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Sense8, la serie de Netflix que abre una ventana a África

Capítulo 4 de la primera temporada de Sense 8. Suena Expensive Shit de Fela Kuti, y Jela y Capheus circulan por Ngong Road dirección Karen, en la capital keniana. Para el gran público occidental, puede no ser una escena especialmente emocionante, pero la presencia de Nairobi junto a Chicago, San Francisco, Londres, Berlín, Seúl o Mumbai marca un antes y un después en la representación errónea que África tiene en Hollywood. Las hermanas Wachowski (Matrix o V de Vendetta) lo evidencian con un guiño sutil cuando, en el capítulo 3, Riley le pregunta a Capheus “¿Dónde estoy?”, y cuando el protagonista le dice “En Kibera, Narobi”, ella responde: “¿En África?”. Capheus contesta con una pequeña carcajada,”Africa…”, con un leve balanceo de cabeza sin sorpresa ante la ignorancia occidental sobre el continente. Y clarifica: “Kenia”.

Imagen promocional de la segunda temporada de Sense8 en la estación de ferrocariles de Nairobi. Con los actores Miguel Ángel Silvestre, Toby Onwumere y Bae Doona.

Lamentablemente, hoy, los 54 países que conforman África siguen siendo grandes desconocidos para la mayoría de occidentales. Algunos africanos, incluso, no titubean en afirmar que solo conocemos un 5% de su cultura. Pero Sense 8 ha dado un paso de gigante al conectar personajes de diferentes puntos del planeta y situarlos en una arena global y universalista en la que todo lo que se hace en un punto de la telaraña, se siente y afecta a todos los puntos que están conectados a ella. ¿Podría esto despertar de una vez por todas un sentir de tribu humana donde nos afecte del mismo modo un atentado en Mogadishu que uno en Londres? ¿Donde cambiemos nuestros hábitos de consumo por ser conscientes del trabajo esclavo que hay detrás de ciertas marcas de ropa, telefonía móvil o de cacao? ¿Podremos ser capaces, al fin, de entender que nos unen muchas más cosas de las que nos separan porque somos una sola tribu? Bien, ese era el futuro imaginado en Sense8.

Tras el anuncio de la cancelación de la serie de ciencia ficción a principios de junio, se diluyen las esperanzas para los millones de fans que la serie tiene en todo el mundo. Sin embargo, afortunadamente, la historia de amor de Nairobi y el cine no es algo nuevo, ni tampoco morirá aquí. Quizás no necesitemos ni siquiera superproducciones costosas como Sense8 – que ha manejado un presupuesto medio de nueve millones de dólares por episodio-. Puede que el cine africano nos pueda dar algunas pistas para tejer en mejores condiciones este telar global que hacemos entre todos. Aunque como diría el personaje de Jonas Maliki, interpretado por Naveen Ansrews (Sayid en Lost), conectarse con los demás “no es algo que haces, sino que dejas que pase”.

Paul Ogola en el estreno de Sense 8.

Nos lo cuenta, en exclusiva, el actor keniano Paul Ogola, que interpreta a Jela en Sense 8, pero que ya hemos visto en anterioridad en Nairobi Half Life, Stories of Our Lifes (premio del jurado en la Berlinale 2015) o Kati Kati (premio de la federación internacional de críticos de cine en el Festival Internacional del Cine de Toronto 2016).

Gemma Solés: ¿Cómo crees que la película keniana Nairobi Half Life (David Tosh Gitonga, 2012) influenció a Hollywood para que decidiera incluir la capital keniana como una de las ciudades donde rodar Sense8?

Paul Ogola: Nairobi Half Life fue una historia de éxito para su equipo de producción y Kenia como país. El mentor que estuvo en el equipo de dirección, Tom Tykwer, ha sido siempre muy expresivo cuando se trata de talento y potencial de Kenia. Tom fue uno de los directores de la serie original de Netflix Sense8. Estoy seguro de que cuando mostró Nairobi Half Life a los creadores de la serie influyó en su decisión de venir a Nairobi, a pesar de los altos impuestos sobre la industria de la filmación en Kenia. Eso dice algo vital.

G.S: ¿Crees que la serie refleja fiablemente la vida en Nairobi o dirías que refuerza los estereotipos de violencia, pobreza, SIDA, corrupción… sobre África?

P.G: Me hice la misma pregunta un día. Fue durante una proyección privada de Nairobi Half Life, en la que el exvicepresidente de Google estaba presente. Después de la película, alguien preguntó: “¿Esta película representa Nairobi? ¿Es eso lo que realmente sucede?”.

Bueno, las obras de arte deben reflejar la sociedad, ¿hay violencia en Kenia? ¡Sí! ¿Cuántas protestas pacíficas han sido marcadas con derramamiento de sangre e incluso la pérdida de vidas? Nos dirigimos hacia las elecciones de agosto y la gente está difundiendo un mensaje de “paz” más que un mensaje de “ir a votar”, ¿qué te dice eso? ¿Hay pobreza en Kenia? ¡Sí! Los barrios marginales que se muestran en la serie no son un decorado que han construido para crear un ambiente pobre en una finca bien estructurada, son casas reales donde la gente vive todos los días. Donde trabajan y sueñan que algún día serán alguien diferente. La serie muestra a gente rica también, cómo Silas Kabaka. La razón por la que cuesta recordar su vida en comparación con la vida de las personas pobres es porque la línea entre los ricos y los pobres es enorme.

La enfermedad sigue siendo un problema en África, se podría gestionar adecuadamente, tal como hacen otros países del primer mundo, si nuestros propios gobiernos proporcionaran buenas instalaciones de salud y buenas políticas. Pero eso no está sucediendo aquí en Kenia. Ahora los pacientes tienen que visitar a más de un médico para un diagnóstico adecuado. El mal diagnóstico se está convirtiendo en algo frecuente y normal en Nairobi, porque el sector se ha convertido más en una forma de ganar dinero que en una práctica para salvar vidas. Estos médicos rara vez se enfrentan al brazo de la ley y la mayoría de ellos me atrevo a decir que permanecen operativos, ¿sabes por qué? ¡Por culpa de la corrupción!

 

G.S: Y más allá de la representación que se hace de Nairobi en Sense8, ¿qué es lo que más te gustó del personaje de Jela? ¿Y cómo crees que Capheus y Jela representan la cultura del matatu y la ambición de ganar dinero con el transporte en Nairobi?

P.O: Jela es un personaje que realmente me hubiera gustado tener en mi vida. Desempeñé ese papel pensando en el tipo de persona que yo necesitaba a mi lado. Cualquiera que haya visto a Capheus debe estar celoso y desear tener un Jela en su vida, porque todos necesitamos alguien en quien apoyarnos. Aunque hoy, tengo una Jela en la vida real, mi chica, Adeline Nimo.

Capheus y Jela, en Sense8.

Capheus y Jela se levantan para una sola cosa todos los días: Van Damn! Ese viejo autobús era nuestro negocio y fuente de sustento, la única manera en que podíamos ser incluidos en el grupo de la clase trabajadora. Transportar a la gente de su hogar a sus diversos destinos por dinero es un negocio en auge en Kenia. En la serie, nuestro autobús siempre estaba vacío porque era viejo y solitario, nada de lo que pudiera estar orgulloso hasta que Capheus hiciera algo tan valiente que el público lo amase. Fue entonces cuando empezaron a llenar clientes al autobús y significó más dinero. Eso se traduce en la razón por la cual la mayoría de los Matatus en Kenia están siempre personalizados con cromos, graffitis, música fuerte, televisión por satélite, algunos tienen refrigeradores dentro del autobús con pantallas en cada asiento… Tienes que ganarte el corazón del público si lo quieres en tu matatu. Es como seducir a una chica, tienes que mirar y actuar lo mejor posible.

G.S: Hablando de relaciones… En Sense8 hay dos parejas homosexuales y una clara intención de abogar por los derechos del colectivo LGTBIQ. Habiendo sido parte de Stories Of Our Lives, censurada por el gobierno keniano, ¿cómo crees que la sociedad keniana se ha tomado a estos personajes? ¿Y el gobierno?

P.O: El estado es el representante de su pueblo. El gobierno prohibió la película que acabas de mencionar en 2014 por su representación LGBTIQ, y todavía es ilegal tenerla en el país. The Nest, que son los productores, todavía están esperando que un día el gobierno tenga una epifanía. Pero hasta entonces, la comunidad todavía tendrá que luchar para conseguir su espacio en Kenia. Hace aproximadamente una semana, el presidente de la Junta de Clasificación de Cine de Kenia, Ezekiel Mutua, prohibió 6 programas, entre ellos algunos de animación como Loud House, The Legend of the Korra y Hey Arnold, que se difunden en Nickelodeon. También están Clarance, Steven Universe y Adventure Time, que aparecen en Cartoon Network. ¿Las razones? Promueven la homosexualidad.

Sé de unos cuantos kenianos que realmente se preocupan por el colectivo LGBTIQ, pero la mayoría están en contra y eso es un hecho. Un amigo mío me dijo una vez, “Kenia aún no está lista”.

G.S: ¿Crees que Sense8 ha abierto una puerta a la educación global en diversidad sexual y cultural?

P.O: Sense8 ha desatado una revolución psicológica muy grande. Es raro que una obra de arte vaya de la mano de asuntos que se tratan normalmente con pinzas como la política, la orientación sexual o la religión. Pero para mí lo que más me sorprendió de las escritoras Lana y Lilly Wachowski es que escribieron el espectáculo sobre una base muy simple: la humanidad. Se basaron en la idea de todos somos humanos en diferentes lugares del mundo, nuestros sentimientos y pensamientos nunca son tan diferentes.

