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Adama Paris, una militante de la moda africana

 

Fotografía de Alexis Peskine.

Adama Ndiaye está en el centro de todas las miradas. Esta mujer carismática, de origen senegalés, es la responsable de la Dakar Fashion Week, una de las plataformas de moda más importantes del continente africano y que ha celebrado, entre el 27 de junio y el 2 de julio, su décimo quinto aniversario.

La hoy conocida como Adama Paris fue hace algunos años una brillante estudiante de Economía. Empleada durante algún tiempo en el Banco Nacional de París, pronto decidió seguir su pasión por la moda y lanzarse con la creación de su propia marca de ropa bajo este mismo nombre.

Desde entonces no deja de guiarse por su instinto y por su colectiva visión de la creación de moda. “Cuando volví a Dakar para instalarme como joven diseñadora no había en Senegal ninguna plataforma para presentar mis colecciones y tampoco las de otros colegas, así que decidí crear una”, dice. Así nació la Dakar Fashion Week, evento que hoy es un must en las agendas fashion internacionales y por supuesto africanas, junto a las manifestaciones de Lagos, Johannesburgo y el FIMA de Níger.

Lejos de pararse ahí, Adama Paris, que hoy vive a caballo entre Los Ángeles, París y Dakar, crea en abril de 2014 Fashion Africa, FA, la primera cadena de televisión especializada en moda africana, que difunde las creaciones venidas del continente o de la diáspora.

La que se describe a sí misma como una “emprendedora cultural” ha demostrado no sólo que el sector tiene mucho potencial en el continente sino también que las y los creadores africanos tienen mucho que aportar en el panorama internacional. Con esa filosofía nacen las Black Fashion Week de París y de Montreal, otro gran proyecto en cuyo origen esta también la infatigable Adama Paris.

Adama Paris en la reciente Dakar Fashion Week. Fotografía de Omar Viktor Diop.

Además de una evidente visión estratégica, esta militante de la african fashion (o moda africana) es conocida por haber hecho accesible su ropa a su clientela (sus prendas cuestan menos en África que en Europa) y por abrir los desfiles a la calle, acercándo la, a veces, tan elitista moda a la población.

Tras una Dakar Fashion Week 2017 cargada de novedades y la asistencia de un gran número de periodistas, influencers, los más punteros nombres de la creación africana y muchos jóvenes diseñadores que han querido mostrar su apoyo a la tan querida y admirada Adama Paris, ésta nos recibe con su habitual energía.

Laura Feal: Una primera impresión en caliente sobre el evento que acabas de terminar, ¿qué balance haces de este décimo quinto aniversario de la Dakar Fashion Week (DFW)?

Adama Paris: Creo que hemos hecho un programa muy completo para diferentes públicos: profesionales, elitistas y también para la población de Dakar, a través de la organización de un carnaval en la calle en el que participaron cientos de personas. Para terminar hemos venido a la playa, porque uno de los objetivos es mostrar mi país y sus potencialidades turísticas. Uno de los objetivos es vender Senegal.

¿Qué ha aportado la DFW a la moda africana en los últimos quince años?

La Dakar Fashion Week es una referencia en toda África y con ella hemos situado a Senegal en la agenda internacional de la moda. Hemos contribuido a estructurar la filial, creando nuevos oficios como por ejemplo el de producción de desfiles de moda, que antes no existía. Igualmente, hemos lanzado la carrera de muchos diseñadores y modelos africanos que hoy desfilan por todo el mundo. En resumen, creo que hemos favorecido la profesionalización del sector.

¿Cuáles son los retos para las próximas ediciones?

Mi objetivo es ser «bigger and better» (mayor y mejor). Queremos que la DFW sea una cita ineludible de la moda en África. Para el próximo año mi objetivo es abrir una fábrica de producción en Diamnadio (barrio a las afueras de Dakar), para que los creadores africanos podamos hacer una producción de calidad hecha aquí, y vender nuestros modelos en Europa o en otros países africanos.

Mis objetivos para los próximos años son puramente económicos: hasta ahora hemos hecho cosas bonitas, colecciones y desfiles, pero hay que empezar a crear riqueza y ganar dinero.

Muchos diseñadores dicen inspirarse en África, en la población o en el ritmo de vida africano en sus creaciones. ¿En qué medida piensas que esa inspiración es reciproca? ¿Cuál es el impacto en la población?

Es natural que África sea una fuente de inspiración para cualquier artista: aquí la moda es omnipresente en las calles, en los mercados, en la gente. Es como una diversión de la que ni siquiera se es consciente. Yo creo que entre las y los diseñadores y la población debería haber una complementariedad. África inspira, sí, pero mi objetivo es que no sólo inspire sino que dé trabajo, que cree una economía real para los creadores africanos y la industria que va con ellos.

En tus eventos, no dudas en mezclar a diseñadores consolidados con jóvenes talentos. ¿Qué aportan los unos a los otros?

La moda es arte y los artistas nos alimentamos los unos de los otros. Los jóvenes aprenden de los consolidados y viceversa. La gente piensa que soy como Maria Teresa de Calcuta dando oportunidades a la juventud pero en realidad soy como un vampiro: ¡me alimento de la cantidad de energía que desprenden! Yo siempre he dado oportunidades a los jóvenes valientes y es por eso que ahora tengo un «team de warriors» (equipo de guerreros) que me apoyan y trabajan conmigo, y que están dispuestos a comerse el mundo.

Uno de esos jóvenes colaboradores era Stephan Gnago, modelo y presentador de tu canal de televisión que fue encontrado muerto el pasado mes de abril en las costas libias, cuando intentaba llegar a Europa a bordo de una embarcación en la que también fallecieron otras 176 personas. ¿Qué ha supuesto esta desgracia para ti?

Ha sido una inmensa tristeza y un motivo de reflexión, que ha originado que en esta edición de la DFW hayamos introducido una mesa redonda bajo el título de “Our African Dream”.

Aunque parezca que la moda es un mundo frívolo y de paja, somos personas y estamos conectadas con nuestra realidad. La pérdida de mi colaborador me ha despertado este compromiso de trabajar para motivar a los jóvenes africanos y que no piensen que lo que puedan hacer aquí es menos importante que lo que hacen fuera. Uno puede pensar en irse, pero no de cualquier manera.

El tema de la emigración clandestina es un tema muy sensible y que afecta a muchos jóvenes africanos alimentados por una imagen de El Dorado, a la que quizá la moda contribuya. ¿Cuál es su compromiso en ese sentido?

Creo que tenemos parte de culpa y precisamente por eso hemos sentido la necesidad de crear esta especie de charlas en las que tratar las dificultades que afrontamos día a día los artistas y creadores pero también la responsabilidad que tenemos de crear nuestro propio sueño aquí: our african dream. Lo hemos introducido en Dakar pero tenemos programadas varias ciudades más como Abidjan, Brazzaville y Libreville donde, contando con el apoyo del gobierno, promoveremos el debate con jóvenes que puedan explicar su recorrido y buscar soluciones para ver otras posibilidades a la de partir.

Eres un referente de mujer emprendedora y comprometida. ¿Qué consejo le das a las personas jóvenes que están empezando?

Lo que aconsejo es creer en uno mismo y sobre todo creer en los propios sueños. Hay que soñar fuerte y alto. Hay que hacer soñar a los jóvenes y dejarles que tengan sueños locos. Eso es lo que le falta a nuestra juventud africana: que les dejen soñar.

Pero, ¡cuidado! Con el talento sólo no basta, hay que tener rigor y disciplina. Soñar no es mirar vídeos de Beyoncé sino pensar en tu propio futuro y proyectarte en él. Y para eso hay que trabajar duro.

¿Cuál es la situación de la moda en África?

A nivel creativo la moda africana está en plena forma, somos un referente de autenticidad y de libertad que contagia, porque no estamos sometidos a una codificación tan rígida como en Occidente. Pero a nivel económico y de estructuración no gozamos de tan buena salud: faltan escuelas, ayudas a la creación, fábricas para la producción y circuitos de distribución, y para ello se necesitan gobiernos que crean en el sector.

Uno de tus socios económicos en la DFW es la empresa canaria Binter, ¿cuándo podremos ver a Adama Paris por España?

La colaboración con Binter ha sido muy positiva y estamos pensando en hacer una Black Fashion Week en las Palmas. Creo que saben que yo enseguida me pongo manos a la obra… ¡así que espero que podamos hacerla en 2018!

Sembène! Una vida de cine, gratis hasta el domingo

El círculo está por cerrar, pero la peripecia del proyecto que sigue, sin duda, es una buena prueba de que el panafricanismo, si todavía existe en el continente, se puede llevar al plano digital. Desde hoy y hasta el 11 de junio se podrá ver de forma gratuita en la plataforma Vimeo el documental Sembene! (2015), de los directores Samba Gadjigo y Jason Silverman. Las barreras de la distribución y exhibición quedarán al margen para rendirle el mejor homenaje que le podían hacer al realizador senegalés Ousmane Sembène (1923-2007) uno de los pioneros de los cines africanos y figura imprescindible del África de las independencias.

