ojos penetran desde el primer plano así como lo hace su voz.

La música es también otro personaje más en esta cinta. La banda sonora está compuesta por el colectivo local Kasai Allstars y a través de los temas se muestra la mutación de carácter de Félicité. Del jolgorio a la rendición. Y a los sueños. Gomis juega con unas escenas líricas, amenizadas por la Orquesta Sinfónica de Kinshasa, para adentrarnos en unas ensoñaciones donde se olvida el caos de la ciudad y en la oscuridad del bosque, Félicité encuentra a Tabu.

Tabu, Felicité y Sano en un fotograma de la película

La relación entre ambos crece en silencio. La noche es para los tormentos y a plena luz del día no hay máscaras. No hay micrófono, no hay trago. Hay otras Félicités. Otros Tabus. “Ámame pero no me lo pidas”, le dice ella.

Alain Gomis filma la rutina con esta película. Se ha centrado en los momentos diarios en los que la vida toma forma y se desarrolla. “Me gusta fijarme en lo invisible de cada día porque ahí experimentamos cosas intangibles como por ejemplo el amor”, dijo el director en la pasada edición de la Berlinale donde Félicité se llevó el Gran Premio del Jurado (Oso de Plata).

En esas minucias de la vida cabe un frigorífico. Uno antiguo, estropeado y que mantiene su lugar de privilegio en el salón de una casa de los suburbios de una capital del África subsahariana. ¿Es mejor comprarse uno nuevo? Quita, quita. Esto se soluciona pronto. No es el motor, es el ventilador. Tampoco. Va a ser el transformador. Y cuando todo está perdido, el frigorífico vuelve a funcionar. Sin embargo, desprende ruido. Se ríe por no llorar. Se acepta y el molesto sonido da compañía en la humilde casa de Félicité. La vida es como un frigorífico. Y quizás el amor.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival de cine contemporáneo Film Africa.

Wiriko medio oficial del Film Africa

Black is beautiful: El Londres más negro sube el telón del Film Africa

Wiriko medio oficial del Film Africa

Wiriko medio oficial del festival de cines africanos de Londres Film Africa.

Vuelve un Londres en negro. Un negro que es beautiful. Un negro que como canta el cantante Chronixx, es necesario para entender la construcción del imaginario que tenemos del continente africano. Regresa el Film Africa (27 de octubre hasta el domingo 5 de noviembre), la celebración más grande de cines africanos y su diáspora de Inglaterra organizado por la Royal African Society de la que Wiriko continúa por tercer año consecutivo como medio oficial en español de una de las citas imprescindibles europeas. Y cuando se hace alusión a que la urbe inglesa ennegrece cada año es porque su política y objetivos se extiende a lo largo de seis sedes colonizando las carteleras de las principales salas de cine: Rich Mix, BFI Southbank, Ritzy Brixton, Ciné Lumière, Bernie Grant Arts Centre y el South London Gallery. No hay excusas para no enmudecer con alguno de los 38 títulos que se proyectarán procedentes de 21 Países africanos (incluidos 19 estrenos en el Reino Unido, Europa o mundiales) y con la presencia de cineastas, actores y actrices y músicos que endulzarán una semana africana que prestará especial atención a las historias de mujeres.

La apertura de esta noche en el BFI Southbank estará a cargo de la película The Wound (Inxeba), del director sudafricano John Trengove. Un trabajo atrevido que pudimos ver en el festival de Durban el pasado julio y que explora la sexualidad, la masculinidad y el choque entre los valores tradicionales y contemporáneos en la actual Sudáfrica. El actor principal y premiado músico Nakhane, uno de los nuevos talentos más emocionantes del país, asistirá a la proyección y actuará este domingo en el Rich Mix llevando sus melancólicas y lánguidas guitarras y bellas armonías vocales al público londinense por primera vez.

La séptima edición del Film Africa clausurá en el Ciné Lumière el 5 de noviembre, con el estreno en Londres de Foreign Body, el nuevo trabajo audaz y visceral de la directora tunecina Raja Amari. Para conmemorar sus 60 años de independencia de Ghana, el festival proyectará tres trabajos que capturan el espíritu de una de las industrias cinematográficas de más rápida expansión en el continente africano: Keteke, el primer largometraje de Peter Sedufia, con una preciosa banda sonora a cargo de la banda de Accra, Worlasi; la historia épica de la realizadora ghanesa-americana Leila Djansi sobre la trata de esclavos en el Atlántico, I Sing of a Well; y una rara oportunidad de ver uno de los más aclamados trabajos de los últimos tiempos, Kukurantumi – Road to Accra, del realizador King Ampaw.

Film Africa continúa su estrecha asociación con el consorcio de los cinco festivales de cine africano del Reino Unido (Film Africa-Londres, Africa in Motion-Escocia, Afrika Eye-Bristol, CAFF-Cambridge y Watch Africa-Gales) con su sección Clásicos perdidos de África (Africa’s Lost Classics), trayendo a las pantallas algunas de las mejores películas africanas que han sido prohibidas, censuradas, perdidas u olvidadas, incluida la restauración de algunas películas importantes dirigidas por mujeres africanas. Algunos ejemplos serán Fatma 75, una película pionera y el primer trabajo de no ficción de la tunecina, Selma Baccar; Rage, del laureado director nigeriano Newton Aduaka; y Mueda, Memory and Massacre, de Ruy Guerra, una obra central de la ola de Cine Novo, generalmente considerada como el primer largometraje de ficción independiente de Mozambique y una obra maestra de la memoria anticolonial.

En esta séptima edición se podrán ver los primeros trabajos del sudafricano Daryne Joshua con su Call Me Thief, un retrato de la vida en los suburbios de Ciudad del Cabo en la década de 1960; el estreno europeo de I Will Not Bear Tomorrow, de Abraham Gezahagne, que se adentra de lleno en uno de los momentos más oscuros de Etiopía; y en I Still Hide to Smoke, un baño turco es el telón de fondo para la audaz exploración de la directora argelina Rayhana Obermeyer sobre el papel de la mujer en su país hoy día.

Junto a I Still Hide to Smoke y Fatma 75, otros títulos de la programación de la que Wiriko forma parte como asesor muestran historias de mujeres. Por ejemplo, se estrenará en el Reino Unido el documental Sacred Water, de Jordain Olivier que explora la sexualidad femenina en Ruanda; A day for women, de Kamla Abou Zekri un trabajo que reflexiona sobre la comunidad, la convivencia y la libertad de las mujeres en la sociedad egipcia; El cuarto largometraje de Alain Gomis Félicité, ganador del prestigioso Oso de plata en Berlín, que retrata a una madre soltera en la capital congolesa de Kinshasa; y el documental de Pascale Lamache, Winnie, el cual describe la compleja figura de Winnie Mandela, y se pregunta por qué la historia silencia habitualmente a las mujeres líderes fuertes.

Otras películas destacadas incluyen el estreno mundial del documental Di Journey de Maria Khan, una exploración histórica y completa sobre las relaciones de inmigración y raza en la comunidad afro-caribeña del Reino Unido; lo último de la prolífica directora ghanesa Shirley Frimpong Manson, Potato Potahto; y el estreno en el Reino Unido del brillante documental de Samantha Biffot The African Who Wanted to Fly, que cuenta la extraordinaria historia de un joven de Gabón que se convirtió en maestro de Kung Fu en China.

Secciones de cortometrajes, días programados para los niños, conciertos y conferencias paralelas completan una semana que reflejará lo mejor de los cines africanos. Y Wiriko estará allí para contarlo.

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Estereotipos y colonización, nuevo punto de mira de Fabrice Monteiro

Hay pistas. Secretos que se desvelan a golpe de comunicado de prensa. Destellos de lo que vendrá. Y la moda del teaser. 1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo celebrada a principios de mes en Londres, dejó varios de esos adelantos. La quinta edición de la muestra expuso a más de 130 artistas del continente y la diáspora, acogió a 42 galerías de todo el mundo y citó a Wiriko con el fotógrafo belga-beninés Fabrice Monteiro.

