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El amor de los amantes, los celos de San Valentín

Fotograma de la película Restless City, 2011.

El día de los enamorados es, además de mucho más complejo que las cenas románticas de esta noche incentivadas por la publicidad y El Corte Inglés, algo que se apelmaza entre la carta de vinos y la de los postres: lo llaman amor. Sobrevuela a ratos alto y dislocado. A veces tan bajo que lo llegamos a pisotear. Muchos piensan que en África no existe. No el día de los enamorados, sino el A-M-O-R. Creemos que esta palabra no puede ser, que está ausente. Un concepto eclipsado siempre por la crisis del SIDA, la sequía, la guerra. Así que cuando se piensa en el continente africano uno no proyecta imágenes de emociones o tensiones sexuales que acompañan al concepto. Quizá está provocado por la necesidad de alimentar nuestro ego y querer exportar, también, nuestra forma de besar, de ser celosos, de venganza, de anhelo, de intriga, de intimidad, de cortejo, de ser galanes, de movernos en la cama. Seleccionar películas es jugar a ser prestidigitador y hacer mutar las percepciones de las narrativas del espectador. Y hemos pensado que, quizás, cansados de tanto corazoncito y ofertas de todo tipo para un día como otro cualquiera, vendría bien dejarnos querer por realizadores y realizadoras que desde el continente explican que el amor es mucho más complejo. No obstante, disfruten de este 14 de febrero. Con cine, claro.


Sexo, okra y mantequilla salada, (2008) de Mahamat-Saleh Haroun 

Sexo, okra y mantequilla salada es una comedia de costumbres rodada en Francia. Con un reparto coral, el director chadiano cuenta la historia de una familia africana recientemente emigrada. Una serie de cambios agitan la familia, incluida la marcha de la madre con su amante blanco. Malik, su marido y muy tradicional, ve que todo su mundo se gira del revés, que tiene que cuidar de dos niños pequeños solos y, además de eso, descubre que su tercer hijo es homosexual. La llegada de la hermosa Amina provocará una serie de giros sorprendentes de guión. Una película que explora muchos de los temas de la firma de Haroun como los padres ausentes o la venganza frente a la reconciliación.


Boda blanca, (2009) de Jann Turner

El leal, comprometido y muy decente Elvis deja Johannesburgo para recoger a su mejor amigo y padrino Tumi en Durban. Los dos viajan a Ciudad del Cabo para comenzar los preparativos de la boda de Elvis con Ayanda. Pero las cosas no siempre salen según lo planeado. Esta comedia es una película atractiva que te hace sentir bien, así en general, con ese A-M-O-R del que hablábamos: compromiso, intimidad, amistad…


Hienas, (1992) de Djibril Diop Mambety
Una adaptación de la famosa obra del suizo Friedrich Dürrenmatt, La Visita, la película de Mambety Hienas cuenta la historia de Linguere Ramatou, una anciana y rica que vuelve a su pueblo natal de Colobane –el mismo que el de Mambéty–. Allí el guion narra una historia íntima de amor y venganza paralela a una crítica del neocolonialismo y el consumismo de África. Os dejamos la película completa.


Faat Kiné, (2001) de Ousmane Sembène
Esta comedia incisiva del cineasta senegalés Ousmane Sembène, uno de los padres de los cines africanos, es una observación crítica a la actual Dakar. El realizador muestra las contradicciones modernas de la ciudad postcolonial en un paisaje donde se mezclan las relaciones de género, la pobreza y la riqueza, y la tradición y modernidad. Faat Kine es un tributo al heroísmo cotidiano de las mujeres africanas, mostrándolas en el papel central que desempeñan en la creación de una nueva África lejos de la de antes de la independencia. Os dejamos la película completa porque también se habla de amor.


El amor se cocina en una olla africana, (1980) de Kwaw Ansah
La reinterpretación de Romeo y Julieta en la Ghana colonial por el realizador ghanés Kwaw Ansah representa las tensiones entre tradición y modernidad. Aba Appiah se enamora de Joe Quansah, hijo de un pescador, pero Kofi, su padre, un funcionario jubilado, tiene otros planes para ella, y tratará de bloquear su matrimonio. El conflicto resultante tendrá consecuencias complejas e inesperadas. Una joyita para disfrutar de la Ghana de los años ochenta.


Un amor durante la Guerra, (2005) de Osvalde Lewat-Hallade
Este documental de la realizadora camerunesa Osvalde Lewat-Hallade explora las consecuencias del uso de la violación como arma de guerra desde la perspectiva de las mujeres en África, donde se da testimonio de esta tragedia en repetidas ocasiones. Aziza una periodista y su marido tratan de reconstruir sus vidas. Sin embargo, los horrores sufridos por otras mujeres durante la guerra todavía se ciernen sobre Aziza.


Restless City, (2011) de Andrew Dosunmu
La ópera prima del director nigeriano Andrew Dosunmu, con una magnífica fotografía, cuenta la historia de Djibril, un inmigrante africano que sobrevive en la periferia de la ciudad de Nueva York, donde la música es su pasión, la vida es una estafa y enamorarse es su mayor riesgo. Djibril tiene un objetivo: ser una estrella del pop y volver algún día a África, donde su madre y su padre trabajan en un entorno de miseria. Pero el amor, lo cambiará todo.

5 películas africanas sobre migraciones

Un catálogo subjetivo para comprender las migraciones africanas desde el otro lado y a través de la mirada de 5 cineastas. Porque detrás de la barbarie que se vive en la frontera europea, hay historias humanas que vale la pena conocer:

A Stray
Director: Musa Syeed
País: EE.UU. 
Año: 2016

Poco después de conocerse quién sería el nuevo presidente de los Estados Unidos, saltaba la noticia de que Ilhan Omar, de 34 años, ha hecho historia al convertirse en la primer legisladora somalí del país. Esta ex refugiada y activista nacida en Somalia servirá como miembro del Parlamento, en el estado de Minnesota. Una elección que se producía pocos días después de que Donald Trump acusara a los inmigrantes somalíes de este estado de “difundir sus puntos de vista extremistas”. Minnesota tiene la comunidad más grande somalí de la nación, alrededor de 50.000 según el censo de los Estados Unidos.

A stray (un perro callejero) cuenta la historia de un adolescente somalí llamado Adan, interpretado por Barkhad Abdirahman, quien crece en Minneapolis, y que perdió a su padre en la guerra en Somalia. Su madre le ha expulsado de su apartamento por el robo de sus joyas. “Eres un somalí y musulmán, nadie te va a contratar”, le dice uno de sus amigos al inicio de la película.

Así que cuando el director de cine Musa Syeed comenzó a viajar desde su casa en la ciudad de Nueva York hacia el corazón de la comunidad somalí en Minneapolis, la ciudad más grande de Minessota, se enfrentó a una queja recurrente: la de los propios somalíes que pensaban que sería un periodista más que terminaría haciendo un producto sobre terrorismo. De hecho, la película de Syeed no ignora esta cuestión y refleja la psicosis de que parezca que haya un agente del FBI al acecho en cada esquina. Pero muestra la vida de los refugiados en Minneapolis matizada, con problemas, sí, pero también hermosa.


Triangle Going to America 
Dirigida por Theodros Teshome
País: Etiopía
Año: 2014

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.


Hope
Director: Helmer Boris Lojkine
País: Nigeria / Camerún / Francia
Año: 2014

Existe un rico mosaico antropológico de historias de supervivencia de los migrantes del África al sur del Sahara que han atravesado el desierto y el mar en busca de una vida mejor en Europa, pero son los guiones menos llevados al cine. Y esto sería razón suficiente para dar la bienvenida a Hope (Esperanza), una crónica pragmática y sensible del encuentro entre una joven nigeriana y un hombre camerunés que luchan en unas condiciones brutales por alcanzar las costas de España. El debut narrativo del francés Helmer Boris Lojkine fue quizás silenciado de forma solemne en las carteleras europeas.

La esperanza es la fuente principal de combustible en el largo camino representado en la película. Y el detalle simbólico del guión de Lojkine ya que también es el nombre de la joven protagonista que viaja sola y se une a un grupo de varones cameruneses en dirección al norte. Humillada y violada por sus compañeros de viaje, es rescatada y posteriormente protegida por Leonard, quien la acompaña a los guetos migrantes sombríos surgidos en la periferia urbana de Tamanrasset (Argelia). Una road movie sobre la vida. Y sobrevivir.


Mille Soleil
Directora: Matis Diop
País: Senegal
Año: 2013

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.


África Paraíso
Director: Sylvestre Amoussou
País: Senegal
Año: 2006

Y después de esta selección… acabamos con una famosa cita panafricanista: “África para los africanos”. Estas son las palabras que se repiten en el guión de Sylvestre Amoussou que sitúa sobre el tapete una cuestión necesaria en los discursos hegemónicos. ¿Qué pasaría si Europa se fragmentara en el 2030, los índices de paro se dispararan y se provocara una fuerte migración a la inversa? Es decir, si los europeos buscaran trabajo a la desesperada en el edén africano, ¿qué ocurriría? Amoussou describe a un África donde las políticas migratorias son feroces contra los inmigrantes, donde los jóvenes africanos están súper cualificados y donde se generan, también, suburbios de blancos que buscan un futuro mejor. No hay más. Una auténtica crítica a contrapelo de la historia, como diría Walter Benjamin. Aunque la fotografía deja, eso sí, mucho que desear.

 

Dakar al desnudo

Después de un periodo fuera de los kioskos, la revista Altaïr se reinventó, se reconstruyó y volvió al papel. Empecinados y en contra de todos los análisis y todos los consejos, los responsables de la publicación no han podido superar la adicción a la tinta que a ellos les hace caminar por el filo de la navaja y que a los lectores nos abre ventanas que dan a realidades fascinantes. Cerdeña fue su destino de apertura, pero Pere Ortín, el director de la revista, no se resistió demasiado. El segundo número de Altaïr Magazine ha sido “Dakar. Capital de una África diferente”. El segundo número de Altaïr Magazine es una auténtica disección de Dakar, un recorrido por la ciudad, por la capital de Senegal, que se adentra en todos los rincones de la urbe.

