Afrotopía: ahora son las cámaras las que disparan en Malí

“África no tiene que alcanzar a nadie. Ya no debe correr por los senderos que se le indican, sino caminar con paso firme por el camino que ha elegido”. Con estas palabras extraídas de la contraportada de su ensayo ‘Afrotopía (Philippe Rey, 2016) el economista senegalés Felwine Sarr da la vuelta a los rancios conceptos que hasta ahora definían el desarrollo, planteando un nuevo encuadre y el necesario abandono de la competencia, que califica de “infantil” en aquellas naciones que “buscan ver quién ha acumulado la mayor riqueza, esta carrera frenética e irresponsable que pone en peligro las condiciones sociales y naturales de la vida.

Fotografía de F.K.Massassy presentada en la 11ª edición de Rencontres de Bamako

Este mensaje resulta especialmente inspirador en Malí, donde parece difícil curar la herida infectada que se abrió en 2012 con la rebelión tuareg y la ocupación yihadista del norte del país que ni la posterior intervención francesa, ni la Minusma, ni los acuerdos de Argel han conseguido cerrar. Esta situación de violencia incrustada unida a la corrupción, el paro y la falta de servicios sociales básicos, como la educación y la sanidad, hace que a una nueva generación de jóvenes malienses les brillen los ojos con este nuevo concepto.

Uno de ellos es el polifacético Fototala King Massassy, fotógrafo, actor de teatro y televisión y uno de los hermanos mayores del hip-hop de Malí, quien opina que  la “Afrotopía es el motor de África. Aunque los medios de comunicación internacionales no inviertan ni el esfuerzo ni el tiempo necesarios para mostrárselo al mundo entero. Aquí en África este motor “informal” se dirige hacia el progreso a la velocidad de la luz, mientras que las administraciones públicas esperan que sus guías intelectuales les den órdenes o un dinero que no va a caer del cielo”.

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Este hiperactivo artivista se interesó por la fotografía en 2007 y, tal es su pasión por este arte, que en pocos años se ha convertido en su actividad profesional principal. Es además uno de los pocos fotógrafos malienses seleccionados para participar en la bienal de fotografía africana Rencontres de Bamako, que ha elegido este nuevo término, Afrotopía, para titular su 11ª edición que se celebra en esta misma ciudad hasta el 31 de Enero de 2018.

 

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

12 meses, 12 exposiciones africanas alrededor del mundo

Puede que aún nos sorprenda encontrar exposiciones africanas en lugares como Israel (un claro síntoma de hasta dónde llega el interés por las obras artísticas procedentes de África), pero lo cierto es que no debería llamarnos la atención en absoluto. Tanto es así que el museo de arte de Tel Aviv expuso obras de la suazi Nandipha Mntambo, el congolés Chèri Samba o el sudafricano Ariel Reichman durante más de cinco meses a través de ‘Mirando a África: Arte contemporáneo y afrofuturismo’. Y no es un caso aislado, las artes visuales africanas están saliendo del exilio y 2017 ha sido un año de avances en su desarrollo.

Así, si bien los museos occidentales soportan aún una deuda tanto con el arte africano expropiado durante la colonización como con las máscaras y esculturas africanas a las que el arte contemporáneo occidental de las vanguardias debe su inspiración, las creaciones artísticas africanas están experimentando actualmente un proceso de empoderamiento que les permite mostrar otras representaciones de África fuera y dentro del continente. Son muchos los países africanos que cada vez dedican más espacios a mostrar la producción artística a través de galerías, festivales, desfiles e incluso espacios más solemnes, como los museos. Es el caso del Zeitz Mocaa, situado en Ciudad del Cabo, desde donde ostenta el título de museo de arte africano contemporáneo más grande del mundo. Para muestra de este fructífero año de manifestaciones artísticas africanas alrededor del mundo las siguientes líneas, en las que hacemos un repaso de doce exposiciones presentes en cada uno de los meses de 2017.

ENERO

Abrimos el año de exposiciones africanas en nuestro país con ‘El iris de Lucy’, una muestra de artes visuales que toma como referencia a Lucy (el homínido femenino durante mucho tiempo considerado como el más antiguo de la Humanidad) para retomar la mirada de las mujeres en la evolución de múltiples temas como la identidad, el cuerpo, las fronteras, las migraciones o cuestiones coloniales y postcoloniales mediante la obra de veinticinco artistas africanas entre las que se incluyen la etíope Aida Muluneh, con la que tuvimos ocasión de hablar en Wiriko, así como la congoleña Michèle Magema, la gabonesa Myriam Mihindou, la marroquí Safaa Erruas o la sudafricana Tracey Rose. Producida por el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) y Casa África, esta exhibición se pudo disfrutar en Las Palmas de Gran Canaria de enero a junio de 2017.

Fotografía exhibida en ‘Iris de Lucy’, de Tracey Rose.

FEBRERO

El papel del urbanismo para la creación de una nueva identidad nacional durante la era de las independencias africanas se refleja en la exhibición ‘Arquitectura de la Independencia – Modernismo Africano’, del Centro de Arquitectura de Nueva York. Más de 700 fotografías de Costa de Marfil, Kenia, Senegal o Zambia documentadas por el alemán Iwan Baan y la sudafricana Alexia Webster. Fruto del trabajo de Manuel Herz en su libro ‘Modernismo africano: Arquitectura de la Independencia’, esta muestra mantuvo sus puertas abiertas de febrero a mayo de 2017.

Escuela de Ingeniería de la Universidad de Ciencia y Tecnología Kwame Nkrumah (KNUST) de Ghana, diseñada por James Cubitt, en 1956. Fotografía de Alexia Webster.

MARZO

Dos meses dedicó París a ‘Capitales africanas’, una serie de manifestaciones visuales de artistas del continente que buscaba representar una visión cosmopolita de las sociedades de África. Casas colgantes del camerunés Pascale Marthine Tayou, provocativos grabados en telas del sudanés Hassan Musa o las nubes de ‘Un sueño’ del egipcio Nabil Boutros fueron presentadas en el parque cultural parisino de La Villette.

Pascale Marthine-Tayou, Casas colgantes © Benjamin Lefebvre

‘No hay tigres en África’, de H.Musa (2010)

ABRIL

Enséñame tu archivo y te contaré quién está en el poder’ es una recopilación de los archivos públicos que constatan la historia de la lucha de la mujer en Bélgica desde una perspectiva afrodescendiente. Esta muestra, presentada de abril a junio de este año en la galería belga Kiosk, incluye también el trabajo realizado a partir de esta documentación por la keniana Ato Malinda y las artistas africanas en la diáspora Kapwani Kiwanga y Amandine Gay.

Instalación con espejo de Ato Malinda. Fotografía de Tom Callemin.

MAYO

Llegamos a África. El cuarto mes del año de este calendario de exposiciones africanas está dedicado a la obra expuesta en el Instituto Goethe de la República Democrática del Congo, que acogió las visiones de siete artistas emergentes del país en ‘Kinshasa 2050’, una representación mediante instalaciones vídeo, performance y pintura de lo que será esta ciudad y sus habitantes dentro de treinta y tres años.

Instalación perteneciente a ‘Kinshasa 2050’.

JUNIO

La Galería Cécile Fakhoury de Abiyán es un templo de maravillas pictóricas que acogió la obra del senegalés Kassou Seydou, quien se estrenó en Costa de Marfil con ‘Reyes de las nuevas ciudades’, su primera exposición individual en el país. Un total de trece pinturas que invitan a adentrarse en un mundo híbrido de alteraciones y críticas sociales que se mezcla con elementos tradicionales y una fuerte creencia en la humanidad, protagonista absoluta de esta colección. Una oda al color y a la expresión que estuvo presente en la capital marfileña hasta finales de septiembre de 2017.

Pieza de Kassou Seydou, en la Galería Cécile Fakhoury.