En la sala acondicionada para la galería Mariane Ibrahim de Seattle, Monteiro explica para esta revista su contribución de este año. “Se llama Pitit Noir y es la representación de la colonización europea. Se sitúa en el Congo belga de Leopoldo II, que tomó el país como su propiedad. Los niños estaban forzados a recolectar caucho y a todos aquellos que se negaban se les cortaba la mano derecha. Los europeos fueron a África para obtener beneficio de la mano de obra y los recursos de los países africanos”, explica el artista. En el retrato, el joven porta un crucifijo, blanco, que enfatiza el papel de la religión como “herramienta para mantener África bajo sumisión”.

‘Pitit-Noir’ de Fabrice Monteiro. Cortesía de la galería Mariane Ibrahim Gallery

‘Pitit Noir’ es el avance que Monteiro expuso en 1:54 de su reciente proyecto. Una imagen que formará parte de una nueva serie fotográfica que espera tener finalizada en noviembre y cuyo título será ‘The Eight-Mile Wall’. La inspiración viene de la barrera racial construida en Detroit en 1941. El muro homónimo tenía como intención mantener la comunidad blanca separada de la negra en la ciudad norteamericana, sin embargo la colección nos lleva a África. “Existen estereotipos y clichés sobre racismo en los Estados Unidos, pero esas imágenes están arraigadas en otras muchas sociedades”, comenta el fotógrafo.

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En esta ocasión Monteiro revisita la historia. Vuelve a los tiempos y consecuencias de la colonización, pero manteniendo el enlace con los asuntos globales contemporáneos. El trabajo del fotógrafo es una llamada de atención social desde un prisma africano, en la línea de su colección anterior, ‘The Prophecy’, un reclamo visual contra el cambio climático. Afincado en Dakar, Monteiro hizo que sus fotografías se convirtieran en un conglomerado de diseño y moda que retrataban a los dioses de la basura. “The Prophecy es un cuento: la madre tierra está siendo asesinada. Se enferma cada vez más y es hora de hacer algo”, rememora de un trabajo que contó con nueve fotografías. La serie se realizó en Senegal, pero posteriormente Monteiro añadió una en la Gran Barrera de Coral, en Australia; y otra en el solar de residuos electrónicos de Agbogbloshie, en Accra.

Monteiro Indaga en la cultura y las creencias africanas, y las inserta en el contexto actual. Una simbiosis que tiene como ejemplo las figuras de ‘The Prophecy’, que proyectan la naturaleza animista del continente africano, a la par que muestran un ensayo fotográfico de actualidad. Una mezcla de tradición y modernidad que se observa en la trayectoria del artista que utiliza la fotografía como medio educativo. Sin embargo, “no se trata de estigmatizar a África. El problema medioambiental es un asunto mundial y humanitario por mucho que el señor Trump se empeñe en negarlo”. Monteiro intenta concienciar a golpe de fotografía. “Soy un ciudadano de este planeta y tengo la capacidad de crear imágenes y después dejar que los otros las juzguen”, concluye.

Zanele Muholi: la celebración de la melanina

Zanele Muholi lleva todo el verano mirando a la gente. Con unos ojos directos, fríos e impenetrables. Con un rostro firme y distante en el que no se atisba ni una sonrisa. Seria, Muholi está cansada de que otros hablen por ella y ha ideado un proyecto fotográfico para liderar la conversación sobre la representación del cuerpo negro femenino.

 

“Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”

“Somnyama Ngonyama” es la primera exposición fotográfica de Zanele Muholi en Londres. La muestra, acogida en la galería Autograph ABP hasta finales de octubre, es una serie de más de 60 autorretratos tomados entre 2014 y 2016 a través de los cuales la artista visual y activista sudafricana ajusta las cuentas con la rutina racista y homófoba a la que se enfrenta. “Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”, explica Muholi en el programa de la exhibición.

Con esta exposición curada por Renée Mussai, la sudafricana se acepta tal y como es; lesbiana, negra y africana. Es un trabajo para la reafirmación de su identidad y un alegato a la tolerancia sin reparar en la raza, género o sexualidad. Muholi presenta unas imágenes poderosas a la vez que bellas y propone una conversación que deja al visitante intimidado. Es una colección íntima, aunque esta memoria personal no se desprende del panorama político y socioeconómico sudafricano.

En las fotografías Muholi posa sola, triste, seductora, desafiante y majestuosa. La artista habla pero está callada. Muestra la servidumbre doméstica gracias a unos guantes de látex que le oprimen y se pregunta cuál es su castigo atada con cinturones. Indaga en el cambio climático cubierta de plásticos, hace un pacto por dinero y denuncia la caza furtiva de rinocerontes. Y todo con la mirada y a través de su objetivo.

Muholi se ayuda de distintos objetos y escenarios en su mayoría blancos para otorgar contraste en un discurso visual donde cada accesorio ayuda a la representación de distintos temas y sucesos actuales. En muchas de las imágenes la piel de la artista nacida en Umlazi, Durban, parece acrílica, y su cabello es toda una muestra de intenciones. La luz se posa duramente en la punta de su nariz, en el labio inferior y en sus pómulos. Es una expresión de su cuerpo equilibrada con un mensaje por los derechos humanos y la justicia social. Así se ejemplifica en Thulani II, una de las fotografías que rememoran la masacre de Marikana en 2002, donde la policía sudafricana mató a 34 mineros en huelga.

Zanele Muholi. Cortesía de Stevenson, Cape Town/Johannesburg y Yancey Richardson, New York.

Para esta cita londinense, la colección “Somnyama Ngonyama” además cuenta con cuatro nuevos autorretratos comisionados por la galería Autograph ABP. Muholi muestra la brutalidad y el encarcelamiento de las mujeres sudafricanas que marcharon en contra del apartheid en la manifestación organizada por la Federación de Mujeres de Sudáfrica en Pretoria en 1956. Las fotografías fueron tomadas en la prisión de Old Fort en Johannesburgo donde muchas de las mujeres fueron encerradas. En la la cuarta toma, expresamente realizada para esta exhibición, se ahonda en la imaginería étnica gracias a un autorretrato donde Muholi viste un kimono. ¿Qué representación daría una africana con esta prenda?

Las fotografías de Muholi son la reivindicación de un espacio artístico y cultural para la mujer negra y una lucha para el cambio de las representaciones mediáticas. La artista hace que sus imágenes sean un referente para el artivismo sudafricano y su trabajo continúa defendiendo los derechos humanos y del colectivo LGTBIQ.

Africa Writes: Londres se rinde a la literatura africana

Africa Writes, el festival literario organizado por la Royal African Society, vuelve este finde semana a Londres. La British Library es de nuevo el punto de encuentro para descubrir las últimas voces y tendencias de la escena literaria africana y en la diáspora.

En esta ocasión es el escritor congolés Alain Mabanckou quien lidera la programación de esta sexta edición y comenta que “la literatura africana es en la actualidad el espacio en el que los africanos puede hablar en el nombre de África y otros africanos”. El autor de títulos como Mañana cumpliré 20 años o African Psycho, se presenta en la capital londinense tras la reciente traducción al inglés de su última novela Black Moses y charlará con los presentes en un coloquio sobre lenguaje, estilo y política. Mabanckou, una de las principales influencias en la literatura francófona, es el gran aliciente de un evento que en otros años ha incluido nombres como Chimamanda Ngozi Adichie, Ngũgĩ wa Thiong’o o Nawal El Saadawi.

El cartel también cuenta con la participación del colectivo Jalada que se ha convertido en una de las referencias literarias del continente y cuyo objetivo es el de “tener un foro panafricano que permitiese a los autores apoyarse entre sí, mediante la autoedición y la autopublicación y que fuese un espacio libre y accesible”.

