Eldorado del diseño contemporáneo está en África

África Rising, el libro co-editado por la plataforma sudafricana Design Indaba y la editorial Gestalten el pasado 2016, es un merecido homenaje al pulso de la innovación africana a través de una edición de lujo que retrata, cual néctar prensado en frío, el estado actual de un gigante creativo como es el africano. Mientras el continente más joven del planeta va fortaleciendo un suave, pero incandescente, ritmo para su incipiente industria del diseño; Occidente mira atónito hacia sus producciones contemporáneas con cierto recelo. Y es que la originalidad y el sinfín de respuestas para la resolución eficaz de problemas cotidianos que representan muchas de las creaciones contemporáneas ha situado en Ciudad del Cabo el epicentro de la serie de eventos de Design Indaba, que desde 1995 fomenta “un mundo mejor a través de la creatividad”.

Sea en estudios, pasarelas, escaparates, tiendas, talleres o despachos, un elenco de cerebros en ebullición borra diariamente las fronteras elitistas de lo “contemporáneo” para situar en África el nuevo Eldorado del diseño mundial. Huyendo de clichés y estéticas folkloristas, los artistas que actualmente lideran algunos de los procesos de creatividad más exitosos del continente se convierten en narradores de la contemporaneidad africana. Y a través de sus obras nos presentan a un África multifacética y generosa.

 

Hemos podido preguntarle a la editora jefe de Design Indaba, Katie de Klee, sobre la situación del sector creativo en el continente, sobre el libro y sobre las perspectivas de futuro para una industria que podría desarrollarse fecundamente en los próximos años:

Gemma Solés: Africa Rising es un libro inspirador que evoca una imagen innovadora del continente. ¿Por qué este título en un momento en que las narrativas sobre ese “Africa Rising”, proclamadas a bombo y platillo hace unos años, han quedado vilipendiadas por las realidades de un recesión evidente?

Katie de Klee: El libro no se refiere tanto al crecimiento del continente como a su creatividad y a la posibilidad de que el escenario creativo afecte positivamente a su economía. El emprendimiento y las startups de las industrias creativas podrían dar una nueva vuelta de tuerca a la narrativa sobre la recesión de África. Cuando los gobiernos, las grandes corporaciones y las industrias de exportación están fallando, los diseñadores y las pequeñas empresas están proporcionando empleos y habilidades (especialmente para aquellos sin educación formal). Este libro anuncia el surgimiento de una versión más auténtica de África, la versión presentada por aquellos que realmente viven, trabajan y crean allí.

G.S: En el libro podemos encontrar un buen puñado de creadores que abogan por el diseño sostenible. ¿Qué nos puede enseñar África sobre la sostenibilidad a través de sus diseños?

K.K: En contextos a menudo difíciles y de escasos recursos, el diseño africano requiere un cierto tipo de alquimia creativa que no acontece en ningún otro lugar. ¡Hay tantas lecciones que las culturas de consumo desechable en Occidente podrían aprender de los upcyclers, recicladores y reconvertidores de África! Los diseñadores en África se ocupan de necesidades reales, no sólo de deseos objetuales o de mera estética. Son “solventadores” de problemas, y en economías de rápido crecimiento y una población tan joven, la carrera para resolver esos problemas está realmente en marcha. Lo que encuentro más interesante del diseño africano es que tiene la capacidad de expandir su humanidad. Para los occidentales, las historias de diseño en África implican imaginación y empatía, pero le ayudan a entender la vida cotidiana y sus desafíos.

Los diseñadores del continente son productores extraordinarios y llenos de recursos. La escasez es un duro maestro, pero también es la madre de la invención, y si hay una cosa que capta la esencia del diseño y la creatividad en África hoy en día sería la capacidad de convertir la escasez en oportunidad.

Muchos diseñadores africanos están recuperando y reciclando desechos de las economías “desechables” del mundo más desarrollado. Aunque esto es a veces por necesidad, también hay un punto conmovedor acerca de la naturaleza de consumo de las economías del primer mundo.

G.S: Muchos diseños y creaciones de artistas africanos se exhiben en bienales y ferias de arte, exposiciones de muebles… Sin embargo, algunos se atreverían a decir que todos estos ejemplos y objetos son sólo accesibles a la burguesía africana. ¿Son estos objetos (sillas, muebles o decoración mostrados en la primera parte del libro) simplemente refinadas reproducciones de muebles perfectamente tradicionales y populares?

Ésa es una parte real del diseño africano, una cierta cantidad de objetos es inaccesible a la mayoría de la gente. Pero eso también ocurre con el diseño italiano, o de cualquier otro lado. Así que me alegro de que haya una cierta cantidad de diseño para la burguesía africana. Se trata de arte funcional y es una parte de la historia material africana, aunque la atención se filtrará sobre todo a través del diseño social y de base que es increíblemente digno y fascinante de una forma particular.

G.S: “Africa Rising” hace hincapié en la presencia del arte tanto en el espacio público como en los museos modernos que se multiplican en el continente. Pero ¿cómo pueden los artistas urbanos sobrevivir pintando murales y grafitis en las calles de las principales ciudades africanas? 

K.K: Una gran cantidad de artistas urbanos y grafiteros son capaces de cobrar por sus servicios sin estar en un museo. De la misma manera que lo hace un arquitecto o un diseñador de interiores. Los murales tienen un efecto real en las áreas donde se crean, y hay gente que paga para hacerlos posibles. También hay muchas marcas y organizaciones (particularmente ONGs de salud y sociales) que usan murales para transmitir mensajes importantes. Al igual que la sensibilización para prevenir el SIDA o transmitir pautas básicas de higiene. Por ejemplo, Faith47 (un artista urbano sudafricano) ayudó a Design Indaba a crear un impresionante mural que interpretaba visualmente nuestro proyecto Another Light Up, que instaló farolas en una zona bastante peligrosa de Ciudad del Cabo.

G.S: Los modistas africanos revolucionan el mundo de la moda, mientras marcas como Zara o Mago copian impresiones africanas, llegando mucho más fácilmente al gran público. ¿Debemos proteger los patrones tradicionales de marcas como éstas?

K.K: No siempre se trata de proteger. A veces es bueno que se respeten estas tradiciones, para que otros se inspiren en ellas y luego permitirles evolucionar. La gente en Inglaterra ya no anda en corpiños deshuesados, ni en sombreros o chalecos, pero hay ciertos elementos de estilo, tejido, forma y ocasión que siempre se llevarán a cabo y seguirán inspirando. Lo curioso del caso es que, algunos de los mejores diseños de moda africana no imprimen matices ostensiblemente “afro” en sus creaciones. Hay diseñadores increíbles en África que no utilizan impresiones africanas.

Rich Mnisi y Lukhanyo Mdingi, por ejemplo, son dos creadores de moda sudafricanos cuyo trabajo no es el típicamente “africano”, porque no ofrece las impresiones ni los materiales tradicionales que son tan reconocibles del continente – y me gusta que ambos sean diseñadores africanos que no juegan con esas expectativas. Al mismo tiempo, sin embargo, ambos están muy inspirados por su infancia y por lo tanto, su estilo es tan africano como los otros. Ambos diseñadores trabajan con fotógrafos locales con mucho talento, y usan el género y la androginia como temas. Eso me parece muy interesante, porque hay muchos países en África donde los estereotipos de género siguen siendo difíciles de cambiar.

Lukhanyo Mdingi

G.S: Cuando hablamos de diseño de ropa, una de las principales barreras para que los modistos realmente puedan exportar un volumen grande de pedidos es la falta de industrialización o el pobre rendimiento que se le saca al algodón africano. ¿Cómo se va a desarrollar esta industria en los próximos años?

K.K: La industria de la confección africana depende en gran medida de las cooperativas en este momento. Gran parte de la fabricación es a pequeña escala y hecha a mano. Hay lugares en los que esto está cambiando, por ejemplo en Etiopía, que está ampliando sus capacidades de producción en todos los sectores. Pero habrá que esperar aún, porque no estoy del todo segura de cómo este modelo se aplicará a otros lugares del continente…

G.S: Algunos expertos en desarrollo insisten en que África deberá pasar por la industrialización para conseguir mayor prosperidad. ¿Pueden la industria del diseño, la arquitectura o las artes contribuir a mejorar los índices de pobreza?

K.K: El diseño es una industria pujante en África, el continente con la población más joven del plantea. Los diseñadores de todo el continente están resolviendo problemas reales e importantes…

G.S: Otra cosa es que eso se acabe reflejando en los informes anuales de organizaciones internacionales. Pero estamos segurxs que, cuantificable o no, el diseño africano está transformando, no solo el continente, sino el panorama de la innovación internacional. 

Incertidumbre viva: las respuestas del arte africano a los desafíos de la humanidad

Es necesario desvincular la incertidumbre del miedo. Bajo ese lema, la comisaria de la 32ª Bienal de São Paulo, en Brasil, reúne hasta el día 11 de diciembre en la capital paulista a 81 artistas de 33 países que hablan a través de esculturas, pinturas, dibujos, instalaciones y performances sobre la necesidad de enfrentar con menos angustia y más convergencias a las inconstancias y crisis múltiples propias de nuestro tiempo.

captura-de-pantalla-2016-11-09-a-las-12-26-59El esfuerzo político de la exposición, considerada la segunda más importante del mundo, es desmontar la dicotomía estabilidad/incertidumbre que siempre ha sido exitosa en asociar la primera a la continuidad y la segunda, al riesgo, tal como prueban la xenofobia y la securitización de la vida en Occidente.

Esa es una edición especialmente diversa de la Bienal, con una mayoría de artistas oriundos de fuera de Europa Central y Estados Unidos. La selección de nombres africanos, en particular, es una de las más importantes de la historia del evento. “Yo pasé mucho tiempo en el continente [africano] y en Brasil pensando en las voces que podrían contribuir para la conversación, pero que también pensaran en un lenguaje transnacional que pudiese ser desarrollado colectivamente”, afirma la artista sudafricana Gabi Ngcobo, una de las cinco comisarias de la exhibición.

Sobre el escenario del arte contemporáneo africano, la comisaria retoma la importancia de superar las fronteras artísticas impuestas por Occidente y, al tiempo, construir espacios de resistencia dentro de esas mismas fronteras.

Nosotros africanos nos hemos preguntado sobre qué es África. Entonces la emergencia de lo ‘africano’ se vuelve problemática. Es nuestra responsabilidad crear espacios de respiro, pero también aceptar que existimos en un lugar en que las exhibiciones se volvieron una tendencia”, dice. “Es nuestra responsabilidad trabajar con esas tendencias. Resistir, pero también encontrar dentro de esas tendencias lugares en que podamos ser libres.”

El equipo e Wiriko estuvo en el pabellón de la Bienal –un edificio que compone el conjunto de estructuras dibujadas por el mítico arquitecto brasileño Oscar Niemeyer en el Parque del Ibirapuera– para descubrir la participación de cinco artistas africanos en ese debate.

Anawana Haloba – Close-Up

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Anawana Haloba – Close-Up

A artista nacida en Zambia, pero radicada en Noruega, es contundente al asociar el momento cultural actual con una piedra de sal que se liquidifican gota a gota, minuto a minuto, delante de los ojos de los espectadores. “Es una metáfora de la desaparición de las culturas e identidades”, explica Haloba. Son diez piedras colgadas en una sala por hilos y telas de nylon casi invisibles. Algunas son rosa y otras, de un blanco extremo, y flotan en el espacio que estaría completamente vacío si no fuera por las ollas y cacharros que, en el suelo, justo debajo de esas piedras, hacen reverberar el sonido de cada gota que se desprende.

La sensación, para quien camina entre la instalación, es de una lenta pero cadente sinfonía. “La sal es como una lagrima. La gota produce un silencio que te hace reflejar y ganar conciencia de uno mismo. Mientras caminas, consigues sentirla en el aire”, dice la artista. Según Haloba, la opción por las piedras de sal como materia central en esa instalación se justifica por la voluntad de retratar los fluidos corporales y, al tiempo, hacer referencia a la sal como materia-prima, fuente de conflictos, intereses económicos pero también de resistencia – como en el caso de Gandhi en India.

El efecto visual va aun más allá: al final de cada día, con el calor del ambiente, el agua evapora y lo que se ve son los rastros de la sal blanca en el suelo, “apenas un trazo de lo que sucedió allí”, afirma.  Los componentes visuales de “Close-Up” son potenciados por una grabación sonora que mezcla la lectura de un poema guaraní –un importante idioma indígena en Sudamérica– con la voz de Haloba hablando en el dialecto lozi, de su madre. Con ese elemento, la artista quiere provocar la reflexión sobre como las diferentes identidades pueden ser preservadas en un contexto de destrucción ambiental y cultural del planeta.

