Entradas

África inunda Londres de literatura

AW-Postcard-Jpeg

 

Africa Writes, el mayor festival anual de la literatura y el libro africano organizado por la Royal African Society de Londres, abre hoy sus puertas hasta el domingo. Celebrando su quinto aniversario, el encuentro ha conseguido aglutinar a más de 50 autores, poetas, editores, artistas y académicos, incluyendo a algunas de las voces más influyentes de la literatura contemporánea africana.

Nawal El Saadawi, la escritora feminista egipcia reconocida internacionalmente, cuyo trabajo ha sido traducido a más de cuarenta idiomas e incluye títulos como Woman at Point ZeroWomen and Sex (prohibido en Egipto durante casi dos décadas), será la figura principal del festival. Como expresó hace unos días: “Estoy muy satisfecha de participar en el quinto Africa Writes Festival. África es rica en mujeres y hombres creativos, de la riqueza material fina y de tesoros históricos únicos. Egipto está en África, no en el llamado ‘Oriente Medio’ (¿en medio de qué?). Estoy orgullosa de mis raíces africanas”.

Las nuevas escrituras así como las mujeres escritoras ocuparán un lugar prominente en el programa de este año. El festival también alumbrará sobre las narrativas de los desplazados, la migración y las historias perturbadoras en situaciones de crisis. Precisamente, los escritores Kayo Chingonyi, Inua Ellams y Zodwa Nyoni participaron el pasado lunes en una mesa redonda con sus historias de asilo y huída.

Esta tarde, el festival presenta “Sexo, amor y poesía”, una velada con lecturas y debates sin censura que serán moderados por el activista nigeriano y defensor de los derechos del colectivo LGBTI, Bisi Alimi. El domingo, el Africa Writes cerrará su quinta edición con una puesta en escena de la obra El inmigrante, de la dramaturga Joy Gharoro-Akjopotor. La historia explora en el año 2035 cómo se vería el mundo si África fuera el continente más grande del mundo. Con este marco, Oliver, un británico en busca de asilo, se encuentra retenido en la frontera africana por Usman, un funcionario que no es aficionado precisamente a los inmigrantes. Lo que sigue será una batalla dialéctica y cruce de historias que ayudarán a contextualizar aún más la crisis de los refugiados en Europa.

Nawal_I-am-proud-of-my-African-roots

En los últimos cinco años, el festival Africa Writes se ha convertido en un evento clave con sede en Londres y ha acogido a algunos de los grandes nombres de la literatura africana, incluyendo a Chimamanda Ngozi Adichie (2012), Ngugi wa Thiong’o (2013), Ama Ata Aidoo (2014), Wole Soyinka (2014) o Ben Okri (2015). Desde presentaciones de libros y mesas redondas, a espectáculos y talleres, la quinta edición ofrecerá un nuevo programa de amplio alcance que conectará a escritores africanos, británicos y aquellos que se encuentran en la diáspora. Los paneles de discusión explorarán el papel de la escritura de no ficción en el desarrollo de las narrativas de África, la diversidad en las publicaciones infantiles, y las nuevas hebras en el género de ficción contemporáneo.

Para más información: http://africawrites.org/ 

 

La inteligencia y extraña belleza de la narrativa de Aminatta Forna

En la década de los 80 se impuso la idea de que un autor blanco no podía escribir sobre negros, sobre la negritud o sobre la experiencia cultural negra o africana.  En una entrevista, Doris Lessing se expresaba así en relación al  dogma que proscribía esas narrativas: “Siento que yo puedo escribir de la experiencia africana tanto como un autor negro africano; así como un indio, como lo es Rushdie, puede escribir sobre la experiencia inglesa o Achebe, que es nigeriano, sobre la experiencia norteamericana.”  Parecería que este tipo de encorsetamientos fueran más propio del pasado, sin embargo en fechas recientes hemos leído artículos de opinión que volvían a encajonar la creatividad y libertad, así como la identidad, del escritor.

La escritora Aminatta Forna. Fuente: The Guardian

La escritora Aminatta Forna. Fuente: The Guardian

El más reciente ha sido el firmado por Ben Okri en el que hablaba sobre la “tiranía mental de los escritores africanos”. Alega que los escritores africanos (otro término sin definir) escriben siempre a partir de los temas que se espera de ellos (que esperan los lectores occidentales) por ser precisamente africanos; pobreza, dictaduras, guerra, corrupción, hambre… Eso les lleva, en cambio, a no ser considerados ya que el lector occidental huye de esas temáticas, y afirma que a los autores africanos les falta libertad para romper la tiranía mental que les impide escribir obras sobre grandes temas.

