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¡Oh lala! Nollywood

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El nº 76 de la rue de Rennes, en París, un espacio de modestia en 35mm y con aires de romanticismo en versión original se ha sabido adaptar un año más a la demanda de los organizadores del Nollywood Week Paris. La cuna del cine se prepara por tercer año para su cita con la industria del cine nigeriano. Un telón que se abre este jueves 4 de junio en el Teatro Arlequin y finaliza el 7 de junio. Y Wiriko como medio oficial.

A escasas paradas de metro, en el africano barrio de Château Rouge los carteles del festival siguen sin verse. De alguna forma, era una observación que hacíamos en la primera edición. Pero en realidad, aquí no hace falta. Las tiendas con iluminación sobre saturada e hilo musical estridente mantienen su número de ventas: DVD de las últimas series nigerianas, de la última película de moda o de los clásicos de los noventa del país más poblado del continente africano. Más bien, el Nollywood Week persigue a esa población refinada de boina y paseos por el Sena que la única información de Nigeria es Boko Haram y #Bringbackourgirls, y a la diáspora nigeriana en Francia.

Nollywood es un fenómeno que ha desatado el interés más allá de las fronteras de Nigeria. Entusiasmo, crítica mordaz o defensa a una posible alternativa para los que pretenden ganarse la vida haciendo cine. Que por cierto, es simplemente inaccesible para los amantes de esta industria que viven en París. Y la capital francesa es un punto focal, un centro para el séptimo arte internacional, por lo que es natural que esta ciudad se esté consagrando con un festival dedicado a la segunda industria cinematográfica más grande del mundo a nivel de producción.

El embajador de esta tercera edición será el actor haitiano Jimmy Jean-Louis, que como nos ha subrayado el director ejecutivo del festival, Serge Noukoué, “es una representación perfecta del espíritu abierto de los defensores del festival”. Después de afianzar su marca en los Estados Unidos interpretando varios papeles en Hollywood, se dirigió a Nigeria donde actuó en varias películas con esta voluntad de contribuir al desarrollo de esta industria. Este flechazo se materializó recientemente al dirigir el documental Jimmy Goes a Nollywood, que se presentará el jueves durante la gala de inauguración después del concierto del joven cantautor nigeriano Jon Ogah.

Durante los cuatro días de festival, además de conferencias especializadas sobre la industria y comida del país en un ambigú customizado para la ocasión, se proyectarán diez películas de las cuales ocho optarán al premio del público. La selección oficial se compone de los siguientes largometrajes:

1 de octubre
Dirigida por Kunle Afolayan (ganador de la primera edición con la comedia Phone Swap), narra la historia de un detective de la policía nigeriana enviado a investigar los asesinatos de varias mujeres en una pequeña comunidad unos días antes de la Independencia Nigeria (el 1 de octubre de 1960).

Ojuju
Dirigida por CJ Obasi, la película es un thriller de género Zombi, en el Romero y sus amigos tienen que buscar la manera de salir de su barrio ya que el suministro de agua está infectando a las personas con una ceguera rabiosa.

A mile de home (A una milla de casa)
Dirigida por Eric Ameghien, la película sigue la vida de un estudiante universitario que se unió a una pandilla en su búsqueda para vengar una injusticia cometida contra él por un gánster. Su decisión le cambiará la vida.

Thy Will be Done (Hágase tu voluntad)
Hágase tu voluntad, es un drama romántico que narra la historia del Pastor Pío y su esposa. Un día sus vidas sufren un revés cuando la primera esposa del pastor, que había sido dada por muerta, aparece siete años después. El director de esta película es Obi Emelonye, quien ya dirigiera la exitosa Last Flight to Abuja.

The last three digits (Los últimos tres dígitos)
La película fue dirigida por Moisés Inwang es un trabajo romántico. Alex se encuentra con el amor de su vida en un centro comercial y aprovecha la oportunidad para conseguir su número antes de que ella se escapa de nuevo, pero tres dígitos que faltan lo llevó en una búsqueda para encontrar el verdadero amor..

