Entradas

Otoño de cines africanos en Madrid y Córdoba

Casa Árabe inaugura un ciclo de cines africanos con una selección de dos películas de ficción y dos documentales proyectados por el FCAT en los últimos años. Marruecos, Argelia, Estambul, la inmigración, la radicalización o el amor serán algunas de las temáticas que durante este otoño se podrán disfrutar tanto en Madrid como en Córdoba desde el 22 de septiembre hasta el 24 de noviembre. Si tienes curiosidad te presentamos estos cuatro trabajos necesarios para comprender mejor algunas de las dinámicas actuales que tienen lugar en el continente africano o en su diáspora.


Hablar de inmigración y hacerlo sin palabras. Este es el desafío que el tunecino Ala Eddine Slim propone con su película El último de nosotros (Akher Wahed Fina). El protagonista descrito como “N” (Jawher Soudani) –aunque los créditos finales lo enumeran simplemente como “joven”– recorrerá espacios infinitos intentando cruzar clandestinamente a Europa, un trabajo que fue premiada como mejor película árabe en el FCAT 2017.

El significado de todo esto puede reducirse en gran medida a la diferencia entre rechazar el entorno de uno o ser parte de él. Es un punto particularmente importante en un mundo en el que decenas de miles de africanos arriesgan la vida y la integridad física para huir a Europa, donde la tierra prometida que esperaban termina rechazándola o guetizándola. Hay indudablemente espacio para más películas sobre el tema, sí. Y es alentador encontrar directores que buscan ampliar la comprensión de la experiencia de los migrantes. Sin embargo, los personajes de El último de nosotros no son de carne y sangre, sino conceptos, ni siquiera nombres reconocidos: representan las ideas mientras son vasos vacíos, lo que hace de la película un ejercicio intelectual autoindulgente con bellas imágenes, más que una profunda meditación sobre uno de los grandes problemas de nuestro tiempo.

 

Madrid: 22 de septiembre y 27 de octubre

Córdoba: 13 de octubre

 


 

El documental Callshop Istanbul de los realizadores Hind Benchekroun y Sami Mermer presentan la cosmopolita ciudad de Turquía a través de la vida de los locutorios para refugiados e inmigrantes. Estambul, una metrópolis a caballo entre Europa y Asia, siempre ha sido un lugar de paso para los mercaderes y viajeros del mundo. Hoy en día, para los emigrantes venidos de África y de Oriente Medio representa la puerta de la Tierra Prometida europea. Refugiados sirios e iraquíes, una juventud cosmopolita en busca de un futuro mejor desilusionada por las primaveras árabes, clandestinos del África negra, todos se juntan en un espacio reducido y lleno de vida: los “callshop”, los locutorios, desde donde pueden volver a contactar con sus países de origen son el epicentro de este documental.

A veces, el drama se resume en una llamada que no pasa. En otros, es una pausa incómoda reflejada en la cara desencajada de no poder gestionar una distancia demasiado grande para romper por teléfono. O también en un suspiro de exasperación por una situación sin solución fácil. Es la captura de estos momentos sin vigilancia, donde los realizadores Benchekroun y Mermer proporcionan instantáneas claramente personales que ofrecen reveladoras visiones de la imagen más grande.

 

Madrid: 29 de septiembre y 13 de noviembre

Córdoba: 27 de octubre

 


¿Qué es lo que realmente sucede en la cabeza de un terrorista suicida, y quién lo puso allí? En Investigando el Paraíso (Tahqiq fel djenna), el veterano director argelino Merzak Allouache explora las terribles consecuencias de estas ideas, específicamente la perspectiva de que un mártir islámico vaya a ser atendido por 72 vírgenes voluntarias, cuando entre en el paraíso. Allouache observa esta promesa erótica desde el punto de vista de una periodista, revelando la gran división socio-religiosa en su país, mientras que él se burla de la política de lo que la película llama “la teología de la muerte”. Un reloj largo pero absorbente, es a la vez escalofriante en sus implicaciones y alentador al presentar argelinos inteligentes que ven claramente a través de la propaganda.

Investigando el paraíso contiene más de dos horas de entrevistas en todo el país describiendo el paisaje social de Argelia, que va desde los intelectuales a los niños en la calle, desde la sofisticada capital al exótico y tradicional sur. La franqueza con el que se afronta el reclutamiento de yihadistas tiene una audacia inusitada, y hace que valga la pena una mirada sosegada por los organismos de radiodifusión y nichos en busca de actualidad.