La jornada del sábado se cierra con varias actuaciones donde la narración es la protagonista. Mara Menzies y Maimouna Jallow han adaptado dos obras para contar sueños y engaños. Menzies se basa en el cuento Yoruba sobre el valor de la justicia y la verdad mientras que Jallow versiona la novela The Secret Lives of Baba Segi’s Wives de la nigeriana Lola Shoneyin para reimaginar textos contemporáneos a través de la tradición oral. Los creadores del podcast Mostly Lit traerán un programa en directo enfocado en “cómo escribir sobre lo negro” y en la mañana del domingo se rendirá homenaje a la escritora nigeriana Buchi Emecheta que falleció el pasado mes de febrero.

African Writes mantiene la tradición un año más de reunir a los nominados al Premio Caine y será de nuevo el escenario de acogida de varios lanzamientos. El nigeriano Helon Habila presenta su recién publicado The Chibok Girls, un trabajo en el que profundiza en el rapto de las 276 niñas en abril de 2014 en Chibok, al norte de Nigeria. Por su parte JJ Bola trae su obra novel No Place to Call Home, una historia de pertenencia, identidad e inmigración y Olumide Popoola saca a relucir los estereotipos ligados a los hombres homosexuales negros, el desafío de asentarse en la diáspora y la intolerancia racial en la Londres actual con When We Speak of Nothing.

Charlas, talleres, debates, mesas redondas y presentaciones se alternan durante todo el fin de semana en las instalaciones de la British Library que además contará con una feria del libro africano. La Royal African Society se ha esforzado otra vez más para atraer a escritores, editores, académicos y activistas del continente y crear un evento que se ha consolidado como una de las citas imprescindibles de la literatura africana. Wiriko está presente en el festival como medio oficial y os ofrecerá toda la información.

Un espectaculo de Maimouna Jallow.

Touria El Glaoui: “Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales”

1:54 Contemporary African Art Fair, la principal feria de arte contemporáneo africano y de su diáspora, vuelve a Nueva York. En esta tercera edición de Estados Unidos, el evento, que recibe este nombre por los 54 países que constituyen el continente africano, va a volver a celebrarse en el Pioneer Works de Brooklyn. Del 5 al 7 de mayo, la ciudad americana va a acoger a más de 60 artistas representados por 20 galerías de Francia, Reino Unido, Sudáfrica, Kenia, Costa de Marfil, Ghana, Angola, Italia, Marruecos y Estados Unidos; y espera recibir a unos 8000 visitantes, 1500 más que en la edición anterior.

Touria El Glaoui.

1:54 es una celebración de las diversas perspectivas africanas. La feria ocupa una posición única, es un puente entre tres continentes (Europa, África y América del Norte). Trabajar estrechamente con las organizaciones de Nueva York significa que estamos constantemente explorando nuevas colaboraciones y asociaciones para que el público local e internacional disfrute. La movilidad de la feria permite al público, coleccionistas y entusiastas del arte interactuar con la plataforma”, comenta para Wiriko Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

1:54 New York 2016 © Katrina Sorrentino

Además de las exposiciones organizadas por cada galería en su espacio, la feria va a contar con un importante programa de eventos especiales y exposiciones con los más destacados artistas contemporáneos. Para esta edición, se presenta el programa más extenso desde que se instaló la feria en la ciudad.

En colaboración con la galería MAGNIN-A de París, y el centro Red Hook Labs de Nueva York, se ha organizado la exposición The eye of modern Mali (El ojo del Mali moderno), del fotógrafo Malick Sidibé. Tras abrir una galería en el centro de la capital maliense en los años 50, Sidibé se dio a conocer con sus fotos en blanco y negro que retrataban la vida y la cultura de una ciudad en efervescencia por el despertar de las independencias. La modernidad africana captada en sus imágenes pronto adquirió el reconocimiento internacional.

Malick Sidibé, Les Retrouvailles au bord du fleuve Niger, 1974, © Malick Sidibé, Courtesy Galerie MAGNIN-A, Paris

Malick Sidibé Danseur Méringué, 1964 © Malick- Sidibé Courtesy Galerie MAGNIN A Paris

Junto también con Nataal, una marca global de medios de comunicación, se va a inaugurar la exposición Nataal: New African Photography II, que en su segunda edición va a exponer tanto a artistas consagrados como a otros de emergentes que buscan, a través de sus imágenes, enmarcar una África contemporánea y transmitir su identidad.

En exclusiva para esta edición, el artista y diseñador senegalés con reconocimiento internacional, Ousmane Mbaye, y su marca GRAPHYK presentan su nueva colección simple y sincera, protagonizada por el color y por materiales secundarios como el hierro, al que trata como un material con vida propia.

Ousmane Mbaye, GRAPHIK chairs

Otra de las actividades que se van a llevar a cabo durante la feria es la presentación de un nuevo número de la revista Aperture, Platform Africa, que verá la luz este verano y que estará dedicada a bienales, espacios para el arte, talleres educativos, entre otras cosas que están cambiando la fotografía en África. Además, la revista va a presentar una exposición de impresiones limitadas de las más sorprendentes voces de la fotografía contemporánea africana.

Mientras viste con sus diseños a artistas, músicos y amigos, para luego retratarlos, Hassan Hajjaj, este artista convertido a la fotografía en los años 80, presenta su exposición Kesh Angels and my Rockstars series, que se va a exponer en la segunda planta del Pioneer Works. Influenciado por la cultura hip-hop y reggae de Londres y por su herencia norteafricana, Hajjaj utiliza objetos reciclados como cajas de Coca-Cola, taburetes y latas de aluminio para combinar la fotografía de moda contemporánea, el pop art y las influencias de los pioneros del retrato africano, y así poder discutir sobre la importancia de la tradición y los efectos de las marcas y el capitalismo global.

Hassan Hajjaj, M., 2010, Courtesy Taymour Grahne Gallery

Reflexionando sobre las consecuencias de la nacionalidad, la autenticidad y las fronteras para la población migrante africana, el artista keniano Tahir Karmali, también presenta su exposición PAPER/Works. A través de la fotografía y el papel, el artista busca narrar la identidad de los colectivos migrantes, tan excluidos de la sociedad y, al mismo tiempo tan atrapados por las infraestructuras económicas, políticas y sociales.

Tahir Karmali, PAPER/work, 2017, Aluminum wire screen mesh and handmade paper sculpture, Dimensions variable, Courtesy the artist

Además de todas estas actividades y de los más de 60 artistas que participaran, durante los días que transcurra la más importante feria de arte contemporáneo africano, el espacio educativo, 1:54 Forum, comisariado desde sus orígenes por la camerunesa Koyo Kouoh, va a contar con una larga lista de intelectuales y artistas para dialogar acerca de cómo estos nos permiten visualizar y movilizar nuevas comunidades y conexiones artísticas.

La expresión artística no conoce fronteras y creo que nosotros, como patrocinadores, somos responsables de compartir el arte y la diferencia de forma total. Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales, desde las ferias de arte hasta las retrospectivas importantes, aunque sabemos que esto no es una verdadera reflexión, sino más bien una cuestión de representación. La situación está cambiando y hemos visto progresos sustanciales, pero mientras los artistas sigan encontrando desigualdades en torno a la visibilidad y tengan que enfrentarse a la falta de oportunidades, 1:54 tiene el papel de cambiarlo. Esperamos cambiar lenta, pero seguramente, el paisaje del arte contemporáneo”, explica El Glaoui.