“Estoy interesada en sociedades diferentes. No quise apenas referirme a lo que se pasa en Zambia, pero a como las diferentes cosas son interpretadas en diferentes sociedades.” Para ella, la cuestión central en el tema de la incertidumbre es entender como las diferentes lenguas y culturas del mundo pueden ser preservadas, qué significa su desaparición.

Dineo Seshee Bopape – : indeed it may very well be the ___________ itself

Mientras la obra de Haloba se centra en el paso del tiempo, la instalación del artista sudafricano Dineo Bopape enfoca la presencias y ausencias humanas, siempre relacionadas a la posesión de la tierra.

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Dineo Seshee Bopape – : indeed it may very well be the ___________ itself

Como en el caso de “Close-Up”, en “:indeed it may very well be the ___________ itself” es posible caminar entre los elementos –rectángulos y cuadrados de tierra comprimida sobre las que se ven agujeros formando juegos tradicionales, objetos diversos y hasta reproducciones de órganos femeninos–. Al tiempo, el espectador escucha el latir de un corazón y el sonido de los árboles y de la tierra siendo trabajada. Los bloques de tierra están marcados por ranuras, que profundizan la sensación de abandono. La unión de esos elementos parece hacer referencia a la perpetuidad de las memorias y a la huella dejada atrás por el movimiento humano.

“Yo estaba pensando sobre presencia(s) y ausencia(s) de algo, materia, nada. El desplazamiento de eso desde (dentro y fuera) ‘aquí’ hacia ‘allá’. Vacuos, fisuras y agujeros y cavidades. Plenitud, depresiones, vacíos, confinamientos”, explica Bopape. “Ese trabajo en particular, para mi, considera la negociación entre algo y la nada”, completa. La instalación también subraya de modo inequívoco a la cuestión de la propiedad de la tierra en tiempos de escasez. “En Sudáfrica, por ejemplo, las políticas de posesión de la tierra puestas en marcha durante los años coloniales y en el apartheid en larga medida tienen efecto todavía hoy. El dato aproximado es que el 79% de la tierra (y de la riqueza) permanecen en las manos de una minoría blanca y la mayoría de los africanos no tienen tierras –en su propia tierra–”, afirma Bopape.

“Eso no es exclusivo de Sudáfrica. En numerosos lugares con una historia de colonialismo la población nativa fue desposeída de tierra –sea para uso y acceso como para propiedad–. ¿Y qué es tierra, suelo, polvo… de que cada uno esta hecho? ¿Cómo es no tener posesión de tu ‘base’, de uno mismo? ¿Y cómo es tenerla?”, cuestiona el artista.

Para la curadora Gabi Ngcobo, la obra de Bopape es una experiencia corporal porque reúne las energías de los cuerpos que la crearon. Por otra parte, le llama especial atención las ranuras en la tierra. “Me gusta esa metáfora porque en la narrativa histórica siempre existen esas ranuras y me gusta pensar que nuestro trabajo habita esos espacios porque es de ellos que viene la luz”, dice.

Em’kal Eyongakpa – Rustle 2.0

El camerunés Em’kal Eyongakpa tradujo en su instalación la dualidad entre naturaleza y civilización, organicidad y tecnología. Al entrar en una sala completamente escura, el espectador es rodeado de sonidos que oscilan entre el agua corriente y el efecto del viento sobre los árboles, por un lado, y las motosierras y su ruido metálico, por otro. Aunque no se pueda ver con claridad, uno puede sentir el olor húmedo del musgo y de la paja que cubren el las paredes y el suelo del cubículo.

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Em’kal Eyongakpa – Rustle 2.0

A los pocos, por efecto de luces de colores que corren dentro de tubos que se asemejan a fibra óptica, se dibujan dos grandes pulmones, con sus bronquios y bronquiolos iluminados. Pero lo que se ve, en realidad, son las siluetas aproximadas, hermanadas, de África y América.  La idea de la obra es compaginar naturaleza y cultura en un mismo todo, y no como ámbitos separados y autónomos. Según la comisaria, “Eyongakpa sugiere la idea de algo orgánico en la sobrevivencia y en la manutención de diversos sistemas –digitales, ecológicos, políticos– revelando una rara familiaridad entre ellos”.

“Esa es una experiencia corporal muy, muy fuerte porque entras en ese espacio, el olor cambia y el sonido, a todo el tiempo, no importa cuantas veces lo escuches, te golpea desde dentro”, dice Gabi Ngcobo. “La habilidad de Em’Kal de conectar todos esos materiales con el cuerpo, y con referencias al cuerpo, provoca una experiencia realmente muy íntima”, completa.

Misheck Masamvu – Midnight y Spiritual Host

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Jump Spread Your Legs [Passo largo], 2013 – Misheck Masamvu

Las dos pinturas presentadas por el zimbabuense Misheck Masamvu son ventanas para la realidad política y social en Harare. En su primera exposición en Brasil, Masamvu trae una trilogía intencionalmente desfalcada: “las dos obras son parte de un dialogo en tres partes, en que la tercera pintura es conscientemente excluida de la muestra”. Ese dialogo, dice, “se hizo para dar forma a las sombras que se encuentran en la estera del desaparecimiento de la humanidad”.

Con una precisión observadora y simple, el pintor que califica el arte contemporáneo en su país como un “sobre decorado” detalla de modo íntimo el proceso creativo e intelectual que rodea la creación de las dos piezas. Sobre el aparente caos traducido por los colores intensos, el Masamvu afirma que “se refiere a eventos experimentados, o a una vida vivida en miedo, o mantenida bajo examen por el incómodo producido por las conocidas consecuencias que pueden suceder a aquellos que se levantan por sus derechos”.

Y sigue: “Midnight es un tiempo que cuelga de la idea de lo próximo, de los probables desenlaces. Entretanto, habla de quietud, de un pasaje cuando lo desconocido reside en la emergencia de las sombras. Es un tiempo en que tu imaginación puede crecer más fuerte que la esperanza, o cuando tu fe es cuestionada por las sombras y los espíritus se elevan para agitar a tus huesos de horror. Tu prefieres que tus ojos sean cerrados a ver el fantasma del tiempo escribir a tu obsoleto futuro. Spiritual Host se refiere a la noción de los ‘headliners’, aquellos que expresan conciencia y percepción. Midnight son cuernos encerrados, un pueblo indeciso, en conflicto. Midnigh es pegar a tu oponente. Midnight es una colección de huesos. Spiritual Host es paciencia, es el sacrificio de uno mismo, es la vida que vale la pena preservar y un mensaje de esperanza.”

Sobre la relación entre las dos obras y el tema central de la Bienal –las incertezas vivas–, defiende sin dudar que la humanidad esta en riesgo por los ingredientes ‘deseducadores’ en oferta, que promueven el individualismo en lugar de lo colectivo en el desarrollo de soluciones para nuestros desafíos.

Mmakgabo Helen Sebidi – Tears of Africa

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Mmakgabo Helen Sebidi – Detalle Tears of Africa 1987-1988

La conversación transnacional de la que hablaba Gabi Ngcobo alcanza su máxima expresión en el trabajo de Helen Sebidi. La artista sudafricana, veterana en un grupo de jóvenes artistas emergentes, pasó cuatro meses en una residencia en el Goethe Institut de Salvador, en Bahia, trabajando en la segunda de las dos piezas que exhibe en la Bienal.

La primera es la mítica Tears of Africa, una pintura en carbón, tinta y collage que, en blanco y negro, resuena con un impacto asustadoramente actual los conflictos por los que pasaba el continente africano en los años ochenta, así como el régimen del apartheid en su país. Desde su creación, por determinación de la artista, la obra nunca salió de allá. “Ella decidió mantenerlo para aprender de él, como una herramienta de educación y trabajo para ella y otros artistas. Creo que eso muy profundo”, dice Ngcobo, que frecuentó la casa y el estudio de Sebidi y articuló el traslado de la obra.

La segunda pintura es justamente la continuación de esa historia no superada, que todavía resuena en un mundo de relaciones post-coloniales o neo-coloniales. Con una referencia directa a la esclavitud en Brasil y su conexión con la persistente violación y discriminación de la población negra, la segunda parte de Tears of Africa es, según Ngcobo, un retrato de esa historia compartida entre Brasil y el continente africano.

“Es una conversación que llega tarde en Brasil, en comparación con Estados Unidos, por ejemplo, y muchas veces es evitada, a pesar de ser absolutamente crítica”, dice la curadora.

La identidad a juicio en LagosPhoto Festival

“Mi planteamiento es que la única identidad auténtica para lo africano es la tribu… Soy nigeriana porque un hombre blanco creó Nigeria y me dio esa identidad. Soy negra porque el hombre blanco construyó lo negro para ser lo más diferente posible de su blanco. Pero yo era igbo antes de que llegara el hombre blanco”.

Chimamanda Ngozi Adichie, Medio sol amarillo

unnamed-48Hablar de identidad y hacerlo desde Nigeria nos recuerda a Chinua Achebe, Wole Soyinka o Ben Okri, entre otros muchos. Hemos comenzado con la también nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. ¿Por qué? Porque nos hemos acercado al primer y -por ahora- único festival internacional de fotografía de Nigeria: LagosPhoto. También porque en las palabras de Adichie se concentran las reflexiones de este festival: África, mujer, hombre, blanco, negro, diferencia, identidad. Pero, sobre todo, porque más que concluir un análisis este festival retoma viejos asuntos con enfoques nuevos.

Este 22 de octubre se inaugura en la capital nigeriana un evento que durante un mes ofrecerá talleres, conferencias, coloquios y exposiciones tanto en salas y galerías como en las calles de Lagos. El LagosPhoto, del que ya os hemos hablado en otras ediciones, nació en 2010 y desde entonces plantea cuestiones espinosas y propone respuestas con una fuerte vocación social. Busca también el contacto entre artistas de lugares lejanos (no sólo del continente), así como conectar sus creaciones con la comunidad y reflexionar sobre la educación visual, el pasado, el presente y la identidad.

La edición de 2015 tuvo por tema la reflexión sobre cómo se ha concebido África y cómo puede y podrá ser repensada, y los modos en los que pueden abordarse la historia del continente, los acontecimientos presentes y aquellos que están por llegar.

Estos días LagosPhoto sigue cavilando guiado ahora por 27 artistas gráficos. Su propuesta para este año se enmarca en el título Rituals and Performances: Inherent Risk y no nace de planteamientos habituales y manidos sino que retoma densos análisis que nos recuerdan a Frantz Fanon, Aimé Césaire, Michel Foucault y, en nuestros días, a Achille Mbembe. Sobre la amplitud y la complejidad de LagosPhoto hemos hablado con su director, Azu Nwagbogu, quien nos ha dado algunas claves de qué le llevó a él y a su equipo a plantear así este festival.

Tsoku Maela, de su serie 'Broken Things'.

Tsoku Maela, de su serie ‘Asbtract peaces’. (No incluida en LagosPhoto Festival)

Nyanye, del keniano Osborne Macharia.

Nyenye, del keniano Osborne Macharia.

Podríamos dividir sus objetivos de acuerdo a dos grandes ideas. La primera sería la necesidad de pensar en la concepción y producción de imágenes que modelan una identidad y sensibilidad africanas a través de las costumbres, los rituales y la representación fotográfica. Pero, ¿de qué hablamos cuando a todo eso le damos el adjetivo de “africanas”? La respuesta no es fácil, y ya ahí tenemos parte de la búsqueda que se propone el festival. El propio Azu Nwagbogu así nos lo dice: intentamos mostrar mediante imágenes lo escurridizo, lo líquido que es el concepto de identidad”.

Azu Nwagbogu, fotografiado por Jorrit Dijkstra.

Azu Nwagbogu, fotografiado por Jorrit Dijkstra.

Luego, con base en la idea de que todas las imágenes que asimilamos crean en nosotros una visión del mundo, LagosPhoto plantea una cuestión casi angustiosa en los tiempos de lo efímero que hoy parecen regir nuestras vidas: ¿qué mundo visual estamos construyendo para las próximas generaciones?, ¿sobre qué mundo visual construimos nuestra memoria?

Sin duda, estas preguntas no se agotan y quizás aún no estemos capacitados para contestarlas de manera inapelable. Sin embargo, es por eso mismo que su planteamiento es obligado y que hemos de proponer todas las hipótesis que seamos capaces de formular. En el caso de LagosPhoto, el acercamiento se hace mediante el arte, lenguaje tan capacitado como cualquier ciencia para buscar respuestas.

