Afrotopía: ahora son las cámaras las que disparan en Malí

“África no tiene que alcanzar a nadie. Ya no debe correr por los senderos que se le indican, sino caminar con paso firme por el camino que ha elegido”. Con estas palabras extraídas de la contraportada de su ensayo ‘Afrotopía (Philippe Rey, 2016) el economista senegalés Felwine Sarr da la vuelta a los rancios conceptos que hasta ahora definían el desarrollo, planteando un nuevo encuadre y el necesario abandono de la competencia, que califica de “infantil” en aquellas naciones que “buscan ver quién ha acumulado la mayor riqueza, esta carrera frenética e irresponsable que pone en peligro las condiciones sociales y naturales de la vida.

Fotografía de F.K.Massassy presentada en la 11ª edición de Rencontres de Bamako

Este mensaje resulta especialmente inspirador en Malí, donde parece difícil curar la herida infectada que se abrió en 2012 con la rebelión tuareg y la ocupación yihadista del norte del país que ni la posterior intervención francesa, ni la Minusma, ni los acuerdos de Argel han conseguido cerrar. Esta situación de violencia incrustada unida a la corrupción, el paro y la falta de servicios sociales básicos, como la educación y la sanidad, hace que a una nueva generación de jóvenes malienses les brillen los ojos con este nuevo concepto.

Uno de ellos es el polifacético Fototala King Massassy, fotógrafo, actor de teatro y televisión y uno de los hermanos mayores del hip-hop de Malí, quien opina que  la “Afrotopía es el motor de África. Aunque los medios de comunicación internacionales no inviertan ni el esfuerzo ni el tiempo necesarios para mostrárselo al mundo entero. Aquí en África este motor “informal” se dirige hacia el progreso a la velocidad de la luz, mientras que las administraciones públicas esperan que sus guías intelectuales les den órdenes o un dinero que no va a caer del cielo”.

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Este hiperactivo artivista se interesó por la fotografía en 2007 y, tal es su pasión por este arte, que en pocos años se ha convertido en su actividad profesional principal. Es además uno de los pocos fotógrafos malienses seleccionados para participar en la bienal de fotografía africana Rencontres de Bamako, que ha elegido este nuevo término, Afrotopía, para titular su 11ª edición que se celebra en esta misma ciudad hasta el 31 de Enero de 2018.

 

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

12 meses, 12 exposiciones africanas alrededor del mundo

Puede que aún nos sorprenda encontrar exposiciones africanas en lugares como Israel (un claro síntoma de hasta dónde llega el interés por las obras artísticas procedentes de África), pero lo cierto es que no debería llamarnos la atención en absoluto. Tanto es así que el museo de arte de Tel Aviv expuso obras de la suazi Nandipha Mntambo, el congolés Chèri Samba o el sudafricano Ariel Reichman durante más de cinco meses a través de ‘Mirando a África: Arte contemporáneo y afrofuturismo’. Y no es un caso aislado, las artes visuales africanas están saliendo del exilio y 2017 ha sido un año de avances en su desarrollo.

Así, si bien los museos occidentales soportan aún una deuda tanto con el arte africano expropiado durante la colonización como con las máscaras y esculturas africanas a las que el arte contemporáneo occidental de las vanguardias debe su inspiración, las creaciones artísticas africanas están experimentando actualmente un proceso de empoderamiento que les permite mostrar otras representaciones de África fuera y dentro del continente. Son muchos los países africanos que cada vez dedican más espacios a mostrar la producción artística a través de galerías, festivales, desfiles e incluso espacios más solemnes, como los museos. Es el caso del Zeitz Mocaa, situado en Ciudad del Cabo, desde donde ostenta el título de museo de arte africano contemporáneo más grande del mundo. Para muestra de este fructífero año de manifestaciones artísticas africanas alrededor del mundo las siguientes líneas, en las que hacemos un repaso de doce exposiciones presentes en cada uno de los meses de 2017.

ENERO

Abrimos el año de exposiciones africanas en nuestro país con ‘El iris de Lucy’, una muestra de artes visuales que toma como referencia a Lucy (el homínido femenino durante mucho tiempo considerado como el más antiguo de la Humanidad) para retomar la mirada de las mujeres en la evolución de múltiples temas como la identidad, el cuerpo, las fronteras, las migraciones o cuestiones coloniales y postcoloniales mediante la obra de veinticinco artistas africanas entre las que se incluyen la etíope Aida Muluneh, con la que tuvimos ocasión de hablar en Wiriko, así como la congoleña Michèle Magema, la gabonesa Myriam Mihindou, la marroquí Safaa Erruas o la sudafricana Tracey Rose. Producida por el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) y Casa África, esta exhibición se pudo disfrutar en Las Palmas de Gran Canaria de enero a junio de 2017.

Fotografía exhibida en ‘Iris de Lucy’, de Tracey Rose.

FEBRERO

El papel del urbanismo para la creación de una nueva identidad nacional durante la era de las independencias africanas se refleja en la exhibición ‘Arquitectura de la Independencia – Modernismo Africano’, del Centro de Arquitectura de Nueva York. Más de 700 fotografías de Costa de Marfil, Kenia, Senegal o Zambia documentadas por el alemán Iwan Baan y la sudafricana Alexia Webster. Fruto del trabajo de Manuel Herz en su libro ‘Modernismo africano: Arquitectura de la Independencia’, esta muestra mantuvo sus puertas abiertas de febrero a mayo de 2017.

Escuela de Ingeniería de la Universidad de Ciencia y Tecnología Kwame Nkrumah (KNUST) de Ghana, diseñada por James Cubitt, en 1956. Fotografía de Alexia Webster.

MARZO

Dos meses dedicó París a ‘Capitales africanas’, una serie de manifestaciones visuales de artistas del continente que buscaba representar una visión cosmopolita de las sociedades de África. Casas colgantes del camerunés Pascale Marthine Tayou, provocativos grabados en telas del sudanés Hassan Musa o las nubes de ‘Un sueño’ del egipcio Nabil Boutros fueron presentadas en el parque cultural parisino de La Villette.

Pascale Marthine-Tayou, Casas colgantes © Benjamin Lefebvre

‘No hay tigres en África’, de H.Musa (2010)

ABRIL

Enséñame tu archivo y te contaré quién está en el poder’ es una recopilación de los archivos públicos que constatan la historia de la lucha de la mujer en Bélgica desde una perspectiva afrodescendiente. Esta muestra, presentada de abril a junio de este año en la galería belga Kiosk, incluye también el trabajo realizado a partir de esta documentación por la keniana Ato Malinda y las artistas africanas en la diáspora Kapwani Kiwanga y Amandine Gay.

Instalación con espejo de Ato Malinda. Fotografía de Tom Callemin.

MAYO

Llegamos a África. El cuarto mes del año de este calendario de exposiciones africanas está dedicado a la obra expuesta en el Instituto Goethe de la República Democrática del Congo, que acogió las visiones de siete artistas emergentes del país en ‘Kinshasa 2050’, una representación mediante instalaciones vídeo, performance y pintura de lo que será esta ciudad y sus habitantes dentro de treinta y tres años.

Instalación perteneciente a ‘Kinshasa 2050’.

JUNIO

La Galería Cécile Fakhoury de Abiyán es un templo de maravillas pictóricas que acogió la obra del senegalés Kassou Seydou, quien se estrenó en Costa de Marfil con ‘Reyes de las nuevas ciudades’, su primera exposición individual en el país. Un total de trece pinturas que invitan a adentrarse en un mundo híbrido de alteraciones y críticas sociales que se mezcla con elementos tradicionales y una fuerte creencia en la humanidad, protagonista absoluta de esta colección. Una oda al color y a la expresión que estuvo presente en la capital marfileña hasta finales de septiembre de 2017.

Pieza de Kassou Seydou, en la Galería Cécile Fakhoury.

JULIO

Sólo duró dos días, pero a ‘Urbanismo africano, cultura africana, futuro africano’ tampoco le hizo falta más tiempo para desplegar todo el potencial de la cultura urbana congoleña y senegalesa a través de dos ejemplos del mundo de la moda: Los sapeurs y el estilismo del hip hop. Comisariada por Alex Moussa Sawadogo, director artístico del festival de cine contemporáneo africano Afrikamera, la séptima de las exposiciones africanas seleccionadas de este 2017 se exhibió en la Galería Ifa de Berlín.

‘Los sapeurs de Bacongo’, Baudouin Mouanda (2008).

‘La pose’ de Siaka Soppo Traoré (2014).

