Los paralelismos de Omar Victor Diop

En la sala 635 del Museo Metropolitano de Nueva York reside el retrato de Juan de Pareja, asistente de Diego Velázquez, que el propio pintor sevillano realizó en 1650. Recoge la información del museo que, según uno de los biógrafos del artista, cuando este hito del retrato occidental se exhibió por primera vez “recibió tal aclamación universal que, en opinión de todos los pintores de diferentes naciones, todo lo demás parecía pintura, pero esto solo como verdad.”

Exhibición Diaspora Omar Victor Diop / Foto: javidmgz

El aplauso quizás venga, como se recoge en la Wikipedia, por la destreza de Velázquez “de dotar de dignidad a los personajes que, por su profesión o condición, carecen de ella en la consideración social”. Es el primer cuadro que se conoce de un de hombre español con descendencia negra: Juan de Pareja, un hombre mestizo, hijo de una madre africana y un español; y esclavo, aunque Velázquez le otorgó la libertad años más tarde e iniciaría su carrera como pintor independiente en Madrid.

En la galería Autograph, al este de Londres, se homenajea a Juan de Pareja en una fotografía en la que no se ve al antequerano, sino al fotógrafo senegalés Victor Omar Diop. Es el propio fotógrafo el que sustituye al pintor, al igual que lo hace en toda la serie ‘Diáspora’con la que Diop recrea pinturas históricas entre el siglo XV y el XIX de africanos que consiguieron notoriedad. Pero el senegalés dota de simbología futbolera a sus imágenes para abordar paralelismos sociales.

Juan de Pareja, Frederick Douglas, Olaudah Equiano, Albert Badin o Jean-Baptise Belley son la excusa para lanzar preguntas sobre la figura de los futbolistas africanos en Europa. Diop viaja al pasado y se pregunta si la reputación ganada por los personajes históricos es comparable a la de los futbolistas. Todos tuvieron que enfrentarse a los abusos raciales y a la discriminación, pero finalmente se ganaron un lugar en la sociedad. ¿Un espejismo?

“El fútbol es un fenómeno global interesante que para mí revela a menudo dónde está la sociedad en términos de raza. Cuando se observa la forma en que se percibe la grandiosidad del fútbol africano en Europa, existe una curiosa mezcla de gloria, adoración heroíca y exclusión. De vez en cuando, hay cantos racistas o se lanzan pieles de plátano al campo y toda la ilusión de integración se destruye de la manera más brutal. Es esta paradoja la que estoy investigando en el trabajo”, dijo el artista sobre el proyecto en una entrevista a The Guardian

Alin Sitoe Diatta (Senegal, 1944) and Trayvon Martin (Florida, 2012) © Omar Victor Diop

La galería Autograph acoge esta primera exhibición en solitario en el Reino Unido del fotógrafo senegalés. Pero la muestra, comisionada por René Mussai y Mark Sealy, regala además otra serie de
fotografías que apelan a la resistencia política negra.

En 1944, desterrada en Tombuctú, murió con tan sólo 24 años Aline Sitoé Diatta. Conocida como la ‘Juana de Arco’ senegalesa, Diatta luchó contra la colonización francesa. La joven se levantó contra el imperio. Y eso le costó la vida.

Otra muerte. Otro joven. Diop juega de nuevo con el paralelismo histórico para llegar hasta los movimientos sociales más actuales. En 2012, una manifestación rendía homenaje en la neoyorquina Union Square a Trayvon Martin. Disparado por un hombre blanco, que evadió la cárcel justificando una actuación en defensa propia, el fallecimiento de Martin fue el detonante para el movimiento Black Lives Matter.

Con ‘Liberty: A Universal Chronology of Black Protest’, Diop se autorretrata para honrar aquellos que se levantaron contra el colonialismo u otra forma de opresión. Es un relato cronológico de los movimientos sociales o protestas negras que van desde las marchas en Selma, en 1965, a los disturbios liderados por las mujeres nigerianas en 1929 contra los administradores británicos. El fotógrafo senegalés también se detiene en la masacre de Thiaroye, donde soldados africanos que lucharon junto al ejército francés en la II Guerra Mundial fueron asesinados por el propio bando galo en 1944, cuando exigían los pagos que se le debían.

“La historia de la protesta negra es rica, ya sean revueltas de esclavos, marchas por la libertad o contra el apartheid, movimientos por la independencia o contra la violencia policial. Hay retratos de metáforas en los que la idea de identidad negra es central. Disfruté siendo el sujeto y el objeto de estas fotografías, sin embargo, no son autorretratos en el sentido tradicional”, apunta el fotógrafo.

Las causas de ayer son las mismas que las de hoy. Y Diop muestra “una narrativa reinventada de la historia de los negros y, por lo tanto, de la historia de la humanidad y del concepto de libertad”.

 

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Djenné, digitalización de una historia centenaria

El archivero de la Biblioteca de manuscritos de Djenné, Malí, Garba Yaro/ Foto: Sophie Sarin

Garba Yaro está sentado en su despacho de la Biblioteca de Manuscritos de Djenné. La fotografía lo recoge rodeado de documentos, mirando al objetivo con una media sonrisa.

Este guardián atesora un patrimonio documental que mantiene vivo el legado de la ciudad maliense de Djenné. Su historia es un ejemplo que se repite en otras zonas del continente como en la biblioteca Habot de Chinguetti, en Mauritania. Pero, los titulares reservaron en 2013 el protagonismo para Tombuctú, cuyos vecinos se las ingeniaron para salvar sus manuscritos ante la ocupación yihadista que provocó el incendio de dos bibliotecas de la ciudad.

Las colecciones de Djenné son menos conocidas que las de la “ciudad gemela” de Tombuctú aunque mantienen su vulnerabilidad. Ahora, una exposición fotográfica en la Librería Británica de Londres recoge el esfuerzo de Yaro junto al Programa de Archivos en Peligro (EAP, en sus siglas en inglés) impulsado por la propia librería.

Beyond Timbuktu: Preserving the Manuscripts of Djenné, Mali es una pequeña fotogalería que celebra la digitalización de una partida de 8.300 manuscritos y que ya puede consultarse de forma online. El visitante observa de un vistazo la importancia de un trabajo que preserva la vida y la historia de la localidad del sureste de Malí.

Alrededor de 144 familias han depositado sus textos en manos del archivero Yaro. La Biblioteca de Manuscritos de Djenné se ha convertido desde su fundación en 2007 en el lugar de custodia para una colección que aglutina una disparidad de documentos: distintas copias del Corán, artículos religiosos, recetas, correspondencia privada y textos científicos, esotéricos y burocráticos.

En la exposición, escondida en la segunda planta de la Biblioteca Británica, se exhiben distintos textos como el diario de viajes del al-Hajj Ibrahim a la Meca desde la ahora Malí o partes de los escritos del poeta local Abubakr Ibn al-Hadi Yaro. También hay espacio para las fábulas como la de un camello que podía hablar y buscó refugio cerca de Medina o la recopilación histórica del África Occidental.

Djenné, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1988, fue un reconocido centro de aprendizaje del Islam en el siglo XIII. Hoy en día su Gran Mezquita continúa personificando tanto la importancia actual del Islam para la vida de la ciudad como la larga historia académica de la ciudad.

La exposición da pinceladas de la producción local de copias del Corán llenas de ilustraciones y motivos ornamentales como se muestra en uno de los manuscritos que presenta la decoración característica del Surat al-Fatiha, el primer capítulo del libro sagrado. También puede observarse una copia dell poema Dala’il al-Khayrat del imam marroquí al-Jazuli

Gran Mezquita de Djenné / Foto: Naciones Unidas

Beyond Timbuktu: Preserving the Manuscripts of Djenné, Mali es una exposición gratuita que puede verse hasta principios del próximo año. Las fotografías resaltan la conservación de un material que está en peligro de destrucción, negligencia o deterioro físico. La digitalización es una oportunidad para acercarse al legado de una ciudad y sus alrededores a través de esta iniciativa subvencionada en gran medida por la historiadora y diseñadora Sophie Sarin.