Podemos conectarnos humanamente tal como lo hacemos con smartphones. Un beso soplado desde el Polo Sur puede llegar al Polo Norte si sólo nos sentimos, nos relacionamos unos con otros como seres humanos.

Esta ha sido la genialidad de Joseph Michael Straczynski y las Wachowskis.

G.S: Con una de las poblaciones urbanas de más rápido crecimiento del planeta, las ciudades africanas están recibiendo cada vez más atención de las instituciones financieras y los círculos empresariales occidentales, que se dan cuenta del potencial que tienen como impulsores del desarrollo. Nairobi, por ejemplo, es ya una ciudad cosmopolita, conectada al mundo, hogar de miles de expatriados y multinacionales. ¿Debería el cine occidental tomar más en serio a Nairobi y otras capitales africanas en sus series? ¿Qué otras ciudades africanas crees que tienen las características – una buena industria cinematográfica, un buen reparto de actores y actrices – para captar la atención de Hollywood en los próximos años?

P.O: Siento que Hollywood ya se ha dado cuenta de qué hay en Kenia. Tenemos características notables, galardonados contadores de historias y recientemente, la actriz keniana Lupita Nyong’o recibió un Oscar! Así que creo que Hollywood es realmente consciente del potencial de Kenia. Sin embargo, el gobierno no ha creado una ley que sea tentadora en materia de impuestos para atraer a los productores internacionales del cine. Los impuestos son muy altos, no hay incentivos fiscales para los estranjeros que piensan en venir a rodar a Kenia en comparación con los países que valoran el sector y lo apoyan, como es el caso de Sudáfrica. Sudáfrica encabeza esta liga. Nigeria es otro gigante que está haciendo grandes colaboraciones con Hollywood, pero Kenia es como un gigante enjaulado. Hay que abrir esa cerradura y establecer una industria libre. Tenemos todo lo que hace falta para ello.

G.S: Tras la reciente cancelación de la serie por parte de Netflix, ¿qué significa que no se siga rodando Sense8 para los actores y actrices kenianos?

P.O: Va a costar mucho tiempo encontrar otra producción de tal valentía que invierta en Nairobi. Hasta entonces, volveremos a la supervivencia.

“Fashion Cities Africa”: cuatro ciudades africanas a la última

La mayoría de mi ropa está hecha en África Occidental. Desde hace 21 años he tenido ropa de Abidjan, N’djamena, Dakar y Accra. Ya tengo una rutina. Si estoy en esos países tres o más días por trabajo, me guardo la primera mañana, ignorando jetlags y resacas, y me voy a los mercados para comprar tanta tela como me permita mi per diem. Por 200 dólares, puedes llenar una maleta de ropa. (…) He tenido una fantasía concreta durante años. Que Accra, Lagos, Dakar y Abidjan construía unos talleres gigantes cerca de sus aeropuertos, donde cientos de sastres increíblemente bien entrenados trabajan, y puedes llegar, comprar tela y encargar ropa (…). Fashion Cities Africa.

Biyavanga Wainaina, abre así el libro “Fashion Cities Africa”, editado por Hannah Azieb Pool y que recorre cuatro ciudades del continente para explicar la escena de la moda en cada una de ellas: Nairobi, Casablanca, Lagos y Johannesburgo. Una celebración que destaca el trabajo de diseñadores de moda, de joyas, blogguers y estilistas. El libro está inspirado y apoyado en la recién clausurada exposición “Fashion Cities Africa”, del Brighton Museum.

Los criterios para seleccionar estas ciudades, por la falta de espacio para mostrar todas las propuestas de un continente inagotable, fueron una cuestión de diversidad (regional, geográfica y económica) y por sus grandes credenciales en cuanto al mundo de la moda. La editora, Azieb, afirma de además este libro “pretende retar los estereotipos sobre lo que significa ‘la moda africana’ y cambiar la narrativa visual de la estética ‘africana'” (comillas inclúídas en el texto orginal)

Cada una de las ciudades tiene su propio capítulo con un pequeño ensayo que repasa el panorama general con entrevistas a personas influyentes del mundillo, con retratos y fotografías realizadas por fotógrafos oriundos: Sarah Marie Waiswa (Nairobi), Deborah Benzaquen (Casablanca), Lakin Ogunbanwo (Lagos) y Victor Dlamini (Johannesburgo). Abalorios masai, kangas kenianos, telares de Ase-Oke, caftanes hechos a medida o el ya tan extendido wax, son estilos afro-céntricos que están influyendo los armarios de aquellos que están a la vanguardia de la moda allí y saliendo a la palestra internacional.

De punta a punta del continente: radiografía de las últimas tendencias a través de cuatro ciudades

Nairobi: la ropa de segunda mano es lo de hoy

2manysiblings: Velma Rossa y Papa Petit. Foto: Sarah Waiswa

El Gikomba Market es el mercado de segunda mano más grande de la región oriental de África y en él podemos encontrar secciones de mujer, niñas y niños, accesorios, etc. Un caos urbano que recuerda a la zona comercial del centro de muchas ciudades europeas en época de rebajas. Mitumba, o Toi (a las afueras de Kibera) son otros de los mercados de segunda mano y parece que importantes gurús de la moda como los blogueros “2ManySibilings” o “KenyanStilista.com” van vestidos de mercadillo, de forma austera, pero con estilo. El estilista Sunny Dolat, que lleva la marca Chico Leco habla de un renacimiento en Nairobi en la industria creativa.

Velma Rossa & Papa Petit (2ManySibilings), Ami Doshi Shah (I am I), Adèle Dejak, Ann Mccreath (Kiko Romero) y Anthony Mulli (Katchy Kollections), son los destacados en esta zona del continente.

Casablanca: la reinterpretación del caftán

Amine Bendriouich. Foto: Deborah Benzaquen

Con diferentes influencias por su situación geográfica y política, Marruecos vivió una primera ola de diseñadores que emergieron en los años sesenta y que fue el precedente de la segunda, en los ochenta y noventa. El caftán es un arte inimitable que pasa por muchas manos especialiadas en cada uno de los detalles: hilado, botones, puntilla, etc. A pesar de ello, diseñadores como Bendriouich afirman que “su posición es en contra de la hegemonía de los caftanes, por haberse convertido en auto-exotizados”. Y diseñadoras como Ghitta Laskrouif coge detalles tradicionales, como el mdemma (cinturón) y los usa de una manera diferente.

En este capítulo dedicado a Marruecos, Amine Bendriouich (Amine Bendriouich Couture & Bullshit, ABCB), Amina Agueznay, Yassine Morabite (Zazlouz), Said Mahrouf y Zhor, Chadia y Aida Rais, son las diseñadoras y artistas destacadas.

Lagos: el boom con gran presencia de mujeres

Nike Davies Okundaye

La independencia de Nigeria de los británicos en los años sesenta, hizo que la moda fuese una forma de expresar una renovada identidad cultural. Así que las élites urbanas mezclaban modas europeas con las creaciones de los sastres locales, con estilo nigeriano. Durante la guerra civil de los setenta siguieron emergiendo pioneros de la moda, pero no fue hasta los 2000 caundo se fue formalizando la industria de la moda en el país. El surgimiento de revistas como Arise, o las redes sociales son una oportunidad para poner en la escena la moda nigeriana y sus creadores. Hoy en día, los nuevos diseñadores de Lagos, reutilizan tejidos y sistemas tradicionales, como el adire, o la doble envoltura del Delta de Níger. Nigeria tiene un fuerte potencial de exportación e influencia en el mundo de la moda, como aseguran algunos artistas entrevistados, que además, una gran parte de las creadoras son mujeres, reivindicando así su independencia a través de la moda.

Nike Davies Okundaye (Nike Art Centres), Yegwa Ukpo (Stranger), Amaka Osakwe (Maki Oh), Zara Okpara (PR Consultant), Reni Folawiyo (Alàra), son los diseñadores destacados de esta ciudad.

Johannesburgo: lo étnico, lo político, la identidad y la moda

Bongani Madondo

El apartheid y la política dibujan claramente el paisaje de la moda en la capital sudafricana, reflejando una diversidad que caracteriza desde un punto de vista étnico y lingüístico al propio país. La mezcla de estilos entre puntos de la ciudad como Soweto, Hyde Park, East Rand o Alexandra, ponen de manifiesto el gusto por la experimentación estética en torno a la identidad, la clase social o la influencia étnica. La autodefinición de la escritora y comisaria Bongani Madondo, quizá es una muestra del crisol de estilos que esta gran “ciudad del oro” alberga: “Mi estilo es una combinación de vintage, los salones de jazz de Harlem y Sophiatown en los 50/60’s, y la locura liberadora de la estética punk-rock. Afro-dandy se encuentra en el centro de la ciudad con el Afro-punk”. También hay hispers almorzando en los mercados de Neighbourhoods Market o comprando ropa en Main in Maboneng.

Thula Sindi, The Sartists, Maria Mccloy, Marianne Fassler (Leopard Frock), Anisa Mpungwe (Loin Cloth & Ashes) son los diseñadores y artistas destacados de la escena de la moda en Joburg.

La cultura del vinilo tiene un guardián en Kenia

Por Megan Iacobini de Fazio (texto) y Rachel Clara Reed (fotos)

James ‘Jimmy’ Rugami, propietario del Stall 570 en el mercado Kenyatta Market de Nairobi.

