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Un siglo atrás. Gabino Ezeiza. Afrodescendiente argentino que hizo historia

En la Argentina hay momentos importantes para recordar en un 12 de octubre, como el renombrado Día de la Diversidad Cultural, o varias de las asunciones presidenciales. Pero una de éstas coincidió con un hecho seguramente menos conocido, el fallecimiento del payador Gabino Ezeiza, en 1916. Hijo de un ex esclavo, nació el 3 de febrero de 1858 en el barrio porteño de San Telmo, llamado “Del tambor” por la gran población afrodescendiente presente en el pasado. Falleció un 12 de octubre de 1916 en la misma ciudad que lo vio nacer, el día de la asunción de su ídolo político, el presidente radical Hipólito Yrigoyen, quien derramó lágrimas por la muerte de un artista muy querido por él.

Un retrato de Gabino Ezeiza realizado por la artista plástica Mirta Toledo.

Un retrato de Gabino Ezeiza realizado por la artista plástica Mirta Toledo.

Padre de nueve hijos y esposo de una bisnieta del caudillo federal Ángel Vicente Peñaloza, “El Chacho”, Ezeiza fue afrodescendiente como los payadores más famosos, Luís García Morel e Higinio Cazón. La payada es afroargentina y se considera una expresión artística popular que en buena parte deriva de lo africano, basada en el canto de contrapunto. Gabino se convirtió en el más célebre payador del Río de la Plata, un artista popular, además de prolífico poeta, y cantor desde sus quince años, volcándose de lleno a lo musical y abandonando la escritura. El talento con su guitarra y la improvisación payadoresca lo llevaron a la popularidad. No solo Yrigoyen sino también el escritor José Hernández, autor de la icónica obra argentina Martín Fierro, y el político radical Leandro N. Alem se convirtieron en seguidores de las rondas payadorescas del apodado “Negro Ezeiza”. Asimismo, hombre culto y autor de más de 500 obras entre composiciones, piezas teatrales y una novela, el payador asistió a la primera presentación teatral de la obra más conocida de Hernández. Resta agregar, en ésta hay una célebre payada entre el protagonista y un moreno.

Una imagen del payador argentino Gabino Ezeiza.

Una imagen del payador argentino Gabino Ezeiza.

En un país bastante reacio a admitir su negritud (aunque los afrodescendientes serían 2 millones según estimaciones serias y casi 150.000 según el último Censo Nacional), en una época en que se los consideraba desaparecidos o a punto de eso, no obstante, Ezeiza fue un ejemplo de éxito y sujeto de admiración para un grupo selecto compuesto por blancos, así como colegas y demás seguidores. Los duelos payadorescos de quien nunca resultó derrotado deleitaron a cientos de personas, el público afluía desde pueblos vecinos a la convocatoria, colmaba teatros y otros espacios, y luego muchos ensayaban las canciones que oyeron tocar a Ezeiza. Los duelos más famosos y que lo hicieron popular fueron principalmente dos: uno, el más descollante, en el que venció al uruguayo Arturo Navas en el Teatro Artigas de Montevideo, en 1888, de la mano de su celebrado “Saludo a Paysandú”, y un segundo, de tres noches consecutivas de duración, en el Teatro Florida, disputado con Pablo Vázquez en 1891, en la localidad bonaerense de San Nicolás (y a quien volvió a derrotar tres años más tarde en su Pergamino natal). La época de mayor éxito del artista fue entre 1890 y 1915 mientras que en los primeros quince años del siglo pasado realizó numerosas grabaciones gramofónicas, de difícil acceso. Como otros artistas de origen humilde y por su fenotipo, Ezeiza debió superar varios obstáculos y ataques racistas para alcanzar el éxito. Tal ha sido el peso del reto que sostuvo con Navas que el 23 de julio, desde 1992, en la Argentina se celebra el “Día del Payador”.

Una representación del duelo entre Gabino Ezeiza y Pablo Vázquez.

Una representación del duelo entre Gabino Ezeiza y Pablo Vázquez.