Los curiosos pueden ojear los archivos digitalizados en los proyectos EAP488, EAP690 y EAP879.

Billie Zangewa: “La feminidad es simplemente ser una mujer, no hay estereotipo”

La vida se compone de retales, especialmente en el caso de Billie Zangewa. Armada con hilo y aguja, y haciendo de la seda su particular ‘criptonita’, la artista malauí empodera la tradicionalmente encorsetada representación del cuerpo de las mujeres negras a través del lienzo. Su objetivo: potenciar la universalidad de la diversidad femenina. Para ello construye collages con tejidos que muestran escenas del día a día que puedan ser comunes a todas las personas, aunque lo cierto es que las narrativas que relata son las suyas propias. Zangewa no da puntada sin hilo, y su ahínco por conectar mediante el arte  haciendo de lo ordinario algo universal ha sido reconocido al ser seleccionada como la artista destacada de la FNB Joburg Art Fair 2018, celebrada del siete al nueve de septiembre en Johannesburgo. Tras diez ediciones a sus espaldas, la primera feria internacional de arte del continente pone el ojo en un artista que vive y trabaja en la ciudad sudafricana. Y en Wiriko hablamos con ella.

‘Momentos robados’, B. Zangewa (2017)

Ruth Fernández Sanabria: Lo primero que me llama la atención de tu trabajo es que todo está hecho con tejidos, especialmente con seda. ¿Qué tiene de especial este material para ti?

Billie Zangewa: Estoy enamorada de la seda y continúo aprendiendo a trabajar con ella, sigue revelándome sus secretos. Cuanto más trabajo con ella más curiosidad tengo. La luminiscencia de la seda realza mis creaciones. Es mi otra mitad, estábamos buscándonos la una a la otra y cuando nos encontramos fue amor a primera vista, y la historia de amor continúa. La seda es fuerte y delicada al mismo tiempo. Es maleable. Es luminiscente y lujosa, da una cierta magnificencia.

R.F.S: Podría decirse que tus obras son tu alter ego, ¿por qué decides usar tu experiencia para componer narrativas visuales?

B.Z: Cuando quise lanzar mi carrera artística un conocido me preguntó sobre qué iba a ir mi trabajo, ya que yo no era una persona abiertamente política o polémica. Estuve pensando mucho tiempo en ello y mi respuesta fue que mi trabajo iba a tratar sobre mí, que es aquello que más conozco. Por eso decidí hacer de mis creaciones mi alter ego.

R.F.S: ¿Y qué obras de tu trabajo artístico han marcado más especialmente tu vida o viceversa?

B.Z: No es una pregunta fácil. ‘El Renacimiento de la Venus negra’ marca un punto de aceptación propia. ‘Mi Vida en Rosa’ celebra la maternidad y la vida diaria. ‘Cita nocturna’ habla de las oportunidades de ser monoparental. Lo que quiero transmitir con todos mis trabajos es la universalidad de mis experiencias.

‘El renacimiento de la Venus negra’, B. Zangewa (2010)

R.F.S: En tus obras hablas de la identidad y del empoderamiento de la mujer desde lo cotidiano, ¿por qué?

B.Z: Para mí ha sido una preocupación sobre la que he intentado entenderme a mí misma y lo que significa ser mujer. Poner el foco en la vida cotidiana es un modo de conectar con los demás. Además creo que hay algo mágico en lo mundano.

R.F.S: ¿Consideras que la representación del cuerpo femenino negro ha evolucionado?

B.Z: No soy una experta en la materia de la representación del cuerpo negro femenino. Todo lo que sé es que ha existido una explotación del cuerpo negro femenino que hace que quiera reclamar el mío para mí misma. Coger mi poder, por así decirlo. Es algo político.

R.F.S: ¿Qué es para ti la feminidad? ¿Cómo la representas en un cuadro?

B.Z: La feminidad es simplemente ser una mujer, no hay estereotipo. Ser una mujer fuerte que está ahí para mi hijo pase lo que pase es lo que representa para mí la fortaleza de la mujer.

R.F.S: ¿Y el feminismo?

B.Z: Estoy de acuerdo con la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie cuando dice que feminista es una persona que cree en la igualdad social, política y económica entre uno y otro sexo. Así es como yo lo veo también. Yo represento esos sentimientos mostrando a una mujer independiente y capaz, que abraza su fortaleza y se permite ser una mujer también.

R.F.S: ¿Cómo se vive el feminismo en Sudáfrica?

B.Z: Hay mujeres trabajando en todos los ámbitos y algunas de ellas incluso en puestos de poder. Sin embargo, la violencia continua contra las mujeres aquí sorprendentemente. La libertad vendrá cuando las mujeres estén a salvo tanto en sus casas como en las calles, y ese no es el caso ahora mismo.

‘Cita nocturna’, B. Zangewa (2017)

Celebrando los 100 años de Mandela

El pasado 18 de julio se cumplían 100 años del nacimiento del ex presidente de Sudáfrica y líder anti-apartheid, Nelson Mandela. Con motivo de este centenario, el complejo cultural Southbank Centre de Londres ha organizado una exposición que recorre la vida del icono sudafricano. Nelson Mandela: The Centenary Exhibition 2018que puede disfrutarse de forma gratuita hasta el 19 de agosto, representa “la lucha por la libertad contra el apartheid y la visión de Mandela de una democracia no racial basada en la justicia, la igualdad y los derechos humanos”, según explicó el director de la muestra, Peter Hain.

La exposición está instalada en el vestíbulo del Queen Elizabeth Hall del Southbank Centre / Foto: Pete Woodhead

La exposición pone en perspectiva la vida de Mandela a través de seis temáticas; desde su años formativos hasta sus roles como líder del Congreso Nacional Africano (CNA), prisionero o presidente de Sudáfrica. El visitante se sumerge en una colección de fotografías, vídeos, posters y una serie de objetos que recorren el legado del exmandatario sudafricano.

Además se exhibe “la famosa Biblia de Robben de Island”, una colección de las obras completas de Shakespeare que llegó a la prisión gracias a la esposa de Sonny Venkatrathnam, uno de los encarcelados. “Los cobardes mueren muchas veces antes de su muerte. Los valientes sólo saborean la muerte una vez”, dice el Julio César shakesperiano en un texto expuesto y que resaltó Mandela en 1977.

Hay cabida para las anécdotas y aspectos menos conocidos en una muestra que cuenta con numerosas citas de Mandela y de sus allegados. “Mi padre poseía una orgullosa rebeldía, un obstinado sentido de la justicia que reconocí en mí mismo”, puede leerse en la primera parte de la exposición que se centra en la infancia de un Rolihlahla que abraza el nombre de Nelson: “En esos días, a los niños negros se les daban nombres blancos en el colegio porque era más ‘civilizado’”.

Mandela con 19 años en Umtata

El camarada Mandela se une al CNA en 1943. Entabla amistad con Oliver Tambo, Walter Sisuly y Anton Lembede, y es partidario de la liberación liderada por africanos negros. Es la época en la que llega a Johannesburgo y comienza a trabajar como guarda en Crown Mines. Es destinado a la entrada de la mina donde desarrollaba su labor bajo un cartel que avisaba: “Precaución: nativos transitan por aquí”.