JULIO

Sólo duró dos días, pero a ‘Urbanismo africano, cultura africana, futuro africano’ tampoco le hizo falta más tiempo para desplegar todo el potencial de la cultura urbana congoleña y senegalesa a través de dos ejemplos del mundo de la moda: Los sapeurs y el estilismo del hip hop. Comisariada por Alex Moussa Sawadogo, director artístico del festival de cine contemporáneo africano Afrikamera, la séptima de las exposiciones africanas seleccionadas de este 2017 se exhibió en la Galería Ifa de Berlín.

‘Los sapeurs de Bacongo’, Baudouin Mouanda (2008).

‘La pose’ de Siaka Soppo Traoré (2014).

AGOSTO

En el mes estival por excelencia nos vamos a Japón para ver a los cameruneses Romuald Dikoume, Blaise Djilo, Max Mbakop, Steve Mvondo y Yvon Ngassam quienes, comisariados por Yaounde Photo Network, han mostrado sus trabajos fotográficos en la sala OGU MAG de Tokio. Esta exposición titulada [email protected] Africa’ retrata a Camerún desde ópticas tan dispares como el precolonialismo, las tradiciones, el patinaje, la representación de la mujer o lo rural y, aunque sólo abrió sus puertas durante tres días, sirvió como preludio al festival organizado por dicha galería que acoge desde el 2010 en el barrio de Arakawa un festival anual dedicado al arte africano.

‘Corona de belleza’, Steve Mvondo (2016).

Fotografía de Romuald Dikoume.

SEPTIEMBRE

En paralelo a la Feria de Arte de Johannesburgo, cuyo décimo aniversario cubrimos este año en Wiriko, se celebra la Semana Anual de Arte de la ciudad que acogen los barrios de Alexandra, Soweto y el centro de Joburg. Una muestra itinerante de escultura, pintura, fotografía, instalaciones multimedia y arte urbano de la mano de artistas como Robin Rhode. Organizada conjuntamente por galerías, colectivos locales y la FNB Joburg Art Fair., la Semana Anual de Arte de Joburg saca a la calle las artes visuales y permite una conexión más cercana entre artista y espectador.

Instalación de Robin-Rhode (2016) exhibida en la Semana Anual de Arte de Joburg.

OCTUBRE

1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo de Londres se supera cada año y esta quinta edición no fue una excepción. Dieciocho salas de exposiciones africanas para promocionar la diversidad del continente a través una selección de artistas de treinta y dos países, como Ayan Farah, Buhlebezwe Siwani, Samuel Fosso, Hassan Hajjaj o Fabrice Monteiro, a quien pudimos entrevistar en Wiriko en el marco de esta macro cita londinense con el arte africano contemporáneo.

Hassan Hajjaj. © Joe Casely-Hayford 2017.

NOVIEMBRE

Hace menos de una semana que la capital nigeriana se despidió (con un hasta pronto) del LagosPhoto Festival, que ya ha cumplido su octavo año como primer y único evento internacional de fotografía en Nigeria. Bajo el título ‘Regímenes de la verdad’, esta edición ha explorado la búsqueda y la presentación de la verdad en la sociedad contemporánea mediante la técnica fotográfica de artistas como la marfileña Joana Choumali, los kenianos Sara Waiswa y Osborne Macharia o el senegalés Alun Be que complementan un cartel de fotografías, que si bien abordan el tratamiento de la veracidad, resultan absolutamente hechizantes.

Fotografía de Osborne Macharia expuesta en LagosPhoto 2017.

DICIEMBRE

Cerramos el año de exposiciones africanas con la vuelta de la Bienal Africana de Fotografía ‘Rencontres de Bamako’ es un claro síntoma de la buena salud del desarrollo de la producción artística africana este 2017. Tras dos años de ausencia, la esperada edición número once arranca con el título ‘Afrotopía’, tomado del ensayo del economista senegalés Felwine Sarr en el que defiende la idea de que no se puede imponer a las sociedades africanas el concepto de desarrollo y contemporaneidad occidental porque de hecho la modernidad, la suya propia, ya está presente en el continente. La materialización de esta idea bajo las miradas de fotógrafos como Rahima Gambo, Fototala King Massassy o Athi-Pathra Ruga estará abierta al público hasta el 31 de enero de 2018, aunque no habrá que esperar tanto para tener noticias desde Afrotopía a través de Wiriko.

‘Miss Azania. El exilio está esperando’ (2015) Athi-Patra Ruga.

Bright Ackwerh o el arte de propiciar el debate

“Si un problema le molesta, haga arte al respecto”, es la recomendación de Bright Ackwerh, un joven ilustrador de Ghana muy popular en su país y que empieza a despuntar internacionalmente a raíz de la reacción de China a una de sus caricaturas. Se trata de una ilustración en la que Xi Jinping, el presidente del país asiático, vierte lodo en unos cuencos sostenidos por Nana Akufo-Addo, su homólogo ghanés, y el ministro de Recursos Naturales de este país africano, mientras la embajadora china en Ghana alza felizmente un lingote de oro. Ackwerh sacaba así a la palestra a través de las redes sociales su visión de la campaña #StopGalamseyNow que lleva a cabo el Gobierno ghanés (con el respaldo de varias compañías del gigante asiático) contra la minería de oro ilegal, una práctica localmente conocida como galamsey y de la que viven miles de personas en este país africano, en el que la extracción de oro representa el ocho por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).

A pesar de la queja trasladada por la embajada china al ejecutivo de Akufo-Addo, días más tarde el artista satírico volvía a alimentar las redes con una nueva ilustración sobre esta campaña. “Es un sentido de la responsabilidad lo que me impulsa a enviar determinados mensajes” explica Ackwerh en una charla organizada por la Universidad Ashesi en la que señala que “la democracia significa que como ciudadano debes contribuir con tu voz y no deberías hacerlo sólo una vez cada cuatro años”.

Ya sea desde su muro en las redes sociales o en los murales de las calles, este joven ghanés consigue poner la universalidad del arte al servicio de la ciudadanía. A través de la sátira el ilustrador llama al debate y hace las realidades sociales más democráticas, más inclusivas y accesibles ante un contexto humorístico que sirve de gancho para invitar a la participación. Al fin y al cabo, tan universal como el arte es la risa.

Aunque se graduó en Bellas Artes en la Universidad de Ciencia y Tecnología Kwame Nkrumah, él se considera autodidacta, un “espíritu curioso” en sus palabras, que aprende mediante trazos sobre el mundo y la forma en que funciona. Desde que ganara el Premio Kuenyehia de Arte Contemporáneo de Ghana el pasado año, su carrera ha dado un salto y ahora Ackwerh es reconocido como un artista emergente de la región de África Occidental. Sin embargo, si bien su popularidad ha traspasado los límites de Accra, su creación sigue el mismo proceso que le dio la fama en  la capital ghanesa: la sensibilización con su entorno. Mucha lectura y mucha conversación son su receta estrella, pero su gran inspiración es la música, ámbito en el que Fela Kuti actúa como su musa por el modo en que el artista nigeriano se caracteriza por crear sin que le detengan las normas impuestas o los complejos sociales.

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De ahí sus pinturas mordaces. Nada se libra de su mirada incisiva en la medida en que todo puede ser objeto de varios puntos de vista que inviten al diálogo, su objetivo final. Política, religión, panafricanismo, recursos naturales, economía,… todo es carne de opinión y cualquier cosa es susceptible de mejora, un aspecto este último que diferencia la caricaturización de Ackwerh, en la que trasciende su afán de crítica constructiva, de construir, de debatir, para mejorar. Algo que él califica como una necesidad básica: conectar con otros en torno a problemas comunes para pararse a pensar a dónde vamos y a dónde queremos ir. Que no es lo mismo.

