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“Alida y el reino de Uluf”, literatura fantástica basada en la tradición africana

Eric G. Moral ha hecho un complicado ejercicio. En Alida y el reino de Uluf no sólo ha construido una historia inspirándose en la tradición y la cosmovisión diolá, sino que además lo ha hecho intentando trasladar también los códigos culturales que hacen que esas creencias se vivan de una manera concreta. Este joven escritor catalán no sólo ha intentado acercarnos una realidad, sino que además pretende que entendamos como la viven sus protagonistas. La primera novela de Eric G. Moral es una feliz provocación por el descaro con el que rompe y supera la mayor parte de los estereotipos. Mañana jueves, el mismo autor presenta el libro en Barcelona, en la librería Gigamesh.

Eric G. Moral, el historiador catalán autor de “Alida y el reino de Uluf”. Foto: Carlos Bajo

Este historiador puede permitirse el complicado ejercicio por la familiaridad que tiene con la realidad de la que habla. Estudiante de Historia en la Universidad de Barcelona, se acercó a la realidad africana de la mano de uno de los gurús del africanismo en el Estado, Ferran Iniesta, y fue cocinando su pasión en ese círculo de estudios africanos barcelonés que fija su atención en cuestiones históricas, antropológicas o filosóficas del continente. Así, hasta dar el salto a la Casamance, al sur de Senegal, donde se fue acercado a diferentes aspectos de la tradición diolá y ha acabado estudiando la huella del paso de la colonización por los sistemas de organización locales, como parte de su tesis doctora. La historia de Alida y el reino de Uluf le ha permitido dar una nueva dimensión a todas las experiencias que ha vivido, sin el corsé de la academia, pero con el más profundo respeto a sus protagonistas.

¿Qué nos puedes explicar del argumento de Alida y el reino de Uluf sin desvelar el misterio?

La historia se desarrolla en un país imaginario, Bubayum, y cuenta la aventura de una niña africana adoptada, Alida, que tiene que regresar a su país de origen para buscar a su padre que ha desaparecido. A Alida, le acompañará Sam, que es un niño alemán que representa exactamente lo contrario de Alida, es un escéptico, no cree en la magia, está lleno de estereotipos…

Vayamos por partes, Bubayum es un país ficticio, pero se parece bastante a una territorio real, ¿no es así?

Evidentemente, cualquiera que conozca un poco la Casamance, al sur de Senegal, reconocerá en Bubayum la zona de la Baja Casamance, que es la zona en la que yo he trabajado. Es una especie de homenaje a mis amigos diolás. Y tampoco es que intente ocultarlo, la gente que vive en Bubayum son los kiolás. Son más bien guiños y he preferido marcar una distancia por la parte de ficción que también hay.

Ambientar una novela en África, no es habitual y cuando se hace, en la mayor parte de los casos, es un simple escenario…

Sí, es cierto. En mi caso, he intentado que sea algo distinto. He querido presentar una parte de África que conozco y he intentado dibujarla de la manera más parecida a como la perciben mis amigos. De hecho hay frases textuales que me han dicho a lo largo de mis viajes a mi para explicarme las cosas.

Y, ¿por qué los protagonistas son precisamente dos niños?

En realidad, tengo debilidad, desde siempre, por las historias protagonizadas por niños y creo que le pasa a mucha gente, ¿no? Supongo que es algo así como una vuelta a la infancia que te lleva mucho más fácilmente a las aventuras que todos hemos imaginado. Por otro lado, los niños son más inocentes pero también son más abiertos y están más dispuestos a entender, a aceptar y a asumir cosas nuevas. Así que dentro de la historia me daban mucho más juego. Por ejemplo, la propia curva de la evolución de los personajes sólo es verosímil si son niños. Es decir, a medida que van encontrándose y conociendo algunas realidades, van cambiando su forma de pensar, van aceptando y reemplazando algunas creencias que tenían. Tal como ocurre, sólo es creíble si son niños, porque los adultos son mucho más reacios.

Has hablado de la magia, ¿qué importancia tiene la fantasía que en esta novela?

Yo crecí leyendo libros de literatura fantástica y soy un apasionado de este género. Cuando viajé por primera vez a la Casamance de repente descubrí un lugar en el que esa dimensión que nosotros consideramos fantástica está completamente viva. La diferencia entre lo que es real y lo que no, es difusa, hay cosas que nosotros consideramos brujería, pero que allí forma parte de la vida cotidiana y que además es transversal, se presenta de muchas manera y en diferentes ámbitos de la vida con mucha naturalidad. No hay ningún conflicto en la relación entre los sobrenatural y la vida real. Y ese ambiente, evidentemente está muy presente en la historia.

Pero no debe ser fácil acceder a esa relación entre el mundo invisible y el visible.

Bueno, relativamente. Yo tengo la sensación de que cuando te acercas, hablo en el caso de la Casamance que yo conozco, de manera honesta, con voluntad de conocer y no con voluntad de juzgar, la gente te va explicando cosas y de repente te encuentras con que todo el mundo conoce casos de revenants, es decir, de muertos que han vuelto y que es algo muy habitual. Está claro que hay partes secretas en las creencias, pero creo que lo fundamental es la manera en la que se acerca el observador. Si ven que realmente te interesas, te cuentan muchas cosas, porque les encanta hablar sobre su cultura, lo que ocurre es que les duele que se les desprecie.

El historiador Eric G. Moral, ha aprovechado sus investigaciones para acercar una nueva visión de África. Foto: Carlos Bajo

¿Por qué has decidido escribir una novela juvenil?

Creo que hay un déficit importante en el sistema educativo respecto a todo lo que tiene que ver con África y espero que esta sea una herramienta más para acercarse al continente. Habitualmente, por ejemplo, cuando a los estudiantes se les explica la colonización en realidad no se les está explicando la colonización sino la presencia de los europeos en África. En la novela se habla sobre el periodo colonial pero desde la óptica de los africanos. Al fin y al cabo, los niños son los adultos del mañana, ¿no?

¿Así que hay una intención, digamos, pedagógica en Alida y el reino de Uluf?

Bueno, mi principal objetivo es entretener, pero sí que es cierto que intento romper estereotipos. Es un poco delicado, porque intento darle la vuelta a las ideas preconcebidas, pero la protagonista, Alida, es una niña adoptada y en Bubayum hay una rebelión, que son dos estereotipos habituales. Sin embargo, cuando avanza el relato se ven las particularidades de la adopción de Alida y también de la rebelión en Bubayum.

Hablas de magia y de brujería, por ejemplo. Cuando se habla de estas realidades tan diferentes y que en nuestra cultura tienen connotaciones tan negativas, ¿no es un problema, incluso, la lengua? Es decir, escoger las palabras que no tengan esa carga y que se entiendan, ¿no es un inconveniente?

Pues sí, era algo que me preocupaba mucho. Claro, lo que para nosotros representa la palabra “brujería”, no es lo mismo que representa para los kiolá de la historia, o para los diolá del mundo real. Pero tampoco tenemos otra palabra para esa realidad. Por ejemplo, en el caso de los fetiches, le di muchas vueltas e incluso estuve debatiendo con mi editor. Al final decidimos que valía más la pena utilizar la palabra diolá bakin (que se pronuncia bachin), explicando en el libro a qué realidad se corresponde esa palabra. La verdad es que es un poco complicado y que hay un riesgo de que el lector se confunda. He intentado ser muy respetuoso y mostrar las creencias y las tradiciones sin caer en la superficialidad.

Precisamente, ahora la literatura fantástica y sobrenatural de autores africanos está recibiendo reconocimiento internacional. Hay quién dice que África es un filón en este género. ¿Qué te parece?

En gran medida estoy de acuerdo. En África encontramos miles de historias inspiradoras para los que nos gusta la ciencia ficción, pero al mismo tiempo hay algunos riesgos, porque esas historias para las personas que las viven son reales. Creo que hay que acercarse a esa realidad, a esa relación entre lo visible y lo invisible siempre con mucho, con muchísimo respeto. Además hay que tener en cuenta el riesgo de la apropiación cultural… Repito, que creo que la clave es el respeto. Pero además de la literatura fantástica es muy interesante ver cómo en los autores africanos esa dimensión sobrenatural entra de una manera muy sencilla en la literatura realista, precisamente, por esos códigos culturales. Ese también es un fenómeno curioso.

¿Cómo se han tomado la historia las personas en las que te has inspirado, tus amigos diolá?

La mayoría todavía no han tenido oportunidad de leerla, pero sí que le he hablado muchas veces del proyecto. Cuando lo hacía, se reían y me decían que tuviese cuidado porque si contaba esas cosas me iban a tomar por loco.

Selly Raby Kane, la creatividad personificada

* Isabel Obama Matogo

Todo lo que toca lo renueva, por algo es la reina del afrofuturismo ‘made in’ Senegal. Polifacética y ecléctica, Selly Raby Kane reencarna a la perfección los atributos de creativa e innovadora. De ahí que hayamos querido sacar a relucir la cautivadora obra de esta diseñadora de moda senegalesa con motivo del Día Mundial de la Creatividad y la Innovación, que se conmemora el próximo 21 de abril por primera vez de manera oficial en todo el planeta.

Selly Raby Kane

Dice la ONU que esta celebración nace “con el objetivo de promover el pensamiento creativo multidisciplinar que nos pueda ayudar a conseguir el futuro sostenible que queremos”. El pensamiento creativo de Kane promueve una realidad afrofuturista, que no es otra cosa que una reivindicación plasmada a través de la ciencia ficción y la fantasía para concebir una nueva identidad africana. Y desde luego es multidisciplinar: Moda, vídeos musicales, su propio cortometraje y dirección creativa de eventos.

“Me encanta contar historias, me encanta expresar mi verdad interna”, explica la diseñadora en la conferencia Design Indaba 2015, la plataforma sudafricana de diseño y creatividad, que dos años más tarde le pediría mucho más que una charla: la dirección creativa del festival anual Design Indaba 2017, el evento más importante de este prestigioso colectivo.