Ezeiza murió a los 58 años aquejado por la enfermedad. El mismo 12 de octubre, con neumonía acompañada de una fiebre altísima, y en contra de todo consejo, cantó ante un teatro rebasado de audiencia que lo aclamó en lo que se cuenta, fue la inauguración presidencial. Tuvieron que ayudarlo a ponerse de pie al terminar el show, de horas de duración. De allí, totalmente vencido por la enfermedad, fue trasladado a su hogar en Flores, donde falleció por la tarde. A su entierro, en el cementerio de dicho barrio, asistió un delegado del entonces asumido presidente de la República. Se supo que Yrigoyen al conocer la triste noticia dijo: “Pobre negro Gabino, él sí que fue leal”.
Por más que no se le reconozca, Ezeiza fue un poeta culto. En su quehacer trató la idea de patria como una entidad popular, incluyendo las grandes batallas patrias, además de temáticas diversas entre las penas, las nostalgias, la amistad y el amor. En su obra se perfila un discurso de resistencia anticapitalista en tanto el payador recurriera a la tradición oral para encarnar la idea de pueblo y, con eso, la argentinidad. Entre 1876 y 1878 el payador colaboró en el periódico La Juventud en donde desplegó sus dotes como poeta. En uno de los tantos poemas publicados allí, “Meditación” (20 de diciembre de 1877) desarrolla la insatisfacción del autor con la sociedad de entonces:

“Al suicidio fatal luego
Se presenta á nuestros ojos
Y en la tumba sus despojos
Cremos hallar calma y paz
Y es abismo que sondeamos
Tan solamente al travez
Que cuando esos pasos damos
Se habre bajo nuestros piés.”.

Los volúmenes de poemas de Ezeiza son varios. Canciones del payador Gabino Ezeiza (1885) reúne doce. Uno se intitula “Recuerdos” y trata de la habilidad del poeta para avanzar en un medio que le es indiferente. En una estrofa el compositor se lamentó en estos términos:

“Si no tengo pulimento
Nunca he de hacer buenos versos,
Seré chuza sin sereno
O sin aceite un candil.”.

En otra compilación, de 1892, el poema “A mi guitarra” permite ver la forma en que Ezeiza estuvo ligado con la tradición oral africana, en Argentina reemplazando el tambor por la guitarra:

“Si de algún trueno lejano
El vago rumor sentía,
Tus cuerdas lo repetían
No dando a duda lugar
Y cuando en noches de insomnio
Yo no conciliaba con el sueño
Te tomaba con empeño
Para ponerme a cantar.”.

Con una aguda mirada social, el tema “Mi caudal” (que consta en una compilación de 1895) es crítico de la pobreza y de la situación de la persona indigente. El mismo es de algún modo autorreferencial, puesto que Ezeiza llevó una existencia en cierta forma cómoda aunque murió pobre.

“Tengo en el cajón los restos
de una posta de pescado
que la compré en el mercado
anoche para cenar.
Mi pobre guitarra ostenta
una cuerda y dos clavijas,
que pienso en alguna rifa
cinco centavos sacar.”.

De 1897 es el poemario que, entre otras poesías, recopila “La vida del payador”. Identificando un origen humilde y muchas dificultades, como la orfandad y la soledad, temas recurrentes de la poesía payadoresca, su autor describe la vida errante del oficio. Una estrofa dice:

“Porque voy, cual nuevo Homero,
Mendigo y peregrinando
En todas partes cantando
Donde un asilo me dan.
Y es así que en todas ellas
Digo yo que siento pena;
Voy sujeto a una cadena,
Porque estéril es mi afán.”.

En muchas ocasiones se le criticó a Ezeiza haber perdido su identidad afro en consonancia con el mito de la invisibilidad en el país, pero en el poema “Yo soy” demuestra lo contrario:

“Soy de la raza de Falucho
que sin herencia se queda
engranaje de una rueda
que arrastró un carro triunfal;
viejo escudo que ha salvado
la vida a quien lo llevaba
y con desdén lo arrojaba
cuando le llegó a estorbar”.