Entre 1955 y 1964, la exposición se centra en el liderazgo de Mandela tras su elección como presidente del CNA en 1952. Es un momento en el que su postura política cambia: “Hay espacio para todas las razas en este país”, declara en 1961 en su primera comparecencia televisiva, una entrevista con Brian Widlake de poco más de tres minutos en los que Mandela resalta que personas de distintas razas, color y religión tienen que respaldar la lucha. Ese mismo año, en la conferencia All-In Africa de Pietermeritzburg, realiza su última aparición pública.

Sus 27 años de encarcelamiento en Robben Island engloba un tiempo de resistencia al trabajo, a la falta de comida y a las ínfimas condiciones penitenciarias. Una selección de la correspondencia que Mandela mandó desde la cárcel entre 1969 y 1971 se puede observar en uno de los estantes. Inicialmente sólo podía escribir y recibir una carta de no más de 500 palabras cada seis meses. También se exhibe el registro de visitas, 29, que recibió desde agosto 1964 hasta abril de 1970. Todas de no más de una hora.

Se puede ver a Mandela descansado sobre una piqueta en las imágenes tomadas en Robben Island, durante una visita abierta a los periodistas. “Un prisionero en el jardín”, rezaba el pie de foto de una imagen que acapara la atención en este segmento de la muestra. La piqueta, usada en la cantera de cal de la isla, es además parte de la exposición y se presenta en el Reino Unido por primera vez.

Nelson Mandela llegó a la presidencia de Sudafrica con 75 años, cuatro años después de salir de la cárcel. El visitante se acerca al Mandela más conocido con imágenes y textos que rememoran la importancia histórica de momentos como el concierto tributo que se produjo en el estadio de Wembley, Londres, en 1988, su declaración ante el Comité Especial de Naciones Unidas contra el apartheid en 1990 o la entrega de la Copa del Mundo de Rugby a François Pienaar en 1995.

Busto de Mandela en el Southbank Centre / Foto: Paul Simpson

En el último tramo de la exposición se explican los desafíos políticos a la hora de construir una nueva Sudáfrica, y los errores y contradicciones de sus mandatos. “He descubierto el secreto de que después de subir una montaña, sólo hay muchas más por escalar”. Nelson Mandela: The Centenary Exhibition 2018 es una exposición a la perseverancia. La lucha, la soledad, la pérdida y el dolor son manifestaciones de la construcción de su batalladora personalidad. Es una oportunidad para adentrarse en el personaje a colación del centenario de su nacimiento y disfrutar de las actividades paralelas que el Southbank Centre de Londres ha preparado hasta el 19 de agosto.

Tedos Teffera y la infancia encapsulada

Los boliches son una creación humana, pero suponen también un universo atractivo capaz de conectar no solo puntos sobre la superficie, sino también realidades. Así lo defiende el fotógrafo Tedos Teffera en su exposición individual ‘Intent’, incluida en el proyecto artístico ‘Boliches-Marbles’ que acoge el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Gran Canaria hasta el 26 de agosto.

Tedos Teffera en el CAAM. Foto CAAM-Sabrina Ceballos

Puede ser que una canica o un boliche sea un objeto metafórico, que esconda dentro de sus ensoñadores colores y brillos un significado más próximo a las cuestiones humanas que al simple juego. Quizá sea porque guarde relación con lo esférico, una forma que nos enseña que la historia es cíclica, que las experiencias humanas reviven etapas pasadas y que podemos regresar a un punto inicial. O que en ella se esconde la verdadera belleza y perfección, como la vemos presente en la naturaleza, en la Tierra, el sol o las flores.

El trabajo del artista etíope Tedos Teffera contiene una serie de doce fotografías en claroscuro que congelan los movimientos y gestos de este juego popular. Como su nombre indica, la colección ‘Intent’ que alberga la muestra ‘Boliches-Marbles’ del CAAM recoge el propósito de capturar el ahínco de los niños en perseguir algo que para ellos es un mundo, mientras que para los adultos es un asunto trivial.

©Tedos Teffera – Addis Foto Fest

Pero el mundo de los boliches no sólo encierra la ilusión de las pequeñas cosas, también revela universalidad. Cualquier niño ha poseído estos objetos como si de un tesoro se tratase, independiente de su poder adquisitivo. Por ello, este serial fotográfico es también una manera de reconocer a todos los niños que juegan a las canicas y a las personas mayores que lo hicieron antaño.

Y al mismo tiempo, ‘Intent’ es también una denuncia y un tierno guiño. Cada instantánea perpetúa una escena y recibe un título que funciona como metáfora existencial: la soledad de un niño ganador frente a su canica victoriosa o las apariencias nublosas que no se despejan hasta el final. Teffera nos recuerda a través de estas evocadoras esferas que la humanidad está en crisis, que la generosidad entre iguales agoniza por culpa de las ansias de gloria y que las personas actuamos constantemente para mantener alejados a nuestros enemigos de nosotros mismos. Y nos reprocha también. Este mundo solo es capaz de ver y valorar al ganador, pero se ciega al duro trabajo que se escode detrás; se premia en público lo que se ha trabajado durante años en privado.

Es evidente que  el trabajo del fotógrafo etíope usa un lenguaje común: el de los sentimientos. Lo hace con cada disparo de su cámara al abordar cada instantánea según los sentimientos que le inspiren, moviéndose por sensaciones. De hecho, confiesa que este arte fue su camino para poder expresar las inquietudes de un chico especialmente tímido y reservado. La fotografía lo conectó con el mundo.

Y lo lleva haciendo desde los seis años. Ahora Tedos Teffera es director creativo y ha trabajado en el mundo de la publicidad creando fotografías comerciales. Su exposición en Gran Canaria es fruto de un encuentro en el Addis Foto Fest con el director del CAAM y comisario de la muestra, Orland Britto Jinorio, quien se interesó en su obra debido a la atracción que le supone el mundo de las esferas. La colección de este artista es muy diversa: Etiopía y sus gentes, el juego en los niños, paisajes de ensueños,… pero cada una de estas fotografías encierra el mismo trasfondo: los sentimientos que aquello que mira despiertan en él.

Fotografía para la visibilización LGTBI en Cabo Verde

Aunque en Europa y América la realidad de las comunidades LGTBI+ ha mejorado en las últimas décadas, lo cierto es que en el continente africano la situación es dramática. Por poner algunos ejemplos: países como Sudán o Mauritania penan la homosexualidad con la muerte, y otros como Tanzania o Uganda la castigan con cadena perpetua. Sudáfrica sigue siendo, no sin obstáculos, el faro de esperanza para el continente al ser el primer país en reconocer las uniones civiles del mismo sexo desde 2006. En otros países como Cabo Verde, donde la situación ha mejorado, las personas LGTBI+ siguen haciendo frente a numerosos desafíos.

Fotografía perteneciente a la colección ‘Musas de Cabo Verde’, de Juliette Brinkmann

Por ello la colección fotográfica ‘Musas de Cabo Verde’, que acoge el Museo de Arte Africano de la Fundación Jiménez-Arellano Alonso hasta el ocho de julio, es tan necesaria. Su autora, Juliette Brinkmann, lleva una década viviendo en el archipiélago y cuenta con una larga experiencia en captar, a través de la cámara, la realidad social en la que se encuentra. Sus trabajos se remontan a la década de 1990, cuando retrató en Berlín la movida alternativa , y suele centrarse en temáticas sociales. “Soy activista y fotógrafa, cree ‘Musas’ para luchar contra los prejuicios. El objetivo de esta exposición es repensar el alma, el cuerpo y el amor. ¿Qué es la belleza? ¿Qué es un hombre y qué es una mujer? ¿Qué es lo que resulta tan molesto de las personas trans?”, se pregunta Brinkmann en una entrevista a Wiriko.