La iniciativa “Sembène a través de África” se ha marcado el ambicioso objetivo de regalar la historia de un héroe africano no solo a toda la comunidad de cinéfilos, sino también, a 38 países africanos que ya han podido proyectar el trabajo en escuelas, universidades y centros de trabajo. Sí. Las nuevas generaciones que no conocen a Sembène, considerado “el padre de los cines africanos”, encontrarán en este trabajo la oportunidad de descubrir a un militante convencido de la izquierda antiimperialista y del poder de la imagen para transformar conciencias. En una de las entrevistas que aparecen se puede escuchar la famosa frase de “Sembène llegó al cine e inventó un nuevo lenguaje para representar a la gente negra”.

Nacido en Ziguinchor (Senegal) el 1 de enero de 1923,  tuvo varias vidas, varios guiones que interpretar por imposición histórica e ideológica: pescador, estibador en Marsella, sindicalista, escritor, guerrillero, estudiante de la escuela de cine de Moscú… pero alcanzó a discernir su máxima prioridad: quería crear “piezas de arte que transmitieran la cultura de la gente común de África”. El resto es historia.

El documental muestra un punto académico innegable ya que Samba Gadjigo es un profesor de Estudios Africanos y biógrafo oficial del realizador, con el que tuvo una fuerte amistad, y fue fuente de inspiración para sus dos obras: Ousmane Sembène: Une Conscience Africaine (2007)Ousmane Sembène: The Making of a Militant Artist (2010). Sin embargo, el equilibrio estético lo define el galardonado productor de cine Jason Silverman. Quizás una de las grandezas de este trabajo –que tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance de 2015 y posteriormente se proyectó en el Festival de Cannes del mismo año– sea que se muestran sin demasiados filtros las opiniones controvertidas del senegalés hacia el islam, la tradición, le papel de la mujer o los diferentes aspectos de la sociedad africana que Sembène trataba de reflejar en sus películas. Una vida de cine que después de cuatro décadas completó una rica filmografía con temáticas sociales, políticas y religiosas siempre críticas hacia el sistema capitalista.

Quizás, faltaría profundizar en el film la vertiente literaria que es posiblemente donde comenzó su trayectoria artística. No obstante, este documental es una increíble pieza que debe ser celebrada y aplaudida por su visión artística y por su éxito para educar sobre la vida y obra de Ousmane Sembène, una historia que necesita ser contada. Y Sembene! permite difundir este legado. Recuerden: hasta el próximo 11 de junio podrán ver el documental completo que aparece a continuación.

Ken Aïcha Sy: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada”

Ken Aïcha Sy – Bloguera y propietaria de un sello discográfico. Esta foto es parte de la serie The Studio of Vanities de
Omar Victor Diop, 2011.

Esperando en la calle en el barrio de Mermoz, en el centro de Dakar, Ken Aïcha Sy no pasa desapercibida. Alta y vigorosa, luce un look atrevido incluso para la capital, adornado de piercings y tatuajes y habla un francés mezclado sin complejos con términos en wolof y numerosos anglicismos. Así es esta emprendedora vocacional y activista cultural empedernida, cuya historia, se podría decir vincula pasado, presente y futuro de la cultura contemporánea senegalesa.

Pasado: la agitación para la reflexión

Esta joven de 28 años nació en Dakar en el seno de una familia que bebió del esplendor artístico y cosmopolita del Senegal de la post independencia. De la fusión de las pasiones de sus dos progenitores se conforma lo que es hoy su proyecto de vida: la cultura y la comunicación.

Su madre, la periodista de las Antillas francesas, Anne Jeanbart, le legó el espíritu divulgativo, y su padre, el pintor senegalés El Hadj Sy, el amor por el Arte: así, con Mayúsculas.

El Hadji Sy, padre de la bloggera senegalesa Ken Aïcha Sy. Fotografía de Africanah.

El Hadj Sy , se formó en la Escuela de Dakar puesta en marcha por Senghor en los primeros años de la independencia, sin embargo, pronto se desmarcó de la línea filosófica de la Negritud. Fue uno de los miembros activos del movimiento por la agitación artística, el Laboratorio AGIT-Art, que junto con Amadou Sow, Bouna Seye y muchos otros, se conservó el derecho y el deber de criticar las políticas públicas y de imaginar otra manera de concebir el arte más libre y creativa que la que tenía el presidente.

“No crecí cerca de mi padre y, aunque había cuadros de él en casa, no conocí su obra hasta casi mis 22 años”, comenta Ken Aïcha Sy. “Sin embargo, mi madre, testigo de primera mano, me hablaba de AGIT-art, el laboratorio artístico y experimental que desde los 80 trabaja por la cultura y la creatividad. Me contaba los comienzos y cómo los artistas de la capital se reunían en el patio de Joe Ouakam (como se conocía al recientemente fallecido Issa Samb). Ese periodo ha contribuido enormemente a avanzar la reflexión sobre la cuestión del Arte en Senegal”. 

Esta herencia de concepción de la ciudadanía ligada al activismo cultural aflora en Ken Aïcha SY en 2010. Tras realizar sus estudios básicos en la capital senegalesa, en 2006 se marcha a Francia a formarse en arte y diseño. Su vuelta a África coincide con la 3a edición del Festival Mundial de Artes Negras (FESMAN), en la que retoma contacto con su padre y su círculo artístico al que apenas conocía. Le salta el chip. Se da cuenta de lo desvinculada que está la juventud de ese patrimonio. No hay vuelta atrás. Se decide a poner en valor y visibilizar las iniciativas culturales existentes pero también las potenciales. No puede dejar de ver oportunidades en su entorno. ¡Tanto talento sin explotar!

Presente: las TIC para visibilizar el patrimonio

Así que se pone manos a la obra. Su objetivo: visibilizar y promover la cultura senegalesa. “Era una necesidad real en aquel momento”, explica. Empieza con un blog y al año, crea Wakh’art (un juego de palabras que significa “hablar de arte”, en wolof),  una plataforma cultural que cuenta con más de 10.000 seguidores online y con varios ejes de trabajo: un repertorio artístico con más de 700 entrevistas realizadas por ella misma, una agenda cultural y proyectos como una radio online o la Boîte à Idée (La Caja de las Ideas) un espacio de encuentro físico donde se organizan debates culturales, proyecciones de cine, exposiciones, talleres de pintura y brunch los sábados.

“Internet ayuda mucho pero la gente necesita verse y sentirse. Las actividades son gratuitas, ya que no queremos que el dinero sea un problema para el acceso a la cultura”, afirma.

Wakh Art Akya Sy, por Diattus Design.

En efecto, la Boîte à Idees es también su casa. Y la sede de Wakh’art. Un lugar creado al estilo de la Factory de Warhol… La villa desvela su gusto por el reciclaje y la recuperación, por la cultura urbana en forma de grafitis imponentes que cambia cada año para guardar “el espíritu efímero que debe caracterizar este arte”, detalles mágicos en forma de conchas, árboles, libros escondidos o juegos para los visitantes más pequeños. Se respira amor y respeto por lo que hace y una voluntad de crear un lugar inspirador para los artistas que por allí se acercan.

En forma de entrevista, Ken Aïcha Sy transcribe en primera persona los intercambios que tiene con las actrices y actores culturales de todas las generaciones que pasan por la Boîte à Idées. Con un estilo informal pero rigurosamente documentada, traslada la opinión de estos artistas senegaleses y extranjeros de paso en la ciudad, que no solo hablan sobre sus trabajos, sino que son cajas de resonancia de las realidades sociopolíticas de su entorno.

Observadora privilegiada del panorama cultural de su país no tiene pelos en la lengua: “Aparte de la música, hay poco conocimiento y reconocimiento del arte. Cuando rascas un poco el discurso político en materia cultural está vacío: al final la financiación viene de fuera. Al menos, el gobierno debería obligar a las empresas extranjeras que llevan años beneficiándose de nuestras riquezas a participar en las manifestaciones culturales y aportar dinero al desarrollo cultural de nuestro país. ¡Es lo mínimo!”, se indigna. 

Ken Aïcha Sy, por RapNabisso.

Futuro: el arte como factor de desarrollo

El lema de la asociación Wakh’art, presidida actualmente por el experto en estrategia digital Alpha Ciré Kane, es el “arte como factor de desarrollo”. “Nos referimos a un modelo económico en el que creemos”, dice SY. “En Senegal tenemos un patrimonio cultural muy rico, pero no somos conscientes de su potencial económico. Nosotros creemos que el arte se debe de utilizar para favorecer el desarrollo del país. Si desarrollamos la industria cultural, y la profesionalizamos, mucha gente podría ganarse mejor la vida y a la vez, atraer un turismo diferente”.

“Para eso, habría que llevar a cabo dos acciones: promover que la ciudadanía conozca y ame su propia cultura, y formar profesionalmente a alguna de esa gente para participar profesionalmente en su desarrollo”, comenta.

Tras el análisis, Wakh’art se puso a trabajar: “con el proyecto Arte en la escuela, intentamos promover esa sensibilidad artística en los más jóvenes, incluyendo también disciplinas menos convencionales como grafiti, DJ’ing o reciclaje y dándoles las herramientas para poder descodificar la cultura y aprender a amarla”.

En paralelo, Ken Aïcha SY trabaja para la profesionalización del sector, a través del sello discográfico Wakh’art Music (WAM), cofundado con el músico Moulaye, como empresa independiente pero guardando la misma filosofía.