AGOSTO

En el mes estival por excelencia nos vamos a Japón para ver a los cameruneses Romuald Dikoume, Blaise Djilo, Max Mbakop, Steve Mvondo y Yvon Ngassam quienes, comisariados por Yaounde Photo Network, han mostrado sus trabajos fotográficos en la sala OGU MAG de Tokio. Esta exposición titulada [email protected] Africa’ retrata a Camerún desde ópticas tan dispares como el precolonialismo, las tradiciones, el patinaje, la representación de la mujer o lo rural y, aunque sólo abrió sus puertas durante tres días, sirvió como preludio al festival organizado por dicha galería que acoge desde el 2010 en el barrio de Arakawa un festival anual dedicado al arte africano.

‘Corona de belleza’, Steve Mvondo (2016).

Fotografía de Romuald Dikoume.

SEPTIEMBRE

En paralelo a la Feria de Arte de Johannesburgo, cuyo décimo aniversario cubrimos este año en Wiriko, se celebra la Semana Anual de Arte de la ciudad que acogen los barrios de Alexandra, Soweto y el centro de Joburg. Una muestra itinerante de escultura, pintura, fotografía, instalaciones multimedia y arte urbano de la mano de artistas como Robin Rhode. Organizada conjuntamente por galerías, colectivos locales y la FNB Joburg Art Fair., la Semana Anual de Arte de Joburg saca a la calle las artes visuales y permite una conexión más cercana entre artista y espectador.

Instalación de Robin-Rhode (2016) exhibida en la Semana Anual de Arte de Joburg.

OCTUBRE

1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo de Londres se supera cada año y esta quinta edición no fue una excepción. Dieciocho salas de exposiciones africanas para promocionar la diversidad del continente a través una selección de artistas de treinta y dos países, como Ayan Farah, Buhlebezwe Siwani, Samuel Fosso, Hassan Hajjaj o Fabrice Monteiro, a quien pudimos entrevistar en Wiriko en el marco de esta macro cita londinense con el arte africano contemporáneo.

Hassan Hajjaj. © Joe Casely-Hayford 2017.

NOVIEMBRE

Hace menos de una semana que la capital nigeriana se despidió (con un hasta pronto) del LagosPhoto Festival, que ya ha cumplido su octavo año como primer y único evento internacional de fotografía en Nigeria. Bajo el título ‘Regímenes de la verdad’, esta edición ha explorado la búsqueda y la presentación de la verdad en la sociedad contemporánea mediante la técnica fotográfica de artistas como la marfileña Joana Choumali, los kenianos Sara Waiswa y Osborne Macharia o el senegalés Alun Be que complementan un cartel de fotografías, que si bien abordan el tratamiento de la veracidad, resultan absolutamente hechizantes.

Fotografía de Osborne Macharia expuesta en LagosPhoto 2017.

DICIEMBRE

Cerramos el año de exposiciones africanas con la vuelta de la Bienal Africana de Fotografía ‘Rencontres de Bamako’ es un claro síntoma de la buena salud del desarrollo de la producción artística africana este 2017. Tras dos años de ausencia, la esperada edición número once arranca con el título ‘Afrotopía’, tomado del ensayo del economista senegalés Felwine Sarr en el que defiende la idea de que no se puede imponer a las sociedades africanas el concepto de desarrollo y contemporaneidad occidental porque de hecho la modernidad, la suya propia, ya está presente en el continente. La materialización de esta idea bajo las miradas de fotógrafos como Rahima Gambo, Fototala King Massassy o Athi-Pathra Ruga estará abierta al público hasta el 31 de enero de 2018, aunque no habrá que esperar tanto para tener noticias desde Afrotopía a través de Wiriko.

‘Miss Azania. El exilio está esperando’ (2015) Athi-Patra Ruga.

Njideka Akunyili te invita a conocer ‘La habitación de enfrente’, su nueva colección

Algo tienen las obras de Njideka Akunyili Crosby (Nigeria, 1983) que invitan al voyerismo. Sus retratos de escenas cotidianas revelan acciones sociales y domésticas que se muestran siempre cobijadas por cuatro paredes, lo que hace que el espectador sienta que está observando algo íntimo y extraño a la vez. Su última colección, ‘La habitación de enfrente’ no es una excepción. En este trabajo, expuesto en el Museo de Arte de Baltimore hasta marzo del próximo año, Akunyili Crosby continúa siendo fiel a su estilo al reproducir seis piezas a gran escala con técnica mixta de pintura, telas y transferencias fotográficas. La mayor novedad en esta ocasión recae en una composición de espejos que se observa en tres de las obras, que a primera vista son calcadas entre sí y sólo con una mirada detenida al díptico se aprecia lo realmente divergentes que son.

En realidad es como si por primera vez hubiera llevado al cuadro lo que siempre le hace al público, que fácilmente puede verse reflejado a priori en las escenas que muestra, tan interiores, tan aparentemente comunes, tan acogedoras pese a ser a gran escala que invitan a acercarse y dar rienda suelta al hilo que parece que no encaja. Es entonces cuando caes en su red. O lo que ella prefiere denominar el ‘Tercer espacio’, un término acuñado por teóricos postcoloniales para describir un escenario social en el que dos culturas se unen para crear algo nuevo.

Tejido a través de retales de su propia historia, esta artista nigeriana sintetiza (y sincretiza) en su propio relato narrativas visuales en las que muchos pueden reconocerse. Son aquellos que son los otros allí y aquí, las identidades híbridas formadas a partir de la comunión entre la cultura en la que se nace y aquella en la que se crece. “De donde quiera que mires el trabajo puedes reconocer algo. Pero no reconocerás todo porque hay una mezcla de tiempos, lugares, culturas, continentes y clases”, explica Akunyili Crosby a la revista Bomb para luego especificar que “hay muebles de IKEA de mi sala de estar de Baltimore junto a un sofá de nuestra casa en un pueblo de Nigeria. Al leer la pintura, quiero que te preguntes ¿qué está pasado?, ¿por qué la mujer con ese peinado provincial está en una situación cosmopolita? Son contradicciones que también existen en mi propia vida. He vivido en todos esos lugares diferentes. Soy una mezcla de ellos”.

Aunque es su forma de vida, esta artista comenzó su idilio con el arte como un simple coqueteo. Creció como la cuarta de seis hermanos de una familia Igbo de la ciudad de Enugu y con diez años tuvo lo que ella califica a The Guardian como su primera experiencia cosmopolita al trasladarse a Lagos para estudiar en el Queens College, una de las más prestigiosas escuelas para niñas de Nigeria. Con dieciséis años, su hermana y ella obtuvieron el visado para poder estudiar en Estados Unidos, donde comenzó su formación artística, que en sus inicios, tal y como reconoce, era sólo una vía de escape para aligerar la carga académica. Una relación que se fue fraguando para consolidarse al terminar la universidad, cuando sintió el arte como una urgencia.

“Si la gente no lo sabe, si la gente no lo ve y no le importa, ¿cómo existe? Sentí la necesidad de reclamar mi propia existencia social haciendo que la representación ocurriera. Empecé a recopilar imágenes como una forma de mantenerme conectada con la Nigeria que yo conocía, que no era la misma que se percibía en Estados Unidos”, relata Akunyili Crosby a The White Review. Y añade: “Tenía el deseo de compartir la Nigeria que conocía de una manera real o sincera. Ésta fue mi vida, ésta sigue siendo mi vida. En Nigeria también hay gente que viven sus vidas pese a todos los problemas. Quería dar a la gente una visión de este otro espacio con el que no estaban familiarizados”.

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Para ello la nigeriana se toma su tiempo. Suele pasar tres meses entre obra y obra, embalsamando meticulosamente con capas de retales fotografías que previamente ella misma ha sacado. En el caso de su último trabajo ‘La habitación de enfrente’, incorpora telas de ceremonias tradicionales de su país con imágenes de la campaña política al Senado de su madre, Dora Akunyili, quien ya fuera Ministra de Información y Comunicación en Nigeria de 2008 a 2010. En cualquier caso, si algo trasciende en esta nueva exposición de Njideka Akunyili Crosby es el elemento espejo sobre el que gira su obra. Además de la composición de tres piezas que hace basándose en este objeto, las obras restantes tratan sobre lo que ella llama ‘racismo casual’, refiriéndose a la forma en que se consumen imágenes asignadas a los negros y los blancos diferencialmente a través de objetos cargados de estereotipos raciales. Como declara a la revista W: “A veces las mejores críticas se hacen poniendo un espejo para que la gente vea su reflejo”.