 

Madrid: 13 de octubre y 17 de noviembre

Córdoba: 10 de noviembre

 


Noufissa y Fetouma son las protagonistas de Pequeñas alegrías, una película costumbrista ambientada en la ciudad de Tetuán durante la década de los 50 y dirigida por el marroquí Mohamed Chrif Tribak.  Al fallecer su padre, Noufissa, de 17 años, debe ir con su madre a vivir a la casa de Lalla Amina, esposa de un gran dignatario de la medina de Tetuán. Una vez instalada en la mansión, una fuerte amistad nace entre Noufissa y Fetouma, la nieta de Lalla Amina. Las dos jóvenes prometen no separarse nunca. Cuando Fetouma descubre que Noufissa se casará pronto, hará lo imposible para impedirlo.

Madrid: 6 de octubre y 10 de noviembre

Córdoba: 24 de noviembre

Una escuela de música contra el yihadismo

El ‘griot’ Bassekou Kouyate quiere plantar cara a AQMI con una academia en Bamako

El músico Bassekou Kouyate durante un concierto en el Gibraltar World Music Festival. Foto: Gemma Solés i Coll / WIRIKO

“Si no fomentamos la música, en menos de 20 años, tenedlo por seguro, los yihadistas tendrán el control absoluto de Malí”, advierte el músico maliense Bassekou Kouyate a su paso por Gibraltar, donde ofreció un concierto junto a la banda Ngoni Ba, formada por miembros de su familia. Bassekou explica sus planes para construir una nueva escuela de música en la capital como revancha al yihadismo que siembra el terror en el país del África occidental.

Han pasado cinco años ya desde que, en 2012, el terrorismo hiciera temblar Malí, considerado hoy un polvorín del Sahel por albergar al mayor grupo yihadista de la región. Como en cualquier guerra, dejó muertes y sueños rotos. Saqueos y violaciones de derechos humanos, especialmente de mujeres y niños. Y con la imposición de la ley islámica (sharía) en el norte del país, algunos griots dejaron de cantar, otros tantos hicieron su camino hacia el exilio, mientras mercenarios se apoderaban del Azawad. “Vinieron con un montón de dinero seduciendo a los que no tienen nada, y reclutaron así a muchos terroristas”, denuncia Bassekou, quien ve una relación directa entre pobreza y terrorismo.

El país, que se encuentra entre los 25 más empobrecidos del mundo según el Índice de Desarrollo Humano, tiene a la mitad de su población viviendo en condiciones de pobreza. Para muchos, que se sienten desplazados y marginados dentro de un estado que ocupa una extensión de casi tres Españas, el conflicto ha sido un caramelo. Sin embargo, para la mayoría, la ganancia personal en detrimento de la unidad ha sido el camino a la debacle y una sentencia de muerte para las futuras generaciones. “Hay personas que no ganan ni 50 euros al mes. No hay que girar la espalda a esas realidades, sino encontrar soluciones para todas las dificultades y luchar para superarlas de forma conjunta. Los músicos, con nuestras canciones, hablamos a aquellos que menos tienen para evitar que puedan ser reclutados. ¡Y ha funcionado hasta hoy! Pero ahora debemos ir más allá”, explica el griot.

Amy Sacko, Bassekou Kouyate & Mahamadou Tounkara en el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar 2017. Foto de Gemma Solés i Coll / Wiriko

La música tradicional mandinga – con instrumentos tan representativos como el balafón, el ngoni, el tama o la kora– data del siglo XIII y es considerada como un valioso sistema oral de educación informal que se transmite de padres a hijos. Por eso, algunos artistas del país consideran que prohibir la música en Malí, como sucedió durante el golpe de 2012, fue querer privar a su población de oxígeno. “Nosotros somos los que educamos, los que enviamos mensajes y culturizamos a la población. Por eso nos querían borrar del mapa”, explica Bassekou, embajador del ngoni.

