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Arrancamos la 4a temporada desde Pawa254

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Wiriko arranca la 4a temporada del magacín desde un espacio inmejorable. Gracias a una residencia con el colectivo de artistas y activistas kenianos de Pawa254, parte de nuestro equipo estará trabajando los próximos meses y ofreciéndote contenido de primerísima mano, desde uno de los mejores centros dedicados al talento creativo de toda África.

Fotógrafos, animadores, escritores, músicos, blogueros, grafiteros y todo tipo de ideas en la vanguardia de la transformación social del continente, se encuentran en esta incubadora de artistas situada en el corazón de Nairobi. Fundado por el mediático activista keniano Boniface Mwangi, Pawa254 es un espacio para el debate, el intercambio cultural y el fomento de una sociedad comprometida en transformar Kenia, y por extensión, África, a través del arte.

Con la intención de mejorar el contenido de nuestra revista, estrechar lazos con la comunidad de agentes culturales africanos, y trabajar, codo a codo, para fomentar el arte y las culturas contemporáneas entre la audiencia hispanoparlante, Wiriko se traslada en el epicentro de la noticia.

¡Esta temporada, más que nunca

la realidad cultural del continente

desde el continente!

“Todo arte es activista aunque sea de forma inconsciente”

Museo Nacional de Nairobi. Foto: Sebastián Ruiz.

Museo Nacional de Nairobi. Foto: Sebastián Ruiz.

El pasado fin de semana, el Museo Nacional de Nairobi acogió una jornada de conferencias y actuaciones bajo el título MINI STORYMOJA HAY FESTIVAL. El evento, celebrado para compensar la anulación del último día del STORYMOJA HAY FESTIVAL, programado del 19 al 22 de Septiembre y afectado por los ataques terroristas del centro comercial Westgate, ocupó dos escenarios privilegiados en el recinto: el anfiteatro y el auditorio Louis Leakey.

A las 9 de la mañana, la directora del colectivo Storymoja, Muthoni Garland, abría la jornada con talleres de escritura, para dar paso a un tributo al escritor ghanés Kofi Awoonor, asesinado en el atentado del centro comercial, de la mano del escritor keniano Binyavanga Wainaina. Al mismo tiempo, charlas sobre el “Activismo Online” y debates entre los bloggers más famosos del país calentaban los motores para la conferencia de dos autores que han basado sus obras de ficción en el panorama político de Kenia: Kinyanjui Kombani (autor de The Last Villains of Molo) y Richard Crompton (autor de The Honey Guide). Asimismo, una pregunta que ha pasado a sobrevolar el ideario de los jóvenes kenianos en el último mes tomaba posesión en el auditorio principal: “¿Somos realmente uno?” (en referencia al slogan nacionalista “We Are one”).

Periodistas y blogeros debatiendo sobre el ciberactivismo. Foto: Sebastián Ruiz.

Periodistas y blogeros debatiendo sobre el ciberactivismo. Foto: Sebastián Ruiz.

A la hora del almuerzo, mientras el olor del arroz de coco inundaba la entrada del anfiteatro, algunos escritores debatían la importancia de juzgar los delitos cometidos durante la violencia postelectoral en el país tras las elecciones de 2007. Ahí, los poetas de the ICC Witness Project competían, no muy severamente, con una charla más bien dirigida a amantes de la literatura romántica en una sesión bautizada como ‘Drumbeats on mobile’, dedicada a debatir las principales características de los romances literarios  del Este de Áfric: las diferencias entre el amor romántico “a la occidental” y el africano; la concepción de la belleza o la relevancia real del beso; las flores o los bombones en las historias de amor kenianas.

Pero la charla más relevante en materia artivista fue la que se tituló bajo el rótulo “Art and Activism”. Encima del escenario, cuatro ponentes perfilaron el papel del arte para la transformación social. Moderada por la oradora Mshai Mwangola, se inició con la participación de Ngungi Githuru, un conocido activista social keniano que despertó a la audiencia cantando y poniendo sobre la palestra la firme presencia de la oralidad en sociedades urbanas, modernas y cosmopolitas como la de Nairobi.

La sexóloga keniana Getrude Mungai disertando sobre el amor romántico occidental. Foto: Sebastián Ruiz.

La sexóloga keniana Getrude Mungai disertando sobre el amor romántico occidental. Foto: Sebastián Ruiz.

