teselación Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

El origami sin papel de Pierre Louis Geldenhuys

‘La Dualidad Visual del Origami’ es la última apuesta expositiva de la Escuela Museo del Origami de Zaragoza (EMOZ), un centro único en toda Europa con el que esta ciudad tiene la suerte de contar, y que hasta el 10 de junio ofrece esta muestra de Pierre Louis Geldenhuys. Si bien hemos resaltado el carácter particular del EMOZ, la exposición de este artista sudafricano que acoge en tres de sus salas no lo es menos. Por primera vez el protagonista de este museo no es el papel, material sin duda hegemónico en un centro dedicado al origami, sino la tela con la que el autor africano recrea esta técnica escultórica de origen japonés a través de la teselación.

Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

Origami mediante teselación realizada con seda visto de cerca. ‘Metamorfosis 3’ (2017). Pierre Louis Geldenhuys.

El propio Pierre Louis Geldenhuys nos explica este concepto: “La teselación es una técnica milenaria que se utilizaba en la arquitectura. Consiste en utilizar un patrón repetitivo de figuras geométricas, intercaladas entre sí y sin dejar espacios libres, es decir, ordenadas de forma continua. No se superponen y conforman diversas figuras que podrían continuar de manera infinita. No obstante, aunque podría pensarse que son muchos los polígonos que se pueden utilizar en la teselación, sólo el triángulo equilátero, el cuadrado y el hexágono regular son capaces de teselar el plano. Ni el pentágono regular, ni el heptágono regular, ni ningún otro polígono regular puede aspirar a rellenar completamente el plano de la forma comentada”.

Pedro Vaquerizo Sainz, comisario de ‘La Dualidad Visual del Origami’, nos aclara las líneas generales que componen el discurso de la muestra: “Esta exposición es una retrospectiva que recoge la selección más representativa de la obra retroiluminada de Pierre Louis Geldenhuys de la última década, donde muestra una dualidad visual: con luz, proporcionando al espectador un estímulo radiogáfico, diseñado para impactar el ojo humano a través de la percepción irreal; y sin luz, transmitiendo un efecto tridimensional a través de los pliegues de la tela”.

Sin duda la belleza de cada obra se potencia a través de la utilización de cajas de luz, enfatizando el cromatismo de la seda en un efecto hipnótico. “Siempre he utilizado luz led pero últimamente en combinación con fibra óptica para transmitir de manera uniforme ese efecto radiografía único en el mundo de mi obra”, comenta a Wiriko Geldenhuys. Y le preguntamos cómo surgió la idea de este espectacular efecto, que permite apreciar las tonalidades de la tela plegada en alternancia con la densidad del material: “Haciendo investigación sobre la técnica de teselación, vi fotografías publicadas de piezas expuestas frente a la luz natural y el efecto radiografía producido. Me fascinó el efecto visual y comencé a estudiar maneras de poder logar este fenómeno con sedas naturales encapsuladas en cajas de luz led o en instalaciones lumínicas”, responde.

Pierre Louis Geldenhuys es un artista que se identifica con el hombre del Renacimiento. “Siempre me ha gustado hacer un poco de todo: tocar el piano, dibujar, pintar, escultura, teatro, decoración, cocina, antropología, tecnología, etcétera. Sin embargo, fue el academicismo lo que me hizo centrarme en una sola cosa y, entre ellas, la que creo que mejor hago es el uso y manipulación de las telas junto con la tecnología lumínica”.

Si bien el desarrollo de esta revelación artística ha coincidido con su asentamiento en España, la pasión de Geldenhuys por el arte textil no es nueva: “Estudié Diseño de Moda en Sudáfrica y me dediqué a la alta costura, primero como diseñador trabajando para terceros y posteriormente para mi propia firma. De ahí viene mi pasión por los tejidos y sobre todo por las sedas naturales y tornasoladas. Mis mejores experiencias fueron durante los años en los que desarrollé mi marca, donde tuve la gran suerte de viajar a la India para seleccionar y comprar mis propias sedas”.

Éste es sin duda el material predilecto que apreciamos en sus creaciones, mas en su obra tienen cabida otros textiles como el batik, tal y como se aprecia en ‘Destellos’, una de las primeras piezas que nos da la bienvenida en ‘La Dualidad Visual del Origami’. Esta técnica trabajada en países de África Occidental, como Ghana o Mali, la aprendió en un viaje a Indonesia.

Por otra parte, su perfil como diseñador de moda y alta costura desarrollado a lo largo de toda su vida en Sudáfrica permite que podamos disfrutar de lo que Pierre Louis considera “lo más representativo y la culminación de esta exposición”. Se refiere al ‘Kimono de Ceremonia’, “una instalación de luz que me retorna a mis orígenes como diseñador de alta costura”. Y si bien esta es la pieza que destaca el autor de ‘La Dualidad Visual del Origami’, coincidimos plenamente con el comisario de esta exposición cuando dice que “es un tipo de obra única en el mundo” y “una experiencia única visual” que no deja indiferente a nadie.

Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

‘Kimono de Ceremonia’. Pierre Louis Geldenhuys, ‘La Dualidad Visual del Origami’. EMOZ

Aiethopia, imágenes y diálogos de un no-lugar

‘Aiethopia’ es una invención, un espacio imaginario que alcanza casi el paradigma de no-lugar, y es también el título de la exposición temporal inaugurada desde el mes de abril por la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso. Esta muestra, que se puede visitar hasta el próximo tres de junio en las salas del Museo de Arte Africano de Valladolid, es una suma de diferentes disciplinas artísticas contemporáneas que invitan al debate a través de una conjunción de exposiciones que abarca pintura, fotografía y audiovisuales. Las obras se encuentran repartidas por diferentes salas, creando hilos invisibles y liberando al espectador de un camino predeterminado.

Carte del documental ‘Sun Ra: A Joyful Noise’, de Robert Mugge

La exposición pictórica está protagonizada por Blanca Gracia. A través de dos pinturas y una acuarela el visitante se sumerge en un mundo que, a priori, cuesta comprender. Los colores llenan las paredes y parecen desbordar los cuadros en los que visualizamos la naturaleza exuberante, elementos tradicionales africanos e incluso la agitación política. Una historia ilógica compuesta por elementos que una vez sumados en nuestra cabeza comienzan a cobrar sentido.

Sin embargo, la muestra más crítica de esta exposición es sin duda ‘Los Mitos de Cthuluceno’, una serie fotográfica materializada en postales. Su autor, Adrien Missika, fotografió una serie de trabajos realizados con restos encontrados en la playa de Oaxaca, en México. Estas figuras representan una variedad de deidades inventadas que establecen otro punto de vista en relación a las figuras rituales africanas a través del humor. Pero ¿por qué materializar las figuras en postales? “Las fotografías, convertidas en postales, se convierten en un souvenir para turistas. Para muchos visitantes pueden no ser más que una reliquia exótica que puede recordar un viaje” responde Juan José Santos, comisario de la exposición. Es ahí donde radica la crítica más dura en referencia a la actitud de los turistas y a la reconversión de la cultura en un mero objeto de consumo y de ocio.

La última parte de la exposición es una serie de audiovisuales entre los que podemos encontrar obras como ‘Sombras de Nueva Guinea’ (Andrés Pachón, 2011), ‘O Jardim‘ (Vasco Araújo, 2005), ‘Smoke Signals‘ (Pilar Quinteros, 2016), ‘People from far away‘ (Gerald Machona, 2012), ‘Moonrising‘ (Sanford biggers y Terence Nance, 2014) y la mítica película ‘Space is the place‘, escrita y protagonizada por el músico de jazz estadounidense Sun Ra (1974). Todas ellas combinadas, aunque representan realidades distintas, construyen un discurso común de crítica al pasado colonial y a la relación actual de Occidente con “esos otros” que nosotros mismos construimos. Además, no es una mera coincidencia que una película precursora del Afrofuturismo como ‘Space is the Place‘ esté presente en esta muestra.

“El movimiento afrofuturista intenta trazar una mirada a un futuro lejano  desde el pasado a través de la ciencia ficción. Pero en esa fantasía hay un elemento crítico, vinculado a las reivindicaciones de las culturas afro y a una crítica muy evidente al pensamiento colonial”, comenta el comisario de la exposición. “Sun Ra fue capaz de unir música, cine y política de forma extraña y cautivadora, y esa película arroja una lectura que convive de una forma especial con una colección de arte africano situada en una ciudad europea”, añade.