James ‘Jimmy’ Rugami, propietario del Stall 570 en el mercado Kenyatta de Nairobi. Foto de Rachel Clara Reed.

Hay un hervidero de actividad en los callejones estrechos y serpenteantes del Kenyatta Market*. Las mujeres se sientan en sillas de plástico, con los pies sumergidos en un cuenco con agua tibia enjabonada para sus pedicuras, dos damas fijando y retorciendo frenéticamente cabello de plástico falso en sus pulcras trenzas. En los pequeños y abarrotados puestecillos, hay hombres inclinados sobre las máquinas de coser, haciendo vestidos de kitenge** colorido, mientras los comerciantes caminan vendiendo huevos duros, joyas Maasai y maíz amarillo.

Escondido en el rincón reservado para la carne está el puesto 570 (Stall 570), donde James ‘Jimmy’ Rugami ha vendido música desde el año 1989. Emergiendo de un viejo tocadiscos, los sonidos rumba y lingala flotan en el aire y se mezclan con las aromas ahumadas de carne asada. Un poster de Lionel Ritchie autografiado y la sensual expresión de Mariah Carey miran hacia fuera desde una de las paredes, invisibles debido a los carteles y las fundas de LP – cualquier cosa desde la banda sonora de la Naranja Mecánica a los clásicos afro-cubanos de Tabu Ley o la música Disco de la Motown.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Justo aquí, entre los puestos de venta de carne de vaca y carne de cabra, hay uno de los pocos lugares de Nairobi en el que se venden discos de vinilo. Aunque la ciudad fue una vez el centro musical de África del Este, con discográficas independientes y compañías de grabación multinacionales estableciendo sus sedes regionales aquí y una fábrica de prensado en funcionamiento hasta inicios de los años 90, los vinilos antiguos son difíciles de encontrar. En el centro de Nairobi, frente a una ruidosa calle de la estación de autobuses, está Melodica Music Stores, uno de los pocos lugares a parte de la tienda de Jimmy que vende discos. Fundada en 1971, Melodica ha grabado y producido cientos de discos en África Oriental, muchos de los cuales aún se pueden encontrar, amontonados y sin sonar, en el almacén de la tienda. Pero mientras que Melodica es un tesoro para los singles africanos originales y vírgenes, Stall 570 es el único lugar en la ciudad que tiene una colección grande de LPs y de singles para la venta.

Dividido entre dos puestos adyacentes, la tienda está repleta de discos, cintas, viejos tocadiscos, algunas cámaras de cine vintage e incluso algunos viejos discos de goma laca. Jimmy, un hombre amistoso de unos sesenta años que nunca se ve sin su caperuza, normalmente se puede encontrar desembalando cajas de trovadores de vinilo recién descubiertos o excavando discos para sus clientes.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Mi familia no era una familia de músicos. La primera vez que vi una radio – no un reproductor de discos o casetes, sólo una simple radio – estaba en la escuela secundaria. No habría un tocadiscos en nuestra casa hasta 1979”, dice Jimmy.

En la década de los ochenta se ganaba la vida comerciando con ropa en Meru, una ciudad en las colinas verdes y fértiles de Mount Kenia, cuando una picazón por algo más emocionante y un tocadiscos roto regalado por su hermano empezaron con su nuevo negocio. “Tan pronto como reparé la máquina me dirigí a Nairobi y gasté todos mis ahorros en discos. Eso fue en 1986”.

“La escena musical era bastante vibrante, siempre se me invitaba como DJ para pinchar en discotecas, clubes locales y especialmente en los cuarteles del ejército. Yo solía pinchar principalmente cosas africanas – discos locales en Kikuyu y Kamba y pocos en Zairua, la música de la actual República Democrática del Congo”, dice Jimmy.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Pero el estilo de vida errático de DJ comenzó a cobrarse su peaje – “Me encantaba la vida en el “carril rápido”, repleto de fiestas y de damas”, dice mientras una sonrisa mal ocultada se arrastra por su cara – y Jimmy se trasladó con su familia a Nairobi en búsqueda de algo más estable. Así, en 1989, el ya legendario puesto de Kenyatta Market comenzó a vender música, abarrotado entre carnicerías que vendían carne de vaca, carne de cabra y pollo. Poco ha cambiado desde entonces: la tienda se ha expandido para incorporar el puesto al lado, la variedad de géneros ha crecido y la base de clientes se ha ampliado, pero el encanto del lugar se ha mantenido intacto.

“La ubicación es genial, me alegro de que Jimmy eligiera quedarse en el ambiente local del Kenyatta Market”, dice Thomas Gesthuzien, un coleccionista que ha pasado muchas horas felices investigando en la tienda.

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Foto de Rachel Clara Reed.

La tienda ha sobrevivido a la decadencia del vinilo, la popularidad de las cintas, el nacimiento de CDs y la amenaza de la piratería, adaptándose a las tendencias cambiantes. En sus primeros años Jimmy vendió principalmente cintas del este de África: “Solía conducir todo el camino hasta Dar es Salaam, luego tomaba un barco a Zanzíbar, donde compraba las cintas. Allí es donde la conseguía mejor material, especialmente jazz, que en Nairobi era inaccesible o muy caro”. Pero cuando los discos no vendían nada, algo le decía a Jimmy que comprara vinilo cada vez que lo encontrara, y pronto acumuló una gran cantidad de discos, colecciones de grabaciones extranjeras y africanas. Podría pasar seis meses sin vender uno, pero Jimmy no podía dejar de recogerlos.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Empecé a notar un cambio hace unos 10 o 12 años, la gente entraba en la tienda y prestaba más atención a los pocos discos que tenía aquí. Ahora, la tienda vende casi exclusivamente vinilo, en su mayoría música occidental antigua, con una gran colección de 7 “s del este de África y algunos 12″ s”: En un lado guarda los álbumes, mientras que en el otro alberga una gran colección de singles. Escondido en los estantes inferiores en una de las esquinas están los kenianos, divididos en los varios idiomas locales: Swahili, Kikuyu, Kamba, Luo, y Luhya. Junto a ellos hay una selección igualmente grande de Lingala – el idioma de la República Democrática del Congo.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Él es el único que satisface a una creciente multitud de Nairobi – especialmente los kenianos de nacimiento, no sólo los expatriados – de amantes del vinilo, y lo hace con verdadera pasión por la música”, dice Thomas, que encontró a Jimmy en una mención en Internet hace cinco años. Thomas – alias Gioumanne / J4 / Jumanne – es un DJ y coleccionista que hace investigaciones y licencias para la reedición de música para sellos como Strut, Soundway, Afro7 y Rush Hour. Ha estado dirigiendo African Hip Hop – un sitio web cuyo objetivo es “unificar a todos los que están inspirados por el hip hop y por las culturas de África y de origen africano” – desde 1997 y ha estado trabajando recientemente en la recopilación del Kenya Special Second por Soundway Records.

“Encontré uno de los primeros discos de la compilación en la tienda de Jimmy. Es un single de Afro Rock de una banda llamada Awengele, y cuando lo puse en los platos, él dijo en broma: “Si hubiera sabido sobre su existencia, lo habría guardado para mí mismo”, y procedió a vendérmelo a un precio muy ventajoso”, explica Thomas.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Jimmy dice que mientras que la mayoría de los extranjeros vienen buscando material africano, los kenianos tienen un gusto ecléctico, buscando música local e internacional de  igual forma.

“En casa escuchamos de todo, desde lo africano al rock internacional, el blues, el soul, el pop, lo instrumental, lo clásico y el reggae”, dice Angela, una de las clientes habituales de Jimmy. “Crecí en torno a la música y el viejo tocadiscos de Phillips siempre ha estado en el centro de nuestras reuniones familiares”. Hasta que se enteró de la tienda de Jimmy, Angela compraba discos por Internet. “Pero prefiero la verdadera felicidad de ir a la tienda del mercado Kenyatta para pasar horas cavando y buscando el tesoro”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

El interés local por la música del este de África está definitivamente en alza, como lo demuestra la popularidad de iniciativas como Santuri Safari – Santuri significa “vinilo” en swahili – una red de DJs, productores, músicos y activistas culturales que apuntan a “cerrar la brecha entre artistas tradicionales, instrumentos, ritmos y culturas y la vanguardia de la escena musical underground global». Esa Wiliams – el DJ sudafricano con sede en el Reino Unido, cuyo nombre se puede encontrar en la aclamada Highlife World Series– forma parte de la red Santuri y visitó la tienda en 2015 con el cofundador de Santuri y el DJ británico David Tinning. “Yo estaba más interesado en la historia detrás de Jimmy, los discos que ha estado recolectando y también en cómo terminó en un mercado de carne”, dice Esa. “Hablamos un par de horas sobre la historia de la tienda, sus clientes habituales y la colección, y después de eso tuve tiempo de investigar y conseguir algunos discos de su colección – Letta Mbulu, Tabu Ley Rochereau”.

David Tinning, un verdadero aficionado del vinilo con una pasión que abarca desde el dub jamaicano hasta el afro funk, el disco y el techno, encontró algunos discos de boogie y disco de los años 80 para agregar a su colección. “Muchos de ellos tenían nombres de sus anteriores dueños, a menudo bandas o DJs que estaban activos en Nairobi en los años 80 o 90, lo cual me parece fascinante”. El cofundador keniano de Santuri, Gregg Tendwa, ha encontrado algunas canciones de Benga para su archivos, un hallazgo útil ya que él también es la mente que hay detrás de Bengatronics – un sonido que combina la electrónica de vanguardia, ritmos irresistibles de Benga y riffs de guitarra dulces como la caña de azúcar.