Abrió el debate la doctora Wambui Mwangi, una comprometida profesora de ciencias políticas que ha decidido dejar su plaza en la Universidad de Toronto y volver a Nairobi. A parte de ser docente en la Universidad de Nairobi, dirigir el grupo de escritores activistas Concerned Kenyan Writerso, o de escribir obras como Internally Misplaced, Wambui se dedica a fotografiar la Kenia más alejada de las guías turísticas. Su mirada a través del objetivo de la cámara es una visión cotidiana y cercana a la realidad: ropa tendida; carreteras asfaltadas; rascacielos; o tiendas de electrodomésticos. “¿Por qué esperar una mirada exótica de las fotografías africanas? O incluso ¿por qué centrarse en la narrativa de la pobreza?” En la ponencia, Wambui dejó clara la idea de que Kenia está conformada por muchos tipos de personas. La diversidad de población garantiza que haya gente como ella, encima de un escenario, hablando de arte, del poder para transformar la realidad, de cambiar la imagen de un espacio, un país o una generación, de influenciar e inspirar a toda una sociedad a través de la creción de nuevas iconografías. Su blog, Generation Kenya, está lleno de historias cotidianas capaces de cambiar el foco de atención de los medios y de la sociedad civil y centrarlo en las historias que conforman el panorama cultural keniano contemporáneo.

Le siguió Njonjo Mue, un conocido activista social y abogado de derechos humanos que ha sido varias veces encarcelado por actos como saltar encima del coche de un ministro o por escribir textos que han comprometido el gobierno keniano. Como Wambui, Njonjo es una de esas mentes brillantes que formaron parte de la Diáspora. Estudió en Oxford y trabajó en Sudáfrica, pero decidió volver a casa y luchar. Njonjo defiende la idea de que “la juventud keniana debería conformar una especie de ejército de defensa comprometido con los derechos de la juventud y capaz de crear un futuro mejor”. Es director de la Comisión Nacional Keniana de Derechos Humanos y escribe textos muy interesantes desde su blog personal: Generación Uhuru. En la ponencia, Mue puso especial énfasis en una de sus mayores pasiones: la poesía. Y defendió que “las palabras tienen mucho poder para transformar la realidad de una sociedad”.

Activista keniano, Ngungi Githuru, interpretando una canción en swahili.

Activista keniano Ngungi Githuru interpretando una canción en kiswahili. Foto: Sebastián Ruiz.

En la misma línea, intervino Keguro Macharia, un profesor de literatura comparada y miembro del Concerned Kenyan Writers Collective que ha escrito muchísimo sobre los derechos de los homosexuales y contra la homofobia, y que, además, es portavoz de LGTD Kenia. Como Mwangi y Mue, Macharia decidió abandonar su plaza como docente en Estados Unidos y volver a su país natal. Con el colectivo Koroga, un grupo de poetas y fotógrafos kenianos, incendia el mainstream narrativo; y en Gukira, su blog personal, relata fotografías del alma de forma corta y concisa. De hecho, su mensaje en el Mini Hay Festival enfatizó “la capacidad de impregnar las mentes con píldoras narrativas cortas”. Defendió la importancia de algunos proverbios, de algunos versos, sean en forma escrita, oral o pintada en las paredes como graffiti, para impactar en la forma de pensar y actuar de las personas.

La importancia de las narrativas, de las imágenes, de la iconografía… Y la imposibilidad de que, de una forma u otra, lo que se produce tenga un impacto en la sociedad, fueron las conclusiones de la ponencia, que terminó con la voz de Mshai Mwangola afirmando que “todo arte es activista aunque sea de forma inconsciente”.

Arte de protesta: The South African Poster Movement

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The People Shall Govern, de J. Seidman 1982 (Medu, Garobone) (Basado en una fotografía de Eli Weinberg en Kliptown).

* Este artículo fue originalmente publicado en el Boletín Trimestral del Centro de Estudios Africanos e Interculturales de Barcelona, el 30 de Septiembre de 2013.

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El apartheid (separación en afrikáans) sudafricano fue la instauración y formalización de un proceso que ya se había iniciado con la llegada de los europeos, la segregación racial. El establecimiento de zonas étnicamente segregadas con peores condiciones para los negros, el desalojo de la población negra de sus tierras y casas y un sinfín de leyes racistas que mantenían intacto el poder de esta minoría blanca en detrimento de la mayoría negra, obtuvieron una contundente respuesta a partir de los años setenta. Con el creciente endurecimiento del régimen, se intensificaron las protestas sociales y la resistencia. En ese momento, el arte se erigió como un medio de expresión y organización esencial.