Ahora nos encontramos en un mundo sobresaturado de imágenes y en el que escasea la educación audiovisual. Azu Nwagbogu incide en que la sociedad cambia con rapidez y en que nuestra capacidad para entender el mundo visual no puede quedarse fosilizada. Roland Barthes hablaba del “punctum” como de una sensación casi inefable que nos inunda cuando vemos una buena fotografía. Pero para eso, hemos de mirar. ¿Lo hacemos hoy? ¿Somos conscientes, bajo el tsunami cotidiano de imágenes, de toda la información que deglutimos de manera sutil o aun plenamente inconsciente? Como expresan los comisarios del festival en el curator’s statement, su deseo es explorar más allá del acto de fotografiar y de sus interpretaciones, “modelar otros caminos”, nos dice Azu Nwagbogu, pues “conocemos el poder de la imagen, su accesibilidad y su capacidad para crear identidades”.

Así como el novelista omnisciente recrea e interpreta un mundo, el fotógrafo hace lo mismo con el entorno visual inmediato. Ahora bien, cuando hablamos de lo africano -término ya en sí confuso- y de identidad, ¿hasta dónde somos conscientes de los prejuicios heredados que alimentan nuestras costumbres, nuestros rituales cotidianos? ¿Quién, cómo, desde dónde se modela, se mantiene o se recrea una “identidad africana”? Como decíamos, más que respuestas hemos de contentarnos aún con hipótesis. Probablemente, la costumbre y los medios han dado rango de concepto e idea “verdadera” a representaciones cuyos orígenes han sido la fabulación, el desconocimiento y el prejuicio. Al respecto, Azu Nwagbogu ve también otra perspectiva sobre el ritual, aquella según la cual “los rituales sociales ayudan a crear un comportamiento, una normatividad, y por eso también pueden proteger de prejuicios y de presiones externas. La diversidad de proyectos de este año refleja la complejidad de estas ideas”.

LagosPhoto siempre reclama la crítica auténtica, no aquella que se convierte en un patrón y que por ello pierde su capacidad de análisis. De lo contrario, sabemos que es así como se construye un concepto estático de identidad, una identidad provocada y poco honesta con la realidad y las personas. Explica Azu Nwagbogu que la identidad es un concepto que intentamos delimitar continuamente, pero que entenderíamos mejor si lo pensásemos como la teoría de conjuntos en matemáticas: grupos delimitados pero que, a su vez, forman parte de grupos mayores. En esta edición podemos ver trabajos sobre la identidad femenina, la identidad masculina, la identidad homosexual, la identidad cultural, la identidad africana y la propia identidad desubicada por las zozobras de un mundo globalizado. Desde los autorretratos de la británica Juno Calypso, a los retratos de la nigeriana Fati Abubakar, las recreaciones de la historia del zimbabuense Kudzanai Chiurai, o el reportaje del español Pep Bonet sobre la cultura metal underground en Botswana, los 27 fotógrafos que participan expresan las relaciones complejas e inesperadas de uno mismo con el entorno.

De la serie "Submerged Portraits from Drowning World" de Gideon Mendel. Christa and Salomon Raymond Fils Decade Village. Haiti September 2008

De la serie “Submerged Portraits from Drowning World” de Gideon Mendel.

Si bien en este festival se habla de la identidad en sentido amplio, hemos querido compartir con Azu Nwagbogu la preocupación de que, en estos últimos tiempos de vallas, concertinas y fronteras ilusorias, estemos asistiendo a un aumento del racismo, incluso con pretendida base científica y social. Respecto de si existe relación entre espacio geográfico, identidad y color de piel, Azu Nwagbogu responde que “puede haber relación, pero es muy arriesgado, engañoso y confuso admitirlo como una realidad”. Al hilo de estas palabras nos vienen otras que el camerunés Achille Mbembe expone en su Crítica de la razón negra: “la verdadera identidad no es necesariamente la que se fija a un lugar determinado. Al contrario, es la que permite negociar la travesía de espacios que están también en movimiento, puesto que poseen una geometría variable”.

Es más que probable que la identidad no sea la culminación de un proceso de reconocimiento personal y social, sino que sea, como sostiene este mismo pensador, una fase más del momento en el que será la identidad lo que nos lleve a todos al encuentro mutuo.

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Estos son todos los artistas que participan en el LagosPhoto Festival 2016:

Fati Abubakar (Nigeria) | Jenevieve Aken (Nigeria) | Ishola Akpo (Nigeria) | Mohamed Arejdal (Marruecos) | Karimah Ashadu (Inglaterra & Nigeria) | Jelili Atiku (Nigeria) | | Miia Autio (Finlandia) |Pep Bonet (España) | Juno Calypso (Reino Unido) | Bubi Canal (España) | |Kudzanai Chiurai (Zimbabue) | | Colin Delfosse (Bélgica) | Thierry Fontaine (Francia) | Sevelyn Gat (Kenya) | Eric Gyamfi (Ghana) | Adad Hannah (Estados Unidos) | Kiluanji Kia Henda (Angola) | Andrea Gisele Keyezua (Netherlands) | Nico Krijno (Sudáfrica) |Osborne Macharia (Kenya)| Mario Macilau (Mozambique) | Tsoku Maela (Sudáfrica) | Ibrahim Mahama (Ghana) | Gideon Mendel (Sudáfrica) | Siwa Mgoboza (Sudáfrica) | Mohau Modisakeng (Sudáfrica) | Fabrice Monteiro (Benin & Bélgica) | Bruno Morais (Brasil)| Muchiri Njenga (Kenya) | Lakin Ogunbanwo (Nigeria) | | Rodney Omeokachie (Nigeria) | | Qudus Onikeku (Nigeria) | | Leonard Pongo (Belgica) | | Flurina Rothenberger (Suiza) | | Emmanuel Trousse (Monaco) | | David Uzochukwu (Bélgica & Nigeria) | | BenedicteVanderreydt (Bélgica) | | Lorenzo Vitturi (Italia) | | Sanne De Wilde (Bélgica) | | Patrick Willocq (Francia) | | Reze Bonna (Nigeria) | | TY Bello (Nigeria).

Autores y obras citados:

Adichie, Chimamanda Ngozi, Medio sol amarillo, editorial Literatura Random House, Madrid, 2014.

Mbembe, Achille, Crítica de la razón negra. Ensayo sobre el racismo contemporáneo, Futuro anterior/NED ediciones, Barcelona, 2016.

Imagen del artista español Bubi Canal.

Imagen del artista español Bubi Canal.

Cita con el arte africano contemporáneo en la 4ª edición de la 1:54

Un continente. 54 países. Una sede, la histórica Somerset house, centro de debates intelectuales desde el siglo XVIII y referencia de la actividad artista hasta hoy, en pleno centro de Londres. 40 galerías, 17 de ellas exponiendo por primera vez en esta cita internacional del arte contemporáneo. 18 países representados, con el trabajo de 136 artistas.

La obra de Zak Ové en Somerset House. (Fotografías: E. Sendra & Ernesto Martín).

La obra de Zak Ové en Somerset House. (Fotografías: E. Sendra & Ernesto Martín).

Tras el bullicio londinense, entre taxis, autobuses, bicicletas y transeúntes, al cruzar la calle que baja desde Holborn, se accede por fin al patio de la Somerset House, en el que una serie de hileras de soldados del arte estáticos saludan frontalmente, o tal vez indiquen que es momento de bajar el ritmo urbano, para comenzar un viaje por distintas partes del mundo, pero sobre todo, por África y su diáspora, a través de su variedad de estilos artísticos. Se trata de la instalación de las nuevas esculturas de Zak Ové, nacida en Londres y cuyo trabajo se desarrolla entre la capital británica y Trinidad y Tobago. La obra se inspira precisamente en la herencia histórica del edificio que acoge la feria, y la máscara de la era jacobina, con la representación del ejército de Nubia, región situada entre el sur de Egipto y el norte de Sudán.

Detalle de la escultura de Zak Ové.

Detalle de la escultura de Zak Ové.

El interior del edificio lleva, con cierta dificultad a pasillos de galerías consecutivas, separadas de manera demasiado hermética, en muchos casos, y con una confusa señalización y cartelería para los que van buscando obras o artistas en concreto. No obstante, el tránsito y la cercanía de los encargados de las galerías, reflejan el carácter único para asistir a tal evento, para poder ver, disfrutar, conocer, dialogar, y comprar, estas obras. De hecho, ya el primer día de esta feria, muchas de las galerías han vendido la varios de sus trabajos expuestos; y se benefician de la visibilidad que el encuentro da a sus galerías, organizando pases privados, con los artistas, en fechas de la feria, aprovechando que se encuentran aquí sus protagonistas. Solo de Londres hay nueve galerías, la 50 Golborne, GAFRA (Gallery of African Art), Jack Bell Gallery, October Gallery, Sulger-Buel Lovell, TAFETA, Tiwani Contemporary, Tyburn Gallery y Vigo Gallery.

Detalle de "Maternité Submergente" de Seyni Awa Camara

Detalle de “Maternité Submergente” de Seyni Awa Camara.

La 1:54, celebrada entre el 6 y el 9 de octubre, vuelve a regalar a sus visitantes, la posibilidad de pasearse por galerías de distintas partes del mundo, con algunas ya frecuentes en la establecida feria de arte contemporáneo, como la Magnin-A, del coleccionista André Magnin. Es en esta galería donde se encuentra la obra de la senegalesa Seyni Awa Camara, “Maternité Submergente” (1986), en español, maternidad abrumadora. Nacida en Bignona, en la región de Casamance, se crió con su madre, quien también era artesana. Fue así como desde muy temprana edad, aprendió a esculpir, modelando barro, construyendo historias relacionadas con sueños, sentimientos, revelaciones, fantasías. En esta escultura, de un metro y medio de altura, la artista casamanquesa representa su visión del mundo, compuesto por gente tan hermosa como fea, tan buena como malvada, siempre desde su condición de mujer wolof, una de las etnias mayoritarias de Senegal.

Aunque ninguna de las galerías procede de Senegal, sí hay un buen número de países africanos, con destacada presencia de Sudáfrica, con tres galerías, la Afronova Gallery, Barnard Gallery y Everard Read I CIRCA Gallery; tres de Marruecos, GVCC, L’Atelier 21 y Voice Gallery; dos de Túnez, AGorgi Gallery y Selma Feriani Gallery; AGAddis Fine Art, de Etiopía; Art Twenty One, de Nigeria; ARTLabAFrica, de Kenia; Cécile Fakhory, de Costa de Marfil; Gallery 1957, de Gana; Masharabia Gallery of Contemporary Art, de Egipto; y Village Unhu, de Zimbabue.

Lienzo de Soly Cisse

Lienzo de Soly Cisse.

España adquiere visibilidad en esta cita de arte contemporáneo del continente africano, con la galería madrileña Sabrina Amrani, que expone el trabajo del malgache Joël Andrianomearisoa, cuyo trabajo combina vídeo, moldeo, diseño, escultura, fotografía, performance e instalaciones, con sombras negras. Este es uno de los artistas presentes en la 1:54 que participó también en otra cita de referencia internacional de arte contemporáneo africano, la de mayor trayectoria en el continente, la Bienal de Arte contemporáneo de Dakar, Dak’art, donde también estuvo Wiriko este año. Otros de los que participaron en la 12ª Dak’art son Victor Ehikhamenor, nigeriano, cuyo trabajo destaca por el uso de relieves y colores cuyas raíces están en el presente, pero que se proyectan hacia el futuro; o el reconocido pintor senegalés Soly Cisse, formado en la Escuela de Bellas Artes de Dakar en los 90, cuyos lienzos se inspiran en el contexto en que creció el artista, en un periodo de transición en el país, con figuras que emanan del caos y la falta de armonía, con aires activistas.

Primera exposición monográfica de Malick Sidibé

The modern Eye, de Malick Sidibé

The modern Eye, de Malick Sidibé.

Uno de los espacios con mayor afluencia es la exposición fotográfica “The Eye of Modern Mali” (el ojo del Mali moderno), del maliense Malick Sidibé, fallecido el pasado abril. Por primera vez en Reino Unido, se acoge la obra de este célebre fotógrafo, conocido por sus crónicas fotográficas en blanco y negro de la capital maliense de los 60 y 70, cuando Mali consiguió ser independiente. Dividida temáticamente, en tres espacios, “Nightlife in Bamako” (La noche de Bamako), al ritmo de la música del Compay Segundo, en una época de auge de la salsa en el oeste del continente; “Beside the Niger River” (Junto al río Níger) y “The Studio” (El estudio fotográfico), la exposición muestra 45 fotografías en gran formato, con escenas de baile apoteósicas, de fiestas, de enamorados y amigos junto al río y de retratos con accesorios delatadores de profesiones, sueños y aspiraciones, frente a un fondo estampado, característico del estudio fotográfico africano. El trabajo de Sidibé, ganador de numerosos premio, como el León de oro de la Bienal de Berlín en 2007, está expuesto en numerosas colecciones del mundo, incluyendo el MoMA y Museo Metropolitano de Nueva York.

