Entradas

Un gran museo africano para repasar la historia de la humanidad

El Museo de las Civilizaciones Negras de Dakar es la memoria pictórica y escultural del continente de las raíces, de allá donde la vida humana comenzó hace millones de años. Este megaespacio, uno de los museos de arte africano más grandes del continente, atesora en su interior infinidad de piezas de distintas épocas y de diversas manifestaciones artísticas africanas y de la diáspora. Y pone de relieve una verdad absoluta, a veces olvidada en Occidente: África es la génesis de la humanidad.

Piezas exhibidas en el interior del Museo de las civilizaciones negras / Fotografía de Alicia Justo.

Situado en el centro de Dakar, este edificio museístico fue inaugurado en diciembre de 2018, siete años después de que se colocara la primera piedra. De construcción china- la huella asiática se observa en algunas señales en el interior del museo, como las que indican la localización de los extintores o en el espacio dedicado a máscaras procedentes del Lejano Oriente-, el museo es un gran bloque de cuatro pisos de estructura circular, lo que hace recordar a las tradicionales cabañas de algunas zonas del continente. Reinando la entrada de paredes color terracota, un gigante boabab artificial recibe con solemnidad al público y funciona como su alter ego natural, alrededor del cual las personas se reunían para tomar decisiones. En este caso, se trata del punto central desde el que se ramifican las distintas salas.

La distribución de estos espacios obliga al visitante a hacer un recorrido por la cultura africana –y, por consiguiente, por la de resto del mundo-, desde la Antigüedad hasta la época contemporánea. En el punto de arranque, unos paneles nos recuerdan las complejas operaciones matemáticas que se practicaban en el antiguo Egipto, el arte rupestre, las columnatas y pilares que inspiraron a las civilizaciones griegas y romanas o los diferentes viajes migratorios desde el continente africano hacia otros territorios que posibilitaron la mezcla de culturas.

En la sala contigua, las máscaras subsaharianas, las estatuas dedicadas a los dioses egipcios o las diferentes creaciones procedentes de Malí, Gabón o Sierra Leona, nos demuestran la bella complejidad de las manifestaciones artísticas realizadas en el continente desde hace siglos.

Y ascendiendo hacia las plantas superiores, encontramos, por un lado, un espacio dedicado a las dos grandes religiones monoteístas que reinan en el continente (el islam y el cristianismo), poniendo de manifiesto la tolerancia y convivencia religiosa de sus habitantes. Distintos versos del Corán caligrafiados sobre paneles se convierten en obras pictóricas por sí mismas y cubren una de las paredes de esta estancia, que al mismo tiempo reserva un espacio para diferentes creaciones del catolicismo en África.

Hacia otra dirección nos topamos con el arte contemporáneo africano y de la diáspora, que nos lanza un serio aviso de que la creatividad y el talento de africanos y sus descendientes no va a ser un boom efímero. Muchas obras, realizadas por cubanos y haitianos, reflejan en su construcción las herencias recibidas de uno y otro lado. Encontramos también mucho color, surrealismo, materiales reciclados, telas de estampados africanos que forman un mural gigante o fotografías artísticas. También denuncia, como ocurre en la pieza titulada `Laboratorio de desbernalización´ o en aquella que usa únicamente como elementos centrales los productos estéticos de blanqueamiento corporal. No se olvida el museo de rendir homenaje a las mujeres africanas y de la diáspora que tuvieron un papel relevante en la historia. Gracias a un serial fotográfico, es posible admirar a Njinga Mbandi, Rosa Parks o Assata Shaku.

La apertura del museo coincide con la polémica suscitada acerca de la posible restitución del patrimonio artístico africano de los museos occidentales, piezas robadas durante la colonización y que lucen, desde hace mucho tiempo, en numerosas salas museísticas desprovistas de todo contexto. Sin embargo, aquí, en el museo de las civilizaciones, todo forma parte de una historia, pero no la única que ha sido contada en Occidente, sino la de toda la humanidad.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

La migración senegalesa se proyecta en las Baleares

Los ciudadanos senegaleses constituyen el tercer colectivo de inmigrantes originarios de África en España, tras los marroquíes y los argelinos. Baleares, junto con Cataluña o Madrid, es una de las comunidades que concentra a un mayor número de migrantes senegaleses, según el informe Senegaleses en España de la antropóloga y filósofa de la Universidad Autónoma de Madrid Mercedes Jabardo. Por eso, no es de extrañar que el nuevo Festival d’Altres Cinemes haya escogido el corto senegalés Dem Dem! como una de las obras a proyectar en su primera edición, que se centrará este 2019 en los cines africanos.

El corto, que se proyectará el próximo viernes 15 de marzo a las 18:30 en el mítico CineCiutat de Palma, es una de las cintas más aclamadas del cine contemporáneo emergido de África desde su estreno, en 2017. Dirigida por Pope Bouname Lopy, Marc Recchia y Christophe Rolin, de Senegal, Bélgica y Luxemburgo, es una ficción repleta de fantasía de 25 minutos que cuenta con la interpretación de actores como con Dial Thiam, Léa Kane o Cheikh Omar Diaw.

La historia es tal que así: un joven pescador de Senegal llamado Matar encuentra un pasaporte belga en una playa de Dakar y decide utilizarlo para emprender un viaje hacia Europa. En su camino, se encuentra con N’Zibou, un científico loco que mide las nubes y que le obligará a replantearse la cuestión de la identidad.

Se trata de una pieza que evoca el famoso ‘Barça o Barzakh‘, una forma de expresar en wolof “Barcelona o la muerte”, que muestra la desesperanza de una juventud harta de promesas frustradas que ve en el viaje a Barcelona (Cataluña ha sido tradicionalmente la comunidad autónoma con mayor migración senegalesa) su única salida a la pobreza.

Después de que hace a penas una semanas, Macky Sall haya sido reelegido presidente de Senegal con un 58,2% de los votos según resultados provisionales facilitados por la Comisión Nacional de Recuento de Votos, la proyección de Dem Dem! en el marco del FAC se presenta como una oportunidad única para revisar el tema de las migraciones, la identidad híbrida de los migrantes en las Baleares o incluso los aspectos relativos al género entre los y las migrantes senegalesas en las Islas.

Felwine Sarr y la urgencia de que África se repiense

La instrucción es clara: África debe repensarse para poder poner en el lugar que merecen todos los valores y los aprendizajes extraídos de las experiencias, en gran medida, traumáticas. África debe prepararse para reconstruir su futuro desde una nueva mirada hacia sí misma sino las dioptrías que la historia ha ido incorporando a su propia percepción de sí mismo. Son muchos los que tratan de poner su grano de arena a este, relativamente, nuevo pensamiento crítico africano, pero sin duda ha sido Felwine Sarr quien ha sido capaz de formularlo de la manera más exitosa.

El escritor e intelectual senegalés, Felwine Sarr. Fuente: Rama/Wikimedia

Afrotopía, el ensayo clave del intelectual senegalés, que ahora ha sido publicado en castellano por Casa África y Los Libros de la Catarata, es una especie de manual de uso para la edificación de una nueva conciencia. Una nueva conciencia que, en realidad, el propio Sarr construye sobre la base de pensadores clásicos que durante décadas no han dejado de reivindicar esta necesidad de autonomía. Así que al mismo tiempo, Afrotopía es una fantástica guía para recorrer esos caminos del pensamientos crítico africano que tan poco predicamento ha tenido, en general, en el Norte global.

Y a partir de aquí, reducir el contenido de Afrotopía a una reseña es un auténtico disparate, por lo que el ejercicio se debe contentar con mencionar algunas de las piezas que el pensador senegalés pretende colocar en el puzle y reconocer que no pondrá completar el ejercicio porque hay otras que sólo la lectora y el lector pueden extraer del texto.

Sarr anima, con este trabajo, a poner en marcha un ejercicio de construcción y destrucción. Destrucción de estereotipos, de las ataduras que llegan incluso a lastrar el pensamiento, de los complejos y las fronteras impuestas desde fuera, pero también desde dentro. Y a pesar de que toda la reflexión desprende energía positiva, el autor huye del triunfalismo y, sobre todo, de la trampa de un optimismo basado en las grandes cifras de un crecimiento macroeconómico.