A través de esta colección podemos entrar en el mundo de Elton, Steffi, Bellisima, Luna, Edinha, Susi o Anita que fueron fotografiadas en un momento de inflexión para la comunidad LGTBI+ en las islas. En 2013 se celebró la primera marcha del Orgullo en África. “Lo cierto es que el gaypride de ese año comenzó con un puñado de personas, pero la semana cerró con la lectura del manifiesto en el que se reunieron más de 1000 asistentes”, comenta la fotógrafa.

Fotografía perteneciente a la colección ‘Musas de Cabo Verde’, de Juliette Brinkmann

En general, Cabo Verde suele ser considerado como un modelo a seguir en África, sobre todo por su consolidación como Estado democrático, sus niveles de crecimiento y por haber dejado atrás los años de hambrunas que tanto afectaron al país. No obstante la población caboverdiana sigue luchando contra males como las altas tasas de desempleo, el VIH, la drogadicción y, por supuesto, la igualdad de derechos. La homosexualidad y, especialmente la transexualidad, siguen siendo un tema tabú y es rechazado por la sociedad. Así lo remarca Anita, una de las protagonistas en los textos que acompañan la colección: “Íbamos vestidas de mujer y caminábamos juntas por las calles de la ciudad. Nos insultaban y nos tiraban piedras”.

Aunque la situación ha mejorado en la última década, el problema sigue latente. “Si hacemos una retrospectiva de los últimos diez años se ven más parejas homosexuales mostrándose tal y como son en público y se ha abierto un debate en la televisión y en la radio”, comenta la autora. “Sin embargo sigue existiendo una fuerte discriminación hacia esta comunidad debido a la enorme dificultad de encontrar un puesto de trabajo, así como el acceso a la asistencia sanitaria y la educación, o el rechazo en el día a día”, añade.

A través de esta exposición no vemos sólo la intolerancia y el rechazo, también vemos la aceptación propia, la fuerza para seguir adelante y, sobre todo, la esperanza en un futuro mejor. Las fotografías vienen acompañadas de los testimonios de las protagonistas y aunque cada una de ellas tiene deseos personales, una cosa está clara: todas buscan la normalización de su situación, que se refleja en el deseo de tener una casa, una relación estable, casarse o tener hijos.  En definitiva, ‘Musas de Cabo Verde’ representa la resistencia frente a la reclusión, la lucha por el reconocimiento social y la pugna por normalizar algo tan simple como la vida. Pero también nos recuerda que nos queda mucho por hacer y que aunque en algunas regiones la situación parece ser aceptable, debemos seguir combatiendo todas las fobias contra las personas LGTBI+ y poner fin al odio en nuestras sociedades.

teselación Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

El origami sin papel de Pierre Louis Geldenhuys

‘La Dualidad Visual del Origami’ es la última apuesta expositiva de la Escuela Museo del Origami de Zaragoza (EMOZ), un centro único en toda Europa con el que esta ciudad tiene la suerte de contar, y que hasta el 10 de junio ofrece esta muestra de Pierre Louis Geldenhuys. Si bien hemos resaltado el carácter particular del EMOZ, la exposición de este artista sudafricano que acoge en tres de sus salas no lo es menos. Por primera vez el protagonista de este museo no es el papel, material sin duda hegemónico en un centro dedicado al origami, sino la tela con la que el autor africano recrea esta técnica escultórica de origen japonés a través de la teselación.

Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

Origami mediante teselación realizada con seda visto de cerca. ‘Metamorfosis 3’ (2017). Pierre Louis Geldenhuys.

El propio Pierre Louis Geldenhuys nos explica este concepto: “La teselación es una técnica milenaria que se utilizaba en la arquitectura. Consiste en utilizar un patrón repetitivo de figuras geométricas, intercaladas entre sí y sin dejar espacios libres, es decir, ordenadas de forma continua. No se superponen y conforman diversas figuras que podrían continuar de manera infinita. No obstante, aunque podría pensarse que son muchos los polígonos que se pueden utilizar en la teselación, sólo el triángulo equilátero, el cuadrado y el hexágono regular son capaces de teselar el plano. Ni el pentágono regular, ni el heptágono regular, ni ningún otro polígono regular puede aspirar a rellenar completamente el plano de la forma comentada”.

Pedro Vaquerizo Sainz, comisario de ‘La Dualidad Visual del Origami’, nos aclara las líneas generales que componen el discurso de la muestra: “Esta exposición es una retrospectiva que recoge la selección más representativa de la obra retroiluminada de Pierre Louis Geldenhuys de la última década, donde muestra una dualidad visual: con luz, proporcionando al espectador un estímulo radiogáfico, diseñado para impactar el ojo humano a través de la percepción irreal; y sin luz, transmitiendo un efecto tridimensional a través de los pliegues de la tela”.

Sin duda la belleza de cada obra se potencia a través de la utilización de cajas de luz, enfatizando el cromatismo de la seda en un efecto hipnótico. “Siempre he utilizado luz led pero últimamente en combinación con fibra óptica para transmitir de manera uniforme ese efecto radiografía único en el mundo de mi obra”, comenta a Wiriko Geldenhuys. Y le preguntamos cómo surgió la idea de este espectacular efecto, que permite apreciar las tonalidades de la tela plegada en alternancia con la densidad del material: “Haciendo investigación sobre la técnica de teselación, vi fotografías publicadas de piezas expuestas frente a la luz natural y el efecto radiografía producido. Me fascinó el efecto visual y comencé a estudiar maneras de poder logar este fenómeno con sedas naturales encapsuladas en cajas de luz led o en instalaciones lumínicas”, responde.

Pierre Louis Geldenhuys es un artista que se identifica con el hombre del Renacimiento. “Siempre me ha gustado hacer un poco de todo: tocar el piano, dibujar, pintar, escultura, teatro, decoración, cocina, antropología, tecnología, etcétera. Sin embargo, fue el academicismo lo que me hizo centrarme en una sola cosa y, entre ellas, la que creo que mejor hago es el uso y manipulación de las telas junto con la tecnología lumínica”.

Si bien el desarrollo de esta revelación artística ha coincidido con su asentamiento en España, la pasión de Geldenhuys por el arte textil no es nueva: “Estudié Diseño de Moda en Sudáfrica y me dediqué a la alta costura, primero como diseñador trabajando para terceros y posteriormente para mi propia firma. De ahí viene mi pasión por los tejidos y sobre todo por las sedas naturales y tornasoladas. Mis mejores experiencias fueron durante los años en los que desarrollé mi marca, donde tuve la gran suerte de viajar a la India para seleccionar y comprar mis propias sedas”.

Éste es sin duda el material predilecto que apreciamos en sus creaciones, mas en su obra tienen cabida otros textiles como el batik, tal y como se aprecia en ‘Destellos’, una de las primeras piezas que nos da la bienvenida en ‘La Dualidad Visual del Origami’. Esta técnica trabajada en países de África Occidental, como Ghana o Mali, la aprendió en un viaje a Indonesia.

Por otra parte, su perfil como diseñador de moda y alta costura desarrollado a lo largo de toda su vida en Sudáfrica permite que podamos disfrutar de lo que Pierre Louis considera “lo más representativo y la culminación de esta exposición”. Se refiere al ‘Kimono de Ceremonia’, “una instalación de luz que me retorna a mis orígenes como diseñador de alta costura”. Y si bien esta es la pieza que destaca el autor de ‘La Dualidad Visual del Origami’, coincidimos plenamente con el comisario de esta exposición cuando dice que “es un tipo de obra única en el mundo” y “una experiencia única visual” que no deja indiferente a nadie.

Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

‘Kimono de Ceremonia’. Pierre Louis Geldenhuys, ‘La Dualidad Visual del Origami’. EMOZ

Aiethopia, imágenes y diálogos de un no-lugar

‘Aiethopia’ es una invención, un espacio imaginario que alcanza casi el paradigma de no-lugar, y es también el título de la exposición temporal inaugurada desde el mes de abril por la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso. Esta muestra, que se puede visitar hasta el próximo tres de junio en las salas del Museo de Arte Africano de Valladolid, es una suma de diferentes disciplinas artísticas contemporáneas que invitan al debate a través de una conjunción de exposiciones que abarca pintura, fotografía y audiovisuales. Las obras se encuentran repartidas por diferentes salas, creando hilos invisibles y liberando al espectador de un camino predeterminado.

Carte del documental ‘Sun Ra: A Joyful Noise’, de Robert Mugge

La exposición pictórica está protagonizada por Blanca Gracia. A través de dos pinturas y una acuarela el visitante se sumerge en un mundo que, a priori, cuesta comprender. Los colores llenan las paredes y parecen desbordar los cuadros en los que visualizamos la naturaleza exuberante, elementos tradicionales africanos e incluso la agitación política. Una historia ilógica compuesta por elementos que una vez sumados en nuestra cabeza comienzan a cobrar sentido.

Sin embargo, la muestra más crítica de esta exposición es sin duda ‘Los Mitos de Cthuluceno’, una serie fotográfica materializada en postales. Su autor, Adrien Missika, fotografió una serie de trabajos realizados con restos encontrados en la playa de Oaxaca, en México. Estas figuras representan una variedad de deidades inventadas que establecen otro punto de vista en relación a las figuras rituales africanas a través del humor. Pero ¿por qué materializar las figuras en postales? “Las fotografías, convertidas en postales, se convierten en un souvenir para turistas. Para muchos visitantes pueden no ser más que una reliquia exótica que puede recordar un viaje” responde Juan José Santos, comisario de la exposición. Es ahí donde radica la crítica más dura en referencia a la actitud de los turistas y a la reconversión de la cultura en un mero objeto de consumo y de ocio.

La última parte de la exposición es una serie de audiovisuales entre los que podemos encontrar obras como ‘Sombras de Nueva Guinea’ (Andrés Pachón, 2011), ‘O Jardim‘ (Vasco Araújo, 2005), ‘Smoke Signals‘ (Pilar Quinteros, 2016), ‘People from far away‘ (Gerald Machona, 2012), ‘Moonrising‘ (Sanford biggers y Terence Nance, 2014) y la mítica película ‘Space is the place‘, escrita y protagonizada por el músico de jazz estadounidense Sun Ra (1974). Todas ellas combinadas, aunque representan realidades distintas, construyen un discurso común de crítica al pasado colonial y a la relación actual de Occidente con “esos otros” que nosotros mismos construimos. Además, no es una mera coincidencia que una película precursora del Afrofuturismo como ‘Space is the Place‘ esté presente en esta muestra.

“El movimiento afrofuturista intenta trazar una mirada a un futuro lejano  desde el pasado a través de la ciencia ficción. Pero en esa fantasía hay un elemento crítico, vinculado a las reivindicaciones de las culturas afro y a una crítica muy evidente al pensamiento colonial”, comenta el comisario de la exposición. “Sun Ra fue capaz de unir música, cine y política de forma extraña y cautivadora, y esa película arroja una lectura que convive de una forma especial con una colección de arte africano situada en una ciudad europea”, añade.

‘Aiethopia’ es una exposición multidisciplinar donde el debate está asegurado. Este diálogo no sólo se construye entre el espectador y lo que está viendo, sino que la muestra es en sí misma un diálogo continuo entre las diferentes disciplinas que allí se presentan y que, además, generan reflexiones en relación al resto del museo. ¿Cuáles son esas reflexiones? Bueno, estamos en Aiethopia, y lo que allí ocurra, las reflexiones que generen esos diálogos, depende fundamentalmente del visitante.

El lenguaje de las telas

Viaje a través de ‘El Lenguaje de las telas’

El Museo Nacional de Antropología aloja hasta el 20 de mayo de 2018 ‘El lenguaje de las telas. Arte textil en África Occidental, Ghana, Mali y Costa de Marfil’. Con esta acertada apuesta el museo madrileño está batiendo récords de visitas, y las estadísticas no nos extrañan dada la calidad de la exposición, que se completa con un programa de actividades del que forma parte la visita guiada que se realizará hoy 10 de mayo a las 18:30. La muestra se centra en la riqueza de los tejidos, elaborados de forma ancestral en Ghana, Mali y Costa de Marfil, orígenes desde donde proceden las cinco técnicas textiles que estructuran la exhibición: kente, adinkra, korhogo, bogolan y batik. Pero ‘El lenguaje de las telas’ es también un viaje en múltiples direcciones guiado por las fotografías de Kim Manresa (Barcelona, 1960), los ejemplares representativos de las distintas telas y los diseños de moda contemporánea de Maica de la Carrera quien, junto a su hermana Laura, está al frente de la Galería de MAMAH AFRICA, responsables de esta muestra.

El lenguaje de las telas

Entrada a la exposición ‘El lenguaje de las telas’ en el Museo Nacional de Antropología.

“Esto es un espacio dedicado sobre todo a la moda y a la cultura africana, en la que hay dos partes diferenciadas, una dedicada a la moda centrada en las colecciones de Maica y otra donde hacemos exposiciones temporales. Decidimos hace unos años homenajear a países del continente africano. Empezamos con Etiopía, luego seguimos con Camerún,Mali y por último Guinea Ecuatorial”, explica Laura de la Carrera.

Además de Mali, volaron un poco más al sureste para aterrizar en Ghana. “Nos abrieron las puertas y estamos muy agradecidas. A nivel institucional la Embajada de Ghana nos ha apoyado muchísimo, y nos puso en contacto con todos los centros de tejeduría, tanto en Accra como en Kumasi”.

Fotografía de Kim Manresa expuesta en el Museo Nacional de Antropología.

Fotografía de Kim Manresa expuesta en el Museo Nacional de Antropología.

“Cuando estábamos en Mali trabajaba Maica a través de sus diseños, escogiendo las telas que íbamos a exponer, Kim con la fotografía y yo como historiadora realmente, ya que me he ocupado más del tema de textos, documentación, recogiendo todos los testimonios y la investigación de campo”, señala Laura.

Las capturas del fotoperiodista ilustran cada uno de los procesos de elaboración textil artesanal que se viene realizando hasta la actualidad. En esta ocasión el reportaje fotográfico se ha impreso sobre tela, aportando un particular acabado totalmente apropiado con el carácter de la exposición. No busca un encuadre perfecto, ni atiende a la técnica utilizada, Kim se centra en las historias que quiere contar obteniendo magníficos resultados como los que plasma en ‘El lenguaje de las telas’.

El diseño de la exposición nos encamina de forma clara y atractiva a cada una de las cinco muestras textiles. Uno de los elementos comunes a todos ellos, además de su singular belleza, es el contenido simbólico que recogen. El enriquecimiento de las artes visuales con las verbales conforma un tándem habitual en el panorama general de las artes africanas. De este modo se genera un sistema de comunicación multisensorial, donde pueden interpretarse distintos mensajes a partir de una representación metafórica.

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Primera parada: Ghana

Si comenzamos por las telas kente, viajamos a las ciudades rivales de Adanwomase y Bonwire, cercanas a Kumasi. La historia de Ghana se puede leer en sus creaciones, restringidas a la realeza ashanti y jefaturas locales. El término deriva de kenten, que significa cesta, bien como referencia a la tela de rafia con la que se hicieron los primeros tejidos, bien por la similitud a los patrones de una cesta. Una tela kente se valora por su efecto visual, valor simbólico y complejidad técnica. La distribución de los colores no se realiza arbitrariamente, sino que se alternan con un simbolismo concreto. Existen infinidad de proverbios y leyendas, como por ejemplo el diseño conocido como nkyinkyim o zig-zag, que alude al camino sinuoso y versátil de la vida, un desafío diario constante lleno de luces y sombras.