Tras la intervención militar francesa, los yihadistas parecen haberse diluido, pero el conflicto sigue latente. El país permanece frágil y mucha gente sigue teniendo miedo. Ante una situación de posconflicto como la que vive el país, el grupo de Ngoni Ba, que acompaña a Bassekou y que está formado por su esposa Amy Sacko, su hijo mayor Madou, su hermano Moctar y su sobrino Mahamadou Tounkara, están convencidos de que el próximo estadio en el que se debe ganar la batalla no es desde los escenarios, sino desde las aulas. Porque, tal como dice Sacko: “la educación musical hará que cada vez haya más jóvenes haciendo lo mismo que hacemos nosotros, transmitir un mensaje de paz”. A lo que Bassekou añade: “hay que apoyar a la juventud para que nos puedan tomar el relevo, como nosotros hicimos con nuestros padres”.

Amy Sacko en el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar 2017. Foto: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Mahamadou Tounkara en el Talking Drum durante el concierto de Bassekou Kouyate en el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar 2017. Foto de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

¿La guerra contra el terror se vuelve a legitimar con Hollywood?

Eye in the Sky es una nueva película de Hollywood muy oportuna e importante acerca de un ataque de drones ficticio contra Al Shabab en Kenia. El trabajo del director sudafricano Gavin Hood ofrece una ventana hipotética para la toma de decisiones. El paisaje que describe es muy preocupante y plantea cuestiones fundamentales acerca de cuándo, si acaso, este tipo de ataques son justificados.

 landscape-1452034678-eye-in-the-sky-poster

En 1928 Calvin Coolidge, el trigésimo presidente estadounidense, pisó el Malecón tras tres días en barco desde Estados Unidos. Pero no se dejó seducir lo suficiente por la sal a ritmo de son en el Malecón. 88 años después, Obama ha recogido el testigo que dejara Coolidge al comenzar una visita a Cuba que tildan de histórica aunque los guiones diplomáticos no parecen salirse de los márgenes: el bloqueo continuará a no ser que, entre otras disposiciones, el gobierno de Raúl Castro abandone la revolución a cambio de un nuevo paradigma político.

obama.bush.pakistan.drone.strikes.infograhicComo entremés a este viaje, precisamente el martes 23 de febrero, Obama entregaba al Congreso su admirable deseo de terminar -antes de que abandone el cargo- uno de los legados más problemáticos de la respuesta de Estados Unidos al 11 de septiembre: la base de Guantánamo. Probablemente la cerrarán como una jugada obligada de los demócratas de cara a la carrera presidencial en las próximas elecciones programadas para el 8 de noviembre de este año. Pero Obama todavía tiene que abordar de manera adecuada su propio legado en la “guerra contra el terror”: la matanza secreta de presuntos terroristas con aviones no tripulados armados.

El gobierno de Obama ha hecho de los drones su arma predilecta para responder a las amenazas terroristas percibidas. De acuerdo con la New American Foundation (NAF), George W. Bush supervisó 48 aviones no tripulados en Pakistán y 1 ataque aéreo en Yemen; hasta la fecha, Obama ya ha supervisado 354 y 127 respectivamente, un aumento del 700%. Las cifras exactas están en disputa, pero la NAF informa que durante el mandato de Obama, los aviones no tripulados han matado entre 1.900 y 3.000 personas en Pakistán, entre ellos más de un centenar de víctimas civiles. La práctica alcanzó su punto máximo en este país en 2010, y en Yemen en 2012, pero continúa hasta nuestros días.

El ataque más reciente tiene fecha de este mes: el 5 de marzo donde 150 personas presuntamente vinculadas a Al Shabab fueron asesinadas. El gobierno de Estados Unidos afirmó que no hay civiles muertos, aunque ni esa afirmación ni la alegación de que los terroristas preparaban un inminente ataque pudieron ser verificadas. ¿Qué es lo que realmente sabemos acerca de este tipo de prácticas?

Eye in the Sky (Espías en el cielo) es una nueva película muy oportuna e importante acerca de un ataque de drones ficticio contra Al Shabab, del director sudafricano Gavin Hood quien en 2005 ganara el Oscar a la mejor película extranjera por Totsi, ofrece una ventana hipotética en tal toma de decisiones: apretar o no el botón teledirigido desde algún despacho occidental aunque pueda haber víctimas inocentes.