Dazzling Mirage (Deslumbrante ilusión)
La película está basada en la novela del mismo nombre, y es la historia de una mujer joven con anemia que tiene que superar diversos obstáculos para llevar una vida normal y plena. La película está dirigida por el aclamado Tunde Kelani, quien presentara en la primera edición de la Nollywood Week Maami.

Gone Too Far (Ido demasiado lejos)
Dirigida por Destiny Ekharagha, es una comedia que se desarrolla en un día, cuando dos hermanos, uno criado en Londres y el otro en Lagos, se reúnen por primera vez después de haber sido separados desde la infancia.

La inmigración desde el otro lado

inmigrantes en el Mediterráneo

Llovía y los sueños se convirtieron en pesadillas. Nadie sobrevivió a ellas. Salvo sus recuerdos. Oscuridad profunda. El naufragio de la última semana ha dejado la cifra de más de 700 fallecidos en las aguas del Mediterráneo. Pero no, esto no ha sido una “tragedia”. La palabra tragedia implica una calamidad accidental. Una desafortunada confluencia de espacio y tiempo. Y esta vez, como en tantas otras, no ha habido nada de accidental en estas muertes. Han fallecido como consecuencia directa de políticas gubernamentales nacionales y a nivel europeo. La inmigración se hunde en políticas mojadas.

Provienen de más de 20 países llegando a Libia como una especie de embudo hacia Europa: eritreos que pretenden escapar de la represión o el servicio militar, somalíes que huyen de Al-Shabaab; sirios que han perdido la esperanza de volver a casa. En pueblos de Senegal y otros países de África occidental, los que deciden emprender “el camino” venden todo lo que tienen o piden préstamos con la esperanza de una vida mejor en Europa o, tal vez, con la esperanza de unirse a algún familiar o conocido que alcanzó tierra firme.

Las motivaciones entre las decenas de miles que hacen el viaje a la costa del Mediterráneo son tan numerosas y variadas como las nacionalidades involucradas, de acuerdo con investigadores y grupos de derechos humanos. Pero en el año 2014 más del 80% de ellos se dirigió a la costa de Libia como el punto de embarque más fácil. Desde el Cuerno de África hasta el Atlántico, desde Siria y Gaza, estos aspirantes a migrantes viajan por rutas bien establecidas.

“No todo el mundo viene a España por la misma razón. Estudiar o perseguir sus sueños atraídos por el éxito de los suyos”. Quien habla es la senegalesa Mariama Badji que, tras 6 años en la Península, explica su visión de la historia en el documental Témoignages de l’autre côté, en el que se ofrece testimonios de distintos inmigrantes senegaleses que viven en España, desde el otro lado, la otra costa a la que en Senegal se refieren como “El dorado”.

A pesar de que el documental fue producido en 2011 y dirigido por la colaboradora habitual de Wiriko Estrella Sendra, en la última semana el debate ha provocado que la directora decidiera poner este documental a disponibilidad de todos. “Me gustaría que se presentara de alguna forma como un tributo a los desaparecidos… Recordando que esto es algo que empezó hace mucho y que el año pasado, cuando filmamos la segunda parte de este documental, ahora terminándose de editar, se cuestionó si el tema de la inmigración seguía siendo de actualidad… Lamentablemente, vemos que desgraciadamente sí”.

naufragio-de-lampedusa-italia-imigrantesUbicados en distintos espacios, sus protagonistas comparten su experiencia de la inmigración en un tono de debate y reflexión a lo largo de 33 minutos sin espacio para la pausa visual. Mogo Tagheu Leon, natural de Camerún, lanza una imprescindible frase para la opinión pública: “La realidad que he encontrado en España ha sido diferente de la que había imaginado cuando estaba todavía en África”. Opinión que recoge el senegalés Assane Niang afirmando que “hay trabajo y muchas posibilidades”. El debate queda servido.