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No nos alejamos mucho de los centros de elaboración de las telas kente para llegar a los famosos tejidos adinkra. Se originan en la antigua capital de Kumasi y en Ntonso, una pequeña localidad al noreste de ésta. La leyenda sobre su origen atribuye el término al nombre de Nana Adinkra, soberano del antiguo reino de los gyaman ubicado en Costa de Marfil, que en el XIX fue capturado y asesinado por los ashanti a raíz de una batalla. Estas telas tradicionalmente oscuras eran señal de luto, mas hoy en día también han adoptado colores más claros para ser utilizadas en ceremonias de carácter festivo.

El tejido es estampado con tampones de calabaza tallados, aunque en la actualidad también se usa la madera o el metal. El tinte procede de la corteza del árbol badie junto con raíces del árbol kuntunkuni, si bien hoy en día también se sustituye este complejo tinte por acrílico. Los motivos ornamentales traducen en sus formas un significado concreto, y funcionan como medio de transmisión del saber ashanti.

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Segunda parada: Costa de Marfil

En el caso de los tejidos korhogo hay que hacer un salto temporal y espacial mayor. Son elaboradas por los senufo de Costa de Marfil, si bien habitan también en Mali, Burkina Faso y Ghana. El término procede de la ciudad donde se hallan los principales talleres y, a diferencia de otras técnicas textiles de orígenes ancestrales, la producción de estas se origina en torno a 1960. Cuentan con la técnica filafani como antecedente, que significa tela pintada, y se decoran en toda su superficie creando tapices narrativos donde se plasma la cosmovisión de los senufo. Utilizan el tejido como lienzo donde representar animales a modo de intermediarios con el mundo natural, vegetales y personajes enmascarados, esenciales en ritos como la ceremonia de iniciación de la sociedad masculina Poro.

En este apartado se muestra una selección de las colecciones conservadas en los almacenes del museo, entre las que encontramos, además de tejidos korhogo, obras como las “cabeza de Poro” o puertas talladas con la misma decoración que los textiles. Como nos explica Laura de la Carrera, en el apartado Korhogo se han conjugado las piezas senufo con un particular reportaje fotográfico realizado con mucho cariño: “Le hemos querido dar protagonismo a través de la fotografía de Kim. Hay una serie de fotografías en blanco y negro que hizo Kim hace cuarenta años en la ciudad de Korhogo. Una ciudad que por cierto después de la Guerra civil ya no existe, está desolada. Entonces son fotografías que tienen ese valor documental, que son muy interesantes, en las que se muestra cómo están pintando esas telas. Además son fotos del primer país que visitó Kim”.

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Tercera parada: Mali

En cuanto a las telas bogolan, debemos dirigirnos hacia el norte siguiendo el curso del Níger hasta la capital maliense, Bamako, y hacia Segú. Laura y Maica de la Carrera llegaron entusiasmadas: “Mali la verdad es que es un país que a nivel textil conocíamos. No habíamos estado físicamente nunca pero había sido una referencia para nosotras, sobre todo para mi hermana”. Esta técnica ha sido trabajada por los pueblos minyanka, dogón y especialmente bambara. Constituye todo un símbolo identitario en Mali e incluso en toda África, llegando a expandirse fuera del continente por Europa y América a través del comercio y la moda. El término significa hecho de arcilla, puesto que este es el material primordial que se usa junto con el algodón para su elaborada producción.

A diferencia de las kente, las bogolan son trabajadas por las mujeres. No en vano nos revelaba Laura que “la mujer maliense es la que más maestría tiene en todo el continente”. El hilado se realiza retorciendo fibras cortas hasta unirlas en una hebra continua con la ayuda de un huso. En cambio, el tejido es una tarea que con infinito respeto llevan a cabo los hombres mediante telares horizontales de doble lizo. Las bandas de algodón se introducen durante horas en las tinajas con agua hirviendo y basilan o plantas que curan, dotando de sus propiedades sanadoras a las telas. Una vez se sacan del barreño que corresponde a cada color se dejan secar al sol, para repetir el proceso de inmersión  y obtener la intensidad deseada. Cuando está teñida se fija la decoración simbólica con distintos instrumentos, utilizando patrones o a mano alzada. A finales de la década de 1970 el grupo Bololan Kasobane comenzó a reimpulsar esta técnica tradicional en desuso para transmitir sus mensajes a las nuevas generaciones.

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Por último, llegamos la sección dedicada a los tejidos batik y otras técnicas que podemos encontrar en Mali y Ghana, si bien hay ciertas diferencias entre las telas realizadas en cada capital, Bamako o Accra. Como ya advertimos, en esta exposición no hay compartimentos estancos, sino un mar de influencias que abren el abanico de posibilidades creativas. En este caso encontramos sus orígenes en Asia. Concretamente llegaron de Indonesia las primeras telas, traídas por soldados ghaneses en el siglo XIX.

Se trabaja con la técnica tradicional usada en las telas bogolan, protegiendo con cera las zonas reservadas mientras se realizaban los baños de tintura. Las líneas que deja el resquebrajado de la cera una vez se ha endurecido aportan el efecto visual tan característico de estos textiles plenos de colorido. Y no hemos acabado con las transferencias en esta técnica. El tipo de algodón más utilizado para su elaboración se denomina bazin riche, importado de Europa y actualmente también de China. A este material se debe su característico efecto adamascado usado en Mali, mientras que a la técnica de estampación attache o técnica de atar, la coloración irregular de la tela.

El proceso completo de elaboración del batik es sumamente laborioso. Para el estampado decorativo de los tejidos en Ghana se usan bloques de gomaespuma tallados además de tampones de madera tallada, que se sumergen en cera caliente para ser estampados. Cuando la tela se ha tintado y secado hay que eliminar la cera mediante baños de agua hirviendo con jabón.

Por otra parte cabe destacar las distintas colaboraciones en la exposición, que han aportado un valor contemporáneo a la misma. Así, las golondrinas de la intervención de Carmen Varela migran desde África vestidas con tejidos kente, hasta las ropas de Maica de la Carrera que podemos disfrutar a lo largo de toda la muestra. El mestizaje que ofrecen las creaciones de la galerista de MAMAH AFRICA son fruto de las transferencias entre ambos continentes. La diseñadora se nutre de la tradición textil africana para elaborar los diseños de moda contemporánea desde hace veinte años. Su hermana Laura nos explica su labor: “respetar este tejido con unos diseños muy básicos y clásicos dando protagonismo a la tela, pero también haciéndolo ponible y visible aquí en Europa”. En definitiva, una exposición donde se aprecia el cariño y el esfuerzo invertidos además de ser una oportunidad única para apreciar la belleza encriptada en el arte textil de África Occidental.

Grupo Bogolán Kasobane: “Es para nosotros un orgullo poner en valor nuestra tradición de una manera revolucionaria”

Bogolán proviene de la palabra bogolanfini, que en bambara hace referencia al resultado del barro sobre la tela. Una técnica vernácula ancestral transmitida por las mujeres malienses que, guardianas de la tradición, han pasado de generación en generación estos conocimientos durante siglos. Ahora llega a Madrid desde Mali de la mano del Groupe Bogolan Kasobane, quienes presentan la exposición ‘Grupo Bogolán Kasobane: el arte del barro en Mali’ que se inaugura este viernes cuatro de mayo en el Centro Cultural Casa de Vacas, en Madrid.Dedicada a las madres del bogolanfini y en memoria de Kandioura Coulibaly, fallecido en 2015 y quien fuera líder de este colectivo de artistas pioneros en el uso de la técnica del bogolán en el arte contemporáneo, esta muestra gratuita y abierta hasta el tres de junio, conjugará el bogolanfini ancestral con obras de otros artistas influidos por el grupo, como Annick Turner, Senou Fofana, Ladji Barry o Janet Goldner. Además la exhibición incluirá varias actividades paralelas, como visitas guiadas, conferencias y talleres, lo que constituye en su conjunto una magnífica oportunidad para conocer y entender qué es el bogolán desde sus orígenes hasta hoy. Como adelanto y siguiendo su filosofía de creación colectiva, los miembros del Grupo Bogolán Kasobane  contestan juntos las preguntas de Wiriko, acompañados por la artista y coordinadora de la exposición Irene López de Castro.