Njideka Akunyili te invita a conocer ‘La habitación de enfrente’, su nueva colección

Algo tienen las obras de Njideka Akunyili Crosby (Nigeria, 1983) que invitan al voyerismo. Sus retratos de escenas cotidianas revelan acciones sociales y domésticas que se muestran siempre cobijadas por cuatro paredes, lo que hace que el espectador sienta que está observando algo íntimo y extraño a la vez. Su última colección, ‘La habitación de enfrente’ no es una excepción. En este trabajo, expuesto en el Museo de Arte de Baltimore hasta marzo del próximo año, Akunyili Crosby continúa siendo fiel a su estilo al reproducir seis piezas a gran escala con técnica mixta de pintura, telas y transferencias fotográficas. La mayor novedad en esta ocasión recae en una composición de espejos que se observa en tres de las obras, que a primera vista son calcadas entre sí y sólo con una mirada detenida al díptico se aprecia lo realmente divergentes que son.

En realidad es como si por primera vez hubiera llevado al cuadro lo que siempre le hace al público, que fácilmente puede verse reflejado a priori en las escenas que muestra, tan interiores, tan aparentemente comunes, tan acogedoras pese a ser a gran escala que invitan a acercarse y dar rienda suelta al hilo que parece que no encaja. Es entonces cuando caes en su red. O lo que ella prefiere denominar el ‘Tercer espacio’, un término acuñado por teóricos postcoloniales para describir un escenario social en el que dos culturas se unen para crear algo nuevo.

Tejido a través de retales de su propia historia, esta artista nigeriana sintetiza (y sincretiza) en su propio relato narrativas visuales en las que muchos pueden reconocerse. Son aquellos que son los otros allí y aquí, las identidades híbridas formadas a partir de la comunión entre la cultura en la que se nace y aquella en la que se crece. “De donde quiera que mires el trabajo puedes reconocer algo. Pero no reconocerás todo porque hay una mezcla de tiempos, lugares, culturas, continentes y clases”, explica Akunyili Crosby a la revista Bomb para luego especificar que “hay muebles de IKEA de mi sala de estar de Baltimore junto a un sofá de nuestra casa en un pueblo de Nigeria. Al leer la pintura, quiero que te preguntes ¿qué está pasado?, ¿por qué la mujer con ese peinado provincial está en una situación cosmopolita? Son contradicciones que también existen en mi propia vida. He vivido en todos esos lugares diferentes. Soy una mezcla de ellos”.

Aunque es su forma de vida, esta artista comenzó su idilio con el arte como un simple coqueteo. Creció como la cuarta de seis hermanos de una familia Igbo de la ciudad de Enugu y con diez años tuvo lo que ella califica a The Guardian como su primera experiencia cosmopolita al trasladarse a Lagos para estudiar en el Queens College, una de las más prestigiosas escuelas para niñas de Nigeria. Con dieciséis años, su hermana y ella obtuvieron el visado para poder estudiar en Estados Unidos, donde comenzó su formación artística, que en sus inicios, tal y como reconoce, era sólo una vía de escape para aligerar la carga académica. Una relación que se fue fraguando para consolidarse al terminar la universidad, cuando sintió el arte como una urgencia.

“Si la gente no lo sabe, si la gente no lo ve y no le importa, ¿cómo existe? Sentí la necesidad de reclamar mi propia existencia social haciendo que la representación ocurriera. Empecé a recopilar imágenes como una forma de mantenerme conectada con la Nigeria que yo conocía, que no era la misma que se percibía en Estados Unidos”, relata Akunyili Crosby a The White Review. Y añade: “Tenía el deseo de compartir la Nigeria que conocía de una manera real o sincera. Ésta fue mi vida, ésta sigue siendo mi vida. En Nigeria también hay gente que viven sus vidas pese a todos los problemas. Quería dar a la gente una visión de este otro espacio con el que no estaban familiarizados”.

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Para ello la nigeriana se toma su tiempo. Suele pasar tres meses entre obra y obra, embalsamando meticulosamente con capas de retales fotografías que previamente ella misma ha sacado. En el caso de su último trabajo ‘La habitación de enfrente’, incorpora telas de ceremonias tradicionales de su país con imágenes de la campaña política al Senado de su madre, Dora Akunyili, quien ya fuera Ministra de Información y Comunicación en Nigeria de 2008 a 2010. En cualquier caso, si algo trasciende en esta nueva exposición de Njideka Akunyili Crosby es el elemento espejo sobre el que gira su obra. Además de la composición de tres piezas que hace basándose en este objeto, las obras restantes tratan sobre lo que ella llama ‘racismo casual’, refiriéndose a la forma en que se consumen imágenes asignadas a los negros y los blancos diferencialmente a través de objetos cargados de estereotipos raciales. Como declara a la revista W: “A veces las mejores críticas se hacen poniendo un espejo para que la gente vea su reflejo”.

Thabo Makhetha: “Mi objetivo es presentar la cultura africana como una marca de lujo”

“¿Por qué cuando dejamos atrás nuestro hogar tendemos a dejar atrás también nuestra cultura?”. Esta pregunta, planteada a sí misma por la diseñadora lesotense Thabo Makhetha, quien desde niña ha vivido en distintas ciudades sudafricanas, tuvo como respuesta una marca de moda inspirada en la cultura Basotho, originaria de su país. Era el año 2012 y Makhetha, una joven recién licenciada en Diseño de moda por la Universidad Metropolitana Nelson Mandela, aprovechó la carrera de caballos Durban July, uno de los eventos más glamourosos de Sudáfrica, para lucir uno de sus abrigos inspirados en las tradicionales mantas Basotho y renovado bajo el concepto de la realeza africana. Su estilo llamó la atención de celebridades y medios, y ese mismo año la marca de moda francesa Louis Vuitton sacaba una línea de bufandas con patrones Basotho para su colección de otoño / invierno. Ahora, a sus treinta años, Thabo Makhetha es una de las diseñadoras más prometedoras de la escena del continente al conseguir que una vestimenta tradicional africana pase a ser reconocida globalmente como una prenda sofisticada.

R.F: Aunque naciste en Lesoto, te criaste en Johannesburgo y ahora vives en Ciudad del Cabo. ¿Tus diseños de mantas Basotho son una manera de acercarte a tu país?

T.M: En cada ciudad en la que he vivido ha habido diferentes culturas, diferentes tipos de personas y a mi me eso me ha servido básicamente para saber más de mi misma y de mi propia cultura. Haber vivido desde tan joven en otras ciudades, haber estado expuesta a otras culturas me ha llevado a querer saber más sobre la mía propia porque, aunque también he aprendido de esas culturas, al estar frente a otras te das cuenta de que es muy difícil hablar a los demás de tu historia y de tu cultura cuando no conoces bien tu herencia, tu identidad cultural.

R.F: ¿Cómo ha sido el proceso de convertir estas prendas tradicionales en una marca de moda?

T.M: La idea principal de mis diseños es el concepto de identidad en el uso de las mantas Basotho. El uso actual de la herencia, diseñar sobre mi propia cultura y la investigación que hay detrás del abrigo, la historia de su uso,… toda esa información al servicio de la construcción de las prendas.

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R.F: ¿Podrías explicarnos cuál es el uso tradicional de estas mantas?

T.M: Pertenecen al pueblo Basotho de Lesotho, el país del que procedo. Son unas mantas muy largas y se ponen alrededor de los hombros o incluso se usan para cubrir la cara. Tradicionalmente estas mantas se usaban todos los días, pero hoy en día estas mantas se usan más para ocasiones especiales, como bodas, funerales y celebraciones.

R.F:¿Y en qué se distinguen tus diseños?

T.M: Son mantas más modernas. Con ellas te puedes mover más fácilmente, puedes llevarlas para trabajar o para ir a un evento también. He pensado en la mujer Basotho joven.

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R.F: La tuya es una marca de lujo, ¿tienes previsto que tus diseños sean económicamente accesibles también para la mayoría de la gente?