Gran parte del arte producido durante este periodo, crítico con las políticas raciales, culturales y políticas del Estado, ha sido conocido como arte de protesta o arte de resistencia, a pesar de que sigue habiendo debates en torno al término. Es necesario situar este movimiento artístico dentro de un contexto más amplio de la historia y de la historia del arte de Sudáfrica, ya que ha sido un elemento esencial de la lucha antiapartheid y por lo tanto, tiene una gran relevancia la configuración artística y social actual. Música, teatro, artes visuales, etc. servían para expresar, concienciar y mostrar el rechazo a un régimen político racista e injusto.

Este proceso partió de la recuperación del papel del arte africano tradicional, donde tiene una función en la comunidad y no es meramente estético. Hasta 1975, las artes visuales, en general no habían reflejado los problemas sociopolíticos del país, ya que estaban totalmente alejadas de la realidad: paisajes, abstracción, viñetas de la vida cotidiana de los townships, etc. Incluso en un mercado de arte copado por los blancos, los artistas negros que dependían de las ventas de su arte, preferían no retar al Estado y seguían mostrando escenas en los townships, paisajes rurales, así como de temas religiosos o mitológicos (Williamson, 2004).  Pero el arte ha sido tradicionalmente un infalible transmisor de mensajes con el que llegar más fácilmente a diferentes grupos sociales, por lo que no fue necesariamente una actividad elitista. El movimiento de resistencia cultural popular jugó un rol importante en la comunidad y en la lucha por la libertad (Ibid, 2004).

Tanto la invisibilidad de los artistas negros en el panorama artístico del país, como la utilización del arte para expresar el malestar social y no sólo hacer el arte por el arte, son cuestiones que se trataron en dos eventos importantes y determinantes en el contexto cultural sudafricano. El primero fue un congreso en 1979 llamado El estado del arte en Sudáfrica (The State of Art in South Africa) en la Universidad de Ciudad del Cabo en 1979, donde se discutió la inexistencia de artistas negros en la vida artística sudafricana —incluso en la misma conferencia—. De ahí surgió un manifiesto para prohibir que el trabajo de los artistas fuese enviado fuera del país representando Sudáfrica, hasta que las instituciones culturales permitieran la participación de artistas negros.

"Para mí como artesano, el acto de crear arte debería cumplir el acto de crear refugio para mi familia o liberar el país para mi gente. Eso es cultura." Thami Mnyele

“Para mí como artesano, el acto de crear arte debería cumplir el acto de crear refugio para mi familia o liberar el país para mi gente. Eso es cultura.” Thami Mnyele

El segundo evento, fue el festival Arte para el desarrollo social y cambio en Sudáfrica (Art towards social development and change in South Africa) que tuvo lugar en 1982 en Garobone (Botswana) y cuyo objeto de discusión principal fue el binomio arte-resistencia, motivando a los artistas a ser parte de sus comunidades. Este Festival lo organizó Medu Ensemble, que fue una asociación de trabajadores culturales sudafricanos en el exilio, establecida en Bostwana y que tuvo un peso relevante en la producción artística visual antiapartheid. Thami Mnyele, artista gráfico y activista, fue el encargado de presidir el festival y su discurso inaugural:

“El tema de esta exhibición es ‘Arte para el desarrollo social’, pero me tengo que apresurar a preguntar, ¿qué arte? ¿qué desarrollo social? El acto de crear arte no es diferente del acto de construir un puente — es el trabajo de muchas manos—. Por lo tanto el arte es social, como lo son otras formas de arte como la escritura, el teatro, la música y más. Eso significa que el arte es parte y parcela de las reglas y leyes que gobiernan las sociedades. Entonces, el hecho de que en Sudáfrica la mayoría de la gente está comprometida en una lucha por la liberación, significa que el arte y los trabajadores culturales no pueden estar divorciados de este proceso”. (Extraído de ‘Red on Black. The story of South African Poster Movement’. Traducción propia).

