Sethembile Msezane: una estatua de carne y hueso para los invisibles

Si las ciudades hablaran, ¿qué voces se oirían? O, mejor dicho, ¿cuáles no? Sethembile Msezane comenzó por fijarse en los monumentos conmemorativos de Ciudad del Cabo, donde reside, y comprobó que todo era monocromo en esta urbe de la llamada ‘nación del arco iris’. Como resultado la artista sudafricana ha basado su obra en una serie de performances que cuestionan las narraciones visuales que se exhiben en los espacios públicos y dan visibilidad a las identidades que no tienen cabida en la representación materializada de la historia. Su trabajo ha sido expuesto por primera vez en el festival internacional LagosPhoto que se clausura hoy y en Wiriko hablamos con ella.

“Los marcadores en el paisaje son un indicador y una representación visual de la historia de un lugar o de su gente. Estos marcadores aparecen en forma de monumentos, estatuas, placas, arquitectura y demás. En algunos casos, estos monumentos, estatuas, etcétera, no representan la historia y no muestran la existencia de todos los grupos sociales, lo que dificulta la representación de determinadas identidades colectivas borrándolas como realidad. Esto daña a cualquier nación en sus perspectivas de construirse como tal”, explica Sethembile Msezane.

Para muestra, una de sus piezas más populares: ‘Chapungu. El Día que Rhodes cayó’. Era 9 de abril de 2015 y la Universidad del Ciudad del Cabo llevaba un mes en estado de tensión entre partidarios y detractores del derribo de la estatua de Cecil Rhodes que se alzaba en el campus, después de que un estudiante cuestionara este enaltecimiento a la figura del colonizador británico al manchar la escultura con excrementos. Ese caluroso día, según recuerda Msezane, se anunció finalmente la extracción del monumento.

Ella llevaba días soñando con un pájaro y quiso evocarlo. Así dio forma a Chapungu, un ave procedente de Zimbabue representada en una piedra tallada de alto valor espiritual que fue saqueada a finales del siglo XIX y que todavía se encuentra en la casa de Rhodes en Ciudad del Cabo. Ataviada con unas alas compuestas por cabellos, una malla negra y subida a unos tacones de aguja con su rostro cubierto por un velo de cuentas, Sethembile Msezane estuvo durante cuatro horas sobre un pedestal de espaldas a la estatua de Rodhes y expandió las alas de Chapungu en el momento justo en el que la grúa arrancó el monumento.

‘Chapungu. El Día que Rhodes cayó’. Sethembile Msezane (2015).

Esta obra recoge dos elementos característicos de las creaciones de esta artista nacida en la provincia de Kwazulu-Natal y criada en Soweto: su proceso creativo y su composición. “Mi trabajo está fuertemente influenciado por mis sueños e intuiciones. Muchas veces investigo estas visiones para descifrar a qué o hacia dónde el trabajo me está llevando”, apunta la joven sudafricana y añade que el uso recurrente del pelo y del velo en sus narraciones visuales constituyen una reminiscencia cultural. En el caso del cabello vinculado a cómo “ha sido reutilizado por hombres y mujeres como una forma de adorno. También lleva consigo el bagaje de las políticas raciales que tratan sobre cuestiones relacionadas con los estándares de belleza”; y en cuanto al velo, este además plantea una disyuntiva entre lo tangible y lo intangible.

“El velo separa mi identidad de la del espíritu de una persona que incorporo a mi cuerpo en ese momento. Al mismo tiempo el velo es una parte de mi identidad cultural y, en cierto modo, esto me permite no perderme a mí misma en los momentos en que mi cuerpo está siendo usado como vehículo que articula las narrativas del espíritu. Yo soy ambas, yo misma y esa otra parte”.

‘Chapungu. La vuelta al Gran Zimbabue’, Sethembile Msezane (2015).

Y si bien la historia enjaulada del rapto de Chapungu oculta tras la figura de Rhodes, es la más conocida de todas las performances de esta artista visual no es, sin embargo, a la que le ha dado más visibilidad. De todas las identidades ignoradas que no han sido representadas en los espacios públicos, Msezane pone el foco en el colectivo de las mujeres.

“He notado que hay muchas menos representaciones de las mujeres en las ciudades. Si hay alguna, muestran a mujeres en relación con sus compañeros masculinos. Por lo general, como mujeres que absorben su identidad en la idea de apoyo, grupo familiar etcétera, etcétera, pero no como mujeres con su autonomía o historia”, señala y te deja repasando mentalmente las estatuas de tu ciudad.

Francis Kéré, un arquitecto al servicio de la Humanidad

En Gando, una pequeña aldea de Burkina Faso, la escuela era oscura y calurosa y las clases estaban abarrotadas. La gente debía hacer y rehacer sus casas debido a la destrucción que provocaba la intensa época de lluvias. Estas realidades despertaron en un joven Francis Kéré la voluntad de cambiar las cosas en su aldea natal. Así empieza una trayectoria profesional que ahora y hasta el 20 de enero recoge el Museo ICO con la exposición ‘Francis Kéré. Elementos primarios’. Una muestra que presenta por primera vez en España, y al completo, la obra del arquitecto burkinés.

Escuela primaria de Gando.

Tras estudiar en Uagadugú, Francis Keré recibió una beca para ser carpintero en Alemania, donde acabó graduándose en arquitectura e ingeniería. Pero su mente seguía puesta en sus raíces, al fin y al cabo, en Burkina Faso la idea del retorno es muy importante y constituye la espina dorsal de muchas comunidades. Por eso, en paralelo a sus estudios, creó la Kéré Foundation para financiar la construcción de la Escuela Primaria de Gando, que recibió el premio Aga Khan 2004 por combinar excelencia estética y compromiso ético.

En este proyecto Kére utilizó materiales locales, técnicas tradicionales e implicó a la gente de la aldea en la construcción de la escuela, en todas las fases del proyecto. Esta brillante manera de hacer las cosas que conjuga sostenibilidad, adaptación al medio, identidad cultural y sabiduría popular a la perfección, es la base de la arquitectura vernácula y también el principio que rige Kéré Architecture, su estudio en Berlín fundado en 2005.

Numerosos proyectos han visto la luz en este estudio y la mayoría de ellos se han llevado a cabo en África, convirtiéndolo en uno de lo arquitectos más premiados del continente. Pero su arquitectura trata temas universales como la gente, la eficacia o la ecología y por eso triunfa también en el resto del mundo. Kéré fue elegido para construir el pabellón de la Serpentine Gallery de Londres en 2017, obra que ha marcado su consagración cosmopolita. El árbol es el concepto que inspira el pabellón que se concibe como un microcosmos y fusiona las referencias culturales a Burkina Faso con técnicas de construcción experimental.

