Sistema K: el arte que se nutre del caos en el Congo

*Por Yves-Laurent Sondji Mulanza Kating.

“Cuando el diablo llega al Congo, encuentra a sus maestros en el caos”. Esta es la visión de Fabrice ‘Strombo’ Kayumba, de la República Democrática del Congo actual. Una percepción alimentada por años de guerra, sufrimiento y penuria. Como la mayoría de los congoleños, resuelve las dificultades cotidianas con un espíritu de superación y un ingenio que se traduce en la expresión ‘Sistema K’, una dura realidad congoleña que con el tiempo se ha convertido en fuente de inspiración para un grupo de artistas de la capital.

Sistema K.

Ellos forman Strombo, un colectivo de creativos visuales y sonoros underground, del suburbio de Ngwaka. Recuperan y reciclan deshechos de un consumo global (teléfonos inteligentes, ordenadores, electrodomésticos, etcétera) al que no tienen acceso. Una abundancia de residuos electrónicos que apunta al país no solo como fuente, sino también como vertedero de ese comercio mundial. Toda una paradoja. El fenómeno se observa especialmente en las calles de Kinshasa, donde se concentran las consecuencias de décadas de caos organizado a escala global. Y si bien el reciclaje no es nada nuevo, esa generación de artistas sin compromiso ha cambiado sus reglas. Tanto es así que el director francés Renaud Barret revela en el documental ‘Sistema K’ la fuerza de este movimiento artístico original, radical y único.

Décadas de conflicto armado han causado más de seis millones de muertos en República Democrática del Congo. Además de causar desplazamientos de poblaciones, también ha supuesto una pandemia de violaciones y explotación infantil. Se trata de una guerra que solo ha favorecido el saqueo sistemático de sus recursos naturales. Lo recordó el doctor Denis Mukwege, Nobel de la Paz premiado junto a Nadia Murad, durante su discurso del 5 de octubre 2018, cuando recibió este galardón: “Con determinación, siempre hay esperanza al final del túnel”. Una ilusión que algunos congoleños han encontrado en el arte.

En medio de la locura cotidiana, la creación artística se ha convertido en una verdadera vía de escape. Lo representa muy bien Strombo en una de las performances que realiza este colectivo en la vía pública, en la que recurre a su cuerpo como lienzo gratuito e infinito frente a la falta de acceso a otros materiales. En su obra, este artista usa el sufrimiento acumulado para encarnar al demonio, que simboliza con cuernos de vaca y cola, bailando como poseído alrededor de un carrito de bombillas encendidas en medio de la oscuridad. Tal espectáculo interpela a una ciudad donde los cortes eléctricos, habituales y aleatorios, son un gran problema para la población. Por no mencionar que el espacio público como escenario puede causar problemas con las autoridades.

La llegada de Joseph Kabila Kabange a la presidencia en el año 2001, instaló progresivamente un sistema de corrupción y de represión. Especialmente tras el proceso electoral de 2011, manchado de irregularidades. Bajo su autoridad, la policía quitó la vida a centenares de manifestantes pacíficos con una violencia ciega. Luc Nkulula, difunto presidente del movimiento ciudadano Lucha, se convirtió en símbolo de esa brutalidad.
Creado el 1 de mayo de 2012 por una juventud exasperada por la parálisis del país, este colectivo pedía la salida de Kabila y cambios profundos en la sociedad. Sus protestas se intensificaron durante los dos años de prórroga ilegal de su mandato (oficialmente terminado el 22 de diciembre 2016) y Luc acabó quemado vivo en su casa de Goma el 10 de junio 2018. Las autoridades irónicamente concluyeron que se debió a un accidente ocasionado por un cortocircuito eléctrico. Una versión que no coincide con la de los vecinos que intentaron salvarle. Según ellos, las salidas de su casa estaban bloqueadas.

Siendo así, si el peligro es real, los artistas ocupan un lugar determinante para señalar con urgencia a la juventud la recuperación de su libertad frente al miedo y devolver, con ello, la esperanza a una sociedad congoleña en estado de letargo. Esta es la prioridad de este movimiento cultural. Para entender mejor su proceso, hablamos con Strombo, quienes nos explican que el movimiento Sistema K nació hace diez años como una tendencia de las artes visuales por explorar vías inusuales. Entonces, alumnos de la Academia de Bellas Artes de Kinshasa se distanciaron de las reglas académicas para adoptar las de la calle, más acordes con su realidad. Abrieron el movimiento a todos y no pusieron límites a la creatividad, favoreciendo así la interdisciplinariedad en total libertad. La combinación de esos factores produjo una escena artística única y unida en el Sistema K.

Amigo del colectivo, Renaud (Benda Bilili) consiguió captar la esencia de esa efervescencia y sugirió al grupo que colaboraran más estrechamente entre ellos para conectar los universos visuales y sonoros. Así se asociaron para ofrecer una propuesta artística global que suscita un gran interés en Europa. Como prueba de ello, sus miembros están cada vez más solicitados en Francia, Bélgica o Alemania. Sin olvidar a la banda KOKOKO! que acaba de sacar su primer LP en la discográfica inglesa, Transgressive Records (Block Party o The Antlers). Además, Freddy Tsimba, padrino del movimiento, fue seleccionado para ilustrar la conmemoración de los derechos humanos.

Sistema K.

Sistema K es una creativa demostración de voluntad así como un subversión de paradojas. De la penuria y el caos, los congoleños han sabido sacar creatividad. Del arte, han sabido usar los códigos para engañar a las autoridades y recuperar una cierta libertad de expresión. Con un lenguaje local han conseguido denunciar problemas tanto locales como mundiales. La originalidad del Sistema K reside precisamente en que su propuesta artística global responde a problemas globales.

En la performance de Strombo, es fácil remplazar el diablo por las potencias extranjeras y los maestros por los dirigentes congoleños. Porque vivimos en la era de la comunicación, y ya no se puede ignorar lo que sucede allí. El contraste del país entre la riqueza y la pobreza de su población, que se suele usar para describir la situación en el Congo, lo confirma. Para cambiar ese paradigma, es preciso tener voluntad y determinación. Para la generación Sistema K actuar es una cuestión de supervivencia. Ya sobran las palabras.

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Chale Wote, la reivindicación del espacio público para el arte en Accra

“El Chale Wote es el poder de transformarte a ti mismo”, aseguraba Hakeem Adam, el coordinador de producción de Chale Wote, mientras tomábamos un zumo de piña con extra de jengibre picante. No es para menos. El Festival de Arte Urbano Chale Wote está ya a punto de cumplir diez años, y se nota. El arte toma el espacio público de las calles de Jamestown, un barrio pesquero que es simbólico porque allí nacía la ciudad de Accra, para llegar a otros rincones de la ciudad como Teatro Nacional o el Museo de Ciencia y Tecnología, a través de paneles y exposiciones.

Jamestown es un barrio relevante por muchas cuestiones. Es el punto de partida de la ciudad de Accra por sus relaciones con el exterior: los británicos construyeron James Fort, los holandeses Usher Fort y tiene muchas posibilidades de desarrollo y de historia, nos contaba Hakeem. Pero durante la época colonial este barrio dejó de ser zona neurálgica de la ciudad, lo que provocó que el desarrollo de la ciudad se diera fuera. Hasta hace muy pocos años, Jamestown era un barrio al que no ir. ¿Por qué hacer un festival allí entonces? Había muchos artistas que provenían del barrio y mucho espacio público que no estaba siendo utilizado (construcciones que datan de la colonización que habían quedado abandonadas). “En Jamestown tienes espacio y tienes historia, así que funcionó”.

El Chale Wote está cambiando la configuración del barrio: “está abriendo la ciudad a muchas más oportunidades: hoy muchos vídeos musicales y películas se graban allí, los artistas van y quieren hacer grafittis. A la vez está dando la oportunidad a los vecinos y vecinas de participar”, nos cuenta Hakeem.

Chale Wote, que significa en Gha “¡Vamos amigo!”, cuenta con un extenso equipo de quince personas —voluntarias— que trabaja todo el año para hacer esta cita anual posible. Durante los 15 días que dura el festival, otros 27 voluntarias y voluntarios apoyan el trabajo del equipo motor y acogen a los 75 artistas de performance, instalación, fotografía, audiovisual y graffiti y a los más de 50 músicos que participan. La procedencia de estos artistas es tan variada que cuesta plasmarla en este artículo, pero lo más interesante sea quizá la participación panafricana de artistas de todo el continente. “Es como gobernar un pequeño país” —afirma Haakeem—“esta creciendo exponencialmente, cada vez hay menos espacio en el barrio así que queremos descentralizar el festival por toda la ciudad”.