“Pez Ashanti”, Groupe Bogolan Kasobane

R.O: ¿Cómo nace el Grupo Bogolán Kasobane, cuál es su historia?

G.B.K: El Grupo Bogolán Kasobane nació en Bamako en 1978. Éramos un grupo de seis jóvenes artistas, recién licenciados en Bellas Artes por el Instituto Nacional de Arte (INA) de Bamako, que compartíamos los mismos ideales y decidimos unirnos y trabajar juntos. El Grupo Bogolan Kasobane lo fundamos Kletigui Dembelé, Boubacar Doumbia, Baba Keita, Nené Thiam, Souleymane Goro y Kandioura Coulibaly. Este último fue presidente hasta su fallecimiento en 2015 y ahora Nené Thiam, la única mujer del grupo, es la nueva presidentaHemos expuesto nuestra obra y dado conferencias en los cinco continentes del mundo y hemos recibido varios premios. También hemos participado en la creación de vestuario para teatro y cine y en la formación de artistas. Nuestro objetivo es innovar y promover la técnica de bogolán en Mali y en el mundo.

“La Fissure dans le Mure” Groupe Bogolán Kasobané

R.O: ¿Por qué elegisteis precisamente la técnica del bogolán como medio de expresión?

G.B.K: En el INA estudiábamos técnicas occidentales pero elegimos el bogolán, la técnica de pintura tradicional de Mali, porque la calidad de las pinturas occidentales era baja y costosa. Quisimos liberarnos de esas dificultades y reivindicar además nuestra propia cultura. ¿Por qué razón pintar con técnicas extranjeras, cuando teníamos aquí el bogolán heredado de nuestros ancestros, una forma de comunicación social con el que perfectamente podíamos dar rienda suelta a nuestra creatividad? De hecho, la palabra kasobane significa en bambara el fin de la prisión. Además conocíamos la alquimia del barro, que tiene que ver con nuestra propia cultura en torno a la tierra madre. Nos sentíamos identificados y cómodos, al tener todos los materiales a mano, las telas, las plantas, la tierras, las plumas de ave…. Algo además que era completamente nuevo en el arte contemporáneo. Fuimos los pioneros.

R.O: ¿Ha sido difícil superar el peso de una tradición tan arraigada para crear arte contemporáneo?

G.B.K: El sentimiento fue de liberación. Nadie nos imponía una técnica ni un modo de expresarnos, tampoco seguimos las composiciones tradicionales. Las obras del Grupo Bogolán Kasobane son independientes y completamente originales, aunque sí reflejan elementos de nuestra cultura, precisamente para seguir transmitiendo esa herencia pero siempre innovando hacia el futuro. Es para nosotros un orgullo poner en valor nuestra tradición de una manera revolucionaria.

Groupe Bogolan Kasobane (Foto: Jane Goldner)

R.O: ¿Qué hay de común y qué de diferente?

G.B.K: La técnica básica es la misma, pero hemos investigado e innovado con nuevos tipos de plantas y colores. También cambia el tipo de expresión, aunque sí decidimos utilizar algunos símbolos que tienen un significado y están incluidos en nuestras composiciones. Símbolos que además han pasado a la artesanía de bogolán moderna, la cual también hemos promovido ampliamente en todo Mali, especialmente en Bamako y Segou, en el Taller NDomo.

R.O: Es sorprendente que Grupo Bogolán Kasobane firme sus obras como grupo y no de forma individual ¿Por qué lo hacen de esta manera?

“LÓrigin de le Terre” Groupe Bogolan Kasobane

G.B.K: La cultura maliense no conoce el individualismo y el sentimiento de unión entre las personas es muy fuerte. El arte muchas veces no se firma, ese es un concepto que llegó con la colonización. Para nosotros firmar en grupo era dejar aparte el propio ego y entregar nuestra energía en nombre del bien común y de los más altos ideales, la Cultura como un vehículo para la paz y la cohesión social. En Mali decimos que no se puede coger una piedra con un solo Rdedo.

R.O: En 2015 falleció Kandioura Coulibaly, fundador y presidente del Grupo Bogolán Kasobané. ¿Cómo ha afectado esta pérdida al proyecto? ¿Cuál es su proyección a futuro?

G.B.K: El fallecimiento de Kandioura Coulibaly ha sido algo que ha conmovido mucho a la sociedad maliense, puesto que era una persona muy conocida por su carisma, su promoción del bogolán, su trabajo en el vestuario para cine y su amor por el coleccionismo. Sin embargo, el Grupo Bogolán Kasobane no dependía de un sólo miembro. Somos una familia y los ideales del grupo siguen más vivos que nunca, como esta exposición demuestra. Nosotros no creemos en la muerte espiritual y sentimos que nos acompaña desde otro plano. Grupo Bogolán Kasobane es además una escuela, así que debe continuar por el arte. Nuestros hijos que también han estudiado artes continuarán con el proyecto.

R.O: Tras varios años de conflicto en Mali, ¿cómo ha afectado ésto a la creación artística contemporánea?

G.B.K: En Mali los artistas y los artesanos estamos pasándolo mal a causa de una guerra que nos parece ajena, son bandidos extranjeros los que vienen y cometen atentados. Como parte de la sociedad nos afecta y afecta a la creación artística contemporánea. No es una buena situación, pero hay mucha creatividad, por no decir muchísima. Los estudiantes de Bellas Artes y arte multimedia son muy numerosos, así como los jóvenes que han elegido el bogolán como técnica. En la crisis también florece la creatividad. En algunos casos, con más fuerza. Pudimos comprobarlo hace poco cuando reunimos a 24 artistas contemporáneos para un taller de creatividad en Mopti, en el centro de Mali. El tema era la unión nacional por la paz en nuestro querido Mali y las obras producidas se expusieron en el Museo Nacional de Bamako.

“Progress II” Groupe Bogolan Kasobane

R.O: Irene, ¿Qué vamos a encontrar en la exposición, por qué ir a verla?

I.L: Es una exposición única, muy difícil de repetir, con piezas venidas de Mali, Polonia y EE.UU. Hay obras de gran tamaño enteramente pintadas con bogolán. Yo diría que refleja toda una cultura, a través del Grupo Bogolán Kasobane, que son los maestros de la juventud actual de Mali, los que además investigaron en la simbología ancestral, a través de personas cercanas al grupo, que pasaron años en el país y  pudiendo realizar los estudios de los símbolos y del lenguaje de las telas. Símbolos que actúan como un vocabulario y que hoy solamente se utilizan en la artesanía como motivos aislados. La mayoría de los españoles no conocen el bogolán ni saben cómo se hace. En esta exposición lo sabrán.

“La Carta de Kurugan Fuga” Groupe Bogolán Kasobane

Canarias y Cabo Verde unidos por ‘Un cuadro muy guapo y un plátano’

*Por Alicia Justo

A veces la imposibilidad de acercarse al contexto social de un artista impide conocer y entender de lleno su obra. Y en ocasiones el contacto con artistas de un determinado lugar anima a intentar descubrir sobre el terreno todo ese marco circunstancial que influye en sus creaciones. Es el caso del caboverdiano Yuran Henrique y la canaria Saskia Rodríguez, quienes han pasado el mes de febrero dentro del programa ‘Artistas en residencia’ del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Las Palmas de Gran Canaria, donde ahora exponen el resultado de su encuentro artístico hasta el 27 de mayo.