Aminatta Forna escribe sobre conflictos y también se las ha visto con el tema de la identidad. A menudo se engloba a esta autora bajo la etiqueta de “escritora africana” (en 2007 fue nombrada como una de las jóvenes escritoras africanas más prometedoras por la revista Vanity Fair). En más de una ocasión ella misma ha eludido este “título” alegando que no se ve dentro de esta clasificación. Su padre, Mohamed, salió de Sierra Leona para estudiar medicina en Escocia, lugar en el que conoció a la madre de la escritora y en donde nacieron sus hijos. Con seis meses de vida Aminatta, junto con su familia, regresó al país africano, donde pasó su infancia. Después, el matrimonio se desintegró y Forna vivió a caballo, sobre todo, entre Reino Unido y Sierra Leona, donde su padre ejerció la medicina hasta que se involucró en la política. Una noche se lo llevaron de casa. Aminatta no lo volvió a ver más. Tenía entonces 10 años.

The Devil that Danced on the Water (2002) fue su primera novela y excavaba en su propia memoria: en la necesidad de saber qué le había ocurrido a su padre. La vuelta al país africano, cuando el conflicto estaba terminando, para poder escribir el libro y el camino que emprendió hacia la verdad se cobró su peaje: descubrió que la mentira y la manipulación, la codicia y la corrupción, el miedo y la violencia estarían dentro de ella para siempre. En aquel viaje en el que descubrió que “la guerra había destrozado el país como un tornado”, también supo que el régimen torturó a su padre y sobornó a cuatro hombres para que dieran falso testimonio contra él, acabando por ahorcarle “por traición”. Era el fin de la inocencia.

Fornalandia

donde crecen flores silvestresCUB.inddDonde crecen las flores silvestres (2013), traducida al castellano por Alfaguara, es su última novela escrita una década después de la primera pero no se aparta tanto de su trayectoria literaria como, a priori, pudiéramos llegar a pensar. En esta novela la escritora se aleja de tierras africanas para centrar la historia en el conflicto de la antigua Yugoslavia. Sin embargo, a pesar de haber cambiado el escenario, no ha hecho lo mismo con sus intereses y preocupaciones: la cruenta guerra civil de Sierra Leona, que ella descubrió en toda su extensión al investigar la muerte de su padre, y sus secuelas. Éstas se esconden pero no desaparecen tras la historia de Duro, el protagonista de la novela, ya que el dolor por la pérdida, el impacto de la traición y el terrible escenario de muerte y desamparo permanecen en su escritura.

Antes había publicado otras dos novelas que tenían como telón de fondo el conflicto sierraleonés, sin que en ninguna de ellas tratara de explicar las causas, Forna prefiere hablar de lo que se vive y de las consecuencias del mismo.

Tomando como protagonistas a cuatro mujeres El jardín de las mujeres (2006), cuyas historias se enmarcan en un tramo histórico que va desde 1926 hasta 1999 y sin ubicar lo narrado en un territorio concreto, aunque es inevitable pensar en Sierra Leona, nos cuenta la evolución de la saga familiar Kholifa. Abie vuelve a África para reclamar una herencia que su abuelo le legó al morir: los cafetales en los que solía jugar de niña en la aldea ancestral. Los recuerdos de sus cuatro tías lograrán confeccionar un tapiz que tiene el mundo espiritual muy presente. También la guerra civil, con sus traiciones y desapariciones aparecen en la trama. A pesar de que las voces femeninas parecen sólo una, es un texto repleto de escogidas palabras que van haciendo crecer un inmenso jardín ante nuestros ojos en el que las mujeres se reúnen y hablan con palabras elegidas, que logran pasajes luminosos.

portada-jardin-mujeres_grandeUno de los personajes de El jardín de las mujeres aparecerá en su siguiente novela La memoria del amor. Adrian Lockheart, es el psicólogo londinense que decide marcharse a África, en plena crisis personal, en busca de algo que le sacuda de la monotonía de una vida que fluye sin sentido y que tratará de ayudar a la gente a superar los traumas de la guerra. Si para Adrian ese lugar resguardado, protegido y a salvo que todos necesitamos tener, se llama “casa”; para el resto de africanos que, en este caso, han pasado por una guerra civil, terrible, desgarradora y paralizante, a ese lugar seguro, al que se acude en modo de fuga, se llama “refugio”. Parece el mismo concepto, pero difiere el camino por el que se llega.

En esta novela, al contrario que en El jardín de las mujeres, tres hombres nos narran sus historias. Casi todos los personajes guardan algún tipo de recuerdo doloroso, porque el libro habla sobre todo de la pérdida. Son los días posteriores a la guerra civil que arrancó en Sierra Leona en la década de los 90, los días en los que afloran las consecuencias de la misma, cuando llega el momento en el que víctimas y verdugos caminan por las mismas calles, héroes y traidores confunden sus historias.