Quizá uno de los desafíos más claros de cualquier tipo de intervención social sea el trabajo con la comunidad; hacer que población partícipe de ese proceso, que se comprenda el objetivo de esa intervención y sobre todo que beneficie a las vecinas y vecinos del barrio: “Es un reto enganchar a las comunidades porque tiene sus propias dinámicas, y eso es sobre todo por las condiciones económicas. Para ellos Chale Wote es una manera de hacer dinero. Más allá de la cuestión del arte, ellos entienden que en Chale Wote la gente va a ir al barrio y será una oportunidad para hacer dinero vendiendo comida y bebida. Si hablas con ellos, el dinero que hacen en esos dos días, no lo hacen en todo el año. Ahí es donde viene el desafío. Tú como productor esperas tener el festival de arte perfecto, que las cosas vayan bien, que nadie rompa nada. Pero la gente no ve nada de eso, lo que ven es dinero y poder arreglarse y venir a divertirse, porque es un espacio de libertad”.

Sin duda un desafío, ya que muchas obras de arte se quedan en plena calle a pasar el fin de semana. Y muchas de ellas no sobreviven a las fiestas nocturnas donde las calles del barrio se convierten en un trajín de gente yendo y viniendo, de puestos de brochetas picantes, de licor local que recuerda al jarabe de hierbas y de jóvenes bailando debajo de los Sound Systems a ritmo de coupé decalé aceleradísimo y cantando al unisono los últimos hits de afrobeatz. Personas que interactúan de otra manera con las instalaciones artísticas creadas en la calle. “¿Cómo puedes evitar que durante el festival, en las fiestas nocturnas, la gente rompa las instalaciones? ¿Habría que poner a alguien que vigile las 24h? ¿Habría que evitar las fiestas de las vecinas y vecinos? ¿Habría que quitar del espacio público las obras de arte? Son cosas que se escapan de nuestro control y que son muy difíciles de resolver.”, se pregunta Hakeem.

Graffiti de Amina @put.studio

“Así todo, antes del festival tenemos varios encuentros con los jefes y la comunidad, para contarles nuestros planes. Es positivo, hay muchas comunidades en Ghana como Jamestown que no se benefician de Chale Wote, así que por lo menos hay una comunidad que una semana al año puede beneficiarse”, asegura. Pero no solo la gente de la comunidad se beneficia ya que no existen muchos espacios en los que artistas de Ghana puedan mostrar su arte. Hay algunas galerías y fundaciones donde se pueden visitar exposiciones pero su programación no cubre todo lo que se produce. Sin hablar de otras disciplinas que no sean artes plásticas o fotografías. Esto hace que la gente tenga más dificultades para acostumbrarse a convivir con el arte. “Cuando empecé a trabajar en el Chale Wote en 2013, había más o menos unas dos galerías en Accra. No veías arte performático, ni graffiti… Esto toma tiempo y la población, no solo de Jamestown sino de Accra en general, tiene que ir poco a poco conociendo. Un ejemplo es la música de Gaffaci (productor de música electrónica que ha colaborado con la organización del espacio de música electrónica Asokpor Corner en esta edición), que está enraizada en el sonido de Jamestown y Labadi, de donde él procede. Pero cuando suena su música, suena incluso un poco extraño a pesar de que tenga una base local. Lleva tiempo hacer estos experimentos. En Jamestown hay niños que desde que existe el Festival empezaron haciendo fotografía y hoy están haciendo su propio trabajo. Los niños en el barrio o juegan a fútbol, o hacen boxeo o simplemente se quedan allí, así que nos tenemos que quedar con esas pequeñas victorias”, asegura.

Sin duda el objetivo principal por el que el Festival naciera hace casi una década se está cumpliendo: dar espacio al arte y reclamar el espacio público. Esto último es importante en una ciudad en la que los peatones tienen que sortear los coches y los canales abiertos de drenaje que toman las escasas aceras que hay, y donde el espacio público es sobre todo para publicidad. “Una vez reclamado el espacio, el objetivo es transformar la comunidad. ¿Cómo podemos mejorar la comunidad? ¿cómo puede la gente hacer dinero? Intentamos incentivar la participación sobre todo de artistas de Ghana y de África, a pesar de que recibimos solicitudes de otros países, ya que hay muy pocos espacios para los artistas ghaneses. Ahora Jamestown es uno de los puntos calientes de Accra, todo el mundo quiere estar en Jamestown.”

La caminata no es fácil. La autogestión y la precariedad aparecen de nuevo en escena. “Hasta el momento el festival ha sido autogestionado con nuestros recursos y esfuerzos, no esperamos dinero ni nada. El año pasado recibimos un poco de apoyo del gobierno por primera vez y fue increíble. Esperamos que vuelva a ocurrir, no necesariamente en forma de dinero, sino en especies (alojamiento, por ejemplo)”. Para Hakeem es un logro que el Ayuntamiento de la ciudad les apoye con el cierre de las calles para los dos días principales del Festival ya que el tráfico, sobre todo en hora punta, es feroz y complica mucho la movilidad de la ciudadanía. Las empresas privadas tampoco ven beneficios en apoyar este tipo de actividades.

A pesar de ello, Hakeem es positivo y se queda de nuevo con las victorias conseguidas: “Para mi lo más importante son las conexiones para luego poder trabajar al margen del Festival. No es tan importante cuántas personas vienen, qué material se ha estropeado, etc… mientras hayas podido construir sobre esa experiencia”.

De cara al décimo aniversario del festival que se celebrará en 2020 el equipo organizador tiene grandes desafíos: “nuestro objetivo para el décimo aniversario es repensar como hacer de Jamestown un espacio para trabajar porque cada año hay un problema que crea otros tres problemas (ríe). Cómo poder apoyar a los artistas en más sentidos, más allá de patrocinio y movilidad, encontrar más voluntarios para ayudarles a preparar su trabajo, para protegerles, etc. También mejorar la promoción y la cobertura con todos los artistas que van pasando por el festival: publicar entrevistas, vídeos de un minuto, compartir contenido. En definitiva, mantener la conversación activa durante todo el año”. Grandes retos por delante de un Festival que se va convirtiendo en un referente y que sin duda, como dice Hakeem, es mucho más que una persona, que un lugar:  “Chale Wote es el poder de transformarte a ti mismo. No es un festival, no es la gente, no es una persona, no es un lugar. Es el poder; el poder de juntar a la gente para hacer algo mejor”.

 

Bahia Shehab: “Cuando pinto en árabe es poesía y eso llama al diálogo”

A principios de 2011 el mundo se sorprendió al ver imágenes procedentes de los países árabes que, lejos de difundir la fatalidad a la que generalmente eran vinculados, mostraban a sus sociedades levantándose contra sus desgracias impuestas. En las fotografías de la llamada Primavera árabe no eran pocas las mujeres que aparecían al frente de las protestas participando con igual ahínco en plazas y calles que, por unos días, fueron espacios libres de fronteras sociales. Bahia Shehab fue una de ellas.

Bahia Shehab / Imagen cortesía de la revista Brownbook y Nadia Mounier.

La artista egipcia, en lugar de acatar la vuelta a la represión tras la precipitadamente denominada ‘revolución árabe’, se echó de nuevo a las calles para decir no. Armada con un spray de pintura y varias plantillas sacadas de su libro ‘No y mil veces no’ (2010, Khatt Books), Shehab plasmó en las paredes de El Cairo su rechazo contra la violencia, el gobierno militar y la opresión social que volvían a reinar en Egipto.

Ahora Bahia Shehab es la primera mujer árabe en ganar el premio Sharjah concedido por la UNESCO para destacar el trabajo de quienes contribuyen a promocionar la cultura árabe en el mundo. Un reconocimiento a su trayectoria que, tal y como explica a Wiriko, “es importante para que otras mujeres árabes sientan que ellas pueden hacer cosas, que es posible que sigan sus sueños y se cumplan. Espero que esto aliente a otras mujeres para ser más activas y para que sean agentes de cambio en sus sociedades”. En el caso de la sociedad egipcia, seis años después de que se desataran las revueltas la participación de las mujeres en la vida política del país ofrece un porcentaje algo superior al que ostentaban antes de la Primavera árabe, con un 15 por ciento de los escaños en el Parlamento actual frente al 13 por ciento que ocupaban antes de 2011. Un mínimo margen a la esperanza que, aunque constituye una cifra histórica de representación de las mujeres en la política del país, no es suficiente aún para verse reflejado a pie de calle, donde las trabajadoras de entre 18 y 29 años constituyen el 18,5 por ciento de la mano de obra egipcia, una de las tasas más bajas del mundo según ONU Mujeres.