‘Aiethopia’ es una exposición multidisciplinar donde el debate está asegurado. Este diálogo no sólo se construye entre el espectador y lo que está viendo, sino que la muestra es en sí misma un diálogo continuo entre las diferentes disciplinas que allí se presentan y que, además, generan reflexiones en relación al resto del museo. ¿Cuáles son esas reflexiones? Bueno, estamos en Aiethopia, y lo que allí ocurra, las reflexiones que generen esos diálogos, depende fundamentalmente del visitante.

El lenguaje de las telas

Viaje a través de ‘El Lenguaje de las telas’

El Museo Nacional de Antropología aloja hasta el 20 de mayo de 2018 ‘El lenguaje de las telas. Arte textil en África Occidental, Ghana, Mali y Costa de Marfil’. Con esta acertada apuesta el museo madrileño está batiendo récords de visitas, y las estadísticas no nos extrañan dada la calidad de la exposición, que se completa con un programa de actividades del que forma parte la visita guiada que se realizará hoy 10 de mayo a las 18:30. La muestra se centra en la riqueza de los tejidos, elaborados de forma ancestral en Ghana, Mali y Costa de Marfil, orígenes desde donde proceden las cinco técnicas textiles que estructuran la exhibición: kente, adinkra, korhogo, bogolan y batik. Pero ‘El lenguaje de las telas’ es también un viaje en múltiples direcciones guiado por las fotografías de Kim Manresa (Barcelona, 1960), los ejemplares representativos de las distintas telas y los diseños de moda contemporánea de Maica de la Carrera quien, junto a su hermana Laura, está al frente de la Galería de MAMAH AFRICA, responsables de esta muestra.

El lenguaje de las telas

Entrada a la exposición ‘El lenguaje de las telas’ en el Museo Nacional de Antropología.

“Esto es un espacio dedicado sobre todo a la moda y a la cultura africana, en la que hay dos partes diferenciadas, una dedicada a la moda centrada en las colecciones de Maica y otra donde hacemos exposiciones temporales. Decidimos hace unos años homenajear a países del continente africano. Empezamos con Etiopía, luego seguimos con Camerún,Mali y por último Guinea Ecuatorial”, explica Laura de la Carrera.

Además de Mali, volaron un poco más al sureste para aterrizar en Ghana. “Nos abrieron las puertas y estamos muy agradecidas. A nivel institucional la Embajada de Ghana nos ha apoyado muchísimo, y nos puso en contacto con todos los centros de tejeduría, tanto en Accra como en Kumasi”.

Fotografía de Kim Manresa expuesta en el Museo Nacional de Antropología.

Fotografía de Kim Manresa expuesta en el Museo Nacional de Antropología.

“Cuando estábamos en Mali trabajaba Maica a través de sus diseños, escogiendo las telas que íbamos a exponer, Kim con la fotografía y yo como historiadora realmente, ya que me he ocupado más del tema de textos, documentación, recogiendo todos los testimonios y la investigación de campo”, señala Laura.

Las capturas del fotoperiodista ilustran cada uno de los procesos de elaboración textil artesanal que se viene realizando hasta la actualidad. En esta ocasión el reportaje fotográfico se ha impreso sobre tela, aportando un particular acabado totalmente apropiado con el carácter de la exposición. No busca un encuadre perfecto, ni atiende a la técnica utilizada, Kim se centra en las historias que quiere contar obteniendo magníficos resultados como los que plasma en ‘El lenguaje de las telas’.

El diseño de la exposición nos encamina de forma clara y atractiva a cada una de las cinco muestras textiles. Uno de los elementos comunes a todos ellos, además de su singular belleza, es el contenido simbólico que recogen. El enriquecimiento de las artes visuales con las verbales conforma un tándem habitual en el panorama general de las artes africanas. De este modo se genera un sistema de comunicación multisensorial, donde pueden interpretarse distintos mensajes a partir de una representación metafórica.

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Primera parada: Ghana

Si comenzamos por las telas kente, viajamos a las ciudades rivales de Adanwomase y Bonwire, cercanas a Kumasi. La historia de Ghana se puede leer en sus creaciones, restringidas a la realeza ashanti y jefaturas locales. El término deriva de kenten, que significa cesta, bien como referencia a la tela de rafia con la que se hicieron los primeros tejidos, bien por la similitud a los patrones de una cesta. Una tela kente se valora por su efecto visual, valor simbólico y complejidad técnica. La distribución de los colores no se realiza arbitrariamente, sino que se alternan con un simbolismo concreto. Existen infinidad de proverbios y leyendas, como por ejemplo el diseño conocido como nkyinkyim o zig-zag, que alude al camino sinuoso y versátil de la vida, un desafío diario constante lleno de luces y sombras.

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No nos alejamos mucho de los centros de elaboración de las telas kente para llegar a los famosos tejidos adinkra. Se originan en la antigua capital de Kumasi y en Ntonso, una pequeña localidad al noreste de ésta. La leyenda sobre su origen atribuye el término al nombre de Nana Adinkra, soberano del antiguo reino de los gyaman ubicado en Costa de Marfil, que en el XIX fue capturado y asesinado por los ashanti a raíz de una batalla. Estas telas tradicionalmente oscuras eran señal de luto, mas hoy en día también han adoptado colores más claros para ser utilizadas en ceremonias de carácter festivo.

El tejido es estampado con tampones de calabaza tallados, aunque en la actualidad también se usa la madera o el metal. El tinte procede de la corteza del árbol badie junto con raíces del árbol kuntunkuni, si bien hoy en día también se sustituye este complejo tinte por acrílico. Los motivos ornamentales traducen en sus formas un significado concreto, y funcionan como medio de transmisión del saber ashanti.

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Segunda parada: Costa de Marfil

En el caso de los tejidos korhogo hay que hacer un salto temporal y espacial mayor. Son elaboradas por los senufo de Costa de Marfil, si bien habitan también en Mali, Burkina Faso y Ghana. El término procede de la ciudad donde se hallan los principales talleres y, a diferencia de otras técnicas textiles de orígenes ancestrales, la producción de estas se origina en torno a 1960. Cuentan con la técnica filafani como antecedente, que significa tela pintada, y se decoran en toda su superficie creando tapices narrativos donde se plasma la cosmovisión de los senufo. Utilizan el tejido como lienzo donde representar animales a modo de intermediarios con el mundo natural, vegetales y personajes enmascarados, esenciales en ritos como la ceremonia de iniciación de la sociedad masculina Poro.

En este apartado se muestra una selección de las colecciones conservadas en los almacenes del museo, entre las que encontramos, además de tejidos korhogo, obras como las “cabeza de Poro” o puertas talladas con la misma decoración que los textiles. Como nos explica Laura de la Carrera, en el apartado Korhogo se han conjugado las piezas senufo con un particular reportaje fotográfico realizado con mucho cariño: “Le hemos querido dar protagonismo a través de la fotografía de Kim. Hay una serie de fotografías en blanco y negro que hizo Kim hace cuarenta años en la ciudad de Korhogo. Una ciudad que por cierto después de la Guerra civil ya no existe, está desolada. Entonces son fotografías que tienen ese valor documental, que son muy interesantes, en las que se muestra cómo están pintando esas telas. Además son fotos del primer país que visitó Kim”.

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Tercera parada: Mali

En cuanto a las telas bogolan, debemos dirigirnos hacia el norte siguiendo el curso del Níger hasta la capital maliense, Bamako, y hacia Segú. Laura y Maica de la Carrera llegaron entusiasmadas: “Mali la verdad es que es un país que a nivel textil conocíamos. No habíamos estado físicamente nunca pero había sido una referencia para nosotras, sobre todo para mi hermana”. Esta técnica ha sido trabajada por los pueblos minyanka, dogón y especialmente bambara. Constituye todo un símbolo identitario en Mali e incluso en toda África, llegando a expandirse fuera del continente por Europa y América a través del comercio y la moda. El término significa hecho de arcilla, puesto que este es el material primordial que se usa junto con el algodón para su elaborada producción.

A diferencia de las kente, las bogolan son trabajadas por las mujeres. No en vano nos revelaba Laura que “la mujer maliense es la que más maestría tiene en todo el continente”. El hilado se realiza retorciendo fibras cortas hasta unirlas en una hebra continua con la ayuda de un huso. En cambio, el tejido es una tarea que con infinito respeto llevan a cabo los hombres mediante telares horizontales de doble lizo. Las bandas de algodón se introducen durante horas en las tinajas con agua hirviendo y basilan o plantas que curan, dotando de sus propiedades sanadoras a las telas. Una vez se sacan del barreño que corresponde a cada color se dejan secar al sol, para repetir el proceso de inmersión  y obtener la intensidad deseada. Cuando está teñida se fija la decoración simbólica con distintos instrumentos, utilizando patrones o a mano alzada. A finales de la década de 1970 el grupo Bololan Kasobane comenzó a reimpulsar esta técnica tradicional en desuso para transmitir sus mensajes a las nuevas generaciones.