Una reproducción a escala de este pabellón forma parte de la muestra del trabajo arquitectónico de Francis Kéré que ahora puede verse en Madrid y que recoge  27 proyectos y 6 instalaciones artísticas. Luis Fernández-Galiano, comisario de la exposición, define así su obra: “Francis Keré es burkinés y berlinés. Su obra está profundamente enraizada en su país natal, pero hace uso de elementos y principios universales que permiten injertarla en contextos tan diferentes como su ciudad de adopción. Estos elementos primarios fueron descritos durante el siglo XIX en los textos de Gottfried Semper, y se manifiestan vigorosamente en las construcciones esenciales de Kéré. Autor de una obra ejemplar en el empleo de recursos limitados y técnicas sostenibles, este arquitecto africano y alemán se ha convertido en el líder de una nueva generación empeñada en hacer el mundo mejor trabajando para los que menos tienen”.

Tres principios de la tratadística germánica articulan los ‘Elementos Primarios’ de Francis Kéré: El techo tectónico, el suelo estereotómico y el muro textil. Esta es la arriesgada propuesta de una exposición que interpreta la arquitectura de este burkinés y sus raíces vernáculas recurriendo a la tradición teórica alemana de la mano de Semper. Además de este vínculo inevitable entre sus países de nacimiento y adopción, esta muestra pretende subrayar la naturaleza universal de estos principios y ofrecer una reflexión más general sobre la sustancia misma de la arquitectura, explorando sus fundamentos últimos.

“La arquitectura consiste en crear espacios para conectar a la gente, de manera que el resultado sea atractivo por cómo se han manejado esos espacios, se han usado los materiales, se han gastado eficientemente los recursos y se ha trabajado con el clima. En lo más profundo, la arquitectura consiste en servir a la humanidad. Esta es la definición de la arquitectura que dio Kéré durante los preparativos de esta exposición en Madrid. Una inspiradora declaración de principios en la que las personas son lo más importante, que pretende conseguir más con menos y que se adapta a lo local sin renunciar a la belleza.

Los próximos proyectos a gran escala que se han desarrollado en su estudio berlinés son el parlamento de Burkina Faso y el monumento a Thomas Sankara, ambos en Uagadugú. El objetivo es que la gente se identifique con el edificio y se sienta parte de él, que puedan llegar a exclamar: ¡Este es nuestro edificio!. Este sentimiento es para Kéré la base de cualquier democracia. Y es que es un idealista o quizás un visionario, pero ha llegado a lo más alto sin despegar ni un milímetro las suelas de sus zapatos de la tierra roja de Gando.

 

Ecléctica Moufouli Bello

La obra de la beninesa Moufouli Bello es una combinación de técnicas y elementos diversos. Un poco como ella, que concilia su formación en Derecho con su pasión por la escritura, el periodismo y las artes visuales. Una variopinto de disciplinas que se reflejan en su trabajo artístico de un modo brillantemente armónico.

Moufouli Bello

Mirar un cuadro de Moufouli Bello es caer en un duermevela. Serán los azules intensos que predominan en sus composiciones o las miradas hipnóticas que capta, pero lo cierto es que, pese a la paleta de colores fuertes y los retratos desafiantes, su obra relaja. “La pintura es mi yoga”, dice en esta entrevista a Afrique Design Daily, y se nota. Las narraciones visuales de la artista beninesa fusionan la pintura, la fotografía y el arte digital para sumergir al espectador en una espiral de reinterpretaciones de la identidad y la feminidad.

Su eclecticismo se traduce al lenguaje corporal en rostros, miradas, expresiones faciales y posturas cotidianas, de andar por casa, que revelan la doble lectura de la palabra común, que tanto refleja lo ordinario como lo universal, aquello que se extiende a todos. Procedente de los estudios en Derecho y el entusiasmo por la literatura de esta artista visual, su foco de interés reside en cómo las estructuras ideológicas y culturales condicionan las percepciones de lo que acontece e incluso lo que se siente, construyendo actitudes y comportamientos que partiendo de los individuos llegan a componer la sociedad y ser objeto de generalización.

Inspirada en los trabajos del norteamericano Alex Katz o del español Dino Valls, Moufouli Bello comienza a ver despegar su carrera artística tras ser una de los ganadores del programa de residencia de la Ciudad de las Artes en París, del Instituto Francés, y  ser seleccionada junto al escultor Kifouli Dossou para exponer su obra en la delegación de la Unión Europea en Benín. El prometedor trabajo de esta artista reflexiona en cómo algo tan íntimo y propio como la identidad de cada uno es en realidad un producto social, lo que muestra combinando en sus creaciones a individuos con elementos del entorno medioambiental, símbolos culturales y objetos que componen las distintas sociedades, condicionando y marcando su ritmo temporal.

En Benín, donde las mujeres “llevan sobre sus hombros el 53% de la carga total de trabajo, remunerado y no remunerado”, según apunta Manos Unidas en una información que señala que trabajan de media 56 horas semanales; y en donde el Parlamento ha querido frenar, con la promulgación en 2015 del Código del niño, la espantosa cifra de matrimonios infantiles que afecta al 34% de las menores de 18 años, Mofouli Bello quiere construir una representación distinta de la mujer, no sólo de su país, sino del continente.

La artista considera que la figuración de la mujer africana es extremadamente pasiva y que esto sólo contribuye a normalizar la situación. Por ello, explora esta dualidad presente en la representación generalizada de las mujeres negras como trabajadoras y vulnerables, para revertir la composición y acercar en sus creaciones una feminidad orgullosa y desafiante.

‘Esquizofrenia’, Moufouli Bello (2014)

Los paralelismos de Omar Victor Diop

En la sala 635 del Museo Metropolitano de Nueva York reside el retrato de Juan de Pareja, asistente de Diego Velázquez, que el propio pintor sevillano realizó en 1650. Recoge la información del museo que, según uno de los biógrafos del artista, cuando este hito del retrato occidental se exhibió por primera vez “recibió tal aclamación universal que, en opinión de todos los pintores de diferentes naciones, todo lo demás parecía pintura, pero esto solo como verdad.”