Thomas está de acuerdo en que los jóvenes de Nairobi están escuchando la música del este de África con renovado interés: “cuando me presenté en un evento mensual llamado We Love Vinyl (Queremos al Vinilo) pinchando 100% música local – a menudo procedente de la tienda de Jimmy – la gente me miraba extrañamente, pero últimamente les encanta y la mera disponibilidad de estos clásicos y grabaciones olvidadas han ayudado a que los jóvenes descubran su patrimonio musical”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Pero a medida que aumenta la popularidad de la música africana entre los kenianos y los extranjeros, adquirir existencias es cada vez más difícil para Jimmy. “Tristemente, como puedes ver, este es el único 12″ africano que tenemos”, dice, señalando una estantería y una pequeña pila de cajas. “No hay más producción por aquí y se están volviendo más y más difíciles de conseguir”. A veces la gente trae sus discos y le pide a Jimmy que los digitalize; “pero otras veces”, dice, “me veo forzado a actuar como un depredador”.

Él tiene una red de hombres en punto de diferentes regiones de Kenia, y algunos en Kampala, Uganda, que le informan cuando se encuentran con personas con un bastante material. “Si no quieren deshacerse de ellos, les doy a sus familias mi número, y espero”. En una de mis visitas al puesto, Jimmy acaba de recibir una gran cantidad de LPs, en su mayoría africanos y en excelentes condiciones. “Éstos me fueron dados justo por el hijo de una señora que falleció hace dos semanas. Él no está interesado en mantenerlos, así que le daré algo de dinero y la música en formato digital a cambio”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

A pesar de los desafíos para la obtención de vinilos de buena calidad, Jimmy es positivo y cree que el futuro de Stall 570 será próspero.

Esa Wiliam también está de acuerdo en que el pequeño puesto en el mercado de la carne está hecho de cosas más duras que la mayoría de las tiendas de discos: “lugares como el de Jimmy siempre estarán vivos mientras las tendencias van y vienen. Pueden no ser tan populares como las tiendas de discos en Occidente, pero mantienen vivo el espíritu vinílico”.

Para Jimmy, la tienda tiene que ver con la identidad y las raíces tanto como con la música. Él cree que sería una gran pérdida para las generaciones futuras olvidar su historia musical, y siempre está dispuesto a transmitir sus conocimientos a los clientes más jóvenes. De vez en cuando da la bienvenida a fiestas escolares y les enseña sobre las tradiciones musicales de África Oriental.

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Foto de Rachel Clara Reed.

“Una nueva generación con talento está surgiendo en estas comunidades”, dice Esa, “y es importante tener un lugar como la tienda de Jimmy como referencia para acceder a todos los diferentes estilos de música que se publicaron en diferentes regiones de África”.

Habiendo sido el único encargado del puesto desde que empezó, la única preocupación de Jimmy es quién lo tomará. Él ya trabaja siete días a la semana, y rara vez toma un descanso, con miedo de perder la oportunidad de ayudar a alguien a encontrar su nuevo récord favorito. “El desafío es encontrar a alguien que quiera hacer esto por pasión, no por dinero”, dice Jimmy. “Para mí, esto ha sido un trabajo de amor. He podido pagar a mis hijos la escuela y la universidad gracias a mi tienda de discos, pero nadie va a enriquecerse con ella”. Afortunadamente, el sobrino de Jimmy, Patrick, comparte el interés de su tío, y, en palabras de Jimmy, está siendo “preparado” para asumir la tienda. “Tengo planes de expandirme”, dice Patrick, “pero nunca la movería. Este lugar tiene raíces. El puesto 570 es el lugar donde nació esta tienda, y donde siempre estará”.

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Foto de Rachel Clara Reed.

Este artículo ha sido publicado originalmente, con el título ‘The vinyl man of Kenyatta market’ en la revista The Vinyl Factory.

Traducido por Gemma Solés i Coll. 

*El Kenyatta Market es uno de los principales mercados de Nairobi.

**El Kitenge es un tipo de tela típico del África del Este.

Hiperdiversidad Sonora del África Plural

* Artículo originalmente publicado en la web dedicada a la exposición Making Africa del Ajuntament de Barcelona (en catalán)

Era un sábado de octubre de 2013. La terraza del Tree House regalaba una vista panorámica inmejorable de Nairobi a medianoche. Nina Ogot, cantante keniana y esposa de uno de los músicos más emblemáticos de la ciudad -Winyo-, acariciaba con voz dulce una asistencia que miraba más hacia una ciudad efervescente y dinámica en pleno fin de semana que no hacia el escenario. El club, casi siempre acostumbrado a los excesos y la saturación de los altavoces, estaba poblado por una amalgama de expatriados y trabajadores de organizaciones internacionales que suele nutrir el espacio. Yo acababa de aterrizar en la ciudad y todo parecía mucho más brillante, glamuroso y cautivador de lo que en realidad era. A la entrada del recinto, trabajadoras sexuales de todas las edades paseaban sus cuerpos a la sombra de la iluminación de farolas y coches. Los guardas de seguridad se dormían con la vibración de los bajos haciéndolos resbalar la gorra del uniforme a la altura de la nariz. Y mientras tanto, la industria de la noche hacía caja: taxistas, supermercados 24 horas, casinos, discotecas …

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Vista panorámica del centro de Nairobi durante la noche.

Nairobi está de moda. Mejor dicho, Nairobi va a la moda. A ritmo de kwaito sudafricano, Kuduro de Angola o Afrobeats de Nigeria, la que se erige como la capital del África del Este hace bailar a la juventud más acomodada de la urbe a ritmo de sonidos que nacen en otras ciudades africanas como Johannesburgo, Luanda o Lagos. Discográficas kenianas como Ketebul Music se esfuerzan en investigar, recopilar y reanimar las tradiciones sonoras de etnias como las lúo o kamba. La época dorada de la música Benga ha quedado atrás y la cultura de club, los sintetizadores y la electrónica se han apoderado de las pistas de baile más chic de Kenia, y no sólo en su capital, también en las ciudades turísticas de la costa como Mombasa, Diani o Kilifi. No en vano, el proyecto de investigación Ten Cities, promovido por Goethe-Institute, ha querido poner en común el movimiento de Djs de la ciudad con el de otros centros urbanos africanos y europeos, creativos y pioneros, como El Cairo o Berlín.

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Una actuación de ELECTRAFRIQUE presentando al DJ centroafricano BODDHI SATVA en el Tree House de Nairobi.

Evidentemente, no todo son luces de neón, élites y globalizaciones sonoras. Pero Nairobi es como un imán que atrae hacia su centro cualquier movimiento empujado por el magnetismo de la creatividad sonora. La ciudad reúne a menudo a programadores, emprendedores culturales, directores de festivales y nuevos conceptos de fiesta que crecen como setas año tras año en todo el continente. Muchos necesitan desplazarse a Nairobi para encontrar la financiación necesaria. Empresas del sector de la telefonía móvil, grandes organizaciones internacionales, empresarios y marcas de bebida, se convierten en patrocinadores de actividades culturales de todo tipo. Durante uno de los festivales de artes escénicas organizado por Sarakasi Trust, el “Sawa Sawa Festival”, pude entrar en contacto con un grupo de poco más de una decena de directores de festivales de música africanos que pasaban unos días en la ciudad para a reunirse en torno a posibles sinergias panafricanas. María Wilson, directora ejecutiva del HIFA, el “Festival Internacional de las Artes de Harare”; Yusuf Mahmoud, director del “Sauti Za Busara de Zanzíbar” o Faisal Kiwewa, director del “Bayimba Festival de Kampala“, buscaban formas de crecer y consolidarse, compartir gastos al invitar artistas en ruta para la región. Casi tres años después, la mayoría de festivales de música de África hacen lo imposible para sobrevivir a la crisis y falta de financiación del sector cultural mundial.

Sin embargo, África sigue produciendo una gran cantidad de éxitos que cada vez llaman más la atención a nivel internacional. La hiperdiversitat de sus sonidos representa hoy la pluralidad cultural de un continente donde 54 países y más de 2.500 lenguas conviven y se reproducen. África es el continente más joven del planeta. Y es esta juventud, cada vez más urbana, la que sostiene con ingenio y creatividad su dinamismo. África es una incandescente fuente de recursos sonoros que viven y se alimentan a caballo entre los universos e instrumentos tradicionales, pedales, efectos y mesas de mezclas.

Bombino, conocido como el Hendrix africano, exporta tradiciones sonoras del Níger junto con jóvenes consolidados como Fatoumata Diawara o veteranos como Amadou & Mariam, a través de antiguos canales abiertos entre Francia y sus ex colonias africanas. El dúo nigeriano P-Square abandera una oleada de R & B que viaja por gárgolas sonoras que confluyen en Londres vía Cape Town. Big Nelo inflama todo un movimiento desde Luanda que mueve a una joven generación de emigrantes que se encuentran en los suburbios lisboetas como Buraka Som Sistema. Pero hay sonoridades que se quedan en casa. Y a menudo, son las que más alimentan a audiencias locales que asisten a festivales y consumen música.

