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La dignidad de los mestizos olvidados

Quizá un día no llame la atención que un escritor africano ambiente sus novelas lejos de África o de las comunidades africanas. Sin embargo, ese día todavía no ha llegado. Por lo poco común y porque rompe una de las características que se supone a la obra de un escritor africano, se impone destacar el hecho de que un escritor del continente ha ambientado una historia en otro lugar, el que sea. En esta sección se ha señalado en ocasiones previas, cómo en la mayor parte de los casos, se espera cosas de las obras de los autores africanos (ubicación, estilo, temas…) que constriñen su creatividad. Así que cada vez que se rompen esos límites, Wiriko lo celebra.

El escritor congoleño Emmanuel Dongala. Fuente: Rama, Wikimedia Commons. 

Emmanuel Dongala, el laureado escritor congoleño, lo ha hecho. Se ha abstraído de esos límites no escritos y ha construido una historia que deja boquiabierto. La Sonate à Bridgetower rompe seis años de silencio con una narración fuera de lo común. El personaje de George Bridgetower es la excusa de Dongala para ponerse delante de un momento histórico excepcional, de una serie de situaciones desconocidas y de un momento lleno de unas contradicciones que han desafiado todos los estereotipos.

Bridgetower fue un músico que existió realmente a finales del S. XVIII. Se trataba de un mulato, hijo de un negro de Barbados y de una blanca de Polonia, virtuoso del violín que hizo las delicias de los ambientes musicales de las principales ciudades europeas, desde París hasta Viena en aquella época. Deslumbró con su arte y llegó incluso a fascinar de tal manera a Beethoven que escribió una sonata en su honor, una sonata que finalmente recogió en su título a otro músico.

A través de la trayectoria de Bridgetower, Dongala dibuja en realidad una época y un espacio. El escritor congoleño relata la vida de una Europa en plena efervescencia. El escritor recuerda la existencia de una élite negra o mestiza en aquellas ciudades, entre las que se contaban escritores, políticos o músicos, que a pesar de estar en primera fila, siempre tuvieron una posición muy especial sólo por el color de su piel. En aquella Europa en la que la libertad se abría paso para algunos, en la que la esclavitud vivía su últimos estertores y la cultura se desparramaba, Bridgetower se convierte en el ejemplo de una sociedad casi esquizofrénica. Dongala evoca, por ejemplo, la figura de Angelo Soliman, un negro que se desenvolvía en las más altas esferas políticas y cultuales de Europa central y, sin embargo, cuando murió fue disecado y convertido en una pieza de museo. “En esta filosofía de las luces, hay un espacio de sombra. Muchos pensaban todavía en ese momento en la inferioridad de los negros, incluidas algunas personas que hoy consideramos muy tolerantes”, declaraba Dongala en FranceInfo. Pero la dualidad no se producía sólo en ese sentido, sino que, por ejemplo, muchos mulatos tenían a su vez esclavos.

Y es que las diferentes formas de trata y de esclavitud atraviesan la novela de Dongala, igual que lo hacen las profundas raíces del racismo. “Esta élite, a menudo mestiza, estaba tan ansiosa por integrarse que acabó por aceptar la jerarquía del color de la piel que se imponía: cuanto más blanco eras, mayor era la consideración que te tenían”, comentaba el escritor congoleño en una entrevista promocional en Le Monde.

Emmanuel Dongala es un escritor con una impresionante trayectoria que le ha llevado a recibir algunos de los reconocimientos más importantes de la literatura africana como el Grand Prix Littéraire de l’Afrique Noire que recibió en 1988 por Le Feu des origines; o el más reciente Prix Ahmadou-Kourouma otorgado en 2011 por su anterior novela Photo de groupe au bord du fleuve. Entre tanto, el escritor le ha dado un giro de 180 grados a su vida. Tuvo que dejar Brazzaville debido a las luchas de poder que se habían desencadenado en el país. Y se vio en Estados Unidos arropado por una campaña de solidaridad lanzada por algunos amigos del escritor. Dongala ejerce de profesor de química y de literatura africana en su país de acogida y, como se pude ver, encuentra el tiempo para seguir renovando su torrente creativo.