Obras de Emo de Modeiros

Obras de Emo de Modeiros.

Otro de los trabajos más destacados de la 1:54, el de Emo de Medeiros, se encuentra en la establecida 50 Golborne Gallery , situada en Notting Hill, al oeste de Londres. Hablamos con Emo de Medeiros, artista de Transprositions, nacido en Benín y cuyo trabajo realiza desde allí y Francia. De Modeiros parece estar entretenido con el móvil. De repente, lo acerca a su cuadro, compuesto de tela bordada de figuras coloridas tipo máscaras, leones, personas, estrellas… Basta un segundo para que el teléfono muestre un mensaje en la pantalla, una lección de vida, que procede de uno de los elementos del cuadro. A su derecha, se encuentra una especie de máscara “tradi-futurista”. Dice que se trata en efecto de una mezcla de dos máscaras, “mitad humano, mitad máquina”.

De Modeiros decodificando los mensajes de su obra

De Medeiros decodificando los mensajes de su obra.

El artista, originario de Ouidah, al sur de Benín, fusiona dos tradiciones, el “zangbeto”, que procede de su ciudad natal, y la “kaleta”, una máscara afrobrasileña, cuyo ritual se celebra a finales del año. “En la kaleta hay una sinergia de tradiciones, que mezcla también elementos de Halloween. Está formado por una orquesta de unos diez niños, y dos o tres bailarines, completamente enmascarados, no se les puede ver ninguna parte del cuerpo. No pueden hablar, ni decir sus nombres. Van llamando a las casas y esperan que la gente les de dinero a cambio de la música y el baile, porque si no, les echarán mala suerte. Tiene que ver con la espiritualidad. El zangbeto es el guardián de la noche, el que hace que la gente se porte bien en los pueblos. No lleva armas porque es también una figura que tiene que ver con la espiritualidad, y se cree que si no le obedeces, o te portas mal, este te lanzará también mala suerte”. La foto superior que expone en la 1:54 es de una niña, sin embargo, tradicionalmente es algo que hacen solo los chicos, y que no es profesional, un hermano mayor se lo pasa al menor, porque a partir de los 18 o así ya no se hace de kaleta.

Obra de Gideon Mendel

Obra de Gideon Mendel.

Como a Emo de Medeiros, es frecuente cruzarte con los artistas en las distintas salas, predispuestos a establecer un diálogo sobre las artes. Así uno se encuentra con El sudafricano Gideon Mendel, en la galería Axis. Gideon lleva mucho tiempo yendo y viniendo a Calais, motivado por dar visibilidad y denunciar la situación que están viviendo allí los refugiados. Dado que estos no querían ser documentados, fotografiados, decidió coleccionar objetos que se iba encontrando. Así, una de sus instalaciones está compuesta de 59 cepillos de dientes, llenos de tierra, testimonios del desgaste, del tránsito por esas tierras que no aceptan a las personas caminantes sobre ellas. Otra de ellas es de los cartuchos de los cartuchos de gas usados en los campos de refugiados contras las personas.

Durante tres días, a estos encuentros y visitas, se le suman debates con artistas, presentaciones, foros y presentaciones de libros, que suponen sin duda una oportunidad única para conocer mejor las artes procedentes de África, esparcida por tres distintos continentes.

Sobre la 1:54

Esta feria de arte contemporáneo africano se inició en 2013, de la mano de la emprendedora marroquí Touria El Glaoui. Celebrada con carácter bienal, en Londres y Nueva York, la 1:54, empieza a establecerse como uno de las citas de mayor importancia a nivel mundial sobre el arte contemporáneo y el arte contemporáneo procedente de África y su diáspora en particular. El pasado mes de mayo, Nueva York celebraba su segunda edición. Esta feria aboga por el establecimiento de un diálogo artístico entre África, Europa y América del Norte, creando puentes, afianzando lazos y experiencias, y aportando, cada edición, distintos aspectos novedosos.

La nueva fotografía africana en auge en Nueva York

Por Ana Martín Onandia 

‘Recent Histories: New Photography from Africa’, la tercera exposición de fotografía contemporánea y de vídeo arte enfocada en África y en la diáspora africana, se inauguraba el pasado 22 de septiembre en la sala The Walther Collection Project Space de Nueva York. Este espacio lleva el nombre de su fundador Artur Walther, uno de los mayores coleccionistas privados de fotografía africana del mundo. Su relación con la fotografía nace como estudiante del Centro Internacional de Fotografía (ICP), lugar del que fue miembro del consejo de administración durante casi 16 años. Según el propio Walther su interés va más allá de una pieza individual y aislada, el mayor atractivo reside en conjuntos o series de trabajos con una temática común captando así un significado más profundo y más contextualizado. Su criterio a la hora de adquirir trabajos no es lucrativo ya que nunca los vende sino que pretende apoyar a las y los artistas mediante la exposición y publicación de sus trabajos. El foco de atención en África surge a través de una estudio y reflexión sobre cómo vemos a otras culturas, cómo nos vemos,  presentamos y retratamos a nosotros mismos y cómo estas formas cambian con el tiempo. De esta modo uno de sus objetivos es contribuir a hacer más visible a los artistas de origen africanos para facilitar de algún modo la introducción de sus perspectivas en los diálogos globales.

El proyecto consiste en una serie de cuatro exposiciones de 2015 a 2017 con una temática concreta cada una de ellas, pero complementarias y en diálogo entre sí. Las diferentes series agrupan así a distintos artistas cuyos trabajos indagan y se aproximan a estos conceptos desde su propia perspectiva, su enfoque de interés, su cultura, su lugar geográfico y a través de diferentes técnicas (sinónimo visual photo) guiando al observador a través de cada uno de los conceptos conductores propuestos por las diferentes series,  lo que da pie a una rica y amplia reflexión. Las series finalizaràn con una exposición en el museo The Walther Collection en la Neu-Ulm en Alemania junto a la publicación de un catálogo co-publicado por Steidl.

La primera de estas exposiciones tuvo lugar en 2015 con el título ‘The Lay of the Land’. Esa primera serie explora el paisaje urbanístico de las ciudades en época poscolonial contando así con el trabajo de Edson Chagas, François Xavier Gbré y Mame-Diarra Niang, tres artistas nacidos después de los movimientos de las independencias. Poniendo gran énfasis en el color y en las formas urbanas, estos tres fotógrafos comparten un interés común centrado en las construcciones, en las ruinas y en los proyectos físicos inconclusos originados o abandonados en época poscolonial y lo que es más importante, sus trabajos analizan el efecto que estas estructuras crean en el paisaje urbano contemporáneo.

En la primavera de este año tuvo lugar ‘Close to Home’ la segunda en la serie. En esta ocasión la exposición contó con los trabajos de cinco artistas que ofrecen una nueva visión del retrato fotográfico en Áfica. En sus respectivas prácticas fotográficas, Andrew Esiebo, Sabelo Mlangeni, Mimi Cherono Ng’ok, Musa N. Nxumalo y Thabiso Sekgala, exploran las relaciones sociales a través de retratos íntimos a lo largo y ancho del continente africano. Mostrando las relaciones emocionales entre los sujetos y sus paisajes. Walther Collection enfatiza la importancia de estas imágenes por sus estrechos lazos hacía los sujetos retratados, ya sea con mayor o menor perspectiva, posicionándoles a la vanguardia de la narración visual.

El tercer ciclo que aquí nos ocupa es Recent Histories, que cuenta con cinco artistas multidisciplinares con muy diversas perspectivas y procedimientos narrativos. Podrá decirse, que su punto de en cuento reside en un común interés sobre la documentación de la diversidad y globalidad contemporánea. Con gran variedad de preocupaciones y maneras de abordarlas, la exposición invita a entender las diferentes y amplias perspectivas de los trabajos visuales seleccionados en Recent Histories como una sincera exploración de nuestro tiempo.

Simon Gush, Lazy Nigel, 2015.

Simon Gush, Lazy Nigel, 2015.

El artista sudafricano afincado en Johannesburgo Simon Gush, se sirve de la escritura, la fotografía, el vídeo arte al que incorpora observaciones textuales, además de instalaciones, para indagar sobre la ideología y la estética del trabajo que esculpen el paisaje y la vida urbana. Con imágenes minimalistas a menudo en blanco y negro, el artista pretende revelar algunas de las ideas y la ética que dicta gran parte de nuestro día a día, pero que son obviadas a menudo por el transeúnte o trabajador sumergido en la rutina sin una mirada más pausada y contemplativa.

Délio

Délio Jasse.

Délio Jasse, angoleño residente en Lisboa, experimenta con la fotografía analógica. Introduce imágenes encontradas en sus propias fotos creando diferentes capas de información. Según el propio artista su trabajo se centra principalmente en el concepto imagen latente, en aquello que está presente pero que a menudo es ignorado por una mirada ligera o más convencional, de este modo la disposición de su trabajo empuja al observador a interactuar con la imagen y así descubrir las informaciones más sutiles u ocultas que allí se encuentran.

Lebohang Kganye: artista sudafricana cuyo viaje de experimentación y reflexión sobre y a través de la fotografía, comienza de manera formal en su paso por Market photo workshop, una escuela, galería y espacio proyecto de fotografía sudafricano que desde sus orígenes en 1989 pretende hacer de la fotografía una forma de expresión más democrática y accesible. Incorporando escultura y performance a sus creaciones, el trabajo de esta joven investiga la fotografía desde su función como mecanismo creador de memoria e identidad. Mediante la modificación de la imagen digital, Lebohan Kganye juega con los conceptos de imaginación e historia, introduciéndose a ella misma en las fotos de su archivo familiar y creando así una conexión con sus ancestros.

Dawit L. Petros.

Dawit L. Petros.

El artista visual eritreo Dawit L. Petros, trabaja y vive en Nueva York. A lo largo de sus viajes e investigaciones explora en su proyecto actual “ las experiencias transnacionales características de la contemporaneidad, tanto a través de las fronteras africanas como aquellas fuera del continente. A su vez, analiza los efectos de las narraciones existentes sobre migración en los procesos de identidad y abre a través de su trabajo nuevas perspectivas sobre las relaciones entre el individuo y su entorno.

La polifacética nigeriana Zina Saro-Wiwa desarrolla su trabajo entre Nueva York y el Delta del Níger, lugar donde tiene una galería de arte llamada Boys’ Quarters Project Space, en Port Harcout, capital de la región. Sus medios de expresión se mueven y unen la fotografía, el documental, el vídeo arte, la escultura, la performance o incluso la comida.

Zina Saro-Wiwa.

Zina Saro-Wiwa.

Ya hemos destacado uno de sus proyectos en otra ocasión con ‘Eaten by the Heart.’ Ahora la artista, desde sus experiencias personales retrata su lugar de origen, el Delta del Níger, para ampliar la expandida visión externa que según ella define y condiciona la identidad de la sociedad y de la tierra.

 

Para cerrar esta exposición, el 21 de octubre de este mismo año, ‘Recent Histories’ contará con un simposio llamado ‘Beyond the Frame: Contemporary Photography form Africa and the Diaspora’ en la universidad de Columbia, con la participación de artistas, académicos, comisarios, críticos y diferentes personalidades relacionadas con la cultura y el arte, para discutir el desarrollo actual de la fotografía y las prácticas visuales en África y en la diáspora africana.

 

 

Dak’ART 2016: La 12ª edición de la bienal de arte se despliega por Senegal

Apertura 12 Bienal en Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

Apertura 12 Bienal en Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

Este mayo Senegal y Dakar en particular se presenta con una cargadísima agenda cultural. A la oferta habitual de un país cuya política y cultura han ido siempre de la mano, se suma la apresurada entrada del mes de Ramadán, este año a principios de junio. La esfera artística espera la duodécima edición de la Bienal de arte de Dakar. La ciudad se prepara y los periodistas y “festivaleros” (siguiendo el tan usado término francés “festivalier”) van buscando la programación en ruedas de prensa, espacios artísticos o entre los propios artistas. El programa publicado en la web tan solo revela las jornadas profesionales, y anuncia más de 300 actividades integrantes de la programación OFF, es decir, el conjunto de eventos y exposiciones repartidos por distintas zonas del país, para que el ambiente festivalero llegue a cuantos más rincones posibles.