“Los discursos actuales sobre África están dominados por ese doble movimiento: la fe en un futuro radiante y la consternación frente a un presente que parece caótico”.

“No obstante, más que un déficit de imagen, es de un déficit de pensamiento y de producción de sus propias metáforas futuras de lo que sufre el continente africano”.

“Se trata, por lo tanto de sustraerse de una dialéctica de la euforia o de la desesperación y emprender un esfuerzo de reflexión crítica sobre sí mismo, sobre sus propias realidades y sobre su situación en el mundo: pensarse, representarse, proyectarse”.

Desde esa posición de realismo analítico, Felwine Sarr transmite constantemente un mensaje de esperanza que no se debe confundir con un optimismo ciego, sino con la confianza en un potencial basado en la experiencia.

“En los albores de la historia humana, los africanos colonizaron territorios hostiles, obtuvieron una primera victoria sobre la naturaleza estableciendo sociedades sostenibles. Permitieron así que la humanidad sobreviviera y fuera perenne”.

Sarr va desgranando ideas y llamando la atención sobre fenómenos que han marcado no sólo las acciones, sino también las reflexiones a partir de un momento concreto influyendo, incluso en la autorepresentación de los africanos. El intelectual va aportando argumentos gracias a los que el lector o la lectora ve desenmarañarse algunas realidades complejas. Explica, por ejemplo, cómo el Norte global ha llegado a imponer su visión del progreso hasta tal punto que ha conseguido que parezca que el único desarrollo posible es un desarrollo lineal. Y por ello reclama la recuperación de otras visiones diversas en torno al devenir de la historia y de los pueblos.

“Todas las sociedades necesitan mitos para justificar su evolución y su apropiación del futuro. Puesto que el colonialismo ha desacreditado definitivamente la idea de misión civilizadora, el desarrollo se ha erigido como la norma indiscutible del progreso de las sociedades humanas al inscribir su marcha en una perspectiva evolucionista, negando la diversidad de trayectorias, al mismo tiempo que la de las modalidades de respuesta a los desafíos que se imponen”.

Y por ello Sarr reclama un reconocimiento de las particularidades culturas africanas como único salvavidas para la construcción de un modelo de futuro mejor.

“Asimismo, la propuesta que se les hizo a los africanos fue la de reproducir un modelo prefabricado de sociedad en donde su cultura local no tenía previsto un lugar y donde esta era frecuentemente evaluada de modo negativo. Esto olvida el hecho de que le desarrollo occidental es un proyecto económico, pero sobre todo cultural, fruto de un universo particular. Esta transposición del mito occidental del progreso tuvo como consecuencia una desestructuración de la personalidad básica de los grupos sociales africanos, de las redes de solidaridad existentes, de sus sistemas de significado, pero, sobre todo, un aprisionamiento de las poblaciones en un sistema de valores que no era el suyo”.

El intelectual senegalés no ahorra críticas al impacto de las imposiciones del Norte global en el continente, sin embargo, en contra de lo que algunos intentarían reprocharle, el análisis de Felwin Sarr no tiene nada de victimista, sino que pretende ser un punto de partida honesto para una toma de todas las responsabilidades.

“Frecuentemente, un discurso que se pretende responsable y que puede ser considerado ligeramente autoflagelatorio intenta por todos los medios negar las consecuencias de la trata transatlántica y del colonialismo en las trayectorias actuales de los países africanos. Se les pide hacerse cargo de sus responsabilidades, y sobre todo, asumir los fracasos ligados a la mala gobernanza posindependencia, dejar de citar el pasado y de acusar a los otros para justificar sus propios fracasos. Lo que por otra parte está justificado, pero solo parcialmente”.

El intelectual reconoce el fracaso de la mayor parte de los gobernantes de las posindependencias y las malas elecciones económicas y políticas, así como el saqueo, en muchos casos, de las riquezas de sus países. Sin embargo, advierte que no se puede obviar el peso de las condiciones en las que les fueron legadas las riendas de esos países.

“Seria una prueba de ignorancia o de mala fe intelectual el simplificar las cosas hasta el extremo de negar el impacto de las dinámicas históricas sobre el destino de los pueblos. Conmociones tan importantes como cuatro siglos de trata transatlántica y un siglo de colonización han tenido consecuencias demográficas, económicas, políticas, culturales y sociales de gran envergadura (…). Recordar estas evidencias no es ni inscribirse en una forma de fatalidad ni rechazar el hacer frente a las propias responsabilidades (…). Señalar con exactitud las causas de la enfermedad es una condición previa al remedio y a la cura”.

A partir de esas premisas, la reflexión de Felwine Sarr sobre la construcción de una economía independiente que permita edificar ese futuro deseado y de una cultura democrática que recree las condiciones para una sociedad más justa van adquiriendo todo sus sentido. El esfuerzo del intelectual es un esfuerzo de equilibrio entre un excesivo optimismo y la necesidad de ir cultivando una especie de autoestima colectiva en la que los valores propios sean la base. Sarr habla de impulsar un nuevo concepto de la modernidad y recupera las reflexiones de otros pensadores africanos para reclamar que África debe aportar más que una copia de las fórmulas europeas (y que de hecho el mundo necesita esa aportación renovadora) o que existe un potencial en la construcción social que se abre paso desde hace tiempo por debajo de las estructuras institucionales. Una y otra vez, Sarr recuerda los valores y las experiencias de esa cuna de la humanidad en la que se pusieron las bases de sociedades sostenibles, por sus relaciones entre sí y con el entorno.

“África debe su fuerte resiliencia social a sus tradiciones. Los africanos han cultivado a lo largo del tiempo los valores de resistencia, valentía y paciencia para hacer frente a los diversos impactos de su historia reciente. También han cultivado valores del vivre-ensemble a través de procedimientos originales: el cousinage à plaisanterie, la noción extensa de filiación y de familia, la movilidad interétnica, la capacidad de integración de la diferencia, el tejido y retejido incesante del vínculo social…”

Retablo de mendigos y de hipocresías

Hace 40 años que la escritora senegalesa Aminata Sow Fall publicó por primera vez La Grève des Bàttu. Ahora la editorial Wanafrica nos ha traído la traducción en castellano de este relato bajo el título La huelga de los mendigos y esta nueva versión simplemente pone de manifiesto que la historia es completamente actual, no sólo por el ritmo de la narración sino por los valores que transmite. La escritora senegalesa que pasa por ser una de las autoras clásicas de la literatura poscolonial del país, dibuja una dimensión de la sociedad poco visibilizada pero que tiene una presencia constante, la de la mendicidad. Al mismo tiempo, el relato pone al descubierto una evidente hipocresía en las relaciones de clase, entre la élite dirigente y en relación con los supuestos valores religiosos. Una severa crítica vestida de una atractiva piel de cordero.

La escritora senegales Aminata Sow Fall. Fuente: De may! en Wikimedia

La historia se sitúa en una más que reconocible ciudad de Dakar, en la que se desencadena una campaña gubernamental para poner coto a la mendicidad callejera. “Su presencia perjudica el prestigio de nuestro país; es una plaga que debemos ocultar en la ciudad como sea. Este año, el número de turistas ha bajado considerablemente con relación al año pasado y es casi seguro que esa gente tiene algo que ver”, explica Mour Ndiaye a su ayudante Kéba Dabo, para justificar la acción. Ambos serán los responsables, desde el Servicio de Higiene Pública, de sacar a los

Cubierta de La huelga de los mendigos

mendigos de la calle para que no perjudiquen la nueva industria turísticas del país.

La autora deja clara la importancia en la trama de la voluntad de medrar del jefe, Mour Ndiaye que tiene la vista puesta en la vicepresidencia de la República y, también, de un empleado como Kéba Dabo, obsesionado por agradar a sus superiores, “adicto al trabajo” y con un trauma infantil en relación a la pobreza que se va desgranando a lo largo de la novela.

