La colección ‘made in’ Africa de IKEA, más allá del catálogo

Se llama Överallt, que en sueco quiere decir ‘en todas partes’, y es el nombre que recibe la colección realizada por diseñadores africanos para IKEA que ya está disponible en España. Con ella, el gigante del mobiliario quiere, precisamente, llevar a todas partes la creatividad que se está desarrollando en varias urbes africanas. Así lo explicaba a Quartz su portavoz, Johanna Martin, al inicio de este proyecto: “Queremos aprender de la explosión creativa que está teniendo lugar en varias ciudades alrededor de África en este momento y difundirla al resto del mundo trabajando con diseñadores de varios países africanos que tienen diferentes diseños”. De esto hace ya dos años, tal y como te contamos en Wiriko, pero por fin este mes de mayo ha arrancado su lanzamiento a nivel mundial. Eso sí, en el continente sólo estará presente en Marruecos y Egipto, únicos puntos de venta de la multinacional holandesa de origen sueco en África.

Pero antes de pasar a ver los diseños, conviene señalar una advertencia realizada en la revista Selamta, de Ethiopian Airlines, por Clerissa Visser, portavoz del colectivo de creativos con base en Ciudad del Cabo Design Indaba, con quien IKEA se ha asociado para seleccionar los diez talentos de cinco países africanos que participan en esta colección de 16 piezas: “Lo que más nos emociona de esta colaboración es que no es solo el ‘diseño afrocéntrico’, con diseños y colores típicos africanos, sino el diseño africano en el sentido de que las creaciones realmente provienen de diseñadores africanos, cualquiera que sea su aspecto y apariencia”. Y añade “es inmensamente gratificante ver finalmente el paso del diseño africano como una comunidad respetada, en lugar de ser apropiado como un estilo estereotipado por creativos no africanos”.

Sin más dilación, en Wiriko te hablamos de lo que no te cuenta el catálogo sobre los objetos que componen esta colaboración de creadores africanos con IKEA:

Alfombra diseñada por Laduma Ngxokolo.

Coleccción Överallt. Fotografía de IKEA.

La diseñadora de moda sudafricana traslada a la colección Överallt sus refrescantes patrones geométricos inspirados en los estampados de la cultura Xhosa, el segundo grupo étnico más grande del país. En ellos queda de manifiesto el bordado característico de la vestimenta tradicional de este pueblo y ya también de las prendas de Ngxokolo.

Cesta diseñada por Selly Raby Kane.

Más allá del componente estético, el trenzado del cabello se coloca en muchos países africanos en la categoría de ritual. Así lo explica Selly Raby Kane a Quartz: “Trenzar es ese momento compartido, cuando tu cabeza termina en el regazo de un miembro de la familia durante horas y horas o te recuestas en una silla en una peluquería genial, escuchas lo último que suena en Dakar y el pop extranjero mientras observas tu peinado”. Por ello, la diseñadora de moda senegalesa ha ideado una cesta en dos tamaños distintos, pero con una misma composición textil basada en la técnica del pelo trenzado.

Edredones y cojines diseñados por Renee Rossouw y Sindiso Khumalo.

Ambos sudafricanos y ambos arquitectos de formación, aunque es el primer trabajo que comparten. Los diseñadores Rossouw y Khumalo han querido llevar los paisajes de su país a los textiles de Överallt, pero cada uno lo ha hecho desde su propia perspectiva de Sudáfrica. Mientras el primero ha centrado sus dibujos en el paisaje natural, con gran presencia del elefante en sus creaciones; el segundo ha tomado las ciudades como fuente de creación, particularmente el caso de Johannesburgo.

Mecedora y reposapiés diseñado por Bibi Seck.

La musa del diseñador senegalés en este proyecto no puede ser más personal. Se trata del jardín de su madre en Dakar, un recuerdo del que ha nacido esta acogedora mecedora a juego con el reposapiés.

Menaje de cocina y asientos diseñados por Naeem Biviji y Bethan Rayner.

Este matrimonio de diseñadores al frente del Studio Propolis de Nairobi son los responsables de la parte más colectiva de Överallt: la dedicada a la cocina. Un trío de soportes de olla realizado con corcho, un plato de hierro fundido con una tapa que se dobla y que se puede utilizar como sartén, y un banco de eucalipto, que se puede combinar con un taburete y una mesa a juego componen las creaciones de estos kenianos, pensadas para ser funcionales y duraderas. Biviji y Rayner tomaron como inspiración sus reuniones familiares y la forma circular en la que en ellas se organizan los asientos.

Silla diseñada por Issa Diabaté.

Al igual que sus colegas de Kenia, el arquitecto y diseñador marfileño ha hecho de la sostenibilidad el centro de su obra. Su silla está pensada para que pueda ser reutilizada en función de las necesidades de quien la use y está diseñada con una sola hoja de madera contrachapada. Sin clavos, sin tornillos, sin pegamento y sin materiales costosos. Que sea sostenible es el mantra de sus trabajos, ya se trate de una silla o de la planificación urbana de Abiyán, la ciudad más poblada de su país. Como ejemplo, su proyecto de rehabilitación en la bahía de la laguna de esta urbe, donde ante el deterioro sufrido por la basura y las aguas residuales ha ideado un sistema de drenaje y un paseo marítimo para volver a conectar a los habitantes con este lugar en una relación de convivencia.

Textiles diseñados por Marian Hazem y Hend Riad.

Son las egipcias al frente de Reform Studio, con sede en El Cairo. Los brillantes y coloridos textiles que presentan a Överallt esconden la procedencia de los materiales utilizados para su creación: envases reciclados de alimentos. Se adelantan así a la lucha contra los plásticos que el Gobierno egipcio ha aprobado poner en marcha este mes de junio, con la prohibición de envases de un solo uso y las bolsas desechables. Por su parte, Hazem y Riad unen este material reciclado a las tradicionales fibras de yute para crear bolsas, cojines y alfombras de un carácter tremendamente duradero. Y además son preciosas.

El sudafricano Tsoku Maela cartel del FICAB para el Día de África

El sudafricano Tsoku Maela es el autor de la fotografía del cartel que el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona acaba de lanzar para las actividades en torno al Día de África 2019. Luciendo por tercera vez una programación vestida con una buena traca de cine africano y documentales centrados en la diáspora africana, el FICAB se celebrará los próximos 21, 22, 23 y 25 de mayo en los emblemáticos Pati Llimona y CineCooperativa Zumzeig de la capital catalana con la participación de un buen número de voces que quieren avivar el debate sobre los estereotipos, la migración, el racismo o la creatividad de los africanos y africanas.

La fotografía de Maela (al que Wiriko ya tuvo el honor de entrevistar hace tiempo en motivo de su serie Abstract Peaces), es parte de una serie titulada Appropriate o Apropiar —tomar algo para uso propio o sin el permiso del propietario—, y representa una absoluta declaración de intenciones por parte de un artista preocupado por la condición humana, los paisajes espirituales, socioeconómicos y geopolíticos, y cuyo único deseo es “encender un fuego de amor y esperanza en el corazón de cualquiera que se encuentra con su trabajo, para inspirar energía juvenil que busca crear y luchar por un cambio sostenible mientras se archiva un pasado, presente y futuro africano hermoso y en constante evolución”, como cuenta en su web.

Con la elección de esta fotografía de Tsoku Maela, el FICAB pone de relieve su vocación afrocéntrica y subraya la importancia de ver y escuchar lo que los propios africanos y africanas tienen que decir sobre el continente y su gente, además de tender un puente ya de por sí esencial entre el cine y la fotografía. Por su lado, el artista, originario de Lebowakgomo, hace una aportación generosa y concienzuda para sumar y apoyar uno de los principales objetivos del FICAB: sensibilizar a la población catalana sobre las múltiples y diversas realidades de África, y movilizar y empoderar a los africanos y africanas a través del arte, y más concretamente, del cine. Un cocktail de sinergías de alto voltage que refuerzan la vocación de agitación social con la que nació el FICAB, de la mano de la asociación CinemÀfriques y en colaboración con Wiriko,  hace un año.