Zanele Muholi: la celebración de la melanina

Zanele Muholi lleva todo el verano mirando a la gente. Con unos ojos directos, fríos e impenetrables. Con un rostro firme y distante en el que no se atisba ni una sonrisa. Seria, Muholi está cansada de que otros hablen por ella y ha ideado un proyecto fotográfico para liderar la conversación sobre la representación del cuerpo negro femenino.

 

“Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”

“Somnyama Ngonyama” es la primera exposición fotográfica de Zanele Muholi en Londres. La muestra, acogida en la galería Autograph ABP hasta finales de octubre, es una serie de más de 60 autorretratos tomados entre 2014 y 2016 a través de los cuales la artista visual y activista sudafricana ajusta las cuentas con la rutina racista y homófoba a la que se enfrenta. “Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”, explica Muholi en el programa de la exhibición.

Con esta exposición curada por Renée Mussai, la sudafricana se acepta tal y como es; lesbiana, negra y africana. Es un trabajo para la reafirmación de su identidad y un alegato a la tolerancia sin reparar en la raza, género o sexualidad. Muholi presenta unas imágenes poderosas a la vez que bellas y propone una conversación que deja al visitante intimidado. Es una colección íntima, aunque esta memoria personal no se desprende del panorama político y socioeconómico sudafricano.

En las fotografías Muholi posa sola, triste, seductora, desafiante y majestuosa. La artista habla pero está callada. Muestra la servidumbre doméstica gracias a unos guantes de látex que le oprimen y se pregunta cuál es su castigo atada con cinturones. Indaga en el cambio climático cubierta de plásticos, hace un pacto por dinero y denuncia la caza furtiva de rinocerontes. Y todo con la mirada y a través de su objetivo.

Muholi se ayuda de distintos objetos y escenarios en su mayoría blancos para otorgar contraste en un discurso visual donde cada accesorio ayuda a la representación de distintos temas y sucesos actuales. En muchas de las imágenes la piel de la artista nacida en Umlazi, Durban, parece acrílica, y su cabello es toda una muestra de intenciones. La luz se posa duramente en la punta de su nariz, en el labio inferior y en sus pómulos. Es una expresión de su cuerpo equilibrada con un mensaje por los derechos humanos y la justicia social. Así se ejemplifica en Thulani II, una de las fotografías que rememoran la masacre de Marikana en 2002, donde la policía sudafricana mató a 34 mineros en huelga.

Zanele Muholi. Cortesía de Stevenson, Cape Town/Johannesburg y Yancey Richardson, New York.

Para esta cita londinense, la colección “Somnyama Ngonyama” además cuenta con cuatro nuevos autorretratos comisionados por la galería Autograph ABP. Muholi muestra la brutalidad y el encarcelamiento de las mujeres sudafricanas que marcharon en contra del apartheid en la manifestación organizada por la Federación de Mujeres de Sudáfrica en Pretoria en 1956. Las fotografías fueron tomadas en la prisión de Old Fort en Johannesburgo donde muchas de las mujeres fueron encerradas. En la la cuarta toma, expresamente realizada para esta exhibición, se ahonda en la imaginería étnica gracias a un autorretrato donde Muholi viste un kimono. ¿Qué representación daría una africana con esta prenda?

Las fotografías de Muholi son la reivindicación de un espacio artístico y cultural para la mujer negra y una lucha para el cambio de las representaciones mediáticas. La artista hace que sus imágenes sean un referente para el artivismo sudafricano y su trabajo continúa defendiendo los derechos humanos y del colectivo LGTBIQ.

La fiesta del décimo cumpleaños de la Feria de Arte de Johannesburgo

Con instituciones de peso como Johannesburg Art Gallery o Wits Art Museum, Market Photo Workshop o Bailey’s African History Archive, hasta visiones más colectivas como Keleketla! Library o el reciente Centre for the Less Good Idea, Johannesburgo es una ciudad con una vibrante escena de artes visuales. Paralelamente a este panorama artístico nada comercial, la ciudad aglutina –  junto con Ciudad del Cabo –   algunas de las mejores galerías de la mitad sur del continente. La décima edición de la FNB Joburg Art Fair 2017, las reunió durante el pasado fin de semana junto a artistas, coleccionistas y amantes del arte locales y foráneos venidos de, al menos, tres continentes.

Performance “Sigue al vestido blanco” de The Ozone Fellas- MB Studio Community

El Artista Destacado de la feria en 2017, e icono de la misma, es Robin Rhode (que ya lo fue en la edición inaugural de hace una década), quien presentó una serie de impresiones basadas en la geometría, el equilibrio y la teoría de colores. El séptimo FNB Art Prize recayó en la nigeriana Peju Alatise, quien representó a su país en la 57 edición de la Bienal de Venecia.  Conocida por abordar su obra desde su experiencia como mujer de las tradiciones nigerianas en la sociedad contemporánea, la impactante obra mostrada en la feria  “O is the new + (crucifix)” está inspirada en cuatro estudiantes universitarios que fueron quemados con neumáticos en la Universidad de Port-Harcourt (Nigeria) en 2012.

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Enlazando temáticamente con Alatise, la palma de la presente edición se la otorgamos a la Galería Momo de Ciudad del Cabo por el Solo de Sethembile Msezane. Famosa por su performance “Chapungu, el día que Rhodes cayó de la serie Kwasuka Sukela” – cuyas icónicas imágenes se volvieron virales durante el movimiento Rhodes Must Fall, que mutaría posteriormente en Fees Must Fall –, Msezane incide a través de performance, fotografía y escultura en la marginalización de la mujer negra en la historia y en la mitología, y específicamente su ausencia en la monumentalización de espacios públicos. Con la poética del recuerdo como resistencia, Msezane se inspira en los álbumes fotográficos antiguos para transformar espejos y mobiliario colonial victoriano, objetos custodios de memoria ancestral representantes de un legado del ámbito privado que conectan con su propio linaje familiar.

También desde el Cabo, SMAC Gallery hizo Solo de la veterana fotógrafa namibia Margaret Courtney-Clarke, y la galería Christopher Moller mostró en gran formato a uno de los fotógrafos preferidos por los medios durante esta feria, Tsoku Maela.

Aunque no demasiado numerosas, entre las galerías llegadas de otros países africanos destacaron Addis Fine Art, Afriart Gallery de Kampala (con una enorme Sanaa Gateja) y desde Luanda ELA (con un solo de António Ole) y Move´Art (destacando la obra de Keyezua y de Mario Macilau).

Entre las galerías de la ciudad anfitriona de la feria, destacaron los espacios alternativos de Room Projects (con Mbali Nduli y Sikhumbuzo Makandula) y Kalashnikov Gallery, así como sospechosos más habituales como Goodman (destacando las esculturas “Butterfly Kid Girl IV”, de Yinka Shonibare MBE, y “Auric Suite”, de Walter Oltman), David Krut (con nuevas ediciones de Deborah Bell), y la galería con más espacio de la feria, Everard Read (con obra de Mapula Helen Sebidi a Bronwyn Lace).

Tras la partida de Ross Douglas a Paris para dirigir la feria de movilidad urbana Autonomy, la Joburg Art Fair – que presume de ser pionera y líder en el continente africano – está dirigida por Mandla Maseko, conocido por sus negocios en sector agrotecnológico. Y la presente edición se articuló en torno a cinco categorías: Arte Moderno y Contemporáneo, Solo Projects, Ediciones Limitadas y Plataformas Artísticas. Las galerías y organizaciones seleccionadas representaban a doce países de África, Europa y Estados Unidos, exhibiendo  obras de unos cuatrocientos artistas en múltiples formatos: mucha pintura, fotografía y grabado,  bastante escultura, poco videoarte y alguna performance. Las obras articulan discursos fundamentalmente en torno a temas identitarios, políticos, económicos y de género.

Poder y patronazgo se manifestaron también durante la feria en otros formatos. Desde la recepción de prensa en el stand de Cartier a golpe de champagne rodeado de joyas (a la venta, por supuesto) junto a una selección de obras de su proyecto de apoyo a artistas emergentes locales de las escuelas Artists Proof Studio y The Market Photo Workshop. Tan ilustrativo el título de su exposición – The Ordinary Becomes Precious [Lo ordinario se vuelve precioso] – como la localización en pleno centro de la feria de dicho stand de Cartier, justo entre FNB (la entidad bancaria patrocinador principal de la feria), y el de BMW, que presentaba su nuevo Serie 7 con colorido interior decorado por la artista ndebele Esther Mahlangu. Más allá, los stands institucionales del Ministerio de Pequeña Empresa (haciendo aún más patente si cabe la ya tradicional ausencia del Ministerio de Cultura), el Gobierno Provincial de Gauteng (con una muestra tan increíble como prohibitiva) o la Universidad de North-West en colaboración con uno de los principales operadores de móvil del continente africano. Sí, efectivamente, estamos de feria, y el tan reverenciado programa VIP – que ha acogido a comisarios y directores de Tate Modern, Bienal de Venecia, Centre Pompidou y CCA Lagos – y otros programas paralelos hay que financiarlos de algún modo.