Esta especie de sainete que presenta muchas similitudes con la novela picaresca, tiene diversos escenarios paralelos y, al mismo tiempo que las idas y venidas de los responsables del Servicio de Higiene Pública, se dibuja un curioso retablo del mundo de los mendigos. Poco a poco la autora presenta algunos personajes para que el lector vaya construyendo el mosaico de los pedigüeños que se van constituyendo en “hermandad” en el patio de la casa de Salla Niang, una mendiga poco convencional. Ese patio se convertirá en el centro de operaciones de los pordioseros cuando cambien su estrategia y pasen a la acción como respuesta al acoso de las autoridades.

Los pordioseros que ven caer a algunos de sus compañeros, terminan por reclamar su dignidad y su papel en una sociedad que presenta un complejo equilibrio. La realidad de la mendicidad, aunque invisibilizada, ocupa un lugar evidente en la cotidianidad de los senegaleses y Aminata Sow Fall lo refleja con claridad. “¿En qué barrio de la ciudad el primer gesto de la mañana no es dar una limosna? Incluso en los barrios de tubabs (europeos blancos), los tubabs negros y los tubabs blancos cumplen con ese rito. Si habláis de barrios pobres, eso sí que no viene al caso: todo el mundo sabe que los pobres dan más fácilmente que los ricos”, les espeta Salla Niang a sus compañeros para exigirles que contribuyan al sistema de apoyo mutuo.

El pulso entre los mendigos y las autoridades va subiendo de tono e incluso se cobra algunas víctimas. Unos y otros van cambiando sus estrategias, pero el movimientos fundamental se produce cuando se levantan nuevos liderazgos entre los indigentes que empuja a una insospechada organización del colectivo y su toma de protagonismo. Los mendigos saldrán de las calles, las plazas y los mercados, voluntariamente, como parte de la reclamación de su dignidad y este movimiento tendrá consecuencias más profundas de lo esperado, incluso, para el principal responsable de la campaña anti-pobres, Mour Ndiaye.

Otros temas van atravesando el relato y van definiendo algunos de los rasgos fundamentales de la sociedad senegalesa, rasgos que a menudo pasan desapercibidos, precisamente porque son mundanamente cotidianos. Una trama refleja el complicado equilibrio de la tradición y el aumento de protagonismo de nuevos valores en relación con el papel de la mujer. La poligamia, una especie de matriarcado puntual, la aceptación de algunas mujeres y la fuerza de la mayoría, el lugar central de la figura femenina y, también, sus reclamaciones, construyen una imagen de ese complicado papel femenino que, a veces, resulta difícil de entender desde otros contextos culturales, sobre todo, cuando se olvidan sus múltiples caras y se intenta simplificar. Aminata Sow Fall hace un interesante ejercicio y pone de manifiesto que el papel de la mujer en la sociedad senegalesa no puede expresarse en términos de blanco y negro.

La huelga de los mendigos se asoma también a otra realidad importante y poco conocida: la figura de los marabouts, los guías espirituales. La complicada caracterización de los personajes abre la puerta del interés del lector y la escritora se enfrenta a esa complejidad sin miedo. Podía haber optado por dibujarlos de una manera simplista para que no dejasen flecos, sin embargo, la novelista apunta algunas de sus múltiples caras como estudiosos, devotos, consejeros o, incluso, hechiceros. La particular religiosidad se abre paso en medio del conflicto entre mendigos y autoridades.

En todo caso, la lectura de la novela perfila diversas críticas, como esa ambigüedad del papel de la mujer y la complejidad de la realidad de la poligamia; pero también la hipocresía ante la pobreza, las dobleces de la caridad, orientada a la satisfacción personal y no a la ayuda a los otros; o los canales de ascensión de las élites políticas, entre otras cuestiones.

"Deconstrucción", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

El arte interactivo por Nguema Pouye: “Me he buscado dentro de mí mismo”

La creación artística interactiva nace a mediados de la centuria pasada, o incluso en 1916 con el Dadaísmo, como un género cuya base recae en la participación del espectador, haciendo el arte más inclusivo y activo al romper la distancia entre obra y público. Aplicada en el panorama africano de muy diversas formas, el artista afroespañol Justo Alioundine Nguema Pouye da su propia versión de la interactividad artística en su obra, recogida ahora en el libro ‘El arte de la interpretación interactiva’ que presenta por varias ciudades españolas. En Wiriko hablamos con él.

"Deconstrucción", de Justo Alioundine Nguema Pouye.
‘Deconstrucción’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

“Aludo a la libre recepción y comprensión de mi creación por parte del público, puesto que el público es libre de interpretar aquello que ve y percibe”, dice el dibujante, escultor, poeta, músico y activista Justo Alioundine Nguema Pouye. Mientras el congoleño Chéri Samba aúna pintura y texto para despertar el interés del observador, la congolesa-rumana Maliza Kisuwa invita al público a palpar e incluso atravesar sus piezas artísticas, el afroespañol de origen ecuatoguineano-senegalés, Nguema Pouye ha ido descubriendo su obra a través del público.

Todo empieza en Holanda, en un momento de bloqueo en el que comienza a dar rienda suelta a sus primeros garabatos. “Son otras personas las que me enseñan a ver esos dibujos”, afirma. Ya en estos diseños se va percibiendo un patrón que se repite empleando una trama laberíntica, donde la abstracción de aire psicodélico se despliega caprichosamente componiendo ciertos elementos figurativos.

Su producción plástica se basa en un particular modus operandi, donde va descubriendo y matizando lo que ve en el soporte a base de ir borrando lo sobrante. “Una vez voy construyendo una imagen con conciencia, sin darme cuenta, se construyen como reacción otras imágenes sin esa conciencia”, explica. De esta manera, se van tejiendo las distintas formas y capas que componen sus trabajos, sea a través de una explosión cromática, sea a través de restringidos grises, pero siempre susceptibles de múltiples lecturas.

"Magia negra", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘Magia negra’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

"Historia buena", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘Historia buena’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

"El templo", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘El templo’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

'Olas', de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘Olas’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

"Sol negro", de Justo Alioundine Nguema Pouye.

‘Sol negro’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

Paulatinamente ha ido desarrollando un arte de forma más consciente y estructurada. Sin embargo, “no puedo identificar referentes conscientes, puesto que tanto el dibujo y la pintura vinieron a mí, no fui yo a buscarlos. Es la gente la que ha venido a indicarme parecidos con Dalí, Escher o incluso Picasso. El conocimiento de la pintura de esos artistas me llegó mucho más tarde, porque no tenía relación con las artes plásticas en general. El libro viene a explicar en esas doscientas páginas que soy mi propio referente a nivel técnico, a nivel práctico, y que me he buscado dentro de mí mismo”, reconoce.

Su polifacética identidad ha ido hallando su propia forma a través de su recorrido como pintor, la cual ha dado como resultado su firma como pintor: “VRUS surge por la manera en la que firmo, haciendo referencia a esa Visión Revolucionaria Utilidad Social que quiero dar a mis obras”. Pero, tal y como nos indica, este no es el único pseudónimo que utiliza: “Me defino como VRUS para diferenciar al artista-pintor plástico de Yast el activista, de Yast Solo el músico, o de Justo, que es la persona, el individuo. Entre sí los propios personajes tienen sensibilidades, roles, facetas diferentes, y socialmente también tienen compromisos diferentes es base al tipo de arte que realizan”.

"Autorretrato", de Justo Alioundine Nguema Pouye.
‘Autorretrato’, de Justo Alioundine Nguema Pouye.

Y si bien en Inglaterra le llegaría la invitación a la pintura, en la que el acrílico, la cera, el óleo, el pastel o el tipex serían algunos de los primeros materiales con los que emprendería en su experimentación en torno a soportes y técnicas, es en Madrid donde se concretaría su pintura, ganando en una simplicidad interpretativa y una identidad que traduce como afroespañol y fang especialmente: “Yo creo que parte de mis obras tienen ese reflejo”. De hecho,algunas de sus obras se encuentran temporalmente en cesión a distintas instituciones de Guinea Ecuatorial y Senegal, donde son recibidas por los locales como algo que reconocen.“Me impactó que sí se identificaran en esas obras, que les gustaran, que las comprendieran, incluso más que la gente en Europa con la que he crecido”, señala.