Ilustración de la portada del número de Altaïr Magazine sobre “Dakar. Capital de un África diferente”. Collage de Mario Trigo, a partir de fotos de Mamadou Gomis.

Crónica 360º, le llaman. Es, más bien, un periodismo que abre en canal la realidad. Y en eso tiene que ver, sin duda, la filosofía de la revista, pero también las firmas de este número de 200 páginas. Los responsables de la publicación han conseguido que algunos de los más profundos conocedores de la ciudad se conviertan en cicerones de los lectores. La nómina combina plumas destacadas como Boubacar Boris Diop, Massamba Guèye o Ken Bugul; con expertos como Daouda Cissé o Oumar Ndao; periodistas como Abdou Khadre Gaye o Moustapha Diop; y con blogueros como Cheikh Fall y Ken Aicha Sy. Todo el número está, en realidad, atravesado por dos líneas muy claras (tres, si contamos el toque inconfundible del director, Pere Ortín), en lo literario, Boubacar Boris Diop marca profundamente el enfoque; en lo visual, el fotógrafo Mamadou Gomis, autor de la mayor parte de las imágenes, determina inequívocamente el aspecto del dosier.

Portada del segundo número de Altaïr Magazine.

Esta radiografía de Dakar, que mira a la ciudad del derecho y del revés, se cuela en los recovecos de una urbe de la que el propio Pere Ortín asegura que es “un caos con apariencia armónica, atractivo y cruel” en el que “no es necesario soñar, solo hay que abrir bien los ojos”. Que nadie espere nada que se parezca a una guía de viaje, porque este homenaje de 360º a la capital del África Occidental es más bien un inventario de los lugares imperdibles de la ciudad, de las historias ocultas y de las dinámicas sociales que puede permitir exprimir al máximo el clima de las calles de la península de Cap Vert.

Este número de Altaïr Magazine es como uno de esos libros pop up, en los que se abren ventanas y puertas que muestras paisajes y escenas; o en los que al pasar una página se despliega un escenario en tres dimensiones. Cada uno de esos artículos es uno de esos elementos. El mosaico de la ciudad se compone con piezas que ofrecen visiones parciales, pueden ser las visiones nostálgicas de unos, las compilaciones de espacios de otros; pueden ser las descripciones históricas o los análisis sociológicos; puede ser la descripción del Dakar más creativo o el de la efervescencia social; puede ser el enfoque literario o el gastronómico. Cada uno de ellos da una clave y, sobre todo, en cada uno de ellos se abren un sinfín de pequeñas puertas que hay que ir descubriendo.

DAKAR 360º – ALTAÏR MAGAZINE from ALTAÏR on Vimeo.

Boubacar Boris Diop nos descubre la figura de Yaadikone Ndiaye “un forajido mítico que desafiaba el orden colonial, desplumando a los ricos para dar de comer a los pobres”. Diop explica como ese bandolero abría de noche las puertas de los cines de su querida Medina, para que los niños del barrio pudiesen acceder. Oumar Ndao en su repaso por los barrios de la ciudad, nos descubre el nacimiento de la mítica orquesta Super Diamono, en Mermoz; nos monta en un car rapide (el medio de transporte colectivo más popular de Dakar), según él, un “resumen humorístico de lo que no son”, porque no son coches y no son rápidos; describe la aparición del primer bar clandestino en Ouakam; o las moradas de los genios protectores de la ciudad a los que los lebus siguen rindiendo culto para pedir sus favores; e incluso, nos descubre a algunos de los “locos” de la ciudad, esos personajes carismáticos y fundamentalmente rodeados de misterio que marcan el paso de la vida cotidiana y nunca aparecen en crónicas, ni historias oficiales. Daouda Cissé nos abre las puertas desconocidas de los comerciantes chinos del barrio de Centenaire, analizando las relaciones de la capital senegalesa con el gigante asiático.

Fotografía de Mamadou Gomis, contenida en el número de Altaïr Magazine sobre Dakar.

“Hoy ha sido un día muy parecido a muchos otros. De nuevo los artistas de la capital senegalesa me han impresionado, sorprendido, conmovido y hecho sonreír”, escribe la bloguera cultural Ken Aicha Sy en su particular repaso por la efervescencia artística de la ciudad. Su aportación se suma a la de Keba Danso, sobre su iniciativa Ciné Banlieu que trata de acercar el cine a todo el mundo. En la misma línea cultural se inscribe una de las contribuciones con más calado del volumen. El análisis literario, ideológico y filosófico en el que Boubacar Boris Diop coloca a Cheikh Anta Diop frente a Léopold Sédar Senghor con perspectiva y sin maniqueísmos. “Mi generación combatió a Senghor e incluso pretendimos odiarlo. Posiblemente sentíamos un insólito afecto por él”, llega a escribir Diop.

Pero también hay espacio para una crónica social más ligera, como el recorrido de Cheikh Fall por la vida del taxi de la capital. El joven bloguero conocido por su activismo se viste de costumbrismo en este caso para explicar algunas de las anécdotas que un viajero puede escuchar en los coches amarillos y negros que recorren la ciudad. Salimata Wade ofrece un recorrido gastronómico y se mete en las ollas de Dakar. “Dakar es a día de hoy un concentrado de fragmentos y reflejos de humanidad, continentes, idiomas, culturas, arquitecturas, gustos, sabores”, adelanta Wade antes de meterse en harina.

La afamada escritora Ken Bugul visita uno de los espacios más emblemáticos, simbólicos y desconocidos de Dakar, la Gare de Dakar. El ferrocarril fue clave durante la colonización, la línea ferroviaria de Dakar a Bamako era el nexo de unión entre los diferentes intereses de la metrópoli francesa. Sin embargo, el medio de transporte que dejó algunas infraestructuras emblemáticas fue, poco a poco, cayendo en el olvido y la línea más importante dejó de funcionar en 2010. La escritora senegalesa evoca sus recuerdos de este espacio y de la nostalgia del ferrocarril.

Éstas son sólo algunas de las piezas del mosaico en 360º que ofrece Altaïr Magazine. La radiografía, la disección de la ciudad, acerca a los lectores a un enorme nivel de familiaridad. Este dosier especial descubre la realidad de una ciudad a la que seguramente muchos lectores disfrutarán asomándose.

Cheikh Lô: “Los artistas no pueden vivir del amor al arte”

*Por Laura Feal

Ataviado con un cinturón de talibé y sus largas rastas recogidas detrás de la cabeza, Cheikh Lô entra en escena sentándose a la batería para deleite de un público que acoge con un fuerte aplauso el precalentamiento. Comienza el espectáculo. Su pequeña figura se agranda en el escenario. Con su voz única, cosmopolita, irregular, mística, Cheikh Lô mueve las almas pero también los cuerpos de aquellos que tienen el placer de escucharle.

Cheikh Lô. Extraída de Rede Angola.

Decide entonces no esconder ninguna de sus dotes: a la batería, guitarra, percusión, baile y por supuesto al micrófono, el polifacético artista transmitió su profunda entrega a la música en las dos horas de un concierto ofrecido el pasado 9 de diciembre en Saint Louis (Senegal) en el marco de la primera edición del World Music Festival.

En su lucha por conservar su renombre cultural, la ciudad mantiene gracias fundamentalmente a voluntades personales, varios eventos musicales que cubren prácticamente todo el año, como el Festival de Jazz de Saint Louis en mayo, el Metissons en noviembre y varios festivales hip hop (Rap Ndar en abril, Beccegu Ndar en diciembre) al que ahora se une esta nueva iniciativa. En tres días, el World Festival Music ofreció reggea jamaicano, flamenco granadino y un gran elenco local como el korista Youssoupha Cissoko o la mítica Mama Sadio.

Con esta es la cuarta vez que el emprendedor español Jay Hernández hace venir al virtuoso baye fall a tocar a Saint Louis (quinta ciudad del país en número de habitantes, frontera con Mauritania), y al día siguiente nos da la oportunidad de entrevistarlo.

Después de un café y restos de un yassa poulet, a las doce de la mañana nos recibe uno de los compositores e intérpretes más reconocidos del panorama musical senegalés.

Arrastrando quizá el cansancio de la larga noche, Cheikh Lô es parco en palabras pero claro en sus propósitos. “La industria musical senegalesa no pasa por un buen momento. Faltan promotores que sacudan las ciudades y los artistas debemos apoyar a aquellos valientes que organizan festivales pese a no reunir todas las condiciones”, dice agradeciendo iniciativas como la de Jay que permite la promoción de jóvenes talentos locales como Ifrikia, Maimouna o la Orquesta River Sound.

Cheikh LÔ, antes de su último concierto en Saint Louis. Laura Feal/Wiriko.

El artista reivindica la inversión en el sector. “Los productores senegaleses prefieren meter su dinero en la lucha que en la música”, dice en referencia al auge del lamb (lucha tradicional senegalesa) que mueve miles de millones de francos CFA cada año.

Además de los emprendedores privados, Lô se lamenta de la poca participación pública en la promoción de la música en el país. “El Ministerio de la Cultura debe jugar su rol: tiene que tomar la iniciativa para que otros promotores culturales se animen y no apoyar solamente a las iniciativas que están en marcha y funcionan. Los artistas no pueden vivir del amor al arte”.

