Selly Raby Kane, la creatividad personificada

* Isabel Obama Matogo

Todo lo que toca lo renueva, por algo es la reina del afrofuturismo ‘made in’ Senegal. Polifacética y ecléctica, Selly Raby Kane reencarna a la perfección los atributos de creativa e innovadora. De ahí que hayamos querido sacar a relucir la cautivadora obra de esta diseñadora de moda senegalesa con motivo del Día Mundial de la Creatividad y la Innovación, que se conmemora el próximo 21 de abril por primera vez de manera oficial en todo el planeta.

Selly Raby Kane

Dice la ONU que esta celebración nace “con el objetivo de promover el pensamiento creativo multidisciplinar que nos pueda ayudar a conseguir el futuro sostenible que queremos”. El pensamiento creativo de Kane promueve una realidad afrofuturista, que no es otra cosa que una reivindicación plasmada a través de la ciencia ficción y la fantasía para concebir una nueva identidad africana. Y desde luego es multidisciplinar: Moda, vídeos musicales, su propio cortometraje y dirección creativa de eventos.

“Me encanta contar historias, me encanta expresar mi verdad interna”, explica la diseñadora en la conferencia Design Indaba 2015, la plataforma sudafricana de diseño y creatividad, que dos años más tarde le pediría mucho más que una charla: la dirección creativa del festival anual Design Indaba 2017, el evento más importante de este prestigioso colectivo.

Fotografía de Omar Victor Diop

Diez años antes de que esto ocurriera, tal y como rememora Kane en su charla, recién graduada en Administración y Empresas y a punto de volver desde París a su país, “decidí empezar a dibujar de nuevo porque cuando era más joven solía hacerlo mucho. Y dibujé cosas, y esas cosas se convirtieron en ropa, y la ropa se convirtió en colecciones. Y esa fue mi primera experiencia en el mundo de la moda”.

Entonces reorientó su rumbo y tras realizar sus estudios en moda y vivir un tiempo en Nueva York, regresa a Dakar, donde conoce a Les petites pierres, un grupo de creadores activistas que, a través de responsabilidades sociales, y ayudando a las nuevas generaciones de artistas del background a coger impulso, trata de instaurar nuevas formas de expresión artística en la ciudad. Pronto se convirtió en una referente y líder que supo atraer todas las miradas y dar voz a todas aquellas creaciones a su alrededor.

“En Dakar no es como en otras grandes ciudades con grandes desfiles a los que van compradores y editores, en Dakar el desfile es más una performance. Para nosotros es más un espectáculo. Así que cuando presento una colección quiero que la gente que asiste se introduzca en un universo, quiero sumergirles en una historia y quiero hacerles sentir fuera del tiempo y el espacio. Supongo que esto me viene de mi infancia, en la que solía ver un montón de películas de terror y fantasía con mi padre. Todo sale a flote en el proceso creativo”, explica para Design Indaba en un vídeo en el que afirma que sus diseños no se centran sólo en la ropa, sino que también tratan sobre historia.

Parte de la colección ‘Dakar city of birds’ / Fotografía de Jean-Baptiste Joire

Para muestra la presentación, en 2014, de su colección Alien Cartoon, donde consigue fascinar a miles de espectadores al llevar a cabo el desfile en una antigua estación de trenes que lleva al futuro a través de una invasión de alienígenas. Su colección  Otoño / Invierno 2015 ‘Dakar City of Birds’ salta el charco y encandila a la jet set, como es el caso de Beyoncé, que en los últimos años se ha mostrado fan absoluta de los diseños africanos. Y junto a Omar Victor Diop, ya en 2016, produce la serie de retratos ‘Mindset’, exhibida en el Grand Palais por la feria de arte Paris Photo. Y así llegamos hasta la actualidad, tras su imparable carrera como miembro del Design Indaba, que también ha contado con ella para la colaboración que el colectivo ha hecho con IKEA para su catálogo 2019. ¿Cuál será el próximo paso de la diseñadora senegalesa? ¡En Wiriko estaremos atentos!

Tony Cyizanye: “Queremos crear nuevas vías para que los ruandeses usen las artes como un medio de curación”

Yego significa ‘sí’ en kiñaruanda, el idioma oficial y más hablado en Ruanda, y es la respuesta asertiva que ha guiado a Tony Cyizanye a dar forma y nombre el centro artístico que es hoy lo que antes era una casa en ruinas de Kigali, la capital ruandesa. Su historia, como la del Estudio de Artes Yego, combina arte y superación en un país que el próximo día siete de abril conmemora el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido hace casi un cuarto de siglo.

Tony Cyizanye en el Estudio de Artes Yego / Fotografía cedida por T. Cyizanye

En 1994 vivían en Ruanda siete millones de personas cuyas etnias eran principalmente hutu (la mayoritaria), tutsi y twa. Sin embargo, desde hacía décadas en el país faltaban muchos ruandeses. Según la información de ACNUR, casi medio millón había huido a los vecinos Burundi, Tanzania, Uganda y Zaire, hoy República Democrática del Congo y otros muchos murieron a consecuencia de las matanzas entre hutus y tutsis. Un infierno que fue minando sus mil colinas hasta desencadenar en el intento de exterminio de la población tutsi a manos de sus paisanos hutus, que acabó con la vida de alrededor de un millón de tutsis y hutus moderados. Una masacre que, si bien se dice que finalizó en julio de 1994, dejó tras de sí un rastro de muerte que en 1996 llevaba hasta el Congo, esta vez contra los hutus.

Un año después de que finalizara el genocidio contra la población tutsi, Cyizanye comenzó a vivir en Ruanda. Hijo de refugiados, su familia se había instalado en su Burundi natal desde 1959 “pero ellos decidieron volver para reconstruir el país”, explica. Él tenía diez años y califica este regreso a la tierra de sus padres como algo bueno pero difícil. Procedente de una familia de artistas, el ahora pintor recuerda su casa burundesa como un lugar donde continuamente había música sonando y pinturas secándose.

“Creo que llevo el arte en la sangre. Mi padre y tres de mis tíos estaban en el centro de la escena musical de Bujumbura, la capital, y nuestra casa era su lugar de ensayo. Músicos más jóvenes venían a nuestra casa para estudiar y el sonido de estas lecciones, y las improvisaciones de mi padre a la guitarra, llenaban la casa desde que puedo recordar. Uno de mis tíos además era pintor, y entonces la casa se desdobló como un estudio de pintura también. Yo me sentaba a su lado durante horas, mirándolo trabajar”, relata.

