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AfroCubism: “hay mucha música del oeste de África que necesita salir a la luz”

El elenco de AfroCubism Revisted se presenta en Londres / Foto: @dennismcinally

La burocracia se puso de por medio. Nick Gold, cabeza pensante del sello discográfico World Circuit, quiso hacer una trabajo colaborativo entre músicos de Malí y Cuba hace veinte años. Pero los malienses, por problemas de visados, nunca pisaron la isla. Los cubanos reunidos en el estudio Egrem de La Habana decidieron hacer uso del espacio y nació uno de los hitos musicales más importantes del pasado siglo: Buena Vista Social Club. En 2010 Gold recuperó la idea. Esta vez en Madrid, Elaides Ochoa, Toumani Diabaté, Bassekou Kouyaté y Kasse Mady Diabaté entre otros se reunieron para grabar AfroCubism.

“El primer proyecto fue algo muy famoso. Y ahora lo revisamos porque hay mucha música que necesita salir a la luz. Y no sólo de Buena Vista Social Club sino del oeste de África”, explica el trompetista cubano Yelfris Valdés. El músico, junto con el senegalés Seckou Keita, hablaron con Wiriko antes de la presentación de AfroCubism Revisited en el Islington Town Hall de Londres.

Este nuevo proyecto es otro capítulo en una historia cultural que se remonta a la llegada de los esclavos africanos a la por entonces colonia española. En este caso sólo el maliense Bassekou Kouyaté (ngoni) repite en grupo joven pero muy bien capacitado y en el que se unen Seckou Keita (kora), Yelfris Valdés (trompeta), Hammadi Valdés (percusión) y Ednar Enrique Bosch Landa (guitarra). Unos músicos que apenas tuvieron una semana para conocerse y ensayar el repertorio de lo que fue una actualización del disco AfroCubism aunque también se acomodaron algunas composiciones propias.

“Esta es una nueva generación de jóvenes músicos pero también es más diversa. No es sólo Cuba y Malí sino Senegal, Gambia e incluso Italia. El desafío es mantener el respeto a los mayores que hicieron el trabajo aunque a mí me gustaría que el proyecto tomara otra dirección. Algo más variado donde se probaran más sonidos cubanos procedentes de la cultura yoruba e ir más profundamente a la cultura mandé”, describe Keita.

Yelfris Valdés ha asumido la dirección musical de este proyecto en el que ha tratado de “que todos tengan un lenguaje propio y que converjan. Teníamos que sentirnos cómodos y pasarla bien”. Impera la música en un intercambio que abarca distintos territorios separados por el océano Atlántico pero cuyos bagajes sonoros se entrelazan fácilmente.

“Cuando trabajo con músicos cubanos siempre me dicen que lo que hacen es África. La cultura mandé hizo que los sonidos cubanos se enraizaran en nuestra tierra”, dice Keita. “Los cubanos somos muy acérrimos de nuestra clave 6×8 pero eso ya existía en la cultura mandé y es algo que hemos admitido. Además hay ritmos, por ejemplos yorubas, que aunque no son populares en Cuba conectan con el África occidental”, explica Valdés.

Bassekou Kouyaté es el único integrante del primer proyecto AfroCubism. Foto: @dennismcinally

Tanto Keita como Valdés se mostraron entusiasmados por pertenecer a este grupo que basa su trabajo en el respeto a los anteriores miembros. Apuestan por disfrutar de la colaboración y asentarse en la amplia frontera entre la música tradicional y los nuevos sonidos para ahondar en un intercambio musical que ahora busca la continuidad.

“Es una pena dejar toda la responsabilidad a Nick (Gold). Después de que se lanzara el álbum no se hizo nada. La posibilidad es que el “afrocubismo” renazca y continúe con otra generación”, dice Keita cuya visión es muy similar a la de Valdés: AfroCubism fue algo efímero. Había muchas estrellas y muchos egos y además estaba la parte monetaria. Eran muchos los costes para reunirlos a todos y llevar a las figuras al escenario. Esto puede ser una nueva etapa en lo que se conoce como músicas del mundo ya que es un proyecto al que se le puede sacar fruto”.

Los vínculos entre Cuba y los países del oeste africano se consolidan cada cierto tiempo. Algunos son eternos, como la Orchestra Baobab y otros aparecen para reafirmar una historia sonora que parte de una misma tierra. Richard Bona publicó el pasado año su particular recorrido por las raíces sonoras de África en Cuba mientras que el propio Seckou Keita acaba de lanzar un álbum en colaboración con el pianista cubano Omar Sosa. AfroCubism Revisited es otro paso hacia delante de un movimiento que regenera una conexión musical natural con el Atlántico como único intermediario.

Entrevista a la Orchestra Baobab

La Orchestra Baobab es quizás una de las bandas más icónicas de África. Formada en la capital de Senegal, Dakar, en 1970, se retroalimenta de la fusión afrocubana y su música es una mezcolanza de son y salsa combinados con la rumba congolesa, el sonido criollo y otras reminiscencias musicales que aportan sus distintos componentes.

La Orchestra Baobab durante un concierto / Foto: Mário Pires

La Orchestra Baobab durante un concierto / Foto: Mário Pires

Decir que la Orchestra Baobab es de Dakar es puntualizar el origen de creación de una banda que cuenta con un togolés, un descendiente de marroquíes y músicos provenientes de varias zonas de Senegal con dispares tradiciones. “La Orchestra Baobab es una orquesta hispano-africana, con personas de diferentes nacionalidades y que es precisamente esto lo que permite crear esa mezcla de música y sonidos”, describe Rudy Gomis que recibió a Wiriko junto con otro de los miembros fundadores de la agrupación, Balla Sidibe.