Fotografía de Omar Victor Diop

Diez años antes de que esto ocurriera, tal y como rememora Kane en su charla, recién graduada en Administración y Empresas y a punto de volver desde París a su país, “decidí empezar a dibujar de nuevo porque cuando era más joven solía hacerlo mucho. Y dibujé cosas, y esas cosas se convirtieron en ropa, y la ropa se convirtió en colecciones. Y esa fue mi primera experiencia en el mundo de la moda”.

Entonces reorientó su rumbo y tras realizar sus estudios en moda y vivir un tiempo en Nueva York, regresa a Dakar, donde conoce a Les petites pierres, un grupo de creadores activistas que, a través de responsabilidades sociales, y ayudando a las nuevas generaciones de artistas del background a coger impulso, trata de instaurar nuevas formas de expresión artística en la ciudad. Pronto se convirtió en una referente y líder que supo atraer todas las miradas y dar voz a todas aquellas creaciones a su alrededor.

“En Dakar no es como en otras grandes ciudades con grandes desfiles a los que van compradores y editores, en Dakar el desfile es más una performance. Para nosotros es más un espectáculo. Así que cuando presento una colección quiero que la gente que asiste se introduzca en un universo, quiero sumergirles en una historia y quiero hacerles sentir fuera del tiempo y el espacio. Supongo que esto me viene de mi infancia, en la que solía ver un montón de películas de terror y fantasía con mi padre. Todo sale a flote en el proceso creativo”, explica para Design Indaba en un vídeo en el que afirma que sus diseños no se centran sólo en la ropa, sino que también tratan sobre historia.

Parte de la colección ‘Dakar city of birds’ / Fotografía de Jean-Baptiste Joire

Para muestra la presentación, en 2014, de su colección Alien Cartoon, donde consigue fascinar a miles de espectadores al llevar a cabo el desfile en una antigua estación de trenes que lleva al futuro a través de una invasión de alienígenas. Su colección  Otoño / Invierno 2015 ‘Dakar City of Birds’ salta el charco y encandila a la jet set, como es el caso de Beyoncé, que en los últimos años se ha mostrado fan absoluta de los diseños africanos. Y junto a Omar Victor Diop, ya en 2016, produce la serie de retratos ‘Mindset’, exhibida en el Grand Palais por la feria de arte Paris Photo. Y así llegamos hasta la actualidad, tras su imparable carrera como miembro del Design Indaba, que también ha contado con ella para la colaboración que el colectivo ha hecho con IKEA para su catálogo 2019. ¿Cuál será el próximo paso de la diseñadora senegalesa? ¡En Wiriko estaremos atentos!

La urgencia de celebrar las cineastas africanas

*Charles Ayetan, desde Lomé (Togo)

El paisaje de la cinematografía africana ha estado esencialmente compuesto por hombres y “rociado de algunas raras figuras femeninas”(1). Entre las pioneras se encuentran la egipcia Aziza Amir, cuyo verdadero nombre era Mofeeda Mahmoud Ghoneim (1901-1952) que dirigió la película Laila (Egipto, 1927), la camerunesa Thérèse Sita-Bella (1933-2006), y la senegalesa Safi Faye que realizó en 1975, Lettre paysanne (Kaddu Beykat), el primer largometraje de una africana negra. Su película Mossane fue seleccionada en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Ouagadougou (Fespaco) en 1997.

Safi Faye fue la primera mujer en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje «La passante», realizado en 1972.

La senegalesa Safi Faye fue la primera mujer africana en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje La passante, filmado en 1972.

Después de estos primeros años, podemos mencionar otros nombres como los de la argelina Djamila Sahraoui, quien ganó el Etalon de plata en el Fespaco de 2013 con su largometraje Yema; la cineasta togolesa Anne-Laure Folly, quien ha dirigido una veintena de documentales sociopolíticos, incluido Les Oubliés, en el que aborda la guerra de los 30 años en Angola a través de los ojos de las mujeres (2); la congolesa Monique Mbeka Phoba quien ha realizado una docena de documentales y una ficción, destacando Entre la coupe et l’élection (3), de 2007, y el cortometraje Sœur Oyo (2014) un trabajo que relata la vida de los estudiantes en un internado católico. Actualmente, la joven generación de mujeres cineastas del continente manifiestan su determinación para hacer su carrera en el séptimo arte, especialmente en las las escuelas de cine.

 

Actrices con talento

Aunque en general muchas de ellas aún no tienen una gran reputación como las estrellas de los circuitos occidentales (4), las actrices africanas no carecen de talento. De hecho, en los últimos años han destacado los premios en FESPACO de Samia Meziane, por su papel en Voyage à Alger (2011), de Abdelkrim Bahloul, o de Mariam Ouedraogo por su interpretación en Moi Zaphira (2013), de Apolline Traoré. Dos años más tarde, Maïmuna N ‘Diaye en la película L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ganó el premio a la mejor actriz, un galardón que en 2017 fue para Noufissa Benchahida en el filme A la recherche du pouvoir perdu, de Mohamed Ahmed Bensouda.

El dúo de la beninesa Tella Kpomahou y la maliense Fatoumata Diawara contribuyeron sin duda al éxito del largometraje Il va pleuvoir sur Conakry, del guineano (fallecido hace un año) Cheick Fantamady Camara, una película que ganó en 2007 el premio que concede la cadena de radio pública francesa RFI. Recientemente la congolesa Véronique Tshanda Beya ha ganado el premio a la mejor actriz por su papel en Felicité (2017), del director franco senegalés Alain Gomis, en el Festival de Cine de Cartago (Túnez) o el Festival de Khouribga (Marruecos), entre otros.

 

Los festivales de cines africanos para mujeres

Son muchas las iniciativas que promueven el éxito de las mujeres en África y, de hecho, son varios los eventos que apuntan a ofrecer esta perspectiva en el plano cinematográfico. Este es el caso de los festivales de cine para mujeres como el Festival International du Film de Femmes de Salé (Marruecos), el Mis Me Binga (Camerún), el Festival Films Femmes Afrique (Senegal) o el Festival Africain des Films de Femmes Cinéastes (Togo) cuya primera edición comenzará dentro de unos días, entre el 10 y 20 de marzo de 2018.

 

Sin embargo, a pesar de disponer de estas plataformas de promoción, podemos afirmar que no se celebra lo suficiente el papel de las cineastas africanas en el continente. El desafío es desalentador y los actores culturales tienen los medios para tomar medidas que impulsen a las mujeres africanas al rango de estrellas como la actriz y productora sudafricana Charlize Theron.

 

* El togolés Charles Ayetan es periodista, crítico de cine y miembro de la Association des journalistes et critiques de cinéma (AJCC) de Togo. Colabora con la revista Présence Africaine, y el portal Africiné.org de la Federación Africana de Críticos de Cine, donde es responsable de la comunicación. Tuitea desde @CharlesAyetan

 

Traducción por Sebastián Ruiz-Cabrera

Referencias

(1) LEQUERET Elisabeth (1998). “L’Afrique filmée par des femmes”, Le Monde diplomatique, agosto, p.11.

(2) BARLET Olivier (1997). “Quel est le regard d’une femme cinéaste?”, Africultures, 1997.

(3) DIKU Roger (2011). “Entre la coupe et l’élection, un film en hommage de nos Léopards 1974”, Congoone, 20 abril.

(4) PALMIER Jean Joseph (2006). La femme noire dans le cinéma contemporain : star ou faire-valoir?, Ed. L’Harmattan, 2006

Películas

A la recherche du pouvoir perdu (2017), de Mohamed Ahmed Bensouda, ficción, Marruecos.

Entre la coupe et l’élection (2007), de Monique Mbeka Phoba y Guy Kabeya Muya, documental, RDC.

Félicité (2017), de Alain Gomis, ficción, Senegal.

Il va pleuvoir sur Conakry (2006), Cheick Fantamady Camara, ficción, Guinea.

Laila (1927), de Aziza Amir, ficción, Egipto.

Les Oubliées (1997), de Anne-Laure Folly, documental, Francia.

Lettre paysanne (1975), de Safi Faye, ficción, Senegal

L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ficción, Burkina Faso.

Moi Zaphira (2012), de Apolline Traoré, ficción, Burkina Faso.

Mossane (1996), de Safi Faye, ficción, Senegal.

Sœur Oyo (2013), Monique Mbeka Phoba, ficción histórica, RDC.

Voyage à Alger (2009), Abdelkrim Bahloul, ficción, Argelia.

Yema (2012), Djamila Sahraoui, ficción, Argelia.

 

Sirifo Kouyaté, un Griot y su Kora a orillas del Guadalquivir

Con 48 años y una historia de migración desde el sur de Senegal hasta el sur de España, el Griot Sirifo Kouyaté acaba de dar a luz a su primer álbum en solitario. Se trata de una gema que, a través del arte de la Kora –uno de los instrumentos por excelencia del África Occidental–, emparienta la música de Casamance con la tradición sonora flamenca de raíces árabes. Y nos recuerda ese fino hilo invisible en forma de sonido y vibración que nos ha legado la historia entre la Península Ibérica y África, o aquello que hace que la cultura africana no nos sea para nada ajena. Asentado en Sevilla, pero con un pie perennemente en Dakar o Kolda, hoy conocemos un poco mejor a este Griot afincado a orillas del Guadalquivir.

Música africana

Sirifo Kouyaté.

Gemma Solés: ¿Cuéntanos quién es y de dónde proviene Sirifo Kouyaté?

Sirifo Kouyaté: Nací el 17 de Agosto de 1969 en Kolda, al sur de Senegal. Provengo de una familia de Griots. Los Griots son trovadores, narradores de historias, pero con una peculiaridad, que narran las historias a través de la música. Entre los instrumentos mas destacados de los Griots está la Kora, mi instrumento. Entre las familias mas reconocidas y populares de los Griots se encuentran los Kouyaté, Sissoko y Diabaté, y yo provengo de cada uno de ellos. Kouyaté por parte de padre, Sissoko por parte de madre y Diabate por parte de mi abuela materna.

G.S. ¿Qué significa para tí tocar la Kora? ¿Qué valor tiene la Kora en tu cultura?

Música africana

Sirifo Kouyaté.