G.S. Explícanos la imagen que has cedido al FICAB. ¿Qué representa para tí? ¿Qué filosofía hay detrás de esta fotografía y qué querías expresar con ella?

T.M. La imagen en cuestión es parte de una serie titulada ‘Appropriate’ (o Apropiado) que analiza los efectos de las intersecciones entre cultura y comercio en la rápida era de la globalización; más específicamente, echa un vistazo a la mirada occidental hacia la cultura africana y a cómo esto se traduce en ganancias para Occidente. Una forma de neocolonialismo que se ha ido tejiendo durante años entre una nueva generación africana expuesta a una educación occidental (o más bien, una mala educación), que hace que los africanos acepten peor sus culturas y que el valor de estas sean aceptadas solo cuando lo hace el mundo occidental. Aunque lo contrario también es cierto, Occidente solo considera que la cultura africana es apropiada cuando encuentra una manera de beneficiarse de ella.

G.S. ¿Por qué crees que es importante que artistas africanos como tú colaboren con festivales como el FICAB? Es decir, ¿por qué decidiste colaborar con el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona?

T.M. Sencillamente, creo que el mal solo persiste porque colabora, mientras que los hombres y mujeres buenos son demasiado justos para hacerlo. Somos más fuertes cuando nos unimos y creo que el FICAB es una plataforma que entiende los matices y la importancia de las representaciones positivas a través de las narraciones. Esto es algo que es importante (para mí) y necesario si queremos llegar a un mundo más grande con historias africanas genuinas en lugar de los fragmentos de 5 segundos que salen en la CNN o en FOX News, que son extremadamente inexactos y solo sirven para continuar justificando el robo del continente y de su gente. Si podemos llegar a más africanos dentro de la diáspora en cualquier otro lugar del mundo con historias como las que se comparten a través del FICAB, entonces podemos iniciar una conversación global cargada y equipada con la información correcta y, sobre todo, con un espíritu y sentido de identidad.

Appropirate, del artista sudafricano Tsoku Maela (2018).

G.S. ¿Cómo crees que el audiovisual, ya sea fotografía o cine —géneros en los que tu trabajas—, hecho por africanos y retratando las realidades contemporáneas del continente, puede ayudar a reenfocar la mirada estereotipada que los europeos todavía tienen de África y los africanos y africanas?

T.M. Documentar es importante, no lo puedo enfatizar suficientemente. Se trata de archivos de memoria colectiva. El trabajo realizado por los creativos africanos en este clima de cambio social en el continente y en la diáspora a nivel mundial no solo sirve para corregir los estereotipos que los europeos tienen de África, sino también para concienciar al individuo africano de sí mismo y las poderosas formas de pensar y recordarse. Si sabe quién es, nadie puede decirle lo contrario ni quitarle su valor. Es importante comprender que los estereotipos solo nos afectan en la medida en que los permitimos o creemos inconscientemente que son ciertos. Para nosotros ya no tiene ningún sentido que alguien en Inglaterra o América del Norte aún piense que vivimos en chozas de barro y que usemos taparrabos o persigamos leones todo el día. No es nuestro papel educar a los europeos. Nuestro objetivo es y debe ser únicamente para los pueblos africanos, que necesitan un despertar y un sentido de identidad. Las atrocidades que persisten en el continente no solo son instigadas por Europa, sino que en la mayoría de los casos están permitidas por el liderazgo africano. Y esa es una mentalidad que se produce cuando se le despoja la identidad y el orgullo a la gente del continente.

G.S. En TU opinión, ¿por qué crees que es necesario que la audiencia en Barcelona vea películas africanas durante la semana del Día de África?

T.M. Nunca he estado en Barcelona, pero he oído cosas maravillosas de la ciudad. Así que realmente no puedo hablar sobre la importancia de que las audiencias de Barcelona sean expuestas al cine africano. Pero la historia española y la historia africana están unidas de muchas maneras, y solo puedo imaginar que para los españoles nativos también existe un sentido de injusticia en sus comunidades que resonaría con ellos a través de estas historias. Esperamos que resalte que el mundo es en realidad más pequeño de lo que pensamos e influenciado por unos pocos que hacer las cosas para la gente. Estas cuestiones también resonarían en toda América Latina. Hay personas que probablemente se sienten desplazadas y en busca de sí mismas y de sus propias historias. Las historias de las personas negras en el clima socioeconómico contemporáneo actual tienden a tener numerosos puntos de intersección, especialmente con la desaparición de una clase media reconocible.

G.S. Para todas esas personas, y para fomentar esa intersección a través del cine, precisamente trabaja el FICAB. ¡Muchísimas gracias Tsoku!

Malala Andrialavidrazana: “Es hora de aumentar el equilibrio en las relaciones humanas”

Tan imposible es pronunciar por primera vez su apellido sin detenerse en cada sílaba, como contemplar uno de sus mapas sin deleitarse en cada detalle. Esta artista visual nacida en Madagascar combina la fotografía y el collage en su recorrido creativo, pero sus caminos siempre acaban en un mismo punto: cuestionar las concepciones del ‘otro’. Para Malala Andrialavidrazana las percepciones nunca son inocentes.

‘Figures 1817’, M. Andrialavidrazana.

Hace unos días ha expuesto sus últimas piezas de ‘Figuras’ en el Grand Palais de la capital francesa, en la última edición de la feria Art Paris. Seguramente se trata de la serie más conocida de Malala Andrialavidrazana y también de la que más jugo está sacando, no sólo por su popularidad, sino porque empezó con ella hace cuatro años y, según cuenta a Wiriko, aún quedan figuras para rato: “Llevo con ‘Figuras’ desde 2015. La primera pieza de esta serie que expuse fue ese mismo año en la Bienal de Fotografía de Bamako, que reconoce una clase de trabajo fotográfico que no sigue la corriente habitual y sirve para visibilizar también estos estilos de expresión.

Y si bien es hasta la fecha su único trabajo en continua creación, la artista malgache considera que en realidad toda su carrera creativa podría considerarse como una evolución. “Empecé a trabajar ‘Figuras’ tras la serie ‘Ecos’ y básicamente casi toda mi obra es un proceso, una continuación de los trabajos anteriores. Siempre he estado muy interesada en cuestionar la manera en la que los estereotipos condicionan el pensamiento de la mayoría”, explica.

De formación arquitecta, Andrialavidrazana está familiarizada con los planos, pero son los trazados cartográficos los que han catapultado su carrera. Sus mapas del siglo XIX reconstruidos digitalmente dan como resultado una serie de meticulosas composiciones que llevan por título la fecha original del atlas que ha utilizado como referencia. Desbordantes de elegancia y color, pese a la cantidad de elementos que componen cada pieza, rezuman una armonía ácida en tanto en cuanto dejan entrever la idea de que la cartografía tiene a menudo más que ver son una interpretación intencionada de la realidad que con la representación geográfica real.

“Un mapa es una fotografía del mundo en un momento determinado de la historia. Si echas la vista atrás, en el siglo XIX, los mapas eran claramente una herramienta política para reclamar territorios”, manifiesta y en su tono se desprende el convencimiento de quien ha pasado muchas horas frente a estos trozos de papel en los que cabe la concepción del mundo.

‘Figures 1861’, M. Andrialavidrazana.

Su cuestionamiento de la representación occidental de los territorios antes por civilizar, ahora bajo la etiqueta de ‘en vías de desarrollo’, no se limita a los tiempos de las metrópolis. Su delicadeza visual no está exenta de ojo crítico hacia el imaginario colectivo actual. Es el caso de sus obras, esta vez fotográficas, ‘Tanindrazana’ (2005), que en malgache significa la tierra de los ancestros, y ‘Ny Any Aminay’ (2011), una expresión en el mismo idioma que hace referencia al hogar.

De este último, cuenta la autora que su objetivo persigue “mostrar imágenes que enseñen el Madagascar que no muestra el punto de vista mediático que resume el país en paisajes de ensueño y pobreza o suciedad. Por supuesto, suceden cosas tristes y hay problemas políticos, pero esto no es representativo de una población entera que tiene valores culturales que se están ignorando. Mostrar un punto de vista opuesto al que se explota es importante porque derriba estereotipos”.