Ya en Ruanda decidió dar rienda suelta a su vena artística. Descubrió la pintura abstracta, en la que luego se especializaría y con la que ha llegado a exponer en distintos países de África, Europa y Estados Unidos. En 2013, Cyizanye funda el Estudio de Artes Yego: “Me cansé del modelo de estudio común en Kigali, donde los líderes de los estudios ganan la mayor parte del dinero y dejan a los artistas sin oportunidades de desarrollar su arte. Así que cogí todo lo que había ahorrado de la venta de mis pinturas y alquilé una casa en ruinas cerca de Nyarutarama, un área acomodada de Kigali. Organicé a un grupo de artistas y miembros de la comunidad y en el transcurso de varios meses logramos transformar completamente el edificio”.

Aunque reconoce que en Ruanda el arte es más valorado por los turistas que por los residentes, Cyizanye insiste en la idea de que se puede “cambiar la vida de los artistas ruandeses para crecer económicamente y hacer una industria artística mejor”. Para él no es sólo una cuestión de vender obras (que también), el arte contribuye a mejorar la sociedad: “La gente puede aprender del arte” y “es reconciliación para la paz”, añade.

Y no es el único que lo cree. El Estudio de Artes Yego cuenta con una veintena artistas asociados de Ruanda, Tanzania, Congo y Uganda que contribuyen a ofrecer clases de arte gratuitas y emplean a media jornada a jóvenes de las localidades próximas para mantener la galería y organizar jornadas de pintura mural entre los vecinos y eventos gratuitos de danza y música. “Nuestra misión es crear una comunidad artística vibrante y autónoma en Ruanda. Queremos crear nuevas vías para que los ruandeses usen las artes como un medio de curación y generación de subsistencia sostenible para ellos y sus hijos”.

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El Kamel: “El mito y la narración oral han orientado mis creaciones artísticas”

Dice la ONU que “la poesía contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la forma en que usamos las palabras y las cosas, y nuestros modos de percibir e interpretar la realidad”. El pintor tunecino Slimen El Kamel encuentra en este género literario su musa, presente desde su infancia a través de la oralidad. Con él continuamos rindiendo homenaje a la poesía, celebrada en su Día Mundial este miércoles 21 de marzo.

“Yo nací en una comunidad rural donde el mito y la narración oral florecen. Estas narrativas han orientado mis creaciones artísticas tanto como la percepción que tengo de la realidad desde que era un niño”, dice el artista tunecino. Procedente de Mazouna, en la región de Sidi Bouzid, su niñez la asocia a los cuentos y los poemas, una herencia literaria que construyó sus primeros conocimientos y certezas a través de lo que imaginaba al escuchar. Más tarde, ya en la facultad de Bellas Artes, El Kamel aprendió a materializar ese imaginario narrativo en una práctica pictórica que acabó por convertirse en su inspiración y su propio estilo. Para él la línea que separa lo real de lo imaginado es un camino más presente en la vida cotidiana de lo que pensamos.

Como un lenguaje adquirido, este artista visual explica que la imagen es un elemento sumamente arraigado a la persona. Así, a menudo y de un modo automático, antes de poner en marcha una acción la visualizamos: nos disponemos a cocinar porque mentalmente ojeamos la nevera, nos vestimos en función de la combinación que hemos previsualizado de las prendas y, muchas veces, lo que hemos visto en sueños condiciona cómo dormimos y hasta cómo nos enfrentamos al día que tenemos por delante.

Hoy Slimen El Kamel es un pintor de 34 años que compatibiliza sus clases en el Instituto Superior de Bellas Artes de Sousse con su labor pictórica, que ha seguido enfocada hacia el impacto que la imagen tiene en las personas y, por ende, en las sociedades que éstas forman. “El arte para mí es en sí mismo un fin. No lo percibo como un objeto de lujo, siento que es algo integral a la vida, como la inhalar y exhalar. Para mí el arte tiene el objetivo de concienciar”, manifiesta y añade: “Mi responsabilidad como profesor de Bellas Artes, junto a mi interés por la política, también han encaminado de manera considerable mi obra a reexaminar constantemente nuestra percepción de las cosas. Así es como progresamos”.

Para muestra su serie ‘L’Espace du Jeu’ (‘El lugar para jugar’, en español), donde cuestiona a través de figuras alegres y coloridas la restricción que en muchos contextos se impone a través de la ropa para proyectar la imagen deseada por una organización. Esta colección ha sido recientemente expuesta en la 1:54 Marrakech, la primera edición de esta feria de arte africano contemporáneo celebrada en el continente, un hito que para El Kamel ha supuesto “traer a casa un sentimiento de orgullo y reconocimiento dirigido tanto a los artistas como a la ciudad”.

Tras mostrar su obra por ferias de África, Europa y Asia, ahora Slimen El Kamel prepara su próxima exhibición individual en la galería Sulger-Buel Lovell de Londres para el mes de octubre. No nos adelanta si la poesía continuara siendo la musa de sus nuevos lienzos, pero sí quiere precisar que si bien su trabajo “puede ser visto como universal, para mí siempre será mi trabajo en relación a mi hogar, Túnez”.

Canarias y Cabo Verde unidos por ‘Un cuadro muy guapo y un plátano’

*Por Alicia Justo

A veces la imposibilidad de acercarse al contexto social de un artista impide conocer y entender de lleno su obra. Y en ocasiones el contacto con artistas de un determinado lugar anima a intentar descubrir sobre el terreno todo ese marco circunstancial que influye en sus creaciones. Es el caso del caboverdiano Yuran Henrique y la canaria Saskia Rodríguez, quienes han pasado el mes de febrero dentro del programa ‘Artistas en residencia’ del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Las Palmas de Gran Canaria, donde ahora exponen el resultado de su encuentro artístico hasta el 27 de mayo.

Presentación de las exposiciones de los artistas Yuran Henrique y Saskia Rodríguez, que se pueden visitar en el CAAM del 01.03 al 27.05.2018. Fotos CAAM / Sabrina Ceballos.

Tras esta experiencia, Rodríguez tiene el firme propósito de viajar a Cabo Verde para conocer y entender la obra del artista, ya que según sus palabras, “si no ves el contexto donde se desarrolla, solo podrás entender la mitad de lo que se te habla”. La residencia permitió a ambos creadores “aunar ambos lenguajes y generar un diálogo real entre los dos”, como narra Rodríguez, quien además, reconoce que aunque el trabajo de cada uno les parecía diferente, terminaron encontrando más puntos en común de lo que habían imaginado. Esta complicidad artística fue fruto de compartir un mismo espacio de trabajo durante un mes, lo que, además, les permitió conocer mejor sus diferentes formas de entender la práctica artística.