S.K: La Kora es considerada el instrumento más entrañable, armónico, sensible y bello del imperio Mandinga. Este imperio abarca desde el sur de Senegal hasta Níger, pasando por Gambia, Guinea Bissau, Guinea Conakry, Mali y Costa de Marfil. Para mí la Kora es algo muy especial ya que ha sido la única profesión familiar.

Mis padres me dieron la oportunidad de crecer gracias a ella. Y yo intento darle mi propio estilo para llevar a lo mas grande lo que es y significa para mí. Pero siempre sin olvidar y teniendo en cuenta la tradición.

Aunque he tenido muchos maestros los cuales me han ayudado a ser quien soy, el que mas me ha influenciado es Boubacar Sissoko, mi tío por parte de madre. Él me ayudó y me aportó la fortaleza y la capacidad para ser creativo y saber adaptar otros estilos y tener así un mestizaje como el que intento recrear con la Kora.

G.S. ¿Cuándo decidiste venir a España y por qué? ¿Cómo llegaste y como ha sido tu experiencia en Andalucía y Sevilla en concreto?

S.K: Decidí venir a España en 1994, porque se me presentó la oportunidad, y quería salir a fomentar, transmitir y hacer visible la música a través de mi Kora. Llegué a España con un grupo de danza y música, en el cual yo era percusionista y a la vez Korista. Vinimos para hacer una gira de festivales folclóricos. Mi experiencia en Andalucía fue dura como la vida misma, ya que no es nada fácil estar en un país desconocido, y musicalmente hablando con un instrumento “raro”, diferente… No fue fácil encajar. A día de hoy sigue siendo difícil encajar, aunque actualmente la sociedad está más abierta a conocer culturas diferentes y eso hace que sea un poco más fácil para mí.

En Sevilla, concretamente, como ya he dicho, sigue siendo un camino difícil, aunque he tenido el placer de conocer a grandes músicos. Pero aun así, sigue siendo complicado hacerse visible y poner sobre la mesa el verdadero valor del mestizaje musical en la sociedad. No pretendo que la gente cambie solo que sepan valorar y enriquecerse abriéndose a otras opciones

G.S: ¿Qué elementos de la música folklórica andaluza y/o española coinciden con la música folklórica mandinga? ¿Cuáles se alejan según tu propia percepción?

Música africana.

Sirifo Kouyaté.

S.K: A mi entender y según mis sentimientos, toda la música folklórica de Andalucía y de África es muy similar, diría que prácticamente son iguales, solo que fueron desarrolladas en lugares diferente donde cada lugar lo interpreta con su esencia y sobre todo Sevilla y Andalucía, por la propia historia de la diversidad cultural que ha habido. De hecho, no considero que sea un artista que hace música africana, solamente un músico de origen africano que hace música.

G.S. Hablemos de Sila Kadian. ¿Es tu primer disco? ¿Qué podemos encontrar en él?

S.K: Sila Kadian es mi primer disco en solitario, donde lo principal es la Kora. Anteriormente he participado en otros discos con otros grupos, o en temas de algún otro álbum, pero mi ilusión, mi sueño era expresar mis emociones desde las cuerdas de mi Kora, y al final lo he conseguido. El nombre Sila Kadian quiere decir “el largo camino” en Mandinga, Bambara, Dioula y Soso –las lenguas mas habladas del imperio Mandinga– y refleja mi trayectoria y vivencia personal y musical hasta día de hoy.

En el disco podemos encontrar ritmos con gran calidad y diversidad musical, hay ritmos desde el sur de Senegal hasta el Guadalquivir, pasando por otros países africanos.

G.S: ¿Dónde lo has grabado?

S.K: Lo grabé en Senegal, exactamente en Dakar, en el estudio de Sidy Samb.

G.S. ¿Qué discográfica te ha editado y qué expectativas tienes con el álbum?

S.K. Música Fundamental es la discográfica que apostó por mí para sacar este disco, contando también con muchísimas personas que siempre me han apoyado y animado. Mi intención es realizar giras por todo el mundo ya que creo que muchísimas personas se sentirán identificadas con este disco. En el trabajo podemos encontrar grandes colaboraciones con artistas muy importantes en el panorama musical africano como son: Sidy Samb, Fatou Sissoko, Fatoumata Mballo, Filidie Kouyaté, Sabel Dieng…

G.S. ¿Cuéntanos quiénes son? ¿Y por qué decidiste grabar en Senegal?

S.K: Aparte de tener la emoción y la ilusión de grabar mi primer disco en Senegal, una de las razones que más me motivó fue la diversidad que podría tener allí, con artistas tan talentosos y con la variedad del Mandinga, Wolof, Peul…y también la gran oportunidad de contar con una de las mejores voces de la música tradicional senegalesa Adjia Darro Mbaye. Conseguir que allí, en Senegal, se canten palos flamencos, lo considero un exitoso mestizaje cultural.

G. S: La música senegalesa ha destacado a nivel internacional tanto por el Mbalax como por bandas que han adoptado la música cubana como Africando o Orchestra Baobab, que han triunfado a nivel internacional. Más recientemente nos encontramos con jóvenes músicos como Hervé Samb, que nos sorprende con una interesante mezcla que él ha apodado como “Jazz Sabar” o una hornada de músicos experimentales como Ibaaku. ¿Qué crees que aporta tu estilo al panorama musical senegalés?

S.K: Mi estilo es una aportación para hacer más grande y enriquecer todos estos ritmos. En Sila Kadian hay una gran diversidad musical, cante mandinga, afro-flamenco, un poco de jazz…simplemente lo veo como… ¡¡Música!!

Senegal y Sudáfrica ¿a por el Oscar 2018?

Hoy es el día. Poco después de las 15.00 hora española conoceremos los cinco trabajos seleccionados para competir por el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa. Es cierto que bajo la dirección del nuevo presidente John Bailey (Mejor..Imposible, 1997) quien asumía el timón de la Academia de Hollywood hace unos meses, se han introducido algunos cambios para tratar de mitigar los errores que tuvieron lugar el año pasado al anunciar al ganador de la mejor película (que finalmente fue para Moonlight, del director Barry Jenkins). Pero la herencia de la representación blanca, masculina y occidental, continúa siendo la tónica general.

Este año se han presentado un total de 92 filmes para optar a la mejor película extranjera, una cifra récord ya que en 2017 se consideraron elegibles 85. Y de estas 92, han entrado por primera vez en las apuestas países como Haití, Honduras, Laos, Siria o, en el caso africano, Mozambique y Senegal. El trabajo de criba es demoledor. Solo nueve películas pasaron el corte y en unas horas sabremos cuáles se sentarán en el Dolby Theater de Hollywood (Los Ángeles) para la gala de premios de la 90 edición que asegura estar politizada con discursos en contra de las salidas de tono cada vez más frecuentes y peligrosas del presidente norteamericano Donald Trump. Por cierto, la Academia continúa firme en mimar a las productoras Sony Pictures Classics y Magnolia Pictures que lideran esta categoría con tres y dos películas, respectivamente.

Las dos películas africanas entre las 9 candidatas

Sudáfrica: Inxeba, 2017. Director: John Trengove

Inxeba explora de forma rígida e inquebrantable la masculinidad negra situándolo en un entorno aún más silencioso, la iniciación Xhosa. Además, el director construye su mundo con ángulos de cámara íntimos y fotos de naturaleza encantadoras.

Aquí la crítica de la película.

Senegal: Félicité, 2017. Director: Alain Gomis

El nuevo trabajo de Gomis es un canto a la vida. Un tratado de resiliencia visual y musical de más de dos horas y que relata los pormenores de una madre soltera de Kinshasa, Félicité, cuya rutina cambia el día en que su hijo sufre un accidente de tráfico.

Aquí la crítica de la película.


A parte de las seleccionadas Inxeba y Félicité, las películas africanas que se presentaron para competir a la Mejor Película de Habla no Inglesa fueron estas.

Argelia: Road to Istanbul, 2016 Director: Rachid Bouchareb.

Egipto: Sheikh Jackson, 2017. Director: Amr Salama.

Kenia: Kati Kati, 2016. Director: Mbithi Masya.

Marruecos: Razzia, 2017. Director: Nabil Ayouch.

Mozambique: El tren de la sal y el azúcar, 2017. Director: Licinio Azevedo.

Aquí la crítica de la película.

Túnez: The Last of Us, 2016. Director: Ala Eddine Slim.

 

Hervé Samb alumbra un nuevo estilo: el «Jazz Sabar»

‘Sabar’ es una palabra wolof que refiere a una constelación de eventos culturales, ritmos percutidos y bailes representativos de la sociedad wolof y serer de Senegal. Principal lenguaje expresivo de los Dakarois (nombre con el que se conoce a los residentes de Dakar), ha pervivido a lo largo de los siglos como una característica sociocultural intrínseca en Senegal. Hoy, con 38 años y un largo recorrido musical por escenarios de todo el mundo, el virtuoso guitarrista senegalés Hervé Samb lo pone en el epicentro de su cuarto álbum de estudio, Teranga, que verá la luz el 9 de febrero de 2018, invitando al mundo a descubrir la cultura, la tradición y la danza “Sabar” revisada desde el Jazz.

Adaptando con originalidad y delicadeza temas como el Giant Steps, clásico de John Coltrane, y respaldado por Daara J, Faada Freddy o N’Dongo D, su reinterpretación del Sabar refleja un talento brillante y un deseo de modernización del repertorio de la música senegalesa a través del lenguaje jazzístico sin precedentes. Un trabajo que el compositor dedica a los ya desaparecidos Doudou Ndiaye Rose y Coumba Dieng Ndiouga.

¿Quién es Hervé Samb?