Una año más, volví a casa con las manos y la cartera igual de vacías que cuando llegué, aunque este año me llevé en la memoria (y apuntado en la lista de deseos) las fotos de gran formato de Zanele Muholi, las ricas composiciones del zimbabuense Kudzanai Chiurai, o las imágenes surrealistas de las abuelas del keniano Osborne Macharia.

“La comunidad artística en Ruanda no está aún en un punto que impugne la principal corriente política”

Principio es, junto a la palabra artistas, lo que más repite Phoebe Mutetsi al hablar del papel que juega la industria artística en Ruanda. Esta joven escritora, nacida en Uganda pero de nacionalidad ruandesa, es la fundadora de The Art House, un espacio para el encuentro y la colaboración de artistas, curadores y productores instaurado en Kigali, desde donde fomentan la conexión artística a través de jornadas de música, poesía, fotografía o pintura.

Fotografía perteneciente a una pieza colaborativa comisariada por The Art House.-

Hasta hace diez años no existían siquiera instituciones destinadas al arte, ni en la capital ruandesa, ni en ningún otro confín del país. No fue hasta 2006 que un antiguo palacio real de corte neoclásico situado en Nyanza, a noventa minutos de Kigali, abrió sus puertas para recibir al que sería el primer museo de arte contemporáneo de Ruanda. Hoy es la Galería Nacional de Arte y alberga más de un centenar de obras surgidas de una serie de concursos ideados por el Gobierno ante la ausencia total de arte contemporáneo en la colección nacional. Entre los temas escogidos para que los artistas trabajaran sus obras algunos fueron ‘Paz y tolerancia’ o ‘No olvidar, recordar’. Se abría así la veda de una libertad de expresión artística que en sus inicios tuvo que ser guiada, muy en la línea de los planes de desarrollo de Ruanda, por otra parte.

La capital ruandesa es la ciudad entre colinas y en ella conviven las dos caras de una misma moneda que es el país. Una, la de los caminos de tierra, adobe y chapa para las casas, falta de acceso al agua en muchos casos e inseguridad por norma general. Y otra, la que hace alarde de ‘El modelo Ruanda’, el mantra repetido en conferencias políticas para respaldar que otra África es posible. En este lado de la capital ruandesa, el verde de los parques casi inunda sus edificaciones, las viviendas son de ladrillo y en las calles, iluminadas y asfaltadas, está prohibido fumar y las bolsas de plástico tienen la entrada renegada. Un lavado de cara que no ha estado ausente de críticas, como la realizada por Human Rights Watch en su informe El secreto detrás las limpias calles de Kigali, en el que denuncia el encarcelamiento de mendigos y prostitutas como medida de limpieza.

Nada es blanco ni negro, tampoco en Ruanda, donde este controvertido plan de desarrollo recoge también destacables mejoras en asistencia sanitaria, la piedra angular del modelo instaurado por el presidente Paul Kagame en el país, al que las encuestas posicionan como ganador en las próximas elecciones del cuatro de agosto, tras diecisiete años al frente del gobierno (veintitrés en el caso de su partido, el Frente Patriótico Ruandés, que tomó el poder en junio de 1994, zanjando cien días de genocidio). Dos décadas no exentas de acusaciones de represión y ataques contra la oposición política y los medios de comunicación. En este contexto, Phoebe Mutetsi explica a Wiriko cómo ha evolucionado la concepción del arte en el país y la labor que desempeña en la realidad ruandesa.

¿Cómo crees que el arte proporciona esperanza a los ruandeses?

Es importante tener en cuenta que ahora mismo el espíritu general en Ruanda es de esperanza; buscando un futuro del que todos seamos parte e integrantes en su construcción. Las artes por lo tanto ponen de manifiesto ese espíritu o ambiente a través de los diferentes medios de expresión y representación elegidos por los artistas o creadores. El hecho de que el artista puede articular sus verdades, sueños e ideas con su música, poesía o pintura, esto involuntariamente resalta la esperanza de la gente o del país.

¿Cómo crees que los artistas juegan un papel clave en la impugnación de la política establecida en Ruanda y cómo fomentan a través del arte el pensamiento crítico en el país?

La comunidad artística en Ruanda no está aún en un punto en el que el trabajo producido impugne la principal corriente política. Ahora bien, las conversaciones comienzan a tenerse en cuenta y las preguntas y pensamientos están siendo expresados concerniendo sobre todo a la política social, no tanto al gobierno. Es todo un principio de algo.

¿Crees que los artistas pueden representar un bálsamo contra la falta de libertad de expresión en Ruanda?

El arte en sí mismo trata sobre la representación y la expresión. Los artistas a través de su propia expresión representan aquello con lo que el ciudadano ordinario, en cualquier parte del mundo no solamente en Ruanda, no se sentiría cómodo de comunicar. Sin embargo yo no diría que ahora mismo en Ruanda estamos en un lugar donde la mayoría de la gente se sienta representada en este sentido por los artistas. Estamos sólo en el principio del viaje.

¿Crees que el gobierno ruandés teme a los artistas nacionales?

El gobierno ruandés ahora mismo está centrado en la agricultura, la tecnología, está poniendo al día el sistema de enseñanza, y otros asuntos. Lamentablemente las artes y los artistas no están sobre el radar del gobierno especialmente. Al menos no lo parece. Por lo tanto, no, yo no diría que el gobierno ruandés tiene miedo a los artistas nacionales o que tenga una razón para tenerlo.

Fotografía perteneciente a The Art House.

The Salooni: “El cabello es una muestra de identidad pero se ha politizado”

Kampire Bahana, Darlyne Komukama, Aida Mbowa y Gloria Wavamunno son cuatro amigas con distintas pasiones culturales. Estas ugandesas se propusieron hacer un trabajo conjunto que les permitiera ir al Chale Wote Street Art Festival en Accra (Ghana) y el resultado fue The Salooni. El proyecto multicultural, nacido en Kampala, unifica teatro, fotografía y moda para profundizar en la historia y el contexto sociopolítico del cabello de las mujeres negras.

Las miembros del proyecto The Salooni / Foto: Darlyne Komukama

Las peluquerías tanto en el continente como en la diáspora son un refugio para la masculinidad negra. Desde el punto de vista femenino “los salones son lugares para la comunidad, de terapia y donde cabe la confidencialidad y la confesión. Sin embargo, no importa lo que hagas con tu pelo que siempre habrá alguien que te diga que está mal”, explica Kampire Bahana a Wiriko.

The Salooni se presentó la semana pasada en la sexta edición del festival Africa Utopia de Londres. El vestíbulo del Southbank Centre acogía el mercado habitual de años anteriores y entre ellas unas bellas imágenes, de colores vivos resaltaban entre las telas, prendas y distintos accesorios del continente. Tres de las cuatro integrantes del proyecto exponían su forma de hacer de las peluquerías un lugar libre de prejuicios. “Queremos expresar nuestra identidad sin temer ser juzgadas”, apunta Bahana.

El objetivo detrás de The Salooni es reivindicar un espacio para el cabello de las mujeres negras. El pelo como una forma de expresión. El proyecto exhibe unas poderosas fotografías de Darlyne Komukama donde el estilismo corre a cargo de Gloria Wavamunno. Las imágenes muestran el significado antropológico del cabello femenino en África gracias a unas escenas bucólicas donde la negritud femenina se revela contra el canon de belleza impuesto. “El problema se resuelve creando imágenes que muestren la diversidad de peinados y estilos que no case con la visión eurocéntrica”, dice Bahana.

“Llevar el pelo de una u otra forma debería ser sólo una forma de expresión aunque la realidad es bien distinta”, continúa la DJ y escritora. “Hay gente que ha tenido y tiene experiencias traumáticas por su pelo. El cabello es una muestra de identidad pero se ha politizado”.

Por eso las jóvenes apuestan por crear su propio salón de belleza en el que la conversación gire a favor de la libertad de hacer con el pelo lo que se quiera. The Salooni busca en el contexto histórico y revisa los tiempos del colonialismo donde “las mujeres mantuvieron la tradición de pasar de generación en generación los distintos trucos como una estrategia para sobrevivir a la sociedad que no acepta tu belleza”. Las consecuencias perduran hoy en día en todo el continente donde el cabello conserva ese rasgo político. En Uganda las niñas tienen que raparse la cabeza para asistir al colegio mientras que a las jóvenes occidentales o asiáticas se les permite llevar el pelo suelo. Un ejemplo que se repite en sucursales bancarias o en las instituciones públicas en el continente. “Todavía estamos en una resaca colonial”, dice Bahana.