En la película, Helen Mirren interpreta a Katherine Powell, una coronel británica cargada de ira sobre los yihadistas que operan en el norte de África. El único viaje que Powell tiene que hacer, sin embargo, es entre su casa y su oficina en Londres, donde coordina un programa de drones de alto secreto en conjunto con un equipo estadounidenses en Nevada (son los que dirigen estos aviones no tripulados) y varios agentes africanos en Kenia, entre ellos el actor somalí Barkhad Abdi, quien interpretara a un “pirata” en la película Capitán Philips y de la que ya hablamos en Wiriko.

Barkhad_Banner

Los británicos, con Powell a la cabeza, han identificado a varios miembros conocidos de Al Shabab, entre ellos una pareja británica-estadounidense, que se encuentra preparando un ataque suicida en un barrio mayoritariamente somalí de Nairobi. ¿Lo moral?: en principio el lanzamiento de un misil sobre la casa debería ser bastante simple, pero se pone en riesgo la vida de los civiles, entre ellos una niña que vive en la casa de al lado. ¿Lo político?: en una habitación en Londres, un funcionario le pregunta a Powell: “¿Ha habido alguna vez un ataque de avión no tripulado encabezado por Gran Bretaña en una ciudad de un país amigo que no está en guerra?”.

Una película que abrirá el debate sobre los drones, la justificación de ataques donde los eufemísticamente llamados “daños colaterales” fallezcan a cambio de la implementación a fuego de una democracia liberal a a la norteamericana. Pero una película que redunda, también, en el cliché sobre el islam como religión del odio con imágenes que para un espectador sin mucha información de contexto le confirmará los temores que pregona estos días Donald Trump. Un trabajo que no cuestiona, una vez más, el origen de estos jóvenes terroristas, del porqué se ven obligados a apretarse un buen cinturón de explosivos, de las implicaciones del gobierno keniano con Al Shabab, de los acuerdos comerciales entre Estados Unidos e Inglaterra con África que empobrecen a la población más desfavorecida, del no profundizar en absoluto a cerca de la sociedad somalí. Pero como dosis de propaganda y entretenimiento condensadas en 102 minutos es perfecta. A los cines de España llegará el 13 de mayo.

Cartago: el guardián de los cines africanos

Túnez celebraba hace prácticamente un mes la concesión del Premio Nobel de la Paz 2015 otorgado al Cuarteto Tunecino, cuatro organizaciones de la sociedad civil compuestas por el sindicato Unión General de los Trabajadores Tunecinos (UGTT), la patronal del país (UTICA), la Liga de Tunecina Derechos Humanos y la Orden de Abogados. Este Cuarteto amparó una salida dialogada a la aguda crisis política en 2013 que amenazaba con derrumbar el proceso de transición iniciada tras la primavera árabe de 2011. Este país bañado por la costa mediterránea se ha convertido en el único Estado que después de las revueltas árabes ha sido capaz de llevar a cabo su transición democrática de forma pacífica.

Tunisia_revolution

Bajo este contexto algunos cineastas del continente africano caminaron por la alfombra roja el pasado sábado en el teatro Bonbonniere en Túnez, entre fuertes medidas de seguridad, para abrir la 26ª edición del Festival de Cine de Cartago (FCC). La película Lamb, del director etíope Yared Zeleke, fue la encargada de abrir el festival que tendrá lugar hasta el próximo sábado 28 de noviembre.

Las extremas precauciones de este año se deben a que el país ha sido sacudido recientemente por unos mortíferos ataques yihadistas: en marzo murieron 19 personas en el Museo del Bardo, que alberga una de las mejores colecciones de mosaicos romanos del mundo y en junio, al menos 37 turistas extranjeros fueron asesinados en la ciudad de Susa, a 140 kilómetros de la capital. El estado de emergencia ha estado en vigor hasta principios de octubre.

El director del festival y cineasta tunecino Ibrahim Letaief, quien se estrena tras relevar a la que ha sido directora durante tres ediciones del CFF, Dora Bouchoucha, subrayaba el sábado, una semana después de los ataques yihadistas en París, que “el festival de Cartago es un antídoto contra la violencia”. La propia ministra de cultura, Latifa Lakhdar, se hizo eco de este sentimiento diciendo: “La creatividad es la mejor manera de conmemorar nuestro apego a la vida y nuestra batalla contra aquellas personas que destruirían incluso los principios más elementales del ser”. Quizás, esta 26ª edición represente más que nunca el espíritu libre junto con la energía creativa y dinámica evidente desde la caída del régimen de Ben Ali que, a menudo, trató de limitar la expresión cultural y la libertad de expresión.