“Aunque tiene vocación empresarial, WAM nació de la necesidad de jóvenes artistas que se dirigían a nosotros en busca de consejos profesionales para gestionar sus conciertos, agendas, comunicación, contactos. Sin embargo, somos un sello poco convencional: en primer lugar porque mientras otras discográficas se llevan porcentajes descomunales, el artista de WAM se lleva el 70% de los beneficios de sus ventas, y en segundo lugar porque nuestros artistas no hacen tendencia, tienen una pluma extraordinaria y una vasta cultura musical”, explica la promotora.

“Es por ello que es difícil venderlos, porque no son “encasillables”: la industria musical te obliga a buscarles una casilla cuando en realidad entran en varias.  Es una pena que sigamos en esta tesitura cuando el mundo actual es mestizo y plural: un artista se inspirará de diferentes fuentes como Bob Marley, Oumou Sangaré o The Beatles”. 

Hablando del panorama internacional se lleva las manos a la cabeza: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada. Aunque seas originaria de un pueblo de África y estés orgullosa de serlo, no es por ello que tu obra deba presentar obligatoriamente un niño pequeño y desnudo que se llame Kirikou. ¡Somos más que eso!”. 

Caso de estudio en numerosas escuelas de emprendimiento y gestión, Ken Aïcha Sy no duda en compartir su experiencia con cualquiera con la misma voluntad de cambiar las cosas que ella. Incluso la han contactado de Nigeria y Camerún para intercambiar sobres las claves de su éxito.

Parece difícil encontrar algo que se le resista a esta mujer, sin embargo confiesa que su reto para este año es visibilizar la creatividad femenina. “Yo soy feminista y tengo ganas de apoyar a las creadoras a dar el salto a lo profesional. Tengo la sensación de no haber hecho lo suficiente por darles visibilidad. Las mujeres son más discretas y la sociedad senegalesa es muy particular al juzgarlas: muchas comienzan pero después se casan y rechazan entrar en una dinámica profesional, o se quedan en un segundo plano, como coristas… no es que no puedan compatibilizar vida laboral y profesional, sí pueden: son mujeres, ¡llevan toda la vida haciéndolo!”.

Se despide dejándonos su descubrimiento de 2017: Angélique Dione, y prometiendo seguir dando mucho más de qué hablar. De arte, por supuesto.

Cuentos y música africanos para descubrir la tradición oral del continente

*Por Alicia Justo

Los cuentos tradicionales africanos han permanecido en el acervo cultural de muchos de sus habitantes con el desafío de haber sobrevivido al paso del tiempo. Rescatarlos supone su revalorización, al mismo tiempo, que sirve de escaparate a la cultura tradicional africana.

Una de las iniciativas creadas en esta línea es la puesta en escena del espectáculo de cuentos y música africanos Suenan las noches en Senegal de la narradora y escritora Ana Griott y los músicos Hermanos Thioune. Las historias están recogidas en el libro El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la baja Casamance, de la propia Griott quien reunió en este volumen una serie de cuentos populares que rondan desde hace muchos años en el imaginario de las gentes del sur de Senegal. La música la ponen los Hermanos Thioune con instrumentos de cuerda como la guitarra española o la kora. La inclusión de la también conocida como arpa africana es un guiño a los griots, puesto que ellos destacan por narrar historias reales y mágicas a través de la música y la palabra, como si de trovadores se tratara.

Esta adaptación al mundo actual pretende ser un reflejo de lo que antaño se vivió en aldeas y ciudades de Senegal cuando las nuevas tecnologías no habían modificado las relaciones interpersonales. A estas tierras no llegaban los libros, de modo que eran las personas mayores las que actuaban como bibliotecas personificadas reuniendo en el centro de las casas, al caer la noche, a los niños y jóvenes. A través de historias protagonizadas por personajes reales y fantásticos como serpientes pitones, sirenas o dragones trasladaban a sus oyentes a mundos mágicos. El cierre de estos cuentos siempre era una moraleja, una enseñanza moral que los más sabios del lugar querían regalar a su público.

Por ello, sus creadores intentan demostrar que en un mundo materialista se puede educar y entretener sin necesidad de acudir a lo tangible, solo con una historia bien hilada, música y color. Además, es una vía para visibilizar la existencia de largas tradiciones que aún perviven. “África está viva y existe con sus tradiciones. El problema es que Europa desconoce el continente y por eso el arte intenta enseñar a África como algo real, que existe y que no siempre está ligado a conceptos negativos como miseria o enfermedades”, argumenta el compositor de la obra, Khaly Thioune.

El arte como herramienta de multiculturalidad

La representación de cuentos es una de las ramas artísticas que manejan desde la empresa senegalesa afincada en Las Palmas de Gran Canaria Hermanos Thioune. Uno de sus fundadores, Khaly Thioune, reconoce que su propósito a la hora de iniciarse en este proyecto era “hacer del arte una herramienta de multiculturalidad, tolerancia y solidaridad“. Y desde su creación en 2009, ha logrado diversificarse en varias áreas como la danza, a través de la impartición de talleres; de la música, con la realización de conciertos; y de espectáculos, como la propia representación de los cuentos o shows de temática africana.

Thioune es licenciado en Artes Escénicas por la Escuela Nacional de Arte de Senegal, aunque se inició en el mundo artístico cuando era un escolar en su natal Bambey donde tocaba percusión, bailaba y hacía teatro. Desde su llegada a Gran Canaria en 2002 para ejercer como profesor de Cultura y Música Africana en la Universidad Popular de Las Palmas de Gran Canaria, ha trabajo en esa doble dimensión de potenciar el arte y mostrar un África alejada de estereotipos, donde también se respira arte y cultura como en otras partes del planeta.

Su labor tuvo un reconocimiento especial en 2012 cuando el Gobierno de Canarias le concedió el Premio Individual Joven Canarias por su labor en defensa de la interculturalidad y multiculturalidad.

La compañía está formada por 20 personas que son en su mayoría de origen senegalés y se han formado artísticamente en su país. Aunque han realizado pequeñas incursiones en su tierra, han desarrollado su faceta profesional en Europa donde trasladan todos los conocimientos adquiridos en Senegal.

Con su música, bailes y espectáculos han llegado a festivales como el Womad de Cáceres y Las Palmas de Gran Canaria en 2009, el África Vive de Casa África desde 2011 a 2015, el Rototom Sunsplash de Benicassim desde 2010 a 2016 o el Bimbache Jazz Festival de El Hierro desde 2013 a 2015.

– Suenan las noches en Senegal se representará el 2 de mayo de 2017 en la sala OFF Latina a las 20:30 horas.

 

Alicia Justo es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Periodismo Internacional de la UNED y Agencia EFE. En la actualidad lleva la comunicación y gestión de redes sociales de Hermanos Thioune.

Siaka Soppo Traoré, de Dakar a Barcelona

Cualquier lugar del mundo suele asociarse a una imagen; y gran parte de la población comparte esos mismos imaginarios colectivos que se acercan mucho a la realidad pero que, a menudo, también pueden distorsionarla. Y es que cuando se habla de África, las únicas imágenes que nos vienen a la mente están repletas de miseria, subdesarrollo, guerras y hambre. Lo que no cabe en nuestra imaginación es que algunas de las urbes africanas son las que más han crecido en los últimos años, no solo a niveles demográficos, sino también económicos. El continente se encuentra en ebullición constante y las calles de las ciudades demuestran, día tras día, su frenético movimiento. Un movimiento que no ha escapado de los ojos del fotógrafo y bailarín Siaka Soppo Traoré y que ha captado a la perfección en las fotografías de la exposición Actual Africa que ha acogido la galería Out of Africa, de Sitges.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Originario de Burkina Faso, el artista descubrió la fotografía cuando era niño, de la mano de su padre y los retratos que sacaba de toda la familia, pero no decidió dedicarse a ella hasta que terminó sus estudios y lo animaron a aprender de forma autodidacta. Creció en Togo, pero se marchó a estudiar a Senegal, dónde también descubrió la danza hip-hop y la capoeira. “Gran parte de mi infancia estuvo marcada por la danza, me llamaban Micheal Jackson porque siempre imitaba el moon walk. Más tarde tuve la suerte de descubrir la danza urbana, el hip-hop, que me impresionó, y la capoeira. Bailo por diversión, me hace sentir bien, no soy profesional, pero sí he formado parte de un grupo profesional en Dakar que se llama Indahouse Dakar”, explica Siaka para Wiriko.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