SITOR Nu Barreto “Desunited States Of Africa”, 2010

Marrakech, sede africana de la 1:54 en 2018

Esta feria nació en Londres de la mano de Touria El Glaoui, hija de Hassan El Glaoui, uno de los artistas contemporáneos más importantes de Marruecos. Paralelamente a su carrera profesional en comercio internacional, Touria organizó distintas exposiciones para el trabajo de su padre, hasta que en 2013 fundo la 1:54, la primera feria de este estilo que tiene lugar en Europa. Estrenó su primera edición en la Somerset House de Londres, que este octubre acogerá la quinta edición. Y es que ha sido tal el éxito de estas ediciones, que, a principios de 2018, la feria también va a celebrarse en Marrakech.

Esta tercera edición de 1:54 ha estado en obras desde nuestra primera edición en Londres, y esperamos seguir expandiendo nuestra red de galerías, artistas, coleccionistas y socios con esta nueva feria. Ha sido un objetivo importante de 1:54 celebrar una edición en el continente africano, y no podríamos pensar en un lugar mejor que Marruecos para acoger esta edición inaugural fuera de Londres y Nueva York. Marruecos tiene una de las escenas de arte más dinámicas del continente“, afirma Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

Galerie 1957, Serge Attukwei Clottey, “My Hood”, 2016

Minna Salami: “El feminismo es la única ideología que atiende a todas y todos”

Foto: Carola Michaela Photography

*Autor invitado: Fernando J. Sánchez Jaén

Minna Salami (1978) es escritora y bloguera sobre feminismo y la diáspora africana, pero sobre todo, es una de las voces más reivindicativas y mediáticas dentro de la lucha por la igualdad. Desde su premiada bitácora MsAfropolitan reclama una revolución psicológica de la mujer. Es colaboradora habitual de medios como The Guardian o Huffington Post y su TEDx Talk de 2014 acumula más de 114.000 visitas. Está considerada, según la revista ELLE, como una de las doce mujeres que están cambiando el mundo. Wiriko ha tenido la oportunidad de tomar un café con ella para hablar de temas como la lucha por la igualdad de las mujeres, la política, la inmigración y otros problemas sociales.

Tras los últimos acontecimientos políticos se avecinan tiempos convulsos para la mujer y las minorías. Es en esta incertidumbre cuando la voz de Salami se alza con más fuerza y se vuelve más ácida que nunca. Una mujer con la que es difícil concretar una cita y con la que resulta más difícil aún definir su identidad con tres pasaportes distintos, pero si se insiste lo suficiente, pronto se averigua que nació en Finlandia de madre finesa y un padre nigeriano, que vivió diez años en Suecia (su tercera nacionalidad) y que también es londinense porque es donde ahora tiene su campamento base. Gracias a esa extravagante herencia biológica pronto comprendió que las cosas nunca son simples y que siempre hay algo en común, aunque a veces haya quienes prefieran resaltar las que separan.

FEMINISMO

Fernando J. Sánchez: Su formación es bastante interdisciplinar: estudiaste ciencias políticas, te especializaste en estudios africanos, luego te pasaste al marketing y la publicidad, y ahora eres una reconocida bloguera y activista feminista. ¿Qué es MsAfropolitan y cuál es su intención?

Minna Salami: MsAfropolitan es una voz que es mía. También es una voz que no es solo mía, es más grande que yo. Una voz que está en protesta contra el mundo y que no existe en ciertos lugares. Una voz que habla sobre feminismo, sobre la feminidad africana en una forma en la que antes no se ha expresado, al menos de la misma manera que ahora. También, es un espacio para explorar diferentes filosofías y expresar la mía. Quiero que a la gente que lo lea le entren ganas de cambiar las cosas, que sientan curiosidad, que es como se empiezan las revoluciones. Quiero que se pregunten si lo que tenemos ahora es lo que deberíamos de tener, o al menos, lo que queremos. Creo que mi blog puede ayudar a eso. También, quería llenar un vacío. Cuando hablamos de ideas siempre son los hombres quienes hablan sobre ello. Hay blogs sobre mujeres escritos bajo el punto de vista de los hombres. Siempre, son los hombres quienes marcan la agenda. Y mi blog está para interrumpir precisamente eso. Si estoy escribiendo algo sobre lo que tradicionalmente escriben los hombres, si es bueno, gracias a las redes sociales, se comparte y por la tanto, tú no puedes ignorar esa voz, no de la misma manera que podían hacerlo antes. Si más gente lee, más gente está informándose.

FJS: ¿Cómo describirías el feminismo en estos días?

MS:  Describiría el feminismo como una herramienta para la revolución, para el cambio global y la justicia social. Una cosa importante, feminismo no es solo una herramienta para el futuro, es el futuro en sí mismo. Tenemos que visionar en qué tipo de sociedad queremos vivir y cuando miro cualquier clase de ideología, no me ofrecen una sociedad en la que todo el mundo pueda tener su espacio. Pienso en el liberalismo o en el marxismo y no ves la voz de las mujeres. Buscas una sociedad igualitaria, pero ¿dónde están las mujeres? El feminismo es la única ideología que atiende a todos: mujeres, hombres, jóvenes, viejos, diferentes razas, diferentes clases sociales, diferentes sexualidades, a todos.

 

FJS: Entonces, ¿cómo hacer que el empoderamiento realmente funcione?

MS: Yo critico el término empoderamiento. Y vengo con un término mejor, re-empoderamiento. Pero, no es importante la forma del término ni el lenguaje. Lo importante es su significado, su esencia. Todo es volver al elemento revolucionario del término original. Empoderamiento es un eslogan publicitario que se ha quedado vacío, que es inútil. Pero, lo podríamos utilizar de forma política y revolucionaria, que es lo que deberíamos de hacer, porque originariamente lo era. Tenemos que limpiar su esencia y volver a convertirlo en un término revolucionario. Su significado original era precioso, poner el poder dentro de ti mismo. Solo hay que recordar a la gente lo que significa.

FJS: ¿Y eso no es tan fácil como parece?

MS: No, no es fácil, ese es el problema. Cuando el opresor controla tu mente, lo controla todo. El mayor problema que enfrentan las mujeres son los opresores que controlan nuestra mente, otras veces esos opresores son nuestra propia mente. Intento con mi trabajo deshacer el control de la mente de las mujeres. Recuperar tu mente. Cuando lo haces, al mirar términos como empoderamiento o feminismo con tu propia mente, lo entiendes de otra forma.

FJS: ¿Cuál cree que es el mayor reto que afrontan las mujeres hoy día?

MS: La opresión psicológica. Es muy interesante, porque las mujeres en Occidente tienen muchas libertades en comparación con la de otras partes del mundo. Tienen derecho a la educación, por ejemplo. Pueden hacer lo que quieran. Pero, la gran mayoría de las mujeres no son libres. Siguen eligiendo vidas en las que hacen la mayor parte del trabajo doméstico, hacen malabares para compaginar su carrera con el matrimonio y la vida doméstica. No tienen que hacerlo, pero lo hacen. Eso demuestra la importancia de la opresión psicológica. Nos hemos centrado en que la mujer debe poder entrar en política, que debe de tener igual salario que un hombre, etc. Eso está muy bien. Pero, si una mujer no está psicológicamente liberada no puede disfrutar de todas esas libertades. Porque sí puedes tenerlo, pero si no te liberas, sigues eligiendo lo que no quieres.

FEMINISMO Y ÁFRICA

FJS: Eres especialista en África y además, eres nigeriana ¿Cómo evaluarías la situación de la mujer en África?

África es un continente muy complicado. No podríamos generalizar. Todas las mujeres africanas comparten una historia muy similar, aunque condicionada luego por la realidad de sus diferentes países. Pero, sin duda necesitamos una revolución de la mujer africana. La mujer africana es increíblemente dual. No hay ningún lugar donde encontrar una mujer tan fuerte como las que tenemos en África, pero a la misma vez, no hay ningún lugar, aparte de Oriente Medio, donde las mujeres estén tan oprimidas como en el continente africano. Soportan demasiada presión. Tenemos que seguir peleando por la mujer en África.