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Entrada al Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

El martes tres de mayo, a las 10 de la mañana, el tráfico de la zona financiera de Dakar, el Plateau, contaba con un ingrediente extra: la presencia del presidente de la república, Macky Sall, acompañado del ministro de cultura, Mbagnick Ndiaye, durante la apertura oficial de la bienal de Dak’Art. Esta duodécima edición coincide también con el 50 aniversario del Primer Festival Mundial de Artes Negras, primer festival panafricano celebrado en el continente, en abril de 1966. La apertura es precisamente en el Teatro Sorano, aquel que acogió ese primer festival panafricano. Las referencias a este hito histórico abundan durante la ceremonia, de asombrosa puntualidad y corta duración. También lo hacen las referencias a Senghor. “Este festival responde a nuestro deber de continuidad histórica, con nuestro primer festival panafricano en el 66 y un ministerio de la cultura mantenido desde entonces”. Algunos artistas locales se reúnen con indumentaria tradicional animando la entrada al edificio. Junto al escenario en el interior, hay varios músicos con instrumentos tradicionales, la kora, el ngoni y la flauta. El presidente Macky Sall preside la mesa, y las palabras de la presentación alaban la infraestructura cultural que éste ha impulsado durante su mandato, con especial alabanza al Museo Boribana, de arte contemporáneo y al Museo de la Civilización Negra.

Macky Sall (Foto: Javier Santamaría)El público está formado principalmente por los artistas participantes, los periodistas, y los patrocinadores (entre ellos, Royal Air Maroc, Tigo y la Organización Mundial de la Francofonía). El discurso, que trata de mostrarse incluyente y hablar de la reapropiación de este evento por la población, encierra también una institucionalización, con una “bienal no solamente de Senegal sino también de las instituciones, patrocinadores y empresas”. La bienal se ve también como una oportunidad para los artistas de “responder a una necesidad social de crear imágenes que perenizan los valores de la civilización”. Macky Sall, presidente de Senegal, da la bienvenida a los “artistas y turistas de las artes” y declara: “el arte y la cultura constituyen el intelecto del ser humano. ¿Qué sería la vida sin esta dimensión tan fundamental? La cultura y el arte son vínculos sociales, factores de cohesión”. De esta forma, no se habla más que de panafricanimso, mundialización, representados metafóricamente en el tema del festival, azul, como color del atlántico, del océano que une a todos: La cité dans le jour bleu (La ciudad en el día azul).

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Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

Más al sur de esta zona de Dakar, en el antiguo palacio de la justicia, se encuentra la exposición internacional de la bienal, que reúne el trabajo de 65 artistas provenientes de 24 países distintos. En ese azul unificador existe otro tema común, el “re-encantamiento”, consecuente con esa visión de “optimismo colectivo” de la que hablaba el presidente Macky Sall durante la inauguración.

Entrada Palais Justice (Foto: Estrella Sendra)

Destaca el estilo “collage” que caracteriza a tantos artistas de Senegal, donde hay un problema de basura muy palpable. Ya el Festival Xeex hablaba de un combate pacífico-artístico con esta realidad, destacando el trabajo de artistas como la joven Haby Diallo, con su arte hecha a través de bidones de plástico. Tanto ella como otros artistas de este festival de arte urbano, incluyendo a Aïcha Touré y Mous Leye, participan en la programación “off” de esta bienal. En la “in”, tras una visita en absoluto casual al antiguo palacio de la justicia, hay una consistencia estética de esta idea de reciclaje a través del arte, que se trata más bien de una reutilización. Esta comienza desde el propio edificio, cuya fachada ya difumina la antigua presencia de una palacio de la justicia, con apenas dos letras que aún no se han caído, y que se dejan “ocupar” temporalmente por este arte.

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Nabil Boutros: Un rêve (Foto: Estrella Sendra)

El interior está formado por un patio interior central muy luminoso con un gran árbol, alrededor del cual se encuentran las obras de los distintos artistas. Es un espacio inacabado, que destaca por su versatilidad, permitiendo que el público actúe con él, complete la obra de arte. Las obras, de arte contemporáneo, se unen a esta reutilización, como por ejemplo la “encycloédie” de Douta Ndoye, formada a base de periódicos, recortes y pinturas de mensajes que nos hablan de este mundo global actual. O “el sueño” (Un rêve) de las bolsas de plástico colgantes del techo, del artista egipcio-francés, Nabil Boutros, uno de los trabajos más destacados de la exposición. Existen también salas con instalaciones, una de ellas formada por escombros, pintadas y graffitis que nos hablan de revolución. Y en la sala contigua, la obra franco-argelina de Kader Attia, también sobre este mismo tema, representado a través de un bosque compuesto por árboles hechos a base de tirachinas de barras de acero.

Doute Ndoye: Encyclpedie (Foto: Estrella Sendra)

KaderAttia: Les rhizomes infinis de la révolution (Foto: Estrella Sendra)

Alex Peskine (Foto: Estrella Sendra)

Folakunle Oshun (Foto: Estrella Sendra)

En los trabajos existen también numerosas referencias transculturales, con placas de gigantes chinchetas mostrando rostros que se apoyan sobre la típica patera senegalesa colorida de pescadores, del franco-brasileño Alexis Peskine. Hablamos con el nigeriano Folakunle Oshun, cuya obra se extiende sobre el suelo, con unos jarrones celestes sobre la arena del harmattan. Si bien podría hablarnos de la innegable presencia de los conflictos en la situación transfronteriza de los distintos países africanos, el artista habla más bien de una experiencia de viaje gastronómico a lo road-trip que hizo desde Lagos a Saint-Louis. Allá por donde pasaba iba probando las distintas cocinas locales, porque se dio cuenta de que en el estilo nómada de vida del África occidental, cuando la gente viaje, siempre se lleva su comida. Si en Senegal, los Wolof hacen el típico arroz con pescado conocido como cëbbu jenn (arroz de pescado, en Wolof), en Nigeria el arroz se llama Jolof, así, llamó a su obra, United Nations of Jolof.

 

Artes digitales: Cruce de culturas

Videomapping Hotel de Ville (Foto: Estrella Sendra)

La instalación más lucida de la bienal hasta ahora ha sido el video-mapping, financiado por EUNIC, en patrocinio con Kër Thiossane, y con la participación de tres artistas que trabajan de forma colaborativa con artistas locales: el español Fausto Morales Gil (junto con Jean-Michel Aymerique Zié, Djibi Ba y Mélanie Baillon), en la rotonda de la medina, el 7 de mayo; el francés Aurélien Lafargue (junto con Seydou Keita, Tiziana Manfredi y Esi Atiase), en el ayuntamiento de Dakar el día de la inauguración; y la que se realiza este martes 10 de mayo en la estación de Dakar, del alemán Phillipp Geist (junto con Lamine Diack, Abdou Ndiaye y Alioune Thiam). “Queremos que la gente se sienta muy identificada, que sea muy local”, decía el artista Fausto Morales Gil durante la rueda de prensa en el Aula Cervantes el 29 de abril. Para ello, Morales Gil ha estado trabajando codo a codo con artistas locales, que adquieren una formación que no es más que “una semilla que luego ha de seguir creciendo”, consiguiendo así un aprendizaje mútuo, un intercambio. Muchísimas horas, días de preparación, se traducen luego en una vivencia de unos quince minutos, un espectáculo audiovisual sobre la fachada de un edificio, donde el ritmo sonoro de las luces re-imagina estos espacios, los distorsiona, los decora, los dinamiza. Se trata de un arte efímero que ha de experimentarse durante el momento de la proyección únicamente, y como tal, es interactivo, pues solo tiene sentido si existe un público que lo aprecie. Esta es, además, una de las ocho actividades apoyadas por el agregado cultural de la embajada española en Dakar, de las cuales siete se desarrollan en la capital y una en Saint-Louis.

El opuesto IN-OFF

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Off Gorée (Foto: Estrella Sendra)

El despliegue artístico se extiende más allá del Plateau, donde también hay conciertos en la zona de la Gare Ferroviere. Respondiendo a una nomenclatura habitual entre los festivales, existe una programación “in” y otra “off”. En realidad, los espacios “off” podrían describirse como aquellos espacios artísticos que están “in” todo el año; y de repente, se vuelven periféricos durante la bienal, que tiene una programación oficial, con artistas seleccionados, y evaluados por un jurado. Si bien se trata en la teoría de un desplazamiento de foco, hacia una exposición de sesgo más “internacional”, lo cierto es que son estos los espacios más palpables de la bienal, más transitados por la población tanto local como global que hay en Senegal, y especialmente en Dakar y Saint-Louis. Estos espacios están marcados con carteles en los que se muestra “OFF”, creando así un ambiente de festival. Entre ellos no podría faltar la artística isla de Gorée, con galerías como la de Marie-Jose Crespin, que trabaja con antiguas perlas haciendo todo tipo de joyas, o el centro cultural regional de Gorée, abiertos al público.

Hasta el 2 de junio podrán disfrutarse exposiciones, encuentros, mesas redondas, talleres y conciertos por distintas zonas de Senegal – un verano azul de arte que tan solo se tomará una pausa mensual durante el mes de Ramadán.

 

Kabbo Ka Muwala: mirando la migración a través del arte

Tres países, veinte artistas visuales, ensayistas, talleres, coloquios y aun poesía. Es difícil resumir qué es Kabbo Ka Muwala – The Girl’s Basket, pero ese podría ser un intento. Tenemos ante nosotros una propuesta que equipara las conclusiones extraídas del arte con el peso de las sesudas reflexiones sobre los fenómenos sociales; un evento transnacional e interdisciplinar que piensa el hecho migratorio con lenguajes no solamente académicos o científicos. Kabbo Ka Muwala – The Girl’s Basket es una exploración artística de las perspectivas que adoptamos para comprender la migración en y desde el sur y el este de África y creada en su mayor parte por arti

stas oriundos de estas regiones. Sin limitarse al despliegue visual (que de por sí implica foto, vídeo, audio y técnicas mixtas) este evento propone reflexiones alternativas a las que habitualmente se manejan para entender los éxodos masivos con rumbo al “Norte”. Inició su periplo en Harare (Zimbabwe), acaba de inaugurarse en Kampala (Uganda) y hacia final de año podrá visitarse en Bremen (Alemania).

Gerald Machona, Vabvakure (People from far away) [videostill].

© Gerald Machona. “Vabvakure (People from far away)” [videostill].

Un vistazo al catálogo de la exposición (el cual se puede adquirir en Revolver Publishing) es suficiente para constatar que se dedica tanto espacio a los trabajos gráficos como a ensayos en los que se reflexiona, por citar someramente, sobre las implicaciones del tratamiento artístico de este fenómeno, sobre la feminidad y la migración de la mujeres zimbabweñas, los refugiados y los asentamientos en Uganda o las esperanzas y peligros de la migración. Es harto difícil mostrar aquí todas las propuestas, no sólo por su cantidad y heterogeneidad sino también porque muchas se apoyan en medios audiovisuales, exigen interacción y adquieren sentido pleno en el contexto de la exposición.

Photographic process, C-Print on Fabriano 100% cotton paper, courtesy of the artist.

Cubierta del catálogo con la obra de Berry Bickle “Makokoba”.

Este nutrido evento toma su título de una expresión en luganda, idioma predominante en el centro de Uganda pero también comprensible en swahili y en todo el este subsahariano del continente. Hace referencia a una tradición premarital que consiste en que la novia ha de llevar, tanto a su nueva familia como a su familia de origen, una cesta cargada de regalos como símbolo de prosperidad. Metafóricamente, la cesta representa las esperanzas y la bonanza, pero también las frustraciones y el desengaño que son parte indisoluble de todos los fenómenos migratorios. Además, como añadido, deja ver las repercusiones que los movimientos de población tienen sobre el género.

Cada exposición se complementa con exhibiciones puntuales centradas en la región donde se celebra y con un programa que impulsa el diálogo transnacional entre artistas emergentes, activistas, organizaciones locales y centros educativos (desde colegios hasta universidades). A diferencia del enfoque habitual de esta temática (centrado con frecuencia en el tránsito) los trabajos aquí expuestos meditan sobre aspectos menos visibilizados: las iniciativas de los migrantes en espacios ajenos y desconocidos, las formas de cohabitación a nivel local y los procesos socio-políticos tendentes a la violencia y la xenofobia.

Kabbo Ka Muwala – The Girl’s Basket es posible gracias a la asociación de instituciones tanto alemanas como africanas: está financiado por TURN fund, fundación cultural alemana que apoya proyectos de intercambio artístico entre los países africanos y Alemania; el European Master Migration and Intercultural Relations (EMMIR) y el Centre for Interdisciplinary Research on Women and Gender (ZFG), ambos de la Universidad Carl von Ossietzky de Oldenburg, Alemania; la National Gallery of Zimbabwe en Harare; la asociación Makerere Art Gallery / Institute of Heritage Conservation and Restoration en Kampala, Uganda; y la Municipal Art Gallery de Bremen, Alemania. De igual modo, africanos y europeos son también sus comisarios: Raphael Chikukwe, Katrin Peters-Klaphake, Ingmar Lähnemann y Anna Kućma (también directora creativa del Uganda Press Photo Award, sobre el que ya hablamos aquí).