El “negro Falucho” es el apodo de Antonio Ruiz, un guerrero de la independencia argentina, producto de un relato histórico del que se discute su verdadera autenticidad. Lo que no hay duda, el poema menciona la forma en el que el afrodescendiente fue utilizado como carne de cañón en las campañas libertarias contra el yugo realista durante dos décadas del siglo XIX en Hispanoamérica, para luego ser olvidado. Es el papel más acostumbrado que ocupa en las representaciones tejidas a diario sobre afrodescendientes en la Argentina.

Años más tarde del deceso del “Negro Ezeiza”, en 1933, el letrista Héctor Blomberg le rindió homenaje y compuso “El adiós de Gabino Ezeiza” que, con la música de Enrique Maciel y la voz de Ignacio Corsini (para muchos, rival del mítico Carlos Gardel), trabajó la idea (falsa, pero asumida en la época sin cuestionamientos) de la desaparición de los afrodescendientes en un país que se asume como el más blanco y europeo de la región.

“Buenos Aires de mi amor,
¡oh, ciudad donde he nacido!
No me arrojes al olvido
yo, que he sido tu cantor.
De mi guitarra el rumor
recogió en sus melodías,
recogió en sus melodías,
el recuerdo de otros días
que jamás han de volver,
los viejos cantos de ayer
que fueron las glorias mías.
Esperanzas que ya no hay,
coplas y cielos ardientes,
la diana de los valientes
volviendo del Paraguay.
Cantos de patria, pero ¡ay!,
que en la guitarra argentina,
que en la guitarra argentina
melancólica se inclina
para decirles adiós,
mientras se apaga la voz
de las milongas de Alsina.
Por eso vengo a cantar
mi trova de despedida,
que hoy la tarde de la vida
mi alma ya empieza a nublar.
Nadie volverá a escuchar
de mi guitarra el rumor,
de mi guitarra el rumor,
cantos de gloria y de amor
de la ciudad en que he nacido,
no me arrojes al olvido
yo que he sido tu cantor.”

(la repetición de versos consta en el original).

El mito se repite una y otra vez. Pero cuando el hombre de ancestro africano se suponía desaparecido, descolló la guitarra y la voz del, denominado por sus contemporáneos, “decano de los payadores”. No fue el único, sus aportes hoy son legados.

Bibliografía para ampliar:
– de Estrada, Marcos (1979), Argentinos de origen africano, Buenos Aires: Eudeba.
– Lewis, M. A. (2010), El discurso afroargentino. Otra dimensión de la diáspora negra, Córdoba: Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, Cap. 3.
– Picotti, D. (1998), Presencia africana en la Argentina, Buenos Aires: Ediciones del Sol.
– Reid Andrews, G. (1989), Los afroargentinos de Buenos Aires, Buenos Aires: Ediciones de la Flor.

Tango argentino que de blanco no tiene todo

Candombero. Extraída del libro El candombe de Rubén Carámbula

Candombero. Extraída del libro El candombe de Rubén Carámbula

Autor invitado: Omer Freixa*

En agosto de 2014 Buenos Aires ofició una vez más como sede del Mundial de Tango. La competición en la categoría “escenario” decantó en la victoria de la pareja porteña formada por Juan Malizia Gatti y Manuela Rossi. Al bailarín se lo apoda “el negro”. Resulta llamativo su apodo siendo que, según las explicaciones en boga, el tango de negro no tiene absolutamente nada. Ni daría para pensar que un bailarín de esta música pudiera ser negro. Pero muchos en el pasado lo fueron.

Desde muy pequeños a los argentinos se los educa con la idea de que son de herencia europea y también haciendo hincapié en que sus antepasados son preferentemente oriundos del Viejo Mundo y, ante todo, blancos. Se reproduce un modelo educativo en el que se imparte que los próceres de la nación fueron blancos y la matriz étnica mira al Viejo Mundo. En todo caso, si hubo negros en la Argentina, éstos fueron testimonio de una presencia del pasado lejano. Se los puede ubicar en la época colonial y de allí en más su aparición se va diluyendo, hasta ser una presencia casi imperceptible a finales del siglo XIX. En efecto, algunas crónicas aseguran que para 1900 quedaban unos pocos sobrevivientes de lo que décadas antes fuera una presencia mucho más abundante.