FJS: ¿En África el feminismo cobra una mayor importancia?

Es importante porque es específico de la mujer africana y es muy concreto debido a su herencia geográfica y biológica. Tiene particularidades debido a la raza y a las tradiciones del continente. Igual que el feminismo en América Latina o Asia también tiene sus particularidades. Pero el núcleo del feminismo es el núcleo del feminismo en todas partes, en Londres, en el Caribe y en Escandinavia. Puesto en una sola frase: lo que quiero es acabar con el patriarcado.

NIGERIA

FJS:  La situación política y social en Nigeria es también complicada. Además, con un presidente que hace declaraciones que atacan directamente a la mujer. ¿Qué opinión te merece la situación política?

MS: No hay muchas cosas positivas que decir de la situación política en Nigeria. Hay bandidos liderando mi país. Es muy patriarcal y muy corrupto. Tenemos un problema con el liderazgo político en nuestro país y problemas preocupantes que afectan específicamente a la mujer. Hay una Constitución que no otorga los mismos derechos y unas tradiciones muy peligrosas y dañinas. Hay que alzar más la voz en Nigeria, hay muchas mujeres que están haciendo eso y son muy valientes, pero necesitamos más.

FJS: ¿Necesita Europa hacer más presión en Nigeria para hacer respetar los derechos humanos? Parece que Europa muestra gran interés en África para combatir el terrorismo y cuando se trata de los otros asuntos… se olvida.

MS: El sistema no funciona. Tiene que parar. Occidente tienen que irse completamente. Cada individuo tiene que resolver su propia vida. Lo mismo con los países. Se puede pedir ayuda cuando se necesita, pero tiene que venir de forma honesta. Si viene de alguien que quiere tomar ventaja no ayuda a largo plazo. Lo que sí creo que Occidente debería de hacer es compensar financieramente por el colonialismo y la esclavitud, pero no creo que eso pase, ¿verdad? No pueden llegar a Nigeria países como el Reino Unido que dan con una mano y destruyen diez veces más con la otra. Tampoco creo que Occidente quiere realmente ayudar a terminar con el terrorismo en Nigeria. Creo que lo que sí quieren es presencia militar de alguna forma en el país, porque Nigeria es un país con muchos recursos naturales y casi todo lo que se necesita se puede encontrar en sus fronteras.

Foto: Carola Michaela Photography

ESTEREOTIPOS, RACISMO Y XENOFOBIA

FJS: Hablando de África, existen muchos estereotipos sobre el continente ¿Necesitamos más festivales como el Film Africa, o el Festival de Cine Africano de Tarifa para mostrarla como es realmente?

MS: En África no invertimos lo suficiente en cultura. Y es algo común en personas traumatizadas. Cuando eres feliz lo expresas a través de la cultura. Han esquilmado tanto el continente y maltratado tanto a su gente que la cultura es lo primero que se ha ido. Tenemos que tener más festivales y financiar más artes, pero no para mostrar nada a Occidente sino para nosotros mismos. Porque nos gusta nuestra propia cultura. Y es ahí, cuando el resto del mundo se interesará. Los festivales en Europa ayudan. Pero, me gustaría que todos esos festivales que se celebran contribuyeran también de vuelta en África, porque necesitamos construir en África, necesitamos construir el continente africano.

FJS: Ha vuelto a resurgir el racismo, la xenofobia, los nacionalismos y desde luego no ayudan para nada el Brexit y la recién nombrada administración Trump.

MS: Es vergonzoso que todavía estemos lidiando con tanto racismo y xenofobia en Estados Unidos y Europa. Tenemos toda la tecnología y la ciencia en nuestra mano, sin embargo, psicológicamente, todavía somos los hombre de la cueva. Somos totalmente primitivos y se comprueba en la forma en la que nos dividimos y abusamos de unos y de otros. Siempre me sorprendo cuando veo a gente hablar de culturas primitivas en América Latina o África y luego veo cómo se comportan aquí. Hay mucha gente que ha sido muy manipulada que ahora viven en una burbuja y no pueden ver la realidad. El adelanto tecnológico no siempre significa desarrollo. A veces, parece que disfrutamos viendo sufrir a personas delante de nosotros. Y lo permitimos.

FJS: Parece que cuesta superar el racismo

MS:  El racismo, sexismo, la xenofobia, el clasismo nunca se han ido. Nunca los superaremos hasta que cambiemos psicológicamente. Hemos cambiado instituciones y leyes, en América los negros ya no se sientan en la parte de atrás del bus, cambiamos todas esas cosas y no desaparecen. ¿Por qué? Porque no abordamos la psicología de la misma. Los niños no hablan en la escuela de por qué algunos blancos se sienten superiores, de por qué algunos hombres se sienten superiores a las mujeres. En la escuela no se tiene esa conversación. Hay que cambiar el sistema educativo, hay que cambiar de lo que están hablando los niños.

FJS: ¿Quiere decir que no estamos acostumbrados a ver negros en roles de liderazgo?

MS:  Por ese motivo, pienso que ver a los Obamas en la Casa Blanca, es muy simbólico. Ver a un hombre negro en un puesto tan poderoso y a su mujer en un puesto con tanta influencia y a sus hijas es psicológicamente inspirador para los negros y para todo el mundo porque nos damos cuenta de que todos podemos hacer lo que queramos. Una de las maneras más fuertes de oprimir es no mostrar a gente como tú en la cultura. En este caso a hombre negros.

FJS: ¿Es difícil ver a actores negros interpretando papeles principales en cine y en televisión, sobre todo, en Hollywood?

MS: Hollywood no va a cambiar. Vamos a tener que cambiar nosotros mismos. Tenemos que trascender el debate estúpido sobre la belleza africana, si es hermosa o no. Lo que necesitamos es mujeres negras creando películas y escribiendo libros y así cambiará todo, porque contaremos nuestra historia.

FJS: Y a veces, el hombre negro tiene más representación que la mujer negra.

MS: Eso tiene mucho que ver con la definición de feminidad y masculinidad. Ambas describen erróneamente. Relacionamos masculinidad con ser fuerte, viril… y ahí el hombre negro encaja en esas etiquetas y por eso tienen más exposición. Por otro lado, relacionamos feminidad con fragilidad, delicadeza, ternura… Y las mujeres negras a causa del racismo, las luchas y el sufrimiento que nuestro continente y diáspora tuvieron no tenemos tiempo para ser tiernas y delicadas. Así que la definición de feminidad no encaja necesariamente con la feminidad africana, porque la mujer africana es más compleja. Pero no me importa no tener esa exposición. No quiero mujeres negras en la portada de revistas o en películas convertidas en objetos para el placer masculino. No estamos luchando por eso. Entiendo que tiene que haber igualdad en toda las quejas pero no estamos luchando por eso. No me sirve estar solo en la portada para enseñar mi cuerpo si luego no aparezco en otra para contar algo interesante.


*Fernando J. Sánchez Jaén es periodista especializado en política internacional y afincado en Londres.

Un “museo vivo” de Londres narra las historias de migrantes y refugiados

Jade se seca las lágrimas. Su voz se entrecorta pero sigue empecinada en terminar su historia. Ella es una refugiada ugandesa que llegó a Londres huyendo del dictador Idi Amin Dada. Su régimen mató a toda su familia. Ella se libró de casualidad y gracias a un niño soldado cuyos padres habían trabajado en su granja. Jade habla bajito. Cuenta su relato como para quitarse un peso de encima. Para sentirse viva. Como cuando decidió ir a por una hamburguesa del McDonald’s tras quemar la yuca que cocinaba, perdida en el pasado.

londonstoriesweb-landscapeleLucas es de Sudáfrica. De padre indio y madre inglesa. Se mudaron al Reino Unido cuando todavía era un niño y en el colegio no quiso ser “paki” (término despectivo hacia las personas de origen paquistaní) aunque no lo fuera. Cosas de niños, o no, lo de generalizar. Decidió entonces distanciarse de su padre, de esa parte de la familia que no era blanca. Avergonzado de su propia identidad, gracias a Londres supo abrazar su multiculturalidad abandonada.