Presentación de las exposiciones de los artistas Yuran Henrique y Saskia Rodríguez, que se pueden visitar en el CAAM del 01.03 al 27.05.2018. Fotos CAAM / Sabrina Ceballos.

Tras esta experiencia, Rodríguez tiene el firme propósito de viajar a Cabo Verde para conocer y entender la obra del artista, ya que según sus palabras, “si no ves el contexto donde se desarrolla, solo podrás entender la mitad de lo que se te habla”. La residencia permitió a ambos creadores “aunar ambos lenguajes y generar un diálogo real entre los dos”, como narra Rodríguez, quien además, reconoce que aunque el trabajo de cada uno les parecía diferente, terminaron encontrando más puntos en común de lo que habían imaginado. Esta complicidad artística fue fruto de compartir un mismo espacio de trabajo durante un mes, lo que, además, les permitió conocer mejor sus diferentes formas de entender la práctica artística.

La realidad es que cada artista tiene un background de influencias estéticas según su lugar de origen y relaciones personales, además de diferentes factores económicos, que terminan plasmando de una manera u otra sobre sus proyectos. Aunque en este caso, ambos artistas comparten el condicionante de haber nacido y residido en una isla y entender la doble dimensión que ello conlleva: una parte abierta a diferentes culturas y otra, recelosa de su intimidad y costumbres.

Este vínculo isleño lo dejaron plasmado en el título con el que bautizaron su obra conjunta, un díptico llamado ‘Un cuadro muy guapo y un plátano, con el que los dos artistas han querido “ridiculizar el elitismo y dar prioridad a la esencia de las cosas”, especifica Rodríguez. Esta oposición a la superficialidad y sus aristas es, además, el hilo conductor de la obra de la artista canaria que recibe el nombre de ‘Inestabilidad textual. Un proceso de ocultación’, donde Rodríguez ha centrado su creación en las ideas de edición y fake, conceptos que usa para “plantear cuestiones sobre cómo se construye la credibilidad o cómo se generan los valores de verdad en la sociedad”, detalla.

Una pila de periódicos casi en medio de la sala dedicada a su exposición, con paredes blancas que obligan a centrar la mirada y atención en esta pieza, busca denunciar la ausencia de mensaje a  través de la autocensura o la desaparición de una imagen o un texto. Para completar su crítica presenta una serie de falsos carteles y manuscritos con letra ininteligible y borrones, textos incompresibles que confunden al espectador y que le impiden llegar a la supuesta verdad, tal y como ocurre en nuestra cotidianidad debido a la sobreinformación a la que estamos expuestos.

Fotos CAAM / Sabrina Ceballos.

En el lado inverso al espacio reservado a la creadora canaria, las obras de Yuran Henrique (Cabo Verde, 1993) dan la nota de color a la segunda planta del CAAM, que está dedicada a las obras de los dos artistas residentes. Encontramos restos de materiales reciclados y brochazos que reflejan el colorido de las escenas que quiere representar. Su exposición titulada ‘Calendarios’ se centra en el concepto del tiempo, el cual empuja al ser humano a viajar a un mundo que se transforma y que lo anima a seguir viviendo a través de la adaptación al medio cambiante. Intenta expresar los deseos inconscientes de nuestra naturaleza, las intuiciones primitivas o las experiencias de lo cotidiano. Sus composiciones encuentran la armonía dentro del caos, un aspecto que Henrique ha querido ligar a los estados del espíritu que evolucionan en la búsqueda de lo más profundo.

El artista caboverdiano centra parte de su obra creada en Cabo Verde en la descripción de escenas de su vida y experiencias de la realidad en ciudades y barrios de su país con lo que pretende romper los estereotipos ligados a África y al archipiélago caboverdiano y cuestionar la identidad y la estética de este universo.

La fotografía como espejo: El caso de Burgos y Camerún

La fundación African Photography Initiatives estrena en España una novedosa muestra fotográfica que trata de acercar dos puntos tan distantes que, a priori, nada pueden tener en común. En ‘Lugares Comunes – Burgos / Buea. Sobre la normalización de las convenciones fotográficas, la fotografía tiene la capacidad de unir a Burgos, en España, y a la ciudad de Buea, en el oeste de Camerún. Una exhibición en la que las imágenes de aquí y allí inundan la sala mezclándose y alterando la percepción del espectador, ante quien poco a poco se van descubriendo similitudes. Una exposición, presente en la Sala de Exposiciones del Teatro Principal de Burgos hasta el 18 de marzo, que nos lleva por un doble viaje que dura desde la década de 1950 hasta la década de 1980 y en el que nos podemos acercar a lo más cotidiano de estas dos ciudades.

Sus protagonistas: todas las personas que fueron retratadas. Jürg Schneider, cofundador de African Photography Initiatives, lo tiene muy claro: “La fotografía se presenta como un lugar común donde se encuentran los individuos. Las personas se representan a través de las imágenes, crean recuerdos y los comparten, manteniendo una unión con las futuras generaciones. Y esto ocurre en cualquier lugar del mundo, tanto en Burgos como en Buea”. Una de las principales tareas de la fundación es la de acercar la fotografía al público y a diferentes colectivos para hacerla lo más accesible posible. “Estos dos lugares están unidos en el tiempo y por el hilo de la fotografía, que aunque ya se conocía, cada vez sea hace más accesible”, comenta Rosario Mazuela, comisaria de la exposición y cofundadora de la fundación.

Precisamente, para facilitar su acceso, llevan desde 2008 digitalizando y protegiendo diferentes archivos fotográficos. En este caso, todo el material ha salido de dos archivos: el Archivo Municipal de Burgos, de una colección específica en la que las familias burgalesas donan fotos suyas y el archivo las protege; y el otro es el Archivo Fotográfico de Prensa de Camerún, en el que la fundación ha trabajado durante tres años, digitalizando un total de 40.000 imágenes, 28.000 negativos y 14.000 planchas de contactos.

El objetivo de la exposición no es otro que replantear cómo percibimos y vemos África. En general los mass media la han representado como el continente de las catástrofes, de las injusticias, de las dictaduras… una realidad que existe, pero esta exposición busca rescatar el Camerún de la vida cotidiana. Estas imágenes muestran a gente normal en una vida normal, exactamente igual que en España. También se busca poner en valor el material histórico, preservar los materiales como un regalo para las generaciones futuras.

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No obstante esta no es la primera muestra organizada por African Photography Initiatives, sino que ha tenido ya sus antecesoras en otras ciudades como Basilea, Zurich, Yaundé, Duala, Buea o Limbé. Sin embargo “cada exposición es diferente, dependiendo del espacio, el contexto y la oportunidad que se presentaba creímos conveniente actualizar el formato”, aclara Rosario. “En Yaundé hicimos una exposición específica de la década de 1960 y en Buea, por ejemplo, realizamos un proyecto en el que los artistas exponían en la ciudad intervenciones artísticas a través de la fotografía”. Al preguntarles por la reacción de los espectadores, Rosario y Jürg no tienen dudas: “Las reacciones son iguales aquí y allí, a todos nos gusta reconocernos en la fotografía”, afirman.

El resultado ha sido una exposición que demuestra, una vez más, que las diferencias están en nuestras miradas. “Te hace pensar sobre esas barreras mentales que nos separan pero que en realidad no existen”, dice María Franco, una joven abogada de Burgos y añade: “Estas imágenes pueden acercar a todas las generaciones para comprobar los enormes paralelismos entre estas dos sociedades”. La exposición no sería así un fin, sino un medio por el cual las imágenes impactan en el imaginario del espectador, rompiendo esquemas y haciendo reflexionar.