Exhibición Diaspora Omar Victor Diop / Foto: javidmgz

El aplauso quizás venga, como se recoge en la Wikipedia, por la destreza de Velázquez “de dotar de dignidad a los personajes que, por su profesión o condición, carecen de ella en la consideración social”. Es el primer cuadro que se conoce de un de hombre español con descendencia negra: Juan de Pareja, un hombre mestizo, hijo de una madre africana y un español; y esclavo, aunque Velázquez le otorgó la libertad años más tarde e iniciaría su carrera como pintor independiente en Madrid.

En la galería Autograph, al este de Londres, se homenajea a Juan de Pareja en una fotografía en la que no se ve al antequerano, sino al fotógrafo senegalés Victor Omar Diop. Es el propio fotógrafo el que sustituye al pintor, al igual que lo hace en toda la serie ‘Diáspora’con la que Diop recrea pinturas históricas entre el siglo XV y el XIX de africanos que consiguieron notoriedad. Pero el senegalés dota de simbología futbolera a sus imágenes para abordar paralelismos sociales.

Juan de Pareja, Frederick Douglas, Olaudah Equiano, Albert Badin o Jean-Baptise Belley son la excusa para lanzar preguntas sobre la figura de los futbolistas africanos en Europa. Diop viaja al pasado y se pregunta si la reputación ganada por los personajes históricos es comparable a la de los futbolistas. Todos tuvieron que enfrentarse a los abusos raciales y a la discriminación, pero finalmente se ganaron un lugar en la sociedad. ¿Un espejismo?

“El fútbol es un fenómeno global interesante que para mí revela a menudo dónde está la sociedad en términos de raza. Cuando se observa la forma en que se percibe la grandiosidad del fútbol africano en Europa, existe una curiosa mezcla de gloria, adoración heroíca y exclusión. De vez en cuando, hay cantos racistas o se lanzan pieles de plátano al campo y toda la ilusión de integración se destruye de la manera más brutal. Es esta paradoja la que estoy investigando en el trabajo”, dijo el artista sobre el proyecto en una entrevista a The Guardian

Alin Sitoe Diatta (Senegal, 1944) and Trayvon Martin (Florida, 2012) © Omar Victor Diop

La galería Autograph acoge esta primera exhibición en solitario en el Reino Unido del fotógrafo senegalés. Pero la muestra, comisionada por René Mussai y Mark Sealy, regala además otra serie de
fotografías que apelan a la resistencia política negra.

En 1944, desterrada en Tombuctú, murió con tan sólo 24 años Aline Sitoé Diatta. Conocida como la ‘Juana de Arco’ senegalesa, Diatta luchó contra la colonización francesa. La joven se levantó contra el imperio. Y eso le costó la vida.

Otra muerte. Otro joven. Diop juega de nuevo con el paralelismo histórico para llegar hasta los movimientos sociales más actuales. En 2012, una manifestación rendía homenaje en la neoyorquina Union Square a Trayvon Martin. Disparado por un hombre blanco, que evadió la cárcel justificando una actuación en defensa propia, el fallecimiento de Martin fue el detonante para el movimiento Black Lives Matter.

Con ‘Liberty: A Universal Chronology of Black Protest’, Diop se autorretrata para honrar aquellos que se levantaron contra el colonialismo u otra forma de opresión. Es un relato cronológico de los movimientos sociales o protestas negras que van desde las marchas en Selma, en 1965, a los disturbios liderados por las mujeres nigerianas en 1929 contra los administradores británicos. El fotógrafo senegalés también se detiene en la masacre de Thiaroye, donde soldados africanos que lucharon junto al ejército francés en la II Guerra Mundial fueron asesinados por el propio bando galo en 1944, cuando exigían los pagos que se le debían.

“La historia de la protesta negra es rica, ya sean revueltas de esclavos, marchas por la libertad o contra el apartheid, movimientos por la independencia o contra la violencia policial. Hay retratos de metáforas en los que la idea de identidad negra es central. Disfruté siendo el sujeto y el objeto de estas fotografías, sin embargo, no son autorretratos en el sentido tradicional”, apunta el fotógrafo.

Las causas de ayer son las mismas que las de hoy. Y Diop muestra “una narrativa reinventada de la historia de los negros y, por lo tanto, de la historia de la humanidad y del concepto de libertad”.

 

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Djenné, digitalización de una historia centenaria

El archivero de la Biblioteca de manuscritos de Djenné, Malí, Garba Yaro/ Foto: Sophie Sarin

Garba Yaro está sentado en su despacho de la Biblioteca de Manuscritos de Djenné. La fotografía lo recoge rodeado de documentos, mirando al objetivo con una media sonrisa.

Este guardián atesora un patrimonio documental que mantiene vivo el legado de la ciudad maliense de Djenné. Su historia es un ejemplo que se repite en otras zonas del continente como en la biblioteca Habot de Chinguetti, en Mauritania. Pero, los titulares reservaron en 2013 el protagonismo para Tombuctú, cuyos vecinos se las ingeniaron para salvar sus manuscritos ante la ocupación yihadista que provocó el incendio de dos bibliotecas de la ciudad.

Las colecciones de Djenné son menos conocidas que las de la “ciudad gemela” de Tombuctú aunque mantienen su vulnerabilidad. Ahora, una exposición fotográfica en la Librería Británica de Londres recoge el esfuerzo de Yaro junto al Programa de Archivos en Peligro (EAP, en sus siglas en inglés) impulsado por la propia librería.

Beyond Timbuktu: Preserving the Manuscripts of Djenné, Mali es una pequeña fotogalería que celebra la digitalización de una partida de 8.300 manuscritos y que ya puede consultarse de forma online. El visitante observa de un vistazo la importancia de un trabajo que preserva la vida y la historia de la localidad del sureste de Malí.

Alrededor de 144 familias han depositado sus textos en manos del archivero Yaro. La Biblioteca de Manuscritos de Djenné se ha convertido desde su fundación en 2007 en el lugar de custodia para una colección que aglutina una disparidad de documentos: distintas copias del Corán, artículos religiosos, recetas, correspondencia privada y textos científicos, esotéricos y burocráticos.

En la exposición, escondida en la segunda planta de la Biblioteca Británica, se exhiben distintos textos como el diario de viajes del al-Hajj Ibrahim a la Meca desde la ahora Malí o partes de los escritos del poeta local Abubakr Ibn al-Hadi Yaro. También hay espacio para las fábulas como la de un camello que podía hablar y buscó refugio cerca de Medina o la recopilación histórica del África Occidental.