Juan Manuel de Rosas y afrodescendientes. Extraída del libro El candombe de Rubén Carámbula

Juan Manuel de Rosas y afrodescendientes. Extraída del libro El candombe de Rubén Carámbula

Donde mejor se ejemplifica este proceso de desaparición es en los actos escolares. Para la representación de la gesta del 25 de mayo, el primer gobierno patrio y para algunos historiadores antiguos el “origen” de la nación argentina, varios rostros tiznados de negro ocupan la escena. Los jóvenes actores representan a los vendedores negros que practicaban el comercio al menudeo en las calles de la Buenos Aires virreinal en una época en donde no solo en la ciudad la presencia africana era predominante.

Lo mejor es constatar las cifras. Por ejemplo, en el censo de 1810 para la ciudad de Buenos Aires los pardos y morenos sumaban 9.215 habitantes de un total de unos 32.500, en Buenos Aires. En 1778 de 200.000 habitantes censados en el Virreinato del Río de la Plata (en parte, la futura Argentina), unos 92.000 eran negros y mulatos, un 46% del total. La entrada de negros procedentes de África fue constante en toda la época colonial. Entre 1715 y 1752 ingresaron por el puerto 10.000, de los cuales tres cuartas partes fueron enviados al interior. Lo anterior explica que varias provincias de la futura Argentina hayan tenido porcentajes abundantes de población negra. Un censo de 1778 indica para Catamarca un 74% de población negra, Tucumán con un 64% y Santiago del Estero con 54%.

Martín Boneo - candombe. Extraído del libro El candombe de Rubén Carámbula

Martín Boneo – candombe. Extraído del libro El candombe de Rubén Carámbula

Pero, como por arte de magia, para el siguiente acto escolar en la efeméride, el día de la independencia (1816), los niños tiznados de negro ya no están. Su lugar ha sido ocupado por actores blancos. Todos los 9 de julio esa representación se repite, pero algo no cierra. Aunque sea en forma simbólica, ¿cómo es posible dar cuenta de una presencia negra en 1810 y, apenas seis años más tarde, clausurarla? La respuesta es bastante sencilla, pero no por eso menos amarga: el racismo.

El discurso racista en la Argentina se hizo visible constatando, valga el juego de palabras, la invisibilidad de elemento negro en la identidad patria. En otras palabras, en el país se construyó un relato histórico que ha narrado la conformación exitosa de una nación blanca, en donde todo lo no europeo fue borrado, diluyéndose con el paso del tiempo y/o ubicado en los márgenes. Se ha construido el mito de desaparición del negro a partir de una explicación histórica que lo hace ser el “primer desaparecido”, víctima fatal de guerras, epidemias, pésimas condiciones de vida, etc.

El tango, uno de los elementos culturales más representativos del sentir criollo y música arquetípica no solo de lo argentino sino también de lo rioplatense, también ha sido víctima de esa jugada cimentadora del mito de una nación blanca para justificar que en el presente como se repite, sin mayor fundamento, en Argentina negros no hay. Pero, si se sabe buscar y se es paciente, de un repertorio total de aproximadamente 25.000 temas, el tango posee alusiones a lo negro, personajes de esa extracción étnica y compositores, así como bailarines, que en los primeros momentos deleitaron a las audiencias, aunque luego una historia tendenciosa los haya ocultado.

En la historia del primitivo tango (grosso modo, segunda mitad del siglo XIX) se mezclan varios asuntos. Algunos de los ritmos propiamente negros como el candombe y (en forma insospechada para muchos) la milonga se enlazan en su desarrollo, filiación que muchos eruditos del género desconocen o niegan. Sin embargo, el tango no es una sumatoria de elementos disímiles sino un producto novedoso que, de restar elementos en su constitución, le quitan valor agregado y originalidad. Por más que los especialistas en el tango discutan si éste tiene prosapia africana o no, es innegable que esta música tiene un pasado africano y el no querer verlo responde a una ceguera ideológica o a un prejuicio racista. Por más que las letras hayan sido producto de autores blancos  y la evocación de la presencia negra no es demasiado abundante en éstas, no obstante, varios ejemplos permiten ver su aparición y discutir el mito de una eventual “desaparición” de los negros.