En su trabajo, Traoré ha unido la danza y la fotografía para captar la ebullición permanente de una calle en la que vivimos y que es el centro de nuestro día a día, pero a la que no prestamos atención e incluso despreciamos. El artista se ha dedicado a fotografiar a los bailarines urbanos senegaleses en acción, y ha desafiado las leyes de la fotografía estática para presentarles como auténticos héroes contemporáneos. A menudo, estos bailarines no están bien vistos ni gozan de ningún tipo de reconocimiento en la sociedad; pero a través del objetivo de Traoré, que pretende hacer evolucionar esta idea, vemos reflejados los valores positivos de la calle, el esfuerzo y la pasión que requiere esta disciplina artística. “La calle representa la inter conexión de un sinfín de posibilidades en la vida. Los bailarines representan la fuerza y la mente en movimiento”, cuenta. Una mente en movimiento constante que está presente en todo el continente.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Su punto de vista pretende dar un paso más y no quedarse en el plano puramente estético. “Más allá de su efecto visual, me intereso por el impacto social de esta forma de expresión artística”, afirma. “Expreso mi estado actual, mi visión a través del cuerpo y del movimiento”. Según Siaka Traoré, los bailarines urbanos de Dakar “nos pueden enseñar que todos pertenecemos a un plano material, que la belleza se puede encontrar en cualquier parte y que el cuerpo es increíble”.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Traoré expuso por primera vez estas fotos en 2014, durante el OFF de Dak’Art, la bienal de Arte Contemporáneo Africano, en la exposición SUNU StreetNuestra calle– que acogió la galería Atiss. En 2016, Siaka recibió el Premio Orange del Mejor Fotógrafo Digital y actualmente también se dedica a la moda, por lo que se ha convertido en uno de los fotógrafos más solicitados. Para la exposición en Sitges, que compartió con el artista francés, Sébastien Bouchard, los propietarios de la galería Out of Africa, Sorella Acosta y Jacques Collaer, se encontraron con el artista en su estudio de Dakar para proponerle una exposición que mostrara la capital senegalesa en la actualidad.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Pero el artista decidió ir más allá y, después de la inauguración de la exposición, también nos propuso algunas fotografías tomadas en la ciudad de Barcelona. “He desarrollado el trabajo fuera de África con un bailarín que se llama Jordi. Nos conocimos en la inauguración de la galería en Sitges, su estilo de baile me gustó y decidimos trabajar juntos. Eligió un lugar que le gustaba de Barcelona y yo me adapté a su movimiento”, cuenta. Con todo, Traoré se lleva de Barcelona la arquitectura de la ciudad y sus colores.

Jac Keïta: “Nadie vendrá inocentemente a África a ayudarnos sin llevarse nada a cambio”

– “Concert bi neexna ma lool” (El concierto me ha gustado mucho)

– “Jerejef way, yeen lay beggee” (Gracias amigo, es para vosotros)

Jac Keita del grupo Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

Exhausto pero enérgico, Jac Keïta, líder de la banda Takeifa, saluda a todas y cada una de las personas que viene a felicitarle tras el concierto ofrecido en un pequeño pueblo del norte de Senegal, organizado por la asociación Hahatay sonrisas de Gandiol. El nivel actual de la banda raramente les permite este contacto con la realidad de su país, algo que el artista agradece. “Es muy motivador tocar ante un público rural, que no te conoce mucho y que ves que tu música le llega. Es un subidón”, ríe.

Takeifa, juego de palabras que significa Familia Keita, es un grupo de largo recorrido, muy conocido y valorado tanto en la escena senegalesa como internacional.

Todo surgió de él, Jac, carismático e inquieto. Hijo de un comisario, creció mudándose constantemente de ciudad con su familia. Allí donde se instalaban los Keïta, Jac formaba un grupo, tocaba la guitarra o cantaba en solitario. Sus padres siempre le apoyaron y poco a poco el gusanillo de la música fue picando a sus hermanos: primero se le unen Ibrahima a la batería y Maah al bajo. Poco después Cheikh, que ya había hecho sus pinitos a la guitarra y le daba también al arte plástico, y Falou, al micrófono, se instalan con ellos en Dakar en 2006 dando comienzo a la aventura.

La primera vez que los escuchamos fue en Madrid en mayo de 2011. Tocaban en el Paraninfo de la Complutense en el festival Africa Vive organizado por Casa África. Por aquella época se llamaban Jac et le Takeifa, habían publicado un solo álbum (Diáspora, 2008) y tenían como cabeza de cartel a Femi Kuti.

Pese a que no eran aún muy conocidos por el gran público, tenían ya su red española bien atada : su manager les había conseguido abrir un hueco en los grandes festivales como el WOMAD o Territorios, en Sevilla.

Aquella noche, esperando al nigeriano, el público se quedó impresionado con la sincronía y presencia escénica del grupo, que ofrecía una música fresca, bailable, fusionando pop, reggae, rap y sonidos africanos. “Prometen”, se decía.

Seis años después, la profecía parece más que cumplida. Agotan entradas en todas las ciudades senegalesas, cuentan con varios clubs de fans, comparten cartel con los grandes nombres de la música africana (Youssou Ndour, Alpha Blondy o Tiken Jah Fakoly) en los festivales europeos y gozan del respeto de la crítica y los medios.

Pese al cansancio, Jac no mira al reloj sino a los ojos, y conversa entretenido sobre los entresijos de su tercer álbum que saldrá a la venta en mayo de este año, bajo el título Gass Giss.

Maah Keita de Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

Habéis hecho bailar a niños y mayores del pueblo, y es que parece imposible no contagiarse de vuestro ritmo ¿seguís siendo el mismo grupo que conocí en 2011?

Seguimos siendo los mismos, pero hemos evolucionado. Hemos aprendido a valorar la sencillez. Hemos entendido la importancia de la precisión y la simplicidad en los arreglos, en la melodía, y también en la puesta en escena. Antes necesitábamos gritar, saltar, usar muchos instrumentos para crear ambiente, pero con el tiempo y al frecuentar diferentes tipos de audiencias, nos hemos dado cuenta de que lo que engancha al público es una sonoridad más profunda, más pura, sin necesidad de sobrecargar.

Hace cinco años de vuestro último trabajo Get Free ¿por qué nos habéis hecho esperar tanto ?

Con Get Free estuvimos tres años de gira en Europa y Senegal. Necesitábamos parar un poco para crear y grabar. El proceso creativo ha llevado su tiempo, y después hemos grabado en Senegal pero la masterizacion la hemos hecho en Estados Unidos… Nuestra discográfica alemana es muy exigente en cuanto a la calidad y creatividad. No aceptan nada del mismo nivel que tu trabajo anterior: tienes que superarte. Tenemos mucha presión en cuanto a la música pero también en cuanto al protocolo, a la imagen, infografía, ruedas de prensa… Esta vez queríamos un álbum internacional, y la obtención de los derechos de autor nos han llevado casi dos años. ¡Es mucho trabajo!

¿Como os sentís ante esta nueva etapa que comienza?

Estamos ilusionados pero serenos. La música es ante todo paciencia. No es difícil ser una estrella de un día, pero nosotros queremos hacer carrera musical, queremos llegar a decir llevamos treinta o cincuenta años en la música. Queremos que el público nos vea crecer poco a poco: eso es hacer carrera.

Os definís como un grupo comprometido. Las letras de vuestros anteriores álbumes trataban temas como la situación de los niños de la calle, el medioambiente, etc. ¿De qué habláis en este nuevo trabajo ?

Hablamos de la abrir las mentalidades: la juventud africana necesita confianza, y esa confianza tiene que salir primero de ella misma (¡tenemos que creer en nosotros mismos!) pero también la clase política tiene que confiar en las nuevas generaciones. Hay muchos jóvenes con energía, ambición y ganas de quedarse en su país y hacer grandes cosas.

En este trabajo, hablamos de la curiosidad, que es lo que mueve a la juventud. Creemos que es positivo viajar y salir del país para ver lo que se hace fuera, para aprender, mezclarse y volver a casa con ideas nuevas. En casa es donde realmente te sientes bien, y a donde todos queremos volver.

Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

¿Es un mensaje político ?

Éste es nuestro mensaje pero esta lejos de ser el discurso de los políticos senegaleses, que hacen política como se hacía hace 150 años en África. Las mentalidades deben cambiar y sabemos que no son estos hombres políticos los que van a provocar un cambio.

Pareces desmotivado…

Yo nunca me desmotivaré del potencial que hay aquí pero sí de nuestra clase política: no confío en ellos y creo firmemente que su manera de hacer no contribuye a mejorar la situación de las poblaciones.

Tenemos que afrontar nuestro propio futuro y dejar de pensar que la solución va a venir de fuera. Dejar de creer que hay una inteligencia superior que va a venir del extranjero para resolver nuestros problemas, no es así : aquí no hay regalos. Nadie vendrá inocentemente a África a ayudarnos sin llevarse nada a cambio.

Es necesario que nuestra clase política, y sobre todo nosotros los africanos, paremos este discurso de la ayuda. Nadie salvará a nadie, nosotros mismos tenemos el destino en nuestras manos.

El título de vuestro álbum Gass Giss  significa “el que busca, encuentra” ¿habéis llegado ya a vuestro objetivo?

Hemos buscado durante mucho mucho tiempo y hemos encontrado el camino que nos gusta, pero tenemos que seguir trabajando. Nuestra apuesta es crear una música que haga cambiar las mentalidades, que innove, que aporte alegría y diversión pero que también pase un mensaje.

La juventud necesita ídolos. Aquí tenemos una juventud que se busca, que es creativa, dinámica y flexible, que pueden hacer cosas extraordinarias, pero que necesita referencias. La música mbalax puede ser bonita, pero a veces cae en la vulgaridad, sus mensajes no fomentan el espíritu crítico y transformador que necesita la juventud.

Habéis creado un “sonido Takeifa”, basado en la fusión de estilos, idiomas e influencias. ¿Os reconoceremos en Gass Giss o tendremos sorpresas a nivel musical?

Para este álbum nos hemos inspirado mucho de la música rock  y
también de la música afro de Nigeria, de Fela y Femi Kuti. Nos hemos inspirado de estas dos nuevas fuentes para fusionarlo al sonido Takeifa y hacer algo más puro, más life.