Celebrando este año el veinte aniversario de su primer disco, Ne la Thiass (1996), el artista analiza su trayectoria: “Mi recompensa musical ha venido tarde, quizá en el momento en el que sería normal parar, con casi sesenta años. Yo creo en la Naturaleza, quizás mi destino era esperar a que mi trabajo estuviera maduro para triunfar”, dice humilde, chocando con la filosofía de uno de sus temas más reclamados, “Ndogal”.

Decenas de jóvenes tararearon el estribillo “Lu xew, lu xew. ñuni ndogal. Yeen ni yi dal du ndogal” que viene a traducirse como “no todo lo que ocurre es fruto del destino”, en el que Cheikh Lô hace una oda al trabajo, que él mismo personifica con cuatro décadas de carrera musical. Nacido en 1955 en Bobo Dioulasso de padres senegaleses, comenzó en la música desde muy joven integrando la Volta Jazz, una de las mejores orquestas del África del Oeste de la post-independencia, que revisitaba tanto pop cubano y congolés como música tradicional burkinesa.

Cheikh Lô es hijo de ese momento de entusiasmo africano, de esa creatividad saheliana, que le hizo pasar por diferentes bandas multiétnicas compartiendo escenario con músicos de Burkina Fasso, Senegal, Costa de Marfil, Cabo Verde…, entre ellos Papa Wemba y Youssou Ndour.

Su trayectoria individual se encuentra recogida en hasta ahora cinco álbumes culminado por Balbalou (2015) que, grabado entre Paris y Estocolmo, combina la madurez del artista con esa osadía a la hora de fusionar sonidos que siempre le ha caracterizado.

Cheikh Lô ha encontrado la clave del éxito con un estilo que mezcla mbalax, blues mandinga o soukous con ritmos venidos de todas las partes del planeta, como la salsa o el reggae, lo que complace tanto al público africano como internacional.  No es quizá azar que “Doxàndem”, trotamundos en wolof, fuera otro de los temas reclamados durante su último concierto en Saint Louis.

La espiritualidad de sus letras, acordes con la filosofía de la cofradía mouride Baye Fall de la que Lô forma parte, es también parte de su gancho, con mensajes a favor de la paz y la tolerancia que calan entre jóvenes y mayores. “En cada álbum tienes la obligación de mejorar, de aportar algo diferente. Es un duro trabajo intelectual”, afirma “Ndigueul” Lô (servicial) como habitualmente lo llaman.

Su tema “Degg gui” (la verdad) que habla sobre la autenticidad y la necesidad de volver a lo esencial, aún sin la sensual voz de la brasileña Flavia Coelho, deleitó ya en el cierre al auditorio Saint-Louisien. Con la misma ligereza con la que sale del escenario, sabiendo que deja ganas de más, se levanta de la silla y con un abrazo sereno, simplemente se va. Y es que lo que Cheikh hace, lo hace de verdad.

* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

La fiesta del documental africano

Por Laura Feal*

Fotograma de la película ganadora del festival Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina.

Retomando la filosofía de Sembene de convertir el cine en la “escuela del pueblo”, el Festival de Cine Documental de Saint Louis, evento anual organizado por la red AfricaDoc, ha transformado durante cinco días la antigua capital del África Occidental en una gran pantalla. Cincuenta films documentales procedentes de 23 países se proyectaron (entre el 5 y el 10 de diciembre) en presencia de un centenar de profesionales, en plazas al aire libre y lugares públicos de la ciudad, así como en el Instituto Francés de Saint Louis, la Universidad Gaston Berger o el centro cultural Le Château, .

En la presente y ya tercera edición del Festival, 24 películas entraron en competición en la Selección Oficial, organizadas en tres categorías -corto, medio y largometraje- exponiéndose al veredicto de un jurado formado por tres personas venidas del mundo cinematográfico, audiovisual y mediático africano y europeo, entre ellas Komlan Agbo, director del patrimonio cultural y de las artes de la UEMOA.

Los ganadores del premio AIRF (Asociación Internacional de las Regiones Francófonas) fueron anunciados durante el acto de clausura del festival. El jurado premió la visibilidad de las problemáticas femeninas en diferentes contextos africanos, extrayendo el debate común entre tradición y modernidad y el cuestionamiento identitario en sociedades con un marcado componente conservador. La máxima distinción en el apartado de cortometrajes fue para Eva Sehet y Maxime Caperan  por su trabajo La Fille du Rail  (La hija de los railes) que, grabada en Malí, cuenta la historia de la primera mujer maquinista, en un contexto de grave crisis política en el país.

 

El film L’arbre sans fruit (El árbol sin frutos) de la nigeriana Aicha Macky, uno de los más esperados del festival, se llevó por su parte el premio en la categoría de mediometraje. El jurado resaltó la generosidad de la realizadora a la hora de contar su historia y participar en primera persona, lo que “le da fuerza y profundidad a la película”, que trata con gran delicadeza el tema de la infertilidad femenina.

En la máxima categoría, el jurado premió la sensibilidad del film Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina. El documental, que aborda sin tapujos este tema tan tabú, fue visionado en la plaza principal de Saint Louis, con una importante afluencia de personas de todas las edades, que aplaudieron abiertamente al final de la proyección. En esta página puedes visionar un fragmento.

En paralelo, y otra de las atracciones del Festival, fue la proyección de la ultima realización de Ousmane William Mbaye Kemtiyu, sobre la vida de Cheikh Anta Diop, trabajo del que ya hemos hablado en Wiriko. Precisamente en esta edición, el festival ha querido rendir homenaje al director senegalés con una retrospectiva integral de su obra que incluyó Mere bi, President Dia y Hierro y cristal, entre otras. En el apartado Saint Louis en corto, el festival ofreció un espacio a los jóvenes realizadores, salidos del Master de realización y producción documental de creación de la Universidad Gaston Berger de Saint Louis, que comienza este año su décima edición, y que han podido dar a conocer sus obras al gran público.

Acercar el género documental

El documental de creación tiene por objetivo crear imágenes que ayuden a pensar e interactuar con el espectador. Según Souleyman Kebe, coordinador de las proyecciones, este evento pretende “tejer una red entre la ciudad y los creadores y acercar este género a todo tipo de público”. Para ello, el carácter abierto y gratuito del festival juega un papel importante. Pero no lo es todo. Una de las iniciativas ha sido el programa Público Joven, que ha llevado parte de la sección oficial a diez centros escolares de la ciudad, acompañados de un invitado y un dinamizador con el fin de debatir sobre el contenido con el alumnado. En la escuela St. Joseph más de 80 cabezas se estrechaban para no perderse ni un fotograma de Un talibé que no es como los demás, cortometraje sobre un niño que estudia en la escuela coránica. Cécile Mbaye, profesora de CM1, explica la importancia de que sus alumnos vean películas que se desarrollan en su entorno, porque normalmente solo consumen cine occidental. Otro ejemplo de este acercamiento, es la obra Grande Place, de la única directora de Saint Louis que ha presentado un trabajo en esta edición, AnneJo Brigaud. La creadora sitúa su cámara en una de las calles de la ciudad, rindiendo así homenaje al espacio de la palabra en la sociedad senegalesa y a la gente, que según ella “son parte imprescindible del patrimonio de Saint Louis”.

El eterno dilema de la producción

Tënk, que en wolof significa resumen (equivalente al pitch que se usa en la jerga cinematográfica) es la palabra elegida por la organización del Festival para designar los encuentros de coproducción en los que participan realizadores africanos y productores y difusores venidos de diferentes países, como Bélgica, Francia o Canadá. En esta edición, 21 jóvenes directores de quince países del continente presentaron su proyecto de film, acompañados por su productor africano y del formador que les ha orientado durante su residencia de escritura. Al otro lado de la mesa programadores y difusores occidentales, con mayor acceso a fondos y ayudas, dispuestos a embarcarse en una asociación Norte-Sur.

Tras este primer encuentro, público y abierto, las citas se cierran ya en privado y ambas partes negocian y discuten posibles colaboraciones. ¿Resultados? Pronto lo sabremos. De momento, y para los que entiendan el francés, os recomiendo el articulo de Olivier Barlet (jurado del festival) publicado en la revista digital francesa Africultures en el que se desgranan varios de los proyectos presentados. El festival pretende convertir a Saint Louis en un punto de convergencia anual de profesionales del documental africano y de cineastas del mundo entero que filmen en el continente. Queriendo ser un eslabón clave en la cadena de promoción del genero, el debate se cierne sobre la difusión de estos trabajos fuera del circuito de festivales.

Imagen de la escuela St. Joseph donde el festival de cine documental ha implementado parte de su programa de difusión.

 


* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

‘Trasatlántica PHotoEspaña’ desembarca en Senegal

* Por Alexandra Gil Taboas

Trasatlántica PHotoEspaña lleva diez años navegando entre España y América Latina para otear el trabajo de sus mejores fotógrafos. Creada en 2009 como “foro de fotografía y artes visuales para Iberoamérica”, Trasatlántica decidió este año y por vez primera ampliar su marco de actuación para desembarcar en el decimoséptimo país que visita, Senegal.

Moctar BA

Desde este verano, y con la colaboración de la sección Cultural de la Embajada de España en Senegal, el equipo de PHotoEspaña en Madrid se ha puesto manos a la obra en la búsqueda de talentos de la fotografía en el país. De entre todos los portfolios recibidos, veinte de ellos serían seleccionados para enfrentarse al criterio de expertos de la talla de Claude Bussac (Directora General de La Fábrica), Patrick Manac’h (cofundador de la Maison de la Photographie de Marrakech), Ricardo Vázquez (Director del Hôtel des Arts de Toulon), Mamadou Gomis (fotógrafo y miembro fundador de la Unión de fotoperiodistas de Senegal) y Delphine Calmettes (Directora artística de la galería Le Manège de Dakar, asociada al Instituto Francés). Además, el visionado de portfolios estaría precedido de un taller de capacitación cultural financiado por la cooperación española, en el que aquellos excluidos del mismo pudieron perfeccionar sus trabajos fotográficos para futuras ocasiones.