T.M: Por ahora mi objetivo es presentar la cultura africana como una marca de lujo. Cuando vas a los mercados encuentras diseños africanos pero, aunque no en todos, está hecho más barato y el material es siempre el mismo. Creo que también en África hay mucha gente que reconoce su cultura como algo que puede vestir lujosamente y eso es en lo que realmente me centro, en hacer de la identidad africana una marca de lujo.

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R.F: Louis Vuitton  también ha utilizado patrones Basotho para algunos de sus diseños. ¿Consideras que existe una apropiación cultural africana por parte de artistas occidentales o se trata de inspiración?

T.M: Creo que debería haber colaborado con la gente Basotho para saber más de su cultura y luego hacer sus diseños, no me gusta el modo en que lo hizo. Cuando hablas del caso de Louis Vuitton sin duda es una apropiación porque  hay que mirar la historia de un país y en los países africanos nuestra historia ha sido la de un continente saqueado de recursos minerales, donde ha habido esclavitud,… Así que lo que hay que hacer para que sea inspiración es venir aquí, ver qué quiere la gente, por qué hace lo que hace,… Hay otros diseñadores occidentales que también se basan en la cultura africana pero vienen e incorporan a la gente del país en el que se inspiran en su proyecto.

R.F: ¿En qué estás trabajando ahora?

T.M: Ahora estoy trabajando en la próxima colección, que debería estar lista a finales de marzo, basada en cómo vestían los Basotho antes de usar las mantas.

10 perfiles que deberías seguir en Instagram según periodistas a los que admiramos

Quizás a ti también te pase y haya ocasiones en las que abres la aplicación de Instagram desde tu móvil y, como si de un estado de hipnosis se tratara, pierdes la noción del tiempo. Tranquilo, no eres el único, la red social de fotografía y vídeo propiedad de Facebook ha alcanzado este año en España los 12 millones de usuarios. Pero por si eso no te tranquiliza y hace que te plantees si realmente estás haciendo una utilización indebida de tu tiempo, te traemos una propuesta para que reorientes el uso de esta aplicación a conocer las realidades de personas que están físicamente lejos. Más concretamente en el continente africano, e hilando todavía más fino, te invitamos a que conozcas la interpretación que hacen de su realidad a través de sus obras artísticas. Aunque a decir verdad no es Wiriko quien te invita en esta ocasión, sino nuestros compañeros de batalla en el empeño de mostrar un África más real. Tras hablar con algunos de ellos para que nos recomienden artistas en Instagram, te traemos los 10 perfiles de artistas visuales africanos más seguidos por periodistas a quienes admiramos.

  1. Andrew Esiebo (@andrewesiebo), por Ana Henríquez de Africaye.

Colección ‘Nigeria on mind’ de Andrew Esiebo

Este fotógrafo nigeriano inició su carrera mostrando la velocidad con la que crecía el desarrollo urbano en su país, desde donde todavía tiene su base pese a tener ya una gran trayectoria internacional con exposiciones alrededor del mundo y publicaciones en The Guardian o The New York Times. Su mirada cercana sobre temas eminentemente sociales también han llevado a Andrew Esiebo a participar en varias misiones de UNICEF. “¿Por qué? Porque no tiene ni una mala foto”, responde riéndose Ana Henríquez a la pregunta de por qué es su perfil de artes visuales africanas más seguido en Instagram. Y enseguida añade: “Me gusta su mirada, la fuerza con la que capta la realidad, el ambiente y también a las y los africanos. Las suyas son fotografías de mucho color, intensidad y significado y suele emplear ángulos originales que atrapan”.

  1. Everyday Africa (@everydayafrica), por María Rodríguez, periodista freelance en África Subsahariana, escribe también para Mundo Negro; y Nicolás Castellano, periodista de la Cadena SER y autor de varios libros sobre migración africana.

Foto de Peter Dicampo en Zimbabue publicada por Everyday Africa

Ambos periodistas señalan esta cuenta paraguas que acoge a fotógrafos que viven y trabajan en el continente. Un imprescindible para conocer una versión de África “anticlichés”, tal y como indica María Rodríguez, al tiempo que añade que “para alguien que no conozca África, un solo click en este perfil es un, digamos, ‘zasca en toda la cara’ porque no es a lo que estamos acostumbrados que nos enseñen del continente”. Coindice Castellano: “Everyday Africa demuestra que la vida cotidiana de África es maravillosa, sin necesidad de dramas, sonrisas posadas o filtros exagerados”.

  1. Fati Abubakar (@bitsofborno), por Xavier Aldekoa corresponsal en África de La Vanguardia y cofundador de la revista 5W.

Fati Abubacar retrata a esta banda de música tradicional tocando en la primera festividad musulmana sin restricciones militares de movimientos públicos en Maiduguri (Nigeria)

“Fati, una fotógrafa de Maiduguri, Nigeria, da una visión diferente de una de las zonas más castigadas por Boko Haram. Me interesa su tono y su mirada”, explica Aldekoa. La cuenta de Instagram de esta fotógrafa es una auténtica revelación. Bajo el título ‘Trozos de Borno’, en referencia al estado nigeriano donde nació el grupo terrorista, Abubakar retrata la vida cotidiana de este territorio.

  1. Kandole Reagan (@kandole_reagan) y Sparrow Uganda (@sparrow_uganda), por Ana Palacios, fotoperiodista y autora de los libros ‘Art in movement’, desarrollado en Uganda, y ‘Albino’, llevado a cabo en Tanzania.

 

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Ana Palacios hace trampa y no se puede declinar por un solo perfil de artista visual africano en la red social. Se lo permitimos. Al fin y al cabo, como ella nos cuenta, estos artistas ugandeses “luchan por su arte y por el cambio social” y eso va por delante de nuestra petición de una única cuenta. En su perfil, puede verse el último trabajo de Kandole Reagan, que consiste en esculturas elaboradas con desechos de la basura de las calles de Kampala. Sparrow Uganda, por su parte, es un artista urbano que usa el grafiti para fomentar el diálogo en Uganda.

  1. Khadija Farah (@farahkhad), por Lola Hierro de Planeta Futuro / El País.

Fotografía tomada por K.Farah en el campo de refugiados de Dadaab (Kenia)

La somalí Khadija Farah es una fotógrafa freelance que vive en Nairobi (Kenia), desde donde trabaja para grandes cabeceras como The New York Times o AP Photo, al tiempo que modera la cuenta de Instagram Dynamic Africa Photo. A Lola Hierro le gustan muchas cosas de Farah: “Me gusta mucho el tipo de fotografía que hace, tan luminosa. La luz y el color me chiflan. Y me gusta que le veo una doble visión: a veces hace fotos de un África muy tradicional y otras de un África muy vanguardista, pero en ambos casos me gusta que transmite imágenes del continente muy alejadas de los estereotipos de pobreza, guerra y hambre. Su trabajo es muy optimista. Y luego me gusta que sea mujer y que sea somalí porque con su figura y su trabajo también ayuda a que se deje de ver a la mujer africana como una pobrecita inválida y analfabeta. Khadija es una pedazo de profesional”.

  1. Michael Soi (@michaelsoistudio), por Alba Villén de EFE África.

Alba Villén vive en Nairobi, así que sabe bien de lo que habla cuando dice que Michael Soi “refleja como pocos las noches kenianas”. Y lo hace sin pelos en la lengua. Este pintor keniano se sirve de la sátira para retratar la política y la sociedad de su país para, según explica en su web, “destacar los problemas de las mujeres en África, en particular los problemas que se relacionan con la forma en que los hombres ven a las mujeres aquí y cómo las tratan”. Villén nos habla de Moi para subrayar las piezas en las que “denuncia la prostitución y el doble rasero de una sociedad que se define como conservadora pero que solo hace falta darse una vuelta en la noche keniana para saber cuánto les gusta el sexo”.

  1. Nástio Mosquito (@nastiomosquito), por Ángela Rodríguez Perea de Afribuku.

Instalación de Nástio Mosquito en la Fundación Prada.