Su libro ‘El arte de la interpretación interactiva’ recoge su faceta creativa tanto en el campo de las artes plásticas como en el de la poesía. Para él “la poesía es verbo, es palabra, y de algún modo es una expresión consciente de lo que quiero comunicar. La pintura es diferente. Parte de una abstracción mía, personal, del mundo en el que me encuentro, por eso cualquier persona puede tener su propia interpretación de cualquier dibujo o pintura que realizo”.

Los paralelismos de Omar Victor Diop

En la sala 635 del Museo Metropolitano de Nueva York reside el retrato de Juan de Pareja, asistente de Diego Velázquez, que el propio pintor sevillano realizó en 1650. Recoge la información del museo que, según uno de los biógrafos del artista, cuando este hito del retrato occidental se exhibió por primera vez “recibió tal aclamación universal que, en opinión de todos los pintores de diferentes naciones, todo lo demás parecía pintura, pero esto solo como verdad.”

Exhibición Diaspora Omar Victor Diop / Foto: javidmgz

El aplauso quizás venga, como se recoge en la Wikipedia, por la destreza de Velázquez “de dotar de dignidad a los personajes que, por su profesión o condición, carecen de ella en la consideración social”. Es el primer cuadro que se conoce de un de hombre español con descendencia negra: Juan de Pareja, un hombre mestizo, hijo de una madre africana y un español; y esclavo, aunque Velázquez le otorgó la libertad años más tarde e iniciaría su carrera como pintor independiente en Madrid.

En la galería Autograph, al este de Londres, se homenajea a Juan de Pareja en una fotografía en la que no se ve al antequerano, sino al fotógrafo senegalés Victor Omar Diop. Es el propio fotógrafo el que sustituye al pintor, al igual que lo hace en toda la serie ‘Diáspora’con la que Diop recrea pinturas históricas entre el siglo XV y el XIX de africanos que consiguieron notoriedad. Pero el senegalés dota de simbología futbolera a sus imágenes para abordar paralelismos sociales.

Juan de Pareja, Frederick Douglas, Olaudah Equiano, Albert Badin o Jean-Baptise Belley son la excusa para lanzar preguntas sobre la figura de los futbolistas africanos en Europa. Diop viaja al pasado y se pregunta si la reputación ganada por los personajes históricos es comparable a la de los futbolistas. Todos tuvieron que enfrentarse a los abusos raciales y a la discriminación, pero finalmente se ganaron un lugar en la sociedad. ¿Un espejismo?

“El fútbol es un fenómeno global interesante que para mí revela a menudo dónde está la sociedad en términos de raza. Cuando se observa la forma en que se percibe la grandiosidad del fútbol africano en Europa, existe una curiosa mezcla de gloria, adoración heroíca y exclusión. De vez en cuando, hay cantos racistas o se lanzan pieles de plátano al campo y toda la ilusión de integración se destruye de la manera más brutal. Es esta paradoja la que estoy investigando en el trabajo”, dijo el artista sobre el proyecto en una entrevista a The Guardian

Alin Sitoe Diatta (Senegal, 1944) and Trayvon Martin (Florida, 2012) © Omar Victor Diop

La galería Autograph acoge esta primera exhibición en solitario en el Reino Unido del fotógrafo senegalés. Pero la muestra, comisionada por René Mussai y Mark Sealy, regala además otra serie de
fotografías que apelan a la resistencia política negra.

En 1944, desterrada en Tombuctú, murió con tan sólo 24 años Aline Sitoé Diatta. Conocida como la ‘Juana de Arco’ senegalesa, Diatta luchó contra la colonización francesa. La joven se levantó contra el imperio. Y eso le costó la vida.

Otra muerte. Otro joven. Diop juega de nuevo con el paralelismo histórico para llegar hasta los movimientos sociales más actuales. En 2012, una manifestación rendía homenaje en la neoyorquina Union Square a Trayvon Martin. Disparado por un hombre blanco, que evadió la cárcel justificando una actuación en defensa propia, el fallecimiento de Martin fue el detonante para el movimiento Black Lives Matter.

Con ‘Liberty: A Universal Chronology of Black Protest’, Diop se autorretrata para honrar aquellos que se levantaron contra el colonialismo u otra forma de opresión. Es un relato cronológico de los movimientos sociales o protestas negras que van desde las marchas en Selma, en 1965, a los disturbios liderados por las mujeres nigerianas en 1929 contra los administradores británicos. El fotógrafo senegalés también se detiene en la masacre de Thiaroye, donde soldados africanos que lucharon junto al ejército francés en la II Guerra Mundial fueron asesinados por el propio bando galo en 1944, cuando exigían los pagos que se le debían.

“La historia de la protesta negra es rica, ya sean revueltas de esclavos, marchas por la libertad o contra el apartheid, movimientos por la independencia o contra la violencia policial. Hay retratos de metáforas en los que la idea de identidad negra es central. Disfruté siendo el sujeto y el objeto de estas fotografías, sin embargo, no son autorretratos en el sentido tradicional”, apunta el fotógrafo.

Las causas de ayer son las mismas que las de hoy. Y Diop muestra “una narrativa reinventada de la historia de los negros y, por lo tanto, de la historia de la humanidad y del concepto de libertad”.

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

“Alida y el reino de Uluf”, literatura fantástica basada en la tradición africana

Eric G. Moral ha hecho un complicado ejercicio. En Alida y el reino de Uluf no sólo ha construido una historia inspirándose en la tradición y la cosmovisión diolá, sino que además lo ha hecho intentando trasladar también los códigos culturales que hacen que esas creencias se vivan de una manera concreta. Este joven escritor catalán no sólo ha intentado acercarnos una realidad, sino que además pretende que entendamos como la viven sus protagonistas. La primera novela de Eric G. Moral es una feliz provocación por el descaro con el que rompe y supera la mayor parte de los estereotipos. Mañana jueves, el mismo autor presenta el libro en Barcelona, en la librería Gigamesh.

Eric G. Moral, el historiador catalán autor de “Alida y el reino de Uluf”. Foto: Carlos Bajo

Este historiador puede permitirse el complicado ejercicio por la familiaridad que tiene con la realidad de la que habla. Estudiante de Historia en la Universidad de Barcelona, se acercó a la realidad africana de la mano de uno de los gurús del africanismo en el Estado, Ferran Iniesta, y fue cocinando su pasión en ese círculo de estudios africanos barcelonés que fija su atención en cuestiones históricas, antropológicas o filosóficas del continente. Así, hasta dar el salto a la Casamance, al sur de Senegal, donde se fue acercado a diferentes aspectos de la tradición diolá y ha acabado estudiando la huella del paso de la colonización por los sistemas de organización locales, como parte de su tesis doctora. La historia de Alida y el reino de Uluf le ha permitido dar una nueva dimensión a todas las experiencias que ha vivido, sin el corsé de la academia, pero con el más profundo respeto a sus protagonistas.

¿Qué nos puedes explicar del argumento de Alida y el reino de Uluf sin desvelar el misterio?

La historia se desarrolla en un país imaginario, Bubayum, y cuenta la aventura de una niña africana adoptada, Alida, que tiene que regresar a su país de origen para buscar a su padre que ha desaparecido. A Alida, le acompañará Sam, que es un niño alemán que representa exactamente lo contrario de Alida, es un escéptico, no cree en la magia, está lleno de estereotipos…

Vayamos por partes, Bubayum es un país ficticio, pero se parece bastante a una territorio real, ¿no es así?

Evidentemente, cualquiera que conozca un poco la Casamance, al sur de Senegal, reconocerá en Bubayum la zona de la Baja Casamance, que es la zona en la que yo he trabajado. Es una especie de homenaje a mis amigos diolás. Y tampoco es que intente ocultarlo, la gente que vive en Bubayum son los kiolás. Son más bien guiños y he preferido marcar una distancia por la parte de ficción que también hay.