Un visionado de porfolios consiste en mantener reuniones personalizadas con cada uno de los comisarios y editores presentes. La hornada de jóvenes talentos de la fotografía senegalesa no quiso desaprovechar la oportunidad y llegaría a sus citas cargada de temas de actualidad; entre los más recurrentes la mendicidad infantil, la pesca, la emigración, la lucha o la realidad y ritos de las cofradías religiosas del país. Para los más curiosos, una selección de fotos de cada participante se puede ver en este enlace (hacia el final de la lista).
En palabras de Ricardo Vázquez “varios trabajos merecen un desarrollo y se podrían exhibir en centros de arte. El problema es que las fotos no siempre se entenderían fuera del contexto senegalés, pues el fotógrafo puede estar muy familiarizado con el problema pero éste no tiene por qué haberse reflejado con exactitud en la imagen tomada. Deben mostrarnos lo que no se ve”. Esta idea es compartida por el resto de visionadores, quienes han insistido en la importancia de profundizar en los temas retratados para contextualizar mejor cada trabajo, la búsqueda de coherencia y posicionamiento así como el dar rienda suelta a las singularidades de cada fotógrafo sin perder de vista el desarrollo de un lenguaje universal.

Trasatlántica en Dakar ha demostrado el fuerte pulso del país y de su juventud en cuanto al sector de la fotografía se refiere. Sin embargo, en palabras de Mamadou Gomis, “la fotografía senegalesa está marginalizada. Aunque muchos fotógrafos sí consiguen abrirse camino y tener proyección internacional, la gran mayoría se deja explotar por la prensa o se vende a fines comerciales. En el país falta formación profesional y artística entorno a la foto, lo cual merma la confianza de los fotógrafos y no les ayuda a ir muy lejos”. Otro de sus grandes retos es el de aumentar la participación y visibilidad de las mujeres en eventos como este, donde su presencia ha sido muy baja. A pesar de las dificultades, existen interesantes iniciativas colectivas locales como Sunu Nataal, que auto-gestiona sus propias formaciones, conferencias y exposiciones de fotografía, o Passion Photo Senegal, cuyo hashtag #pp221 (prefijo telefónico de Senegal) acompaña a múltiples fotos del país en Twitter.

Tras su paso por el Aula Cervantes de Dakar, donde se realizaron todas las sesiones de Trasatlántica, los trabajos de los seleccionados competirán por el Premio Descubrimientos 2017 junto a porfolios venidos de Lima, Panamá y Madrid, haciendo realidad la primera incursión de fotógrafos africanos en esta categoría. Además, un/a comisario/a independiente hará una selección de fotografías que formarán parte de una exposición colectiva que podremos contemplar en la Sección Oficial de PHotoEspaña 2017. A escala nacional, profesionales y comisarios residentes en Senegal contemplan ya la posibilidad de realizar una “exposición colectiva” y un “catálogo en red”. Sea como sea, la red profesional e internacional está ya creada y si algo ha quedado claro a visionadores y asistentes a la actividad es que Omar Victor Diop y Mamadou Gomis tienen el relevo asegurado.

La bienalización del arte africano

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Javier Guirado Alonso

Venecia, 1893. Han pasado poco más de 20 años desde el establecimiento de Roma como capital de Italia, el colofón, de la unificación. Con el pretexto de celebrar las bodas de plata del rey Humberto I y Margarita de Saboya, el ayuntamiento de Venecia decide celebrar una exposición internacional de arte. Dos años después, el 30 de abril de 1985, se inauguraba la Biennale de Venecia: la primera bienal de la historia.

Pero, ¿qué es una bienal?

Es una feria de arte que se celebra cada dos años en una ciudad del mundo. La primera tuvo lugar en Venecia, en 1895 y, seguramente, siga siendo la de mayor calado. Le siguieron las de Sao Paulo (1951) o París (1959), en la que tuvo un papel fundamental André Malraux, entonces ministro de cultura. Durante los 60 y 70 el fenómeno se fue expandiendo por muchas otras ciudades, la mayoría en Europa.

Ya desde muy temprano se vio el potencial político que podían llegar a tener estas ferias. En 1895 la Biennale de Venecia supuso un impulso extraordinario a la idea de nación que había que transmitir dentro y fuera del país. La configuración de la muestra, que concedía un espacio a cada país participante, acentuó esta narrativa de legitimación nacional. Los efectos que supuso para la ciudad, además, en términos de comercio y reconfiguración urbana fueron fundamentales.

Tomando la Biennale de Venecia como modelo, y debido a la utilidad, actualmente el número total ronda entre las 100 y 200, con gran presencia mediática y organismos como la Biennial Foundation. Sin embargo, es a partir de los años 90 cuando el fenómeno comienza a generalizarse, coincidiendo con la desregulación de los mercados que se dio en esa época. A este aumento exponencial en la celebración de este tipo de ferias es a lo que se ha llamado bienalización del arte. Los efectos de este modelo han suscitado gran discusión. Van Proyden (2006), por ejemplo, señala los 90 como una época centrada no tanto en movimiento artístico alguno sino en la promoción a través de instituciones culturales y sedes pomposas.

Con la bienalización del arte, la presión para que el mayor número de ciudades posible tenga una muestra de este tipo lleva a Sassatelli (2016) a señalar que “una bienal te pone en el mapa porque, hoy, las bienales son el mapa”. Tomando la estimación de la Biennial Foundation, lo cierto es que solo el 9 por ciento de las bienales se celebran en África. Un porcentaje francamente pequeño que representa la dificultad y el relativo éxito del continente por subirse al carro de esta bienalización. No obstante, sí que hay varias ferias de gran éxito. Una de ellas es el Dak’Art, con su última edición en 2016 y cuyo eco ha llegado también a España. Centrada en arte contemporáneo, el Dak’Art tiene la importancia estratégica de celebrarse en Senegal, país natal del gran arquitecto de la Negritud, Leopold Sedar Senghor.

Dado que uno de los elementos fundamentales para el éxito de estas ferias es la puesta en claro del capital cultural de la región, no es extraño que las referencias a Leopold Sedar Senghor sean habituales, como también lo son al Festival Mundial del Arte Negro, de cuya edición celebrada en Dakar se cumplían 50 años en 2016. En el marco de la reafirmación nacional se celebraron también las bienales de Johannesburgo de 1995, llamada Africus, y 1997. Tras la caída del apartheid, el Nobel de la Paz de Mandela y su ascenso a la presidencia de Sudáfrica, Johannesburgo era una ciudad deseosa de mostrarse al mundo como un lugar abierto, plural y en el que había cabida para la élite mundial del arte contemporáneo tras años de aislamiento internacional.

La Bienal de Fotografía de Bamako celebraba su décima edición en 2015 bajo el nombre de Telling Time. En un marco de inestabilidad como el que ha sufrido Mali en los últimos años, una estrategia de la organización consistió en llevar a los artistas a las escuelas para fomentar el interés de los estudiantes en el arte africano, la fotografía y la muestra en sí. En una época en la que el uso del smartphone está ya generalizado entre los jóvenes africanos, la temática cobra especial relevancia.

Aunque no es una bienal sino una exposición itinerante, Making Africa ha cumplido también un papel fundamental en la difusión del arte africano. Con Okwui Enwezor como comisario, muy relacionado con el mundo de las bienales y criticado muchas veces por ofrecer a Occidente una visión comercial y estereotipada del arte africano, Making Africa ha sido una exposición de gran éxito que ha pasado ya por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, el Guggenheim de Bilbao o el museo Vitra Design.

La bienalización de África no es una noticia ni buena ni mala. Indica, exclusivamente, que el desarrollo de las instituciones culturales y artísticas en dicho continente siguen la estela de un modelo que se está dando en el resto del mundo. No parece, por tanto, que el éxito de ferias como las bienales de Johannesburgo, Dak’Art o la Bienal de Fotografía de Bamako sean reflejo de un despertar africano genuino, sino del sometimiento a un modelo ya establecido, con una crítica que tiene más que ver con el mercado del arte que con la emancipación simbólica de un continente. Lo global ha terminado por ser una forma elegante de referirse al canon occidental, dejando de lado la posibilidad de que los sures o los orientes adquieran una voz propia.

Más aún, el primitivismo (Laganà, 2008) del que ha bebido el arte africano contemporáneo tiene también que ver, muchas veces, con una mirada occidental que tiende a acentuar elementos exóticos que pueden ser o no locales, o formar parte de una idea nacional, desde el pretexto de la emancipación. Se toma una perspectiva esencialista para tener al africano como un sujeto que solo es capaz de expresarse desde la artesanía localista, fomentando el llamado “arte de aeropuerto”.

El debate por la descolonización de las mentes tiene en las bienales africanas su particular presencia, en tanto que cada muestra refleja las identidades fronterizas a las que ha dado lugar la estructura social y política poscolonial (Neila, 2009). Con una tradición entrelazada con los estados europeos coloniales, parece ya una labor artificial separar la impronta que dejaron, el arte tradicional de cada región africana y los desarrollos actuales, que cada artista escribe al ritmo de unos patrones muy relacionados con el canon occidental. Las identidades fronterizas, a caballo entre el arte global mercantilizado y la reivindicación de la tradición, por tanto, parece que van a seguir siendo el pan de cada día de cualquier muestra de arte africano.


Referencias

Biennial Foundation

Laganà, L. (2008). “The Primitivism debate and Modern Art”, en Art & Time, IV Mediterranean Congress of Aesthetics, Irbid: Universidad de Yarmouk.

Neila Hernández, J. L. (2009). “La «descolonización de las mentes» en el África Subsahariana: identidad y conocimiento social”, en Estudios internacionales: Revista del Instituto de Estudios Internacionales, 162, Santiago: Universidad de Chile.