A menudo, la lucha a contracorriente en el océano de la industria musical implica sortear tiburones de todos los tamaños, y siempre hay peces que logran salir a la superficie y entrever atajos posibles. Algunos de ellos, auspiciados por discográficas europeas hambrientas de novedades que rompan la monotonía del pop occidental, han logrado incluso impulsar la carrera de músicos no profesionales como la de los ruandeses The Good Ones o incluso a los reclusos de una prisión malauí (Zomba Prison Project), nominados a los últimos Grammy. Pero son grupos como Msafiri Zawose, que rescatan la música tradicional wagogo del interior de Tanzania, los que demuestran una mayor virtud a la hora de inflamar directos y dejar boquiabierto al público con recetas originales de una África del Este a menudo supeditada a la sombra de guitarras congoleñas o house sudafricano.

Future Sounds of Mzansi, fotograma documental de Spoek Mathambo sobre la electrónica sudafricana.

Future Sounds of Mzansi, fotograma documental de Spoek Mathambo sobre la electrónica sudafricana.

En ciudades como Nairobi desembarcan frecuentemente grandes estrellas como el maliense Salif Keita, los sudafricanos Mafikizolo o el congoleño Koffi Olomide, contratados por festivales como el Blankets & Wine para atraer la clase media y alta de la cosmopolita capital keniana. También se genera pop local a gusto de adolescentes de toda África como el que produce el cuarteto vocal Sauti Sol. Y de forma mucho más underground, se alza la voz más crítica con cantantes y grupos como Juliani y Sarabi. Conscientes del cambio de rumbo de la industria y el peso, cada vez más importante, del audiovisual en el continente, la mayoría de músicos africanos se alían con cámaras, fotógrafos y medios de comunicación para expandir sus mensajes y hacerse un lugar en pantallas, vallas publicitarias, teléfonos móviles y tablets. La audiencia es tan amplia y heterogénea como la creatividad que se desprende de su sociedad, porosa y cambiante. Se trata de saber conectar con la gente, tanto con la que ocupa discotecas llenas hasta los topes un sábado por la noche como la que enciende la radio a las seis de la mañana mientras monta la parada de verduras en el mercado. La música acompaña y representa. Forma parte y encarna cualquier cultura. La música forma parte de toda subcultura. Nairobi es tan sólo un ejemplo más de hipercreatividad y hiperdiversidad. Un espacio donde cabe todo menos los reduccionismos.

Crónicas de una noche Africológica

Por Francis Ronjey – Nairobi

La revista urbana keniana Nairobi Underground organizó su primer evento para 2016 con un gran éxito. Africologically-Being, o Ser Africológico, fue una fiesta para clausurar el Mes de la Historia Negra, pero con un toque afrocéntrico. El objetivo era reunirse bajo el paraguas de un concepto tan poco definido como El Ser Africológico, y de forma espontánea, juntar el talento de artistas diversos en un discurso artístico improvisado. Y Nairobi habló.

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Una de las cosas que queríamos poner de relieve a través de este evento es el amor por África como hogar, tanto permanente como temporal. Al ser un equipo dedicado a las artes y la cultura, no había mejor manera de celebrar la fiesta que logrando que estuviera llena de acontecimientos creativos.

A pesar de que estaba previsto que comenzara a las dos de la tarde, hemos aprendido que no todo el mundo tiene libres los viernes por la tarde en Nairobi. Así que cuando eran las 14:30 y no había ninguna señal de asistentes más allá de una pareja que parecía haberse saltado una clase aburrida de universidad nocturna, nuestros niveles de ansiedad comenzaron a dispararse como un avión en una pista de despegue. Pero todo organizador, en Nairobi, sabe que la paciencia es una virtud.

1606953_494436880674678_1197763609_nLos artistas empezaron a gotear en el recinto de Creatives Garage alrededor de las 3pm (estos artistas… ¡siempre llegan tarde!). Espacio colectivo multidisciplinar para el trabajo en red, la colaboración y el empoderamiento de artistas visuales o innovadores de alta tecnología de Nairobi; Creatives Garage acunó cinco horas de jam session para celebrar el Ser Africano. Un concepto que seguimos construyendo.

Por miedo a vecinos cascarrabias que habían amenazado con acabar con la fiesta, incluso antes de que empezara, un grupo de raperos, guitarristas, beatboxers, cantantes, poetas y algunos espectadores organizaron un warm up musical improvisado.

maxresdefaultExactamente a las 18:00, el primer intérprete, Missing Rotich, subió al escenario con sus habituales rarezas y dotes cómicas. Con letras satíricas, el guitarrista fusionó melodías de guitarra acústica con ritmos electrónicos pesados y chistes de tinte tribal que se desvanecieron rápidamente en la arena de la comedia urbana. Rotich es un Kalenjin, étnia que produce todos los grandes corredores de Kénia de Kipchoge Keino a David Rudisha. Los Kalenjin también son conocidos por ser los que peor hablan inglés del país. Algunos vienen de las profundidades de  zonas rurales, donde rompen récords mundiales en los campeonatos internacionales, utilizando en inglés solo cuando deben responder a las preguntas de la prensa internacional.

“Vengo de una familia de racistas; mi abuelo era un racista, mi madre es un racista, y como se puede ver, también yo soy un racista”, afirmaba Rotich asegurando que en su comunidad, antes de que un padre envíe a un niño al mercado, empieza a contar: “uno … dos … tres … ¡ORO!”.

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Teardrops, un joven activista del movimiento slam de Nairobi.

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A las 7 pm, cuando la watuz (gente) de Nairobi ya empezaba a llenar el recinto con una sesión de Dj Ralph dedicada a Fela Kuti, el poeta y director de cine, Alexander Ikawa, tomaba el micrófono. En poco tiempo, el jardín se convirtió en una olla de creatividad a presión. Raperos  poco conocidos como Monaja y Manjoro compartieron el escenario con jóvenes activistas y furiosamente talentosos como Rize y M.B.U.Z.I. La nueva era de la escena de la música y el arte de Nairobi se encuentra representada por una vasta y ecléctica curación de artistas que van del brillante comediante Brian Onjoro, campeón en Moroko Kalahari y los pesos pesados ​​de la palabra hablada dirigida por Dorphan, G-Cho Pevu y MC Teardrops.

Pero no todos los seres africológicos fueron rapeados; también hubo espacio para melodías sentimentales como las que nos brindó Waksy, que se sucedió a una miríada de otras actuaciones en solitario y de colaboraciones que incluyen: Ondi Na Kadhalika, Elia, Kenna o hasta la cantante y guitarrista Esther, de tan solo ocho años de edad. En un espíritu muy underground, la noche contó con la visita de artistas espontáneos.

Gracias al amparo de espacios como Creatives Garage, el talento más fresco de la juventud urbana de Nairobi, que hace unos años no tenía hogar, hoy puede presumir de ser un colectivo de personas cada vez más grande, más atrevida y más viva. En búsqueda de un paraguas conceptual que nos defina y que hemos bautizado como Africología, seguimos investigando y nos seguimos divirtiendo.

Matatu: la cultura del transporte en Nairobi

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Marisol Rocha

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Tomar el transporte público en Nairobi es asistir a un espectáculo escénico y visual de alto nivel. En medio del tránsito de las calles de la capital keniana se abren paso los matatu, coloridos minibuses con capacidad para entre 14 y 33 pasajeros, cuyos interiores rebosan de decoraciones entre las que desatacan calcomanías llenas de methali (proverbio en suajili), equipados con bocinas de donde escapan los graves del hip hop, el reggae y el R&B que se sienten rebotar en el pecho. Elementos que hacen de este espacio móvil el eje de varios temas sociales, culturales y artísticos en Kenia.

Al centro de la cultura del matatu aparecen las figuras del conductor y el manamba a quien se le identifica por las acrobacias y el grito: “Beba, beba” (lleva, lleva lugares) cada vez que se llega a una parada, silbando y anunciando los destinos de viaje.

La industria del matatu comenzó en la década de los 50 como competencia directa al servicio de transporte representado por el KBS (Kenyan Bus Service) que tenía el monopolio de transporte de pasajeros desde principios de la década de 1930. Para ese tiempo los matatu eran propiedad de personas con un ingreso medio y los pasajeros literalmente pagaban tres centavos por viaje dentro de la ciudad. De hecho la palabra ma-tatu significa tres en suajili, la lengua oficial de Kenia.

Desde los 70 los matatu han sido indispensables para la economía de Nairobi. En un día normal un matatu hace nueve viajes de las áreas residenciales al centro de la ciudad, pues al menos el 70 por ciento de los residentes de la capital dependen de ellos para su traslado cotidiano. Se estima que al menos tres millones de personas se desplazan con este medio en todo Kenia cada día (Mutongi 2006).

En la novela de Ngugi wa Thiong´o “Devil on the cross”, el escritor retrata las condiciones y las dinámicas en torno a los matatu de ese época. Es en el matatu modelo Ford T “de los tiempos de Noé” propiedad de Mwaura que los personajes parten de Nairobi hacia la misteriosa Ilmorog, y es allí en donde los personajes se enamorarán y contarán sus vidas en el panorama de la Kenia posterior a la independencia.

“En la mañana, antes de arrancar, el matatu ofrecía a sus espectadores un espectáculo maravilloso. El motor comenzaba a rugir, luego tosía como si una pieza de metal se hubiera quedado atorada en su garganta, para después chirriar como si tuviese un ataque de asma. En ese momento Mwaura abría teatralmente la cubierta del motor picando aquí y allá, tocando este cable y ese otro, cerrando el capó de la misma forma espectacular antes de ponerse de nuevo al volante. Él presionaba muy suavemente el acelerador con su pie derecho y el motor comenzaba gruñir como si su barriga estuviera siendo masajeada”.[1]

Los matatu representan una ventana a muchas de las facetas políticas y socio-económicas del África contemporánea en temas relativos al comercio regional, economía informal, transición a la democracia y a las economías de libre mercado, junto con temas de clase y respetabilidad, cultura popular, globalización y la migración rural-urbana. Son espacios que han servido como sitios públicos donde se intercambian noticias de todo tipo y donde se despliegan las tendencias estéticas y artísticas urbanas del momento.