Patrick Kwambi Kabeya, poeta congoleño refugiado en Tongogara, Zimbabwe, recita en la inauguración en Harare. Fotografía de Kwenda Kumbirayi.

Patrick Kwambi Kabeya, poeta congoleño refugiado en Tongogara (Zimbabwe), recita en la inauguración en Harare. Fotografía de Kwenda Kumbirayi.

La nómina de artistas que participan en Kaboo ka Muwala – The Girl’s Basket es amplísima: veinte creadores en gran parte africanos, arriesgados, experimentales y que demuestran carecer de los prejuicios que a menudo se tienen sobre la transversalidad en las artes visuales.

Las coordenadas para el planteamiento que nos ofrece Kaboo ka Muwala son la movilidad en, desde y hacia África del este y del sur. Pero decíamos al principio que la perspectiva de Kabbo ka Muwala no es académica en sentido estricto: no es un análisis etnográfico ni una reflexión socio-histórica sobre la migración. Esto comporta que la exposición no se arroga la convicción de ser el mejor o el único medio para interpretar el fenómeno, sino que abre camino a diferentes vías de comprensión desarrolladas por expertos, artistas y activistas conscientes de que nos movemos en una época de límites difusos, sentimientos de pertenencia ambiguos y cambios globales. Motivados por este afán de indagación, los organizadores han fundamentado este evento sobre tres puntos de partida:

– La migración entendida como flujo continuo

Pues todo movimiento migratorio conlleva iniciativa, empuje, esperanza pero también exilio, violencia y xenofobia. Con este criterio se remarca que la complejidad de este hecho social excede las categorías que intentan simplificar la migración y que funcionan, habitualmente, como dicotomías: legal/ilegal, voluntario/forzado, temporal/permanente, etc. Dicha concepción se propone también como una oposición a la arbitrariedad con la que las instituciones a menudo entienden la migración, habida cuenta de cómo intentan encajarla en estructuras sociales de por sí rígidas. Las propuestas de los artistas Victor Mutelekesha y Miriam Syowia Kyambi toman esta línea.

Victor Mutelekesha, "Not yet There". Escultura y videoinstalación.

Victor Mutelekesha, “Not yet There”. Escultura y videoinstalación.

– Las experiencias en la diáspora

Ya que muchos de los participantes crean desde su experiencia como migrantes. La Sudáfrica de después del apartheid sigue siendo un lugar fértil en cuanto a creación artística: los artistas deben conjugar migración, alienación y xenofobia. Esto podemos verlo tanto en autores sudafricanos (Jodi Bieber) como en aquellos que conocen de primera mano la migración o en aquellos otros que han regresado a su lugar de origen (Mimi Cherono Ng’ok). Por otro lado, artistas como Kiluanji Kia Henda tratan con ironía a los migrantes que alcanzan los países europeos, lugares considerados “civilizados” por el canon social. Yendo más allá de las fronteras intra-africanas, Emma Wolukau Wanabwa combina fotografía, vídeo y texto para exponer la historia de los miles de polacos que se asentaron en Uganda entre 1942 y 1952.

Jodi Bieber, "Operation Crackdown", Hillbrow, Johannesburg. Serie "Going Home - Illegality & Repatriation"

Jodi Bieber, “Operation Crackdown”, Hillbrow, Johannesburg. Serie “Going Home – Illegality & Repatriation”

– La ética y la estética que nace del contacto fronterizo constante

La permeabilidad de las fronteras dentro de África y la movilidad constante crean posturas políticas, militares y también, como consecuencia, dilemas éticos. Tales dilemas éticos suscitan, a su vez, posiciones estéticas y distintas formas de acercarse a los problemas desde la perspectiva artística. La intervención de Thenjiwe Nkosi y Meza Weza (creadores de The Border Farm Project) aborda los conflictos fronterizos entre Zimbabwe y Sudáfrica.

Como proyectos colectivos que forman parte de este evento hemos de mencionar a NavikArt, proyecto creado en 2014 y radicado en el campo de refugiados de Nakivale, en el sudoeste de Uganda. En estos dos años intenta ayudar a los jóvenes a encontrar una vía de desarrollo mediante la expresión artística.

Katrin Peters-Klaphake y Raphael Chikukwa muestran la exposición a la prensa. A la derecha, la instalación de Immy Mali; al fondo, una fotografía de Miriam Syowia Kyambi. Kampala, Uganda.

Katrin Peters-Klaphake y Raphael Chikukwa muestran la exposición a la prensa. A la derecha, la instalación de Immy Mali; al fondo, una fotografía de Miriam Syowia Kyambi. Kampala, Uganda.

Kabbo ka Muwala – The Girl’s Basket ya ha pasado por la National Gallery of Zimbabwe, en Harare; desde el 14 de abril hasta el 12 de junio puede visitarse en la Makerere Art Gallery en Kampala, Uganda (ved aquí parte del evento en vivo); y desde el 24 de septiembre hasta el 11 de diciembre se exhibirá en la Städische Galerie de Bremen, Alemania. El evento puede seguirse por las redes sociales:

Facebook: Kabbo Ka Muwala Exhibition Walkout

Twitter: #KabboKaMuwala

El tiempo entre telas en Mali

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Fotografía: Kim Manresa, “El lenguaje de las telas”

Cierra los ojos y dame la mano. Te cuento y tú vete imaginando. Nos vamos de viaje a la mítica Malí y has dicho que me acompañas. Tombuctú aparece ante nuestros ojos misteriosa y llena de sabiduría y nos espera junto a la bulliciosa Bamako o la más desconocida Mopti. Vamos allí donde las casas se levantan con barro y sol en un prodigio de arquitectura vernácula y los libros se amontonan cubiertos por el polvo del desierto. Paramos para dejar que el viento nos acaricie el rostro mientras degustamos un dabileni. El sonido de una kora nos indica que hemos llegado.

laura-maicaUna puerta se abre y nos encontramos dentro de una Galería cuyo nombre es Mamah Africa. Así de pronto, por sorpresa, dentro de una maravilla de color y texturas. En un mundo entre telas. Malí en cualquier rincón de esta acogedora y amplia estancia; ya sea en forma de vestido, de agenda, de libro, de collar, de fotografía, de música, de dibujo, de pañuelo, ya sea en cualquiera de las multiformas que la imaginación de la diseñadora Maica de la Carrera ha soñado y creado.

Se lleva Malí muy dentro y hay que dejarlo salir. Desparramándose, sin freno, desde allí y desde aquí. “En la actualidad y a pesar de la profunda y delicada crisis interna que se vive en Malí, el país sigue generando y proyectando una energía y creatividad únicas, por eso quisimos hacerle un homenaje a esta rica tierra de culturas bañada por el río Níger”, explican Laura y Maica, las dos hermanas que están detrás de este creativo proyecto.

Para ello se celebró la segunda “Mamah Africa Week” que, durante el pasado mes de septiembre, ha acogido a músicos (Toumami & Sidiki Diabaté, virtuosos de la kora), escritores (Ismael Diadié Haidara, custodio del Fondo Kati y autor de varios libros, entre ellos Tombuctú: andalusíes en la ciudad perdida del Sáhara (Almuzara, 2015), o la presentación de la colección de moda otoño/invierno que se recrea en las texturas y formas de la vestimenta maliense. Un intenso mes en el que también se leyó, dentro del inaugurado Club de Lectura en colaboración con “Casa África”, a Ahmadou Hampaté Bâ, un clásico de la literatura de todos los tiempos, y cuyas palabras aún resuenan plenas de actualidad: “Permanece a la escucha-se decía en la vieja África-, todo habla, todo es palabra, todo intenta comunicarnos un conocimiento…

En las paredes de la galería aún cuelgan las obras de dos artistas, un fotógrafo y una pintora, que muestran el mundo maliense desde dos puntos de vista diferentes y que durante todo el mes de febrero aún se pueden contemplar.

bogolanEl fotoperiodista Kim Manresa nos sumerge en el trabajo de creación del bogolán, el tejido que nace de la tierra, íntimamente unido a la cultura bambara. A través de sus fotografías presenciamos la laboriosa elaboración de una de las telas malienses por excelencia que conlleva el cosido a mano, la impregnación del tinte, el secado y la posterior imprimación con barro de los diversos motivos cargados de gran simbolismo y enraizados en su propia cultura, lo que las convierte en auténticos signos de identidad. Kim Manresa nos magnetiza con unas imágenes que nos trasladan a la tierra de los ocres y los marrones, a través de trozos de algodón, puñados de barro y tintes naturales de los que surgen formas y colores en los que nos perdemos. Telas que trascienden la vestimenta para convertirse en objeto cultural, junto al azul índigo y los ricos y luminosos tejidos que las hermanas Carrera han traído desde Malí para crear con ellos todo tipo de objetos (agendas, adornos decorativos, bolsos, cuadernos, llaveros…) y moda.

El fascinante y misterioso río Níger y sus habitantes son el centro de la obra de la pintora Irene López de Castro quien afirma que “huyo de toda técnica moderna, más bien lo contrario, elijo las más sencillas y al mismo tiempo algo arcaicas… porque hay algo mágico en lo artesanal, en las pinturas que se amasan con pigmentos a mano, en los fondos con texturas que recuerdan a superficies arenosas…”. Y así son los cuadros que se pueden ver en la Galería, llenos de luz y en tonalidades que contactan con la tierra. El trazo elegante y suave de Irene hace surgir las largas piraguas de las aguas del Níger, principio y génesis de una obra que se interna en la esencia maliense desde la mirada de alguien que ha sabido zambullirse en su mundo cotidiano y ha extraído la belleza de lo sencillo y lo permanente.

Navegar por los cuadros de esta artista es “expandir nuestro universo” rozando lo más íntimo de un mundo que ella ama, admira y comparte. El río. Ese largo río fuente vital para muchos malienses, reflejo también en otra parte de su recorrido, en Bamako, del tumultuoso movimiento urbano que tan bien expresaba el escritor Moussa Konaté, “Más allá de la espesa cortina de caobas de la sabana, el río parecía adormecido bajo la fina nube de vapor que flotaba sobre su superficie; testigo indolente de las angustias e infamias de la ciudad, casi nunca se encolerizaba”. Un río, metáfora siempre de lo mutable, que incorpora imágenes detenidas que parecen flotar, impregnadas de ese concepto africano del tiempo tan diferente al nuestro, y que nos muestra figuras femeninas que lavan la ropa en sus orillas y las tienden al sol mientras conversan.

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Abre los ojos si quieres. La kora prodigiosa sigue sonando y nos resistimos a abandonar el local pero cerramos la puerta. Se acabó de momento el viaje, este viaje en el que me has acompañado. Puedes iniciar el tuyo cuando quieras. Lo tienes todo preparado para comenzarlo, y si no es éste, en la Galería “Mamah Africa” ya están pensando en el siguiente. Cuando quieras.

La Galería de Mamah Africa se encuentra ubicada en la calle Conde Duque número 48, bajo dcha en Madrid. Da cabida, además, durante todo el año a numerosas actividades relacionadas con la difusión de la cultura africana como presentaciones de libros, de discos, cuentacuentos, club de lectura, talleres de cartonaje y de tocados con telas africanas, de cocina…

Este año ha sido galardonada con el Premio Dedales de Oro.

Beth Lesser : De la cultura Roots Reggae al Dancehall en Jamaica.

Jamaican-Soundsystem

Beth Lesser es una autora y fotógrafa de Reggae y Dancehall procedente de Toronto, Canada.

Si bien el movimiento espiritual Rastafari no surgió hasta 1930 en Jamaica inspirado en Marcus Garvey, el Reggae es un género musical que se desarrolló por primera vez en la isla hacia mediados de los años 1960. Como desarrollo de géneros anteriores como el Ska y el Rocksteady, se caracteriza rítmicamente por un tipo de acentuación del off-beat conocida como skank más lenta.

The Wailers, una banda formada por Bob Marley, Peter Tosh y Bunny Wailer en 1963, son quizá el grupo más conocido que hizo la transición a través de las tres etapas la primera música popular jamaicana: Ska, Rocksteady y Reggae. Otros pioneros del Reggae incluyen a Prince Buster, Desmond Dekker, Jackie Mittoo y Annie Acosta.

Dentro del Reggae se encuentran varios subgéneros como el Early Reggae o Skinhead Reggae (1960), el Roots Reggae (1960) , el Dub (1960), Rockers (1970) y Lovers Rock (Londres, 1970).