Las imágenes que presenta el proyecto, junto con los consejos, peinados y estilos que se ofrecen de manera gratuita en sus exhibiciones, son un punto de encuentro para avivar el debate. The Salooni quiere desprenderse de los estereotipos y celebrar la vasta colección de estilos en África sin ningún reproche. En occidente, muchas jóvenes apuestan por peinados africanos en la actualidad. Una moda que Kampire Bahana no ve como una apropiación cultural, pero apunta: “En un mundo ideal cada uno puede hacer lo que quiera con su pelo, pero tienen que darse cuenta que todavía hay mujeres en el continente que sufren por llevar ese mismo peinado. El mismo estilo tiene consecuencias diferentes”.

Chain Fairies / Foto: Darlyne Komukama

El arte africano podría salir del exilio

*Este artículo ha sido dirigido, supervisado y editado por los coordinadores de Wiriko, como parte de un periodo de prácticas de la autora en este magacín.  

Pieza número dos de la subasta. Se trata de un cuadro de 130 por 195 centímetros. Una tela pintada en acrílico. En ella, aparece una familia en su casa con vistas al exterior. Los cinco hijos esperan a que la madre termine de preparar la comida y el padre, elegantemente vestido, se sostiene en un Mercedes-Benz. Chéri Samba, artista congoleño, lo pintó en 1995 y lo tituló Una vida exitosa. Pertenecía a la colección privada Contemporary African Art de Jean Pigozzi de Suiza y lo acaban de vender por 60.000 euros en Londres. La obra número 99, creada por William Kentridge, artista sudafricano, y titulada El mundo en sus patas traseras, es una escultura que consta de un taburete de madera y un globo terráqueo de forja encima. Tras estar expuesto en París, acaba de ser adquirida por algo más de 141.000 euros. Pero quién se lleva la palma es El Anatsui, artista ghanés. Su escultura abstracta de 320 por 338 centímetros, hecha de tapones de botella de aluminio y alambre de cobre, fue titulada, en 2011, La Tierra desarrollando más raíces. Proveniente de la India, su actual propietario la acaba de comprar por 825.000 euros.

“Una vida exitosa”, Chéri Samba, 1995

Y es que según escribe Chika Okeke-Agulu en un artículo en The New York Times: “Me siento tentado a pensar en el arte africano contemporáneo como si fuera un barrio urbano sometido a gentrificación. Ahora que es visto como alta cultura, el arte y los artistas están ganando valor, los inversores están empujando para obtener una pieza de la acción, y las colecciones privadas están creciendo en África y en todo el mundo”. Cada vez más, el arte contemporáneo africano está ganando peso en el mercado internacional, por lo que las subastas dedicadas única y exclusivamente al continente se están multiplicando. La última, el mes pasado en la casa de subastas internacional Sotheby’s, en la que se vendieron 79 obras por un total de más de tres millones de euros.

Lo que en un primer momento debemos considerar como muy buenas noticias para los artistas africanos por la dimensión internacional que están logrando, no nos puede cegar a la hora ver el arte africano como arte en el exilio. Pues las consecuencias de este hecho no serán muy positivas para los propios africanos si se les priva del patrimonio artístico que cuenta su historia. Si miramos al pasado, este hecho no es, en absoluto, novedoso. Pues, salvando las distancias y la perspectiva histórica, ya en la época colonial, no solo se impuso la cultura de las metrópolis en las colonias africanas, sino que Occidente se dedicó a expoliar el patrimonio artístico y cultural del continente. Este sigue en galerías europeas y estadounidenses, con pocas posibilidades de volver a África.

Actualmente, y no sin razón alguna, el arte contemporáneo africano sigue teniendo más presencia en el mercado internacional y las exposiciones fuera del continente que dentro de sus propias fronteras. Y es que, tal y como escribía Sebastián Ruiz en la revista Mundo Negro, durante las independencias de los países africanos y las posteriores crisis en los años 70 y 80, muchos artistas de todas las disciplinas, a falta de escuelas de arte en sus países, escaparon a Europas y a Estados Unidos para estudiar. Escuelas como la Slade School of Fine Art en Londres, la Ecoles des Beaux-Arts en Paris, o la VCIK de Moscú, entre muchas otras academias, se convirtieron en el hogar de numerosos artistas de renombre internacional que tras terminar los estudios decidieron quedarse en sus países de acogida.

“El mundo en sus patas traseras”, William Kentridge.

¿Puede el exilio de este arte aumentar las desigualdades entre continentes? Es más, ¿puede esta “elitización” del arte ser sinónimo de desigualdad dentro del mismo continente? Desde luego, es importante intentar mantener el arte de los africanos en África y facilitar el acceso a toda la población. Pues la comunidad artística, a lo largo de la historia, siempre ha jugado un papel muy importante en el desarrollo de democracias fuertes.

Afortunadamente, el interés por el arte contemporáneo africano también se ha empezado a desarrollar en el continente. En 2013, en Benín, el primer ministro Lionel Zinsou inauguró el primer museo de arte contemporáneo africano en el oeste del continente junto con su Fundación Zinsou. En Angola, el coleccionista Sindika Dokolo creó su fundación Sindika Dokolo Foundation en 2005 y participó en la Trienal de Luanda en 2006, además de ejercer como comisario en el pabellón de su país en la quincuagésima segunda Bienal de Venecia.

A ellos, los siguen otros coleccionistas privados además de ferias y bienales por todo el continente, como la Dak’Art, la bienal de arte contemporáneo africano más antigua del continente que se celebra en Senegal desde 1989; así como una larga lista de galerías repartidas por Sudáfrica, como la Goodman Gallery (1966) o Stevenson (2003), Addis Fine Art en Etiopía y dedicada a dar soporte a artistas del país, y Circle Art Gallery, en Kenia, por situar algunas en el mapa.

Además, este próximo septiembre, se va a inaugurar en Ciudad del Cabo, la capital sudafricana del arte contemporáneo, el Zeitz Mocaa (Museo Zeitz de Arte Contemporáneo de África), fundado por el coleccionista alemán Jochen Zeits, en el que se va a dar visibilidad a artistas contemporáneos africanos y de la diáspora.

“La Tierra desarrollando más raíces”, El Anatsui, 2011.

Otro dato positivo para el impulso del arte contemporáneo africano dentro del continente es el crecimiento económico de muchos países, así como también el aumento de los millonarios africanos. Según el informe de Perspectivas Económicas de África 2016, que elaboran el Banco Africano de Desarrollo, el centro de Desarrollo de la OCDE y el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se prevé que durante el 2017 el continente crezca económicamente un 4,5%. Además, según el informe “Nueva Riqueza en el Mundo” los millonarios en el continente han crecido tres veces más que en el resto del mundo y según confirma, en la revista Mundo Negro, Giles Peppiatt, el comisario de la exposición Africa Now en la casa de subastas Bonhams: “Entre el 60 y el 70 por ciento de los compradores de arte contemporáneo de África son africanos”.

África puede que aún no maneje el martillo que golpea el atril cada vez que se vende una obra en una subasta, pero sin duda tiene mucho que decir en este mercado internacional que cada vez se aleja menos del continente y se permite explotar todas sus posibilidades sin límite alguno. África no quiere seguir escapando.

 

Referencias:

El boom del arte africano o la especulación de la materia. Sebastián Ruiz (Mundo Negro nº 616 abril-mayo 2016 pp. 56-60).

Modern African Art is being gentrified. Chika Okeke-Agulu (The New York Times).

What’s driving the growing interest in African art? Jane Morris (The Art Newspaper).

The rising development of the contemporary art market in Africa. Nina Rodrigues-Ely y Vincent Kozsilovics (Observatoire de l’art contemporain).

La Bienal de Venecia: Nigeria se une a la fiesta del arte

La Bienal de Venecia dio el pistoletazo de salida el fin de semana pasada, y hasta finales de noviembre, con el título “Viva Arte Viva” y, lo que este año pretendía ser una oda al arte para devolver la voz a los artistas y dejar a un lado las reivindicaciones políticas, se ha quedado un poco corto por lo que atañe a la representación africana. De los 54 países del continente africano, solo siete tienen su propio pabellón en esta fiesta artística, a la que se ha unido, por primera vez, Nigeria.