Angoleño y polifacético, Nástio Mosquito es músico, hace performance e instalaciones pictóricas, vídeos y también fotografías. Merece la pena leer al completo la historia de la periodista por el artista: “Nunca conseguí engancharme a Instagram; aún tengo ese prejuicio viejuno y rojec que dice que el ‘Insta’ es, si cabe, más narcisista y cotilla que el ‘Face’. Y, aunque sé que cada vez más artistas tienen un perfil activo aquí, me disculpan, no tengo tiempo para vigilar tantas plataformas. Por norma general, me subscribo en la web de los creadores y recibo las novedades en mi correo profesional. A la antigua. Una vez intenté subscribirme al newsletter de uno de mis artistas preferidos, Nástio Mosquito, y me encontré con un obstáculo insalvable: en el formulario pedían nombre completo, mi email y responder a la pregunta “Tu sueño más salvaje”, a lo que mi cerebro solo conseguía contestar “un tête-á-tête con Nástio”. Pero ese encuentro ya lo tuvimos, fue una entrevista con poco tiempo y deprisa que, muy a mi pesar, no me permitió ahondar en cuestiones interesantes. Hasta hoy no he enviado mis datos, y ese bloqueo mental es la historia de por qué a veces abro Instagram, que en este caso cumple su función completa: me actualizo con noticias del angoleño, veo por qué ciudades, museos, revistas y eventos circula, y de paso aprovecho para ejercitar un poco el voyeurismo. Porque una de las marcas propias de Nástio Mosquito es su omnipresencia, el hecho de que su imagen es el punto central de su trabajo visual y performativo, y en su cuenta su personalidad desborda desde el mosaico de posts. Como en todo buen perfil, además, publica extractos de sus trabajos, también de videoclips de sus álbumes. Sí, Nástio también hace música. Polifacético, irreverente, teatral, inclasificable, “el tipo más cool del mundo del arte contemporáneo”; todo eso han dicho de él, gente que sabe mucho, y todo eso es verdad. Alguien que está a la vanguardia de la creación hoy y que no responde a ninguno de los estereotipos adheridos a los artistas africanos es, para mí, el mejor ejemplo de esa otra visión de África en las artes visuales”.

  1. Nemi Epeba (@nemiepeba), por Tania Adam de Radio Africa Magazine.

Collage de Nemi Epeba -Frida Orupabo web

Frida Orupabo es el nombre real de la artista y socióloga detrás del perfil de Nemi Epeba. Su especialidad: el collage digital. “Tengo una especial atracción por esta cuenta por su peculiaridad. Es oscura y fresca a la vez. Rescata un imaginario perdido y muestra detalles que apenas son perceptibles”, explica Tania Adam, quien confiesa: “actualmente es mi cuenta preferida, es una cuenta muy artística”.

  1. Nii kwartei Quartei (@nii_kwarteiquartey), por Lucía Asué Mbomío de Afroféminas y autora del libro ‘Las que se atrevieron’, que habla sobre la diáspora africana en España.

The Ancestor project

El escultor Nii Kwartei Quartey es el aprendiz de Naa Abina Nelson, artista principal de la obra ‘The Ancestor project’, 1.300 piezas diseñadas por Kwame Akoto-Bamfo que representan a la multitud de africanos capturados en todas las regiones de África Occidental y llevados a América. En su perfil de Instagram puede apreciarse este impresionante trabajo expuesto recientemente en Ghana.

  1. Teju Cole (@_tejucole), por Ángeles Jurado de Casa África y África no es un país / El País.

No nos sorprende que el artista visual preferido de Ángeles Jurado en esta red social sea el también escritor Teju Cole. De origen nigeriano, Cole​ es novelista, fotógrafo e historiador de arte. Su cuenta de Instagram, nos la describe Jurado como “puro minimalismo y poesía. Es enigmático. Es elegante. Es todo ojos y gafas”.

Dice Cole en su Instagram que éste le sirve para “experimentar diariamente con palabras e imágenes”

Bahia Shehab: “Cuando pinto en árabe es poesía y eso llama al diálogo”

A principios de 2011 el mundo se sorprendió al ver imágenes procedentes de los países árabes que, lejos de difundir la fatalidad a la que generalmente eran vinculados, mostraban a sus sociedades levantándose contra sus desgracias impuestas. En las fotografías de la llamada Primavera árabe no eran pocas las mujeres que aparecían al frente de las protestas participando con igual ahínco en plazas y calles que, por unos días, fueron espacios libres de fronteras sociales. Bahia Shehab fue una de ellas.

Bahia Shehab / Imagen cortesía de la revista Brownbook y Nadia Mounier.

La artista egipcia, en lugar de acatar la vuelta a la represión tras la precipitadamente denominada ‘revolución árabe’, se echó de nuevo a las calles para decir no. Armada con un spray de pintura y varias plantillas sacadas de su libro ‘No y mil veces no’ (2010, Khatt Books), Shehab plasmó en las paredes de El Cairo su rechazo contra la violencia, el gobierno militar y la opresión social que volvían a reinar en Egipto.

Ahora Bahia Shehab es la primera mujer árabe en ganar el premio Sharjah concedido por la UNESCO para destacar el trabajo de quienes contribuyen a promocionar la cultura árabe en el mundo. Un reconocimiento a su trayectoria que, tal y como explica a Wiriko, “es importante para que otras mujeres árabes sientan que ellas pueden hacer cosas, que es posible que sigan sus sueños y se cumplan. Espero que esto aliente a otras mujeres para ser más activas y para que sean agentes de cambio en sus sociedades”. En el caso de la sociedad egipcia, seis años después de que se desataran las revueltas la participación de las mujeres en la vida política del país ofrece un porcentaje algo superior al que ostentaban antes de la Primavera árabe, con un 15 por ciento de los escaños en el Parlamento actual frente al 13 por ciento que ocupaban antes de 2011. Un mínimo margen a la esperanza que, aunque constituye una cifra histórica de representación de las mujeres en la política del país, no es suficiente aún para verse reflejado a pie de calle, donde las trabajadoras de entre 18 y 29 años constituyen el 18,5 por ciento de la mano de obra egipcia, una de las tasas más bajas del mundo según ONU Mujeres.

Para Shehab se trata de “una batalla muy larga” a la que ella se enfrenta a través del arte. “Pertenezco al mundo árabe y reflejo los problemas a los que la gente como yo se enfrenta, especialmente las mujeres porque nosotras estamos menos representadas en la sociedad. Ser una artista para mi es una manera de trabajar para mostrar nuestra realidad. Cuando veo a muchos de los líderes del mundo no siento mucha esperanza de que realmente se produzca un cambio para mejor en cuanto a la tolerancia en la sociedad; pero la gente sólo quiere una vida mejor y por eso cada vez son más los que quieren cuidar la naturaleza, ser mejores ciudadanos y contribuir a la sociedad. He visto gente así en todas las ciudades en las que he estado, así que la mejor cara del mundo es la que me da esperanza. Miro al otro lado y veo demasiadas máquinas, armas, ejércitos y líderes políticos. Y tengo que mirar a los dos lados, pero es el lado de la gente corriente el que me da esperanza”.

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Y pensando en la gente, en lo que nos une y no en lo que nos separa, esta artista basa su trabajo. “Yo veo el arte como una herramienta que ayuda y facilita el diálogo social. Cuando se crea arte para fomentar el entendimiento realmente se puede ver el impacto”, asegura al tiempo que añade un ejemplo: su obra ‘Paisaje y entorno sonoro: 20 Minaretes del mundo árabe’, diseñada en 2014 para el Museo de Louisiana de Arte Contemporáneo, en Dinamarca. “Para esta instalación yo buscaba un sonido que representara una nueva perspectiva sobre la región porque durante los últimos 1400 años sólo los hombres han estado llamando a la oración en todo el mundo árabe y sentí que era hora de que fuera una voz femenina la que hiciera la llamada. Así que usé la voz de una joven mezzo soprano de la Ópera de El Cairo y la grabé para producir una nueva llamada a la oración. El proyecto fue grabado sólo para el museo y no lo he publicado en otro lugar, pero está en Youtube y ha sido visto como unas 89.000 veces y los comentarios a este vídeo son realmente asombrosos. Hay gente que defiende la voz de las mujeres, gente que dice que eso no está bien, y yo estoy realmente feliz porque se produjo una conversación”, relata con gran entusiasmo.