Estas dos historias, un pequeño sustrato de la Londres africana, son sólo un par de ejemplos de todas las que formaron parte del montaje London Stories: Made by Migrants organizado por el Centro de Artes de Battersea. Un refugiado sirio, una superviviente de Auschwitz, un padre víctima de un ataque racial… Maryam, Lily, Eithne, JJ, Graciella, Prossy, Rabiah, Lemmar… Todos ellos también tienen su relato. 29 historias procedentes de los cinco continentes, de personas de distintas edades, sexo y religión. Y todos tienen a Londres en común.

La segunda temporada de este proyecto, se inició en 2013, se ha centrado en las migraciones. “Decidimos hacer esta edición debido al clima político actual y a la negatividad de la prensa ante la inmigración. Queremos contar estas historias porque en esta experiencia la audiencia va más allá de los titulares. Es una fotografía verdadera, real, amplia y honesta de la ciudad”, explica a Wiriko el asistente de producción Ralph Thompson.

El Centro de Artes de Battersea ha sido históricamente un lugar volcado hacia la comunidad. Antigua sede del ayuntamiento del distrito d Battersea, fue punto de encuentro de los movimientos sindicalistas y apoyó la lucha a favor del sufragio femenino. Además en 1913 fue el lugar donde John Archer, el primer alcalde negro de Londres, fue elegido. London Stories se convirtió en una ocasión para acercar a los vecinos y a otros tantos residentes londinenses a escuchar, a emocionarse, a reír y a dejarse llevar. “Vivimos en una ciudad de 8 millones de personas. Me cruzo con gente, voy en el metro y me pregunto cuál serán sus historias. El objetivo era abrir nuestro edificio, un edificio público, para contar historias de gente que forma parte de la comunidad”, dice Thompson.

No son sólo historias de personas que escaparon de la guerra sino también de irlandeses o británicos que han acabado en Londres“, apunta el asistente de producción de un largo proceso de cinco meses. La iniciativa recibió más de 200 relatos, donde el principal desafío fue encontrar un equilibrio entre todas las vivencias.

Como complemento entre el que cuenta y el que escucha, la antigua Sala de Plenos acogió la exposición de distintos objetos personales de los protagonistas. Una muñeca, cartas de familiares, fotografías, la biografía de Malcom X e incluso una pierna ortopédica. London Stories: Made by Migrants fue una compilación de experiencias compartidas en un antiguo ayuntamiento pero que caminan a diario por una Londres que es “némesis y salvación”.

Las personas detrás de los titulares de prensa

Los medios, contribuyentes del imaginario social, han apostado en muchas ocasiones por representar la inmigración como un ataque a los valores identitarios. El montaje sin embargo tiende la mano a las personas opacadas por la generalización. En un escenario íntimo y con sólo ocho personas presentes, el contacto visual desbarata cualquier miedo a lo desconocido. El arte de escuchar se desempolva y se disfruta. Los protagonistas acuden a cada sesión con sus estados de ánimo, con la lista de la compra en la cabeza y con el vencimiento de la factura de la luz. No hay más guión que su propia vida. “No son actores y cada día es distinto. Sólo tuvieron un par de talleres en los que les ayudamos a estructurar su relato”, cuenta el asistente de producción, Ralph Thompson.

Estas historias, tanto de Londres como de cualquier otro sitio, tienen poco que ver con el teatro. “Es una experiencia íntima para desmontar la idea del migrante como una amenaza. Se produce un contacto humano” en una invitación a una realidad tan compleja que no entiende de etiquetas. Los responsables han querido desafiar a aquellos medios que frivolizan y utilizan a los inmigrantes como incentivo para vender periódicos. O ganar visitas. Fue así como surgió la idea de empapelar las instalaciones del recinto con diversos titulares de prensa como:

“Ministro: respete nuestras leyes y costumbres. Sea británico, Hurd. Dígaselo a los migrantes”, The Daily Mail. 24 de febrero de 1989.

“Los migrantes toman todos los trabajos en el Reino Unido”, The Daily Express. 2 de noviembre 2007

“Migrantes, ¿cuántos más podemos acoger?”, The Daily Mail. 28 de agosto 2015

En un contexto brexiteer producciones como London Stories desmontan los prejuicios. La opción del Remain ganó en Londres (59.9% de los votos) y la ciudad mostró su identidad migrante. Casi el 40% de los londinenses han nacido fuera del Reino Unido según el último censo.

Mali Blues, un canto contra yihadistas y muyahidines

Mali Blues es un canto a la paz, a la libertad. Al igual que las recientes Timbuktu de Abderrahmane Sissako o They Will Have to Kill us First de Johanna Schwartz, Mali Blues lleva a la pantalla los estragos del pueblo maliense bajo la ocupación yihadista en el norte del país.

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

El documental de Lutz Gregor resalta el valor de la música como una de las vértebras de Mali y apuesta por explorar su riqueza musical a través de cuatro músicos malienses. Cuatro perspectivas para mostrar una identidad sonora que se vió especialmente amenazada en ciudades como Gao, Kidal y la legendaria Tombuctú.

El 22 de agosto de 2012 Osama Ould Abdel Kader, portavoz del Movimiento por la Unidad y Yihad en África del Oeste (MUJAO) anunció la oposición de cualquier música occidental en el territorio ocupado. “No queremos música de Satán. En su lugar habrá versos coránicos. Es lo que impone la sharia. Debe hacerse lo que dios manda”, dijo. La música se convirtió en una prohibición (haram).

film11040_16-06-07-maliblues_poster_deutsch_10x15cm300dpi“¿Cómo le ha podido pasar esto a Mali?”, se lamenta Faotumata Diawara en la película. Diawara, una de las voces más reconocidas del país, es la protagonista de Mali Blues junto al griot Bassekou Kouyaté, el rapero Master Soumy y el tuareg Ahmed Ag Kaedi.

“Si no hay música, no habrá Mali”, expresa Basseoku Kouyaté en su casa de la capital, Bamako. Allí tuvo que huir Ahmed Ag Kaedi. El músico, cuyo equipo fue destruido por los islamistas, no tuvo más remedio que emprender el viaje hacia el sur. Sólo, a más de 1500kms de casa, a Ahmed Ag Kaedi le queda el recuerdo. “Estar en Bamako es peor que estar en la cárcel. Te mentiría si dijese que estoy feliz aquí”, explica. La inspiración de este tuareg está en el desierto mientras que la capital maliense sólo le aporta ruido y contaminación.

Echa de menos unas tierras amenazadas que quedaron en silencio. “No reconozco un Mali que tiene miedo a tocar música. Dios nos dio voces para poder expresarnos y disfrutar”, dice Diawara en el documental.

El puritanismo que se asentó durante casi un año el norte del país no casa con Mali. Es una visión que no se reconoce en la mayor parte de la población y que el rapero Master Soumy deja claro en su tema “Explique ton Islam”. Latigazos, bombas, violaciones y kalashnikovs son los atributos de los muyahidines que intentaron arrebatar la música como seña de identidad.

Pero los músicos malienses no se quedaron callados. Desde Bamako o en el exilio mantuvieron su canto en el aire. “El gobierno de Mali está sometido a un caos que no ha podido parar la aproximación de los yihadistas. Pero los músicos siguen dando guerra”, dijo la productora y musicóloga Lucy Durán durante la presentación de la película en Londres. “La música es lo que une a los malienses y es una parte intrínseca de sus vidas. Las canciones son una licencia para tratar temas tabúes”, resaltó Durán.