El directo es claramente vuestra fuerza…

Sabemos que es nuestra fuerza y hemos querido guardarlo en este álbum. Hemos grabado los temas en directo en el estudio, con pocos instrumentos, para poder “sentirlos”. El álbum tendrá 10 temas sin apenas percusión, pero con mucho saxo, que también incluiremos en el directo.

Hemos contado también con el apoyo de Baaba Maal que nos hace un featuring en uno de los temas, y muchas colaboraciones en arreglos con grandes músicos senegaleses.

El disco saldrá a mediados de mayo, ¿os veremos en España?

Después de una presentación en Senegal nos vamos directamente a Francia donde haremos una conferencia de prensa y un gran concierto en París, y comenzaremos la gira europea. En España querríamos tocar pero desgraciadamente aún no tenemos ningún festival para este verano. ¡Pero seguro que pasamos en la gira de invierno!

Para nosotros es muy importante tocar en España: es el país que ha creído en nosotros en primer lugar, que nos dio nuestro primer visado. La Embajada en Dakar nos puso en contacto con Casa África, que nos movió por prácticamente toda España durante casi cuatro años. Podemos decir que ha sido nuestra puerta de entrada al panorama internacional. Es por eso que hablamos un poquito de español…

La noche cae oscura en Gandiol, y a la troupe que acompaña a los Takeifa, formada por doce personas, les quedan aún cinco horas de coche hasta Dakar. “No os despidáis mucho, que volveremos pronto”, promete Jac, alejado por unos instantes del ajetreo que le espera en estos próximos meses.

Aquí os esperamos.

Women Groove Project: el dinamismo de las mujeres artistas en Senegal

Women Groove Project es una iniciativa que tiene por objetivo visibilizar y promocionar el dinamismo de las mujeres artistas en Senegal. A su cabeza, dos cantantes excepcionales, Mamy Kanouté y Gnima Sarr, cuya presencia escénica resume fielmente la filosofía de la iniciativa: procedentes de universos completamente distintos, dos grandes voces que se unen, sin competir ni perder identidad, en una sola melodía para transmitir un mensaje común: la necesaria cohesión de las mujeres, “porque juntas somos más fuertes”.

Pese a que Women Groove Projet se fragua en 2012 y el álbum del mismo nombre es publicado hace justo un año lanzado en un gran concierto en París, su presentación en Senegal no llega hasta el pasado 25 de febrero, en el Instituto Francés de Saint Louis. Ante el riesgo de esta fusión ad hoc, el directo goza de una magia particular, gracias sobre todo a la espontaneidad y energía de sus dos divas.

Mamy Kanouté es originaria de una familia griot, profundamente anclada en la tradición mandinga. Afincada en Dakar, es conocida como corista de Baaba Maal, quien la unió a su grupo Daande Leñol con 14 años. Icono de la tradición, siempre ha hecho prueba de apertura a la fusión de estilos como muestran las colaboraciones de su álbum personal Mousso Lou con el violinista belga Wouter Vandenabeele o con el jamaicano Ernest Ranglin.

Gnima Sarr.

Gnima Sarr, por su parte, simboliza lo urbano y moderno en este dúo. El “alter ego de Mamy”, como ella se describe, procede de las islas del Saloum, crece en Dakar en el seno de una familia intelectual y emigra a París con apenas 20 años. Ya en la capital francesa, su carrera musical prospera asociada al rap, slam y otros géneros urbanos. Acompañando como telonera a Omar Pene, también ha desarrollado su proyecto personal, el álbum Life is not a Waiting Game publicado en 2014.

Las filigranas líricas de Mamy Kanouté se mezclaron entonces con el flow de la rapera para delicia de una audiencia que bailó los ritmos de rumba, funk o soul propuestos sin ningún tipo de complejos.

La tradición y urbanidad prometida, apoyadas por un sonido de gran calidad: DJ Charly, Noumoucounda Cissoko a la kora y el guitarrista y también realizador del espectáculo, Hervé Samb. Tres senegaleses que están pegando fuerte en el panorama internacional y que también se han subido al carro.

Y es que Women Groove Projet no es casual. Es un proyecto pensado para triunfar. En su origen está Ousmane Faye, personaje reconocido del panorama artístico senegalés: mánager del cantante Omar Pene y figura de la música con su grupo Super Diamono, es también creador de reality shows para la televisión como Ferme Factory y fundador de la productora La Factory.

Conocedor sin duda de la industria cultural, Faye ha aprovechado el tirón de las etiquetas ‘África’, ‘mujer’ y ‘fusión’ en el mercado internacional y lo ha transformado en un proyecto para visibilizar las iniciativas artísticas de las mujeres de su país. Al preguntarle, se pone en un segundo plano : “o solo he tenido la idea, el proyecto es de ellas”, dice sin querer comentar más de este producto tan novedoso como encasillable y del que él lleva la relación con los medios.

“La iniciativa ha sido de Ousmane Faye, pero el proyecto es nuestro –reivindica Gnima Sarr-: nosotras nos hemos conocido, congeniado, creado juntas, y decimos lo que queremos decir”.

Mamy Kanouté

“Como artistas queremos expresar nuestra libertad, porque en el mundo del arte y la cultura hay también ese paternalismo y dirigismo de hombres productores, directores, músicos mientras que nosotras seguimos jugando un papel mucho más cosificado de mujeres objeto, guapas, voces secundarias… que nos relega a un segundo plano”.

Mamy Kanouté piensa que “no puedes integrar los atributos de mujer si quieres triunfar” y que es difícil conciliar cuando eres artista: “estamos siempre muy ocupadas”.

Nosotras queremos que el poder no pase por una manera de ser y entender el mundo masculinizada, patriarcal”, dice Gnima, y para ello, el proyecto les ha permitido trabajar unas letras que lanzan un mensaje directo y sin tabúes.

“Hemos querido contar historias de mujeres, visibilizar sus problemáticas: la principal es la presión social que se ejerce sobre ellas. Solo se entiende una manera de ser mujer. Por ejemplo, el tema de la maternidad no está cuestionado pese a que hay mujeres que no quieren ser madres”, afirma.

Uno de los títulos del álbum, Dimbaliya, trata otro tema sensible: el de la esterilidad y la manera en la que la culpa siempre recae en la mujer, aunque sea el hombre el infecundo.

En bambara, wolof, serer o inglés, el dúo canta para despertar conciencias. “También hablamos del desarraigo. Porque los africanos no conocemos nuestra propia historia, nuestra cultura antes de la colonización nos la han robado. Con nuestra música interpelamos nuestra identidad, nos preguntamos quiénes somos. Los africanos tenemos que estar orgullosos de nosotros mismos, y aún no lo estamos”, explica Gnima, en un discurso que recuerda al de su hermano, el filésofo y escritor Felwin Sarr.

Además de esta iniciativa musical concreta, el proyecto funciona como asociación que apoya la creación femenina promocionando redes de artistas de distintas disciplinas (video, foto) y organizando talleres en la Women Groove Factorylugar de residencia y de creación.

Aprovechar el tirón para tratar temas necesarios

Como ocurre en Occidente, África también ha sucumbido a la avalancha de eventos que conmemoran celebraciones del calendario mundial, como el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Sin poner en duda la importancia del recuerdo de la fecha (un 8 de marzo de 1857, un grupo de obreras textiles tomó la decisión de salir a las calles de Nueva York a protestar por las míseras condiciones en las que trabajaban) ciertos programas corren el riesgo de caer en la “comercialización” de la fecha.

Así, con intención de emitirlo el citado día, el pasado 22 de febrero, en asociación con la cadena de televisión nacional RTS2 el proyecto organizó un encuentro entre las dos cantantes y lideresas de diferentes ámbitos como políticas, sindicalistas, periodistas, universitarias, artistas, etc, en el Taller mecánico Fatou Fatou en Dakar, un sitio emblemático por ser el único con dos mujeres a la gerencia, algo asociado generalmente al rol masculino.

Allí se debatió sobre el tema «mujer e inmigración clandestina» ante una audiencia exclusivamente femenina.

Para Gnima Sarr, la jornada fue un éxito: “Hablamos del exilio, y de la manera de evitar que los jóvenes sigan pensando que Europa es El Dorado y se vayan en las condiciones que lo hacen. También reflexionamos sobre el rol de las mujeres en el proyecto migratorio  el papel de las que se quedan mientras el hombre deja el hogar, y la responsabilidad de la cohesión familiar”.

Por su parte, Mamy Kanouté destaca la importancia del apoyo de la televisión a la visibilización de las problemáticas femeninas que considera que “es cada vez mayor”. “Antes no se podía hablar de la violencia, o de cuestiones de salud que solo afectaban a mujeres, porque era tabú. Hoy los medios de comunicación se hacen eco de las cosas que nos preocupan y eso hace que las mentalidades cambien poco a poco en Senegal”.

El proyecto ha sabido aprovechar el filón de los circuitos culturales comerciales para trabajar cuestiones de fondo, con la esperanza de que a parte del bonito envoltorio el mensaje deje sus posos en las sociedades. Por lo pronto, y tras el segundo concierto en Senegal, el 4 de marzo en Dakar, será en las europeas, pues las próximas paradas del “Women Groove Projet” les llevará este verano a Francia y Suiza.

El amor de los amantes, los celos de San Valentín

Fotograma de la película Restless City, 2011.