Sassatelli, M. (2016). “The biennalization of art worlds: the culture of cultural events”, en Hanquinet y Savage (eds.) Handbook of The Sociology of Art and Culture, Londres: Routledge.

Van Proyen, M. (2006). “Administrativism and Its Discontents”, Art Criticism, 21 (2).

Set/Setal: cuando el malestar construye

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Paula Calvo

Set/Setal que literalmente significa limpio/limpiar, es un movimiento social, especialmente de gente joven (jóvenes, desempleados, miembros de partidos políticos, políticos descontentos) que  sacudió la escena política senegalesa en la década de los 80. Durante 1988-89, las paredes de las ciudades senegalesas y en especial las de Dakar y sus suburbios, fueron transformadas con pinturas. El desencanto reinante coincide con la emergencia de una identidad urbana propia en la capital, llevando a las calles una estética revolucionaria.
Este movimiento, que atacó a las clases dirigentes y redefinió los espacios públicos, no supuso una ruptura abrupta con  la memoria nacionalista, sino que reorganizó y recompuso la herencia histórica.
Fue un movimiento particularmente urbano y su marco de referencia estuvo situado en Dakar, centro de poder y   atracción para los jóvenes que huían de la crisis agrícola y de la sequía.
En ese tiempo, Senegal implementaba un programa de ajuste estructural y en muchos casos, el Estado se retiró de la salud y la educación, degradando y empobreciendo la administración pública. Además, la redistribución desigual del poder y la riqueza, la disonancia entre la ostentosidad y el discurso de la clase dirigente, las condiciones de vida de una población que incrementaba su marginalización y empobrecimiento, y la incapacidad de la clase dirigente, crearon una enorme aflicción, una profunda angustia y el temor de un futuro incierto, que fueron decisivas para la movilización de la juventud, activando y actualizando el poder con símbolos innovadores.
Set/Setal se gestó en los distritos de la periferia, donde carecían de los equipamientos adecuados para ocuparse de la limpieza, de la recogida de la basura doméstica y del vertido de las aguas sucias. Debido al coste que supondría su aplicación y a que las propias características de estos distritos lo hacían inviable, la recogida de la basura doméstica se convirtió en el principal problema de la ciudad, acumulándose en las calles con el consiguiente riesgo para la salud de la población.
La gente joven y marginada, que originalmente pensaba que los servicios públicos eran los únicos responsables de la limpieza del entorno, decide movilizarse y tomar parte activa en esta limpieza,  inaugurando una nueva era en Senegal.
Este movimiento se dará en dos vertientes. Por una parte el orden y la limpieza del territorio y los lugares públicos, trabajando contra la marginalización,  la prostitución y la delincuencia. Por otra parte, la limpieza moral de la corrupta clase dirigente y sus actividades económicas no reguladas. Es por lo tanto una oposición, tanto a la degradación ambiental, como a la crisis de la transición democrática.
Durante la presidencia de Senghor, la construcción de la memoria nacionalista estaba unida al poder estatal, la visión estética de la clase dirigente fue dictada y subvencionada, se exhortó a hablar en francés y la identidad fue estudiada y elaborada de una forma artificial, de acuerdo al momento que se estaba viviendo (la creación de un país). Sin embargo, la disolución de la herencia de la negritud y el socialismo africano, la desaparición de plazas para exposiciones, la crisis financiera, la orientación de la escuela de bellas artes y la degradación del medio urbano, contribuyeron a la reorganización de la ya obsoleta visión del nacionalismo del pasado y se constituyeron creaciones artísticas que legitimarían una nueva identidad urbana.
Como respuesta a la rápida degradación de la infraestructura pública, se da una variada expresión musical y visual que se enfoca y exalta la cultura de la ciudad: los parques, los cuales se habían convertido en sórdidos baños públicos, fueron arreglados, decorados y restaurados para su objetivo original; las calles, nombradas con las letras del alfabeto, fueron bautizadas con el nombre de personalidades locales (marabouts, líderes espirutuales, la estatua de la libertad, héroes anticoloniales de la historia senegalesa, personajes de futbol etc.); el wolof fue escrito por primera vez, en dos cómics de esa época; nace un nuevo género de canciones celebrando la ciudad y su gente (Set de youssou ndour, ndakaaru de Baaba Mal etc.).
Los murales que aún decoran las paredes de Dakar y alrededores (que aluden tanto a la cultura fast food, como a referentes juveniles, prácticas higiénicas, personalidades religiosas, políticas o deportivas), son testimonio de un momento histórico concreto y el reflejo de las preocupaciones, deseos, admiraciones y esperanzas de una población que está construyendo su identidad, ya no de manera forzosa o artificial como se hizo necesariamente en la creación del Estado, sino que es una identidad espontánea, creativa y creadora. Fuertemente motivada y que cuida de sí misma, reflejo de una dignidad restaurada. Que se apropia de un nuevo espacio y al contrario que con Senghor, lo hará de una manera local, siendo el wolof su estandarte.
Hoy el movimiento Set/Setal, no ha se ha mantenido debido a la falta de medios y por los intentos de recuperación política. A pesar de ello, el espíritu fundador y el compromiso para cambiar la ciudad pervive y ha abierto el campo a una nueva estética referente para los artistas de calle.

Bibliografía y fuentes:

 

El hip hop sigue siendo un arma de transformación en Senegal

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Laura Feal

Con el permiso de los griots que durante mucho tiempo han sido los únicos actores habilitados a rimar la vida social africana, el rap procedente de Occidente entra en escena en África del Oeste hace poco más de dos décadas siguiendo la moda de una juventud moderna y curiosa que obedece dinámicas globales.

Si bien en otros países de la región este género ha gozado también de buena acogida es en Senegal donde logra un verdadero éxito, hecho vinculado por muchos estudios, al reconocimiento del público senegalés del rap como parte de su cultura oral y enraizándolo con ciertos géneros poéticos tradicionales como el tassu (poesía improvisada sobre la base de un proverbio conocido), le xaxaar (recital bastante directo dirigido al joven recién casado) o el bakk (oda a los luchadores) que no tardaron en ligar este moda con su mundo.

Cansados del materialismo a ultranza del rap americano y europeo, los raperos senegaleses se reapropian pronto del género con letras en wolof y se empeñan en salvaguardar uno de sus principios fundamentales: ser la voz del pueblo. Haciendo de puente entre una minoría dirigente y la población, estos artistas ejercen el doble rol de instrucción y de información, pues la prensa se encuentra a menudo secuestrada por el poder gubernamental.

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Grafitti en Saint Louis. Laura Feal.

Pero sin duda, la singularidad del rap es su rol de denuncia (función utilitarista que enlaza igualmente con las expresiones artísticas africanas precoloniales) y que se expresa sin pelos en la lengua en un contexto de hartazgo general de una juventud desilusionada y golpeada por la crisis generada por los Planes de Ajuste Estructural. A finales de los noventa asistimos al nacimiento de una libertad de expresión de un pueblo hasta ahora casi mudo.

De la alternancia política al control democrático

Desde la aparición de los primeros grupos como Positive Black Soul o Daara J, surgió no sólo un nuevo estilo musical sino también un fenómeno social entorno a una visión compartida de modelo de ciudadanía.

Du degg du yoon” (no es normal) de PBS o “Maa ko wax” (me atrevo a hablar) de Pee Froiss fueron himnos que influyeron en la concientización política de la juventud senegalesa, culminando en 2000 con la movilización masiva a favor del partido “Sopi” (Cambio) de Abdoulaye Wade, para sacar del poder a Abdou Diouf, presidente desde 1981.

Este movimiento contestatario que impulsó a los jóvenes a avanzar sin preocuparse de lo que opinen los demás o los obstáculos que puedan surgir en el camino se conoce como “Bul fallé” (-no te preocupes-en referencia a un tema de PBS) y supone el comienzo de una larga historia de compromiso a través del rap.

Pero sin duda el más mediático de los hitos de este camino es el de la creación en 2011 de la plataforma Y’en a marre (Estamos hartos) por parte del grupo Keur Gui de Kaolack y el periodista Fadel Barro y al que se unieron muchos miembros de la comunidad hip hop del país.

Denunciando la ineficacia del gobierno en la gestión de situaciones cotidianas como la falta de perspectivas para la juventud, los constantes cortes de luz y de agua o la precariedad del sistema sanitario, estos raperos se movilizaron para que Wade no pudiera presentarse a una tercera legislatura, aunque finalmente lo hizo. Estos activistas conocieron pronto el olor de las cárceles y los maltratos de los policías, tácticas que los políticos utilizaban para callar sus voces o frenar sus acciones.

El impacto social de los raperos de Keur gui fue tal que, lejos de extinguirse tras las elecciones de 2012 que finalizaron con la ascensión de Macky Sall al poder, Y’en a marre se concretizó en una agenda de proyectos (chantiers) para conseguir su nuevo objetivo: crear un “Nuevo Perfil de Senegalés” (NTS, en sus siglas en francés). Este concepto entiende que “unas instituciones nacionales sólidas solo pueden ser construidas por una sociedad responsable y una ciudadanía comprometida que actúa con integridad y que espera lo mismo de sus líderes”, en palabras de Aliou Sané.

Sin entrar a valorar la consecución de estos objetivos, la realidad es que tanto fuera como dentro de Senegal, la influencia de este movimiento de raperos abiertos, comprometidos, soñadores y que proponen un nuevo mundo, es innegable.

Panafricanismo y soberanía

En los últimos tiempos nuevas voces africanas se alzan para rescatar el viejo discurso de soberanía africana (enterrado por el de la pobreza o de la emergencia), y la exigencia de estructurar el esquema de pensamiento sobre bases endógenas. Como en el ámbito literario lo hace el también senegalés Felwin Sarr con “Afrotopia”, en lo visual destaca la directora Rama Thiaw con su último documental “Revolution won’t be televised” (la revolución no será televisada.