Aunque sin duda, uno de los puntos dramáticos de este corto documental con una clara implicación de su autora, es cuando Assane Diouf, responsable de una casa de acogida desde 2005 perteneciente a CEPAIM, afirma, tras un silencio, que los recortes presupuestarios del gobierno español han provocado que su centro se vea obligado a negar asilo a varios inmigrantes. Otro de los dramas ocultos.

Con una fotografía que recuerda al cine directo, planos cerrados y ubicaciones inexactas, llevan al espectador por un guión que, aunque con algunos puntos flacos, es parte de la realidad que viven muchas de las ciudades españolas. La convivencia con un número cada vez mayor de vecinos del continente africano. La música de Malick con temas como “Chowli” o “Ça ira bounce” presentes en toda la obra, cierran un documental que como bien afirma Sendra, se vuelve necesario en estos días de luto e incertidumbre política.

Desde Sudáfrica también han llegado las tristes noticias de la represión que están sufriendo los inmigrantes en este país del sur del continente donde al menos 8 personas han fallecido y unas 8.500 personas se han visto obligadas a huir a los centros de refugiados o estaciones de policía la pasada semana a causa de la violencia. La tasa de desempleo en la nación del arcoíris es del 24%, y muchos en el país acusan a los extranjeros de tomar puestos de trabajo. La violencia contra los inmigrantes en 2008 mató a más de 60 personas.

Actualmente, Estrella Sendra y Mariama Badji, anterior protagonista, están coproduciendo y codirigiendo la segunda parte del documental, Témoignages du Suñu Gal, con Manuel Broullón como director de fotografía y postproducción y Pablo Lara como sonidista, así como con nuevas incorporaciones al equipo tanto senegalesas como españolas.

Passport immigration stamp

El (no) Oscar negro, negro

Película Timbuktú, dirigida por el mauritano Abderrahmane Sissako y nominada a los Oscar 2015 como la Mejor Película Extranjera.

Película Timbuktú, dirigida por el mauritano Abderrahmane Sissako y nominada a los Oscar 2015 como la Mejor Película Extranjera.

No, no ganó. O depende de cómo se mire, el film mauritano Timbuktú, nominada a la Mejor Película Extranjera para los Oscar 2015, ha ayudado a ganar a todos e incluso puede desatar una revitalización de los cines africanos. Mejor aún, la selección de un país con una visibilidad muy reducida en los circuitos internacionales seguramente rejuvenecerá el interés del público general por las cinematografías, no sólo de Mauritania, sino del continente en general.

La historia de las películas africanas en los Oscar es difusa y se remonta a 1969. En este año el director griego-francés Costas Gavras fue nominado por su tercer trabajo Zeta, en una película que terminó su producción tras varios problemas en Argelia, país por el que se presentó. Por lo que africana, africana, no fue. El segundo logro llegaría en 1976 cuando el director francés Jean Jacques Annaud se hizo con el galardón a la mejor película por Noirs et blancs en couleur (Negros y blancos en color) un guión bélico y de humor negro sobre la lucha entre los colonos franceses y los alemanes en África occidental durante la Primera Guerra Mundial. Lo curioso fue que la cinta se presentó por Costa de Marfil y en los libros de historia consta como la “primera película africana” en ganar el Oscar. Después llegaría 2005, sí, y Totsi, un retrato sobre la vida en Alexandria, uno de los barrios marginales de Johanesburgo, donde el director sudafricano Gavin Hood se haría también con el Oscar.

Pero el dato relevante es que el director de Timbuktú, Abderrahmane Sissako, se ha situado como el primer director negro africano en estar nominado a la famosa estatuilla. Su último trabajo es una visión esencial sobre el fundamentalismo islámico en un guión lleno de sinceridad política y de compromiso por la belleza cinematográfica.