Performance de Qudus Onikeku

Con el título “How about now?(¿Qué tal ahora?), los artistas nigerianos Victor EhikhamenorPeju Alatise y Qudus Onikeku, junto a sus comisarios Adenrele Sonariwo y Emmanuel Iduma, a través de la multidisciplinariedad, pretenden establecer un diálogo con las nociones del tiempo y la conciencia de Nigeria como país. El pabellón toma en cuenta el pasado y el presente, para afrontar el futuro y abarcar todas las posibilidades ideológicas y toda la complejidad de su identidad nacional. Porque no se puede explicar el presente ni mirar hacia el futuro sin recurrir al pasado y a la historia.

“¿Cómo nos incluimos en la narrativa global del arte, ahora? Nuestro tema es un mensaje en capas. Más allá de esto, a través del ‘ahora’, no sólo reflejamos nuestros mitos e historias como país y sociedad, sino también cómo elegimos retransmitir narraciones contemporáneas en un presente fragmentado pero interconectado”, explica el artista Victor Ehikhamenor para Wiriko. “Ni nostálgico ni escapista, insistimos en pensar en el pasado y en el futuro de Nigeria para comprender la naturaleza interrelacionada del tiempo”, añade.

Mientras Victor Ehikhamenor combina grandes instalaciones con la escultura tradicional para reflexionar sobre el efecto del colonialismo en el patrimonio cultural nigeriano, Qudus Onikeku presenta una trilogía de películas que investigan, a través de la danza, el funcionamiento de la memoria corporal y su conexión con la conciencia nacional. En la misma línea, Peju Alatise presenta una instalación de ocho niñas aladas a tamaño real, para contar la historia de una joven que trabaja como criada en Lagos y que sueña con la libertad, con no pertenecer a nadie más que a sí misma y con poder volar. Una instalación que se dirige directamente a la injusta realidad reciente del país y que sueña con un mundo más seguro, especialmente para las mujeres y las niñas.

“Flying Girls”, de Peju Alatise

Los otros seis países africanos participantes a La Bienal de Venecia son Angola, representado por el artista António Ole, que nos presenta un pabellón con el tema “Memoria magnética / Resonancia historia”; Egipto, con el tema “Esto también pasará”, representado por el artista Moataz Nasr; Costa de Marfil, representado por los artistas Joachim Silue, Ouattara Watts, Jems Robert Koko Bi, Joana Choumali; Kenia, con el tema “Otro país” y representado por los artistas Arlene Wandera, Mwangi Hutter, Peterson Kamwathi, Paul Onditi, Richard Kimathi y Zimbawe representado por los artistas Admire Kamudzengere, Charles Bhebhe, Dana Whabira and Sylvester Mbayi y que nos hablan de “Deconstruyendo fronteras: Explorando ideas de pertenencia”.

Escultura de Peju Alatise

Sudáfrica y Túnez también participan del evento, pero solo durante la semana inaugural o por invitación. Y esto nos deja con 47 países, casi el continente entero aún sin posibilidades de ser conocidos en ciertos círculos. “Creo que más países africanos necesitan unirse a la mesa mundial del arte. He sido testigo de historias increíbles, obras que se están produciendo en diferentes países de África; sin embargo, cuando se trata de la Bienal, soy consciente de que hay mucho más en juego para asegurar el aterrizaje con éxito a un pabellón de país. Espero que el ecosistema cultural y político de los 47 países que actualmente no participan en la Bienal, tal vez al ver el trabajo y el impacto de los siete países que participan, se inspiren a esforzarse más para superar los factores que les van a la contra”, cuenta Victor Ehikhamenor.

Instalación de Victor Ehikhamenor

Además de los siete países representados, y otros eventos y pabellones marcados en el calendario y el mapa de la Bienal, como el pabellón de la diáspora; los días 9 y 10 de mayo, durante la semana inaugural, se celebró en la ciudad italiana el primer foro de Arte Africano en Venecia, en el que representantes de los museos más importantes del mundo, así como también los artistas africanos que están participando de la Bienal, se han reunido para discutir acerca de dos grandes preguntas: ¿Cómo pueden los países no representados desarrollar y mejorar su infraestructura para la promoción de las artes? y ¿cuáles son los factores que impiden que sus comunidades de creativos prosperen tanto a nivel nacional como global?

Performance de Qudus Onikeku

Acerca del tema, Ehikhamenor nos da su opinión y comenta que “la voluntad política debe estar ahí. Nos guste o no, los responsables políticos, los titulares de cargos públicos o los gobiernos juegan un papel importante en si la industria de las artes de cualquier país se hunde o consigue nadar. Es deber de los creadores, de los artistas y de los productores culturales mantenerse en el rumbo, seguir creando y destacando la importancia de las artes para el desarrollo de los países en su conjunto”.

Victor Ehikhamenor

Y sentencia, “para algunos es una falta de voluntad política. Para otros, es una falta de financiamiento. Pero solo puedo hablar de Nigeria, que es un poco de ambos, pero esto está cambiando lentamente. Con el éxito de este pabellón nigeriano, espero que sea una antorcha y un ejemplo para los nigerianos y para otros países, también. Lo que queda claro es que la calidad de la producción artística no está en duda. Ya sea la escultura, la performance, la pintura, el arte digital, los artistas africanos están produciendo un trabajo de primera calidad que coincide con cualquier estándar de clase mundial establecido en cualquier lugar”.

“Woman in trance”, de Victor Ehikhamenor

Touria El Glaoui: “Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales”

1:54 Contemporary African Art Fair, la principal feria de arte contemporáneo africano y de su diáspora, vuelve a Nueva York. En esta tercera edición de Estados Unidos, el evento, que recibe este nombre por los 54 países que constituyen el continente africano, va a volver a celebrarse en el Pioneer Works de Brooklyn. Del 5 al 7 de mayo, la ciudad americana va a acoger a más de 60 artistas representados por 20 galerías de Francia, Reino Unido, Sudáfrica, Kenia, Costa de Marfil, Ghana, Angola, Italia, Marruecos y Estados Unidos; y espera recibir a unos 8000 visitantes, 1500 más que en la edición anterior.

Touria El Glaoui.

1:54 es una celebración de las diversas perspectivas africanas. La feria ocupa una posición única, es un puente entre tres continentes (Europa, África y América del Norte). Trabajar estrechamente con las organizaciones de Nueva York significa que estamos constantemente explorando nuevas colaboraciones y asociaciones para que el público local e internacional disfrute. La movilidad de la feria permite al público, coleccionistas y entusiastas del arte interactuar con la plataforma”, comenta para Wiriko Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

1:54 New York 2016 © Katrina Sorrentino

Además de las exposiciones organizadas por cada galería en su espacio, la feria va a contar con un importante programa de eventos especiales y exposiciones con los más destacados artistas contemporáneos. Para esta edición, se presenta el programa más extenso desde que se instaló la feria en la ciudad.

En colaboración con la galería MAGNIN-A de París, y el centro Red Hook Labs de Nueva York, se ha organizado la exposición The eye of modern Mali (El ojo del Mali moderno), del fotógrafo Malick Sidibé. Tras abrir una galería en el centro de la capital maliense en los años 50, Sidibé se dio a conocer con sus fotos en blanco y negro que retrataban la vida y la cultura de una ciudad en efervescencia por el despertar de las independencias. La modernidad africana captada en sus imágenes pronto adquirió el reconocimiento internacional.

Malick Sidibé, Les Retrouvailles au bord du fleuve Niger, 1974, © Malick Sidibé, Courtesy Galerie MAGNIN-A, Paris

Malick Sidibé Danseur Méringué, 1964 © Malick- Sidibé Courtesy Galerie MAGNIN A Paris

Junto también con Nataal, una marca global de medios de comunicación, se va a inaugurar la exposición Nataal: New African Photography II, que en su segunda edición va a exponer tanto a artistas consagrados como a otros de emergentes que buscan, a través de sus imágenes, enmarcar una África contemporánea y transmitir su identidad.

En exclusiva para esta edición, el artista y diseñador senegalés con reconocimiento internacional, Ousmane Mbaye, y su marca GRAPHYK presentan su nueva colección simple y sincera, protagonizada por el color y por materiales secundarios como el hierro, al que trata como un material con vida propia.

Ousmane Mbaye, GRAPHIK chairs

Otra de las actividades que se van a llevar a cabo durante la feria es la presentación de un nuevo número de la revista Aperture, Platform Africa, que verá la luz este verano y que estará dedicada a bienales, espacios para el arte, talleres educativos, entre otras cosas que están cambiando la fotografía en África. Además, la revista va a presentar una exposición de impresiones limitadas de las más sorprendentes voces de la fotografía contemporánea africana.

