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La revolución de los pueblos (negros) llega a Nueva York

Película Ṣoju, del director Oluwaseun Babalola. Una coproducción entre EEUU, Botsuana, Nigeria y Sierra Leona

“Es un momento histórico y político que apremia una reflexión pausada y este festival trata de poner las comas”, nos explicaba Beatriz Leal hace unas semanas en Madrid. Leal es la programadora del Africa Film Festival (AFF) de Nueva York, esa ciudad que se le escapa a cualquiera –por inabarcable– y que la convertirá por 24ª vez, en un escaparate de los rasgos narrativos más recientes del África y su diáspora a través de documentales, películas clásicas y contemporáneas.

El AFF vuelve en mayo (del 3 al 29) para poner en marcha su celebración de un mes de cines africanos con un programa cuidadosamente seleccionado con más de 60 títulos y más de 25 países representados. Una pausa en la ciudad que nunca duerme es un reto; una urbe que se despereza cada día con excentricidad y que se multiplica entre el aturdimiento, la prisa y también con las declaraciones del presidente Trump que enfoscan un sinsentido hacia la comunidad inmigrante que reside en los Estados Unidos. Por este motivo la propuesta de AFF es acercar trabajos cinematográficos que reflejen el arte por el arte, los adelantos tecnológicos en las principales capitales africanas o la interacción urbana diaria donde las ideas de cultura, identidad y transformación guiarán el futuro.

Película Uprize!, del director sudafricano Sifiso Khanyile.

El lema de este año es “La revolución del pueblo” y sin ocultar las verdaderas intenciones de este festival llamarán a una desobediencia figurada. ¿Por qué? Pues porque la era de los combatientes por la libertad y las revoluciones sociales parece lejana, pero sus herederos son muchos en un siglo en el que el respeto por los derechos humanos y el deber cívico, la preocupación ecológica, la interconexión tecnológica y el comportamiento ético encuentran un puerto en las artes donde tanto hombres como mujeres tratan de liberarse de las preconcepciones históricas y de las restricciones económicas y sociopolíticas actuales.

Como explica Leal: “los cines africanos nacieron en la agitación de las luchas por la liberación en todo el continente, en una red de conexiones mundiales y disputas políticas. El deseo de recuperar las imágenes robadas y encontrar sus propias voces ha sido un lema para los cineastas y artistas africanos desde los años 60”. Y es cuando la cita de Frantz Fanon se hace presente: “Cada generación debe, a partir de la relativa oscuridad, descubrir su misión, cumplirla o traicionarla”. De manera que desde el AFF se ofrecerán narrativas con la intención de subvertir, pero también, de sorprender a las expectativas de la audiencia.

 

Pasen y vean

El estreno en Estados Unidos de la galardonada película sudafricana Vaya, de Akin Omotoso, abrirá la 24ª edición de AFF narrando la historia de tres extraños que llegan a Johannesburgo, una ciudad que se muestra dura y emocionante desde una perspectiva inusual. Kalushi, que se presentó en el Film Africa de Londres y de la que ya hablamos y Noem my skollie demuestran la vitalidad del thriller sudafricano con dos verdaderos relatos de resiliencia y heroísmo en el apartheid de Sudáfrica, mientras que el documental Uprize! Utiliza una protesta pacífica de estudiantes violentamente reprimida. En el caso de la película Noem my skollie fue la apuesta sudafricana a la mejor película en los últimos Oscar, una clara sucesora de trabajos como Yesterday (2004) o Totsi, la ganadora en 2005.

El humor será el principal ingrediente de dos de las películas programadas: la nigeriana Green white green de Abba T. Makama, una destornillante sátira social sobre lo que significa ser nigeriano en la actualidad; y la tunecina Zizou, la nueva apuesta de Férid Boughedir, uno de los críticos y directores de cine más importantes, no solo de Túnez, sino de África, quien sentenció hace unos años que “siempre me he opuesto con vehemencia a la globalización, que es una forma real de racismo implícito que también puede detectarse en la labor de los europeos que analizan el cine negro africano”.