Roots Reggae es el subgénero de Reggae en el que se centra la fotógrafa Beth Lesser como punto de partida hacia el Dancehall. Se trata de un tipo de Reggae de vertiente espiritual cuyas letras se dedican predominantemente a enaltecer a Jah (Dios). Entre los temas más recurrentes se encuentran la pobreza y la resistencia al gobierno y a la opresión racial. Muchas de las canciones de Bob Marley y de Peter Tosh pueden considerarse Roots Reggae. La cima creativa del Roots Reggae se dió hacia finales de los años 1970 con cantantes como Burning Spear, Gregory Isaacs, Freddie McGregor, Johnny Clarke, Horace Andy, Ijahman Levi, Barrington Levy, Big Youth y Linval Thompson, y bandas como Culture, Israel Vibration, The Meditations y Misty in Roots, mano a mano con productores como Lee ‘Scratch’ Perry y Coxsone Dodd.

El Dancehall es un género musical derivado del Reggae. Primero conocido como rub-a-dub, fue desarrollado alrededor de 1980, por artistas como Yellowman, Super Cat y Shabba Ranks. El estilo se caracterizó por cantar como los deejay y rapear o hacer toasting sobre rhythms crudos y más rápidos. Ragga (también conocido como Raggamuffin) y reggae fusion son subgéneros del Dancehall donde actualmente la instrumentación principalmente es llevada a cabo mediante música electrónica y sampling. Entre los pioneros del ragga están Shinehead y Buju Banton.

Són influencias de ambos géneros, Reggae y Dancehall,  el Mento, el Calipso, el Jazz y han sido clave para géneros como el Hip Hop. El Rap sobre instrumental fue utilizado por primera vez en Jamaica en 1960, donde se le conocía como Toasting, por deejays como U-Roy y Dennis Alcapone. Estilo que influyó poderosamente sobre el DJ jamaicano Kool Herc quien lo utilizó en Nueva York usando instrumentales de discos Funk a mediados de los años 1970 sentando los precedentes del Hip Hop.

Beth Lesser

Lesser tomó contacto con el Reggae en 1977 y junto a David Kingston crearon un fanzine en 1980. Cuando se les propuso incluir otros artistas se aventuraron en territorio Dancehall. Completamente fascinados con el sonido, estética y cultura decidieron viajar a Jamaica para documentar rigurosamente la escena y se casaron en 1986. Durante 10 años, además de publicar un magazine, visitaron Jamaica y Nueva York regularmente donde hicieron entrevistas, y donde Beth hizo miles de fotografías a dj’s, productores, músicos y cantantes en los Soundsystems, estudios de grabación y emisoras de radio que frecuentaba, muchas de las cuales portadas de numerosos LP’s.

En 1989 publicó un libro explorando la revolución digital en Jamaica, ‘King Jammys’ y en 2008 publicó una colección de sus fotografías sobre el Dancehall de los anos 80 titulada ‘Dance Hall: The Rise of Dance Hall Culture’. También publicó una biografía del legendario cantante Sugar Minott tras su muerte en 2010 plasmando no solo su carrera musical siendo el precursor en reciclar antiguos sonidos de finales de los 60, sino también su trabajo comunitario.

 

Tras cumplir el 60 aniversario de la cultura Soundsystem en el Reino Unido, la exposición ‘From Roots to Dancehall‘ es una selección de las mejores fotografías de Beth Lesser sobre el nacimiento de la cultura Dancehall en Jamaica en 1980. Podeis visitarla hasta el próximo 30 de enero en KK Outlet, Londres.

 

Beth Lesser

Pompidou and general Leon Jammys yard (1986)

Beth Lesser

 

 

‘Here Africa’ o el arte africano contemporáneo a través de sus artistas (Brasil)

Si de algo estamos orgullos en Sao Paulo es de los SESC. Los SESC (Servicio Social del Comercio), son instituciones sin ánimo de lucro sustentadas por los empresarios del comercio, servicios y turismo. El Estado de Sao Paulo es el más industrializado de Brasil y ello ha permitido un desarrollo de importantes centros dedicados a fomentar el deporte y la cultura a cualquier tipo de público, independientemente de la edad o condición social.

Here AfricaEn el SESC del barrio de Belem, zona Este de la capital paulista, con motivo del día de la consciencia negra, el pasado 19 de noviembre fue inaugurada una exposición dedicada al África más contemporánea. Proyectada por la institución Art for the World y comisariada por la conocida curadora Adelina von Fürstenberg, la exposición recoge a través de 13 artistas del África subsahariana una visión contemporánea del continente africano. Gran parte de las obras provienen de la colección del CAAC (Contemporary African Art Collection), perteneciente al italiano Jean Pigozzi y de la Galeria Lelong.

Como novedad, von Fürstenberg selecciona obras de diferentes tipos de formato tales como pinturas, fotografía, instalaciones, vídeos y esculturas. Como eje común, la exposición tiene como objetivo mostrar los problemas derivados de la inmigración africana, hechos que siguen en la actualidad siendo de mayor actualidad.

La muestra está organizada en dos espacios separados, y una gran instalación está en una de las zonas de encuentro del centro. Esa la obra del artista camerunés Toguo , cuya obra Carretera para el exilio, muestra el drama de la inmigración por mar. La figura de un gran barco de 8 metros con cerca de mil garrafas, bolsas de plásticos y paños de diferentes tejidos es el símbolo más fuerte del refugiado, ubicándose sobre el suelo de cristal que cubre la piscina del SESC, y creando así una visión más estética y real.

Una de las grandes obras pictóricas de la exposición, son las obras del senegalés Omar Ba . Para dicho artista, los muros entre Occidente y Oriente todavía existen, y con su obra El Muro, quiere eso mismo, denunciar las relaciones de colonialismo que aún existen entre Occidente y África. Realizada con 600 cajas de cartón, el muro está levantado en frente de un autorretrato, Conquistador, que pintó en las paredes de la exposición como símbolo del antisistema político africano.

ROMUALD HAZOUMÉ - androgino, 2000, tecnica mixta, 210x70x60 cm

ROMUALD HAZOUMÉ – androgino, 2000, tecnica mixta, 210x70x60 cm

Como escultor, destaca en la exposición las obras del artista Romuald Hazuamé (Benin). Representado por sus famosas máscaras, Hazuamé muestra una selección de 26 esculturas realizadas con materiales de desecho e inspiradas en la iconografía local de Benin. Sus trabajos forman parte de importantes colecciones de arte y está presente también en ferias de arte internacional.

Al igual que el anterior, los artistas Fréderic Bruly Bouabré y J.D.`Okhais Ojeikre´, procedentes de Costa de Marfil y Nigeria respectivamente, son artistas diríamos clásicos del arte africano contemporáneo. Ambos fallecidos en 2014, Bouabré fue uno de los grandes dibujantes africanos, referente de toda una generación de dibujantes locales. Tras su exposición en el Pompidou de Paris en 1989, Bouabré se consagró como un artista internacional y viene esta vez a Sao Paulo con un conjunto de 30 dibujos de una serie que dedicó a las relaciones entre África y Brasil. Por el contrario, las fotografías en blanco y negro de Okhai Ojeikere, acentúan la fuerza de la cultura nigeriana a través de los peinados de sus mujeres, casi esculturas del cotidiano local. Sus formas, curvas son un reflejo del pasado y del presente de la mujer africana.

Para finalizar este recorrido, es imprescindible destacar la excelente selección de videoarte y cortos de artistas de Benin. Patrocinados y seleccionados por el Kuturforum Sur-Norte, los vídeos confirman la calidad del videoarte en los últimos 10 años en Benin. Temas sociales, políticos, religiosos o raciales forman una telaraña de historias que pueden relacionarse directamente con la historia más reciente en Brasil. Están patrocinados por un comité internacional especialistas en videocreación.

Además de los artistas citados, el resto de exponentes (Chéri Samba, Edson Chagas, Idrissa Ouedraogo, Kudzanai Chiurai, Agbodjelou, Rigobert Nimi e Samuel Kané Kwei) demuestran una vez más una visión revolucionaria, a veces contradictoria de lo que es la cultura africana y su conexión con Brasil. Para el público brasileño, esta es una oportunidad más de adentrarse en el pasado de la esclavitud brasileña, de un no tan lejano año 1888, año de la abolición de la esclavitud en Brasil.

J.D. 'OKHAI OJEIKERE - Mmon Mmon edet ubok, 1974, fotografia por processo de prata coloidal, 60x50 cm

J.D. ‘OKHAI OJEIKERE – Mmon Mmon edet ubok, 1974, fotografia por processo de prata coloidal, 60×50 cm

Además, el SESC a través de los educadores de la exposición, están realizando una serie de actividades complementarias con todo tipo de público, aprovechando además las vacaciones escolares. Para el populoso barrio Belem, la muestra se presenta como lugar para conocer instrumentos africanos, realizar máscaras con materiales reutilizables, realizar muñecas de trapo para niños como las realizadas en la época de la esclavitud y narración de cuentos tradicionales africanos, realizando así pequeñas acciones sobre la propia exposición. El África que vemos es a veces poético y contrasta de algún modo con la exclusión social, la denuncia racial y la inmigración. Ello pone de relieve que lo pasado sigue siendo actual porque quizás ese pasado esclavo no fue todavía superado ni en Brasil ni en el continente africano.

 

 

 

Cinco exposiciones para sumergirnos en África antes de 2016

Este 2015 nos deja sin duda un atractivo panorama de producciones culturales en el continente que hemos ido desgranando a lo largo del año en nuestra revista, en cada una de las secciones en las que trabajamos: música, cine, letras africanas y artes visuales.

Pero una muy buena manera de despedir el año y empezar el 2016 con energia es sumergiéndonos en las artes contemporáneas africanas en vivo y en directo, ya que tenemos la oportunidad a través de las diferentes exposiciones que hay en varios puntos de nuestro país. Quién sabe, quizá estás vacaciones se puedan aprovechar para hacer la ruta de las exposiciones de artes africanas…Lo dejamos a vuestro criterio, pero por si acaso estáis cerca, hacemos un breve repaso por las más destacadas:

 

>>Madagascar 1906 – Casa África – Las Palmas de Gran Canaria – Del 2 de octubre al 30 de diciembre de 2015

Una deliciosa muestra de fotografías que recoge imágenes de principios de siglo que dan muestra de las costumbres de las gentes por aquel entonces. Las fotos están hechas por una fotógrafa anónima, una viajera pusiente, que se dedicó a contemplar y plasmar el modo de vida de la población local. Este proyecto, iniciativa de Zero Memory Archive, tiene una interesante historia que ha pasado por manos de varios anticuarios. “La mujer que realiza estas fotos pertenece a ese grupo de maravillosas damas viajeras cuya labor era mostrar al resto del mundo lo que sólo ellas y los nativos habían visto, incorporando el componente emocional en la percepción del continente, aportando minuciosidad y sensibiliad, intentando despejar esa incógnita que el ciudadano africano seguía siendo a medida que occidente se familiarizaba con África”, cuenta Casa África. Muy recomendada si estáis por las Palmas estos días antes de que acabe el año.

>>Making Africa – Museo Guggenheim Bilbao – Del 30 de octubre al 21 de febrero de 2016

Definitivamente una oportunidad de ver en nuestro país una exposición que da muestra de lo que se está haciendo en África. Ya hablamos de ello en nuestro magacín cuando se inauguró en Bilbao: “Su objetivo es cuestionarse de qué manera el diseño influye en los cambios políticos, sociales, culturales o tecnológicos en el mundo, y para ello vuelve su mirada hacia África y una nueva generación de creadores, pensadores y artistas, presentando una serie de obras interdisciplinarias. Su intención no es abarcar el continente entero, un continente plural con miles de realidades distintas, sino mostrar una nueva visión de éste, lejos de los prejuicios a los que los medios nos tienen acostumbrados: un continente que cambia a pasos agigantados, que crea, que emprende”.

Así no nos queda más que recomendarla y rescatar una de las sugerentes frases que describen la exposición “Son trabajos que sirven como nexo entre la revolución digital y nuestra existencia analógica; que reinventan los materiales de manera radical; que reflejan un sentido de la responsabilidad hacia la sociedad más que hacia el mercado; y que realizan atrevidas afirmaciones acerca del futuro”.

>>Dakar. Cuerpo a cuerpo – África imprescindible – Pamplona – Del 10 de diciembre al 10 de enero de 2016

A través de 81 fotografías y dos vídeos, la exposición nos narra algunos de los problemas ligados a la urbanización desmesurada, el medioambiente y la pobreza en Dakar (Senegal). Además, expresa el contexto, el paisaje y cuerpos singulares, con historias explicadas en primera persona. Esta exposición que fue expuesta en Casa África anteriormente, fue Premio Casa África en la edición 2011 de la Bienal de Fotografía de Bamako (Mali). En Wiriko tuvimos la oportunidad de entrevistar a esta fotógrafa a propósito de “Retratar un clima” que parte de la premisa de que es posible y necesario crear un diálogo entre las movilizaciones que se suceden, se enlazan y se afectan en las ciudades de todo el mundo. Este proyecto será el que la traiga de nuevo a nuestro país; buen momento para retratar el clima electoral.