Reflejos de la colonia: la Escuela de pintura Poto-Poto de Brazzaville

Guerriers en lutte (c. 1955), de Nicolas Ondongo. Oli sobre tela

“Warriors fighting” de Nicolas Ondongo

Las ciudades africanas son a menudo consideradas como resultantes de la colonización y como símbolos indiscutibles de modernidad en el continente. Lo cierto es que ya antes de la Conferencia de Berlín, que repartiría el continente entre las principales potencias europeas en 1885,  existían ciudades y civilización urbana en ciertas regiones que los colonizadores aprovecharían para re- apropiarse y transformar según sus necesidades. Sidney Kasfir (1999) habla de tres procesos sociales que acompañaron el colonialismo europeo en África y que da lugar a nuevos tipos de creaciones artísticas: la urbanización, la introducción de la tecnología y cultura de Occidente y la expansión del alfabetismo a través de la educación formal. Después se le añade el desarrollo de un “mercado del arte” bajo los patrones europeos. A pesar de que la urbe era considerada como un espacio hostil para los africanos, en los años cuarenta y cincuenta esta percepción cambió. Se extendió una música popular corriente que impulsó el florecimiento de las grandes ciudades de Sudáfrica, Ghana, Nigeria y Congo, bajo la idea de la “ciudad feliz” y de un espacio de libertad donde encontrar todo tipo de oportunidades. Este contexto vivido en las ciudades propiciaba iniciativas que entrarían a formar parte de la historia del arte del país, pero también del continente. Tal es el caso de la creación de la Escuela de pintura Poto-Poto, situada en el barrio del mismo nombre.

Creación, filosofía y estilos de la Escuela Poto-Poto pierrelods

Su creador Pierre Lods, era un pintor francés y matemático expatriado en Brazzavile y un profundo admirador de las creaciones artísticas locales, así como de la vida en Congo Brazaville. En 1951, lanzó el proyecto después de descubrir una pintura de uno de los miembros del personal de servicio que tenía en su casa, Felix Ossali. “Nunca había visto nada como eso en artes africanas, sus pinturas eran innegablemente ‘negras’ en su habilidad para sorprender y en la grandeza y magia que emanaba de ellas”, afirmaba Lods. Tal fue su impresión que se puso manos a la obra para la creación de una escuela de arte en el barrio (Poto-Poto) con el apoyo económico del gobierno francés. Empezó a animar a jóvenes sin formación y sin experiencia en materiales y métodos de creación a que pintasen a partir de las vivencias del mundo que les rodeaba, facilitándoles objetos tradicionales como máscaras, esculturas, proverbios y poesías de África.

Estos objetos influirían en el resultado de sus creaciones, logrando así un estilo particular característico de la escuela Poto-Poto y basado en la supuesta esencia “puramente africana” y en el arte como medio de expresión más que en la elaboración de un discurso intelectual. Así, la escuela era concebida como una espacio donde la personalidad del artista se podía desarrollar libremente sin la intervención de una instrucción académica, sin una comprensión técnica ni un conocimiento de los materiales utilizados. De esta manera Lods se aseguraba que fuesen creaciones propias, espontáneas y alejadas de las imposiciones que pudiesen bloquear la creatividad de los artistas. Algunos de los nombres que forman parte de esta escuela son: Ossali, Ondongo, Elenga, Iloki, Zigoma, Owassa, Bandzila, Okola, Gotène et Ikonga.

La idea de Lods era la de utilizar el arte moderno para representar cuentos, leyendas y tradiciones africanas; creación artística a partir de la herencia cultural de los artistas del Congo. Los primeros trabajos estaban enfocados en la representación de la vida cotidiana y momentos de la vida más tradicional de la sociedad: escenas de mercado, baile de máscaras, percusión, ceremonias de iniciación, etc. Pero a pesar de la repetición de la temática, lo cierto es que había una gran diversidad expresiva entre los artistas que estaban en la escuela, lo que hacía que a la vez que reconocible, el estilo Poto-Poto no fuese masificado.

La escuela, aparte del soporte del Gobierno francés tanto para sostener la escuela como ofreciendo becas de formación, se conformó como cooperativa ofreciendo beneficios sobre las ventas a los artistas y motivando así la continuación de sus estudiantes, que de otra manera tenían dificultades de acceder al mercado laboral. Al mismo tiempo, los primeros años de existencia Poto-Poto tuvo un impacto internacional organizando exposiciones en Sudáfrica (1953), Nueva York (1954), Alemania (1956), Suiza y Francia (1957).