Precisamente en alusión a este recurso vago y tramposo de las etiquetas, su desapego hacia la de ‘africana’ es tan grande como el tamaño de la isla que es su país, un desarraigo hacia el territorio continental que, por otro lado, no suele ser ajeno a las personas isleñas. “Por supuesto Madagascar es uno de los cincuenta y cuatro países de África, pero también es una isla y su población está compuesta por diferentes orígenes. En mi caso: el sitio donde vivo es Francia; soy una persona de Madagascar; y me considero de la diáspora. Cuando se me presenta como una artista africana me pregunto por qué y pienso que eso no es cierto porque nunca he vivido en el continente africano”, señala.

Dentro de su talento innato para ofrecer narraciones alternativas, Andrialavidrazana se esfuerza particularmente, y pese al carácter multidisciplinar de sus creaciones, en poner siempre el foco en la evolución de la representación que se hace de las sociedades que se escapan al sistema de valores de la sociedad dominante. Se trata de un cometido que define como importante, argumentando que “es la única manera de equilibrar la relación entre las naciones y los individuos. Creo que además es la manera de fomentar el respeto mutuo. Quiero decir, incluso cuando decimos ‘el otro’, lo que sobresale es la idea de que es una persona diferente. Creo que es hora de aumentar el equilibrio en las relaciones humanas”.

Robyn Orlin, una irritación permanente

“Una irritación permanente”, este es el apodo que se ha ganado la sudafricana Robyn Orlin en su país por el efecto que provocan sus obras. Y es que esta bailarina y coreógrafa lleva más de treinta años transformando los límites entre la danza y el arte performativo en todas las formas posibles: televisión, cine, teatro, danza, ópera, artes plásticas y audiovisuales. Con una forma de trabajar absolutamente ecléctica, Orlin siempre tira de un denominador común: encontrar la manera de involucrar al público. Por eso, su punto de partida al comenzar un proyecto es invariablemente el entorno inmediato, que actúa como resorte para adentrarse en cuestiones como la cultura, la historia y la identidad. Cuando no está de gira, Robin vive entre Berlín y Johanesburgo, ciudad que reconoce como su fuente de inspiración y tracción creativa. Una realidad difícil y compleja la sudafricana, que siempre queda plasmada en su obra. En Madrid, Naves Matadero nos ha acercado tres propuestas para conocer su trabajo: una videoinstalación, una conferencia performativa y el estreno de ‘And so you see…‘, uno de sus últimos trabajos. Wiriko estuvo allí para conocer en persona a esta fascinante artista, menuda y cercana, que nos ha conquistado por su sensibilidad, conciencia social y sentido del humor.

Foto: Philippe Lainé

En la presentación de la videoinstalación ‘Babysitting Series‘, reconoce sentirse “como si tuviera dieciocho años, al ver por primera vez todas las piezas audiovisuales juntas en un mismo espacio”. Este proyecto comenzó hace casi veinte años cuando hacía un máster en el Instituto de arte de Chicago y consta de pequeñas piezas audiovisuales protagonizadas por los vigilantes de sala de museos como el Alte Nationalgalerie de Berlín (2002), el Museo del Louvre de París (2009) o Palais des Beaoux-Arts de Lille (2012). En ellas, Orlin propone al público una mirada inédita a los museos y sus colecciones, a los espacios y a las personas que allí trabajan.

Orlin nos explica cómo surgió la idea: “En el Instituto de arte de Chicago, los estudiantes y los vigilantes eran invitados a visitar las nuevas exposiciones la víspera de la inauguración. Era una forma de descubrir los entresijos del museo. Me hice amiga de un vigilante, un afroamericano muy grande, originario de los suburbios del sur de la ciudad. Tomamos por costumbre visitar juntos las exposiciones. Era muy interesante escuchar su punto de vista. Comencé a darme cuenta de la importancia  que los vigilantes de sala tienen en la vida cotidiana del museo. Era un momento en el que los estudiantes hablábamos mucho de romper con el elitismo y de hacer el arte accesible a más personas. Después volví a Sudáfrica, donde era cada vez más difícil para mí encontrar lugares donde mostrar mi trabajo. Me vi obligada a imaginar otras soluciones fuera de los teatros. Entonces descubrí que era posible intervenir en los museos.”

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Para elaborar las dramaturgias, Robin parte de los testimonios de los vigilantes de sala sobre su trabajo, sus talentos, sus proyectos, sus deseos y sus relaciones con las obras y con los visitantes. “Lo que busco es la humanidad de los vigilantes. Primero trato de conocer a la persona, hablar sobre el proyecto y de cómo se sienten cuidando del arte. Es un trabajo sutil y delicado, ya que ellos no son intérpretes, pero quieren trabajar conmigo. Es un proceso largo de creación en conjunto sobre su persona. Rodamos de noche en los museos con el equipo mínimo, dos focos y una videocámara. Cuando trabajo con un vigilante siempre le pregunto cuál es su pieza de arte favorita y, a partir de ahí, las salas vacías y oscuras favorecen la fantasía, la memoria y la expresión. Reconozco que para mí es más satisfactorio el proceso que el resultado final.”

La inquietud creativa de Orlin la empuja a acercarse a los demás con curiosidad: “Me interesa trabajar sobre los intérpretes o bailarines, en quiénes son ellos en realidad. Me fascinan las transiciones, los espacios en medio. Esta es la motivación de ‘One hour with Robin’, una serie de conferencias performativas que ya se ha llevado a cabo en lugares  como la filarmónica de París o la Gaîte Lyrique, también en la capital francesa. En ellas los asistentes se ven involucrados en el proceso creativo, convirtiéndose en los actores de una película que ella misma rueda en el momento. Durante los sesenta minutos que duró esta experiencia en Madrid, la coreógrafa, con la ayuda de unos simples rollos de papel higiénico y su singular humor y tono personal, consiguió la entusiasta respuesta del público, que inevitablemente dejó allí una pizca de su identidad, su memoria y, al fin y al cabo, su vida.

Por último, el estreno en España de ‘And so you see…our honorable blue sky and ever enduring sun… can only be consumed slice by slice‘: una obra resultado del estado anímico de Orlin ante la situación del mundo en la actualidad. Ella misma se define como un “deshecho nervioso” y reconoce la profunda depresión que la empujó a crear esta obra. “Pienso en esta pieza como un réquiem para la humanidad, hecho por mí para un actor de la próxima generación de sudafricanos… Lleno de nociones positivas e inquisitivas… Tratando de vivir con la destrucción que seguimos creando. Y que continúe sirviendo para las próximas generaciones, preguntándose si es posible, como sudafricanos, colonizar Mozart y al mismo tiempo usar lo cotidiano como un vehículo…”.

El protagonista de este solo es Albert Ibokwe Khoza, actor, cantante, bailarín y coreógrafo sudafricano. Transgresor desde sus principios, se negó a leer libros sobre danza, en los que se imponían ideas eurocentristas sobre lo que debía y no debía ser la danza, y decidió inspirarse en la metodología de bailarines africanos como Robyn Orlin, Athena Mazarakis, Mandla Mbothwe, Gregory Maqhoma, Gerard Bester y Nhalanhla Mahlangu. Albert siente que el teatro, la danza y el arte en general son  armas que recuerdan, golpean, infligen, conciencian y crean cambios.

Durante el largo proceso creativo de ‘And so you see…’, llevado a cabo por ambos a dúo, explica Orlin: “Estábamos en aquel momento  muy afectados por una serie de violaciones correctivas contra mujeres lesbianas negras ocurridas en Sudáfrica. Surgía de forma repetitiva la idea de los siete pecados capitales, aunque ninguno de los dos somos cristianos. Afortunadamente, Khoza pertenece a una nueva generación sudafricana que para mí representa la esperanza. Entienden lo que es el apartheid y quieren ir más allá”.