Djenné, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1988, fue un reconocido centro de aprendizaje del Islam en el siglo XIII. Hoy en día su Gran Mezquita continúa personificando tanto la importancia actual del Islam para la vida de la ciudad como la larga historia académica de la ciudad.

La exposición da pinceladas de la producción local de copias del Corán llenas de ilustraciones y motivos ornamentales como se muestra en uno de los manuscritos que presenta la decoración característica del Surat al-Fatiha, el primer capítulo del libro sagrado. También puede observarse una copia dell poema Dala’il al-Khayrat del imam marroquí al-Jazuli

Gran Mezquita de Djenné / Foto: Naciones Unidas

Beyond Timbuktu: Preserving the Manuscripts of Djenné, Mali es una exposición gratuita que puede verse hasta principios del próximo año. Las fotografías resaltan la conservación de un material que está en peligro de destrucción, negligencia o deterioro físico. La digitalización es una oportunidad para acercarse al legado de una ciudad y sus alrededores a través de esta iniciativa subvencionada en gran medida por la historiadora y diseñadora Sophie Sarin.

Los curiosos pueden ojear los archivos digitalizados en los proyectos EAP488, EAP690 y EAP879.

La nueva era de los videojuegos africanos

Las artes gráficas llevan ya varios años dando mucho de qué hablar en el continente africano. Y es que el arte digital permite la innovación hasta límites insospechados en todos los ámbitos de nuestra vida, así como la combinación de diferentes disciplinas. Su flexibilidad ha permitido aplicarlo a casi a todas las artes visuales, como la realidad virtual o el Net.art, pero también a otras creaciones como los videojuegos.  Sí, los juegos también forman parte del ocio de los jóvenes y no tan jóvenes a lo largo y ancho del continente y, aunque pueda parecer un poco frívolo, también ayudan a reconstruir la imagen de África.

Hasta la pasada década la creación de juegos parecía monopolio de las empresas de los países desarrollados. Esas compañías elegían los argumentos y la imagen de los personajes pero también los escenarios donde se desenvuelven las historias que quieren contar. Algunos juegos incluso tenían como marco algún destino exótico o algún país africano. Desde los clásicos de la década de 1990, entre los que se encuentran el ‘Rey León’ o ‘Faraón’, hasta las series más conocidas como ‘Call of Duty’, ‘Assassin’s Creed’ o ‘James Bond’ han optado por recrear escenarios africanos.

No obstante, la década pasada dio un vuelco a la situación cuando en diferentes países de África comenzaron a surgir estudios y empresas dedicadas a la creación de videojuegos en los que sus protagonistas y sus héroes mantienen rasgos de las culturas africanas, utilizan la tradición y vestimentas típicas, y no sólo relatan sus propias historias si no que, además, en ocasiones incluso permite a la persona que juega enfrentarse a los problemas del día a día a los que puede enfrentarse una persona de alguno de estos países del continente. A la cabeza de este sector se encuentran Egipto, Nigeria, Sudáfrica, Argelia, Marruecos o Kenia, pero en diferentes rincones esta tendencia se está consolidando. El caso más conocido es sin duda el del estudio Kiro’o Games, que vivió su propio boom con el lanzamiento del primer juego de rol creado en Camerún: ‘Aurion: the legacy of Kori-Odan’.

 

Estos videojuegos, a través argumentos y contenidos muy diversos, ayudan a ampliar y a difundir mitos, tradiciones e historias propiamente africanas, ofreciendo a nivel global juegos únicos, con narrativas producidas localmente. Pero no es sólo la diversificación de historias, sino la posibilidad de que gamers de estos países puedan sentirse de alguna forma visibilizados, al utilizar avatares de superhéroes africanos como ocurre en ‘Tales of Hassan’, lanzado en 2014.

Por otro lado, si en origen los juegos nacieron con un formato específico para ordenadores y videoconsolas para después conquistar otros dispositivos como tablets y móviles, en África la mayor parte de ellos se crean directamente para móviles ya que son más accesibles, cómodos y baratos por norma general en el continente. Algunos incluso pueden ser útiles a un nivel educativo, como el ya conocido ‘Mosquito Hood‘ que fue lanzado en Kenia ya en 2015; o el videojuego de simulación política Democracy 3 Africa’, que ofrece la posibilidad de convertir al jugador en primer ministro y empezar a administrar  cualquier país del continente. Además, para los que prefieren los juegos de acción, ‘Nairobi X’ permite defender la capital de Kenia de una invasión alienígena con un género clásico como es el ‘First Person Shooter’ (FPS).

 

Obviamente, cada vez es más complicado para los diseñadores y los estudios gráficos hacerse un hueco en el mundo de los videojuegos, donde las grandes corporaciones monopolizan el sector. Sin embargo, los juegos con sello africano se han hecho ya un hueco en el continente y nada les niega la oportunidad de llegar a más público demostrando que la creatividad y la innovación son un todo inseparable de la expresión digital en África.

“El diseño presenta una oportunidad fabulosa de proponer soluciones para mi continente”

Burkina Faso está en los primeros puestos de la lista de los países más pobres del mundo y, por ende, también en la de los más dependientes en importaciones, que no atienden a criterios de sostenibilidad en su envasado precisamente y dejan un excedente de plástico y envases de metal en el país. Un escenario en el que el artista Hamed Ouattara ve la ocasión de generar desarrollo a través de la creación de muebles diseñados con materiales reciclados. Su trabajo le ha llevado a ser reconocido, entre otros galardones, con el Premio de Diseño Africano en su primera edición y a ser nombrado Personalidad Cultural del Año 2017 de Burkina Faso en la categoría de arte.

Ruth Fernández Sanabria: Empezaste estudiando contabilidad y costura, ¿qué te llevó a dedicarte a la pintura y posteriormente al diseño?

Hamed Ouattara: Me hice artista porque sentí la llamada creativa. Ser artista me permite expresarme totalmente a través de cualquier medio y este trabajo me da la gran libertad de actuar recíprocamente con mi entorno. Tengo una necesidad perpetua de entender y proporcionar las respuestas correctas a los problemas existenciales y compartir los frutos de mis reflexiones.

R.F.S: ¿Por qué decides finalmente centrarte en el diseño de muebles?

H.O: Ser un diseñador es un privilegio en un país como el mío. El diseño presenta una oportunidad fabulosa de proponer soluciones para mi continente porque tiene la magia de hacer romper esquemas, aunque también supone que previamente tengas que hacerte preguntas de crucial importancia en el proceso de desarrollo.

R.F.S: Tu obra se basa en el arte reciclado, ¿qué te atrae de esta disciplina?