El éxito de Sissako vino temprano en 2002 con su película Hemerakono (A la espera de la felicidad) una cinta que presentaba ya muchas de las mismas cualidades de Timbuktú: individual, reflexiva, compasiva por sus personajes, un sentido revelador del color y una banda sonora excelsa. Después en 2006, Bamako se presentaba como una película más desafiante, con el humor de Godard y una mezcla surrealista de teatro y política bajo los mandatos de las instituciones internacionales financieras. Bamako tendió a desconcertar y el reto removió más de una conciencia.

Las películas de Sissako se pueden considerar como parte de una filmoteca fundamental para entender la historia “muchas veces no contada” del continente entre los que se podrían enumerar nombres como: el senegalés y considerado “padre” de los cines africanos Ousmane Sembène o la también senegalesa y “madre” de los cines africanos Safi Faye; el burkinabés Idrissa Ouedraogo o su compatriota Fanta Regina Nacro; la togolesa Anne-Laure Folly; Djibril Diop Mambety; Cheick Oumar Sissoko; Med Hondo; Adama Drabo; Moussa Sené Absa; Jean-Marie Teno o Jean-Pierre Bekolo.

Por supuesto, hay más en la historia del cine africano que estos directores. De las películas marxistas del Mozambique de los años 70 a la potencia de la producción contemporánea nigeriana, pasando por el futurismo, la novela policíaca, el western o el humor. La oportunidad de contar historias africanas para una audiencia internacional puede, a veces, convertirse en una lucha. Por eso, la esperanza mezclada con alta dosis de necesidad de que Timbuktú pueda encabezar un renovado interés en el poder de las películas africanas. Y para quien todavía no la haya visto, aquí el trailer.

Kenia parodia la ayuda humanitaria

Actores de la serie "The samaritans"

Actores de la serie “The samaritans”

* Artículo publicado en El país-Planeta Futuro

Cuestionar el gran aparato de la industria de la cooperación cuando en cada país, en cada ciudad, en casi cada barrio, hay una ONG, fundación o asociación que trabaja en el sector de la ayuda internacional es siempre delicado. Y si se hace en clave de humor y desde una de las regiones que suele ser portada más por los proyectos occidentales que se desarrollan allí que por su noticias internas tiene, si cabe, más interés. A este lado las cosas parecen, pero no siempre son.

La serie de televisión The Samaritans creada por el keniano Hussein Kurji, de Xeinium Productions, denuncia precisamente ciertos absurdos del sector de la ayuda internacional. Esta comedia, que irónicamente se llama Los samaritanos, reflexiona de forma ácida sobre los peligros y placeres del mundo humanitario a través de la ONG Aid for Aid (Ayuda para la Ayuda) que en palabras de Kurji “es una ONG que no hace nada”. El equipo lo forman 45 personas y la mayoría son de Kenia.

En los dos capítulos producidos hasta ahora, los espectadores reconocerán algunos estereotipos en sus ocho actores, cosas como que el nuevo director viene desde el extranjero a “gestionar” la ONG sin conocimiento alguno sobre el terreno; que muchos de los trabajadores tienen carencia de ética en una organización que por bandera lleva el “ayudar a los demás”; o que la propia ONG no tiene “ningún propósito aparente”. En el capítulo piloto de la serie, el nuevo director local, Scott, que nunca ha trabajado en Kenia, se presenta a sus trabajadores con esta brillante introducción: “Muchos de ustedes se preguntarán por qué me han seleccionado para hacer el trabajo (…). Pero no soy tan inexperto como algunos podrían pensar, ya que he trabajado para la ONG de mi madre desde que tenía 6 años. Además tengo dos máster y unas prácticas”.

Su creador, Hussein Kurji, cuenta en esta entrevista cómo funciona esta comedia y las reacciones en el sector de la cooperación.

 

¿Cuál ha sido la reacción de la industria de la cooperación con la serie, de las ONG o de los trabajadores locales que trabajan en este sector?