Ambientar una novela en África, no es habitual y cuando se hace, en la mayor parte de los casos, es un simple escenario…

Sí, es cierto. En mi caso, he intentado que sea algo distinto. He querido presentar una parte de África que conozco y he intentado dibujarla de la manera más parecida a como la perciben mis amigos. De hecho hay frases textuales que me han dicho a lo largo de mis viajes a mi para explicarme las cosas.

Y, ¿por qué los protagonistas son precisamente dos niños?

En realidad, tengo debilidad, desde siempre, por las historias protagonizadas por niños y creo que le pasa a mucha gente, ¿no? Supongo que es algo así como una vuelta a la infancia que te lleva mucho más fácilmente a las aventuras que todos hemos imaginado. Por otro lado, los niños son más inocentes pero también son más abiertos y están más dispuestos a entender, a aceptar y a asumir cosas nuevas. Así que dentro de la historia me daban mucho más juego. Por ejemplo, la propia curva de la evolución de los personajes sólo es verosímil si son niños. Es decir, a medida que van encontrándose y conociendo algunas realidades, van cambiando su forma de pensar, van aceptando y reemplazando algunas creencias que tenían. Tal como ocurre, sólo es creíble si son niños, porque los adultos son mucho más reacios.

Has hablado de la magia, ¿qué importancia tiene la fantasía que en esta novela?

Yo crecí leyendo libros de literatura fantástica y soy un apasionado de este género. Cuando viajé por primera vez a la Casamance de repente descubrí un lugar en el que esa dimensión que nosotros consideramos fantástica está completamente viva. La diferencia entre lo que es real y lo que no, es difusa, hay cosas que nosotros consideramos brujería, pero que allí forma parte de la vida cotidiana y que además es transversal, se presenta de muchas manera y en diferentes ámbitos de la vida con mucha naturalidad. No hay ningún conflicto en la relación entre los sobrenatural y la vida real. Y ese ambiente, evidentemente está muy presente en la historia.

Pero no debe ser fácil acceder a esa relación entre el mundo invisible y el visible.

Bueno, relativamente. Yo tengo la sensación de que cuando te acercas, hablo en el caso de la Casamance que yo conozco, de manera honesta, con voluntad de conocer y no con voluntad de juzgar, la gente te va explicando cosas y de repente te encuentras con que todo el mundo conoce casos de revenants, es decir, de muertos que han vuelto y que es algo muy habitual. Está claro que hay partes secretas en las creencias, pero creo que lo fundamental es la manera en la que se acerca el observador. Si ven que realmente te interesas, te cuentan muchas cosas, porque les encanta hablar sobre su cultura, lo que ocurre es que les duele que se les desprecie.

El historiador Eric G. Moral, ha aprovechado sus investigaciones para acercar una nueva visión de África. Foto: Carlos Bajo

¿Por qué has decidido escribir una novela juvenil?

Creo que hay un déficit importante en el sistema educativo respecto a todo lo que tiene que ver con África y espero que esta sea una herramienta más para acercarse al continente. Habitualmente, por ejemplo, cuando a los estudiantes se les explica la colonización en realidad no se les está explicando la colonización sino la presencia de los europeos en África. En la novela se habla sobre el periodo colonial pero desde la óptica de los africanos. Al fin y al cabo, los niños son los adultos del mañana, ¿no?

¿Así que hay una intención, digamos, pedagógica en Alida y el reino de Uluf?

Bueno, mi principal objetivo es entretener, pero sí que es cierto que intento romper estereotipos. Es un poco delicado, porque intento darle la vuelta a las ideas preconcebidas, pero la protagonista, Alida, es una niña adoptada y en Bubayum hay una rebelión, que son dos estereotipos habituales. Sin embargo, cuando avanza el relato se ven las particularidades de la adopción de Alida y también de la rebelión en Bubayum.

Hablas de magia y de brujería, por ejemplo. Cuando se habla de estas realidades tan diferentes y que en nuestra cultura tienen connotaciones tan negativas, ¿no es un problema, incluso, la lengua? Es decir, escoger las palabras que no tengan esa carga y que se entiendan, ¿no es un inconveniente?

Pues sí, era algo que me preocupaba mucho. Claro, lo que para nosotros representa la palabra “brujería”, no es lo mismo que representa para los kiolá de la historia, o para los diolá del mundo real. Pero tampoco tenemos otra palabra para esa realidad. Por ejemplo, en el caso de los fetiches, le di muchas vueltas e incluso estuve debatiendo con mi editor. Al final decidimos que valía más la pena utilizar la palabra diolá bakin (que se pronuncia bachin), explicando en el libro a qué realidad se corresponde esa palabra. La verdad es que es un poco complicado y que hay un riesgo de que el lector se confunda. He intentado ser muy respetuoso y mostrar las creencias y las tradiciones sin caer en la superficialidad.

Precisamente, ahora la literatura fantástica y sobrenatural de autores africanos está recibiendo reconocimiento internacional. Hay quién dice que África es un filón en este género. ¿Qué te parece?

En gran medida estoy de acuerdo. En África encontramos miles de historias inspiradoras para los que nos gusta la ciencia ficción, pero al mismo tiempo hay algunos riesgos, porque esas historias para las personas que las viven son reales. Creo que hay que acercarse a esa realidad, a esa relación entre lo visible y lo invisible siempre con mucho, con muchísimo respeto. Además hay que tener en cuenta el riesgo de la apropiación cultural… Repito, que creo que la clave es el respeto. Pero además de la literatura fantástica es muy interesante ver cómo en los autores africanos esa dimensión sobrenatural entra de una manera muy sencilla en la literatura realista, precisamente, por esos códigos culturales. Ese también es un fenómeno curioso.

¿Cómo se han tomado la historia las personas en las que te has inspirado, tus amigos diolá?

La mayoría todavía no han tenido oportunidad de leerla, pero sí que le he hablado muchas veces del proyecto. Cuando lo hacía, se reían y me decían que tuviese cuidado porque si contaba esas cosas me iban a tomar por loco.

Selly Raby Kane, la creatividad personificada

* Isabel Obama Matogo

Todo lo que toca lo renueva, por algo es la reina del afrofuturismo ‘made in’ Senegal. Polifacética y ecléctica, Selly Raby Kane reencarna a la perfección los atributos de creativa e innovadora. De ahí que hayamos querido sacar a relucir la cautivadora obra de esta diseñadora de moda senegalesa con motivo del Día Mundial de la Creatividad y la Innovación, que se conmemora el próximo 21 de abril por primera vez de manera oficial en todo el planeta.

Selly Raby Kane

Dice la ONU que esta celebración nace “con el objetivo de promover el pensamiento creativo multidisciplinar que nos pueda ayudar a conseguir el futuro sostenible que queremos”. El pensamiento creativo de Kane promueve una realidad afrofuturista, que no es otra cosa que una reivindicación plasmada a través de la ciencia ficción y la fantasía para concebir una nueva identidad africana. Y desde luego es multidisciplinar: Moda, vídeos musicales, su propio cortometraje y dirección creativa de eventos.

“Me encanta contar historias, me encanta expresar mi verdad interna”, explica la diseñadora en la conferencia Design Indaba 2015, la plataforma sudafricana de diseño y creatividad, que dos años más tarde le pediría mucho más que una charla: la dirección creativa del festival anual Design Indaba 2017, el evento más importante de este prestigioso colectivo.

Fotografía de Omar Victor Diop

Diez años antes de que esto ocurriera, tal y como rememora Kane en su charla, recién graduada en Administración y Empresas y a punto de volver desde París a su país, “decidí empezar a dibujar de nuevo porque cuando era más joven solía hacerlo mucho. Y dibujé cosas, y esas cosas se convirtieron en ropa, y la ropa se convirtió en colecciones. Y esa fue mi primera experiencia en el mundo de la moda”.