Para Shehab se trata de “una batalla muy larga” a la que ella se enfrenta a través del arte. “Pertenezco al mundo árabe y reflejo los problemas a los que la gente como yo se enfrenta, especialmente las mujeres porque nosotras estamos menos representadas en la sociedad. Ser una artista para mi es una manera de trabajar para mostrar nuestra realidad. Cuando veo a muchos de los líderes del mundo no siento mucha esperanza de que realmente se produzca un cambio para mejor en cuanto a la tolerancia en la sociedad; pero la gente sólo quiere una vida mejor y por eso cada vez son más los que quieren cuidar la naturaleza, ser mejores ciudadanos y contribuir a la sociedad. He visto gente así en todas las ciudades en las que he estado, así que la mejor cara del mundo es la que me da esperanza. Miro al otro lado y veo demasiadas máquinas, armas, ejércitos y líderes políticos. Y tengo que mirar a los dos lados, pero es el lado de la gente corriente el que me da esperanza”.

Y pensando en la gente, en lo que nos une y no en lo que nos separa, esta artista basa su trabajo. “Yo veo el arte como una herramienta que ayuda y facilita el diálogo social. Cuando se crea arte para fomentar el entendimiento realmente se puede ver el impacto”, asegura al tiempo que añade un ejemplo: su obra ‘Paisaje y entorno sonoro: 20 Minaretes del mundo árabe’, diseñada en 2014 para el Museo de Louisiana de Arte Contemporáneo, en Dinamarca. “Para esta instalación yo buscaba un sonido que representara una nueva perspectiva sobre la región porque durante los últimos 1400 años sólo los hombres han estado llamando a la oración en todo el mundo árabe y sentí que era hora de que fuera una voz femenina la que hiciera la llamada. Así que usé la voz de una joven mezzo soprano de la Ópera de El Cairo y la grabé para producir una nueva llamada a la oración. El proyecto fue grabado sólo para el museo y no lo he publicado en otro lugar, pero está en Youtube y ha sido visto como unas 89.000 veces y los comentarios a este vídeo son realmente asombrosos. Hay gente que defiende la voz de las mujeres, gente que dice que eso no está bien, y yo estoy realmente feliz porque se produjo una conversación”, relata con gran entusiasmo.

 

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Siaka Soppo Traoré, de Dakar a Barcelona

Cualquier lugar del mundo suele asociarse a una imagen; y gran parte de la población comparte esos mismos imaginarios colectivos que se acercan mucho a la realidad pero que, a menudo, también pueden distorsionarla. Y es que cuando se habla de África, las únicas imágenes que nos vienen a la mente están repletas de miseria, subdesarrollo, guerras y hambre. Lo que no cabe en nuestra imaginación es que algunas de las urbes africanas son las que más han crecido en los últimos años, no solo a niveles demográficos, sino también económicos. El continente se encuentra en ebullición constante y las calles de las ciudades demuestran, día tras día, su frenético movimiento. Un movimiento que no ha escapado de los ojos del fotógrafo y bailarín Siaka Soppo Traoré y que ha captado a la perfección en las fotografías de la exposición Actual Africa que ha acogido la galería Out of Africa, de Sitges.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Originario de Burkina Faso, el artista descubrió la fotografía cuando era niño, de la mano de su padre y los retratos que sacaba de toda la familia, pero no decidió dedicarse a ella hasta que terminó sus estudios y lo animaron a aprender de forma autodidacta. Creció en Togo, pero se marchó a estudiar a Senegal, dónde también descubrió la danza hip-hop y la capoeira. “Gran parte de mi infancia estuvo marcada por la danza, me llamaban Micheal Jackson porque siempre imitaba el moon walk. Más tarde tuve la suerte de descubrir la danza urbana, el hip-hop, que me impresionó, y la capoeira. Bailo por diversión, me hace sentir bien, no soy profesional, pero sí he formado parte de un grupo profesional en Dakar que se llama Indahouse Dakar”, explica Siaka para Wiriko.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

En su trabajo, Traoré ha unido la danza y la fotografía para captar la ebullición permanente de una calle en la que vivimos y que es el centro de nuestro día a día, pero a la que no prestamos atención e incluso despreciamos. El artista se ha dedicado a fotografiar a los bailarines urbanos senegaleses en acción, y ha desafiado las leyes de la fotografía estática para presentarles como auténticos héroes contemporáneos. A menudo, estos bailarines no están bien vistos ni gozan de ningún tipo de reconocimiento en la sociedad; pero a través del objetivo de Traoré, que pretende hacer evolucionar esta idea, vemos reflejados los valores positivos de la calle, el esfuerzo y la pasión que requiere esta disciplina artística. “La calle representa la inter conexión de un sinfín de posibilidades en la vida. Los bailarines representan la fuerza y la mente en movimiento”, cuenta. Una mente en movimiento constante que está presente en todo el continente.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Su punto de vista pretende dar un paso más y no quedarse en el plano puramente estético. “Más allá de su efecto visual, me intereso por el impacto social de esta forma de expresión artística”, afirma. “Expreso mi estado actual, mi visión a través del cuerpo y del movimiento”. Según Siaka Traoré, los bailarines urbanos de Dakar “nos pueden enseñar que todos pertenecemos a un plano material, que la belleza se puede encontrar en cualquier parte y que el cuerpo es increíble”.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Traoré expuso por primera vez estas fotos en 2014, durante el OFF de Dak’Art, la bienal de Arte Contemporáneo Africano, en la exposición SUNU StreetNuestra calle– que acogió la galería Atiss. En 2016, Siaka recibió el Premio Orange del Mejor Fotógrafo Digital y actualmente también se dedica a la moda, por lo que se ha convertido en uno de los fotógrafos más solicitados. Para la exposición en Sitges, que compartió con el artista francés, Sébastien Bouchard, los propietarios de la galería Out of Africa, Sorella Acosta y Jacques Collaer, se encontraron con el artista en su estudio de Dakar para proponerle una exposición que mostrara la capital senegalesa en la actualidad.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Pero el artista decidió ir más allá y, después de la inauguración de la exposición, también nos propuso algunas fotografías tomadas en la ciudad de Barcelona. “He desarrollado el trabajo fuera de África con un bailarín que se llama Jordi. Nos conocimos en la inauguración de la galería en Sitges, su estilo de baile me gustó y decidimos trabajar juntos. Eligió un lugar que le gustaba de Barcelona y yo me adapté a su movimiento”, cuenta. Con todo, Traoré se lleva de Barcelona la arquitectura de la ciudad y sus colores.

Robin Rhode, arte urbano en compromiso con la generación posapartheid

Nacido en Ciudad del Cabo, criado en Johannesburgo y establecido en Berlin desde hace quince años, el artista multidisciplinar Robin Rhode – quien se define a sí mismo como niño pospartheid- dibuja un nuevo futuro a través de intervenciones artísticas en espacios urbanos y objetos fácilmente identificables dentro de la cultura urbana para fomentar la cohesión social. Con asuntos políticos contemporáneos como ejes temáticos de sus obras, este artista urbano plasma en pintura y carbón una sátira que nutre graffitis que ya son iconos de una generación: la primera en exponerse directamente a la cultura urbana y las influencias occidentales más mainstream -esencialmente asimilando los códigos culturales norteamericanos-.

“Una de las pandillas callejeras más peligrosas de Ciudad del Cabo se hace llamar los estadounidenses. ¿No es gracioso? Llevan banderas americanas alrededor del cuello. Incluso tienen su propio cártel de drogas, al que llaman la Casa Blanca”, dice en una entrevista para Art Space, donde explica como la cultura urbana en Sudáfrica se ve absolutamente afectada por consecutivas olas de globalización.

A finales del mes pasado, la galería Stevenson de Ciudad del Cabo abrió sus puertas a su nueva exposición: Paths & Fields (Caminos y Campos), un conjunto multimedia compuesto por video, fotografía y dibujos con influencias de sus viajes al norte de Italia y su interacción con artistas como Giulio Paulini Giovanni Anselmo o Giuseppe Penone. Una serie donde color y simetría conducen a Robin Rhode a una, cada vez mayor, abstracción y que se podrá visitar hasta el 4 de marzo.

De la serie “Paradise”. Robin Rhode.

De la serie “Lavender Hills”, de Robin Rhode.

Preocupado por la corrupción, la enorme brecha que divide a ricos y pobres o la volatilidad de una sociedad que sigue luchando para adquirir más derechos económicos, para Robin Rhode ha juzgado que el mejor lugar donde hacer intervenciones artísticas son las paredes. Esos espacios de hormigón que custodian la vida en las ciudades, indistintamente del origen étnico o socioeconómico, facilitan, según él, que las personas puedan cuestionarse las cosas desde otra óptica y que naveguen por la arquitectura. Sus intervenciones artísticas, tal como cuenta en la entrevista citada, son un gesto radical: “Los artistas absorben la sociedad, y nuestro arte funciona como una reflexión sobre esa sociedad. Creo que los grandes artistas son aquellos que usan esa reflexión para crear un nuevo universo para el espectador. Creo que es a eso a lo que aspiro como artista”.