El día de los enamorados es, además de mucho más complejo que las cenas románticas de esta noche incentivadas por la publicidad y El Corte Inglés, algo que se apelmaza entre la carta de vinos y la de los postres: lo llaman amor. Sobrevuela a ratos alto y dislocado. A veces tan bajo que lo llegamos a pisotear. Muchos piensan que en África no existe. No el día de los enamorados, sino el A-M-O-R. Creemos que esta palabra no puede ser, que está ausente. Un concepto eclipsado siempre por la crisis del SIDA, la sequía, la guerra. Así que cuando se piensa en el continente africano uno no proyecta imágenes de emociones o tensiones sexuales que acompañan al concepto. Quizá está provocado por la necesidad de alimentar nuestro ego y querer exportar, también, nuestra forma de besar, de ser celosos, de venganza, de anhelo, de intriga, de intimidad, de cortejo, de ser galanes, de movernos en la cama. Seleccionar películas es jugar a ser prestidigitador y hacer mutar las percepciones de las narrativas del espectador. Y hemos pensado que, quizás, cansados de tanto corazoncito y ofertas de todo tipo para un día como otro cualquiera, vendría bien dejarnos querer por realizadores y realizadoras que desde el continente explican que el amor es mucho más complejo. No obstante, disfruten de este 14 de febrero. Con cine, claro.


Sexo, okra y mantequilla salada, (2008) de Mahamat-Saleh Haroun 

Sexo, okra y mantequilla salada es una comedia de costumbres rodada en Francia. Con un reparto coral, el director chadiano cuenta la historia de una familia africana recientemente emigrada. Una serie de cambios agitan la familia, incluida la marcha de la madre con su amante blanco. Malik, su marido y muy tradicional, ve que todo su mundo se gira del revés, que tiene que cuidar de dos niños pequeños solos y, además de eso, descubre que su tercer hijo es homosexual. La llegada de la hermosa Amina provocará una serie de giros sorprendentes de guión. Una película que explora muchos de los temas de la firma de Haroun como los padres ausentes o la venganza frente a la reconciliación.


Boda blanca, (2009) de Jann Turner

El leal, comprometido y muy decente Elvis deja Johannesburgo para recoger a su mejor amigo y padrino Tumi en Durban. Los dos viajan a Ciudad del Cabo para comenzar los preparativos de la boda de Elvis con Ayanda. Pero las cosas no siempre salen según lo planeado. Esta comedia es una película atractiva que te hace sentir bien, así en general, con ese A-M-O-R del que hablábamos: compromiso, intimidad, amistad…


Hienas, (1992) de Djibril Diop Mambety
Una adaptación de la famosa obra del suizo Friedrich Dürrenmatt, La Visita, la película de Mambety Hienas cuenta la historia de Linguere Ramatou, una anciana y rica que vuelve a su pueblo natal de Colobane –el mismo que el de Mambéty–. Allí el guion narra una historia íntima de amor y venganza paralela a una crítica del neocolonialismo y el consumismo de África. Os dejamos la película completa.


Faat Kiné, (2001) de Ousmane Sembène
Esta comedia incisiva del cineasta senegalés Ousmane Sembène, uno de los padres de los cines africanos, es una observación crítica a la actual Dakar. El realizador muestra las contradicciones modernas de la ciudad postcolonial en un paisaje donde se mezclan las relaciones de género, la pobreza y la riqueza, y la tradición y modernidad. Faat Kine es un tributo al heroísmo cotidiano de las mujeres africanas, mostrándolas en el papel central que desempeñan en la creación de una nueva África lejos de la de antes de la independencia. Os dejamos la película completa porque también se habla de amor.


El amor se cocina en una olla africana, (1980) de Kwaw Ansah
La reinterpretación de Romeo y Julieta en la Ghana colonial por el realizador ghanés Kwaw Ansah representa las tensiones entre tradición y modernidad. Aba Appiah se enamora de Joe Quansah, hijo de un pescador, pero Kofi, su padre, un funcionario jubilado, tiene otros planes para ella, y tratará de bloquear su matrimonio. El conflicto resultante tendrá consecuencias complejas e inesperadas. Una joyita para disfrutar de la Ghana de los años ochenta.


Un amor durante la Guerra, (2005) de Osvalde Lewat-Hallade
Este documental de la realizadora camerunesa Osvalde Lewat-Hallade explora las consecuencias del uso de la violación como arma de guerra desde la perspectiva de las mujeres en África, donde se da testimonio de esta tragedia en repetidas ocasiones. Aziza una periodista y su marido tratan de reconstruir sus vidas. Sin embargo, los horrores sufridos por otras mujeres durante la guerra todavía se ciernen sobre Aziza.


Restless City, (2011) de Andrew Dosunmu
La ópera prima del director nigeriano Andrew Dosunmu, con una magnífica fotografía, cuenta la historia de Djibril, un inmigrante africano que sobrevive en la periferia de la ciudad de Nueva York, donde la música es su pasión, la vida es una estafa y enamorarse es su mayor riesgo. Djibril tiene un objetivo: ser una estrella del pop y volver algún día a África, donde su madre y su padre trabajan en un entorno de miseria. Pero el amor, lo cambiará todo.

5 películas africanas sobre migraciones

Un catálogo subjetivo para comprender las migraciones africanas desde el otro lado y a través de la mirada de 5 cineastas. Porque detrás de la barbarie que se vive en la frontera europea, hay historias humanas que vale la pena conocer:

A Stray
Director: Musa Syeed
País: EE.UU. 
Año: 2016

Poco después de conocerse quién sería el nuevo presidente de los Estados Unidos, saltaba la noticia de que Ilhan Omar, de 34 años, ha hecho historia al convertirse en la primer legisladora somalí del país. Esta ex refugiada y activista nacida en Somalia servirá como miembro del Parlamento, en el estado de Minnesota. Una elección que se producía pocos días después de que Donald Trump acusara a los inmigrantes somalíes de este estado de “difundir sus puntos de vista extremistas”. Minnesota tiene la comunidad más grande somalí de la nación, alrededor de 50.000 según el censo de los Estados Unidos.

A stray (un perro callejero) cuenta la historia de un adolescente somalí llamado Adan, interpretado por Barkhad Abdirahman, quien crece en Minneapolis, y que perdió a su padre en la guerra en Somalia. Su madre le ha expulsado de su apartamento por el robo de sus joyas. “Eres un somalí y musulmán, nadie te va a contratar”, le dice uno de sus amigos al inicio de la película.

Así que cuando el director de cine Musa Syeed comenzó a viajar desde su casa en la ciudad de Nueva York hacia el corazón de la comunidad somalí en Minneapolis, la ciudad más grande de Minessota, se enfrentó a una queja recurrente: la de los propios somalíes que pensaban que sería un periodista más que terminaría haciendo un producto sobre terrorismo. De hecho, la película de Syeed no ignora esta cuestión y refleja la psicosis de que parezca que haya un agente del FBI al acecho en cada esquina. Pero muestra la vida de los refugiados en Minneapolis matizada, con problemas, sí, pero también hermosa.


Triangle Going to America 
Dirigida por Theodros Teshome
País: Etiopía
Año: 2014

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.


Hope
Director: Helmer Boris Lojkine
País: Nigeria / Camerún / Francia
Año: 2014

Existe un rico mosaico antropológico de historias de supervivencia de los migrantes del África al sur del Sahara que han atravesado el desierto y el mar en busca de una vida mejor en Europa, pero son los guiones menos llevados al cine. Y esto sería razón suficiente para dar la bienvenida a Hope (Esperanza), una crónica pragmática y sensible del encuentro entre una joven nigeriana y un hombre camerunés que luchan en unas condiciones brutales por alcanzar las costas de España. El debut narrativo del francés Helmer Boris Lojkine fue quizás silenciado de forma solemne en las carteleras europeas.

La esperanza es la fuente principal de combustible en el largo camino representado en la película. Y el detalle simbólico del guión de Lojkine ya que también es el nombre de la joven protagonista que viaja sola y se une a un grupo de varones cameruneses en dirección al norte. Humillada y violada por sus compañeros de viaje, es rescatada y posteriormente protegida por Leonard, quien la acompaña a los guetos migrantes sombríos surgidos en la periferia urbana de Tamanrasset (Argelia). Una road movie sobre la vida. Y sobrevivir.


Mille Soleil
Directora: Matis Diop
País: Senegal
Año: 2013

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.


África Paraíso
Director: Sylvestre Amoussou
País: Senegal
Año: 2006

Y después de esta selección… acabamos con una famosa cita panafricanista: “África para los africanos”. Estas son las palabras que se repiten en el guión de Sylvestre Amoussou que sitúa sobre el tapete una cuestión necesaria en los discursos hegemónicos. ¿Qué pasaría si Europa se fragmentara en el 2030, los índices de paro se dispararan y se provocara una fuerte migración a la inversa? Es decir, si los europeos buscaran trabajo a la desesperada en el edén africano, ¿qué ocurriría? Amoussou describe a un África donde las políticas migratorias son feroces contra los inmigrantes, donde los jóvenes africanos están súper cualificados y donde se generan, también, suburbios de blancos que buscan un futuro mejor. No hay más. Una auténtica crítica a contrapelo de la historia, como diría Walter Benjamin. Aunque la fotografía deja, eso sí, mucho que desear.