A través de este trío de propuestas, Robin Orlin nos ha mostrado los dos polos de sus múltiples caras. Por un lado crítica y provocadora hasta el incendio. Por el otro, sensible, divertida y esperanzadora. Esta breve mujer ha sabido transportarnos a su mundo onírico que, sin embargo, está en contacto directo con la realidad.

Lalla Essaydi: “Mi objetivo es dislocar las expectativas”

Los poéticos trazos de la caligrafía árabe, la característica henna o el velo musulmán son algunos de los elementos que la artista multidisciplinar marroquí Lalla Essaydi usa en sus obras para distorsionar la imagen estereotipada que tenemos de la mujer árabe y musulmana en Occidente. En una reciente entrevista a Wiriko, la autora nos detalla esta osadía de recurrir a la tradición para precisamente romper con ella.

Imagen de la serie ‘Las mujeres de Marruecos’ (2008), L. Essaydi

 

Los textos en árabe que rodean el rostro y el cuerpo de las mujeres protagonistas de las obras de Lalla Essaydi aparecen siempre en un estilo abstracto y poético, ininteligible incluso, confiriéndole a sus piezas “una universalidad que va más allá de las fronteras culturales”, tal y como ella misma señala. La autora, nacida en Marrakech, no recibió formación en arte caligráfico, algo habitual entre las mujeres de su país y, por eso, nos confiesa, ha terminado desarrollando su propio método: escritura a través de henna aplicada con una jeringa.

Aquí entra en juego la segunda de sus particularidades: este rojizo tinte natural que extiende sobre la tela y la piel de las mujeres que componen sus obras. Essaydi parte de la importancia que la henna tiene en la vida de la mujer marroquí: se utiliza por primera vez cuando llega a la pubertad, la novia le da un uso místico antes del matrimonio y regresa a ella cuando tiene un hijo, especialmente si es varón, para celebrar la fertilidad. Por ello, acudir a una actividad reservada a los hombres, como es la escritura, a través de un elemento tan femenino como la henna, no es sino un verdadero acto de rebeldía.

Partiendo de su condición de mujer árabe que ha crecido dentro de la cultura musulmana y que ahora cuenta con “la perspectiva de una artista que vive en Occidente y que mantiene estrechos vínculos con su cultura original”, como reconoce, intenta poner en cuestión los tres aspectos de la interioridad femenina generalizados en los países occidentales como son el harén, la odalisca y el velo. Su producción artística refleja que la mujer árabe no es sinónimo de enclaustramiento, son, en sus propias palabras, “mujeres poderosas con derechos propios, aunque con sus problemas por vivir en una cultura antigua con tradicionales arraigadas”. Pretende que el mundo occidental vea a estas mujeres como seres individuales y complejos, que también pueden presumir de talentos y habilidades, y que poseen un rico sentido del humor ante los absurdos de la vida.

Essayadi evoca en muchas de sus obras, precisamente, a las odaliscas, colocando a sus protagonistas en posiciones que recuerdan a las pinturas estereotipadas de mujeres árabes y musulmanas del siglo XIX, en las que ellas eran presentadas como esclavas sexuales y sumisas y, por lo general, desnudas. Ahora, la marroquí las viste -de manera figurada a través de inconexas palabras en árabe o en sentido literal con las tradicionales túnicas- y las coloca en espacios y escenas domésticas reales consiguiendo que la mujer árabe se involucre con el espectador. “Mi objetivo es dislocar las expectativas”, afirma tajante, y, al mismo tiempo, romper con las fantasías sexuales occidentales.

L. Essaydi

El espacio también es crucial en su producción. Tradicionalmente, la presencia masculina ha sido vinculada a entornos públicos: calles, cafés, lugares de reunión… Por su parte, las mujeres han sido confinadas al hogar. Con sus fotografías, la mujer árabe y musulmana sale al espacio público aunque se encuentre en el interior de su casa, ahora puede ser observada y se puede comprobar cómo la henna y los fascinantes azulejos se mimetizan y extienden más allá de su cuerpo, identificándola con sus entorno. Además, Essaydi consigue con su trabajo llegar a los cimientos de algunas creencias y considera que los umbrales físicos acaban determinando los culturales: “Muchas mujeres árabes pueden sentirse encerradas psicológicamente, pero creo que su origen está en la arquitectura en sí”, señala.

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Mariam Kamara, la arquitectura como acto social

“Creemos que cualquier proyecto puede ser diseñado para proporcionar espacios de empoderamiento democrático, social y económico.” Esta es la declaración de intenciones que promulga desde su web Atelier Masomi, el estudio de arquitectura de Mariam Kamara en Níger. Esta prometedora arquitecta ha sido recientemente seleccionada para formar parte de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos y es un cúmulo de buenos augurios para la arquitectura en África. Aquí, su historia.

Mariam Kamara. Foto: Atelier Masomi

Mariam Kamara siempre soñó con ser arquitecta. Nació y creció en Niamey, la capital de Níger, una ciudad diseñada por los franceses durante la época colonial que nunca llegó a encajar con la forma de vida nigerina. Su deseo desde muy joven fue mejorar los sitios donde vive la gente, revisitando su historia y acompañando su propio estilo de vida, sin imitar lo occidental .

Nunca es fácil hacer realidad un gran sueño y ser mujer en un país mayoritariamente musulmán lo hacía todavía más difícil. Pero esta es un historia de perseverancia con final feliz.

Kamara viene de una familia de exitosos ingenieros que se opusieron desde el principio a sus deseos. En Níger se espera que los que estudian en el extranjero colaboren a su regreso en el desarrollo del país y en ese momento estudiar arquitectura se consideraba un pérdida de tiempo. Eran los 90, el boom de Internet, así que decidió estudiar algo más acorde a su tiempo y acabó graduándose en ingeniería informática en la Universidad de Nueva York.

Pero el sueño no murió. Kamara sabía que podía ser más útil para su país y su gente como arquitecta que como ingeniera. Así que, tras trabajar como desarrolladora de software durante seis años en Nueva York, Seattle y Baltimore, decidió que era la hora de seguir su verdadera vocación e ir a la escuela de arquitectura. Lo dejó todo y se matriculó en la Universidad de Washington y después en la de Nueva York para realizar su máster.

En el proyecto de su tesis, “Mobile Loitering”, se centró en buscar soluciones de género y espacio público en Níger, diseñando espacios que permitieran a las mujeres jóvenes socializar entre ellas escapando del escrutinio de una sociedad musulmana cada vez más conservadora. Y por ello Kamara fue premiada en la Young Architects in Africa Competition de 2014. Fue solo el  principio de una carrera llena de éxitos.

Además de sus estudios oficiales, se dedicó concienzudamente al estudio de la historia arquitectónica de África Occidental y encontró su fuente de inspiración en ciudades pre-coloniales como Timbuktu, en Mali; Kano, en Nigeria; o Zinder, en Níger. Este aprendizaje la posicionó como firme defensora de la arquitectura vernácula por su perfecta adaptación al entorno, recursos y formas de vida locales.

Declarada admiradora del arquitecto burkinés Francis Kéré por su habilidad para adoptar técnicas constructivas de diferentes lugares y convertirlas en algo único, que funciona en el plano cultural, climático, material y económico; la arquitecta nigerina se muestra a la vez crítica con la forma de trabajar de algunos arquitectos africanos. Cree que deberían dejar de copiar lo que ya existe en Occidente y volver la mirada a su propia herencia histórica. Crear su propia modernidad disociándose de lo que ella llama West-ernity.

Mariam Kamara

En 2013, nada más terminar sus estudios Mariam Kamara colaboró junto a otros tres arquitectos de diferentes nacionalidades en el proyecto de una escuela para niñas en Afganistán. Así nació united4design, un colectivo que surge con el objetivo de ponerse al servicio de las poblaciones que no siempre tienen acceso a la educación. Su carácter multicultural les permite desarrollar proyectos complejos y da lugar a diálogos y debates muy gratificantes. Además de Kamara, forman parte de United4design la iraní Yasaman Esmaili, la estadounidense Elisabeth Golden y el alemán Philip Straëter.

Casi simultáneamente, junto a sus compañeros de United4design comenzó el proyecto Niamey2000, una respuesta a la crisis habitacional de la ciudad y que propone soluciones al rápido crecimiento de su población.