“El arte tiene que hablar y comunicar la cultura, que es un reflejo de un tiempo y un espacio en la historia. El arte actúa como una voz para las preocupaciones, opiniones y creencias de nuestro tiempo”, subrayaba en motivo de la presentación de su exposición Paths & Fields en la revista sudafricana 10and5:

Con 40 años a sus espaldas, uno de los proyectos más emocionantes en los que ha participado, según él mismo, es trabajar con skates como soporte. Con ellos apoyó a la oenegé Skateistan a través de una edición limitada de cinco monopatines. Skateistan es una asociación que trabaja para fomentar la educación entre los jóvenes de zonas problemáticas de Kabul, Camboya o Johannesburgo mediante la construcción de parques de skate que se convierten en auténticas aulas. Estas obras se realizaron, además, junto a Skateroom, una empresa de skates diseñados por artistas que trabajan junto a Skateistan. Con una cubierta que han bautizado como “Crepúsculo”, los monopatines diseñados por Robin Rhodes se venden a 375 dólares, cuyas ventas serán reinvertidas para la construcción de más parques de skate como espacios de encuentro juvenil y fomento del deporte y la convivencia.

Robin Rhode x The Skateroom from Artspace on Vimeo.

Más obras de Robin Rhodes:

 

Tracey Rose, vídeo y performance para desafiar el ‘statu quo’

  • Autora invitada: Ana Martín Onandía

No es tarea fácil hablar sobre Tracey Rose, no sólo por la complejidad de sus trabajos, sino también por su intensa obra y su largo recorrido. Su proceso es intrincado y muchas de sus obras están compuestas por alusiones, por intertextos que crean una lectura compuesta de capas. A medida que se van descubriendo, se pasa de un primer contacto cómico, por el elemento absurdo e impactante de muchas de sus obras a una reflexión algo dolorosa surgida de la crítica punzante e inteligente de la que se sirve la sudafricana.

San Pedro V, The hope I hope, 2005

San Pedro V, The hope I hope, 2005

A través de su trabajo, de diversas intervenciones y entrevistas,  Tracey Rose se muestra como una artista audaz, franca hasta congelar sonrisas, contestataria, provocativa, salvaje, además de tremendamente consciente y comprometida con su obra. Nacida en Durban en 1974, estudió arte en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo y también cursa un Máster en Bellas Artes en la londinense Goldsmiths Collage. Ha tenido numerosas exposiciones en solitario en Sudáfrica y en países del continente europeo y americano. También ha colaborado en la mayor parte de las grandes citas de arte contemporáneo internacionales, entre los que destacan por su tempranísima edad, la segunda Bienal de Johannesburgo en 1997 o la Bienal de Venecia en 2001. Estos encuentros apenas fueron el comienzo de su carrera ya que desde entonces es una artista en continuo movimiento, con un amplio y complejo trabajo multidisciplinar donde se unen prácticas cómo el vídeo, la fotografía, el texto, la escultura, la instalación o la performance.

Rose, a menudo utiliza su cuerpo y su pelo, a través de las distintas técnicas visuales mencionadas anteriormente, para reflexionar y criticar los elementos opresores tan arraigados en nuestras sociedades contemporáneas por razón de género o etnia. Censura los dogmas que obligan a identificarse con diferentes grupos herméticos, por su hipocresía y su disfunción, ya que crean grandes conflictos de identidad en el mundo global en el que habitamos. En uno de sus primeros trabajos Ongetiteld (Untitled), vídeo realizado en 1998, la artista se graba con cámaras de seguridad mientras se depila todo el cuerpo con el fin de mostrar como ese cuerpo sin vello se encuentra en una línea difusa, difícil de encasillar por alejarse de las normas estéticas del género y como afirma la propia artista, el pelo en las comunidades afro posee gran información sobre la descendencia de los individuos. Según el escritor Percy Zvomuya, ella experimenta estos mismos conflictos en primera persona por su condición de artista internacional con diversos orígenes étnicos y que, además, vive en la sociedad del post apartheid.

Uno de sus trabajos más reconocidos es Ciao Bella, que presentó en la Bienal de Venecia de 2001. Esta obra consiste en trece personajes o arquetipos femeninos, todos ellos representados por Rose mediante disfraces hechos por ella misma. La disposición de la obra se formula alrededor de fotografías de gran tamaño y tres canales de proyección dirigidos a tres pantallas. Las fotos son retratos de los distintos personajes femeninos, constituyendo en conjunto un abanico de los diferentes roles o visiones impuestas a la mujer a lo largo de la historia. Entre ellas encontramos desde la figura de la madre más tradicional y estable,  pasando por una Lolita, María Antonieta, una Saartjie Baartman, una conejita, una sirena, una monja, hasta una boxeadora golpeándose a sí misma, entre otras. Junto a estas fotos se proyecta una video-instalación enmarcada de estilo barroco con cortinas rojas propias de los teatros, donde muchos de los personajes capturados en las fotos se agrupan alrededor de una mesa que representa la escena de la Última Cena de Leonardo Da Vinci (Sean O’Toole). Los personajes se mueven de forma absurda y divertida, desapareciendo y reapareciendo en la escena, algunos mueren a manos de la conejita, otros vuelan. Con mucho humor, este trabajo subvierte y explora los elementos judeo-cristianos que condicionan a la mujer a lo largo de la historia.

 

Otra de sus piezas punzantes y altamente subversivas hacia las instituciones promotoras del arte, es Plantation Lullabies (2008).  Esta performance deriva de una exposición en el museo de Brooklyn de Nueva York, llamada Global Feminisms (2007), a la que la artista es invitada. La ausencia de voces afroamericanas, afroasiáticas o nativo americanas, en definitiva de una verdadera representación de los feminismos globales, irrita y exaspera a la artista. Es así como se decide a hacer una presentación de ventriloquia con el título The Cunt Show (2007), sirviéndose de dos guantes-marionetas que representan a dos artistas invitadas, a través de las cuales la sudafricana desmonta la falacia del evento en una conversación entre estos dos personajes, pues según ella muchas de estas organizaciones artísticas son hipócritas al tratar temas y situaciones que no pretenden cambiar, a veces incluso llegando a perpetuar el mismo patrón de desigualdad.

En un acto rebelde, atrevido y muy potente, Rose decide ir a Jerusalén a grabar en la muralla que divide Palestina e Israel. Completamente pintada de rosa, tan sólo provista de botas, bragas de leopardo, peluca, corona y guitarra eléctrica, ésta toca malamente el himno nacional israelí. San Pedro V: The Hope I Hope (2005) termina con la imagen de la artista orinando en el angustioso y tiránico muro.

Entre sus últimas obras se encuentra White Girl Fart Factory, 2015 (La fábrica de pedos de las chicas blancas), que recorre el proceso de producción y comercialización de la mantequilla de maní, con el fin de exhibir y reflexionar sobre la opresión hacía la comunidad afro a nivel internacional, a través de la historia de este producto. Para ello, utiliza botes de “Black Cat”, una marca sudafricana de dicha mantequilla, cuya publicidad en los años del apartheid iba dirigida al hombre blanco como fuente milagrosa de poder y fuerza. Rose comienza guiándonos por su historia colocando un cúmulo de este alimento delante de un dibujo del rostro de George Washington Carver, un investigador e inventor afroamericano nacido en el periodo de esclavitud estadounidense, y que entre otros descubrimientos, se le atribuye el desarrollo de números usos del maní, como el de la mantequilla. El último bote de la instalación, contiene “el pedo de la chica blanca” (Sonia Barrett) custodiado por un gato 3D al estilo de la marca sudafricana.

 

Die wit man, 2015

Die wit man, 2015

También del 2015 es su Die Wit Man (El hombre blanco), una performance dura, necesaria y desgarradora que en palabras de O’Toole “cuestiona el supuesto panorama idílico post-racial por la desegregación de la sociedad estadounidense, la descolonización africana y la caída del apartheid en Sudáfrica”. A pesar de que esa falsa superación es sobradamente conocida y dolorosamente obvia, todavía existen muchos grupos en estas sociedades que se niegan a ver el abuso histórico en términos raciales o que se empeñan en borrarlo de la historia. Por eso, con un aspecto burlesco, descuidado y bizarro, Rose recorre las calles de Bruselas para no permitirnos olvidar. Desde un centro de arte contemporáneo de la capital belga, hasta Our Lady of Laeken, una iglesia gótica donde la familia real belga está enterrada (como relata O’Toole), la artista sudafricana grita a través de un cono de tráfico, que imita a un megáfono, el nombre de Patrice Lumumba, el primer líder congolés elegido tras la independencia del país, asesinado hace 55 años por los agentes de seguridad belgas y estadounidenses.