 

Dakar al desnudo

Después de un periodo fuera de los kioskos, la revista Altaïr se reinventó, se reconstruyó y volvió al papel. Empecinados y en contra de todos los análisis y todos los consejos, los responsables de la publicación no han podido superar la adicción a la tinta que a ellos les hace caminar por el filo de la navaja y que a los lectores nos abre ventanas que dan a realidades fascinantes. Cerdeña fue su destino de apertura, pero Pere Ortín, el director de la revista, no se resistió demasiado. El segundo número de Altaïr Magazine ha sido “Dakar. Capital de una África diferente”. El segundo número de Altaïr Magazine es una auténtica disección de Dakar, un recorrido por la ciudad, por la capital de Senegal, que se adentra en todos los rincones de la urbe.

Ilustración de la portada del número de Altaïr Magazine sobre “Dakar. Capital de un África diferente”. Collage de Mario Trigo, a partir de fotos de Mamadou Gomis.

Crónica 360º, le llaman. Es, más bien, un periodismo que abre en canal la realidad. Y en eso tiene que ver, sin duda, la filosofía de la revista, pero también las firmas de este número de 200 páginas. Los responsables de la publicación han conseguido que algunos de los más profundos conocedores de la ciudad se conviertan en cicerones de los lectores. La nómina combina plumas destacadas como Boubacar Boris Diop, Massamba Guèye o Ken Bugul; con expertos como Daouda Cissé o Oumar Ndao; periodistas como Abdou Khadre Gaye o Moustapha Diop; y con blogueros como Cheikh Fall y Ken Aicha Sy. Todo el número está, en realidad, atravesado por dos líneas muy claras (tres, si contamos el toque inconfundible del director, Pere Ortín), en lo literario, Boubacar Boris Diop marca profundamente el enfoque; en lo visual, el fotógrafo Mamadou Gomis, autor de la mayor parte de las imágenes, determina inequívocamente el aspecto del dosier.

Portada del segundo número de Altaïr Magazine.

Esta radiografía de Dakar, que mira a la ciudad del derecho y del revés, se cuela en los recovecos de una urbe de la que el propio Pere Ortín asegura que es “un caos con apariencia armónica, atractivo y cruel” en el que “no es necesario soñar, solo hay que abrir bien los ojos”. Que nadie espere nada que se parezca a una guía de viaje, porque este homenaje de 360º a la capital del África Occidental es más bien un inventario de los lugares imperdibles de la ciudad, de las historias ocultas y de las dinámicas sociales que puede permitir exprimir al máximo el clima de las calles de la península de Cap Vert.

Este número de Altaïr Magazine es como uno de esos libros pop up, en los que se abren ventanas y puertas que muestras paisajes y escenas; o en los que al pasar una página se despliega un escenario en tres dimensiones. Cada uno de esos artículos es uno de esos elementos. El mosaico de la ciudad se compone con piezas que ofrecen visiones parciales, pueden ser las visiones nostálgicas de unos, las compilaciones de espacios de otros; pueden ser las descripciones históricas o los análisis sociológicos; puede ser la descripción del Dakar más creativo o el de la efervescencia social; puede ser el enfoque literario o el gastronómico. Cada uno de ellos da una clave y, sobre todo, en cada uno de ellos se abren un sinfín de pequeñas puertas que hay que ir descubriendo.

DAKAR 360º – ALTAÏR MAGAZINE from ALTAÏR on Vimeo.

Boubacar Boris Diop nos descubre la figura de Yaadikone Ndiaye “un forajido mítico que desafiaba el orden colonial, desplumando a los ricos para dar de comer a los pobres”. Diop explica como ese bandolero abría de noche las puertas de los cines de su querida Medina, para que los niños del barrio pudiesen acceder. Oumar Ndao en su repaso por los barrios de la ciudad, nos descubre el nacimiento de la mítica orquesta Super Diamono, en Mermoz; nos monta en un car rapide (el medio de transporte colectivo más popular de Dakar), según él, un “resumen humorístico de lo que no son”, porque no son coches y no son rápidos; describe la aparición del primer bar clandestino en Ouakam; o las moradas de los genios protectores de la ciudad a los que los lebus siguen rindiendo culto para pedir sus favores; e incluso, nos descubre a algunos de los “locos” de la ciudad, esos personajes carismáticos y fundamentalmente rodeados de misterio que marcan el paso de la vida cotidiana y nunca aparecen en crónicas, ni historias oficiales. Daouda Cissé nos abre las puertas desconocidas de los comerciantes chinos del barrio de Centenaire, analizando las relaciones de la capital senegalesa con el gigante asiático.

Fotografía de Mamadou Gomis, contenida en el número de Altaïr Magazine sobre Dakar.

“Hoy ha sido un día muy parecido a muchos otros. De nuevo los artistas de la capital senegalesa me han impresionado, sorprendido, conmovido y hecho sonreír”, escribe la bloguera cultural Ken Aicha Sy en su particular repaso por la efervescencia artística de la ciudad. Su aportación se suma a la de Keba Danso, sobre su iniciativa Ciné Banlieu que trata de acercar el cine a todo el mundo. En la misma línea cultural se inscribe una de las contribuciones con más calado del volumen. El análisis literario, ideológico y filosófico en el que Boubacar Boris Diop coloca a Cheikh Anta Diop frente a Léopold Sédar Senghor con perspectiva y sin maniqueísmos. “Mi generación combatió a Senghor e incluso pretendimos odiarlo. Posiblemente sentíamos un insólito afecto por él”, llega a escribir Diop.

Pero también hay espacio para una crónica social más ligera, como el recorrido de Cheikh Fall por la vida del taxi de la capital. El joven bloguero conocido por su activismo se viste de costumbrismo en este caso para explicar algunas de las anécdotas que un viajero puede escuchar en los coches amarillos y negros que recorren la ciudad. Salimata Wade ofrece un recorrido gastronómico y se mete en las ollas de Dakar. “Dakar es a día de hoy un concentrado de fragmentos y reflejos de humanidad, continentes, idiomas, culturas, arquitecturas, gustos, sabores”, adelanta Wade antes de meterse en harina.

La afamada escritora Ken Bugul visita uno de los espacios más emblemáticos, simbólicos y desconocidos de Dakar, la Gare de Dakar. El ferrocarril fue clave durante la colonización, la línea ferroviaria de Dakar a Bamako era el nexo de unión entre los diferentes intereses de la metrópoli francesa. Sin embargo, el medio de transporte que dejó algunas infraestructuras emblemáticas fue, poco a poco, cayendo en el olvido y la línea más importante dejó de funcionar en 2010. La escritora senegalesa evoca sus recuerdos de este espacio y de la nostalgia del ferrocarril.

Éstas son sólo algunas de las piezas del mosaico en 360º que ofrece Altaïr Magazine. La radiografía, la disección de la ciudad, acerca a los lectores a un enorme nivel de familiaridad. Este dosier especial descubre la realidad de una ciudad a la que seguramente muchos lectores disfrutarán asomándose.

Cheikh Lô: “Los artistas no pueden vivir del amor al arte”

*Por Laura Feal

Ataviado con un cinturón de talibé y sus largas rastas recogidas detrás de la cabeza, Cheikh Lô entra en escena sentándose a la batería para deleite de un público que acoge con un fuerte aplauso el precalentamiento. Comienza el espectáculo. Su pequeña figura se agranda en el escenario. Con su voz única, cosmopolita, irregular, mística, Cheikh Lô mueve las almas pero también los cuerpos de aquellos que tienen el placer de escucharle.

Cheikh Lô. Extraída de Rede Angola.

Decide entonces no esconder ninguna de sus dotes: a la batería, guitarra, percusión, baile y por supuesto al micrófono, el polifacético artista transmitió su profunda entrega a la música en las dos horas de un concierto ofrecido el pasado 9 de diciembre en Saint Louis (Senegal) en el marco de la primera edición del World Music Festival.

En su lucha por conservar su renombre cultural, la ciudad mantiene gracias fundamentalmente a voluntades personales, varios eventos musicales que cubren prácticamente todo el año, como el Festival de Jazz de Saint Louis en mayo, el Metissons en noviembre y varios festivales hip hop (Rap Ndar en abril, Beccegu Ndar en diciembre) al que ahora se une esta nueva iniciativa. En tres días, el World Festival Music ofreció reggea jamaicano, flamenco granadino y un gran elenco local como el korista Youssoupha Cissoko o la mítica Mama Sadio.

Con esta es la cuarta vez que el emprendedor español Jay Hernández hace venir al virtuoso baye fall a tocar a Saint Louis (quinta ciudad del país en número de habitantes, frontera con Mauritania), y al día siguiente nos da la oportunidad de entrevistarlo.

Después de un café y restos de un yassa poulet, a las doce de la mañana nos recibe uno de los compositores e intérpretes más reconocidos del panorama musical senegalés.

Arrastrando quizá el cansancio de la larga noche, Cheikh Lô es parco en palabras pero claro en sus propósitos. “La industria musical senegalesa no pasa por un buen momento. Faltan promotores que sacudan las ciudades y los artistas debemos apoyar a aquellos valientes que organizan festivales pese a no reunir todas las condiciones”, dice agradeciendo iniciativas como la de Jay que permite la promoción de jóvenes talentos locales como Ifrikia, Maimouna o la Orquesta River Sound.