Existe además una relación directa entre la cultura urbana de los jóvenes y la cultura del matatu. La situación económica de los 90 empujó a jóvenes que tenían licenciatura a conducir los matatu para sostener vida y estudios convirtiéndose en novios deseables para muchas mujeres en Nairobi.

Los matatu como espacios de convivencia fueron adoptando notas de la cultura urbana en lo que se refiere a la música en himnos contemporáneos como “Kenyan Girl, Kenyan Boy” de Necessary Noize, en donde se celebra a los matatu como lugar de encuentro entre jóvenes.

Según Ephantus Karikui, coordinador de programas de SLUM-TV, actualmente los matatu tocan playlists específicos dependiendo de su ruta. Por ejemplo, en la ruta de Eastlands-Ghetto la música predilecta es el reggae y la música local, mientras otras rutas prefieren los temas de hip hop, y también dependiendo del horario (mañana o tarde) se sintonizan programas de radio que gozan de fama siendo las estaciones predilectas kiss fm , classic 105 y ghetto radio (se puede escuchar gratuitamente en una de las 3 radios del reproductor que alberga Wiriko en su página principal). Algunos matatu cuentan con wifi y pantallas para videos musicales, otros cuentan con canales de pago para programación internacional, en su mayoría para canales deportivos. En lo que respecta a las artes visuales, se ha desarrollado un grupo importante de artistas que se dedican a su decoración por medio del grafiti.

El documental producido por CCTV AFRICA: “Matatu my life, my art” pone a dialogar a nivel narrativo a un conductor de matatu y al artista visual Dennis Muraguri, quienes presentan su perspectiva sobre estos íconos de Nairobi.

Justamente el trabajo más reciente de Dennis Muraguri [2], titulado Matatu Games, de 2014, forma parte de un proyecto centrado en la cultura urbana del matatu en Nairobi. La primera parte de la exhibición consistió en un proyecto de arte público realizado en las calles de la capital con el objetivo de presentar el “arte callejero” como una forma de arte significativo. Muraguri se centró en los conductores y sus ayudantes conocidos como manamba para mostrar las audaces maniobras por las que son famosas estas figuras.

Acerca de esto Dennis explica lo siguiente: “Actualmente estoy trabajando en un conjunto de obras inspiradas en los matatu. Pues aparte de ser el medio más común de transporte, son vistos como iconos visuales y tanto su presencia constante como su modo de operar resulta intrigante. Como artista, este es un terreno fértil de material y entretenimiento a la vez que es un reflejo de la sociedad (keniana) en muchas formas”.

Con todo ello se perciben preocupaciones reales relacionadas con el mundo del matatu, entre ellas el número de muertes por accidentes de tránsito que involucran a estos. En 2007 Kenia tenía el lugar número 5 en accidentes de tránsito en África subsahariana; fenómeno no atribuible exclusivamente a los conductores sino a una multiplicidad de factores entre los que se encuentran los factores humanos (autos privados, motocicletas o boda boda junto con los pasajeros de los matatu), los del equipamiento del vehículo así como factores ambientales (Raynor y Mirzoev 2014).

Ante ello diversas campañas han sido tomadas por los medios de comunicación y las plataformas en línea en las que se promueve el uso del cinturón de seguridad entre los pasajeros y en general desarrollando la responsabilidad colectiva hacia la seguridad vial. Zusha¡ es un ejemplo en donde se usa la animación como medio de prevención de este tipo de accidentes.

[1] Ngugi wa Thiong´o. Devil on the cross. 1982. Heinemman Educational Publishers (African Writers Series).Oxford. Pp. 31 y 32.

[2] Los medios con los que trabaja el artista Dennis Muraguri (1980- ) son la escultura, la pintura, la instalación y la mezcla de ellos en combinaciones que atraviesan las fronteras tradicionales. Asistió al Buru Buru Institute of Fine Arts de Nairobi entre 2000 y 2003 obteniendo en la grado en Pintura e Historia del Arte.

Maia Von Lekow: “La música es la raíz de todo lo que ocurre en África”

Maia Von Lekow es una habitual de las noches de Nairobi. Sus directos cuentan con un sonido característico que fusiona jazz, blues, funk y diversos ritmos africanos. Si se atendiera sólo a los oídos podría decirse que no es un sonido natural del continente a primera escucha. Una observación que sin embargo no sienta muy bien a la cantante keniana.

He pasado mucho tiempo fuera de Kenia, escuchando música occidental y nadie puede cambiar eso. De ahí que mis influencias estén presentes en Drift”, dice Maia Von Lekow en una entrevista concedida a Wiriko en Londres donde actuó por primera vez el pasado septiembre.

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Su álbum debut, Drift (2013) -que ya hicimos sonar en una colaboración con el programa Sonideros de Radio 3-, es un revoltijo sonoro donde resalta el gusto musical de su madre, de nacionalidad italogermana, por el jazz. El álbum ratifica la mezcolanza sonora de Von Lekow en un trabajo que es una recopilación sus experiencias personales, una lección de autoaprendizaje y una vuelta a su Nairobi natal.

Soy como una ensalada de frutas. Viniendo de dos culturas distintas no sabía dónde encajar pero di la vuelta a esa situación y ahora tomo inspiraciones de ambos lados, sin presiones ni estrés aunque siempre vendrá una cierta inseguridad de pertenencia”, dice la cantautora.

En ese viaje a la deriva la cantante ha conseguido encontrar un camino estable que tiene su epicentro en Nairobi a donde volvió en 2007. Allí redescubrió la ciudad de su niñez y los ecos de su padre, el músico Sal Davis. “Mi padre fue una figura inspiradora pero siempre estaba muy ocupado. Eso hizo que su imagen se magnificara para mí”, confiesa Von Lekow.

Drift sorprende en cada una de sus composiciones con ritmos diversos que se amoldan a las letras de la cantautora que fue calificada como una “camaleona” por el diario británico The Guardian.

Von Lekow ajusta su música a la intimidad de los espacios en los que suele actuar. Sin embargo, diversas apariciones en festivales africanos como Sauti za Busara, HIFA o el Rift Valley Festival han hecho que su música se difunda ágilmente. “Mi música no es tan bailable y con los festivales hay más presión ya que hay que hacer a la gente baile, que participe más”, dice la artista.

La escena musical de la capital keniana ha ido desarrollándose en los últimos años para generar más oportunidades entre los jóvenes artistas. Esa situación la celebra Von Lekow. “La apreciación por la música original era muy poca. El neocolonialismo hizo que se buscaran maneras de copiar a Occidente. Ahora se valora mucho más lo que se hace en África”, dice la cantautora quien confiesa seguir en un proceso de conocimiento de su lado keniano.

Cuando llegué a Nairobi era un tiempo interesante ya que mucha gente fue a Kenia a buscar nuevas ideas, especialmente en la música. En la generación previa no había mucha confianza a la hora de ser músico”, explica la ganadora de dos Premios a mejor banda sonora de la Academia Africana de Cine.

Olvidamos nuestra historia y sufrimos una desconexión con nuestras raíces culturales. Los jóvenes ahora nos damos cuentas que hay mucha riqueza en el patrimonio cultural de Kenia. Las nuevos músicos fusionan actualmente lo tradicional con lo moderno haciendo que el resultado sea muy emocionante”, dice la intérprete.

El desarrollo musical keniano da pistas del adelanto social que las nuevas generaciones deben poner en juego en el continente. Con canciones como “Move Over”, Von Lekow apuesta por el empoderamiento político de los jóvenes mientras que en su “Jikomboe” canta contra la violencia de género.

La música es la raíz de todo lo que ocurre en África. Es una herramienta para el cambio. Un arma de poder que hace que sea un símbolo para el cambio”, dice la cantante que colaboró con ACNUR como asesora musical en un proyecto social del campo de refugiados de Dadaab.

Wiriko respalda al Udada: el primer festival de cine de mujeres en África del Este

 

Udada A escasas horas de la clausura del festival, la actividad de Matrid Nyagah es agotadora. Móvil en mano, tablet sobre la mesa donde corrobora que todo está preparado para la gala de clausura de esta noche en el Laico Regency Hotel de Nairobi (Kenia) y, mientras, con la mirada, advierte a la camarera que quiere un té de limón y jengibre. Ella sólo es una de las 3 directoras al frente del primer festival de cine hecho por mujeres de África del Este, de Kenia. Pero lleva la batuta de la organización junto a Labo Peter, manager del festival. Las otras dos caras visibles de Udada son Wanjiru Kinyanjui, sin duda, entre las mujeres más importantes en la industria de las artes y el cine en Kenia, y Naomi Mwaura, una defensora de los programas de empoderamiento para las mujeres en el país.

El evento cumple 2 años. En 2014 se lanzó como una muestra y este año (15-20 de octubre) se ha convertido en un festival con un sello propio y único en el continente junto al festival de Zimbabue International Images Film Festival for Women con quien se han asociado y cuya directora, Tsitsi Dangarembga, escritora y cineasta está estos días en Nairobi. Wiriko desde este año será medio oficial del evento.