Desde Etiopía llega la que será una de las joyas del festival y que tendrá su estreno mundial en Nueva York. Se trata de Ewir Amora Kelabi una película basada en el viaje épico y real por el que sufrió el director Zekarias Mesfin, que a los 14 años de edad se quedó huérfano. Eritrea, Sudán Israel o Egipto son algunos de los países por los que tendrá que pasar Mesfin antes de llegar al final del camino.

Otras películas que mantendrán el lema del festival presente son el documental Footprints of Pan-Africanism que aborda las relaciones entre los intelectuales de África y su diáspora en los movimientos de liberación negra desde la década de los años 50 con el ghaniano Kwame Nkrumah en el centro del film; o el trabajo del senegalés William Mbaye, Kemtiyu, del que hablamos en Wiriko, que aportará una pieza clave en la historiografía de uno de los pioneros en descolonizar la propia historia africana más importantes que ha dado el continente y que permanecen en el olvido de forma interesada: Cheikh Anta Diop.

Con la intención de apuntalar los puentes con la diáspora “imprescindible entender qué se hace en El Caribe, por ejemplo, si se quiere estudiar a los cines africanos”, como recuerda Leal, dos largometrajes se presentan: Play the Devil, que llega desde Trinidad, y Ayiti mon Amour, una reflexión lírica sobre la vida después del terremoto de Haití.

Hay muchas más películas seleccionadas, pero para no perderos detalle, os recomendamos daros una vuelta por la propia página del festival. La fuente de píxeles de Times Square competirá durante un mes con las imágenes menos mercantilizadas y divulgadas de los cines africanos, en una ciudad, Nueva York, que se fundirá a negro-cine. A negro-vida. A negro-respuestas. A negro… ¡acción!

La fiesta del documental africano

Por Laura Feal*

Fotograma de la película ganadora del festival Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina.

Retomando la filosofía de Sembene de convertir el cine en la “escuela del pueblo”, el Festival de Cine Documental de Saint Louis, evento anual organizado por la red AfricaDoc, ha transformado durante cinco días la antigua capital del África Occidental en una gran pantalla. Cincuenta films documentales procedentes de 23 países se proyectaron (entre el 5 y el 10 de diciembre) en presencia de un centenar de profesionales, en plazas al aire libre y lugares públicos de la ciudad, así como en el Instituto Francés de Saint Louis, la Universidad Gaston Berger o el centro cultural Le Château, .

En la presente y ya tercera edición del Festival, 24 películas entraron en competición en la Selección Oficial, organizadas en tres categorías -corto, medio y largometraje- exponiéndose al veredicto de un jurado formado por tres personas venidas del mundo cinematográfico, audiovisual y mediático africano y europeo, entre ellas Komlan Agbo, director del patrimonio cultural y de las artes de la UEMOA.

Los ganadores del premio AIRF (Asociación Internacional de las Regiones Francófonas) fueron anunciados durante el acto de clausura del festival. El jurado premió la visibilidad de las problemáticas femeninas en diferentes contextos africanos, extrayendo el debate común entre tradición y modernidad y el cuestionamiento identitario en sociedades con un marcado componente conservador. La máxima distinción en el apartado de cortometrajes fue para Eva Sehet y Maxime Caperan  por su trabajo La Fille du Rail  (La hija de los railes) que, grabada en Malí, cuenta la historia de la primera mujer maquinista, en un contexto de grave crisis política en el país.

 

El film L’arbre sans fruit (El árbol sin frutos) de la nigeriana Aicha Macky, uno de los más esperados del festival, se llevó por su parte el premio en la categoría de mediometraje. El jurado resaltó la generosidad de la realizadora a la hora de contar su historia y participar en primera persona, lo que “le da fuerza y profundidad a la película”, que trata con gran delicadeza el tema de la infertilidad femenina.

