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Un ‘Disney’ camerunés para cambiar mentalidades

Portada del primer número de AfroShonen editado en Camerún.

Portada del primer número de AfroShonen editado en Camerún.

Cultura, desarrollo, transformación social y emprendeduría se mezclan en el sueño que Brice Ludovic Bendzy Mvogo dibuja en forma de cómic. Para este joven camerunés formado en Cuba, las historietas y los superhéroes son la herramienta para construir un futuro optimista para el continente. Brice Ludovic imagina un África alejada de la pobreza, el hambre y la guerra y la dibuja para ayudar a que sus compatriotas sean conscientes de que es posible vivir un mañana de prosperidad.

Para materializar este sueño, a Brice Ludovic no le ha bastado con plasmarlo en el papel de los álbumes y, haciendo gala del optimismo que predica, ha ideado una iniciativa que empieza en un cómic y termina, quién sabe, en un parque temático. Bajo el sugerente y simbólico nombre de New Era Publishers, se despereza la iniciativa de este dibujante camerunés y se esconde el que podría ser en un futuro el “nuevo Disney africano”. Evidentemente, sólo por lo que la multinacional del divertimento tiene de industria cultural y no por los ecos de icono de un modelo concreto de economía. No en vano el sueño de este artista nace en Cuba, donde estudió durante seis años gracias a una beca y se graduó, por cierto, con el premio al mejor expediente del año de las Universidades de Granma en 2013. “Vi los cambios económicos que se han producido en la isla gracias a la promoción de las artes y participar en la feria del libro de La Habana en varias ocasiones ha sido para mí un recuerdo imborrable. Instintivamente quise eso mismo para mi país”, explica el impulsor de New Era Publishers.

Una muestra de la serie Lovely Secret, dentro del volumen de AfroShonen.

Una muestra de la serie Lovely Secret, dentro del volumen de AfroShonen.

Así que con el recuerdo en la retina, la idea en la mente y la inquietud en las manos, Brice Ludovic, lideró la creación de New Era Publishers, nada más regresar a su país. Ese es el paraguas bajo el que se desarrollan diversos proyectos ligados entre sí por el mundo del noveno arte, el del cómic. De momento, el proyecto pretende construir “la plataforma para  la promoción, venta y distribución de novelas gráficas en Camerún y en toda África”, explica el impulsor, aunque no esconde que le gustaría que éstas se convirtiesen después en novelas de animación y siguiesen generando secuelas hasta configurar, incluso, parques temáticos. Más allá de las ilusiones futuras, los movimientos de Brice Ludovic ya han dado sus primeros frutos. AfroShonen ha visto la luz como la primera entrega de una revista mensual de cómic camerunés.

Brice Ludovic Bendzy Mvogo, durante la presentación de las publicaciones de New Era Publishers. Fuente: Facebook de la compañía.

Brice Ludovic Bendzy Mvogo, durante la presentación de las publicaciones de New Era Publishers. Fuente: Facebook de la compañía.

De momento, el equipo está formado por seis autores que, en este primer número, han dado vida a cinco series con características muy diferentes. Las historias están escritas en inglés y en francés, que son los dos idiomas oficiales del país. “Tratamos de jugar con esa diversidad para diferenciarnos porque nunca antes se había hecho. La diversidad étnico-cultural de mi país es, a la vez, una bendición y una plaga porque no podemos escoger una lengua africana sin causar el descontento de las demás”, explica Brice Ludovic, aunque añade que están buscando fórmulas de incorporar otras lenguas nacionales. Para él, la principal diferencia de AfroShonen con cualquier otra iniciativa anterior es que se trata del “primer mensual africano, hecho por africanos que promociona públicamente la diversidad racial, étnica y cultural y promueve el cómic”.

Esta publicación es para este colectivo de dibujantes una herramienta para animar el optimismo entre los jóvenes africanos. “Es verdad que existe la pobreza, el hambre y la guerra en el continente, pero esa no es la única realidad. Queremos dar a los jóvenes la oportunidad de soñar con un futuro más prometedor, más bello, futurista, gracias a nuestras historias; como los cómics hacen con sus superhéroes y el manga con sus historias sobrenaturales”, confiesa apasionado el alma de New Era Publishers y también uno de los dibujantes de AfroShonen.

Además, las páginas de este volumen tienen una dimensión lúdica, pero también una comprometida. Y Brice Ludovic explica esta dualidad con una absoluta naturalidad: “Algunas de las series  tienen por objetivo sólo la diversión, sin un mensaje subyacente importante, porque las historietas tienen primero una función de divertir y no siempre de militar por una causa”. Sin embargo, debajo de muchos de los personajes de AfroShonen hay una voluntad de transformación. “Lovely Secret, una de las series, habla de diversidad racial y amor entre las razas; Genoman, por otro lado, habla de un científico africano exitoso que trata de trabajar para cambiar las cosas en su continente sin los pensamientos egoístas que son tan frecuentes actualmente”, cuenta Brice Ludovic.

Al final, la intención es que el mensaje que transmiten estos jóvenes dibujantes a través de sus cómics tenga un impacto en sus lectores y a través de estas historias se ponga un grano de arena en la construcción del futuro del continente. “Tratamos de promover una visión diferente de África: más optimista, futurista, desarrollad… Y esperamos que eso afecte a la mentalidad de los lectores, que empiecen a pensar que eso, el cambio, tal vez es posible”, sentencia este dibujante camerunés, artista y emprendedor comprometido.