 

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Algo viejo para empezar algo nuevo: la arquitectura en Mali

La arquitectura vernácula de Mali es el entendimiento perfecto entre sabiduría popular, identidad cultural, sostenibilidad y adaptación al medio. Sin embargo, la globalización y un conflicto que no llega a su fin hacen que estos antiguos muros de adobe se tambaleen.

En la unión de  los ríos Níger y Bani se levanta la ciudad de Mopti apretujada por la escasez de terreno. A pesar de las estrecheces, han encontrado un hueco para alojar el Centro de Arquitectura en Tierra, una iniciativa de Aga Khan Trust for Culture con el apoyo del Ministerio de Cultura maliense y el Ayuntamiento de Mopti. Allí, Aicha Diombélé encargada de su exposición permanente sobre la arquitectura en tierra, rodeada de  fotografías, materiales, maquetas y reproducciones de las principales construcciones de adobe del país,  nos expone los motivos y objetivos de este proyecto.

Salif Kone y Aicha Diombélé, director del Centre de Arquitectura en tierra de Mompti y encargada de la exposición permanente.

El centro se construyó en el año 2010 durante el cincuentenario de la independencia de Malí y marca la finalización de la restauración de las mezquitas de Mopti, Djenné y Tombuctú. Nuestra misión es promover y poner en valor la arquitectura en tierra en África del Oeste ofreciendo recursos documentales en la biblioteca y competencias técnicas en cursos regulares de formación profesional”. Naturalmente el edificio del centro está construido con bloques de tierra prensada, una versión evolucionada que utiliza una prensa mecánica para conseguir ladrillos más impermeables y resistentes, y es obra del arquitecto burkinabés Francis Kéré.

Centre de l´Architecture en Terre de Mopti.

Aicha, de etnia Dogón, nos explica con orgullo  que “el uso de adobe o bancó como material de construcción se practica en África desde tiempos inmemoriales. Arcilla, arena, paja, cáscaras de arroz son la base de los ladrillos, que incluyen otros materiales orgánicos como la goma arábiga, polvo de fruto de baobab, manteca de carité o taninos. Estos materiales varían según la disponibilidad en cada zona. Es una tradición antigua transmitida de generación en generación,  pero también es actualmente un método de construcción muy extendido por la disponibilidad de materiales de base en el delta interior del río Níger”. Unos materiales que, añade con tristeza, “se encuentran amenazados por los bloques de cemento y chapas de acero, que parecen más duraderos pero son mucho más contaminantes, no se adaptan a nuestro clima y destruyen la plasticidad de las construcciones tradicionales africanas. Muchos africanos creen que la arquitectura tradicional se ha quedado anticuada y prefieren los materiales y técnicas occidentales que entienden como más correctas, modernas y propias de gente adinerada”. 

La arquitectura de Malí ve cómo sus raíces vernáculas parecen debilitarse gradual e inevitablemente por diferentes conflictos políticos, el duro clima del Sahel, una sociedad empobrecida y en crisis de identidad, y una transformación tecnológica acelerada pero necesaria para sobrevivir en un mundo globalizado. Sin embargo, no todo está en contra, la arquitectura vernácula maliense cuenta con dos potentes aliados en su lucha por la supervivencia.

Por un lado la UNESCO que, en su batalla continua por el rescate de áreas patrimoniales en todo el mundo, incluye en su declaración de Patrimonio de la Humanidad cuatro localizaciones malienses y las cuatro son construcciones en tierra.

  1. Las ciudades antiguas de Djenné: Pobladas desde el año 250 a.C. fueron un  centro mercantil importante y eslabón de la ruta transahariana del oro. Allí se conservan unas 2000 viviendas tradicionales y su impresionante mezquita. Consideradas en peligro desde 2016 debido a que la inseguridad de la zona hace imposible la toma de medidas para combatir el deterioro de los materiales en la ciudad histórica, la presión urbana y la erosión de los sitios arqueológicos.
  2. Tombuctú: Conocida como “La ciudad de los 333 santos” fue una de las capitales intelectuales  y espirituales del Islam durante los siglos XV y XVI. Son testigos de su pasada edad de oro la prestigiosa universidad coránica de Sankoré, las tres grandes mezquitas de Djingareyber, Sankoré y Sidi Yahia e importantes mausoleos.  Declarada en peligro desde 2012 debido al ataque destructor de grupos islamistas radicales durante el golpe de estado militar, ha sido recientemente protagonista de la primera sentencia de la Corte Penal Internacional que considera crimen de guerra el derribo de edificios históricos y religiosos.
  3. Tumba de los Askia: Declarada en peligro a la vez que Tombuctú y por los mismos motivos. Se trata de una espectacular estructura piramidal de 17 metros de altura que alberga la tumba de la dinastía de los Askia, erigida en Gao en 1495 por Askia Mohamed, emperador de Songhai.
  4. El País Dogón y la Falla de Bandiagara: El paisaje vertical de los acantilados llenos de viviendas, graneros, altares y santuarios hace que sea uno de los lugares más impresionantes de África Occidental. Además de su increíble arquitectura se conservan antiguas tradiciones sociales como la confección de máscaras, la celebración de fiestas populares, rituales y ceremonias de culto a los antepasados. Todo esto lo convirtió durante las últimas décadas en un destino turístico floreciente. Hoy, por la inseguridad de la zona, pocos se animan visitarlo y gran parte de la antes próspera población se ha desplazado a la hacinada Bamako en busca de otra forma de vida dejando atrás las ancestrales construcciones de barro.

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Por otra parte existe una naciente generación de arquitectos, artesanos y usuarios que, apreciando y defendiendo con orgullo esta arquitectura y los valores que en ella subyacen, siguen los pasos del arquitecto egipcio Hassan Fathy que recomendaba “construir tu arquitectura con lo que tienes bajo los pies”.

Como ejemplo Aicha nos da algunos detalles de la restauración de la mezquita de Mopti: “Tradicionalmente todo el mundo se implicaba en los trabajos anuales de restauración. Se repartían las tareas, era un trabajo colectivo que se ha ido abandonando con el tiempo. Durante la restauración de 2006 fue muy importante la implicación de los albañiles y artesanos de la ciudad, se reemplazaron los elementos estructurales dañados utilizando ladrillos de tierra mezclada con cáscaras de arroz. Se recuperó esa forma de trabajar, no podía ser de otra manera. También se impartieron cursos de formación para garantizar la continuidad de estos trabajos. Después de esta restauración, la mezquita pasó a formar parte del Patrimonio Nacional de Malí”. 

La enredada situación de Mali reúne aspectos históricos, culturales, económicos, políticos y militares además de multitud de actores muy diversos que hacen difícil una solución a corto plazo. Esta realidad amenaza las formas de vida más tradicionales y marca el ritmo y rumbo de su evolución en el futuro. Sin embargo al despedirnos de Aicha vemos que, aunque el contexto no ayude, en su sonrisa todavía se refleja la ilusión, la dignidad y la fuerza de un pueblo que no se rinde y defiende una cultura rica e intensa que se sostiene literalmente sobre cimientos de tierra.

Estereotipos y colonización, nuevo punto de mira de Fabrice Monteiro

Hay pistas. Secretos que se desvelan a golpe de comunicado de prensa. Destellos de lo que vendrá. Y la moda del teaser. 1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo celebrada a principios de mes en Londres, dejó varios de esos adelantos. La quinta edición de la muestra expuso a más de 130 artistas del continente y la diáspora, acogió a 42 galerías de todo el mundo y citó a Wiriko con el fotógrafo belga-beninés Fabrice Monteiro.