jcc-2015-journées-cinematographes-de-carthage

Cambio de estrategia: cine para todos

Frente a la competencia de varios festivales de renombre en todo el mundo, el CFF guarda su nicho árabe-africano celosamente; ese era el deseo del crítico tunecino Tahar Cheriaa y del ilustre senegalés Ousmane Sembéne, padres fundadores del evento en 1966. La elección de sus retratos para promover el festival de este año fue una decisión fácil de tomar en un evento que cambia su esencia: de celebrarse cada dos años pasará a ser un evento anual que además saldrá de la capital para poder acercar el cine a otros núcleos urbanos. La competición oficial incluye 17 largometrajes, 13 cortometrajes y 16 documentales.

Una de los estrenos más esperados será la cinta marroquí Much Loved, dirigida por Nabil Ayouch, una película sobre la prostitución en Marruecos que llegó a los titulares en el festival de Cannes, donde se estrenó, y que, de regreso a su país, fue censurada. Tanto el director como su actriz principal Loubna Abidar, quien interpreta a una prostituta, fueron acusados por el gobierno de “hacer pornografía y de incitar a los menores al libertinaje”. Loubna fue atacada en Casablanca a principios de mes y tuvo que huir de Marruecos a Francia por lo que será uno de los platos fuertes para el debate y la controversia.

El festival es también conocido por su alcance internacional y este año habrá retrospectivas de cine argentino e italiano. De hecho, la relación entre el cine tunecino e italiano ha sido profunda. El primer largometraje del Túnez independiente fue una ficción dirigida por Omar Khlifi en 1966, año de fundación del CFF, llamada L’aube (Amanecer). A raíz de este comienzo, los 70 y 80 fueron considerados como los años dorados del cine tunecino durante los cuales las películas comenzaron a abordar temáticas sociales como el empoderamiento de las mujeres, las dificultades sociales y económicas o la lucha contra el colonialismo. Este estilo se basaba en los coletazos finales del neorrealismo italiano influenciado fuertemente por las obras de Federico Fellini  y de Ettore Scola.

Después de la fundación de Empire Studios por Tarak Ben Ammar, en 1974, varios directores italianos llegaron a grabar sus películas en estos estudios, entre ellos Robert Rossellini (El Mesías, 1975) o Franco Zeffirell (Joven Toscanini, 1988). Los temas sociales examinados por los cineastas italianos fueron los que el público tunecino prefería y este hecho impulsó a varios directores como Nouri Bouzid para dirigir Hombre de cenizas (1986), enfatizando a la sociedad tunecina y su actitud hacia el sexo, o  a Abdellatif Ben Ammar con Aziza, un trabajo que retrata un país que se enfrenta a grandes cambios. Realizar películas que reflejaban la realidad de la sociedad fue el principal objetivo de los cineastas tunecinos y el género realista una herramienta para el activismo.

jurys

Otra de las novedades de este año en el CFF ha sido la introducción de una nueva categoría de premio: el Ciné Promesse que reúne a 12 proyectos de estudiantes aspirantes a director. Y como inspiración para esta nueva generación les puede servir la propia historia del festival donde se dieron a conocer grandes nombres como el egipcio Youssef Chahine, el burkinabés Gaston Kabouré o el tunecino Férid Boughedir.

El Festival también será una ocasión para recordar y rendir homenaje a grandes artistas. Una de ellas es la argelina Assia Djebar, perteneciente a la Academia Francesa, cuya película La Nouba des Femmes se muestra como ejemplo en todas las escuelas de cine mundial. Otra de las figuras homenajeadas será el portugués Manuel de Oliveira quien falleció el pasado abril. El público también tendrá la oportunidad de revisar las películas de los cuatro actores egipcios que murieron en 2015, entre ellos el insustituible Faten Hammama.

El Festival de Cine de Cartago más que un festival es un movimiento y hasta el próximo sábado será una oportunidad para vivir el cine en las calles, pueblos y ciudades de Túnez.

Filmin y Wiriko te traen Timbuktu a casa

TIMBUKTU-FIMIN

Artículo escrito por Joan Sala y publicado el 4 de junio en Filmin.