En la película, sobre el rol del movimiento Y’en a marre en la preservación de la democracia en Senegal, los raperos de Keur Gui, Thiat y Kilifeu evocan la urgencia de independizarse de las instituciones internacionales y reconstruirse de la visión paternalista que Occidente porta sobre África con la complicidad de parte de sus élites.

Esta reivindicación continental no es casual y gracias a las nuevas tecnologías la creación de redes de panafricanistas con una visión similar permite conexiones e influencias en tiempo real.

Si bien inspirados por Thomas Sankara, la experiencia emancipadora de Y’en a marre retorna a Burkina Faso en 2013, apoyando al rapero Smockey y el reggaeman Sams’k Le Jah entre otros a la conformación de Le Balai Citoyen  (la escoba ciudadana) uno de los movimientos cabecillas de la contestación popular que acabó con la dimisión del presidente Blaise Compaoré.

Igualmente en República Democrática del Congo, el movimiento ciudadano La Lucha con representantes raperos inspirados por la experiencia senegalesa y burkinabesa, fue clave en la revisión de la ley electoral que pretendía anclar en el poder a Joseph Kabila a la espera de un nuevo censo.

El factor común de estos movimientos no es solo la denuncia y la movilización ciudadana sino la formulación de un proyecto ideológico de corte soberanista y preocupado por los intereses de las poblaciones.

Innovando formatos en casa

A nivel interno, Y’en a marre continúa siendo un actor de denuncia social y control democrático clave, movilizando masas a través de la música. Para ello, han ideado nuevos formatos como en la lucha contra el Ebola o ante la consulta sobre la reforma constitucional realizada por el presidente Macky Sall este mismo año, realizando clips ad hoc como “Non au référendum”, o el original Journal Rappe (telediario rapeado) en el que dos de los integrantes del movimiento, Xuman recitando en francés y Keyti en wolof, denuncian las injusticias cotidianas del país.

Los raperos de Keur gui se han consagrado también en el terreno yendo a Casamance a encontrarse con los rebeldes, o al Forum Social Mundial en Túnez, por ejemplo, consiguiendo así estar en el punto de mira de la opinión pública y de alguna manera influenciar la política institucional.

Por otra parte, el gobierno de Macky Sall, fuertemente beneficiado de Y’en a marre para alcanzar el poder, aunque sabiéndose en el punto de mira tras sus contradicciones respecto al recorte del mandato presidencial de siete a cinco años, se quiere reconciliar con el movimiento con la creación del Fondo para el Desarrollo de Culturas Urbanas (FDCU) dotado de 300 millones de FCFA (450 mil euros aproximadamente). La primera tanda de candidaturas tiene por fecha el 1 de diciembre de 2016 y ha sido presentada por Malal Tall (alias Fou Malade), uno de los miembros de Y’en a marre.

Mas allá de la gran urbe: el caso de Saint Louis

Si bien es cierto que las ciudades africanas son elementos abiertos y hay una retroalimentación constante entre el campo y las urbes, es también comprensible que en las regiones la vinculación con las instituciones estatales es menor por lo que las denuncias políticas de los raperos de Dakar no calan en esta población, mayoritariamente rural.

Como dice Fadel Barro, de Y’en a marre “para un hombre (de provincia) la Constitución no tiene nada que ver con la gente: es un asunto de intelectuales, no le concierne”

Esto mismo sucede en Saint Louis, región al norte del país, frontera con Mauritania, donde el rap está muy extendido entre la juventud, si bien, no se tratan temas de política institucional. “Denunciamos la actuación de la policía, la mala situación de nuestro barrio –comenta el rapero Tandem de Ñuul Kuuk- pero no nos movilizamos en época electoral o nos posicionamos a favor o en contra de ningún candidato. Nos interesa crear ciudadanía en nuestro barrio, independientemente de las instituciones”.

El grupo Ñuul Kuuk es, junto a la asociación Jeunesse Debrouillarde el organizador del Festival Beccegu Ndar Kamm que celebra su 8ª edición entre el 23 y el 31 de diciembre de este año. Éste es uno de los tres encuentros anuales de los raperos de la región, junto con el legendario Rap Ndar y el 2H ci Rosso, ambos de larga tradición, lo que muestra la gran repercusión de este género entre la población.

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Grupo Ñuul Kuuk, Saint Louis. Laura Feal.

El colectivo de raperos está bien organizado, en dos grandes federaciones, Rap’art y St Louis Hip Hop Community, y su principal forma de difusión son las actuaciones en directo, bien en salas y festivales (financiados someramente por socios extranjeros) bien en las calles. “Solemos hacer conciertos en los barrios, sin más precio de entrada que el “Lu waa am” –lo que la gente tenga (lo que la gente esta dispuesto a dar)- que después distribuimos entre los más necesitados” –explica Tandem, también de Ñuul Kuuk.

Aunque este grupo en particular ha grabado un álbum en 2015, “Raglu”-aterrorizado-, mezclado y grabado en Francia, en general, los raperos del rural registran sus morceaux (canciones) con medios precarios como móviles o en estudios básicos de grabación.

Petit, rapero del pueblo de Gandiol, cuenta que pagan entre 5.000 y 10.000 FCFA (7,5-15 euros) dependiendo de si lleva él música o es el estudio el que pone un fondo rítmico a sus letras. Después los temas se pasan por whatasapp o USB entre la gente conocida o se hacen eco en radios locales como Teranga FM.

Conjugar rap, compromiso e identidad

Rap wolof moo raw” –el rap senegalés es el mejor-, es el eslogan que incita a privilegiar el “Galsen” (Senegal) aunque con una oreja atenta a las novedades del rap occidental, ejemplo de la valorización de si mismos de los intérpretes locales.

Y en esta necesidad de afirmación se enmarca la búsqueda de equilibrio entre la modernidad libertaria del género musical a nivel global y la voluntad de mantenerse fiel a las tradiciones del país, haciendo surgir un tipo de rap local inundado de referencias al Islam, conocido como “rap predicador”.

“El rap expresa lo que tú eres, y eso incluye también la religión”, explica el sanluisiano Tandem. El espiritualismo invade el discurso de buena parte de raperos que ha visto la compatibilidad de honorar a sus marabouts (líderes espirituales) a través de un estilo de música históricamente asociado a la modernidad y la iconoclastia, como rima el famoso Bill Diakhou en su exitoso tema “Dee mo tiss” -la muerte es triste-.

Aunque también se ha reconocido por criticar abiertamente prácticas de la comunidad islámica ( “100 commentaires” de Iba y Makhtar, que pudiendo significar sin comentarios o cientos de comentarios, ha sido un punto de inflexibilidad en la historia del rap senegalés, denunciado por ejemplo, la materialización de las fiestas religiosas o la idolatría), esta reconexión con una parte tan importante de la cultura popular ha reconciliado a los raperos con las personas mayores, que se sienten más cercanas a estos mensajes religiosos o tradicionales (como sostener financieramente a la familia, hacerles sentirse orgullosos, etc)

Aquí somos todos hijos de pescadores: nuestros temas hablan de la disminución de recursos en nuestras costas, también de la importancia de la educación o de los hermanos que han muerto en los cayucos y eso interesa, porque todos nos reconocemos”, cuenta el gandiolés Petit afirmando que su padre cambió su opinión sobre el rap cuando oyó sus letras comprometidas sobre la crudeza del mar.

Sin negar la existencia de raperos que cultivan el ego–trip, el bling-bling, o el clash, podemos concluir que tras poco más de un cuarto de siglo de historia “formal”, y cinco después del boom de Y en a Marre, el hip hop continúa siendo un movimiento comprometido en Senegal, que se inscribe en una labor de concientización ciudadana vinculada a la política pero también a la moralidad que ha distinguido siempre a los raperos locales, y que su discurso, a veces controvertido, participa en el análisis social y la construcción del país.

 

Referencias

  • La souveraineté au coeur de la contestation des jeunesses africaines. Hamidou Anne. LE MONDE 23.08.2016
  • Sénégal : Rama Thiaw, réalisatrice et lutteuse. Jeune Afrique. 09 juillet 2014
  • « Hip-hop, musique et Islam : le rap prédicateur au Sénégal ». Abdoulaye Niang. Cahiers de recherche sociologique , n° 49, 2010, p. 63-94.
  • The New Type of Senegalese under Construction: Fadel Barro and Aliou Sané on Yenamarrisme after Wade. SARAH NELSON. African Studies Quarterly | Volume 14, Issue 3 | March 2014

50 años del Senegal epicentro de la cultura negra

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Alexandra Gil

A principios de este noviembre pasado, las ciudades de Thies y Dakar se vistieron de gala  para conmemorar el evento que, hace medio siglo, puso a Senegal en el mapa de la cultura negra. Ideado por los “Padres fundadores de la negritud” a lo largo del Primer Congreso de escritores y artistas negros de la Sorbona en 1956, el Primer Festival Mundial de las Artes Negras pretendía mostrar y dar valor a las culturas africanas en un contexto de recientes independencias políticas en el continente y de fuertes tensiones entre el Este y el Oeste.

Leopold Sédar Senghor, primer presidente del Senegal independiente, condición obtenida en 1960, buscaba con la organización de este Festival “ayudar no solo a la defensa y a la ilustración de las artes negras, sino también, a la construcción de una civilización de lo universal”[1]. Se trataba del primer gran evento de esta nueva etapa nacional, y arrancaba bajo el lema “Función e importancia del arte negro y africano en la vida de la gente y para la gente”[2]. Asistirían más de diez mil personas. Como participantes, cabría destacar la presencia de André Malraux, Ministro de Cultura Francés de la época y eminente escritor, y de otros muchos protagonistas como Aimé Césaire. Durante veinticuatro días en el mes de abril de 1966, cada barrio de Dakar se llenaba de espectáculos al aire libre; y gracias a las gestiones ejercidas por el propio Senghor, se expusieron diversas piezas venidas desde el Museo del Cairo, que eran incluso vigiladas por tiradores de élite dada la excepcionalidad de la situación, puesto que raramente salían del mismo.