Entonces reorientó su rumbo y tras realizar sus estudios en moda y vivir un tiempo en Nueva York, regresa a Dakar, donde conoce a Les petites pierres, un grupo de creadores activistas que, a través de responsabilidades sociales, y ayudando a las nuevas generaciones de artistas del background a coger impulso, trata de instaurar nuevas formas de expresión artística en la ciudad. Pronto se convirtió en una referente y líder que supo atraer todas las miradas y dar voz a todas aquellas creaciones a su alrededor.

“En Dakar no es como en otras grandes ciudades con grandes desfiles a los que van compradores y editores, en Dakar el desfile es más una performance. Para nosotros es más un espectáculo. Así que cuando presento una colección quiero que la gente que asiste se introduzca en un universo, quiero sumergirles en una historia y quiero hacerles sentir fuera del tiempo y el espacio. Supongo que esto me viene de mi infancia, en la que solía ver un montón de películas de terror y fantasía con mi padre. Todo sale a flote en el proceso creativo”, explica para Design Indaba en un vídeo en el que afirma que sus diseños no se centran sólo en la ropa, sino que también tratan sobre historia.

Parte de la colección ‘Dakar city of birds’ / Fotografía de Jean-Baptiste Joire

Para muestra la presentación, en 2014, de su colección Alien Cartoon, donde consigue fascinar a miles de espectadores al llevar a cabo el desfile en una antigua estación de trenes que lleva al futuro a través de una invasión de alienígenas. Su colección  Otoño / Invierno 2015 ‘Dakar City of Birds’ salta el charco y encandila a la jet set, como es el caso de Beyoncé, que en los últimos años se ha mostrado fan absoluta de los diseños africanos. Y junto a Omar Victor Diop, ya en 2016, produce la serie de retratos ‘Mindset’, exhibida en el Grand Palais por la feria de arte Paris Photo. Y así llegamos hasta la actualidad, tras su imparable carrera como miembro del Design Indaba, que también ha contado con ella para la colaboración que el colectivo ha hecho con IKEA para su catálogo 2019. ¿Cuál será el próximo paso de la diseñadora senegalesa? ¡En Wiriko estaremos atentos!

La urgencia de celebrar las cineastas africanas

*Charles Ayetan, desde Lomé (Togo)

El paisaje de la cinematografía africana ha estado esencialmente compuesto por hombres y “rociado de algunas raras figuras femeninas”(1). Entre las pioneras se encuentran la egipcia Aziza Amir, cuyo verdadero nombre era Mofeeda Mahmoud Ghoneim (1901-1952) que dirigió la película Laila (Egipto, 1927), la camerunesa Thérèse Sita-Bella (1933-2006), y la senegalesa Safi Faye que realizó en 1975, Lettre paysanne (Kaddu Beykat), el primer largometraje de una africana negra. Su película Mossane fue seleccionada en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Ouagadougou (Fespaco) en 1997.

Safi Faye fue la primera mujer en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje «La passante», realizado en 1972.

La senegalesa Safi Faye fue la primera mujer africana en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje La passante, filmado en 1972.

Después de estos primeros años, podemos mencionar otros nombres como los de la argelina Djamila Sahraoui, quien ganó el Etalon de plata en el Fespaco de 2013 con su largometraje Yema; la cineasta togolesa Anne-Laure Folly, quien ha dirigido una veintena de documentales sociopolíticos, incluido Les Oubliés, en el que aborda la guerra de los 30 años en Angola a través de los ojos de las mujeres (2); la congolesa Monique Mbeka Phoba quien ha realizado una docena de documentales y una ficción, destacando Entre la coupe et l’élection (3), de 2007, y el cortometraje Sœur Oyo (2014) un trabajo que relata la vida de los estudiantes en un internado católico. Actualmente, la joven generación de mujeres cineastas del continente manifiestan su determinación para hacer su carrera en el séptimo arte, especialmente en las las escuelas de cine.

 

Actrices con talento

Aunque en general muchas de ellas aún no tienen una gran reputación como las estrellas de los circuitos occidentales (4), las actrices africanas no carecen de talento. De hecho, en los últimos años han destacado los premios en FESPACO de Samia Meziane, por su papel en Voyage à Alger (2011), de Abdelkrim Bahloul, o de Mariam Ouedraogo por su interpretación en Moi Zaphira (2013), de Apolline Traoré. Dos años más tarde, Maïmuna N ‘Diaye en la película L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ganó el premio a la mejor actriz, un galardón que en 2017 fue para Noufissa Benchahida en el filme A la recherche du pouvoir perdu, de Mohamed Ahmed Bensouda.

El dúo de la beninesa Tella Kpomahou y la maliense Fatoumata Diawara contribuyeron sin duda al éxito del largometraje Il va pleuvoir sur Conakry, del guineano (fallecido hace un año) Cheick Fantamady Camara, una película que ganó en 2007 el premio que concede la cadena de radio pública francesa RFI. Recientemente la congolesa Véronique Tshanda Beya ha ganado el premio a la mejor actriz por su papel en Felicité (2017), del director franco senegalés Alain Gomis, en el Festival de Cine de Cartago (Túnez) o el Festival de Khouribga (Marruecos), entre otros.

 

Los festivales de cines africanos para mujeres

Son muchas las iniciativas que promueven el éxito de las mujeres en África y, de hecho, son varios los eventos que apuntan a ofrecer esta perspectiva en el plano cinematográfico. Este es el caso de los festivales de cine para mujeres como el Festival International du Film de Femmes de Salé (Marruecos), el Mis Me Binga (Camerún), el Festival Films Femmes Afrique (Senegal) o el Festival Africain des Films de Femmes Cinéastes (Togo) cuya primera edición comenzará dentro de unos días, entre el 10 y 20 de marzo de 2018.

 

Sin embargo, a pesar de disponer de estas plataformas de promoción, podemos afirmar que no se celebra lo suficiente el papel de las cineastas africanas en el continente. El desafío es desalentador y los actores culturales tienen los medios para tomar medidas que impulsen a las mujeres africanas al rango de estrellas como la actriz y productora sudafricana Charlize Theron.

 

* El togolés Charles Ayetan es periodista, crítico de cine y miembro de la Association des journalistes et critiques de cinéma (AJCC) de Togo. Colabora con la revista Présence Africaine, y el portal Africiné.org de la Federación Africana de Críticos de Cine, donde es responsable de la comunicación. Tuitea desde @CharlesAyetan

 

Traducción por Sebastián Ruiz-Cabrera

Referencias

(1) LEQUERET Elisabeth (1998). “L’Afrique filmée par des femmes”, Le Monde diplomatique, agosto, p.11.

(2) BARLET Olivier (1997). “Quel est le regard d’une femme cinéaste?”, Africultures, 1997.

(3) DIKU Roger (2011). “Entre la coupe et l’élection, un film en hommage de nos Léopards 1974”, Congoone, 20 abril.

(4) PALMIER Jean Joseph (2006). La femme noire dans le cinéma contemporain : star ou faire-valoir?, Ed. L’Harmattan, 2006

Películas

A la recherche du pouvoir perdu (2017), de Mohamed Ahmed Bensouda, ficción, Marruecos.

Entre la coupe et l’élection (2007), de Monique Mbeka Phoba y Guy Kabeya Muya, documental, RDC.

Félicité (2017), de Alain Gomis, ficción, Senegal.

Il va pleuvoir sur Conakry (2006), Cheick Fantamady Camara, ficción, Guinea.

Laila (1927), de Aziza Amir, ficción, Egipto.

Les Oubliées (1997), de Anne-Laure Folly, documental, Francia.

Lettre paysanne (1975), de Safi Faye, ficción, Senegal

L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ficción, Burkina Faso.

Moi Zaphira (2012), de Apolline Traoré, ficción, Burkina Faso.

Mossane (1996), de Safi Faye, ficción, Senegal.

Sœur Oyo (2013), Monique Mbeka Phoba, ficción histórica, RDC.

Voyage à Alger (2009), Abdelkrim Bahloul, ficción, Argelia.

Yema (2012), Djamila Sahraoui, ficción, Argelia.