En la sala acondicionada para la galería Mariane Ibrahim de Seattle, Monteiro explica para esta revista su contribución de este año. “Se llama Pitit Noir y es la representación de la colonización europea. Se sitúa en el Congo belga de Leopoldo II, que tomó el país como su propiedad. Los niños estaban forzados a recolectar caucho y a todos aquellos que se negaban se les cortaba la mano derecha. Los europeos fueron a África para obtener beneficio de la mano de obra y los recursos de los países africanos”, explica el artista. En el retrato, el joven porta un crucifijo, blanco, que enfatiza el papel de la religión como “herramienta para mantener África bajo sumisión”.

‘Pitit-Noir’ de Fabrice Monteiro. Cortesía de la galería Mariane Ibrahim Gallery

‘Pitit Noir’ es el avance que Monteiro expuso en 1:54 de su reciente proyecto. Una imagen que formará parte de una nueva serie fotográfica que espera tener finalizada en noviembre y cuyo título será ‘The Eight-Mile Wall’. La inspiración viene de la barrera racial construida en Detroit en 1941. El muro homónimo tenía como intención mantener la comunidad blanca separada de la negra en la ciudad norteamericana, sin embargo la colección nos lleva a África. “Existen estereotipos y clichés sobre racismo en los Estados Unidos, pero esas imágenes están arraigadas en otras muchas sociedades”, comenta el fotógrafo.

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En esta ocasión Monteiro revisita la historia. Vuelve a los tiempos y consecuencias de la colonización, pero manteniendo el enlace con los asuntos globales contemporáneos. El trabajo del fotógrafo es una llamada de atención social desde un prisma africano, en la línea de su colección anterior, ‘The Prophecy’, un reclamo visual contra el cambio climático. Afincado en Dakar, Monteiro hizo que sus fotografías se convirtieran en un conglomerado de diseño y moda que retrataban a los dioses de la basura. “The Prophecy es un cuento: la madre tierra está siendo asesinada. Se enferma cada vez más y es hora de hacer algo”, rememora de un trabajo que contó con nueve fotografías. La serie se realizó en Senegal, pero posteriormente Monteiro añadió una en la Gran Barrera de Coral, en Australia; y otra en el solar de residuos electrónicos de Agbogbloshie, en Accra.

Monteiro Indaga en la cultura y las creencias africanas, y las inserta en el contexto actual. Una simbiosis que tiene como ejemplo las figuras de ‘The Prophecy’, que proyectan la naturaleza animista del continente africano, a la par que muestran un ensayo fotográfico de actualidad. Una mezcla de tradición y modernidad que se observa en la trayectoria del artista que utiliza la fotografía como medio educativo. Sin embargo, “no se trata de estigmatizar a África. El problema medioambiental es un asunto mundial y humanitario por mucho que el señor Trump se empeñe en negarlo”. Monteiro intenta concienciar a golpe de fotografía. “Soy un ciudadano de este planeta y tengo la capacidad de crear imágenes y después dejar que los otros las juzguen”, concluye.

Zanele Muholi: la celebración de la melanina

Zanele Muholi lleva todo el verano mirando a la gente. Con unos ojos directos, fríos e impenetrables. Con un rostro firme y distante en el que no se atisba ni una sonrisa. Seria, Muholi está cansada de que otros hablen por ella y ha ideado un proyecto fotográfico para liderar la conversación sobre la representación del cuerpo negro femenino.

 

“Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”

“Somnyama Ngonyama” es la primera exposición fotográfica de Zanele Muholi en Londres. La muestra, acogida en la galería Autograph ABP hasta finales de octubre, es una serie de más de 60 autorretratos tomados entre 2014 y 2016 a través de los cuales la artista visual y activista sudafricana ajusta las cuentas con la rutina racista y homófoba a la que se enfrenta. “Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”, explica Muholi en el programa de la exhibición.

Con esta exposición curada por Renée Mussai, la sudafricana se acepta tal y como es; lesbiana, negra y africana. Es un trabajo para la reafirmación de su identidad y un alegato a la tolerancia sin reparar en la raza, género o sexualidad. Muholi presenta unas imágenes poderosas a la vez que bellas y propone una conversación que deja al visitante intimidado. Es una colección íntima, aunque esta memoria personal no se desprende del panorama político y socioeconómico sudafricano.

En las fotografías Muholi posa sola, triste, seductora, desafiante y majestuosa. La artista habla pero está callada. Muestra la servidumbre doméstica gracias a unos guantes de látex que le oprimen y se pregunta cuál es su castigo atada con cinturones. Indaga en el cambio climático cubierta de plásticos, hace un pacto por dinero y denuncia la caza furtiva de rinocerontes. Y todo con la mirada y a través de su objetivo.

Muholi se ayuda de distintos objetos y escenarios en su mayoría blancos para otorgar contraste en un discurso visual donde cada accesorio ayuda a la representación de distintos temas y sucesos actuales. En muchas de las imágenes la piel de la artista nacida en Umlazi, Durban, parece acrílica, y su cabello es toda una muestra de intenciones. La luz se posa duramente en la punta de su nariz, en el labio inferior y en sus pómulos. Es una expresión de su cuerpo equilibrada con un mensaje por los derechos humanos y la justicia social. Así se ejemplifica en Thulani II, una de las fotografías que rememoran la masacre de Marikana en 2002, donde la policía sudafricana mató a 34 mineros en huelga.

Zanele Muholi. Cortesía de Stevenson, Cape Town/Johannesburg y Yancey Richardson, New York.

Para esta cita londinense, la colección “Somnyama Ngonyama” además cuenta con cuatro nuevos autorretratos comisionados por la galería Autograph ABP. Muholi muestra la brutalidad y el encarcelamiento de las mujeres sudafricanas que marcharon en contra del apartheid en la manifestación organizada por la Federación de Mujeres de Sudáfrica en Pretoria en 1956. Las fotografías fueron tomadas en la prisión de Old Fort en Johannesburgo donde muchas de las mujeres fueron encerradas. En la la cuarta toma, expresamente realizada para esta exhibición, se ahonda en la imaginería étnica gracias a un autorretrato donde Muholi viste un kimono. ¿Qué representación daría una africana con esta prenda?

Las fotografías de Muholi son la reivindicación de un espacio artístico y cultural para la mujer negra y una lucha para el cambio de las representaciones mediáticas. La artista hace que sus imágenes sean un referente para el artivismo sudafricano y su trabajo continúa defendiendo los derechos humanos y del colectivo LGTBIQ.

Artes visuales ‘made in’ Angola: alma, cuerpo y empoderamiento

No son pocos los artistas angoleños que destacan en el amplio campo de las disciplinas visuales. Para muestra la Fundación Sindika Dokolo, las emergentes galerías y espacios artísticos presentes en Luanda, o el pabellón de Angola de la Bienal de Venecia. Tanto en esta cita europea del arte contemporáneo como en otros encuentros internacionales y locales, han expuesto Paulo Kapela, Paulo Kussy y Binelde Hyrcan, tres artistas de Angola que viven y trabajan en su país.

ALMA

Paulo Kapela (Maquela do Zombo, Angola, 1947) es un veterano de las artes. Tras iniciarse en la Escuela de Poto-Poto de Pintura en Brazaville (República del Congo), regresó a su país natal a principios de la década de 1960. Su trabajo enseguida le hizo un hueco en la Unión Nacional de Artistas Plásticos (UNAP), donde se le conocía como ‘el padre espiritual’.

A través de una combinación de símbolos animistas y católicos, sus obras hablan de política, moralidad y sistemas socioeconómicos que reflejan un sincretismo que encuentra entre sus collages su máxima expresión. En muchos de ellos, Kapela coloca un pequeño espejo en la frente de los individuos que retrata, lo que a menudo se interpreta como una referencia a las esculturas tradicionales Nkissi, las cuales llevan este elemento en el vientre como foco de poder.