En la feria de arte Art Basel, Tracey Rose hace un paralelismo entre la alquimia y el arte, asegura que el artista hace magia. Por eso, en su proceso de creación desea dejarse llevar, escapar de cualquier tipo de control y agenda para encontrar su manera más pura y personal de expresión. Puede que la complicidad y el estilo caricaturesco le sirvan para sanarse y liberarse de todas esas limitaciones impuestas, y puede que también le sirvan para guiar al público hacia la herida, hacia el fondo de la cuestión sin tapujos pero con humor y sarcasmo.

Mas información y fuentes:

‘Creemos que Afripedia tiene el potencial de transformar la sociedad’

La plataforma colaborativa Afripedia, aún en fase inicial, tiene como objetivo ser un punto de encuentro entre artistas, comisarios, expertos y periodistas, para luchar contra los estereotipos y visibilizar la creación africana. El primer lanzamiento, cinco documentales, reflejan la boyante vida cultural de varias urbes africanas.

Afripedia_Creatives_ promo_APlogo_Copyright StocktownFilmsTeddy Goitom es consciente del potencial de la idea que puso en marcha hace ya cinco años. Él, junto con dos compañeros del colectivo sueco Stocktown, Senay Berhe y Benjamin Taft, empezaron en aquel entonces un proyecto audiovisual bajo el título Stocktown x Africa: “Después cambiamos el nombre a Afripedia porque nos dimos cuenta que unos cuantosdocumentales no representan al continente entero y que lo queríamos ampliar para que fuese una plataforma visual y una guía para conectar, comisariar y compartir más información creativa dentro y fuera del continente”, cuenta Teddy. Stocktown es un “movimiento vídeo cultural que celebra la creatividad y libertad de las mentes” en palabras de su fundador, él mismo. La idea bajo la que se creó en los noventa fue retratar y compartir la cultura urbana de varias partes del mundo, lo que se convirtióen 2011 en el vídeo-magazine stocktown.com y a la creación de unaproductora audiovisual.

Este productor, de raíces etíopes y eritreas, nos cuenta desde Estocolmo, su campo base, acerca del estado de un proyecto que bebe de la misma filosofía con la que creció Stocktown yque va más allá del audiovisual, para llegar a convertirse una plataforma colaborativa: “Afripedia está diseñada para que los usuarios compartan, exploren y produzcan de forma participativa información en trabajos creativos y talentos. Estamos interesados en explorar este proyecto como manera de retar los estereotipos y la infrarrepresentación resaltando el talento excepcional a través de una amplia variedad de disciplinas creativas y permitiendo a esas personas compartir sus voces y sus historias a través de una atractiva e intuitiva interfaz”.

“Nuestra visión es construir Afripedia como la mejor guía visual sobre arte, cine, fotografía, moda, diseño, música y cultura contemporánea de artistas africanos, a nivel mundial”, explica Teddy. Aunque este trabajo viene de largo: “tras varios años de investigación, hemos construido una fuerte red de laboratorios creativos, blogs, revistas, artistas, empresarios y estamos discutiendo cómo desarrollar una plataforma. La clave es la colaboración y facilitar el acceso con la ayuda de varios comisarios y expertos en diferentes campos en el continente y fuera de él.La falta de representación en diferentes ámbitos creativos de los creativos africanos no está solamente relacionado geográficamente con África, sino que es también un problema global”, asegura Goitom.

SouthAfrica_Gazelle_Copyright_StocktownFilms

Gazelle (Sudáfrica)

Afripedia parte de una idea muy clara en torno a la presencia de África,tanto en los medios de comunicación como en las diferentes esferas culturales y económicas, y en torno a la filosofía “wiki”, como sistema de colaboración abierta. Aunque África está cada vez más presente, aún hay muchos retos que superar: “Creo que estamos en un periodo de transformación donde el acceso a la información y el trabajo de los creativos africanos está más abierto a galerías, museos, medios que están mostrando más interés. Dicho esto, hay todavía muchos trabajos visuales y creativos en África que no son visibles ni están representados. Puede ser la falta de información e infraestructura, así como la educación y el soporte cultural desde diferentes países. Otra cuestión es que la información está muy dispersa y para muchos es complicado filtrarla. Ese es el motivo por el cual queremos construir una base de datos de Afripedia donde las fuentes puedan estar sincronizadas y más fácilmente accesibles y estructuradas”.

El slogan “Afripedia: bienvenido a la creatividad”, es la lanzadera de la primera fase del proyecto, que consiste en cinco documentales que demuestran el potencial creativo y la contemporaneidad de varios artistas procedentes de puntos opuestos del continente. Una amplia red y la experiencia en investigación del equipo, han permitido el descubrimiento de las manifestaciones más punteras dentro de una escena de cultura urbana en auge en las boyantes ciudades africanas. El resultado: un retrato actual de Kenia, Sudáfrica, Ghana, Senegal y Angola, a nivel artístico y una producción estéticamente impecable.

Y ¿qué tienen en común los artistas que aparecen en cada uno de los episodios? “El hecho de ser personas creativas e que inspiran con una conexión emocional con la que los espectadores se puedan identificar. Eso es algo que siempre a lo que siempre aspiramos”, explica Teddy “espero que la gente se inspire y pueda de alguna manera identificarse con los creativos”.

Senegal _ Omar Victor Diop Copyright_StocktownFilmsLos retos a los que se enfrentan este tipo de proyectos de promoción cultural, y más concretamente, promoción cultural africana, son comunes. Pasan principalmente por la dificultad de conseguir financiación para poner en marcha ideas novedosas y que pueden despuntar. En el caso de Afripedia ocurrió lo mismo, como cuenta Teddy: “la parte más complicada fue la financiación, ya que no había canales de televisión que creyeran en el proyecto dispuestos a invertir en la producción de películas, por lo que tuvimos que financiarla con nuestros propios medios durante los primeros 3 años. Después tuvimos una subvención cultural que nos apoyó en un 30% los gastos de producción”.

Afortunadamente, el esfuerzo está teniendo su recompensa y el proyecto una gran difusión:“Algunos canales de televisión africanos ya han estrenado los documentales y está siendo presentado en varios festivales de cine por todo el mundo. Nuestro agente Autlook Film Sales se encarga de la distribución y esperamos tenerlo on line y en vídeo bajo demanda en 2016”, cuenta Teddy. “Creemos que Afripedia tiene el potencial de transformar la sociedad, así como la relación hacia la diversidad y hacia África” asegura.

 

Afrogallonism, la reconversión de los bidones amarillos a arte

gallonsEn la capital de Ghana, Accra, el acceso al agua potable no está garantizado en todas las zonas de la ciudad. John Mahama, actual presidente de Ghana, aseguró el pasado año que uno de los objetivos de este 2015 es aumentar la cobertura urbana de agua hasta un 85% —76% en las zonas rurales— y caminar hacia el acceso universal para el año 2025. Por ello, su promesa de erradicar los bidones amarillos llamados “galones Kufuor” tan presentes en el paisaje urbano de Accra, es una muestra muy simbólica de lograr este objetivo. Estos contenedores, de un amarillo intenso son hoy en día la forma generalizada de transportar agua y por lo tanto, una evidencia de su ausencia en los grifos de los hogares en muchas zonas de la ciudad. Así, los residentes de estos barrios compran agua a sus vecinos en medidas de galones Kufuor, que tienen una capacidad de unos 25 litros. Estos bidones que fueron introducidos en Ghana durante la época colonial para transportar y almacenar aceite para cocinar, reciben su nombre de John Agyekum Kufuor, el segundo presidente de la Cuarta República de Ghana (2001-2009) y cuyo mandato fue también caracterizado por graves problemas de acceso a este servicio básico. Estos problemas acarrearon un auge en la utilización de los Kufuor, que colorearon de amarillo todos los rincones de la ciudad.

El artista Serge Attukwei Clottey del colectivo ghanés GoLokal, es el creador del concepto de “Afrogallonism”, que decide dar otra vida a los viejos bidones amarillos. Attukwei se imagina a Ghana con agua. Una Ghana en la que el plástico de los bidones puede ser reutilizado, ya no para transportar agua, sino para crear. Y mientras lo hace con bidones viejos, rotos e inservibles. El artista crea máscaras, murales e instalaciones y lo acompaña de su participación performativa en la que trabaja temas de justicia social, medio ambiente y en la que el diálogo con la gente, con los espectadores, es el centro estratégico de su creación. Como él mismo asegura: “no creo que la gente pueda acceder a ir al cine. Y para mi, la industria del cine, en realidad no esta proyectando África como yo quiero, como yo la veo. Así que secuestro el espacio, critico la política, me uso a mi mismo como un objeto de mi trabajo”.

Los paisajes que define Attukwei con los colores y materiales que usa, empezando por el amarillo del plástico y siguiendo con el colorido wax que suele utilizar, no son solo visuales, sino también sonoros. Para ello se hace con los medios que tiene a su alcance, como monedas, complementos, muebles y todo aquello susceptible de dar un toque rítmico a sus creaciones.

El artista es también el precursor del colectivo GoLokal, que nació con esta misma dinámica de interaccionar con la gente y de trabajar en la comunidad local. Así, el artista ha invitado a gente de su comunidad a que se unan al proyecto y así ir forjando el colectivo compuesto hoy en día por varios hombres y mujeres. La idea de GoLokal es concienciar sobre los problemas que azotan al país, como la falta de protección al medioambiente, la corrupción, sanidad, etc. ¿Qué diferencia GoLokal de otros grupos de performance y teatro en Ghana? Attukwei lo describe así “en GoLokal, no sólo entretenemos. Nosotros, sobretodo, promovemos el desarrollo comunitario. Queremos que la gente entienda lo que significa el arte realmente. El arte no significa necesariamente pintar cuadros bonitos y ya. Hay que promover la comunidad de la que vienes con lo que eres capaz de crear. Lo extraordinario de GoLokal es que no sólo se debe realizar en el escenario para entretener a la gente. Vamos a espacios públicos donde no es factible que haya exposiciones o programas performativos. Así que desafiamos la norma, secuestramos el espacio. Así es como somos”.

* Artículo publicado en el Boletín Trimestral del Centro de Estudios Africanos el día 2 de julio de 2015

2013: Un paseo por la sección de Artes Visuales del Magacín

Este 2013 ha dejado un sinfín de manifestaciones interesantes en cuanto a las artes y culturas africanas. En Wiriko, hemos intentado acercar al mundo hispanohablante una mínima parte de las millones de propuestas que se cuecen en el continente, cubriendo algunas de las cosas que nos han parecido más punteras. Estas suelen ser fechas para hacer una recapitulación y el “Top Ten” de lo más destacado y leído del año, por lo que en la sección de Artes Visuales vamos a dar un paseo por los artículos más leídos. Acabamos el artículo —y el año— mencionando algunas de los muchos eventos realizados este año, y que desde Wiriko recomendamos.

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¿Qué hemos leído en la sección de Artes Visuales del Magacín?

Empezamos hablando de moda, que pisa fuerte en las pasarelas —y en Wiriko— y no deja indiferente a nadie. En el artículo “Ecos de África Ecos de África: Identidades y tendencias cosmopolitas” nuestra colaboradora Cristina Morales, nos hablaba de los conceptos “etnochic” y “afropean” en moda, dejando claro que el continente negro resuena en Occidente y que el “black es más beautiful que nunca”. A la misma conclusión llegó Estrella Sendra desde African Fashion Week London (AFWL), que nos contaba cómo la moda está cada vez más presente  en los países africanos y la creciente presencia de los diseñadores en las pasarelas internacionales.

De moda saben mucho los Swenkas zulús de Johannesburgo, con su impoluto estilo gentelman y que irremediablemente nos recuerdan a los Sapeurs congoleños, más conocidos en nuestro país y sobre los que también hemos hablado.

En artes visuales, el artista Kudzanai Chiurai tampoco pasa precisamente desapercibido. En su obra, realiza una dura crítica contra el sistema político y económico de su país natal, Zimbabue, que le ha costado el exilio a la vecina Sudáfrica. Corrupción, poder, guerra y la idea del estado rondan constantemente su obra de una manera contundente. Si viajamos hacia el oeste del continente nos encontramos a Camara Guèye que nos remite al cubismo a través de sus formas geométricas y vanguardistas. Un collage que muestra retazos de la vida cotidiana senegalesa y que pudimos ver en Kalao Panafrican Creation de Bilbao el pasado mayo.

Bajo el epígrafe de pintura, cabe destacar el recién celebrado FNB Joburg Art Fair celebrado en Sudáfrica el pasado septiembre y que ha dado mucho que hablar en los círculos artísticos y generando debates —no por primera vez en el país— en torno a la libertad de expresión en el arte. Ello es debido al intento de censura del artista capetoniano Ayanda Mabulu, con su obra “Yakhal’inkomo” (“Hombre negro llorando”) que rememora la matanza de los mineros de Marikana (2012).

En fotografía destacamos el colectivo “Invisible Borders”, que a través de su proyecto “The Road Trip Project” compuesto por 10 fotógrafos, recorren el continente y plasman “otra” África a la que en occidente estamos acostumbrados. “Derribar fronteras y estereotipos” es su objetivo, sin duda. También en este campo pudimos entrevistar a la fotógrafa cántabra Marina Cano, especializada en fauna, que nos habló de su conexión con África, un continente que le inspira y que nos regala esos increíbles paisajes.

En arquitectura nos apasiona el proyecto de casas flotantes del urbanista Kunlé Adeyemi en Makoko (Lagos), que funcionan con energía solar y que son una solución sostenible, ecológica y alternativa. Al otro lado del continente, nuestra colaboradora Aideen Kennedy nos ha contado de primera mano qué sucede en el barrio de Kariakoo de la masificada Dar es Salam en Tanzania.

Esto es sólo una pincelada de nuestra sección. ¡Aquí puedes leer mas!

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¿Qué más ha pasado en la sección de Artes Visuales de Wiriko?

cartel-expo-arte-en-resistenciaEste 2013 hemos inaugurado la exposición Arte en resistencia: del apartheid al ‘Mandela Poster Project’ en el marco del Ciclo de Música Negra de Barcelona y que tuvo lugar en la Farinera del Clot de Barcelona. La exposición mostró la importancia que tuvo el arte como arma de lucha y resistencia durante el apartheid, concretamente la música y las artes visuales. También realizó un recorrido por la cartelería de resistencia creada por los trabajadores culturales durante los momentos clave de agitación política y social que se dieron durante el apartheid. El recorrido terminó  con la presentación del proyecto sudafricano ‘Mandela Poster Project‘, que fue exhibido por primera vez en España en formato digital, y que ha aunó a 95 diseñadores y artistas gráficos de todo el mundo para celebrar este aniversario y recordar que Madiba fue un icono a nivel mundial.

Si queréis saber más sobre el tema, os recomendamos nuestro artículo “Arte de protesta: The South African Poster Movement, en el que explicamos de dónde surge el movimiento cultural de la cartelería.

 

¿Qué os recomendamos para estas fiestas?

Aquellas personas que os quedéis a pasar las fiestas por aquí, también tendréis la posibilidad de tener África un poco más cerca. A continuación os recomendamos algunas exposiciones que tienen lugar por estas fechas:

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Pamplona (28 de noviembre al 26 de enero): Senegal creación contemporánea. Organizada por África Imprescindible y comisariada por Jesús Ahedo (Kalao Panafrican Creations), podemos encontrar obras de Seyni Awa Camara, Douts Ndoye, Ndary Lo, Camara Gueye; Cheikhou Ba, Ibrahima Kebe. Más información: África es Imprescindible.

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Bilbao (4 de octubre al 31 de diciembre): Cultura para la libertad.El legado del Amilcar Cabral. Exposición de las obras de Nu Barreto (Guinea Bissau). Organizada por Kalao Panafrican Creations. Más información en Kalao.

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Las Palmas de Gran Canaria (13 diciembre al 21 de febrero): Tbabu. Organizada por Casa África con el trabajo de Alfonso Elvira y Jesús Hermana en el marco de la iniciativa PhotoBrick. Más información en Casa África.

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Sevilla (11 de diciembre al 10 de enero): Más Morena. Exposición de fotografías de Javier Hirschfeld. Se podrá visitar en el Centro Cívico Las Sirenas de la ciudad. Más información en su publicación en Isuu.

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Ayanda Mabulu hace tambalear la FNB Joburg Art Fair

Hace poco más de un mes tuvo lugar la sexta edición del FNB Joburg Art Fair, una de las ferias de arte contemporáneo más importantes de la escena sudafricana en artes visuales. Unos 10.000 visitantes, 27 galerías de seis países y doce proyectos destacados formaron este punto de encuentro producido por Art Logic y esponsorizado principalmente por el First National Bank (FNB) que además da nombre  a la Feria. Los objetivos de la Feria son el de hacer crecer la audiencia de arte africano y, teniendo en cuenta la emergencia del arte contemporáneo africano en la escena artística mundial, dar visibilidad y un espacio también de cara a las galerías europeas para que acudan y participen en este encuentro. La feria, que tuvo lugar del 27 al 29 de septiembre en Johannesburgo, ha tenido como foco central la fotografía en cuyo ámbito se presentaron varios proyectos que destacamos.

BlackWhitePor una parte, el blanco y negro tomaron la Feria. Junto al fotógrafo Santu Mofokeng, se presentaron una serie de fotografías que datan de la época de 1890 a 1950 y que reflejan y cuentan la historia de familias  de clase media sudafricanas. Por otra parte, el fotógrafo de Die Antwoord, Roger Ballen presentó su reciente libro publicado “Roger Baller – Die Antwoord”. También se presentó Phantams at the Non-City, una selección de esta edición del Lagos Photo Festival de Nigeria celebrado hace unos días en Lagos.Este proyecto examina como el desarrollo de los centros urbanos en África y el avance técnico de la fotografía han transformado nuestro sentido del lugar en un mundo conectado y globalizado. Los artistas seleccionados fueron Cyrus Kabiru, Karl Ohiri, Uche Okpa-Iroha, Adeola Olagunju y Mouhamadou Sow.

Con motivo de este foco en la fotografía también se realizó una muestra comisariada por Michket Krifa y Laura Serani en la que se mostraba el trabajo de fotógrafos emergentes como Arturo Bibang (Guinea Ecuatorial), Zanele Muholi (Sudáfrica) y Uche Okpa-Iroha (Nigeria), entre otros muchos.

Artista Destacado 2013: David Goldblatt

Artista Destacado 2013: David Goldblatt

El artista destacado este año, fue el fotógrafo David Goldblatt que presentó su colección The Structure of Things Then – and After, que se centra en el “contexto estructural, la complejidad de la interacción cultural social, política y económica entre el realizador de la estructura y la estructura misma durante los años de aparthed. Las imágenes tratan de estructuras en Sudáfrica que son la confirmación física de algunas fuerzas que han formado Sudáfrica y su sociedad antes del final del apartheid”. 

Pero sin duda alguna el capetoniano Ayanda Mabulu ha sido uno de los protagonistas de esta edición. Antes de la inauguración de la Feria, los organizadores le comunicaron a la galería Commune1 que representa a Mabulu, que iban a retirar su obra Yakhal’inkomo (Hombre negro llorando). Esta impresionante obra rememora la matanza de Marikana justo un año después y en ella se puede ver a un minero con cuernos representando metafóricamente la muerte de un toro toreado por un matador blanco que utiliza la bandera de Sudáfrica como capote. Este minero a su vez está siendo atacado por un perro que representa a la policía y que es llevado por Zuma mientras pisa la cabeza de otro minero. La reina de Inglaterra y el Príncipe de Gales se ríen al ver la escena y otros políticos y empresarios aparecen en una escena que tiene el logo del ANC manchado de sangre como elemento central.

Ayanda Mabulu posa con su obra

Ayanda Mabulu posa con su obra

Para justificar esta decisión, Ross Douglas director de Art Logic (productora del evento) argumentó que no estaban recibiendo presiones por parte de FNB o del gobierno, pero que habían decidido retirar la obra motu proprio porque “podría comprometer su compromiso con la economía creativa”. Ante esta decisión, considerada de autocensura por el mundo del arte y la cultura, la Feria y sus organizadores recibieron un aluvión de críticas. Tanto sorprendió al público y al mundo del arte, que el artista destacado de esta edición, el fotógrafo David Goldblatt (representado por la galería Glodblatts), amenazó con retirar su obra si no se volvía a incluir la de Mabulu ya que, según el artista, ese tipo de decisiones desarrollan la cultura de la autocensura en Sudáfrica, un problema heredado del apartheid y contra el que aún no se ha podido acabar.

Finalmente los organizadores decidieron exponer de nuevo el trabajo de Mabulu de nuevo en la Feria, para evitar que el resultado de esta edición fuese un desastre (según la organización).

No es la primera vez que el trabajo de Mabulu ha creado controversias y se ha intentado censurar su trabajo. Hace un año, en el marco de la exposición Our Fathers, organizada por el AVA gallery de Cape Town, el artista expuso su obra Umshini Wam (Armas de Destrucción Masiva) que mostraba al Presidente Zuma con el traje tradicional zulú mostrando sus genitales. Esto fue condenado radicalmente por el gobierno del ANC, que lo vio como una falta de respeto hacia el Presidente e intentó que se retirase de la exposición.

La obra de este artista es una crítica feroz al gobierno y al poder a pesar de que él mismo afirma que no es una falta de respeto, sino un toque de atención a “una clase política que no escucha a la población más pobre”. Ello se puede ver también en la obra Ngcono ihlwempu kunesibhanxo sesityebi (Zulu: “Mejor ser pobre que una marioneta rica“) en la que además integra políticos del panorama internacional como Obama y a personajes importantes como Desmond Tutu Nelson Mandela, Robert Mugabe y el propio Zuma.

"The Spier" de Brett Murray

“The Spier” de Brett Murray

 

La inspiración de este artista, así como la preocupación del gobierno del ANC con la recurrente aparición de Zuma no bien parado en el mundo del arte, tiene su origen hace un año y medio (mayo de 2012) con la creación de la obra The Spier, del artista sudafricano Brett Murray (que también participó en la exposición de AVA Gallery). Esta obra, que representa a Zuma con la pose de Lenin mostrando los genitales, fue expuesta en la Galería Goodman de Johannesburgo y causó una gran controversia en el país por los constantes intentos por parte del gobierno de censurarla y calificarla como obra pornográfica. El dibujante de cómic sudafricano más destacado del país, Zapiro, también se ha hecho eco de esta obra de Brett Murray, añadiendo su propia crítica al Presidente del ANC.

 

 

 

 

 

 

Estos hechos han activado un sentimiento de preocupación en torno a la censura y la autocensura en Sudáfrica en cuanto a las creaciones artísticas, ya que el pasado está aún muy presente en el mundo del arte y rememora las dificultades históricas para la difusión de las creaciones de artísticas críticas con el sistema, como el arte de resistencia.

 

Sierra Leona: la renovación extática

Mural en Freetown. Fuente: Brand Sierra Leone

Mural en Freetown. Fuente: Brand Sierra Leone

 

Freetown, capital de Sierra Leona, vivió una efervescencia cultural y artística durante los años noventa, a pesar de la plena convulsión política y de inicio de la guerra civil. Arte, creatividad y reivindicación dibujaron las calles y las fachadas de los principales edificios de la ciudad, mostrando el dinamismo de la población más joven que buscaba su espacio y reivindicaba símbolos que hasta ese momento habían permanecido adormecidos.

Como su propio nombre indica, Freetown fue fundada en el 1972 por el abolicionista británico John Clarkson, pasando a ser la base de los esclavos liberados que había luchado del lado británico en la guerra de la independencia de los Estados Unidos. A partir de ese momento esclavos liberados en Jamaica se establecerían en esta ciudad y más adelante, miles de afroamericanos, antillanos y africanos liberados. Los británicos se hicieron con el control de la zona, no sin oposición de la población local y se expandieron a lo que hoy en día es Sierra Leona, que se declaró colonia británica desde el 1808 hasta 1961, año en que se independizó y empezó a gobernar el All People’s Congress (APC).

El golpe de estado del National Provisional Ruling Council (NPRC) del 29 de abril de 1992, encabezado por Valentín Strasser, influyó en muchos sentidos a sociedad sierraleonesa. Sobretodo porque rompió con los poderes establecidos desde la independencia del país, el APC liderado por J.S. Momoh y que llevaba 24 años en el poder. Un grupo de jóvenes soldados le plantaron cara al entonces presidente para poner de manifiesto la corrupción y la mala gestión del único partido desde la independencia, que no respondía a las necesidades de la población a pesar de las promesas de cambio. Pero la situación para el nuevo gobierno no fue fácil, ya que apenas un año antes había empezado la cruenta Guerra Civil iniciada por los rebeldes del Frente Revolucionario Unido (FRU) liderado por Foday Sankoh y cuya principal fuente de financiación fueron los llamados “diamantes de sangre”.

Este golpe de estado de 1992 fue sentido como una revolución, sobretodo para la población más joven que se sentía identificada con las demandas del NPRC. Había llegado el turno de los jóvenes en un sistema que, ya desde la dominación británica, se había caracterizado también por la dominación de los mayores sobre los jóvenes porque no se les consideraba cualificados para ejercer la política. Tucker (2013) afirma que pensar en los jóvenes sierraleoneses como una categoría marginada en cuanto a participación política nos puede ayudar a entender las formas de contestación política que se dieron en el país durante aquellos años.

Las campañas que llevó a cabo el nuevo gobierno fueron fuertemente aplaudidas y valoradas por la población, como la de limpieza [1] que facilitó el tejido comunitario de la ciudadanía. Este ambiente de euforia que se generó a raíz de este momento convulso y que fue celebrado sobretodo por la gente más joven, tuvo su impacto en las manifestaciones artísticas que se generaron, totalmente relacionadas con el pasado político del país y fueron influenciadas por el panafricanismo, la música y la estética de una generación anterior que se había ido organizando durante los sententa en oposición Siaka Stevens (que gobernó hasta el año 1985) que había forjado una identidad juvenil crítica con el gobierno de entonces (Tucker, 2013).

Bob Marley. Fuente: Firewox Media

Bob Marley. Fuente: Firewox Media

El National Provisional Ruling Council había iniciado la revolución de liderazgo político, pero la base social había comenzado unos meses después una verdadera revolución de conciencia, en el que además gozaban de una gran libertad creativa. Murales, esculturas, monumentos, etc. empezaron a perfilar la ciudad. Acciones muy espontáneas, a pesar del establecimiento del National Social Mobilisation Secretariat (NASMOS) que había creado un gobierno perplejo por el apoyo popular que estaban recibiendo, para coordinar las organizaciones juveniles que se fueron creando. La banda sonora del golpe de estado fue el rap y el reggae que sonó ininterrumpidamente en la radio y que forjó el saludo “One love!” entre los soldados, derivado del rastafarianismo y de la música de Bob Marley y Peter Tosh (Opala, 1994). A partir de ahí “One love!” y “Respect!” fueron los términos utilizados como saludos entre los simpatizantes de la revolución.

Sierra Leona se ha caracterizado además por muy poca tradición en imagen patriótica —al contrario de otros países que durante las revoluciones establecieron unos símbolos nacionales basados en su cultura, historia e ideología política— (Opala, 1994). En este sentido se empezaron a ensalzar figuras que hasta entonces habían pasado desapercibidas, héroes pre-coloniales que lucharon contra los europeos y que sirvieron como inspiración en cartelería, flyers, murales y todo tipo de manifestación artística y política.

En palabras de Opala (1994): “Los jóvenes artistas comparten, con sus compatriotas, la idea de que los líderes tempranos de Sierra Leona son fuentes de inspiración y que la religión y la moralidad son necesarios para reconstruir la sociedad y esos temas aparecían constantemente en su arte”. Paz, hermandad y unidad del rastafarianismo, líderes del NPRC (representados con gafas Rayban), la religión, la revolución, héroes nacionales (por ejemplo Sengbe Pieh y Bai Bureh) y panafricanos (Marcus Garvey o Malcolm X son dos ejemplos) y objetos artesanales locales eran ensalzados a través del arte y de eslóganes.

Los objetivos y el impacto de esta revolución social y cultural espontánea estaban claramente establecidos según Opala (1994):

Los jóvenes desfavorecidos de Freetown están moldeando símbolos de un orgullo patriótico, recogiendo imágenes de diferentes fuentes, conformándolos para definir su nación y su revolución. La mayoría no están tan interesados en hacer arte o en embellecer la ciudad sino en expandir la conciencia popular”.

Poco a poco esta revolución se fue apagando, junto con sus murales que se fueron deteriorando, en parte por la grave situación política del país a la que se enfrentaba el gobierno. A pesar de ello, estos cambios han permanecido plasmados en la historia de esa generación que hoy en día tiene un recuerdo vivo de esa reivindicación de la identidad que no habían podido construir hasta ese momento y que a partir de ahí, quedó en la historia social y cultural del país.

 

Más información sobre los héroes nacionales aquí.

[1] El NPCR comenzó una campaña que consistía en designar el último sábado de cada mes para que la comunidad se organizase para limpiar las calles, ya que el anterior gobierno había abandonado el cuidado de la ciudad. El mismo Strasser participaba en una campaña que fue muy popular entre la población por el ambiente de renovación y cambio de etapa que suponía.

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Fuentes:

Brand Sierra Leone – Facebook

– Opala, Joseph A. (1994): ‘Ecstatic revolution!’: street art celebrating Sierra Leone’s 1992 revolution.

– Tucker, Boima (2013): Musical Violence Gangsta rap and Politics in Sierra Leone. Current African Issues 52. Uppsala: Nordiska Afrikainstitutet.

 

 

Mwangi y los “anti-buitres” kenianos

Boniface Mwangi posando delante de uno de sus murales. Fuente: Africanseer.

Boniface Mwangi posando delante de uno de sus murales. Fuente: Africanseer.

Algunas paredes de las ciudades africanas han dejado de ser meros soportes para las vallas publicitarias y se han convertido en instrumentos de expresión para los marginados de los sistemas de comunicación oficiales, situados en la periferia social y artística. El arte urbano del graffiti y las intervenciones de calle producidas por artistas, activistas culturales, sociales y políticos africanos, invaden muchos de los rincones que conforman las modernas ciudades al sur del Sahara. El graffiti, como la ocupación de plazas y calles que protagonizaron las revueltas árabes del norte de África, se ha convertido en una invasión de facto del espacio público a través de lienzos que comunican, expresan y contribuyen a la transformación de las sociedades africanas de hoy.

A menos de 3 meses para las próximas elecciones en Kenya (previstas para el 4 de marzo de 2013), el caso del activista Boniface Mwangi nos parece de vital importancia para la actualidad tanto artística como política del país. Figura crucial dentro del activismo social y cultural de África, su trayectoria profesional pasa por el fotoperiodismo, el arte del graffiti o el documental para la sensibilización, estando en el punto de mira de la censura institucional y habiendo pisado la cárcel en varias ocasiones por su carácter de crítico incansable.

Foto de Boniface en la ceremonia de entrega de los Premios Prince Claus 2012. Fuente: Kevin Oyugi/Niaje.

Foto de Boniface en la ceremonia de entrega de los Premios Prince Claus 2012. Fuente: Kevin Oyugi/Niaje.

A los 24 años, Mwangi era uno de los periodistas que cubrían las noticias sobre las elecciones kenianas de 2007, pero su contacto directo con los conflictos vividos por la población en el periodo post-electoral, que se saldó con la vida de 1.200 personas y más de medio millón de desplazados, le llevó a fundar la organización Picha Mtaani -basada en una exposición fotográfica itinerante- para la reconciliación postconflicto, en 2008. Su fotografía, vanamente censurada por el gobierno keniano, se convirtió en la principal denuncia gráfica de la violencia y en una semilla para la paz. Su trabajo le valió el premio Mohamed Amin de la CNN al fotoperiodista del año en dos ocasiones (2008 y 2010). Y en 2012, recibió el Premio holandés Príncipe Claus (de Cultura y Desarrollo) por su aportación para una “nueva Kenya”, además de ser nombrado “personaje del año” por el GlobalPost por su capacidad de movilización de la sociedad civil a través de sus fotografías y sus graffitis.

Su documental ‘Heal the Nation’, sobre el conflicto post-electoral de las últimas elecciones de Kenya, es un clamor por la justicia y la reconciliación nacional rememorando las atrocidades cometidas y reflexionando sobre la necesidad de una transformación social y nacional del país.

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Mural de Boniface Mwangi

Actualmente, Mwangi, se encuentra inmerso en una campaña de sensibilización de la opinión pública contra “los buitres” , como él los denomina, que conforman el actual gobierno keniano. En 2012, reunió a un grupo de graffiteros decididos a influir en la conciencia colectiva, para crear murales por todo Nairobi con buitres que representan a la clase política. Esta actividad, clandestina y mayoritariamente realizada durante la noche, empezó a molestar mucho al gobierno de Nairobi.

Este acontecimiento, provocó el encarcelamiento de Mwangi, pero tuvo que ser puesto en libertad gracias a la presión social de los kenianos que respaldaban su obra.

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40 murales mensuales pintados por todo un movimiento “anti-buitres” son difíciles de borrar por las brigadas de limpieza del gobierno. Pero éste, no sólo se enfrenta a una invasión del espacio público a través del arte urbano, sino que se enfrenta a un movimiento que se nutre de las redes sociales y las nuevas tecnologías para la movilización de los votantes. Mwangi y los “anti-buitres” kenianos han diseñado una web para denunciar la corrupción, los asesinatos cometidos después de las últimas elecciones y la falta de transparencia del gobierno de Kenya a través de mavulture.com. ‘Mavulture’, ‘muchos buitres’ en swahili, nació el pasado 13 de Noviembre gracias a financiadores privados y se presenta como una iniciativa sin precedentes en el país.

Tendremos que esperar aún unos meses para poder evaluar la verdadera incidencia de todas estas iniciativas en Kenya, pues es difícil valorar el alcance real de este tipo de acciones sobre la comunidad. Pero la cantidad de personas que se manifestaron para conseguir la liberación del joven artista en su última encarcelación o el éxito de otras campañas de movilización popular similares, a través de las redes sociales como la de SunuCause de las últimas presidenciales en Senegal, hacen vislumbrar posibilidades reales de incidir en la concepción política de los kenianos.