¿Por qué el nombre de Udada?

Fue un proceso muy largo aunque sabíamos una cosa: que sería una palabra en kisuajili. Estamos asociados con la Fundación Akili Dada y así fue como surgió la idea de Udada. Udada significa hermandad y nos parece un concepto importante cuando estamos hablando de mujeres. Necesitamos unirnos para cambiar las estructuras de opresión a las que nos vemos sometidas.

Entonces Udada desea hacer una diferencia en el mundo en el que vivimos. ¿Crees que a través de un festival de cine se puede influir en el cambio?

Las películas son un reflejo de la realidad. Como festival, queremos ponernos de relieve y exponer los problemas, preocupaciones y perspectivas de las mujeres en las sociedades en las que viven. En nuestro festival proyectamos películas internacionales y pensamos que ofrecen al público una visión de otras culturas necesaria. El festival ofrece una excelente oportunidad para desafiar a las cineastas femeninas para contribuir con más películas y fomentar el intercambio de conocimientos sobre el patrimonio cultural de las diferentes comunidades a nivel internacional, mientras que creemos que ayudará en la promoción del diálogo intelectual y el respeto mutuo a través de las películas y el intercambio de conocimientos.

¿Cuál es tu opinión sobre la situación de las cineastas africanas hoy en día?

En primer lugar, creemos que las mujeres tienen muchas historias que contar. Pero a menudo las mujeres africanas no son vistas como si pudieran convertirse en cineastas, directoras, productoras o guionistas. Hablando desde mi propia experiencia, cuando le digo a la gente que soy un directora ¡no me creen! A menudo las personas piensan que las mujeres simplemente tenemos que ser las maquilladoras o las asistentes. Así que creo que tenemos camino por recorrer en general y que festivales como Udada pueden ayudar a trabajar en romper clichés machistas y patriarcales.

¿Cuántas solicitudes habéis reibido para esta segunda edición?

Pues mira, el año pasado recibimos 160 películas que querían participar de África pero también muchas de Europa. Este año… Más de 450 propuestas entre cortometrajes, documentales y largometrajes. Estamos muy contentas por la acogida.

Además de una gran variedad de películas, ¿qué más ha ofrecido Udada este año? 

Además de los pases de películas en la Allianza Francesa y en Pawa 254 hemos tenido foros de discusión y talleres de capacitación con expertos específicos. Quizás uno de los días claves ha sido el “Spanish Day” ya que la embajada de España en Nairobi nos ayuda económicamente. De esta manera, tuvimos 12 horas seguidas donde además de cine se pudieron exponer las obras de las artistas españolas Begoña Lund, Elísabet Cárdenas, Jimena Marcos, Patricia Esteve y Verónica Paradinas. Al final de la tarde  la actriz Virginia Urdiales representó “ImaginART”, una pequeña función de videomapping, una técnica artística nunca antes utilizada ni mostrada en África Oriental, que combina imágenes 3D con teatro.


¿Cuáles son tus esperanzas y deseos para los próximos años? 

Nuestro deseo es apoyar a las mujeres en el arte. Para los próximos meses estamos tratando de utilizar la marca Udada para crear diferentes encuentros culturales con el foco puesto en las mujeres: conciertos, literatura, pases de modelo… Así que esperamos que muy pronto este Festival y todas nuestras ideas se hagan más fuertes para convertir a este evento en una cita obligada no sólo en Kenia sino en la región.

 

Las ‘C-Stunners’ de Cyrus Kabiru: de la basura a una pieza de arte

Nairobi, Kenia. Una tarde cualquiera puede verse a Cyrus Kabiru paseando por su ciudad de residencia en busca de algún nuevo material, una nueva inspiración, algo que llevarse a los ojos.
CyrusKabiruKabiru es un joven artista, autodidacta y tremendo creativo. Es también pintor, escultor y un conocido diseñador. Kabiru mezcla performance, diseño y moda. Para ello utiliza diversos materiales: desde el interior de un ordenador inservible, hasta altavoces que ya no suenan, cucharas que ya no alimentan, tornillos que ya nada unen o cables que solo atan…

Este keniano redescubre materiales en las calles de Nairobi y les da una segunda oportunidad, lo que les permite empezar una nueva vida como parte de sus creaciones, de sus gafas C-Stunners, unas auténticas piezas de museo.

Cada C-Stunners es única, cada una tiene su propio significado y sentido. Las Nairobi tienen un color verdoso y poseen unos orificios pequeños por los que se puede ver la realidad, pero por los que es imposible caer al vacío, características que él mismo resalta de su ciudad; sin embargo, las Mombasa tienen agujeros mucho mayores por los que sí es posible caer.

Concienciado con la realidad ambiental del planeta y la sobreproducción de aparatos electrónicos, Kabiru invita al reciclaje de los diferentes componentes, a darles una segunda oportunidad. Una segunda vida a aquellos objetos que de otra forma habrían quedado olvidados en cualquier vertedero. Estas gafas consiguen capturar la energía del cambio que quiere promover Kabiru, una cultura del reciclaje y del cambio de visión a través de sus gafas sin cristales.

Según Kabiru, la población local keniana no entiende su arte y su única forma de venderlo es a través de Internet; aunque asegura que la tendencia está cambiando. Pero las C-Stunners marcan no solo un estilo, sino una forma fresca y renovada de mirar las cosas, una nueva perspectiva de ver la realidad.

Recibe la inspiración de su padre

Atraído desde siempre por las gafas, especialmente por las de sol, Kabiru recibió la inspiración de su padre que, según el artista, es un hombre que “cambió las reglas”: “Mi padre solía llevar gafas, hasta que un día, por accidente las rompió. Recibió un castigo de mi abuela por ello. A partir de ese día escondió las gafas. Cuando era joven yo solía admirar a los que llevaban gafas. Mi padre solía decir: ‘Cyrus, si quieres llevar gafas, tendrás que hacértelas tú mismo’. Y así es cómo empecé a diseñarlas. Tenía 7 años.”, contaba el artista en la entrevista que se le hizo desde TEDBlog.

El artista proviene de una familia, aparte de desconocer a qué se dedicaba el artistas,  nunca creyó que fuese capaz de ganarse la vida gracias a su creatividad y su manejo de las artes plásticas. Así, desde pequeño, Kabiru sintió cierta predilección por los ojos, a través de los cuales conoce a la gente. Es gracias a sus gafas que transmite su forma de mirar al mundo.

Actualmente, está llevando a cabo un nuevo proyecto llamado Outreach con el que viaja a diferentes partes de su país natal, a zonas rurales principalmente, con el objetivo de enseñar a las personas que allí viven cómo trabajar con los materiales que tienen al alcance de su mano. Pretende seguir creando, pero considera también que ha llegado el momento de enseñar al resto del mundo cómo utilizar los materiales que les rodean a diario.

Cyrus Kabiru no es solo un artista, es también un activista de su propio movimiento: «We need to move from this selling poverty to sell creativity»

Fuentes:
Blog Ted
C. Kabiru Art Web
C. Kabiru Tumblr

You Tube: Cyrus Kabiru and the C-Stunners

Wiriko, tres años difundiendo culturas africanas

La asociación cultural Wiriko cumple tres años difundiendo las realidades artísticas y culturales del continente vecino a través de su magacín digital, ofreciendo formación específica, charlas y a través de una vertiente colaborativa con otros medios de difusión social y cultural que se complementa con su incipiente producción audiovisual.

 

WIRIKO 3 AÑOS

Barcelona, 1 de octubre de 2015. Durante los últimos tres años la asociación cultural Wiriko ha contado 590 historias de manifestaciones artísticas del continente africano. Son los artículos publicados en su magacín, la iniciativa con la que esta organización inició su andadura y la que se ha mantenido incesablemente durante sus tres años de vida. Estas historias, estos artículos han mostrado a los más de 250.000 internautas que se han asomado a su web que África es más variada, más diversa, más activa y más creativa de lo que habitualmente pensamos en Occidente.

El 2 de octubre de 2012, emergió Wiriko de la mano de un grupo de investigadores de las sociedades africanas especializados en disciplinas diferentes pero con una percepción común. La efervescencia de las manifestaciones culturales africanas no tenía espacio en los medios de comunicación convencionales y su difusión podía ayudar a cambiar la imagen negativa que los ciudadanos tienen del continente. La sociedad occidental se ha construido un imaginario concreto del continente africano a partir de la fotografía del hambre, la violencia, la pobreza o la enfermedad. ¿No debería completarse este repertorio con la diversidad de la música, el vibrante escenario de las artes plásticas, el vigor creciente del cine o la sólida literatura, que también se generan en África? ¿Por qué no salir del ostracismo del eurocentrismo y sumergirse al afrocentrismo imperante en el continente? Esa era la pregunta que se hacían los impulsores de Wiriko. Así, la asociación tomaba el nombre de una palabra derivada de las lenguas bantú, que en la isla de Cuba sigue viva con el significado de “estar despierto” o “mantener los ojos abiertos”.