“Timbuktú” memorable África

Sorprendió a propios y extraños cuando se proyectó en el pasado Festival de Cannes, aunque ya no tanto cuando resultó nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera o cuando arrasó en los recientes Premios César. Timbuktu es un film imprescindible para los tiempos que corren, que demuestra el potencial del cine africano a manos de Abderrahmane Sissako. 

¿De qué va?

Silencio en Timbuktu. Las puertas están cerradas y las calles desiertas. No se escucha música, no se juega fútbol, nadie fuma. No se ven colores, nadie ríe, las mujeres son sólo sombras. Los extremistas religiosos han sembrado el terror. Lejos del caos, en las dunas Kidane lleva una vida tranquila con su esposa, su hija e Issan, su perro pastor. Pero su tranquilidad durará poco. Tras matar accidentalmente a Amadou, un pescador que atacó a su vaca preferida, Kidane debe enfrentar la justicia de los nuevos dirigentes que se oponen a un islam abierto y tolerante. Ante la humillación y los actos de esos personajes multifacéticos, Timbuktu cuenta el combate silencioso y digno de hombres y mujeres, y el futuro incierto de los niños…

¿Quién está detrás?

El mauritano Abderrahmane Sissako es uno de los principales referentes del cine africano contemporáneo. Con la excelente y sólida Bamako (2006), su película más internacional y mundialmente reconocida, resultó ser nominado al Premio César a Mejor Actriz. Sin embargo, cuatro años antes ya fue puesto en el mapa por el Festival de Cannes con Heremakono (2002), galardonada con el Premio FIPRESCI tras concursar en Un Certain Regard. Con Timbuktu, Sessako subió de categoría y concursó en toda una Sección Oficial. Bien lo mereció, así como su nominación al Oscar, hecho que le dará la visibilidad que merece.

¿Quién sale?

En su reparto destacan los nombres de Abel Jafri e Hichem Yacoubi, habituales del cine francés cuyos rostros hemos visto aparecer en títulos de primer nivel como “Un profeta”.

¿Qué es?

Cine de contenido y temática intrínsicamente africana (e islámica), pero rodado a la Europea. Timbuktu guarda referencias directas al cine francés, al neorrealismo italiano o incluso a Four Lions.

¿Qué ofrece?

Sustentada en sus mútliples picos de grandeza, Sissako tiene la valentía de articular la denuncia partiendo de un laudable conocimiento del medio y gran fortaleza estética, atisbando una capacidad única de plasmar el realismo sustentándose en una sobrecogedora poesía, pero también un humor sorprendentemente esquinado que coquetea con lo delirante y absurdo. No en vano su ironía, arriesgada e inteligente, evoca la comedia deadpan escandinava o incluso la corrosiva Four Lions. Estimulante contraste el suyo, plasmado de forma puntual en un partido de fútbol que unos niños disputan sin balón (fue uno de los momentazos de Cannes 2014), un islamista que fuma a escondidas y que es incapaz de hablar correctamente el árabe, o una apabullante panorámica de un estanque (no dorado) que incluso recuerda a El Desconocido del Lago. Son tan solo tres significativos retazos, tres inolvidables momentazos que vislumbran su poderío. Y es que, el neorrealismo italiano o la nouvelle vague (principalmente Truffaut y sus 400 golpes) son otras de las ilustres referencias que Sissako tiene presentes.

Lo que Timbuktu retrata (o más bien poetiza) es una bella flor que marchita. Un pueblo pobre de dinero, pero rico en ‘color’ y alegría que es sumido en la ruina. Es su alma y corazón, aquello que el fundamentalismo ideológico le arrebata y que Timbuktu plasma sin atisbo de condescendencia ni efectismo alguno. Su principal arma es la opulencia artística, y en el mejor de los sentidos. Aquella que conciencia tanto como epata. Difícil misión la suya, que para mi sorpresa y alegría resulta cumplida. Dijimos que daría que hablar, y su nominación al Oscar a Mejor Película Extranjera así lo constanta. Imprescindible.

Si quieres conseguir una de las 10 entradas que Wiriko sortea, gracias a la colaboración de Filmin, sólo tienes que enviarnos un correo electrónico a [email protected] con el asunto “Sorteo Timbuktu” + tu nombre y DNI. Hazlo a la mayor rapidez posible respondiendo a esta pregunta cuya respuesta encontrarás entre los artículos que se han escrito en nuestra web:

¿Cuántas películas se produjeron y co-produjeron en Mali entre 1970 y 2001?