H.O: Observé que en mi país hay una proliferación inmensa de envases de plástico que no tienen ningún valor añadido sino simplemente contaminar nuestro entorno, lo que me llevó a una fuerte convicción de la necesidad del reciclaje. Mi trabajo procura mostrar cómo podemos responder a cuestiones ambientales muy serias de un modo creativo, y esto es también una extensión de mi compromiso con el principio de reciclar.

R.F.S: Sin embargo trabajas principalmente con el metal, ¿por qué?

H.O: En Burkina Faso existe un gran conocimiento sobre el oficio con este material. Somos un país al que se importan muchos productos de petróleo y tenemos una enorme reserva de envases de metal.

R.F.S: ¿Existe una cultura del reciclaje en Burkina Faso?

H.O: No hay ninguna cultura de reciclaje en Burkina, en mi opinión, porque en África no existía esta preocupación en la época de nuestros antepasados, pero con la industrialización aparece el problema de la importación y exportación de productos. Desde hace unos años el Gobierno ha tomado medidas para controlar y sensibilizar a la gente en este sentido. Mi trabajo muestra que con las abundantes materias primas que hay en nuestro entorno y a través del reciclaje podemos tener un diseño local e innovador que dé respuesta a los múltiples retos que tenemos en relación a la contaminación y al desperdicio de recursos.

R.F.S: ¿Consideras que tu trabajo tiene una carga más social que estética?

H.O: El tema principal de mi trabajo es el diseño social, que se extiende en paralelo al diseño de lujo, lo que me permite dar el salto a las paredes supuestamente infranqueables del mundo del diseño. La vida en mi país me permite entender la diversidad. Tengo que crear teniendo en cuenta la variedad y riqueza cultural que existe y que influye en las elecciones de la gente. La combinación de modernidad y tradición en mis diseños en realidad reflejan la sociedad de cambio en la cual vivimos y es también un ejercicio interesante desde una perspectiva histórico social.

R.F.S: ¿En qué te inspiras para desarrollar tus piezas?

H.O: Estoy realmente fascinado por las técnicas tradicionales del trabajo metálico, sobre todo aquellas que han sido implementadas en el continente, en las que encuentro una creatividad desbordante y llena de ingenio.

R.F.S: ¿Cómo es ser artista en Burkina Faso?

H.O: En un país en vías de desarrollo como Burkina Faso, los sectores esenciales siempre tienen prioridad y es realmente difícil ser un artista y vivir de ello. Yo he tenido la suerte de ser capaz de vivir de mi pasión. Desde niño siempre he estado convencido de que el arte desempeña un papel en el desarrollo de África. Mi pintura y mi trabajo de diseño reflejan esta convicción.

R.F.S: Tienes tu propia galería taller donde enseñas a jóvenes este oficio, ¿cómo ves el futuro del arte en tu país?

H.O: Compartir mis acciones con una nueva generación de artistas me hace pensar que he llegado a la cúspide y que estoy trabajando en el continente y en Burkina Faso para cambiar muchas cosas. Estoy seguro de que los resultados serán visibles en pocos años.

R.F.S: Entre todos los reconocimientos que has conseguido, ¿cuál ha sido el más significativo?

H.O: Todos los premios son importantes, especialmente cuando vivimos y trabajamos en zonas difíciles y menos reconocidas. El Premio de Diseño Africano es en mi opinión más que importante porque demuestra que las mentalidades están progresando y eso nos permite continuar.

R.F.S: ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

H.O: Mi próxima colección de objetos y muebles únicos está basada en las técnicas hereditarias del trabajo con el hierro, sin usar electricidad lo que contribuye a ser más ecológico, pero sobre todo para destacar el proceso de trabajar artesanalmente el material. Al margen de esto, yo trato de crear objetos insólitos, muebles que no son necesariamente para su uso porque siento la necesidad de construir con la humanidad de los artesanos, de quienes me interesa conocer los detalles de su vida, de su relación diaria con los objetos que los rodean. Por eso voy a trabajar con artesanos de la segunda ciudad de Burkina Faso, Bobo Dioulasso. Quiero zambullirme en este entorno y luego hacer una exposición con el fruto de este trabajo de acercamiento.

Billie Zangewa: “La feminidad es simplemente ser una mujer, no hay estereotipo”

La vida se compone de retales, especialmente en el caso de Billie Zangewa. Armada con hilo y aguja, y haciendo de la seda su particular ‘criptonita’, la artista malauí empodera la tradicionalmente encorsetada representación del cuerpo de las mujeres negras a través del lienzo. Su objetivo: potenciar la universalidad de la diversidad femenina. Para ello construye collages con tejidos que muestran escenas del día a día que puedan ser comunes a todas las personas, aunque lo cierto es que las narrativas que relata son las suyas propias. Zangewa no da puntada sin hilo, y su ahínco por conectar mediante el arte  haciendo de lo ordinario algo universal ha sido reconocido al ser seleccionada como la artista destacada de la FNB Joburg Art Fair 2018, celebrada del siete al nueve de septiembre en Johannesburgo. Tras diez ediciones a sus espaldas, la primera feria internacional de arte del continente pone el ojo en un artista que vive y trabaja en la ciudad sudafricana. Y en Wiriko hablamos con ella.

‘Momentos robados’, B. Zangewa (2017)

Ruth Fernández Sanabria: Lo primero que me llama la atención de tu trabajo es que todo está hecho con tejidos, especialmente con seda. ¿Qué tiene de especial este material para ti?

Billie Zangewa: Estoy enamorada de la seda y continúo aprendiendo a trabajar con ella, sigue revelándome sus secretos. Cuanto más trabajo con ella más curiosidad tengo. La luminiscencia de la seda realza mis creaciones. Es mi otra mitad, estábamos buscándonos la una a la otra y cuando nos encontramos fue amor a primera vista, y la historia de amor continúa. La seda es fuerte y delicada al mismo tiempo. Es maleable. Es luminiscente y lujosa, da una cierta magnificencia.

R.F.S: Podría decirse que tus obras son tu alter ego, ¿por qué decides usar tu experiencia para componer narrativas visuales?

B.Z: Cuando quise lanzar mi carrera artística un conocido me preguntó sobre qué iba a ir mi trabajo, ya que yo no era una persona abiertamente política o polémica. Estuve pensando mucho tiempo en ello y mi respuesta fue que mi trabajo iba a tratar sobre mí, que es aquello que más conozco. Por eso decidí hacer de mis creaciones mi alter ego.