Rey y reina. Extraída del libro. El candombe de Rubén Carámbula

Rey y reina. Extraída del libro. El candombe de Rubén Carámbula

Uno de los primeros ejemplos de tango que hacen alusión a lo negro es de 1867 y se intitula “El negro schicoba”. Se trata de blancos que imitaban a los negros al disfrazarse de vendedores de escobas, pero también imitaban al escobero, la función de quien abría a la comparsa al paso de los candomberos negros. De algún modo el negro resiste la extinción indirectamente ya que el blanco que compuso la letra lo menciona vívidamente. Parte de sus versos dicen así:

“Yo soy un negrito, niñas,

Que paso siempre por acá.

Vendo plumeros, schicobas.

Y nadie quiere comprar.

Será porque soy tan negro

Que pasa de regular

Y todas las niñas juyen

Que parecen asustás.”

Retratos del compositor Zenón Rolón, a la derecha, y de Gabino Ezeiza, a la izquierda. Extraídos del libro Los afroargentinos de Buenos Aires de George Reid Andrews

Retratos del compositor Zenón Rolón, a la derecha, y de Gabino Ezeiza, a la izquierda. Extraídos del libro Los afroargentinos de Buenos Aires de George Reid Andrews

Hay varios ejemplos más de letras que dan cuenta de la presencia negra, pero lo importante es remarcar que dicha presencia en el pasado porteño en postrimerías del siglo XIX era de lo más común. Buena parte de los creadores del género también eran hombres de color, como Rosendo Mendizábal, pianista afro apodado “el Pardo” quien estrenó en 1897 “El Entrerriano”, uno de los primeros tangos conocidos. El movimiento de la Guardia Vieja, que se prolongó hasta entrado los años 20 del siglo pasado, contó con músicos negros. Pero, a partir de esa época, las letras de tango apenas evocaron la presencia africana en la vida cotidiana. Además, desde la producción, ya no hubo tantos personajes negros de la talla de los del momento inicial, como el citado Mendizábal, Zenón Rolón, Carlos Posadas o el payador Gabino Ezeiza, entre otros.

A partir de las décadas que siguieron las letras de tango pierden de vista la presencia negra, a excepción de la milonga y el candombe, aunque estas últimas muestren lo negro como un elemento del pasado, desaparecido y nostálgico. En resumen, este mundo musical también construye el lugar común del negro extinto, a pesar de que el último censo de población de 2010 arrojara que 149.493 argentinos se reconocen entre africanos y afrodescendientes pero, conforme datos no oficiales, al menos 2 millones de individuos, el 4% de la población argentina, es descendiente de antiguos esclavos.

Recursos:

Los ganadores del certamen en acción:

https://www.youtube.com/watch?v=nKkr5XE_WDI (extenso)

http://airesdemilonga.com/es/home/todos-los-videos/viewvideo/914/mundial-de-tango-2014/campeon-mundial-escenario-antes-del-premio-manuela-rossi-juan-malizia-gatti

Bibliografía para ampliar:

* Natale, Oscar (1984), Buenos Aires, negros y tango. Buenos Aires: Peña Lillo Editor.

* Reid Andrews, George (1989), Los afroargentinos de Buenos Aires, Buenos Aires: Ediciones de la Flor.

* Rossi, Vicente (2001), Cosas de negros, Buenos Aires: Alfaguara, reedición.