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Por último, llegamos la sección dedicada a los tejidos batik y otras técnicas que podemos encontrar en Mali y Ghana, si bien hay ciertas diferencias entre las telas realizadas en cada capital, Bamako o Accra. Como ya advertimos, en esta exposición no hay compartimentos estancos, sino un mar de influencias que abren el abanico de posibilidades creativas. En este caso encontramos sus orígenes en Asia. Concretamente llegaron de Indonesia las primeras telas, traídas por soldados ghaneses en el siglo XIX.

Se trabaja con la técnica tradicional usada en las telas bogolan, protegiendo con cera las zonas reservadas mientras se realizaban los baños de tintura. Las líneas que deja el resquebrajado de la cera una vez se ha endurecido aportan el efecto visual tan característico de estos textiles plenos de colorido. Y no hemos acabado con las transferencias en esta técnica. El tipo de algodón más utilizado para su elaboración se denomina bazin riche, importado de Europa y actualmente también de China. A este material se debe su característico efecto adamascado usado en Mali, mientras que a la técnica de estampación attache o técnica de atar, la coloración irregular de la tela.

El proceso completo de elaboración del batik es sumamente laborioso. Para el estampado decorativo de los tejidos en Ghana se usan bloques de gomaespuma tallados además de tampones de madera tallada, que se sumergen en cera caliente para ser estampados. Cuando la tela se ha tintado y secado hay que eliminar la cera mediante baños de agua hirviendo con jabón.

Por otra parte cabe destacar las distintas colaboraciones en la exposición, que han aportado un valor contemporáneo a la misma. Así, las golondrinas de la intervención de Carmen Varela migran desde África vestidas con tejidos kente, hasta las ropas de Maica de la Carrera que podemos disfrutar a lo largo de toda la muestra. El mestizaje que ofrecen las creaciones de la galerista de MAMAH AFRICA son fruto de las transferencias entre ambos continentes. La diseñadora se nutre de la tradición textil africana para elaborar los diseños de moda contemporánea desde hace veinte años. Su hermana Laura nos explica su labor: “respetar este tejido con unos diseños muy básicos y clásicos dando protagonismo a la tela, pero también haciéndolo ponible y visible aquí en Europa”. En definitiva, una exposición donde se aprecia el cariño y el esfuerzo invertidos además de ser una oportunidad única para apreciar la belleza encriptada en el arte textil de África Occidental.

Grupo Bogolán Kasobane: “Es para nosotros un orgullo poner en valor nuestra tradición de una manera revolucionaria”

Bogolán proviene de la palabra bogolanfini, que en bambara hace referencia al resultado del barro sobre la tela. Una técnica vernácula ancestral transmitida por las mujeres malienses que, guardianas de la tradición, han pasado de generación en generación estos conocimientos durante siglos. Ahora llega a Madrid desde Mali de la mano del Groupe Bogolan Kasobane, quienes presentan la exposición ‘Grupo Bogolán Kasobane: el arte del barro en Mali’ que se inaugura este viernes cuatro de mayo en el Centro Cultural Casa de Vacas, en Madrid.Dedicada a las madres del bogolanfini y en memoria de Kandioura Coulibaly, fallecido en 2015 y quien fuera líder de este colectivo de artistas pioneros en el uso de la técnica del bogolán en el arte contemporáneo, esta muestra gratuita y abierta hasta el tres de junio, conjugará el bogolanfini ancestral con obras de otros artistas influidos por el grupo, como Annick Turner, Senou Fofana, Ladji Barry o Janet Goldner. Además la exhibición incluirá varias actividades paralelas, como visitas guiadas, conferencias y talleres, lo que constituye en su conjunto una magnífica oportunidad para conocer y entender qué es el bogolán desde sus orígenes hasta hoy. Como adelanto y siguiendo su filosofía de creación colectiva, los miembros del Grupo Bogolán Kasobane  contestan juntos las preguntas de Wiriko, acompañados por la artista y coordinadora de la exposición Irene López de Castro.

“Pez Ashanti”, Groupe Bogolan Kasobane

R.O: ¿Cómo nace el Grupo Bogolán Kasobane, cuál es su historia?

G.B.K: El Grupo Bogolán Kasobane nació en Bamako en 1978. Éramos un grupo de seis jóvenes artistas, recién licenciados en Bellas Artes por el Instituto Nacional de Arte (INA) de Bamako, que compartíamos los mismos ideales y decidimos unirnos y trabajar juntos. El Grupo Bogolan Kasobane lo fundamos Kletigui Dembelé, Boubacar Doumbia, Baba Keita, Nené Thiam, Souleymane Goro y Kandioura Coulibaly. Este último fue presidente hasta su fallecimiento en 2015 y ahora Nené Thiam, la única mujer del grupo, es la nueva presidentaHemos expuesto nuestra obra y dado conferencias en los cinco continentes del mundo y hemos recibido varios premios. También hemos participado en la creación de vestuario para teatro y cine y en la formación de artistas. Nuestro objetivo es innovar y promover la técnica de bogolán en Mali y en el mundo.

“La Fissure dans le Mure” Groupe Bogolán Kasobané

R.O: ¿Por qué elegisteis precisamente la técnica del bogolán como medio de expresión?

G.B.K: En el INA estudiábamos técnicas occidentales pero elegimos el bogolán, la técnica de pintura tradicional de Mali, porque la calidad de las pinturas occidentales era baja y costosa. Quisimos liberarnos de esas dificultades y reivindicar además nuestra propia cultura. ¿Por qué razón pintar con técnicas extranjeras, cuando teníamos aquí el bogolán heredado de nuestros ancestros, una forma de comunicación social con el que perfectamente podíamos dar rienda suelta a nuestra creatividad? De hecho, la palabra kasobane significa en bambara el fin de la prisión. Además conocíamos la alquimia del barro, que tiene que ver con nuestra propia cultura en torno a la tierra madre. Nos sentíamos identificados y cómodos, al tener todos los materiales a mano, las telas, las plantas, la tierras, las plumas de ave…. Algo además que era completamente nuevo en el arte contemporáneo. Fuimos los pioneros.

R.O: ¿Ha sido difícil superar el peso de una tradición tan arraigada para crear arte contemporáneo?

G.B.K: El sentimiento fue de liberación. Nadie nos imponía una técnica ni un modo de expresarnos, tampoco seguimos las composiciones tradicionales. Las obras del Grupo Bogolán Kasobane son independientes y completamente originales, aunque sí reflejan elementos de nuestra cultura, precisamente para seguir transmitiendo esa herencia pero siempre innovando hacia el futuro. Es para nosotros un orgullo poner en valor nuestra tradición de una manera revolucionaria.

Groupe Bogolan Kasobane (Foto: Jane Goldner)

R.O: ¿Qué hay de común y qué de diferente?

G.B.K: La técnica básica es la misma, pero hemos investigado e innovado con nuevos tipos de plantas y colores. También cambia el tipo de expresión, aunque sí decidimos utilizar algunos símbolos que tienen un significado y están incluidos en nuestras composiciones. Símbolos que además han pasado a la artesanía de bogolán moderna, la cual también hemos promovido ampliamente en todo Mali, especialmente en Bamako y Segou, en el Taller NDomo.

R.O: Es sorprendente que Grupo Bogolán Kasobane firme sus obras como grupo y no de forma individual ¿Por qué lo hacen de esta manera?

“LÓrigin de le Terre” Groupe Bogolan Kasobane

G.B.K: La cultura maliense no conoce el individualismo y el sentimiento de unión entre las personas es muy fuerte. El arte muchas veces no se firma, ese es un concepto que llegó con la colonización. Para nosotros firmar en grupo era dejar aparte el propio ego y entregar nuestra energía en nombre del bien común y de los más altos ideales, la Cultura como un vehículo para la paz y la cohesión social. En Mali decimos que no se puede coger una piedra con un solo Rdedo.

R.O: En 2015 falleció Kandioura Coulibaly, fundador y presidente del Grupo Bogolán Kasobané. ¿Cómo ha afectado esta pérdida al proyecto? ¿Cuál es su proyección a futuro?

G.B.K: El fallecimiento de Kandioura Coulibaly ha sido algo que ha conmovido mucho a la sociedad maliense, puesto que era una persona muy conocida por su carisma, su promoción del bogolán, su trabajo en el vestuario para cine y su amor por el coleccionismo. Sin embargo, el Grupo Bogolán Kasobane no dependía de un sólo miembro. Somos una familia y los ideales del grupo siguen más vivos que nunca, como esta exposición demuestra. Nosotros no creemos en la muerte espiritual y sentimos que nos acompaña desde otro plano. Grupo Bogolán Kasobane es además una escuela, así que debe continuar por el arte. Nuestros hijos que también han estudiado artes continuarán con el proyecto.