La realidad es que cada artista tiene un background de influencias estéticas según su lugar de origen y relaciones personales, además de diferentes factores económicos, que terminan plasmando de una manera u otra sobre sus proyectos. Aunque en este caso, ambos artistas comparten el condicionante de haber nacido y residido en una isla y entender la doble dimensión que ello conlleva: una parte abierta a diferentes culturas y otra, recelosa de su intimidad y costumbres.

Este vínculo isleño lo dejaron plasmado en el título con el que bautizaron su obra conjunta, un díptico llamado ‘Un cuadro muy guapo y un plátano, con el que los dos artistas han querido “ridiculizar el elitismo y dar prioridad a la esencia de las cosas”, especifica Rodríguez. Esta oposición a la superficialidad y sus aristas es, además, el hilo conductor de la obra de la artista canaria que recibe el nombre de ‘Inestabilidad textual. Un proceso de ocultación’, donde Rodríguez ha centrado su creación en las ideas de edición y fake, conceptos que usa para “plantear cuestiones sobre cómo se construye la credibilidad o cómo se generan los valores de verdad en la sociedad”, detalla.

Una pila de periódicos casi en medio de la sala dedicada a su exposición, con paredes blancas que obligan a centrar la mirada y atención en esta pieza, busca denunciar la ausencia de mensaje a  través de la autocensura o la desaparición de una imagen o un texto. Para completar su crítica presenta una serie de falsos carteles y manuscritos con letra ininteligible y borrones, textos incompresibles que confunden al espectador y que le impiden llegar a la supuesta verdad, tal y como ocurre en nuestra cotidianidad debido a la sobreinformación a la que estamos expuestos.

Fotos CAAM / Sabrina Ceballos.

En el lado inverso al espacio reservado a la creadora canaria, las obras de Yuran Henrique (Cabo Verde, 1993) dan la nota de color a la segunda planta del CAAM, que está dedicada a las obras de los dos artistas residentes. Encontramos restos de materiales reciclados y brochazos que reflejan el colorido de las escenas que quiere representar. Su exposición titulada ‘Calendarios’ se centra en el concepto del tiempo, el cual empuja al ser humano a viajar a un mundo que se transforma y que lo anima a seguir viviendo a través de la adaptación al medio cambiante. Intenta expresar los deseos inconscientes de nuestra naturaleza, las intuiciones primitivas o las experiencias de lo cotidiano. Sus composiciones encuentran la armonía dentro del caos, un aspecto que Henrique ha querido ligar a los estados del espíritu que evolucionan en la búsqueda de lo más profundo.

El artista caboverdiano centra parte de su obra creada en Cabo Verde en la descripción de escenas de su vida y experiencias de la realidad en ciudades y barrios de su país con lo que pretende romper los estereotipos ligados a África y al archipiélago caboverdiano y cuestionar la identidad y la estética de este universo.

“Mekatilili es solamente una entre una larga lista de mujeres que transformaron el mundo”

Se llamaba Mnyazi wa Menza, pero se la conocía como Mekatilili. Su nombre, adquirido de su hijo Katilili, ha pasado a la historia sin embargo no por su rol de madre sino por ser la mujer que encabezó el enfrentamiento de su pueblo contra la opresión británica. Un siglo después, los fotógrafos Rich Allela y Dapel Kureng recuperan el recuerdo de Mekatilili para ponerla al frente de su serie African Queens’, una colección que pretende, según cuenta Kureng a Wiriko, “inspirar a las mujeres africanas de todas partes a levantarse contra la desigualdad y la discriminación”.

African Queens, de R.Allela y D.Kureng.-

“’African Queens’ surge para dar a conocer las leyendas femeninas africanas de tiempos pasados. Mekatilili es solamente una entre una larga lista de mujeres que transformaron el mundo que las rodeaba”, añade. Que la historia real de esta mujer keniana se haya teñido de leyenda tiene que ver con que no existe mucha documentación registrada de la época, que se remonta a principios del siglo XX. Mucho menos cuando quien la protagoniza es del lado oprimido. Mucho menos tratándose de un liderazgo ejercido por una mujer. En cualquier caso, tal y como apunta Kureng, “Mekatilili ha sido reconocida recientemente por su gente al darse cuenta de que no le habían dado el lugar que merecía por su contribución a la libertad en tiempos de esclavitud”.

Ella era la cabecilla de la rebelión de Giriama, una región situada al sur de Kenia, que se enfrentó al régimen colonial entre 1913 y 1914. Mekatilili era viuda, lo que le permitía acceder a más libertades que las que tenían otras mujeres de su cultura. Una de ellas era tener voz en la asamblea de su comunidad, desde la cual se proclamó líder de la lucha contra los trabajos forzados, el aumento de impuestos y el envío forzoso de hombres a la I Guerra Mundial que imponía Gran Bretaña.

African Queens, de R.Allela y D.Kureng.-

Su liderazgo, no obstante, no le venía por el mero hecho de poder figurar en el órgano de decisión de su pueblo. Mekatilili ganó adeptos a través de la palabra y el baile. En el primer caso porque era una gran defensora de la cultura local, y en el segundo porque fue una conocida bailarina de kidufu, una danza reservada para ceremonias especiales. Esta mujer era madre, era bailarina y fue una destacada activista que nació a mediados del siglo XIX en el seno de una comunidad patriarcal y llegó a convertirse en un referente histórico en la lucha contra la colonización de este país africano.

Entonces, con la dominación colonial, pero también ahora, el foco apunta a lo mismo: el reconocimiento como iguales.  “Queremos representar a mujeres que desde su entorno han encabezado actos de liberación”, explica Kureng. Para este nigeriano, coautor de ‘African Queens’ junto al keniano Allela, ellas son ejemplos necesarios hoy en día (no sólo) en África: “La visión general que hay en los países africanos hacia las mujeres es la de una sociedad patriarcal que abanica las llamas de la suposición cultural de que las mujeres deberían ser vistas y no oídas. Las mujeres, tanto en los pueblos como en las ciudades, están contenidas por ellas mismas y por la sociedad”.

Su representación de Mekatilili, realizada con algunas modelos y mucha edición digital, ha sido tan querida como criticada entre quienes les reprochan falta de precisión histórica en su representación de este icono, a quien sitúan en un paraje árido que no corresponde al de Giriama y con un vestuario que tampoco es el de su cultura. “Nos pusimos completamente en manos de gente de la zona que me contaron qué trajes usar. Y ellos eran kenianos. Pero, por otro lado, en ‘African Queens’ también tratábamos de proyectar africanismo, por lo que buscamos la manera de combinar y fusionar los atavíos kenianos con esta idea”, argumenta Kureng quien señala que, en cuanto a la notoria edición de su trabajo, “el empleo de Photoshop y otras formas de manipulación fotográfica ayudan a acercar la historia a las nuevas generaciones, que se sienten más atraídos y conectan más fácilmente con esta representación de los héroes del pasado”.

Heroínas, en el caso de la colección ‘African Queens’, en la que Mekatilili ha sido la primera pero no será la última. “Queremos inmortalizar la larga lista de mujeres africanas que han contribuido a sacudir el mundo de su tiempo. Su fuerza y vitalidad pueden servir a las mujeres de hoy para despertar del estupor de las normas sociales y las tradiciones que les han colocado un grillete alrededor del cuello”.

African Queens, de R.Allela y D.Kureng.-

La fotografía como espejo: El caso de Burgos y Camerún

La fundación African Photography Initiatives estrena en España una novedosa muestra fotográfica que trata de acercar dos puntos tan distantes que, a priori, nada pueden tener en común. En ‘Lugares Comunes – Burgos / Buea. Sobre la normalización de las convenciones fotográficas, la fotografía tiene la capacidad de unir a Burgos, en España, y a la ciudad de Buea, en el oeste de Camerún. Una exhibición en la que las imágenes de aquí y allí inundan la sala mezclándose y alterando la percepción del espectador, ante quien poco a poco se van descubriendo similitudes. Una exposición, presente en la Sala de Exposiciones del Teatro Principal de Burgos hasta el 18 de marzo, que nos lleva por un doble viaje que dura desde la década de 1950 hasta la década de 1980 y en el que nos podemos acercar a lo más cotidiano de estas dos ciudades.

Sus protagonistas: todas las personas que fueron retratadas. Jürg Schneider, cofundador de African Photography Initiatives, lo tiene muy claro: “La fotografía se presenta como un lugar común donde se encuentran los individuos. Las personas se representan a través de las imágenes, crean recuerdos y los comparten, manteniendo una unión con las futuras generaciones. Y esto ocurre en cualquier lugar del mundo, tanto en Burgos como en Buea”. Una de las principales tareas de la fundación es la de acercar la fotografía al público y a diferentes colectivos para hacerla lo más accesible posible. “Estos dos lugares están unidos en el tiempo y por el hilo de la fotografía, que aunque ya se conocía, cada vez sea hace más accesible”, comenta Rosario Mazuela, comisaria de la exposición y cofundadora de la fundación.

Precisamente, para facilitar su acceso, llevan desde 2008 digitalizando y protegiendo diferentes archivos fotográficos. En este caso, todo el material ha salido de dos archivos: el Archivo Municipal de Burgos, de una colección específica en la que las familias burgalesas donan fotos suyas y el archivo las protege; y el otro es el Archivo Fotográfico de Prensa de Camerún, en el que la fundación ha trabajado durante tres años, digitalizando un total de 40.000 imágenes, 28.000 negativos y 14.000 planchas de contactos.

El objetivo de la exposición no es otro que replantear cómo percibimos y vemos África. En general los mass media la han representado como el continente de las catástrofes, de las injusticias, de las dictaduras… una realidad que existe, pero esta exposición busca rescatar el Camerún de la vida cotidiana. Estas imágenes muestran a gente normal en una vida normal, exactamente igual que en España. También se busca poner en valor el material histórico, preservar los materiales como un regalo para las generaciones futuras.

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No obstante esta no es la primera muestra organizada por African Photography Initiatives, sino que ha tenido ya sus antecesoras en otras ciudades como Basilea, Zurich, Yaundé, Duala, Buea o Limbé. Sin embargo “cada exposición es diferente, dependiendo del espacio, el contexto y la oportunidad que se presentaba creímos conveniente actualizar el formato”, aclara Rosario. “En Yaundé hicimos una exposición específica de la década de 1960 y en Buea, por ejemplo, realizamos un proyecto en el que los artistas exponían en la ciudad intervenciones artísticas a través de la fotografía”. Al preguntarles por la reacción de los espectadores, Rosario y Jürg no tienen dudas: “Las reacciones son iguales aquí y allí, a todos nos gusta reconocernos en la fotografía”, afirman.

El resultado ha sido una exposición que demuestra, una vez más, que las diferencias están en nuestras miradas. “Te hace pensar sobre esas barreras mentales que nos separan pero que en realidad no existen”, dice María Franco, una joven abogada de Burgos y añade: “Estas imágenes pueden acercar a todas las generaciones para comprobar los enormes paralelismos entre estas dos sociedades”. La exposición no sería así un fin, sino un medio por el cual las imágenes impactan en el imaginario del espectador, rompiendo esquemas y haciendo reflexionar.

ARTE AFRICANO CULTURA AFRICA

Vista previa y femenina de la primera edición de la 1:54 Marrakech

Han hecho falta cinco años, pero la Feria de Arte Africano Contemporáneo 1:54 pisa por primera vez el continente este fin de semana. Tras cinco ediciones en Londres y tres en Nueva York, esta plataforma de las artes visuales de África y su diáspora se celebra en Marrakech y cumple así el propósito manifestado desde sus inicios por la fundadora de esta feria Touria El Glaoui, de contar con una edición en suelo africano de esta gran muestra de su riqueza artística. Ante la materialización de este anhelo, Wiriko se adentra en lo que será el primer 1:54 Marrakech de la mano de tres de sus participantes: Joana Choumali, Yesmine Ben Khelil y Ghizlane Sahli.

ARTE AFRICANO CULTURA AFRICA

La primera es una reconocida fotógrafa, la segunda centra su trabajo en la escultura y las instalaciones, y la expresión artística de la tercera se desarrolla entre la pintura y el collage. Costa de Marfil, Marruecos y Túnez. África occidental y Norte de África. País de mayoría cristiana, el primero; y de mayoría islámica los siguientes. Las tres artistas son mujeres y todas ellas viven y trabajan en sus países de origen. Tres nombres que configuran una pequeña muestra de los cincuenta y dos artistas que se dan cita del 23 al 25 de febrero en la Feria 1:54 de la denominada Ciudad Roja, pero que bien representan la enorme diversidad de perspectivas que alberga la etiqueta africana que acompaña a las creaciones artísticas procedentes del continente.

¿Qué crees que supone que la 1:54 vaya a celebrarse en Marrakech?

Joana Choumali: La Feria 1:54 celebra y promueve el arte contemporáneo africano en el mundo entero. El hecho que esto ocurra en Marrakech, en el continente africano, es algo fuertemente simbólico. Significa traer el mundo contemporáneo del arte “a la fuente”. Esto me regocija. Por otro lado, las artes visuales juegan un papel principal en la sociedad, pueden hacer preguntas y revelar cuestiones sociales, también pueden crear diálogos entre comunidades. Las artes visuales tienen el poder de cambiar mentalidades.

Ghizlane Sahli: Ser parte de la Feria de Arte Africano Contemporáneo es una verdadera confrontación para mí. No me gusta sentirme limitada a un grupo de gente que considera solamente una parte de lo que ellos son. Yo me veo como un ser humano y una ciudadana del mundo. Aun así, nací en Marruecos pero soy mitad española y tengo una gran conexión espiritual con Asia. Sin embargo, nunca me he sentido africana. La feria 1:54 me ha hecho pensar profundamente en mi parte africana, lo que es realmente interesante porque he comprendido que pertenezco a este continente y estoy muy emocionada, esto es algo nuevo para mí.

Yesmine Ben Khelil: Pienso que la descentralización que esta edición va a suponer es algo importante y repercutirá en la idea de una creación contemporánea africana más anclada en la realidad del continente.

¿Qué relación hay entre tu país y tus obras?

J.C.: Mi obra está estrechamente unida a mi país porque es donde he estado casi toda mi vida. Yo estoy muy conectada a Abiyán, mi ciudad. Mi país está presente en casi todas mis piezas.

G.S.: Tengo la gran suerte de haber nacido en un país con una tradición artística magnífica. Por lo general los artesanos son grandes especialistas, aunque es difícil lograr que trabajen en algo un poco diferente a lo que están acostumbrados. He desarrollado una relación muy buena con algunos de ellos y me gusta que trabajemos juntos porque somos muy complementarios. Trato de usar su experiencia milenaria para dar forma a mis ideas, que son muy contemporáneas.

Y.B.K.: De manera general, el contexto en el cual trabajo es muy importante. En cierto modo, mezclo mi entorno inmediato con la ficción, con acontecimientos o imágenes que pueden parecer lejanos pero en los que yo encuentro una resonancia con mi día a día. Sacar de la historia contemporánea o antigua de mi país también me permite evocar sujetos más universales. Así la omnipresencia de Túnez va y viene constantemente en mi trabajo, que se mueve entre el próximo y lo lejano.

¿Qué te lleva a crear una pieza artística?

J.C.: Encuentro la inspiración en todas partes. En las noticias, en las redes sociales, en los viajes, en mi propia vida… En realidad, la inspiración se encuentra en todas partes, sin advertencia. Soy una observadora fascinada por la morfología de las sociedades, especialmente de la mía. Observo las interacciones entre comunidades, culturas, continentes… Mi primera motivación es estudiarlas y conocerlas. En el caso de ‘Haabre, la última generación’ fotografío a personas con escarificaciones, una práctica que simplemente no puede ser juzgada sin conocer su contexto cultural. Cualquier cultura tiene su propia riqueza y los africanos no deberían pedir perdón por no entrar en lo que el mundo espera que ellos sean. Para cambiar la narrativa sobre el continente, los africanos están contando sus propias historias.

G.S.: Ahora mismo estoy fascinada con la universalidad de la basura. Trabajar con este material me hace tener en mente la idea de una mano grande que toma el cuerpo humano y lo sacude para limpiarlo de toda “la contaminación” recibida por la religión, la educación, la cultura, el género… hasta que sólo queda la parte interior y salvaje que contiene el cuerpo. Así es como yo concibo mi trabajo. Transformar un material como es la basura que, se supone, es la peor parte de humanidad, y darle una segunda vida como pieza artística, llena de emociones, es un verdadero desafío para mí. Mientras trabajo con la basura siempre pienso en su vida anterior y su energía. Mi trabajo es muy orgánico, crece con las células. Ocurre así tanto cuando trabajo con basura como cuando utilizo seda.

Y.B.K: Principalmente me inspiro en Internet y, si no, en el cine de género, o también en objetos o materiales encontrados por casualidad que me invitan a crear. Lo que me interesa es jugar con cierta ambigüedad en la imagen. A menudo hay un doble discurso en mis trabajos y parto del principio que el espectador no va a fijarse en ello en su primera impresión sino en el sentido más evidente, pero siempre espero que al final vaya más lejos para comprender todas las dimensiones de la obra. Trato de materializar la superposición de los tiempos y de las imágenes a través de las cuales percibimos un objeto. De hecho el “montaje temporal” que realizo es un modo de interrogar la representación. ¿Es posible mostrar la realidad? ¿Cómo dar forma a esta impresión de que nada es fijo y de que los tiempos anteriores continúan frecuentemente en nuestro presente?

¿Encuentras alguna dificultad para que tu trabajo sea reconocido por ser mujer?

J.C.: Sí, eso pienso. Sin duda hay una escasa representación de mujeres artistas en el mundo de arte. Seguiremos haciendo declaraciones mediante la producción de nuestro arte y abogando por la igualdad sexual.

Y.B.K.: Jamás he sentido ninguna dificultad por ello, en cambio sé que muy a menudo, en menor o mayor medida, se espera de una artista mujer nacida en un país musulmán que siempre trate las mismas problemáticas en torno a la identidad femenina en el seno de las sociedades musulmanas. Aspectos tales como el velo, la virginidad o la vida doméstica, por ejemplo. No nos debemos plegar a esta imagen preconcebida sino proponer una visión más compleja de la realidad.

Mwangi Hutter o el abrazo entre África y Occidente

En la unión está la fuerza. También en la obra de Mwangi Hutter, un dúo artístico que combina no sólo escultura, pintura, video, fotografía y performance sino también las identidades formadas por las experiencias personales y las raíces keniana y alemana de sus integrantes. Juntos dan lugar a una dualidad común, su propio concepto de multiculturalidad.

Fotografía de la performanceCloth to cover every stone’, de Mwangi Hutter.

Ingrid Mwangi nació en Nairobi. Robert Hutter en Ludwigshafen. Ella de madre alemana y padre keniano, justo al contrario que los hijos que comparte esta pareja que se conoció en 1998, cuando ambos estudiaban arte. Desde 2005 forman Mwangi Hutter, un “sólo artista”, como ellos mismos se definen en su web, una “entidad de personalidad de doble género y multicultural”, según explican a The Stranger. Como en una relación sana, su arte está formado tanto por los individuos que la componen como por el vínculo que los une, dando paso a unas creaciones que, mediante la interrelación, les sirven de técnica de autoconocimiento.

Para ello suelen recurrir al desnudo, físico y emocional. Descubren sus miedos y esperanzas personales para afrontarlas juntos a través de las artes visuales. Así lo muestran en su última exhibición Innocent of Black and White’, presente en el espacio de arte Kunstverein Ludwigshafen hasta el 15 de abril, en la que reúnen una selección de su obra (como es habitual en las exposiciones de este sello artístico) para reflexionar sobre las cambiantes realidades sociales y el modo en el que las experimentan.  Todo ello a través de diferentes técnicas: “El vídeo ofrece la oportunidad de repensar y reevaluar los fragmentos de ‘realidad’ que se han grabado, así como la posibilidad de crear un mundo que funcione de manera diferente, por ejemplo, con respecto al paso del tiempo. Un trabajo fotográfico tiene la cualidad de congelar el momento y permitir que la historia se desarrolle a partir de un solo cuadro o una combinación de varias imágenes. La instalación nos brinda la oportunidad de combinar vehículos de significado y sumergir al espectador en diferentes impresiones sensoriales dentro del espacio que los contiene, por ejemplo, vídeo, sonido, texto escrito y objetos. En general, es emocionante no tener que limitarse a usar diferentes medios, sino tener toda una gama de medios para trabajar”, declaran Mwangi Hutter a Studio International.

Traces‘. Fotografía de Mwangi Hutter

Arise‘. Fotografía de Mwangi Hutter

Definitivamente, esta dualidad artística ve en los límites un reto. “Estamos discutiendo las barreras, los conceptos, los constructos que crean nuestra identidad. Estamos sugiriendo que la idea de diferentes géneros y antecedentes personales puede superarse completamente dentro de esta unidad. Estamos trabajando como un solo cuerpo, un organismo”, explican a la Asociación Cultural Vídeo Brasil. Una búsqueda de la identidad que se retrata en ‘Nothing solid’, un vídeo en el que se representa el peinado como una encarnación del tiempo, la memoria y la experiencia. En él la propietaria del cabello, su hija, se deshace de sus rastas que, sin embargo, no desaparecen sino que quedan en el aire, atadas a unos globos.

En tanto que exploradores de lo propio, Mwangi Hutter recurre continuamente a los cuerpos. Ellos son sus lienzos sobre los que profundizar para hallar esa esencia individual de cada uno, tal y como se manifiesta claramente en la exposición Living in your heart, de la Galería Burster (Berlín), en la que partir de su caja de resonancia creada con fotografías, vídeos y pinturas hacen visible el rastro en el individuo de las experiencias vividas.La introducción, nudo y desenlace de su historia, es lo que ellos llaman la huella dactilar y definen textualmente de este modo: “Huella dactilar para huella digital dejamos nuestras huellas como un símbolo de nuestro mapa interior. seguir esto un día nos conducirá a nuestra propia esencia. si pudiéramos contar nuestra historia sin palabras, sonido o imágenes, lo haríamos, pero por el momento, eso es imposible. de hecho, todavía no conocemos nuestra historia. la dibujamos en nuestras pinturas, la descubrimos en nuestros vídeos y sonidos, tomamos fotografías, para que sean visibles. solo tenemos una idea de lo que podría ser, pero sin continuar nuestro viaje, nunca hubiéramos empezado a descubrir qué descubrir”.

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Una búsqueda del desarrollo individual que Mwangi Hutter no conciben si no es en colectivo.  Es aquí donde entra con fuerza su concepto de la unidad, altamente evidenciado en la muestra ‘Falling in Love, Again’, de la Galería Mariane Ibrahim (Seattle). En ella expresan sus construcciones del yo con un abrazo en blanco y negro que parece fundir ambas mitades, ambas identidades, sin que por ello cada una deje de tener su protagonismo. Simplemente conviven. Y es belleza.

¿Qué arte no desarrolla William Kentridge?

El dibujo, el cine, la ópera, el teatro, la escenografía, la instalación, el videoarte, el collage, el dibujo, el grabado o la escultura. William Kentridge, es uno de esos artistas multidisciplinares con todas las letras y en mayúsculas. Llega a Madrid de la mano del Museo Nacional Centro Reina Sofía, que aloja hasta el 19 de marzo ‘Basta y sobra’, la primera exposición mundial que ofrece una retrospectiva centrada en su vertiente escénica. Sin embargo, ello no impide que podamos disfrutar de sus dibujos o esculturas, puesto que a través del teatro y la ópera también conocemos su producción plástica.

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Esta podría ser entendida como su otra faceta creativa, mas el artista no concibe su creación a través de disciplinas independientes, sino en un sentido más global, entendiendo todo ello como gestos del cuerpo. Se trata de una completísima muestra comisariada por Manuel Borja-Villel y Soledad Liaño, que se articula a través de las seis piezas seleccionadas. A lo largo de la misma se compagina la exhibición de fascinantes escenografías creadas por Kentridge con proyecciones de obras de teatro y óperas, además de fragmentos fílmicos de importancia en su producción escénica.

William Kentridge (Johannesburgo, 1955) se licenció por la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo en Políticas y Estudios Africanos. A continuación se trasladó sucesivamente a París y Sudáfrica, dedicándose al teatro, mimo, cine y arte gráfico. A raíz de su trabajo plástico alcanza en la década de 1990 renombre internacional, si bien trabaja simultáneamente distintos soportes creativos. En su obra utiliza medios y referentes anacrónicos, alejándose drásticamente del factor de innovación en dispositivos tecnológicos que caracteriza gran parte del arte contemporáneo.

Una parte importante de sus montajes escénicos remiten a clásicos de la literatura europea como las importantísimas obras teatrales Woyzeck en el Alto Veld (1992) o ¡Fausto en África! (1995), donde utiliza la descontextualización trasladando la acción al continente africano. Para Kentridge figuras como Alfred Jarry, Karl Georg Buchner o Max Beckmann son referentes fundamentales. A modo de catalizadores le ayudan a abordar cuestiones como el apartheid, que en una obra resultaría complejo de tratar de forma inmediata. Como observó Rosalind Krauss (2000): “No puedes enfrentarte directamente a la roca; la roca siempre gana”.

Las obras de William Kentridge tienen un carácter procesual que pone el acento en el transcurso creativo en lugar de en el resultado. No en vano, él mismo protagoniza conferencias-performances como ‘Yo no soy yo, el caballo no es mío’ (2008), donde se establece un diálogo entre el cuento de ‘La nariz’ (1836), de Nikolái Gógol; ‘Tristram Shandy’ (1761), de Stern; y ‘El Quijote’ (1615), de Cervantes. En la obra distinguimos elementos característicos de su producción escénica, tales como la presencia de lo absurdo o el protagonismo de un único personaje, que como ocurre en otras ocasiones, es encarnado por él mismo y con el cual interactúan uno o varios dobles de su persona que se suman durante la obra.

Sus piezas están construidas mediante la acumulación, yuxtaponiendo significados, generando pequeñas historias que se relacionan entre sí de forma incierta o contradictoria o ambigua. He ahí donde recae el aspecto político de su obra, desarticulando un discurso lineal dominante. En este caso establece una crítica a las jerarquías sociales y la tiranía mediante el protagonista del cuento, el asesor colegiado Kovaliov, cuya nariz se atreve a desprenderse de su rostro sin previo aviso para convertirse en nada menos que consejero de Estado. La famosa conferencia-performance no puede entenderse de forma aislada sino en relación con obras como la escultura ‘La nariz’ (2009), puesto que forma parte de una amplia producción cuyo punto de partida es el cuento satírico de Gógol, discurriendo en paralelo las disciplinas artísticas que trabaja el recientemente nombrado Premio Princesa de Asturias de las Artes.

En cuanto a sus piezas operísticas cabría citar ‘El retorno de Ulises’ (1996-1998), correspondiente a sus proyectos posteriores. Cabe destacar la valiente selección de este género, considerado una “obra total” de la razón altamente rechazada por las vanguardias históricas. En este caso, partiendo de la famosa ópera de Claudio Monteverdi, recrea un bellísimo teatro anatómico barroco como escenario para las siete increíbles marionetas a las que una vez más la Handspring Puppet Company da vida, acompañados de músicos, cantantes y proyecciones. Nuevamente el protagonista se traslada a África, donde ha emprendido un largo viaje individual hacia la recuperación de su salud. La llegada a la particular Ítaca de este superviviente será mucho más compleja e introspectiva, alejándose de los fastos del poema de Homero. Del mismo modo, la acción perderá presencia en favor de la emoción creada a través de la voz. En definitiva, una enorme exposición donde merece la pena acudir con tiempo y la mente abierta para conocer un artista absolutamente genuino, con una increíble producción que no puede dejar indiferente.

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¿Turismo artístico o arte turístico? El caso de Ciudad del Cabo

De manera automática solemos asociar un gran destino de turismo cultural con un museo. París y el Louvre, Londres y la National Gallery, Nueva York y el MET. Sin ir más lejos, los últimos datos registrados por el Museo del Prado señalan que el 60,96% de las visitas son extranjeras. El museo Zeitz de Arte Contemporáneo de África (Zeitz MOCAA), situado en Ciudad del Cabo, aspira a propiciar el mismo efecto.

Instalación de Nandipha Mntambo – Fotografía de Zeitz Mocaa

“Por todo el mundo los principales museos de arte de las ciudades son sostenidos por los grandes números de las visitas de los turistas. El Zeitz MOCAA está donde está porque Ciudad del Cabo es uno de los principales destinos turísticos africanos”, afirma Hamish Robertson, director de Investigación y Exhibiciones de los Museos Iziko de Sudáfrica, que cuentan con ochenta y siete años de trayectoria en el país y cuya Galería Nacional de Arte Sudafricano (ISANG) se encuentra también en Ciudad del Cabo.

A diferencia del ISANG, cuya colección alberga desde pinturas europeas de a partir del año 1400 hasta arte sudafricano moderno, el Zeitz MOCAA se dedica exclusivamente a obras contemporáneas de artistas del continente y la diáspora. Inaugurado en septiembre de 2017 sobre un antiguo almacén de cereales construido hace casi un siglo en la zona portuaria de la ciudad, el entonces el edificio más alto de Sudáfrica se alza ahora como el museo más gran del mundo dedicado a arte africano contemporáneo. De los más de 9.500 metros cuadrados distribuidos en diez pisos que ocupa, 6.000 metros cuadrados serán destinados exclusivamente a acoger ochenta galerías y el resto del espacio se dedicará a una terraza en su azotea, un jardín con esculturas, un hotel boutique, restaurantes y tiendas.

Esta vieja planta industrial ubicada en el paseo marítimo de Ciudad del Cabo ha sido renovada por el diseñador británico Thomas Heatherwick y su coste ha sido valorado en 35 millones de euros. Su principal mecenas es el empresario alemán, expresidente de la marca deportiva Puma, Jochen Zeitz, quien además ha destinado su colección privada de arte africano al museo que lleva su nombre. De hecho, la pieza central es una obra del artista sudafricano Nicholas Hlobo que Zeitz adquirió en 2011 tras ser exhibida en la Bienal de Venecia. Y en la misma línea, en su apertura el MOCAA ha mostrado mayoritariamente creaciones posteriores al año 2010 de jóvenes artistas africanos como la tunecina Mouna Karray, el malauí Samson Kambalu, la keniana Wangechi Mutu o los también sudafricanos Simphiwe Ndzube y William Kentridge, así como obras afroamericanas y afro-caribeñas.

En total, el museo exhibe casi 300 trabajos de artistas de África y su diáspora, lo que le convierte en la primera institución pública dedicada exclusivamente al arte africano contemporáneo. Un hito que no ha estado exento de crítica entre quienes señalan la preponderancia blanca en su creación y orientación (con un arquitecto británico, un fundador alemán y su comisario, Mark Coetzee, un sudafricano blanco) en un país en el que el ochenta por ciento de su población es negra. “Al investigar a Zeitz, sin duda hay alguna dificultad para ignorar la gran cantidad de voces masculinas blancas presentes en la construcción del museo”, afirma Ellen Agnew en Art Africa. En paralelo, la controversia alcanza también a la selección de los trabajos expuestos “en su mayoría valiosos a los ojos occidentales” según aquellos que consideran que el MOCAA parece más centrado en el mercado turístico que en la proyección artística, tal y como recoge Pauline Bax de Bloomberg.

Instalación de Mary Sibande – Fotografía de Zeitz Mocaa

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Julie Mehretu: pinturas que son torbellinos de historia en Santander

Raquel Monteagudo Jimeno

La corriente creativa de Julie Mehretu se detiene en la orilla cántabra dando paso a la segunda gran exposición celebrada en el Centro Botín de Santander, que mantendrá sus puertas abiertas hasta el 25 de febrero de 2018 a través de la retrospectiva ‘Julie Mehretu: Una historia universal de todo y nada’. Sesenta dibujos y treinta pinturas de la artista etíope que permiten ver la evolución en su práctica creativa. Una colaboración curatorial de Vicente Todolí, presidente de la Comisión Asesora de Artes Plásticas de la Fundación Botín, y Suzanne Cotter, directora de la Fundação Serralves-Museu de Arte Contemporanea de Oporto, que ha dado lugar a la muestra más completa de la obra de Julie Mehretu realizada en el continente europeo, que ya te adelantábamos en Wiriko como regalo cultural.

Julie Mehretu frente a su obra “Mumbo Jumbo” (2008) / Fotografía de Belén de Benito.

La reconocida pintora, nacida en Addis Abeba en 1970, se vio obligada a abandonar Etiopía a la edad de siete años, cuando se trasladó con su familia a Estados Unidos, adoptando Nueva York como lugar de residencia desde 1992. Desde ahí la artista ha generado un léxico visual propio que caracteriza su obra en el que por medio del grafito, la tinta, el acrílico, los aerosoles y el digital construye sus obras por capas, otorgando a cada estrato un papel particular que da lugar a la creación de un archivo visual.