Este artículo fue publicado originalmente en Planeta Futuro.

El tridente afroasiático: Sushi, Kimono & Manga

Kimonos de Wafrica, una colaboración entre Serge Mouangue y Kururi.

Kimonos de Wafrica, una colaboración entre Serge Mouangue y Kururi.

Mucho se ha hablado de las mutaciones culturales afroamericanas y las raíces africanas de América. Múltiples veces hemos podido observar los productos de los intercambios atlánticos y los préstamos de ida y vuelta en el continente negro. Últimamente también empezamos a incluir en nuestros diccionarios palabras como ‘afropeo’ o ‘euroafricano’. Pero a pesar de la larga historia que los une, el comercio realizado entre las costas este-africanas, Oriente y Asia no suele incluirse en el mapa eurocéntrico de las relaciones internacionales del continente negro. Si bien, a veces con mirada recelosa, se tacha la presencia China en África de neocolonialismo, la huella asiática en el continente va mucho más allá de las relaciones Sur-Sur que se vienen desarrollando en las últimas dos décadas. A parte de los gigantes China e India, Japón lleva muchos años presente en África como una de sus prioridades en política exterior.

Más allá de la exportación de alta tecnología, coches, barcos o maquinaria, la presencia nipona en el continente ha hecho arraigar, sin quererlo, algunas de sus preferencias culinarias o modas propias en algunas partes de África. A la inversa, la presencia africana en la tierra del Sol naciente ha producido giros estéticos insospechados que poco o nada tienen que ver con el petróleo, el gas o los metales en los que centran sus miradas los embajadores, empresarios y políticos reunidos bienalmente en la Conferencia Internacional sobre el Desarrollo Africano de Tokio. Por ello, hoy queremos presentaros tres de las manifestaciones culturales más sorprendentes del universo afroasiático, tres ideas de éxito corporativo: el Sushi, el Kimono y el Manga de aroma tropical.

Empezamos por el campo culinario siguiendo el proverbio malgache: “sea cual sea la comida que tenemos, la compartiremos aunque solo sea una langosta”. Y es que, por raro que parezca, los rollitos de Sushi vienen pegando fuerte en algunas capitales africanas. Si bien es cierto que, a menudo, el wasabi y la salsa de soja son substituidos por productos locales como el sempiterno bote de Maggi o el picante Piri-Piri; los Makis, los Nagiris o el Sashimi han encontrado su mercado entre las élites de Johannesburgo, Dakar o Lagos, cuyos exigentes paladares hallan en el manjar japonés una de sus preferencias gastronómicas. Esto ha dado cabida a negocios como el que Pierre Thiam ha emprendido en Senegal, pero a su vez, también ha generado el rechazo de voces críticas como la que en 2003 levantó el cineasta sudafricano Dean Blumberg con su corto Black Sushi, ilustrando la exclusión social de los negros en un negocio prácticamente monopolizado por manos extranjeras.

Uno de los diseños para Wafrica.

Uno de los diseños para Wafrica.

Si le seguimos la pista al cóctel cultural afronipón, nos damos de bruces con un maridaje perfecto: el del diseñador camerunés establecido en Tokio Serge Mouangoue (1973) y la marca japonesa de kimonos Kururi. Esta unión cristaliza en la marca Wafrica, una iniciativa que trabaja la tradición del icónico kimono con telas de algodón wax africanas para crear un tercer estadio estético que trasciende los dos universos. En países como Nigeria, esta hibridación ha sido vista como una extravagancia apetecible. Sin embargo en Japón, donde el kimono había caído en las últimas décadas en desuso por la juventud, se ha convertido en un soplo de aire fresco y en una alabanza a la modernidad más global.

Serge Mouangue, en la iniciativa TED de enero de 2012, explicó lo que para él son las similitudes y divergencias entre las sociedades africanas y la sociedad nipona, profundizando en sus experiencias como africano en una cultura ajena o mostrando las líneas que se siguen para el diseño de ropa en África y en Japón. Así, el artista narra como llegó a la creación de ese tercer estadio, encontrando la comodidad de las semblanzas más que el choque de concepciones opuestas, y mostrando la cartografía para conocer la nueva filosofía que él mismo ha sintetizado en torno a la marca Wafrica.

Y no es de extrañar que, viendo la permeabilidad de algunas de las más arraigadas manifestaciones culturales del Japón, otro de los grandes reclamos artísticos de la isla se haya convertido en estandarte para algunos creadores emergente del continente africano. Hablamos del arte del cómic japonés o para ser más explícitos, del estilo Manga. El zimbabuense Tafara Mashingaidze y la sudafricana Michaela Howse son el claro ejemplo de la plasticidad de una de las artes más exportables fuera del archipélago asiático. Su proyecto African Manga está basado en la creación de pequeñas esculturas que reproducen escenas cotidianas de las sociedades del África del Sur. Aunque la semilla para que las esculturas tomen vida propia en algún proyecto de animación digital está plantada, parece que tendremos que esperar para ver proliferar este proyecto que nos acerca un poco más a este mundo, aun poco conocido, de las producciones afroasiáticas.

african manga 1

african manga 2

african manga 3

african manga 4

african manga 5