R.F.S: ¿Y qué obras de tu trabajo artístico han marcado más especialmente tu vida o viceversa?

B.Z: No es una pregunta fácil. ‘El Renacimiento de la Venus negra’ marca un punto de aceptación propia. ‘Mi Vida en Rosa’ celebra la maternidad y la vida diaria. ‘Cita nocturna’ habla de las oportunidades de ser monoparental. Lo que quiero transmitir con todos mis trabajos es la universalidad de mis experiencias.

‘El renacimiento de la Venus negra’, B. Zangewa (2010)

R.F.S: En tus obras hablas de la identidad y del empoderamiento de la mujer desde lo cotidiano, ¿por qué?

B.Z: Para mí ha sido una preocupación sobre la que he intentado entenderme a mí misma y lo que significa ser mujer. Poner el foco en la vida cotidiana es un modo de conectar con los demás. Además creo que hay algo mágico en lo mundano.

R.F.S: ¿Consideras que la representación del cuerpo femenino negro ha evolucionado?

B.Z: No soy una experta en la materia de la representación del cuerpo negro femenino. Todo lo que sé es que ha existido una explotación del cuerpo negro femenino que hace que quiera reclamar el mío para mí misma. Coger mi poder, por así decirlo. Es algo político.

R.F.S: ¿Qué es para ti la feminidad? ¿Cómo la representas en un cuadro?

B.Z: La feminidad es simplemente ser una mujer, no hay estereotipo. Ser una mujer fuerte que está ahí para mi hijo pase lo que pase es lo que representa para mí la fortaleza de la mujer.

R.F.S: ¿Y el feminismo?

B.Z: Estoy de acuerdo con la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie cuando dice que feminista es una persona que cree en la igualdad social, política y económica entre uno y otro sexo. Así es como yo lo veo también. Yo represento esos sentimientos mostrando a una mujer independiente y capaz, que abraza su fortaleza y se permite ser una mujer también.

R.F.S: ¿Cómo se vive el feminismo en Sudáfrica?

B.Z: Hay mujeres trabajando en todos los ámbitos y algunas de ellas incluso en puestos de poder. Sin embargo, la violencia continua contra las mujeres aquí sorprendentemente. La libertad vendrá cuando las mujeres estén a salvo tanto en sus casas como en las calles, y ese no es el caso ahora mismo.

‘Cita nocturna’, B. Zangewa (2017)

Neema: “Las mujeres negras en particular están insuficientemente representadas en el arte”

Hace dos veranos Neema Iyer cogió una tableta que encontró en el apartamento de su hermano y empezó a dibujar. Para finales de 2016 ya tenía una cuenta en Instagram dedicada exclusivamente a sus ilustraciones inspiradas en, dice la autora de la imagen de la séptima temporada de Wiriko, “cosas que veo a mi alrededor, muchas de las plantas que aparecen en mi obra son de alrededor de mi casa”.

Los trabajos de esta nigeriana nacida en Lagos y residente en Kampala, Uganda, derrochan dinamismo, alegría de vivir y colorido sobre un fondo que, sin embargo, suele mostrarse en blanco, como la mayoría de mujeres negras que dibuja. “Sentí que las mujeres negras en particular están insuficientemente representadas en el arte. Soy parte de África y de niña la gente trató de hacerme sentir vergüenza por mi piel oscura, aunque nunca dejé que esto me afectara. Sin embargo, hay tantos medios de comunicación y pensamientos culturales que son negativos hacia la piel oscura que trato de plasmar a las bellas mujeres negras en las redes sociales y emparejar este imaginario con algún tipo de vegetación, añadir un poco de tela kitenge o ankara y añadirles mi sello, un círculo”, explica Neema a Wiriko.

Uno de esos pensamientos negativos de los que habla lo experimentó en carne propia a través de una de sus piezas, la que recibe el nombre de ‘La virgen’. “Todas mis musas son mujeres negras pero yo sólo coloreé al bebé que sostiene y mucha gente tuvo un problema con el concepto. ¿Por qué hay una mujer blanca con un bebé negro?, se preguntaban. Yo tengo muchos amigos con matrimonios de raza mixta, y yo estoy en uno también, y soy un producto de ello. La gente siempre hace comentarios sobre sus bebés, la gente solía preguntar a mi madre quién era yo cuando estábamos juntas. Hay mucha insensibilidad con este tema”, manifiesta.

‘La virgen’, ilustración de Neema Iyer

Ante la imagen monocroma que se difunde del continente en general y de las mujeres africanas en particular, a menudo representadas golpeando ñames, cargando vasijas o con niños a la espalda, esta ilustradora incipiente vio en la red social Instagram una ventana para abrir al mundo su visión de África. “Quiero mostrar más de lo que las diferentes partes del continente ofrecen. Su vitalidad, su encanto,… Quiero que esto esté disponible para las personas que están lejos de aquí, ya sea en la Alabama rural o en una isla en el Océano Pacífico. Y esto puedo conseguirlo a través de las redes sociales, donde la gente responde dando ‘Me gusta’ a las imágenes. Esto hace que sienta que de alguna forma he contribuido a un intercambio cultural y social”, señala.

Ahora Neema compagina su labor al frente de la compañía cívico-tecnológica Pollicy con su actividad artística impulsada vía Internet, desde donde ha dado el salto a la pintura en lienzo. “Me han invitado a hacer piezas de arte físicas bajo la tutela de algunos artistas aquí en Kampala. En mayo participé en el Festival de las Artes La Ba!  para crear un mural colaborativo en el que los asistentes pudieron pintar”, comenta emocionada para continuar explicando que en junio tuvo su primera exposición individual a la que “asistieron más de cien personas y todas las piezas se vendieron. Trato de mantener los precios bajos para que sea accesible para la mayoría de la gente”.

En este sentido, la ilustradora se lamenta de que “en Uganda muchos piensan que el arte es algo para la gente de la élite o la gente rica. No llega a otras comunidades y hay poco arte urbano”. Sin embargo, tal y como relata, “durante el Festival de las Artes La Ba! tuve la oportunidad de ver a la gente coger pinceles por primera vez y pasar un buen rato”. De ahí que su próximo proyecto, tal y como adelanta a Wiriko, sea “crear murales colectivos con un propósito social en las comunidades alrededor de Kampala”.