A pesar de intentar mostrar los distintos punto de vista a la reciente situación musical de Mali, el documental se decanta por seguir los pasos Fatoumata Diawara. Gregor encuentra en Fatou, quién dejó Mali para escapar de un matrimonio de conveniencia, un hilo conductor para contar la importancia de la música maliense y su indeleble presencia en la cultura local. La música es costumbre pero también un instrumento educativo, político y religioso. “La música contribuye al desarrollo de mi país”, apunta Master Soumy.

En su libro “Música, Cultura y Conflicto en Mali”, el antiguo manager de Tinariwen y periodista, Andy Morgan, explica que en el país no hay una guerra contra la cultura, sino contra un modo de vida, contra la libertad. “En cierto modo, no es una guerra contra el terror, sino contra el amor”, escribe.

Mali es amor. Cuenta con una población donde más del 90% es musulmana y la religión no es el problema. La intolerancia es lo que hace que la sociedad quiebre y se ponga en juego el patrimonio cultural. Mali Blues es un legado visual hecho para dar voz a los que luchan contra la amenaza islamista radical. Por esos músicos que como Bassekou Kouyaté expone “tienen voces más grandes que las armas”.

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

* Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del Film Africa.

Cita con el arte africano contemporáneo en la 4ª edición de la 1:54

Un continente. 54 países. Una sede, la histórica Somerset house, centro de debates intelectuales desde el siglo XVIII y referencia de la actividad artista hasta hoy, en pleno centro de Londres. 40 galerías, 17 de ellas exponiendo por primera vez en esta cita internacional del arte contemporáneo. 18 países representados, con el trabajo de 136 artistas.

La obra de Zak Ové en Somerset House. (Fotografías: E. Sendra & Ernesto Martín).

La obra de Zak Ové en Somerset House. (Fotografías: E. Sendra & Ernesto Martín).

Tras el bullicio londinense, entre taxis, autobuses, bicicletas y transeúntes, al cruzar la calle que baja desde Holborn, se accede por fin al patio de la Somerset House, en el que una serie de hileras de soldados del arte estáticos saludan frontalmente, o tal vez indiquen que es momento de bajar el ritmo urbano, para comenzar un viaje por distintas partes del mundo, pero sobre todo, por África y su diáspora, a través de su variedad de estilos artísticos. Se trata de la instalación de las nuevas esculturas de Zak Ové, nacida en Londres y cuyo trabajo se desarrolla entre la capital británica y Trinidad y Tobago. La obra se inspira precisamente en la herencia histórica del edificio que acoge la feria, y la máscara de la era jacobina, con la representación del ejército de Nubia, región situada entre el sur de Egipto y el norte de Sudán.

Detalle de la escultura de Zak Ové.

Detalle de la escultura de Zak Ové.

El interior del edificio lleva, con cierta dificultad a pasillos de galerías consecutivas, separadas de manera demasiado hermética, en muchos casos, y con una confusa señalización y cartelería para los que van buscando obras o artistas en concreto. No obstante, el tránsito y la cercanía de los encargados de las galerías, reflejan el carácter único para asistir a tal evento, para poder ver, disfrutar, conocer, dialogar, y comprar, estas obras. De hecho, ya el primer día de esta feria, muchas de las galerías han vendido la varios de sus trabajos expuestos; y se benefician de la visibilidad que el encuentro da a sus galerías, organizando pases privados, con los artistas, en fechas de la feria, aprovechando que se encuentran aquí sus protagonistas. Solo de Londres hay nueve galerías, la 50 Golborne, GAFRA (Gallery of African Art), Jack Bell Gallery, October Gallery, Sulger-Buel Lovell, TAFETA, Tiwani Contemporary, Tyburn Gallery y Vigo Gallery.

Detalle de "Maternité Submergente" de Seyni Awa Camara

Detalle de “Maternité Submergente” de Seyni Awa Camara.

La 1:54, celebrada entre el 6 y el 9 de octubre, vuelve a regalar a sus visitantes, la posibilidad de pasearse por galerías de distintas partes del mundo, con algunas ya frecuentes en la establecida feria de arte contemporáneo, como la Magnin-A, del coleccionista André Magnin. Es en esta galería donde se encuentra la obra de la senegalesa Seyni Awa Camara, “Maternité Submergente” (1986), en español, maternidad abrumadora. Nacida en Bignona, en la región de Casamance, se crió con su madre, quien también era artesana. Fue así como desde muy temprana edad, aprendió a esculpir, modelando barro, construyendo historias relacionadas con sueños, sentimientos, revelaciones, fantasías. En esta escultura, de un metro y medio de altura, la artista casamanquesa representa su visión del mundo, compuesto por gente tan hermosa como fea, tan buena como malvada, siempre desde su condición de mujer wolof, una de las etnias mayoritarias de Senegal.

Aunque ninguna de las galerías procede de Senegal, sí hay un buen número de países africanos, con destacada presencia de Sudáfrica, con tres galerías, la Afronova Gallery, Barnard Gallery y Everard Read I CIRCA Gallery; tres de Marruecos, GVCC, L’Atelier 21 y Voice Gallery; dos de Túnez, AGorgi Gallery y Selma Feriani Gallery; AGAddis Fine Art, de Etiopía; Art Twenty One, de Nigeria; ARTLabAFrica, de Kenia; Cécile Fakhory, de Costa de Marfil; Gallery 1957, de Gana; Masharabia Gallery of Contemporary Art, de Egipto; y Village Unhu, de Zimbabue.

Lienzo de Soly Cisse

Lienzo de Soly Cisse.

España adquiere visibilidad en esta cita de arte contemporáneo del continente africano, con la galería madrileña Sabrina Amrani, que expone el trabajo del malgache Joël Andrianomearisoa, cuyo trabajo combina vídeo, moldeo, diseño, escultura, fotografía, performance e instalaciones, con sombras negras. Este es uno de los artistas presentes en la 1:54 que participó también en otra cita de referencia internacional de arte contemporáneo africano, la de mayor trayectoria en el continente, la Bienal de Arte contemporáneo de Dakar, Dak’art, donde también estuvo Wiriko este año. Otros de los que participaron en la 12ª Dak’art son Victor Ehikhamenor, nigeriano, cuyo trabajo destaca por el uso de relieves y colores cuyas raíces están en el presente, pero que se proyectan hacia el futuro; o el reconocido pintor senegalés Soly Cisse, formado en la Escuela de Bellas Artes de Dakar en los 90, cuyos lienzos se inspiran en el contexto en que creció el artista, en un periodo de transición en el país, con figuras que emanan del caos y la falta de armonía, con aires activistas.

Primera exposición monográfica de Malick Sidibé

The modern Eye, de Malick Sidibé

The modern Eye, de Malick Sidibé.

Uno de los espacios con mayor afluencia es la exposición fotográfica “The Eye of Modern Mali” (el ojo del Mali moderno), del maliense Malick Sidibé, fallecido el pasado abril. Por primera vez en Reino Unido, se acoge la obra de este célebre fotógrafo, conocido por sus crónicas fotográficas en blanco y negro de la capital maliense de los 60 y 70, cuando Mali consiguió ser independiente. Dividida temáticamente, en tres espacios, “Nightlife in Bamako” (La noche de Bamako), al ritmo de la música del Compay Segundo, en una época de auge de la salsa en el oeste del continente; “Beside the Niger River” (Junto al río Níger) y “The Studio” (El estudio fotográfico), la exposición muestra 45 fotografías en gran formato, con escenas de baile apoteósicas, de fiestas, de enamorados y amigos junto al río y de retratos con accesorios delatadores de profesiones, sueños y aspiraciones, frente a un fondo estampado, característico del estudio fotográfico africano. El trabajo de Sidibé, ganador de numerosos premio, como el León de oro de la Bienal de Berlín en 2007, está expuesto en numerosas colecciones del mundo, incluyendo el MoMA y Museo Metropolitano de Nueva York.

Obras de Emo de Modeiros

Obras de Emo de Modeiros.