R.O: Tras varios años de conflicto en Mali, ¿cómo ha afectado ésto a la creación artística contemporánea?

G.B.K: En Mali los artistas y los artesanos estamos pasándolo mal a causa de una guerra que nos parece ajena, son bandidos extranjeros los que vienen y cometen atentados. Como parte de la sociedad nos afecta y afecta a la creación artística contemporánea. No es una buena situación, pero hay mucha creatividad, por no decir muchísima. Los estudiantes de Bellas Artes y arte multimedia son muy numerosos, así como los jóvenes que han elegido el bogolán como técnica. En la crisis también florece la creatividad. En algunos casos, con más fuerza. Pudimos comprobarlo hace poco cuando reunimos a 24 artistas contemporáneos para un taller de creatividad en Mopti, en el centro de Mali. El tema era la unión nacional por la paz en nuestro querido Mali y las obras producidas se expusieron en el Museo Nacional de Bamako.

“Progress II” Groupe Bogolan Kasobane

R.O: Irene, ¿Qué vamos a encontrar en la exposición, por qué ir a verla?

I.L: Es una exposición única, muy difícil de repetir, con piezas venidas de Mali, Polonia y EE.UU. Hay obras de gran tamaño enteramente pintadas con bogolán. Yo diría que refleja toda una cultura, a través del Grupo Bogolán Kasobane, que son los maestros de la juventud actual de Mali, los que además investigaron en la simbología ancestral, a través de personas cercanas al grupo, que pasaron años en el país y  pudiendo realizar los estudios de los símbolos y del lenguaje de las telas. Símbolos que actúan como un vocabulario y que hoy solamente se utilizan en la artesanía como motivos aislados. La mayoría de los españoles no conocen el bogolán ni saben cómo se hace. En esta exposición lo sabrán.

“La Carta de Kurugan Fuga” Groupe Bogolán Kasobane

Canarias y Cabo Verde unidos por ‘Un cuadro muy guapo y un plátano’

*Por Alicia Justo

A veces la imposibilidad de acercarse al contexto social de un artista impide conocer y entender de lleno su obra. Y en ocasiones el contacto con artistas de un determinado lugar anima a intentar descubrir sobre el terreno todo ese marco circunstancial que influye en sus creaciones. Es el caso del caboverdiano Yuran Henrique y la canaria Saskia Rodríguez, quienes han pasado el mes de febrero dentro del programa ‘Artistas en residencia’ del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Las Palmas de Gran Canaria, donde ahora exponen el resultado de su encuentro artístico hasta el 27 de mayo.

Presentación de las exposiciones de los artistas Yuran Henrique y Saskia Rodríguez, que se pueden visitar en el CAAM del 01.03 al 27.05.2018. Fotos CAAM / Sabrina Ceballos.

Tras esta experiencia, Rodríguez tiene el firme propósito de viajar a Cabo Verde para conocer y entender la obra del artista, ya que según sus palabras, “si no ves el contexto donde se desarrolla, solo podrás entender la mitad de lo que se te habla”. La residencia permitió a ambos creadores “aunar ambos lenguajes y generar un diálogo real entre los dos”, como narra Rodríguez, quien además, reconoce que aunque el trabajo de cada uno les parecía diferente, terminaron encontrando más puntos en común de lo que habían imaginado. Esta complicidad artística fue fruto de compartir un mismo espacio de trabajo durante un mes, lo que, además, les permitió conocer mejor sus diferentes formas de entender la práctica artística.

La realidad es que cada artista tiene un background de influencias estéticas según su lugar de origen y relaciones personales, además de diferentes factores económicos, que terminan plasmando de una manera u otra sobre sus proyectos. Aunque en este caso, ambos artistas comparten el condicionante de haber nacido y residido en una isla y entender la doble dimensión que ello conlleva: una parte abierta a diferentes culturas y otra, recelosa de su intimidad y costumbres.

Este vínculo isleño lo dejaron plasmado en el título con el que bautizaron su obra conjunta, un díptico llamado ‘Un cuadro muy guapo y un plátano, con el que los dos artistas han querido “ridiculizar el elitismo y dar prioridad a la esencia de las cosas”, especifica Rodríguez. Esta oposición a la superficialidad y sus aristas es, además, el hilo conductor de la obra de la artista canaria que recibe el nombre de ‘Inestabilidad textual. Un proceso de ocultación’, donde Rodríguez ha centrado su creación en las ideas de edición y fake, conceptos que usa para “plantear cuestiones sobre cómo se construye la credibilidad o cómo se generan los valores de verdad en la sociedad”, detalla.

Una pila de periódicos casi en medio de la sala dedicada a su exposición, con paredes blancas que obligan a centrar la mirada y atención en esta pieza, busca denunciar la ausencia de mensaje a  través de la autocensura o la desaparición de una imagen o un texto. Para completar su crítica presenta una serie de falsos carteles y manuscritos con letra ininteligible y borrones, textos incompresibles que confunden al espectador y que le impiden llegar a la supuesta verdad, tal y como ocurre en nuestra cotidianidad debido a la sobreinformación a la que estamos expuestos.

Fotos CAAM / Sabrina Ceballos.

En el lado inverso al espacio reservado a la creadora canaria, las obras de Yuran Henrique (Cabo Verde, 1993) dan la nota de color a la segunda planta del CAAM, que está dedicada a las obras de los dos artistas residentes. Encontramos restos de materiales reciclados y brochazos que reflejan el colorido de las escenas que quiere representar. Su exposición titulada ‘Calendarios’ se centra en el concepto del tiempo, el cual empuja al ser humano a viajar a un mundo que se transforma y que lo anima a seguir viviendo a través de la adaptación al medio cambiante. Intenta expresar los deseos inconscientes de nuestra naturaleza, las intuiciones primitivas o las experiencias de lo cotidiano. Sus composiciones encuentran la armonía dentro del caos, un aspecto que Henrique ha querido ligar a los estados del espíritu que evolucionan en la búsqueda de lo más profundo.

El artista caboverdiano centra parte de su obra creada en Cabo Verde en la descripción de escenas de su vida y experiencias de la realidad en ciudades y barrios de su país con lo que pretende romper los estereotipos ligados a África y al archipiélago caboverdiano y cuestionar la identidad y la estética de este universo.

La fotografía como espejo: El caso de Burgos y Camerún

La fundación African Photography Initiatives estrena en España una novedosa muestra fotográfica que trata de acercar dos puntos tan distantes que, a priori, nada pueden tener en común. En ‘Lugares Comunes – Burgos / Buea. Sobre la normalización de las convenciones fotográficas, la fotografía tiene la capacidad de unir a Burgos, en España, y a la ciudad de Buea, en el oeste de Camerún. Una exhibición en la que las imágenes de aquí y allí inundan la sala mezclándose y alterando la percepción del espectador, ante quien poco a poco se van descubriendo similitudes. Una exposición, presente en la Sala de Exposiciones del Teatro Principal de Burgos hasta el 18 de marzo, que nos lleva por un doble viaje que dura desde la década de 1950 hasta la década de 1980 y en el que nos podemos acercar a lo más cotidiano de estas dos ciudades.

Sus protagonistas: todas las personas que fueron retratadas. Jürg Schneider, cofundador de African Photography Initiatives, lo tiene muy claro: “La fotografía se presenta como un lugar común donde se encuentran los individuos. Las personas se representan a través de las imágenes, crean recuerdos y los comparten, manteniendo una unión con las futuras generaciones. Y esto ocurre en cualquier lugar del mundo, tanto en Burgos como en Buea”. Una de las principales tareas de la fundación es la de acercar la fotografía al público y a diferentes colectivos para hacerla lo más accesible posible. “Estos dos lugares están unidos en el tiempo y por el hilo de la fotografía, que aunque ya se conocía, cada vez sea hace más accesible”, comenta Rosario Mazuela, comisaria de la exposición y cofundadora de la fundación.

Precisamente, para facilitar su acceso, llevan desde 2008 digitalizando y protegiendo diferentes archivos fotográficos. En este caso, todo el material ha salido de dos archivos: el Archivo Municipal de Burgos, de una colección específica en la que las familias burgalesas donan fotos suyas y el archivo las protege; y el otro es el Archivo Fotográfico de Prensa de Camerún, en el que la fundación ha trabajado durante tres años, digitalizando un total de 40.000 imágenes, 28.000 negativos y 14.000 planchas de contactos.

