El reggae en África (vol. II): Del reggae-highlife ghanés al Mundial de Fútbol de Sudáfrica

Rocky Dawuni o el Bob Marley ghanés

Rocky Dawuni o el Bob Marley ghanés

La rápida y cómoda incorporación del reggae en la música popular de África ha generado nuevos ritmos y nuevas subculturas, en un proceso de “africanización” de lo jamaicano. Es cierto que el pulso del reggae puede parecer monótono, pero las variaciones que logra sufrir son innumerables gracias a una base muy sencilla pero absolutamente reconocible y plástica. El estilo Rockers, el Steppers, el Yard Style o el Dancehall parten de un esqueleto simple de reggae: el patrón bajo-batería ‘One Drop’ –popularizado por los hermano Carlton y Aston “Family Man” Barret[1]– matizando el 2 y el 4 de un ritmo 4/4, bajos “gordos” y una guitarra percudida haciendo “skanking” con reverberaciones de pedales que retardan el tempo. A partir de esto, los juegos con la base pueden ser infinitos y dan una amplia amalgama de posibilidades creativas a técnicos, músicos, MC’s y Dj’s.

En realidad fueron los técnicos jamaicanos King Tubby y Lee “Scratch” Perry, los principales responsables de la deconstrucción del reggae a través de reverberaciones y repeticiones hipnóticas, como “inventores” de la música Dub –acunada por la tecnología moderna de finales de los 60-. Gracias a su versatilidad, este estilo ha ido calando por doquier en distintos géneros durante décadas (hip-hop, techno, house, jungle, trip-hop…) y hoy, en una África negra sumergida en pura creatividad, sigue conviviendo y transformándose junto a otros muchos sonidos urbanos.

En la segunda entrega de esta serie sobre el reggae en África, emprendemos un viaje por el asentamiento del reggae en Ghana, para poder comprender el resultado de hibridaciones y transformaciones a través de uno de los países con más producción de reggae de todo el continente.

El reggae-highlife ghanés:

Puerta de una sucursal del mítico 'Studio 1'  que Rita Marley y Christopher Blackwell fundaron en Ghana, y que fue quemada. Dicha delegación de los estudios jamaicanos había sido previamente denunciada y criticada por no cumplir con la legalidad y por usurpación de la marca 'Studio 1'. Fuente: Meg Majors/Reggaeville

Puerta de una sucursal del mítico ‘Studio 1’ que Rita Marley y Christopher Blackwell fundaron en Ghana, y que fue quemada. Dicha delegación de los estudios jamaicanos había sido previamente denunciada y criticada por no cumplir con la legalidad y por usurpación de la marca ‘Studio 1’. Fuente: Meg Majors/Reggaeville

La primera mutación destacable del reggae africano es la que se generó entre los músicos del highlife ghanés. El reggae, el híbrido estilo caribeño fornido de intercambios afro-atlánticos, fue en seguida adherido por los músicos ghaneses de palwine y highlife durante los 70. No es casualidad que Rita Marley se instalara en Abury, cerca de Accra, poco después de la muerte de su marido Bob, pues en Ghana, el reggae se asentó más rápidamente y fue acogido como elemento propio de forma mucho más popular que en otros sitios del Atlántico.

En 1977 se emplazó en Ghana el primer sound system jamaicano en tierra africana, de la mano de Raas Wolde Mikael. Eso fue el primer síntoma de que este país del África Occidental se convertiría en la cuna africana del reggae a finales de los 70, sentando precedente para que las bandas locales se reprodujeran como setas durante los 80 y los 90. A artistas como Majek Fashek, Takana Zion, Kwame Bediako o Black Prophet, a los que ya nombramos en la 1ª parte de esta serie, se unieron otros artistas locales como Shasha Marley, la “reina del reggae africano”, Evi-Edna Ogholi o Nana Tuffour.

El reggae se empezó a fusionar y nutrir del highlife ghanés y vernaculizó lenguas locales como el Ga o el Twi, siguiendo las lecciones del vecino Alpha Blondy (quien cantaba en Mande y Baoulé). Fue así como nació el ‘reggae-highlife’, influenciando a grandes maestros como E.T. Mensah & His Tempos Band, quien años antes (1969), ya había regresado de una gira de tres meses por Inglaterra con claros tientes de influencia jamaicana.

El máximo representante nacional de este estilo fue Amakye Dede, apodado “Iron Boy” o “el Chico de Hierro”.

El mismo éxito obtuvo en la vecina Nigeria el evangelista Sonny Okosun, quien mezcló highlife nigeriano con reggae, bautizando el nuevo estilo con el nombre de Ozzidi (que en la lengua igbo significa ‘mensaje’). El estilo envolvió toda una filosofía panafricanista para la liberación que se vino a llamar Ozzidismo, cuyo mayor hit fue ‘Fire In Soweto’ (1978), un tema que se convirtió en un bestseller panafricano con más de 100.000 copias vendidas. Este éxito llevó a Okosun a ser fichado por EMI, y a pesar de que el Ozzidismo se relacionaría para siempre con Nigeria, no se distingue en prácticamente nada de las producciones de reggae-highlife ghanés.

A pesar de todas las mutaciones que el reggae sufrió en contacto con el highlife Ghanés, el nombre más respetado del reggae en Ghana actualmente es, sin duda, el de Rocky Dawuni, llamado por muchos el Bob Marley ghanés. Poca es la fusión que el artista logra en su estilo, pero es incontestable que su sonido ha dado la vuelta al mundo. Ello se debe a que la FIFA lo escogiese para la banda sonora del Mundial de Fútbol del 2010 en Sudáfrica, versionando su canción ‘African Reggae Fever’ especialmente para ese importante evento deportivo que se celebró por primera vez en el continente africano.

 

Bibliografía:
WATERS, A. Reggae Music in Africa. Evanston, IL: Program of African Studies, Northwestern University no.8 pp.3, 6, 7. 1994.

CHARRY, E. Hip Hop Africa. New African Music in a Globalizing World. Indiana University Press, 2012.


[1] Batería y bajista de Bob Marley & The Wailers.

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Gemma Solés i Coll
Experta en ciudades africanas, música y desarrollo. Le mueve la creatividad con la que construye futuro la juventud africana en contextos urbanos, especialmente en África del Este. Sus campos de trabajo son el periodismo escrito y radiofónico, los documentales y la gestión cultural. Cofundadora de Wiriko y coordinadora de Seres Urbanos (EL PAÍS), licenciada en Filosofía (UB), posgraduada en Estudios Africanos y Desarrollo (UPF) y máster en Culturas y Desarrollo en África (URV)
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