Podría Forna haber puesto más el dedo en la llaga de la sangría que supuso una guerra civil donde niños-soldado eran obligados a cometer las mayores barbaridades imaginables, donde las mujeres eran violadas hasta la muerte y donde miles de ojos aterrados contemplaban y soportaban lo inenarrable. Pero prefiere internarnos en las secuelas, en lo que continúa a pesar de que, en apariencia, la vida siga adelante, en la incapacidad de nombrar las cosas por su nombre, en la parálisis de las palabras que se atoran en la garganta. Un grito eterno en la oscuridad. El silencio odioso que se cierne como un velo denso sobre toda la ciudad, en un intento de olvidar lo ocurrido para que desaparezca por sí solo, mientras ganan las narrativas que dan la vuelta a los hechos, mientras las víctimas mantienen su silencio ante los verdugos que, sin haber rendido cuentas por sus actos, ahora pasean tranquilos por las mismas calles por donde sembraron el terror, hasta que la boca se abre: “Cada persona le contó una parte de la misma historia. Y contando la historia de otra persona, contaron la suya propia”. Mientras el occidental necesita encontrar algo que de sentido a lo que vive y llama “trastorno” a los traumas que va conociendo, los africanos saben que lo que transcurre delante de sus narices es la vida, “la guerra tenía el efecto de animar a la gente a tratar de seguir viva. También la pobreza. Era tan difícil sobrevivir que no podía tomarse a la ligera. Tal vez el doctor sueco se imagina intentando acabar con todo si viviera aquí”.

portada-memoria-amor_grandeDuro, el protagonista de Donde crecen flores silvestres, es un ser solitario que está obligado a vivir con el pasado. Cuando llega una familia inglesa a la casa azul, situada en el idílico pueblecito croata de Ghost, que tantos recuerdos guarda dentro de sí, y se ofrece para ayudarles a restaurarla, la sucesión de historias se va encadenando, sacando a la luz lo que parece ocultar la vida áspera y fría del pequeño pueblo. Junto a ellos, iremos descubriendo a unos turistas que no quieren enterarse de la verdad, a un país que ha sufrido una masacre humana y que tras el horror camina en silencio, esperando que ese ser querido desaparecido se aparezca un día delante de ellos, conviviendo con los que saben han sido traidores y culpables de los mayores crímenes imaginables. Una vez más víctimas y verdugos aparecen y todos saben, pero en esta ocasión todos callan y siguen viviendo, sin olvidar, pero sin añadir más dolor.

Leyendo Donde crecen flores silvestres una se da cuenta de que no es el tema lo importante sino la capacidad del escritor para lograr que sea cual sea el tema elegido surja auténtica literatura. Forna eligió un país que no es el suyo para contarnos una historia que transciende los límites estrechos de todos a los que les gusta etiquetar las narraciones, para regalarnos un inteligente texto que formula muchas cuestiones y es de interés tanto para europeos como para africanos o asiáticos. Cuando es verdadera literatura. Algo que Ben Okri debió de olvidar.

La literatura nigeriana está de moda

achebe - Angela Radulescu portada

Chinua Achebe

Hoy, 21 de marzo de 2014, se cumple un año de la muerte de Chinua Achebe, uno de los pilares de la literatura nigeriana. Además de ser considerado el padre de la novela africana, una distinción absolutamente subjetiva, se decía de él que era el principal aspirante del continente al premio Nobel, sin embargo, falleció sin recibir este galardón, seguramente merecido. En todo caso, el aniversario nos lleva a lanzar un vistazo al estado de la literatura nigeriana y a darnos cuenta de que la situación es más halagüeña que nunca. Por un lado, porque los discípulos del maestro son legión. Por otro, porque recibe más atención que nunca por parte tanto de la industria editorial internacional, como de los medios de comunicación. Y, finalmente, porque presenta una atractiva variedad, salud creativa y vías de experimentación. Así, ventas, repercusión, calidad y nuevas apuestas marcan el paso de un panorama que no se puede perder de vista porque se ha convertido en una fuente inagotable de novedades.

Wole Soyinka, uno de los pocos africanos ganadores del Premio Nobel. Fuente: http://uncut.indexoncensorship.org

Wole Soyinka, uno de los pocos africanos ganadores del Premio Nobel. Fuente: http://uncut.indexoncensorship.org

La desaparición de este “padre” de la literatura ha dejado a otro grande (grandísimo) de las letras, como único nigeriano galardonado con el premio Nobel de literatura, Wole Soyinka. Precisamente el literato africano hacía una interesante reflexión, en una entrevista concedida a Sahara Reporters, acerca de la consideración de Achebe como “padre de la novela africana” y de la obsesión por que recibiese el premio Nobel. Soyinka rechazaba la paternidad de Achebe, de la misma manera que rechaza las consideraciones que le señalan a él mismo como “padre del teatro africano”, básicamente porque considera que refuerza las visiones paternalistas de los expertos extranjeros que sólo prestan atención a la literatura escrita y porque esa mención obvia la diversidad de las literaturas africanas.