El objetivo de la exposición no es otro que replantear cómo percibimos y vemos África. En general los mass media la han representado como el continente de las catástrofes, de las injusticias, de las dictaduras… una realidad que existe, pero esta exposición busca rescatar el Camerún de la vida cotidiana. Estas imágenes muestran a gente normal en una vida normal, exactamente igual que en España. También se busca poner en valor el material histórico, preservar los materiales como un regalo para las generaciones futuras.

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No obstante esta no es la primera muestra organizada por African Photography Initiatives, sino que ha tenido ya sus antecesoras en otras ciudades como Basilea, Zurich, Yaundé, Duala, Buea o Limbé. Sin embargo “cada exposición es diferente, dependiendo del espacio, el contexto y la oportunidad que se presentaba creímos conveniente actualizar el formato”, aclara Rosario. “En Yaundé hicimos una exposición específica de la década de 1960 y en Buea, por ejemplo, realizamos un proyecto en el que los artistas exponían en la ciudad intervenciones artísticas a través de la fotografía”. Al preguntarles por la reacción de los espectadores, Rosario y Jürg no tienen dudas: “Las reacciones son iguales aquí y allí, a todos nos gusta reconocernos en la fotografía”, afirman.

El resultado ha sido una exposición que demuestra, una vez más, que las diferencias están en nuestras miradas. “Te hace pensar sobre esas barreras mentales que nos separan pero que en realidad no existen”, dice María Franco, una joven abogada de Burgos y añade: “Estas imágenes pueden acercar a todas las generaciones para comprobar los enormes paralelismos entre estas dos sociedades”. La exposición no sería así un fin, sino un medio por el cual las imágenes impactan en el imaginario del espectador, rompiendo esquemas y haciendo reflexionar.

ARTE AFRICANO CULTURA AFRICA

Vista previa y femenina de la primera edición de la 1:54 Marrakech

Han hecho falta cinco años, pero la Feria de Arte Africano Contemporáneo 1:54 pisa por primera vez el continente este fin de semana. Tras cinco ediciones en Londres y tres en Nueva York, esta plataforma de las artes visuales de África y su diáspora se celebra en Marrakech y cumple así el propósito manifestado desde sus inicios por la fundadora de esta feria Touria El Glaoui, de contar con una edición en suelo africano de esta gran muestra de su riqueza artística. Ante la materialización de este anhelo, Wiriko se adentra en lo que será el primer 1:54 Marrakech de la mano de tres de sus participantes: Joana Choumali, Yesmine Ben Khelil y Ghizlane Sahli.

ARTE AFRICANO CULTURA AFRICA

La primera es una reconocida fotógrafa, la segunda centra su trabajo en la escultura y las instalaciones, y la expresión artística de la tercera se desarrolla entre la pintura y el collage. Costa de Marfil, Marruecos y Túnez. África occidental y Norte de África. País de mayoría cristiana, el primero; y de mayoría islámica los siguientes. Las tres artistas son mujeres y todas ellas viven y trabajan en sus países de origen. Tres nombres que configuran una pequeña muestra de los cincuenta y dos artistas que se dan cita del 23 al 25 de febrero en la Feria 1:54 de la denominada Ciudad Roja, pero que bien representan la enorme diversidad de perspectivas que alberga la etiqueta africana que acompaña a las creaciones artísticas procedentes del continente.

¿Qué crees que supone que la 1:54 vaya a celebrarse en Marrakech?

Joana Choumali: La Feria 1:54 celebra y promueve el arte contemporáneo africano en el mundo entero. El hecho que esto ocurra en Marrakech, en el continente africano, es algo fuertemente simbólico. Significa traer el mundo contemporáneo del arte “a la fuente”. Esto me regocija. Por otro lado, las artes visuales juegan un papel principal en la sociedad, pueden hacer preguntas y revelar cuestiones sociales, también pueden crear diálogos entre comunidades. Las artes visuales tienen el poder de cambiar mentalidades.

Ghizlane Sahli: Ser parte de la Feria de Arte Africano Contemporáneo es una verdadera confrontación para mí. No me gusta sentirme limitada a un grupo de gente que considera solamente una parte de lo que ellos son. Yo me veo como un ser humano y una ciudadana del mundo. Aun así, nací en Marruecos pero soy mitad española y tengo una gran conexión espiritual con Asia. Sin embargo, nunca me he sentido africana. La feria 1:54 me ha hecho pensar profundamente en mi parte africana, lo que es realmente interesante porque he comprendido que pertenezco a este continente y estoy muy emocionada, esto es algo nuevo para mí.

Yesmine Ben Khelil: Pienso que la descentralización que esta edición va a suponer es algo importante y repercutirá en la idea de una creación contemporánea africana más anclada en la realidad del continente.

¿Qué relación hay entre tu país y tus obras?

J.C.: Mi obra está estrechamente unida a mi país porque es donde he estado casi toda mi vida. Yo estoy muy conectada a Abiyán, mi ciudad. Mi país está presente en casi todas mis piezas.

G.S.: Tengo la gran suerte de haber nacido en un país con una tradición artística magnífica. Por lo general los artesanos son grandes especialistas, aunque es difícil lograr que trabajen en algo un poco diferente a lo que están acostumbrados. He desarrollado una relación muy buena con algunos de ellos y me gusta que trabajemos juntos porque somos muy complementarios. Trato de usar su experiencia milenaria para dar forma a mis ideas, que son muy contemporáneas.

Y.B.K.: De manera general, el contexto en el cual trabajo es muy importante. En cierto modo, mezclo mi entorno inmediato con la ficción, con acontecimientos o imágenes que pueden parecer lejanos pero en los que yo encuentro una resonancia con mi día a día. Sacar de la historia contemporánea o antigua de mi país también me permite evocar sujetos más universales. Así la omnipresencia de Túnez va y viene constantemente en mi trabajo, que se mueve entre el próximo y lo lejano.

¿Qué te lleva a crear una pieza artística?

J.C.: Encuentro la inspiración en todas partes. En las noticias, en las redes sociales, en los viajes, en mi propia vida… En realidad, la inspiración se encuentra en todas partes, sin advertencia. Soy una observadora fascinada por la morfología de las sociedades, especialmente de la mía. Observo las interacciones entre comunidades, culturas, continentes… Mi primera motivación es estudiarlas y conocerlas. En el caso de ‘Haabre, la última generación’ fotografío a personas con escarificaciones, una práctica que simplemente no puede ser juzgada sin conocer su contexto cultural. Cualquier cultura tiene su propia riqueza y los africanos no deberían pedir perdón por no entrar en lo que el mundo espera que ellos sean. Para cambiar la narrativa sobre el continente, los africanos están contando sus propias historias.

G.S.: Ahora mismo estoy fascinada con la universalidad de la basura. Trabajar con este material me hace tener en mente la idea de una mano grande que toma el cuerpo humano y lo sacude para limpiarlo de toda “la contaminación” recibida por la religión, la educación, la cultura, el género… hasta que sólo queda la parte interior y salvaje que contiene el cuerpo. Así es como yo concibo mi trabajo. Transformar un material como es la basura que, se supone, es la peor parte de humanidad, y darle una segunda vida como pieza artística, llena de emociones, es un verdadero desafío para mí. Mientras trabajo con la basura siempre pienso en su vida anterior y su energía. Mi trabajo es muy orgánico, crece con las células. Ocurre así tanto cuando trabajo con basura como cuando utilizo seda.

Y.B.K: Principalmente me inspiro en Internet y, si no, en el cine de género, o también en objetos o materiales encontrados por casualidad que me invitan a crear. Lo que me interesa es jugar con cierta ambigüedad en la imagen. A menudo hay un doble discurso en mis trabajos y parto del principio que el espectador no va a fijarse en ello en su primera impresión sino en el sentido más evidente, pero siempre espero que al final vaya más lejos para comprender todas las dimensiones de la obra. Trato de materializar la superposición de los tiempos y de las imágenes a través de las cuales percibimos un objeto. De hecho el “montaje temporal” que realizo es un modo de interrogar la representación. ¿Es posible mostrar la realidad? ¿Cómo dar forma a esta impresión de que nada es fijo y de que los tiempos anteriores continúan frecuentemente en nuestro presente?

¿Encuentras alguna dificultad para que tu trabajo sea reconocido por ser mujer?

J.C.: Sí, eso pienso. Sin duda hay una escasa representación de mujeres artistas en el mundo de arte. Seguiremos haciendo declaraciones mediante la producción de nuestro arte y abogando por la igualdad sexual.