 

CUERPO

Después de doctorarse en Anatomía comparada por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Lisboa, Paulo Kussy (Luanda, Angola, 1978) ha vuelto a la capital angoleña, donde da clases de Diseño en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. En sus obras, Kussy transporta al espectador a un espacio futurista en el que, sin embargo, la reflexión recae en el presente.

Así, en ‘Anatomilias’ muestra una relación entre las personas y las máquinas en la que no se sabe en qué punto acaba la necesidad y comienza la dependencia. Con un estilo que evoca al graffiti y un gran dominio de la representación anatómica, sus pinturas yuxtaponen el cuerpo y la robótica situando al individuo frente a una pantalla de la que cada vez está más cerca. Una línea que no abandona en su última exposición, ‘Mixtape/Fitas Magnéticas’, recientemente presentada en el Instituto Camões-Centro Cultural Portugués, en la que toma el elemento de la cinta magnética para profundizar en los mecanismos de selección de la memoria.

Mixtapes /Fitas Magnéticas / Paulo Kussy

Anatomillias / Paulo Kussy

 

EMPODERAMIENTO

El eclecticismo va de la mano de Hyrcan (Luanda, Angola, 1983). Antiguo alumno de la Escuela de Artes Plásticas de la Ciudad de Mónaco, lo mismo trabaja la escultura, como la pintura o el vídeo. Para su obra más conocida incluso aprendió taxidermia para realizar reproducciones de pollos a tamaño real a los que vistió de reyes, militares o astronautas con el propósito de cuestionar el poder mediante la sátira.

Otra de sus obras más destacadas es ‘Cambeck’, un corto protagonizado por cuatro niños que juegan en la arena a ir en limusina. Los roles que representan en este juego dejan al descubierto las relaciones de poder asociadas a la identidad.

* Este artículo ha sido publicado originalmente en el boletín del Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona

La fiesta del décimo cumpleaños de la Feria de Arte de Johannesburgo

Con instituciones de peso como Johannesburg Art Gallery o Wits Art Museum, Market Photo Workshop o Bailey’s African History Archive, hasta visiones más colectivas como Keleketla! Library o el reciente Centre for the Less Good Idea, Johannesburgo es una ciudad con una vibrante escena de artes visuales. Paralelamente a este panorama artístico nada comercial, la ciudad aglutina –  junto con Ciudad del Cabo –   algunas de las mejores galerías de la mitad sur del continente. La décima edición de la FNB Joburg Art Fair 2017, las reunió durante el pasado fin de semana junto a artistas, coleccionistas y amantes del arte locales y foráneos venidos de, al menos, tres continentes.

Performance “Sigue al vestido blanco” de The Ozone Fellas- MB Studio Community

El Artista Destacado de la feria en 2017, e icono de la misma, es Robin Rhode (que ya lo fue en la edición inaugural de hace una década), quien presentó una serie de impresiones basadas en la geometría, el equilibrio y la teoría de colores. El séptimo FNB Art Prize recayó en la nigeriana Peju Alatise, quien representó a su país en la 57 edición de la Bienal de Venecia.  Conocida por abordar su obra desde su experiencia como mujer de las tradiciones nigerianas en la sociedad contemporánea, la impactante obra mostrada en la feria  “O is the new + (crucifix)” está inspirada en cuatro estudiantes universitarios que fueron quemados con neumáticos en la Universidad de Port-Harcourt (Nigeria) en 2012.

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Enlazando temáticamente con Alatise, la palma de la presente edición se la otorgamos a la Galería Momo de Ciudad del Cabo por el Solo de Sethembile Msezane. Famosa por su performance “Chapungu, el día que Rhodes cayó de la serie Kwasuka Sukela” – cuyas icónicas imágenes se volvieron virales durante el movimiento Rhodes Must Fall, que mutaría posteriormente en Fees Must Fall –, Msezane incide a través de performance, fotografía y escultura en la marginalización de la mujer negra en la historia y en la mitología, y específicamente su ausencia en la monumentalización de espacios públicos. Con la poética del recuerdo como resistencia, Msezane se inspira en los álbumes fotográficos antiguos para transformar espejos y mobiliario colonial victoriano, objetos custodios de memoria ancestral representantes de un legado del ámbito privado que conectan con su propio linaje familiar.

También desde el Cabo, SMAC Gallery hizo Solo de la veterana fotógrafa namibia Margaret Courtney-Clarke, y la galería Christopher Moller mostró en gran formato a uno de los fotógrafos preferidos por los medios durante esta feria, Tsoku Maela.

Aunque no demasiado numerosas, entre las galerías llegadas de otros países africanos destacaron Addis Fine Art, Afriart Gallery de Kampala (con una enorme Sanaa Gateja) y desde Luanda ELA (con un solo de António Ole) y Move´Art (destacando la obra de Keyezua y de Mario Macilau).

Entre las galerías de la ciudad anfitriona de la feria, destacaron los espacios alternativos de Room Projects (con Mbali Nduli y Sikhumbuzo Makandula) y Kalashnikov Gallery, así como sospechosos más habituales como Goodman (destacando las esculturas “Butterfly Kid Girl IV”, de Yinka Shonibare MBE, y “Auric Suite”, de Walter Oltman), David Krut (con nuevas ediciones de Deborah Bell), y la galería con más espacio de la feria, Everard Read (con obra de Mapula Helen Sebidi a Bronwyn Lace).

Tras la partida de Ross Douglas a Paris para dirigir la feria de movilidad urbana Autonomy, la Joburg Art Fair – que presume de ser pionera y líder en el continente africano – está dirigida por Mandla Maseko, conocido por sus negocios en sector agrotecnológico. Y la presente edición se articuló en torno a cinco categorías: Arte Moderno y Contemporáneo, Solo Projects, Ediciones Limitadas y Plataformas Artísticas. Las galerías y organizaciones seleccionadas representaban a doce países de África, Europa y Estados Unidos, exhibiendo  obras de unos cuatrocientos artistas en múltiples formatos: mucha pintura, fotografía y grabado,  bastante escultura, poco videoarte y alguna performance. Las obras articulan discursos fundamentalmente en torno a temas identitarios, políticos, económicos y de género.

Poder y patronazgo se manifestaron también durante la feria en otros formatos. Desde la recepción de prensa en el stand de Cartier a golpe de champagne rodeado de joyas (a la venta, por supuesto) junto a una selección de obras de su proyecto de apoyo a artistas emergentes locales de las escuelas Artists Proof Studio y The Market Photo Workshop. Tan ilustrativo el título de su exposición – The Ordinary Becomes Precious [Lo ordinario se vuelve precioso] – como la localización en pleno centro de la feria de dicho stand de Cartier, justo entre FNB (la entidad bancaria patrocinador principal de la feria), y el de BMW, que presentaba su nuevo Serie 7 con colorido interior decorado por la artista ndebele Esther Mahlangu. Más allá, los stands institucionales del Ministerio de Pequeña Empresa (haciendo aún más patente si cabe la ya tradicional ausencia del Ministerio de Cultura), el Gobierno Provincial de Gauteng (con una muestra tan increíble como prohibitiva) o la Universidad de North-West en colaboración con uno de los principales operadores de móvil del continente africano. Sí, efectivamente, estamos de feria, y el tan reverenciado programa VIP – que ha acogido a comisarios y directores de Tate Modern, Bienal de Venecia, Centre Pompidou y CCA Lagos – y otros programas paralelos hay que financiarlos de algún modo.

Una año más, volví a casa con las manos y la cartera igual de vacías que cuando llegué, aunque este año me llevé en la memoria (y apuntado en la lista de deseos) las fotos de gran formato de Zanele Muholi, las ricas composiciones del zimbabuense Kudzanai Chiurai, o las imágenes surrealistas de las abuelas del keniano Osborne Macharia.