La reacción ha sido realmente grande. En primer lugar, la gente se ha quedado impresionada con la calidad de la producción y la calidad de la serie en sí. Se sorprenden sobre todo de que sea un producto de Kenia ya que no se conoce mucho sobre la industria de la televisión en este país. En segundo lugar, creo que los que trabajan en este sector pueden sentirse identificados con algunos de los personajes, con sus estereotipos, y que la gente se puede reír (tal vez de sí mismos hasta cierto punto). Estamos contentos de que el público reconozca que es una obra de ficción creada para el entretenimiento pero también para la reflexión.

¿Qué opina de lemas como Salvar África?

Sin duda este lema es horrible y crea muchísima negatividad. Tal vez hace más daño que bien.

En este sentido, en otra entrevista afirmó que sabía que estaba criticando a una gran máquina pero que le gustaría que la gente hablase y pensase en qué contextos las obras de ayuda de las organizaciones se habían roto. ¿Cree que el diálogo ha comenzado?

Estamos teniendo una gran repercusión en la prensa de todo el mundo, los profesores están discutiendo esta serie en sus aulas, las entrevistas de televisión se centran en la eficacia de la ayuda… Yo diría que este diálogo ha comenzado.

¿Y cree que su serie servirá para promover algún tipo de reforma en las grandes ONG y a una mayor rendición de sus cuentas?

Es difícil de decir, pero si lo hace y es en positivo, será un cambio grande y fantástico.

Según las últimas estimaciones, en Kenia hay más de 4.000 organizaciones no gubernamentales… ¿Ha trabajado en alguna de ellas para inspirarse en la serie?

Mi inspiración viene de mi alrededor. La ayuda es un gran negocio aquí y como resultado llegas a conocer a muchas personas dentro de este sector. Las historias que a menudo suceden en Nairobi son la base de la serie y la esencia necesaria que he necesitado para madurar esta comedia.

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¿Por qué piensa que el género de la comedia es una forma adecuada para criticar estas cuestiones? ¿Y por qué ahora?

La risa es la mejor medicina. En última instancia, creamos una obra de ficción como una forma de entretenimiento y que ha sido nuestro principal objetivo todos los días. Sin embargo, sabíamos que el debate comenzaría. El humor es siempre una buena aproximación a las cuestiones sensibles, ya que hace que el tema sea más accesible y, tal vez, más fácil de digerir. No había ninguna razón particular sobre el momento en el que hemos creado esta serie… Quizás los elementos dentro de la industria del entretenimiento parecían acompañarnos y se encargaron de facilitarnos el crear un producto insólito. Y la única idea que tenía era realizar una comedia sobre una ONG que no hace nada.

De momento, han producido dos capítulos ¿Cuántos tienen pensados?

Si todo va bien, nuestro objetivo es crear cinco temporadas de The Samaritans, aunque podría haber más o podría haber menos… Todavía no estamos seguros. Los dos episodios grabados hasta ahora están disponibles para el alquiler en nuestro sitio web.

¿Y la financiación de la serie?

Todo el dinero que recaudamos se destina hacia la producción de futuros episodios, así que si alguien está interesado en saber más siempre puede ponerse en contacto con nosotros. Actualmente estamos en conversaciones con la sede de la ONU, aquí en Nairobi, para proyectarla en algún momento durante el mes de octubre o noviembre… De hecho, algunos clips se han mostrado en grandes cumbres internacionales con muchas risas.

¿En qué otros proyectos está trabajando ahora?

Actualmente, en varios. Otras dos comedias, un drama de época, una serie de televisión animada y un largometraje.

Más información en la web de la serie.

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Framed, otras gafas con las que mirar a África

Una imagen de la película

Una imagen de la película que muestra un libro de viajes donde una modelo es fotografiada en una comunidad de masais en Kenia.