H.S.: Un niño que comenzó a tocar la guitarra a la edad de 9 años, en Dakar (Senegal) y se convirtió en un apasionado de la música. Comencé tocando blues y grabé mi primer álbum a la edad de 12 años, con mi primera banda en ese momento. Descubrí la música Jazz con 14 años, junto a mi mentor Pierre Van Dormael (que por entonces ejercía de profesor en el Conservatorio de Dakar) quien me dio todas las llaves que necesitaba para desarrollar mi talento. A la edad de 19 años, me mudé a París, mi mejor patio de recreo, donde tuve la oportunidad de tocar muchos estilos de música con muchas bandas. Es el comienzo de una carrera internacional entre París y Nueva York, acompañando al saxofonista David Murray, a los malienses Amadou y Mariam o Oumou Sangaré, a la cantante Meshell Ndegeocello, a la estrella jamaicana Jimmy Cliff o al jazzman Marcus Miller.  A través de este viaje, grabé tres álbumes que muestran mi evolución y colaboraciones: Cross Over (2008), Kharit (2011) y Time to Feel (2013). Ahora, he decidido utilizar mi experiencia como senegalés junto a todo lo aprendido en los últimos 20 años y desarrollar un nuevo concepto llamado «Jazz Sabar» con mi último disco: Teranga (Cristal Records, 2018).

¿Cuáles son tus principales inspiraciones musicales?

H. S.: Son muy diversas. Pero diría que mi fundación se basa en BB King, Jimmy Hendrix, Charli Parker o John Coltrane, y que mi inspiración senegalesa, mandingue y wassolou son Soriba Kouyate, Cheikh Tidiane Seck, Youssou Ndour y todos los instrumentos tradicionales.

¿Y qué significa para tí el concepto de ‘Jazz Sabar’ que impregna tu cuarto álbum?

H.S.: Es muy simple, es un jazz que tiene un lenguaje totalmente diferente, donde podemos usar los diversos ritmos provenientes del Sabar (percusión senegalesa típica) con la complejidad del Jazz. Donde también improvisamos armónica y rítmicamente usando el lenguaje Sabar. Donde acercamos la danza Sabar, que es indisociable de las percusiones, al Jazz.

Tu álbum se titula Teranga, que significa hospitalidad, fraternidad y compartir en wolof. ¿Como la cultura Sabar integra el Jazz en tu obra? 

H.S.: La Teranga es un valor muy importante para nosotros, las personas senegalesas. Este proyecto es una oportunidad para mostrar este valor a través de la música. La música senegalesa a través de sus estilos tradicionales, la danza y el sabar acogen y abrazan al jazz.

¿Cómo y cuándo comenzaste a interesarte por el Jazz? ¿De qué manera el Jazz, un estilo poco desarrollado en Senegal, penetra en tu vida?

H.S.: Mi padre solía escuchar música Soul y Blues y tenía un club de música en vivo donde tuve la oportunidad de compartir música en directo e intercambiar conocimientos con músicos profesionales, muy jóvenes. Así que, naturalmente, comencé por el Blues, que me llevó al Jazz un poco más tarde porque tenía mucha curiosidad. Por eso que a la edad de 14 años llegué al Jazz. Quería desarrollarme musicalmente, y el Jazz es una escuela esencial para cualquier músico en el mundo que quiera desarrollar su talento.

Hemos escuchado a grandes músicos influenciados por Jazz en África. Desde Mulatu Astatke y su Ethiojazz, hasta Abdoullah Ibrahim y su Cape Jazz… ¿Crees que el ‘Sabar Jazz’ puede ser tomado por los amantes del Jazz internacional como un nuevo subgénero y que esto puede atraer oídos occidentales hacia África, en este caso, hacia Senegal?

H.S.: ¡Eso espero! Es un nuevo género que está muy cerca de los músicos senegaleses y también de todos los amantes de la música senegalesa. Cada vez habrá más música que promocionará el Sabar y ayudará al mismo tiempo a la promoción del Jazz Sabar. Los músicos senegaleses de Jazz harán más y más discos. Y creo que a través de mi experiencia, todo está ahí para los oídos occidentales, el ritmo, sus hermosas armonías, su alegría, el romance, etc.

Tu agenda de conciertos te lleva por Suiza, Austria, Alemania o Francia de forma frecuente. ¿Dónde encuentras más público, en Europa o en África? ¿Y qué diferencias encuentras en la reacción de cada audiencia a tu estilo?

H.S.: En realidad, para mí da lo mismo, aunque haya diferentes reacciones. Cuando toco en Senegal, por ejemplo, realmente no necesito explicar nada porque conocen el lenguaje, incluso si nunca antes habían escuchado mi música. En Europa, me sorprende mucho ver que las personas entienden el mensaje y disfrutan descubriendo nueva música e instrumentos que nunca antes habían visto. Y eso me da la oportunidad de invitarlos a venir y descubrir nuestra «Teranga» a Senegal.

Borom Sarret: realismo, descolonización de las mentes y poesía visual

5ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Victor Gómez Fábrega

El cortometraje Borom Sarret (1963) de Ousmane Sembène, no solo es un hito por ser la primera película africana realizada en el continente por un director africano, sino también, por ser un temprano y demoledor análisis de la situación postcolonial, de denuncia a la nueva elite surgida en Senegal tras la independencia. Pero además con el análisis de esta obra intentaré enlazar el objetivo del cine de Sembène, concebido como una herramienta de educación y descolonización de las mentes, con un estilo narrativo muy clásico, casi didáctico, que describe-interpreta la realidad de su país y que no abandona para nada su parte artística (belleza del arte) aunque la premisa principal sea su función político-social: el cine como un catalizador para el cambio social, o en palabras del propio autor : “El cine es la escuela nocturna de mi pueblo”.

Para ser la primera película africana tras la época colonial, es una película muy directa y que rompe completamente con el cine anterior, rompe con muchas concepciones siendo la más importante y final la denuncia a la nueva burguesía africana dirigente surgida tras la independencia: una nueva clase dominante que perpetua el régimen colonial, alejada del pueblo y de las clases más bajas, una dominación más dura aún, pues es realizada desde dentro y que se reflejará en el carácter pesimista a lo largo de toda la película. Para Sembène, el futuro en la independencia se ha descubierto nada alentador para las clases más bajas, ahora oprimidas por una clase dirigente “local” que copia y mantiene relaciones de dominación occidentales. Esta dicotomía se presenta durante todo el film, y Sembène utiliza el contraste entre la ciudad “de los blancos” y la de los negros siguiendo para ello un día en la vida de un pobre carretero que se gana el pan llevando gente de un lado a otro.

Esta impactante dualidad es la que llevará al espectador a tomar autoconciencia, autoconocimiento, primer eslabón y principio para el cambio moral y político. Por eso para Sembène el cine es un instrumento-arma, la herramienta más potente para llegar a la población de Senegal que en esos años mayoritariamente no sabía leer ni escribir. Ousmane después de aprender a leer y escribir, y publicar una pequeña novela, regresó a Senegal con la independencia y rápidamente se persuade de que escribir para una población que no sabe leer no sirve de nada. Como dice el manifiesto del Tercer cine:

“A través de su acción el intelectual debe verificar cuál es el frente de trabajo en el que racional y sensiblemente desarrolla una labor más eficaz. Determinado el frente, la tarea que le corresponde es determinar dentro de él cuál es la trinchera del enemigo y dónde y cómo ha de emplazar la propia” (Getino y Solanas, 1969).

Ousmane Sembène elige el cine porque es el arte más cercano a la tradición oral africana y el medio de comunicación más potente y con más capacidad para acercar la realidad a las masas. Se formará en la antigua Unión Soviética y al regresar, realizará este cortometraje. Partiendo de esta dicotomía ricos-pobres, la película empieza con planos generales de Dakar como una ciudad moderna, con automóviles circulando por vías asfaltadas. Pero no tarda en aparecer el contraste, y esta primera parte de la película se desarrolla en la parte pobre, la de los negros, donde vive el carretero y su familia: chabolas y casas de madera, calles de tierra, donde las mujeres y niños se confunden en el mercado abarrotado, donde los mendigos –a los que muestra con toda su crudeza, deformados e ignorados por todos– piden y se arrastran, donde los griots cantan y la policía no existe. Toda esta parte de la trama va acompañada de música tradicional de fondo a la que se sobreponen los pensamientos del carretero en voz en off y algunos pequeños, pero significantes diálogos. Enseguida queda claro que el carretero, al igual que todos los de esa parte de la ciudad, son pobres o muy pobres, no les alcanza ni siquiera para pagarle el servicio.

La incertidumbre diaria de si podrá volver a casa con algo de dinero para alimentar a los suyos, es una duda crónica que acompaña el sinvivir del carretero como el chirriar de la rueda estropeada de su carro. Apenas llega a cobrar algo por acercar a la mujer embarazada a la maternidad, y rápidamente es embaucado por un griot que le canta sobre sus valientes ancestros y consigue arrancarle una propina; es el único instante de toda la película en que el carretero consigue evadirse de su pesimismo soñando con ese tiempo pasado en que todo fue mejor y le recuerda que aun conserva dignidad aun rebajado a esa vida de esclavo en la nueva independencia. De esta manera Sembène nos desliza uno de sus temas favoritos, la oposición entre tradición y modernidad. La crítica a la burocracia continúa en la escena en la que el carretero acompaña a un padre a llevar a su hijo muerto al cementerio y se le prohíbe la entrada por no tener los papeles correctos; el carretero no tiene más remedio que abandonar el cuerpo en el suelo y marcharse dejando al hombre lamentando la pérdida de su hijo.

En la segunda parte, el carretero se dirige a la parte noble de la ciudad por petición de un cliente, un negro bien vestido que ha ascendido y se traslada al barrio rico, donde los carros tienen prohibida la entrada. Después de discutir, el carretero no tiene más remedio que arriesgarse a llevarlo para ver si consigue al fin algo de dinero. Para mostrar el contraste, Sembène se recrea en grandes panorámicas, acompañadas de una alegre música de orquesta para acentuar la diferencia: allí todo son arboledas, calles ordenadas, pájaros que cantan y supuesta felicidad. Felicidad que no será tal para el carretero, que ve cómo le es confiscada su carreta, precisamente por haber entrado con ella a la parte rica de la ciudad, y a quien además su cliente abandona sin pagar (una muestra más del individualismo y la carencia de valores de la sociedad moderna).