 

* Historiador africanista argentino. Profesor de estudios de Asia y África en la Universidad de Buenos Aires y de historia americana en el Consejo Superior de Educación Católica. Especialista en estudios afroamericanos. Colaborador free lance en diversos medios gráficos y digitales. Twitter: @OmerFreixa

Las raíces negras del tango

“Trataré de hablar de la música más blanca del continente americano que a pesar de todo tiene en sus orígenes algo de africanidad a través de sus raíces”. Y no sólo hablar, sino provocar el síncope intelectual a todo el que asocia por ordenamiento cuasi natural el baile del tango y la pampa. Sería como si de repente algún estudio académico pusiera en alza que Mafalda fuera en realidad una producción originaria de la Rusia zarista pero que con el frío estepario, Quino la hizo famosa al cambiarla de latitud. Pero así es. Con esta frase comienza el documental Tango negro. Las raíces africanas del tango (2013), del director angoleño Dom Pedro. Como adelantando el desenlace. Despejando la incógnita. Una historia que gracias al morbo de destronar a la autenticidad y creación blanca del baile por excelencia en Uruguay y Argentina mantiene al espectador con la intriga entre sonidos porteños durante una hora y media.

Efectivamente, no han pasado ni 20 segundos del documental y una voz áspera y acompasada al piano que interpreta acordes trasnochados pone los puntos sobre las íes: la africanidad del tango es una realidad y la censura política y la desmemoria histórica en Argentina han realizado toda una labor de invisibilización certera (cosa diferente a lo ocurrido en el país vecino, Uruguay). La voz es la del reconocido músico argentino Juan Carlos Cáceres, protagonista de la cinta y que sirve de hilo conductor junto a otras figuras como las del musicólogo Don Fadel.

El trabajo de Dom Pedro camina con firmeza buscando precisamente las raíces históricas de una música híbrida, el tango, que se creó a finales del s.XIX con la mezcla de varias poblaciones que se dieron cita entre Argentina y Uruguay y de sonidos como el candombe, la milonga y las habaneras. Como afirmó Borges el tango tiene varios componentes: el puerto (la orilla, el mar), la diversidad cultural (españoles, italianos, libios, etc.) y el negro. El viaje es de ida y vuelta. Así, la primera parte del documental se centra en París, Francia, país de acogida de Cáceres, para adentrarse después en el continente latinoamericano.

Imagen de un momento de la grabación en Uruguay. Foto cedida por Dom Pedro.

Imagen de un momento de la grabación en Uruguay. Foto cedida por Dom Pedro.

Pero ¿por qué has realizado este documental Dom Pedro? “Porque este documental traduce mi visión del mundo. Es un trabajo que tiene como finalidad contribuir al conocimiento del mundo para facilitar la instauración de la paz entre los pueblos. Principalmente, porque para mi es importante que el diálogo entre los pueblos esté siempre de actualidad y en permanente afinidad de vivir en un mundo sin violencia. Es por este motivo que quería celebrar el Universalismo. Espero que mi obra ayude a traducir realmente esta filosofía”, explica.

Para este documental, el director angoleño no sólo ha realizado un trabajo de investigación a fondo sobre la base histórica de este ritmo, sino también, una historiografía sobre los negros que llegaron a América Latina como esclavos durante la época del comercio triangular motivada para favorecer el crecimiento económico en Europa. Los debates que se originan en la película sobre la contribución de los negros en Argentina y Uruguay resaltan que “es una historia ignorada o deliberadamente ignorada por los historiadores. Se ha pensado durante mucho tiempo que nunca hubo negros en ambos países, y que los que conforman la actual población son parte de una inmigración de carácter económico”. Pero con Tango negro. Las raíces africanas del tango, se demuestra todo lo contrario. Los esclavos desembarcaron y se asentaron en las orillas del Río de Plata y con instrumentos tradicionales como el tambor con el que crearon un estilo que se alió con los ritmos de muchas personas, en su mayoría provenientes de Europa. Quizás uno de los momentos más impactantes es cuando el director localiza a comunidades negras en regiones del interior de Argentina que mantienen las tradiciones de sus antepasados y que reivindican un espacio en la sociedad.