Otro de los trabajos más destacados de la 1:54, el de Emo de Medeiros, se encuentra en la establecida 50 Golborne Gallery , situada en Notting Hill, al oeste de Londres. Hablamos con Emo de Medeiros, artista de Transprositions, nacido en Benín y cuyo trabajo realiza desde allí y Francia. De Modeiros parece estar entretenido con el móvil. De repente, lo acerca a su cuadro, compuesto de tela bordada de figuras coloridas tipo máscaras, leones, personas, estrellas… Basta un segundo para que el teléfono muestre un mensaje en la pantalla, una lección de vida, que procede de uno de los elementos del cuadro. A su derecha, se encuentra una especie de máscara “tradi-futurista”. Dice que se trata en efecto de una mezcla de dos máscaras, “mitad humano, mitad máquina”.

De Modeiros decodificando los mensajes de su obra

De Medeiros decodificando los mensajes de su obra.

El artista, originario de Ouidah, al sur de Benín, fusiona dos tradiciones, el “zangbeto”, que procede de su ciudad natal, y la “kaleta”, una máscara afrobrasileña, cuyo ritual se celebra a finales del año. “En la kaleta hay una sinergia de tradiciones, que mezcla también elementos de Halloween. Está formado por una orquesta de unos diez niños, y dos o tres bailarines, completamente enmascarados, no se les puede ver ninguna parte del cuerpo. No pueden hablar, ni decir sus nombres. Van llamando a las casas y esperan que la gente les de dinero a cambio de la música y el baile, porque si no, les echarán mala suerte. Tiene que ver con la espiritualidad. El zangbeto es el guardián de la noche, el que hace que la gente se porte bien en los pueblos. No lleva armas porque es también una figura que tiene que ver con la espiritualidad, y se cree que si no le obedeces, o te portas mal, este te lanzará también mala suerte”. La foto superior que expone en la 1:54 es de una niña, sin embargo, tradicionalmente es algo que hacen solo los chicos, y que no es profesional, un hermano mayor se lo pasa al menor, porque a partir de los 18 o así ya no se hace de kaleta.

Obra de Gideon Mendel

Obra de Gideon Mendel.

Como a Emo de Medeiros, es frecuente cruzarte con los artistas en las distintas salas, predispuestos a establecer un diálogo sobre las artes. Así uno se encuentra con El sudafricano Gideon Mendel, en la galería Axis. Gideon lleva mucho tiempo yendo y viniendo a Calais, motivado por dar visibilidad y denunciar la situación que están viviendo allí los refugiados. Dado que estos no querían ser documentados, fotografiados, decidió coleccionar objetos que se iba encontrando. Así, una de sus instalaciones está compuesta de 59 cepillos de dientes, llenos de tierra, testimonios del desgaste, del tránsito por esas tierras que no aceptan a las personas caminantes sobre ellas. Otra de ellas es de los cartuchos de los cartuchos de gas usados en los campos de refugiados contras las personas.

Durante tres días, a estos encuentros y visitas, se le suman debates con artistas, presentaciones, foros y presentaciones de libros, que suponen sin duda una oportunidad única para conocer mejor las artes procedentes de África, esparcida por tres distintos continentes.

Sobre la 1:54

Esta feria de arte contemporáneo africano se inició en 2013, de la mano de la emprendedora marroquí Touria El Glaoui. Celebrada con carácter bienal, en Londres y Nueva York, la 1:54, empieza a establecerse como uno de las citas de mayor importancia a nivel mundial sobre el arte contemporáneo y el arte contemporáneo procedente de África y su diáspora en particular. El pasado mes de mayo, Nueva York celebraba su segunda edición. Esta feria aboga por el establecimiento de un diálogo artístico entre África, Europa y América del Norte, creando puentes, afianzando lazos y experiencias, y aportando, cada edición, distintos aspectos novedosos.

AFRICA UTOPIA, “la instantánea de una utopía artística”

Desde la terraza del Queen Elizabeth Hall, con vistas al Támesis, Diabel Cissokho despide el día. Maame Adjei, una de las protagonistas de An African City, explica la dificultad de ser una mujer occidentalizada y encajar en la sociedad local en su regreso a Ghana. Los componentes de la Ópera de Ciudad del Cabo cantan en la Sophiatown de 1955 y Daliso Chaponda repasa la actualidad político-social enlazando bromas. Son retratos de una África diversa, efervescente y moderna.

Hannah Azieb Pool, directora de los programas de AFRICA UTOPIA. Imagen de Okayafrica.

Hannah Azieb Pool, comisaria de AFRICA UTOPIA.

El Southbank Centre de Londres acogió la semana pasada la cuarta edición del festival Africa Utopia. Por primera vez el evento se alargó cinco días en los que se compartieron distintas manifestaciones artísticas procedentes de África y la diáspora. Conciertos como los de Femi Temowo y Chineke! y sesiones de baile. Literatura de la mano de Chibundu Onuzo y Leila Aboulela. La aportación de Film Africa y el estreno londinense de la obra Expensive Shit de Adura Onashile. En esta edición se apostó por la moda que abarcó gran parte de la programación en la jornada del sábado y no faltó la participación del colaborador y uno de los fundadores artísticos del festival Baaba Maal.

Es un momento para ensalzar este trabajo. Intentamos crear una instantánea de lo que podría ser una utopía artística”, explica la comisaria de Africa Utopia, Hannah Azieb Pool, a Wiriko.

El festival se ha consolidado como un evento para acercarse a la actualidad del continente. La exhibición de ideas africanas que están cambiando el mundo es la seña de identidad de una programación que busca el intercambio con África. “Hay ideas increíbles y poderosas en el continente que si pasan inadvertidas serían una perdida para nosotros. África puede solventar problemas de Occidente”, dijo la directora artística del Southbank Centre, Jude Kelly, en la presentación del festival.

El trabajo de la diáspora también cuenta con un espacio para que los artistas exhiban la conexión con sus raíces. “La diáspora es clave en términos creativos, políticos, económicos y de activismo. Ellos lideran las conversaciones sobre el continente y muchos están volviendo a sus países. La diáspora es un puente para iniciar conversaciones y tener una percepción de ambos lugares”, dice Pool.

Africa Utopia celebra la innovación, el dinamismo y la creatividad africana. Pero no deja de lado la situación política y socioeconómica gracias a una programación de charlas y coloquios que se centraron en el cambio social, el activismo e la igualdad de género.

Como en anteriores ediciones, el público abarrotó las instalaciones del Royal Festival Hall, en especial en las jornadas del fin de semana. El festival sigue con la filosofía del Southbank Centre de hacer del arte algo accesible y “romper las barreras de clase social, dinero y privilegios”. La mitad de la programación es gratuita favoreciendo a que los asistentes disfruten una África que no siempre tiene espacio en los medios de comunicación e instituciones culturales. “Cada año revisitamos la idea de desafiar los estereotipos a través del arte. El debate debería haberse ganado hace años pero desafortunadamente sólo hay que ver las limitadas programaciones que hay, algunas de ellas racistas”, explica Pool. Y continúa: “si eres un artista del continente o de la diáspora normalmente se exige pertenecer a una etiqueta y tu obra se suele percibir desde un punto de vista muy occidentalizado”.

Africa Utopia es un ejemplo de la buena salud creativa del continente. Es un altavoz cultural que como en muchos otros casos pasa inadvertido a pesar de la potencia que destila. El objetivo de este entramado multidisciplinar cuenta con el tiempo y el espacio como principales desafíos. Es imposible poder reflejar todo el trabajo del continente y de la diáspora. “Podemos tener un festival cada semana y seguirán escapándose cosas. Ahora mismo África es muy rica creativamente y este año hemos intentado ser lo más panafricanos posible. Todavía no representamos los 54 países aunque es una meta para futuras ediciones”, dice la comisaria.