La diversidad cultural del grupo promueve una emulsión de sonidos que sin embargo se vio afectada con la irrupción del mbalax. Este género, que une música tradicional senegalesa y sonidos poperos occidentales, se popularizó gracias al cantante Youssou N´Dour y fue un reto al que la banda no pudo echarle el pulso.

Unido con el cansancio acumulado tras años de tocar en directo, la Orchestra Baobab se disolvió en 1985. Atrás quedaban las noches de los lunes en el Café Palladium de Dakar que dieron paso a la consagración en el Club Baobab. Una década, la de los setenta, que trae recuerdos a Gomis: “lo que más añoramos es la actitud de la gente, el nivel de vida es más caro, hemos perdido muchos amigos y con los nuevos se instala la nostalgia. Nos hemos hecho mayores y nuestros hijos han crecido. No vemos la vida de la misma manera. No hay fuego (ríe), pero hacemos todo lo que podemos para que esto marche como debe.”

Pero la banda sigue con su identidad, aquella a la que no renunció cuando el mbalax dominaba la escena musical senegalesa. “No hemos cambiado, somos los mismos músicos. Es cierto que algunos trabajan y tienen clientes y no pueden asistir a todos los conciertos pero siempre hay alguien que puede ir y actuar”, dice Sidibe.

Estamos todos juntos y afortunadamente hay muchas personas que nos siguen y están siempre ahí. Y es necesario agradecer de alguna manera esto. Yo creo que la Orchestra Baobab es la misma”, explica Gomis sobre el compromiso de los componentes y el cariño que la banda recibe internacionalmente.

Cuando en 1989 el sello musical World Circuit lanzó Pirate´s Choice la banda seguía separada aunque si alguien continuó “prendiendo el fuego” fue el percusionista y cantante Balla Sidibe. Bajo la categoría ‘músicas del mundo’, que se extendió por Occidente a principios de los 90, la banda senegalesa revivió su popularidad mientras el productor británico Nick Gold fantaseaba con la reagrupación.

Somos más conocidos en el exterior que en Senegal”, apunta Sidibe aunque mantienen sus conciertos cada sábado en un club de Dakar.

Mayo de 2001 fue la fecha elegida. El sueño de Gold se hacía realidad y con la ayuda de Youssou N´Dour, la Orchestra Baobab volvía a los escenarios. Precisamente en Londres. Un concierto especial que trajo la reunión de la banda y la reedición de Pirate´s Choice. Un año más tarde, con el regusto, llegó su álbum Specialist in All Styles tras casi 20 años sin publicar material inédito. Y desde entonces, Made in Dakar (2007) ha sido lo último que la banda ha realizado. Son ya 8 años pero se intuye disco a la vista.. “Estamos preparando el lanzamiento de un CD, uno nuevo que llegará pronto”, dice Gomis.


De vuelta a la Dakar de los 70:
Eran casi las 9 de la noche cuando el grupo senegalés salió al escenario del Royal Festival Hall. Tras casi tres años sin actuar ante el público londinense, la cita se antojaba imprescindible.

El camerunés Blick Bassy se encargó de amenizar la espera de la banda con la que era su presentación el Reino Unido. Nunca había tocado en tierra británicas y se mostró agradecido por el recibimiento. El repaso a los temas de su último disco, Akö, trajo al escenario un trío inusual pero eficiente. Banyo, trombón y violoncelo en una combinación sensual y delicada. Con el tema Mama, en colaboración con el público, y con su última canción One Love ya se divisaba que el personal no iba a permanecer mucho tiempo sentado en sus butacas.

La Orchestra Baobab arrancó tranquila. Con Dée Moo Wóor como aperitivo a Sutukun y a Jiin Ma Jiin Ma donde la tentación del baile ya era demasiado peligrosa. Las primeras filas se levantaron de sus asientos para contagiar a un auditorio que se convirtió en una pista de baile hasta el final de la actuación.

El grupo repasó sus clásicos. “El repertorio no va a cambiar mucho. Si tengo un buen restaurante que la gente adora y vienen para comer, no necesito cambiar el menú. De vez en cuando diré “eh! tengo algo nuevo”, pequeñas cosas. Pero no tengo la necesidad de cambiar toda mi cocina, perdería mis clientes”, advertía Rudy Gomis a Wiriko tras la prueba de sonido.

Hilvanando sus característicos sonidos cubanos y sus raíces senegalesas, se llegó a los clásicos On Verra Ça y a la aclamada Utrus Horas. La audiencia se trasladó al evocado Baobab Club por algo más de hora y media en un concierto se echó de menos la guitarra del togolés Barthelmemy Attiso. El también abogado, Attiso es uno de los miembros más reconocidos de la banda, tuvo que asuntarse debido a su trabajo en un caso judicial. Sin embargo, sus palabras sobre el grupo se materializaron en una noche que inauguró las veladas del festival Africa Utopia. El baobab es un árbol fuerte. Incluso si lo cortas, seguirá creciendo. Cuando se habla de la Orchestra Baobab se sabe que no es una banda que desaparecerá silenciosamente”, explicaba hace unos años Attiso.

(La traducción de la entrevista fue realizada por la periodista y fotógrafa Beatriz Hidalgo)