 

Sirifo Kouyaté, un Griot y su Kora a orillas del Guadalquivir

Con 48 años y una historia de migración desde el sur de Senegal hasta el sur de España, el Griot Sirifo Kouyaté acaba de dar a luz a su primer álbum en solitario. Se trata de una gema que, a través del arte de la Kora –uno de los instrumentos por excelencia del África Occidental–, emparienta la música de Casamance con la tradición sonora flamenca de raíces árabes. Y nos recuerda ese fino hilo invisible en forma de sonido y vibración que nos ha legado la historia entre la Península Ibérica y África, o aquello que hace que la cultura africana no nos sea para nada ajena. Asentado en Sevilla, pero con un pie perennemente en Dakar o Kolda, hoy conocemos un poco mejor a este Griot afincado a orillas del Guadalquivir.

Música africana

Sirifo Kouyaté.

Gemma Solés: ¿Cuéntanos quién es y de dónde proviene Sirifo Kouyaté?

Sirifo Kouyaté: Nací el 17 de Agosto de 1969 en Kolda, al sur de Senegal. Provengo de una familia de Griots. Los Griots son trovadores, narradores de historias, pero con una peculiaridad, que narran las historias a través de la música. Entre los instrumentos mas destacados de los Griots está la Kora, mi instrumento. Entre las familias mas reconocidas y populares de los Griots se encuentran los Kouyaté, Sissoko y Diabaté, y yo provengo de cada uno de ellos. Kouyaté por parte de padre, Sissoko por parte de madre y Diabate por parte de mi abuela materna.

G.S. ¿Qué significa para tí tocar la Kora? ¿Qué valor tiene la Kora en tu cultura?

Música africana

Sirifo Kouyaté.

S.K: La Kora es considerada el instrumento más entrañable, armónico, sensible y bello del imperio Mandinga. Este imperio abarca desde el sur de Senegal hasta Níger, pasando por Gambia, Guinea Bissau, Guinea Conakry, Mali y Costa de Marfil. Para mí la Kora es algo muy especial ya que ha sido la única profesión familiar.

Mis padres me dieron la oportunidad de crecer gracias a ella. Y yo intento darle mi propio estilo para llevar a lo mas grande lo que es y significa para mí. Pero siempre sin olvidar y teniendo en cuenta la tradición.

Aunque he tenido muchos maestros los cuales me han ayudado a ser quien soy, el que mas me ha influenciado es Boubacar Sissoko, mi tío por parte de madre. Él me ayudó y me aportó la fortaleza y la capacidad para ser creativo y saber adaptar otros estilos y tener así un mestizaje como el que intento recrear con la Kora.

G.S. ¿Cuándo decidiste venir a España y por qué? ¿Cómo llegaste y como ha sido tu experiencia en Andalucía y Sevilla en concreto?

S.K: Decidí venir a España en 1994, porque se me presentó la oportunidad, y quería salir a fomentar, transmitir y hacer visible la música a través de mi Kora. Llegué a España con un grupo de danza y música, en el cual yo era percusionista y a la vez Korista. Vinimos para hacer una gira de festivales folclóricos. Mi experiencia en Andalucía fue dura como la vida misma, ya que no es nada fácil estar en un país desconocido, y musicalmente hablando con un instrumento “raro”, diferente… No fue fácil encajar. A día de hoy sigue siendo difícil encajar, aunque actualmente la sociedad está más abierta a conocer culturas diferentes y eso hace que sea un poco más fácil para mí.

En Sevilla, concretamente, como ya he dicho, sigue siendo un camino difícil, aunque he tenido el placer de conocer a grandes músicos. Pero aun así, sigue siendo complicado hacerse visible y poner sobre la mesa el verdadero valor del mestizaje musical en la sociedad. No pretendo que la gente cambie solo que sepan valorar y enriquecerse abriéndose a otras opciones

G.S: ¿Qué elementos de la música folklórica andaluza y/o española coinciden con la música folklórica mandinga? ¿Cuáles se alejan según tu propia percepción?

Música africana.

Sirifo Kouyaté.

S.K: A mi entender y según mis sentimientos, toda la música folklórica de Andalucía y de África es muy similar, diría que prácticamente son iguales, solo que fueron desarrolladas en lugares diferente donde cada lugar lo interpreta con su esencia y sobre todo Sevilla y Andalucía, por la propia historia de la diversidad cultural que ha habido. De hecho, no considero que sea un artista que hace música africana, solamente un músico de origen africano que hace música.

G.S. Hablemos de Sila Kadian. ¿Es tu primer disco? ¿Qué podemos encontrar en él?

S.K: Sila Kadian es mi primer disco en solitario, donde lo principal es la Kora. Anteriormente he participado en otros discos con otros grupos, o en temas de algún otro álbum, pero mi ilusión, mi sueño era expresar mis emociones desde las cuerdas de mi Kora, y al final lo he conseguido. El nombre Sila Kadian quiere decir “el largo camino” en Mandinga, Bambara, Dioula y Soso –las lenguas mas habladas del imperio Mandinga– y refleja mi trayectoria y vivencia personal y musical hasta día de hoy.

En el disco podemos encontrar ritmos con gran calidad y diversidad musical, hay ritmos desde el sur de Senegal hasta el Guadalquivir, pasando por otros países africanos.

G.S: ¿Dónde lo has grabado?

S.K: Lo grabé en Senegal, exactamente en Dakar, en el estudio de Sidy Samb.

G.S. ¿Qué discográfica te ha editado y qué expectativas tienes con el álbum?

S.K. Música Fundamental es la discográfica que apostó por mí para sacar este disco, contando también con muchísimas personas que siempre me han apoyado y animado. Mi intención es realizar giras por todo el mundo ya que creo que muchísimas personas se sentirán identificadas con este disco. En el trabajo podemos encontrar grandes colaboraciones con artistas muy importantes en el panorama musical africano como son: Sidy Samb, Fatou Sissoko, Fatoumata Mballo, Filidie Kouyaté, Sabel Dieng…

G.S. ¿Cuéntanos quiénes son? ¿Y por qué decidiste grabar en Senegal?

S.K: Aparte de tener la emoción y la ilusión de grabar mi primer disco en Senegal, una de las razones que más me motivó fue la diversidad que podría tener allí, con artistas tan talentosos y con la variedad del Mandinga, Wolof, Peul…y también la gran oportunidad de contar con una de las mejores voces de la música tradicional senegalesa Adjia Darro Mbaye. Conseguir que allí, en Senegal, se canten palos flamencos, lo considero un exitoso mestizaje cultural.

G. S: La música senegalesa ha destacado a nivel internacional tanto por el Mbalax como por bandas que han adoptado la música cubana como Africando o Orchestra Baobab, que han triunfado a nivel internacional. Más recientemente nos encontramos con jóvenes músicos como Hervé Samb, que nos sorprende con una interesante mezcla que él ha apodado como “Jazz Sabar” o una hornada de músicos experimentales como Ibaaku. ¿Qué crees que aporta tu estilo al panorama musical senegalés?

S.K: Mi estilo es una aportación para hacer más grande y enriquecer todos estos ritmos. En Sila Kadian hay una gran diversidad musical, cante mandinga, afro-flamenco, un poco de jazz…simplemente lo veo como… ¡¡Música!!

Senegal y Sudáfrica ¿a por el Oscar 2018?

Hoy es el día. Poco después de las 15.00 hora española conoceremos los cinco trabajos seleccionados para competir por el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa. Es cierto que bajo la dirección del nuevo presidente John Bailey (Mejor..Imposible, 1997) quien asumía el timón de la Academia de Hollywood hace unos meses, se han introducido algunos cambios para tratar de mitigar los errores que tuvieron lugar el año pasado al anunciar al ganador de la mejor película (que finalmente fue para Moonlight, del director Barry Jenkins). Pero la herencia de la representación blanca, masculina y occidental, continúa siendo la tónica general.