Fútbol, mate, tango y negros: historia africana de Argentina

¿Cuál es tu relación con el tango? “Realmente nunca he tenido ninguna relación con el tango hasta el día en que recibí la idea de hacer una película sobre el tema. Mi relación con esta expresión artística comenzó durante la escritura de la película y descubrí un mundo más que complejo: la forma de vivir, de caminar, de bailar y, finalmente, en la visión del mundo de la gente de Río de Plata. Quizás, más en particular, he aprendido sobre el punto de vista oficial de los argentinos. Mi encuentro con el grandísimo Juan Carlos Cáceres me facilitó entender muchas cosas de este país y de sus habitantes. A partir de entonces, una relación especial nació, sobre todo cuando participé para compartir la verdadera historia de esta música y su danza”, subraya Dom Pedro.

Pero no sólo del tago se habla. También de otros sonidos que nacieron sobre el s. XVI y que vienen de África como la cumbia, un baile del vientre, una danza entre un hombre y una mujer en el que ambos cuerpos tienen que bailar pegados. Una danza para amantes, un ritual erótico, de fertilidad. Pero volviendo al tango… ¿Qué significa esta palabra? Con esta explicación cargada de poesía, explica el etnomusicólogo Don Fadel los orígenes lingüísticos y antropológicos de esta música que emana del alma. “En la familia lingüística bantú tango hace referencia al sol, al tiempo y al espacio”.

Y las preguntas continúan. ¿Cuál fue el proceso mediante el cual cualquier vestigio cultural de la africanidad en Argentina fue eliminado? En el documental se explica que durante el mandato controvertido de Juan Manuel de Rosas entre los períodos 1829-1832 y 1835-1852 la población negra en Buenos Aires alcanzó alrededor de un 30% de la población local. El propio de Rosas acudía con regularidad con su familia a los candombes negros, una de las escasas formas culturales y de comunicación que les fueron permitidas a los africanos esclavizados que desembarcaban en tierra gaucha. “De alguna forma se convirtió en un elemento de control por parte del gobierno para soslayar la condición de esclavos”. De forma que la comida y el idioma prácticamente no sobrevivieron, pero sí su música.

Los cálculos son aproximados pero se estima que unos 12 millones de africanos llegaron a América Latina y los angoleños y congoleños (pertenecientes a la familia étnica y lingüística Bantú) fueron los grupos mayoritarios en Chile, Perú, Uruguay y Argentina. Como angoleño, Dom Pedro ¿cuál es la percepción de la africanidad del tango?En general, nadie o muy poca gente sabían de la africanidad del tango. Así que todo lo que tenemos que pensar es que hubo y siempre ha habido elementos culturales de África en la fundación de esta música y su danza. Y ahora, gracias a la película, ¡hay muchos africanos que están decubriendo la existencia de las raíces africanas en el tango argentino! Y, al mismo tiempo, el mundo aprenderá sobre la existencia de los africanos negros argentinos en Argentina, entre otras cosas. Por encima de todo, es importante saber ¡que existen comunidades negras en países de América! Es una historia que le debemos al mundo. Y la película muestra la existencia y la presencia de de los negros en paísesblancos’

Para terminar Dom Pedro, por cerrar el círculo. ¿Se baila el tango en Angola? Hay angoleños que conocen el baile llamado ‘tango’, pero no del todo. Lo que sería bueno saber es que en Angola tenemos una expresión de la danza local llamada Kinzomba o “Kinzombaque se enseña en todo el mundo. Y el Kizomba» en Europa o en muchos países se le conoce como el nuevo “African tango“. Así que hay una diferencia de significado entre las dos palabras, entre los dos términos. El Kizombanos recordaría al tango argentino”.

El documental realizado con el apoyo de la Unesco en la línea del proyecto “La ruta de la esclavitud: resistencia, libertad, herencia” y producido por la empresa francesa AMA Producciones y el apoyo del canal francés TV5 Monde permite, sin duda, arrojar luz sobre el aporte de las culturas africanas en la creación de esta música y contribuye a darle a ese patrimonio cultural inmaterial de la humanidad que es el tango, toda su dimensión plural. Así se expresa en una de las músicas compuestos por Cáceres que componen la banda sonora de este trabajo: “Tango negro, tango negro/ Te fuiste sin avisar/ Los gringos fueron cambiando tu manera de bailar”.