Esta fue la lanzadera para Atelier Masomi, el estudio de arquitectura de Kamara en Niamey, que persigue principalmente experimentar con las técnicas, los materiales, investigar las tradiciones arquitectónicas y proponer interpretaciones contemporáneas. En su entrevista para OSE Níger aclara que Masomi significa ‘el comienzo’ en hausa. Tengo la impresión de embarcarme en una aventura en la que no tengo todas las respuestas. Cada etapa, cada proyecto es un hallazgo, otro paso hacia el descubrimiento de una arquitectura de la que aún no conocemos las formas y los contornos. Estamos en la infancia de este movimiento arquitectónico, por lo que encontré este nombre apropiado.”

A pesar de su juventud, Atelier Masomi ha completado proyectos como el complejo Hikma, un centro comunitario y religioso en Dandaji, pueblo hausa al oeste de Níger, así como el mercado regional en esta misma ciudad.

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Esta intensa trayectoria, ha sido el fundamento de su selección para formar parte de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos en la categoría de Arquitectura. Este programa empareja reconocidos maestros de diferentes ramas con jóvenes artistas de todo el mundo con el objetivo de que entablen una relación de mentoría individual durante un período de colaboración creativa. Kamara formará tandem con Sir David Adjaye, arquitecto británico de origen ghanés para realizar un proyecto común: la construcción de un centro cultural en Niamey.

Hace poco tuvimos la ocasión de conocer de primera mano la filosofía y procesos creativos de esta talentosa arquitecta, ya que fue ponente en el festival que el colectivo Design Indaba organiza cada año para subir al escenario a los talentos más relevantes de diversos sectores creativos. 

Mariam Kamara es una de las fuerzas motrices de un fenómeno imparable. Estamos siendo testigos de una suerte de renacimiento de la arquitectura africana, la que vuelve la mirada curiosa a sus orígenes para recuperar con orgullo planteamientos, estéticas, materiales y técnicas. Con la sostenibilidad y practicidad por bandera se alza una joven generación de profesionales que han conseguido esquivar la estela colonial. Mujeres y hombres que hacen que la arquitectura en África vuelva a tener sentido.

Fatima Mazmouz y Zoulikha Bouabdellah: Arte con perspectiva de mujeres, árabes y africanas

Desde Marruecos  y Argelia, las obras de Fatima Mazmouz y Zoulikha Bouabdellah, dos mujeres artistas referentes del feminismo en el contexto poscolonial, se dan cita hasta el 21 de abril en una exposición conjunta en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), en Las Palmas de Gran Canaria, titulada `Simetrías´. En Wiriko hablamos con ellas de arte en femenino, siendo árabes y africanas, de cara al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

FATIMA MAZMOUZ

Fatima Mazmouz y el cuerpo femenino colonizado

Esta artista, nacida en Casablanca y que vive entre Marruecos y Francia, nos confiesa que la necesidad de revisar la historia y de aceptar que existen otras maneras de afrontar el colonialismo y sus consecuencias se encuentran en la base de buena parte de su conjunto artístico. Una de sus series más transgresoras es ejemplo de ello. Se trata de ‘El útero de mi padre´, perteneciente a la colección `Museo del  útero´, un conjunto de fotografías llamadas a reinterpretar las voces del sur y en las que feminismo y colonialismo se convierten en una relación bilateral dolorosa e inevitable.

Son cartas postales de la época de los protectorados español y francés en Marruecos y propagandas oficiales en las que ella se atreve a plasmar trompas de Falopio, úteros y matrices, partes de un cuerpo femenino que ha sido dominado por el hombre colonizador, por los militares y oficiales que miran maravillados; o por las instituciones de gobierno de Tetuán, cubiertas por pequeños úteros. Esta maniobra artística nos obliga a reeducar nuestra mirada colonial y machista y a trasladarnos de la dimensión biológica e individual a la social, política y colectiva. Mazmouz matiza que la dominación colonial fue también la dominación sexual, a través, de la práctica de la prostitución. 

Con una posición muy firme sobre la libertad individual de la mujer, a quien defiende convencida que se le debe respetar cualquier decisión que adopte respecto al aborto, la artista marroquí se planteó cuestiones vitales sobre la maternidad al quedar embarazada. Más tarde fue capaz de transmitir estas luchas internas con irreverentes creaciones, como una Virgen de Guadalupe rodeada de un aura de cuchillos de cocina, para denunciar que las religiones y patriarcados obligan al autosacrificio femenino. Ese es un ejemplo de sus rupturistas dualidades que se encuentran en buena parte de su producción, en la que superpone símbolos contradictorios, mezcla elementos cristianos y paganos, o bien realiza una amalgama de cuerpos embarazados con conceptos como el de patria.

 

Zoulikha Bouabdellah y la necesidad de unir arte, mujer y pertenencia cultural

A través del dibujo, la fotografía, el vídeo o la instalación, esta creadora argelina no puede desligar del todo su trabajo a la cuestión femenina porque, en sus propias palabras, como mujer artista lo único que hace es expresar lo que ella misma es. Bouabdellah denuncia la perspectiva estereotipada que en Europa se tiene de la mujer árabe y musulmana, fruto de la narración de una historia única colonizadora, de la que dice ser una imagen que hay quien prefiere mantener congelada como en un molde y que se traduce en la de una mujer sumisa e indolente cuyo destino depende de los hombres. Sin embargo, ella reivindica que las mujeres árabes son artífices del progreso, cuentan con más estudios que los hombres y son muy activas en el terreno profesional. “La confusión, en mi opinión, existe porque la visión de los europeos del mundo árabe confunde lo político con lo cultural”, señala la artista.

Así nos encontramos ante una mujer de fuertes convicciones feministas, con conciencia de sus orígenes árabes y musulmanes, que ha impregnado de esta fusión conceptual toda su obra. Los temas centrales de sus trabajos artísticos son el desafío a los roles de género y a las normas sociales, los tabúes y la reinterpretación de la historia, que en su obra se convierten en piezas de un indudable calado histórico y político.

Al radiografiar con detalle parte de sus creaciones, descubrimos una atrevida exploración de elementos pictóricos populares mezclados con otros propios de la cultura y de la tradición árabe y musulmana. Bouabdellah tiene la destreza de romper clichés a golpe de color y técnicas contemporáneas. Como ejemplo, su serial de mezquitas decoradas al estilo pop art, que nos invita a admirar la diversidad, no solo artística, sino también cultural.

La utilización de elementos aparentemente opuestos se convierte de esta manera en uno de los rasgos definitorios de su piezas, siendo capaz de armonizar elementos de culturas y géneros diferentes, así como conceptos antagónicos como la belleza y la violencia.

1:54 Marrakech, entre lo humano y lo divino

Por segundo año consecutivo Marrakech ha acogido la Feria de Arte Africano Contemporáneo 1:54, consolidando el propósito con el que nació esta plataforma de las artes visuales africanas y de la diáspora de presentar su riqueza y diversidad artística también en el continente. En Wiriko hacemos un recorrido por esta gran exhibición celebrada el pasado fin de semana a través de las obras de seis de sus artistas participantes, visiones que nos trasladan a distintas realidades africanas, tanto desde una concepción terrenal como ancestral, y que muestran que el arte no sólo puede ser semilla de cambio, también de acercamiento a otras culturas.

‘A tu lado’, Albahian (2018). J. Choumali

 

Nú Barreto

Banderas y cuerpos grises componen el trabajo de Nú Barreto. Nacido en Guinea-Bissau, ondea sus lienzos ante las injusticias. Y lo hace a través de enormes banderas sobre las que cuelgan en algunos casos obras literarias de reconocidos africanos como Patrice Lumumba, Cheick Anta Diop, Ken Bugul o Paulina Chiziane, y en contraposición, otras albergan balas, manchas rojas u objetos animistas. Elementos, estos últimos, que son recurrentemente desafiados en sus creaciones, a menudo protagonizadas por individuos grises que celebran el color ceniciento que suele dejar la piel seca en las personas muy negras, consideradas de menos valía en una de las tradiciones ancestrales de su país que atribuye mejor posición a los negros de piel más clara.

 

Armand Boua

La cruda realidad de los niños abandonados en las calles de Abiyán, en Costa de Marfil, se plasman en la obra de Armand Boua a través de gruesas pinceladas de alquitrán y acrílico sobre cartón en composiciones creadas a capas que construyen narraciones visuales incompletas, entre lo sutil y lo borroso, que denota el sumo cuidado con el que este marfileño trata esta dura escena callejera del mayor centro urbano de su país. Boua utiliza los cartones de la calle para plasmar su denuncia contra esta escena poco visibilizada de las migraciones urbanas que cuestionan la clase de desarrollo que concluirá de unas generaciones futuras ignoradas en la capital administrativa de Costa de Marfil.

 

Regragui Bouslai

Del arte como motor de cambio, pasamos a la creación artística como fuente de conocimiento cultural. Regragui Bouslai da a conocer la tradición oral y los elementos religiosos que se despliegan sobre los paisajes de su Marruecos natal mediante apretujadas narraciones visuales en las Bouslai habla del animismo, en el que se basa la espiritualidad de muchas comunidades africanas, y lo hace a través de personajes y animales que parecen temer la pérdida de su lugar. En coloridas pinturas en las que en ocasiones practica el scratch rascando con un trozo de madera para dar relieve a los cuerpos, el artista marroquí da protagonismo en sus cuadros a las miradas, compuestas por ojos vacíos, grandes agujeros como los que figuran en las máscaras tradicionales africanas para evitar los malos augurios.

 

Joana Choumali

A medio camino entre lo real y lo imaginado, Joana Choumali presenta en esta edición de la 1:54 ‘Alba’hian’, que en la lengua agni de Costa de Marfil significa la primera luz del día y con el que alumbra esta marfileña su último trabajo. En él deja a un lado su exquisita sensibilidad fotográfica y vuelve a sumergirse en la técnica mixta para crear una serie que rezuma la delicadeza de su firma con collages en los que mezcla dibujos, bordado y fotomontaje, todos ellos superpuestos en varias capas de tela transparente que envuelven sus recuerdos. Literalmente, porque sus composiciones se basan en las sensaciones que Choumali obtiene de sus paseos matutinos, una práctica rutinaria adoptada por la artista que se ha convertido en su ritual de introspección diario para conectar consigo misma llevando al lienzo lo que la luz le va descubriendo en las primeras horas de la mañana.

 

Soly Cissé

Dejamos los paisajes de ensueño para adentrarnos de lleno en el mundo mágico de Soly Cissé. El artista senegalés presenta cuerpos despojados de su identidad étnica que sobreviven entre los orígenes y la modernidad en pinturas híbridas y caóticas, desprovistas de armonía. Cargada de furia y color, la obra de Cissé representa un mundo de sombras que no se llega a saber si pertenecen a la tradición ancestral o al mundo actual, si bien el artista asegura que el objetivo de su trabajo no es dar lecciones de moral sino entrenar la comprensión de las personas sobre lo que vive y lo que sufre.

 

Athi-Patra Ruga

Y llegamos a la utopía de Atri-Patra Ruga, rebautizada por el artista como ‘Azania’, un mundo que no existe pero al que el artista sudafricano da vida en su obra para echar en cara su falta. Lujo, pasado colonial, política actual, tradición africana y cultura queer conviven en Azania en forma de parodia para cuestionar el status quo presente. Las coloridas y enigmáticas obras textiles creadas y fotografiadas por Ruga seducen al espectador al mismo tiempo que lo provocan. Al fin y al cabo, más allá de la fantasía el artista persigue un propósito: eliminar la persecución social de los futuros anales de la historia.

Simbología Adinkra en movimiento: El falso relato de Tradición vs. Modernidad

Por Aitor Climent Barba

Tradición y África son dos palabras que suelen estar vinculadas en el imaginario colectivo occidental. Las culturas tradicionales evocan a las raíces y la identidad de un pueblo, pero el mismo adjetivo a la vez constriñe la cultura en cuestión a un contexto determinado y a un tiempo remoto, lo que condiciona e impide una lectura profunda del grupo cultural. A continuación veremos a través del ejemplo de la simbología Adinkra, procedente de Ghana, cómo este tipo de mirada está vigente.

La simbología Adinkra es un sistema de escritura basada en el uso de pictogramas o ideogramas, es decir, un conjunto de símbolos que sintetizan diferentes concepciones de la realidad akan que se transmite, a la vez, a través de su tradición oral. Estos signos pueden ser figurativos o abstractos y aparecen estampados, grabados o forjados en diferentes formatos y soportes. Tradicionalmente los akan utilizan el textil Adinkra como un medio donde plasmar el complejo sistema codificado que en sus orígenes explicaba su visión del mundo.

Actualmente los akan habitan en gran parte del sur de Ghana y una parte del sudeste de Costa de Marfil. Según G. F. Kojo Arthur, los akan usaban la ropa en tratados comerciales con pueblos del Sahel, Sáhara y pueblos africanos mediterráneos. Hasta que llegaron los europeos. Fue entonces cuando la simbología Adinkra comienza a categorizarse como manifestación o hecho cultural propio de la tradición africana, una idea de tradición que es fruto, según el curador y crítico de arte cubano Gerardo Mosquera, de la herencia colonial europea porque con esta se posicionó la cultura europea en el centro del imaginario colectivo global, lo que excluyó al resto de culturas precoloniales al exilio de un contexto aislado del resto del mundo al categorizarlas con etiquetas como tradicionales, antiguas o primitivas.

Pero la realidad es totalmente diferente. La simbología Adinkra es un ejemplo claro de manifestación cultural africana ligada a una determinada tradición, pero en coexistencia con otras comunidades oeste-africanas de las cuales incorporó técnicas, objetos y símbolos. Habitualmente la apropiación cultural por parte de una comunidad receptora se realiza según sus necesidades y/o intereses. De esa forma el hecho cultural se transforma y fluye con el tiempo y la circulación geográfica.

Con la independencia de la República de Ghana en 1957 nació la necesidad de forjar una identidad nacional para unificar los distintos pueblos que habitaban el país. El gobierno apropió la simbología Adrinka, entre otras manifestaciones culturales, como parte de la estética para construir la identidad ghanesa desde la africanidad en contraposición al colón europeo. Esta aplicación en los símbolos nacionales se puede apreciar, según G.F. Kojo Arthur, en objetos de consumo doméstico como sellos, monedas, etcétera, pero también en logotipos de instituciones nacionales y edificios públicos aún presentes en la actualidad.

Logotipo de la Universidad de Ghana con el símbolo Dwennimmεn en el centro

Actualmente nos encontramos en la era de la globalización, pero la cultura occidental aún permanece en el centro. El avance tecnológico ha posibilitado la conexión global y permite la difusión de producciones culturales locales a la misma escala, por eso también nos encontramos en el período histórico con más riqueza y diversidad cultural. La principal problemática consiste en que el nuevo interés por las culturas no-occidentales no nace de una voluntad de situarlas en el mismo plano de las culturas de los centros. Esta voluntad condiciona a las culturas periféricas según lo que se espera desde el consumo de los centros.

En el mundo del arte estas desigualdades son fácilmente percibidas. El surgimiento de grandes muestras artísticas del continente como DAK’ART, la Bienal de Arte Africano Contemporáneo, refleja esa necesidad de crear un espacio dedicado al arte contemporáneo de artistas africanos debido a su poca presencia en las Bienales Internacionales de Arte Contemporáneo. Si no fijamos en la última Bienal de Venecia, de los 120 participantes solo seis proceden de algún país africano (dos de Marruecos y los demás de Nigeria, Argelia, Zambia y Mali) y de los 85 pabellones nacionales solo seis también son africanos (Angola, Egipto, Costa de Marfil, Kenia, Nigeria y Sudáfrica).

Veamos dos ejemplos de artistas contemporáneos africanaos que incorporan la simbología tradicional en sus narrativas visuales:

Atta Kwami

Pintor, curador e historiador de arte ghanés con cierto recorrido en varios países africanos, europeos y estadounidenses. Su obra se caracteriza por la combinación de colores y formas mediante diferentes técnicas y soportes. Se puede apreciar la referencia estética de las piezas de Kwami con la tradición textil Kente y la cultura visual ghanesa. El dialogo del artista con la tradición es el punto de partida hacia otros ritmos, estructuras y composiciones.

Owusu-Ankomah

Conocido por sus cuadros, donde hace entrever siluetas humanas en medio de un cosmos de símbolos diversos entre los que figuran los Adinkra como nexo que refuerza el vínculo entre el artista ghanés y la tradición de su país de origen.

Kwesi Owusu-Ankomah (2002)

La mutabilidad y transformación constante constituye parte de la naturaleza de cualquier cultura que existe. Negar esta cualidad fluida es perpetuar la falsa imagen de pureza de identidad. Es por ello que cabe reflexionar sobre mediante qué circuitos de poder circulan las representaciones artísticas y respetar las narraciones visuales de quienes se ven en desventaja.

Nigeria en la mirada

El país más poblado de África y con la economía más grande del continente es también una consolidada y siempre prometedora potencia artística. Con motivo de la cita con las urnas que tienen las nigerianas y nigerianos este 16 de febrero, nos acercamos al gigante africano para ver Nigeria a través de las miradas de tres de sus artistas: la fotógrafa Etinosa Yvonne, el escultor Dotun Popola y la artista digital Alexis Chivir-ter. En Wiriko hablamos con ellos.

 

Etinosa Yvonne: Traumas proyectados sobre una fotografía mental

Desde la capital nigeriana de Abuja, la fotógrafa Etinosa Yvonne nos habla de ‘It´s all in my head’ (‘Todo está en mi cabeza’) un proyecto que combina la imagen fija, en movimiento y el sonido para explorar los diferentes mecanismos a los que supervivientes de terrorismo o conflictos armados se aferran para avanzar y borrar la tragedia. El trabajo de Yvonne destaca principalmente por su uso de la superposición de capas, en las que proyecta imágenes de un entorno del pasado que se añora o de un elemento alentador para el futuro. Son retratos de supervivencia que, según explica su autora a Wiriko, tienen el objetivo de abogar por un mayor acceso a la atención psicológica que permita a las víctimas de la violencia en Nigeria recobrar su salud mental. “Es una llamada de atención a la sociedad para que conozca el estado de ánimo de estos supervivientes”, afirma tajante Yvonne.

La creadora confiesa que las conversaciones mantenidas durante las sesiones fotográficas le revelan que muchas de estas víctimas no han superado los episodios que presenciaron y que han simulado seguir adelante haciendo de su vida una suerte de farsa, sin expresar a nadie su dolor y sus dramáticas experiencias. Son personas que viven atrapadas en el pasado intentando construir un futuro endeble. A algunos supervivientes ni se les ha preguntado cómo se sentían, lo que para ella influye sin duda en su estado de depresión, estrés postraumático o en sus ansias de venganza. Otros, en cambio, “han encontrado consuelo en su existencia o en la religión”, señala la fotógrafa.

Testigos de actos extremadamente crueles hacia ellos mismos, sus familiares o sus propiedades, estas personas se ven obligadas a enfrentar una nueva realidad desoladora con poco o sin ningún apoyo psicológico. “La norma aquí es que cada vez que hay un ataque, las organizaciones humanitarias y no gubernamentales se centran en proporcionar ayuda material, crear clínicas, escuelas, etcétera. Sin embargo, se le da muy poca prioridad a la salud mental”, señala la autora del proyecto. Ante este vacío, las fotografías en blanco y negro de ‘It´s all in my head’ tienen el poder de transmitirnos una parte de los sentimientos de sus protagonistas, sus inquietudes y esperanzas. Con estos retratos visuales, Yvonne persigue crear conciencia de problemas que sucedieron en el pasado pero que afectan en la actualidad.

 

Dotun Popola: Anhelos metalizados de la sociedad nigeriana

Generadores de electricidad abandonados, pastillas de freno olvidadas en tiendas de motores, tornillos y cadenas encontradas en los basureros son los objetos que Dotun Popola resucita a base de cortar, perforar o soldar y con los que reivindica el arte contemporáneo hecho en Nigeria porque, tal y como nos cuenta, son obras de un autor local realizadas con objetos encontrados en el país y con el sentido de abordar los problemas de la sociedad nigeriana.

Su arte es integrador y diverso. Vemos obras con detalles capitalistas, como el resto de un escudo de la marca Mercedes y elementos más tradicionales, como la abundante fundición del bronce, una práctica artística habitual entre los pueblos de Bini, o guiños a la cultura yoruba. En cualquier caso, todos estos materiales han pasado por las manos de personas que una vez exprimido su uso determinaron deshacerse de ellos, y esa utilidad que le dieron, su calidad o sus propiedades son capaces de desvelar muchos secretos sobre su antiguo propietario, como su condición sociocultural, económica o política o incluso sus anhelos. “Estos objetos reflejan indirectamente las condiciones de vida del pueblo nigeriano”, asegura el escultor.

Esa dimensión humana que encierra la chatarra es el punto de partida de toda la creación artística de Popola. Su trabajo es el camino para llegar a millones de personas que alguna vez usaron esa pieza metálica y a la que, sin darse cuenta, transmitieron información sobre sus vidas. Una vez recogidas del basurero, Popola los revive porque, según sus palabras, es su propia manera de “gestionar los desperdicios”. Sensibilizado con las cuestiones medioambientales y la fallida gestión de los residuos, se ha convertido en un artivista que contribuye con su creatividad a darle una segunda vida a los desechos ya sea con el reciclaje o la reutilización.

 

Alexis Chivir-ter: El amor como experiencia visual

Observar los collage digitales de la fotógrafa y artista digital nigeriana Alexis Chivir-ter es como hacer un viaje de ensueño a través de los colores, las formas y los espacios con un destino final abstracto y, al mismo tiempo, definido: el amor. Esta creadora, nacida en la pequeña ciudad de Makurdi, es una autodidacta del incipiente surrealismo digital africano que reside en la actualidad en Gran Bretaña, pero que sigue inspirándose prácticamente para todas sus obras en el continente africano. Dice a  Wiriko que suele buscar inspiración en la observación directa del día a día para recoger toda la belleza. Y el amor. Un amor de pareja, de hermanos, de madre a hijo, de amigas.

Este sentimiento, infinito y sin etiquetas, es el que la conmueve y la lleva a tratar con sumo cuidado los retratos que llegan a sus manos, y que después moldea, ya que esas fotografías le informan de que alguien detuvo alguna vez su vida para captar la existencia de otra persona. Para Chivir-ter esto eso es amor y es lo que intenta proyectar en cada una de sus obras envueltas en una colorida composición artística.

El amor es su fuente de creación y al mismo tiempo nos lo trae de vuelta, ya que el principal mensaje que nos quiere transmitir es el deseo de que seamos partícipes de la historia. Así nos encontramos con piezas de base realista, con fotografías de otros autores o realizadas por ella misma, que adorna con estampados africanos, la naturaleza o el universo. Es por tanto una artista ecléctica, no sujeta a normas, que combina diferentes elementos dentro de una misma composición convirtiendo su arte en rupturista y transgresor.

Anda Mncayi y la importancia del instinto artístico

Cuando una obra artística nos cautiva, a menudo nos empeñamos en buscarle significado. Cuando se trata del trabajo de artistas africanos, ese empeño es exponencial a la medida en que queramos acercarnos a unas realidades que por lejanas o sesgadas suelen avivar la capacidad de asombro, que es donde reside “la plenitud de la vida”, como diría Kapuscinski. Pero, si bien el arte es un medio indiscutible de conocimiento, en esta fascinación por las narraciones visuales africanas se puede caer en la trampa de olvidarse de lo instintivo de la práctica para quedarse simplemente con la virtud de dar vida a un cuadro. El sudafricano Anda Mncayi nos lo recuerda con su heterogénea obra en la que el único denominador común es su talento.

Serie ‘Bantu’, Anda Mncayi.

Dice Anda Mncayi que si tuviera que pedirle algo al futuro sería “tener todo el tiempo posible para dar rienda suelta a mis creaciones y encontrar inspiración conviviendo con la gente. Me gustaría poder poner a prueba hasta dónde puedo crecer como artista”. En realidad, cuenta en una entrevista a Wiriko que los tiempos de compaginar su pasión con un trabajo para poder hacer frente a los gastos ya pasaron y ahora vive de sus ilustraciones con la vista puesta en llegar a llenar grandes salas de exposiciones “y exponer por otros países del continente o incluso fuera”.

Ya ha participado en algunas exhibiciones colectivas en Ciudad del Cabo, lugar en el que reside, pero donde más éxito ha encontrado es en su cuenta de la red social Instagram donde casi alcanza los tres mil seguidores. “Ser artista en Ciudad del Cabo es una gran experiencia porque que haya tantos creadores hace que exista un ambiente especial, además hay gente muy diferente, de muchos sitios distintos. Lo bueno de Internet es hace que esté más expuesto y ahora es más fácil hacer que tu trabajo llegue a la gente”.

Anda Mncayi llegó a la ciudad artística por excelencia en Sudáfrica para estudiar Diseño gráfico, una formación que está muy presente en su obra, pero que el artista combina con el uso de herramientas más tradicionales. “Me gusta también el efecto de los lápices y las tintas, no sólo pinto digitalmente. Intento explorar tanto como puedo”, señala. Y eso también es evidente en nuestra conversación, en la que nos explica que lo que él quiere expresar en sus ilustraciones es lo mucho que disfruta al pintar. Así, en su serie ‘Bantu’ sencillamente le apetecía pintar a este gran grupo cultural; y ‘Airelevate’ “era solamente una manera de jugar con la palabra, pretendo expresar simplemente la idea de una nube como mecanismo de elevación”.

“Me gusta explorar y cada serie es una oportunidad de hacerlo. En el proceso de creación tengo la idea de que cualquier cosa puede ocurrir con cada una de las piezas”, explica. En sus trabajos se pueden encontrar claras reminiscencias al anime, más evidentes en sus inicios, que han ido abriendo paso a una corriente menos marcada, más personal en la que Mncayi es capaz de abarcar desde lo galáctico hasta el más absoluto realismo. A medio camino se encuentra ‘Bantu’, su serie más cautivadora, donde abandona el colorido para resaltar con elegantes y decididos trazos unos rasgos que se muestran petrificados.

“Me inspiro mucho viendo cine de animación y leyendo cómics, pero creo que consigo crear mi propio estilo creativo intentando encontrar diferentes maneras de usarlo, esto se ve claramente en los retratos que hago. Otras piezas sí están más cercanas al manga y a la animación japonesa en general, pero siempre intento pensar en qué puedo aportar yo y plasmarlo” y añade sorprendido que “mucha gente me dice que cuando mira las ilustraciones se nota que son africanas, pero supongo que eso es algo que uno hace sin ser consciente porque el lugar del que venimos o en el que crecemos se manifiesta en lo que hacemos de alguna manera. En mi caso está siempre presente, aunque no me dé cuenta”.

"Deconstrucción", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

El arte interactivo por Nguema Pouye: “Me he buscado dentro de mí mismo”

La creación artística interactiva nace a mediados de la centuria pasada, o incluso en 1916 con el Dadaísmo, como un género cuya base recae en la participación del espectador, haciendo el arte más inclusivo y activo al romper la distancia entre obra y público. Aplicada en el panorama africano de muy diversas formas, el artista afroespañol Justo Alioundine Nguema Pouye da su propia versión de la interactividad artística en su obra, recogida ahora en el libro ‘El arte de la interpretación interactiva’ que presenta por varias ciudades españolas. En Wiriko hablamos con él.

"Deconstrucción", de Justo Alioundine Nguema Pouye.
‘Deconstrucción’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

“Aludo a la libre recepción y comprensión de mi creación por parte del público, puesto que el público es libre de interpretar aquello que ve y percibe”, dice el dibujante, escultor, poeta, músico y activista Justo Alioundine Nguema Pouye. Mientras el congoleño Chéri Samba aúna pintura y texto para despertar el interés del observador, la congolesa-rumana Maliza Kisuwa invita al público a palpar e incluso atravesar sus piezas artísticas, el afroespañol de origen ecuatoguineano-senegalés, Nguema Pouye ha ido descubriendo su obra a través del público.

Todo empieza en Holanda, en un momento de bloqueo en el que comienza a dar rienda suelta a sus primeros garabatos. “Son otras personas las que me enseñan a ver esos dibujos”, afirma. Ya en estos diseños se va percibiendo un patrón que se repite empleando una trama laberíntica, donde la abstracción de aire psicodélico se despliega caprichosamente componiendo ciertos elementos figurativos.

Su producción plástica se basa en un particular modus operandi, donde va descubriendo y matizando lo que ve en el soporte a base de ir borrando lo sobrante. “Una vez voy construyendo una imagen con conciencia, sin darme cuenta, se construyen como reacción otras imágenes sin esa conciencia”, explica. De esta manera, se van tejiendo las distintas formas y capas que componen sus trabajos, sea a través de una explosión cromática, sea a través de restringidos grises, pero siempre susceptibles de múltiples lecturas.

"Magia negra", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘Magia negra’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

"Historia buena", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘Historia buena’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

"El templo", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘El templo’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

'Olas', de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘Olas’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

"Sol negro", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘Sol negro’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

Paulatinamente ha ido desarrollando un arte de forma más consciente y estructurada. Sin embargo, “no puedo identificar referentes conscientes, puesto que tanto el dibujo y la pintura vinieron a mí, no fui yo a buscarlos. Es la gente la que ha venido a indicarme parecidos con Dalí, Escher o incluso Picasso. El conocimiento de la pintura de esos artistas me llegó mucho más tarde, porque no tenía relación con las artes plásticas en general. El libro viene a explicar en esas doscientas páginas que soy mi propio referente a nivel técnico, a nivel práctico, y que me he buscado dentro de mí mismo”, reconoce.

Su polifacética identidad ha ido hallando su propia forma a través de su recorrido como pintor, la cual ha dado como resultado su firma como pintor: “VRUS surge por la manera en la que firmo, haciendo referencia a esa Visión Revolucionaria Utilidad Social que quiero dar a mis obras”. Pero, tal y como nos indica, este no es el único pseudónimo que utiliza: “Me defino como VRUS para diferenciar al artista-pintor plástico de Yast el activista, de Yast Solo el músico, o de Justo, que es la persona, el individuo. Entre sí los propios personajes tienen sensibilidades, roles, facetas diferentes, y socialmente también tienen compromisos diferentes es base al tipo de arte que realizan”.

"Autorretrato", de Justo Alioundine Nguema Pouye.
‘Autorretrato’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

Y si bien en Inglaterra le llegaría la invitación a la pintura, en la que el acrílico, la cera, el óleo, el pastel o el tipex serían algunos de los primeros materiales con los que emprendería en su experimentación en torno a soportes y técnicas, es en Madrid donde se concretaría su pintura, ganando en una simplicidad interpretativa y una identidad que traduce como afroespañol y fang especialmente: “Yo creo que parte de mis obras tienen ese reflejo”. De hecho,algunas de sus obras se encuentran temporalmente en cesión a distintas instituciones de Guinea Ecuatorial y Senegal, donde son recibidas por los locales como algo que reconocen.“Me impactó que sí se identificaran en esas obras, que les gustaran, que las comprendieran, incluso más que la gente en Europa con la que he crecido”, señala.

Su libro ‘El arte de la interpretación interactiva’ recoge su faceta creativa tanto en el campo de las artes plásticas como en el de la poesía. Para él “la poesía es verbo, es palabra, y de algún modo es una expresión consciente de lo que quiero comunicar. La pintura es diferente. Parte de una abstracción mía, personal, del mundo en el que me encuentro, por eso cualquier persona puede tener su propia interpretación de cualquier dibujo o pintura que realizo”.