En la máxima categoría, el jurado premió la sensibilidad del film Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina. El documental, que aborda sin tapujos este tema tan tabú, fue visionado en la plaza principal de Saint Louis, con una importante afluencia de personas de todas las edades, que aplaudieron abiertamente al final de la proyección. En esta página puedes visionar un fragmento.

En paralelo, y otra de las atracciones del Festival, fue la proyección de la ultima realización de Ousmane William Mbaye Kemtiyu, sobre la vida de Cheikh Anta Diop, trabajo del que ya hemos hablado en Wiriko. Precisamente en esta edición, el festival ha querido rendir homenaje al director senegalés con una retrospectiva integral de su obra que incluyó Mere bi, President Dia y Hierro y cristal, entre otras. En el apartado Saint Louis en corto, el festival ofreció un espacio a los jóvenes realizadores, salidos del Master de realización y producción documental de creación de la Universidad Gaston Berger de Saint Louis, que comienza este año su décima edición, y que han podido dar a conocer sus obras al gran público.

Acercar el género documental

El documental de creación tiene por objetivo crear imágenes que ayuden a pensar e interactuar con el espectador. Según Souleyman Kebe, coordinador de las proyecciones, este evento pretende “tejer una red entre la ciudad y los creadores y acercar este género a todo tipo de público”. Para ello, el carácter abierto y gratuito del festival juega un papel importante. Pero no lo es todo. Una de las iniciativas ha sido el programa Público Joven, que ha llevado parte de la sección oficial a diez centros escolares de la ciudad, acompañados de un invitado y un dinamizador con el fin de debatir sobre el contenido con el alumnado. En la escuela St. Joseph más de 80 cabezas se estrechaban para no perderse ni un fotograma de Un talibé que no es como los demás, cortometraje sobre un niño que estudia en la escuela coránica. Cécile Mbaye, profesora de CM1, explica la importancia de que sus alumnos vean películas que se desarrollan en su entorno, porque normalmente solo consumen cine occidental. Otro ejemplo de este acercamiento, es la obra Grande Place, de la única directora de Saint Louis que ha presentado un trabajo en esta edición, AnneJo Brigaud. La creadora sitúa su cámara en una de las calles de la ciudad, rindiendo así homenaje al espacio de la palabra en la sociedad senegalesa y a la gente, que según ella “son parte imprescindible del patrimonio de Saint Louis”.

El eterno dilema de la producción

Tënk, que en wolof significa resumen (equivalente al pitch que se usa en la jerga cinematográfica) es la palabra elegida por la organización del Festival para designar los encuentros de coproducción en los que participan realizadores africanos y productores y difusores venidos de diferentes países, como Bélgica, Francia o Canadá. En esta edición, 21 jóvenes directores de quince países del continente presentaron su proyecto de film, acompañados por su productor africano y del formador que les ha orientado durante su residencia de escritura. Al otro lado de la mesa programadores y difusores occidentales, con mayor acceso a fondos y ayudas, dispuestos a embarcarse en una asociación Norte-Sur.

Tras este primer encuentro, público y abierto, las citas se cierran ya en privado y ambas partes negocian y discuten posibles colaboraciones. ¿Resultados? Pronto lo sabremos. De momento, y para los que entiendan el francés, os recomiendo el articulo de Olivier Barlet (jurado del festival) publicado en la revista digital francesa Africultures en el que se desgranan varios de los proyectos presentados. El festival pretende convertir a Saint Louis en un punto de convergencia anual de profesionales del documental africano y de cineastas del mundo entero que filmen en el continente. Queriendo ser un eslabón clave en la cadena de promoción del genero, el debate se cierne sobre la difusión de estos trabajos fuera del circuito de festivales.

Imagen de la escuela St. Joseph donde el festival de cine documental ha implementado parte de su programa de difusión.

 


* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.