En un primer momento, la asociación dedicó sus esfuerzos al Magacín, su proyecto más longevo y más visible. Pero paralelamente, Wiriko ha construido una interesante oferta formativa a través del Aula Wiriko, el Curso de Introducción a las artes y las culturas africanas, que han cursado más de noventa alumnos durante las tres ediciones que se han iniciado. Las actividades se han completado con la colaboración con otros medios de comunicación, exposiciones, charlas y sesiones formativas en cursos organizados por otras instituciones académicas. Colaborando también con otras iniciativas a través de la producción audiovisual, Wiriko se sumerge en el continente para un proyecto de documentación que verá la luz en 2016.

wiriko-web Los impulsores de la asociación no podían esperar el panorama que se han encontrado. Mientras la entidad crecía y se sumergía en una vibrante e insospechada comunidad, ha establecido alianzas con otros medios de comunicación españoles interesados por ofrecer una imagen más completa del continente y con otras organizaciones empeñadas en proyectar aspectos creativos de las sociedades africanas. Blogs, páginas web, medios e inquietudes individuales han podido ponerse en contacto y compartir sus esfuerzos, y con un pie en el continente -donde parte de su equipo se nutre y mezcla con creativos e iniciativas culturales africanas- y otro en España, Wiriko ha encontrado el apoyo y cooperación de agentes dispuestos a remar para informar con rigor sobre el panorama cultural africano. El “África no interesa” que resonaba en los oídos de los miembros de Wiriko cuando echaron a andar la iniciativa, se ha desmoronado. En realidad, la han desmoronado las más de 250.000 visitas que ha recibido la web de la asociación, los casi 9.000 seguidores de la página de Facebook o los más de 1.600 seguidores de Twitter. 

Esos apoyos son los que hacen que tres años después Wiriko continúe con una salud de hierro y con la energía necesaria para continuar proponiendo nuevas iniciativas y seguir manteniendo los ojos abiertos.

Y para celebrarlo, Wiriko presenta un vídeo promocional con sabor 100% africano: con la participación de la bailarina Agnes Kiunga, que forma parte del elenco de profesionales de Sarakasi Trust; el cantante y compositor Makadem; el grafitero Kerosh, implicado en la transformación social de los barrios más pobres de Nairobi a través del arte; y con la ayuda inestimable del realizador y animador keniano Wilburn Njuguna (Beak Creations). Y todo cocinado desde el centro de artistas Pawa 254, del que Wiriko es miembro desde finales de agosto de 2015. Así, el colectivo ha querido mostrar el dinamismo, la creatividad, el espíritu colaborativo y la originalidad del campo de las industrias creativas de África. Una vez más, celebrando y apoyando su carácter emprendedor y compartiendo la ilusión del equipo de seguir a pie del cañón por muchos años más.

Felicidades a todxs y gracias por hacer que Wiriko pueda seguir trabajando y creciendo.

Arte que rompe fronteras (mentales) entre ricos y pobres

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Koch Festival, una semana de arte urbano se apodera del espacio público
y democratiza uno de los barrios más pobres de Nairobi

Korogocho es un asentamiento informal keniano, un barrio chabolista de más de cuarenta años que está en el punto de mira de urbanistas e instituciones dedicadas a la protección de los derechos de los ciudadanos más pobres. Situado a unos diez kilómetros del centro de Nairobi, habitan en él unas 60.000 personas. Su historia es, como tantas otras, un relato sobre residentes pobres que han sido desalojados forzosamente de otros slums de la ciudad y se han acabado hacinando en un barrio que nació de personas que reciclaban basura del vertedero de Dandora, uno de los más grandes de todo el mundo.

A pesar de que sus residentes son dependientes en su mayoría de la economía sumergida, con rentas muy bajas e inseguridad en sus calles, sus habitantes celebran cada año una semana que fomenta su capacidad para cambiar el barrio y transformarlo de forma positiva: el Koch Festival. La idea principal es conectar la calle con la vida de sus vecinos y acercar los vecinos ricos de la ciudad a la vida de los vecinos más pobres, para sensibilizarlos y generar dinámicas de participación mútua. Durante una semana, las calles experimentan una mayor democracia y el espacio público se convierte en plataforma para el desarrollo social y económico de sus vecinos. Con todo, el Koch Festival es un actividad que promueve el método Placemaking.

Organizado por Hoperaisers (traducible como ‘movilizadores de esperanza‘), un colectivo de skaters muy conocidos en Nairobi, la actual edición movilizó a centenares de jóvenes de Korogocho y de otros barrios de la capital para que del 10 al 16 de Agosto se involucraran en distintas actividades en la calle. ¿Los objetivos?

  • Construir la identidad del barrio.
  • Revitalizar la comunidad.
  • Empoderar a la juventud a través del arte.
  • Generar un sentido de pertenencia común para Korogocho a partir de la participación de cada individuo en actividades artísticas.
  • Y romper fronteras, sobre todo, mentales, entre barrios ricos y pobres.
'Los niños son el FUTURO', uno de los grafitis del Koch Festival 2015. Imagen de OLET, @visualxolet en Instagram.

‘Los niños son el FUTURO’, uno de los grafitis del Koch Festival 2015. Imagen de OLET, @visualxolet en Instagram.

Una de las actividades más visibles se organizó alrededor de murales en paredes parlantes o ‘Talking Wall Mural’, que reunió a unos veinte grafiteros de la ciudad para decorar las paredes de dos calles de Korogocho. “Seis grafiteros profesionales, junto a varios artistas que se han formado en Pawa254 y otros muchachos de Korogocho con los que hacemos talleres de arte urbano cada tres meses, estuvimos pintando de arriba a abajo las dos calles principales del barrio”, nos cuenta Kerosh, grafitero cuyo estudio se encuentra en Pawa254 y que forma parte del colectivo Hoperaisers desde 2012.

Con el apoyo de Baco Paints, y en colaboración con Spray for Change (o Spray para la Tranformación), el Koch Festival ha podido pintar por sexto año consecutivo las calles del barrio. “Este año el festival ha tenido la participación de la oenegé Arquitectos Sin Fronteras y de Pawa254 para algunos de los talleres. Pero el tiempo que los artistas han dedicado de forma voluntaria a pintar Korogocho ha sido muy agradecido por la comunidad. Es un trabajo que no se puede remunerar pero que tiene muchísimo sentido para los residentes”, afirma Kerosh.

“No se trata del arte en sí sino de lo que se consigue a través del arte. Conseguir que artistas de los barrios altos de Nairobi pinten junto a jóvenes artistas de los barrios más pobres durante una semana, es conseguir algo que está muy por encima del arte. Es crear dinámicas de acercamiento social que trascienden las fronteras geográficas, psicológicas o artísticas. Se desmontan un montón de estereotipos y prejuicios hacia ambos lados. Se plantan semillas para mejorar la vida en la ciudad en su global”.

Pero no solo el grafiti se apoderó de Korogocho para transformar sus calles y su espacio público en pro de mejorar las vidas de sus residentes.  Debates sobre cómo generar dinero a partir del arte o como recaudar derechos de autor, sesiones de hip hop y recitales de palabra hablada o diferentes actividades deportivas en las calles, amenizaron una semana de sus habitantes.

Otra de las actividades destacadas fue una simbólica caminata junto a los residentes del barrio de clase media-alta de Kilimani hasta el barrio humilde de Korogocho bajo el rótulo de ‘Different Communities, One People’ (o Distintas Comunidades, Un Pueblo). “Que trescientas personas de barrios ricos como Kilimani anden catorce kilómetros para encontrarse con los residentes de un barrio pobre como Korogocho, es un éxito de por sí. Las conversaciones que se crearon entre los diferentes viandantes y el intercambio de opiniones entre mujeres, por ejemplo, de mediana edad y clase alta, con chicas jóvenes de bajos ingresos, fueron muy interesantes. En realidad, tanto unos como otros se dieron cuenta de que tienen más en común de lo que creen”, nos cuenta Kerosh evaluando el impacto positivo de las actividades del festival para la vida en Nairobi.

En el teatro Mageuzi, dentro de Pawa254, la oenegé sueca Arquitectos Sin Fronteras contribuyó en un debate sobre el espacio público y la democracia, centrándose en cómo los urbanistas y arquitectos pueden colaborar con los trabajadores culturales con el fin de crear espacios públicos seguros, vibrantes y democráticos. Bajo el rótulo de “arte, espacio público y democracia”, un grupo de urbanistas, trabajadores culturales, artistas, arquitectos y empresarios sociales compartieron sus experiencias para debatir sobre el espacio público. En un foro que pretendía unir el máximo de voces posibles para discutir alrededor de la idea del arte y las expresiones culturales como transformadoras del espacio público, la planificación urbana y la cultura se convirtieron en el eje de debate. La conclusión fue unánime: las artes y actividades culturales pueden contribuir a crear mejores espacios para la convivencia en las ciudades.

Arrancamos la 4a temporada desde Pawa254

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Wiriko arranca la 4a temporada del magacín desde un espacio inmejorable. Gracias a una residencia con el colectivo de artistas y activistas kenianos de Pawa254, parte de nuestro equipo estará trabajando los próximos meses y ofreciéndote contenido de primerísima mano, desde uno de los mejores centros dedicados al talento creativo de toda África.

Fotógrafos, animadores, escritores, músicos, blogueros, grafiteros y todo tipo de ideas en la vanguardia de la transformación social del continente, se encuentran en esta incubadora de artistas situada en el corazón de Nairobi. Fundado por el mediático activista keniano Boniface Mwangi, Pawa254 es un espacio para el debate, el intercambio cultural y el fomento de una sociedad comprometida en transformar Kenia, y por extensión, África, a través del arte.

Con la intención de mejorar el contenido de nuestra revista, estrechar lazos con la comunidad de agentes culturales africanos, y trabajar, codo a codo, para fomentar el arte y las culturas contemporáneas entre la audiencia hispanoparlante, Wiriko se traslada en el epicentro de la noticia.

¡Esta temporada, más que nunca

la realidad cultural del continente

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