Este año se han presentado un total de 92 filmes para optar a la mejor película extranjera, una cifra récord ya que en 2017 se consideraron elegibles 85. Y de estas 92, han entrado por primera vez en las apuestas países como Haití, Honduras, Laos, Siria o, en el caso africano, Mozambique y Senegal. El trabajo de criba es demoledor. Solo nueve películas pasaron el corte y en unas horas sabremos cuáles se sentarán en el Dolby Theater de Hollywood (Los Ángeles) para la gala de premios de la 90 edición que asegura estar politizada con discursos en contra de las salidas de tono cada vez más frecuentes y peligrosas del presidente norteamericano Donald Trump. Por cierto, la Academia continúa firme en mimar a las productoras Sony Pictures Classics y Magnolia Pictures que lideran esta categoría con tres y dos películas, respectivamente.

Las dos películas africanas entre las 9 candidatas

Sudáfrica: Inxeba, 2017. Director: John Trengove

Inxeba explora de forma rígida e inquebrantable la masculinidad negra situándolo en un entorno aún más silencioso, la iniciación Xhosa. Además, el director construye su mundo con ángulos de cámara íntimos y fotos de naturaleza encantadoras.

Aquí la crítica de la película.

Senegal: Félicité, 2017. Director: Alain Gomis

El nuevo trabajo de Gomis es un canto a la vida. Un tratado de resiliencia visual y musical de más de dos horas y que relata los pormenores de una madre soltera de Kinshasa, Félicité, cuya rutina cambia el día en que su hijo sufre un accidente de tráfico.

Aquí la crítica de la película.


A parte de las seleccionadas Inxeba y Félicité, las películas africanas que se presentaron para competir a la Mejor Película de Habla no Inglesa fueron estas.

Argelia: Road to Istanbul, 2016 Director: Rachid Bouchareb.

Egipto: Sheikh Jackson, 2017. Director: Amr Salama.

Kenia: Kati Kati, 2016. Director: Mbithi Masya.

Marruecos: Razzia, 2017. Director: Nabil Ayouch.

Mozambique: El tren de la sal y el azúcar, 2017. Director: Licinio Azevedo.

Aquí la crítica de la película.

Túnez: The Last of Us, 2016. Director: Ala Eddine Slim.

 

Hervé Samb alumbra un nuevo estilo: el «Jazz Sabar»

‘Sabar’ es una palabra wolof que refiere a una constelación de eventos culturales, ritmos percutidos y bailes representativos de la sociedad wolof y serer de Senegal. Principal lenguaje expresivo de los Dakarois (nombre con el que se conoce a los residentes de Dakar), ha pervivido a lo largo de los siglos como una característica sociocultural intrínseca en Senegal. Hoy, con 38 años y un largo recorrido musical por escenarios de todo el mundo, el virtuoso guitarrista senegalés Hervé Samb lo pone en el epicentro de su cuarto álbum de estudio, Teranga, que verá la luz el 9 de febrero de 2018, invitando al mundo a descubrir la cultura, la tradición y la danza “Sabar” revisada desde el Jazz.

Adaptando con originalidad y delicadeza temas como el Giant Steps, clásico de John Coltrane, y respaldado por Daara J, Faada Freddy o N’Dongo D, su reinterpretación del Sabar refleja un talento brillante y un deseo de modernización del repertorio de la música senegalesa a través del lenguaje jazzístico sin precedentes. Un trabajo que el compositor dedica a los ya desaparecidos Doudou Ndiaye Rose y Coumba Dieng Ndiouga.

¿Quién es Hervé Samb?

H.S.: Un niño que comenzó a tocar la guitarra a la edad de 9 años, en Dakar (Senegal) y se convirtió en un apasionado de la música. Comencé tocando blues y grabé mi primer álbum a la edad de 12 años, con mi primera banda en ese momento. Descubrí la música Jazz con 14 años, junto a mi mentor Pierre Van Dormael (que por entonces ejercía de profesor en el Conservatorio de Dakar) quien me dio todas las llaves que necesitaba para desarrollar mi talento. A la edad de 19 años, me mudé a París, mi mejor patio de recreo, donde tuve la oportunidad de tocar muchos estilos de música con muchas bandas. Es el comienzo de una carrera internacional entre París y Nueva York, acompañando al saxofonista David Murray, a los malienses Amadou y Mariam o Oumou Sangaré, a la cantante Meshell Ndegeocello, a la estrella jamaicana Jimmy Cliff o al jazzman Marcus Miller.  A través de este viaje, grabé tres álbumes que muestran mi evolución y colaboraciones: Cross Over (2008), Kharit (2011) y Time to Feel (2013). Ahora, he decidido utilizar mi experiencia como senegalés junto a todo lo aprendido en los últimos 20 años y desarrollar un nuevo concepto llamado «Jazz Sabar» con mi último disco: Teranga (Cristal Records, 2018).

¿Cuáles son tus principales inspiraciones musicales?

H. S.: Son muy diversas. Pero diría que mi fundación se basa en BB King, Jimmy Hendrix, Charli Parker o John Coltrane, y que mi inspiración senegalesa, mandingue y wassolou son Soriba Kouyate, Cheikh Tidiane Seck, Youssou Ndour y todos los instrumentos tradicionales.

¿Y qué significa para tí el concepto de ‘Jazz Sabar’ que impregna tu cuarto álbum?

H.S.: Es muy simple, es un jazz que tiene un lenguaje totalmente diferente, donde podemos usar los diversos ritmos provenientes del Sabar (percusión senegalesa típica) con la complejidad del Jazz. Donde también improvisamos armónica y rítmicamente usando el lenguaje Sabar. Donde acercamos la danza Sabar, que es indisociable de las percusiones, al Jazz.

Tu álbum se titula Teranga, que significa hospitalidad, fraternidad y compartir en wolof. ¿Como la cultura Sabar integra el Jazz en tu obra? 

H.S.: La Teranga es un valor muy importante para nosotros, las personas senegalesas. Este proyecto es una oportunidad para mostrar este valor a través de la música. La música senegalesa a través de sus estilos tradicionales, la danza y el sabar acogen y abrazan al jazz.

¿Cómo y cuándo comenzaste a interesarte por el Jazz? ¿De qué manera el Jazz, un estilo poco desarrollado en Senegal, penetra en tu vida?

H.S.: Mi padre solía escuchar música Soul y Blues y tenía un club de música en vivo donde tuve la oportunidad de compartir música en directo e intercambiar conocimientos con músicos profesionales, muy jóvenes. Así que, naturalmente, comencé por el Blues, que me llevó al Jazz un poco más tarde porque tenía mucha curiosidad. Por eso que a la edad de 14 años llegué al Jazz. Quería desarrollarme musicalmente, y el Jazz es una escuela esencial para cualquier músico en el mundo que quiera desarrollar su talento.

Hemos escuchado a grandes músicos influenciados por Jazz en África. Desde Mulatu Astatke y su Ethiojazz, hasta Abdoullah Ibrahim y su Cape Jazz… ¿Crees que el ‘Sabar Jazz’ puede ser tomado por los amantes del Jazz internacional como un nuevo subgénero y que esto puede atraer oídos occidentales hacia África, en este caso, hacia Senegal?

H.S.: ¡Eso espero! Es un nuevo género que está muy cerca de los músicos senegaleses y también de todos los amantes de la música senegalesa. Cada vez habrá más música que promocionará el Sabar y ayudará al mismo tiempo a la promoción del Jazz Sabar. Los músicos senegaleses de Jazz harán más y más discos. Y creo que a través de mi experiencia, todo está ahí para los oídos occidentales, el ritmo, sus hermosas armonías, su alegría, el romance, etc.

Tu agenda de conciertos te lleva por Suiza, Austria, Alemania o Francia de forma frecuente. ¿Dónde encuentras más público, en Europa o en África? ¿Y qué diferencias encuentras en la reacción de cada audiencia a tu estilo?

H.S.: En realidad, para mí da lo mismo, aunque haya diferentes reacciones. Cuando toco en Senegal, por ejemplo, realmente no necesito explicar nada porque conocen el lenguaje, incluso si nunca antes habían escuchado mi música. En Europa, me sorprende mucho ver que las personas entienden el mensaje y disfrutan descubriendo nueva música e instrumentos que nunca antes habían visto. Y eso me da la oportunidad de invitarlos a venir y descubrir nuestra «Teranga» a Senegal.