El impacto del primer FESMAN sigue sobrevolando hoy las cabezas de los amantes de las artes. Tal era su envergadura y tal la implicación del Presidente poeta, que cada funcionario senegalés recibió tres meses de su salario por adelantado para poder participar holgadamente en el festival. La suma debía ir reembolsándose en 12 meses.[3] Para el país, supuso la construcción de infraestructuras tales como el Museo dinámico de Soumbedioune, el Teatro Nacional Daniel Sorano, la Escuela Nacional de Artes o la Manufactura de Artes Decorativas de Thies. Implicó la creación del Ministerio de Cultura (que nunca desde entonces ha desaparecido del gobierno ni se ha fusionado con ningún otro) y resultó en “una maravillosa adhesión popular que no se ha vuelto a experimentar en el país desde aquella”[4]. Se trataba más que de un Festival, de un merecido homenaje a las expresiones culturales africanas, relegadas a un segundo plano e incluso ignoradas hasta entonces por los países colonizadores y afines.

Cincuenta años más tarde de aquella primera edición, el Hotel King Fahd Palace de Dakar reunió durante tres días a artistas, políticos y académicos en un coloquio internacional bajo el lema “Memoria y actualidad (1966 – 2016)”. El Presidente del Gobierno de Senegal, Macky Sall, asistió a la sesión de inauguración y pronunció un poema de Birago Diop mostrando lo que algunos llamaron “un súbito interés por la cultura”[5]. Aprovecharía también para anunciar la condecoración en la Orden Nacional del León (la más alta distinción del país) de, entre otros, el músico Ablaye Ndiaye “Thiossane”, el actor Serigne Ndiaye Gonzales o los pintores Ibou Diouf y Younousse Séye, todos ellos artistas senegaleses en activo y participantes del Festival.

Fuente: https://continuo.wordpress.com/2009/11/25/dakar-1966-1er-festival-mondial-des-arts-negres/

 

El evento sirvió también a Saliou Mbaye, Presidente del Comité Científico del Coloquio sobre el FESMAN y exdirector de los archivos nacionales, para anunciar la obtención de dos películas (una soviética y una americana, cada una promoviendo sus intereses en plena Guerra Fría) rodadas con motivo del primer Festival, así como para reclamar la vuelta a casa del “conjunto de fuentes de la historia de nuestro país que se conservan en el extranjero y que forman parte del patrimonio senegalés”.[6]

Organizadores y participantes del coloquio coincidieron en destacar la importancia de crear un espacio de diálogo permanente que ayude a revitalizar y hacer más visible los “patrimonios culturales”[7] africanos. Entre las propuestas más oídas, cabría mencionar la necesidad de catalogar y conocer la situación de las infraestructuras culturales de cada país africano, la de instaurar la organización de homenajes a los personajes más conocidos en los ámbitos culturales y la de retomar la idea del FESMAN adaptándola a la nueva coyuntura. A nivel país, se solicitó al Presidente Macky Sall que se reabrieran el Museo dinámico y tanto el Centro de Estudios de las Civilizaciones como el Comisariado de exposiciones de arte en el extranjero del Ministerio de Cultura.[8]

La influencia de Senghor y del FESMAN en la utilización de la cultura como motor de desarrollo tras las independencias africanas es innegable, así como el posicionamiento de Senegal en la región como líder y ejemplo de políticas culturales exitosas en la época. El paso del tiempo, los planes de reestructuración económica –impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional– y la llegada de nuevos presidentes y prioridades ha ido mermando la relevancia dada al sector cultural en el país, que ha visto en estos años cerrar la práctica totalidad de sus salas de cine y luchar por mantenerse vivo. Senegal era y es un referente en materia de políticas culturales (no hay que olvidar su Bienal de Arte contemporáneo, o el hecho de que Dakar forma parte de la red de ciudades digitales de la UNESCO), pero los participantes en el coloquio coincidían en la inherente lástima que el motivo del mismo era simplemente recordar y no relanzar el Festival.[9]

En general, los especialistas en la materia esperan que, al haber realizado una rememoración de tan alto nivel, se avive la “toma de conciencia del rol de la cultura en el desarrollo del país”[10] y tenga cabida en el proceso “de emergencia”[11]. Por el momento, lo que sí está construido es el Museo de las Civilizaciones Negras, considerado por muchos como “una prolongación del FESMAN de 1966”[12], hoy a la espera de los contenidos que reagruparán elementos de civilización, tradición e identidad de las culturas negras con la finalidad de seguir mostrando y demostrando la amplitud de su contribución al patrimonio universal[13].

Imagen del Museo de las Civilizaciones Negras, que abrió sus puertas en noviembre de 2016. Fuente: http://www.africanouvelles.com/nouvelles/nouvelles/afrique/senegal-50-ans-apres-le-projet-le-musee-des-civilisations-noires-est-fin-pret.html

 


[1] 9/11/2016, “Macky Sall promet de poursuivre la symphonie de 1966”, Le Soleil, p. 11.

[2] François Diouane Ndiaye. La circulation des oeuvres d’art contemporain en Afrique de l’Ouest: cas des arts plastiques à travers l’exemple du Sénégal. Art et histoire de l’art. Université Michel de Montaigne – Bordeaux III, 2014, p. 46.

[3] 10/11/2016, “Le festival a gardé toute sa fraîcheur dans la mémoire collective”, Le Soleil, p. 12.

[4] 09/11/2016, “Le banquet des expressions artistiques célébré”, Le Soleil, p. 12.

[5] 10/11/2016, “Regain d’intérêt ambigu de Macky Sall pour la culture”, WalfQuotidien, p. 11

[6] 09/11/2016, “Colloque international: Le banquet des expressions artistiques célébré”, Le Soleil, p. 12.

[7] 11/11/2016, “Organisateurs et participants se félicitent de la fécondité des échanges”, Le Soleil, p.11.

[8] 11/11/2016, “Maintenir l’idée du Festival”, Le Soleil, p.11.

[9] 10/11/2016, “Discours d’ouverture du président du Comité scientifique, Professeur Saliou Mbaye”, Le Soleil, p. 14.

[10] 10/11/2016, “Regain d’intérêt…” Op. Cit.

[11] Ídem.

[12] 10/11/2016, “Un prolongement du Festival de 1966”, Le Soleil, p.11.

[13] Ídem.

5 Spots culturales de Senegal que no te puedes perder

*Por Nicolás de la Carrera

La palabra Senegal, proviene de SUNU (nuestra) y GAL (piragua) en wolof, la lengua más extendida y vehicular del país. Una piragua de diferentes etnias que navega por grandes ríos que desembocan en la costa atlántica y donde emergen varias localidades de gran vocación cultural que no te deberías perder si visitas el país de la Teranga (hospitalidad).

1. Dakar. Aunque su nombre evoca al desierto y a un mítico rally, la capital senegalesa es una península rodeada de mar menos por un ligero cordón umbilical que lo une al continente. Su mejor momento es en Mayo, cada dos años, durante la Bienal de Arte contemporáneo más conocida como DAKART. La ciudad se viste de arte; exposiciones, conciertos, hapennings… no sólo en los museos y galerías de la ciudad sino en la calle y en los lugares más insospechados. Una ciudad que posee dinámicos centros culturales y que tiene, durante todo el año, una vida nocturna musical única en África.

La Isla de Gorée, uno de los principales enclaves esclavistas de África Occidental hasta 1815, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978.

La Isla de Gorée, uno de los principales enclaves esclavistas de África Occidental hasta 1815, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978.

2. Gorée. A media hora en ferry desde Dakar, esta preciosa isla patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se trata de una pequeña isla colonial de gran interés histórico por su pasado esclavista que contrasta con la penetrante belleza de su arquitectura en un emplazamiento privilegiado que despidió, durante siglos, a millones de africanos hacia las Américas. Podemos visitar La Casa de Los Esclavos, testimonio de aquello que nunca debió suceder, el original y genuino Museo de La Mujer (sólo hay tres en el mundo), el Museo histórico y el Museo del Mar. Un lugar, además, donde residen muchos artistas que exponen sus obras al aire libre o en viejas casonas.

Graffiti realizado en la Medina de Dakar durante el Festival Xeex 2015. Foto de Estrella Sendra/ Wiriko.

Graffiti realizado en la Medina de Dakar durante el Festival Xeex 2015. Foto de Estrella Sendra/ Wiriko.

3. La Medina de Dakar. El corazón de la ciudad fue el barrio de los africanos durante la época colonial. Allí nacieron importantes pensadores, artistas e intelectuales que lideraron la independencia de Senegal en 1960. Es un barrio popular muy genuino con una extraordinaria vida en sus calles. En la zona costera encontramos el pequeño vecindario de Damels, frente al mercado artesanal y pesquero de Soumbedioum, donde se inicío hace 5 años el proyecto AFRICA ♥ COLOR. Un evento vivo, dinámico, en constante expansión que reúne artistas urbanos de todo el mundo, muchos de ellos españoles como Sabotaje al Montaje, Iker Muro, H101, 3TTMan, SCIF, Txemy, An Wei , etc… El objetivo es que Damels se convierta, poco a poco, en un Museo de Street Art, conservando y mejorando su entorno y generando empleo.

Saint Louis, antigua capital de Senegal.

Saint Louis, antigua capital de Senegal.