 

El surgimiento y evolución del South African Poster Movement

En este momento álgido de encuentros entre trabajadores culturales, surgen varias iniciativas de arte comunitario por todo el país, forjando colectivos y movimientos sociales en torno al arte y la idea de la necesidad de usarlo como arma a través de carteles, pancartas y gráficos (Seidman, 2007). Fue dentro del terreno de las artes visuales y retomando la concepción del arte comunitario, donde tuvo lugar el South African Poster Movement, que se caracterizó por un diálogo constante entre las emociones, creencias y creatividad del artista individual por una parte y la declaración colectiva y comunitaria por la otra (Seidman, 2007). En este proceso, el arte comunitario permitía interaccionar, poner en común, sugerir cambios y pensar en el impacto de aquellos gráficos que se generaban en colectivo. Más que amenazar esta individualidad del artista, la idea era explorar esta creatividad y emoción y sacarle partido. Murales, pancartas, camisetas y posters ——expresiones visuales de resistencia—, se convirtieron en una parte importante del trabajo de las organizaciones y sindicatos (así como el teatro, música o poesía, entre otros). La gráfica de los carteles y la ilustración permitía a diferentes clases sociales con diferente acceso a la educación, acceder más fácilmente a la información y recibir ese mensaje.

¡Cuidado! ¡Tengan cuidado con los nativos!

¡Cuidado! ¡Tengan cuidado con los nativos!

Pero la popularización de esta herramienta entre la población negra no fue fácil. La dificultad de acceso a la educación y formación y la falta de acceso a las tecnologías complicaban el desarrollo y utilización de la gráfica. A pesar de ello, durante el siglo XX, empezaron a surgir tímidas manifestaciones influenciadas por las imágenes revolucionarias internacionales que se daban al calor de los acontecimientos políticos como la II Guerra Mundial y la Guerra Fría, sobre todo de Europa y Rusia. Estas manifestaciones  se irían haciendo más agudas con el paso de los años, hasta llegar al clímax en los años setenta y ochenta, cuando el Poster Movement tuvo su auge.

ANCEste movimiento de cultura gráfica, fue acompasando y plasmando los acontecimientos que tenían lugar en un escenario social y político muy agitado. El auge del Black Consciousness Movement recordó el poder de la cultura en la lucha de la gente; los sindicatos, movimientos sociales, partidos políticos y organizaciones (como el COSATU, African National Congress , Comunist Party y The United Democratic Front) utilizaban los carteles para difundir ideas, protestar, anunciar eventos, exigir la liberación de los presos políticos y recordar a aquellos y aquellas que habían sido asesinados durante la lucha. La gráfica de los carteles era también  una herramienta básica de la lucha obrera y estudiantil, así como el crecimiento de la prensa comunitaria que daba información sobre la resistencia, ni siquiera mencionada en la prensa comercial. Las matanzas de Sharpeville (1960) y de Soweto (1976), así como el establecimiento del Estado de Emergencia de los años ochenta, quedaron impresos en los numerosos posters.

Las técnicas artísticas y símbolos que se habían ido desarrollando durante esos años, le conferían un estilo estético específico. Banderas, puños cerrados, colores y escudos acompañaban a los eslóganes de la lucha. Junto a ellos, diversas técnicas artísticas se plasmaban en el cartel: la madera tallada, los bloques de madera, el lino grabado, la escritura a mano o el dibujo, formaban parte de la composición gráfica del póster. La utilización de la fotografía fue también un pilar básico de estas composiciones, ya que suponía una imagen de la realidad que se acababa convirtiendo muchas veces en icono o símbolo.

La importancia del South African Poster Movement radica principalmente en que narra la historia reciente del país, siendo hoy en día un antídoto contra el olvido. De acuerdo con Seidman (2007) el hecho de que esta producción de carteles represente un movimiento artístico, no significa que cada cartel producido en este periodo constituya una obra de arte ya que muchos de ellos tenían simplemente un fin divulgativo e informativo, totalmente funcional en respuesta a una necesidad concreta.  Pero sí hay que destacar el hecho de que una gran parte de los artistas de la época tanto negros como blancos, entendieron que no podían —y que no querían— separar su producción artística de la realidad que estaban viviendo y que su arte podía ser una potente arma en la lucha y resistencia contra el apartheid.


¿Quieres saber más?

Escucha el audio de la conferencia “La Sudáfrica del apartheid y el papel del arte en la lucha” realizada el 6 de febrero en la inauguración de la exposición “Arte en resistencia: The South African Poster Movement” en Traficantes de Sueños:

 

 

Bibliografía

Peffer, J. (2009). Art and the end of apartheid. Minneapolis: University of Minnesota Press.

Seidman, J. A. (2007). Red on Black. The story of the South African Poster Movement. Johannesburg: STE Publishers.

Williamson, S. (2004). Resistance Art in South Africa. Cape Town: Double Storey Books.