>>Street Attitude – Galería Out of Africa – Barcelona – Del 5 de diciembre al 31 de enero de 2016

La exposición se centra en la obra de la artista camerunesa Kristine Tsala, integrante del colectivo camerunés 3Kokorikos del que hablamos hace tiempo en el magacín. Hoy en día, la vida cotidiana en las urbes, sigue siendo la fuente de inspiración de la artista, con mujeres muy presentes en su obra, que llevan tejidos de colores. También le inspira el encuentro tradición-modernidad reflejado en sus pinturas al óleo y acrílicas de vivos colores.

 

>>Restrospectiva KALAO 10 años – Kalao Bilbao – Del 16 de octubre al 31 de diciembre de 2015

threeboystwoA través de esta retrospectiva, Kalao celebra sus 10 años acercando artistas africanos contemporáneos a pesar de las dificultades que hay en el ámbito de la promoción cultural. Para ello, presentan una de muestra de los artistas que han estado expuestos en sus paredes durante su andadura, agradeciendo a aquellas personas y organizaciones que han formado parte de ella.

Artistas como Camara Guèye, del que ya hablamos en Wiriko, Nú Barreto, Nástio Mosquito o Natalie Bikoro, son solo algunos de los artistas que han pasado por Bilbao. Para conocerlos mejor, os recomendamos asomaros por Kalao.

Cristina Bayo: “La cultura africana se está empezando a entender y valorar”

El museo de arte africano de Valladolid, la Fundación Jiménez-Arellano Alonso, es, tristemente, una rara avis en el panorama artístico español. Fundado en el año 2004, cuenta con tres salas de exposición donde se trata de acercar al público un pedazo de la culturas y las artes de África. Más de 400 obras, la mayoría esculturas, forman parte de los fondos del museo, de las cuales unas 150 están expuestas al público.

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Llego con un poco de tiempo a la cita. Allí, en el patio del Palacio de Santa Cruz, espero unos minutos hasta que Cristina Bayo, la conservadora del museo, me recibe con una agradable sonrisa.

La entrevista podía esperar un poco; iba a conocer de primera mano la exposición. Nos dirigimos al Salón de Rectores, la primera sala donde los visitantes comienzan a tener un primer contacto con las artes africanas. No tardamos en entrar en la Sala del Renacimiento, la joya de la corona. Aquí se encuentran las principales esculturas y las más admiradas por todo el que pasa por el museo. Cuenta en sus haberes con quince esculturas de la desaparecida cultura Nok de Nigeria, de la que sólo se han hallado mil piezas o una cabeza del rey de Benín, algo extraordinario ya que actualmente sólo se han localizado diez figuras de este tipo en todo el mundo.

La última de las salas alberga la exposición sobre el Reino de Oku, un reino situado en Camerún cuyo rey, el Fon Sintieh II, cedió las máscaras, fetiches, su propio trono, camas y trajes ceremoniales y su pórtico real para la difusión de la cultura de Oku en Europa. Es aquí donde, sin duda alguna, podemos viajar hasta tierras camerunesas y conocer de cerca el arte y la magia de África.

Volvemos al Salón de Rectores para terminar la visita y lanzar mis preguntas. Esta vez hay algo que llama mucho mi atención. Tanto la primera como la segunda sala están en penumbra. Una oscuridad que choca con la iluminación de las obras expuestas: parece que, por fin, las artes africanas pueden arrojar un poco de luz sobre tanto desconocimiento.

P.A. La fundación cumple ya once años y, como suele decirse, los inicios siempre son complicados. ¿Cómo empezó todo? 

C.B. Como dices los primeros años fueron bastante difíciles. Todo comenzó cuando Ana y Alberto, el matrimonio Jiménez-Arellano Alonso, que tenían una colección extraordinaria en su casa (eran coleccionistas de arte) decidieron donar los fondos a la Universidad de Valladolid. La situación no era sencilla ya que había que encontrar unas salas que se adaptaran a la colección. Se eligió el Palacio de Santa Cruz que era y es la sede de la Universidad de Valladolid, lo que suponía un handicap a mayores. Además la colección venía de fuera y el arte africano es un arte desconocido. Lograr que el publico se acerque de primeras resultó muy complicado. Además los cambios rectorales de la universidad y de los directores afectaron muchísimo al funcionamiento y a la estabilidad de la fundación.

¿Y cuándo mejoró todo? 

Lo tengo muy claro. No voy a ser pelota con mi directora actual – comenta con una sonrisa- pero es la realidad. Cuando Amelia Aguado entró a formar parte de la fundación empezó el boom. Además su llegada coincidió con la inauguración de la exposición del reino de Oku en el año 2012. Toda la labor que hace ella como gestora cultural es impresionante. Toda la difusión que sabe hacer en redes sociales ha dado un buen empujón a la exposición.

¿A qué se debe la especialización en el arte africano?

Lo cierto es que el museo tiene unos fondos muy variados. Contamos con una buena colección de arte contemporáneo occidental, así como arte asiático, una muestra de arte precolombino y la exposición de arte africano.  De todos ellos el más desconocido era el arte africano, era algo especial y sabíamos que tarde o temprano llamaría la atención por su desconocimiento. Además el volumen de la colección de piezas africanas y la calidad de las obras nos convenció para empezar a impulsar este proyecto.

¿Qué es lo que podemos encontrar en el museo? 

La colección cuenta con más de 150 obras expuestas. La mayor parte son esculturas, terracotas de diferentes países del África subsahariana: Malí, Níger, Nigeria, Burkina Faso, República Democrática del Congo, Etiopía, Tanzania… y representa a muchas culturas actuales como otras que han desaparecido. En el museo están representados muchos pueblos del continente africano: Nok, Dakakari, Sokoto, Katsina, Ife, Bura, Jukun, Paré o los Falasaha, por ejemplo.

¿Cuál es el origen de las obras que exponéis? ¿Cual es su procedencia?

El matrimonio empezó a añadir obras a su colección a través de subastas y galerías de arte. Al comienzo eran subastas internacionales realizadas en países como Bélgica o Francia. Países donde el arte africano tiene un valor mucho mayor que España. En los últimos años, si que es verdad, algo ha cambiado. Las últimas esculturas se han obtenido en galerías de arte africano con sede en España, en Barcelona y en Madrid.

Máscara Oku

Máscara Oku

Las obras expuestas en el museo forman parte del arte tradicional y sobre todo son esculturas. ¿Tenéis pensado abrir la colección al arte contemporáneo africano? 

De primeras el problema que tenemos es que los fondos que están expuestos son permanente. El palacio da de si lo que da de si. El arte contemporáneo siempre nos ha parecido interesante y fundamental para entender la realidad africana, pero bien es verdad que no lo podemos incluir dentro de las salas. Sin embargo con el Reino de Oku  sí que hay una representación de los siglos XX-XXI y ayudamos a que se incluyan obras contemporáneas. Actualmente estamos incluyendo en nuestros espacios temporales, como “miradas sobre África” o en la galería de San Ambrosio, donde esta el reino de Oku, pinturas de Verónica Alcacer que ha trabajado durante años en África.  Es por ahí por donde intentamos ampliar un poco la mirada hacia el arte más contemporáneo.

¿Cuál crees que son los principales obstáculos que impiden que el arte contemporáneo empiece a entrar en nuestro país? ¿por qué nos cuesta tanto valorar el arte africano en general y el contemporáneo en particular?

El principal obstáculo siempre es el desconocimiento y la ignorancia. El arte contemporáneo  es el desconocido del gran público. La gente está acostumbrada a visitar exposiciones con obras góticas, renacentistas… pero el arte contemporáneo es más difícil de comprender y es lo que impide a mucha gente dar el paso y conocer lo nuevo. Ya si hablamos del arte contemporáneo africano tenemos un gran problema. Aquí se une el desconocimiento del arte contemporáneo con un arte que, para la mayoría de la gente, es muy distinto, externo y poco o nada conocido.

¿Habéis pensado en colaborar con otras asociaciones y dinamizar la colección relacionándola con el cine, la literatura o las artes visuales, como la pintura u otras disciplinas?

Tenemos la obligación de difundir el arte y la cultura africana. Estamos en contacto constante con varias asociaciones de todo tipo. Por ejemplo todos los años participamos en el ciclo de cine africano que impulsa la organización Umoya. También trabajamos con otras asociaciones que no se encuadran en el ámbito africano, como ASPAYM (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos) con otros museos, con la propia universidad de Valladolid o con diversos colegios. Creemos que la difusión de África debe hacerse a través de todos los medios y los actores posibles. De hecho una de nuestras propuestas estrella ha sido la de acercar reproducciones del museo a diferentes bodegas de la provincia. Nos hemos dado cuenta que la unión de arte africano y vino es una vía excelente para hacer que la gente descubra África. Cuando hemos llevado las reproducciones a las bodegas la gente se asombra, les entra la curiosidad y se animan a descubrir el museo. Y te aseguro que acaban repitiendo. Se genera un ambiente único y en el fondo la base es la misma. En África también se bebe vino y es una tradición milenaria.

Actualmente en España sólo existe otro museo de arte africano permanente, el Museo Africano Mundo Negro de Madrid. Esto os convierte en un referente nacional, pero también demuestra que en España nos cuesta mucho reconocer las artes africanas. ¿Cómo lográis daros a conocer entre el público?

Para mí ese es el gran logro. Hay dos vías una a nivel nacional e internacional y otra a un nivel más local. La primera se basa en la difusión a través de las redes sociales para que nos conozcan fuera de Valladolid y conseguir que los visitantes se acerquen al museo. A nivel local nuestra idea es no cerrar puertas, salir a la calle y que la gente nos conozca. Eso es imprescindible. Sacar las reproducciones del museo es acercarnos a la gente. Sacar grandes carteles en la plaza de Portugalete es conseguir llamar la atención, hacernos visibles.

Francia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos y, en menor medida, Italia, cuentan con un enorme número de centros especializados en las artes africanas, incluidas las contemporáneas. En nuestro país esto esta cambiando poco a poco gracias a exposiciones temporales como “África. Mito y Realidad” que acogió la Casa del Cordón de Burgos el año pasado o la gran expo “Making Africa” del Guggenheim. ¿Pero qué es lo que nos diferencia de nuestros vecinos? 

España está a tan sólo 14 kilómetros de África. Eso debería ser un punto a favor. Desgraciadamente no lo es. Británicos, belgas, franceses… todos ellos impusieron un colonialismo muy duro, que se refleja en la extracción de obras y piezas africanas para llenar los fondos de los museos, hay mucha más tradición allí. Esos países viven de cerca el arte africano y de hecho muchos artistas africanos han tenido relación con las antiguas metrópolis. España no tiene ese contacto y no se dejó influenciar por sus colonias. Esa es la principal diferencia que veo. Eso y quizás que nuestros planteamientos artísticos son diferentes. El valor que los franceses le dan al arte contemporáneo no es comprable al valor que le damos aquí.

¿Cuál ha sido el nivel de acogida entre el público en los últimos años? 

Lo cierto es que en 2010 cerramos el museo durante casi un año y medio. Todo lo que teníamos ganado entre el público, que ya nos conocía desde 2004, lo perdimos. Tuvimos que volver a empezar. Pero eso nos ayudó a plantearnos el proyecto y a repensarlo todo de nuevo. El boca a boca ha sido esencial, cada vez hay más visitantes y esos visitantes están trayendo a más gente. Creo que la acogida entre el público ha sido mucho mayor a raíz de la inauguración del Reino de Oku. Además la calidad del visitante está cambiando. Antes sólo se acercaban personas que tenían un desconocimiento total de las artes africanas, sin embargo últimamente los visitantes que llegan ya conocen algo de África. La cultura africana se está empezando a entender y a valorar. Eso lo vemos en el número de colegios que nos visita. En este curso nos han visitado ya doce colegios de Valladolid y Palencia. Los niños se acercan a la cultura africana y así conseguimos construir una base para el futuro.

¿Qué importancia le dais a las redes sociales como medio de difusión del museo y de las artes africanas? 

R. Es imprescindible porque estamos difundiendo de forma rápida y sencilla la colección que tenemos. Pero también le damos otra función a las redes sociales: destacar la importancia de la cultura africana y el valor que tiene África. Un fin fundamental es acabar con las barreras físicas y de color entre unas sociedades y otras. Al final todos somos iguales. Comprender al otro, difundir las artes y la cultura africana y la tolerancia se han convertido en el eje del uso de las redes sociales.