4. Saint Louis. Bellísima isla, que fue el primer asentamiento francés en África en 1659 y capital de todo el territorio colonial a principios del siglo XX. Se accede a ella por un puente de hierro, una verdadera obra de arte de 500 metros firmada por el mismísimo Gustav Eiffel. Cuenta con un patrimonio arquitectónico de casi 200 mansiones coloniales que lucen fachadas de tonos ocre, terracota y rosas con balcones de madera y hierro forjado, galerías interiores y patios floridos. Si hay una acontecimiento de fama internacional que marca la vida cultural de la ciudad ese es el Festival de Jazz que se celebra entre mayo y junio. Durante esta cita anual la ciudad suena a blues y jazz durante un fin de semana en cada una de sus rincones. Si el viajero pasa por Saint Louis en navidades no debe perderse el Fanal, una antiquísima costumbre protagonizada por las grandes familias de la isla durante la “misa del gallo” que portaban elaborados farolillos de colores y animaban la procesión al son de djembés y cantos tradicionales. Hoy en día, la ciudad revive estos desfiles nocturnos que se han convertido en un verdadero concurso de ingenio entre los diferentes barrios de la isla.

joal-desde-arriba5. Joal-Fadiouth. Una de las localidades más visitadas y con más encanto del país, se ubica en el extremo meridional de La Petite Côte, a 114 kms de Dakar. Representa un verdadero ejemplo de vocación cultural y tolerancia religiosa donde cohabitan en perfecta armonía musulmanes, católicos y animistas. Pero sobre todo, esta tierra, se enorgullece de haber visto nacer y crecer al hombre que más ha influido en la nación senegalesa, el poeta y el primer Presidente de la República, el insigne Léopold Sédar Senghor. Hombre de letras, filósofo, teórico y político es considerado como uno de los líderes del siglo XX más importantes del continente africano. Esta pequeña ciudad, compuesta por Joal y Fadiouth o “isla de las conchas” está hermanada desde 1999 con Fuenlabrada (Madrid) desarrollando conjuntamente interesantes proyectos de educación, formación y protección del medio ambiente. Su población mayoritaria es de la etnia serer y lo que es menos común en el país, de mayoría católica, pero colaboran estrechamente con la comunidad musulmana y comparten un mismo cementerio comunal en la isla de Diotio.

Podemos conocer estos cinco puntos estratégicos de la Cultura en Senegal en tan sólo una semana y vivirlos intensamente y de manera participativa como propone la asociación Yaramaa con el “Viaje de autor” de Nicolás de la Carrera para estas Navidades, desde el 27 de diciembre al 4 de enero.

Uno de los puntos fuertes de este viaje será la realización colectiva de un mural gigante en el barrio de la Medina de Dakar (Damels) con el tema de la protección del medio ambiente en el marco del proyecto AFRICA ♥ COLOR liderado por la asociación local XEEX (combate) . El diseño correrá a cargo del artista español afincado en Dakar Dauda Lusmore y se pintará durante dos días de estancia en el barrio por una “brigada de color”  compuesta por los viajeros y vecinos. Paralelamente se plantarán también algunos cocoteros y buganvillas en el barrio, contribuyendo así al cuidado y protección del entorno de este pintoresco barrio de Dakar.

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Las “Femininjas” africanas poeman con danza Barcelona y Donostia

Por Aïda Colmenero *

Marie Agnes Gomis y Marie Pierre Gomis de Senegal, y Pili Maguzo de Tanzania, aterrizan en Barcelona y San Sebastián para presentar el proyecto ELLA POEMA, un espectáculo sobre referentes femeninos africanos en danza dirigido por Aïda Colmenero.

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SHE POEMS o ELLA POEMA, es un exposición de mujeres en movimiento, de mujeres expresando su universo íntimo al Universo. Es un relato sobre ELLA, sobre cada una de las mujeres, no como mujeres, sino como seres humanos. Se trata de UN POEMA de cada una de las mujeres que forman parte del proyecto.

Este proyecto, nació en el año 2012 con la intención de dar visibilidad a la mujer africana como creadora para conseguir tener referentes femeninos en danza en el continente africano. Al contrario que en Europa, son escasas las mujeres que se dedican a esta profesión por escasos referentes femeninos. Las pocas mujeres que hay, son más como bailarinas y no como creadoras, aunque estos dos últimos años el panorama está mejorando.

Con Marie Agnés escogí un poema que hablaba de la muerte, un tema “tabú” para una mujer, no se habla de la muerte en público. La pieza “2 de noviembre” que se podrá ver en Barcelona y en San Sebastián está basada en el poema “2 de noviembre” de Stella Díaz Varín (Chile):

No quiero

Que mis muertos descansen en paz

Tienen la obligación

De estar presentes

Vivientes en cada flor que me robo

A escondidas

fichero_21119_20160911El proceso de trabajo desde un principio ha sido muy íntimo entre ELLA y Aïda Colmenero, trabajando con un poema que se escoge previamente (y según el caso de diferente manera) y se traduce a un universo personal y a su contexto social, para luego convertirlo en una partitura de movimiento, así desde su espacio íntimo se habla de realidades universales. Con todo, lo más importante en ELLA POEMA es este proceso creativo que vivimos.

Es por eso que escogí  trabajar con texto poéticos, porque la poesía plantea un mensaje esencial, y es desde ahí que planteo la creación desde nuestra parte esencial como ser humano, desde nuestro miedo, nuestro olvido, nuestro amor….

ELLA POEMA son cortometrajes, fotografías y piezas de danza creadas en África (made in Africa), de momento han pasado ya por este proyecto siete países africanos y 12 mujeres.

exouds4Cada una de estas mujeres  que estarán presentes en España parte de un contexto muy distinto. Las hermanas Gomis parten de un contexto muy favorable. Simone Gomis fundó la compañía Tenane , en el año 2007, la primera compañía de mujeres de danza contemporánea en la historia de Senegal, formada por ella y sus otras 3 hermanas: Amie, Mapi y Marie Agnés. Estas mujeres fueron pioneras en el panorama nacional e internacional. Además cuentan en su país con el Ecole des Sables  la escuela de entrenamiento profesional más importante del continente, fundada por Germaine Acogny. Al estar conectadas con esta escuela y por su gran experiencia, Marie Agnés y sus hermanas han colaborado con coreógrafos de diferentes países y realizado tournés internacionales.

En Tanzania la situación es muy diferente pues apenas la historia de danza contemporánea se está empezando a escribir. Por fin es posible hablar de un número de profesionales tanzanos, aunque en su mayoría hombres. Hasta hoy, sí ha habido gente pionera en danza contemporánea en el país, pero no mujeres.

Pili Maguzo es de hecho el inicio, pues la creación que realiza ELLA POEMA para la bailarina marcó un antes y un después en la historia de la danza del país. La pieza solista “ Miss Me” ha sido el primer solo de danza interpretado por una mujer en Tanzania, que la hizo viajar al Festival HIFA en 2012, lo que la convirtió en la primera mujer tanzana en participar en un festival internacional como solista de danza contemporánea. A partir de ella más mujeres tanzanas han empezado a entrenarse y trabajar en danza contemporánea.

ELLA POEMA empezó en Tanzania con Pili Maguzo y es por eso que es muy simbólico. Este año, el proyecto empieza a volar y por fin a ser más visible en territorio español. Se trata de una iniciativa de mujeres africanas dirigidas por una española, difícilmente entendido en territorio español, pues “se espera” a coreógrafos africanos y no gente como Aïda Colmenero, instalada en África y trabajando en el continente. “Se espera” en todo caso a mujeres “pobrecitas” con hijos desnutridos y no un discurso sobre belleza, mujeres cargadas de poesía, mujeres bailando, gritando, llorando, riendo

She poems Tanzania , EXODUS shortfilm trailer from aïda colmenero dïaz on Vimeo.

Danza “artivista” y “femininja” aterrizan en Barcelona:

Como el trabajo está conectado a su contexto, pues la mayoría de los casos el resultado al final son bastantes “Artistvistas” o “Femininjas” (feminista+ninja) como dice ELLA Kenya Seise Bagbo: “es el tipo de mujer que lucha por otras mujeres no con palabras sino con acciones”.

El Centro Cívico de  Sagrada Familia de Barcelona organiza una serie de actividades muy completas para que podáis entender y acercaros al proyecto desde diferentes perspectivas. El 16 de noviembre se imparte una conferencia sobre el poder creativo de la belleza donde se hablará del proceso creativo de ELLA POEMA y se presentarán los cortometrajes realizados durante el proyecto. El 19 y 20 de noviembre se espera que el público barcelonés participe bailando en el curso intensivo de danza en el Institut del Teatre, III Ciclo de danza africana contemporánea (para inscripciones lanlamove@gmail.com). El 22 noviembre a las 20h se realizará la inauguración en el Centro Cívico de Sagrada Familia de la exposición de fotografías que estarán en el centro cívico hasta el 18 de diciembre.

El 24 de noviembre se presenta la versión adaptada especial para el centro de la pieza de danza El Quitador de miedos. En San Sebastián/Donostia, ciudad europea de la cultura 2016, tendrán lugar los talleres de danza abiertos el 25, 26, y 27 noviembre. En el centro Dantzagunea, se interpretarán las actuaciones de las piezas “2 de Noviembre”, “El Quitador de miedos” y “Miss Me”. El 26 y 27 de noviembre, se podrán ver en el  Teatro Principal de Donostia.

SHE POEMS TANZANIA Shortfilm Trailer TRAYECTORIA DEL POLVO VII from aïda colmenero dïaz on Vimeo.

*Aïda Colmenero (Madrid, 1981) es una bailarina, performer, productora, actriz, coreógrafa y profesora española de danza afincada en África desde 2009. Es la única bailarina española con la titulación en la técnica de Germaine Acogny, obtenida en el Ecole Des Sables de Senegal.