La escena con el policía es brutal (se para la música), representante del gobierno y del nuevo sistema que perpetúa del colonial, aplasta definitivamente al carretero al multarle y confiscarle su único medio para ganarse la vida a la vez que le requisa la medalla que sugiere había conseguido como muchos senegaleses nativos luchando en el ejército francés; la bota militar del gobierno pisando la medalla ante la indefensa mano del carretero es una poesía visual accesible y entendible incluso para la gran parte de la sociedad senegalesa que en aquella época era analfabeta. ¿Es esta la nueva sociedad de la independencia? Es la dura cuestión que Sembène deja planteada a modo de conclusión; una sociedad moderna que acaba por explicar mediante la metáfora del semáforo cuyo color indica a cada momento lo que hay que hacer, obedecer sin cuestionarse, esa es la vida moderna en este país.

Esto entronca bien con las ideas expresadas en el manifiesto del Tercer cine que defiende que la revolución no arranca con la conquista del poder político al imperialismo y la burguesía, sino desde las masas que intuyen la necesidad del cambio y sus vanguardias intelectuales, a través de múltiples frentes, comienzan a estudiarlo y realizarlo (Getino y Solanas, 1969). Y en eso está Sembène. Esta función educativa es el fondo de su cine, pero a diferencia del Tercer cine, que desvincula la belleza de la obra de arte de las necesidades del proceso revolucionario, el cine de Sembène, aunque su misión principal sea la toma de autoconciencia como motor del cambio, no reniega para nada de la belleza formal, como muestra la poesía visual de sus imágenes y la música durante la película; a mi parecer, acercándola al realismo del cine italiano como en El ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio de Sica. Un cortometraje triste que deja un mal sabor de boca pero que refleja fielmente la realidad del momento en que se filmó, una sociedad desengañada con una independencia que no ha traído ni la libertad ni la prosperidad que preconizaba y que, al contrario, ha perpetuado un sistema con una clase colonizadora (nueva burguesía senegalesa dominante con pautas occidentales) y un pueblo que sigue viviendo en la miseria y apartado en sus barrios.

El carretero vuelve a casa abatido y más arruinado que cuando ha partido esa misma mañana; pensando que cada día es igual que el anterior o peor aún, y que solo le queda morirse. Al menos de nuevo en su pueblo puede volver a sentirse bien, entre los suyos, donde todos se conocen y no hay policías.


Getino, O. y Solanas, F. (1969). Hacia un tercer cine: Apuntes y experiencias para el desarrollo de un cine de liberación en el tercer mundo.

Las moralejas del aquí y allá de Bilal Traoré

Como todas las historias de migrantes, ésta tampoco fue fácil. Tras tres años de infructuosa peregrinación editorial, Los cuentos de Cuenta sin Contar, los cuentos de la flauta y el tambor, compendio de cuentos para jóvenes y adultos escritos por el senegalés Abdoulaye Bilal Traoré en lengua castellana, verá por fin la luz antes de final de año.

Los cuentos de Cuenta Sin Contar, cuentos de la flauta y el tambor from tazalunarbooks on Vimeo.

Como les pasa a los migrantes, esta historia fue a veces incomprendida y otras veces apreciada pero rechazada por no responder a ninguna casilla precisa en este sistema capitalista tan inflexible. Pero como toda buena persona, al final, encontró su sitio y el reconocimiento le llegó, como no podía ser de otra manera, de la gente de la calle.

Y es que como ya les sucediera a otras iniciativas de literatura nómada, como 3052 o El viaje de Ilombé, ha sido la participación colectiva, a través del micromecenazgo, la que ha conseguido su publicación bajo el sello La Taza Lunar, como una llamada de atención a parte de la industria editorial que va por detrás de la sensibilidad de la ciudadanía, curiosa de escuchar otras voces y reconocerse en historias diversas.

Portada de Los Cuentos de Cuenta Sin Contar de Bilal Traoré

Este libro tan “raro” responde a nada más extraño que la esencia del ser humano. Los cuentos de Cuenta sin Contar… están compuesto por diez historias universales en las que Bilal Traoré reflexiona y nos hace reflexionar sobre temas atemporales, como la emigración, el feminismo, el miedo a la diferencia, las guerras, la apertura de espíritu, lo cotidiano,… a través de relatos cargados de simbolismos y personajes curiosos, a veces naif a veces violentos, que no dejan indiferente.

En palabras de Carla Figueiras, profesora de literatura de la Universidad de Santiago de Compostela (USC): “Son mundos mágicos, pero reales a la vez, los que Cuenta Sin Contar nos ofrece, historias de tiempos pasados o presentes, poco importa, son relatos que nos encomiendan la tarea de crear un futuro mejor.”

Todas las historias son inventadas, pensadas, menos una: la que trata sobre la migración, que se basa en un hecho real “como no podía ser de otra manera, por respeto”, según explica Traoré. Algunos son relatos crudos como las guerras, en las que todos los personajes tienen nombre de operaciones militares desastrosas para la humanidad. Otros, esperanzadores, como el de Luca y Lula, dos palomas de la pontevedresa plaza de A Ferrería que ven cambiar su mundo cuando hasta este mágico lugar de la capital de la provincia llega un pájaro tropical cargado de colores y aventuras dignas de ser escuchadas. Todos, con un trasfondo común con moralejas de aquí y de allá a través de refranes y dichos, como caracteriza a este escritor, poeta y bloguero, autor del poemario Oculto al Sol, obra incluida en el Portal de la Biblioteca Africana de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

La experiencia vital de Traoré, originario de Senegal pero afincado en Galicia desde hace veinte años, se evidencia en su escritura plagada de interferencias culturales, lingüísticas y simbólicas procedentes del wolof, francés, gallego o castellano, con los que quiere dejar patente el carrefour de influencias que enriquecen a la persona en movimiento y a las que se cruzan en su camino.

Escritor senegalés afincado en Galicia, Aboulaye Bilal Traoré

“Todos somos mezclas, seamos conscientes o no, solo que muchas veces no nos han enseñado a apreciar las diferentes fuentes de las que bebes. Es una decisión beneficiarse o no de las culturas que encuentras y adaptas a tu manera de entender la vida. Yo he decidido hacerlo”, afirma.

La música es otro de los protagonistas del libro, parte indisociable de la identidad de este griot, quien dice partir siempre de sus propios latidos: “La música que nace del corazón y que luego exteriorizamos a través de la palabra o de cualquier instrumento”. En este caso, la flauta y el tambor, presentes tanto en las historias (como la que se desenvuelve en la plaza Jemaa el-Fna en Marraquech) como en el andar y los movimientos de los protagonistas.

Unas ilustraciones “extraterrestres”

Con el libro dividido en dos paquetes de cinco historias cada uno, Traoré se presentó un día de 2014 en casa de sus amigos Marthazul, pintora con diabetes y besadora de árboles, y Augusto Metztli, ilustrador mexicano, en las Rías Baixas. Nadie mejor que ellos para entender las mágicas atmósferas de las historias de Cuenta Sin Contar y convertirlas en metáforas visuales.

La pintora gallega Marthazul terminando la contraportada

Sólo había una condición: la portada debía ser de colores “extraterrestres” que Augusto y Marthazul concebirían en conjunto y plasmarían en acrílico y tinta: el rojo “en el que se fija la mirada y llevamos siempre dentro, en la sangre”, el negro “que nos deja inquietos y suscita reflexión” y el blanco “que no es color, sino una distorsión de nuestras percepciones”.

“Fue un proceso delicado que nos llevó casi un año. Bonito, ya que pese a los diferentes orígenes de cada uno de nosotros, nos mezclamos de la manera más natural, fluida y creativa”, explica la pintora gallega.

“Creo que el ser emigrante te hace sensible y empático con ciertos temas, como los que trata Bilal” explica Augusto. “Yo mismo soy migrante en Galicia y eso ha hecho que me encante la gente que se mueve, también la que espera, la que se va, la que no está, la que aspira, la que ama sus cuatro baldosas, la que llega. Me gusta la sensación de no ser de ningún sitio o de todos”, dice el mexicano. Ésta es, al final, la reflexión del libro, que quiere ser el primero de una serie de obras filosóficas que nos “muestren las estrechas relaciones que hay entre las personas de diferentes partes del mundo”.

Sin duda, el comienzo de un capítulo en el que las diferentes voces de nuestra sociedad se alzan para dejarnos una mágica lección de convivencia.

S.O.S. La danza contemporánea senegalesa en peligro

El reconocido festival Duo Solo Danse, que debe celebrar su 10ª edición, peligra por falta de fondos como ocurre con otro referente de la danza contemporánea: L’Ecole des Sables de Germaine Acogny

A comienzos de este año 2017, la conocida como “madre de la danza africana contemporánea”, Germaine Acogny, lanzaba un grito desesperado para salvar L’Ecole des Sables, institución que ha educado, inspirado, animado y reunido bailarines y coreógrafos de toda África y de todo el mundo en el pequeño pueblo senegalés de Toubab Dialaw.

L’Ecole des Sables en Toubab Dialaw (sur de Dakar)

Artistas y agentes culturales del continente se preguntaban cómo podía ser que este lugar histórico, creado por la Germaine Acogny de la escuela Mudra Afrique y que ha a sus 73 años sigue siendo una verdadera embajadora de la danza y cultura africana en todo el mundo, estuviese en peligro por falta de fondos. Durante sus 20 años de existencia, este Centro Internacional de Danzas tradicionales y contemporáneas ha sobrevivido gracias a subvenciones de instituciones extranjeras lo que le ha permitido ofrecer formaciones gratuitas a bailarines africanos realizando una impagable labor de profesionalización del sector. Pero las ayudas estatales siempre han sido una promesa en el horizonte, incluso  en el Año de la Cultura decretado por el presidente senegalés Macky Sall.

Las autoridades senegalesas son sensibles al trabajo que hacemos no solo como embajadores de nuestra cultura al extranjero sino también como actores económicos en el país –la escuela da trabajo a un centenar de personas en el pueblo- y en la promoción del turismo cultural, pero esto no tiene una correspondencia económica”, explica Patrick Acogny, Director general y artístico de L’École des Sables.

Hoy, a finales de este fatídico 2017 el sector vuelve a pasar por una situación difícil. Al otro extremo del país, en Saint Louis, el consolidado Festival Duo Solo Danse, sufre problemas de financiación para sacar adelante la edición de su décimo aniversario, lo que ha obligado a movilizar amistades y simpatizantes a través de una campaña de micromecenazgo de 7.600 euros que pueda salvar el evento.