En 1961 Lods, fue invitado por Senghor, entonces presidente de Senegal, a enseñar en la Escuela de Artes de Senegal en Dakar, lo que le desconectó casi de inmediato de la escuela e hizo que las exposiciones fuesen cada vez menos frecuentes en Poto-Poto y los trabajos producidos mucho más comerciales y dirigidos a los turistas europeos. A la vez, visto el carácter comercial, antiguos estudiantes empezaron a producir en masa los temas populares de Poto-Poto. Después de la decandencia que vivió la escuela, la intención del gobierno es recuperar el edificio y la institución de acuerdo a aquellas épocas en que la escuela era una de las más destacadas de continente. Hoy, la Escuela de pintura Poto-Poto es una institución en el país, sobre todo en el campo del arte, donde muchos artistas siguen formándose. Esta cooperativa compuesta por quince artistas y presidida por Pierre Claver Gampio, sigue en activo.

Del ‘Dandismo’ a la ‘Sapeulogie’: una oda a la elegancia

Ya lo decía el poeta – y dandi- francés , Charles Baudelaire, en su ensayo sobre el pintor Constantine Guys: “Dandi es aquel que puede llegar a elevar la estética al nivel de la religión”. Los protagonistas de nuestra sección de hoy cumplen a rajatabla los preceptos de esta tendencia que no es una novedad.

Dandis del siglo XVIII

En el siglo XVIII y XIX en Gran Bretaña, dandi (o galán) se refería al hombre que daba especial importancia a su apariencia física, utilizaba un lenguaje refinado, buenos modales y aparentaba un estilo de vida aristocrático a pesar de ser de clase media trabajadora. El ser dandi requería, además, tener una gran audiencia y ser admirado por sus impecables maneras y por su estilo gentlemen. La influencia en Francia del dandi británico por antonomasia, Beau Brummell, tuvo su mayor auge durante la época de la Revolución Francesa cuando su ropa y modales empezaron a ser imitados, sobretodo en los barrios bohemios y burgueses.

Baudelaire añadía: “No hay otra profesión más que la elegancia…no hay otro estatus más que cultivar la idea de belleza en sus propias personas…El dandi tienen que aspirar a ser sublime sin interrupción: tiene que vivir y dormir ante el espejo”.

Julious Soubise

Esta moda impactó a niveles sorprendentes y en diferentes grupos sociales, teniendo en cuenta que el contexto histórico era el de la trata de esclavos por parte de los colonos británicos y franceses. Así, los dandis empezaron a hacer gala de su estatus vistiendo a sus esclavos con su mismo estilo y convirtiéndolos en “esclavos de lujo”. A medida que los esclavos tenían más libertad, fueron customizando sus trajes a su propio estilo, llegando a ser importantes figuras de la alta sociedad londinense. Tal es el caso Julious Soubise, un esclavo afrocaribeño de la Duquesa de Queensbury que dio lugar a la primera manifestación conocida de dandismo negro.

Zoot Suit

El dandismo negro, ha trascendido épocas y lugares: desde el siglo XVIII hasta los años cuarenta del siglo pasado, y desde Londres hasta Harlem, para llevarnos hasta el pleno furor de la era del Jazz en plena II Guerra Mundial. Norteamericanos y chicanos ponían el boga el Zoot Suite, traje de chaqueta con pantalones anchos de cintura alta y hombreras. El gasto que conllevaba la “excentricidad” era considerado antipatriótico en plena época de guerra, por lo que el Zoot Suite se estableció como símbolo de rebeldía, libertad y autodeterminación. Francia y México tuvieron sus versiones con los Zazous y los Pachucos respectivamente. Los Pachucos tuvieron como icono a Tin tán, el archiconocido actor mexicano.

 

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El actor mexicano Tin Tán como Pachuco

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Zazous de Francia

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Volviendo la mirada hacia África, el dandismo negro se ha manifestado desde hace ya muchas décadas con los Sapeurs de Brazzaville y de Kinshasa.