Al sumergirnos en esta exposición de Julie Mehretu, primeramente encontramos un espacio arquitectónico representado desde distintas perspectivas. Se trata de una capa inicial compuesta por calcos lineales de trazos simples en la que aparecen elementos pertenecientes a diversos estilos como galerías góticas, arcadas renacentistas o fachadas acristaladas contemporáneas. Con el estilógrafo, la artista integra pulcramente distintas plantas arquitectónicas, creando un complejo mapa pero sin ubicación concreta. Es lo que ella llama “mapas sin localización“, que bien pueden protagonizar la obra, como sucede en “Citadel” (2005), o bien pueden ejercer de telón de fondo. A medida que vamos avanzando por esta retrospectiva, la importante presencia de estas finas cuadrículas arquitectónicas se irá diluyendo para conformar un estrato más del complejo tejido pictórico de esta creadora, donde el gesto irá cobrando prestancia en la tela.

Con la siguiente capa entra en juego la dicotomía entre línea y mancha. Contrastando con la composición geométrica de la planimetría inicial, encontramos una explosión dinámica. Rectas, curvas e incluso manchas pueblan el lienzo con aparente espontaneidad expresiva. El resultado son imágenes polisémicas de carácter abstracto, donde el movimiento tiene un papel protagonista. Flujos migratorios, conflictos sociales o diferentes coyunturas económicos se materializan sobre la tela. Como se puede apreciar en “Fragment” (2009), donde generan una caótica nebulosa con cierta armonía interna en la que uno puede jugar a reconocer elementos, desde aves en vuelo a olas chocando en tempestad.

El color tiene también cabida en los lienzos de Julie Mehretu. Se dispone en definidos bloques que flotan equilibradamente por el espacio, atrayendo nuestra atención con sus tonos planos de gran vivacidad. El cromatismo más intenso se da en pinturas como “Mumbo Jumbo” (2008) o “Zero Canyon (A Dissimulation)” (2006), obras de enorme atractivo visual, que dan paso a otras en las que el color irá perdiendo protagonismo y intensidad.

La suma de estratos de sus piezas funciona como palimpsesto, donde se reescriben y superponen historias. De ahí que uno de los temas recurrentes en su obra sean los conflictos mundiales que han marcado la conciencia colectiva, a través de los cuales muestra una página de la historia actual. Los movimientos cíclicos de la historia sociopolítica serán una constante en su producción, relacionando su pintura con la realidad. Así catástrofes como los atentados del 11-S han supuesto un punto de inflexión en su línea de trabajo, donde la variedad cromática, ya anteriormente restringida, se reduce y oscurece paulatinamente en los lienzos de sus últimas series. Se rigen por trazos gestuales que se desdibujan aportando un carácter casi espectral a través del cual sus composiciones toman un rumbo más conceptual, individual y críptico.

Esta tendencia se aplica en su producción más reciente, como ocurre en “Conjured Parts (Syria), Aleppo and Damascus” (2016), creaciones en las que se proyectan dos ciudades con cruentos años de guerra civil a sus espaldas; o el caso de Dresde en su condición de punto de recepción masiva de refugiados, perteneciente a la misma serie que remite a la respuesta que tuvo lugar en 2015 a través de una manifestación de ideología nazi. La fotografía de este suceso sirvió a Julie Mehretu para plasmar grabar esta parte de nuestra historia actual en un lienzo, que sin embargo, se nos expone inapreciable ante la distorsión de la imagen que hace la artista, lo que nos impide reconocer ningún elemento.

Julie Mehretu / Nathan Bajar. The New York Times

Otro aspecto destacable de Mehretu es el formato elegido. Es notorio el contraste entre los dibujos de reducidas dimensiones, situados en la primera planta de la exposición en relación con los grandiosos lienzos de las salas superiores. Estos últimos pueden superar los ocho metros y medio de anchura, como podemos ver en  “Invisible Line (Collective)” (2010-11), o alcanzar los cuatro metros y medio de altura, como ocurre en “Aether (Venice)” (2011).

La invitación para perderse en los detalles que abarca la vorágine artística de Mehretu está servida. Una oportunidad para conocer cuál es el ahora en su producción además de sus orígenes creativos.

Afrotopía: ahora son las cámaras las que disparan en Malí

“África no tiene que alcanzar a nadie. Ya no debe correr por los senderos que se le indican, sino caminar con paso firme por el camino que ha elegido”. Con estas palabras extraídas de la contraportada de su ensayo ‘Afrotopía (Philippe Rey, 2016) el economista senegalés Felwine Sarr da la vuelta a los rancios conceptos que hasta ahora definían el desarrollo, planteando un nuevo encuadre y el necesario abandono de la competencia, que califica de “infantil” en aquellas naciones que “buscan ver quién ha acumulado la mayor riqueza, esta carrera frenética e irresponsable que pone en peligro las condiciones sociales y naturales de la vida.

Fotografía de F.K.Massassy presentada en la 11ª edición de Rencontres de Bamako

Este mensaje resulta especialmente inspirador en Malí, donde parece difícil curar la herida infectada que se abrió en 2012 con la rebelión tuareg y la ocupación yihadista del norte del país que ni la posterior intervención francesa, ni la Minusma, ni los acuerdos de Argel han conseguido cerrar. Esta situación de violencia incrustada unida a la corrupción, el paro y la falta de servicios sociales básicos, como la educación y la sanidad, hace que a una nueva generación de jóvenes malienses les brillen los ojos con este nuevo concepto.

Uno de ellos es el polifacético Fototala King Massassy, fotógrafo, actor de teatro y televisión y uno de los hermanos mayores del hip-hop de Malí, quien opina que  la “Afrotopía es el motor de África. Aunque los medios de comunicación internacionales no inviertan ni el esfuerzo ni el tiempo necesarios para mostrárselo al mundo entero. Aquí en África este motor “informal” se dirige hacia el progreso a la velocidad de la luz, mientras que las administraciones públicas esperan que sus guías intelectuales les den órdenes o un dinero que no va a caer del cielo”.

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Este hiperactivo artivista se interesó por la fotografía en 2007 y, tal es su pasión por este arte, que en pocos años se ha convertido en su actividad profesional principal. Es además uno de los pocos fotógrafos malienses seleccionados para participar en la bienal de fotografía africana Rencontres de Bamako, que ha elegido este nuevo término, Afrotopía, para titular su 11ª edición que se celebra en esta misma ciudad hasta el 31 de Enero de 2018.

 

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.