De su futuro como ilustradora confiesa que “pensar en dedicarme al arte a tiempo completo es un poco aterrador, pero es sin duda un sueño que al que aspiro”. Por ello, por lo pronto espera ser capaz de combinar su trabajo en la tecnología, el compromiso cívico y la creación artística. Al fin y al cabo, esta última ocupación es su salida de escape ante la hartura que siente sobre la proyección que aún pesa sobre el continente: “Es tan cansado escuchar a gente hablar sobre África como una entidad homogénea cuando hay tantas culturas y tradiciones diferentes. Tantas que ni siquiera yo las conozco todas, me queda mucho por aprender”.

Celebrando los 100 años de Mandela

El pasado 18 de julio se cumplían 100 años del nacimiento del ex presidente de Sudáfrica y líder anti-apartheid, Nelson Mandela. Con motivo de este centenario, el complejo cultural Southbank Centre de Londres ha organizado una exposición que recorre la vida del icono sudafricano. Nelson Mandela: The Centenary Exhibition 2018que puede disfrutarse de forma gratuita hasta el 19 de agosto, representa “la lucha por la libertad contra el apartheid y la visión de Mandela de una democracia no racial basada en la justicia, la igualdad y los derechos humanos”, según explicó el director de la muestra, Peter Hain.

La exposición está instalada en el vestíbulo del Queen Elizabeth Hall del Southbank Centre / Foto: Pete Woodhead

La exposición pone en perspectiva la vida de Mandela a través de seis temáticas; desde su años formativos hasta sus roles como líder del Congreso Nacional Africano (CNA), prisionero o presidente de Sudáfrica. El visitante se sumerge en una colección de fotografías, vídeos, posters y una serie de objetos que recorren el legado del exmandatario sudafricano.

Además se exhibe “la famosa Biblia de Robben de Island”, una colección de las obras completas de Shakespeare que llegó a la prisión gracias a la esposa de Sonny Venkatrathnam, uno de los encarcelados. “Los cobardes mueren muchas veces antes de su muerte. Los valientes sólo saborean la muerte una vez”, dice el Julio César shakesperiano en un texto expuesto y que resaltó Mandela en 1977.

Hay cabida para las anécdotas y aspectos menos conocidos en una muestra que cuenta con numerosas citas de Mandela y de sus allegados. “Mi padre poseía una orgullosa rebeldía, un obstinado sentido de la justicia que reconocí en mí mismo”, puede leerse en la primera parte de la exposición que se centra en la infancia de un Rolihlahla que abraza el nombre de Nelson: “En esos días, a los niños negros se les daban nombres blancos en el colegio porque era más ‘civilizado’”.

Mandela con 19 años en Umtata

El camarada Mandela se une al CNA en 1943. Entabla amistad con Oliver Tambo, Walter Sisuly y Anton Lembede, y es partidario de la liberación liderada por africanos negros. Es la época en la que llega a Johannesburgo y comienza a trabajar como guarda en Crown Mines. Es destinado a la entrada de la mina donde desarrollaba su labor bajo un cartel que avisaba: “Precaución: nativos transitan por aquí”.

Entre 1955 y 1964, la exposición se centra en el liderazgo de Mandela tras su elección como presidente del CNA en 1952. Es un momento en el que su postura política cambia: “Hay espacio para todas las razas en este país”, declara en 1961 en su primera comparecencia televisiva, una entrevista con Brian Widlake de poco más de tres minutos en los que Mandela resalta que personas de distintas razas, color y religión tienen que respaldar la lucha. Ese mismo año, en la conferencia All-In Africa de Pietermeritzburg, realiza su última aparición pública.

Sus 27 años de encarcelamiento en Robben Island engloba un tiempo de resistencia al trabajo, a la falta de comida y a las ínfimas condiciones penitenciarias. Una selección de la correspondencia que Mandela mandó desde la cárcel entre 1969 y 1971 se puede observar en uno de los estantes. Inicialmente sólo podía escribir y recibir una carta de no más de 500 palabras cada seis meses. También se exhibe el registro de visitas, 29, que recibió desde agosto 1964 hasta abril de 1970. Todas de no más de una hora.

Se puede ver a Mandela descansado sobre una piqueta en las imágenes tomadas en Robben Island, durante una visita abierta a los periodistas. “Un prisionero en el jardín”, rezaba el pie de foto de una imagen que acapara la atención en este segmento de la muestra. La piqueta, usada en la cantera de cal de la isla, es además parte de la exposición y se presenta en el Reino Unido por primera vez.

Nelson Mandela llegó a la presidencia de Sudafrica con 75 años, cuatro años después de salir de la cárcel. El visitante se acerca al Mandela más conocido con imágenes y textos que rememoran la importancia histórica de momentos como el concierto tributo que se produjo en el estadio de Wembley, Londres, en 1988, su declaración ante el Comité Especial de Naciones Unidas contra el apartheid en 1990 o la entrega de la Copa del Mundo de Rugby a François Pienaar en 1995.

Busto de Mandela en el Southbank Centre / Foto: Paul Simpson

En el último tramo de la exposición se explican los desafíos políticos a la hora de construir una nueva Sudáfrica, y los errores y contradicciones de sus mandatos. “He descubierto el secreto de que después de subir una montaña, sólo hay muchas más por escalar”. Nelson Mandela: The Centenary Exhibition 2018 es una exposición a la perseverancia. La lucha, la soledad, la pérdida y el dolor son manifestaciones de la construcción de su batalladora personalidad. Es una oportunidad para adentrarse en el personaje a colación del centenario de su nacimiento y disfrutar de las actividades paralelas que el Southbank Centre de Londres ha preparado hasta el 19 de agosto.

Tedos Teffera y la infancia encapsulada

Los boliches son una creación humana, pero suponen también un universo atractivo capaz de conectar no solo puntos sobre la superficie, sino también realidades. Así lo defiende el fotógrafo Tedos Teffera en su exposición individual ‘Intent’, incluida en el proyecto artístico ‘Boliches-Marbles’ que acoge el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Gran Canaria hasta el 26 de agosto.

Tedos Teffera en el CAAM. Foto CAAM-Sabrina Ceballos

Puede ser que una canica o un boliche sea un objeto metafórico, que esconda dentro de sus ensoñadores colores y brillos un significado más próximo a las cuestiones humanas que al simple juego. Quizá sea porque guarde relación con lo esférico, una forma que nos enseña que la historia es cíclica, que las experiencias humanas reviven etapas pasadas y que podemos regresar a un punto inicial. O que en ella se esconde la verdadera belleza y perfección, como la vemos presente en la naturaleza, en la Tierra, el sol o las flores.