En relación con la petición del Nobel para el autor de Todo se desmorona, Soyinka lo consideraba una falta de respeto. Para él, los que insistían en esta demanda estaban “escribiendo un epitafio negativo” del, en ese momento, recién fallecido escritor. Aseguraba que la calidad de la obra de Achebe, indudable, no variaba porque no le hubiesen concedido el Nobel, pero además, la insistencia marcaba su desaparición con mancha de frustración que no se correspondía con la importancia del autor. Se preguntaba de manera muy ilustrativa si alguien creía que “había sido el premio Nobel o la representación eurocéntrica de la realidad africana lo que había motivado a un joven escritor a coger pluma y papel para escribir Todo se desmorona”.

Privados de Achebe y sin novedades editoriales de Soyinka desde hace años, la literatura nigeriana podía parecer huérfana. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Sin entrar en comparaciones que serían un terreno indudablemente resbaladizo, muchos autores están tomando el relevo de los maestros, al menos, en lo que se refiere a influencia en la actualidad literaria mundial. Probablemente la punta de lanza de esta “nueva generación” sea la ya archiconocida Chimamanda Ngozi Adichie, de la que se ha hablado en esta sección en diversas ocasiones. Hace sólo una semana, el último libro de Adichie, Americanah, recibió el US National Critics Book Prize. Sin discusión, ahora mismo, la autora de La flor púrpura, Medio sol amarillo o Algo alrededor de tu cuello está en lo más alto del mercado editorial. No en vano, Americanah se ganó un puesto en las listas de los mejores diez libros de 2013 en varias publicaciones incluido el New York Times y su autora fue considerada uno de los 100 africanos más influyentes del mismo año.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

No se trata de hacer una lista exhaustiva de autores nigerianos de éxito y calidad, una lista en la que tendían que aparecer nombres como Chris Abani o Helon Habila o los miembros de generaciones anteriores que han tenido la habilidad de no perder el paso y perpetuarse como referentes como es el caso de Ben Okri. Sin olvidar todos esos nombres, sólo pretendemos recordar los hitos que demuestran la buena salud de la literatura nigeriana en este primer año post-Achebe. Y en este sentido, por ejemplo, hace poco más de un mes, en esta misma sección, nos hacíamos eco de la repercusión internacional del lanzamiento de la segunda novela de Okey Ndibe, Foreign Gods Inc. Los principales medios y revistas especializadas en el mundo editorial, fundamentalmente las del ámbito anglosajón, se hicieron eco de la aparición de esta novela en la que se conecta Estados Unidos y Nigeria a través de los movimientos migratorios y, curiosamente, del arte.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Más allá de premios y páginas de medios influyentes resulta curiosa la aparición (o el mantenimiento) de algunas voces especialmente arriesgadas que están explorando nuevos mundos narrativos ya sea a través de estilos innovadores o de géneros poco explotados. El primero de estos casos es el de Nnedi Okorafor, con su incursión en la novela fantástica, a través de What Sunny Saw in the Flames, en el que se confunde novela social, ciencia ficción, policiaca y fantástica en la historia de un grupo de jóvenes con poderes que tienen que investigar unos extraños crímenes en un mundo fuera de lo común.

Every day is for the Thief, de Teju Cole

Every day is for the Thief, de Teju Cole

Otro caso de exploración, sin duda, es el del emergente y asombrosamente rápido consolidado Teju Cole. Las nuevas tecnologías se han convertido en un rasgo de identidad de Cole, de su estilo literario y del entorno en el que se desarrollan sus historias, como ocurre en Every Day is for de thief, donde están muy presentes tanto internet como el cine. No en vano, su actividad en el blog ha sido fundamental en el descubrimiento de su obra y actualmente su presencia en Twitter es prácticamente ineludible en los círculos literarios africanos, por supuesto, pero también mundiales.

Casulamente para terminar de redondear esta visión positiva, los dos últimos autores que se han mencionado Okorafor y Cole han sido editados por Cassava Republic Press, un grupo editorial independiente nigeriano. Cassava se ha convertido en un referente en África anglófona se trata de un arriesgado proyecto que combina la publicación de autores consagrados con otros más desconocidos y que pretende acercar a los escritores nigerianos a sus compatriotas, pero también abrirles el mercado editorial internacional. Verdaderamente una muestra más de que el libro nigeriano goza de buena salud.