Cartel de la 10a edición del festival 2018

En sus nueve ediciones anteriores, el festival ideado por el bailarín Alioune Diagne y ejecutado por el equipo de la Compagnia Diagn’art, ha conseguido no solo reunir en un mismo escenario a artistas reconocidos del continente, sino ofrecer una plataforma a nuevos talentos que pueden recibir master class e intercambiar con figuras consolidadas a nivel internacional.

Cada tarde después de comer artistas y público interesado se reúnen en el mítico barco Bou el Mogdad para debatir, alrededor de un ataya (té que se toma tradicionalmente en Senegal) sobre las particularidades tanto técnicas y artísticas como filosóficas de las piezas representadas el día anterior.

El pasaje de Nora Chipaumire (Zimbawe), Salia Sanou (Burkina Faso), Panaibra Canda  (Mozambique), Marcel Gbeffa (Benin) o Aida Colmenero (España) son algunos de los momentos fuertes del histórico del festival, que en 2015 acogió los encuentros coreográficos de la plataforma regional Danse, l’Africa Danse!, un programa de acompañamiento a la creación juvenil en África del Oeste.

Sesión de debate entre publico y artistas en el Duo Solo. Ruth Roukema

Desgraciadamente, un festival de este tipo no puede vivir sin subvenciones. Aunque tenemos muchos sponsors y socios que nos ofrecen servicios gratuitamente, lo que nos ayuda mucho, siempre se necesita un dinero en metálico para pagar vuelos y retribuir aunque sea simbólicamente a las compañías”, explican desde la organización.

Aprender a amar la danza contemporánea

Uno de los objetivos que persigue el festival es el de crear un nuevo público interesado en la danza contemporánea, y para ello la estrategia es entrar en los barrios en su búsqueda. A través de la actividad Cours Parcours (juego de palabras que significa paseo por los patios o de patio a patio) los vecinos de los barrios periféricos de Saint Louis reciben a los bailarines del Festival en escenarios inimaginables interpretando piezas que normalmente apelan a la interacción con el espectador. La organización estima que más de 20.000 personas participan cada año en alguna de las actividades del festival.

Espectáculo de calle en el Duo Solo. Elise Fitte-Duval

La danza contemporánea conlleva un trabajo de educación del público para que la aprecie y entienda que no está en contradicción con la tradición, como muchos pueden pensar”, opina Patrick Acogny.

Los jóvenes de hoy en día tienen ganas de crear según su identidad múltiple, que bebe de fuentes tradicionales pero que se conjuga con la cultura urbana, moderna, ciudadana, y por eso se reconocen en estos estilos”, dice Maaike Cotterink, directora general del Duo Solo, “pero tienen que conocerlos”.

Con este objetivo, este año el Duo Solo Danse también pondrá el acento en el público joven, con un programa en diez escuelas primarias de la ciudad durante los días del festival.

Hemos conseguido que se espere el festival, no solo un público elitista culturalmente, sino también los jóvenes de la calle, la gente de los barrios”, explica Cotterink.

Creer en el arte como factor de cambio social

No cabe duda de que el arte es un factor de cambio social, y en este sentido la labor de estas dos instituciones de promoción de la danza han jugado su rol.

El Festival nos ha permitido reagrupar a muchos jóvenes que se encontraban sin trabajo, sin formación, y nos ha permitido acompañarlos y ofrecerles posibilidades de formarse y visitar otros países, de encontrar a otra gente y sobre todo tener una ocupación”, dice Alioune Diagne.

Alioune Diagne, director del Duo Solo, en escena. Elise Fitte Duval 2015

En el plano nacional, el Festival Duo Solo ha contribuido a hacer la ciudad de Saint Louis más atractiva para residentes y visitantes, visibilizando el potencial artístico de la juventud senegalesa e impulsando a la profesionalización del sector. Además, ha forjado la sede del festival como un dinámico centro cultural, conocido como Le Chatêau (El Castillo), que desde 2015 trabaja durante todo el año en la promoción de los géneros artísticos urbanos.

Los artistas pueden encarnar la posibilidad de que un cambio es posible”, sentencia Ruth Roukema, productora del Festival de Saint Louis.

Por su parte, en los 20 años de andadura L’Ecole des Sables, Patrick Acogny señala que los mayores cambios que ha visto en el sector son en relación al incremento de la participación de las mujeres como creadoras, “ya no ven el casarse o tener hijos como un obsctáculo a su desarrollo artístico y profesional” y también sobre la aceptación del oficio de bailarín por parte de la sociedad.

En el ámbito institucional, Acogny señala como indicador favorable de la evolución del sector la promesa de creación de un Fondo para el Desarrollo de la Danza para 2018, al imagen del FOPICA en el ámbito del cine, que apoyará a estructuras y creadores.

Apertura de la 8a edición del festival Duo Solo Danse en El Centro cultural Le Chateau. Elise Fitte-Duval

Mientras no llega, ambas estructuras siguen imaginando cómo diversificar ingresos, abriéndose no solo al profesional sino también al gran público, por ejemplo, o contemplando realimentar sus actividades con otras de divulgación, promoción o  comerciales que puedan generar ingresos etc. Pero siempre llevando por bandera su activismo por una cultura de la danza africana de calidad, profesional y de libre acceso al público.

Para contribuir:

Festival Duo Solo Danse: https://onepercentclub.com/en/projects/festival-duo-solo-danse-10/

L’Ecole des Sables: http://ecoledessables.org

Luto en el cine senegalés tras la muerte de Abdel Aziz Boye

Fallece Abdel Aziz Boye, fundador de Ciné UCAD y Ciné Banlieue, dos centros clave en la formación de jóvenes cineastas en Senegal, y miembro del comité de gestión de los Fondos de Promoción de la Industria Cinematográfica y Audiovisual (FOPICA). Nacido en Saint-Louis en 1953, yace a sus 64 años de edad esta figura emblemática en un país de larga y célebre trayectoria cinematográfica.

La tarde del 9 de noviembre la comunidad de cineastas senegaleses recibía la triste noticia del fallecimiento de Abdel Aziz Boye, el Señor Boye, como consecuencia de una corta enfermedad. El cuerpo fue velado la mañana del viernes 10 de noviembre en el Centro de salud Abdoul Aziz Sy situado en el barrio Parcelles Assainies, en Dakar, para luego ser enterrado en Saint-Louis, su lugar de nacimiento. Decenas de jóvenes formados por el gran maestro, así como establecidos directores y la Dirección de la Cinematografía de Senegal, compartían el dolor ante la noticia a través de las redes sociales, elogiando sus contribuciones al cine. Rama Thiaw, cuyo documental La revolución no será televisada fue premiado en la Berlinale de 2016, exclamaba: “Estoy realmente triste. Este hombre ha hecho mucho con muchísima generosidad y muy pocos medios por el cine en Senegal y la formación de jóvenes de las afueras y los barrios populares. Descanse en paz. ¡Un gran hombre!”

La figura de Abdel Aziz Boye, generosa, humilde, sabia, constante y comprometida con su país, es un excelente ejemplo del papel que determinados individuos, artistas, intelectuales y demás actores sociales, desempeñan en la cultura senegalesa, a pesar de la falta de medios y subvenciones para apoyar el talento de un país con más de un 55 por ciento de población juvenil, según el portal de información Au Sénégal. Su modestia hacía que se auto-presentara como “un loco apasionado del cine.” En contraste con los nostálgicos de la época de esplendor del cine senegalés, con las primeras películas de Ousmane Sembène y Djibril Diop Mambéty desde los años sesenta y setenta, ambos ya fallecidos, el Señor Boye se empeñaba en defender que el cine senegalés no ha desaparecido, a pesar del cierre de las salas.

Nacido en Saint-Louis en julio de 1953, donde vivía cerca de uno de tantos cines que desparecería en Senegal a finales de siglo XX, el cine VOX, su relación con el cine comenzaría a muy temprana edad. Solía contar que a los siete años crearía sus primeras imágenes en movimiento, con un cartón, y que desde entonces el cine no le había abandonado nunca. Tras sus estudios en la escuela Brière (ahora, Émile Sarr), donde se formaron grandes personalidades del país, como el segundo presidente, Abdou Diouf, el Señor Boye se fue a Francia en 1976, para hacer de su pasión su profesión. Allí estudiaría en el Conservatorio Libre del Cine Francés (CLCF) y más adelante en la Universidad París VIII, en el departamento de psicología y sociología. Durante ese tiempo, nunca dejó de hacer cine, colaborando con distintos cineastas. Fue así como el realizador senegalés Ousmane William Mbaye acudió a él para que fuera asistente de realización en varias de sus películas, Fresque Francophone, en 1992, y un título cuya producción acabaría abortando, Talatay Nder. Con motivo del rodaje de esta última película, Abdel Aziz Boye volvería a Senegal, donde se instalaría hasta el último día de su vida, compartiendo su experiencia y aprendizaje con los jóvenes.

Tras 22 años en París, el Señor Boye fundó Ciné UCAD, un centro de formación en la Escuela Superior Politécnica de la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar (UCAD), destinada a los jóvenes universitarios, ofreciendo la única formación disponible entonces sobre el séptimo arte. Su labor no concluiría en la universidad. En 2008 fundaría Ciné Banlieue, en las afueras de Dakar, para ofrecer formación cinematográfica a los jóvenes de las afueras, una zona afectada por limitadas condiciones de saneamiento, y cuyos orígenes son coloniales, cuando el poder colonial francés desplazó a la población de Dakar de determinados barrios a las afueras, debido al incremento exponencial de la población. Ciné Banlieue dio sus primeros pasos en el centro sociocultural del municipio de Guédiawaye, reuniendo a jóvenes de distintos barrios de las afueras, como Guinaw-Rails y Keur Massar. Estos arrojarían luz sobre las arduas condiciones en la banlieue, desde una mirada interna y conocedora de sus problemas. Fue así como nacerían corto-metrajes como Guinaw Rails (Detrás de las vías), en referencia al barrio del mismo nombre, de la realizadora Kady Diediou, en 2014, con Mamadou Khoma Gueye como cámara, ambos estudiantes de Ciné Banlieue. Tras un año en Guédiawaye, Ciné Banlieue se traslada al Centro Cultural Léopold Sédar Senghor en Pikine, a las afueras de Dakar, para finalmente establecerse en Parcelles Assainies, un barrio de Dakar colindante con las afueras.