El trabajo del artista etíope Tedos Teffera contiene una serie de doce fotografías en claroscuro que congelan los movimientos y gestos de este juego popular. Como su nombre indica, la colección ‘Intent’ que alberga la muestra ‘Boliches-Marbles’ del CAAM recoge el propósito de capturar el ahínco de los niños en perseguir algo que para ellos es un mundo, mientras que para los adultos es un asunto trivial.

©Tedos Teffera – Addis Foto Fest

Pero el mundo de los boliches no sólo encierra la ilusión de las pequeñas cosas, también revela universalidad. Cualquier niño ha poseído estos objetos como si de un tesoro se tratase, independiente de su poder adquisitivo. Por ello, este serial fotográfico es también una manera de reconocer a todos los niños que juegan a las canicas y a las personas mayores que lo hicieron antaño.

Y al mismo tiempo, ‘Intent’ es también una denuncia y un tierno guiño. Cada instantánea perpetúa una escena y recibe un título que funciona como metáfora existencial: la soledad de un niño ganador frente a su canica victoriosa o las apariencias nublosas que no se despejan hasta el final. Teffera nos recuerda a través de estas evocadoras esferas que la humanidad está en crisis, que la generosidad entre iguales agoniza por culpa de las ansias de gloria y que las personas actuamos constantemente para mantener alejados a nuestros enemigos de nosotros mismos. Y nos reprocha también. Este mundo solo es capaz de ver y valorar al ganador, pero se ciega al duro trabajo que se escode detrás; se premia en público lo que se ha trabajado durante años en privado.

Es evidente que  el trabajo del fotógrafo etíope usa un lenguaje común: el de los sentimientos. Lo hace con cada disparo de su cámara al abordar cada instantánea según los sentimientos que le inspiren, moviéndose por sensaciones. De hecho, confiesa que este arte fue su camino para poder expresar las inquietudes de un chico especialmente tímido y reservado. La fotografía lo conectó con el mundo.

Y lo lleva haciendo desde los seis años. Ahora Tedos Teffera es director creativo y ha trabajado en el mundo de la publicidad creando fotografías comerciales. Su exposición en Gran Canaria es fruto de un encuentro en el Addis Foto Fest con el director del CAAM y comisario de la muestra, Orland Britto Jinorio, quien se interesó en su obra debido a la atracción que le supone el mundo de las esferas. La colección de este artista es muy diversa: Etiopía y sus gentes, el juego en los niños, paisajes de ensueños,… pero cada una de estas fotografías encierra el mismo trasfondo: los sentimientos que aquello que mira despiertan en él.

Reminiscencia pop para avivar la memoria congoleña

Eddy Kamuanga Ilunga tiene un propósito: acercar a pinceladas la historia a las sociedades contemporáneas de la República Democrática del Congo. Como si se tratara de capítulos, cada obra del pintor nacido en Kinshasa recupera un episodio de la memoria colectiva congoleña mediante una narrativa visual compuesta de elementos étnicos, occidentales y tecnológicos con una estética pop que generan pinturas híbridas, como las identidades que retrata. Su nueva entrega,’Responsabilidad frágil’, ha sido recientemente expuesta en la Galería October de Londres.

Vasijas de porcelana de la época de los primeros comerciantes portugueses, cuencos de cerámica tradicionales, jarras Toby popularizadas por los ingleses, alguna mesa o silla de estilo clásico y cajas improvisadas como asientos. Es todo el atrezo de ‘Responsabilidad frágil’, la última serie de lienzos en acrílico y óleo de Eddy Kamuanga Ilunga, que, pese a ser escaso, ya contiene más elementos que su creación anterior, dedicada a la etnia Mangbetu.

En la línea pop que lleva caracterizando su trabajo desde sus inicios, las dos últimas colecciones del pintor de Kinshasa focalizan su fuerza en las personas que retrata, individuos de piel formada por placas de circuitos tecnológicos que evocan el papel de la República Democrática del Congo como la meca del coltán, un mineral imprescindible en los cada vez más utilizados dispositivos electrónicos. Los protagonistas de Kamuanga Ilunga cubren su electrónica dermis ataviados en su mayor parte por vistosas telas africanas frente a fondos de colores fríos, en unas pinturas que son un ejercicio de convivencia entre la modernidad y el pasado relegado que el artista percibe en la sociedad contemporánea de su país.

La ausencia de objetos no es casual, el joven congoleño quiere reflejar personajes perdidos en el tiempo y el espacio, renegados a la memoria. Cuenta desde la Galería October, donde ha presentado sus dos exposiciones en solitario hasta la fecha, que su madre se mostró reticente a que fuera a conocer a conocer a los Mangbetu para documentarse para su primera colección al considerarlos “paganos, retrógrados e incluso peligrosos”.

No se trata de una opinión aislada, para Kamuanga Ilunga la sociedad congoleña es cada vez más moderna, profundamente cristiana y “rechaza por completo su herencia indígena multiétnica”, tal y como manifiesta en su última exhibición. Una concepción que constituye la línea argumental sobre la que se basan las narraciones visuales de este artista que reflexiona sobre los cambios sociales que ha experimentado su país desde la llegada del colonialismo hasta la actual globalización, acontecimientos que han construido la historia de la República Democrática del Congo y condicionado la construcción de su identidad.

Y si en la obra dedicada a los Mangbetu, Kamuanga Ilunga acerca la contemporaneidad y los orígenes al combinar la tecnología digital, las uñas pintadas y las chanclas que salpican el paisaje urbano congoleño con los tocados, la artesanía y la elegancia por la que era admirado este pueblo de guerreros originarios de Sudán y establecidos centenariamente en el Congo, en su nuevo trabajo emplea la misma técnica con fines distintos.

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En ‘Responsabilidad frágil’, el artista rinde homenaje a los esclavos y antepasados que resistieron el tráfico humano, y sitúa la acción de la serie en el Reino del Congo poniendo en escena objetos de este periodo que aún hoy conforman la realidad social del país sin evocar de manera consciente la esclavitud que trajo consigo ese capítulo de su historia. Rodeados de estos elementos, los personajes que representa se muestran abatidos y parecen estar perdidos, amnésicos, desprovistos de vitalidad. Pero no es ésta la fragilidad que califica Eddy Kamuanga Ilunga al dar nombre a esta obra, en la que lo que realmente quiere señalar es el impacto de las estructuras de poder del pasado y del presente en la construcción de la identidad congoleña. Es ahí donde reside la ‘Responsabilidad frágil’.