Los ‘Sapeurs’: elegancia y actitud

Si nos damos un paseo por el barrio de Bakongo, en Brazzaville (República del Congo) seguramente nos encontremos a los más elegantes de la ciudad, y probablemente del país. El nombre viene de la asociación SAPE “Le Societe des Ambianceurs et des Personnes Elegantes” (Sociedad de Ambientadores y de Personas Elegantes) creando toda una escuela: la Sapologie. Su origen se remonta al fin de la I Guerra Mundial, cuando André Grenard Matsoua (1899-1942), líder político y religioso anticolonial, volvió de Francia vistiendo trajes occidentales, creando tendencia y pasando a ser el Gran Sapeur. Pero el considerado padre de la Sapologie fue el músico Papa Wemba, originario de Kinshasa (RDC), que utilizó sus trajes y su estilo como forma de resistencia ante la prohibición del dictador Mobutu de vestir ropa occidental. A cambio era obligatorio vestir el “abacost” (a bas le coustume- debajo del traje-), asfixiante para el clima tropical de la región, a lo que Papa Wemba se negó y continuó vistiendo sus trajes de corte occidental.

También llamados “los parisinos”, ellos mismos se consideran como un fenómeno social y un movimiento cultural integrado en la sociedad congoleña, siendo una de las respuestas de una sociedad devastada por tanto años de guerra. Según ellos “es el culto de parecer en una sociedad en crisis”. Una respuesta basada en un amplio código de conducta, con el pacifismo, el higiene, el respeto y el saber vivir como principales valores. Y así es como educan a las nuevas generaciones de Sapeurs y como esta forma de vida se transmite y se mantiene viva en el tiempo y en el espacio. La diáspora también tiene su modo de vida Sapeur en los países europeos a los que emigran.

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Foto: Daniele Tamagni

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Foto: Hector Mediavilla

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Culto, arte o espectáculo, su elegancia no es de ningún modo improvisada: la marca, los colores – tres colores a la vez como máximo, y bien combinados- y los complementos –puro, bastón, pipa, sombreros, etc- son algunos de los detalles más pensados. Y no está exento de tendencias y creaciones dentro del propio movimiento, como los Picadilly que utilizan faldas escocesas en honor al príncipe Carlos de Inglaterra.

No es fácil hacerse con trajes, zapatos y complementos de marca que cuestan un dineral en uno de los países con más alto índice de pobreza. Para ello trabajan, ahorran y encuentran sus propios mecanismos de acceso, como el alquilar de sus trajes por días. Ir bien vestidos para los Sapeurs es como alimentar el alma y demostrar su éxito social. Y gracias a ello tienen un papel importante de representación dentro de su comunidad en la que son a menudo invitados de honor en importantes celebraciones y gozan de un gran respeto tanto por parte de la familia, como por la sociedad en general.

Una búsqueda constante de la felicidad y rechazo a la pobreza, que se culmina con el sueño de visitar algún día París. París como mito idealizado que aún sigue vivo en muchos imaginarios. Pero no lo malinterpretemos, a pesar de que utilizan trajes de diseñadores como Armani, Yves Saint Laurent, Cacharel, Yamamoto o Cavalli, entre otros, los Sapeurs han creado su propio estilo. No se puede entender sólo como una oda a la cultura occidental, sino como una reinterpretación de ésta, en la que incluso se inspiran los diseñadores occidentales. Se podrían considerar como cultura de ida y vuelta.

Para los Sapeurs ¡lo importante es la actitud!

Si queréis saber más sobre los Sapeurs, os recomendamos el fantástico trabajo del fotógrafo Héctor Mediavilla, que además presenta su nuevo libro S.A.P.E, durante el mes de enero de 2013 en París, donde se expone su trabajo. Aquí encontraréis más información sobre las actividades programadas, así que si andáis por allí, no os lo perdáis.

Para los que no estéis por allí, estad atentos porque durante los próximos meses tendremos la oportunidad de acercarnos a los Sapeurs también en Barcelona. Para ir abriendo boca, os dejamos un documental del propio Héctor Mediavilla que retrata muy bien a nuestros protagonistas:

También os dejamos el enlace al documental de “Dimanche à Brazzaville” que retrata muy bien esta y otras realidades.

¡Que disfrutéis!

Fuentes: