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‘Hshouma’, los tabúes marroquíes al desnudo

En la obra de Zainab Fasiki los desnudos tienen un papel protagonista y sirven a un claro propósito: evidenciar los tabúes presentes en su país con el fin de liberar las mentes de prejucios. Para ello creó ‘Hshouma’, un proyecto en el que la representación del cuerpo libre de ropa persigue también desprenderse de todos aquellos pensamientos y actitudes que atentan contra las libertades individuales, en especial las que tienen que ver con la sexualidad, y concretamente las que atañen a las mujeres.

Zainab Fasiki.

En darija (la lengua árabe que se usa en Marruecos) ni siquiera existen las palabras adecuadas para hablar de sexo, salvo si trata de insultos, tal y como puntualiza Zainab. Según explica a Wiriko, esta censura desde el propio lenguaje está fundamentada en la ausencia de “una educación que esté basada en el respeto a las diferentes orientaciones sexuales, a las libertades individuales y que incluya una mejor educación sexual que refuerce la idea de que tener sexo no es un delito”.

Y ante la inexistencia de este escenario educativo, ella misma decidió crearlo a través de Hsouma, una plataforma digital que utiliza sus ilustraciones para “romper los tabúes sociales que hay en Marruecos y en la región de Mena (Medio Oriente y norte de África)”, comenta. En este proyecto, creado a partir de la residencia artística de Zainab en el centro Matadero Madrid este año, la ilustradora de Fez se aleja del colorido que caracteriza las viñetas que la han dado a conocer y pone negro sobre blanco para señalar los prejuicios, explicarlos, naturalizarlos y dar la oportunidad de participar proponiendo temas o planteando dudas a través de este espacio de la red.

“Cuando publiqué Hshouma se hicieron un montón de comentarios en Internet acusándome de no respetar mi cultura y tradiciones, pero creo que esto es normal. En algunas revistas han dicho que mi trabajo es pornografía porque dibujo mujeres desnudas y no han querido publicar mi obra. Esto ocurre por la educación que existe en Marruecos y también por la política. Para mí la religión es una elección, pero el sistema educativo y las leyes obligan a la gente a vivir según la norma religiosa. Esto debería cambiarse y la solución es una mejora de la educación desde la familia, el colegio y los medios”, defiende Zainab.

Hija de padres artesanos, asegura que en su cultura “ser artista no es considerado un trabajo, así que soy también una emprendedora: vendo mis dibujos, mis libros y hago workshops. Es muy difícil, se deben tener contactos y muchísimo talento o dinero para empezar. En mi caso las redes sociales me han ayudado un montón a lanzar mi carrera y a llegar a todas aquellas personas que quieren conocer mi trabajo”.

A sus 24 años, esta artista, más conocida por sus cómics que por sus ilustraciones, está llevando a cabo la titánica tarea de ir a contracorriente en la espiral de silencio en torno a las libertades de las mujeres y la sexualidad en un país que castiga con cárcel las relaciones sexuales fuera del matrimonio y la homosexualidad. Y lo está haciendo no sólo con Hshouma, también mediante el colectivo ‘Women Power’, con el que organiza talleres dirigidos a jóvenes que quieren desarrollar sus ideas a través del arte.

Eso sí, sólo se aceptan mujeres y personas homosexuales. “Fundé el colectivo Women Power, que es un grupo de mujeres con talento que quieren cambiar Marruecos. Es un evento mensual que incita a veinte mujeres a conectar entre ellas a través de la formación artística. Es sólo para mujeres y también para colectivos minoritarios porque Marruecos está dominado por el género masculino en todos los campos y las mujeres son las principales víctimas del patriarcado. El colectivo es también un espacio queer, queremos la igualdad de todos los géneros en Marruecos”, explica.

Zainab Fasiki.

Su experiencia personal ha motivado a que así sea porque, si bien Zainab ha recibido numerosas muestras de apoyo en las redes sociales, su trabajo artístico ha sido concebido con reparos en su entorno personal, al que a menudo le ha resultado embarazoso por su estilo y temática. “Yo estuve en su lugar y quiero ayudarlas de este modo”,dice.

Zainab Fasiki.

Ahora recorre su país y el mundo para presentar su trabajo artístico y sus ideas sin reparos. Por citar algunos ejemplos, ha sido parte del elenco de artistas que han presentado sus obras en el 30 aniversario del Instituto del Mundo Árabe (IMA) en París, y recientemente ha estado en España hablando de su trabajo en el Coloquio internacional en perspectivas de género y sexualidad en la creación artístico-literaria francófona contemporánea ‘GeSex’, organizado por el Grupo HYBRIDA de la Universitat de València. Además, este mes de diciembre ha expuesto las piezas de Hshouma en la galería Le Cube, en Rabat.

Para Zainab es importante poder mostrar el desnudo no sólo del cuerpo sino también de las realidades que asfixian las libertades de las personas en su país. Y no se le ocurre mejor manera de gritarlo a los cuatro vientos que a través del dibujo, el medio más universal en entornos con altas tasas de analfabetismo y elevada censura mediática y social. “El arte es una herramienta para la paz. Una imagen es un instrumento con mucha fuerza para enviar mensajes que calan en unos pocos minutos. La sociedad actual no está lista para leer largos libros sobre el cambio social, así que una imagen es siempre un recurso poderoso”.

3MA, el encuentro transcultural africano de cuerda

3MA representa la armonía cultural entre Malí, Marruecos y Madagascar. La primera sílaba de estos países conforman el nombre de un proyecto formado por Ballaké Sissoko, Driss El Maloumi y Rajery.

Ballaké Sissoko toca la kora, el instrumento tradicional de 21 cuerdas del África occidental. El maliense es, junto con su amigo Toumani Diabaté, uno de los máximos exponentes de la cultura griot en la actualidad. El marroquí Driss El Maloumi busca en el Mediterráneo la confluencia entre lo árabe, lo bereber, lo occidental y lo subsahariano. Recoge en su oud, el laúd árabe, las distintas músicas de esta encrucijada geográfica. El trío lo completa Germain Randrianarisoa, más conocido como Rajery. El malgache es un referente de la música de su país y a pesar de la amputación de su mano derecha, es denominado como el príncipe de la valiha, cítara circular de 18 cuerdas hecha de bambú y característica de Madagascar.

Los tres tomaron con entusiasmo la oportunidad de trabajar juntos y reunir sus instrumentos para desarrollar un sonido que va más allá de las individualidades. El proyecto surgió en 2006 cuando El Maloumi y Rajery coincidieron en Agadir. Posteriormente el músico marroquí fue invitado a Madagascar por el Instituto Francés y se forjó una colaboración a la que posteriormente se sumaría Ballaké Sissoko. “Lo que es admirable es la unión de tres culturas diferentes, tres personas distintas, tres instrumentos y tres países”, explica Rajery a Wiriko en Fez.

El músico malgache además resalta la celebración de lo africano como reclamo creativo ya que normalmente en lugares como Madagascar se piensa más en la influencia europea que en la de África.

3MA salvaguarda el patrimonio cultural griot, bereber y malgache mientras investiga nuevos retos expresivos. Los instrumentos crean un lenguaje común ligado a un universo suave y místico sin olvidar los sonidos enérgicos y arrebatadores. “Como griot es muy importante para mi poder conocer otras culturas. Me encanta cómo suenan los tres instrumentos juntos”, apunta Sissoko.

Comenzaron a desarrollar melodías en sus primeros encuentros y para 2008 publicaron un trabajo homónimo. Desde entonces han mantenido sus carreras en solitario aunque sin perderse de vista. También han formado parte de diversos proyectos e incluso han coincidido en “Las Rutas de la Esclavitud” y “Hesperion XII”, propuestas musicales lideradas por Jordi Savall. La colaboración es para 3MA un eje de desarrollo creativo y permeabilidad. Ya lo expresó Sissoko a Wiriko en una anterior entrevista: “No se puede vivir con la kora guardada en una habitación. Hay que dar y recibir y esa es la principal razón por la que he realizado tantas colaboraciones con otros músicos”.

Ahora, tras una década lanzan Anarouz. Este nuevo álbum testifica la sinergia de las tres culturas y expone la madurez musical de unos artistas que acunaron a los asistentes en el jardín Jnan Sbil de Fez bajo el marco de la 24ª edición de Festival de Músicas Sagradas del Mundo.

3MA anoche en el Jardín Jnan Sbil de Fez / Foto: Ramón Fornós

La luna gibosa creciente regaló ayer una noche luminosa y romántica. La brisa suavizó el calor e incluso las ranas se sumaron al espectáculo con un croar casi inoportuno y que añadió magia de la velada. 3MA puso a la kora, el oud y la valiha sobre el escenario. Los cantos en bamana, malgache y árabe transportaron a los espectadores a Bamako, Agadir y Antanarivo en un viaje intercultural donde la tradición se fundió con nuevos horizontes musicales, esencias y colores.

La presencia de 3MA casa con la misión del Festival de Músicas Sagradas del Mundo de Fez de compartir valores como la tolerancia a través de las artes, según expresa el presidente del presidente del festival, Abderrafi Zouiten. La música se presenta como convivencia y una respuesta actual a los problemas globales. Sin embargo, Driss El Maloumi explica cómo en demasiadas ocasiones son abordados con estas cuestiones migratorias y de refugiados por el hecho de ser africanos mientras que otros artistas no son preguntados por lo mismo: “Estamos proponiendo un trabajo artístico, una concepción estética y una acumulación de saber hacer desde los viajes y de la cultura de cada uno. Se puede juzgar lo que nosotros hacemos en relación a lo que hace todo el mundo. No estamos para crear una sensibilidad especial para con los refugiados aunque es cierto que el tema nos concierne. Nosotros trabajamos para crear algo novedoso y puramente artístico”.

Marruecos: un viaje cultural, social y medioambientalmente sostenible

Marruecos, en el norte de África, ofrece una gran cantidad de experiencias para los visitantes que lo han convertido a lo largo de los años en el país más turístico de todo el continente. El turismo se ha convertido en uno de los sectores más importantes y con un mayor impacto socioeconómico en el país. Sin embargo, el visitante extranjero puede dejar una importante huella negativa allí por donde pasa. Por ello, hay que apelar a la responsabilidad del viajero para que contribuya a un turismo más sostenible.

Comprar productos producidos localmente, utilizar el transporte público, hospedarse en pequeñas casas de huéspedes regentadas por marroquíes, relacionarse con la sociedad marroquí de una forma humilde, emplear a guías del lugar, comer en restaurantes y tenderetes de familias locales, minimizar los desechos que se generan, y diversificar los sitios en los que comprar y consumir –evitando comercios o servicios que exploten a sus trabajadores– son algunas de las prácticas que permiten al visitante tener una experiencia cercana, genuina y a la vez sostenible de Marruecos.

2017 ha sido el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, una forma de potenciar globalmente un turismo que contribuya a la igualdad de género, la conservación de los ecosistemas y de la biodiversidad y la protección del patrimonio natural y cultural, además de ofrecer soluciones a muchos otros retos apremiantes a los que se enfrenta hoy nuestro mundo. Marruecos es uno de los estados que se han comprometido para fomentar un turismo verde, responsable y ecológico. El país, reconoce en el turismo sostenible una herramienta que posibilita el desarrollo inclusivo y la participación de las comunidades de acogida, tal y como está recogido en el marco de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible o en la Agenda de la Unión Africana 2063.

Wiriko ha viajado junto a la Fundación TUI Care a dos de los principales destinos turísticos marroquíes: Agadir y Marrakech. Y aquí, os presentamos dos propuestas de turismo sostenible para este 2018

MARRAKECH EN BICICLETA

Marrakech o la ‘Ciudad Roja’, custodiada por la cordillera del Atlas, es el destino turístico por excelencia de Marruecos. Un bullicio de visitantes transitan a todas horas por su Medina fortificada, que hace de la urbe un zoco gigantesco en plena efervescencia tanto de día como de noche. Varios monumentos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad, como la mítica y mágica plaza de Jemaa El-Fna, símbolo de la ciudad desde su fundación en el siglo XI y hogar de malabaristas, músicos, encantadores de serpientes, tenderetes de frutas y jugos naturales, lámparas de colores, aromas de cuero y tintes, especies, chiringuitos de caracoles o tatuadoras de henna.

Perderse por las estrechas calles de la Medina nos puede descubrir múltiples sorpresas y recovecos, con restaurantes escondidos en antiguas riads rehabilitadas con maravillosos y coloridos jardines interiores, fuentes y extraordinarias vistas de pájaro en terrazas ubicadas en las azoteas. Además de ser un epicentro de belleza y atracción perfecto para conocer la cultura local, la ciudad acoge cada año un fantástico Festival de Cine Internacional, eventos musicales como el Sun Festival y espectáculos tan chics como los del Festival Oasis o el Festival de música electrónica del Atlas. También cuenta con diferentes centros de arte como la mítica Casa de la Fotografía o el Museo de Fotografía y Artes visuales. Este 2018, el Palacio Hotel La Mamounia de Marrakech acogerá por primera vez la Feria de arte contemporáneo 1:54, un encuentro promovido por la marroquí Touria El Glaoui.

Pero si lo que realmente deseas es conocer la cultura local más allá de los zocos (mercados), y quieres surfear en el frenético ritmo que marcan transeúntes, burros y motocicletas, generando el latido humano de Marrakech, Pikala Bikes es tu solución. Esta empresa social está especializada en ofrecer tours culturales en bicicleta por Marrakech. A parte de contribuir con un transporte limpio como es la bicicleta, el alquiler de bicicletas o bicis tándem ayuda a mejorar la empleabilidad de jóvenes marroquíes que trabajan como mecánicos y/o tour operadores para Pikala, además de luchar para la inclusión de la mujer en el mercado laboral.

@Pikala Bikes.

(Conoce más sobre Pikala Bikes en este artículo que la autora publicó en EL PAÍS).

¿SON POSIBLES LOS TODO-INCLUIDO SOSTENIBLES?

¡EN AGADIR, SÍ!

Agadir, en la región de Sus Masa, es la capital del Marruecos costero y enclave por excelencia del sol y playa atlánticos. Con un clima y temperaturas muy parecidas a las de Canarias, es un destino ideal para los jóvenes surfistas europeos, que hace décadas que frecuentan sus más de seis kilómetros de playa de arena blanca para disfrutar de sus cerca de 300 días de Sol al año. La ciudad, además, acoge interesantes eventos culturales como el Festival Timitar, que todos los veranos pone la cultura amazigh (bereber) encima del escenario con más de 40 músicos marroquíes e internacionales.

Turistas en una playa de Agadir, delante del Robinson Club Hotel. Foto: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

A pesar de que el litoral de Agadir está plagado de hoteles de lujo, restaurantes y terrazas, los principales recursos para su población son la agricultura –es una de las principales huertas del África Occidental– y la pesca –la ciudad tiene uno de los puertos pesqueros más importantes de Marruecos–. Sin embargo, muchos de estos resorts no compran sus productos al productor local, sino que los importan a gran escala desde el exterior, así como emplean a expatriados o se llevan sus ingresos fuera del país.

El Hotel Robinson Club Agadir es una excepción, ofreciendo una opción de todo-incluido sostenible ejemplar. Se trata de un alojamiento totalmente respetuoso con el medio ambiente y la sociedad que lo rodea. La cantidad de Sol de la que goza la región y sus 950 metros cuadrados de paneles solares, hacen que se abastezca a sí mismo del 16% de la energía o el 70% del agua caliente que utilizan. Mientras Agadir solamente tiene de seis a doce días de lluvia anuales, el hotel cuenta con un manantial natural de agua del que extraen el total de la que consumen sus huéspedes. Asimismo, también abastecen a la población local y al Ayuntamiento si hay cortes debido a la escasez, mostrando un compromiso real con la ciudad de Agadir y su población.

Con un 75% de su terreno convertido en jardines y áreas verdes, el Hotel también cuenta con un huerto 100% ecológico en el que producen stevia y todo tipo de frutas y vegetales que sirven en sus restaurantes, junto a otros productos que adquieren del mercado local. Además, también producen su propio aceite de oliva virgen, gracias a su extensa plantación de olivos.

Entre sus 450 trabajadores, casi todos marroquíes, se hallan 100 alumnos de su Academia de formación, un proyecto de inserción laboral iniciado en 2008 para formar a cocineros, recepcionistas, camareros, limpiadores, masajistas y expertos en belleza para el spa…  En un país donde el desempleo juvenil roza el 30%, los alumnos y alumnas, muchos de los cuales son de Agadir o de sus alrededores, pueden estudiar de forma gratuita y obtener una titulación convalidada en Alemania gracias a la colaboración de la Fundación TUI Care y del gobierno de Marruecos. Con derecho a residencia en el propio hotel y una paga de prácticas y cotización a la seguridad social, ven asegurado, al menos, un año de empleo.

Dos ejemplos prácticos de proyectos de turismo sostenible que podemos visitar, mientras contribuimos a un desarrollo más equitativo y justo en el país más turístico del continente africano.


Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración de Wiriko y TUI CARE FOUNDATION.

Otoño de cines africanos en Madrid y Córdoba

Casa Árabe inaugura un ciclo de cines africanos con una selección de dos películas de ficción y dos documentales proyectados por el FCAT en los últimos años. Marruecos, Argelia, Estambul, la inmigración, la radicalización o el amor serán algunas de las temáticas que durante este otoño se podrán disfrutar tanto en Madrid como en Córdoba desde el 22 de septiembre hasta el 24 de noviembre. Si tienes curiosidad te presentamos estos cuatro trabajos necesarios para comprender mejor algunas de las dinámicas actuales que tienen lugar en el continente africano o en su diáspora.


Hablar de inmigración y hacerlo sin palabras. Este es el desafío que el tunecino Ala Eddine Slim propone con su película El último de nosotros (Akher Wahed Fina). El protagonista descrito como “N” (Jawher Soudani) –aunque los créditos finales lo enumeran simplemente como “joven”– recorrerá espacios infinitos intentando cruzar clandestinamente a Europa, un trabajo que fue premiada como mejor película árabe en el FCAT 2017.

El significado de todo esto puede reducirse en gran medida a la diferencia entre rechazar el entorno de uno o ser parte de él. Es un punto particularmente importante en un mundo en el que decenas de miles de africanos arriesgan la vida y la integridad física para huir a Europa, donde la tierra prometida que esperaban termina rechazándola o guetizándola. Hay indudablemente espacio para más películas sobre el tema, sí. Y es alentador encontrar directores que buscan ampliar la comprensión de la experiencia de los migrantes. Sin embargo, los personajes de El último de nosotros no son de carne y sangre, sino conceptos, ni siquiera nombres reconocidos: representan las ideas mientras son vasos vacíos, lo que hace de la película un ejercicio intelectual autoindulgente con bellas imágenes, más que una profunda meditación sobre uno de los grandes problemas de nuestro tiempo.

 

Madrid: 22 de septiembre y 27 de octubre

Córdoba: 13 de octubre

 


 

El documental Callshop Istanbul de los realizadores Hind Benchekroun y Sami Mermer presentan la cosmopolita ciudad de Turquía a través de la vida de los locutorios para refugiados e inmigrantes. Estambul, una metrópolis a caballo entre Europa y Asia, siempre ha sido un lugar de paso para los mercaderes y viajeros del mundo. Hoy en día, para los emigrantes venidos de África y de Oriente Medio representa la puerta de la Tierra Prometida europea. Refugiados sirios e iraquíes, una juventud cosmopolita en busca de un futuro mejor desilusionada por las primaveras árabes, clandestinos del África negra, todos se juntan en un espacio reducido y lleno de vida: los “callshop”, los locutorios, desde donde pueden volver a contactar con sus países de origen son el epicentro de este documental.

A veces, el drama se resume en una llamada que no pasa. En otros, es una pausa incómoda reflejada en la cara desencajada de no poder gestionar una distancia demasiado grande para romper por teléfono. O también en un suspiro de exasperación por una situación sin solución fácil. Es la captura de estos momentos sin vigilancia, donde los realizadores Benchekroun y Mermer proporcionan instantáneas claramente personales que ofrecen reveladoras visiones de la imagen más grande.

 

Madrid: 29 de septiembre y 13 de noviembre

Córdoba: 27 de octubre

 


¿Qué es lo que realmente sucede en la cabeza de un terrorista suicida, y quién lo puso allí? En Investigando el Paraíso (Tahqiq fel djenna), el veterano director argelino Merzak Allouache explora las terribles consecuencias de estas ideas, específicamente la perspectiva de que un mártir islámico vaya a ser atendido por 72 vírgenes voluntarias, cuando entre en el paraíso. Allouache observa esta promesa erótica desde el punto de vista de una periodista, revelando la gran división socio-religiosa en su país, mientras que él se burla de la política de lo que la película llama “la teología de la muerte”. Un reloj largo pero absorbente, es a la vez escalofriante en sus implicaciones y alentador al presentar argelinos inteligentes que ven claramente a través de la propaganda.

Investigando el paraíso contiene más de dos horas de entrevistas en todo el país describiendo el paisaje social de Argelia, que va desde los intelectuales a los niños en la calle, desde la sofisticada capital al exótico y tradicional sur. La franqueza con el que se afronta el reclutamiento de yihadistas tiene una audacia inusitada, y hace que valga la pena una mirada sosegada por los organismos de radiodifusión y nichos en busca de actualidad.

 

Madrid: 13 de octubre y 17 de noviembre

Córdoba: 10 de noviembre

 


Noufissa y Fetouma son las protagonistas de Pequeñas alegrías, una película costumbrista ambientada en la ciudad de Tetuán durante la década de los 50 y dirigida por el marroquí Mohamed Chrif Tribak.  Al fallecer su padre, Noufissa, de 17 años, debe ir con su madre a vivir a la casa de Lalla Amina, esposa de un gran dignatario de la medina de Tetuán. Una vez instalada en la mansión, una fuerte amistad nace entre Noufissa y Fetouma, la nieta de Lalla Amina. Las dos jóvenes prometen no separarse nunca. Cuando Fetouma descubre que Noufissa se casará pronto, hará lo imposible para impedirlo.

Madrid: 6 de octubre y 10 de noviembre

Córdoba: 24 de noviembre

Fez vuelve a encender la llama sagrada de la música

Inauguración del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez, el pasado 12 de Abril. Fotografía Gemma Solés i Coll/ Wiriko.

Con sus ya 23 ediciones, Fez se ha convertido en un enclave irreemplazable de la arena cultural gracias a uno de las citas musicales más destacadas a escala internacional: el Festival de Músicas Sagradas de Fez.

Toda su riqueza y multiculturalidad, sedimentada en sus edificios, calles, puertas, gastronomía y sociedad, ha sido reconocida por la UNESCO, que la declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1981. Y es que Fez ha trascendido por ser un lugar de acogida y convivencia a través de los siglos. En el año 818, un gran número de andaluces emigraron a Fez tras la Revuelta del Arrabal, en Córdoba. En 824, otra rebelión, en Túnez, hizo que la ciudad acogiese a una gran cantidad de árabes, mayoría étnica a partir de entonces. Y ya en el siglo XV, los judíos sefardíes se instalaron aquí, creando juderías urbanas que estarían en funcionamiento hasta entrado el siglo XX.

Por eso no es de extrañar que esta ciudad marroquí sea hoy un enclave único para el encuentro espiritual de diferentes tradiciones y pueblos. Un crisol de culturas que encuentra una forma de expresión a través de lazos históricos que África, Oriente Medio, Asia y Europa han ido tejiendo en un lienzo inmaterial que hoy se hace evidente en el lenguaje universal de la música.

La 23ª edición del Festival de Músicas Sagradas de Fez (12-20 de mayo)

Con expectación, opulencia y fuertes medidas de seguridad, la alfombra roja inauguraba la noche del viernes 12 de mayo, con la presencia de diplomáticos y prensa internacional, junto a cientos de privilegiados acomodados en palcos de una imponente y señorial Plaza Bab Almakina. Con la asistencia de la princesa Lalla Salma, consorte del rey Mohammed VI, y de Dominique Ouattara, esposa del actual presidente de Costa de Marfil, el evento cultural se transformó en un auténtico acontecimiento regido por el protocolo y la vigilancia.

La tensión se diluyó rápidamente en cuanto el mapping, los actores, actrices y músicos empezaron a iluminar las paredes del recinto y la palestra para recorrer la historia de la humanidad y sumergirnos en la mitología del agua, tema central de este año. La historia del diluvio, el profeta Jonás o el Espíritu del Agua de tradiciones como la amazónica, griega o la egipcia, impregnaron al espectador en una gala que recorrió referencias bíblicas, coránicas y sufíes con el acompañamiento de una orquesta de doce músicos y la participación de intérpretes marroquíes, malienses, kuwaitíes, egipcios, brasileños, españoles, franceses, griegos, indios o iraníes. China, invitado de honor de esta edición, tuvo un peso importante durante la noche, donde no faltaron las acrobacias y el baile, y en la que sorprendieron sinergías como las que protagonizaron los Silbadores de la Isla de la Gomera junto a los Sopladores del Alto-Atlas.

Inauguración del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez, el pasado 12 de mayo. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Mientras en Bab Almakina todo parecía lujo y solemnidad, la Fez más local, la que no puede permitirse una entrada al festival –en Marruecos, más del 15% de la población vive con menos de 3 euros al día y casi el 40% de los jóvenes urbanos están desempleados– celebraba el Festival en la ciudad en la vecina Plaza de Boujloud. Un espacio que estará activo cada noche hasta la clausura del festival, el próximo sábado 20 de mayo.

Una mujer marroquí mendiga delante de la puerta de una mezquita, en la Medina de Fez. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Los conciertos más destacados del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez:

La pirotecnia musical está servida desde el sábado 13 en diferentes enclaves de la ciudad. Si el mismo sábado podíamos disfrutar del pianista nómada francés Marc Vella en los Jardines Jnan Sbil, la joven instrumentista china LingLing Lu nos daba una clase magistral de erhu (violín chino) y pita (laúd) en el marco del impresionante patio interior del Riad Dar Ben Souda. Un concierto que fue intimista y mágico, y que permitió a menos del centenar de asistentes, penetrar en la técnica purista de una joven prodigiosa. La noche la cerraba la ópera china Wu Du Zhejiang con un espectáculo histriónico en Bab Almakina.

Lingling Yu en el 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

La tarde del domingo sintetizaba el alma de la selva amazónica en los jardines Jnan Sbil con el espíritu indígena de Marlui Miranda y las danzas y la poesía berber de Inouraz en Dar Adiyel. Sin embargo, el plato fuerte de la noche fueron Songhai, el proyecto que nació en 1988 de la mano del flamenco de los españoles Ketama y de la kora del maliense Toumani Diabaté. Casi 30 años después de ese revolucionario trabajo, que repitió segunda parte en 1994, Songhai se volvieron a reunir en Fez, aunque sin Antonio Carmona y junto al contrabajista Javier Colina, para volver a decirle al mundo que Andalucía y África Occidental, los gitanos y los bambaras, tienen un pasado común que hoy se hace evidente a través de la música.

Songhai, tras el concierto que ofrecieron en el 23º Festival de Músicas Sacras de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Ayer lunes, el podio de audiencia se lo llevó el bluesman Eric Bibb, y hoy, la lira griega de Stelios Petrakis Quartet o el encuentro franco-marroquí Taziri le volverán a hacer sombra a la diaria sesión de cines que acoge el Instituto Francés de Fez. El icono del pop libanés Yasmine Hamdan, que actúa el miércoles, el concierto del virtuoso de la guitarra flamenca Vicente Amigo el jueves 18, o el proyecto cubano-marroquí de Aziz Sahmaoui, prometen volver a conseguir que Fez se perpetúe como cita anual imprescindible para todo melómano y melómana.

Desde África, en español

La literatura ecuatoguineana, la saharaui y la del norte de Marruecos y las obras de autores africanos de zonas que no han tenido la influencia colonial española pero que han optado por el español como lengua de expresión. Esas son las tres patas de lo que Inmaculada Díaz Narbona considera las literaturas hispanoafricanas, una realidad que para esta investigadora forman “un corpus heterogéneo, en su consolidación, producción y calidad, que requiere atención y difusión”. Y aunque esta atención, a menudo no llegue a los niveles merecidos, la verdad es que entre los autores que entran en la clasificación de Díaz Narbona hay algunos sobradamente conocidos (en entornos de interés por el continente africano, aunque todavía no para el gran público). Se refiere a personalidades como Donato Ndongo-Bidyogo, Agnès Agboton, Guillermina Mekuy, César Mba Abogo, Justo Bolekia Boleká, Inongo-vi-Makomè, entre otros.

literaturas-hispanoafricanasDiaz Narbona coordina un trabajo coral en el que se aborda esta literatura hispanoafricana desde diversos puntos de vista. Se trata de Literaturas Hispanoafricanas: Realidades y contextos, editado por la Editorial Verbum. Y uno de los elementos que resulta más atractivo de este trabajo es su punto de partida, según la explicación de la propia autora. “La hipótesis de partida fue la de concebir la literatura como una herramienta utilizada para el conocimiento de sociedades ignoradas o sociedades marginales, como se las encasilla en otros ámbitos. La creación literaria se convierte así en una herramienta clara de conocimiento mutuo, de diálogo imprescindible en un momento histórico en el que la construcción de la nueva sociedad española se imponía”, explica la investigadora en la presentación del libro.

Entre sus páginas nos encontramos un abordaje diverso. Por un lado, algunas de las aportaciones optan por un criterio geográfico, como la poesía ecuatoguineana, los escritores amazighs en Cataluña, o la literatura saharaui; mientras que otras se atienen a criterios temáticos, la sexualidad y el erotismo en las escritoras africanas en español, la literatura ligada a las experiencias migratorias o la literatura de mujeres. Resulta imposible desgranar todos esos contenidos que hacen un repaso por manifestaciones completamente distintas que sólo tienen en común ese punto de partida que destacaba Díaz Narbona, utilizar el español, para presentar unas realidades sociales con las que existen nexos (a menudo históricos o culturales), pero que han sido intencionadamente invisibilizados.

Por eso, este trabajo, aunque no se plantee explícitamente en esos términos tiene algo de reivindicación, de llamada de atención y de exigencia de una atención merecida a un fenómeno habitualmente menospreciado. En este sentido, el propio Donato Ndongo reflexiona acerca de cómo se ha pasado de una práctica negación de la existencia de esta literatura hispanoafricana a un esfuerzo por su reconocimiento. El veterano intelectual es categórico en la construcción de esa esfera hispanoafricana (en lo que se refiere al idioma y los nexos históricos y culturales) cuando señala: “De esa herencia histórica, el norte de Marruecos, Sáhara Occi­dental y Guinea Ecuatorial adquirieron su peculiaridad: como anti­guos ‘territorios españoles’, son parte integrante de la vasta geografía lingüística del idioma español, y deben ser, por derecho propio, partí­cipes del mundo cultural hispánico, amplio y plural, al que aportan su propia esencia”.

También resulta incuestionable la defensa de Ndongo en torno a la voluntad de mantener esta herencia a pesar de las voluntades de los gobiernos (tanto los españoles como los africanos): “Está sobradamente demostrado: no son los gobiernos, sino los pueblos, los dueños de una lengua. Son sus hablantes quienes la erra­dican o conservan, enriquecen, vivifican y transforman según sus gustos y necesidades, permitiendo su evolución y continuidad. Ni se puede suprimir por decreto, ni la crea el capricho de una élite. Desde esta experiencia, y desde estas convicciones, afirmamos con absoluta seguridad que será vano todo intento de borrar el español en África”.

Por experiencia propia, Ndongo anuncia la emergencia de toda esa esfera de obras escritas en español por autores que no necesariamente han nacido en territorio español y recuerda cómo los anglófonos, los francófonos o los lusófonos no tienen inconveniente en destacar las obras de autores de todas las razas y culturas, de todos los continentes para defender la grandeza de sus lenguas. “Habrá que asumirlo”, advierte, “la literatura en lengua española dejó de ser un territorio acotado, exclusivo y excluyente, de españoles y criollos latinoamericanos”. Y en esa ampliación del abanico incluye evidentemente a ecuatoguineanos, saharauis y marroquíes de tradición hispanohablante, pero también a autores africanos de otros entornos lingüísticos y, extendiendo esta voluntad inclusiva a filipinos, afro-latinoamericanos o “latinos” de Estados Unidos. “Solo así queda completo el atlas general de la amplia, variada y riquísima geografía literaria producida en esta lengua, que aporta a nuestro ámbito cultural formas narrativas y temáticas diver­sas, fruto de visiones y emociones variadas”, sentencia Ndongo.

El libro coordinado por Inmaculada Diaz Narbona ofrece, así una visión amplia de un fenómeno que existe, a pesar de todo, y que va en aumento. Además se trata de una realidad a la que no se puede perder de vista, porque si atendemos a lo ocurrido en otros entornos lingüísticos, de esta literatura hispanoafricana puede llegar una aportación renovadora al idioma y al imaginario en los próximos años, como ya hace tiempo que está ocurriendo con los autores del sud y centroamericanos. He aquí una puerta abierta a otras sociedades, pero también una nueva visión, con otros ojos, de la nuestra, que puede enseñarnos mucho.

Las cinco razones para odiar Casablanca

Todos conocemos la exitosa película Casablanca, filmada en 1942, como una obra cumbre del cine occidental, aunque solo nos suene la escena final del aeropuerto y esa tremenda niebla. Sin embargo, Casablanca es un ejemplo más del poder que Hollywood tenía en el mundo y del peligro que ello suponía (y supone) al ser capaz de reflejar las imágenes de un universo que no es real. Un universo que ha atravesado el filtro de nuestro cine.

Poster - Casablanca

El largometraje, que ganó tres de las ocho nominaciones a los premios Oscar, entre ellos a mejor película, está ambientada en la Segunda Guerra Mundial y relata la situación de los refugiados europeos que huían del III Reich Alemán y acababan en la ciudad marroquí con la esperanza de lograr los visados que les llevarían a América, a través de Lisboa. Pero Casablanca se convirtió en un gigantesco embudo en el que se entraba, pero no se salía.

Entre tanta confusión descubrimos a Richar Blaine (Humphfrey Bogart) dueño del Rick’s Café, a Ilsa Lund (Ingrid Bergman) y a Victor Laszlo (Paul Henreid) un matrimonio de refugiados que intentan salir de Casablanca a toda costa para seguir luchando contra las fuerzas del fascismo. La trama se va complicando y según nos sumergimos en el triángulo amoroso de los tres protagonistas la trama se va complicando y acabamos olvidando que detrás de una historia de amor hay mucho más. Una historia con una escena irreal, clasista, racista y, por supuesto, machista.

  1. La Casablanca que no existió

Durante 102 minutos que dura la película se nos muestran escenas de interior, casi siempre centradas en el Café de Rick, y cuando aparecen escenas exteriores vemos una Casablanca profundamente tradicional, de corte árabe, con una medina de calles estrechas, llenas de mercancías.

No obstante, Casablanca nunca fue una urbe tradicional. Desde el s.XIX su desarrollo como centro industrial y principal puerto de Marruecos y la influencia francesa, provocaron la “europeización” de la ciudad. La vieja medina tiene poco o nada que ver con los centros de Fez, Marrakech o el propio Rabat: sus calles son más anchas, y están salpicadas de edificios coloniales. Más que una ciudad tradicional, Casablanca bien podría considerarse una ciudad colonial ex novo. La Casablanca que vemos en el filme es una ciudad irreal y artificial que nunca llegó a existir. Por no mencionar que la película fue rodada enteramente en suelo estadounidense.

  1. Refugiados de clase alta

La tendencia del cine estadounidense es ver el mundo -y representarlo- desde un solo punto de vista. En el caso de los refugiados, vemos a una mayoría de ciudadanos europeos de clase alta que, mientras llega su visado, esperan en las terrazas de la ciudad y pasan las noches en el Café de Rick.

Sin embargo, no podemos olvidar que al otro lado del Mediterráneo consiguieron llegar todo tipo de ciudadanos, no sólo refugiados con las carteras llenas. La película hegemoniza una sola clase de refugiados, las de los ricos, mientras que se olvida de todos aquellos que llegaron sin nada más que lo puesto. “Esto está plagado de buitres, bandidos, por todas partes” es una de las frases que abren la película y que hacen referencia a los asilados. Criminalizar la pobreza. Eso es lo que hace Hollywood en 1942. ¿Cuál sería la visión hollywodiense del actual flujo de refugiados hacia Europa?

  1. ¿Dónde están los marroquíes?

Cualquiera diría que en Casablanca no vivían marroquíes. La sobrerrepresentación de personajes blancos en la película crea de nuevo una imagen irreal de la situación de la ciudad en aquellos años. Pero la realidad es otra. Aunque Casablanca fuera un centro colonial la población blanca seguía siendo una minoría incluso en los años centrales de la Segunda Guerra Mundial.

En algunas escenas sí aparecen personajes de apariencia marroquí, pero se les representa como unos seres interesados y embusteros. El propio Rick advierte a Ilsa de un tendero con la expresión “te va a engañar” aludiendo al regateo como un acto poco honroso y chabacano. El largometraje, además de ignorar, está encuadrando negativamente una cultura con una sola frase.

  1. Sam,el negro fiel de Humphrey Bogart

Hollywood parece que se equivocó hasta el fondo con Sam, el pianista negro de la película. La frase “tócala otra vez, Sam” ha quedado en los anales de la historia del séptimo arte. Pero Rick en ningún momento se dirige al pianista amablemente, más bien, le da órdenes: “La tocaste para ella y ahora la tocarás para mí. Tócala”, son las verdaderas palabras que brotan de los labios de Rick Blaine.

Además durante toda la película Sam aparece como un perro fiel, que obedece todas las órdenes y que sigue a Rick a todas partes. Un sirviente que nunca se plantea rebelarse o resistirse a los mandatos del protagonista. Más que un amigo, Rick parece ser el dueño de Sam. En 1942 el cine de Hollywood está mandando un mensaje racista, basado en la superioridad racial, bastante llamativo. Un discurso radicalmente opuesto al de los protagonistas que dicen luchar por la libertad y contra el racismo impuesto por el sistema alemán en Europa.

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  1. Ingrid Bergman y la sumisión femenina

Pero si el cine occidental demostró ser clasista y racista, también resultó ser profundamente misógino. Ingrid Bergman interpreta una brillante Ilsa Lund, una mujer de carácter, decidida a conseguir sus objetivos… pero que por el camino se encuentra desolada. La propia Ilsa le confiesa a Rick que ella era todo lo que él le había enseñado, que le mostró el mundo. Que antes que él apareciera, ella no era nada.

Junto a este papel sumiso, Rick no duda un segundo en pronunciar otra frase cargada de simbolismo patriarcal: “Tienes que subir a ese avión, con Victor, que es a quién perteneces”. Esta alusión a Ilsa como una propiedad de Victor Laszlo por el mero hecho de estar casados es un símbolo más de la apropiación del amor y de la mujer. Un mensaje que la maquinaria de Hollywood ha seguido enviando a través de las pantallas durante décadas.

 

Cartago: el guardián de los cines africanos

Túnez celebraba hace prácticamente un mes la concesión del Premio Nobel de la Paz 2015 otorgado al Cuarteto Tunecino, cuatro organizaciones de la sociedad civil compuestas por el sindicato Unión General de los Trabajadores Tunecinos (UGTT), la patronal del país (UTICA), la Liga de Tunecina Derechos Humanos y la Orden de Abogados. Este Cuarteto amparó una salida dialogada a la aguda crisis política en 2013 que amenazaba con derrumbar el proceso de transición iniciada tras la primavera árabe de 2011. Este país bañado por la costa mediterránea se ha convertido en el único Estado que después de las revueltas árabes ha sido capaz de llevar a cabo su transición democrática de forma pacífica.

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Bajo este contexto algunos cineastas del continente africano caminaron por la alfombra roja el pasado sábado en el teatro Bonbonniere en Túnez, entre fuertes medidas de seguridad, para abrir la 26ª edición del Festival de Cine de Cartago (FCC). La película Lamb, del director etíope Yared Zeleke, fue la encargada de abrir el festival que tendrá lugar hasta el próximo sábado 28 de noviembre.

Las extremas precauciones de este año se deben a que el país ha sido sacudido recientemente por unos mortíferos ataques yihadistas: en marzo murieron 19 personas en el Museo del Bardo, que alberga una de las mejores colecciones de mosaicos romanos del mundo y en junio, al menos 37 turistas extranjeros fueron asesinados en la ciudad de Susa, a 140 kilómetros de la capital. El estado de emergencia ha estado en vigor hasta principios de octubre.

El director del festival y cineasta tunecino Ibrahim Letaief, quien se estrena tras relevar a la que ha sido directora durante tres ediciones del CFF, Dora Bouchoucha, subrayaba el sábado, una semana después de los ataques yihadistas en París, que “el festival de Cartago es un antídoto contra la violencia”. La propia ministra de cultura, Latifa Lakhdar, se hizo eco de este sentimiento diciendo: “La creatividad es la mejor manera de conmemorar nuestro apego a la vida y nuestra batalla contra aquellas personas que destruirían incluso los principios más elementales del ser”. Quizás, esta 26ª edición represente más que nunca el espíritu libre junto con la energía creativa y dinámica evidente desde la caída del régimen de Ben Ali que, a menudo, trató de limitar la expresión cultural y la libertad de expresión.

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Cambio de estrategia: cine para todos

Frente a la competencia de varios festivales de renombre en todo el mundo, el CFF guarda su nicho árabe-africano celosamente; ese era el deseo del crítico tunecino Tahar Cheriaa y del ilustre senegalés Ousmane Sembéne, padres fundadores del evento en 1966. La elección de sus retratos para promover el festival de este año fue una decisión fácil de tomar en un evento que cambia su esencia: de celebrarse cada dos años pasará a ser un evento anual que además saldrá de la capital para poder acercar el cine a otros núcleos urbanos. La competición oficial incluye 17 largometrajes, 13 cortometrajes y 16 documentales.

Una de los estrenos más esperados será la cinta marroquí Much Loved, dirigida por Nabil Ayouch, una película sobre la prostitución en Marruecos que llegó a los titulares en el festival de Cannes, donde se estrenó, y que, de regreso a su país, fue censurada. Tanto el director como su actriz principal Loubna Abidar, quien interpreta a una prostituta, fueron acusados por el gobierno de “hacer pornografía y de incitar a los menores al libertinaje”. Loubna fue atacada en Casablanca a principios de mes y tuvo que huir de Marruecos a Francia por lo que será uno de los platos fuertes para el debate y la controversia.

El festival es también conocido por su alcance internacional y este año habrá retrospectivas de cine argentino e italiano. De hecho, la relación entre el cine tunecino e italiano ha sido profunda. El primer largometraje del Túnez independiente fue una ficción dirigida por Omar Khlifi en 1966, año de fundación del CFF, llamada L’aube (Amanecer). A raíz de este comienzo, los 70 y 80 fueron considerados como los años dorados del cine tunecino durante los cuales las películas comenzaron a abordar temáticas sociales como el empoderamiento de las mujeres, las dificultades sociales y económicas o la lucha contra el colonialismo. Este estilo se basaba en los coletazos finales del neorrealismo italiano influenciado fuertemente por las obras de Federico Fellini  y de Ettore Scola.

Después de la fundación de Empire Studios por Tarak Ben Ammar, en 1974, varios directores italianos llegaron a grabar sus películas en estos estudios, entre ellos Robert Rossellini (El Mesías, 1975) o Franco Zeffirell (Joven Toscanini, 1988). Los temas sociales examinados por los cineastas italianos fueron los que el público tunecino prefería y este hecho impulsó a varios directores como Nouri Bouzid para dirigir Hombre de cenizas (1986), enfatizando a la sociedad tunecina y su actitud hacia el sexo, o  a Abdellatif Ben Ammar con Aziza, un trabajo que retrata un país que se enfrenta a grandes cambios. Realizar películas que reflejaban la realidad de la sociedad fue el principal objetivo de los cineastas tunecinos y el género realista una herramienta para el activismo.

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Otra de las novedades de este año en el CFF ha sido la introducción de una nueva categoría de premio: el Ciné Promesse que reúne a 12 proyectos de estudiantes aspirantes a director. Y como inspiración para esta nueva generación les puede servir la propia historia del festival donde se dieron a conocer grandes nombres como el egipcio Youssef Chahine, el burkinabés Gaston Kabouré o el tunecino Férid Boughedir.

El Festival también será una ocasión para recordar y rendir homenaje a grandes artistas. Una de ellas es la argelina Assia Djebar, perteneciente a la Academia Francesa, cuya película La Nouba des Femmes se muestra como ejemplo en todas las escuelas de cine mundial. Otra de las figuras homenajeadas será el portugués Manuel de Oliveira quien falleció el pasado abril. El público también tendrá la oportunidad de revisar las películas de los cuatro actores egipcios que murieron en 2015, entre ellos el insustituible Faten Hammama.

El Festival de Cine de Cartago más que un festival es un movimiento y hasta el próximo sábado será una oportunidad para vivir el cine en las calles, pueblos y ciudades de Túnez.

Colombia con los cines africanos

MUICA

Mayo es el mes de la herencia africana en Colombia y este año se han volcado en la idea de mostrar otras realidades, de intercambiar sentimientos y de vibrar en la butaca con la primera Muestra Itinerante de Cine Africano (MUICA) que se celebrará en Cartagena (6-18), Bogotá (21-24) y Cali (28-31). ¡Acción!

La muestra incluye una selección de 13 películas realizadas en 10 países del continente africano y premiadas internacionalmente.  Desde el documental hasta la animación y la ciencia ficción, la MUICA pone en primer plano el rico panorama de la realización cinematográfica en África, y abre una ventana a las narrativas audiovisuales de un continente heterogéneo y diverso, tanto en sus realidades sociales y culturales como en sus expresiones artísticas.

Beats of Antonov (2014), del director sudanés Hajooj Kuka –Los ritmos del Antonov, en español– premio al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT), Toronto o Luxor, nos trae imágenes de los campamentos de refugiados sudaneses del Nilo Azul y de las Montañas de Nuba, unos campamentos que surgieron debido al conflicto que nació tras la separación del país en Sudán y Sudán del Sur en 2011. Como escribía Alma Toranzo para Wiriko “no es el típico documental de guerra que estamos habituados a ver. Sus imágenes nos cuentan a través de la música cómo sobreviven las diferentes comunidades que se encuentran refugiadas en los campamentos”.

Aya de Youpugón (2013), la película de animación basada en la serie de historietas de Margarite Abouet e ilustradas por Clément Oubriere, muestra un retrato nostálgico del barrio popular de Youpugón en la capital económica marfileña de Abiyán. Otra de las obras imprescindibles de esta muestra será sin duda Cuba, una odisea africana (2007), de la directora Jihan el-Tahri que muestra el papel que jugó Cuba en los procesos independentistas de varios países africanos y la relación que la isla caribeña tuvo con políticos revolucionarios como Lumumba (República Democrática del Congo), Agostiño Neto (Angola), Amílcar Cabral (Guinea Bissau) o Samora Machel (Mozambique).

En esta línea, el documental Lumumba, la muerte del profeta (1991), del director Raoul Peck, será una oportunidad para recordar la vida y leyenda de este líder que fue el primer Ministro del Congo independiente cuyo asesinato en 1961 fue una conspiración de la CIA y el gobierno belga, la antigua colonia.

Otros títulos inundarán de debate las salas como: Mama Goema, la música de Ciudad del Cabo en cinco movimientos (2011), Miners shot down (2014), las kenianas Nairobi Half Life (2012), Soul Boy (2010) o Pumzi (2009), la mozambicana Virgen Margarida (2013), el documental del director angolano Dom Pedro Tango Negro (2013) de la que hablamos ya, la senegalesa Tey (2011) o la marroquí Los perros son ellos (2013).

Las universidades serán las encargadas de transmitir estas exposiciones culturales a las personas interesadas, con el apoyo del Instituto Francés, Instituto Goethe, embajadas de Francia y España en Colombia y también el Festival de Cine Africano de Córdoba en España.

Además de los centros de educación superior, también se podrá ver en las salas de proyección como Cine Tonalá en Bogotá, La Tertulia en Cali y el Centro de Cooperación Española en la ciudad de Cartagena.

Sin duda, la creación de la MUICA es un nuevo esfuerzo de sus organizadores SUR por fortalecer el diálogo entre las naciones del sur global. Ya en el 2014 presentaron la primera Muestra de Cine Colombiano en Sudáfrica,  Visual Journeys to the Other South, por lo que sus objetivos siguen muy presentes y dando que hablar en su misión de fomentar la creación de públicos, la apertura de nuevos mercados en el sector cultural y contribuir a romper estereotipos que con frecuencia simplifican las problemáticas sociales de nuestros países. El mes afrocolombiano comienza con olor a cine.

La película marroquí L’Armée du Salut gana el FCAT 2015

"L’Armée du Salut", dirigida por ha sido la Mejor Película en el FCAT 2015. marroquí ganadora de

La película marroquí “L’Armée du Salut”, ópera prima del director Abdellah Taïa, ha sido elegida como la Mejor Película en el FCAT 2015.

El Premio al Mejor Largometraje de Ficción, elegido por el jurado entre las ocho películas de ficción que se incluían en la sección “Hipermetropía”, ha recaído sobre L’Armée du Salut, ópera prima del marroquí Abdellah Taïa. La directora del festival, Mane Cisneros, ha entregado este premio, concedido, en palabras del jurado, por “haber abordado sutilmente la adaptación al cine de su propia novela y presentar sin dramatismo la construcción de la identidad sexual”.

Cuando Abdellah Taïa reconoció su homoxesualidad en una entrevista publicada en la revista política Tel quel, se convirtió en el titular y el escándalo, al menos, político y literario. Taïa pasaba a ser uno de los primeros personajes públicos en Marruecos, en un “país acostumbrado a negar radicalmente este tema”, como reconocía en la entrevista. El protagonista de la película, Abdelá, el pequeño de una familia numerosa, busca su sombra, su identidad, entre sus hermanas, pero su condición de hombre le desplaza a otro plano. La primera parte de la película transcurre en las calles de Salé, ciudad cercana a Rabat. Sin embargo, cuando la escena cambia de país y los años pasan, Abdelá para ser otro. Un regalo visual y reflexivo en una obra íntima y autobiográfica que ya ha comenzado a cosechar premios.

El premio del público ha recaído para Things of the Aimless Wanderer, del ruandés Kivu Ruhorahoza, concedido por los espectadores a través de sus votos en sala. El director de la Filmoteca de Andalucía, Pablo García Casado, ha entregado al director este galardón honorífico que da buena muestra de la acogida por parte de los espectadores de esta película que reflexiona de manera innovadora sobre el colonialismo en Ruanda.

El Premio al Mejor Largometraje Documental, entregado por el crítico de cine Javier H. Estrada, ha sido Beats of the Antonov, del sudanés Hajooj Kuka. La reconocida documentalista egipcia Jihan El Tahri, ha recogido en su nombre el galardón que premia el análisis de la cultura como “forma de resistencia” ante la opresión.

Asimismo, el jurado ha querido hacer una mención especial a otros dos documentales: Chantier A, de Tarek Sami, Lucie Dèche y Karim Loualiche, “por la sensibilidad y la sencillez con la que plantea la cuestión de la búsqueda de la identidad”; y La sirène du Faso Fani, de Michel K. Zongo, “por su habilidad para utilizar el cine no sólo para denunciar un sistema sino también para transformarlo”.

De la sección “En breve” ha resultado ganadora del Premio al Mejor Cortometraje, patrocinado por El Corte Inglés y elegido por votación popular, la película Peau de Colle, de la tunecina Kaouther Ben Hania. El periodista y crítico Javier Tolentino ha hecho entrega de este premio, que ha recogido en nombre de la directora el también realizador Keba Danso.

La interpretación de las actrices africanas también ha sido premiada en la 12ª edición del Festival de Cine Africano de Córdoba. Guadalupe Arensburg, de la Fundación Mujeres por África, institución que financia el Premio a la Mejor Actriz, ha hecho público el nombre de la ganadora, la actriz Horeya Farghaly, protagonista de la película egipcia Decor.

El actor camerunés Emil Abossolo Mbo, a quien el festival ha rendido homenaje en esta edición, la cineasta angoleña Pocas Pascoal y el productor español Martín Pawley; han sido los responsables de seleccionar este palmarés.

Los otros cinco (africanos) para los Oscar 2015

Las quinielas ya tienen ganadores, segundos premios, mejores decorados, mejores actores/actrices de reparto, incluso la empresa que tapizará de rojo el Teatro Kodak en Hollywood. Algunos, ante tanto alboroto y especulación pomposa, comienzan a sacarle punta a los discursos de agradecimiento porque… Nunca se sabe. Aunque quizás nadie logre llegar a la síntesis de Alfred Hitckcock que tras recoger el Oscar honorífico en 1968 por toda su carrera cinematográfica (nunca ganó una estatuilla a pesar de ser considerado como uno de los mejores directores de todos los tiempos) pronunció ante el respetable un escueto “gracias” e hizo mutis por el foro. Quizás fue la crítica más grande que se ha hecho desde el atril que representa el clímax en Hollywood.

Los Oscar de 2015 se acercan (22 de febrero). Y diciembre es un mes de cenas de gala, de Navidades repletas de promociones, de llamadas de teléfonos que subirán la tarifa e intentarán edulcorar la opinión de los críticos de la Academia. Noches de intriga. De amigos de corto recorrido. Se trata de los premios más importantes (y más comerciales) de la industria del cine. Un mes antes vendrá la antesala, la ceremonia de Los Globos de Oro (11 de enero) y unos días después (el 15 de enero) se anunciarán las películas que competirán por el Oscar al mejor filme extranjero en un año de récord: 83 películas presentadas que se quedarán en una terna de cinco.

Y son cinco. Desde el continente africano se han seleccionado cinco películas que representan un número geográfico e inspirador: The red Moon (de Hassan Benjelloun, Marruecos); The Factory girl (de Mohamed Khan, Egipto); Timbuktu (de Abderrahmane Sissako, Mauritania); Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía) y Elelwani (de Ntshavheni wa Luruli, Sudáfrica). Norte, sur, este y oeste. Una metáfora de la vitalidad entre dientes del séptimo arte en el continente africano. Sus cines resisten el envite del no credit, no cash perpetuo. Éste es el titular. Y como va de quinielas, aquí va la nuestra. A la africana, claro:

 

Timbuktu (del director Abderrahmane Sissako, Mauritania).

Es la gran favorita. Y él, Sissako, es el poeta de los silencios. Esta vez presenta su cuarto largometraje ambientado en su tierra de acogida Mali. Es 2012 y el fundamentalismo muestra su cara más radical maquillada con ametralladoras. Extremistas arrogantes y violentos administran castigos horrendos y absurdos. Destruyen la gracia y la belleza con la impunidad en una historia basada en personas y hechos reales: Kidane, un pastor con siete vacas que vive una vida sencilla y feliz con su esposa e hija Satima Toya, su “pajarito”. Fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el último Cannes y también en el festival de Toronto. En el Festival Internacional de Durban (Sudáfrica) se hizo con el premio a la mejor película.

 

Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía).

La ópera prima de Zeresenay Berhane, que se alzaba con el premio del púbico a la mejor película en el festival de Sundance, también está basada en acontecimientos reales. La película indaga sobre la posible aparición de la nación en el mundo moderno y sobre qué sucede cuando tradiciones centenarias se rompen y los sistemas de creencias son abandonados. Difret además tiene dos significados: valiente o ser raptada.

La sinopsis lo deja claro: En Addis Abeba, la abogada Meaza Ashenafi ha establecido una red que proporciona una representación legal gratuita a mujeres y niños pobres. Valientemente, ella se enfrenta a todo tipo de hostigamientos por parte de la policía y de los miembros masculinos de gobierno. Sin embargo, Meaza decide ir a por todas cuando se hace cargo del caso de Hirut, una niña de 14 años que ha sido secuestrada y violada de camino de la escuela a casa. La niña escapa disparando a sus verdugos y es acusada de asesinato. Ahora, Hirut se enfrenta a la pena de muerte a pesar de que ella estaba actuando en defensa propia. En algunas zonas rurales de Etiopía, la tradición de ‘Telefa’ o el matrimonio por rapto todavía existe.

Así que apunten en las agendas el 15 de enero para ver qué cinco películas serán las elegidas para optar por el Oscar al mejor filme extranjero.

El negocio de los contenidos en la televisión digital africana

Está por ver si la televisión digital llegará con la misma intensidad y variedad a las zonas rurales. Fuente: All Africa.

Está por ver si la televisión digital llegará con la misma intensidad y variedad a las zonas rurales. Fuente: All Africa.

*Este artículo ha sido publicado en el boletín de diciembre del Centro de Estudios Africanos de Barcelona.

 

Es la letra pequeña entre tanta pomposidad mediática por el paso obligado de la televisión analógica a la digital en África. Pero primero, los titulares. Canales a la carta, de pago y en lenguas locales.

DISCOP AFRICA (6-8 de noviembre), el principal mercado de contenidos de televisión y foro de coproducción que tiene lugar en el continente, clausuraba en Johannesburgo (Sudáfrica) su octava edición con un aumento de la participación de un 18% respecto al año anterior. Las cifras hablan por sí solas: 670 delegados de empresas y más de 300 estaciones de televisión y plataformas de televisión de pago que llegaban a este foro para adquirir contenido. Entre los acontecimientos que tuvieron lugar destaca el acuerdo histórico entre la Distribución Internacional de Cine y Ficción de África (DIFFA) y la sudafricana M-Net –red de habla inglesa–, para emitir por primera vez una serie francófona producida por la maliense Brico Fims: Los Reyes de Ségou, un total de 41 capítulos con una duración de 26 minutos.

El otro evento destacado también tuvo lugar en noviembre (11-14) y en Sudáfrica, en concreto, en Ciudad del Cabo. Se trata del Africa Cast, tres días de conferencias sobre el sector de la comunicación en el que para esta edición se han invitado a 45 profesionales de todo el mundo para que expongan sus pronósticos e investigaciones en la materia.

Tanto DISCOP AFRICA como Africa Cast se enmarcan en una línea que, lejos de ser nueva, sí que es de plena actualidad en el continente. A mediados de julio, 124 participantes de 35 Estados se reunían en Nairobi en la tercera y última reunión global de coordinación de los países africanos, después de reuniones similares en Bamako (marzo de 2011) y Kampala (abril de 2011), para poner fecha al apagón analógico que tendrá lugar en junio de 2015, para el UHF, y en Junio de 2020, para el VHF en 33 países. De esta forma, África se convertirá en la primera región que, a partir de 2015, podrá atribuir anchura de banda liberada por la transición a la televisión digital, el llamado dividendo digital, al servicio móvil en las bandas de 700 MHz y 800 MHz. Es decir, más capacidad para albergar más información y en menos espacio.

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Mientras que los grandes productores de contenidos tanto africanos como internacionales pugnan por llegar a este dorado de la transformación digital del panorama africano y se reúnen en conferencias que fijan el precio de los contenidos, las leyes contra la libertad de prensa, especialmente en lo referente a los periódicos, se endurecen por cumplir una de la máximas del periodismo: informar y controlar al poder político.

En mayo, la policía nacional de Uganda tomaba las oficinas del Daily Mirror, el Red Pepper y dos estaciones de radio, Dembe FM y KFM, por haber publicado una carta filtrada en la que quedaba constancia de los planes del presidente Yoweri Museveni: preparar a su hijo para la sucesión en las próximas elecciones en 2016. En agosto, Rodney Sieh, director del periódico independiente FrontPageAfrica, de Liberia, era encarcelado al no pagar la multa por daños y perjuicios por las acusaciones a un ministro que presuntamente estaba malversando fondos públicos. En septiembre, el gobierno tanzano cerraba los diarios Mwananchi y Mtanzania, 14 y 90 días respectivamente, por publicar noticias comprometidas contra la plana mayor del Estado. Hace un mes la noticia era Kenia, cuando el Parlamento aprobaba una ley draconiana en la que se autorizaba la creación de tribunales políticos para periodistas e imposición de duras sanciones después de la cobertura mediática en el atentado del Wesgate y en el que aparecieron imágenes de varios soldados saqueando el centro comercial. Zimbabue, Etiopía, República Democrática del Congo o Sudáfrica también se encuentran en una delgada línea sobre la libertad de informar… Y entonces, ¿se hizo el digital?

Implicaciones y retos

Desde 1995, la industria de la televisión de pago subsahariana ha estado dominada por dos operadores de satélites: DStv y CanalSat. Sin embargo, esta dinámica ha ido cambiando desde que la TDT irrumpió en el continente de forma paulatina. Con la posibilidad de los nuevos canales, la transición digital ofrece un momento clave para hacer frente a la generación de contenido local africano.

En términos económicos, esta reforma estructural podría ofrecer la oportunidad de considerar a los medios como generadores de riqueza. Con la demanda adicional de programación de televisión, los gobiernos y los reguladores podrían fomentar el crecimiento de un sector de la producción local mediante la creación de cuotas de producción como medida transnacional; por ejemplo, que en una franja horaria determinada sólo se emitiera programación local o que un porcentaje de la parrilla fuera autóctono. O, por qué no, respaldar la producción cinematográfica local como sucede actualmente en Kenia, Marruecos y Sudáfrica.

Diseño: Sebastián Ruiz

Diseño: Sebastián Ruiz

Al igual que en otras regiones, y con excepciones notables, un porcentaje de entre el 80-90% de los contenidos en las televisiones africanas proviene de EEUU y Europa (películas, programas y noticias) y de América Latina (especialmente telenovelas). Esta hegemonía ha tendido a una homogeneización cultural bajo la apariencia de un mercado global. En este sentido, Nollywood (la industria cinematográfica de Nigeria y segunda del mundo en producción) ha demostrado que sus productos son ampliamente vistos por otros países del continente.

Pero la realidad apremia. En una mayoría de países africanos, la televisión tiene un consumo urbano. Las emisoras privadas tienden a ubicarse en las ciudades principalmente por motivos de marketing: es donde se encuentran las audiencias (compradores) que interesan a los anunciantes, mientras que sólo las emisoras públicas tienden a llegar a las comunidades rurales. El riesgo es que finalmente el panorama en 2015 refleje un patrón de cobertura similar; es decir, que los ​​gobiernos tendrán un área de cobertura mayor a nivel nacional, pero el sector privado seguirá centrándose en las áreas urbanas.

[message_box type=”note” icon=”yes” close=”Close”]Entre el 80-90% de los contenidos en las televisiones africanas proviene de EEUU, Europa y América Latina. Esta hegemonía ha tendido a una homogeneización cultural bajo la apariencia de un mercado global.[/message_box]

Más de la mitad de la población africana vive en zonas rurales, y más de la mitad de los que viven en zonas urbanas residen en asentamientos que carecen de acceso a la infraestructura y los servicios, incluidas las líneas telefónicas de cobre y cables de fibra óptica básica. Estas son las poblaciones que verán el mayor impacto de las tecnologías.

Aunque no deja de ser una paradoja un matrimonio de conceptos como pobreza y dispositivos de última generación (tablets o smartphones), el mercado emergente para el sector audiovisual africano está en Internet por lo que se facilitarán todos los cauces para ver una película desde cualquier dispositivo, en cualquier lugar y en cualquier momento. Un tablero de juego en el que se han contabilizado aproximadamente 20 empresas de Vídeo Bajo Demanda (VOD) que ofrecen contenidos relacionados con África y que tienen que competir a su vez con un entramado de plataformas internacionales.

Foto: THINKSTOCK

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En la oferta entran en juego además, la producción de contenido en las lenguas locales. Al igual que las estaciones de radio que desde hace tiempo han comenzado a atender a la diversidad lingüística, el paso definitivo al digital puede suponer la visibilidad para algunos de los más de 2.000 idiomas que se hablan en África, muchos de ellos con un peso identitario arraigado dentro de sus países.

Por cierto, si bien la transición trae consigo retos y oportunidades claras, otros pueden difuminarse entre tanta oferta. En 2010, una comisión de las Naciones Unidas determinaba que para el 2015 más de la mitad de la población mundial tendría acceso a las redes de banda ancha y que el acceso a las redes de alta velocidad se transformaría en un derecho humano básico. Esto sitúa el acento en África, donde sólo el 15,6% de los residentes están conectados. Además, ¿qué ha sido de la iniciativa del Banco Mundial, publicada en septiembre de 2012, sobre el acceso universal a la electricidad? La partida de una supuesta democratización del contenido en las televisiones de pago en África está a punto de comenzar. Lo que no queda tan claro es si todos los jugadores (usuarios y proveedores) podrán hacer uso y disfrute de los beneficios a corto y largo plazo.