Mientras viste con sus diseños a artistas, músicos y amigos, para luego retratarlos, Hassan Hajjaj, este artista convertido a la fotografía en los años 80, presenta su exposición Kesh Angels and my Rockstars series, que se va a exponer en la segunda planta del Pioneer Works. Influenciado por la cultura hip-hop y reggae de Londres y por su herencia norteafricana, Hajjaj utiliza objetos reciclados como cajas de Coca-Cola, taburetes y latas de aluminio para combinar la fotografía de moda contemporánea, el pop art y las influencias de los pioneros del retrato africano, y así poder discutir sobre la importancia de la tradición y los efectos de las marcas y el capitalismo global.

Hassan Hajjaj, M., 2010, Courtesy Taymour Grahne Gallery

Reflexionando sobre las consecuencias de la nacionalidad, la autenticidad y las fronteras para la población migrante africana, el artista keniano Tahir Karmali, también presenta su exposición PAPER/Works. A través de la fotografía y el papel, el artista busca narrar la identidad de los colectivos migrantes, tan excluidos de la sociedad y, al mismo tiempo tan atrapados por las infraestructuras económicas, políticas y sociales.

Tahir Karmali, PAPER/work, 2017, Aluminum wire screen mesh and handmade paper sculpture, Dimensions variable, Courtesy the artist

Además de todas estas actividades y de los más de 60 artistas que participaran, durante los días que transcurra la más importante feria de arte contemporáneo africano, el espacio educativo, 1:54 Forum, comisariado desde sus orígenes por la camerunesa Koyo Kouoh, va a contar con una larga lista de intelectuales y artistas para dialogar acerca de cómo estos nos permiten visualizar y movilizar nuevas comunidades y conexiones artísticas.

La expresión artística no conoce fronteras y creo que nosotros, como patrocinadores, somos responsables de compartir el arte y la diferencia de forma total. Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales, desde las ferias de arte hasta las retrospectivas importantes, aunque sabemos que esto no es una verdadera reflexión, sino más bien una cuestión de representación. La situación está cambiando y hemos visto progresos sustanciales, pero mientras los artistas sigan encontrando desigualdades en torno a la visibilidad y tengan que enfrentarse a la falta de oportunidades, 1:54 tiene el papel de cambiarlo. Esperamos cambiar lenta, pero seguramente, el paisaje del arte contemporáneo”, explica El Glaoui.

SITOR Nu Barreto “Desunited States Of Africa”, 2010

Marrakech, sede africana de la 1:54 en 2018

Esta feria nació en Londres de la mano de Touria El Glaoui, hija de Hassan El Glaoui, uno de los artistas contemporáneos más importantes de Marruecos. Paralelamente a su carrera profesional en comercio internacional, Touria organizó distintas exposiciones para el trabajo de su padre, hasta que en 2013 fundo la 1:54, la primera feria de este estilo que tiene lugar en Europa. Estrenó su primera edición en la Somerset House de Londres, que este octubre acogerá la quinta edición. Y es que ha sido tal el éxito de estas ediciones, que, a principios de 2018, la feria también va a celebrarse en Marrakech.

Esta tercera edición de 1:54 ha estado en obras desde nuestra primera edición en Londres, y esperamos seguir expandiendo nuestra red de galerías, artistas, coleccionistas y socios con esta nueva feria. Ha sido un objetivo importante de 1:54 celebrar una edición en el continente africano, y no podríamos pensar en un lugar mejor que Marruecos para acoger esta edición inaugural fuera de Londres y Nueva York. Marruecos tiene una de las escenas de arte más dinámicas del continente“, afirma Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

Galerie 1957, Serge Attukwei Clottey, “My Hood”, 2016

Art Africa Fair: la historia africana reescrita a través del arte

*Por Maria Colom

Nuestra historia empieza con nosotros. Es un viaje interesante, ¿y quién hay mejor para contarlo que los africanos?”, decía Uche Okpa-Iroha, comisario de la Art Africa Fair (Feria de Arte de África), que tuvo lugar en Sudáfrica la semana pasada. ¿Porque, qué mejor forma hay de contar la historia que mediante el arte? Del 24 de febrero al 5 de marzo, Ciudad del Cabo se convirtió en el escenario de la nueva feria de arte contemporáneo que ha acogido el continente. Este evento internacional que se ha celebrado por primera vez en la ciudad, ha podido contar con un cuidado grupo de comisarios y artistas africanos e internacionales y ha permitido sumergir a los amantes del arte en un viaje multisensorial con los mejores talentos contemporáneos.

A diferencia de otras ferias de arte que se celebran en el país, este evento único se ha organizado al estilo museístico para que los artistas y las galerías participantes pudieran ofrecer diferentes visiones artísticas y romper con las tendencias del mercado. “Durante todo el tiempo, el foco está puesto en el artista y no en la galería. Es una oportunidad única para que los artistas y los coleccionistas interactúen de manera directa, convirtiéndose en una experiencia única también para el visitante”, explica Suzette Bell-Roberts, fundadora de Art Africa, para Wiriko.

La feria ha acogido a artistas de distintas disciplinas y se ha repartido el talento en cuatro espacios diferentes. La exposición inaugural, “Bright Young Things”, recibe el mismo nombre que uno de los proyectos de Art Africa, que ha publicado y ayudado a despegar a más de 100 jóvenes artistas. De estos, se eligió a ocho para participar en la feria con nuevas propuestas artísticas, y tener la oportunidad de ser uno de los tres ganadores del premio de residencia de la feria, otorgado por un jurado internacional. La senegalesa Salimata Diop, con un extenso currículum como directora artística en el AKAA (Also Known As Africa) en París en 2016, programando un gran número de exposiciones en el Africa Center del Reino Unido y comisaria en parte de la Bienal de Dakar en 2014, entre muchas otras cosas, fue la encargada de este espacio.

Comisionado por el reconocido y premiado fotógrafo nigeriano Uche Okpa-Iroha, con una amplia carrera en su país de origen, así como internacional, la exposición de fotografía tenía como objetivo reescribir la historia africana; mientras que los encargados de empoderar y contribuir en el creciente valor del arte contemporáneo africano fueron el artista e historiador de arte, Thembinkosi Goniwe, y la estudiante, artista y aspirante a comisaria, Ruzy Rusike, en la exposición que recibió en nombre “A Flagrant Arcade”.

Como artista invitado y encargado del “VIP Lounge y el Social Hub”, espacio de interacción entre artistas y coleccionistas, se pudo contar con el diseñador y artista internacional Pierre-Christophe Gam. Natural del Camerún, ha estudiado y trabajado en Francia y el Reino Unido, y ha expuesto su obra en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, entre muchas otras ciudades europeas. Estudioso de las ideas pre y post-coloniales de los pan africanos, e interesado en cómo los cambios políticos y sociales de África afectan al patrimonio intelectual y visual, el artista usa la comida, la fotografía, el collage, el diseño, el dibujo y el audiovisual para crear propuestas ambiguas, pero convincentes y con gran poder de influencia.

Pierre-Chritophe Gam

Creando un espacio lleno de pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones, la feria ha acogido a 98 artistas de 11 países africanos que han expuesto más de 230 piezas. Una fiesta del arte que se ha convertido en un éxito total y que ha recibido a 3500 visitantes. “Los artistas africanos merecen ser reconocidos tanto como los artistas del resto del mundo. A causa de nuestra historia colonial, el arte de África no siempre ha sido reconocido y a menudo se ha estereotipado. Ahora es el momento de poner el foco en nosotros y poder narrar nuestra historia sin que nadie la cuente por nosotros”, explica Suzette Bell-Roberts. “Los artistas africanos siempre han estado exhibiendo sus obras, ya sea a nivel local o internacional, comercialmente o no, como una forma de personificar nuestras identidades individuales, sociales y políticas. Lo importante es que los comisarios africanos cuiden a los artistas africanos para una audiencia africana”, acaba la fundadora de Art Africa.