Con escasos medios, pero desbordante pasión y determinación, la casa se transformaría en escuela de cine, con varios pupitres y sillas, las clásicas pizarras, formando un par de aulas, llamadas Djibril Diop Mambéty y Ousmane Sembène, en homenaje a los grandes del cine senegalés; un patio central descubierto donde se celebrarían la mayoría de los talleres y clases, más ventilado que las aulas, unos aseos, una pequeña oficina, y una terraza que se convertiría en cine bajo las estrellas en determinadas ocasiones. El espacio, aún activo tras casi diez años, constituye un espacio de culto para los cinéfilos del país.

 

El Señor Boye no solo compartía su sabiduría sino que invitaba a técnicos profesionales del cine, trabajando con célebres cineastas, como Mousa Sene Absa, o a los propios realizadores, como Ousmane William Mbaye y Alain Gomis, cuya impecable trayectoria cinematográfica acaba de alcanzar la mirada de los óscars, con su película Félicite, nominada para representar Senegal en 2019. Esta es de hecho fruto de una co-producción en la que se incluye FOPICA, de la que el Señor Boye es miembro del comité gestor.

La cantidad de títulos salidos de esta modesta pero crucial escuela de cine es tal que muchos de los jóvenes realizadores se han incorporado al circuito internacional de festivales de cine, como el director del cortometraje Moly, sobre un joven con discapacidad física llamado Moly Kane, proyectada en el Festival de Cannes en 2011, o Baye Fall, el soldado de la paz, de Pape Bolé Thiaw, otro de los jóvenes formados en Ciné Banlieue. Para Bole Thiaw a, quien describe al Señor Boye como alguien que lo era todo para él, “un mentor, un formador, pero más que nada, un padre”, la noticia de su muerte ha sido devastadora. Son muchos los jóvenes que reconocen el mérito de su trabajo, capaz de hacerles descubrir una pasión ue en algunos casos llegaría a convertirse en profesión. Nazir Cisse, cámara del telediario “rapeado” por Keyti y Xuman, JTR, y dedicado a la realización de video-clips, fue otro de los discípulos de este gran maestro: “El es el que hizo que me gustara el cine. Estuve dos años en Ciné Banlieue siguiendo sus cursos. Todo lo que sé de realización es a través de él. Y no soy el único. Despierta la pasión por el cine a muchísimos jóvenes de las afueras y lo hace de forma gratuita. Es un grande de la cultura senegalesa.”

 

En 2013, Ciné Banlieue se decidió a crear su propio festival, para dar visibilidad a las películas creadas por Ciné Banlieue, así como a otros títulos del cine senegalés y demás países africanos. Con una periodicidad anual, en 2015, el agregado cultural de la embajada española apoyaría el proyecto, contribuyendo a la internacionalización del festival. Así, en la segunda edición, el Banlieue Film Festival iniciaría una colaboración con el Slum Film Festival de Kenya, fruto de un intercambio y acuerdo de colaboración propiciado por Federico Olivieri y Pape Bole Thiaw. Ambos se conocieron en un taller de crítica en 2013 en el 10º Festival de cine Africano-FCAT, coordinado por Federico Olivieri, co-fundador a su vez del Slum Film Festival, y donde Pape Bole Thiaw era una de los tres beneficiarios de la beca de AECID, junto con la periodista Kodou Sene, y otro compañero de Ciné Banlieue, Keba Danso. Este último se encuentra ahora en las islas Canarias, donde también está creando su propio cineclub con los jóvenes isleños. Cuando estos le preguntan sorprendidos por cómo Keba Danso les regala su tiempo de manera altruista este responde: “También en mi vida hay una persona llamada Señor Boye a la que le gustaba el cine y esta persona nos daba todo su tiempo y nos ayudaba sin pedir nada. Nos ha salvado la vida a muchos jóvenes de los suburbios haciéndonos creer en nosotros mismos y convenciéndonos de que podemos contar nuestra propia historia.”

La segunda edición del Banlieue Film Festival no ha sido la única colaboración entre Cultura Dakar y Ciné Banlieue, que también ha organizado la proyección de cortometrajes en el Aula Cervantes de Dakar. Fuera del marco institucional, el Señor Boye se ha mostrado siempre disponible al trabajo de jóvenes realizadores españoles y de distintos países, ofreciéndoles un excelente espacio de difusión y reflexión sobre sus obras en Ciné Banlieue en Parcelles Assainies.

Ciné Banlieue, a través del liderazgo de Abdel Aziz Boye, se ha convertido en un colectivo, centro y movimiento de participación obligada en las citas cinematográficas del país. Deja un legado inmenso en el mundo del cine senegalés, que requiere del apoyo y reconocimiento de las distintas instituciones senegalesas, así como del empeño de sus discípulos, para que dicho legado no cese y siga creciendo, dando larga vida al maestro a través del cine, y evitando esa segunda muerte que es el olvido.

Sarr: “La clave de la migración es reorientar la mirada hacia nosotros mismos”

El próximo 19 de octubre la inauguración del 9ª edición del Festival de Cine Invisible de Bilbao presentará Life Saaraba Illegal, una joya documental imprescindible para entender el fenómeno migratorio de África subsahariana a Europa desde un punto de vista personal y colectivo, realizada por el senegalés Saliou Sarr.

Durante ocho años, el director acompañó a su primo Souley en su sueño de seguir los pasos de su hermano Aladji que había emigrado a España y reencontrarse con él. Sus inquietudes, expectativas e ilusiones así como las de sus parientes más próximos, incluido el propio Sarr –que aparece como narrador y personaje del documental– son las protagonistas de esta obra que descubre al espectador un sentido y un significado diferente sobre las migraciones de África del Oeste hacia Europa.

Más allá de este documental, Sarr, más conocido como Alibeta, desarrolla un proyecto integral en el que trabaja a través del cine, la música y otras disciplinas la “África posible” que describe su hermano Felwine en el ensayo “Afrotopia”. A parte de la creación artística, sus compromisos pasan por coordinar un programa de educación en valores para jóvenes universitarios y la puesta en marcha de la productora Baraka Global Arts que trabaja en la construcción de una industria cultural senegalesa.

¿Qué es lo que te ha motivado ha realizar un documental personal sobre la emigración en el que tu familia y tú mismo sois protagonistas?

Al principio yo quería hacer una película sobre mi gran familia, no solamente sobre aquellos que habían partido ilegalmente, sino también los que lo habían hecho de manera regular. Tenía una cuestión conmigo mismo sobre la migración, sobre partir o no partir, y me di cuenta de que en mi familia era ilustrativa porque había todo tipo de casos. Como en una sola película no cabe todo, me concentré sobre los que se fueron ilegalmente: hablar de sus entornos personales, de sus emociones y dar un ejemplo, que puede ser universal, en el que se puede reconocer todo el mundo.

Existen muchas películas y documentales sobre la migración subsahariana hacia Europa. ¿Qué crees que aporta tu visión a la reflexión sobre el fenómeno?

Efectivamente hay muchas películas que hablan de la migración, pero la mayor parte de ellas se focalizan sobre el lado difícil, incluso miserable. Siempre se habla sobre la pobreza de los emigrantes, la pena de dejar sus casas, la dureza del viaje, etc. Nosotros hemos intentando dar una nueva mirada, más humana, que no niega las dificultades pero que enseña los diferentes significados de la emigración para los serer-niominka (hombres del mar). Por ejemplo, se muestra que en ese viaje hay una búsqueda espiritual que es una búsqueda común en todas las personas. Hemos querido filmar con dignidad y dar una perspectiva familiar, de manera que ves el lado universal de la emigración.

 

¿Qué importancia tiene el hecho de ser serer? ¿Percibes diferencias en el enfoque del viaje para la gente de este grupo étnico?

Efectivamente, para los serer no es lo mismo que para los peul o para los wolof, muchos de los cuales viajan con el único objetivo de traer dinero sin importar cómo. Para nosotros los serer no es eso: el viaje tiene un significado simbólico. Somos insulares: partir más allá de los océanos ha sido, independientemente y mucho antes de la emigración hacia Europa, algo importante para alguien que vive en una isla. Es un rito de paso. Nuestros abuelos y nuestros padres lo han hecho y nosotros también lo hacemos. Ahora, en este contexto, se espera mejorar la vida económicamente pero sobre todo volver y guardar tus valores. Todo ese simbolismo se intenta mostrar en el documental.

A parte de la madre de Aladji y Souley, los dos protagonistas, no hay más personajes femeninos en el documental. ¿Cuál es el rol de las mujeres en la migración?  

Es verdad eso. Ella es el ejemplo de la madre que está detrás, que comprende, que apoya… que puede ser que tenga expectativas pero no lo dice porque entiende que es difícil: a ella le gustaría que sus hijos tuvieran los papeles como todo el mundo.

En este documental no he podido tocar el tema pero hay muchas mujeres que están a la espera de sus maridos. Su vida es muy dura porque no saben cuándo éstos volverán y porque mientras les esperan, la sociedad las observa, las controla y no tienen derecho al error. Esperan a un hombre que puede pasar incluso diez años sin venir por no tener papeles y mientras puede haber tentaciones, puede haber cosas alrededor que les tienten a vivir de otra manera, pero no lo hacen… Es un rol muy difícil y es cierto que no hemos hablado suficientemente.

A pesar del esfuerzo de muchos artistas, ONGDs y otros actores sobre los peligros de la emigración clandestina, aún hay jóvenes que sueñan con irse y lo hacen por rutas arriesgadas. ¿Por qué crees que esto sigue pasando?

Es un deseo que ha estado alimentado por todo un sistema, un sistema de dominación, de colonialismo, de desigualdad, un sistema de comunicación que muestra siempre lo bueno del extranjero y lo malo de nuestra sociedad. Los jóvenes africanos tienen la mirada dirigida hacia Europa y ahora se necesita un tiempo y mucho trabajo para reorientarla hacia nosotros mismos.

Pese a eso, para mi es importante no decir a los jóvenes que no viajen. El derecho de migrar es un derecho reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que hay que respetarlo. Nuestros gobiernos tienen que asegurar que nuestros jóvenes puedan viajar, no sólo hacia Europa sino también a otros países africanos. Si hubiera un sistema que permitiese moverse libremente, pienso que la gente no se jugaría la vida cogiendo una patera o cruzando el desierto.

Imagen del documental ‘Life Saaraba Illegal’.

¿Cuál es la responsabilidad de los gobiernos europeos y africanos en este fenómeno?

La responsabilidad es compartida. Empezaré con la de nuestros gobiernos porque no me gusta que siempre apuntemos al otro para quitarnos responsabilidad. Ante todo, los gobiernos africanos tienen la obligación de hacerse respetar. La relación con otros estados debe basarse en el respeto y no en la dominación. Para mantener su dignidad y la de sus pueblos deben de ser capaces de mantener relaciones dignas con otros países.

En cuanto a los gobiernos europeos, me gustaría que fueran más justos: hablan de los inmigrantes despectivamente obviando todo lo que lo que aportan a la envejecida Europa en términos de fuerza de trabajo, de experiencia, de dinamismo… También me gustaría que fueran más honestos: los africanos van a Europa como consecuencia de la explotación abusiva que desde hace siglos se ha hecho del Continente. Es el karma. Europa ha creado situaciones de pobreza, de inestabilidad, e instaurando relaciones de dominación que hace que hoy en día, los africanos vayan a Europa a coger lo que les corresponde, lo que se les debe.

Si después de todo lo que ha hecho Francia en África del Oeste hoy en día expulsa a los que vienen, no es justo ni es honesto.

Dices en el documental que “todo el mundo tiene su saaraba” (tierra prometida). ¿Cuál es la tuya?

Ah… difícil pregunta… Mi saaraba es mi paz interior. Mi tierra prometida no es obligatoriamente una tierra física, pero por supuesto, estaría en África. Pero independientemente de que fuese en Dakar, Nouakchott o Nueva York, mi saaraba es sentirme útil, apoyar a los que están en mi entorno, darle un sentido a mi vida, independiente de la muerte, llegar a hacer algo importante y sentirme una buena persona.

La película ha sido difundida ya en Senegal y en Alemania. ¿Cuál es la reacción de los diferentes públicos?

En Senegal ha sido muy bien recibida. Se ha apreciado sobre todo por no transmitir una visión miserable y haber tenido paciencia en el rodaje, que ha durado ocho años. También se ha señalado el haber dado una visión de Europa real, lejana al paraíso, sin esconder el hecho de que los chicos se van para buscar dinero y construir una casa en Senegal. Ha gustado que el documental sea realista.

En Europa ha gustado que se muestre la emigración desde otro punto de vista, la perspectiva humana, mostrando personas con sentimientos universales, y no solo cifras como acostumbran a oír. La palabra dignidad ha salido mucho en las discusiones después del pase del documental en Europa.

La música del documental está en parte extraída de tu álbum Bani Adama. ¿Cómo describirías el proyecto artístico Alibeta?

Alibeta es un proyecto integral que engloba lo visual (cine), lo sonoro (música), lo gestual y relacional (teatro)… finalmente el objetivo es tocar el corazón. La idea es dar una visión, pasar un mensaje, una filosofía, que puede ser transmitida a través de diferentes medios.

¿Puede el arte derribar fronteras?

Creo que el arte es una vía de concienciación y por supuesto puede derribar fronteras, contando historias que son al mismo tiempo particulares y universales. El arte es un lenguaje que habla al corazón y tiene el poder de acercar a los seres humanos.

Te describes como Alibeta, trovador afropolita, ¿qué significa para ti ese concepto que ha suscitado tanto debate?

Afropolitanismo es un término utilizado por Achille Mbembe: “el Afropolitanismo es la manera en la que los africanos hacen mundo”. Me gusta ese concepto porque parte de que África se sitúa actualmente en un cruce de culturas, de miradas, de sensibilidades, etc.

Como un trovador yo estoy en el movimiento. Hoy en día puedes vivir en el continente o fuera de él, ir y venir, y estar a caballo entre diferentes influencias. Y todas esas personas que estamos en medio de la circulación de ideas y de mundos, desarrollamos una nueva cultura, que es identitaria africana, pero que no es cerrada, sino globalizada.

Para mi el Afropolitanismo es una continuación de conceptos como el de la Negritud o el Panafricanismo, pero más concreto y moderno, más adecuado a nuestro tiempo. Hoy el Panafricanismo en su versión más extendida peca de ser muy identitario y un poco sectario y excluyente. El Afropolitanismo es más abierto: nos identificamos con la tradición africana pero estamos abiertos al mundo, reconociendo lo que el mundo nos aporta y lo que nosotros aportamos al mundo.

Foto: Jean-Baptiste Joire

 

La semana de la moda de Dakar 2017 en cuatro nombres

Una modelo en el backstage de la Semana de la Moda de Dakar, el viernes 30 de junio de 2017. (AP Foto / Finbarr O’Reilly)

La Dakar Fashion Week es hoy en día una plataforma de moda ineludible en África. A su décimo quinto aniversario, celebrado entre el 27 de junio y el 2 de julio en la capital senegalesa, han querido asistir un importante número de referentes de la african fashion venidos de todos los rincones del continente y su diáspora.

Una vez más la inagotable Adama Paris ha convertido Dakar en la fiesta de la moda africana, con un programa cargado de sorpresas y un guiño a la población organizando una Street Parade en el bulevar Ñari Taly, en el centro de la capital, al que acudieron cientos de personas.

Modelos detrás del escenario durante la Semana de la Moda de Dakar en la capital senegalesa, el viernes 30 de junio de 2017. La escena de la moda del continente ha crecido constantemente en las últimas dos décadas con el mercado de prendas de vestir y calzado en África Subsahariana valorado en 31.000 millones de dólares, según datos de Euromonitor. (AP Foto / Finbarr O’Reilly)

Personalidades de la moda de todo el mundo han querido apoyar a Paris en tan sonada celebración: el famoso estilista de Beyoncé Jenke Ahmed Tailly, la blogera Claire Sulmers creadora de Fashion Bomb Daily, las miss Francia Flora Coquerel y Corinne Coman (Miss Francia 2014 y 2003 respectivamente), la periodista de Al Jazeera Samira Ibrahim o Diana Opoti, una de las influencers más reputadas del continente. Todos han querido participar en el evento, que constituye hoy en día una de las citas más importantes de la moda africana mundial. El cantante Youssou Ndour se manifestó también a favor de la DFW con un mensaje en las redes sociales invitando a apoyar el evento, que este año por primera vez contó con el respaldo institucional del gobierno del país, a través de la Agencia Senegalesa de Promoción Turística.

Jóvenes senegalesas ven un desfile durante la Semana de la Moda de Dakar en el barrio Niari Tali de la capital, el jueves 29 de junio de 2017. (AP Foto / Finbarr O’Reilly)

Entre los 36 diseñadores que han participado en esta edición, el equipo de la DFW ha privilegiado la calidad pero buscando la heterogeneidad y la mezcla de generaciones, de manera que hemos podido disfrutar de diseñadores consolidados junto a jóvenes talentos cuyos nombres habrá que seguir con atención.

A continuación cuatro nombres que nos ofrecen unas pinceladas de la pluralidad de la moda africana contemporánea que ha participado en la DFW 2017 y que nos invitan a dibujar una “África unida pero diversa”, en palabras de su creadora Adama Paris.

Loza Maléombho (Costa de Marfil)

La diseñadora nacida en Brasil, de padre marfileño y madre centroafricana, y afincada entre Costa de Marfil y Estados Unidos, ha sido una de las apuestas seguras de la DFW.

Conocida por revolucionar las redes sociales pon su colección de selfies, como Aliens Edit que denuncian la discriminación que la justicia estadounidense hace respecto a la comunidad afrodescendiente, Maléombho es una de las creadoras más consolidadas del continente y utiliza su visibilidad para posicionarse ante temas sociales.

En sus colecciones se aprecia su concepción estética y elegante de la moda, de la que muchas veces ella misma es protagonista.

Rama Diaw (Senegal)

Rama Diaw, por Bugs Steffen Bild.

La estilista senegalesa Rama Diaw se autodenomina “embajadora de una ciudad cruce de culturas”, como es Saint Louis, al norte del país. Con sus colecciones, que mezclan un wax muy cuidado y mezclado con otros tejidos (de algodón generalmente), ha sabido conquistar a una clientela compuesta esencialmente por mujeres dinámicas y elegantes que gustan de una moda urbana y trendy.

Diaw, que presentó en la DFW 2017 la colección “Un verano ácido” (“Un été acidulé”) de llamativos amarillos y naranjas, es una asidua de las ferias de moda en Suiza, Austria y Alemania, y este año ha participado en la VI Feria Internacional de la Moda de Tenerife el pasado mes de marzo.

Elie Kuame (Costa de Marfil/Líbano)



El creador libio-marfileño es uno de los diseñadores más punteros en el panorama internacional. Firme defensor de las iniciativas que

apuestan por desarrollar el sector en el continente, afirma “tener una tremenda nostalgia” de la comida africana cuando está en Francia, donde tiene su propia casa de alta costura de la que se habla en los más grandes salones y festivales de costura de lujo.

Empezó en el mundo de la moda con vestidos de novia y hoy trabaja por visibilizar la elegancia de las mujeres del continente. En Dakar presentó su colección “African Queens”

Zaineb El Kadiri (Marruecos)

De vuelta a su Marruecos de origen, esta francesa diplomada en alta costura se lanza en 2010 en la creación de Luxury by K., una marca que se especializa en el sueño de las creaciones de boda y las noches de lujo y elegancia.

Muy influenciada por sus múltiples viajes, entre ellos al África negra que ella reivindica como propia (se siente orgullosa de la reciente reincorporación de Marruecos en la Unión Africana, de la que llevaba décadas autoexcluida), Zaineb mezcla materias nobles y naturales como muselina, seda, organza y tejidos tradicionales de diferentes partes del mundo con perlas y bordados de oro y plata.