Y.B.K.: Jamás he sentido ninguna dificultad por ello, en cambio sé que muy a menudo, en menor o mayor medida, se espera de una artista mujer nacida en un país musulmán que siempre trate las mismas problemáticas en torno a la identidad femenina en el seno de las sociedades musulmanas. Aspectos tales como el velo, la virginidad o la vida doméstica, por ejemplo. No nos debemos plegar a esta imagen preconcebida sino proponer una visión más compleja de la realidad.

¿Qué arte no desarrolla William Kentridge?

El dibujo, el cine, la ópera, el teatro, la escenografía, la instalación, el videoarte, el collage, el dibujo, el grabado o la escultura. William Kentridge, es uno de esos artistas multidisciplinares con todas las letras y en mayúsculas. Llega a Madrid de la mano del Museo Nacional Centro Reina Sofía, que aloja hasta el 19 de marzo ‘Basta y sobra’, la primera exposición mundial que ofrece una retrospectiva centrada en su vertiente escénica. Sin embargo, ello no impide que podamos disfrutar de sus dibujos o esculturas, puesto que a través del teatro y la ópera también conocemos su producción plástica.

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Esta podría ser entendida como su otra faceta creativa, mas el artista no concibe su creación a través de disciplinas independientes, sino en un sentido más global, entendiendo todo ello como gestos del cuerpo. Se trata de una completísima muestra comisariada por Manuel Borja-Villel y Soledad Liaño, que se articula a través de las seis piezas seleccionadas. A lo largo de la misma se compagina la exhibición de fascinantes escenografías creadas por Kentridge con proyecciones de obras de teatro y óperas, además de fragmentos fílmicos de importancia en su producción escénica.

William Kentridge (Johannesburgo, 1955) se licenció por la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo en Políticas y Estudios Africanos. A continuación se trasladó sucesivamente a París y Sudáfrica, dedicándose al teatro, mimo, cine y arte gráfico. A raíz de su trabajo plástico alcanza en la década de 1990 renombre internacional, si bien trabaja simultáneamente distintos soportes creativos. En su obra utiliza medios y referentes anacrónicos, alejándose drásticamente del factor de innovación en dispositivos tecnológicos que caracteriza gran parte del arte contemporáneo.

Una parte importante de sus montajes escénicos remiten a clásicos de la literatura europea como las importantísimas obras teatrales Woyzeck en el Alto Veld (1992) o ¡Fausto en África! (1995), donde utiliza la descontextualización trasladando la acción al continente africano. Para Kentridge figuras como Alfred Jarry, Karl Georg Buchner o Max Beckmann son referentes fundamentales. A modo de catalizadores le ayudan a abordar cuestiones como el apartheid, que en una obra resultaría complejo de tratar de forma inmediata. Como observó Rosalind Krauss (2000): “No puedes enfrentarte directamente a la roca; la roca siempre gana”.

Las obras de William Kentridge tienen un carácter procesual que pone el acento en el transcurso creativo en lugar de en el resultado. No en vano, él mismo protagoniza conferencias-performances como ‘Yo no soy yo, el caballo no es mío’ (2008), donde se establece un diálogo entre el cuento de ‘La nariz’ (1836), de Nikolái Gógol; ‘Tristram Shandy’ (1761), de Stern; y ‘El Quijote’ (1615), de Cervantes. En la obra distinguimos elementos característicos de su producción escénica, tales como la presencia de lo absurdo o el protagonismo de un único personaje, que como ocurre en otras ocasiones, es encarnado por él mismo y con el cual interactúan uno o varios dobles de su persona que se suman durante la obra.

Sus piezas están construidas mediante la acumulación, yuxtaponiendo significados, generando pequeñas historias que se relacionan entre sí de forma incierta o contradictoria o ambigua. He ahí donde recae el aspecto político de su obra, desarticulando un discurso lineal dominante. En este caso establece una crítica a las jerarquías sociales y la tiranía mediante el protagonista del cuento, el asesor colegiado Kovaliov, cuya nariz se atreve a desprenderse de su rostro sin previo aviso para convertirse en nada menos que consejero de Estado. La famosa conferencia-performance no puede entenderse de forma aislada sino en relación con obras como la escultura ‘La nariz’ (2009), puesto que forma parte de una amplia producción cuyo punto de partida es el cuento satírico de Gógol, discurriendo en paralelo las disciplinas artísticas que trabaja el recientemente nombrado Premio Princesa de Asturias de las Artes.

En cuanto a sus piezas operísticas cabría citar ‘El retorno de Ulises’ (1996-1998), correspondiente a sus proyectos posteriores. Cabe destacar la valiente selección de este género, considerado una “obra total” de la razón altamente rechazada por las vanguardias históricas. En este caso, partiendo de la famosa ópera de Claudio Monteverdi, recrea un bellísimo teatro anatómico barroco como escenario para las siete increíbles marionetas a las que una vez más la Handspring Puppet Company da vida, acompañados de músicos, cantantes y proyecciones. Nuevamente el protagonista se traslada a África, donde ha emprendido un largo viaje individual hacia la recuperación de su salud. La llegada a la particular Ítaca de este superviviente será mucho más compleja e introspectiva, alejándose de los fastos del poema de Homero. Del mismo modo, la acción perderá presencia en favor de la emoción creada a través de la voz. En definitiva, una enorme exposición donde merece la pena acudir con tiempo y la mente abierta para conocer un artista absolutamente genuino, con una increíble producción que no puede dejar indiferente.

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Afrotopía: ahora son las cámaras las que disparan en Malí

“África no tiene que alcanzar a nadie. Ya no debe correr por los senderos que se le indican, sino caminar con paso firme por el camino que ha elegido”. Con estas palabras extraídas de la contraportada de su ensayo ‘Afrotopía (Philippe Rey, 2016) el economista senegalés Felwine Sarr da la vuelta a los rancios conceptos que hasta ahora definían el desarrollo, planteando un nuevo encuadre y el necesario abandono de la competencia, que califica de “infantil” en aquellas naciones que “buscan ver quién ha acumulado la mayor riqueza, esta carrera frenética e irresponsable que pone en peligro las condiciones sociales y naturales de la vida.

Fotografía de F.K.Massassy presentada en la 11ª edición de Rencontres de Bamako

Este mensaje resulta especialmente inspirador en Malí, donde parece difícil curar la herida infectada que se abrió en 2012 con la rebelión tuareg y la ocupación yihadista del norte del país que ni la posterior intervención francesa, ni la Minusma, ni los acuerdos de Argel han conseguido cerrar. Esta situación de violencia incrustada unida a la corrupción, el paro y la falta de servicios sociales básicos, como la educación y la sanidad, hace que a una nueva generación de jóvenes malienses les brillen los ojos con este nuevo concepto.

Uno de ellos es el polifacético Fototala King Massassy, fotógrafo, actor de teatro y televisión y uno de los hermanos mayores del hip-hop de Malí, quien opina que  la “Afrotopía es el motor de África. Aunque los medios de comunicación internacionales no inviertan ni el esfuerzo ni el tiempo necesarios para mostrárselo al mundo entero. Aquí en África este motor “informal” se dirige hacia el progreso a la velocidad de la luz, mientras que las administraciones públicas esperan que sus guías intelectuales les den órdenes o un dinero que no va a caer del cielo”.

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Este hiperactivo artivista se interesó por la fotografía en 2007 y, tal es su pasión por este arte, que en pocos años se ha convertido en su actividad profesional principal. Es además uno de los pocos fotógrafos malienses seleccionados para participar en la bienal de fotografía africana Rencontres de Bamako, que ha elegido este nuevo término, Afrotopía, para titular su 11ª edición que se celebra en esta misma ciudad hasta el 31 de Enero de 2018.

 

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

12 meses, 12 exposiciones africanas alrededor del mundo

Puede que aún nos sorprenda encontrar exposiciones africanas en lugares como Israel (un claro síntoma de hasta dónde llega el interés por las obras artísticas procedentes de África), pero lo cierto es que no debería llamarnos la atención en absoluto. Tanto es así que el museo de arte de Tel Aviv expuso obras de la suazi Nandipha Mntambo, el congolés Chèri Samba o el sudafricano Ariel Reichman durante más de cinco meses a través de ‘Mirando a África: Arte contemporáneo y afrofuturismo’. Y no es un caso aislado, las artes visuales africanas están saliendo del exilio y 2017 ha sido un año de avances en su desarrollo.

Así, si bien los museos occidentales soportan aún una deuda tanto con el arte africano expropiado durante la colonización como con las máscaras y esculturas africanas a las que el arte contemporáneo occidental de las vanguardias debe su inspiración, las creaciones artísticas africanas están experimentando actualmente un proceso de empoderamiento que les permite mostrar otras representaciones de África fuera y dentro del continente. Son muchos los países africanos que cada vez dedican más espacios a mostrar la producción artística a través de galerías, festivales, desfiles e incluso espacios más solemnes, como los museos. Es el caso del Zeitz Mocaa, situado en Ciudad del Cabo, desde donde ostenta el título de museo de arte africano contemporáneo más grande del mundo. Para muestra de este fructífero año de manifestaciones artísticas africanas alrededor del mundo las siguientes líneas, en las que hacemos un repaso de doce exposiciones presentes en cada uno de los meses de 2017.

ENERO

Abrimos el año de exposiciones africanas en nuestro país con ‘El iris de Lucy’, una muestra de artes visuales que toma como referencia a Lucy (el homínido femenino durante mucho tiempo considerado como el más antiguo de la Humanidad) para retomar la mirada de las mujeres en la evolución de múltiples temas como la identidad, el cuerpo, las fronteras, las migraciones o cuestiones coloniales y postcoloniales mediante la obra de veinticinco artistas africanas entre las que se incluyen la etíope Aida Muluneh, con la que tuvimos ocasión de hablar en Wiriko, así como la congoleña Michèle Magema, la gabonesa Myriam Mihindou, la marroquí Safaa Erruas o la sudafricana Tracey Rose. Producida por el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) y Casa África, esta exhibición se pudo disfrutar en Las Palmas de Gran Canaria de enero a junio de 2017.

Fotografía exhibida en ‘Iris de Lucy’, de Tracey Rose.

FEBRERO

El papel del urbanismo para la creación de una nueva identidad nacional durante la era de las independencias africanas se refleja en la exhibición ‘Arquitectura de la Independencia – Modernismo Africano’, del Centro de Arquitectura de Nueva York. Más de 700 fotografías de Costa de Marfil, Kenia, Senegal o Zambia documentadas por el alemán Iwan Baan y la sudafricana Alexia Webster. Fruto del trabajo de Manuel Herz en su libro ‘Modernismo africano: Arquitectura de la Independencia’, esta muestra mantuvo sus puertas abiertas de febrero a mayo de 2017.

Escuela de Ingeniería de la Universidad de Ciencia y Tecnología Kwame Nkrumah (KNUST) de Ghana, diseñada por James Cubitt, en 1956. Fotografía de Alexia Webster.

MARZO

Dos meses dedicó París a ‘Capitales africanas’, una serie de manifestaciones visuales de artistas del continente que buscaba representar una visión cosmopolita de las sociedades de África. Casas colgantes del camerunés Pascale Marthine Tayou, provocativos grabados en telas del sudanés Hassan Musa o las nubes de ‘Un sueño’ del egipcio Nabil Boutros fueron presentadas en el parque cultural parisino de La Villette.

Pascale Marthine-Tayou, Casas colgantes © Benjamin Lefebvre

‘No hay tigres en África’, de H.Musa (2010)

ABRIL

Enséñame tu archivo y te contaré quién está en el poder’ es una recopilación de los archivos públicos que constatan la historia de la lucha de la mujer en Bélgica desde una perspectiva afrodescendiente. Esta muestra, presentada de abril a junio de este año en la galería belga Kiosk, incluye también el trabajo realizado a partir de esta documentación por la keniana Ato Malinda y las artistas africanas en la diáspora Kapwani Kiwanga y Amandine Gay.

Instalación con espejo de Ato Malinda. Fotografía de Tom Callemin.

MAYO

Llegamos a África. El cuarto mes del año de este calendario de exposiciones africanas está dedicado a la obra expuesta en el Instituto Goethe de la República Democrática del Congo, que acogió las visiones de siete artistas emergentes del país en ‘Kinshasa 2050’, una representación mediante instalaciones vídeo, performance y pintura de lo que será esta ciudad y sus habitantes dentro de treinta y tres años.

Instalación perteneciente a ‘Kinshasa 2050’.

JUNIO

La Galería Cécile Fakhoury de Abiyán es un templo de maravillas pictóricas que acogió la obra del senegalés Kassou Seydou, quien se estrenó en Costa de Marfil con ‘Reyes de las nuevas ciudades’, su primera exposición individual en el país. Un total de trece pinturas que invitan a adentrarse en un mundo híbrido de alteraciones y críticas sociales que se mezcla con elementos tradicionales y una fuerte creencia en la humanidad, protagonista absoluta de esta colección. Una oda al color y a la expresión que estuvo presente en la capital marfileña hasta finales de septiembre de 2017.

Pieza de Kassou Seydou, en la Galería Cécile Fakhoury.

JULIO

Sólo duró dos días, pero a ‘Urbanismo africano, cultura africana, futuro africano’ tampoco le hizo falta más tiempo para desplegar todo el potencial de la cultura urbana congoleña y senegalesa a través de dos ejemplos del mundo de la moda: Los sapeurs y el estilismo del hip hop. Comisariada por Alex Moussa Sawadogo, director artístico del festival de cine contemporáneo africano Afrikamera, la séptima de las exposiciones africanas seleccionadas de este 2017 se exhibió en la Galería Ifa de Berlín.

‘Los sapeurs de Bacongo’, Baudouin Mouanda (2008).

‘La pose’ de Siaka Soppo Traoré (2014).

AGOSTO

En el mes estival por excelencia nos vamos a Japón para ver a los cameruneses Romuald Dikoume, Blaise Djilo, Max Mbakop, Steve Mvondo y Yvon Ngassam quienes, comisariados por Yaounde Photo Network, han mostrado sus trabajos fotográficos en la sala OGU MAG de Tokio. Esta exposición titulada [email protected] Africa’ retrata a Camerún desde ópticas tan dispares como el precolonialismo, las tradiciones, el patinaje, la representación de la mujer o lo rural y, aunque sólo abrió sus puertas durante tres días, sirvió como preludio al festival organizado por dicha galería que acoge desde el 2010 en el barrio de Arakawa un festival anual dedicado al arte africano.

‘Corona de belleza’, Steve Mvondo (2016).

Fotografía de Romuald Dikoume.

SEPTIEMBRE

En paralelo a la Feria de Arte de Johannesburgo, cuyo décimo aniversario cubrimos este año en Wiriko, se celebra la Semana Anual de Arte de la ciudad que acogen los barrios de Alexandra, Soweto y el centro de Joburg. Una muestra itinerante de escultura, pintura, fotografía, instalaciones multimedia y arte urbano de la mano de artistas como Robin Rhode. Organizada conjuntamente por galerías, colectivos locales y la FNB Joburg Art Fair., la Semana Anual de Arte de Joburg saca a la calle las artes visuales y permite una conexión más cercana entre artista y espectador.

Instalación de Robin-Rhode (2016) exhibida en la Semana Anual de Arte de Joburg.

OCTUBRE

1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo de Londres se supera cada año y esta quinta edición no fue una excepción. Dieciocho salas de exposiciones africanas para promocionar la diversidad del continente a través una selección de artistas de treinta y dos países, como Ayan Farah, Buhlebezwe Siwani, Samuel Fosso, Hassan Hajjaj o Fabrice Monteiro, a quien pudimos entrevistar en Wiriko en el marco de esta macro cita londinense con el arte africano contemporáneo.

Hassan Hajjaj. © Joe Casely-Hayford 2017.

NOVIEMBRE

Hace menos de una semana que la capital nigeriana se despidió (con un hasta pronto) del LagosPhoto Festival, que ya ha cumplido su octavo año como primer y único evento internacional de fotografía en Nigeria. Bajo el título ‘Regímenes de la verdad’, esta edición ha explorado la búsqueda y la presentación de la verdad en la sociedad contemporánea mediante la técnica fotográfica de artistas como la marfileña Joana Choumali, los kenianos Sara Waiswa y Osborne Macharia o el senegalés Alun Be que complementan un cartel de fotografías, que si bien abordan el tratamiento de la veracidad, resultan absolutamente hechizantes.

Fotografía de Osborne Macharia expuesta en LagosPhoto 2017.

DICIEMBRE

Cerramos el año de exposiciones africanas con la vuelta de la Bienal Africana de Fotografía ‘Rencontres de Bamako’ es un claro síntoma de la buena salud del desarrollo de la producción artística africana este 2017. Tras dos años de ausencia, la esperada edición número once arranca con el título ‘Afrotopía’, tomado del ensayo del economista senegalés Felwine Sarr en el que defiende la idea de que no se puede imponer a las sociedades africanas el concepto de desarrollo y contemporaneidad occidental porque de hecho la modernidad, la suya propia, ya está presente en el continente. La materialización de esta idea bajo las miradas de fotógrafos como Rahima Gambo, Fototala King Massassy o Athi-Pathra Ruga estará abierta al público hasta el 31 de enero de 2018, aunque no habrá que esperar tanto para tener noticias desde Afrotopía a través de Wiriko.

‘Miss Azania. El exilio está esperando’ (2015) Athi-Patra Ruga.

Njideka Akunyili te invita a conocer ‘La habitación de enfrente’, su nueva colección

Algo tienen las obras de Njideka Akunyili Crosby (Nigeria, 1983) que invitan al voyerismo. Sus retratos de escenas cotidianas revelan acciones sociales y domésticas que se muestran siempre cobijadas por cuatro paredes, lo que hace que el espectador sienta que está observando algo íntimo y extraño a la vez. Su última colección, ‘La habitación de enfrente’ no es una excepción. En este trabajo, expuesto en el Museo de Arte de Baltimore hasta marzo del próximo año, Akunyili Crosby continúa siendo fiel a su estilo al reproducir seis piezas a gran escala con técnica mixta de pintura, telas y transferencias fotográficas. La mayor novedad en esta ocasión recae en una composición de espejos que se observa en tres de las obras, que a primera vista son calcadas entre sí y sólo con una mirada detenida al díptico se aprecia lo realmente divergentes que son.

En realidad es como si por primera vez hubiera llevado al cuadro lo que siempre le hace al público, que fácilmente puede verse reflejado a priori en las escenas que muestra, tan interiores, tan aparentemente comunes, tan acogedoras pese a ser a gran escala que invitan a acercarse y dar rienda suelta al hilo que parece que no encaja. Es entonces cuando caes en su red. O lo que ella prefiere denominar el ‘Tercer espacio’, un término acuñado por teóricos postcoloniales para describir un escenario social en el que dos culturas se unen para crear algo nuevo.

Tejido a través de retales de su propia historia, esta artista nigeriana sintetiza (y sincretiza) en su propio relato narrativas visuales en las que muchos pueden reconocerse. Son aquellos que son los otros allí y aquí, las identidades híbridas formadas a partir de la comunión entre la cultura en la que se nace y aquella en la que se crece. “De donde quiera que mires el trabajo puedes reconocer algo. Pero no reconocerás todo porque hay una mezcla de tiempos, lugares, culturas, continentes y clases”, explica Akunyili Crosby a la revista Bomb para luego especificar que “hay muebles de IKEA de mi sala de estar de Baltimore junto a un sofá de nuestra casa en un pueblo de Nigeria. Al leer la pintura, quiero que te preguntes ¿qué está pasado?, ¿por qué la mujer con ese peinado provincial está en una situación cosmopolita? Son contradicciones que también existen en mi propia vida. He vivido en todos esos lugares diferentes. Soy una mezcla de ellos”.

Aunque es su forma de vida, esta artista comenzó su idilio con el arte como un simple coqueteo. Creció como la cuarta de seis hermanos de una familia Igbo de la ciudad de Enugu y con diez años tuvo lo que ella califica a The Guardian como su primera experiencia cosmopolita al trasladarse a Lagos para estudiar en el Queens College, una de las más prestigiosas escuelas para niñas de Nigeria. Con dieciséis años, su hermana y ella obtuvieron el visado para poder estudiar en Estados Unidos, donde comenzó su formación artística, que en sus inicios, tal y como reconoce, era sólo una vía de escape para aligerar la carga académica. Una relación que se fue fraguando para consolidarse al terminar la universidad, cuando sintió el arte como una urgencia.

“Si la gente no lo sabe, si la gente no lo ve y no le importa, ¿cómo existe? Sentí la necesidad de reclamar mi propia existencia social haciendo que la representación ocurriera. Empecé a recopilar imágenes como una forma de mantenerme conectada con la Nigeria que yo conocía, que no era la misma que se percibía en Estados Unidos”, relata Akunyili Crosby a The White Review. Y añade: “Tenía el deseo de compartir la Nigeria que conocía de una manera real o sincera. Ésta fue mi vida, ésta sigue siendo mi vida. En Nigeria también hay gente que viven sus vidas pese a todos los problemas. Quería dar a la gente una visión de este otro espacio con el que no estaban familiarizados”.

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Para ello la nigeriana se toma su tiempo. Suele pasar tres meses entre obra y obra, embalsamando meticulosamente con capas de retales fotografías que previamente ella misma ha sacado. En el caso de su último trabajo ‘La habitación de enfrente’, incorpora telas de ceremonias tradicionales de su país con imágenes de la campaña política al Senado de su madre, Dora Akunyili, quien ya fuera Ministra de Información y Comunicación en Nigeria de 2008 a 2010. En cualquier caso, si algo trasciende en esta nueva exposición de Njideka Akunyili Crosby es el elemento espejo sobre el que gira su obra. Además de la composición de tres piezas que hace basándose en este objeto, las obras restantes tratan sobre lo que ella llama ‘racismo casual’, refiriéndose a la forma en que se consumen imágenes asignadas a los negros y los blancos diferencialmente a través de objetos cargados de estereotipos raciales. Como declara a la revista W: “A veces las mejores críticas se hacen poniendo un espejo para que la gente vea su reflejo”.

Zanele Muholi: la celebración de la melanina

Zanele Muholi lleva todo el verano mirando a la gente. Con unos ojos directos, fríos e impenetrables. Con un rostro firme y distante en el que no se atisba ni una sonrisa. Seria, Muholi está cansada de que otros hablen por ella y ha ideado un proyecto fotográfico para liderar la conversación sobre la representación del cuerpo negro femenino.

 

“Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”

“Somnyama Ngonyama” es la primera exposición fotográfica de Zanele Muholi en Londres. La muestra, acogida en la galería Autograph ABP hasta finales de octubre, es una serie de más de 60 autorretratos tomados entre 2014 y 2016 a través de los cuales la artista visual y activista sudafricana ajusta las cuentas con la rutina racista y homófoba a la que se enfrenta. “Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”, explica Muholi en el programa de la exhibición.

Con esta exposición curada por Renée Mussai, la sudafricana se acepta tal y como es; lesbiana, negra y africana. Es un trabajo para la reafirmación de su identidad y un alegato a la tolerancia sin reparar en la raza, género o sexualidad. Muholi presenta unas imágenes poderosas a la vez que bellas y propone una conversación que deja al visitante intimidado. Es una colección íntima, aunque esta memoria personal no se desprende del panorama político y socioeconómico sudafricano.

En las fotografías Muholi posa sola, triste, seductora, desafiante y majestuosa. La artista habla pero está callada. Muestra la servidumbre doméstica gracias a unos guantes de látex que le oprimen y se pregunta cuál es su castigo atada con cinturones. Indaga en el cambio climático cubierta de plásticos, hace un pacto por dinero y denuncia la caza furtiva de rinocerontes. Y todo con la mirada y a través de su objetivo.

Muholi se ayuda de distintos objetos y escenarios en su mayoría blancos para otorgar contraste en un discurso visual donde cada accesorio ayuda a la representación de distintos temas y sucesos actuales. En muchas de las imágenes la piel de la artista nacida en Umlazi, Durban, parece acrílica, y su cabello es toda una muestra de intenciones. La luz se posa duramente en la punta de su nariz, en el labio inferior y en sus pómulos. Es una expresión de su cuerpo equilibrada con un mensaje por los derechos humanos y la justicia social. Así se ejemplifica en Thulani II, una de las fotografías que rememoran la masacre de Marikana en 2002, donde la policía sudafricana mató a 34 mineros en huelga.

Zanele Muholi. Cortesía de Stevenson, Cape Town/Johannesburg y Yancey Richardson, New York.

Para esta cita londinense, la colección “Somnyama Ngonyama” además cuenta con cuatro nuevos autorretratos comisionados por la galería Autograph ABP. Muholi muestra la brutalidad y el encarcelamiento de las mujeres sudafricanas que marcharon en contra del apartheid en la manifestación organizada por la Federación de Mujeres de Sudáfrica en Pretoria en 1956. Las fotografías fueron tomadas en la prisión de Old Fort en Johannesburgo donde muchas de las mujeres fueron encerradas. En la la cuarta toma, expresamente realizada para esta exhibición, se ahonda en la imaginería étnica gracias a un autorretrato donde Muholi viste un kimono. ¿Qué representación daría una africana con esta prenda?

Las fotografías de Muholi son la reivindicación de un espacio artístico y cultural para la mujer negra y una lucha para el cambio de las representaciones mediáticas. La artista hace que sus imágenes sean un referente para el artivismo sudafricano y su trabajo continúa defendiendo los derechos humanos y del colectivo LGTBIQ.