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Cómo afrontar la patrimonialización del arte popular urbano africano

Por Irene Merino Calle

El concepto de Arte Urbano (street art en su denominación en inglés) es una tendencia artística que consiste en expresar y representar cultura y arte en la calle. Su naturaleza es reivindicativa, busca conectar a las personas con su entorno para promover diferentes puntos de vista. Como manifestación cultural presenta un bagaje histórico, aunque ha sido capaz de adaptarse a los cambios de los integrantes del fenómeno cultural (participantes, miembros de la sociedad, poderes públicos y privados…). Igualmente, hoy en día dispone de sus propios espacios de difusión, como por ejemplo salas de exposiciones, revistas, museos, publicaciones online y la calle, entre muchos otros.

Este fenómeno (que va desde el graffiti a la figuración gestual o cromática, la instalación de sonido y luz, hasta la actuación física), tiene su momento de auge en la mitad de la década de los noventa. Su origen nos lleva hasta Estados Unidos, donde se estaba viviendo un aumento del fenómeno migratorio de las minorías emancipadas a las grandes ciudades, especialmente por parte de la comunidad afroamericana.

 

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Fotografía obtenida de la web Pixabay. Autor Manusama. https://pixabay.com/photos/assilah-morocco-arcila-arzila-3316016/

 

Desde luego estas manifestaciones artísticas en África constituyen una cultura en sí misma. El arte urbano está integrado por un elemento inmaterial, por el conocimiento reivindicativo y provocador de una comunidad que rechaza los patrones “oficiales” del arte y los cánones de la gran sociedad que los relega a subgrupos, como por ejemplo los guetos culturales. Es ahí donde los grafittis, los pósters o los textos con plantilla son el vehículo de expresión de estas comunidades que tiene el objetivo de desafiar los estándares de una sociedad cada vez más homogénea y apelar a la conciencia crítica del espectador.

El arte urbano es un canal para pertenecer a una comunidad social de practicantes culturales, donde están presentes elementos jerárquicos, formas de gestión y actuación, instrumentos de inclusión y exclusión. Un claro ejemplo de esta forma de gestión y agrupación lo encontramos en la asociación L’ Boulevard de Casablanca que promueve y desarrolla la música contemporánea y la cultura urbana en Marruecos. Sin embargo, existe un peligro real de que el arte urbano sea patrimonializado (o privatizado) convirtiéndose en una parte más de la cultura mainstream. Como expuso George Dickie en su “teoría de la institucionalización del arte”, los grandes poderes intentan deslegitimar algunas expresiones urbanas, como el grafiti que también es un instrumento para el cambio político-social, como se vio en las protestas #FreeSenegal.

 

 

Todos estos elementos ya nos anticipaban que este tipo de cultura trata de romper con los parámetros neoliberales capitalistas que abordan esta cultura a través de instituciones económicas establecidas en los países desarrollados. Esta clase de cultura persigue una reapropiación colectiva de los espacios urbanos africanos, es decir, se pretende invertir el orden de transmisión en el uso oficial de las ciudades. Ya no es necesario que el espectador acuda a un lugar específico para contemplar arte, pues este forma parte de su día a día. Ciudades como Essaouira, Marrakesh o Rabat son buenos ejemplos de esta tendencia. En sus inicios, estas expresiones estaban encaminadas hacia la protesta con mensajes escritos en paredes, y hoy en día se representan a través de imágenes que no dejan indiferente a casi nadie. Este arte, además de patrimonio, es una herramienta de concienciación clave, especialmente en tiempos de pandemia.

No cabe duda de que el Street art africano está siempre presente en todos y cada uno de los rincones donde existan comunidades porque es reflejo de la ciudadanía que entiende que esas expresiones pertenecen a toda la comunidad, no son ni de propiedad pública ni privada, y el acceso a ese arte es un derecho implícito para todos los componentes del grupo. A partir de aquí, se fragua y refuerza un patrimonio cultural.

Por ello, es necesario encontrar una estrategia de integración de este movimiento, establecer un marco legal adecuado para su regulación que conlleve a nuevos modelos de gestión y que rompa con los patrones dominantes de la propiedad individual. Pero ¿cuál podría ser el modelo más apropiado de gestión que permita a los diversos grupos sociales en África instituirse, prosperar y evolucionar? La respuesta podemos hallarla en la llamada gestión comunal o bienes comunes en la que la defensa a favor de lo comunal se presenta como uno de los últimos reductos libres para que las sociedades africanas puedan salvaguardar su conocimiento y su patrimonio cultural. A fin de cuentas, la cultura no puede permanecer de forma estática ya que es heterogénea, diversa y en ella se integra el constante cambio social. La única forma de preservarla es a través de la conservación de determinadas raíces e impulsar la transmisión libre de conocimientos.

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Wiriko nació en 2012 como asociación cultural para la divulgación y promoción de las artes y culturas africanas. Wiriko.org, su principal proyecto, es el primer Magacín 100% dedicado a las Artes y las Culturas Africanas del Sur del Sáhara en lengua castellana. Una ventana para dar a conocer las realidades culturales contemporáneas de África y una plataforma para acabar con su desconocimiento y estereotipos. Como herramienta colaborativa para la interconexión y la cooperación cultural, impulsa un África muy distinta a la de los cuatro jinetes del Apocalipsis (guerra, hambre, pobreza y destrucción), y fomenta una visión más realista de lo que se produce, a día de hoy, en el continente africano.
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