Si se trata del espectáculo de ver como los escombros, la pobreza, las guerras y la salvedad de las enfermedades presentan al continente africano, tanto en Wiriko, como desde otros colectivos que trabajan por desestereotipar estos discursos en español (Afribuku, África no es un país, el Centre d’Estudis Africans de Barcelona o el Festival de Cine Africano de Córdoba) estamos vacunados. Pero el estado de alerta está presente. Siempre y sin remedio. Y más cuando desde hace unos meses las noticias que llegan desde los medios de comunicación tienen como máximo denominador palabras como ébola, prevenir, misioneros, aislar, refugiados, inmigración o pateras. Algunas son clásicas. Otras irrumpen con fuerza para desestabilizar cualquier intento de mostrar, también, la otra cara de los países africanos que pocas veces se muestra. Y claro, la pregunta (una de tantas) podría ser: ¿cuánto cuesta mediatizar el dolor? ¿Cuál es el precio de mostrar con un gran angular la miseria de la indefensión?

Quizás la respuesta, y sirva como un “noejemplo”, la tengan en Mediaset que desde ayer emite en Telecinco un reconocido programa de “asuntos varios” por la mañana (llamados magacines matinales) y que presenta Ana Rosa Quintana desde un barrio en Gaza. La brusquedad del espectáculo de ver que mientras las ruinas ceden pequeñas grietas de esperanza renovada a los gazatíes que reconstruyen la nada, se intercala con asuntos de prensa rosa es indescriptible. La banalización de la vida y la muerte de la cordura podría ser el título del programa.

En la imagen, Boniface Mwagui, periodista y activista keniano fundador de PAWA254.

En la imagen, Boniface Mwagui, periodista y activista keniano fundador de PAWA254.

Es algo parecido a lo que desde hace un siglo nos tiene acostumbrados la industria de Hollywood cuando enseña su visión sobre África, a la literatura de aventuras que ha buceado en la abundancia de las imperfecciones y clichés al describir culturas y países africanos o a ciertas campañas publicitarias de instituciones y fundaciones de renombre internacional que siguen mostrando una imagen muy determinada del continente. Sólo por recordar: 54 países, unos 1.000 millones de personas, más de 30 millones de kilómetros cuadrados, más de 2.000 lenguas… Pero nuestro contenedor de conceptos, que acrecientan el miedo cuando hablamos de África, se sigue reconociendo en la información que consumimos.

Siguen siendo necesarias narraciones que nos permitan acercarnos a lo que pasa en tantas escuelas africanas, a sus bodas, a sus programas de televisión, a sus parodias políticas, a sus bromas e ironías, a los cotilleos de alcoba familiares, a sus sueños. Después tendríamos que dejar que fluyeran las (estas) imágenes. Y quizás la venta del sufrimiento para su consumo quedaría aparcada con el letrero: fin de existencias.

Desde el continente, precisamente, llega el documental Framed, dirigido por la directora Cassandra Herman y el antropólogo sudafricano Kathryn Mathers, que explora las imágenes y los mitos que provocan que África sea vendida como víctima. Framed pretende mostrar las representaciones populares de África y los africanos que se tienen en Occidente (especialmente en EE.UU.) a través de tres protagonistas: el periodista y activista keniano Boniface Mwangi, fundador de PAWA254; el escritor y también keniano Binyavanga Wainaina; y el educador sudafricano Zine Magubane. Reconociendo que la gente quiere “hacer el bien en África”, el documental plantea preguntas acerca de los privilegios, el poder y la mala representación que surge de la relación de ayuda.

Framed es una historia visual que intenta deconstruir el concepto de África como un lugar de necesidad y de esperanza. Un trabajo que les ha llevado a sus directores 10 años de investigación. Pero es complicado de pensar. ¿Cómo cambiar estas imágenes? Imágenes que a veces tienen más poder y autoridad que los popios protagonistas. Un encuentro entre África y Occidente que cuestiona y nos hace reflexionar sobre conceptos como “salvar” y “salvados”. Porque ¿quién es realmente el que se beneficia de nuestra “caridad” en África? ¿Es el africano que aparece en la última campaña solidaria pidiendo comida? O, ¿es el occidental valiente que en la parte superior de un camión ayuda a bajar sacos de arroz mientras recibe aplausos de la comunidad internacional? Las respuestas no son nunca dicotómicas por lo que el debate quedará servido. Próximamente en las pantallas… Y dará que hablar.