Con el objetivo de convertirse en un espacio para que artistas reconocidos y nuevos talentos pudieran interactuar entre ellos y con los coleccionistas, además ha resultado ser una oportunidad para que nuevas generaciones puedan descubrir y se sientan interesadas por las artes visuales. La Feria de Arte de África ha conseguido devolver el talento al continente, además de catapultarlo hacia el escenario internacional y ha reivindicado la práctica del arte africano a nivel nacional, con todos los beneficios culturales y económicos que esto conlleva. Ha resultado ser una oportunidad de tomar responsabilidades y de

Eldorado del diseño contemporáneo está en África

África Rising, el libro co-editado por la plataforma sudafricana Design Indaba y la editorial Gestalten el pasado 2016, es un merecido homenaje al pulso de la innovación africana a través de una edición de lujo que retrata, cual néctar prensado en frío, el estado actual de un gigante creativo como es el africano. Mientras el continente más joven del planeta va fortaleciendo un suave, pero incandescente, ritmo para su incipiente industria del diseño; Occidente mira atónito hacia sus producciones contemporáneas con cierto recelo. Y es que la originalidad y el sinfín de respuestas para la resolución eficaz de problemas cotidianos que representan muchas de las creaciones contemporáneas ha situado en Ciudad del Cabo el epicentro de la serie de eventos de Design Indaba, que desde 1995 fomenta “un mundo mejor a través de la creatividad”.

Sea en estudios, pasarelas, escaparates, tiendas, talleres o despachos, un elenco de cerebros en ebullición borra diariamente las fronteras elitistas de lo “contemporáneo” para situar en África el nuevo Eldorado del diseño mundial. Huyendo de clichés y estéticas folkloristas, los artistas que actualmente lideran algunos de los procesos de creatividad más exitosos del continente se convierten en narradores de la contemporaneidad africana. Y a través de sus obras nos presentan a un África multifacética y generosa.

 

Hemos podido preguntarle a la editora jefe de Design Indaba, Katie de Klee, sobre la situación del sector creativo en el continente, sobre el libro y sobre las perspectivas de futuro para una industria que podría desarrollarse fecundamente en los próximos años:

Gemma Solés: Africa Rising es un libro inspirador que evoca una imagen innovadora del continente. ¿Por qué este título en un momento en que las narrativas sobre ese “Africa Rising”, proclamadas a bombo y platillo hace unos años, han quedado vilipendiadas por las realidades de un recesión evidente?

Katie de Klee: El libro no se refiere tanto al crecimiento del continente como a su creatividad y a la posibilidad de que el escenario creativo afecte positivamente a su economía. El emprendimiento y las startups de las industrias creativas podrían dar una nueva vuelta de tuerca a la narrativa sobre la recesión de África. Cuando los gobiernos, las grandes corporaciones y las industrias de exportación están fallando, los diseñadores y las pequeñas empresas están proporcionando empleos y habilidades (especialmente para aquellos sin educación formal). Este libro anuncia el surgimiento de una versión más auténtica de África, la versión presentada por aquellos que realmente viven, trabajan y crean allí.

G.S: En el libro podemos encontrar un buen puñado de creadores que abogan por el diseño sostenible. ¿Qué nos puede enseñar África sobre la sostenibilidad a través de sus diseños?

K.K: En contextos a menudo difíciles y de escasos recursos, el diseño africano requiere un cierto tipo de alquimia creativa que no acontece en ningún otro lugar. ¡Hay tantas lecciones que las culturas de consumo desechable en Occidente podrían aprender de los upcyclers, recicladores y reconvertidores de África! Los diseñadores en África se ocupan de necesidades reales, no sólo de deseos objetuales o de mera estética. Son “solventadores” de problemas, y en economías de rápido crecimiento y una población tan joven, la carrera para resolver esos problemas está realmente en marcha. Lo que encuentro más interesante del diseño africano es que tiene la capacidad de expandir su humanidad. Para los occidentales, las historias de diseño en África implican imaginación y empatía, pero le ayudan a entender la vida cotidiana y sus desafíos.

Los diseñadores del continente son productores extraordinarios y llenos de recursos. La escasez es un duro maestro, pero también es la madre de la invención, y si hay una cosa que capta la esencia del diseño y la creatividad en África hoy en día sería la capacidad de convertir la escasez en oportunidad.

Muchos diseñadores africanos están recuperando y reciclando desechos de las economías “desechables” del mundo más desarrollado. Aunque esto es a veces por necesidad, también hay un punto conmovedor acerca de la naturaleza de consumo de las economías del primer mundo.

G.S: Muchos diseños y creaciones de artistas africanos se exhiben en bienales y ferias de arte, exposiciones de muebles… Sin embargo, algunos se atreverían a decir que todos estos ejemplos y objetos son sólo accesibles a la burguesía africana. ¿Son estos objetos (sillas, muebles o decoración mostrados en la primera parte del libro) simplemente refinadas reproducciones de muebles perfectamente tradicionales y populares?

Ésa es una parte real del diseño africano, una cierta cantidad de objetos es inaccesible a la mayoría de la gente. Pero eso también ocurre con el diseño italiano, o de cualquier otro lado. Así que me alegro de que haya una cierta cantidad de diseño para la burguesía africana. Se trata de arte funcional y es una parte de la historia material africana, aunque la atención se filtrará sobre todo a través del diseño social y de base que es increíblemente digno y fascinante de una forma particular.

G.S: “Africa Rising” hace hincapié en la presencia del arte tanto en el espacio público como en los museos modernos que se multiplican en el continente. Pero ¿cómo pueden los artistas urbanos sobrevivir pintando murales y grafitis en las calles de las principales ciudades africanas? 

K.K: Una gran cantidad de artistas urbanos y grafiteros son capaces de cobrar por sus servicios sin estar en un museo. De la misma manera que lo hace un arquitecto o un diseñador de interiores. Los murales tienen un efecto real en las áreas donde se crean, y hay gente que paga para hacerlos posibles. También hay muchas marcas y organizaciones (particularmente ONGs de salud y sociales) que usan murales para transmitir mensajes importantes. Al igual que la sensibilización para prevenir el SIDA o transmitir pautas básicas de higiene. Por ejemplo, Faith47 (un artista urbano sudafricano) ayudó a Design Indaba a crear un impresionante mural que interpretaba visualmente nuestro proyecto Another Light Up, que instaló farolas en una zona bastante peligrosa de Ciudad del Cabo.

G.S: Los modistas africanos revolucionan el mundo de la moda, mientras marcas como Zara o Mago copian impresiones africanas, llegando mucho más fácilmente al gran público. ¿Debemos proteger los patrones tradicionales de marcas como éstas?

K.K: No siempre se trata de proteger. A veces es bueno que se respeten estas tradiciones, para que otros se inspiren en ellas y luego permitirles evolucionar. La gente en Inglaterra ya no anda en corpiños deshuesados, ni en sombreros o chalecos, pero hay ciertos elementos de estilo, tejido, forma y ocasión que siempre se llevarán a cabo y seguirán inspirando. Lo curioso del caso es que, algunos de los mejores diseños de moda africana no imprimen matices ostensiblemente “afro” en sus creaciones. Hay diseñadores increíbles en África que no utilizan impresiones africanas.

Rich Mnisi y Lukhanyo Mdingi, por ejemplo, son dos creadores de moda sudafricanos cuyo trabajo no es el típicamente “africano”, porque no ofrece las impresiones ni los materiales tradicionales que son tan reconocibles del continente – y me gusta que ambos sean diseñadores africanos que no juegan con esas expectativas. Al mismo tiempo, sin embargo, ambos están muy inspirados por su infancia y por lo tanto, su estilo es tan africano como los otros. Ambos diseñadores trabajan con fotógrafos locales con mucho talento, y usan el género y la androginia como temas. Eso me parece muy interesante, porque hay muchos países en África donde los estereotipos de género siguen siendo difíciles de cambiar.

Lukhanyo Mdingi

G.S: Cuando hablamos de diseño de ropa, una de las principales barreras para que los modistos realmente puedan exportar un volumen grande de pedidos es la falta de industrialización o el pobre rendimiento que se le saca al algodón africano. ¿Cómo se va a desarrollar esta industria en los próximos años?

K.K: La industria de la confección africana depende en gran medida de las cooperativas en este momento. Gran parte de la fabricación es a pequeña escala y hecha a mano. Hay lugares en los que esto está cambiando, por ejemplo en Etiopía, que está ampliando sus capacidades de producción en todos los sectores. Pero habrá que esperar aún, porque no estoy del todo segura de cómo este modelo se aplicará a otros lugares del continente…

G.S: Algunos expertos en desarrollo insisten en que África deberá pasar por la industrialización para conseguir mayor prosperidad. ¿Pueden la industria del diseño, la arquitectura o las artes contribuir a mejorar los índices de pobreza?

K.K: El diseño es una industria pujante en África, el continente con la población más joven del plantea. Los diseñadores de todo el continente están resolviendo problemas reales e importantes…

G.S: Otra cosa es que eso se acabe reflejando en los informes anuales de organizaciones internacionales. Pero estamos segurxs que, cuantificable o no, el diseño africano está transformando, no solo el continente, sino el panorama de la innovación internacional.