Cheikh LÔ, antes de su último concierto en Saint Louis. Laura Feal/Wiriko.

El artista reivindica la inversión en el sector. “Los productores senegaleses prefieren meter su dinero en la lucha que en la música”, dice en referencia al auge del lamb (lucha tradicional senegalesa) que mueve miles de millones de francos CFA cada año.

Además de los emprendedores privados, Lô se lamenta de la poca participación pública en la promoción de la música en el país. “El Ministerio de la Cultura debe jugar su rol: tiene que tomar la iniciativa para que otros promotores culturales se animen y no apoyar solamente a las iniciativas que están en marcha y funcionan. Los artistas no pueden vivir del amor al arte”.

Celebrando este año el veinte aniversario de su primer disco, Ne la Thiass (1996), el artista analiza su trayectoria: “Mi recompensa musical ha venido tarde, quizá en el momento en el que sería normal parar, con casi sesenta años. Yo creo en la Naturaleza, quizás mi destino era esperar a que mi trabajo estuviera maduro para triunfar”, dice humilde, chocando con la filosofía de uno de sus temas más reclamados, “Ndogal”.

Decenas de jóvenes tararearon el estribillo “Lu xew, lu xew. ñuni ndogal. Yeen ni yi dal du ndogal” que viene a traducirse como “no todo lo que ocurre es fruto del destino”, en el que Cheikh Lô hace una oda al trabajo, que él mismo personifica con cuatro décadas de carrera musical. Nacido en 1955 en Bobo Dioulasso de padres senegaleses, comenzó en la música desde muy joven integrando la Volta Jazz, una de las mejores orquestas del África del Oeste de la post-independencia, que revisitaba tanto pop cubano y congolés como música tradicional burkinesa.

Cheikh Lô es hijo de ese momento de entusiasmo africano, de esa creatividad saheliana, que le hizo pasar por diferentes bandas multiétnicas compartiendo escenario con músicos de Burkina Fasso, Senegal, Costa de Marfil, Cabo Verde…, entre ellos Papa Wemba y Youssou Ndour.

Su trayectoria individual se encuentra recogida en hasta ahora cinco álbumes culminado por Balbalou (2015) que, grabado entre Paris y Estocolmo, combina la madurez del artista con esa osadía a la hora de fusionar sonidos que siempre le ha caracterizado.

Cheikh Lô ha encontrado la clave del éxito con un estilo que mezcla mbalax, blues mandinga o soukous con ritmos venidos de todas las partes del planeta, como la salsa o el reggae, lo que complace tanto al público africano como internacional.  No es quizá azar que “Doxàndem”, trotamundos en wolof, fuera otro de los temas reclamados durante su último concierto en Saint Louis.

La espiritualidad de sus letras, acordes con la filosofía de la cofradía mouride Baye Fall de la que Lô forma parte, es también parte de su gancho, con mensajes a favor de la paz y la tolerancia que calan entre jóvenes y mayores. “En cada álbum tienes la obligación de mejorar, de aportar algo diferente. Es un duro trabajo intelectual”, afirma “Ndigueul” Lô (servicial) como habitualmente lo llaman.

Su tema “Degg gui” (la verdad) que habla sobre la autenticidad y la necesidad de volver a lo esencial, aún sin la sensual voz de la brasileña Flavia Coelho, deleitó ya en el cierre al auditorio Saint-Louisien. Con la misma ligereza con la que sale del escenario, sabiendo que deja ganas de más, se levanta de la silla y con un abrazo sereno, simplemente se va. Y es que lo que Cheikh hace, lo hace de verdad.

* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

La fiesta del documental africano

Por Laura Feal*

Fotograma de la película ganadora del festival Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina.

Retomando la filosofía de Sembene de convertir el cine en la “escuela del pueblo”, el Festival de Cine Documental de Saint Louis, evento anual organizado por la red AfricaDoc, ha transformado durante cinco días la antigua capital del África Occidental en una gran pantalla. Cincuenta films documentales procedentes de 23 países se proyectaron (entre el 5 y el 10 de diciembre) en presencia de un centenar de profesionales, en plazas al aire libre y lugares públicos de la ciudad, así como en el Instituto Francés de Saint Louis, la Universidad Gaston Berger o el centro cultural Le Château, .

En la presente y ya tercera edición del Festival, 24 películas entraron en competición en la Selección Oficial, organizadas en tres categorías -corto, medio y largometraje- exponiéndose al veredicto de un jurado formado por tres personas venidas del mundo cinematográfico, audiovisual y mediático africano y europeo, entre ellas Komlan Agbo, director del patrimonio cultural y de las artes de la UEMOA.

Los ganadores del premio AIRF (Asociación Internacional de las Regiones Francófonas) fueron anunciados durante el acto de clausura del festival. El jurado premió la visibilidad de las problemáticas femeninas en diferentes contextos africanos, extrayendo el debate común entre tradición y modernidad y el cuestionamiento identitario en sociedades con un marcado componente conservador. La máxima distinción en el apartado de cortometrajes fue para Eva Sehet y Maxime Caperan  por su trabajo La Fille du Rail  (La hija de los railes) que, grabada en Malí, cuenta la historia de la primera mujer maquinista, en un contexto de grave crisis política en el país.

 

El film L’arbre sans fruit (El árbol sin frutos) de la nigeriana Aicha Macky, uno de los más esperados del festival, se llevó por su parte el premio en la categoría de mediometraje. El jurado resaltó la generosidad de la realizadora a la hora de contar su historia y participar en primera persona, lo que “le da fuerza y profundidad a la película”, que trata con gran delicadeza el tema de la infertilidad femenina.

En la máxima categoría, el jurado premió la sensibilidad del film Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina. El documental, que aborda sin tapujos este tema tan tabú, fue visionado en la plaza principal de Saint Louis, con una importante afluencia de personas de todas las edades, que aplaudieron abiertamente al final de la proyección. En esta página puedes visionar un fragmento.

En paralelo, y otra de las atracciones del Festival, fue la proyección de la ultima realización de Ousmane William Mbaye Kemtiyu, sobre la vida de Cheikh Anta Diop, trabajo del que ya hemos hablado en Wiriko. Precisamente en esta edición, el festival ha querido rendir homenaje al director senegalés con una retrospectiva integral de su obra que incluyó Mere bi, President Dia y Hierro y cristal, entre otras. En el apartado Saint Louis en corto, el festival ofreció un espacio a los jóvenes realizadores, salidos del Master de realización y producción documental de creación de la Universidad Gaston Berger de Saint Louis, que comienza este año su décima edición, y que han podido dar a conocer sus obras al gran público.

Acercar el género documental

El documental de creación tiene por objetivo crear imágenes que ayuden a pensar e interactuar con el espectador. Según Souleyman Kebe, coordinador de las proyecciones, este evento pretende “tejer una red entre la ciudad y los creadores y acercar este género a todo tipo de público”. Para ello, el carácter abierto y gratuito del festival juega un papel importante. Pero no lo es todo. Una de las iniciativas ha sido el programa Público Joven, que ha llevado parte de la sección oficial a diez centros escolares de la ciudad, acompañados de un invitado y un dinamizador con el fin de debatir sobre el contenido con el alumnado. En la escuela St. Joseph más de 80 cabezas se estrechaban para no perderse ni un fotograma de Un talibé que no es como los demás, cortometraje sobre un niño que estudia en la escuela coránica. Cécile Mbaye, profesora de CM1, explica la importancia de que sus alumnos vean películas que se desarrollan en su entorno, porque normalmente solo consumen cine occidental. Otro ejemplo de este acercamiento, es la obra Grande Place, de la única directora de Saint Louis que ha presentado un trabajo en esta edición, AnneJo Brigaud. La creadora sitúa su cámara en una de las calles de la ciudad, rindiendo así homenaje al espacio de la palabra en la sociedad senegalesa y a la gente, que según ella “son parte imprescindible del patrimonio de Saint Louis”.

El eterno dilema de la producción

Tënk, que en wolof significa resumen (equivalente al pitch que se usa en la jerga cinematográfica) es la palabra elegida por la organización del Festival para designar los encuentros de coproducción en los que participan realizadores africanos y productores y difusores venidos de diferentes países, como Bélgica, Francia o Canadá. En esta edición, 21 jóvenes directores de quince países del continente presentaron su proyecto de film, acompañados por su productor africano y del formador que les ha orientado durante su residencia de escritura. Al otro lado de la mesa programadores y difusores occidentales, con mayor acceso a fondos y ayudas, dispuestos a embarcarse en una asociación Norte-Sur.

Tras este primer encuentro, público y abierto, las citas se cierran ya en privado y ambas partes negocian y discuten posibles colaboraciones. ¿Resultados? Pronto lo sabremos. De momento, y para los que entiendan el francés, os recomiendo el articulo de Olivier Barlet (jurado del festival) publicado en la revista digital francesa Africultures en el que se desgranan varios de los proyectos presentados. El festival pretende convertir a Saint Louis en un punto de convergencia anual de profesionales del documental africano y de cineastas del mundo entero que filmen en el continente. Queriendo ser un eslabón clave en la cadena de promoción del genero, el debate se cierne sobre la difusión de estos trabajos fuera del circuito de festivales.

Imagen de la escuela St. Joseph donde el festival de cine documental ha implementado parte de su programa de difusión.

 


* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.